“La verdad es que todo fue tan extraño, tan extraño al fin”, cantaba un grande de la música. Y es lo que siento cuando termino (por fin) de leer este bizarro experimento de Peter Milligan y Mike Allred, apañado en su ambición rupturista por Joe Quesada y Bill Jemas, la dupla responsable de la Tercera Era de Oro de Marvel.
“Yo podría haberlo hecho mejor”, decía el mismo grande en el mismo tema, y es lo que debería sentir Allred respecto de su trabajo en este último tramo de la serie. Este TPB tiene ocho episodios de los que el ídolo dibuja siete y la verdad es que está a años luz de lo que dibujaba en los primeros números de esta serie (cuando se llamaba X-Force) y mucho más lejos aún de lo que vimos en la más reciente iZombie. La desprolijidad no está en el flujo narrativo, ni en la puesta en página, ni siquiera en la composición de las viñetas, ni en la anatomía, ni en las caras. Básicamente las tiradas a chanta groseras están en los fondos, que brillan por su ausencia casi siempre, y en el acabado, en los detalles del entintado, que se ve precario, atolondrado, despachado con fritas para cumplir con la fecha de entrega, sin ningún cariño ni respeto por la labor del dibujante (que a su vez está entre los entintadores que meten garfio en sus páginas). Una pena, porque un montón de aspectos de la faz gráfica de la serie, empezando por el diseño de los personajes, es alucinante.
“Como siempre vuelvo a ensayar”, se escucha también en la misma canción del mismo grosso, y eso es lo que podría decir Milligan acerca de esta serie. Desde el primer momento esto fue un laboratorio, un espacio de experimentación donde el guionista inglés pudo probar un enfoque radicalmente distinto sobre el ya gastado tema del grupito de jóvenes mutantes que pelean contra... algo. En este tomo, abre el fuego con un arquito de dos episodios que indaga un poco en Vivisector (a priori, el personaje menos interesante de los que quedaron en pie tras la saga anterior) y de paso se mete con el tema de ser diferente, ya sea por ser mutante o por ser gay, como el mencionado Vivisector. Está muy bien, aunque los dibujos de Nick Dragotta (que reemplaza a Allred en el segundo episodio) le dan a la historia un tinte grotesco que el guión no tenía.
Y después, el cierre de la serie. Se viene un arco ambicioso, de seis capítulos, en el que Milligan enfrenta a X-Statix con los Avengers en una especie de remake bizarra de aquel famoso enfrentamiento entre los Avengers y los Defenders. Además de los muchos guiños a aquella epopeya setentosa, el guionista sorprende con un gran manejo de los Avengers clásicos, con diálogos graciosos y filosos, repletos de ingenio y a la vez fieles a la esencia del Capi, Iron Man, Thor, Hawkeye, etc. Y por si faltara algo, casi sobre el final y como quien no quiere la cosa, tira algunas puntas acerca de Doop, el enigmático bicho verde acerca del cual no sabíamos absolutamente nada. Ya sólo por eso, esta saga es más que satisfactoria.
“Hay un bumerang en la city, mi amor; todo vuelve, como vos decís”, dice la misma canción, y hacia Milligan y Allred vuelve el aplauso de los fans a los que nos gusta leer comic de autor disfrazado de mainstream, con espacio para ideas que no son las obvias, con apuestas fuertes, con riesgos, con momentos que te dejan helado porque no podés creer que estás leyendo lo que estás leyendo. Por supuesto hubiese sido genial que la serie tuviera otra periodicidad, como para que Allred pudiera cuidar más el dibujo. Pero también podría haber sido peor: lo podrían haber rajado para darle la serie a un pecho frío tipo Salvador Larroca o a un clon choto de Jim Lee como los que pululan en tantos títulos de DC. Y también podrían haber metido a los “héroes” de X-Statix en otras colecciones mutantes, a tratar de encajar en los cánones habituales de esos comics, lo cual también habría sido una aberración. Por suerte eso no sucedió, seguramente por un acuerdo entre Milligan y los capos de Marvel que estos últimos decidieron honrar.
