el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 22 de abril de 2024

LUNES CON SUEÑO

Hoy no dormí siesta y estoy llegando a la hora de cenar prácticamente dormido, en un estado muy similar al de un zombie. Pero igual me animo a clavar un par de reseñas, así no quedan para mañana... Hace más de 11 años, el 14/01/13, me tocó leer una novela gráfica de David B. que me encantó, y ahora abro el Vol.1 de Por los Caminos Oscuros y me entero (por un texto) que acá el ídolo retoma a algunos personajes de aquella obra. La verdad que, si no me avisaban, no me daba cuenta. Apenas si me sonaba familiar el tema de que David B. ambientara una historieta en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, una vez leído el álbum, me convencí de que me quisieron vender humo. Puede ser que Por los Caminos Oscuros y La Lectura algunos sean parte de un mismo universo y que algunos de los personajes sean los mismos. Pero no es relevante en términos de la narración, no sólo porque acá no se hace mención a las aventuras vividas anteriormente por los personajes, sino sobre todo porque el clima y la onda del relato son otros. Básicamente, en Por los Caminos Oscuros el autor de deshace de los elementos fantásticos de La Lectura..., que eran maravillosos y daban para mil historias más. Ahora el planteo no es exactamente "realista", pero se circunscribe a situaciones extremas, rayanas en el absurdo, que podrían haber sucedido en Italia del mundo real en los años 1919 y 1920. Esto ya no parece un comic europeo con ideas prestadas de la Doom Patrol de Grant Morrison, sino que -como aquel álbum de Joann Sfar que vimos el 05/10/23- tiene situaciones que parecen conectar con un sketch de Cha-Cha-Cha. Hay mucha acción, hay una historia romántica, hay tiros y peleas a granel, pero la trama principal pasa por la política y David B. se la toma MUY en joda. Cada vez que un tiroteo, una persecución o un violento combate entre borrachines o delincuentes amaga con teñir a la obra de un cierto filo dramático, volvemos al desopilante gobierno de la república de Fiume y a su líder, el idiosincrático Gabriele D´Annunzio, y se hace inevitable sonreir, o cagarse de risa de los diálogos y las secuencias limadas que comparte con su gabinete de asesores. Por ese sendero transita este primer álbum, interesante, entretenido, pero raro, porque nunca te podés tomar muy en serio lo que pasa. David B. muestra atrocidades, pero no sabés si te tienen que estremecer, o si están ahí para acentuar la sensación de delirio y kilombo generalizados. La narrativa es increíble (sobre todo en las últimas páginas, donde el propio armado de las secuencias subraya que la trama se fue totalmente del control de los personajes) y el dibujo es glorioso, con momentos en los que el francés se hace medio cubista, en un registro entre Pablo Picasso y Javier Olivares que combina perfecto con su apabullante manejo del claroscuro y del color. Veremos con qué me encuentro en el Vol.2. Por ahora, me cuesta poner a Por los Caminos Oscuros al altísimo nivel de La Lectura de las Ruinas.
