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martes, 19 de mayo de 2026
MEDIODIA DE MARTES
Bueno, por fin encontré un ratito para escribir reseñas. Vamos de nuevo con el formato de tres por posteo, así no dejo nada para el próximo (que no sé cuándo será).
Empiezo en España, año 2004, cuando la editorial Glénat recopila en un formato chetísimo varias historias cortas del maestro Alfonso Font, todas en vibrante blanco y negro. Son solo 46 páginas de historieta, pero como son relatos bastante breves, aún así el álbum ofrece una diversidad muy atractiva. La primera historia es la que da título a la recopilación: El As Negro, una historia cruda, maligna, ciertamente admonitoria, resuelta con una pincelada de humor negro escalofriante. Después tenemos una historia titulada "Privado", centrada en un caso menor de un detective privado. Seis paginitas entretenidas, sin mayores sobresaltos ni nada que te haga decir "ah, qué genial esto que acabo de leer". Pero después hay otra de "Privado" (con otros personajes) que se extiende a 10 páginas y ahí sí, Font encuentra espacio para desarrollar más a los protagonistas y darle mayor espesor a una trama hiper-turbia de sexo y mala leche. Enseguida viene otra joya: "Y Tú, ¿Qué Has Hecho por la Victoria", con guion del maestro Víctor Mora. Una historia ambientada en la Guerra Civil Española, tremenda, oscura, desgarradora, donde los sentimientos y los vínculos se mezclan con el horror de la contienda bélica de una manera sencillamente magistral. Le sigue la breve "¡Dios lo Quiere!", otro ejercicio de ironía y humor negro en el que Font juega un poco más con la narrativa, al plantearse páginas con menos viñetas. Y cierran dos historietas muy cortitas, casi chistes largos, una de las cuales ("Blobul") llama la atención porque Font emplea una técnica de entintado que no habíamos visto en el resto del álbum.
El nivel de las historias es -en general- muy bueno, pero sin dudas lo que me hace atesorar este libro es el trazo de un Font tocado con la varita mágica. Un narrador eficaz, claro, al que no sacan de su sobriedad y su aplomo las páginas con muchas viñetas repletas de texto y que cuando puede meter secuencias mudas, o páginas con menos cuadros, aprovecha y la rompe toda. Crack del claroscuro, dueño de una línea ágil y expresiva, Font se luce tanto cuando aplica grises con tramas mecánicas como cuando resuelve todo con el pincel, o con un plumín endemoniado del que brotan líneas finitas y crosshatchings imposibles. Banco muchísimo a Font, me encanta saber que sigue activo y tengo por lo menos un libro más que lleva su firma en la pila de los pendientes, así que volveremos a leerlo por acá.
Fui a buscar otro librito de Garth Ennis para darle revancha al irlandés después de aquel Battlefields que no me convenció, y me encuentro con The Punisher presents Barracuda, tomito que reúne los cinco episodios de una miniserie... en la que Punisher no aparece ni una sola viñeta. Esto es algo así como "Cazador en el Universo Marvel". Ennis nos presenta a un personaje corpulento, marginal, amoral, que anda en musculosa, putea como una cloaca y solo piensa en términos de sexo y violencia. Incluso lo plantea como una especie de antihéroe, que al final no va a lograr su (poco noble) objetivo. Chumbos, explosiones, sangre, gore, chistes ultra-groseros de teta, pija y concha, los garches más explícitos que se pueden mostrar en un comic de Marvel, personajes grotescos y una sobredosis de puteadas: más Cazador, imposible. Esto es un poquito más realista, porque nadie tiene superpoderes, no hay demonios y las balas lastiman de verdad. Pero va por ese lado: el del impacto que generan la violencia física y verbal. Para que no sea todo tan cabeza, hay también una trama política, bastante bien llevada aunque basada en la concepción caricaturesca que tienen los británicos de América Latina (incluso sin saber distinguir a Argentina o Brasil de cualquier país chiquitito de Centroamérica).