No hay vuelta que darle. Cada vez que pienso en la Marvel de Jemas y Quesada, fue amor, fue amor...
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miércoles, 20 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
08/ 11: X-STATIX Vol.3
Intentaré ser breve, porque tengo poco tiempo.
Ahora sí, completé X-Statix y la puedo leer en el orden correcto, es decir, retomando desde donde dejé en la reseña del 15/07/12.
Este es el famoso tomo en el que Peter Milligan se come los mocos. La idea era maravillosa: resucitaba Lady Di, se descubría que era mutante y se unía a los X-Statix para machacar villanos y terroristas. Sin embargo, a alguien de arriba le pareció que la premisa era muy heavy y la difunta princesa del Reino Unido fue reemplazada entre gallos y medianoche por Henrietta Hunter, una cantante pop hiper-famosa, por supuesto inventada por Milligan.
La saga, titulada Back From the Dead, dura seis episodios y recién sobre el final el guionista le saca jugo al hecho de que la protagonista no es princesa sino cantante. Hasta pasada la mitad del arco, Milligan estaba... viendo qué onda, cómo reacomodar las piezas. Y lo mejor que tiene el arco es, precisamente, el final, el tramo que no tenía sentido si la que lo tenía que llevar adelante era Lady Diana.
Previo a eso, el tomo abre con un unitario en el que se suma al equipo El Guapo (el skater de ascendencia latina) y uno centrado en Dead Girl, realmente excelente. Y a lo largo de todo el tomo, Milligan se toma su tiempo para resolver –de modo lógico y pausado- el misterio de Spike Freeman, el enigmático “dueño” de X-Statix. ¿Te acordás cuando leíamos la Liga de la Justicia de Keith Giffen y nos preguntábamos qué onda Maxwell Lord, si era realmente un multimillonario bueno, o si detrás de esa fachada se escondía un garca de terror? Esta serie explora esa misma veta, pero de un modo mucho más zarpado, más radical y más sórdido.
A nivel argumental, este es un gran tomo de X-Statix, con diálogos brillantes, buen desarrollo de (muchos) personajes y excusas casi boludas para que cada tanto explote la machaca y veamos a estos jóvenes en acción. Las peleas no son lo que más le interesa a Milligan, claramente, y por eso está tan bueno que cada una de estas supuestas epopeyas esté manchada con runflas espúreas, que atienden a intereses para nada altruistas.
En los ocho episodios del tomo tenemos a Michael Allred al frente de los dibujos, pero la verdad es que la calidad se resiente mucho respecto de los tomos anteriores, o de lo que hizo Allred en su otra serie regular (iZombie), en la que cada tanto se pegaba un faltazo. Acá el problema no es tanto el dibujo (difícil, si no imposible, que un monstruo como Allred dibuje mal) sino el acabado, el entintado, que a veces se ve tosco y precario, y otras veces cae en ese puntillismo pelotudo de rayitas innecesarias que tantas veces contaminaron la faz gráfica de los comics, sobre todo en los ´90. El propio Allred entinta dos episodios (entre ellos el primero, que es el que mejor se ve), Philip Bond entinta otro, y del resto se hace cargo J. Bone. Todos capos, todos increíbles dibujantes, y todo tienen el mismo problema: ese entintado blandito, con las rayitas tipo Scott Williams en algunas viñetas, y en el resto (en casi todas) la brocha gruesa, un entintado hecho a los pedos, sin cariño, sin vuelo, sin el menor intento por potenciar el trabajo de Allred. Una lástima porque, debajo de esos trazos apurados y sin onda, subyace un gran laburo del ídolo, apoyado como siempre por grandes trucos en la narrativa y composiciones alucinantes en las viñetas en las que aparecen muchos personajes en acción.
Me queda un tomito más de X-Statix, así que por ahí la termino antes de fin de mes.
Ahora sí, completé X-Statix y la puedo leer en el orden correcto, es decir, retomando desde donde dejé en la reseña del 15/07/12.
