A fines de 1999, cuando todavía no había empezado el reinado mágico de Joe Quesada y Bill Jemas y cuando faltaban años para que el personaje cobrara chapa de la mano de Scarlett Johansson y las pelis masivas, alguien en Marvel decidió darle la oportunidad de brillar a Black Widow, la eterna segundona.
A la hora de buscar guionista, fueron a la opción más obvia: Devin Grayson, que por aquel entonces escribía Catwoman en DC. En sólo tres episodios, Grayson tenía que pilotear un desafío bravo: reconciliar a Natasha con su pasado como espía y presentarnos a una nueva Black Widow, una chica joven, inexperta, hambrienta de gloria y absolutamente leal a Rusia (en contrapunto con Natasha, que en los ´60 traicionó y se pasó al bando de los yankis). Todo esto, atravesado por una aventura, claro, porque para que este tipo de comics funcionen, los personajes tienen que vivir situaciones límite cada 22 páginas. En una demostración de vanguardismo, Grayson elige como villanos a los fundamentalistas islámicos, dos años antes de los antentados en las Torres Gemelas y el Pentágono. Diez años después, Pierre Christin elegiría a los mismos villanos para la historieta que vimos ayer, aunque obviamente con más huevos, porque te dice claramente que son de Georgia (no de “Rhapastan”) y por lo que veíamos ayer del cuidado meticuloso por conservar el verosímil. Lo de Grayson es mil veces más pochoclero, repleto de escenas de alto impacto, pero claro, el verosímil queda más roto que cuando Prat Gay y Lilita Carrió se definen como “de centroizquierda”.
Y en el dibujo hubo un poquito más de riesgo: el elegido fue J.G. Jones, que en ese momento no era un artista cotizado, ni mucho menos. De hecho, este fue su primer trabajo para una de las “big two”. Pero qué trabajo, maestro! No sé cuánto tardó Jones para dibujar esas 66 páginas, ni cuántos asistentes metieron mano. Lo cierto es que es un trabajo absolutamente consagratorio al que no sé si logró superar en los 14 años transcurridos desde entonces. Esto es dibujo académico-realista de gran nivel, con la referencia fotográfica muy bien integrada, una gran simbiosis con los coloristas, miles de truquitos para darle ritmo a la narrativa y un preciocismo muy fino, como para dotar al pochoclo de una cierta pátina de sofisticación. Gran labor, en serio.
A todo esto, el TPB ofrece una segunda miniserie de tres episodios, y de nuevo hacen la obvia: a Grayson se suma Greg Rucka, que la acababa de romper con el debut de Queen & Country, otra serie de espionaje con protagonista mujer. Esta vez la aventura ocupa un rol casi secundario. A Grayson y Rucka les interesa más bucear en la mente de Yelena Belova (la nueva Black Widow) para definir mejor quién es, cómo se va a relacionar con Natasha y desde dónde va a encarar su laburo como agente del recontra-espionaje. Para eso arman una trama muy psicológica, con psicopateadas al límite, bastante ganchera aunque aún menos verosímil que la anterior. La acción transcurre en New York (en el barrio donde paré yo en Octubre) y eso permite que venga a jugar con las viudas el querido Daredevil, un personaje que garpa incluso cuando lo ponen de suplente, a jugar los últimos 10 minutos del partido. Nick Fury también aparece, pero aporta poquito.
El dibujo está a cargo del glorioso Scott Hampton, un dibujante de la línea pictórica, a quien uno relaciona mucho más con historias de castillos, hadas, duendes y criaturas fantásticas que con una de machaca urbana en el Upper West Side. El maestro igual se la banca: dibuja lindas peleas, hermosos primeros planos y cuando no puede zafar de dibujar los fondos, retrata las locaciones de New York con magia, sutileza e inobjetable criterio estético.
Ninguna de las dos saguitas son joyas y a la vez ninguna de las dos falla en sus propósitos. O sea que si sos fan de Black Widow, o de alguno de los cuatro autores mencionados, o te parece interesante el rol de los espías y agentes onda James Bond o Golgo 13 en un mundo en el que existen los superhéroes, en este libro vas a encontrar buenas dosis de machaca, buenos diálogos, muchas situaciones fuertes y –como bonus track- la presentación de una nueva Viuda. No sé si Yelena Belova hoy sigue activa, pero acá muestra condiciones para meterse en el grupito de los personajes atractivos a los que estaría bueno verlos desarrollarse más. Hay por lo menos un TPB más de Black Widow que no tengo y me interesa leer, así que voy por él.
