el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 30 de abril de 2013

30/ 04: EL PASADO

Diego Cortés intentó algo casi imposible: recuperar la magia de Jueves, aquella inolvidable novelita gráfica que editó Llanto de Mudo hace unos años y que era una cátedra demoledora sobre cómo crear y desarrollar una historia chiquita, intimista, lo-fi, de esas que se podrían filmar con cinco pesos, y a la vez profunda, potente, memorable. Y en buena medida lo logró.
El Pasado es otra historia chiquita, pachorra, que transita a paso lento para invitarnos a saborear cada imagen, cada diálogo y cada silencio. Se podría filmar con... $ 50 y tiene un guión de enorme sutileza, de enorme calidez, una verdadera delicia. La historia nos cuenta cómo Jorge y Pedro se van a vagabundear por las rutas argentinas y terminan en un pueblito en el que se reencuentran con las cosas que pertenecieron a su pasado y que creían perdidas: mascotas, abuelos ya fallecidos, lugares, sabores... detalles que alguna vez formaron parte de sus vidas y luego desaparecieron, viven y son reales en este misterioso pueblo cuyo nombre no sabemos. Imaginate que te pasa eso, que caés en un pueblito donde existe la casa en la que vivían tus abuelos cuando eras chico... habitada por tus verdaderos abuelos! ¿No te quedarías un rato largo con ellos? ¿No volverías a corretear por la plaza con el perro que tuviste en tu infancia? Jorge y Pedro responden a esta pregunta de manera distinta, porque Cortés los construye como a dos personajes muy distintos, a pesar de estar unidos por el vínculo de la amistad.
Y quizás este disenso entre los amigos sea lo más parecido a un conflicto que tiene El Pasado. El resto es todo exploración, todo sensación de maravilla, de “Mirá, boludo!!, “Nah, no puede ser!”. En estas breves 60 páginas, Cortés amaga con llevarnos por el trillado sendero de los “jóvenes a la deriva”, pero pega un volantazo magistral y termina por sumergirnos en las profundidades de un realismo mágico de altísimo vuelo simbólico y sumamente emotivo.
No acompaña demasiado el dibujo, lamentablemente. Agite muestra al final del libro unos bocetos realizados en otro estilo, y la verdad es que me quedo mil veces con el que finalmente utilizó para dibujar El Pasado, con la línea bien clarita, una estética bastante naïf y mucha presencia de las tramas mecánicas para sumarle grises a un claroscuro en el que predominaba ampliamente el blanco. Pero aun así, le falta bastante. Sobre todo en los cuerpos en movimiento, en el lenguaje corporal y facial de los personajes, se ven torpezas y limitaciones típicas de los dibujantes primerizos, los que todavía no están como para ponerse al frente de una novela gráfica. La narrativa es impecable y en los epílogos aparece una estética distinta, más sucia, a la que por ahí Agite le puede sacar buenos resultados en obras futuras. En este trabajo en particular, no me logró convencer.
Y es una pena, porque el guión –repito- es realmente excelente, desde la idea hasta los sutiles giros del final. Si no te calienta que el dibujante no esté a la altura, no dejes de visitar El Pasado, donde sin dudas te espera una experiencia alucinante, con personajes, diálogos y situaciones originales, entrañables, fascinantes. Un viaje de ida, de la mano de un guionista que mantiene un nivel muy, muy alto, a pesar de su abultada producción. Quiero la remake dibujada por Minaverry. ¿Será mucho pedir?

lunes, 29 de abril de 2013

29/ 04: IRON MAN 3

Hice la clásica: fui al cine con cero expectativas, sin esperar nada, sin la menor idea de nada, sin haber visto un puto trailer ni haber leído ninguna crítica. Y salí satisfecho, creo que vi una buena película. Esta vez no fui al preestreno (pagué la entrada como cualquier otro mortal), sino que vi lo mismo que ya vieron casi 600.000 personas sólo en Argentina, con lo cual me mando a spoilear a lo guanaco sin el menor resquemor.
No sé si es una película de superhéroes y por ahí eso es lo más discutible. Me parece que Shane Black se mandó una especie Arma Mortal 5, o Duro de Matar... algo (no sé por qué número va), y le metió donde pudo a Iron Man. Claramente es una peli de acción, con suspenso, persecuciones, tiros, espionaje, satélites, programas y códigos encriptados, traidores encubiertos, armas experimentales, mascaradas orquestadas desde niveles muy altos del poder global, explosiones, investigaciones, proezas imposibles... y en medio de ese kilombo, como no está Bruce Willis, está Robert Downey Jr. Da la sensación de que el director se enamoró perdidamente del actor, porque incluso en las batallas más tremendas, Tony Stark viste la(s) armadura(s) sólo en las fracciones de segundo en las que eso le resulta absolutamente indispensable. En la inmensa mayoría de las escenas, el que hace TODO es Tony Stark. Tony es héroe de películas de acción que salta mientras dispara sus chumbos, es detective, es galán, es payaso, es tierno, es turro, es obsesivo, es genial, es empresario, es mecánico, es fiestero, es mentalmente inestable, y hasta es el tipo que amenaza a cara descubierta y por televisión al terrorista más peligroso del mundo. Esa es la otra crítica: demasiado Tony Stark, sobredosis de Tony Stark.
El resto, es una locomotora. El guión es excelente, no deja cabos sueltos, se resuelve de modo muy impactante, te hace comer unos cuantos amagues jodidos, y que llega a un punto altísimo de tensión a partir de que Tony y Rhodey se mandan al mega-buque petrolero armados con dos míseros chumbos. En ese momento, sospechás que Tony va a pelar un as de abajo de la manga, pero nunca te imaginás cuál es. Por supuesto no faltan los chistes (que tanta onda le ponen a un personaje que en los comics es un completo imbécil), hay un buen desarrollo de los personajes secundarios y hasta muchos diálogos que se hacen cargo de lo sucedido en la peli de los Avengers. Y si creías que la presencia de Iron Patriot tiraba un guiño para el lado de Civil War, Dark Reign, o alguna de esas sagas, olvidate, nada que ver.
Tenele paciencia al primer tramo. Si bien tiene acción y pasan cosas grossas, si bien hay un conflicto claro, a la primera mitad le falta algo que sí tendremos en la segunda: un villano real, peligroso de verdad, que tenga grandes chances de cumplir con su objetivo y una buena motivación para cometer las atrocidades que comete. Obviamente, como todo villano, se equivoca al no matar de modo categórico y de inmediato a los buenos cuando los captura; pero es así, eso es algo que está en el reglamento de este tipo de ficciones y con lo que no se negocia.
No hace falta (me imagino) volver a hacer hincapié en la inverosímil calidad de los efectos visuales. Acá no están ni Hulk, ni Thor, ni los ejércitos invasores de Ch´tauri, y aún así hay un despliegue de efectos de la hiper-concha de Dios, con muchas imágenes que nunca pensaste que ibas a ver en una peli con actores. La música está impecable, los decorados también, los créditos del final son alucinantes (no así la escenita post-créditos, que aporta muy poco), los actores no desentonan para nada (hermosa Rebecca Hall, a la que nunca había visto) y sospecho que los diseños de las armaduras deben estar tomados de los comics de Iron Man, pero no estoy seguro porque felizmente leí muy pocos comics de Iron Man. Como dije varias veces, esta es una de las pocas versiones cinematográficas en las que uno aplaude de pie cada vez que los guionistas y directores de Hollywood se limpian el orto con la obra de Stan Lee y sus sucesores: todo lo que modifiquen, alteren o barran abajo de la alfombra va a ser para mejor, porque -salvo alguna excepción- el material original es de mediocre para abajo.
Y se terminó la trilogía que más contribuyó a armar el Universo Marvel en el cine, y que logró que un personaje de la B Nacional ascendiera a Primera y ganara varios torneos cortos. Esta es la verdadera magia del cine: dos directores y un actor lograron que (por un rato) me hiciera fan de Iron Man. Por favor, no se les ocurra seguir la saga sin Robert Downey Jr.. Posta, sin él abajo de la armadura, esta se cae a pedazos. Si RDJ dice “basta”, mátenlo con dignidad en la segunda peli de los Avengers y que lo reemplace War Machine en una hipotética Avengers 3. ´Nuff said!

domingo, 28 de abril de 2013

28/ 04: THE HORDE

Un día, se encontraron Hugo Pratt, Moebius, Philippe Druillet, Sergio Toppi, Enki Bilal, Grzegorz Rosinski y Andreas y como les faltaban cuatro para armar el equipo de once, se prendieron Katsuhiro Otomo, Alex Niño, Frank Miller y Walt Simonson. ¿Dónde se encontraron? En el estilo gráfico del ucraniano Igor Baranko, una de las luminarias del Noveno Arte aparecidas en este siglo. El caso de Baranko es raro, porque empezó a publicar recién a los 33 años, una edad bastante por encima de la del promedio de los historietistas. Y casualmente su opera prima fue L'Empereur Océan, una saga de tres álbumes, publicada en EEUU (país donde reside Baranko desde 1999) en un único tomo con el título de “The Horde” en 2004, cuando recién se terminaba de editar en Francia. Como pasa de vez en cuando, L'Empereur Océan no se ve ni se lee como una opera prima. Acá no hay traspiés, no hay dudas, no hay “palotes” de autor primerizo. Estamos ante una obra ambiciosa en su concepción, desmesurada en su planteo y magnífica en su resolución. Baranko debutó a lo campeón, con un guión complejo, impredecible, lleno de cosas raras (ahora las vamos a mencionar), y con un dibujo devastador, de impactante versatilidad, capaz de pasar de la sutileza al grotesco y de lo íntimo a lo cósmico sin olvidarse jamás de que lo importante es acompañar al guión, no pelar virtuosismos estériles.
No quiero contar la trama de L'Empereur Océan, primero porque es complicada y después porque está armada con varias sub-tramas que Baranko teje y trenza hasta convertirlas en una cosa sólida, coherente y contundente. Además de la perfecta resolución y el gran ritmo que tiene el guión, llama la atención la acumulación de elementos extraños, que a priori parecerieran no poder convivir bajo una misma trama. Acá tenemos una Rusia gobernada por un dictador histriónico, pelado, drogadicto y con unos anteojos bizarros. Es una especie de Spider Jersusalem, pero que en vez de periodista fue escritor de ciencia-ficción. También hay un último sobreviviente de la masacre que acabó con los chechenes, un tipo sin nada para perder y al que le cabe la idea de convertirse en uno de los seres más poderosos del planeta. También un milico que nació en Chernobyl y recibió habilidades paranormales, producto de la radiación de aquel famoso reactor que voló a la mierda en 1987. Tenemos clones de Abraham Lincoln y Isaac Newton, el fantasma de Lenin, el espíritu de Gengis Khan en busca de la reencarnación, una diosa ancestral, el cadáver de un lama que cobra vida, espías varios, una gitana, una bruja que se roba la novela cada vez que aparece, OVNIs que abducen gente... Desde la primera página está claro que el misticismo y el delirio le van a disputar el protagonismo al thriller político futurista y de esos dos mundos en aparente conflicto Baranko saca un sinfín de ideas de increíble originalidad.
Lo más loco es que todo se entiende, todo cierra, nada se queda en la fumanchereada, ni en el mero golpe de efecto. Las distintas épocas por las que transita el guión están perfectamente ambientadas, los personajes están bien construídos (con la dosis justa de grotesco y exageración para que el realismo no le quite ritmo a la trama), los misterios están bien llevados y las distintas puntas argumentales confluyen al final de modo armónico, para nada forzado. Seguramente se entiende y se disfruta más si conocés la historia de Ucrania, su relación con la ex-Unión Soviética, la tragedia de Chernobyl, su extraño rol de “bisagra” entre Asia y Europa, etc. Si no, Baranko igual se encarga de que te metas a fondo en esta historia violenta, contaminada por una ciencia-ficción pesimista, un profundo debate político y una onda mística que la acerca más a Jodorowsky que a Warren Ellis.
A todos estos méritos hay que sumarle el extraordinario atractivo del dibujo de Baranko, con ese trazo recontra expresivo que pasa sin escalas de la línea clara preciosista al claroscuro más extremo; sus logros en materia de color, su narrativa ingeniosa, novedosa e impecable, y por supuesto el plus de la edición yanki, que nos permite leer la saga completa en un sólo tomo largo, en vez de fumarnos el continuará cada 46 páginas. De todos modos, no recomiendo bajarse todo este libro en una sóla sentada: en cada tramo de 46 páginas Baranko mete bastantes más cosas que en el álbum francés promedio, por lo cual las 138 páginas leídas al hilo pueden resultar una ordalía zarpada, una sobredosis capaz de dejarte al borde del ACV. Como sea, no dejes de descubrir a L'Empereur Océan, una historieta que además de jerarquizar a tu biblioteca, te va a dejar el bocho en ebullición, a fuerza de ideas e imágenes tan potentes como infrecuentes.