Este es el famoso tomo en el que Peter Milligan se come los mocos. La idea era maravillosa: resucitaba Lady Di, se descubría que era mutante y se unía a los X-Statix para machacar villanos y terroristas. Sin embargo, a alguien de arriba le pareció que la premisa era muy heavy y la difunta princesa del Reino Unido fue reemplazada entre gallos y medianoche por Henrietta Hunter, una cantante pop hiper-famosa, por supuesto inventada por Milligan.
La saga, titulada Back From the Dead, dura seis episodios y recién sobre el final el guionista le saca jugo al hecho de que la protagonista no es princesa sino cantante. Hasta pasada la mitad del arco, Milligan estaba... viendo qué onda, cómo reacomodar las piezas. Y lo mejor que tiene el arco es, precisamente, el final, el tramo que no tenía sentido si la que lo tenía que llevar adelante era Lady Diana.
Previo a eso, el tomo abre con un unitario en el que se suma al equipo El Guapo (el skater de ascendencia latina) y uno centrado en Dead Girl, realmente excelente. Y a lo largo de todo el tomo, Milligan se toma su tiempo para resolver –de modo lógico y pausado- el misterio de Spike Freeman, el enigmático “dueño” de X-Statix. ¿Te acordás cuando leíamos la Liga de la Justicia de Keith Giffen y nos preguntábamos qué onda Maxwell Lord, si era realmente un multimillonario bueno, o si detrás de esa fachada se escondía un garca de terror? Esta serie explora esa misma veta, pero de un modo mucho más zarpado, más radical y más sórdido.
A nivel argumental, este es un gran tomo de X-Statix, con diálogos brillantes, buen desarrollo de (muchos) personajes y excusas casi boludas para que cada tanto explote la machaca y veamos a estos jóvenes en acción. Las peleas no son lo que más le interesa a Milligan, claramente, y por eso está tan bueno que cada una de estas supuestas epopeyas esté manchada con runflas espúreas, que atienden a intereses para nada altruistas.
En los ocho episodios del tomo tenemos a Michael Allred al frente de los dibujos, pero la verdad es que la calidad se resiente mucho respecto de los tomos anteriores, o de lo que hizo Allred en su otra serie regular (iZombie), en la que cada tanto se pegaba un faltazo. Acá el problema no es tanto el dibujo (difícil, si no imposible, que un monstruo como Allred dibuje mal) sino el acabado, el entintado, que a veces se ve tosco y precario, y otras veces cae en ese puntillismo pelotudo de rayitas innecesarias que tantas veces contaminaron la faz gráfica de los comics, sobre todo en los ´90. El propio Allred entinta dos episodios (entre ellos el primero, que es el que mejor se ve), Philip Bond entinta otro, y del resto se hace cargo J. Bone. Todos capos, todos increíbles dibujantes, y todo tienen el mismo problema: ese entintado blandito, con las rayitas tipo Scott Williams en algunas viñetas, y en el resto (en casi todas) la brocha gruesa, un entintado hecho a los pedos, sin cariño, sin vuelo, sin el menor intento por potenciar el trabajo de Allred. Una lástima porque, debajo de esos trazos apurados y sin onda, subyace un gran laburo del ídolo, apoyado como siempre por grandes trucos en la narrativa y composiciones alucinantes en las viñetas en las que aparecen muchos personajes en acción.
Me queda un tomito más de X-Statix, así que por ahí la termino antes de fin de mes.
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jueves, 26 de julio de 2012
26/ 07: X-STATIX PRESENTS: DEADGIRL
Ay, qué lástima tener que despachar rapidísimo esta reseña por falta de tiempo...
En primer lugar, me ensarté como un gil. Leyendo este tomo, me entero que todos los miembros de X-Statix están muertos. Y buscando en Wikipedia, me cuentan que mueren todos al final del Vol.4 y yo el otro día leí el Vol.2. O sea que me cagaron muchas sorpresas por no ponerle Vol.5 a este TPB.
Ahora, ¿es un TPB de X-Statix? Sí, definitivamente. El Doctor Strange, que comparte protagonismo con Deadgirl, tiene muchísima chapa, pero sin los personajes de X-Statix esto no podía ni resolverse ni cobrar algo así como un rumbo razonable.