Vamos con otra serie de Image escrita por Rick Remender que tenia colgada hace mil años. Le entré al Vol.3 de Low (el Vol.2 lo comentamos un lejano 19/12/19), que trae los nºs 11 al 15 de esta saga dibujada como los dioses por Greg Tocchini... y me transmitió con tanta fuerza la sensación de que estamos a milímetros del final, que me tuve que fijar en qué número termina. Y no, termina en el nº26, que es doble. O sea que me falta leer una cantidad de páginas bastante importante antes de que esta historia de ciencia ficción extrema y subacuática llegue a su fin. No sé con qué me sorprenderá Remender en los episodios que tengo por delante, pero estos me impactaron bastante, porque el guionista no da respiro. Low te tira un misil atrás de otro, te tiene como loco, atrapado en las redes de la aventura sin tregua de Stel Caine y sus hijas. Este es un tomo de palo y palo, a pura acción, pero también con mucho desarrollo de personajes, especialmente Tajo y Della. La idea de narrar dos historias en paralelo (Stel por un lado, las hijas por el otro) multiplica los cliffhangers medio al pedo, pero te garantiza que no te aburras nunca, porque cada 20 páginas cambian totalmente la ambientación, la situación, los protagonistas, los secundarios y los villanos. Y como dije al principio, la historia avanza tanto, que tuve chequear cuántos episodios quedan para no convencerme de que ya estamos a un pasito del final. Buena parte de lo que hasta ahora era la premisa de la serie se desbarata al final de este tomo, así que lo que viene a futuro puede ser absolutamente impredecible, para bien y para mal. Pero le tengo fe, que de eso se trata Low. Cuando reseñé el Vol.2 hablé mucho y muy bien del trabajo de Greg Tocchini, y acá está incluso más afianzado, en ese estilo a medio camino entre Neal Adams y Matías Bergara. La calidad no baja nunca, las emociones que transmite el dibujo (y el color del bestial Dave McCaig) tampoco, y página a página te encontrás con cosas que nunca pensaste que ibas a ver dibujadas en un comic. Criaturas, ciudades, vehículos, armas, todo un mundo (o dos) creados por un dibujante inspiradísimo y sumamente generoso a la hora de ponerle detalles alucinantes a cada una de las viñetas. El último episodio del tomo abre con una viñeta imposiblemente compleja y difícil de dibujar... y después los fondos escasean bastante. Pero Tocchini compensa con juegos muy impactantes en la puesta en página que garpan un montón. Espero no comerme otro bache de más de cuatro años para conseguir y leer el Vol.4, porque quedé muy manija con esta serie. Y nada más, por hoy. Nos encontramos el miércoles a las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando para compartir una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta con tod@s l@s que quieran participar. Y obviamente trataré de volver a postear pronto, acá en el blog.

