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viernes, 25 de junio de 2010

25/ 06: THE GOON Vol.0


Llevaba años queriendo leer The Goon y nunca había pasado de una historia corta en una antología de Dark Horse. Puesto a empezar, me jugué a empezar de cero, en el tomito que recopila los tres números de la primera serie de The Goon, publicados en 1999 por una editorial de Primera C que obviamente ya no existe. Para la nueva edición en Dark Horse se agregaron textos, bocetos e ilustraciones, así que se armó un pack atractivo incluso para el que seguía a Eric Powell desde que comía banco de suplentes en las divisiones inferiores.
El personaje está muy bueno: es una mezcla entre Hellboy y Cazador. O sea que hay violencia, destripamientos, puteadas, mala leche y demás atrocidades cazadoriles, pero además hay un cuidado por los climas, por respetar (en la medida de lo posible) ciertos códigos que tienen que ver con el género del terror, más algunos elementos del policial negro, como si de a ratos ese amalgam Cazador/ Hellboy sumara también a Marv, el grandote heavy de Sin City. Frankie, el amigo del Goon también es un personaje muy rico, con matices muy interesantes. Y los villanos, apenitas. Salvo el Zombie Priest, el resto son apenas obstáculos a los que el Goon caga a trompadas o mutila.
Los guiones de estas tres historias son bastante limitados, aunque los que leyeron los tomos posteriores afirman que después Powell levanta muchísimo el listón. Acá casi todo pasa por la machaca, el gore y algunos chistes de humor negro. Ni siquiera los zombies están planteados como la típica amenaza que vemos en las pelis de zombies, sino que actúan más como bandas mafiosas. Son zombies como podrían ser barrabravas o chimpancés. En ese sentido, no son pocas las similitudes con Johnny Caronte, la historieta de Tony Sandoval que vimos hace un tiempo.
El primer giro interesante llega en el tercer episodio, cuando Powell nos retrotrae a los años mozos del protagonista, y narra en un magnífico flashback el origen de la relación entre el Goon y Labrazio, el único capo-mafia que le hace el aguante al Zombie Priest. Acá se nos presenta a varios personajes muy bien definidos, y además a un Goon distinto, no sólo más pendejo, sino también con motivaciones y sentimientos mucho más humanos. Ahí está la primera pista de que Powell tiene con qué ir más allá de la clásica fórmula del “muchachón pulenta que reparte piñas, hachazos o balazos entre todos los pelotudos que se le pongan adelante”. Pero esa compleja relación entre el protagonista y el jefe mafioso no se llega a esclarecer, ni mucho menos a resolver, en este tomo. Habrá que esperar al siguiente, a ver qué onda, pero con mucha fe, porque las últimas secuencias de este libro son, sin duda, las mejores.
Por el lado del dibujo, la evolución de Powell también es notable. Empieza como un clon muy correcto de los próceres de la E.C. (básicamente, Jack Davis, Wally Wood y Bill Elder), pero con el correr de las páginas suma mignolismos, yeites narrativos típicos de las historietas en joda de Keith Giffen, y ya en el último episodio, en aquella secuencia de flashback, pela animaladas dignas de Will Eisner o Berni Wrightson. Ese tramo, coloreado directamente sobre los lápices de Powell, dejan clarisimo que estamos frente a un dibujante con un talento inusual. Un monstruo que todavía estaba lejos de su nivel actual, pero que ya daba cátedra de historieta. Un dato no menor es que el colorista que interpreta a la perfección a Powell no es otro que Dave Stewart, ese Rey Midas del photoshop que le da su toque de magia y calidad a todos los hits de la editorial del caballito. Así cualquiera, no?
The Goon arrancó bien, con unos dibujos alucinantes que mejoran número a número y unos guiones al principio un poquito obvios, pero que para el final de este tomo ya empezaban a levantar temperatura. Y esto es sólo el principio, el embrión, el boceto de lo que la serie va a ser más adelante. O por lo menos eso prometen el prólogo de Powell, y los críticos a los que sigo en la web, y mis amigos que ya leyeron varios tomos. ¿Y quién soy yo para no creerles?