De todos modos, se nota mucho que Peter Mlligan quería hacer una saga del Tordo y –para que Marvel se la aprobara- le agregó todo el tema de X-Statix, o en realidad la posibilidad de retomar algunas puntas que no habían cerrado del todo (supongo) cuando se canceló esa colección. Algo parecido a lo que vimos en Fever, cuando Brendan McCarthy mete a Spider-Man en su saga del Hechicero Supremo.
Milligan escribe a un Doctor Strange canchero y encantador, pero se zarpa un poco con los chistes. Esto es casi tan en joda como Indefensible, aquella saga de los Defenders que nos obsequiaran Keith Giffen, J.M. DeMatteis y Kevin Maguire. Si después de leer Indefensible resulta imposible volver a tomarse en serio a Dormammu y Umar, una vez que leés Deadgirl le perdés por completo el respeto a Strange, a Wong e incluso al mismísimo Ancient One. No digo que esté mal, porque ese enfoque realmente funciona en el contexto de esta historia. Digo que si siguen tomándose al Tordo para la joda, después va a costar un huevo reinterpretarlo como personaje serio y dramático. Pero bueno, son experimentos y está bueno que las grandes editoriales experimenten.
El guión en sí es un disparate que gira en torno a los héroes y villanos muertos, cómo viven en el más allá, quiénes y por qué quieren volver a la vida, por qué algunos vuelven y otros no... esa onda. Guarda, tomado todo MUY en joda. Esto es pop para divertirse: No esperes explicaciones filosóficas ni metafísicas, la cosa va más para el lado de los chistes, incluso algunos medio escatológicos, otros medio sexópatas y hasta un gaste maligno y genial al nefasto George W. Bush.
El siempre brillante Mike Allred comparte la faz gráfica con Nick Dragotta y este usa sus poderes camaleónicos para –una vez más- adoptar el estilo del ídolo de modo que no puedas distinguir qué hizo uno y qué el otro. Por ende, todo parece un comic de Allred y todo se ve maravillosamente bien. Y como siempre, el color de Laura Allred (bomba atómica y esposa de Michael) aporta muchísimo a este clima de bizarreada festiva.
Superhéroes, comedia y algunos elementos típicos del comic de terror se juntan en esta historieta, esta vez para descorchar unas bebidas y cagarse de risa un rato. La epopeya está, pero puesta al servicio de un relato cuyo tono no es circunspecto ni dramático, sino que todo el tiempo te guiña un ojo como diciendo “Todo bien, es una joda”.
Si ya leíste todo X-Statix, tirate de cabeza. Si no, bancá a leer el final, porque esto es una especie de epílogo. Ahora, si sos purista del Dr. Strange más clásico, más amargo y traumatizado, esto te puede llegar a inflar seriamente las pelotas. ´Nuff said!
En primer lugar, me ensarté como un gil. Leyendo este tomo, me entero que todos los miembros de X-Statix están muertos. Y buscando en Wikipedia, me cuentan que mueren todos al final del Vol.4 y yo el otro día leí el Vol.2. O sea que me cagaron muchas sorpresas por no ponerle Vol.5 a este TPB.
Ahora, ¿es un TPB de X-Statix? Sí, definitivamente. El Doctor Strange, que comparte protagonismo con Deadgirl, tiene muchísima chapa, pero sin los personajes de X-Statix esto no podía ni resolverse ni cobrar algo así como un rumbo razonable.
De todos modos, se nota mucho que Peter Mlligan quería hacer una saga del Tordo y –para que Marvel se la aprobara- le agregó todo el tema de X-Statix, o en realidad la posibilidad de retomar algunas puntas que no habían cerrado del todo (supongo) cuando se canceló esa colección. Algo parecido a lo que vimos en Fever, cuando Brendan McCarthy mete a Spider-Man en su saga del Hechicero Supremo.
