Y bueno, ahora estoy en la cuenta regresiva rumbo a un tercer evento lejos de Buenos Aires, esta vez el Comarca Fest en Viedma, provincia de Río Negro. Seguramente en el viaje me leeré algún libraco de los gordos, como para tener qué reseñar a la vuelta.
Mientras tanto, sigo avanzando con el pilón de los pendientes y arranco con Apocalypse Nerd, el tomo que recopila la miniserie homónima realizada por Peter Bagge para Dark Horse hace ya más de diez años. La idea es magnífica, el desarrollo es totalmente adictivo, los diálogos son brillantes, el dibujo superó ampliamente mis expectativas y lo único que tengo para criticarle a Bagge es el punto que elige para cerrar la historia.
El final está muy bien, es coherente con todo lo que el autor nos transmite a lo largo de la obra, pero… ¿te parece terminarla en ese momento? Pasa algo tan grosso, tan brutal, presenciamos un giro tan abrupto en el devenir de la trama, que me parece que esa última escena merecía a) un énfasis especial, incluso desde el dibujo (viñetas más grandes, quizás) y b) alguna reflexión, alguna exploración de las consecuencias de lo que sucede, que tendrían que ser muchas y bastante profundas. No obstante todo esto, Apocalypse Nerd no es un chiste cuya efectividad se define en la última jugada, en el remate final. O sea que la casi ausencia de un final, o la sensación chota que me deja Bagge al jugar tres cuadritos antes del final una carta tan zarpada y dejar todo ahí, no alcanza para “bajarle el precio” a la obra.
Como tantas historias post-apocalípticas, Apocalypse Nerd describe con certera mala leche la forma en la que los seres humanos y los vínculos entre ellos se degradan una vez que un hecho de fuerza mayor (en este caso un ataque nuclear de Corea del Norte contra la región Noroeste de los EEUU) rompe el frágil andamiaje de reglas y convenciones sociales que nos permiten vivir en sociedad. Entre peripecias, acción, violencia, chistes y guarangadas varias, lo que le interesa a Bagge es eso: mostrarnos cómo tipos normales y civilizados se vuelven depredadores, bestias amorales capaces de robar y matar sin sentir el menor remordimiento. Y lo que hace que esto funcione tan bien es precisamente lo que a priori parece más desubicado que chupete en el orto: los chistes y las guarangadas, recursos que Bagge maneja a la perfección desde siempre y que hacen que esta historia no sea “una más de post-apocalipsis” sino una historia muy fuerte, preocupantemente posible, que te propone una gama amplísima de emociones y te sorprende cuando y donde menos te lo imaginás.
Salto a España, a 2016, cuando Norma edita en un hermoso tomo de tapa dura Polar: Ojo por Ojo, una historieta de Víctor Santos que había aparecido originalmente serializada en el sitio web de Dark Horse. La versión online se publicó sin textos, y Santos se los agregó para la edición en libro. Esta es la segunda novela gráfica de Santos realizada en esta modalidad, y me acabo de dar cuenta de que son tres y no tengo ni la primera ni la tercera (me quiero matar… y por supuesto acepto donaciones).
Lo más interesante es cómo Santos se anima a convertir en secundario a Black Kaiser, el personaje que nos presentó en aquella novela reseñada acá el 10/02/12 y que protagoniza también el primer libro de Polar (¿ya dije que acepto donaciones?). El durísimo operario del recontra-espionaje esta vez funge como mentor de una chica que buscará vengarse de unos cuantos hijos de puta, que le cagaron la vida y un ojo de la cara (de ahí el título del libro). La novela va saltando entre el entrenamiento de Christy bajo la tutela de Black Kaiser, flashbacks a los traumáticos sucesos previos a que el sicario la encontrara casi sin vida, y su violenta venganza contra la familia Caronte.
Como todas las historias pensadas para ser entendidas sin texto, Ojo por Ojo recurre a una narrativa bastante descomprimida. O sea que hay un desfasaje notable entre la cantidad de sucesos que relata Santos y la cantidad de páginas en las que los desarrolla. Es una obra (lógicamente) muy jugada a lo visual, en la que el prócer valenciano despliega una vez más todo su arsenal de recursos gráficos para sacudirnos, shockearnos y a la vez meternos cada vez más en este relato trágico y sangriento. Todo esto está planteado en un claroscuro bestial, donde la mancha negra y el espacio blanco comparten protagonismo con una línea muy finita, muy elegante, y las ocasionales irrupciones de un rojo furibundo… con lo cual es casi inevitable la referencia a Sin City. Pero por suerte Santos no se queda en el plagio ni en el homenaje a Frank Miller, sino que se atreve a cantarle “quiero retruco”, a meterle otras cosas. Cosas de su propia cosecha y cosas heredadas de Paul Grist, de José Muñoz, de Mike Mignola, de Guido Crépax, de Jim Steranko (esto se ve mucho en la historia cortita a color, ambientada en la Guerra Fría, donde Nick Fury estaría en su salsa)… Todos maestros del relato secuencial a los que el blanco y negro les sienta escalofriantemente bien.
Con un argumento muy chiquito (y muy parecido al de Kill Bill), un monstruo como Santos te puede contar una historia atrapante, tremenda, desmesurada, de altísimo impacto, de inconmensurable fuerza narrativa y de indescriptible belleza visual. Necesito ya los dos tomos que me faltan (¿y les dije que acepto donaciones?).
Gracias a todos los que se acercaron a saludar a mi mesa en Villa Viñetas y nos vemos este finde en Viedma.
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miércoles, 25 de julio de 2018
jueves, 26 de abril de 2018
JUEVES DE VERANO
Sì, ya sè que estamos en otoño, pero parece que el clima no se enterò.
A raíz del escàndalo en Independiente, en Argentina se empezó a hablar de un tema que existe hace décadas: los chicos oriundos de pueblos o ciudades del Interior del país, que llegan a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, en busca de un futuro mejor. Casi siempre son chicos de hogares humildes, y muy a menudo terminan condenados a la marginalidad, enroscados en la trampa del delito, las drogas o las perversiones sexuales que tanto abundan en la Ciudad de la Furia. Antes de que los medios masivos se abocaran a esta problemática, Alejandro Farìas y Vìctor Zelaya la abordaron en Cambalache, una breve novela gràfica publicada en 2017.
El dibujo de Zelaya, bonito, sencillo, con una impronta cercana al humor gràfico, contrasta bastante con la sordidez de la trama, obviamente de modo intencional. Hay un trabajo impecable en los fondos, muchos aciertos en la aplicación de los grises, y algo que se repite en todas las obras del Chino Zelaya, que son las páginas superpobladas de viñetas muy chiquitas. Eso ya es una marca de fàbrica del autor y no tiene sentido abordar una obra suya esperando otra cosa.
El guiòn de Farìas no se queda en la denuncia, en la enumeración o la descripción de las penurias por las que pasa el anónimo pibe que protagoniza Cambalache. Ademàs de bajada de línea, de un clamor urgente de justicia, o aunque màs no sea de atención, hay desarrollo de personajes, hay giros impredecibles, lindos diálogos, hermosos silencios y un mensaje de esperanza que viene muy bien después de 48 pàginas de bajones y crueldades. Una obra chiquita, que parece haberse gestado sin mayores ambiciones, pero que hoy cobra una especial relevancia porque una historia parecida a la de Cambalache cobrò estado público.
Me voy a España, de la mano de otro Vìctor, el maestro valenciano Vìctor Santos, uno de los autores fetiche de este blog. Seppuku (editada en 2016) es la segunda novela gràfica protagonizada por el inspector Heigo Kobayashi (la primera la vimos el 11/07/14), este Sherlock Holmes del Japòn feudal originado en los relatos de Ryonosuke Akutagawa.
La trama està basada en la famosa leyenda de los 47 ronin, y obviamente Santos no le cambia el final, o sea que uno intuye todo el tiempo para dònde va la cosa. Aùn asì, el autor se las ingenia para contar la historia desde otra òptica, en la que la labor de Heigo Koayashi (que no es parte de la leyenda original) resulte importante, relevante. Una vez que Santos le incorpora a la leyenda todo este bagaje de investigación policial-detectivesca, el aspecto político cobra otra dimensión, la intriga se hace màs espesa, y hay espacio para que cobren fuerza otros conflictos, que son los que se resuelven cerca del final en una escena de una violencia tan intensa como sugestiva.
De todos modos, los hallazgos del guiòn pasan a un lejano segundo plano, porque lo que nos ofrece Vìctor Santos en la faceta visual es demasiado alucinante. A partir del claroscuro màs extremo que le vimos hasta ahora, con los negros màs negros y los blancos màs blancos, Santos construye un grafismo hipnótico, de gran belleza plàstica y además perfectamente funcional a la narración. Al igual que su coterráneo David Rubìn, Santos entendió de modo diáfano todas esas innovaciones que Mike Mignola y Frank Miller operaron sobre el clásico claroscuro en el que durante décadas reinaron Alberto Breccia y Josè Muñoz. Pero además, en las secuencias donde renuncia a las masas de negro para concentrarse en la línea pelada, a Santos se le ve el ADN valenciano, que nos remite de inmediato al capo máximo de la línea clara surgida en esa región: el maestro Miguel Calatayud. Y por supuesto, para meterte tan a fondo en el Japòn feudal, tenès que haber leído unos cuantos mangas ambientados en ese período, y ahì es donde Santos exhibe la feliz influencia de Goseki Kojima, Hiroshi Hirata y Sanpei Shirato.
Recomiendo mucho Seppuku a fans del comic de todos los palos, y especialmente a los que ya se hicieron adictos a la magia narrativa de Vìctor Santos.
Y hasta acà llegamos. Volvemos muy pronto con nuevas reseñas, acà en el blog.
A raíz del escàndalo en Independiente, en Argentina se empezó a hablar de un tema que existe hace décadas: los chicos oriundos de pueblos o ciudades del Interior del país, que llegan a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, en busca de un futuro mejor. Casi siempre son chicos de hogares humildes, y muy a menudo terminan condenados a la marginalidad, enroscados en la trampa del delito, las drogas o las perversiones sexuales que tanto abundan en la Ciudad de la Furia. Antes de que los medios masivos se abocaran a esta problemática, Alejandro Farìas y Vìctor Zelaya la abordaron en Cambalache, una breve novela gràfica publicada en 2017.
El dibujo de Zelaya, bonito, sencillo, con una impronta cercana al humor gràfico, contrasta bastante con la sordidez de la trama, obviamente de modo intencional. Hay un trabajo impecable en los fondos, muchos aciertos en la aplicación de los grises, y algo que se repite en todas las obras del Chino Zelaya, que son las páginas superpobladas de viñetas muy chiquitas. Eso ya es una marca de fàbrica del autor y no tiene sentido abordar una obra suya esperando otra cosa.
El guiòn de Farìas no se queda en la denuncia, en la enumeración o la descripción de las penurias por las que pasa el anónimo pibe que protagoniza Cambalache. Ademàs de bajada de línea, de un clamor urgente de justicia, o aunque màs no sea de atención, hay desarrollo de personajes, hay giros impredecibles, lindos diálogos, hermosos silencios y un mensaje de esperanza que viene muy bien después de 48 pàginas de bajones y crueldades. Una obra chiquita, que parece haberse gestado sin mayores ambiciones, pero que hoy cobra una especial relevancia porque una historia parecida a la de Cambalache cobrò estado público.
Me voy a España, de la mano de otro Vìctor, el maestro valenciano Vìctor Santos, uno de los autores fetiche de este blog. Seppuku (editada en 2016) es la segunda novela gràfica protagonizada por el inspector Heigo Kobayashi (la primera la vimos el 11/07/14), este Sherlock Holmes del Japòn feudal originado en los relatos de Ryonosuke Akutagawa.
La trama està basada en la famosa leyenda de los 47 ronin, y obviamente Santos no le cambia el final, o sea que uno intuye todo el tiempo para dònde va la cosa. Aùn asì, el autor se las ingenia para contar la historia desde otra òptica, en la que la labor de Heigo Koayashi (que no es parte de la leyenda original) resulte importante, relevante. Una vez que Santos le incorpora a la leyenda todo este bagaje de investigación policial-detectivesca, el aspecto político cobra otra dimensión, la intriga se hace màs espesa, y hay espacio para que cobren fuerza otros conflictos, que son los que se resuelven cerca del final en una escena de una violencia tan intensa como sugestiva.
De todos modos, los hallazgos del guiòn pasan a un lejano segundo plano, porque lo que nos ofrece Vìctor Santos en la faceta visual es demasiado alucinante. A partir del claroscuro màs extremo que le vimos hasta ahora, con los negros màs negros y los blancos màs blancos, Santos construye un grafismo hipnótico, de gran belleza plàstica y además perfectamente funcional a la narración. Al igual que su coterráneo David Rubìn, Santos entendió de modo diáfano todas esas innovaciones que Mike Mignola y Frank Miller operaron sobre el clásico claroscuro en el que durante décadas reinaron Alberto Breccia y Josè Muñoz. Pero además, en las secuencias donde renuncia a las masas de negro para concentrarse en la línea pelada, a Santos se le ve el ADN valenciano, que nos remite de inmediato al capo máximo de la línea clara surgida en esa región: el maestro Miguel Calatayud. Y por supuesto, para meterte tan a fondo en el Japòn feudal, tenès que haber leído unos cuantos mangas ambientados en ese período, y ahì es donde Santos exhibe la feliz influencia de Goseki Kojima, Hiroshi Hirata y Sanpei Shirato.
