el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 20 de diciembre de 2016

TRES DE REGRESO

Bueno, ya estoy de vuelta. Vamos con más reseñas.
Le di una posibilidad a RW: Rodolfo Walsh en Historietas, un libro que a priori no me había interesado mucho, porque al hojearlo me había parecido flojo el dibujo. Lo abrí sin saber qué me iba a encontrar: no sabía si eran relatos de Walsh adaptados al comic, o una biografía del mítico periodista y escritor. Finalmente descubrí que es casi lo segundo: son momentos elegidos en la vida de Walsh, que respetan el orden cronológico pero no se plantean como una biografía lineal, sino que tienen la sana intención de parecer episodios autoconclusivos.
Y bueno, no me pareció un espanto, pero tampoco lo recomiendo a nadie que no sea MUY fanático de Walsh. Los guiones de Gonzalo Pena son correctos, con los textos de Walsh bien integrados a las historias mediante diálogos y bloques de texto, pero sin hallazgos ni emociones para destacar. El dibujo de CJ Camba tiene algunos momentos interesantes y muchos muy aburridos. Lo mejor que ofrece es el manejo de las tramas de grises y lo más flojo se ve cuando mezcla distintas técnicas de entintado algunas de las cuales no maneja con solvencia. La historieta mejor dibujada es la más breve, RW en Palestina.
Seguimos con historietas basadas en hechos reales y estaba debiendo un comentario acerca del Vol.2 de 36-39: Malos Tiempos, segunda entrega de esta anti-epopeya de Carlos Giménez ambientada en la Guerra Civil Española. Esta vez, Giménez se concentra en la vida de Marcelino y su familia, que resisten en la Madrid sitiada por las fuerzas de Francisco Franco. Una ciudad que vibra cada noche al ritmo de los bombardeos y en la que las condiciones de vida son cada día más precarias, porque escasea lo más básico, que son los alimentos. Giménez no escatima escenas escabrosas en las que vemos nenes y ancianos cagados de hambre, pero va más allá del golpe bajo.
36-39 es un compendio de breves historias atroces, desgarradoras, donde no existen los héroes, ni la esperanza, ni la más remota posibilidad de un final feliz, a las que el trazo caricaturesco, suelto, vibrante del autor trata de restarle un poquito de oscuridad. La última historieta (la más extensa) tiene 15 páginas y es la única en la que Giménez desarrolla personajes por afuera de Marcelino, Lucía y sus hijos. Es como un autoconclusivo dentro de este tapiz de historias cortas y además es una joya, un relato de una intensidad y una crudeza tremendamente impactantes. Me faltan los Vol.3 y 4 de esta colección, que nunca los vi. Acepto donaciones.
Me voy al otro extremo, a una historia tan fantástica que transcurre en una realidad alternativa en la que el Imperio Británico rige supremo aún a principios del Siglo XXI. Se trata de Heart of the Empire, la secuela a la gloriosa The Adventures of Luther Arkwright, del maestro inglés Bryan Talbot. Rápidamente te digo que no, que Heart of the Empire no está al nivel de aquella gema. No sólo porque casi no aparece Luther, sino que hay varias diferencias más: al estar pensado para color, Talbot se controla mucho en el dibujo. Acá no vas a ver todo ese despliegue fastuoso de texturas, tramitas y efectos de iluminación que usaba el ídolo para darle fuerza al dibujo en blanco y negro, sino que hay una línea más power y menos sobrecargada, a la que luego Talbot complementa con el color (que está muy bien). Además, hay menos viñetas por página y más secuencias mudas.
El argumento está muy bien, pero un toque estirado. Hay un in crescendo hacia una secuencia final en la que Talbot te agarra de la garganta y te estrangula, en un montaje apasionante entre distintas escenas que transcurren al mismo tiempo, pero en distintos escenarios. Hasta llegar ahí, tenemos intriga política, machaca, sexo, ciencia-ficción, bajada de línea anti-monárquica y anti-eclesiástica, romance, misterio, realidades paralelas, terror… Una historia muy ganchera, con muchos personajes interesantes y muchos momentos fuertes. Por momentos, en esas escenas en las que Talbot detona el climax de la historia, aparecen los fantasmas de Moebius y Jodorowsky, o de Katsuhiro Otomo, pero no porque Talbot los copie, sino porque capta a la perfección esa sensación inquietante, inmensa, de “se pudre todo” que nos hicieron vivir Akira o El Incal. Si te gustó The Adventures of Luther Arkwright, no tenés ninguna opción más que entrarle a Heart of the Empire. Si no la leíste, o no te gustó, hay obras de Bryan Talbot que (creo yo) te van a cebar más.
Me queda pendiente la reseña del Vol.4 de Wonder Woman, que va a estar acá la próxima vez que postee.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