Una vez más, Ennis encuentra al compañero ideal en el capo croata Goran Parlov, que acá lleva su línea siempre potente y expresiva un poquito más hacia el estilo de Giancarlo Alessandrini, con algunos chispazos de Carlos Giménez y hasta de Gustavo Trigo. A Parlov se le ocurre la idea (discutible, pero bien ejecutada) de que los personajes tengan las facciones de gente mundialmente famosa: así, Barracuda se parece mucho a Mike Tyson, Big Chris tiene los rasgos de Christopher Walken y Digby está claramente basado en Donald Trump. Seguramente habrá más rostros de famosos que identificarán los lectores que sepan más que yo de cine o de deportes. El color es excelente, la narrativa es atrapante, sin baches, todo el tiempo al palo, y Parlov se da el gusto de dibujar gente en pelotas y sangre a raudales, algo no muy frecuente para los artistas que trabajan en el mainstream yanki. Lo único que no me cerró mucho es el final, ya que Barracuda queda en una situación que hace prácticamente inviable su reaparición en otras historietas, ya sea como enemigo de Punisher o como protagonista de otra epopeya de guarangadas y crímenes de lesa humanidad como esta. Pero puede ser que lo hayan hecho volver, la verdad que no lo sé. Este comic es de 2020, así que oportunidades seguramente no faltaron. ¿Recomiendo el librito? Sí, porque me divertí muchísimo, me reí fuerte con los diálogos llenos de puteadas y el dibujo de Parlov siempre es un lujo y un placer.
Después de unos meses de "desintoxicación" volví a leer historieta argentina, y me fue bastante mal. Le entré a la adaptación de Romeo y Julieta que realizaron en 2020 el guionista Hernán Carreras y la dibujante Aleta Vidal, y me encontré con un trabajo desabrido, anodino, como hecho sin ganas ni onda. El guion es confuso, los personajes entran y salen de escena sin orden, sin la claridad que hace falta sobre todo si pensamos que estos libros están apuntados a un público mayormente de edad escolar. Los diálogos (tomados de manera textual de la obra teatral de William Shakespeare) no contribuyen ni a que la historia se entienda mejor, ni a que los personajes nos resulten más queribles. Y lo más frustrante: el dibujo. Si me decís que Aleta dibujó esto en... 2008, 2009, bueno, puede ser. Eran sus primeros trabajos, le faltaba un poco... Pero en 2020, Aleta ya dibujaba MIL veces mejor que lo que vemos acá.
Por ahí esto es una reedición y realmente se trata de un trabajo muy anterior. Lo cierto es que vemos un dibujo con pocos destellos de la calidad que uno asocia con la autora. Los fondos escasean de manera alarmante, cuando aparecen los personajes de cuerpo entero hay errores de anatomía, y los personajes secundarios cambian de aspecto cada vez que aparecen: engordan o adelgazan, envejecen o rejuvenecen, pasan de lindos a feos, de una secuencia a otra... e incluso de una viñeta a la siguiente. El color está muy bien trabajado, pero no llega a esconder (ni mucho menos a compensar) las limitaciones que uno, que sigue desde hace años la trayectoria de Vidal, no esperaba encontrarse en una historieta como esta. Entiendo que las adaptaciones de Latinbooks se hacen por encargo, que en una de esas los autores las "sacan con fritas" en poquísimas semanas de trabajo, y que no le ponés el mismo amor a una creación propia que a la adaptación de un drama del Siglo XVI que te "encaja" una editorial. Pero cuando leíste el Romeo y Julieta de Gianni De Luca (ver reseña del 30/10/17) sabés que esto se puede hacer con mucha más onda, más compromiso y mejores resultados, sobre todo si -como es el caso de Aleta Vidal- tenés talento para el dibujo y la narrativa secuencial.
Y nada más, por hoy. Sigo a full con la Comiqueando Digital, que sale a fines de Junio a devastar el multiverso. Y la semana que viene tenemos Agenda Abierta en YouTube y otra actividad con público presente de la que les voy a tirar data más adelante, tanto acá como en el sitio web de Comiqueando. Gracias y hasta pronto.