Recomiendo mucho Seppuku a fans del comic de todos los palos, y especialmente a los que ya se hicieron adictos a la magia narrativa de Vìctor Santos.
Y hasta acà llegamos. Volvemos muy pronto con nuevas reseñas, acà en el blog.
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lunes, 15 de enero de 2018
LECTURAS DE VERANO
Sigo leyendo a buen ritmo y esta vez reincido con una dupla a la que visitamos allá por el 10/05/13: el inmenso Víctor Santos como guionista y el sólido Pere Pérez, hoy absorbido por el voraz mainstream yanki, como dibujante. Pero por suerte Ragnarok data de 2012, cuando todavía era posible que estos autores produjeran obras de calidad con el mercado español como principal destinatario.
La historia de Ragnarok es ampliamente conocida por cualquiera que sepa algo de mitología nórdica. Lo que hace Santos es, básicamente, convertir aquel relato mitológico en un comic de 56 páginas, con algunos cambios menores pero interesantes, como el de convertir a Fenris en un licántropo, en lugar de un lobo gigante. Los personajes son, obviamente, los dioses asgardianos y sus tradicionales enemigos, enfrentados en un combate a todo o nada, en el que está en juego el destino de los nueve reinos.
Por supuesto la idea de Santos es no hacer las concesiones que suelen hacer los guionistas de los comics de Thor. Acá los textos son duros, a veces extensos, escritos en un castellano clásico, casi arcaico, y cuando los hechos que narra la historia así lo requieren, se repliegan a las márgenes para dejar paso a las imágenes. El nivel de violencia también supera ampliamente al del típico comic de superhéroes. Estos personajes míticos no tienen ningún drama en decapitarse entre ellos, arrancarse la piel, morfarse unos a otros, mutilarse… Un vale todo sumamente sangriento, complementado por otros elementos infrencuentes en los comics de “buenos contra malos” como son las orgías y las violaciones. Más allá del impacto, de las atrocidades y de la fidelidad al material clásico, Santos logra que su epopeya nos involucre y nos conmueva, e incluso que hinchemos por los Aesir, cuando es obvio que sin la chispa de Loke (no “Loki”) nada de esto sucedería y no habría epopeya para narrar.
Pérez ofrece unas páginas magníficas, generosas en detalles, con un blanco y negro potente, muy bien complementado por los grises que le agrega Marc Pérez. Por momentos parece un Carlos Pacheco un poco menos plástico, menos suelto en la anatomía y las expresiones faciales, pero mucho más jugado a la hora de la puesta en página y la planificación de las secuencias. Si te gusta la machaca a niveles mitológicos, no dejes de entrarle al Ragnarok de Santos y Pérez.
En las antípodas de la epopeya se encuentra Lo Salvaje, esta recopilación de anti-aventuras escritas y dibujadas por el notable Pablo Vigo. Como en las historias de Adrian Tomine, acá nos encontramos con tramas bastante elaboradas, que tienen la particularidad de terminar en lugares imprevistos, mucho antes de que se resuelva el conflicto, mucho después, o incluso sin siquiera llegar a explicitar cuál es el conflicto. Vigo se nutre de miserias, bizareadas o boludeces de la vida real, pero no se queda en el costumbrismo. Sus historias logran darle una vuelta de tuerca novedosa, a veces bastante perturbadora, a la vida cotidiana de chicos y chicas, casi todos con algún mambo psicológico complicado.
La vuelta al perro para que haga caca, los mensajitos de texto, la conversación futbolera en el ascensor con gente apenas conocida, el bullying en el colegio, el garche con la novia, el paseo con los sobrinos… todo se puede convertir en una situación espesa, retorcida, tensa, al filo de la sordidez, si la miramos desde la óptica de Vigo. Lo mejor que tienen estas anti-aventuras son el trabajo en los diálogos y la voz en off, recursos con los que Vigo nos mete en la cabeza de personajes que expresan poco con las caras, fieles a los preceptos gráficos de Tomine, Chris Ware o el Daniel Clowes de los últimos años. Con esos tres referentes (más alguna cosita de Beto Hernández en Encuentro Cercano, que parece estar dibujada años antes que las otras hsitorietas) tenemos el armazón visual y narrativo sobre el cual Vigo construye una identidad gráfica propia, muy funcional a las historias que cuenta y a la que le sienta muy bien tanto el color sin restricciones de Salto o Carnaval, como el color hiper-acotado de Mateo.
Lo más raro de todo es que Lo Salvaje sea el primer libro de Pablo Vigo que se edita en Argentina, ya que se trata de un autor con unos cuantos años de trayectoria, que cosechó fans a lo pavote a fuerza de originalidad, talento y una destreza técnica apabullante, infrecuente en los historietistas de todas las generaciones y de todos los países. Si todavía no lo tenés en tu mapa de artistas a seguir, no dejes de darle una posibilidad.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.
La historia de Ragnarok es ampliamente conocida por cualquiera que sepa algo de mitología nórdica. Lo que hace Santos es, básicamente, convertir aquel relato mitológico en un comic de 56 páginas, con algunos cambios menores pero interesantes, como el de convertir a Fenris en un licántropo, en lugar de un lobo gigante. Los personajes son, obviamente, los dioses asgardianos y sus tradicionales enemigos, enfrentados en un combate a todo o nada, en el que está en juego el destino de los nueve reinos.
Por supuesto la idea de Santos es no hacer las concesiones que suelen hacer los guionistas de los comics de Thor. Acá los textos son duros, a veces extensos, escritos en un castellano clásico, casi arcaico, y cuando los hechos que narra la historia así lo requieren, se repliegan a las márgenes para dejar paso a las imágenes. El nivel de violencia también supera ampliamente al del típico comic de superhéroes. Estos personajes míticos no tienen ningún drama en decapitarse entre ellos, arrancarse la piel, morfarse unos a otros, mutilarse… Un vale todo sumamente sangriento, complementado por otros elementos infrencuentes en los comics de “buenos contra malos” como son las orgías y las violaciones. Más allá del impacto, de las atrocidades y de la fidelidad al material clásico, Santos logra que su epopeya nos involucre y nos conmueva, e incluso que hinchemos por los Aesir, cuando es obvio que sin la chispa de Loke (no “Loki”) nada de esto sucedería y no habría epopeya para narrar.
Pérez ofrece unas páginas magníficas, generosas en detalles, con un blanco y negro potente, muy bien complementado por los grises que le agrega Marc Pérez. Por momentos parece un Carlos Pacheco un poco menos plástico, menos suelto en la anatomía y las expresiones faciales, pero mucho más jugado a la hora de la puesta en página y la planificación de las secuencias. Si te gusta la machaca a niveles mitológicos, no dejes de entrarle al Ragnarok de Santos y Pérez.
En las antípodas de la epopeya se encuentra Lo Salvaje, esta recopilación de anti-aventuras escritas y dibujadas por el notable Pablo Vigo. Como en las historias de Adrian Tomine, acá nos encontramos con tramas bastante elaboradas, que tienen la particularidad de terminar en lugares imprevistos, mucho antes de que se resuelva el conflicto, mucho después, o incluso sin siquiera llegar a explicitar cuál es el conflicto. Vigo se nutre de miserias, bizareadas o boludeces de la vida real, pero no se queda en el costumbrismo. Sus historias logran darle una vuelta de tuerca novedosa, a veces bastante perturbadora, a la vida cotidiana de chicos y chicas, casi todos con algún mambo psicológico complicado.
La vuelta al perro para que haga caca, los mensajitos de texto, la conversación futbolera en el ascensor con gente apenas conocida, el bullying en el colegio, el garche con la novia, el paseo con los sobrinos… todo se puede convertir en una situación espesa, retorcida, tensa, al filo de la sordidez, si la miramos desde la óptica de Vigo. Lo mejor que tienen estas anti-aventuras son el trabajo en los diálogos y la voz en off, recursos con los que Vigo nos mete en la cabeza de personajes que expresan poco con las caras, fieles a los preceptos gráficos de Tomine, Chris Ware o el Daniel Clowes de los últimos años. Con esos tres referentes (más alguna cosita de Beto Hernández en Encuentro Cercano, que parece estar dibujada años antes que las otras hsitorietas) tenemos el armazón visual y narrativo sobre el cual Vigo construye una identidad gráfica propia, muy funcional a las historias que cuenta y a la que le sienta muy bien tanto el color sin restricciones de Salto o Carnaval, como el color hiper-acotado de Mateo.
Lo más raro de todo es que Lo Salvaje sea el primer libro de Pablo Vigo que se edita en Argentina, ya que se trata de un autor con unos cuantos años de trayectoria, que cosechó fans a lo pavote a fuerza de originalidad, talento y una destreza técnica apabullante, infrecuente en los historietistas de todas las generaciones y de todos los países. Si todavía no lo tenés en tu mapa de artistas a seguir, no dejes de darle una posibilidad.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.
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miércoles, 20 de julio de 2016
HORA DE VOLVER
La verdad es que durante esa inolvidable semana en España no tuve tiempo para postear nada. Sí para leer, porque el viaje fue largo. Así que, ya en casa, es hora de reseñar algunos de los libritos que me bajé en aviones, trenes y micros.
Pedro and Me es una novela gráfica editada en 2000, en la que Judd Winick (que todavía no era guionista, sino autor integral) nos cuenta su experiencia en MTV: The Real World, uno de los primeros realities de la historia de la televisión. En esa convivencia filmada por no sé cuántas cámaras, este joven dibujante newyorkino se hizo amigo de Pedro Zamora, un chico nacido en Cuba y emigrado a EEUU, portador del virus del HIV. La historia de Pedro conmovió a todo el país, sobre todo porque unos pocos meses después de terminado el reality, este incansable vocero de los enfermos de SIDA falleció, con sólo 24 años. En 180 páginas, Winick nos cuenta su vida, la de Pedro y la increíble experiencia de haberse conocido en condiciones tan atípicas como un reality que vieron millones de personas, donde también participaba la que hoy es la esposa del autor. Por supuesto que el conflicto central es la enfermedad de Pedro, y desde el primer momento sabemos que va a terminar mal. Pero el tono no es excesivamente bajonero ni solemne. De hecho, creo que lo mejor que tiene la obra es el tono, la forma en la que Winick nos mete en la historia y logra que nos interesemos por lo que sucede sin apelar a golpes bajos y sin predicar. El dibujo no llega a ser precario, pero no brilla demasiado. Lo que más me gustó de la faz gráfica es el rotulado, que me hizo acordar mucho al de Scott McCloud. Si no te aburre la temática, Pedro and Me se puede abordar como una historieta autobiográfica muy lograda, o como un rastreo arqueológico de la época en que Judd Winick todavía dibujaba sus propios guiones, sin superhéroes, pero con luchadores de carne y hueso.
Finalmente, y después de muuuuchos años, conseguí el tomito que me faltaba de Los Reyes Elfos, casualmente el primero, el que dio origen a la extensa saga creada por Víctor Santos también en el 2000. Al haber leído todo lo posterior, ya sabía todo lo que iba a pasar en estas primeras 42 páginas: el príncipe Ehren Heldentodsson regresa a Alfheim tras un largo exilio en medio de un clima enrarecido y debe suceder en el trono a su padre, que muere en un combate. Lo que me llamó la atención es cómo suceden estas cosas, a qué ritmo, y con cuántas pistas acerca de lo que iba a pasar más adelante. Evidentemente acá había un plan, Santos sabía muy bien que esto era sólo el principio y abre un montón de puntas que más adelante se van a explorar a fondo. Las 42 páginas parecen 64, porque hay muchas páginas con más de 12 viñetas. Esto permite que el espacio alcance para explicar todo el entramado sociopolítico de Alfheim, presentar a los personajes y desembocar en una machaca no tan enfatizada, pero muy satisfactoria. El dibujo está muy verde comparado con lo que veremos hacer más adelante a Santos, y aún así se la re-banca.
Vamos con el primer tomo de Sex Criminals, la muy original, picante, transgresora y ganchera serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Al dibujante no lo conocía y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por cómo trabaja la composición de las viñetas, por cómo encara esas páginas de muchos cuadros y por su manejo del color, que es impactante y elegante a la vez. Al guionista, en cambio, ya lo tengo bastante junado y –por más limada que sea la idea de esta serie- difícilmente me sorprenda como me sorprendió con Casanova, por citar su obra más personal. Lo que sí me resultó increíble es lo zarpado del contenido, la cantidad de menciones y apariciones explícitas de las pajas, los lechazos, los dildos, los petes, los garches, los orgasmos y todo el universo de los placeres carnales, que en la historieta aparecen con frecuencia sólo en el género porno, y están prácticamente suprimidos en todos los demás. Acá a Fraction se le ocurrió la forma de que una historia de amor y aventuras funcione en torno a un “superpoder” íntimamente ligado al sexo, y el resultado es gracioso y efectivo. Le falta un poquito más de fuerza a la aventura: por momentos parecieran sobrar los villanos, su aparición no resulta ni a palos tan natural ni tan interesante como la relación entre Suzie y Jon, que está muy, muy bien trabajada. Obviamente me cebó como para ir por un segundo tomo… y para desear que los autores no se jueguen a estirar la idea más de lo que esta puede resistir sin hacerse burda o reiterativa.
Tengo más material leído así que, si llego con el tiempo, clavo una reseña más antes del domingo. Será hasta pronto!
