Otra vez me toca un comic con guionista mujer, sólo que esta además de escribir, dibuja. Y menos mal que dibuja MUY bien, si no habría que pegarle un tiro en el orto y arrojar su cadáver a una zanja. Cuando me tocó reseñar su trabajo anterior (Fun Home, el 07/05/10) me sorprendía que Alison Bechdel se jugara a llenar 220 páginas de historieta con una historia muy chiquita, que daba para plantearse y resolverse en muchas menos páginas. Esta vez, la autora me canta quiero retruco: tiene para llenar casi 290 páginas... y no hay historia! Ni chiquita ni grande! En casi 290 páginas no pasa nada, absolutamente nada.
Are You My Mother? es la nada misma, el vacío, la negación. En vez de desarrollar una novela gráfica, Bechdel arma un mezcladito de escenas cuasi-inconexas, que nunca cuajan para lograr un relato homogéneo, coherente, consistente. Supuestamente, el eje conductor es la relación entre la autora y su madre, lo cual –a la luz de lo que vive Helen Fontana de Bechdel en Fun Home- tendría su atractivo. Olvidate. La autora problematiza (con perdón de la palabra) la relación con su madre a través de largas charlas con distintas psicólogas, en las que les relata breves anécdotas de su infancia y de su pasado reciente. Algunas tienen que ver con su vida en el seno de esta extraña familia, otras con su relación con sus distintas novias, otras con cartas y fotos vinculadas a los años mozos de Helen, otras a llamadas por teléfono entre madre e hija (que viven en distintas ciudades) y muchas otras funcionan como una especie de backstage de Fun Home, se relacionan todo el tiempo con la obra anterior, durante cuya realización Bechdel empezó a pensar y analizar su vínculo con su mamá.
Por si faltara algo para que esto fuera un embole atroz, una nube de humo absolutamente inasible e insostenible, Bechdel se hace hardcore fan del psicoanálisis y empieza a mechar entre estas secuencias ya mencionadas cachos de textos de Freud, de Jung y de Donald Winnicott, un psicólogo con el que se fascina tanto, que llega a contar práticamente toda su vida en forma de historieta, no de modo lineal, si no intercalando estas secuencias con las otras. Además, Bechdel se cuelga con las obras de teatro en las que actúa su madre, con una ilustración del Dr. Seuss, con Virginia Woolf, con la poetisa y escritora feminista Adrienne Rich... con cualquier cosa que le sirva para rememorar momentos de su pasado y para tratar de enteder cómo funciona su vínculo con Helen. Por supuesto, nada de lo que Bechdel pone sobre la mesa sirve para hacer avanzar la trama, porque NO hay trama. Es todo sanata, todo paja, toda una cátedra de cómo mirarse el ombligo durante una eternidad, y que te paguen por eso.
Yo entiendo que con Fun Home la autora haya vendido fortunas y ganado muchos premios. Pero esta “secuela” era totalmente innecesaria. No necesitábamos ser testigos de horas y horas de sesiones de psicoanálisis, ni de charlas telefónicas tan extensas como intrascendentes, y si querés mostrar que sabés mucho de psicoanálisis o de literatura, escribí ensayos científicos sobre esos temas, no historietas. Ojo, yo no digo que la única historieta que sirve es la que te transporta a mundos fantásticos a vivir aventuras imposibles de vértigo, acción y machaca. Sin salir del mundo real se pueden hacer grandes historietas. Incluso sin salir del género autobiográfico, tan querido por los historietistas a los que les encanta hablar de sí mismos. Pero en general, para que la historieta funcione, tiene que estar la intención de contar algo, de hilar un relato, de que al cerrar el libro al lector le quede algo más que sueño.
Por suerte, Are You My Mother? está magníficamente dibujada, en un hermoso blanco y negro, complementado con grises y con distintas tonalidades de rosas y sepias. Si te agarrás de eso, por ahí encontrás esa cuota de placer que te ayude a pilotear el bajón. Si no te gusta cómo dibuja Bechdel, cagaste, porque no tenés con qué combatir esos masacotes interminables de texto. Y sobre todo esa sensación de estar escuchando conversaciones ajenas, trivialidades, boludeces que no nos interesan, o soliloquios pretenciosos acerca de teoría psicoanalítica, complejas (e incomprobables) elucubraciones acerca de qué te pasa en el bocho si un día cuando tenés 10 años, tu mamá no te da el beso de las buenas noches. ¿Sabés qué te pasa? Me importa un carajo lo que te pasa. Alison Bechdel tuvo la mala idea de mandarse todo un libro para meditar acerca de eso y yo, que perdí horas de mi vida leyéndolo, me quiero cortar la verga en fetas y mandarle una por correo.