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viernes, 24 de julio de 2015
24/ 07: CUENTOS DE UN FUTURO IMPERFECTO Vol.1
Este tomito recopilatorio de 1982 incluye siete historias cortas del maestro Alfonso Font, realizadas entre 1980 y 1981, cuando ya estaba muy afianzado en su estilo, o por lo menos en su primer estilo, porque más adelante, cuando se vuelque definitivamente al trabajo a color su grafismo va a mutar y a alejarse bastante de lo que vemos acá.
Estas son historietas extremadamente bien dibujadas, en las que Font le saca un jugo exquisito al blanco y negro. Usa el claroscuro, usa texturas, tramas mecánicas, esfumados, sombreados con carbonilla, punteados obsesivos al estilo Moebius… todo vale para crear estos climas que van a tener una gran importancia a la hora de bajar la línea que el autor quiere bajar en estas historias. Y por supuesto hacen su aporte los personajes, dibujados con soltura, con expresividad y diseñados con rasgos muy distintivos, muy originales, para que ninguno nos resulte parecido al de la historieta anterior o posterior. En el grafismo del Font de esta etapa confluyen Carlos Giménez, Manfred Sommer, Leopoldo Sánchez, Horacio Altuna, el ya citado Moebius… pero de la mezcla sale una identidad fuerte, muy marcada, inmediatamente reconocible y con muchísimos méritos propios, que trascienden los detalles más o menos superficiales que Font puede haber tomado de estos (e incluso otros) colegas suyos.
Vamos con un repasito por las historias. La primera tiene cinco páginas y podría tener dos. Está bien estirada, con diálogos muy interesantes que ayudan a pintar un contexto atractivo, pero la trama en sí se podría resumir prácticamente en las 6 viñetas de la última página.
La segunda también es una historia bastante estirada, un prolongado build-up hacia un remate final gracioso e impredecible. Y de nuevo, uno se entretiene a lo largo de las ocho páginas con unos diálogos muy divertidos, y con el plus de que los protagonistas no son otros que Clarke & Kubrick, los Espacialistas, dos personajes a los que Font luego les daría sus propios álbumes.
La tercera es un chiste largo, que juega con la novedad de la realidad virtual. Es una linda idea, que le permite a Font despegarse durante tres hermosas páginas de la ciencia-ficción y divertirse un poco con otro género.
El listón sube notablemente con la cuarta historia, Stock, cuatro páginas muy sobrecargadas de diálogos en las que Font se mete con la obscena vinculación entre las guerras y las empresas a las que sólo les interesa ganar guita, sufra quien sufra. Es un relato brillantemente descorazonador, amargo, pensado para que te quedes pensando.
La Caza es la historia más larga del tomo, 10 páginas repletas de acción, violencia y mala leche, más descomprimida pero no menos intensa, con menos texto que las anteriores y con un final tremendo, desgarrador, al límite de la náusea.
La sexta historia parte de una idea bastante trillada ya para los ´80 dentro del campo de la ci-fi, muy orientada al remate final y con el atractivo de estar dibujada demasiado bien.
Y la mejor dibujada es la última, Ojos Verdes, también con una revelación shockeante en la última viñeta y un desarrollo apenitas estirado, que le permite a Font lucirse con una puesta en página más libre, menos encajonada, en la que brilla a pleno su virtuosismo gráfico.
El balance es muy bueno, hasta que te enterás que además de estas seis historias Font realizó siete más y que para tenerlas todas hay que conseguir un álbum editado por Norma en 1990, hoy descatalogadísimo. O buscar los numeritos de la revista 1984 (donde salían originalmente), que deben ser más difíciles de encontrar que un disco de chamamé en una disquería de Seattle. Pero bueno, Alfonso Font bien vale los esfuerzos que haya que hacer para tener completa esta interesantísima serie, quizás un poquito anclada en su época, pero con algunas ideas que conservan intacta su vigencia y con un nivel de dibujo formidable.