Pedro and Me es una novela gráfica editada en 2000, en la que Judd Winick (que todavía no era guionista, sino autor integral) nos cuenta su experiencia en MTV: The Real World, uno de los primeros realities de la historia de la televisión. En esa convivencia filmada por no sé cuántas cámaras, este joven dibujante newyorkino se hizo amigo de Pedro Zamora, un chico nacido en Cuba y emigrado a EEUU, portador del virus del HIV. La historia de Pedro conmovió a todo el país, sobre todo porque unos pocos meses después de terminado el reality, este incansable vocero de los enfermos de SIDA falleció, con sólo 24 años. En 180 páginas, Winick nos cuenta su vida, la de Pedro y la increíble experiencia de haberse conocido en condiciones tan atípicas como un reality que vieron millones de personas, donde también participaba la que hoy es la esposa del autor. Por supuesto que el conflicto central es la enfermedad de Pedro, y desde el primer momento sabemos que va a terminar mal. Pero el tono no es excesivamente bajonero ni solemne. De hecho, creo que lo mejor que tiene la obra es el tono, la forma en la que Winick nos mete en la historia y logra que nos interesemos por lo que sucede sin apelar a golpes bajos y sin predicar. El dibujo no llega a ser precario, pero no brilla demasiado. Lo que más me gustó de la faz gráfica es el rotulado, que me hizo acordar mucho al de Scott McCloud. Si no te aburre la temática, Pedro and Me se puede abordar como una historieta autobiográfica muy lograda, o como un rastreo arqueológico de la época en que Judd Winick todavía dibujaba sus propios guiones, sin superhéroes, pero con luchadores de carne y hueso.
Finalmente, y después de muuuuchos años, conseguí el tomito que me faltaba de Los Reyes Elfos, casualmente el primero, el que dio origen a la extensa saga creada por Víctor Santos también en el 2000. Al haber leído todo lo posterior, ya sabía todo lo que iba a pasar en estas primeras 42 páginas: el príncipe Ehren Heldentodsson regresa a Alfheim tras un largo exilio en medio de un clima enrarecido y debe suceder en el trono a su padre, que muere en un combate. Lo que me llamó la atención es cómo suceden estas cosas, a qué ritmo, y con cuántas pistas acerca de lo que iba a pasar más adelante. Evidentemente acá había un plan, Santos sabía muy bien que esto era sólo el principio y abre un montón de puntas que más adelante se van a explorar a fondo. Las 42 páginas parecen 64, porque hay muchas páginas con más de 12 viñetas. Esto permite que el espacio alcance para explicar todo el entramado sociopolítico de Alfheim, presentar a los personajes y desembocar en una machaca no tan enfatizada, pero muy satisfactoria. El dibujo está muy verde comparado con lo que veremos hacer más adelante a Santos, y aún así se la re-banca.
Vamos con el primer tomo de Sex Criminals, la muy original, picante, transgresora y ganchera serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Al dibujante no lo conocía y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por cómo trabaja la composición de las viñetas, por cómo encara esas páginas de muchos cuadros y por su manejo del color, que es impactante y elegante a la vez. Al guionista, en cambio, ya lo tengo bastante junado y –por más limada que sea la idea de esta serie- difícilmente me sorprenda como me sorprendió con Casanova, por citar su obra más personal. Lo que sí me resultó increíble es lo zarpado del contenido, la cantidad de menciones y apariciones explícitas de las pajas, los lechazos, los dildos, los petes, los garches, los orgasmos y todo el universo de los placeres carnales, que en la historieta aparecen con frecuencia sólo en el género porno, y están prácticamente suprimidos en todos los demás. Acá a Fraction se le ocurrió la forma de que una historia de amor y aventuras funcione en torno a un “superpoder” íntimamente ligado al sexo, y el resultado es gracioso y efectivo. Le falta un poquito más de fuerza a la aventura: por momentos parecieran sobrar los villanos, su aparición no resulta ni a palos tan natural ni tan interesante como la relación entre Suzie y Jon, que está muy, muy bien trabajada. Obviamente me cebó como para ir por un segundo tomo… y para desear que los autores no se jueguen a estirar la idea más de lo que esta puede resistir sin hacerse burda o reiterativa.
Tengo más material leído así que, si llego con el tiempo, clavo una reseña más antes del domingo. Será hasta pronto!
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martes, 14 de julio de 2015
14/ 07: LOS REYES ELFOS: HISTORIAS DE FAERIE
Hacía más de dos años que no me topaba con un libro de esta maravillosa serie de Víctor Santos, esa que me tocó leer en perfecto desorden y de la que nunca conseguí el Vol.1. De hecho, Historias de Faerie es una segunda serie, de la cual existen dos tomos. El Vol.2 lo leí allá por el 01/02/10 y el Vol.1 es este, que conseguí recién ahora.
Al igual que el Vol.2, este tomo de Historias de Faerie ofrece una antología de historias cortas que se complementan con la saga central, la que protagoniza Ehren Heldentodsson. Algunas de las historias intersectan en momentos muy puntuales de la saga, otras nos muestran anécdotas menores, o revelan detalles del pasado de los personajes principales, o narran breves historias en las que algún personaje secundario asume un rol protagónico. Y también al igual que el Vol.2, abre con una historia en la que Santos dibuja el guión escrito por un invitado, para luego ser él quien escribe todas las historias restantes, todas con distintos dibujantes. Vamos a repasarlas.
La primera historia tiene sólo seis páginas y es una anécdota menor protagonizada por el villano de la saga, el Caballero Oscuro. El dibujo de Santos es magnífico y el guionista invitado no es otro que Michael Avon Oeming, quien propone una muy buena idea.
De las que escribe Santos, la primera también es muy breve y tiene como principal atractivo el dibujo de Víctor Rivas, un dibujante notable, emparentado con Joann Sfar, Blutch y Christophe Blain, al que me hubiese encantado ver dibujar un álbum de La Mazmorra.
La siguiente es otra anécdota menor (y muy linda), ambientada en la juventud de Ehren, dibujada por Fermín Solís, un autor con un típico estilo de indie yanki, una especie de James Kochalka más civilizado.
Ya con un par de páginas más, Santos nos cuenta una historia de cuando Ehren vivió en las tierras de Cipango, con los dibujos de Carla Berrocal, que no me terminaron de convencer.
Junto a Norberto Fernández (dibujante muy correcto, de estilo realista muy pulido), Santos narra el violento episodio por el cual Glirren se convierte en la Emperatriz de Hielo.
Otro dibujante realista de trazo muy potente, Sergio Córdoba (hoy consagrado en el mercado francés) tiene a su cargo el dibujo de una historia protagonizada por Jurgen Ulf que se queda un poquito en la machaca.
Otro dibujante hoy consagrado, David Lafuente, acompaña a Santos en otra historia de Ehren vagando por el mundo, esta vez en el Ulster, donde intersecta con la saga de Cuchulain. Otro relato violento, vibrante y muy bien dibujado.
Dreide y Jurgen Ulf son los protagonistas de la siguiente historia, también demasiado jugada a la machaca, más algún chiste ingenioso. El dibujo de Joan Fuster está muy bien, con un buen trabajo a la hora de resolver todo desde el claroscuro.
Anna (la hija de Ehren y Dreide) protagoniza una aventura narrada en dos tiempos distintos, en la que Santos logra indagar bastante a fondo en su personalidad. El dibujo es excelente y muestra por qué Kenny Ruiz triunfa en el mercado europeo.
Y me guardé para el final mi historieta favorita, protagonizada por Grimmerson y sus enanos. Acá Santos saca chapa de GRAN guionista y logra que esta breve narración de 8 páginas interesecte no con uno, sino con varios momentos clave de la saga principal, además de regalarnos los mejores diálogos del tomo. Para dibujarla convocó nada menos que a Quim Bou, un dibujante que a mí me encanta (desde mucho antes de que otro Bou fuera ídolo en Racing) y que acá deja la vida en unas páginas fastuosas, realzadas por una aplicación de grises sencillamente magistral.
Complementan varios pin-ups y textos en los que Santos cuenta el backstage de cada una de las historias. Si nunca leiste Los Reyes Elfos, me parece que este libro te deja bastante en bolas. Pero si ya venís siguiendo la saga, acá vas a encontrar muy buenas historias accesorias, algunas dibujadas a un nivel altísimo y todas con el sello inconfundible del inmenso Víctor Santos.
Al igual que el Vol.2, este tomo de Historias de Faerie ofrece una antología de historias cortas que se complementan con la saga central, la que protagoniza Ehren Heldentodsson. Algunas de las historias intersectan en momentos muy puntuales de la saga, otras nos muestran anécdotas menores, o revelan detalles del pasado de los personajes principales, o narran breves historias en las que algún personaje secundario asume un rol protagónico. Y también al igual que el Vol.2, abre con una historia en la que Santos dibuja el guión escrito por un invitado, para luego ser él quien escribe todas las historias restantes, todas con distintos dibujantes. Vamos a repasarlas.
La primera historia tiene sólo seis páginas y es una anécdota menor protagonizada por el villano de la saga, el Caballero Oscuro. El dibujo de Santos es magnífico y el guionista invitado no es otro que Michael Avon Oeming, quien propone una muy buena idea.
De las que escribe Santos, la primera también es muy breve y tiene como principal atractivo el dibujo de Víctor Rivas, un dibujante notable, emparentado con Joann Sfar, Blutch y Christophe Blain, al que me hubiese encantado ver dibujar un álbum de La Mazmorra.
La siguiente es otra anécdota menor (y muy linda), ambientada en la juventud de Ehren, dibujada por Fermín Solís, un autor con un típico estilo de indie yanki, una especie de James Kochalka más civilizado.
Ya con un par de páginas más, Santos nos cuenta una historia de cuando Ehren vivió en las tierras de Cipango, con los dibujos de Carla Berrocal, que no me terminaron de convencer.
Junto a Norberto Fernández (dibujante muy correcto, de estilo realista muy pulido), Santos narra el violento episodio por el cual Glirren se convierte en la Emperatriz de Hielo.
Otro dibujante realista de trazo muy potente, Sergio Córdoba (hoy consagrado en el mercado francés) tiene a su cargo el dibujo de una historia protagonizada por Jurgen Ulf que se queda un poquito en la machaca.
Otro dibujante hoy consagrado, David Lafuente, acompaña a Santos en otra historia de Ehren vagando por el mundo, esta vez en el Ulster, donde intersecta con la saga de Cuchulain. Otro relato violento, vibrante y muy bien dibujado.
Dreide y Jurgen Ulf son los protagonistas de la siguiente historia, también demasiado jugada a la machaca, más algún chiste ingenioso. El dibujo de Joan Fuster está muy bien, con un buen trabajo a la hora de resolver todo desde el claroscuro.
Anna (la hija de Ehren y Dreide) protagoniza una aventura narrada en dos tiempos distintos, en la que Santos logra indagar bastante a fondo en su personalidad. El dibujo es excelente y muestra por qué Kenny Ruiz triunfa en el mercado europeo.
Y me guardé para el final mi historieta favorita, protagonizada por Grimmerson y sus enanos. Acá Santos saca chapa de GRAN guionista y logra que esta breve narración de 8 páginas interesecte no con uno, sino con varios momentos clave de la saga principal, además de regalarnos los mejores diálogos del tomo. Para dibujarla convocó nada menos que a Quim Bou, un dibujante que a mí me encanta (desde mucho antes de que otro Bou fuera ídolo en Racing) y que acá deja la vida en unas páginas fastuosas, realzadas por una aplicación de grises sencillamente magistral.
Complementan varios pin-ups y textos en los que Santos cuenta el backstage de cada una de las historias. Si nunca leiste Los Reyes Elfos, me parece que este libro te deja bastante en bolas. Pero si ya venís siguiendo la saga, acá vas a encontrar muy buenas historias accesorias, algunas dibujadas a un nivel altísimo y todas con el sello inconfundible del inmenso Víctor Santos.
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viernes, 11 de julio de 2014
11/ 07: RASHOMON
Al glorioso valenciano Víctor Santos se le ocurrió una idea brillante: tomar relatos de crímenes surgidos en el Japón feudal y recontarlos en clave de policial noir, con mucho clima de novela detectivesca de los años ´40. En los cuentos de Ryonosuke Akutagawa, este autor fetiche del blog encontró espacio para meter un personaje más, de su propia creación: el comisario Heigo Kobayashi, quien llevará adelante la investigación en cada uno de los casos. Bah, en este caso, que hasta ahora es el único que existe. Ojalá en el futuro este sea recordado como el Vol.1 de Los Casos del Comisario Kobayashi.
A lo largo de las 80 páginas de Rashomon, Santos desarrolla un misterio centrado en la muerte de un hombre cuyo cadáver aparece en un bosque. ¿Asesinato, suicidio, accidente? ¿Qué pasó ahí? Los testimonios son contradictorios y el comisario Kobayashi va a tener que agotar sus recursos para resolver el caso. Como en todo policial noir, habrá mentiras, conspiraciones, femme fatales y un plus, un más allá al que se arriesga Santos, que es un elemento fantástico, que felizmente no desentona en lo más mínimo con el clima que propone la historia.
No quiero ahondar mucho en la trama, porque al ser un misterio, cualquier dato que brinde la reseña puede funcionar como spoiler y cagarte la sorprendente resolución. Me va a quedar un texto corto, pero bueno, ya es hora de centrarme en lo más zarpado, lo más alucinante que tiene Rashomon, que es el dibujo. Por fin llegó, y ojalá persista durante décadas, un upgrade tremendo para la estética que hace más de 20 años Frank Miller desarrolló para Sin City e incluso para la que Mike Mignola peló en sus trabajos más personales. Víctor Santos combina su impronta personal con la de estos dos monstruos norteamericanos (casualmente uno que estudió mucho la historieta argentina y uno que entiende como pocos a los maestros europeos) y el resultado es un estilo nuevo, más visceral, más impactante, de una fuerza plástica devastadora. Santos la rompe en el claroscuro, en los detalles logrados con un trazo muy finito, en las manchas negras que por momentos inundan la página, en las expresiones de los rostros y además logra efectos de iluminación asombrosos, no heredados de nadie sino producto de su investigación, de los riesgos que asume.