sábado, 27 de abril de 2013

27/ 04: DOS FINDES, DOS FERIAS

El finde pasado estuve participando de la FIC, Feria Internacional del Comic de Santiago de Chile. Tuve una mesa en la que vendía historieta argentina y me tocó participar de algunas charlas: una entrevista pública al maestro Eduardo Risso, la presentación de la edición chilena del Vol.2 de Locke & Key (a pedido del editor, que lee este blog y se enteró de mi fanatismo por esta serie) y un panel sobre Historieta Latinoamericana, de nuevo junto a Risso, Renato Guedes (de Brasil) y Gonzalo Martínez (de Chile). Fuera del horario del evento, también tuve el placer de compartir chralas, viajes y comidas con nuestros Tomás Giorello y Martín Canale, el portadista brazuca Felipe Massaferra y los maestros James O´Barr y Arthur Suydam, de EEUU, además de una horda de artistas chilenos de gran nivel, como Christiano, Alan Robinson, Rodrigo López, Alfredo Rodríguez y su hermano Gabriel (el dibujante de Locke & Key), Nelson Dániel, los autores de Varua Rapa Nui (también, contentos con la “buena nota” que se sacaron en este blog), el maestro Carlos Reyes (periodista y editor) y muchos más de los que ahora me estoy olvidando, pero que dan testimonio del buen momento por el que atraviesa la historieta del país vecino. También se juntaron muchos organizadores de eventos, obviamente con Risso a la cabeza, y con la presencia de Diego París (Imaginario), Chiqui Vilca (Lima Comics), los chicos de la San Luis Comic Con y obviamente los locales, liderados por Christian González.
El evento en sí, espectacular. La consigna era “101% comic”, así que imaginate cómo estaba yo. De hecho, lo único que no era historieta en todo el evento eran las estatuas de Martín Canale... de personajes de historieta! Posta, poquísimo cosplay, cero cine y tele y ni un stand que vendiera muñecos, remeras, mochilas, DVDs y boludeces varias. Una gloria. Sólo faltó que se armara en algún lado una buena muestra de originales, ya sea de los autores locales o de los invitados que llegaron de otras latitudes. La FIC tiene margen para seguir creciendo, pero esta segunda edición (la primera fue a fines de 2011) fue enormemente satisfactoria para los invitados, los expositores y el público. Obviamente volveremos.
Por otro lado y mucho más cerca, hoy estuve paseando por la Feria de Libro, porque además quería presenciar el homenaje a Quino, que contó con la presencia del ídolo, junto a Rep y Tute. Como siempre, la mayor cantidad de stands de nuestro palo se concentra en el pabellón Azul. Ahí están OVNI, Pictus, LARP, La Revistería, Plan-T, Historietas Argentinas (con el material de Doedytores y más material nacional e importado), Yammal (también con mucho material de varios sellos distintos) y creo que este año NO está Muñones, lo cual habla de una sana depuración. Igual vi un cartel de Animate en un stand que nada que ver...
El pabellón Verde, como siempre, lo podrían dinamitar y nadie se escandalizaría. Hay algo de historieta infantil y no mucho más. En el pabellón Amarillo, están los clásicos stands de Colihue y Ediciones De la Flor (atenti a este último, que explota de novedades impresionantes), a los que este año se sumaron un segundo stand de La Revistería y el stand de Moebius Editora, ya por fuera de su habitual team-up con ONVI, donde hay material de este sello y de varios más. Y atenti al pabellón Rojo! Ahí hay una muy linda muestra de humor gráfico con trabajos (no originales) de Quino, Tute, Langer, Daniel Paz, Sábat, Sendra, Tabaré, Jorh, Héctor Beas, Alberto Montt y un par más, junto a una muestra en la que los historietistas más destacados de Holanda ilustran páginas de las obras literarias más famosas de ese reino europeo. Preparate a gozar a lo bestia con asombrosos trabajos del glorioso Joost Swarte, Erik Kriek y Gerbeer Valkema, entre otros.
El cronograma de charlas es (como siempre) bastante abultado y si le sumamos la legión de autores que aparecen firmando en los stands (hoy me crucé con Dante Ginevra, Rodolfo Santullo, Fernando Rossia y Luciano Saracino) se arma un masacote de texto impublicable en este espacio. Yo este año tengo vacaciones, en el sentido de que no voy a estar encargado de la conducción de ninguna charla, para beneplácito del público que asiste a las mismas. Pero igual voy a boludear, a comprar libros o a presenciar alguna charla. Ventajas de haber laburado un par de años para la fundación que organiza la Feria y tener pase gratarola.
Mañana posteo otra reseña y el lunes tengo pensado ir a ver Iron Man 3 (me perdí la función de prensa por estar en Chile), así que por ahí se viene una crítica a la peli, algo que hace muchos meses que no tenemos por acá. Que no decaiga.

viernes, 26 de abril de 2013

26/ 04: HAWKMAN

Este TPB era carísimo cuando salió allá por 1989 y sigue siendo caro aún hoy: u$ 20 por 160 páginas. ¿Qué trae adentro? ¿Las mejores 160 páginas de la vida enmarcadas en oro? No. Las primeras historietas del reboot de Hawkman de 1961, a cargo de Julius Schwartz, Gardner Fox y el inmortal Joe Kubert. Son nueve historietas repartidas en seis números de la revista Brave & the Bold, que narran las primeras peripecias de quien sería conocido durante años como “el Hawkman de Tierra-1”. Hasta ahora, mis experiencias con los comics de DC de hace más de 50 años fueron más bien olvidables, pero bueno... lo vi barato y esa portada de Kubert me resultó irresistible.
En una de esas, el libro es caro porque está íntegramente recoloreado por Tom Ziuko y seguramente en 1989 era muy complicado –y, por ende, muy caro- recolorear comics clásicos. Lo de Ziuko no es impresentable, pero claro, yo sigo prefieriendo este material en blanco y negro. El problema es que el primer Showcase de Hawkman no está todo dibujado por Kubert, sino que incluye muchas páginas de Murphy Anderson, que es muy lindo, muy fino, pero a mí me aburre bastante. El Viejo Joe, en cambio, deja la vida en cada viñeta y si no es aún mejor, es porque hay demasiadas viñetas por página. El Kubert de principios de los ´60 era una bestia, un dibujante de increíble dinamismo, de inobjetable elegancia, un Alex Raymond menos estático y con un manejo de la mancha y el pincel que lo acercaba a los próceres del bando “de enfrente”, el de Milton Caniff y Frank Robbins. Un dibujante clásico perfecto, reconocible, capaz de logros asombrosos incluso en un género como el de los superhéroes, en el que había incursionado poco en las décadas anteriores.
Pero claro, leés los guiones y la cosa se precipta rápidamente hacia el pantano de la intrascendencia. Gardner Fox es un guionista universalmente reconocido como un capo, un escritor fundamental, de increíble solvencia... yo no logro encontrar UNA historia de Fox que me cierre, y eso que lo leo desde los 11 años. Se suponía que este era un nuevo Hawkman, un concepto de los ´40 totalmente renovado. En la práctica, el único cambio importante es que en vez de ser terrestre es del planeta Thanagar, y en vez de arqueólogo, policía. Le agregan algunos poderes comprados en la mesa de saldos (volar fuera de la atmósfera, resistir las bajas temperaturas incluso semi-desnudo, comunicarse con los pajaritos) y nunca se explica del todo por qué carajo decide usar armas antiguas para combatir con criminales modernos.
Ni Hawkman ni Hawkgirl tienen profundidad como personajes. Son canas, luchan contra delincuentes, y punto. Protegen boludamente el secreto de sus identidades heroicas frente a un par de personajes secundarios pedorrísimos y le ganan de formas inverosímiles a ladrones de bancos y joyerías, más algún bicho alienígena, de esos que nunca faltaban en las revistas que coordinaba Schwartz. Con poderes chotos, origen choto, personalidad chota, secundarios chotos y villanos chotos, lo único que distingue a Hawkman y Hawkgirl, lo único que los eleva mínimamente de la masa anodina de justicieros enmascarados, es el hecho de que –a pesar de que se ven absolutamente humanos- son alienígenas. Y mal que mal, Fox aprovecha ese elemento tanto para gestar historias como para resolver algunas tramas que parecen demasiado complejas y que uno supone que –en las poquitas páginas que duraban las historietas en 1962- no se iban a poder resolver. Por supuesto son giros absolutamente frutihortícolas, apoyados en las complejas explicaciones científicas (o pseudo-científicas) tan típicas de la línea de Schwartz, con tecno-chiches ocultos en lugares imposibles, o efectos extraños de radiaciones, cristales y sustancias varias. Cuenta la leyenda que Fox cultivaba marihuana en su jardín y le daba de lo lindo... No se nota. Esto es más bien aventura clásica, formal, careta, sin riesgos y casi sin sorpresas.
Este libro sólo es recomendable para los muy fanáticos de Hawkman, o para los fanáticos de Kubert que prefieran ver los trabajos del maestro a color, o no se quieran fumar las muchas páginas del Showcase que no dibuja el maestro. Es un clásico, eso no lo discuto. Pero con todos los problemas que tenían los comics de DC de principios de la Silver Age, que para mi gusto eran muchísimos.