Estas son historietas extremadamente bien dibujadas, en las que Font le saca un jugo exquisito al blanco y negro. Usa el claroscuro, usa texturas, tramas mecánicas, esfumados, sombreados con carbonilla, punteados obsesivos al estilo Moebius… todo vale para crear estos climas que van a tener una gran importancia a la hora de bajar la línea que el autor quiere bajar en estas historias. Y por supuesto hacen su aporte los personajes, dibujados con soltura, con expresividad y diseñados con rasgos muy distintivos, muy originales, para que ninguno nos resulte parecido al de la historieta anterior o posterior. En el grafismo del Font de esta etapa confluyen Carlos Giménez, Manfred Sommer, Leopoldo Sánchez, Horacio Altuna, el ya citado Moebius… pero de la mezcla sale una identidad fuerte, muy marcada, inmediatamente reconocible y con muchísimos méritos propios, que trascienden los detalles más o menos superficiales que Font puede haber tomado de estos (e incluso otros) colegas suyos.
Vamos con un repasito por las historias. La primera tiene cinco páginas y podría tener dos. Está bien estirada, con diálogos muy interesantes que ayudan a pintar un contexto atractivo, pero la trama en sí se podría resumir prácticamente en las 6 viñetas de la última página.
La segunda también es una historia bastante estirada, un prolongado build-up hacia un remate final gracioso e impredecible. Y de nuevo, uno se entretiene a lo largo de las ocho páginas con unos diálogos muy divertidos, y con el plus de que los protagonistas no son otros que Clarke & Kubrick, los Espacialistas, dos personajes a los que Font luego les daría sus propios álbumes.
La tercera es un chiste largo, que juega con la novedad de la realidad virtual. Es una linda idea, que le permite a Font despegarse durante tres hermosas páginas de la ciencia-ficción y divertirse un poco con otro género.
El listón sube notablemente con la cuarta historia, Stock, cuatro páginas muy sobrecargadas de diálogos en las que Font se mete con la obscena vinculación entre las guerras y las empresas a las que sólo les interesa ganar guita, sufra quien sufra. Es un relato brillantemente descorazonador, amargo, pensado para que te quedes pensando.
La Caza es la historia más larga del tomo, 10 páginas repletas de acción, violencia y mala leche, más descomprimida pero no menos intensa, con menos texto que las anteriores y con un final tremendo, desgarrador, al límite de la náusea.
La sexta historia parte de una idea bastante trillada ya para los ´80 dentro del campo de la ci-fi, muy orientada al remate final y con el atractivo de estar dibujada demasiado bien.
Y la mejor dibujada es la última, Ojos Verdes, también con una revelación shockeante en la última viñeta y un desarrollo apenitas estirado, que le permite a Font lucirse con una puesta en página más libre, menos encajonada, en la que brilla a pleno su virtuosismo gráfico.
El balance es muy bueno, hasta que te enterás que además de estas seis historias Font realizó siete más y que para tenerlas todas hay que conseguir un álbum editado por Norma en 1990, hoy descatalogadísimo. O buscar los numeritos de la revista 1984 (donde salían originalmente), que deben ser más difíciles de encontrar que un disco de chamamé en una disquería de Seattle. Pero bueno, Alfonso Font bien vale los esfuerzos que haya que hacer para tener completa esta interesantísima serie, quizás un poquito anclada en su época, pero con algunas ideas que conservan intacta su vigencia y con un nivel de dibujo formidable.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014
10/09: LA TIERRA DE LA QUIMERA
¡Uh! Me re-cebé con algo que estoy haciendo para Comicópolis (y que, como todo, es urgente) y me olvidé que tenía un libro leído para reseñar.
Bueno, vamos muy rápido. Básicamente, este álbum se parece bastante al anterior, porque cuenta la vida de un europeo (en este caso una dama española llamada Isabel) entre los aborígenes del Nuevo Mundo. Se nota mucho la chapa que el maestro Enrique Sánchez Abulí tenía allá por 1991: lo dejan escribir un guión donde casi no hay espacio para la data histórica, un guión mucho más aventurero y menos didáctico que casi todos los otros de esta colección.