Y hablando de riesgos, de las cosas que hace Santos en este libro y yo jamás había visto a nadie hacer en mi vida, son esas dos doble splash-pages compuestas por distintas imágenes en las que el caballero muerto recuerda el garche entre el bandido y la dama. Son cuatro páginas perfectas, calientes, con la hiper-expresividad al palo, que deberían usarse en las escuelas de historieta para ejemplificar cómo se planifica el espacio, cómo se trabaja la imagen en el contexto del equilibrio extremo entre blancos y negros. Todo el tema de la espacialidad está muy pensado por Santos, quien evidentemente estudió también el dibujo y el grabado japonés de este período histórico, y encontró esa forma (que ya habíamos visto en Sergio Toppi, por ejemplo) de dejar mucho blanco en algunas páginas y mucho negro en otras y que esto cumpla una función narrativa, que sirva para sustentar o resaltar algo de lo que el guión nos está proponiendo.
Después de detonarnos las retinas con varios hard boiled clásicos y de haber probado sobradamente su solvencia en la fantasía épica cuando se metió con la mitología nórdica, ahora Santos se interna en territorio japonés, a recrear la magia de los relatos de samurais, sin repetir y sin soplar las fórmulas de Hiroshi Hirata, Goseki Kojima y familia. Evidentemente no hay límites para este virtuoso de la narrativa gráfica, al que le sobran los argumentos para seguir cosechando fans en todos los países donde publica. Y en esa tónica… no estaría mal que se empezaran a publicar en Argentina los trabajos de Víctor Santos, no?
A lo largo de las 80 páginas de Rashomon, Santos desarrolla un misterio centrado en la muerte de un hombre cuyo cadáver aparece en un bosque. ¿Asesinato, suicidio, accidente? ¿Qué pasó ahí? Los testimonios son contradictorios y el comisario Kobayashi va a tener que agotar sus recursos para resolver el caso. Como en todo policial noir, habrá mentiras, conspiraciones, femme fatales y un plus, un más allá al que se arriesga Santos, que es un elemento fantástico, que felizmente no desentona en lo más mínimo con el clima que propone la historia.
No quiero ahondar mucho en la trama, porque al ser un misterio, cualquier dato que brinde la reseña puede funcionar como spoiler y cagarte la sorprendente resolución. Me va a quedar un texto corto, pero bueno, ya es hora de centrarme en lo más zarpado, lo más alucinante que tiene Rashomon, que es el dibujo. Por fin llegó, y ojalá persista durante décadas, un upgrade tremendo para la estética que hace más de 20 años Frank Miller desarrolló para Sin City e incluso para la que Mike Mignola peló en sus trabajos más personales. Víctor Santos combina su impronta personal con la de estos dos monstruos norteamericanos (casualmente uno que estudió mucho la historieta argentina y uno que entiende como pocos a los maestros europeos) y el resultado es un estilo nuevo, más visceral, más impactante, de una fuerza plástica devastadora. Santos la rompe en el claroscuro, en los detalles logrados con un trazo muy finito, en las manchas negras que por momentos inundan la página, en las expresiones de los rostros y además logra efectos de iluminación asombrosos, no heredados de nadie sino producto de su investigación, de los riesgos que asume.
Y hablando de riesgos, de las cosas que hace Santos en este libro y yo jamás había visto a nadie hacer en mi vida, son esas dos doble splash-pages compuestas por distintas imágenes en las que el caballero muerto recuerda el garche entre el bandido y la dama. Son cuatro páginas perfectas, calientes, con la hiper-expresividad al palo, que deberían usarse en las escuelas de historieta para ejemplificar cómo se planifica el espacio, cómo se trabaja la imagen en el contexto del equilibrio extremo entre blancos y negros. Todo el tema de la espacialidad está muy pensado por Santos, quien evidentemente estudió también el dibujo y el grabado japonés de este período histórico, y encontró esa forma (que ya habíamos visto en Sergio Toppi, por ejemplo) de dejar mucho blanco en algunas páginas y mucho negro en otras y que esto cumpla una función narrativa, que sirva para sustentar o resaltar algo de lo que el guión nos está proponiendo.
Después de detonarnos las retinas con varios hard boiled clásicos y de haber probado sobradamente su solvencia en la fantasía épica cuando se metió con la mitología nórdica, ahora Santos se interna en territorio japonés, a recrear la magia de los relatos de samurais, sin repetir y sin soplar las fórmulas de Hiroshi Hirata, Goseki Kojima y familia. Evidentemente no hay límites para este virtuoso de la narrativa gráfica, al que le sobran los argumentos para seguir cosechando fans en todos los países donde publica. Y en esa tónica… no estaría mal que se empezaran a publicar en Argentina los trabajos de Víctor Santos, no?
viernes, 10 de mayo de 2013
10/ 05: LA SANGRE DE LAS VALKIRIAS
Después de largos meses de ausencia, vuelve a este blog la historieta española, y nada menos que de la mano de Víctor Santos, uno de mis autores fetiche. Ojo, este no es el típico comic de Santos, primero porque no tiene nada que ver con la saga de Los Reyes Elfos, ni con el género noir, y segundo porque acá el prócer valenciano no dibuja, sino que se limita a escribir el guión.
La Sangre de las Valkirias, como su nombre lo sugiere, es una de vikingos y sí, tal como sospechás, se podría haber publicado tranquilamente en la revista Northlanders, en la que el maestro Brian Wood revitalizó este atractivo género. Habría que estirarla muy poquito, apenas un pijésimo, y La Sangre... podría ser un arquito de tres episodios de esa inolvidable serie de Vertigo. La trama combina la habitual violencia de estas sagas de sanguinarios guerreros con un misterio muy bien orquestado, sutiles toques de humor (bastante zarpado) y algo de erotismo. La historia arranca cuando el poderoso Harek, cacique de una tribu de implacables vikingos, se decide exterminar a todo el pueblo gobernado por Regner, sólo porque este abrazó la religión cristiana y renunció a Odin, Thor y los demás muchachos de los comics de Marvel. A la hora de llevarse algún souvenir de la aldea devastada por sus guerreros, a Harek se le ocurre llevarse a Dalla, la hija de Regner, y tomarla por esposa, obviamente sin consultarlo con la chica. El trofeo que trajo Harek llamará poderosamente la atención de sus tres hijos varones, mientras su hija mujer será quien mejor se entienda con la joven cautiva.
Ya te imaginás cómo sigue la historia, no? Tres muchachones, un padre ya veterano, una chica que les calienta la pava a los cuatro, una cultura acostumbrada a dirimir cualquier litigio, hasta el más pelotudo, por la vía de los duelos a hachazo limpio... En pocas páginas y con poco texto, Santos urde un intrincado laberinto de lujuria, violencia, poder y muerte, sin buenos ni malos (lo más parecido a un bueno muere en la página 4) y sin ninguna chance de un final feliz. De todos modos, aunque antes de la mitad de la novela intuís que va a terminar todo para el orto, jamás te imaginás cómo va a llegar ese final trágico: ni por la magnitud que cobra, ni por el último giro, el moñito de la anteúltima página, que es tan impredecible como brillante.
No nombré al dibujante, al elegido por Víctor Santos para acompañarlo en esta aventura: se trata de Pere Pérez, un dibujante catalán que hizo varios laburitos menores para DC y ahora está a full en Valiant. Lo que puede verse en este trabajo (de 2009) está bastante en sintonía con lo que publicaba Vertigo en Northlanders: Pérez muestra un estilo bastante crudo, visceral, sin virtuosismos ni pretensiones de elegancia. El trazo es fuerte, vigoroso, casi cabeza, con una línea en la que parece verse el lápiz desnudo, grueso, sin entintar, sin peinar ni bañar para la foto. La narrativa también subraya la potencia y la salvajada de lo que nos muestra la historia, y el color (de Joan Fuster) acompaña perfectamente al dibujo. Buen trabajo de Pérez, tranquilamente al nivel de lo que se ve en cualquier comic de Avatar, que es el sello donde más proliferan los dibujantes salvajes y viscerales.
Si te enganchaste con los vikingos por culpa de Northlanders, esto te va a cebar mal. Si te sumaste a la religión de los que veneramos a Víctor Santos y nos compramos cualquier cosa que lleve su firma, te va a encantar descubrirlo muy afianzado en la faceta de “guionista que escribe para otros”. Y si simplemente buscás una aventura intensa y jodida, con buenas dosis de sangre, tripas y violencia, algo de sexo, runflas malignas, muchas atrocidades y una lograda reconstrucción histórica, La Sangre de las Valkirias seguro te va a sacudir. Son sólo 52 páginas, pero muy impactantes y muy difíciles de olvidar. Háganle un lugarcito a Santos en el Valhalla de la historieta. Lo de este muchacho ya es digno de los dioses más pulenta de todos los tiempos.
La Sangre de las Valkirias, como su nombre lo sugiere, es una de vikingos y sí, tal como sospechás, se podría haber publicado tranquilamente en la revista Northlanders, en la que el maestro Brian Wood revitalizó este atractivo género. Habría que estirarla muy poquito, apenas un pijésimo, y La Sangre... podría ser un arquito de tres episodios de esa inolvidable serie de Vertigo. La trama combina la habitual violencia de estas sagas de sanguinarios guerreros con un misterio muy bien orquestado, sutiles toques de humor (bastante zarpado) y algo de erotismo. La historia arranca cuando el poderoso Harek, cacique de una tribu de implacables vikingos, se decide exterminar a todo el pueblo gobernado por Regner, sólo porque este abrazó la religión cristiana y renunció a Odin, Thor y los demás muchachos de los comics de Marvel. A la hora de llevarse algún souvenir de la aldea devastada por sus guerreros, a Harek se le ocurre llevarse a Dalla, la hija de Regner, y tomarla por esposa, obviamente sin consultarlo con la chica. El trofeo que trajo Harek llamará poderosamente la atención de sus tres hijos varones, mientras su hija mujer será quien mejor se entienda con la joven cautiva.
Ya te imaginás cómo sigue la historia, no? Tres muchachones, un padre ya veterano, una chica que les calienta la pava a los cuatro, una cultura acostumbrada a dirimir cualquier litigio, hasta el más pelotudo, por la vía de los duelos a hachazo limpio... En pocas páginas y con poco texto, Santos urde un intrincado laberinto de lujuria, violencia, poder y muerte, sin buenos ni malos (lo más parecido a un bueno muere en la página 4) y sin ninguna chance de un final feliz. De todos modos, aunque antes de la mitad de la novela intuís que va a terminar todo para el orto, jamás te imaginás cómo va a llegar ese final trágico: ni por la magnitud que cobra, ni por el último giro, el moñito de la anteúltima página, que es tan impredecible como brillante.
No nombré al dibujante, al elegido por Víctor Santos para acompañarlo en esta aventura: se trata de Pere Pérez, un dibujante catalán que hizo varios laburitos menores para DC y ahora está a full en Valiant. Lo que puede verse en este trabajo (de 2009) está bastante en sintonía con lo que publicaba Vertigo en Northlanders: Pérez muestra un estilo bastante crudo, visceral, sin virtuosismos ni pretensiones de elegancia. El trazo es fuerte, vigoroso, casi cabeza, con una línea en la que parece verse el lápiz desnudo, grueso, sin entintar, sin peinar ni bañar para la foto. La narrativa también subraya la potencia y la salvajada de lo que nos muestra la historia, y el color (de Joan Fuster) acompaña perfectamente al dibujo. Buen trabajo de Pérez, tranquilamente al nivel de lo que se ve en cualquier comic de Avatar, que es el sello donde más proliferan los dibujantes salvajes y viscerales.
Si te enganchaste con los vikingos por culpa de Northlanders, esto te va a cebar mal. Si te sumaste a la religión de los que veneramos a Víctor Santos y nos compramos cualquier cosa que lleve su firma, te va a encantar descubrirlo muy afianzado en la faceta de “guionista que escribe para otros”. Y si simplemente buscás una aventura intensa y jodida, con buenas dosis de sangre, tripas y violencia, algo de sexo, runflas malignas, muchas atrocidades y una lograda reconstrucción histórica, La Sangre de las Valkirias seguro te va a sacudir. Son sólo 52 páginas, pero muy impactantes y muy difíciles de olvidar. Háganle un lugarcito a Santos en el Valhalla de la historieta. Lo de este muchacho ya es digno de los dioses más pulenta de todos los tiempos.
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viernes, 25 de enero de 2013
25/ 01: LOS REYES ELFOS: LA ESPADA DE LOS INOCENTES
Sigo leyendo en perfecto desorden esta magnífica serie del valenciano Víctor Santos, y ahora me encuentro con el que vendría a ser el tercer tomo de los cuatro que componen el tronco principal de la saga. La Espada de los Inocentes encaja (creo) entre La Emperatriz del Hielo (reseñado el 22/07/10) y Hasta los Dioses Mueren (lo vimos el 23/04/10).