Milligan escribe a un Doctor Strange canchero y encantador, pero se zarpa un poco con los chistes. Esto es casi tan en joda como Indefensible, aquella saga de los Defenders que nos obsequiaran Keith Giffen, J.M. DeMatteis y Kevin Maguire. Si después de leer Indefensible resulta imposible volver a tomarse en serio a Dormammu y Umar, una vez que leés Deadgirl le perdés por completo el respeto a Strange, a Wong e incluso al mismísimo Ancient One. No digo que esté mal, porque ese enfoque realmente funciona en el contexto de esta historia. Digo que si siguen tomándose al Tordo para la joda, después va a costar un huevo reinterpretarlo como personaje serio y dramático. Pero bueno, son experimentos y está bueno que las grandes editoriales experimenten.
El guión en sí es un disparate que gira en torno a los héroes y villanos muertos, cómo viven en el más allá, quiénes y por qué quieren volver a la vida, por qué algunos vuelven y otros no... esa onda. Guarda, tomado todo MUY en joda. Esto es pop para divertirse: No esperes explicaciones filosóficas ni metafísicas, la cosa va más para el lado de los chistes, incluso algunos medio escatológicos, otros medio sexópatas y hasta un gaste maligno y genial al nefasto George W. Bush.
El siempre brillante Mike Allred comparte la faz gráfica con Nick Dragotta y este usa sus poderes camaleónicos para –una vez más- adoptar el estilo del ídolo de modo que no puedas distinguir qué hizo uno y qué el otro. Por ende, todo parece un comic de Allred y todo se ve maravillosamente bien. Y como siempre, el color de Laura Allred (bomba atómica y esposa de Michael) aporta muchísimo a este clima de bizarreada festiva.
Superhéroes, comedia y algunos elementos típicos del comic de terror se juntan en esta historieta, esta vez para descorchar unas bebidas y cagarse de risa un rato. La epopeya está, pero puesta al servicio de un relato cuyo tono no es circunspecto ni dramático, sino que todo el tiempo te guiña un ojo como diciendo “Todo bien, es una joda”.
Si ya leíste todo X-Statix, tirate de cabeza. Si no, bancá a leer el final, porque esto es una especie de epílogo. Ahora, si sos purista del Dr. Strange más clásico, más amargo y traumatizado, esto te puede llegar a inflar seriamente las pelotas. ´Nuff said!
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domingo, 15 de julio de 2012
15/ 07: X-STATIX Vol.2
Tenía bastante abandonada a esta serie, pero bueno, a mí favor puedo decir que no es tan fácil conseguir estos libros.
Este tomo me gustó más que el anterior. Ofrece cinco episodios de la serie regular, una historia corta que salió en una X-Men Unlimited y la miniserie de dos números de Wolverine y Doop. Lo único que no escribe Peter Milligan son las 12 páginas de la X-Men Unlimited e incluso eso está muy bien. El guión lo escriben Mike Allred y Nick Derrington y lo dibuja este último, que no está ni por asomo al nivel de los otros dibujantes que meten mano en este TPB, pero no es horrendo ni mucho menos.
De los cinco numeritos de la serie central, los tres primeros forman una saga titulada The Moons of Venus, con mucho protagonismo para Venus Dee Milo y también para The Orphan, o Mr. Sensitive, o Guy Smith, quien vuelve al grupo después de su intempestiva salida en el tomo anterior. El argumento, una vez más, es perfectamente lineal y el guión está perfectamente ceñido a la fórmula tradicional de comic de superhéroes con grupito de personajes jóvenes. Milligan lima, como ya vimos, por el lado de los poderes de los héroes y villanos. Ese es el espacio que encuentra fértil para cultivar conceptos vanguardistas y arriesgados. Y por supuesto, mete diálogos brillantes, al límite del “nah, me estás jodiendo...”. “Somos un equipo de supehéroes posmodernos! Acá no hay lugar para la valentía!”, exclama en un momento The Anarchist. El mismo personaje tiene unas reflexiones geniales acerca de qué siente un negro machacando a otros negros durante una misión en Africa, y en la mini de Wolverine y Doop hay tantos chistes groseros que podría llenar una reseña entera sólo con eso.
