el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 6 de diciembre de 2019

VIERNES DE VERANITO

Hermoso clima en Buenos Aires en el último finde de la chetocracia, casualmente compuesto por los días 6-7-8. Y mientras nos preparamos para iniciar los festejos, no está mal clavar un par de reseñitas de los últimos libros que leí.
Mirá quién volvió: nada menos que Tarzan, con un librito de 1996 que reúne dos historietas realizadas por Russ Manning a mediados de los ´70, que estaban inéditas en EEUU. El maestro Manning realizó este material por encargo de editoriales de Europa (donde desde siempre la demanda de comics de Tarzan es mayor que en nuestro continente), tomando levemente como base algunos relatos de Edgar Rice Burroughs. El resultado son dos novelitas de 50 páginas cada una, que conforman un díptico porque ambas (The Land that Time Forgot y The Pool of Time) están ambientadas en la misteriosa isla de Caspak. ¿Qué hace Tarzan lejos de Africa, en una isla del Pacífico cerca de Perú? La explicación no me cerró en lo más mínimo.
En general, nada del argumento me cerró en lo más mínimo. Los guiones son una sucesión de peripecias extremas, hilvanadas de modo caprichoso de modo tal que cada dos o tres páginas Tarzan y sus aliados tengan que enfrentar peligros mortales. En vez de fieras africanas hay animales prehistóricos y en vez de bravos guerreros del continente negro tenemos cavernícolas, pero básicamente esto es más de lo mismo: aventura clásica sin profundidad ni sorpresas. Lo único apenitas zarpado es que cuando Manning habla del terrible trato que estos cavernícolas intentan darle a las mujeres (todas hermosas y de cuerpos esculturales) queda bastane claro que se refiere a abusos de tipo sexual, aunque el dibujo no lo grafique. Todo lo demás suena antiguo, remanido, blandito. Las peleas sin sangre, los diálogos acartonados, los villanos estereotipados… Muy poco para rescatar en este aspecto.
Por suerte, el dibujo de Manning es muy lindo, muy plástico. También un poco pecho frío, a años luz de lo que para esta misma época hacía Joe Kubert en los comics de Tarzan que editaba DC, o incluso lo que hacía Gil Kane en las planchas que salían en los diarios. Manning se luce sobre todo cuando muestra a lo personajes en acción, de cuerpo entero. Los primeros planos me gustan bastante menos que esas tomas panorámicas, en las que el maestro también dejaba la vida en los fondos. Y me gustó también la puesta en página, muy funcional al ritmo de los relatos. O sea que si sos fan de Russ Manning, este librito es poco menos que imprescindible aunque sea por los dibujos. Y si sos fan de Tarzan, por ahí no, no te aporta demasiado. Si no sos fan ni del autor ni del personaje, ni te acerques porque no tiene ningún sentido.
Vuelvo a Argentina, año 2019, y me reencuentro con Rocío Ogñenovich (vimos un trabajo suyo el 27/10/19), quien a lo largo de 48 páginas presenta el inicio de una saga llamada Hera. Visto de lejos, es un comic precioso, parecido en su estética a un título cool de Image. Las tonalidades de color en la portada, el logo, todo va para ese lado, muy atractivo.
Después, a la hora de internarse en la historia, aparece un dibujo que evidencia algunos problemas a medida que la autora plantea planos más amplios. A la inversa de lo que comentaba recién de Russ Manning, los primeros planos de Ogñenovich son muy buenos, mientras que los planos más abiertos, donde los personajes se ven de cuerpo entero, me convencieron mucho menos. El color (rubro en el que la autora contó con la colaboración de Alejandro Basso) está muy bien logrado de punta a punta del tomito y ayuda bastante.
Pero Hera falla en lo más importante, que es la trama. Hay un conflicto, pero es leve, poco ganchero, y se explicita cuando ya van casi 30 páginas de… preludio a la aventura, que se liquida rápido y deja muchísimas puntas abiertas. La consigna ya la leí mil veces (una chica del mundo real pasa a un mundo fantástico con hechiceros, dragones, castillos, etc.) y la verdad es que, para que me enganche con algo tan trillado, hay que pelar personajes y diálogos bastante más interesante que los que me ofreció Hera. No descarto en lo más mínimo que el guión pueda mejorar en las entregas posteriores, pero estas 48 páginas me dejaron con gusto a poco. Una pena, porque la calidad de la portada y de la edición en general son realmente infrecuentes en nuestro mini-mercado.   
Nada más por hoy. ¿Habrá otro posteo antes de que asuman Alberto y Cristina? Ni idea, en una de esas hay. Y cierro con la noticia de que el 28/12, para los festejos de los 10 años del blog, vamos a tener la presencia de Nicolás Gath (Tierra-X), Gonzalo Ruiz (9 Paneles) y Matías Mir (Ouroboros, Zinerama), tres jóvenes referentes de la difusión del comic en las redes a los que sigo a todas partes y que me van a estar acompañando para pensar en voz alta sobre este tema. Un honor, posta.


