el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 9 de mayo de 2019

JUEVES TORMENTOSO

Hoy hubo tiros cerca de Congreso, la militancia copó la Rural para escuchar a la única que sabe y además llovió como la San Puta. Yo tranqui, laburando como si nada. Estaba leyendo un masacote de 400 páginas y le clavés una pausa para leer otras cosas, así no me aburro. Y lo que leí fue esto:
Arranco en Inglaterra, año 1992, cuando aparece The Minotaur´s Tale, una novela íntegramente realizada por Al Davison. A lo largo de 80 páginas, el autor traza un paralelismo entre la historia del famoso minotauro de la mitología griega y la vida de un pobre tipo que nace con malformaciones en el rostro y el cuerpo y habita en una gran urbe inglesa a principios de los ´90. Al relato clásico acerca del minotauro, su origen y su muerte a manos de Teseo, Davison le suma un montón de datos que yo desconocía, y hasta se anima a narrar los hechos desde la óptica del monstruo. Pero poco a poco, me empezó a interesar más la historia de Banshee, el tipo desfigurado. Una historia que arranca muy de atrás, que al principio parece casi irrelevante, pero que con el correr de las páginas gana en complejidad hasta desembocar en un giro final muy impredecible y de mucho vuelo.
Davison aprovecha la historia ambientada en “el presente” para bajar línea acerca de temas espesos como la marginalidad, la prostitución, el SIDA y la completa desprotección que le brindan los estados “modernos” a los pobres y discapacitados. Pero The Minotaur´s Tale no es un comic de denuncia, ni de corte socio-político. Es una novela en la que lo principal son los vínculos entre las personas, la dicotomía entre lo bello y lo feo, los monstruos por fuera y los monstruos por dentro, la discriminación al distinto y la solidaridad con el de al lado, sea quien sea. No te digo que es una obra fundamental para entender el Noveno Arte, pero está realmente muy bien.
Y el dibujo de Al Davison es alucinante. La cantidad de técnicas que emplea, lo bien que las domina, cómo elige los momentos para cambiar de estilo, el efecto expresivo que provoca cada vez que salta de un grafismo a otro, la construcción de las secuencias mudas… Creo que lo único que no me gustó es que traza líneas negras entre las viñetas en vez de las típicas zanjas blancas, y que mete un par de splash pages medio innecesarias. Pero nada de eso es óbice para disfrutar de una labor realmente notable de un dibujante virtuosísimo en el trazo, en el color y en la articulación de todos esos elementos en pos de una narrativa poco convencional y a la vez muy sólida.
Allá por el 17/11/11, me tocaba comentar un libro con cuatro historias cortas de Joaquín Cuevas, uno de los historietistas más interesantes surgidos en Bolivia. Ahora me toca leer Ctrl Z, otra antología que reúne las mejores historietas realizadas por Cuevas entre 2004 y 2006, 15 relatos breves de los cuales uno sólo formó parte del libro reseñado en 2011.
Lo mejor que tiene este libro es que las historietas están en orden cronológico. ¿Por qué? Porque las últimas cinco historietas son, por amplio margen, las mejores del tomo y los mejores trabajos que recuerdo haberle visto a Joaquín. Y son todas bastante distintas entre sí, eh? El libro arranca bien, tiene algún altibajo en el medio, pero una vez que arrancan las cuatro páginas de “Alas”, ya no baja nunca más. De ahí hasta el final tenemos excelentes dibujos, buenas ideas en los guiones, un humor afilado, un vuelo poético muy logrado, mucho riesgo bien asumido a la hora de elegir técnicas, enfoques, grillas para armar la página y hasta tipografías para los textos.
En su momento postulé que 24, 31, etc. (así se llamaba el librito que reseñé en 2011) no ofrecía la selección de material más idónea para convertir en fans de Joaquín Cuevas a quienes hasta entonces no lo conocían. Ctrl Z, en cambio, cumple con creces esa función. Si nunca leíste nada de este joven y experimentado autor boliviano, sin dudas te recomiendo empezar por acá y disfrutar ese in crescendo que desemboca en cinco últimas historietas de un nivel excelente.