jueves, 19 de diciembre de 2019

ULTIMO JUEVES DE PRIMAVERA

Ya se viene el verano, la ridiculez de la Navidad, fin de año… un kilombo bárbaro que se repite año tras año. Y uno mientras tanto prende el ventilador para cagarse un poco menos de calor y clava el orto en la silla para reseñar los últimos libritos leídos.
Hace un par de semanas, el 04/12/19, me tocó comentar el Vol.1 de Low y prometí entrarle pronto al Vol.2. Ahora cumplo, pero me encuentro con un tomo mucho más finito que el anterior, con apenas cuatro episodios, donde encima las tramas avanzan muy poco. Es el típico « tomo de pretemporada », en el que el guionista (en este caso Rick Remender) baja ocho cambios, presenta a algún personaje nuevo o profundiza en algún secundario al que se le dio poca bola en el tomo anterior, pasa en limpio lo más relevante de lo sucedido hasta el momento (ante la posibilidad de que se enganchen nuevos lectores) y tira algunas puntas de hacia dónde se puede llegar a encauzar la historia en la siguiente saga power, que por supuesto ya se está cocinando a fuego lento.
Básicamente esas son las aristas que explora Remender en este tomo que, sin ser olvidable ni prescindible, es menor comparado con la ambición que le aplaudíamos al Vol.1. El tema de la esperanza, que en la primera parte era importante, acá es excluyente. Remender la manda bien al frente y la subraya, la resalta con marcador flúo para que hasta el último subnormal entienda que la cosa va a pasar por ahí. Y bueno, también hay aventura, machaca, romance y un poquito de runfla política.
De todos modos, lo que te garantiza que vas a volver a comprar el siguiente TPB ni bien lo veas es el dibujo de Greg Tocchini, a un nivel descomunal, realmente alucinante tanto cuando se colorea él mismo como cuando delega esa tarea en Dave McCaig. Low sigue impactando sobre todo por el despliegue visual, el pandemonium de naves, armas, trajes, ciudades, criaturas, razas enteras a las que el trazo mágico de Tocchini les da vida como si fuera una boludez, como si cualquiera pudiera hacer una cosa semejante. Tocchini da cátedra en todos los rubros del dibujo y no cae en la tentación de volverse barroco, o sobrecargado, o de distraernos de lo que Remender nos quiere contar. Un laburo bestial de este prodigio del Noveno Arte. Y no tengo más tomos de Low sin leer, pero ni bien vea la continuación, me sumerjo en los abismos de la indigencia con tal de comprarla.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se publica Marilyn, un excelente trabajo del guionista Alejandro Farías y la dibujante Daniela Kantor. Esto es grosso de verdad, es el Fun Home argentino, ponele. En apenas 67 páginas, Farías y Kantor nos narran el encuentro entre Leopoldo y Lisandro, dos personajes maravillosos, entrañables, que uno siente que conoce de toda la vida. Leopoldo es un señor homosexual ya sesentón, que tuvo un hijo a principios de los ´80 pero nunca lo vio cara a cara. Lisandro es ese hijo, que creció sin padre, sin saber prácticamente nada de él, y que ahora –justo en un momento complicado de su vida personal- tiene que atenderlo, cuidarlo y, ya que estamos, escuchar su historia.
Si Marilyn fuera sólo eso, la exploración del vínculo entre un gay sesentón y su hijo de 30 al que nunca conoció, ya sería una novela sumamente atractiva. Pero hay mucho más: Farías la clava en el ángulo al sumar el elemento político. A principios de los ´70, cuando un joven Leopoldo asume su sexualidad alternativa a contramano de una sociedad que consideraba a los homosexuales enfermos o depravados, se vuelva también a la militancia política, en el ala revolucionaria del peronismo. Y ahí la historieta trasciende la biografía de Leopoldo y levanta un vuelo espectacular al volverse casi un documental, una crónica, un retrato de cómo era ser gay y militar en política en aquellos años de dictadura militar, después de un breve regreso del peronismo, y después de otra dictadura militar, más sangrienta que la anterior. A través del relato de Leopoldo, Farías expande la experiencia del personaje para contar la historia de un colectivo, perfectamente imbricada (con perdón de la palabra) en un período fascinante y turbulento de otra historia, de otro colectivo mucho más grande, que es la de nuestro país. Un magnífico laburo de investigación, puesto al servicio de un guión apasionante, donde la dinámica entre los personajes (incluyo también a la mamá y la novia de Lisandro) brilla a la par de la increíble cantidad de cosas tremendas que vemos en los flashbacks a la juventud de Leopoldo.
El dibujo de Kantor tiene un impedimento bravo para lucirse y es la cantidad de viñetas que tiene que meter en cada página. Aún así, tiene unas cuantas imágenes memorables y muchos logros en la reconstrucción de la época. En sus mejores pasajes, Kantor recupera gestos, trucos narrativos, líneas y composiciones de la Maitena que dibujaba aventuras o historietas eróticas, de la Patricia Breccia de los ´80, o del glorioso José Muñoz. Y la faz visual se desluce en esas viñetas en las que Daniela combina varias técnicas de entintado en vez de jugarse entera a una sola (esto se ve por ejemplo en la segunda viñeta de la página 33, o en la tercera de la página 48). En general, las páginas con menos de 7 viñetas son las que mejor se ven, pero el promedio general es muy bueno.
Recomiendo fervientemente Marilyn (¿lo mejor que escribió Farías?) y cierro no sin antes invitarlos a reencontrarnos muy pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.