El guión es excelente. Se nota que Santos tiene un plan a largo plazo y hacia allá va, sin prisa, sin pausa, con mucho cuidado por dosificar bien la información acerca de este mundo y estos conflictos, y sobre todo por no quedarse en la machaca, sino potenciarla mediante un recurso infalible: los personajes que pueblan la saga de Ehren Heldentod no son meros reyes, guerreros o mercenarios. Son tipos y minas reales, creíbles a pesar de su origen fantástico, con personalidades complejas y sentimientos fuertes, con los que uno (que no es rey, ni elfo, ni blandió una espada en su puta vida) se puede identificar. La epopeya está y está buenísima: hay combates de todo tipo, gestas repletas de heroismo y sacrificio, tremendas batallas y hasta la intervención de los dioses nórdicos (en este tomo la rompe el mismísimo Thor!). Y además están estos personajes logradísimos, casi tridimensionales, que rosquean, se enamoran, sufren, traicionan, se cuestionan miles de cosas y hasta a veces se resignan a aceptar un rol en esta gigantesca trama que –se dan cuenta- les viene impuesto de más arriba, por enigmáticos demiurgos a los que no tienen el gusto de conocer.
En Los Reyes Elfos este tema del destino, de la profecía, tiene mucho peso. Y tiñe a la saga de un cierto fatalismo, de un clima por momentos opresivo, triste, porque los personajes entienden que –por más que se hagan los locos- casi siempre tienen un sólo curso de acción y no es precisamente el más fácil, ni el más cómodo, ni el que garantiza que su gente va a dejar de sufrir y morir en estas guerras tan atroces como evitables entre las distintas razas. Hasta los más poderosos son, en algún momento, títeres de alguien más, y Santos se esfuerza por mostrarnos cómo esta idea le pega de distinta manera a los distintos personajes, en secuencias introspectivas muy bien resueltas.
Esta es una obra de 2003, o sea que a nivel dibujo estamos lejos del Víctor Santos actual. Esto es de la época en la que Santos todavía parecía el primo desprolijo de Chris Sprouse, una especie de Sprouse entintado a los pedos, o por un fan de Paul Grist. También hay algunos elementos (generalmente los que tienen una impronta fantástica) definidos con una línea un poquito más temblorosa, como la que usaba Jeff Smith en Bone, cuando aparecía la hermana malvada de Rose. Eso en la superficie, claro. Si miramos la narrativa y la planificación de las páginas nos encontramos con muchos truquitos típicos de Mike Mignola y Matt Wagner, incluso los que Mignola tomó de autores europeos como Andreas, Hermann o Tardi. Es muy loco que Santos sea europeo y que los pocos recursos claramente europeos que se ven en su obra sean los que heredó de Mignola. En fin... También hay momentos, en especial algunas peleas, en las que la narrativa es más japonesa, aunque con más viñetas por página y menos estridencia que en los típicos shonen en los que la machaca le disputa el protagonismo al guión. La aplicación de las tramas mecánicas está perfecta y el equilibrio entre espacios blancos y masas negras es ejemplar, digno de ser estudiado en las escuelas de dibujo. Y aún así me imagino estas páginas dibujadas por el Santos actual y me derrito de la emoción...
Si seguís hace un tiempo este blog, ya te habrás dado cuenta de que con este autor ya no puedo ser objetivo. En algún punto se convirtió en un fetiche, en un totem al que sólo puedo rendirle pleitesía. Y está todo bien, banco a full mi decisión de bancar a full a Víctor Santos. Me fascina cómo narra, me fascina la forma en que encara los géneros y me fascina verlo mejorar como dibujante de obra a obra. Ojalá algún día seamos legiones los que tenemos al valenciano en nuestro Olimpo de los intocables.
El guión es excelente. Se nota que Santos tiene un plan a largo plazo y hacia allá va, sin prisa, sin pausa, con mucho cuidado por dosificar bien la información acerca de este mundo y estos conflictos, y sobre todo por no quedarse en la machaca, sino potenciarla mediante un recurso infalible: los personajes que pueblan la saga de Ehren Heldentod no son meros reyes, guerreros o mercenarios. Son tipos y minas reales, creíbles a pesar de su origen fantástico, con personalidades complejas y sentimientos fuertes, con los que uno (que no es rey, ni elfo, ni blandió una espada en su puta vida) se puede identificar. La epopeya está y está buenísima: hay combates de todo tipo, gestas repletas de heroismo y sacrificio, tremendas batallas y hasta la intervención de los dioses nórdicos (en este tomo la rompe el mismísimo Thor!). Y además están estos personajes logradísimos, casi tridimensionales, que rosquean, se enamoran, sufren, traicionan, se cuestionan miles de cosas y hasta a veces se resignan a aceptar un rol en esta gigantesca trama que –se dan cuenta- les viene impuesto de más arriba, por enigmáticos demiurgos a los que no tienen el gusto de conocer.
En Los Reyes Elfos este tema del destino, de la profecía, tiene mucho peso. Y tiñe a la saga de un cierto fatalismo, de un clima por momentos opresivo, triste, porque los personajes entienden que –por más que se hagan los locos- casi siempre tienen un sólo curso de acción y no es precisamente el más fácil, ni el más cómodo, ni el que garantiza que su gente va a dejar de sufrir y morir en estas guerras tan atroces como evitables entre las distintas razas. Hasta los más poderosos son, en algún momento, títeres de alguien más, y Santos se esfuerza por mostrarnos cómo esta idea le pega de distinta manera a los distintos personajes, en secuencias introspectivas muy bien resueltas.
Esta es una obra de 2003, o sea que a nivel dibujo estamos lejos del Víctor Santos actual. Esto es de la época en la que Santos todavía parecía el primo desprolijo de Chris Sprouse, una especie de Sprouse entintado a los pedos, o por un fan de Paul Grist. También hay algunos elementos (generalmente los que tienen una impronta fantástica) definidos con una línea un poquito más temblorosa, como la que usaba Jeff Smith en Bone, cuando aparecía la hermana malvada de Rose. Eso en la superficie, claro. Si miramos la narrativa y la planificación de las páginas nos encontramos con muchos truquitos típicos de Mike Mignola y Matt Wagner, incluso los que Mignola tomó de autores europeos como Andreas, Hermann o Tardi. Es muy loco que Santos sea europeo y que los pocos recursos claramente europeos que se ven en su obra sean los que heredó de Mignola. En fin... También hay momentos, en especial algunas peleas, en las que la narrativa es más japonesa, aunque con más viñetas por página y menos estridencia que en los típicos shonen en los que la machaca le disputa el protagonismo al guión. La aplicación de las tramas mecánicas está perfecta y el equilibrio entre espacios blancos y masas negras es ejemplar, digno de ser estudiado en las escuelas de dibujo. Y aún así me imagino estas páginas dibujadas por el Santos actual y me derrito de la emoción...
Si seguís hace un tiempo este blog, ya te habrás dado cuenta de que con este autor ya no puedo ser objetivo. En algún punto se convirtió en un fetiche, en un totem al que sólo puedo rendirle pleitesía. Y está todo bien, banco a full mi decisión de bancar a full a Víctor Santos. Me fascina cómo narra, me fascina la forma en que encara los géneros y me fascina verlo mejorar como dibujante de obra a obra. Ojalá algún día seamos legiones los que tenemos al valenciano en nuestro Olimpo de los intocables.
jueves, 7 de junio de 2012
07/ 06: LOS REYES ELFOS: GLIRENN, REINA DE LOS ELFOS NEGROS

Sigo encontrando material relacionado con Los Reyes Elfos, del prócer valenciano Víctor Santos, y no puedo evitar comprarlo, ni mucho menos leerlo. Este es un arquito menor protagonizado por Glirenn, la reina de los elfos negros, que tuvo bastante protagonismo (y un escarceo romántico con Ehren, el personaje central de la saga) en el tomo conocido como La Emperatriz de Hielo (lo vimos por acá en Julio de 2010, página 28 del segundo libro del blog).
Ahora a Santos se le ocurre darle el spotlight a Glirenn y de paso contarnos cómo ascendió al trono y cómo surgió el linaje de los elfos negros. Es una historia lineal, sencilla, sin mayores vueltas de tuerca, hasta el final donde sí, se revela algo muy heavy, que no te ves venir. Básicamente, Santos nos cuenta que Glirenn asesina a su propia madre y, para afianzarse en el trono, debe eliminar también a sus tres hermanas, que se lo van a intentar disputar. Y el núcleo de la saga es ese: tres combates fraticidas entre Glirenn y cada una de sus hermanas, todos con victorias para la actual reina de los elfos negros. Como es una historia del pasado, vos ya sabés que Glirenn no va a morir, o sea que –por lógica- las que van a morir son las hermanas. Y así, con la escasa emoción de ya saber el resultado de cada pelea, transcurren las primeras 44 páginas del tomo.
Hay buenos diálogos, en los que Santos redondea la personalidad (atrevida, ambiciosa, intrépida) de la protagonista, y el resto son paginitas de relleno entre una escena de machaca y la siguiente. Las tres hermanas de Glirenn son muy distintas entre sí y hay que vencerlas de modos distintos, y eso es todo lo que impide que el trámite se haga predecible o aburrido. Encima estas primeras 44 páginas están dibujadas por Vicente Cifuentes, un dibujante correcto, pero con poca onda. Muy jugado al pin-up, a mostrar que dibuja bien los cuerpos esculturales de estas minas aguerridas y sexies. Los combates están buenos sólo cuando los enfoca de cerca. En los planos más alejados, las figuras se ven toscas, les falta trabajo, definición.
Este era un comic para que te lo colorearan en Top Cow, ponele, con todos los chiches, y que quedara una cosa bien estridente, un clásico comic noventoso del sub-género Tetas y Espadas, una onda Ascension/ Magdalena/ Lady Death y demás bostas que uno se esforzó muchos años para olvidar. Pero no. Es un comic realizado para una editorial chica de España y no hay coloristas de Top Cow. No hay color, tampoco. Cifuentes recurre entonces a meter grises mediante aguadas, con resultados generalmente buenos, aunque con algunas pifias, o momentos en los que el criterio para meter las aguadas resulta... dudoso. Por ahí porque uno, acostumbrado al claroscuro a todo o nada de Santos, ya viene medio mal predispuesto a ver grisados y aguadas en Los Reyes Elfos.
Lo cierto es que Cifuentes (hoy un entintador bastante requerido en EEUU) no es un dibujante que me parezca interesante o que me logre emocionar. Tampoco un verdulero excecrable, aclaro por las dudas. Y lo grosso es que la historia no se termina en la página 44. Hay más: un epílogo de 10 páginas en el que Nyerr, la confidente de Glirenn, tendrá que terminar el trabajo sucio de su patrona y eliminar a... alguien más (no te puedo cagar la sorpresa). En estas 10 páginas, llega la justicia. Santos se arremanga para dibujarlas él solito, en su estilo más moderno, y desata un vendaval de masas negras, tramas mecánicas, narrativa mignolesca, machaca y talento que levantan el puntaje de este libro más de lo que te podés imaginar. La última viñeta de la página 9 (esa que parece dibujada por Fernando Calvi en los ´90) alcanza por sí sola para levantarte cualquier cosa, y para provocarte pesadillas jodidas y duraderas como el gobierno de Carlos Menem.
En fin, esto es sólo para los muy enfermos de Víctor Santos, o para el que se cebó mal con la saga de Los Reyes Elfos y quiere todo, sea lo que sea. Si no entrás en esas categorías, limitate a babear con la majestuosa portada del valenciano y, si ves el libro en algún lado y te lo dejan hojear, no dejes de mirar con atención lo que hace el ídolo en las últimas 10 páginas del tomo, que es mortal. Si te gusta la historieta, este Santos le da baile al de Neymar y –donde te descuidás- al de Pelé.
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viernes, 10 de febrero de 2012
10/ 02: BLACK KAISER
Hora de reencontrarme con otro fetiche de este blog, el maestro valenciano Víctor Santos, esta vez con una novela gráfica de 2009 que no conecta con ninguna de sus epopeyas anteriores. En Black Kaiser, Santos retoma la onda del comic de acción, fuerte, trepidante, sin concesiones. Es una saga violenta, oscura, zarpada, con un ritmo que no da respiro y que te hace vibrar al ritmo de las peleas, los tiros, las explosiones y los garches.
Black Kaiser también es el nombre del protagonista, una especie de Nick Fury pero del bando contrario, nacido en Berlín pero convertido en una máquina de matar por los rusos durante la Guerra Fría. Bah, en realidad se parece más al Winter Soldier que a Nick Fury.... y con algo de Golgo 13, también, porque es un tipo duro, despiadado, casi sin emociones. Lo más parecido a un talón de Aquiles que va a mostrar Black Kaiser va a ser Irina, la joven y atractiva especialista en chumbos (y en acostarse con tipos que la duplican en edad), y por supuesto Santos va a explotar esa debilidad para poner en apuros a este recio entre los recios.
Además de deleitarnos con la abundante machaca, Santos se esfuerza por tejer una trama compleja, ambientada en los días de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Black Kaiser queda “pegado” en una runfla muy heavy que involucra a los petroleros saudíes y a una especie de gabinete de las sombras llamado Iniciativa Damocles. Tanto estos grupos como el propio Pentágono enviarán a sus sicarios a operar para eliminar a los rivales y el protagonista tendrá que jugarse el ojo que le queda en una partida muy brava entre avechuchos que juegan sucio y no tienen reparos en matar ni a sus propias madres.