¿Wolverine? ¿En serio? ¿No era que Milligan estaba creando un comic de autor dentro del mainstream? Bancá, que ya lo explico. Aparece bastante el Profesor Xavier, también, pero no hay traiciones. La independencia de esta serie no se negocia nunca. Además de la saguita inicial, hay dos unitarios excelentes: el primero jode a full con la industria cinematográfica y cómo esta toma a los superhéroes para convertirlos en cualquier otra cosa, a años luz de lo que son en las historietas. Y el segundo explora el pasado de U-Go Girl, la integrante del equipo caída en combate en los tomos anteriores. Acá también hay palos letales a Hollywood y un par de secuencias subiditas de tono, muy logradas. Este unitario cuenta con un invitado de lujo, el gran dibujante británico Philip Bond, que hace un trabajo notable.
En los otros cuatro episodios de la serie central lo tenemos al maestro Mike Allred en un gran nivel, como si no le pesara para nada la carga de las 22 páginas mensuales de lápiz y tinta. Allred es la síntesis perfecta entre lo bizarro y lo cool y por supuesto le sienta perfecto a esta serie, que parte de premisas cool y transita todo el tiempo la cornisa de la bizarreada, aunque con la suficiente ironía como para no caerse.
Y nos quedan los dos episodios de Wolverine y Doop, en los que Milligan forma equipo con uno de los mejores historietistas de todos los tiempos, un monstruo al que el talento no le entra en el cuerpo. Me refiero al ídolo canadiense Darwyn Cooke, quien acá deslumbra con sus homenajes a Will Eisner, combinados con una narrativa tipo Jack Kirby y unas minitas que nos recuerdan a Bruce Timm. El guión es una comedia deliciosa y punzante, de nuevo con la participación de un ser paranormal con unos poderes drogadísimos y el protagonismo muy bien repartido entre el petiso de las garras y la bola informe de color verde. No te digo que esas cuarentaipico de páginas valen lo que pagues por tomo el tomo, pero sí que son un cago de risa, repletas de acción, de situaciones desopilantes y obscenamente bien dibujadas por Cooke. Si se hace una vaquita para implantarle otro brazo a Cooke, así dibuja más historietas, cuenten conmigo.
Con Wolverine o sin Wolverine, a pesar de las X grandotas en la tapa y en los emblemas de los personajes, X-Statix avanza por el camino correcto: el del comic con una fuerte impronta autoral, en el que la temática superheroica (y el propio Universo Marvel) están encarados desde una óptica que no tiene nada que ver con ningún otro comic ni de esa época (2003) ni de ninguna otra. Será por eso que animalitos como Milligan, Allred y Cooke dejaron la vida en cada viñeta, cosa que no hubieran hecho sin Marvel los ponía a cargo del enésimo crossover entre 577 títulos mutantes. Pero claro, esto es de la época de Bill Jemas y Joe Quesada, cuando en Marvel había espacio para todo, incluso para los descuelgues experimentales como X-Statix. Hoy, esto no se publicaría ni en pedo, ni en Marvel ni en DC. En Image, por ahí sí.
Este tomo me gustó más que el anterior. Ofrece cinco episodios de la serie regular, una historia corta que salió en una X-Men Unlimited y la miniserie de dos números de Wolverine y Doop. Lo único que no escribe Peter Milligan son las 12 páginas de la X-Men Unlimited e incluso eso está muy bien. El guión lo escriben Mike Allred y Nick Derrington y lo dibuja este último, que no está ni por asomo al nivel de los otros dibujantes que meten mano en este TPB, pero no es horrendo ni mucho menos.