jueves, 25 de abril de 2013

25/ 04: LYCHEE LIGHT CLUB

Si sos uno de esos peregrinos de la perversión que siguen hace años la irresistible senda del sensei Suehiro Maruo, quieras o no, inevitablemente, em algún punto vas a terminar por encontrarte con alguna obra de Usamaru Furuya, el mejor alumno del maestro, un muchacho que sopló las 45 velitas unos días antes que yo, surgido no de las revistas eróticas, sino de la prestigiosa Garo.
Este trabajo fue realizado por Furuya entre 2005 y 2006 para la antología Manga Erotics f, la misma que serializó Velveteen & Mandala, de Jiro Matsumoto (ver la reseña del 29/01/12). Y como pasaba con aquel manga, hay que estar bastante hecho mierda para suponer que Lychee Light Club es una historieta erótica. Aparecen varios pibes y una mina en bolas, y un pibe le hace un pete a otro. Punto. Hay una violación medio heavy, pero no se ve, se sugiere. Ah, y una paja muy bien narrada, en una secuencia de 18 viñetas inolvidables. El resto, es una historieta MUY zarpada, pero por otros motivos. Basada en una obra de teatro de la compañía Tokyo Grand Guignol (en la que actuó el mismísimo Suehiro Maruo), Lychee Light Club cuenta la historia de un grupito de chicos de 13 años que planean dominar al mundo desde un sótano abandonado, en un barrio fabril venido a menos. Parece una joda, no? Pero es en serio.
Al frente del Club está Zera, un chico de increíble inteligencia y desmedida ambición, de modales autoritarios y salidas impredecibles, una especie de proto-Hitler que vive al límite, convencido de que alguno de sus subordinados conspira para eliminarlo. Zera alcanza la gloria cuando pone en funcionamiento el proyecto en el que él y sus chicos trabajaron durante años: un humanoide, un robot programado para obedecer sus caprichos, alimentado con frutas de lichi (un árbol tropical originario del sur de China, según la amiga Wikipedia) y con capacidad de aprendizaje. Con este coloso de metal a su servicio, nadie podrá detener a Zera, que aspira a gobernar el mundo antes de cumplir los 14 años. Alrededor de este personaje tan jodido como carismático, Furuya desarrolla a varios más, cada uno con sus características, al androide (llamado Lychee), y a Kanon, una hermosa colegiala a la que Lychee rapta por orden de sus amos.
La historia nos lleva en un in crescendo de tensión impresionante, impulsada por una sucesión de atrocidades de altísimo impacto dramático. Los chicos del club (y sus víctimas) sufrirán violaciones, mutilaciones, desmembramientos, se prenderán fuego y se quemarán por completo, serán atravesados por distintos objetos (incluyendo un inodoro), o simplemente golpeados hasta morir, en un clima cada vez más enrarecido por la paranoia megalómana de Zera y la extraña relación que se teje entre Kanon y Lychee. Detrás de este festival del gore y la sangre, hay un mensaje positivo que habla de humanidad, sensibilidad y conciencia, pero claro, entre tanta violencia y tanta perversión se pierde un poco. De todos modos, el argumento avanza con muy buen ritmo y llega a un final absolutamente satisfactorio, trágico y –como tantas cosas- inevitable.
El dibujo de Furuya tiene un par de problemas: primero, esos chicos de 13 años parecen de 16 o 17. Segundo, varios de ellos parecen chicas! Están todos vestidos con uniforme escolar de varón, pero parecen chicas disfrazadas de varones. Recién cuando Furuya los muestra como Kamisama los trajo al mundo, te cae la ficha de que son todos pibes, incluso los que tienen cara de nena y transan con los que parecen más varoniles. Si dejamos pasar ese detalle, nos vamos a encontrar con un monstruo que no tiene nada que envidiarle a Maruo: sus personajes son elegantes, sofisticados y a la vez muy expresivos. Su trabajo en los fondos y las líneas cinéticas (hay muchas, porque abunda la acción) es espectacular, la construcción de las secuencias es clara, ganchera y muy impactante, la sangre y las tripas producen el efecto buscado incluso cuando ya van 250 páginas de sangre y tripas, hay detalles cuidadísimos en la vestimenta, los peinados y los circuitos que componen a Lychee, y lo más importante: desde la primera página, Furuya crea este clima enroscado y ominoso tanto con los textos (esos diálogos trastornados donde los chicos vociferan en alemán) como con los dibujos, en páginas con mucho negro y con efectos de iluminación poco frecuentes en el manga.
La contratapa del libro, en su afán por venderlo, compara a Lychee Light Club con Lord of the Flies, la clásica novela de William Golding. Y no está mal: los puntos de contacto son muchos y muy notorios, aunque claro, este manga es más salvaje y más perturbador. Voy por más Usamaru Furuya, que por suerte tiene varias obras editadas tanto en España como en EEUU. Quiero ver si siempre resuelve tan bien las tramas (que por lo que leí, suelen ser extremas y con propensión a irse al carajo), o si acá lo logra porque adapta una obra que ya existía...

miércoles, 24 de abril de 2013

24/ 04: SPY VS SPY: THE TOP SECRET FILES!

Cuando el cubano Antonio Phroias se retiró de las páginas de la mítica revista MAD, ya enfermo y bastante veterano, su inmortal creación, Spy vs Spy, pasó a manos de otros autores, todos segundones y tercerones, a años luz del nivel del maestro. Hasta que en 1997, con la revista MAD ya bajo el control de DC Comics, se vino una renovación en la que llegaron, entre otras cosas, el color para todas las páginas interiores y más tarde los avisos publicitarios, dos rupturas importantes con la tradición de la revista fundada en 1952 por Bill Gaines. Dentro de esta ola renovadora, el inmenso Peter Kuper recibió el ofrecimiento para hacerse cargo de Spy vs Spy y aceptó, con la idea de quedarse un año o dos. Finalmente, se quedaría para siempre.
Este librito recopila 65 aventuras de los espías Blanco y Negro: unas poquitas de tres páginas, algunas de una página y la mayoría de dos. Con el diario de lunes es fácil opinar, lo tengo clarísimo. Pero posta, al que se le ocurrió poner a Kuper a continuar Spy vs Spy hay que levantarle un monumento. Claro, el ídolo ya había dado muestras contundentes de su talento para narrar sin palabras, en los cartoons de Eye of the Beholder y en la novela gráfica The System (la vimos acá el 25/11/10), y eso lo convertía en candidato lógico a tomar la posta de una serie que desde su debut en 1961 jamás permitió que sus protagonistas emitieran un sólo globo de diálogo. Aún así, con toda la chapa como dibujante y todos los recursos para crear historietas sin textos, lo que hizo Kuper en Spy vs Spy superó por completo todas las expectativas.
Lo más notable es cómo, sin tratar de parecerse a Phroias, Kuper logró mantenerse fiel a la esencia de la serie. Kuper hace millones de cosas que Phroias no haría. Sus pantomimas terminan con gags mucho más truculentos, en enchastres de gore y tripas, con órganos que vuelan por los aires y manchones de sangre. Sus espías se trasladan como si nada a la era de las cavernas, al imperio romano, al medioevo o al far west; a veces son meros espías y otras veces asumen profesiones diversas, como dentistas, tenistas o dibujantes de historietas (!). Como vimos en El Infante Dante Elefante (de J.J. Rovella), acá también vale todo, hasta jugar con las convenciones del lenguaje del comic, con tal de hacer reir sin palabras. Por supuesto la risa llega, y llega muy a menudo. Uno cree que a la altura de la página 50 ya presenció todas las resoluciones posibles a estas pequeñas y sangrientas batallas entre Blanco y Negro. Sin embargo, cuando ya los vio morir de todos los modos imaginables y ya cree poder adivinar cuál será el próximo objeto que le explotará en la cara a cada uno de ellos, Kuper vuelve a sorprender, a irse un cachito más al carajo, para garantizar una nueva carcajada.
De los prodigios gráficos de Kuper, sus técnicas y sus hallazgos en materia de dibujo y color, hemos hablado en otras reseñas que se pueden consultar haciendo click en la etiqueta del autor. No me quiero reiterar en ese sentido. Lo que sí me impactó como si fuera la primera vez que leía una historieta de este genio es la puesta en página, el despliegue de las viñetas en el espacio, el uso preciso y eficiente de las viñetas redondas, los juegos con las letras del título... un montón de maravillas que podrían no estar sin restarle gracia a los chistes, y sin embargo están y se disfrutan a full. Y algo más que está en estas páginas y llama la atención son... chistes de Sergio Aragonés! Pequeñísimos cartoons (también mudos, claro) que aparecen en las márgenes de las páginas, impresos en un tamaño microscópico. Entiendo que en la MAD los chistecitos de Aragonés acompañen a todos los trabajos de la revista, pero ¿en un recopilatorio de Spy vs Spy? ¿Te parece? ¿No daba para sacarlos?
Esto es una joyita del humor. Bestial, frontal, casi con menos sutileza que textos. Empezó hace más de 50 años como una sátira a la Guerra Fría y hoy es cualquiera: un canto desenfrenado y virtuoso a la violencia, la crueldad y el ansia destructiva que impulsa a estos dos personajes a la confrontación permanente, hasta cuando están descansando. Una salvajada visceral y maravillosa, repleta de risas, tiros, torturas y mutilaciones, dibujadas como los dioses por un Peter Kuper que no para de superarse a sí mismo. Acá no hay buenos ni malos. Pierda quien pierda en la última viñeta, gana el comic.

martes, 23 de abril de 2013

23/ 04: LOBISON PORTEÑO

Sigo con mi repaso por los infinitos títulos que publicó el año pasado Llanto de Mudo y me encuentro con esta breve novela gráfica (46 páginas) a cargo de Belén Andrade, alias Goly, una joven autora surgida de la carrera de Diseño de Historietas de la Universidad de Palermo, donde fue alumna de Dante Ginevra, entre otros capos.
Algunas cositas del estilo de Ginevra pueden verse en este trabajo, especialmente en la portada, que parece dibujada por el prolífico artista. En las páginas interiores, Goly muestra la influencia de Ginevra bastante menos, y principalmente en la narrativa, no en la superficie del dibujo, donde se ve más a Angel Mosquito, y donde aparecen experimentos con grisados, manchas y texturas que tienen poco que ver con la línea de Dante. El texto que aparece en la contratapa (firmado por Cristian Mallea) hace hincapié en un supuesto enrolamiento de Andrade en una estética más cercana al manga, cosa que yo no pude constatar en lo más mínimo en la historieta. Ni en el dibujo, ni en la narrativa. Aparentemente, la autora tiene ascendencia japonesa en su familia (la vi una sóla vez y no lo noté, pero puede ser), lo cual no se trasluce para nada ni en el dibujo ni en la forma en que está contada Lobisón Porteño.
A todo esto... ¿me gusta cómo dibuja Belén Andrade? Más o menos. Me gusta más cómo narra. El dibujo se ve forzado, luchado, más producto de lo que se pudo que de lo que se quiso plasmar en la página. Por un lado, es un dibujo suelto, plástico, expresivo, que facilita la identificación del lector con los personajes, con algunas cosas (el lobo, por ejemplo) muy logradas; por el otro, el comic está poblado de lugares, objetos y vehículos dibujados así nomás, con cierto desdén, cierto “me chupa un huevo si el auto parece una goma de borrar con ruedas, o si cambia de fisonomía de una viñeta a la otra”. Esas desprolijidades, sumadas a la suciedad que la autora mete intencionalmente en algunas viñetas, le dan a la historieta un look muy under, muy de principante, y desluce un trabajo al que no le faltan méritos.
El guión, en cambio, muestra una solidez poco frecuente en los historietistas jóvenes. Goly construye bien a los personajes, plantea bien el conflicto, lo desarrolla al limite y lo resuelve de modo satisfactorio y poco predecible. El clima está bien logrado y los diálogos suenan naturales y creíbles, más allá de algún tropiezo menor con los signos de puntuación. Lo más interesante es cómo, en un contexto realista, costumbrista, casi de slice of life, aparece un elemento fantástico y lo aceptamos sin ningún inconveniente, no nos suena demasiado traído de los pelos, ni mucho menos inverosímil. Eso es un logro muy notable por parte de Belén Andrade.
Sin dejar de publicar en fanzines, Goly tuvo en 2012 su debut en esto de que una editorial posta te edite un libro. Como primer paso, es bastante bueno. Con este mismo guión y un dibujo más pulido, estaríamos hablando de una opera prima de infrecuente calidad. Si te gustan más los guiones que los dibujos, o si te entusiasma descubrir a una nueva autora argentina a la que no le faltan condiciones para convertirse (más adelante, no mañana ni el mes que viene) en un talento a seguir de cerca, tratá de capturar a este lobisón, que lo vas a disfrutar.