Lo único que no lo dejan hacer es algo que el devenir de la trama recontra-justificaba, que era mostrar a Isabel garchada por uno o varios indiios del territorio que hoy conocemos como Chile. Hay un tinte erótico muy light, muy sugerido, pero estoy seguro de que si Abulí se hubiera salido con la suya, habríamos tenido varias escenas de sexo memorables. En lo demás, el ídolo impuso su sello. Donde otros ponían toneladas de texto explicativo, mapas y grabados de la época, Abulí puso comedia, persecuciones, humor negro, cheap thrills y bocha de escenas mudas. La Tierra de la Quimera, entonces, es una historieta livana en comparación a las otras de esta colección, de lectura muy ágil, a la que por suerte no le falta intensidad.
El dibujo está a cargo de otro monstruo sacrosanto del comic español de los ´80 y ´90: Alfonso Font, acá a un nivel impresionante. Perfecto en el armado de las secuencias, en la expresividad de rostros y cuerpos,en los climas y las iluminaciones, en ese sutil equilibrio entre aventura, comedia y un tenue amague de erotismo. Pero si tengo que destacar un sólo rubro, el que quizás convierta a La Tierra de la Quimera en el mejor álbum de la extensa trayectoria de Font, creo que me inclino por el manejo del color, que es sencillamente sublime.
Si compraste este libro cuando salió, pegale una releída y volvelo a disfrutar. Si, como yo, te resistías a comprar cualquier título de esta colección y elegiste unos poquitos haciéndote el estrecho, dale una posibilidad. No es el Lope de Aguirre de Albiac y el Viejo Breccia, ni el de Mattotti, ni el de Nine y capaz que tampoco le hace el aguante al de Robin Wood y Lito Fernández. Pero está muy bueno, busca un rumbo bastante distinto a los otros y además es una infrecuente colaboración entre dos próceres como Alfonso Font y Enrique Sánchez Abulí, lo cual te garantiza un piso de calidad más allá de que te enganche o no la historia (bastante cruenta, por cierto) de Isabel y los aborígenes. No sé si me compraré más tomos de esta colección. Quizás se me haya escapado alguno grosso, quizás me compre alguno más por cariño a los dibujantes (hay uno de José Ortiz, por ejemplo, que no tengo). Por ahora, hasta acá llego.
Bueno, vamos muy rápido. Básicamente, este álbum se parece bastante al anterior, porque cuenta la vida de un europeo (en este caso una dama española llamada Isabel) entre los aborígenes del Nuevo Mundo. Se nota mucho la chapa que el maestro Enrique Sánchez Abulí tenía allá por 1991: lo dejan escribir un guión donde casi no hay espacio para la data histórica, un guión mucho más aventurero y menos didáctico que casi todos los otros de esta colección.
Lo único que no lo dejan hacer es algo que el devenir de la trama recontra-justificaba, que era mostrar a Isabel garchada por uno o varios indiios del territorio que hoy conocemos como Chile. Hay un tinte erótico muy light, muy sugerido, pero estoy seguro de que si Abulí se hubiera salido con la suya, habríamos tenido varias escenas de sexo memorables. En lo demás, el ídolo impuso su sello. Donde otros ponían toneladas de texto explicativo, mapas y grabados de la época, Abulí puso comedia, persecuciones, humor negro, cheap thrills y bocha de escenas mudas. La Tierra de la Quimera, entonces, es una historieta livana en comparación a las otras de esta colección, de lectura muy ágil, a la que por suerte no le falta intensidad.
El dibujo está a cargo de otro monstruo sacrosanto del comic español de los ´80 y ´90: Alfonso Font, acá a un nivel impresionante. Perfecto en el armado de las secuencias, en la expresividad de rostros y cuerpos,en los climas y las iluminaciones, en ese sutil equilibrio entre aventura, comedia y un tenue amague de erotismo. Pero si tengo que destacar un sólo rubro, el que quizás convierta a La Tierra de la Quimera en el mejor álbum de la extensa trayectoria de Font, creo que me inclino por el manejo del color, que es sencillamente sublime.
