viernes, 24 de julio de 2026
RESEÑAS PRE-JODA NOCTURNA
Hace un rato ganó Racing y en un par de horitas nos juntamos a festejar el Día del Amigo con una pandilla alucinante en el mejor antro de música ochentosa del multiverso. No se puede pedir mucho más. Pero antes, vamos con unas reseñas de los últimos libritos que leí.
Christian Godard fue un autor de segunda línea del comic franco-belga, de esos que en un momento dejaron de dibujar para concentrarse en su carrera como guionista, y tiene bastante obra hecha en colaboración con dibujantes españoles. Ya volveremos al humor francés, pero La Banda de Bonnot, su colaboración con el maestro catalán Florenci Clavé es de un nivel de amargura solo comparable al de hacer buches de vinagre en la platea de Independiente. La Banda de Bonnot narra la desgarradora historia de una banda criminal liderada por Jules Bonnot, que existió en el mundo real, en la Francia de principios del Siglo XX y terminó tan mal que fueron apodados "los bandidos trágicos". La motivación original de Bonnot (por lo menos en la versión de Godard) era armar una sublevación anarquista a nivel masivo, pero claro, faltaban financistas y así es como reúne a este grupete, un extraño mix entre militantes, malvivientes y tipos que empiezan como militantes y terminan como malvivientes. Juntos intentarán varios robos muy osados para conseguir armas y guita que les permitan poner en marcha la sublevación, pero casi siempre les irá mal. Los golpes terminarán en tiroteos escabrosos, repletos de muertos y heridos, y la policía de las distintas ciudades de Francia será implacable a la hora de darles caza.
Con toda la data histórica que consiguió, Godard desarrolla la historia de Bonnot y sus secuaces en 44 páginas con bastante presencia de los bloques de texto, pero con espacio para algunas escenas de acción vibrantes. De todos modos, no nos olvidemos que se trata de un comic documental de 1978: leído hoy, lo más probable es que nos resulte bastante aburrido. Si zafa del embole es porque el dibujo de Clavé es fastuoso. Acá tenemos a un dibujante increíblemente dotado para el estilo académico-realista, con un manejo impecable de la documentación histórica, de la anatomía, de la perspectiva, de las expresiones faciales, de los efectos de iluminación, de la mancha negra como elemento expresivo... Un auténtico prócer del blanco y negro, con la base ortodoxa (si se quiere) de un José Luis Salinas, con el realismo de un Luis García, pero con ese toque más humano, más vibrante, que asociamos con un José Ortiz o un Solano López. Ojo: ser un prócer del dibujo no te hace un historietista brillante. Las puestas en página de Clavé a veces son confusas y tiene que recurrir a la flechita para que nos demos cuenta en qué orden deben leerse las secuencias. Y la cantidad de texto que tiene que meter en cada página tampoco lo ayuda demasiado a darle claridad o fluidez a la narración. Unos años más tarde lo vamos a ver mucho más sólido en las páginas de la revista Cimoc (donde narró en forma de historieta nada menos que la Guerra Civil Española), pero acá, si bien se aprecia el talento gráfico de un profesional recontra-curtido, la narrativa por momentos tambalea un poco.
Hablando de maestros del estilo académico-realista, leí también Fantastic Four: Full Circle, la novela gráfica escrita y dibujada por el icóno, la leyenda, el monstruo Alex Ross. Acá nos vamos del documental a la fantasía más limada y falopera del universo, porque -fiel al espíritu de Stan Lee y Jack Kirby- Ross nos propone una aventura bien ida al carajo, con conceptos, locaciones, personajes y situaciones absolutamente imposibles. El guion, sinceramente, no es gran cosa. Tiene algunos diálogos exquisitos (se ve que Ross estudió a fondo los FF de Stan Lee), pero se extraña la magia de un Kurt Busiek o un Mark Waid que le hagan la segunda al crack y le den más fuerza a la trama. Para que te des una idea, el último momento de peligro en la novela gráfica sucede 22 páginas antes del final. De ahí en más, los personajes resuelven los conflictos mediante charlas en las que no vuela ni un sopapo. Un cambio de ritmo raro, porque hasta ahí, la aventura venía de palo-y-palo, con el protagonismo muy bien repartido entre Reed, Sue, Ben y Johnny. En el tramo final, en cambio, Reed se pone la historia al hombro y el resto está medio de adorno.
Pero la verdad que todo eso no importa NADA, porque la estrella del libro es, por lejos, el dibujo de Alex Ross. Y en ese rubro este es, por lejos, el mejor trabajo de Alex Ross. Nunca nos ofreció una paleta de colores tan atractiva, nunca se jugó por una puesta en página tan audaz, nunca nos detonó las retinas con poses tan dinámicas, con expresiones faciales tan logradas, nunca desplegó tanta imaginación para llenar las páginas con lugares y criaturas tan asombrosas. Esto hay que verlo para creerlo, es como una fusión entre la perfección y la elegancia de Ross con la potencia y la creatividad de Kirby. Y encima a años luz de las clásicas grillas de seis cuadros que utilizaba el Rey para estructurar las historias. Esto es un desconche visual sumamente ganchero, que tiene esa magia retro pero a la vez te subraya todo el tiempo que Ross está haciendo en 2022 cosas que en los ´60 claramente no se podían hacer porque -por más que fueras Kirby- la tecnología gráfica no lo permitía. Me acuerdo que, a principios de este siglo, cuando vi a Stuart Immonen dibujar a Thor, dije "quiero ver todas las historias de Thor que leí en mi vida redibujadas por Immonen". Bueno, ahora digo lo mismo pero con Fantastic Four y Alex Ross. Y si no es factible (obvio que no, lo digo para joder), que lo contraten a Ross para que dibuje una de estas novelas gráficas 100% originales cada cuatro o cinco años. Y si puede ser en colaboración con un guionista de digno para arriba, mucho mejor.
Nada más, por hoy. A disfrutar del finde, y de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por chaucha y palitos en https://comiqueandoshop.blogspot.com. Nos vemos el miércoles en una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, pero probablemente antes de eso haya una nueva entrada con más reseñas acá en el blog.


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