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jueves, 12 de septiembre de 2013
domingo, 13 de mayo de 2012
13/ 05: THE BEST AMERICAN COMICS 2011
Por tercera vez en tres años me siento a destripar estas lujosas antologías de material alternativo, que le dan sistemáticamente la espalda a lo que publican los diarios y las editoriales más grandes, para concentrarse en historietas surgidas en las editoriales “boutique” o incluso en la web. Esta vez la coordinación cayó en manos de Alison Bechdel (autora de la fundamental Fun Home) y, lógicamente, hay más autoras mujeres que de costumbre. Y menos maestros indiscutidos.
De los autores mega-consagrados, primero aparece Joe Sacco, con sus tremendas historietas testimoniales ambientadas en la Franja de Gaza. Impresionante material, sobre todo porque Sacco narra y dibuja cada vez mejor. Después, Chris Ware con una historia de Jordan W. Lint formalmente muy interesante, pero aburrida y retorcida al pedo. Por más que lo intento, no logro sintonizar la onda de este supuesto genio del Noveno Arte. En cambio lo de Jaime Hernández (una historieta ambientada en la pre-adolescencia de Maggie Chasacarrillo) me mató. Probablemente sea lo mejor del libro. Bechdel eligió también un hermoso fragmento de Rasl, del maestro Jeff Smith, el que dedica a contar la historia del excéntrico Nikola Tesla. Una maravilla el dibujo, pero la historia ya me la sabía de memoria. Y el otro capo absoluto que aparece en el libro es Paul Pope, con una historieta muy breve (apenas 4 páginas) en las que rinde un magnífico tributo a David Bowie. Historieta cortita pero perfecta, ya que –a diferencia de la de Jaime- no hay que manejar los códigos de un universo ficticio para disfrutarla.
A ver cómo le fue a los Segunda Línea. Gabrielle Belle, que se había sacado buena nota en otras ediciones de TBAC, acá dibuja para atrás un guión aburrido, que quiere ser Fun Home y no tiene con qué. Dash Shaw aparece con un fragmento de su novela Bodyworld y confirma mis sospechas de que es un vendehumo. Ya está, no le doy más chances, lo paso a la lista de los ilegibles. La de Jillian Tamaki es demasiado breve, pero el dibujo es excelente. La re-banco. Y la de Kevin Huizenga está muy bien dibujada, con unos truquitos de narrativa brillantes, pero el guión es la nada misma.
El resto, entran todos en la categoría de Autores Revelación, de chicos y chicas prácticamente desconocidos. La más grossa de este paquete es Kate Beaton, a quien vimos no hace mucho en el Vol.2 de Strange Tales, jugando con los personajes de Marvel. Acá pela una tira cómica MUY lograda. Y la otra a la que le pongo muuuuchas fichas es Angie Wang, que acá experimenta con los clichés de los comics de superhéroes en un estilo hipnótico, onda Suehiro Maruo, pero con un manejo glorioso del color. Al resto le falta un poco más de sopa, en distintas proporciones, claro. Kevin Mutch va bien encaminado en la comedia costumbrista, con buenos diálogos y demás. Ken Dahl dibuja muy bien, le falta un poco de narrativa y un guión menos hermético. Eric Orner, al revés: tiene talento para narrar y maneja muy bien la autobiografía, pero como dibujante se cae a pedazos viñeta por medio. A Robert Sergel le falta un toquecito más de personalidad en el dibujo, el resto está muy bueno. Joey Alison Sayers tiene un estilo muy personal, lástima que a mí no me copa. Su guión, sin embargo, es de los más punznates y graciosos. Sabrina Jones narra bien y toca un tema muy interesante. El dibujo es demasiado limitado, pero en un contexto under, zafa dignamente. Lo mismo se aplica a Noah Van Sciver, gran narrador, gran autobiógrafo, pero el dibujo sólo es aceptable en un fanzine, todavía no tiene nivel profesional. Muy lindo lo de Peter y Maria Hoey, me hizo acordar a los buenos dibujantes europeos de línea clara posmoderna. Brendan Leach, muy grosso. Buenos dibujos, buen guión, excelentes diálogos, una onda originalísima... me chocó un poquito el rotulado, nomás. Quiero ya su novela gráfica. Y la última página, en la que David Lasky resume en seis viñetas todos los clichés de las novelas gráficas tan de moda en la actualidad, es otra joya.