lunes, 22 de abril de 2013

22/ 04: MISS DON´T TOUCH ME Vol.2

Bueno ahora sí, estoy en casa y no hay excusas.
Hora de reseñar la segunda mitad de esta excelente serie, que en Francia se publicó en cuatro tomos y en EEUU en dos, un poquito más chicos que los típicos álbumes europeos, pero muy lindos, muy accesibles y con una traducción impecable.
Una de las cosas que más me llamaba la atención del primer tomo es que la historia llegaba a un final bastante pronunciado. Quedaban algunas puntitas por resolver, pero la trama principal planteada por Hubert llegaba a una resolución muy coherente y además bastante definitiva. Faltaba la mitad de la obra. ¿Para dónde iba a disparar el guionista? Evidentemente tenía que pelar nuevas variantes, no podía plantearse 90 páginas de epílogo a lo que vimos al final del Vol.1. Y efectivamente, la historia mantiene intacto su trasfondo, el de las intrigas y los manejos sombríos de los que Blanche es testigo al vivir y trabajar en un prostíbulo, y además suma una nueva trama: la historia de un amor imposible entre la protagonista (la puta virgen, maravillosa contradicción que Hubert banca milagrosa y asombrosamente hasta el final) y Antoine, un chico lindo, rico y más bueno que el pan, con un sólo “defecto”: las mujeres no le interesan en lo más mínimo.
Entonces tenemos, por un lado, la trama sórdida del prostíbulo más finoli de París y su oscuro backstage, que le viene bien a Hubert para poner sobre el tapete la doble moral de los poderosos: en público, todos los “dueños de la manija” declaran indignados que el prostíbulo constituye un atentado a la moral y las buenas costumbres. En privado, se hacen flagelar por putas de lujo o sodomizar por un travesti tan glamoroso como bien dotado, uno de los grandes hallazgos de Hubert en materia de personajes secundarios. Y en paralelo, una historia de amor MUY al estilo de Carlos Trillo, entre Blanche y Antoine, en la que el guionista va a hacer crecer la figura de una nueva y escabrosa villana: la mamá de este chico descarriado, al que la sociedad de aquella época (década del ´30 del siglo pasado) consideraba un enfermo al que había que curar. Y de esta situación incómoda, que hoy nos resulta atroz pero hace 80 años era absolutamente natural, Hubert también sacará un jugo riquísimo.
Por si fuera poco con el chico que se enamoró de su profesor de piano, su madre y algún amiguito de Antoine que trata de hacerse el vivo con Blanche, este tramo de la obra suma a una wild card, un personaje fascinante que no es ni bueno ni malo, sino impredecible y catalizador de los kilombos más inesperados: la mamá de Blanche (y su difunta hermana), ausente de manera conspicua en la primera mitad, acá arrasa con todo y junto a su amigovio Hank cumplirá un rol importantísimo en la trama. El final queda bastante abierto y aún así es brillante. Realmente, un trabajo muy, muy notable de un autor consagrado como colorista, que demostró ser un capo absoluto también como guionista.
La labor de los Kerascöet una vez más es deslumbrante y una vez más nos remite de inmediato a Christophe Blain y Joann Sfar. Es lo que hay. Si les perdonamos la falta de originalidad, nos vamos a encontrar con muchas maravillas visuales y narrativas y un trabajo encomiable en todos los rubros, por supuesto potenciado por el propio Hubert desde el color, que también es glorioso.
Miss Don´t Touch Me (o Miss Pas Touche, como se llama en su país de origen) seduce, hechiza, sorprende, atrapa y satisface, como esas minas de las que cuesta olvidarse. Me animo a ponerla entre las obras más destacadas de la década pasada, por lo menos en lo que se refiere a historieta europea. No recomiendo la edición española porque me parece (si me equivoco, que alguien me corrija, por favor) que Planeta publicó sólo la primera mitad. De todos modos, cualquier esfuerzo que hagas por conseguirla en francés o en inglés valdrá ampliamente la pena.

viernes, 19 de abril de 2013

19/ 04: ASI NO SE PUEDE...

Sigo con poquísimo tiempo para sentarme a escribir y encima no encuentro computadoras que me dejen subir imáginas al blog.
Ya tengo dos libros leídos que me encantaría reseñar, pero así, a los pedos y sin mostrar ni una portada, no tiene mucho atractivo.
Me parece que vamos a retomar los posts el martes, desde Buenos Aires.
Acá en Santiago de Chile la estamos pasando muy bien, en jornadas muy intensas, de mucha actividad para los invitados. Cero vacaciones, de verdad. Ayer conocimos a los otros invitados y a los voluntarios (chicos y chicas que van a asistir a los organizadores en tareas relacionadas al desarrollo del evento) y hoy ya estamos definitivamente en contacto con los fans, con algunos artistas locales y con los medios de prensa, que nos han tratado a las mil maravillas.
Esta noche hay una entrega de premios, un cóctel, una fiesta, un mini-congresito de organizadores de eventos... y enormes expectativas para mañana, que empieza la parte más heavy del FIC, con stands, charlas, talleres, presentaciones de libros... y entrada gratis, lo cual nos hace pronosticar un gran flujo de público.
Si el lunes consigo una compu que me deje subir imágenes, mando reseña. Si no, será hasta el martes.
Gracias por el aguante y, si estás en Chile, nos vemos en el FIC.

jueves, 18 de abril de 2013

18/ 04: SE ME VINO LA NOCHE

Y, sí... entre una cosa y otra se me hizo tardísimo y ya me tengo que ir a una cena que nos ofrecen los organizadores del FIC a los invitados a la convención, acá en Santiago de Chile.
La verdad que no puedo escribir una reseña en 20 minutos sin faltarle el respeto ni a los lectores del blog ni a los autores de la historieta que leí en el avión, así que hoy no tenemos nada. Mañana sí, prometo reseña fresquita. En una de esas, hasta encuento una computadora con Firefox para poder subir imágenes y no sólo texto...
Si estás en Chile, acordate que mañana arranca el FIC y vamos a estar con Eduardo Risso, Tomás Giorello, Martín Canale, Renato Guedes, Felipe Massaferra, James O´Barr, Arthur Suydam y un montón de artistas locales. Nos vemos por acá.

miércoles, 17 de abril de 2013

17/ 04: LEGION OF SUPER-HEROES Vol.2

Hora de retomar esta serie, cuyo Vol.1 comentamos el 8 de Marzo de este año. Recomiendo repasar esa reseña y después arrancar con esta. ¿Ya está? Bien.
Por suerte, Mark Waid no me decepcionó. No me reveló que el villano grosso de estos dos tomos en realidad era un esbirro de Universo, del Time Trapper o de algún otro villano de la Legión clásica. Bancó el concepto de “esto es todo nuevo y distinto” durante 13 episodios y eso es digno de aplauso. En el tomo anterior, Waid ponía en práctica la “táctica 1”: cuatro defensores, tres volantes, enganche y dos delanteros. No, perdón... varias historias menores, resueltas por sub-grupos de legionarios, atravesadas por un plot muy grosso que va por atrás y del que sólo vislumbramos la puntita. En este tomo, va por la “táctica 2”: conflicto heavy metal, manifiesto desde el principio, que se resuelve al final y no deja espacio para conflictos menores. El clásico esquema de todas las sagas épicas de los comics de super-grupos. Sólo porque Waid es un grande, la lucha a todo o nada contra Praetor Lemnos deja espacio para que crezca (se agigante) el desarrollo de los personajes. En este tomo pasan tantas cosas, y de modo tan atrapante, que si no hubiera caracterización, serían pocos los que lo notarían.
Es muy loco como, incluso cuando sabés de antemano que van a ganar los buenos, la lectura se hace tan tensa, te aprieta tanto los huevos y te hace casi imposible soltar el libro hasta que llegás al final. Me queda muy claro que Waid armó una cuidadísima planificación escena por escena de toda la saga, con mucha atención al ritmo, a la dosificación de la data, de las sorpresas (porque hay más de un giro argumental totalmente inesperado) y de la machaca, que tiene un poquito más de peso que en el Vol.1. El plan del villano no es una genialidad, pero el propio Lemnos, a través de diálogos y escenitas muy gancheras, cosecha chapa más que suficiente como para convertirse en una amenaza creíble y –por ende- temible. Aunque claro, cuando enfrente tenés a tanto pibe (y piba) mega-poderoso, los momentos en que más negras se las ve la Legion es cuando se pelean entre ellos. El cisma, la “civil war entre los buenos” es un truco gastado, generalmente anodino, que no sirve más que para rellenar páginas; esta vez, sorprendentemente, el choque entre las dos facciones de legionarios (la de Cosmic Boy vs. la de Brainiac-5) se percibe como algo necesario, sano, importante (si no imprescindible) para que la serie pueda seguir su curso. Bien por Waid, al que le salen bien varias jugadas difíciles.
La gran mayoría del tomo tiene al frente de la faz gráfica al siempre correcto Barry Kitson, compañero de Waid en muchas otras aventuras. Kitson es un narrador de gran solidez, al que no vas a ver tropezar en el armado de las secuencias, ni siquiera cuando el relato exige contar varias historias en paralelo, y que encima parece disfrutar cuando el guión le pide que en una misma viñeta meta chotocientos mil personajes distintos. El punto flojo de Kitson (lo vimos la vez pasada) son las expresiones faciales, un rubro en el que maneja un repertorio más acotado que el margen de Brindisi en Independiente. Los tres dibujantes invitados, Kevin Sharpe, Georges Jeanty y Ken Lashley, juegan todos a lo mismo: a hacerse los cool, para aprovechar que están en un título donde los protagonistas son chonguitos y minitas jóvenes, de indisimulable atractivo físico. Ninguno narra mejor que Kitson, pero los tres laburan mejor las expresiones faciales y tratan de encontrar una estética más plástica, más suelta. Algunos se acercan más y otros parecen clones mediocres de Carlos Pacheco, o de algún dibujante segundón de WildStorm. Igual suma que haya un poquito de variedad, que no sea todo monocorde.
Sin ser una joya fundamental dentro de su género, la Legion of Super-Heroes de Waid y Kitson supo sacarle mucho jugo al contexto en el que está situada, crear tramas de alto impacto y mucha tensión, y sobre todo desarrollar y explicar muy bien a un elenco numeroso y atractivo. Me falta el Vol.3 para completar la colección, así que si lo consigo barato, tendrá también su reseña.

