el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 2 de octubre de 2022

TERROR Y ABURRIMIENTO

Justo que empieza Octubre (mes asociado con el género del terror, supongo que por la celebración pagana de origen celta conocida como Halloween) me tocó leer dos historietas de monstruos y criaturas abisales, y con las dos me aburrí como una ostra. Hacía mucho que no leía Hellboy, pero recuerdo que allá por el 12/11/12 leí aquel tomo en el que el querido personaje de Mike Mignola moría y descendía al Infierno, el lugar donde nació. Este tomo (Hellboy in Hell: The Descent) recopila la primera mitad de la breve serie en la que Mignola regresa a los lápices y las tintas para contar qué le pasa a Hellboy en esta "vida después de la muerte". Hay alguna chance de que esto remonte en la segunda mitad, pero lo que me aburrí con este TPB no tiene nombre. Mientras el dibujo brilla con un fulgor incandescente, el guion te manda a dormir temprano, y si no te despertás, mucho mejor, porque te ahorrás un embole cósmico. Es un comic solemne, protocolar, que avanza a un ritmo exasperante, donde las poquísimas escenas de acción se ven totalmente forzadas (hay un solo momento impactante, la decapitación de uno de los hermanos de Hellboy) y donde el glorioso Anung Un Rama es el único que -de vez en cuando- tira un diálogo que no parece anquilosado o formulaico. La mayoría de los personajes secundarios no me interesaron en lo más mínimo, y el que sí me interesó (Edward Grey, el especialista en sectas satánicas que cayó al Infierno en 1916) tiene menos desarrollo del que me hubiese gustado ver. Mirá si será choto el guion que los mejores momentos son los flashbacks, los pasajes en los que Mignola pasa en limpio algunos hechos clave del origen de Hellboy y algunas puntas de su pasado, en una de esas suponiendo que este sería el primer comic de Hellboy que comprarían algunos de sus fans. Es decir que lo que más me gustó son las partes de la historia que ya conocía. Y la secuencia del nacimiento de Hellboy, que no recuerdo haberla visto/leído en tomos anteriores, y es majestuosa. Con la posibilidad de dibujar infinitos monstruos gigantes y poquísimos fondos, este parecía el proyecto ideal para que Mignola volviera a enamorarse del dibujo y nos diera muchos años más de su magia como autor integral. Pero evidentemente esta saga lo aburrió a él tanto como a mí, y la aguantó solo 10 números. Son 10 números en los que tanto él como el colorista Dave Stewart dejan la vida para que la faz visual sea deslumbrante... y es solo por eso que no cedo al impulso de deshacerme de este tomo y bancar a leer el segundo para ver si la historia repunta. Ni bien consiga barato el Vol.2, le entro y lo comentamos por acá.
Tampoco me fue bien con Los Primogénitos, de Emilia y Emiliano Plissken (guion) y Luca Vassallo (dibujos). Yo era bastante fan de Vassallo, gracias a su labor en Gunvara y en alguna historieta corta escrita (creo) por Damián Connelly. Pero acá se me fue al descenso. Muy flojito el dibujo, muuuuy flojito. Hay páginas que parecen de Juan Carlos Quattordio, mirá lo que te digo. El color está muy opaco, los personajes muy duros... me gustó mucho esa imagen del ciervo prendido fuego, y todo lo demás me pareció poco inspirado. Y el guion, nada... una colección de lugares comunes, un pastiche al límite del grotesco. De nuevo, cuando terminé de leer la historieta me enteré que esto no es una obra completa, sino el Vol.1 de una serie. A lo cual digo 1) la puta madre, ¿qué te costaba advertírmelo antes?, y 2) está la esperanza de que la historia cobre sentido, o al menos algo de originalidad en una segunda entrega. Pero la verdad es que ni la trama, ni la ambientación, ni los personajes me resultaron interesantes como para querer leer un Vol.2 de Los Primogénitos. Lo que más me gustó es cómo están armadas las secuencias, los momentos que eligen los guionistas para ponerle fin a cada secuencia y empalmar con la siguiente. Así logran que, incluso cuando el argumento cuenta poco, el ritmo se haga llevadero. Y lo que menos me gustó es cómo están escritos los diálogos, que parecen sacados de una película yanki mal doblada en Centroamérica. Menos mal que hay varias escenas mudas (una de ellas bastante extensa) como para darme un respiro, y bajar un poco el hastío que me produce leer a personajes que hablan así. Tengo para leer el año que viene otro libro de esta editorial, con los mismos guionistas y -creo- una temática similar, de nuevo con alienígenas y bichos horribles que hacen estragos en ciudades de EEUU sin identificar. Ojalá el nivel sea similar o superior al de El Recolector. Si me encuentro con algo más parecido a Los Primogénitos, le bajo la persiana a esta línea de comics, porque acá realmente veo muy poco para rescatar. Bueno, nada más. Por ahí se da el milagro y puedo postear de nuevo antes del 13 o 14 de Octubre. Pero por ahora, supongamos que no, que recién para esas fechas habrá nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