Y bueno, me llevo el masacote que estoy leyendo a Montevideo, a ver si me lo liquido entre el viaje y alguna hora muerta en el evento. Y nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 17 de noviembre de 2011

17/ 11: 24, 31, ETC...


A pesar de su nombre choto, 24, 31, etc... era –a priori- un libro irresistible, porque ofrece cuatro historietas completas de Joaquín Cuevas, uno de los dos o tres autores más importantes del fértil panorama de la historieta boliviana. Cuevas es un clásico de las antologías y tener un libro 100% suyo reviste un enorme atractivo, es casi una obligación moral. El problema es el material que se eligió y cómo está editado.
El libro arranca con una historieta de 24 páginas realizadas en 24 horas y sin guión. Imaginate lo que es eso: bizarreadas sin pies ni cabeza, dibujo sacado con fritas, poquísimos cuadros por página, interrupciones al relato para que el autor aparezca a contarnos lo mucho que le cuesta mantener el ritmo de una página por hora, etc. La idea de hacer un comic de 24 páginas es buenísima. Lo que no está tan bueno es publicar ese comic en un libro, porque es un trabajo que no representa a la obra de Cuevas, no tiene ni por casualidad la calidad de las otras obras del autor. Me acuerdo que hace varios años un grupito de autores yankis (entre los que estaban Scott McCloud y Erik Larsen, entre otros) hicieron el jueguito de las 24 páginas en 24 horas y de ahí salieron algunas cosas más que dignas. De este desafío que superó Cuevas salieron 24 páginas torpes, precarias, con buenos dibujos mal acabados y puestos al voleo, no en función de un relato interesante. Ahí se nos fueron la mitad de las páginas de este tomito...
Otro desafío que afrontó Cuevas fue el de realizar 31 páginas en 31 días, para un blog. Ahí le fue muchísimo mejor. Casi todas las planchas son autoconclusivas y el autor va variando los temas: hay autobiografía (obvio), pero también hay comedias, delirios y bajadas de línea. Gracias al gran aprovechamiento que hace Cuevas del soporte digital, abundan los buenos dibujos, en el estilo más conocido del autor. Acá el problema es la edición: son historietas claramente pensadas para ser publicadas a color y en el traspaso a blanco, negro y grises, pierden buena parte de su encanto. Igual se disfrutan los guiones, que son redonditos e ingeniosos, y los trucos narrativos a los que apela Cuevas para sacar todos los días una página con buen guión, gran dibujo y espectacular color.
Y si lo que más te gusta de Cuevas son los trucos narrativos, lo que viene después te parte la cabeza: es una historieta realizada con la técnica de “lienzo infinito” (esa de la que tanto hablaba McCloud), en la que Joaquín encuentra su mejor forma, donde explotan con más fuerza su habilidad increíble como narrador y su manejo del lenguaje de la historieta. Por supuesto, se disfrutaría mucho más si fuera un desplegable, impreso de un sólo lado, pero bueno, publicada así (como historieta de 9 páginas) también es devastadora.
Esto es, en síntesis, un libro de rarezas, de sobras, de cosas extrañas, que a veces se parecen poco a lo que hace normalmente Joaquín. Y si bien estamos hablando de un referente ineludible de la historieta latinoamericana contemporánea, no me parece acertado que este sea el primer material de Cuevas que se recopila en libro. Me parece que daba para publicar estas cosas mucho más adelante, cuando ya estén editadas todas las obras importantes (y un par menos relevantes) de la carrera de Cuevas. Para empezar, yo hubiera ido a las historietas más conocidas (las de las antologías) y si la mayoría está pensada para color, hay que editarlas a color.