El clima arranca espeso como cucharada de alquitrán ya en la primera secuencia y no se relaja nunca. A todas estas runflas y black ops habrá que sumarles más y más muertes, corrupción, lujuria, torturas y mentiras flagrantes de esas que vienen muy de arriba, tan de arriba que se nos terminan vendiendo como “la verdad”. Santos, por supuesto, está en su salsa. Este cóctel
-explosivo y perverso por donde se lo mire- le permite lucirse en los ambientes sórdidos que le encanta dibujar, esa atmósfera tipo Sin City que tan bien logró plasmar en sus obras enroladas en el género noir.
En realidad, toda la faz gráfica está plagada de logros increíbles por parte del valenciano. Las luchas con artes marciales son estremecedoras y memorables, las escenas de sexo son electrizantes, las composiciones son saltos al vacío de imponente belleza y elegancia, su claroscuro fuerte y expresivo potencia el power de todo lo que sucede. Este es el Santos maduro, el que no erra un disparo ni aunque lo intente. El que maneja de taquito la síntesis, el que combinó la estética de Frank Miller en Sin City con un laburo magistral de tramas mecánicas y los yeites narrativos de Matt Wagner o Bruce Timm. Seguramente habrá por ahí alguna historia de conspiraciones y asesinos internacionales mejor escrita, o con alguna vuelta de tuerca más impactante. Pero es poco probable que esté mejor dibujada que Black Kaiser. Que además, a nivel guión, tampoco es moco de pavo. Si nunca leíste nada de Víctor Santos (a pesar de mi insistencia, a esta altura medio insufrible), este es un gran comic para empezar.
Y dicho todo esto, de acá a fin de mes vamos a aflojar con el comic europeo para tratar de ponerme al día con el material yanki y argentino, que tengo muchísimo acumulado. Por ahí se cuela un manga, pero europeo y latinoamericano, por ahora se van un rato al freezer.
Black Kaiser también es el nombre del protagonista, una especie de Nick Fury pero del bando contrario, nacido en Berlín pero convertido en una máquina de matar por los rusos durante la Guerra Fría. Bah, en realidad se parece más al Winter Soldier que a Nick Fury.... y con algo de Golgo 13, también, porque es un tipo duro, despiadado, casi sin emociones. Lo más parecido a un talón de Aquiles que va a mostrar Black Kaiser va a ser Irina, la joven y atractiva especialista en chumbos (y en acostarse con tipos que la duplican en edad), y por supuesto Santos va a explotar esa debilidad para poner en apuros a este recio entre los recios.
Además de deleitarnos con la abundante machaca, Santos se esfuerza por tejer una trama compleja, ambientada en los días de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Black Kaiser queda “pegado” en una runfla muy heavy que involucra a los petroleros saudíes y a una especie de gabinete de las sombras llamado Iniciativa Damocles. Tanto estos grupos como el propio Pentágono enviarán a sus sicarios a operar para eliminar a los rivales y el protagonista tendrá que jugarse el ojo que le queda en una partida muy brava entre avechuchos que juegan sucio y no tienen reparos en matar ni a sus propias madres.
El clima arranca espeso como cucharada de alquitrán ya en la primera secuencia y no se relaja nunca. A todas estas runflas y black ops habrá que sumarles más y más muertes, corrupción, lujuria, torturas y mentiras flagrantes de esas que vienen muy de arriba, tan de arriba que se nos terminan vendiendo como “la verdad”. Santos, por supuesto, está en su salsa. Este cóctel
-explosivo y perverso por donde se lo mire- le permite lucirse en los ambientes sórdidos que le encanta dibujar, esa atmósfera tipo Sin City que tan bien logró plasmar en sus obras enroladas en el género noir.
En realidad, toda la faz gráfica está plagada de logros increíbles por parte del valenciano. Las luchas con artes marciales son estremecedoras y memorables, las escenas de sexo son electrizantes, las composiciones son saltos al vacío de imponente belleza y elegancia, su claroscuro fuerte y expresivo potencia el power de todo lo que sucede. Este es el Santos maduro, el que no erra un disparo ni aunque lo intente. El que maneja de taquito la síntesis, el que combinó la estética de Frank Miller en Sin City con un laburo magistral de tramas mecánicas y los yeites narrativos de Matt Wagner o Bruce Timm. Seguramente habrá por ahí alguna historia de conspiraciones y asesinos internacionales mejor escrita, o con alguna vuelta de tuerca más impactante. Pero es poco probable que esté mejor dibujada que Black Kaiser. Que además, a nivel guión, tampoco es moco de pavo. Si nunca leíste nada de Víctor Santos (a pesar de mi insistencia, a esta altura medio insufrible), este es un gran comic para empezar.
Y dicho todo esto, de acá a fin de mes vamos a aflojar con el comic europeo para tratar de ponerme al día con el material yanki y argentino, que tengo muchísimo acumulado. Por ahí se cuela un manga, pero europeo y latinoamericano, por ahora se van un rato al freezer.
jueves, 16 de junio de 2011
16/ 06: PROTECTOR

Qué lindo! Sigo encontrando obras de Víctor Santos que no sabía que existían. Qué bueno que un tipo que hace gala de esta calidad autoral, sea además tan prolífico.
Ayer señalábamos que Gotham Central había aprendido buenas lecciones de Powers, la gran obra de Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming. Bueno, en ese curso Protector era el abanderado. Esto es –ni más ni menos- que una excelente saga de Powers creada en España por un autor español. Una ciudad dominada por las runflas entre mafiosos, un cana medio margineta, siempre propenso a cortarse solo y a investigar por afuera de la fuerza, y un crimen que involucra a una superheroína que pela los poderes una sóla vez, cuando faltan ocho páginas para el final. Como los superhéroes de Powers, Fire Girl no es ni la buena ni la mala, es un personaje secundario que durante buena parte de la trama cumple el rol de “damisela en peligro”. O sea que los superpoderes de esta chica son un ingrediente menor en la historia que, como ya dejé entrever, gira en torno a una conspiración mafiosa, más precisamente en el seno de la familia Cagliostro, la más poderosa e impune de Hellion City. Esa es la boca del lobo en la que se va a tener que meter Nicholas Ash, el héroe cínico y pessutti que Santos pergeñó para protagonizar esta obra.
Y ojalá lo tenga en cuenta para protagonizar varias más, porque la verdad es que Ash, con su impronta de veterano curtido y recio y sus one-liners que parecen prestados por los detectives de Raymond Chandler, es un personajón de esos que cautivan de inmediato al lector y lo hacen fan de por vida. La trama está buena, es cierto, pero en las secuencias de desarrollo de personajes, cuando se gesta y cuaja la química entre Ash y las dos minitas con las que interactúa (Ruth y Ariadna), es donde realmente la historieta cobra vuelo, onda y personalidad.
Hay un héroe, hay un misterio, hay algo así como un final feliz, hay muy buenos chistes, pero no creas que estamos frente a una obra light, o inofensiva. Los villanos de Protector le aportan a la obra un filo jodido y perturbador. Acá tenemos malos de verdad, que matan, violan y torturan sin el menor resquemor. Y un traidor, de quien no sospechás ni una milésima de segundo. Como en todo hard boiled, hay bastantes tiros y trompadas, pero muy bien distribuídas a lo largo de la obra y siempre balanceadas por esas deliciosas secuencias de construcción de los personajes.
Esta historieta data de 2004, antes de que Santos descubriera a Darwyn Cooke. Acá sus influencias más fuertes son Bruce Timm y Paul Grist, por lo menos en la superficie del dibujo. El clima tiene más que ver con Powers o Sin City y donde realmente vemos una mezcla más jugada es en la narrativa, que es el rubro en el que este salvaje prueba absolutamente todo lo que le convidan, como la típica borracha de discoteca que vuelca a las 5 AM en las inmediaciones del baño de mujeres. Hay cositas de Miller y de Grist, pero también secuencias qe podría haber creado David Mazzucchelli en Batman: Year One, momentos re-Matt Wagner y armados de página que reproducen con éxito esos maravillosos experimentos ochentosos de Dave Sim. El tríptico en el que Don Cagliostro supervisa la sesión de torturas que lleva adelante Sariel es sutil en los detalles y devastador en su eficacia. Santos despliega un festival de blancos, negros y tramas mecánicas absolutamente hipnótico, con un equilibrio y una fuerza expresiva de maestro con 30 años de laburo en la profesión. Impactante y elegante, sensual y violento, con toquecitos cute y atmósfera sórdida, con un expresionismo marcado, pero que jamás resta claridad ni fuerza al relato gráfico, el dibujo del creador de Los Reyes Elfos es casi demasiado bueno para ser real.
Y cierro con una frase que alguien escribió en la contratapa del libro, y que me shockeó por lo taxativa: “uno de los mejores autores jóvenes de este país, sin necesidad de contemplarse el ombligo, ni escudarse en teorías esotéricas que sólo intentan esconder una flagrante carencia de recursos artísticos y temáticos bajo la burda coartada de la experimentación”. Epa! ¿No será mucho?
jueves, 10 de marzo de 2011
10/ 03: FAERIC GANGS

Y bueno, todo gran autor tiene derecho a una obra menor dentro de su bibliografía. Faeric Gangs pierde en intensidad contra las historias cortas de Al Mejor Postor, en desarrollo de personajes contra Pulp Heroes y en ambición épica contra Los Reyes Elfos. Y todo eso sin ser una mala historieta, ni mucho menos.
Acá todo pasa por el formato. Víctor Santos sabe que tiene sólo 46 páginas para presentar a los personajes, desarrollarlos, plantear un conflicto y resolverlo. Eso condiciona todo. El resultado es un comic que no pierde un segundo, que pone quinta y acelera a fondo, porque tiene que cumplir con todos esos requisitos en un espacio muy acotado. Y además cumple con creces la cuota de escenas de machaca, que ante todo se trata de una historieta de acción y gangsters al estilo del cine de Hong-Kong, con artes marciales, chumbos y katanas ensangrentadas. O sea que tenés garantizadas 46 páginas al palo, sin tregua y sin piedad.
¿Qué resigna Santos para cumplir con estos lineamientos? Básicamente desarrollo de personajes. Trabaja fuerte sobre la protagonista y un secundario importante, y el resto (al igual que los villanos) están apenas esbozados. Los malos son malos porque sí, y como son mafiosos, todos quieren eliminar a cualquiera que ponga en riesgo su hegemonía sobre los negocios turbios de la ciudad. Listo. O casi, porque también hay una muy buena explicación de por qué muchos de estos gangsters son demonios, sátiros, hechiceros o hadas. Y sí, el ídolo vincula de un modo sutil pero efectivo a estas familias mafiosas del Siglo XXI con su gloriosa epopeya medieval.
Lo otro medio bajonero es que Santos compra el formato de álbum francés (46 páginas) pero no compra la narrativa francesa. O sea, no nos inflige 35 páginas de 10 ó 12 viñetas. Entonces, además de pocas páginas, la historia tiene pocas viñetas. Y como hay mucho para presentar y explicar, nos terminamos morfando páginas como la 12 y la 13, donde el dibujo apenas saca la nariz para respirar entre un tsunami de textos que amenazan con copar el 100% del comic. Por supuesto hay muchas páginas muy bien balanceadas entre texto e imagen, pero se nota mucho que en algunas secuencias el valenciano tuvo que meter más información de la que quedaba lindo a la vista.
Otra “francesada” que experimenta Santos en este libro es el color, que no es un espanto ni mucho menos, pero que cualquiera que haya leído una obra suya sabe que no es necesario en lo más mínimo. Con el correr de los años, Santos ascendió al Olimpo del Claroscuro y a mí (creo que a muchos) me gusta verlo en blanco y negro, a todo o nada. Si hacen falta grisados o tramas, me queda clarísimo que Santos las va a poner como los dioses. Y si alguien cree que para que esto impacte y emocione hace falta color, bueno, no entendió de qué se trata y para dónde va el talento de este monstruo del Noveno Arte…
Pero lo relevante es que, debajo de esos colores y esos efectos de Photoshop, están el dibujo y la narrativa de siempre; o en realidad, del Santos pre-Darwyn Cooke, el que abrevaba (y se hacía cargo) en Bruce Timm, Matt Wagner, Frank Miller y Mike Mignola. Y Santos no lo nombra, pero yo sumo a Paul Grist a la lista. Por supuesto, tanta viñeta widescreen obliga a agregar toooda otra lista paralela, pero de cineastas, cosa que no estoy capacitado para hacer porque cada día (en parte gracias a este blog) consumo menos cine.
Pensada para entretener un rato, para presentar a un nuevo personaje que en una de esas un día vuelve, o simplemente para tener una obra 100% ajustada a las exigencias del mercado francés (que, se sabe, paga mucho mejor que el español), Víctor Santos le robó un ratito de 2003 a sus sagas más importantes para ofrecernos esta aventura trepidante y violenta a la que definió como “una cruza entre Hellboy y Sin City”. Y no está mal.
lunes, 7 de febrero de 2011
07/ 02: FILTHY RICH

Dos de mis autores fetiche se reunieron para crear una novela gráfica 100% nueva, justo en el sello editorial con cuya propuesta más me identifico. ¿Estamos frente a una obra maestra definitiva, que marca un antes y un después y cuya lectura es tan imprescindible como que arranque el Clausura para no aburrirnos los domingos a la tarde? No, pero sí estamos frente a una excelente historieta, con todos los ingredientes para satisfacer de sobra a los fans del género noir.
Tenemos un protagonista medio loser, bastante fachero pero no muy difícil de manipular; tenemos un millonario jodido, al que querés ver muerto desde que aparece en escena; tenemos una femme fatale; hay varios asesinatos bastante truculentos, garches muy hot, engaños, verdades a medias y esperanzas de tener una vida mejor hechas añicos contra el piso enchastrado de sangre y alcohol barato. Y todo funciona.