Si compraste este libro cuando salió, pegale una releída y volvelo a disfrutar. Si, como yo, te resistías a comprar cualquier título de esta colección y elegiste unos poquitos haciéndote el estrecho, dale una posibilidad. No es el Lope de Aguirre de Albiac y el Viejo Breccia, ni el de Mattotti, ni el de Nine y capaz que tampoco le hace el aguante al de Robin Wood y Lito Fernández. Pero está muy bueno, busca un rumbo bastante distinto a los otros y además es una infrecuente colaboración entre dos próceres como Alfonso Font y Enrique Sánchez Abulí, lo cual te garantiza un piso de calidad más allá de que te enganche o no la historia (bastante cruenta, por cierto) de Isabel y los aborígenes. No sé si me compraré más tomos de esta colección. Quizás se me haya escapado alguno grosso, quizás me compre alguno más por cariño a los dibujantes (hay uno de José Ortiz, por ejemplo, que no tengo). Por ahora, hasta acá llego.
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viernes, 14 de diciembre de 2012
14/ 12: PRIVADO
Entre una cosa y otra, hacía como un mes y medio que no leía historieta española, lo cual para mí es una eternidad porque soy muy fan de bocha de autores ibéricos. Hoy vuelvo con tutti.
Privado es un compilado de cinco historias cortas creadas a principios de los ´90 por el maestro Alfonso Font. Se llama así porque se supone que todas las historias giran en torno a detectives privados, aunque la última... va para otro lado. El protagonista podría ser kinesiólogo o verdulero y el argumento funcionaría exactamente igual. En las cinco historias nos encontramos con el Font maduro, cancherísimo, en busca de la síntesis, de un estilo más basado en el claroscuro de Alex Toth que en las infinitas rayitas y puntitos de Jean Giraud. Así es como lo vemos recurrir a yeites muy frecuentes entre otros referentes del claroscuro (digo, además de Toth) como Jordi Bernet, Oswal o Rubén Pellejero, sin perder su impronta personal. Lo que hace Font es raro: le saca detalles y sutilezas al dibujo, pero después, a la hora de colorear, opta por una paleta llena de matices y sutilezas. También hay viñetas coloreadas “a la Columba”: todo azul, y a la mierda. Pero la mayoría está llena de detalles cromáticos exquisitos, que le agregan complejidad y sofisticación a un dibujo que –paradójicamente- se esforzaba por verse simple, crudo y directo.
La primera historia es excelente. El tremendo final de la página 10 te lo empezás a imaginar promediando la 7, pero esas tres últimas páginas son tan, pero tan tensas, tan al límite, que está perfecto. Acá se plantea el clima que se va a mantener hasta el final del libro: historias low-fi, muy habladas, con poca violencia y enchastradas por un trasfondo de corrupción y desesperanza en el que la sordidez le gana siempre a la epopeya.
La segunda historieta es la que a mí más me gustó. Gira en torno a un tópico del relato policial que a mí me fascina, que es “el crimen perfecto” y está llevada de modo brillante, con una sorpresa medio deus ex machina en la última página, al estilo de las grandes historietas de crímenes de la E.C.
La tercera es la más violenta, la más truculenta y tal vez la que menos me cerró, porque recurre al gastadísimo truco de “el personaje está al borde de la locura entonces no sabés si lo que sucede es real o son las alucinaciones del tipo”. La reivindico sólo por su atroz mala leche.
La cuarta es la que más se ajusta a la consigna de “un detective privado junta pistas para resolver un caso”. Lo original acá es la ambientación (un pueblito minero en decadencia) y la resolución, totalmente shockeante e impredecible. Acá también, la tensión crece viñeta a viñeta y para la última página ya se hace definitivamente asfixiante.
