jueves, 15 de octubre de 2026
NOCHE DE JUEVES
Se me cae la cara de vergüenza por la cantidad de tiempo que está pasando entre una entrada en el blog y la siguiente, pero bueno, es lo que se puede (por ahora, en una de esas más adelante se puede menos).
Cuando escribí la reseña del Vol.10 de The Unwritten, aclaré "el próximo tomo es el último, pero no lo tengo, así que andá a saber cuando lo consigo, cuándo lo leo o cuándo lo reseño". Eso fue el ¡24 de Noviembre de 2016! Hace casi diez años. Un disparate. Obviamente en algún momento me olvidé que me faltaba el final de esta serie, y cuando me cayó la ficha, me pedí el Vol.11, lo puse en la pila de los pendientes y ahora sí, me llegó la hora de leerlo.
La verdad que me gustó mucho. Gran trabajo de Mike Carey, que lleva al extremo la consigna de la serie, que era jugar con los límites entre literatura y realidad. Este último tomo (en especial el primer episodio) está un poco lastrado por el formato serial: los personajes nos cuentan en diálogos un montón de las peripecias por las que pasaron en los episodios anteriores, y cada nuevo episodio de este arco final se las ingenia para resumir lo más importante de los anteriores, como en los comics de los ´80, pero de manera un toque más sutil. A mí me vino bien, porque me acordaba poco de lo leído en los 10 tomos anteriores, pero al que leyó este TPB poco después de haber leído el Vol.10 me imagino que le habrá roto un poco las pelotas.
Así y todo, es una lectura dinámica, muy entretenida, que gana en suspenso y emoción a medida que Carey cierra o desactiva tramas y subtramas menores, que le servían para estirar, pero que a tan pocas páginas del final no tenía mucho sentido mantener activas. Hay grandes diálogos, paradojas, citas literarias y -de nuevo- la decisión y el coraje de llevar al límite este juego intenso y adictivo entre lo real y lo imaginario, lo escrito y lo des-escrito.
El dibujo de Peter Gross es correcto, siempre mucho más deslumbrante cuando dibuja escenarios que cuando dibuja a los personajes, y por suerte aparecen ocasionales aportes de dibujantes de mayor jerarquía como el glorioso Al Davison, el asombroso Dean Ormston o el competente Vince Locke. El propio guion exige cambios muy drásticos en el aspecto visual de la serie que se dan no de un episodio a otro, sino a veces ¡en una misma viñeta! Gross se banca ese desafío con aplomo, pero además cuenta con un colorista (Chris Chuckry) que deja la vida y el alma en cada paleta, en cada detalle, en cada atmósfera. Esto mismo, con un colorista choto, podía ser un mamarracho. De la mano de Chuckry, todos esos saltos al vacío en materia visual llegan a muy buen puerto.
Recomiendo una vez más The Unwritten, una serie realmente fascinante, que al principio puede parecer una sátira al fenómeno de Harry Potter pero resulta ser algo muchísimo más complejo, más ambicioso y más entretenido.
Menos compleja, menos ambiciosa pero definitivamente entretenida me pareció Una storia del cazzo, la novela gráfica de Paolo Baciliero que en Argentina se publicó alguna vez como "El Pene Parlanchín" y en EEUU se conoció como "The Talking Head". Son un poquito menos de 50 páginas sostenidas en una consigna muy ganchera: Víctor se levanta con la clásica erección matinal, pero ahora su pene está vivo, piensa de manera autónoma y habla en voz alta. A partir de ahí, el guion plantea una serie de peripecias limadas, a medida que (como resulta lógico) la existencia de una pija con cara humana, raciocinio y voz, empieza a llamar la atención. Distintas facciones tratan de capturar a Víctor para sacar provecho de ese pene único en el mundo, y se suceden persecuciones, piñas, escapes imposibles... y por supuesto algunos garches, porque el pene viviente resulta tan seductor como zarpado.
No hay mucho más que eso, lamentablemente. Acción, aventura, chistes groseros y garches. Todo ejecutado de manera prolija, dentro de los parámetros de aquella historieta de los años ´80 que se vendía como "apuntada al público adulto", pero que en realidad buscaba capturar al adolescente pajero usando como anzuelo una sexualidad exacerbada, a veces llevada para el lado del morbo y la violencia, y otras (como esssssta) para el lado del absurdo y la comedia. Una storia del cazzo incluye escenas violentas, pero se entiende que es en joda, que son situaciones básicamente humorísticas.
Sin dudas lo que mantiene atractivo aún hoy a este comic de 1987 es el dibujo de Paolo Baciliero. Unos años antes, el autor había trabajado como asistente de Milo Manara, y se aprendió de memoria el estilo del maestro. Pero además, incorporó varias cosas de Moebius (puntitos, rayitas, texturitas), cosas de François Boucq (cierta exageración muy bien lograda en las expresiones faciales) y bastante de Andrea Pazienza, que le aportó un cierto filo punk, como para que no sea todo tan limpito y tan preciosista. Pero la base es claramente Manara. La puesta en página, la composición de las viñetas, hasta los afanos a Hugo Pratt vienen de los años en los que Baciliero trabajó codo a codo con el icónico autor italiano. Manara nunca hubiese llegado a los momentos más extremos y grotescos de Una storia del cazzo, y ahí es donde reside la originalidad de Baciliero. En ir donde los grandes referentes de la historieta erótica no se animaban a ir, por lo menos en esa época. Por suerte, la carrera de Baciliero no se quedó acá, sino que produjo obras más jugadas, que vimos, por ejemplo, en la revista Corto Maltese. Ni bien tenga cerca otros álbumes suyos, les entro de una, porque me parece un dibujante de gran talento, y un sólido narrador gráfico.
Nada más, por hoy. Mil gracias a tod@s l@s que nos acompañaron anoche en YouTube con la subasta especial, y ojalá haya pronto nuevas reseñas acá en el blog.


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