viernes, 11 de diciembre de 2020

GUNVARA Y LA TRIBU PERDIDA

Este es un comic-book, más que un libro o una novela gráfica, pero muy bien editado, con una presentación impecable, un papel de alto gramaje, todo pensado y cuidado con una calidad infrecuente para las editoriales chicas de nuestra región. La historieta en sí tiene 32 páginas y está bien, es una cantidad idónea para desarrollar sin sobresaltos la historia que se le ocurrió a Athos Pastore y a la que le dio forma el guion de Pablo Ontivero. Se trata de una epopeya clásica, que avanza todo el tiempo hacia la confrontación entre Buenos y Malos, y que se las ingenia para –en un contexto 100% fantástico- filtrar alguna reflexión acerca del poder, la corrupción y qué pasa cuando los gobernantes se cagan en los gobernados. Todo esto en un tono adusto, serio, con poco diálogo, sin toques de humor, y con una protagonista fría, distante, que hace un recorrido, una especie de aprendizaje durante estas páginas, pero no lo exterioriza, va todo por dentro. Así es como cobran mucho peso los silencios, lo cual es bastante lógico. Estamos muy acostumbrados a la fantasí épica en la que los guerreros hablan sin parar y hasta tiran juegos de palabras mientras se cagan a hachazos y espadazos, e incluso a aventuras de este tipo que meten globos de pensamiento durante las peleas con monstruos subacuáticos, en las que los personajes no pueden hablar. Como Pastore en Mano Oculta, acá Ontivero prefiere narrar la abundante acción en silencio, y recostarse sobre las habilidades expresivas del dibujante. Del dibujo de Luca Vassallo lo que más me gustó es el pin-up con el que ilustra la retiración de portada. Yo lo habría puesto en la tapa, frente-march. En las páginas interiores, creo que lo que más disfruté fue la solidez en la narrativa, el manejo siempre ajustado y criterioso de la puesta en página, que es muy cambiante a lo largo de la historia, pero que siempre ofrece sorpresas y logros. La estética en sí es rara, por momentos parece una mezcla entre un virtuoso de la imaginación y la fantasia tipo Patrice Killofer y un dibujante de los neo-clones de Kirby, tipo Benjamin Marra o Tom Scioli. O no, porque estos tipos exageran todo el tiempo el dinamismo de la acción, la hacen muy estridente, y Vassallo es cualquier cosa menos estridente. No sé bien con qué estilo emparentar esas figuras que en algunos momentos se ven muy estáticas. Por ahí más que en Kirby hay que pensar en Steve Ditko… no sé muy bien por dónde entrarle. Pero es un dibujo correcto, que se ensambla bien con la onda de la historia. Como Kirby y Ditko, Vassallo también opta por un mundo de colores planos, primarios, sin matices. Es un estilo de coloreado que realza el trabajo del dibujante con las formas, y con la manera en que combina esas distintas formas dentro de cada una de las viñetas. Y ahí sale a la luz otro mérito de Vassallo, que es el talento para componer la viñeta, ya sea un simple primer plano de un único personaje, o una toma amplia y grandilocuente, en la que vemos a decenas de personajes en acción, y además los fondos. Tengo la sensación de estar ante un dibujante raro y bueno, pero más bueno que raro. Si todo el comic estuviera dibujado como el pin-up de la retiración de contratapa, por ahí estaría hablando de un monstruo, de un crack con pasta de genio. Y no mucho más. Con sólo 32 páginas y poco texto, si me meto más a fondo en la trama, termino spoileando todo lo que pasa. Me limito a señalar que Pastore, Ontivero y Vassallo tienen la noble intención de encontrarle una vuelta de tuerca más a la típica epopeya fantástica de guerreros, monstruos y criaturas bizarras, y que se esfuerzan para que uno note que no se quieren copiar de ninguno de los grandes maestros que incursionaron en ese género. Si continúan con las aventuras de Gunvara, no tengo dudas de que van a terminar de agarrarle la mano al tipo de historias que quieren contar y que van a lograr un personaje fuerte, atractivo, que deslumbre tanto como los paisajes extraños y las criaturas alucinantes con las que Vassallo pobló a este mundo. Nada más, por hoy. Buen finde para tod@s y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.