Y la quinta es la que menos tiene que ver con los detectives. Acá el autor opta por explorar las aciagas consecuencias que sufre un pobre boludo por no saber controlarse a la hora de la timba. Gary Beck es detective, pero eso no tiene ningún peso en una trama áspera, fatídica, que vos sabés desde la segunda página que sólo puede terminar en desgracia. Otro relato al límite, con una vuelta de tuerca muy ingeniosa en la página final.
Si te gustan este tipo de historias urbanas, jodidas, con personajes cínicos, corrupción y mala leche, acá vas a encontrar cinco ejemplos de por qué Alfonso Font es un grande más allá de los géneros que encare. Algunas son pequeñas obras maestras, otras no, pero el balance de las 50 páginas es sumamente positivo, en parte por los hallazgos de Font en materia de dibujo y narrativa (cosa que a esta altura no debería sorprender a nadie) y en parte porque los guiones, si bien breves, están trabajados a fondo para que las tramas te enganchen, los climas te asfixien y los finales te sorprendan. Y si te gusta el cine, prestale especial atención a la primera historia, que además de ser magnífica se puede filmar con dos pesos con cincuenta.
Privado es un compilado de cinco historias cortas creadas a principios de los ´90 por el maestro Alfonso Font. Se llama así porque se supone que todas las historias giran en torno a detectives privados, aunque la última... va para otro lado. El protagonista podría ser kinesiólogo o verdulero y el argumento funcionaría exactamente igual. En las cinco historias nos encontramos con el Font maduro, cancherísimo, en busca de la síntesis, de un estilo más basado en el claroscuro de Alex Toth que en las infinitas rayitas y puntitos de Jean Giraud. Así es como lo vemos recurrir a yeites muy frecuentes entre otros referentes del claroscuro (digo, además de Toth) como Jordi Bernet, Oswal o Rubén Pellejero, sin perder su impronta personal. Lo que hace Font es raro: le saca detalles y sutilezas al dibujo, pero después, a la hora de colorear, opta por una paleta llena de matices y sutilezas. También hay viñetas coloreadas “a la Columba”: todo azul, y a la mierda. Pero la mayoría está llena de detalles cromáticos exquisitos, que le agregan complejidad y sofisticación a un dibujo que –paradójicamente- se esforzaba por verse simple, crudo y directo.
La primera historia es excelente. El tremendo final de la página 10 te lo empezás a imaginar promediando la 7, pero esas tres últimas páginas son tan, pero tan tensas, tan al límite, que está perfecto. Acá se plantea el clima que se va a mantener hasta el final del libro: historias low-fi, muy habladas, con poca violencia y enchastradas por un trasfondo de corrupción y desesperanza en el que la sordidez le gana siempre a la epopeya.
La segunda historieta es la que a mí más me gustó. Gira en torno a un tópico del relato policial que a mí me fascina, que es “el crimen perfecto” y está llevada de modo brillante, con una sorpresa medio deus ex machina en la última página, al estilo de las grandes historietas de crímenes de la E.C.
La tercera es la más violenta, la más truculenta y tal vez la que menos me cerró, porque recurre al gastadísimo truco de “el personaje está al borde de la locura entonces no sabés si lo que sucede es real o son las alucinaciones del tipo”. La reivindico sólo por su atroz mala leche.
La cuarta es la que más se ajusta a la consigna de “un detective privado junta pistas para resolver un caso”. Lo original acá es la ambientación (un pueblito minero en decadencia) y la resolución, totalmente shockeante e impredecible. Acá también, la tensión crece viñeta a viñeta y para la última página ya se hace definitivamente asfixiante.
Y la quinta es la que menos tiene que ver con los detectives. Acá el autor opta por explorar las aciagas consecuencias que sufre un pobre boludo por no saber controlarse a la hora de la timba. Gary Beck es detective, pero eso no tiene ningún peso en una trama áspera, fatídica, que vos sabés desde la segunda página que sólo puede terminar en desgracia. Otro relato al límite, con una vuelta de tuerca muy ingeniosa en la página final.