martes, 16 de abril de 2013

16/ 04: LA PASION

La lectura de hoy me lleva al siempre polémico tema de los formatos. La Pasión podría haber sido una historieta de 24 páginas brillante, memorable, genial. Seguramente porque el formato de 24 páginas en Argentina no tiene aceptación, a Diego Cortés y Leo Sandler se les ocurrió llevar la historia a 80 páginas, y La Pasión no se convirtió en una historieta chota ni mucho menos, pero perdió parte de la fuerza que (me imagino) hubiese tenido si se la narraba en menos páginas.
La decompresión es realmente zarpada, sobre todo en el tramo inicial de la historia. En las primeras 32 páginas no pasa prácticamente nada, es todo un infinito prólogo, algo que podría haberse contado tranquilamente en una o dos páginas, a lo sumo. El primer conflicto grosso detona casi a la mitad de la obra y ni bien termina, da pie a otra larguísima secuencia en la que la acción se ralentiza hasta detenerse casi por completo. Después, pasarán un par de cosas más y vendrá un cierre muy grosso, pero siempre a un ritmo muy pachorro, casi exasperante.
¿Con qué estira Cortés esta historia sórdida, espesa y violenta? Con tres cosas. En primer lugar, lo recién mencionado: la violencia. Cuando llega la hora de los golpes, los corchazos y los cuchillazos, el guionista nos regala largas secuencias de tremenda crueldad, en las que la sangre le gana el protagonismo a la trama. En segundo lugar, el desarrollo de los personajes. Toooodas esas páginas que bien podrían no estar le sirven a Cortés para mechar muy buenos diálogos, secuencias mudas y escenitas menores, en las que define a la perfección a Juan Mira (el protagonista) y a un par de personajes más, de mucho peso en el argumento. Esto hace que, cuando finalmente pasan las cosas, nos importe un poco más, porque las cosas no le pasan a Juan Carlos Nadie, sino a tipos que uno ya siente de carne y hueso, cercanos a pesar de sus repudiables códigos éticos.
Y en tercer lugar, el guionista habilita largas secuencias sin textos para que se luzcan el dibujo y el despliegue narrativo de su co-equiper. Sandler responde con un gran trabajo que nos muestra a este
versátil autor muy, muy firme en un claroscuro espectacular, de trazos fuertes y vigorosos, a los que –por si faltara algo- realza con un laburo magnífico de tramas mecánicas. De lo que se puede ver en la portada, lo único que conserva el dibujo de Sandler en las páginas interiores es la expresividad. Después, nada que ver. Adentro no hay fotos retocadas, sino un dibujante de gran solidez que no se las da de virtuoso y que se rompe el culo en cada fondo, en cada vehículo y en cada escena multitudinaria. Sandler aprovecha las escenas mudas para contar con el dibujo, para ponerse al hombro el relato, y lo hace de modo claro, contundente, sin dudas ni fisuras. Creo que lo que más me gustó es, por un lado, el flujo narrativo que se da de viñeta a viñeta y de página a página, y el equilibrio perfecto entre blanco, negro y gris. Sólo para ver más páginas de Sandler, está bueno que la historia dure mucho más de lo que debería.
Me gustó mucho el dibujo, los diálogos están bárbaros, la temática es muy ganchera, el final me impactó y me re-cerró. Pero me cuesta no imaginarme una versión comprimida (o en realidad, no descomprimida) de La Pasión, en la que la trama orquestada por Cortés pegaría con muchísimo más power y te dejaría babeando, al grito de “¿Cómo ya se terminó?!? Quiero más!”. Así como está, no te digo que “mirás la hora” a ver cuánto falta para que termine, pero cuando cerrás el libro no podés creer que en 80 páginas hayan pasado tan pocas cosas. Casi te fijás que los nombres de los autores no suenen a japoneses, para convencerte de que no leiste un manga.
En fin... si no te jode que te cuenten en 80 páginas una historia que daba para 24, dejate llevar por esta pasión, a la que le sobran páginas pero no le faltan méritos.

lunes, 15 de abril de 2013

15/ 04: FRUSTRATION

Frustration es una recopilación que se publicó en EEUU de Les Frustrés (Los Frustrados), la serie de Claire Bretécher que debutó en 1973 y que acá se publicaba en la revista Hum® (¿recopilatorios, en Argentina? No, ni en pedo). Al Imperio del Norte este material llegó tardísimo, en 1988, cuando ya no era taaaan zarpado tocar los temas que toca Bretecher en estas planchas. Bueno... en EEUU (que estuvo gobernada por los conservadores más rancios durante toda la década del ´80) por ahí sí, por ahí seguía resultando heavy un humor que ironizara sobre las miserias sociales y sexuales de la clase media.
En esta serie, Bretécher abandona la estructura más “aventurera” que habíamos visto (allá por 2010) en Las Angustias de Celulitis, para volcarse a las historietas de una sóla página, con no menos de 8 viñetas y con remate cómico al final. Hay una historieta más extensa, Suicide, con ocho páginas memorables de principio a fin. Pero la inmensa mayoría del libro está compuesta por estas planchas autoconclusivas, a veces mudas y a veces con textos brillantes, en los que la autora arremete contra las costumbres de sus propios lectores, de una clase media con acceso a la cultura y a un cierto bienestar. Y no se queda en la fácil, en la de pegarle a la mina que dejó su carrera o sus estudios para criar hijos y se convirtió en un ama de casa mediocre, insulsa, con menos glamour que el Tolo Gallego. No. También hay palos para las minas que se las dan de liberadas, de artistas, de intelectuales. Para los tipos que quieren ser metrosexuales (cosa que acá no existía a fines de los ´70, pero parece que en Francia sí), para los cuarentones que persiguen a pendejas de 24 (conozco un par), para los padres permisivos, para los padres autoritarios... Muchísimas situaciones que se viven todos los días en la pareja, en el trabajo y en la vida social son puestas bajo la impiadosa lupa de Bretécher, observadas de modo agudo, filoso, y satirizadas con notable mala leche por esta bestia que llevó a la historieta humorística al límite del tratado de filosofía o sociología.
No me quiero poner a contar los chistes. Simplemente señalar que, tal como sucedía en la traducción argentina que leíamos en la Hum®, esta versión en inglés conserva intacta la gracia que tenían las historietas en su idioma original. Acabo de cotejar un recopilatorio mexicano, editado en 1981 por Nueva Imagen, y me encuentro con que apenas 5 ó 6 planchas se repiten en ambos libros y que no, los textos mexicanos no son ni la mitad de graciosos que los de la edición yanki.
En cuanto al dibujo, este es el estilo definitivo de Claire Bretécher, ya alejada de Johnny Hart y ahora a medio camino entre Jules Feiffer y Charles Schulz, con la expresividad y la salvajada del primero y la atención por los detalles y el timing increíble del segundo. Por supuesto en el timing de Bretecher también asoma la influencia de Copi, pero la francesa va mucho más allá porque se banca con éxito algo que Copi ni siquiera intentaba, que es contar escenas de enorme comicidad sin palabras ni textos. El dibujo de Bretécher está repleto de hallazgos y genialidades que más tarde veremos en otros dibujantes grossos como el egipcio Edika, el alemán Ralph Köenig, el brazuca Adao Iturrusgarai o nuestro Sergio Langer. Realmente glorioso.
Si no tenés a mano los números viejos de la revista Hum®, o esa recopilación mexicana de hace más de 30 años, lo más probable es que te quedes con la leche de leer Les Frustrés en castellano, porque creo que en España no se editó. Ojalá me equivoque, seguramente algún lector la tiene más clara que yo. Y ojalá también haya (en una de esas hay) algún limado que tradujo y subió a la web los cinco tomos de esta serie que se editaron en Francia. La otra sería buscar esta edición yanki (figurita difícil, descatalogada hace añares), o leerla en francés, que sería lo ideal. Lo importante es que sepas que existe esta joya, que hay una historieta que durante los ´70 y principios de los ´80 se mofó de la clase media urbana con talento, inteligencia, mala leche y unos dibujos capaces de cebarte incluso en el improbable caso de que no te causen gracia los chistes.

domingo, 14 de abril de 2013

14/ 04: AMERICAN VIRGIN Vol.3

Esta es una serie injustamente breve, que pasó sin pena ni gloria, y de la cual leí la primera mitad sobre fines de 2010, cuando promediaba la primera temporada del blog. Ahora encaro la lectura de la segunda mitad (los TPBs 3 y 4) y lo primero que me sorprende es que me acordaba casi todo, en ningún momento me sentí en bolas, ni me pregunté de qué carajo estaban hablando los personajes creados por Steven Seagle y Becky Cloonan. Eso, sin dudas, es mérito de ellos, no mío.
El final del Vol.2 prácticamente resolvía lo que se planteaba como el conflicto principal de la serie, o por lo menos le pegaba un giro tan heavy, que obligaba a replantear bastante el rumbo de las aventuras de Adam Chamberlain para que estas pudieran continuar. No me da para explicar de nuevo el planteo básico de American Virgin (que es, además, el principal atractivo que para mi gusto tiene la serie), con lo cual recomiendo hacer click en la etiqueta y repasar las reseñas de los dos tomos anteriores. ¿Ya está? Bien, sigamos.
El primer episodio de este tomo es decisivo: por un lado, Seagle nos cuenta qué va a buscar Adam ahora que ya no tiene sentido mantenerse virgen para debutar con Cassie, el amor de su vida. Es un giro ingenioso, caprichoso y a la vez muy lógico, un “loophole” por el cual el guionista abre una puerta que hasta ahora parecía cerrada. Por el otro lado, la consigna de este tomo es tener a Adam firmemente basado en Miami, su ciudad natal, y rodeado de ese atractivo elenco familiar que le armó Seagle en el Vol.1 y después prácticamente desactivó. En estas primeras páginas, el guionista se dedica a darles carnadura a estos personajes, repletos de miserias, dobles discursos y secretos escabrosos. El segundo episodio es medio de transición, de poner en marcha el rumbo que se vislumbra en el anterior y después sí, vuelven el sexo, la religión y todos los bolonkis que me cebaron en la primera mitad de la obra.
Sin bajarse nunca del tono de comedia, American Virgin se mete a full con un montón de temas que giran en torno a la sexualidad: el matrimonio igualitario, el aborto, la conservación de la virginidad, la promiscuidad, la transexualidad, la tensión entre la castidad que exigen ciertas religiones y la pulsión erótica del mundo en general... todos estos tópicos atraviesan la historia de Adam y su familia. También hay un parto (olvidate de verlo tan explícita y maravillosamente dibujado como el que nos mostró Rick Veitch en aquel inolvidable episodio de Miracleman), un huracán, un avión que “le pifia” a la pista y termina por aterrizar en cualquier lado... todos golpes impactantes, que mantienen atractiva a la trama. ¿Y está bueno que, aún para meterse con temas jodidos y situaciones límite, Seagle no abandone nunca el tono de “comedia cool”? No sé, me lo pregunto, pero no me lo respondo.
El dibujo de Becky Cloonan está buenísimo, muy por encima de lo visto en el primer tomo. No es super original (todo el tiempo vemos flotar al fantasma de Paul Pope), no es virtuoso y no es espectacular. Sin embargo es dinámico, lindo, con muchos hallazgos en las expresiones faciales, que tienen muchísimo peso en la trama. Y no, no le pidamos a Cloonan que se mate en los fondos, porque los mete así nomás y cuando no le queda otra. Por lo menos los dibuja, que ya es mucho. Los flashbacks al pasado de la familia de Adam que vemos en el primer episodio son obra de otra chica, Christine Norrie, de la que nunca había visto otros trabajos, y va por un lado más cercano al del mainstream yanki, aunque con una onda más funny y más cool. No está mal. Para desdicha de estas dos artistas, cada veintipico de páginas el libro nos ofrece las ilustraciones que creaba para las portadas Joshua Middleton, una bestia salvaje, un dibujante de increíble talento. Ves las tapas, ves las historietas, y en el contraste la labor de Cloonan y Norrie se desluce muchísimo. Lo cual no significa que sea chota, ni mediocre, sino que Middleton es –evidente y desproporcionadamente- mucho mejor dibujante que cualquiera de las dos.
Me falta un último tomo para ver qué final le da Steven Seagle a las aventuras de Adam Chamberlain. Lo bueno es que no sé qué esperar, no se ve una línea obvia, no se sabe bien para dónde se encamina el último tramo. Y eso está bueno, porque es garantía de sorpresas. Ojalá no defraude.

