el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 21 de agosto de 2025

JUEVES FUTURISTA

Hora de comentar un par de libritos que pude leer en estos días, para no perder la sana costumbre. Retomo con el Vol.5 la lectura de Lazarus, la serie de Greg Rucka y Michael Lark que tenía en pausa desde el 09/04/24. Después de un tomo medio pecho frío, este repunta de nuevo y vuelve a la temperatura volcánica que caracteriza a esta serie. Una serie que combina con maestría ciencia ficción, guerra, espionaje, runfla política, drama familiar y machaca entre seres con habilidades sobrehumanas. No es fácil que semejante cóctel no te explote en la cara, y Rucka lo logra con una solvencia admirable. Este es el momento de la saga en la que Forever Carlyle se recupera de las tremendas heridas sufridas en un combate pasado, para chocar de lleno con un adversario mucho más poderoso: la verdad. Secretos que le habían sido ocultados durante años, ahora salen a la luz y obligan a Forever a repensar su origen, su identidad, su vínculo con su familia y su rol en esta guerra sin cuartel entre los poderosísimos clanes que se repartieron el mundo. Pero además, tiene que volver a entrar en acción, para una lucha tremenda contra el Lazarus de una familia rival, una especie de Hulk perverso, grosero, despiadado y virtualmente invencible. La machaca cobra mucho peso en un tomo en el que Lark dibujó una cantidad ingente de miembros amputados, tripas al aire y sangre por todas partes. Pero además avanzan muchísimo el plot familiar y el plot político, que a esta altura ya se fusionó con el plot bélico, porque las facciones enfrentadas se están tirando con todo lo que tienen. Sin dudas un gran momento de esta serie, no para engancharse si no leíste lo anterior, pero sí para disfrutar de dos autores que se nota que tienen todo absolutamente bajo control. Cositas para criticar, siempre hay. Por el lado del guion, lo mismo de la vez pasada: Rucka se pasa un toque de solemne y se echa de menos alguna pincelada de humor, o por lo menos alguna secuencia más distendida, donde no esté por irse todo a la mierda en cada viñeta y en cada diálogo. Y por el lado de Lark, también una crítica habitual: da un toque de bronca ver a un virtuoso de esta magnitud dibujar solo los cuerpos y los rostros, y chorear TODO lo demás de fotos. Decorados, paisajes, objetos, vehículos, armas... en TODO se ve un sutil retoque de Lark (y del colorista Santiago Arcas) sobre fotografías, una práctica que responde a una lógica exclusivamente industrial: hay que entregar no menos de 22 páginas por mes, y esta es la única forma en que Lark puede dibujar todo lo que pide el guion con ese nivel de detalle y de realismo. No me consta que si pudiera entregar un episodio por año Lark dibujaría todo sin tomar ni una sola referencia fotográfica, pero lo sospecho. Ya estoy cerca del final (tengo entendido de que son siete TPBs) y no tengo ni el Vol.6 ni el Vol.7, pero los deseo fervientemente, porque la trama se puso jodida como enema de chimichurri y necesito saber cómo termina esta salvajada.
Vamos a Japón, año 2021, cuando se recopila otra tanda de historias cortas del maestro coreano Boichi, en el libro titulado (con un vuelo creativo inigualable) Boichi Short Stories Vol.2. A diferencia del Vol.1 (lo vimos hace poquito, el 15/07/25), este segundo tomo trae solo cuatro historias, un toque más extensas. Y hay menos variedad de géneros: acá se lo ve a Boichi más jugado a la ciencia ficción. Una ciencia ficción triste, crepuscular, que me hizo acordar a esos mangas de Yukinobu Hoshino que vimos un lejano 26/06/12. La primera historia es la más obvia, la más lineal, y narra el enfrentamiento entre un grupete de milicos humanos y unas criaturas que parecen diseñadas por Philippe Druillet en su época más falopera. La segunda ya levanta un poquito la puntería, al presentar un drama más humano, con más profundidad, más interés por parte de Boichi en meternos en la psiquis de los personajes y entender sus motivaciones y sus obsesiones. La tercera es la más breve, la menos ci-fi y la más impredecible del tomo: una historia que plantea el debate acerca del aborto, lleva el conflicto al límite y lo remata de manera sobrenatural, con la impredecible irrupción de un elemento fantástico que te deja estupefacto. La historia termina con una doble splash inconcebible, majestuosa y perturbadora a la vez, con una composición, una complejidad, un nivel de detalle que no puede ser real. Podés estar -fácil- dos horas colgado mirando esa imagen, incluso a riesgo de que se te quede grabada en la mente para siempre. Y la cuarta historia es la más extensa, al punto que parecieran ser tres episodios de 35-40 páginas que componen una especie de miniserie. Acá vuelve la ciencia ficción, pero más cercana, más próxima, sin necesidad de irse al carajo con conceptos muy ambiciosos. El futuro de "Él existió ahí" está acá nomás, a la vuelta de la esquina y un poco por eso la historia pega tan fuerte. Los sacudones más grossos están en el segundo tercio de la obra, con lo cual al terminarlo uno se pregunta qué se estará guardando Boichi bajo la manga para el tramo final. Y no, si bien el final es más que digno, no pasa nada que supere las genialidades que tira el autor en el tramo "del medio". Por suerte los méritos de "Él existió ahí" exceden la sorpresa o el impacto: es una historieta donde tienen mucho más peso los climas y el desarrollo del personaje central que la trama en sí. Del dibujo ni hace falta hablar, porque es descomunal de punta a punta. Obviamente es fruto de un trabajo en equipo: ningún ser humano por sí solo puede dibujar lo que dibuja Boichi en estas historias. Y está buenísimo. Es perfecto, es minucioso, es frondoso, y a la vez es sumamente expresivo y emocionante. Gran acierto de Ivrea haber apostado por este material, tan distinto del obvio. Y gran trabajo de Damián Gaggero en la traducción. No mucho más, por hoy. Gracias por el aguante y nos vemos el miércoles 27 en el canal de YouTube de Comiqueando con otra emisión en vivo de Agenda Abierta. Casi seguro antes de eso clavo una nueva entrada con más reseñas, acá en el blog.