Si te gustan este tipo de historias urbanas, jodidas, con personajes cínicos, corrupción y mala leche, acá vas a encontrar cinco ejemplos de por qué Alfonso Font es un grande más allá de los géneros que encare. Algunas son pequeñas obras maestras, otras no, pero el balance de las 50 páginas es sumamente positivo, en parte por los hallazgos de Font en materia de dibujo y narrativa (cosa que a esta altura no debería sorprender a nadie) y en parte porque los guiones, si bien breves, están trabajados a fondo para que las tramas te enganchen, los climas te asfixien y los finales te sorprendan. Y si te gusta el cine, prestale especial atención a la primera historia, que además de ser magnífica se puede filmar con dos pesos con cincuenta.
viernes, 11 de noviembre de 2011
11/ 11: MANO A MANO

Este es un libro raro, de fines de los ´70. En sus páginas se mezclan un montón de historietas cortas, algunas de Carlos Giménez y otras de Alfonso Font. A fines de los ´70, Giménez ya era un número uno en España, pero a Font no lo conocía casi nadie, porque publicaba básicamente en el exterior. Recién en los ´80, con el boom de las revistas de historietas para adultos, este grosso se ganaría un lugarcito en el olimpo del comic español.
Los trabajos de ambos autores (muy amigos entre sí) no se parecen en lo más mínimo. Cada vez que aparece una historieta de Font, es una breve pieza de cuatro páginas, con viñetas grandes, un dibujo muy emparentado con el de los maestros franceses (con Jijé a la cabeza) y argumentos desbordantes de ironía y mala leche. Una especie de anticipo de lo que serán sus Historias Negras, aunque con un dibujo todavía no tan sólido como el que desplegará más adelante, sobre todo en las páginas de Cimoc. Sobre el final hay cuatro planchas de corte más humorístico, realizadas antes que las otras (en 1975), sin textos y con un dibujo un poquito más precario. Eso es olvidable. Las otras cinco historietas de cuatro páginas (todas de 1977) son fundamentales, especialmente Los Protectores y Deficiencia Ficción.
Por el lado de Carlos Giménez tenemos varias cosas distintas: primero, varias historietas de dos páginas, con muchas viñetas por página, y enroladas en temáticas costumbristas, historias ni dramáticas ni cómicas (o las dos cosas a la vez), de ambientación urbana, con un estilo de dibujo muy similar al que Giménez depuraría unos años después en Los Profesionales. Son historietas realizadas en plena transición, pero que no hablan de la represión, ni tocan ningún tema político. Se basan más bien en anécdotas, en personajes pintorescos de la ciudad, a los que seguramente Giménez conoció personalmente. La mejor dibujada es, lejos, Los Demonios Danzan en la Playa.
Y además de eso, hay ocho planchas de una serie llamada La Saga de los Menéndez. Esto está planteado claramente en joda, con un dibujo mucho más exagerado, mucho más próximo al de André Franquin. Cada página es una historia autoconclusiva (un chiste largo) protagonizado por la familia Menéndez, que se parece bastante a la familia de aquel entonces de Giménez. O sea que, una vez más, pero en una tónica totalmente distinta a la de Paracuellos, Barrio, o Los Profesionales, se vuelve a colar la autobiografía en la obra del genio madrileño. Y acá sí, Giménez baja un poquito de línea, sobre temas como el sistema de salud pública o la hipocresía reinante en la sociedad y cómo se traduce en la educación de los chicos. Pero todo eso empalidece bastante frente al dibujo del ídolo, acá totalmente endemoniado, jugado a claroscuros de alto impacto (la octava página parece una de las Ideas Negras de Franquin) y explosivo en la caricatura y el grotesco.
En apenas 48 páginas, Mano a Mano te lleva a pasear por los universos de dos autores, te bombardea con un montón de historias cortas, pasa por varios géneros y te gratifica con algunas historietas de inmejorables dibujos y otras de magníficos guiones. Una rareza, pero de las muy buenas.
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