sábado, 13 de abril de 2013

13/ 04: PARANOIA NORMAL

Che, no entendí nada. Nada, eh? No sé si los guiones de Pedro Mancini esconden profundos simbolismos, o si responden a meros caprichos, a pajas mentales del autor, a sus ganas de exorcizar unos cuantos demonios, de plasmar en imágenes sus sueños y pesadillas, o simplemente al respetabilísimo ejercicio de romper las pelotas, de ajustar estas secuencias de imágenes (que no me animo a calificar de “historias”) a un único criterio, que es el lírico-genital.
Si seguís este blog hace tiempo, ya sabés lo que opino yo de las historietas sin guión, o con guiones excesivamente crípticos. Me pueden llamar la atención desde lo formal, me pueden hacer algún mimo desde la narrativa o la planificación de las páginas, pero no me caso, ni me pongo de novio, ni me las llego a transar. Las historietas que componen este libro (que originalmente habían aparecido en la revista Ultramundo, autoeditada por Mancini y sus secuaces, Santiago Fredes y Darío Fantacci) no escapan para nada a esa regla general. Me provocaron intriga, por momentos lograron perturbarme, pero siempre desde el despliegue de recursos narrativos, o desde la imagen. Nunca desde el relato en si, porque nunca me llegué a dar cuenta de qué sucedía, ni mucho menos por qué. Las “historias” de Mancini, además, prescinden por completo de textos y diálogos y tienen la peculiaridad de terminar en cualquier lado, nunca en algo así como un final “clásico” de esos que cierran lo que se abrió en las primeras páginas. La que mejor se disfraza de relato “normal” es La Verdad Acerca del Rey Huevo, un extraño trip con sabor a Lewis Carroll, que en un punto degenera hacia el erotismo (un erotismo elegante, repleto de sofisticación freak), para luego llegar a una especie de cierre.
Estoy seguro de que un psicólogo le sacaría mucho más jugo que yo a este recorrido surrealista por los laberintos de la mente de Mancini. Por ahí le encontraría sentidos a este festival onírico y alucinado, del cual yo extraigo sólo dos conclusiones:
1) Pedro Mancini es un excelente narrador gráfico, con un gran criterio para armar las secuencias y un manejo molecular de la traslación a la página de los conceptos de tiempo y espacio.
2) Pedro Mancini es un dibujante de un talento descomunal, un virtuoso potencialmente ilimitado, que imagina y concreta cosas que nunca antes se le ocurrieron a ningún otro historietista, o sí, pero no las pudieron plasmar nunca en imágenes de esta calidad, con este vuelo y con estos climas. El plumín de Mancini está poseído por el Moebius más loco y experimental, y va más allá, traspasa las fronteras establecidas por el Genio Eterno, para sumergirnos en una especie de obsesión patológica por las texturitas y los crosshatchings capaces de helarle la sangre a los dibujantes más curtidos en estas lides, tipo Francis Masse. El libro ofrece tres historietas muy cortitas en las que Mancini cambia de estilo y prueba otras técnicas (incluso la de simplificar la línea, reducirla a su mínima expresión) y ahí la faz gráfica decae bastante. Hasta que el plumín mágico vuelve a apoderarse del autor y, cual lámpara de Aladino, habilita la aparición de prodigios indescriptibles.
Si te gusta el dibujo de historietas experimental, jugado, no te digo “a todo o nada”, pero sí lejos de lo convencional, Mancini tiene todo para convertirse en tu nuevo ídolo. Si lo que buscás son buenas historias, redondas, coherentes, lamentablemente acá no hay. El 28 de Septiembre del año pasado vimos un libro en el que Mancini dibujaba una historieta cuyo guión no le pertenecía (era de Federico Grunauer) y estaba muy bien. Me parece (por ahí me equivoco) que ese es el camino de acá en más para este increíble artista: poner su dibujo al servicio de guiones de otros. El chiste de delirar, irse al carajo y dibujar lo que se te cantan las bolas a lo largo de páginas y páginas completamente indescifrables causa gracia, pero una sóla vez.

viernes, 12 de abril de 2013

12/ 04: XTNCT

Allá por 2003, la revista Judge Dredd Megazine cambió de director y de política editorial: ahora valía publicar series y unitarios que no estuvieran relacionados al universo del famoso Juez. Así se abríó una maravillosa caja de Pandora de la que salieron muchos proyectos grossos, en los que los autores ingleses encontraron libertad para desarrollar sagas de ciencia-ficción (y no tanto) muy distintas a lo que se veía normalmente en las antologías de ese archipiélago. En Mayo de 2011 vimos una de esas obras (Leviathan) y hoy descubrí otra, también dibujada por el maestro Matt Brooker, más conocido como D´Israeli.
Esta vez el eximio dibujante forma equipo con Paul Cornell (que hace 10 años no era demasiado conocido fuera del Reino Unido, más allá de sus méritos como autor de novelas de la franquicia Dr. Who) para una historieta post-apocalíptica muy extraña. En Xtnct la humanidad está prácticamente extinta. Uno de los sobrevivientes es un científico genial y megalómano, que se hace llamar “Padre” por seres clónicos de su propia creación, que no son humanos, sino dinosaurios con raciocinio, habla y pulgares reversibles. Rex (el tiranosaurio), Raptor (el deinónicus), Aviatrix (la pterodáctilo), Trike (la triceratops) y Forest (la criatura con apariencia de árbol) tienen una misión: exterminar a los otros sobrevivientes humanos, para que “el Padre” pueda lanzar la siguiente fase de su plan (que no te la puedo contar).
A lo largo de varios episodios (cada uno con principio, desarrollo y fin), Cornell nos lleva a recorrer la tierra devastada junto a este comando de dinosaurios clónicos paramilitares, encargados de eliminar a la raza humana de nuestro planeta. Las aventuras están buenas, pero siempre resulta más interesante lo otro: la dinámica del equipo, los diálogos entre ellos, los planteos, la paulatina toma de conciencia de lo que están por hacer, y finalmente el volantazo y la confrontación con “el Padre”, que se resuelve de un modo tan impredecible como satisfactorio. Cornell orquesta con astucia un fértil contrapunto entre un cierto clima festivo, con chistes y situaciones bizarras por un lado, y por el otro la desolación de la tierra devastada y de los pocos sobrevivientes cuyas largas penurias culminarán en las fauces de un dinosaurio armado hasta la chota. Hay otros elementos atípicos, que tienen que ver con la religión, el sexo y hasta con una sutil bajada de línea políticamente incorrecta, cuando los militantes contra la globalización son caracterizados como villanos bastante ignorantes y levemente antisemitas.
Y lo más loco de todo: todo esto pasa en apenas 42 páginas! Cornell arma un mundo, presenta a cinco personajes, plantea un conflicto, lo hace avanzar y lo resuelve en sólo 42 páginas, en las que no faltan ni machaca, ni caracterización, ni esos toquecitos de cosa idiosincrática y rara, que hacen que Xtnct se lea definitivamente como historieta de autor y no como mero entretenimiento.
Por supuesto, uno quería que la historieta durara el triple, no sólo por lo jugoso del planteo y por la onda de los personajes, sino principalmente por el inmenso placer que resulta de verlo dibujar a D´Israeli. Este trabajo es de la misma época que Leviathan, y se observan los mismos hallazgos: un dibujo ganchero y efectivo, un manejo de las tramas mecánicas superlativo, una increíble fluidez en la narrativa, un gran laburo en las expresiones faciales (y no cualquiera le da buenas expresiones faciales a un triceratops), una generosidad pasmosa a la hora de dibujar vehículos, armas, ciudades y fortalezas futurísticas, y –por supuesto- un gran criterio para apuntalar desde la faz visual los climas que propone el guión.
Xtnct no te cambia la vida, no vayas a creer. Es simplemente una historieta fuerte, sumamente atípica, donde lo vemos a Cornell (hoy guionista de Wolverine) jugando de autor con todas las letras, sin guardarse nada, cebado y potenciado por la libertad de poder bajar línea y divertirse con una historia que obviamente lo apasionaba. Y encima dibujada a un nivel apabullante por el siempre grosso D´Israeli. Creo que esto nunca se editó en castellano, pero Rebellion se mandó una hermosa edición en inglés, con textos del guionista, bocetos del dibujante y lujosas tapas duras, que me encantó rescatar por poquísimos dólares de una caja de saldos.

jueves, 11 de abril de 2013

11/ 04: VIÑETAS SUELTAS

A veces sucede que para un evento internacional vienen invitados grossos, de los que no hay material editado en el país. Es más, a veces ni siquiera hay material editado en castellano. Eso es bastante choto, porque si viste una muestra de sus originales y te gustó lo que hace, y fuiste a una charla que dio y te pareció copado, lo más probable es que quieras comprarte alguna de las obras de ese autor (o autora, ¿por qué no?). Cuando un evento se especializa, además, en traer “figuritas difíciles”, autores que por su escasa cantidad de fans nadie más invitaría ni mucho menos editaría, es casi imprescindible acompañar la movida con una publicación como esta, en la que podemos ver (y llevarnos para siempre) aunque sea una breve muestra de lo que hace cada uno de los invitados que vinieron a la última edición de Viñetas Sueltas, en cuyo cierre tuve el placer de participar.
Veamos qué ofrece esta antología, además de gratos recuerdos de aquellas jornadas de Octubre:
Arrancamos con un fragmento de Angela Della Morte, de Salvador Sanz. Ya la leí completa (ver reseña del 16/07/11), así que este extracto no me aportó nada. Le sigue una historieta rara y muy interesante del colombiano Truchafrita, que en sólo 6 páginas plantea algo que bien podría ser el prólogo de una novela gráfica sumamente ganchera. Igual creo que no es la idea, que la gracia es dejarla ahí, picando, tirar la piedra y salir corriendo. El dibujo, muy lindo. Me da la sensación de que era a color y se pasó a blanco y negro, pero aún así está bien.
Marco Tóxico, de Bolivia, aporta una historieta extraña, retorcida, que a pesar de tener tan sólo cuatro páginas, requiere una segunda lectura para ser comprendida. La narrativa no existe, son ilustraciones puestas una al lado de la otra, pero el dibujo es alucinante, con una técnica rarísima y de enorme belleza. Le siguen dos paginitas de Sarah Glidden, de EEUU. Muy flojito lo de esta chica, que quiere encarar el complicado género del “comic periodístico” pero no le sale. El dibujo es chato, el texto excesivo, la narrativa aburridísima... Por suerte son poquitas páginas.
Después llega un episodio de Juan el Zorro, la serie más popular del uruguayo Renzo Vayra. De nuevo, la ingente cantidad de texto la hace prácticamente ilegible. En seis páginas hay globos como para llenar 32. De todos modos, lo poco que se puede vislumbrar del dibujo bajo esos masacotes de texto es absolutamente increíble. Vayra es un virtuoso, un genio del plumín que desafía toda explicación, y si tuviera espacio para narrar, estoy seguro que lo haría bárbaro. En las antípodas de esta historieta está la del otro colombiano, Joni B, que se destaca por su decompresión. Secuencias mudas o con poquísimo texto, en un ámbito despojado en el que predominan los espacios blancos. El guión es interesante y el dibujo, excelente.
Olivier Balez, francés radicado en Chile, dedica sus tres páginas a una especie de crónica periodística y le va bastante mejor que a Glidden tanto en dibujo como en narrativa. Me gustaría ver ese trabajo a color, pero así está muy bien. También de Francia, está el breve aporte de Dashan Fernando, una historieta chiquita, simple, comprimida, y con un dibujo apenas aceptable. Y nos quedan los amigos de la Isla de la Reunión: del ídolo Tehem tenemos una secuencia de Quartier Western (la reseñé completa el martes pasado) y de Hippolyte una historia autobiográfica que mezcla toques de documental (de hecho, en varias viñetas manda fotos) y con unos números de página muy raros: arranca en la 2, de ahí va a la 19, después a una página sin número y así, hasta terminar en la 12. Y son 8 páginas, nomás. Muy loco. El dibujo, glorioso incluso sin el color, con momentos dignos de Gipi, el genio italiano al que Hippolyte cita como su principal influencia.
Dato interesante: todas las historietas (incluso las de los colombianos) están traducidas al argentino, con nuestras expresiones coloquiales, puteadas y demás. Y sin errores: todos los diálogos suenan perfectamente creíbles. Buen trabajo de edición, en conjunto con Agua Negra, que nos permitió conservar aunque sea un poquito de la magia de los autores que nos visitaron. Ojalá cunda el ejemplo y en todos los eventos se puedan comprar “catálogos” como este.

