lunes, 15 de junio de 2026

RESEÑAS DE FIN DE FERIADO

Se va terminando el lunes feriado, y le choreo un rato a la Comiqueando Digital para reseñar los únicos libros que pude leer en estos días de muchas obligaciones, laborales y sociales. Le entré con altísimas expectativas a The Divided States of Hysteria, esta obra de 2018 escrita y dibujada por el maestro Howard Chaykin, porque estaba convencido de que era una historieta MUY jugada en materia política. Al leerla, me doy cuenta de que no, de que es una historieta MUY jugada en materia sexual, pero de temática firmemente aventurera, y con un trasfondo político sumamente interesante, que no pasa de ser eso: un trasfondo, una excusa que le da sentido a lo extremas de las decisiones que tienen que tomar distintos personajes en distintos momentos de la trama. El guion podría reescribirse con ínfimos retoques para ser el origen de un nuevo Suicide Squad en clave adulta, algo no muy distinto a lo que el propio Chaykin había hecho en 2004 con los Challengers of the Unknown. Claro, en un universo como el de DC, donde hay supervillanos recontra-power, invasiones alienígenas y sucesos que reescriben la realidad tres veces por año, no hace falta justificar desde el contexto socio-político lo extremo del accionar de los personajes. Pero acá tenemos una distopía perfectamente aplicable al mundo real, y entonces esta historia necesita ambientarse unos años en el futuro, y contarnos, aunque sea en pantallazos, cómo EEUU se convirtió en un país balcanizado, destrozado por la desunión, la violencia y la intolerancia. Y con una manito desde afuera, como para que el bolonki cobre intensidad y el peligro tenga cara y nombre. Si bien no aprovecha ni explora a pleno este cautivante panorama socio-político que inventa Chaykin, The Divided States of Hysteria es una historia entretenida, con mucha acción y mucho énfasis en los diálogos... que son los más groseros que leí en mucho tiempo. Todas las guarangadas habidas y por haber, sobre todo las referidas a actos y órganos sexuales, aparecen una y otra vez, junto a los apelativos más políticamente incorrectos que podemos imaginar para las minorías, sean latinos, judíos, negros, gays, personas trans, etc.. Y si bien Chaykin no muestra genitales (esto no es Black Kiss), además de hablar bastante de sexo, el sexo es algo que sucede "en cámara", incluso en momentos y situaciones que uno no se ve venir. La planificación de las secuencias, el armado de las páginas, el montaje que propone Chaykin, el ritmo que logra, son todos puntos salientes de esta obra. Una obra que, como tantas en la trayectoria del maestro, se apoya en una premisa muy simple, muy directa, casi muy cabeza, pero perfectamente ornamentada para que parezca intensa, compleja y sofisticada. El dibujo es sublime, el color y el rotulado son tope de gama, y si no cerré el libro más contento (y si en Diciembre, cuando me vuelva a encontrar con Chaykin, no le voy a suplicar de rodillas que nos ofrende una secuela) es porque yo esperaba una saga mucho más política y no un Suicide Squad con más sangre, más mala leche y más garches.
Cuando uno está muy enfermo, hace cosas como las que hice yo hace poco: me compré un manga del que no sabía NADA más que se trataba de un tomo único. No tenía idea de qué me iba a encontrar dentro de Edificio Getenrou, ni a qué demografía pertenecía, ni en qué género se enrolaba, y por supuesto el autor, Masakazu Ishiguro, no me sonaba de ningún lado. Pero bueno, si Ivrea apostó por esto, puedo apostar yo también y ver qué onda. Me encontré con algo muy loco y bastante interesante. Al principio, parece que Ishiguro nos va a ofrecer un menú saplicadito de historias muy diversas, que transcurren en un mismo lugar: el edificio que da nombre al libro. Todo tranqui, autoconclusivo, con algunos momentos más de comedia y otros en los que se suma algún elemento policial. Bien, me copa. Después, con el correr de las páginas, los personajes empiezan a reaparecer... ¡y las tramas se empiezan a interconectar! Y resulta que TODO lo que leímos es parte de una única historia, compleja y retorcida, que arranca (como ya dije) en tono de comedia, después se vuelve más policial, después entran en juego elementos más de ciencia ficción (la vida artificial, los robots, etc.) y para el final, todo se resuelve en un thriller científico repleto de dramatismo, con dilemas morales jodidos y un desenlace más triste que ser hincha de IndeBendiente. El truco de "te hago creer que son historias independientes y en un momento tiro magia y las resignifico para convertirlas en piezas de un mismo tapiz" es difícil de hacer, pero ya vimos que varios guionistas lo han logrado con éxito (pienso, por ejemplo, en Malandras, de Rodolfo Santullo). Pero el otro truco, lo de saltar de un género a otro como si jugara a la rayuela, es una proeza mucho más improbable, que milagrosamente a Ishiguro le sale bien. Por ahí en algún momento de los más tensos se le escapa un chiste que desentona un poco, nada demasiado grave. La verdad que me sorprendió, porque empecé cagado de risa con los chicos que buscan revistas eróticas para hacerse la paja y terminé al borde del llanto con un final blade-runneresco muy emotivo y muy heavy. El dibujo no está mal, no es brillante, no pretende revolucionar nada, a los que venimos muy cebados con Junji Ito, Inio Asano o Shin´ichi Sakamoto nos puede resultar excesivamente sintético... pero creo que si le metés más detalles, parecería un clon berreta de Katsuhiro Otomo, así que mejor dejalo así. Edificio Getenrou tiene misterio, tragedia, humor, momentos tiernos, momentos tensos y la invitación a debatir un tema tan acuciante como es la creación de vida artificial (casi siempre con fines comerciales) por parte de la ciencia. No te digo que es la Gran Gema Oculta del Manga del Siglo XXI, pero me dio bastante más de lo que yo esperaba al momento de entrarle a la lectura. Y nada más. Gracias por el aguante y nos reencontramos acá en el blog, ni bien tenga leídos un par de libritos más y encuentre el rato para escribir las reseñas.

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