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viernes, 28 de junio de 2013
28/ 06: BLACK WIDOW
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sábado, 29 de enero de 2011
29/ 01: WANTED

Es el año 1986. Los supervillanos más grossos se organizan, forman una alianza y deciden acabar para siempre con los superhéroes. Tras la primera masacre, salen a invadir tierras paralelas y mundos siderales para conseguir más y mejores armas y, ya que estamos, cometer un par de genocidios más. Cuando la situación está bajo control y los héroes son boleta o están prisioneros, los villanos combinan poderes mágicos con hiper-tecnología alienígena y crean una máquina capaz de reconstruir la realidad. En el nuevo mundo, los superhéroes son un vago recuerdo, o se los considera ficción para adolescentes. Y nadie ve a los villanos como villanos. Son simplemente el poder detrás del poder, con total impunidad para gozar a pleno esta realidad pensada a su medida, demasiado parecida a la nuestra. Pero claro, como toda runfla entre villanos, esta se empieza a resquebrajar, porque nunca falta el turro pasado de rosca cuyos juramentos valen menos que una cucaracha muerta envuelta en papel higiénico usado. La misterosa muerte de Killer (un grosso con el poder de no errar jamás un disparo) embarra la cancha y la tensión entre facciones crece. Es hora de que el bando del Profesor Solomon Seltzer reclute a un nuevo Killer.
Sos Wesley Gibson, un loser consumado. Laburás en un cubículo de mierda en una oficina de mierda y tu jefa es una gorda de mierda que te caga a pedos las 24 horas. Sos asmático, te cebás con los videogames y tu novia está más o menos buena, pero se encama con tu mejor amigo. La rutina te aplasta y querés aferrarte a la ilusión de que estás para más, pero no tenés con qué. De pronto se te aparece un minón infernal, con unos chumbos y unas gomas impresionantes y te dice “Tu viejo fue un super-asesino grossísimo, miembro del selecto grupo que domina al mundo y queremos que vos tomes su lugar, en el grupo y en mi cama”.
¿Qué hacés? ¿Dejás tu vida de mierda para aliarte con genocidas inescrupulosos que te enseñan a matar y torturar? ¿Cambiás angustias y humillaciones por guita, sexo e impunidad sin límites? ¿Te jugás a bañarte en sangre con tal de zafar de la rutina?
Wesley Gibson votó por el sí.
Con este genial planteo arranca Wanted, una obra escrita por Mark Millar y dibujada por J.G. Jones para el sello Top Cow de Image. Wanted es un comic deconstructivista, una versión dark del género de los superhéroes al filo de la realidad. Los protagonistas están más allá de toda redención. Entre ellos, los asesinatos, la pedofilia, la tortura, la violación y la perversión en todas sus formas son moneda corriente. Y sí, putean más que en Preacher, Hate o cualquier otro comic guarango que hayas leído en tu vida.
Hay un villano que tiene sexo con cabras, otro que tiene síndrome de Down y otro que está íntegramente compuesto de caca. Algunos tienen resonancias bastante obvias con los villanos de Marvel y DC y otros son increíblemente originales. Pero la genialidad de Mark Millar excede ampliamente el hábil manejo de las referencias geeks. Wanted tiene un ritmo frenético, personajes de enorme riqueza, una trama compleja y bien desarrollada, giros impredecibles y algunos de los mejores dialogos jamás escritos.
Pero tal vez el hallazgo más notorio de la saga sea que ensambla de un modo perfectamente creíble y 100% original el mundo maniqueo, colorinche e ingenuo de los comics pre-Watchmen y Dark Knight (fechar la toma del poder por parte de los villanos en 1986 no es casual, ni a palos) y el nuestro. Esta realidad que vivimos a diario, en la que los corruptos se nos cagan de risa en la cara y los jefes nos basurean mientras dejamos la vida en laburo choto que nos paga tres mangos, no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que el Bien y la Justicia contaban con poderosos aliados, de trajes estridentes y moral inquebrantable. Esta mierda en la que vivimos hoy, se la debemos a los villanos. El nuestro es –sobran las pruebas- un mundo en el que ganaron los malos.
El trabajo de J.G. Jones también es consagratorio. Acá abandona con éxito su preciocismo y su elegancia características para acompañar a un guión mucho más “sucio” y en el proceso, aparecen con fuerza sus dotes de gran narrador, con muchos toques del mejor Dave Gibbons. Jones hace todo bien, desde salpicar la acción con gore hasta rendirle homenaje a los historietistas de los ’70 en los flashbacks, sin descuidar las expresiones faciales (importantísimas en un guión tan psycho) ni los fondos. Un capo.
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