miércoles, 10 de abril de 2013

10/ 04: JINX

No confundamos excelente con importante. Jinx no es una historieta excelente, ni cerca. Y sin embargo es muy importante, por muchos motivos. Me parece que lo más llamativo es observar cómo Brian Micheal Bendis, en uno de sus primeros trabajos de mediados de los ´90 en una editorial chiquita, ya tenía clarísimo su estilo. Tanto, que lo lograría imponer (sospecho que no sin cierta resistencia) en varios de los proyectos más importantes que encararía en años posteriores para editoriales más grossas. En Jinx está el gen de Alias, claramente, y de muchos de los recursos que Bendis desplegó en proyectos como Powers, Daredevil, o Hellspawn. El “estilo Bendis” de escribir comics, esa onda Quentin Tarantino, de climas cercanos al hard boiled pero moderno, con diálogos larguísimos, muy reales, que convierten a las secuencias del comic casi en pequeñas obras de teatro, con conflictos cotidianos mezclados con pequeños chispazos de aventura que muchas veces no son lo que más le interesa al guionista... todo eso ya estaba en estas historietas que Bendis escribía (y dibujaba) en la editorial Caliber, cuando no lo conocía ni el loro.
Por supuesto, Jinx tiene el mismo “problema” que las obras más recientes del pelado: está infinitamente estirada. En un poco más de 400 páginas, Bendis cuenta una historia que, si me permitís la exageración, se podía contar en un unitario de 16 páginas de esos que escribía Walter Slavich en la Skorpio. La trama posta (la búsqueda de un auto con casi tres palos verdes en el baúl por parte de Jinx y su amigovio Goldfish) arranca cuando van más de 100 páginas de... casi nada, y desde ahí hasta el final avanza como si reptara, con prolongadas interrupciones en las que Bendis se cuelga contando otras cosas, con muchísimas disgresiones en las que cobra chapa un tercer personaje (Columbia, un malviviente amigo de Goldfish), etc. Por supuesto, Bendis estira con dos “excusas” que le salen bárbaro: el clima (sórdido, espeso, pero con lugar para el slice of life y los chistes) y los diálogos, que –como siempre- son extraordinarios. Ese oído descomunal para los diálogos del guionista (y su abuso de las puteadas) seguramente es lo que más debe haber sorprendido en su momento a los lectores de sus primeras obras.
Jinx es de la época en la que Bendis todavía dibujaba sus propios guiones, cuando todavía jugaba a ser un autor integral. Y como dibujante era medio choto, pero no impresentable. El pelado de Cleveland fue uno de los precursores en la onda de no dibujar fondos, sino mandar fotos mínimamente retocadas, cosa que en su momento más de uno le criticó, sin saber que eso que en 1995 era la excepción, hoy sería la regla. Para los personajes, Bendis no afanaba fotos: las sacaba él mismo. Armaba una especie de fotonovela, y a partir de las imágenes de las fotos, metía un laburo de tintas MUY zarpado, a años luz de los ínfimos retoques que hoy le meten a las fotos las legiones de Juan Carlos Flicker. Fanático de la onda oscura y espesa, Bendis terminaba por emparentarse mucho más con los grossos del claroscuro, en imágenes que recuerdan a la mejor época de Josep Ma. Beroy, a David Lloyd, al Tony Harris más zarpado, o a cosas que años más tarde le veríamos a Danijel Zezelj. Ojo, no siempre. También hay dibujos bien del montón, casi siempre disimulados por una muy buena planificación de las páginas.
Dentro de este masacote, Bendis prueba dos cosas raras: una breve secuencia en la que dibuja como Sal Buscema, burda pero efectiva parodia a los comics de Marvel de los ´70 y ´80, y un tramo bastante más largo, en el que narra un flashback al pasado de Jinx y –para diferenciarlo del resto de la obra- se va a un estilo mucho más basado en el collage de fotos, a las que casi no retoca. Obviamente es el tramo más feo de mirar. Y finalmente nos muestra un fragmento de un cuento fantástico escrito por Jinx, que no lo dibuja él, sino el talentoso Michael Gaydos, desconocidísimo en aquel entonces, pero ya con un estilo personal, sugestivo, mucho más agradable a la vista que esas páginas de Bendis saturadas de negro y con las viñetas muy chiquitas, o repetidas una y mil veces.
Con su sobrecarga de violencia urbana, chumbos, garches y traiciones, con su atmósfera tarantinesca y dark, sus diálogos afiladísimos y sus personajes bien trabajados, Jinx fue una historieta de culto en los ´90, que los fans de Bendis de aquel entonces le refregaron después por la cara a los que descubrieron al autor cuando se convirtió en estrella. Eso no la hace excelente –repito- pero sí importante. Igual se deja leer, no es un horror ni mucho menos.

martes, 9 de abril de 2013

09/ 04: VARUA RAPA NUI Vol.1

Se termina esta recorrida por la historieta latinoamericana reciente y la última escala es en Chile, casualmente el próximo país de nuestra región al que voy a visitar. Como me pasó el otro día con Quartier Western, no alcanza con viajar al centro de Chile: este libro viene de más lejos, de la enigmática Isla de Pascua, territorio del país vecino, pero ubicado casi a mitad de camino entre Sudamérica y la Polinesia. Parece una joda, pero no. En la Isla de Pascua también se editan historietas.
¿Y de qué habla esta historieta? De cómo se pobló esta remota islita en el medio del Océano Pacífico. Es algo que, a nivel científico, todavía no se pudo corroborar con precisión. Pero claro, siempre existe la mitología, la tradición oral, y esta es casi siempre mucho más divertida y generosa que las conclusiones a las que llegan los historiadores. Varua Rapa Nui es la primera de una serie de cuatro historietas pensadas para recrear en forma de epopeya gráfica el pasado de la Isla de Pascua, de la mano de la guionista (y antropóloga) Bernardita Labourdette y el dibujante Ismael Hernández.
Labourdette se esfuerza mucho para que esto no se parezca en lo más mínimo a la típica historieta histórica, ceñida a los hechos tal como los narran los libros. Y le sale muy bien. Varua Rapa Nui se lee como una saga 100% fantástica, con buenos, malos, aventuras, runflas, maleficios, conjuros, escenas de altísimo impacto visual, y un ritmo frenético que no se empantana nunca en detalles chiquitos sobre la cultura de los protagonistas. Sólo sabemos lo importante de estos muchachos de la Polinesia: su isla, Hiva, se está por ir a la B a causa de las erupciones de un volcán y los maremotos, y los pobladores deben encontrar una nueva tierra donde empezar de cero. Algo nos muestra Labourdette de su religión, su sistema político y sus técnicas de navegación y cultivo, pero muy al pasar, y sólo lo indispensable. El resto es aventura pura, con la grandilocuencia de cualquier saga grossa de fantasía épica.
La única cagada es que la historieta se hace corta. Son sólo 44 páginas, varias de ellas con muy poquito texto, casi todas con pocas viñetas, y uno llega al final con la sensación de haber leído poco. Claro, es la primera parte de una saga. Eventualmente saldrán (supongo yo) los tres libros que faltan para que Varua Rapa Nui se pueda leer en forma completa. Por ahora, esta primera parte me dejó con ganas de más.
¿Cuál es la parte positiva de una historieta descomprimida, con pocas viñetas por página? Que se luce mucho más el dibujo. Ismael Hernández no es exactamente un virtuoso, pero sí un dibujante muy competente, interesante, con varios puntos altos a destacar. Ante todo, la originalidad: no es el enésimo “clon de” y eso, entre los dibujantes latinoamericanos de estilo realista, sin duda es una novedad muy bienvenida. El tratamiento del color también me pareció excelente, con una paleta acotada a blanco, negro, sepia y rojo, potenciada con unas aguadas a veces sutiles y a veces de gran power. Y lo más llamativo: la puesta en página. Sin entorpecer jamás el fluir del relato, Hernández se juega a desplegar las viñetas de modos absolutamente experimentales, y siempre sale bien parado, con puestas que nos asombran, nos meten aún más en el relato y subrayan todo el tiempo la envergadura, la fuerza, el cariz épico de lo que nos narra el guión. Es así. Cuando manejás tan bien los recursos narrativos que ofrece la planificación de la página, no necesitás ser... Juan Giménez para que el lector se cebe mal con tu dibujo.
Quiero más historietas sobre los misterios de la Isla de Pascua, tema poco explorado y de indudable riqueza para generar buenas historias. Quiero saber cómo carajo sigue la aventura del pueblo de Hiva y su exilio forzado a través del Pacífico. Y quiero más historietas dibujadas por Ismael Hernández, para verlo dibujar otra cosa que no sean isleños, canoas, olas y hechiceros esperpénticos con la chota al aire. Este primer libro es de 2012, así que por ahí tengo que esperar unos meses más. No calienta, me parece que vale la pena, que Varua Rapa Nui es una de las series realmente grossas que tiene hoy el comic chileno. En Argentina esto no se consigue ni a palos, pero si estás en Chile, no dejes de buscarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

08/ 04: MISS DON´T TOUCH ME Vol.1

De nuevo me toca acompañar a una chica virgen a un prostíbulo de lujo. Esta vez la historieta se llama Miss Pas Touche, y salió originalmente entre 2006 y 2009, en cuatro tomos, editados en Francia por Dargaud. Por suerte en EEUU la editorial NBM tuvo el buen tino de editarla en sólo dos tomos, más voluminosos y muy accesibles.
El guionista es Hubert, legendario (y eximio) colorista, que por supuesto acá no desinstala el Photoshop para instalar el Word, sino que se hace cargo de ambas tareas. No sé cómo termina la historia, porque este Vol.1 trae sólo la mitad, pero lo que leí hasta ahora es increíblemente bueno. Parece un guión de Carlos Trillo, no de un colorista francés. La reconstrucción de época está perfecta (París, década del ´30), la construcción y el desarrollo de los personajes están bárbaros, los diálogos también, el misterio está llevado con talento y astucia, no falta la cuota de mala leche y sordidez y lo más importante: las escenas no se alargan al pedo, ni se cortan caprichosamente antes de que pase lo que tiene que pasar. Creo que entre todos los hallazgos de Hubert, ese es el más notable: el formidable manejo de los tiempos del relato, detrás del cual se nota una planificación milimétrica de cada escena, como sólo un guionista afiladísimo puede hacerlo.
La consigna (la chica virgen en un prostíbulo cheto) nos remite enseguida a Sakuran, el manga de Moyoco Anno que vimos el mes pasado, pero hasta ahí llegan las coincidencias. Blanche no llega al Pompadour como víctima de una red de trata, sino que se manda por su propia voluntad, convencida de que ahí va a encontrar pistas que le permitan esclarecer el brutal asesinato de su hermana. Así es como Hubert nos cuenta, por un lado, como vivían las putas de lujo en la París de los años ´30, y por el otro cómo se las ingenia Blanche para, con poquitas pistas, llegar a la verdad. Lo mejor es que se equivoca bastante, porque no es detective, es una chica que trabajó toda su vida de mucama en la casa de una señora bianuda y garca, que a la primera de cambio la rajó a la mierda. Por suerte, otros personajes que la tienen bastante más clara que Blanche se involucrarán en la investigación y la verdad terminará por salir a la luz, de modo bastante truculento.
Por otro lado, lo que también llama mucho la atención es cómo Blanche se mete en la boca del lobo, pero logra imponer sus propias reglas: ella no es prostituta y no permite que nadie la manosee ni mucho menos que la desvirguen. Vos estás todo el tiempo tenso, alerta, esperando el momento en el que algo salga mal y Blanche termine abierta de gambas, pero no. Hubert hace malabares, juega a full con el morbo y banca (por lo menos durante más de 90 páginas) la consigna de que la protagonista es una virgen intocable en el medio de un prostíbulo donde pasa de todo.
El dibujo de Kerascoët (que como ya conté en la reseña del 25/08/10 se trata de una dupla autoral integrada por Marie Pommepuy y Sébastien Cosset) peca un poquito de pegarse mucho a la estética de Joann Sfar. La faz gráfica de estos álbumes es muy similar en muchísimos aspectos a lo que vimos, por ejemplo, en El Gato del Rabino, o en Grand Vampire. Y está todo bien, porque son historietas magistralmente dibujadas, pero me queda claro que los Kerascoët pueden pelar imágenes y trazos menos tributarios de los trabajos del maestro Sfar. Fuera de la falta de originalidad, la dupla se cansa de acumular logros, de los cuales el más destacable es las pilas que le ponen a esas viñetitas microscópicas, a las que cualquier otro se sacaría de encima con dos pinceladas chotas, “total no se van a ver”. Miss Pas Touche tiene muchísimas páginas de más de 10 viñetas (unas cuantas de 14!) y en todas están plasmados al detalle los rasgos faciales, el vestuario, la decoración, los fondos, como si fueran splash pages. Pobre Hubert, se debe haber querido matar cuando tuvo que colorear todos esos detallitos minúsculos en cada una de esas estampillitas con globos de diálogo.
Esta es una historia muy zarpada, muy inteligente, con un equilibrio perfecto entre lo visceral y lo cerebral, entre la sofisticación y la salvajada. Hay asesinatos terribles, torturas, descuartizamientos, violaciones, sadomasoquismo, drogas, corrupción policial, altos mandatarios revolcados con putas y travas, y una heroína más valiente que brillante, dispuesta a consumar una venganza muy jodida, con muchas más posibilidades de ser boleta que de cumplir con su objetivo. No tengo idea de qué se guarda Hubert para la segunda mitad, porque acá resuelve muchísimas puntas argumentales, si no todas. Pronto me voy a enterar: este tomo me dejó tan cebado que dudo que aguante muchos días sin entrarle al Vol.2.