El resto, no jodamos... Aprendan a dibujar, a narrar, a escribir, a rotular, a entintar... o dejen las páginas del próximo TBAC a autores más curtidos, con más solvencia profesional. La verdad que si esta gente pone a Julia Gfrörer entre los mejores, me interesa mucho su selección de los peores.
Y más allá del inevitable debate, como siempre digo, esta antología cumple con creces el objetivo de mostrarnos a nuevos autores con los que cebarnos. Es un bajón que haya tantos fragmentos de novelas gráficas en vez de más unitarios, pero bueno, hacia ahí viró este segmento de la producción historietística yanki. Y es lógico y sano que así sea.
De los autores mega-consagrados, primero aparece Joe Sacco, con sus tremendas historietas testimoniales ambientadas en la Franja de Gaza. Impresionante material, sobre todo porque Sacco narra y dibuja cada vez mejor. Después, Chris Ware con una historia de Jordan W. Lint formalmente muy interesante, pero aburrida y retorcida al pedo. Por más que lo intento, no logro sintonizar la onda de este supuesto genio del Noveno Arte. En cambio lo de Jaime Hernández (una historieta ambientada en la pre-adolescencia de Maggie Chasacarrillo) me mató. Probablemente sea lo mejor del libro. Bechdel eligió también un hermoso fragmento de Rasl, del maestro Jeff Smith, el que dedica a contar la historia del excéntrico Nikola Tesla. Una maravilla el dibujo, pero la historia ya me la sabía de memoria. Y el otro capo absoluto que aparece en el libro es Paul Pope, con una historieta muy breve (apenas 4 páginas) en las que rinde un magnífico tributo a David Bowie. Historieta cortita pero perfecta, ya que –a diferencia de la de Jaime- no hay que manejar los códigos de un universo ficticio para disfrutarla.
A ver cómo le fue a los Segunda Línea. Gabrielle Belle, que se había sacado buena nota en otras ediciones de TBAC, acá dibuja para atrás un guión aburrido, que quiere ser Fun Home y no tiene con qué. Dash Shaw aparece con un fragmento de su novela Bodyworld y confirma mis sospechas de que es un vendehumo. Ya está, no le doy más chances, lo paso a la lista de los ilegibles. La de Jillian Tamaki es demasiado breve, pero el dibujo es excelente. La re-banco. Y la de Kevin Huizenga está muy bien dibujada, con unos truquitos de narrativa brillantes, pero el guión es la nada misma.
El resto, entran todos en la categoría de Autores Revelación, de chicos y chicas prácticamente desconocidos. La más grossa de este paquete es Kate Beaton, a quien vimos no hace mucho en el Vol.2 de Strange Tales, jugando con los personajes de Marvel. Acá pela una tira cómica MUY lograda. Y la otra a la que le pongo muuuuchas fichas es Angie Wang, que acá experimenta con los clichés de los comics de superhéroes en un estilo hipnótico, onda Suehiro Maruo, pero con un manejo glorioso del color. Al resto le falta un poco más de sopa, en distintas proporciones, claro. Kevin Mutch va bien encaminado en la comedia costumbrista, con buenos diálogos y demás. Ken Dahl dibuja muy bien, le falta un poco de narrativa y un guión menos hermético. Eric Orner, al revés: tiene talento para narrar y maneja muy bien la autobiografía, pero como dibujante se cae a pedazos viñeta por medio. A Robert Sergel le falta un toquecito más de personalidad en el dibujo, el resto está muy bueno. Joey Alison Sayers tiene un estilo muy personal, lástima que a mí no me copa. Su guión, sin embargo, es de los más punznates y graciosos. Sabrina Jones narra bien y toca un tema muy interesante. El dibujo es demasiado limitado, pero en un contexto under, zafa dignamente. Lo mismo se aplica a Noah Van Sciver, gran narrador, gran autobiógrafo, pero el dibujo sólo es aceptable en un fanzine, todavía no tiene nivel profesional. Muy lindo lo de Peter y Maria Hoey, me hizo acordar a los buenos dibujantes europeos de línea clara posmoderna. Brendan Leach, muy grosso. Buenos dibujos, buen guión, excelentes diálogos, una onda originalísima... me chocó un poquito el rotulado, nomás. Quiero ya su novela gráfica. Y la última página, en la que David Lasky resume en seis viñetas todos los clichés de las novelas gráficas tan de moda en la actualidad, es otra joya.
El resto, no jodamos... Aprendan a dibujar, a narrar, a escribir, a rotular, a entintar... o dejen las páginas del próximo TBAC a autores más curtidos, con más solvencia profesional. La verdad que si esta gente pone a Julia Gfrörer entre los mejores, me interesa mucho su selección de los peores.