22/ 12: NEMESIS THE WARLOCK Vol.1


Vuelvo a Inglaterra, a principios de los ´80, a encontrarme con otra de las grandes creaciones del maestro Pat Mills. No quiero reiterar la perorata acerca de este prócer del comic británico poco conocido en los países de habla hispana. En todo caso, recomiendo hacer click en la etiqueta y leer (o releer) la reseña de A.B.C. Warriors.
Nemesis the Warlock empezó como una idea limada más entre un montón de ideas limadas que Mills y el genial Kevin O´Neill tiraron para un unitario en la 2000 A.D.. A ese unitario le siguió otro, después se replanteó la idea para convertirla en un serial de largo aliento y cuando se quisieron dar cuenta, había nacido una de las duplas más fértiles de los ´80, responsable además de Marshal Law, la obra que los hizo realmente conocidos en los EEUU.
La serie narra, a grandes rasgos, el conflicto cruento, salvaje, a todo o nada entre Nemesis, un demonio con superpoderes oriundo del planeta Gandarva, y Tomás Torquemada, el Gran Inquisidor del planeta Termight (otrora la Tierra), fanático xenófobo que lidera ejércitos enteros de terminators con un único objetivo: el exterminio definitivo de todos los alienígenas, no sólo en Termight, sino en todos los planetas del vasto imperio con sede en este. A lo largo de las primeras cuatro sagas (sí, este tomo trae CUATRO sagas completas, cientos y cientos de páginas originalmente publicadas en episodios semanales de ocho páginas), Mills nos deja en claro que el demonio que le da título a la historieta es tan protagonista de la misma como el maligno genocida al que se enfrenta. Olvidate del héroe bueno, íntegro y moralista: Nemesis a veces le gana a Torquemada porque juega más sucio que él. Esto tiene más sabor a comic europeo para adultos (en realidad, para adolescentes) que a clásica saga de superhéroes, con niveles de crueldad, violencia y torturas realmente zarpado.
La última de las cuatro sagas (la del planeta Gothic, donde los aliens imitan la forma de vida de la Inglaterra victoriana) es la más floja a nivel guión, pero Mills la levanta con una astuta triquiñuela: la de integrar esta saga al universo que ya venía explorando en series como Ro-Busters y A.B.C. Warriors. Al sumar personajes ya conocidos por el lector, le agrega complejidad a una trama medio gastada, sin perder tiempo en explicar quién es y de qué juega cada nuevo jugador. Y las tres primeras sagas son cátedras, con muy buenas ideas, muchísima acción, mucho desarrollo de personajes, humor negro, runfla política y constante bajada de línea contra la xenofobia (hay que mandarle un tomo a Mauricio, a ver si lo entiende).
Kevin O´Neill dibuja la primera y la tercera saga, y entre una y otra mejora una barbaridad. Y empezó en un nivel altísimo, así que imaginate cómo termina. Hay momentos en los que la creatividad de O´Neill explota, desborda los confines de la historia, estalla en miles de esquirlas desaforadas (de las cuales una se le clavó en el cerebro a Quique Alcatena), pero el tipo jamás se olvida de que esto es comic y que hay que usar el dibujo para narrar. Impresionante.
La segunda saga la dibuja el español Jesús Redondo, un tipo más clásico, de gran manejo del claroscuro, una especie de Juan Zanotto con cositas de Carlos Ezquerra y Alfonso Font. Y en la cuarta saga tenemos uno de los primeros trabajos del maestro Bryan Talbot, acá en su estilo más barroco, más sobrecargado, más dark y a la vez con algunos toques caricaturescos (que recuerdan a la época under de Richard Corben) que después va a dejar de lado. Si leíste Luther Arkwright (y si no, leelo ya), sabés que a Talbot le encanta recrear ambientaciones históricas con un twist fantástico, y acá Mills se la sirve en bandeja. Talbot no deja un centro sin cabecear y se brinda entero en más de 80 páginas dibujadas en un nivel muy, pero muy notable, infrecuente en un dibujante poco curtido.
Nemesis the Warlock es comic de entretenimiento, pensado para atrapar semana a semana a los jóvenes lectores (varones, obvio) de la 2000 A.D. de hace 30 años. Pero Mills y sus dibujantes le pusieron la pasión y el talento suficientes como para que hoy se lea no como una verduleada hecha por kilo, sino como un comic de alto impacto, intenso, potente y con una impronta autoral mucho más marcada que en casi cualquier otro comic del mainstream británico. Muy grosso.