sábado, 6 de abril de 2013

06/ 04: HOY NO HAY NADA

Y mañana tampoco.
Arrancó la Temporada de Eventos y en un ratito me voy para una nueva edición de Dibujados, el encuentro de historietistas, ilustradores y guionistas que además es el evento de historieta más copado de la ciudad de Buenos Aires. Esta vez la cita es hoy y mañana, de 14 a 21 hs, en una nueva sede: el Espacio Aparte, que queda en Riglos 339.
Como ya es costumbre, se desarrollarán charlas con dibujantes, clínicas de historieta, talleres, feria de fanzines y publicaciones independientes, dibujo en vivo y la exposición "Ochenta´s" con trabajos de diversos dibujantes.
La entrada es gratuita, pero se solicita alguna donación en alimentos, útiles, libros, etc. para colaborar con instituciones benéficas.
Si estás al pedo, venite. Posta, es lo más lindo que tenemos en materia de eventos centrados en la Historieta Argentina.
Si no, todo bien, retomamos el lunes.

viernes, 5 de abril de 2013

05/ 04: 2001 NIGHTS Vol.2

Vuelvo al encuentro de uno de los mangakas favoritos de este blog, para reseñar la segunda parte de una trilogía, cuya tercera parte comentamos allá por Junio del año pasado.
Por suerte, leerlas en cualquier orden no les resta encanto a las historias. Yukinobu Hoshino construye estos relatos de modo autoconclusivo, aunque claramente insertos en un contexto mayor, más ambicioso, que permea a todas las historias del libro. En este segundo tomo, la Humanidad acaba de perfeccionar las técnicas de viajes hiperespaciales y, con los recursos naturales de la Tierra casi exhaustos, comienza a explorar otros planetas, en busca de alguno más o menos apto para albergar y abastecer a colonias de humanos. De eso se tratan estas siete historias, de adelantados, de exploradores, de terrícolas lanzados a planetas remotos con la misión de encontrar atmósferas, climas y suelos que en pocos cientos de años puedan alterarse hasta permitir la vida humana. Hay aventuras, pizcas de romance, y sobre todo ciencia-ficción de la dura, de la que pela sesudas explicaciones para todo. Hoshino demuestra un conocimiento devastador de astrofísica, de ecología, de geología, de todo lo que define las características de un planeta. Y aún así, el trampolín es siempre la imaginación. Veamos qué onda las historias.
La primera historia podría limitarse a contar de dónde sacan los humanos la tecnología para viajar por el hiperespacio, pero no. Hoshino le agrega una trama paralela, un slice of life pachorro y melancólico, protagonizado por la piloto Ellie Myu y su padre, el científico que desarrolló el primer motor para viajes hiperespaciales. El combo entre la faceta más épica y la más humana funciona muy bien y va a ser un elemento común a casi todas las historias del tomo.
La segunda es muy rara. Arranca con una primera parte medio golpebajera en la que la protagonista es una nave espacial y levanta grosso en la segunda parte, cuando nos centramos en la expedición liderada por Robinson para hacer habitable un planeta lejano. Es una historia de exploración e introspección, sin espacio para la machaca. La tercera, Medusa´s Throne, es todo lo contrario: tres expediciones, tres encuentros con cosas muy raras y muchísima acción en un planeta que definitivamente no podrá ser colonizado.
La siguiente historia nos lleva a un nuevo planeta donde los intentos de colonización fracasarán porque dos facciones distintas de terrícolas, los de la Unión Americano-Japonesa y los de Eurasia, confrontarán en vez de aunar esfuerzos. Es un relato lleno de escenas fuertes, de imágenes alucinantes y muchísimos bloques de texto de increíble vuelo poético narrados en primera persona por... el propio planeta donde transcurre la acción. En la quinta historia también, las dos facciones humanas tienen un roce medio áspero, pero ya aprendieron a colaborar y pronto liman asperezas. Acá el autor se manda una hermosa reversión de Romeo y Julieta, y además permite que se cuelen por la ventana la esperanza, la concordia y el humor.
La sexta historia es tensa y electrizante. Acá no hay exploración, simplemente un conflicto, que amenaza con destruir no sólo a la nave de los protagonistas, sino a la galaxia entera. Se trata de un agujero negro viviente, con capacidad de adaptación y hambre voraz, y si se junta con otro agujero negro (como el que propulsa a la nave humana) se pudre todo, mal. Y terminamos con la historia más aventurera, más dinámica, más ganchera. Elliptical Orbit, sin bajarse de la onda elegante de todo el tomo, tiene muchísima machaca, muchos diálogos graciosos y hasta una mina ligera de ropas a la que más de un muchacho le quiere explorar la atmósfera. Ah, y un giro brillante al final, que jamás te ves venir.
El dibujo de Yokinobu Hoshino brilla en este trabajo de mitad de los ´90 tanto como en todos los que ya vimos anteriormente en el blog, así que no tiene mucho sentido que me extienda en la enumeración de sus logros. Estamos frente a un monstruo, a un superdotado, a un distinto, que no deja de emocionarte ni de maravillarte ni en una sóla viñeta.
2001 Nights no sólo le va a gustar a los fans del manga, o de la ciencia-ficción. Le sobra magia y calidad para atrapar a cualquier lector que busque buenas y historias y dibujos gloriosos, más allá de épocas, géneros y estéticas. Papa fina de acá a Beta Hydri Cinco.

jueves, 4 de abril de 2013

04/ 04: THE TRIAL OF CAPTAIN AMERICA

Ah, bueno... Acá estaba la pulenta. Olvidémonos rápidamente del tomo anterior. Una vez que leés este, el tomo anterior se convierte en la nada misma, un ínfimo footnote en la historia, apenas ese segundo en el que alguien aprieta el gatillo para activar algo. Lo grosso pasa todo acá, en un tomo al nivel de lo mejor que escribió Ed Brubaker en sus muchísimos años al frente de Captain America.
El secreto no es más secreto. Ya todo el mundo sabe que bajo la máscara del Capitán está Bucky Barnes, quien durante la Guerra Fría fuera un implacable asesino al servicio de la Unión Soviética, responsable de crímenes escabrosos. Bucky está casi tranquilo: sabe que su mente había sido borrada primero y controlada después por los rusos y que nada de lo que hizo fue por su propia voluntad. Pero lo hizo con su cuerpo, con su habilidad. Y por eso se entrega a las autoridades para que lo juzguen. Esto desata un mega-circo mediático impresionante, donde los opinólogos de los noticieros se dedican a crucificar públicamente a Bucky y el único que lo defiende es Steve Rogers, ahora Comandante en Jefe de todas la fuerzas de seguridad de los EEUU y mano derecha del presidente Barack Obama. “A los medios no les interesa la verdad, sólo el rating”, sentencia Rogers en una escena monumental.
Para complicar más las cosas, Sin (la demencial hija del Red Skull) se fuga del manicomio y arma una arriesgada movida para forzar a Bucky a escapar de la policía y volver a la acción, cosa que el ex-compañerito del Capi logrará con la ayuda de... no te lo puedo contar. No son sus amigos de siempre, Falcon y Black Widow. Ni su abogada en el juicio, Bernie Rosenthal, un personaje creado en la breve etapa de Roger Stern y John Byrne (ver reseña del 19/04/11) como interés romántico de Steve, al que Brubaker rescató del pilón de los back issues. Con el plot de Sin, el guionista logra mechar excelentes escenas de acción en el medio de episodios repletos de cabecitas que hablan en oficinas y juzgados. Que igual son un deleite, porque los diálogos son formidables y porque todo el tiempo Brubaker le saca filo al dilema moral de Bucky, a sus ganas de hacer lo correcto, a su carrera de obstáculos hacia la redención. Sumémosle el ingrediente de los medios de comunicación, las reacciones de los Vengadores que no sabían nada del pasado de Bucky, el glorioso regreso del Profesor Faustus y un giro inesperado en el final, y tenemos una saga realmente memorable. Y con un epílogo raro, en el que reaparece un Nick Fury (que llevaba varios tomos alejado de esta serie) más rosquero y manipulador que nunca.
Por el lado del dibujo, de nuevo tenemos en casi todo el tomo a Butch Guice, en su estilo más oscuro, más realista, con muchísima referencia fotográfica (no hay un sólo fondo que no sea una foto mínimamente retocada) y cada tanto, algún homenaje a Jack Kirby medio descolgado. Acá Guice comparte tareas con Stefano Gaudiano, que viene más del palo de Michael Lark, otro maestro de la línea realista, dark y de la onda “ni en pedo te dibujo un fondo”. Por suerte a Guice lo dejan zarparse en las peleas, donde ahí sí, la anatomía explota, se descontrola, y esto parece más un comic que una fotonovela. En el primer episodio está de invitado el astro español Daniel Acuña, que también es bastante Juan Carlos Flicker, pero la recontra pilotea con su personalísima forma de colorear, que le suma muchísima onda a los dibujos. Y el epílogo le tocó a Mitch Breitweiser (que algo había mojado en el tomo anterior), un dibujante correcto, que no descolla pero que por lo menos dibuja mucho más de lo que afana de fotos. También, es otro dibujante de trazo adusto, de pinceladas fuertes, onda Lark, David Ajá, o el Lee Weeks más suelto, más salvaje.
Es un lástima (por no decir un bochorno) que toda esta movida que arma Brubaker en este tomo (y que supongo que se terminará de cristalizar en el próximo) para que Steve Rogers vuelva a ser el único y legítimo Capitán América, responda no a una necesidad del guionista, sino a una imposición de la editorial, pensada para acompañar el lanzamiento de una película. Si la saga no estuviera tan, pero tan bien escrita, me darían ganas de rebolear el TPB a la mierda y no leer nunca más un comic del Capi. Por suerte, con Bucky, con Steve o con cualquier croto que se ponga la capuchita con la “A”, mientras esté Brubaker, hay garantía de grandes historias. Ese disfrute le gana a la indignación por el manoseo editorial y por eso le hago el aguante a esta serie.