Pero claro, el guionista no es otro que Brian Azzarello, maestro del mal, amo y señor de los climas sórdidos, las perversiones a oscuras y las traiciones a quemarropa. Azzarello reproduce perfectamente el ritmo de la buena novela negra americana. Construye con paciencia y buen tino a los personajes, aguanta los estallidos de violencia para los momentos justos y te acribilla con unos diálogos absolutamente inolvidables. Así te lleva por el descenso del pobre Rich Junkin hacia el abismo de la abyección moral, la lujuria y el asesinato a sangre fría. Como ex-futbolista, “Junk” trata de parar la pelota, de leer la posición de los jugadores en el campo, de planificar jugadas en equipo. Pero no puede. Le gana el vértigo en el que se ve envuelto, el huracán de pasiones y traiciones, las piernas que se le abren, las oportunidades que se le cierran. Para el final de la novela, como cuando se lesionó la rodilla y tuvo que dejar las canchas, “Junk” va a dar gracias por haber sobrevivido y aspirará, con mucha suerte, a comer banco de suplentes un tiempito más.
El dibujante, que con Filthy Rich hizo su debut en Vertigo, es el auténtico y legítimo Víctor Santos, un especialista en la estética noir, a la que (en su serie Pulp Heroes) le encontró la vuelta para ir más allá de los yeites y los truquitos que inventó Frank Miller en Sin City (más los que se choreó, claro) y que cualquier mediocre puede imitar. A esa base milleresca, Santos le mete unas tramas mecánicas perfectas, una narrativa más clásica, y por supuesto las influencias de los otros autores que lo marcaron: Mike Mignola, Darwyn Cooke, Eduardo Risso, Chris Sprouse, y un par que hasta ahora no habíamos detectado en las obras previas de Santos, pero que acá asoman su impronta, como David Lapham o Daniel Torres. El combo es visualmente impresionante, como la cancha del español para cambiar de clima, de ambientación tanto geográfica como social, y para retratar con onda tanto las escenas intimistas como las más explosivas (los asesinatos y los garches). Un trabajo absolutamente impecable de este maestro del claroscuro.
Y no, Filthy Rich no te cambia la vida. Pero te entretiene, te shockea, te calienta… te involucra, que es lo más difícil de hacer, sobre todo cuando los protagonistas no buscan parecerse a los lectores. Si sos fan de las historias de criminales (me niego a llamarla “policial” porque en las 191 páginas que dura la novela no aparece un sólo cana), o de Azzarello, o de Santos, o te resulta atractivo el crossover entre un gran guionista yanki y un gran dibujante español, no dejes de leer Filthy Rich. Te va a dejar bastante cagado a trompadas, pero también muy feliz.
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domingo, 31 de octubre de 2010
31/ 10: WORKS: EL ARTE DE VICTOR SANTOS

Y no, esto no es exactamente un libro de comics. Es un libro sobre un autor de comics que dedica 80 de sus 224 páginas a recopilar historietas raras e inéditas del autor. No está mal. Hemos reseñado unos cuantos libros con menos de 80 páginas de historietas. Y además en esas 80 páginas hay contenido más que suficiente como para no tener que llenar tres párrafos de la reseña con data o apreciaciones acerca de todo lo demás que incluye el libro (bocetos, dibujos, ilustraciones, comentarios). Así que vale.
Pero además vale porque estamos hablando de Víctor Santos, ya casi un autor fetiche de este blog, del cual sigo decidido a comprarme todo lo que encuentre, porque no defrauda nunca. Acá hay un rejunte de lo más bizarro, de su obra más dispersa, y –salvo honrosas excepciones- lo mejor de los autores no suele aparecer en los recopilatorios de obra dispersa. Pero repasar la trayectoria de Santos desde sus inicios es una propuesta absolutamente irresistible, y que además garpa desde temprano. En un comic cortito y en joda de 2000, ya se revela como un guionista notable, capaz de mirar desde otra óptica algunos de los temas más remanidos de los comics recientes, como la autobiografía y la meta-historieta.
Su breve secuencia con el protagonista de Los Reyes Elfos no aporta nada a la colosal saga, pero está exquisitamente dibujada. Al igual que la breve historia erótica (muy softcore) en la que un elfo se enfiesta a las protagonistas de Magia y Acero, un comic de otro autor, amigo de Santos. Los chistes y tiras cómicas referidas al mundillo comiquero nos muestran a otro Santos, ácido y despiadado a la hora del gaste, capaz de ocultar su faceta de virtuoso del dibujo para que el efecto humorísitico pegue más.
Para 2006, Santos ya era un autor fundamental en el panorama del comic español, y ya genera obras maestras de cualquier temática y en cualquier formato. Las breves historias de Bulldamn City son pequeña joyas del western, dibujadas en un estilo en el que Santos ya muestra la madurez y la calidad de sus mejores trabajos, con una solidez narrativa y una magia pocas veces vista para combinar el claroscuro con las tramas mecánicas.
Casi sobre el final de la sección dedicada a los comics, vemos otras dos incursiones del ídolo en el terreno del dibujo humorístico, una de ellas escrita por Mike Carey y protagonizada por Leonardo Da Vinci. Son dos paginitas, nada más, pero con demasiado texto y poco lucimiento del dibujo. Hubiese quedado excelente con una página más. Y después, los bocetos, las ilustraciones y todo eso, ya no para leer, sino para babearse.
La evolución de Santos me asombraba desde aquellos primeros tomos llenos de historias cortas con los que me topé a principios de año, pero ahora me asombra también su versatilidad. La posibilidad de ver trabajos para Francia, para EEUU, para revistas infantiles, para fanzines, material a lápiz, entintando, coloreado a mano o con computadoras, toda esa gama amplísima de dibujos y bocetos en las que aparece firme, inalterable, la marca autoral de un tipo que sabe lo que quiere y que –queda clarísimo al hojear este libro- lo supo casi desde que comenzó su carrera.
Con esfuerzo y constancia, Santos adquirió los elementos para que eso que él quería hacer se plasmara cada vez mejor en sus trabajos publicados, y hoy es un tanque imposible de detener. Descubrir sus trabajos más raros también es deleitarnos con lujos, caños, tacos y sombreritos que no conocíamos y ver sus bocetos es como ver a ese mago enmascarado que explica los trucos alucinantes de los otros magos: sopresa y placer en dosis muy similares. Cuando un Santos viene marchando, los fans nos paramos a un costadito a aplaudir.
jueves, 22 de julio de 2010
22/ 07: LOS REYES ELFOS: LA EMPERATRIZ DE HIELO

Bueno, conseguí otro tomo de los que componen la magna epopeya de fantasía creada por Víctor Santos. La última vez les contaba que la serie, además de los libros de historias cortas, tenía cuatro tomos canónicos (o posta) y este es el segundo. O sea que sigo condenado a leer la saga en perfecto desorden.
Y no importa. No importa saber hace meses cómo va a terminar, no importa haber visto la muerte de un montón de personajes que acá están en su plenitud, acumulando chapa como Macri acumula fallos en contra. Héroes y villanos, dioses y perejiles, tiran frases elípticas, profecías, cuasi-revelaciones enigmáticas… y yo ya sé a qué se refieren, porque todavía repiquetea por mi mente aquel tomo final de la saga, aquel que me dejó no sólo satisfecho, sino convencido de que el aporte de Santos a este género fue monumental, comparable al del Elfquest de Richard y Wendy Pini, El Gran Poder del Chninkel de Van Hamme y Rosinski y alguna genialidad de Alcatena y Mazzitelli. No mucho más. No hay muchas obras más de ese nivel en el género de la fantasía épica. Y falta mucho para que las haya, porque es un género que no está de moda y no se puso de moda ni siquiera cuando se estrenó en cines la trilogía de Lord of the Rings.
Lo cierto es que, tambien encarándola por el medio, la saga de Ehren Heldentodsson te ceba, te emociona y te impacta por su coherencia, su perfecta construcción y su cuidado en todos los detalles. El desarrollo de personajes, la explicación de los pormenores de cada raza, su idiosincracia y su rol en el conflicto grosso que se viene, la relación entre los distintos bandos y los dioses nórdicos… Víctor Santos pensó en todo y logró no dejar nada afuera. Salpimentó con toques de humor, con romance, con misticismo, con machaca de la buena, y le quedó una obra sencillamente devastadora. La Emperatriz de Hielo es un gran in crescendo hacia la batalla final entre los elfos de Ehren y los draugr (unos guerreros zombies) del Caballero Oscuro. Es un viaje cuesta abajo, cada vez más intenso y jodido, que termina en una batalla impresionante, y que en el medio tiene un momento clave, un dilema moral que Ehren tiene que resolver y que nos deja en claro que el joven elfo pone lo que hay que poner para ser un rey hecho y derecho.
No me quiero extender mucho más en el argumento. Sí ponderar un poco más el trabajo que hace Santos con sus personajes, incluso con los secundarios. Jurgen Ulf, el dios Vali, Dreide, la Reina Glirenn, los enanos de Grimmerson Doblefilo, el Maestro Skoll, el dios Tyr, todos son seres complejos, con múltiples aristas, creíbles y entendibles, aunque uno tenga pocas chances de interactuar con dioses y elfos en su vida real.
Por el lado del dibujo, nos encontramos con el Santos tempranero, el que todavía no descubrió a Darwyn Cooke. Acá lo vemos buscando su propia identidad gráfica, ya no tan pegado a Chris Sprouse y Mike Wieringo. En la búsqueda incorpora cosas raras: primeros planos de las mujeres que parecen de Gipi, enanos que parecen de Sanyú, tramas mecánicas tipo Javier Pulido, y por supuesto, un clásico de Santos que son los yeites narrativos heredados de Matt Wagner y Mike Mignola. El cóctel es bizarro pero explosivo y, si bien uno ya lo vio dibujar mucho mejor en obras posteriores, me imagino que cuando salió a la venta este tomo (2002) más de uno habrá dicho “Epa! ¿Lo tenías a este pibe? Mirá lo que peló en el Vol.2 de Los Reyes Elfos! Se está yendo a la mierda!”.
Este tomo no tiene algo que a mí me cebó mucho en los posteriores, que son los comentarios del autor, en los que revela las conexiones entre su saga y los mitos nórdicos, y explica otras referencias que va mechando, incluso a detalles de la propia saga de Los Reyes Elfos. Pero bueno, hay lindos pin-ups de dibujantes españoles que me gustan mucho, como Quim Bou y Oriol Roca, así que está todo bien. Reitero por enésima vez: Víctor Santos, un capo absoluto. Y esta saga, una obra maestra.
viernes, 23 de abril de 2010
23/ 04: LOS REYES ELFOS: HASTA LOS DIOSES MUEREN

Fuera de los tomos de historias cortas (que ya pasaron por acá dejando una estela de cebamiento infinito difícil de apaciguar) la epopeya de Víctor Santos se compone de cuatro libros “posta”, o en realidad, cuatro recopilatorios de lo que originalmente fueron sendas miniseries. Y yo, que como buen pelotudo los voy leyendo en el orden en que los consigo, acabo de llegar al final sin haber leído jamás el principio. Por suerte Santos es muy claro a la hora de explicar qué corno está sucediendo, y además las historias cortas (al interesectar en momentos muy distintos de la saga) me aportaron un background bastante razonable como para ubicar a los personajes, saber de qué juega cada uno y demás data básica como para disfrutar este tomo sin haber leído los anteriores.
Esta es la etapa crepuscular de la epopeya: los elfos llevan varios años en guerra contra los humanos y el Ragnarok devastó a Asgard, con lo cual los dioses nórdicos ya no pueden proteger a su raza favorita. Hace tiempo que el sol no se deja ver en la Tierra, azotada cruelmente por tormentas y nevadas y regada con la sangre de ejércitos enteros. Los humanos tienen un nuevo líder, Consejo de Lobo, un hábil estratega que moviliza a los cristianos en una cruzada religiosa contra los elfos. Ehren Heldentodsson, el rey elfo, el protagonista de toda la saga, lidera a los suyos en la improbable resistencia en la ciudadela fortificada de Nastrond mientras su poder mágico se desvanece y su amada Deidre agoniza. Anna (hija de Ehren) y Jurgen Ulf (viejo aliado y a veces rival de Ehren) son los testigos del ocaso final de los dioses asgardianos. El Caballero Oscuro, eterno enemigo del rey elfo, logra volver a manifestarse en esta dimensión. Todo va hacia un final, profetizado hace siglos, y cuando llega ese desenlace, no defrauda en lo más mínimo.
Hasta los Dioses Mueren es una auténtica cátedra de cómo se cierra una saga de fantasía épica. Están Odín y sus cuervos, Thor, Fenris, Yggdrassil, Vali, las Furias (o las Benévolas, o las Nornas, o las tres damas que se llevan al Rey Arturo a Avalon), aparece el propio Arturo (!), hay un ángel (o alguien que parece un ángel), espadas legendarias de inconmensurable poder, guerreros nobles dispuestos al sacrificio final, viejos amigos enfrentados (algo muy presente en la obra de Santos), eternos enemigos dispuestos a librar el combate final, y un legado de sangre que abrirá la historia hacia un futuro lejano (el Siglo XX), donde tiene lugar el epílogo (y una de las mejores historias cortas de las que ya leímos en otro tomo).
