lunes, 14 de septiembre de 2026

RESEÑAS DE LUNES

Acá vamos de nuevo. Normalmente hablo primero de la historieta más antigua y después de la más moderna, pero hoy quiero hacerlo al revés, quiero empezar por un comic publicado en Argentina en 2026: Matar al Comisario (un documental anarquista), obra de Jorge Consiglio, Paula Brecciaroli y el gran Iñaki Echeverría. Este libro que a duras penas y con mucho relleno junta 150 páginas, en realidad podría ser dos libros completamente distintos. Uno que se podría llamar "Anarquismo para Principiantes", o algo así, con las secuencias en las que los autores exponen la historia del movimiento anarquista, hablan con especialistas que abordan el fenómeno desde ópticas distintas y nos invitan a pensar si estamos frente a una forma diferente de entender la política y la sociedad. Todo eso está muy bueno. No es un contenido muy "historietable", por ahí funciona mejor como un documental en soporte audiovisual, pero los obstáculos que pone la historieta están muy bien resueltos por los autores. Echeverría presenta todo de manera secuencial muy fluida, muy llevadera, para nada aburrida. Y después acá hay un segundo libro, que podría llamarse "Simón vs. Ramón", o algo así, centrado en las vidas de Simón Radowitzky y Ramón Falcón, y cómo ambas confluyen hacia los dramáticos sucesos del 14 de Noviembre de 1909. Como en el libro que vimos el 4 de Marzo de este año, las vidas de ambos protagonistas son narradas en paralelo, con la intención para nada disimulada de presentarnos a Falcón como un sorete inhumano, despiadado y sanguinario, absolutamente merecedor de la muerte horrenda que Radowitzky (claramente el héroe de esta narración) prepara para él. Esto también funciona muy bien. Los bloques de texto se hacen cargo del relato (ni Simón ni Ramón hablan nunca) y nos proveen información muy valiosa acerca de aquellos años tumultuosos que la historia oficial (generalmente encolumnada con los intereses que defendía Falcón a sangre y fuego) nos suele ocultar. El dibujo de Echeverría es excelente, y la decisión de publicarlo así, crudo, sin tinta ni color, es brillante. Lo único que no me copa es la excesiva desprolijidad a la hora de enmarcar las viñetas, algo que aprendí a tolerar y hasta a disfrutar en las historietas de Tute, pero que acá me hizo ruido. Seguramente somos unos cuantos los que hubiésemos disfrutado más de estas páginas (en las que el trazo de Iñaki se luce como nunca) si los cuadritos tuvieran formas más regulares y más pulidas. Pero es un detalle menor. Lo único realmente criticable del libro es eso: que son dos libros cortitos mezclados para armar uno más largo, y que no se terminan de ensamblar. Y te tiene que interesar el tema, no? Porque si no, no hay forma de entrarle. A mí que el tema me encanta, el libro me entretuvo y me abrió un montón la cabeza, que creo que era el objetivo principal de Consiglio, Brecciaroli y Echeverría.
Ahora sí, me voy a EEUU, año 2015, para leer el Vol.1 de ODY-C, una serie de ciencia ficción extrema y psicodélica, escrita por Matt Fraction, dibujada por Christian Ward y editada por Image. Sí, ODY-C no es otra cosa que una versión loquísima de La Odisea de Homer, que tan de moda está gracias a la película de Christopher Nolan. Pero -fiel a su estilo- Fraction se toma un millón de libertades en la adaptación. Para empezar, esto no transcurre en la antigua Grecia, sino en una galaxia muy, muy lejana. Y lo más importante: es un universo donde no hay varones. Los aqueos son aqueas, los troyanos son troyanas, los dioses son diosas, y el astuto Ulises es una mujer de mediana edad. La ODY-C es la nave espacial con la que la protagonista y sus adláteres surcan el cosmos, siempre tratando de regresar a Ithicaa, tras la larguísima guerra de Troiia. Las distintas aventuras que la epopeya homérica le atribuye a Ulises, acá tendrán lugar en distintos planetas, siempre con las diosas metiendo en contra o a favor de la heroína que comanda la nave. El relato incluye diálogos, pero Fraction se apoya principalmente en bloques de texto, que combinan la solemnidad de La Odisea con algunos términos más groseros, y un montón de neologismos que tienen que ver con los elementos hiper-futuristas y de ciencia ficción que contiene la trama. ODY-C es una historieta claramente apuntada al público adulto, lo cual habilita a los autores para mostrar niveles de violencia pasadísimos de rosca y todos los cuerpos desnudos que hagan falta. El tema de que todos los personajes sean mujeres, y -lógicamente- tengan sexo entre ellas, está totalmente naturalizado; no es un truco berreta para escandalizar a las abuelas. Entre conceptos limadísimos de ci-fi, aventuras extremas tomadas de la saga clásica, diosas caprichosas y guerreras letales, ODY-C avanza a muy buen ritmo, te atrapa y te deja pidiendo más (en cualquier momento le entro al Vol.2). Pero lo más zarpado, lo que realmente te detona las retinas, el verdadero quiebre, el viaje de ida, es el dibujo (¿qué digo "el dibujo"? ¡Recontradibujazo!) de un Christian Ward tocado con la varita mágica. El genio británico (hoy bastante activo como guionista, no tanto como dibujante ni como autor integral) sale con los tapones de punta a tramitarles la jubilación a Guy Pellaert, Nicolas Devil, Guido Crepax, Jean-Claude Forest y todos los autores de la corriente erótico-lisérgica que la pegó en Europa a mediados de los años ´60. Desde la puesta en página hasta el tratamiento del color, cada detalle en esta obra es único, alucinante, maravilloso. La anatomía, los diseños de las diosas, de las naves, las armas, los monstruos... Ward patea a la mierda el tablero de la historieta tradicional de aventuras y dice "muchachos, esto se puede hacer de otra manera. Hay una nueva historia y yo te la empiezo a escribir acá". Posta, no se puede entender la magia que despilfarra Ward en esta serie. Lo que sí entiendo es por qué no salieron 35 dibujantes un toque menos creativos a copiarlo: no se puede. Para hacer algo que se acerque a esto, tenés que tener un talento que le está reservado a muy pocos. Y lo que tampoco entiendo (y con esto cierro) es cómo me enteré de recontra-pedo que existía ODY-C. Ningún amigo me la recomendó, no leí reseñas de ningún colega... No sé qué estaba leyendo el mundo en 2015 que hizo que no salieran TODOS los lectores de comics a recomendarse mutuamente esta locura. Yo llego tardísimo, pero aporto una recomendación absolutamente enfática. Y prometo entrarle pronto al Vol.2, a ver cómo termina la historia. Gracias por todo y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

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