De los cinco numeritos de la serie central, los tres primeros forman una saga titulada The Moons of Venus, con mucho protagonismo para Venus Dee Milo y también para The Orphan, o Mr. Sensitive, o Guy Smith, quien vuelve al grupo después de su intempestiva salida en el tomo anterior. El argumento, una vez más, es perfectamente lineal y el guión está perfectamente ceñido a la fórmula tradicional de comic de superhéroes con grupito de personajes jóvenes. Milligan lima, como ya vimos, por el lado de los poderes de los héroes y villanos. Ese es el espacio que encuentra fértil para cultivar conceptos vanguardistas y arriesgados. Y por supuesto, mete diálogos brillantes, al límite del “nah, me estás jodiendo...”. “Somos un equipo de supehéroes posmodernos! Acá no hay lugar para la valentía!”, exclama en un momento The Anarchist. El mismo personaje tiene unas reflexiones geniales acerca de qué siente un negro machacando a otros negros durante una misión en Africa, y en la mini de Wolverine y Doop hay tantos chistes groseros que podría llenar una reseña entera sólo con eso.
¿Wolverine? ¿En serio? ¿No era que Milligan estaba creando un comic de autor dentro del mainstream? Bancá, que ya lo explico. Aparece bastante el Profesor Xavier, también, pero no hay traiciones. La independencia de esta serie no se negocia nunca. Además de la saguita inicial, hay dos unitarios excelentes: el primero jode a full con la industria cinematográfica y cómo esta toma a los superhéroes para convertirlos en cualquier otra cosa, a años luz de lo que son en las historietas. Y el segundo explora el pasado de U-Go Girl, la integrante del equipo caída en combate en los tomos anteriores. Acá también hay palos letales a Hollywood y un par de secuencias subiditas de tono, muy logradas. Este unitario cuenta con un invitado de lujo, el gran dibujante británico Philip Bond, que hace un trabajo notable.
En los otros cuatro episodios de la serie central lo tenemos al maestro Mike Allred en un gran nivel, como si no le pesara para nada la carga de las 22 páginas mensuales de lápiz y tinta. Allred es la síntesis perfecta entre lo bizarro y lo cool y por supuesto le sienta perfecto a esta serie, que parte de premisas cool y transita todo el tiempo la cornisa de la bizarreada, aunque con la suficiente ironía como para no caerse.
Y nos quedan los dos episodios de Wolverine y Doop, en los que Milligan forma equipo con uno de los mejores historietistas de todos los tiempos, un monstruo al que el talento no le entra en el cuerpo. Me refiero al ídolo canadiense Darwyn Cooke, quien acá deslumbra con sus homenajes a Will Eisner, combinados con una narrativa tipo Jack Kirby y unas minitas que nos recuerdan a Bruce Timm. El guión es una comedia deliciosa y punzante, de nuevo con la participación de un ser paranormal con unos poderes drogadísimos y el protagonismo muy bien repartido entre el petiso de las garras y la bola informe de color verde. No te digo que esas cuarentaipico de páginas valen lo que pagues por tomo el tomo, pero sí que son un cago de risa, repletas de acción, de situaciones desopilantes y obscenamente bien dibujadas por Cooke. Si se hace una vaquita para implantarle otro brazo a Cooke, así dibuja más historietas, cuenten conmigo.
Con Wolverine o sin Wolverine, a pesar de las X grandotas en la tapa y en los emblemas de los personajes, X-Statix avanza por el camino correcto: el del comic con una fuerte impronta autoral, en el que la temática superheroica (y el propio Universo Marvel) están encarados desde una óptica que no tiene nada que ver con ningún otro comic ni de esa época (2003) ni de ninguna otra. Será por eso que animalitos como Milligan, Allred y Cooke dejaron la vida en cada viñeta, cosa que no hubieran hecho sin Marvel los ponía a cargo del enésimo crossover entre 577 títulos mutantes. Pero claro, esto es de la época de Bill Jemas y Joe Quesada, cuando en Marvel había espacio para todo, incluso para los descuelgues experimentales como X-Statix. Hoy, esto no se publicaría ni en pedo, ni en Marvel ni en DC. En Image, por ahí sí.
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sábado, 11 de diciembre de 2010
11/ 12: X-STATIX Vol.1

Qué loser soy… recién ahora leo esta paponga increíble, de la que oigo hablar maravillas desde que salió, hace como ocho años. Tenía los TPBs de X-Force de Peter Milligan y Mike Allred y me acuerdo que cuando los leí me parecieron magníficos. Entonces, ¿por qué catzo nunca compré los de X-Statix, que es la continuación de esa serie con distinto nombre (como si cruzara Rivadavia)? No tengo explicación.