Y más allá del inevitable debate, como siempre digo, esta antología cumple con creces el objetivo de mostrarnos a nuevos autores con los que cebarnos. Es un bajón que haya tantos fragmentos de novelas gráficas en vez de más unitarios, pero bueno, hacia ahí viró este segmento de la producción historietística yanki. Y es lógico y sano que así sea.
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The Best American Comics
viernes, 7 de mayo de 2010
07/ 05: FUN HOME

Volvemos al ríspido terreno del comic autobiográfico, y esta vez nos encontramos con Alison Bechdel, una exitosa historietista estadounidense, que se toma 220 páginas para contarnos lo siguiente: A los 19 años, cuando ya se había ido a New York a cursar sus estudios universitarios, Alison le blanqueó a sus padres su condición homosexual. Tres meses después, su madre le confesó que su padre tenía una doble vida: bajo la mascarada del padre y marido ejemplar, amante de las artes y dueño de la prestigiosa empresa de servicios fúnebres fundada por su abuelo, Bruce Bechdel era gay y salía a escondidas con muchachos desde su adolescencia. Y cuando Alison empieza a procesar la noticia, Bruce muere en una situación extraña, que no queda claro si es accidente o suicidio.
Esta “tragicomedia familiar” es, sin dudas, bastante más interesante que la vida del historietista promedio. Pero ¿cómo llenás 220 páginas con un argumento tan chiquito? Ese es el desafío grosso que se impone Alison Bechdel en este libro. Todas las páginas en las que no avanza la no-trama, las dedica a una vasta colección de anécdotas de su infancia y adolescencia en el plácido pueblo de Beech Creak, Pennsylvania, cerca de los montes Apalaches. Muchas de las anécdotas nos aportan pistas bastante elocuentes acerca de las inclinaciones sexuales tanto de Bruce como de su hijita (marimacho desde la infancia), y dotan a ambos personajes de una enorme profundidad. También hay flashbacks a la juventud de Bruce, a la época en que conoció a Helen, quien sería su esposa y madre de sus hijos, y varias situaciones cómicas y bizarras relacionadas con la profesión de Bruce y el hecho de que su familia estuviera en contacto cotidiano con cadáveres y ataúdes.
Tanto Bruce como Helen amaban las artes, en especial la música, la literatura y el teatro, entonces muchos de los recuerdos de Alison tienen que ver con libros (de los que reproduce párrafos enteros), obras y conciertos. Lo cual ayuda a darle vuelo intelectual al asunto, pero resulta bastante aburrido a la hora de la lectura. No son pocas las anécdotas demasiado extensas o intrascendentes que empantanan la lectura del libro, y si uno no lo tira a la mierda, seguramente es porque se encariña con los personajes (incluso con Bruce, a quien su hija muestra como un tipo frío, distante y bastante autoritario) y porque Alison trata de armar una correlatividad más o menos causal entre los libros, las películas y las obras de teatro a las que accede, y su periplo interno hasta el momento de declararse lesbiana y blanquear esto frente a su familia.
Y por supuesto, hay otro gancho para no abandonar, que es el dibujo. El trabajo de Bechdel en este rubro es muy, muy notable. Acá es donde realmente justifica todos los premios que ganó y los millones de libros que vendió. Bechdel dibuja como si fuera obscenamente fácil, en un estilo mezcla de Howard Cruse y Gary Trudeau. Maneja perfectamente el timing de la comedia costumbrista, nos muestra en cada rostro lo que los personajes están viviendo e incluso lo que están ocultando, la rompe en fondos que nos transportan sin la menor dificultad a la década del ´70 (en la que transcurre la mayor parte de la “trama”), demuestra un increíble poder de observación gestual y de lenguaje corporal y controla a piaccere una amplia variedad de climas, ayudada por una paleta intencionalmente limitada a distintos tonos de turquesa, aplicados con el photoshop, pero imitando la pincelada de la acuarela.
Fun Home no es una historieta fácil, ya que por momentos exige del lector, más que paciencia, una cierta abnegación. Pero la autora sabe dotar de profundidad y de humanidad este testimonio franco y generoso acerca del descubrimiento de su identidad sexual, de su relación con su familia y del secreto que durante años atormentó a sus padres. Hay diálogos magníficos, un retrato acertadísimo de la vida suburbana en los EEUU de los ´70, y encima todo está muy, muy bien dibujado. Da para dedicarle un rato, sobre todo si estás con ganas de leer algo distinto.
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