Los hallazgos de Santos son muchos, pero tal vez el más notable sea cómo se resiste a plantear la guerra como un conflicto entre buenos y malos. Ehren Heldentodsson es, sin dudas, el protagonista. Pero quienes lo enfrentan no están retratados como villanos, sino como guerreros a los que el destino o la fe llevaron a entrar en conflicto con el rey elfo. La revelación de la identidad del Caballero Oscuro es totalmente inesperada, al igual que el final de Ehren a manos de… no, no lo puedo spoilear.
En cuanto al dibujo, acá vemos al Víctor Santos más evolucionado, el que ya descubrió a Darwyn Cooke y lo supo combinar con Bruce Timm, Matt Wagner, Frank Miller y Mike Mignola; el Santos que sacó chapa de mago de los claroscuros, de las tramas mecánicas, de los climas sombríos, de la acción vertiginosa, del trazo potente, dinámico, desbordante de expresión; el Santos que se juega a experimentar con la cancha de los grossos. Visualmente, este tomo final es el mejor de la saga, lejos. Había que estar muy afilado para plasmar en el papel tanta emoción y tanto power y Santos, una vez más, superó ampliamente el desafío. Gloria eterna para Ehren Heldentodsson y Los Reyes Elfos.
martes, 16 de marzo de 2010
16/ 03: AL MEJOR POSTOR

Y volvió el ídolo. Víctor Santos, el autor español más grosso del momento, el creador de Los Reyes Elfos, vuelve con todo, esta vez sin espada, pero con la 9mm cargada de talento. Creo que en su momento comenté que yo conocí a Santos primero por Pulp Heroes, su incursión en el género hard boiled, y después me metí en su saga de fantasía épica. Bueno, volví a donde empecé.
Al Mejor Postor ofrece un compilado de cinco historias cortas, la primera de las cuales (además de dar título al libro) intersecta con la historia de Marcus Sigurd, el pibe cancherito cuyo ascenso en la estructura del hampa vemos frustrarse prematuramente en Pulp Heroes. Marcus no aparece, pero sí se lo nombra y aparece Goseki, el ninja jodido que lo enfrenta en Bushido, la segunda novela (y última) de la serie. Acá Santos homenajea a Frank Miller (otro más) y su Sin City y logra reproducir tanto la estética (de modo increíble) como los climas, pero con una propuesta narrativa mucho más arriesgada. El resultado es tan impactante, que si el libro terminara en la página 13, nadie se quejaría.
La segunda historia es la más corta y la de mayor belleza visual. Me remitió enseguida a 5 é il Numero Perfetto, de Igort, aunque el dibujo se acerca mucho más al de otro monstruo italiano, el insuperable Gipi. Posta, un lujo. La tercera historia tal vez sea la menos brillante, aunque es sumamente competente. Es la única que a nivel gráfico se parece mucho a lo que vimos en Pulp Heroes.
Un Beso Envenenado ofrece un guión sencillamente perfecto, de esos que sólo un grosso de verdad puede plantear, desarrollar y liquidar satisfactoriamente en ocho páginas. Y el dibujo nos muestra al Santos más evolucionado, ese que ya leyó toneladas de Bruce Timm y Darwyn Cooke, y que además hace jueguitos maradonescos con las tramas mecánicas. Piñas, garche, tiros, amor, traición y un dibujo fastuoso. Otra historieta por la que vale pagar cualquier precio que te pidan por el librito.
Y para el final, Santos nos prepara una sorpresa. Lap Dancing es la historieta más extensa del libro (14 páginas), es completamente muda, y está desarrollada en una grilla fija de 20 viñetas por página. Obviamente estamos frente a un osado experimento narrativo, que en manos de Santos se convierte en una cátedra. Al trabajar sobre viñetas tan chiquitas, el valenciano opta por un dibujo minimalista, más crudo y menos detallado, pero sumamente efectivo. Pero aún con esos trazos más crudos (donde pareciera que no hay lápiz, sino que está todo plantado directamente con tintas) el monstruo trabaja fondos, grisados y expresiones faciales con la solvencia de siempre. Como suele suceder en estos experimentos narrativos, lo más importante en Lap Dancing es el armado de las secuencias, cómo se desparrama la acción por ese mosaico de cuadritos todos iguales, puestos uno al lado del otro. Y en ese rubro, lo de Santos es casi sobrenatural. Desde la primera viñeta nos vemos sumergidos en un vértigo alucinante, una pantomima desaforada de violencia, sexo, persecuciones y mejicaneadas diseñada para dejarte boquiabierto, con síntomas como fiebre, escalofríos, lecopenia, leucositosis, eosinofilia y artralgia.
Este es otro viaje de ida. Cualquiera que lea Al Mejor Postor va a querer quedarse para siempre en este mundo de matones a sueldo, putas y drogas regenteado por Víctor Santos y va a terminar perdido en las garras del vicio, dispuesto a matar por una nueva dosis. Bang!
lunes, 1 de febrero de 2010
01/ 02: LOS REYES ELFOS: HISTORIAS DE FAERIE Vol.2

Yo sigo cebadísimo con esta saga de Víctor Santos, pero –como buen pelotudo- sigo leyendo los tomos en cualquier orden… o en realidad en el orden en que logro conseguirlos.
La vez pasada comentaba un tomo de historias cortas realizadas por Santos a lo largo de varios años y que interesectan en distintos momentos de la saga central. Este libro es parecido. Son historias cortas que se relacionan con los hechos de la saga central, pero están escritas todas en 2008 y dibujadas especialmente para este tomo por distintos artistas invitados. Santos escribe todas las historias, menos la que dibuja él mismo, cuyo guión es obra del único guionista invitado de la antología: nada menos que el maestro Mike Carey. La contribución de Carey-Santos abre el libro y es realmente power. Santos pela una narrativa 100% mignolesca y un gran dibujo, mientras que Carey suma un par de personajes atractivos a este universo en constante expansión.
La primera historia escrita por Santos está dibujada por Enrique Vegas, un autor bastante de moda en España, pero que a mí me gusta poco y nada. Con su estilo aniñado y paródico (una especie de Cels Piñol pero que sabe dibujar), Vegas ilustra una especie de versión “cuento de hadas” de todo lo sucedido hasta 2008 en la saga de Los Reyes Elfos. Me enteré de cosas que no me quería enterar y de otras que me aclararon un par de dudas que me quedaban tras leer las historias cortas en desorden.
El siguiente dibujante invitado es el maravilloso Sergi Sanjulián, el que dibujaba los comics de Gorka (personajón del comic español de los ´90). El guión es simpático, con machaca y comedia, pero lo grosso es, sin duda, el dibujo de Sanjulián. Otro capo español de los ´90 (hoy a full en el mercado francés) es Sergio Bleda, que dibuja prendido fuego la siguiente historia del libro. El guión de Santos es excelente, digno de un gran unitario de Hellblazer, y la historia en su conjunto probablemente sea la mejor de la antología.
Para la siguiente aventura, Santos convoca a un dibujante a quien yo no conocía: Sagar Fornies. Un grosso, con un estilo sumamente personal y poderoso, realzado por un trabajo monumental de tramas mecánicas. El guión es muy gracioso, irónico y malalechístico, con gran protagonismo de los enanos liderados por Grimmerson Doblefilo, personajes secundarios recurrentes, mitad temibles guerreros, mitad losers entrañables. Seguramente el punto más alto en dibujo y narrativa llega cuando Santos une fuerzas con el autor más genial y más completo del comic español contemporáneo, el incomparable David Rubín. Acá el gallego (de Galicia) se manda una de machaca con acción y gore pasados de rosca, que te pone los pelos de punta, por lo intensa y por lo bien dibujada. Rubín no es artista, es mago. El tipo realmente hace lo que quiere y todo le sale obscenamente bien. Un fenómeno.
Panteón es otra de las historias que nos recuerdan que, además de un dibujante superdotado, Víctor Santos es un guionista de primer nivel. La dibuja un amalgam con poca onda entre Alfonso Font y Vittorio Giardino, con la frialdad del segundo. La Noche de la Nieve Roja también, impacta sobre todo por el gran guión de Santos. Una Carta Desde Avalon es la historia más floja, porque el guión no es gran cosa y la dibujante invitada, Emma Ríos, no es mala pero tiene serios problemas con la narrativa.
Y para el final, otra joya, digna de Neil Gaiman. Un guión a puro realismo mágico, lleno de sutiles referencias a otros momentos de la saga, y con dibujos de Vicente Cifuentes, un pibe muy joven con pasta de crack, que ya está laburando como entintador en DC. De postre, pin-ups y los infaltables textos de Santos que explican en qué lugar de la cronología encaja cada historia, en qué mitos se basa, cómo eligió al dibujante y mucha data más, para mantener el cebamiento arriba hasta la última página. Cuanto más leo, más me convenzo de que Los Reyes Elfos es una de las mejores sagas fantásticas de todos los tiempos. Ya volveremos a visitarla, porque sigo encontrando los libros que me faltan. Se aceptan donaciones, obviamente…
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miércoles, 13 de enero de 2010
13/ 01: LOS REYES ELFOS: LA DONCELLA Y LOS LOBOS

Víctor Santos tiene nombre de marcador central de equipo de la B Nacional, esos aguerridos zagueros coleccionistas de amarillas, siempre más cerca de partir un fémur que de dar una vuelta olímpica. Pero no. Es uno de los autores más notables y más prolíficos que nos dio España en la década que acaba de terminar. Y lo de “prolífico” no es hipérbole: muchos lo habrán descubierto en 2009 por la novela gráfica con guión de Brian Azzarello que hizo para Vertigo (Filthy Rich), pero Santos trabaja duro y parejo hace ya muchos años en dos vetas paralelas. Una es la del policial negro, bastante en la línea de Sin City (aunque con mejores guiones), en relatos poblados de mujeres fatales, losers calibre 38 y algún ninja jodido como enema de chimichurri. Acá hay muchas obras de Santos para destacar, pero recomiendo empezar por Pulp Heroes.
Y la otra veta, que es la que hoy nos ocupa, es la de la fantasía épica. Santos es fan de Tolkien y de las mitologías escandinava y germana y explora con maestría todo ese folklore en la saga Los Reyes Elfos, de la que lleva ya varios libros. Este tomo en particular reúne nueve historias cortas, ambientadas en distintos momentos de la cronología de la saga, y fáciles de ubicar entre los tomos centrales, los de las historias largas. Yo cai acá de rebote, cebado por la labor de Santos en Pulp Heroes y demás comics hard boiled, sin haber leído las historias largas, y al toque entendí todo. No sólo eso: me dieron ganas de conseguir TODOS los libros de Los Reyes Elfos, incluso los tomos de historias cortas en los que Santos escribe para dibujantes invitados.
Hasta ahora, había visto a este autor descoserla en relatos de alrededor de 48 páginas, con una narrativa bien cargada, al estilo Matt Wagner. Acá me demostró que no falla tampoco en espacios chicos. A veces le alcanzan dos páginas para plantear una historia, rematar y agujerear la red. No es fácil. O sí, si uno se conoce MUY de memoria a sus personajes y su universo. Cuando es así, seguro tenés alguna secuencia de las sagas anteriores que te parece que quedó corta, o a la que le diste poca bola, y puesto a desarrollarla un poco más, te sale una muy buena historieta corta. La gran Hellboy, bah… Con La Doncella y los Lobos pasa algo parecido que con los tomos de historias cortas de Hellboy: todo cierra, todo desliza sutiles referencias a las sagas largas y todo hace que quieras salir corriendo a comprarte todo lo demás. Y encima La Estrategema Sigfrido, Mercancías, y Elfos sobre mi Tejado son EXCELENTES historias cortas, más allá de formar parte o no de un todo más grande y más ambicioso. Aunque tal vez el relato más notable sea el que cierra el libro, El Legado Sangriento, simplemente por las posibilidades que abre para pensar en futuros arcos de Los Reyes Elfos.
Para esta edición, las nueve historietas se ordenaron según la cronología de la saga, o sea, no aparecen en el orden en que las realizó Víctor Santos. Así es como vemos saltos bastante brutales en el dibujo, y por momentos hasta cuesta creer que TODO haya sido dibujado por una misma persona… En sus primeras historietas, Santos seguía muy de cerca a los dibujantes cool del mainstream yanki (Chris Sprouse, Mike Wieringo, Jason Pearson, esa onda) pero después empiezan a aparecer cositas de Mike Mignola, de Javier Pulido y –ya en las historias más recientes- un sano amor por Darwyn Cooke.
A esta amplia y atractiva variedad visual sumémosle un montón de búsquedas en materia de narrativa (acá no sólo hay “wagnerismos”, sino decenas de yeites distintos) y vamos a estar frente a un tomo realmente atrapante, una recorrida muy intensa y reconfortante por la obra dispersa de un autor imparable. Por si faltara algo, y fiel al espíritu Hellboy-esco, al final de las nueve historias Santos nos cuenta dónde se publicaron originalmente, que cambios o retoques les hizo para esta edición, en qué leyendas o mitos se basó para cada una y cómo se relacionan con la saga principal (que básicamente narra la vida y las aventuras del rey elfo Ehren Heldentodsson). Y de nuevo, fiel al espíritu Hellboy-esco, se las ingenia para meter… villanos nazis!
Si te gusta la fantasía épica, o simplemente querés descubrir a un nuevo y alucinante creador de grandes historias, rendile pleitesía a Los Reyes Elfos. Tal vez Víctor Santos lleve el 2 en la camiseta, pero juega todos los partidos para 9 ó 10 y el Olé lo pone como figura.
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