domingo, 19 de septiembre de 2010

19/ 09: THE TALE OF ONE BAD RAT


Hace un tiempito nombré en una reseña al maestro británico Bryan Talbot y hubo algún comentario de lectores que no lo conocían. Bueno, además de ser un autor importantísimo tanto en la revista 2000 A.D. como en la línea Vertigo, Talbot tiene varias obras que son 100% comic de autor. Una es una saga bastante conocida, llamada The Adventures of Luther Arkwright, con una onda de epopeya a la Michael Moorcock. Y la más ovacionada, la que más revuelo causó y más premios le dio fue esta, The Tale of One Bad Rat, publicada originalmente en 1995, en Dark Horse.
Por ahí leída hoy no es para tanto, pero hace 15 años todavía no había muchas historietas que hablaran abiertamente y sin tapujos de un tema tan espinoso como el abuso sexual de una nena a manos de su padre. The Tale… trata básicamente de eso, de cómo Helen reacciona, escapa y finalmente confronta a los demonios que pueblan su alma, siniestras secuelas de reiterados abusos por parte de su padre, un tipo que la va de copado, de simpático, hasta de canchero, pero es un degenerado, hipócrita y egoísta, al que querés ver muerto cuanto antes. Pero no. Acá no hay muerte, casi ni hay violencia, no hay una historia de buenos contra malos, y la justicia jamás llega a imponerse.
Talbot apuesta mucho más al intimismo, al proceso interno por el cual Helen trata de recomponer su vida tras los tormentos que sufrió en su infancia y primeros años de la pubertad. Helen –con motivos de sobra- es una chica retraída, poco dada a entablar relación con sus semejantes, fóbica al contacto físico, pero de gran inteligencia y sensiblidad. Su conflictuado mundo interior se plasma en dibujos pesadillescos y en sus diálogos, muy bien elaborados, con la rata que tiene como mascota, e incluso con el recuerdo de la rata, una vez que esta muere. Pocas veces un comic logra que nos compenetremos tanto con un protagonista. No van ni 25 páginas de la historia y uno ya se olvidó por completo de que Helen no existe, de que la inventó Bryan Talbot, de que es apenas un dibujo impreso en un papel. Helen existe, de una. Y nos la creemos, la entendemos, sufrimos y nos alegramos con ella y mucho antes de la escena fundamental, crucial, en la que finalmente enfrenta a su padre, ya sabíamos todo lo que le iba a decir, porque era lo que todos sentíamos. No es fácil lograr eso, pero Talbot lo hizo.
Por ahí el “pero”, el obstáculo que me impidió disfrutar la historia al 100% es mi propia ignorancia: The Tale… tiene muchísimas referencias a la vida y la obra de una escritora inglesa, Beatrix Potter, famosísima autora de libros infantiles que ella misma ilustraba, pero a la que yo desconocía hasta ayer. Así es como quedé pagando un montón de veces y me perdí un montón de guiños, en este paralelismo que arma Talbot entre el periplo de Helen y el de la escritora a la que la protagonista venera. No es que si no conocés la obra de Potter no se entiende nada. Se entiende todo, pero te perdés ese “algo más”. Lo mismo sucede con la geografía inglesa. Hay muchos nombres de lugares con los que probablemente no estés familiarizado, y bueno, hay que remarla o leer la obra con un mapa de Inglaterra a mano.
Talbot saca un jugo enorme de las locaciones que elige para su historia. Las dibuja con maestría y a la vez las homenajea. La onda de The Tale… es sumamente realista, y a la vez está la intención de que pueda ser leída por gente que habitualmente no consume comics, con lo cual el maestro controla su virtuosismo, lo adapta a un esquema mucho más documental que épico, donde la tragedia cotidiana le gana a la fantasía y a la estridencia. El dibujo es perfecto, sin mayores sorpresas en cuanto a la narrativa, pero de gran calidad técnica y de alto impacto emotivo. Por supuesto está basado en referencias fotográficas, pero de todos modos es muy notable el trabajo del autor en los fondos, los vestuarios y el lenguaje gestual de los personajes.
Hoy, que estamos re-curtidos de leer historias escabrosas, jodidas, incómodas como tampón de virulana, The Tale of One Bad Rat no causa el impacto que causaba en 1995, pero sin ser predecible ni obvia, sin caer en la sordidez ni en la desesperanza, atrapa, conmueve y baja línea con elegancia. Y eso es grosso en el ´95, en el 2010 y cuando sea que te pinte leerla.