Casi tan difícil de explicar es cómo Marvel aprobó esta serie. Okey, hay una razón: era la Tercera Edad de Oro, la de Bill Jemas y Joe Quesada, en la que Marvel apostó EN SERIO a la calidad y la innovación, cuando se avivaron que durante los 10 años en los que ellos perdieron el tiempo con crossovers mutantes, sagas del clon y payasadas como la de Heroes Reborn, el comic había seguido su camino, había avanzado mucho y hacia direcciones muy distintas. Tanto, que para 2001 seguir clonando las porquerías de Image (que a su vez eran clones defectuosos de las porquerías de Marvel de 1991) era garantía de fracaso.
Y así, entre un montón de series grossas, apareció esta bizarra deconstrucción de los equipos de jóvenes superhéroes. Que por ahí no va tan al extremo como el Bratpack de Rick Veitch, pero que demuestra unos huevos poco frecuentes en el mainstream yanki. Milligan, que fracasó en varios títulos superheroicos por limar de más en los argumentos, acá lima para otro lado. Los argumentos son lineales, blanditos, casi una excusa para la caracterización de los personajes (que está logradísima), y siempre un vehículo para explorar a fondo un tema: el de la hiper-explotación comercial y mediática de los superhéroes. Todo pasa por lo que el público ve, por lo que los medios muestran, por lo que las empresas quieren patrocinar. Y ahí hay una línea clara para bajar, que Milligan baja de modo original, interesante, jugoso, por momentos hasta visceral. Las internas en el grupo, los representantes que buscan su mordida, la rivalidad con otro equipo de la competencia (no es un Avengers-Masters of Evil, ni siquiera un River-Boca… es un Coca-Pepsi!), todo está visto desde un enfoque netamente utilitario, ajustado a las reglas del capitalismo salvaje y el marketing que sólo apela al mínimo denominador común para vender más.
¿Por dónde lima Milligan? Por el lado de los poderes de estos jóvenes mutantes. Así como nunca viste un grupo que se venda tan asquerosamente a los sponsors, tampoco viste jamás héroes (o algo así) con poderes tan extraños como los de X-Statix. Ahí sí que vale todo. Hasta Doop, una masa verde que flota, filma todo y habla en un idioma ininteligible (para los lectores). Tan raro es esto que, si bien nombran varias veces al Profesor Xavier y más tarde tendrán team-ups con los Avengers, no me extrañaría que pasado mañana alguien aclare que todo está fuera de continuidad. Obviamente, si fuera un comic de DC ya estaría fuera de continuidad.
Pero por ahí no te alcanza con un enfoque osado y novedoso, ni con la excelente caracterización de los personajes, ni con el despliegue de poderes imposibles y alucinantes. En ese caso, te digo las palabras mágicas que van a hacer que salgas corriendo a buscar estos tomos: Mike Allred. Sí, uno de los Dioses del Noveno Arte dibuja casi todos los episodios y el que Allred no dibuja se lo pasa a Paul Pope. Y hay un unitario breve y en joda de Darwyn Cooke. No, en serio. Creeme que es posta. Eso sí: no te puedo prometer que vas a ver a Allred al mismo nivel que en Madman o en The Atomics, porque te estaría chamuyando. Acá tenía que entregar sí o sí todos los meses y hay páginas donde se nota el apurón. Pero está la magia, está la onda, está la impronta, está esa estética tan de Allred, por un lado tan sencilla y por el otro tan difícil de imitar.
En la Marvel mágica de Jemas y Quesada valía irse al carajo, valía romper el molde, valía hacer comic 100% de autor adentro del mainstream. Y por supuesto, Milligan y Allred aprovecharon para mandarse una obra rarísima, adictiva, un tanto perturbadora y definitivamente peleada con el Más de lo Mismo. Dicen que para los últimos números la calidad baja bastante, pero yo hasta que no lo vea no lo creo.
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