miércoles, 4 de diciembre de 2019

MIERCOLES COPADO

Sí, parece mentira pero es posta: el miércoles ya vamos a tener un nuevo gobierno y las probabilidades de que sea peor que el que se va son similares a las de que te atropelle un micro escolar en la esquina de Lavalle y Florida, un sábado de Enero a las 4 AM. Y mientras espero ese día de ir a cantar a la Plaza, tengo para reseñar un par de libritos más.
Tarde pero seguro empecé a leer Low, una serie iniciada en 2014 por Rick Remender y Greg Tocchini de la que salieron sólo 19 episodios (ni idea si terminó o quedó inconclusa, pero por ahí algún lector me desasna). Low es un comic de recontra-ciencia-ficción, ambientada decenas de miles de años en el futuro, cuando el sol se empezó a expandir hasta convertir en inhabitable la superficie de la Tierra. Los humanos que sobrevivieron se fueron a vivir en ciudades-domos bajo el océano, y mandaron miles de sondas al espacio, en busca de algún planeta menos hostil a donde mudarse. Pero las noticias que llegaron de estas sondas fueron escasas y desalentadoras.
El entorno, entonces, de este primer tomo de Low es el fondo del mar, donde viven Stel, sus hijos y su marido Johl, que es una especie de sheriff de una de las ciudades subacuáticas. Pero el status quo va a cambiar rápido y para el segundo episodio la familia de Stel estará hecha pedazos por una tragedia capaz de eliminar cualquier rastro de esperanza. Remender va a poner el foco ahí, en qué hacer cuando la esperanza agoniza, y va a plantear a Stel como una especie de elemental de la esperanza, como la mina que jamás se rinde, que jamás pierde la ilusión ni la convicción de que las cosas pueden resolverse, o al menos mejorar. Con unos ovarios monumentales, se pondrá al hombro el protagonismo de la serie y emprenderá una búsqueda heroica (algunos dirán suicida) de sus hijas y de una sonda que regresó con noticias que (en una de esas) son alentadoras. O sea que la machaca acuática con mega-chiches tecno, naves y trajes exóticos y criaturas alucinantes tiene también una especie de trasfondo filosófico, una ética, un mensaje que en general no había visto en otras de Remender, donde la violencia se explica y se impone por sí sola, sin profundizar demasiado.
Todo esto, sin embargo, corre el riesgo de pasar absolutamente desapercibido, porque MUY por encima de cualquier logro de Remender en materia de desarrollo de personajes, diálogos o contexto espacio-temporal, está el dibujo de Tocchini. Esta bestia oriunda de San Pablo (Brasil) deslumbra con su trazo hiper-estilizado, realista, muy detallado y de increíble fluidez. Me cuesta muchísimo describir (y ni hablar de explicar) lo que hace Tocchini en estas páginas, la elegancia que le pone a las escenas más bestiales, la majestad que ostentan sus decorados, sus paisajes… Visualmente, este es un comic realmente mágico, único e irreproducible. Encima Tocchini se colorea a sí mismo, también a un nivel superlativo. O sea que aunque no te interese en lo más mínimo el guión, te recomiendo sumergirte en Low para morir de emoción con los dibujos. Tengo por ahí el Vol.2, prometo entrarle pronto.
Hora de reencontrarme con Pancho el Pitbull, la tira que realizan el estadounidense Neal Wooten y el uruguayo Nicolás Peruzzo para… algún medio de EEUU. Como ya vimos en las reseñas de los tomos anteriores, la edición uruguaya tiene como gran atractivo la traducción al rioplatense realizada por el propio Peruzzo, que no sólo conserva sino que hasta potencia el contenido humorístico de la tira. A la hora de armar los libritos, Peruzzo mete mucha mano, agrega dibujos y hasta una historieta de ocho páginas 100% realizada por él, que me pareció brillante entre otras cosas porque rompe el molde de las tiras, todas (TODAS) divididas en tres viñetas de igual tamaño.
Es muy difícil bancar años y años de una tira siempre en ese formato tan restrictivo un poco por el cansancio que genera en el dibujante y un poco porque hay que ser un mago del timing para acomodar TODOS los chistes a esa grilla sin que pierdan efecto cómico. Por suerte Peruzzo se banca esas reglas tan estrictas, y Wooten (sin grandes destellos de originalidad) encuentra siempre nuevos lugares por donde llevar a la tira y que no se haga repetitiva o aburrida.   
El dibujo está muy bien, el color es excelente, después de cuatro libritos uno ya quiere a los personajes como si fueran amigos de toda la vida, y si bien nunca estallé en carcajadas, el aspecto humorístico funciona como debe funcionar en una tira de estas características, en buena medida gracias a los diálogos reformulados por Peruzzo para esta edición. Difícilmente las generaciones futuras se refieran a Pancho el Pitbull como una tira fundamental para entender el humor gráfico de nuestros días, pero pasar un buen rato sin mayores pretensiones, esto recontra-garpa.

Gracias por el aguante de siempre y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.