domingo, 27 de octubre de 2019

MAS TAPAS GRISES

Casualmente los dos libritos que tengo leídos tienen portadas sin color, resueltas con blanco, negro y grises. Y la de Ryuko (reseñada el último jueves) también. No es lo más común leer uno atrás del otro tres comics con tapas grises, por eso me llamó tanto la atención la coincidencia.
Empiezo con Puertadeluz, una novela gráfica de 2017 del maestro español Luis Bustos, quien –me da la sensación- no tiene muchos fans de este lado del Atlántico.
Puertadeluz es un thriller tremendo, de asfixiante intensidad, sutilmente decorado con una aguda bajada de línea socio-política. Es difícil contar algo del argumento sin spoilear, por eso voy a ser muy breve. Bustos nos ofrece 120 páginas de tensión, suspenso y estallidos de violencia pensados para estremecernos de punta a punta, y todo eso está muy bien. La construcción de los protagonistas (Antonio y su hija Alicia) también está muy lograda, la irrupción de ciertos elementos de ciencia-ficción no deslucen para nada una trama cuyo principal atractivo es que se siente muy cercana… Entonces, ¿qué fue lo que no me cerró de Puertadeluz, como para no ponerla al (magnífico) nivel de las otras obras de Bustos que leí en los últimos años? Me parece que esta vez se nota demasiado que la gran mayoría de los recursos narrativos que pone en juego el autor (que son muchos y muy efectivos) tienen como principal objetivo estirar, desplegar en 120 páginas una historia que –sin ninguna duda- se podía contar en 48.
Por supuesto, muchos de esos recursos contribuyen también a crear ese clima espeso, jodido como enema de chimichurri, que tanto contribuye al disfrute de la obra. Y además la estirada nos permite contemplar en todo su esplendor el dibujo de Bustos, que es extraordinario. Su manejo de la secuencia, de la aplicación de los grises, esas manchas, esos esfumados, esos fondos demoledores (con la referencia fotográfica perfectamente integrada al grafismo del autor), las expresiones faciales, la acción… Todos esos aciertos que ya habíamos visto (por ejemplo) en los dos tomos de ¡García!, acá aparecen otra vez, con su potencia expresiva intacta.
Y bueno, tengo un buen guión, buenos personajes y un dibujo de la recontra San Puta. ¿Me puedo quejar de la desmedida extensión de la obra? Obviamente sí, pero eso no es óbice para recomendar Puertadeluz a los fans de Bustos, de la buena historieta española o de los thrillers a todo a nada, que no te dejan respirar hasta que no llegás a la última viñeta.
Me vengo a Argentina, a 2019, cuando el sello OK Ediciones (capitaneado por el matrimonio de Rocío Ogñenovich y Sebastián Koziner) lanza el primer tomo de Crónicas de Ciudad Estrella, escrito y dibujado por Rocío. A lo largo de 60 páginas, el comic nos introduce en una ciudad en la que co-existen los elfos, las hadas y los hechiceros, pero todo visto desde los ojos de un inspector de homicidios común y corriente, que debe investigar un crimen siguiendo el típico procedimiento policial. La idea está buena y de hecho, las primeras 40 páginas se me hicieron bastante llevaderas a pesar de que hay varios momentos en los que Ogñenovich se zarpa con la cantidad de texto que mete en cada página. Para el último tercio, cuando queda bastante claro quién es el asesino, el guión perdió rápidamente mi interés, y me costó terminar el librito. La extensión de los bloques de texto le jugó en contra, los diálogos tienen alguna falta de ortografía y muchas frases que no me sonaron bien al oído, y la tipografía tampoco me sedujo en lo más mínimo. O sea que lo único que me mantenía enganchado era la trama, y cuando esta se hizo obvia, mi conexión con el relato de Ogñenovich se desvaneció.
El dibujo, por su parte, evidencia unas cuantas limitaciones. Desde la obvia repetición de los enfoques, hasta los problemas que tiene Ogñenovich en la anatomía cuando tiene que mostrar a la figura humana vista de lejos. La buena intención de complementar un claroscuro fuerte con grises aplicados en el photoshop se desvirtúa un poco cuando –además de los grises- empiezan a aparecer un montón de efectos (brillos, degradés, texturas locas atrás de los personajes) que sobrecargan de información a las viñetas y no llegan a ocultar el hecho de que los fondos escasean bastante y, cuando aparecen, no están muy logrados.
Sin dudas hay mucho para mejorar, tanto a nivel guión como a nivel dibujo, para que Crónicas de Ciudad Estrella emerja como una opción atractiva dentro del panorama actual de la historieta argentina. Veremos con qué me encuentro cuando salga el Vol.2… o incluso mucho antes, porque tengo para leer pronto otro trabajo de Rocío Ogñenovich.

Gracias por estar ahí, festejemos juntos y en paz el fin de la mentira amarilla, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.