martes, 9 de abril de 2024

RESEÑAS DE REGRESO

Ayer volví de mi viaje por dos ciudades de Chile y hoy tengo un rato para reseñar los comics que leí en los últimos días. Una de las cosas más copadas que descubrí en el viaje a Europa del año pasado es que los editores franceses, fundamentalistas de la tapa blanda y los libros tamaño lápida, también eligen algunas obras que tuvieron mucho éxito y las republican en un tamaño más chico, tipo libro de bolsillo, en tapa blanda. Son más livianos, son más baratos... en una palabra, son irresistibles. Compré varios, y al primero que le entré fue a La Page Blanche, con guion de Boulet (uno de los dibujantes de La Mazmorra) y dibujos de Pénélope Bagieu, una de las autoras de más repercusión en los últimos años. Esto es de 2013, cuando Pénélope todavía trabajaba con guionistas. Después se volcó a ser autora integral. La Page Blanche (la página en blanco) es de esas obras que te atrapan en la primera secuencia y no te sueltan hasta el final. No, el final no está al nivel del desarrollo de la trama, ni de la complejidad del personaje principal. No es una cagada, no te dan ganas de tirar el libro a la basura, pero sentí que le faltaba algo más, 10 ó 12 páginas más, en una de esas, para que todo cierre de manera más prolija. No importa. Nada cambia lo feliz que fui leyendo estas 190 páginas, ni lo mucho que me entusiasmaron todas esas sorpresas que Boulet revela siempre en los momentos justos. El planteo se parece al de XIII: empieza con una chica completamente amnésica, sentada en el banco de una plaza en París. No tiene idea de quién es, ni cómo llegó ahí, ni dónde vive, ni a quién recurrir. Y tiene que empezar a rastrear para atrás esa vida que evidentemente vivió, pero de la que solo tiene vestigios, no recuerdos. De alguna manera, Eloïse se las va a rebuscar para recuperar su identidad, su casa, su trabajo, alguna que otra amiga... pero en algún punto va a descubrir que hay cosas que no va a poder recuperar y con eso tiene que ver el impacto emocional que se llevó sus memorias. Boulet pilotea esta consigna ganchera y emotiva como pocas con una habilidad que le permite pendular entre la comedia costumbrista y el drama, y además lucirse con unos diálogos magníficos. Y Bagieu la rompe toda con ese dibujo que me remitió todo el tiempo a las buenas tiras de prensa de Estados Unidos, ese trazo sintético, expresivo, amistoso, donde se nota a kilómetros el devastador poder de observación de una autora especialista en la gestualidad de los personajes, y en detalles que tienen que ver con la ropa, los peinados, la decoración, etc.. Hoy Pénélope Bagieu dibuja bastante mejor que en La Page Blanche, pero esto está buenísimo, tanto a nivel del dibujo, como del color y de la puesta en página. Como curiosidad, comparto el dato de que esta historieta fue adaptada al cine en un largometraje (también francés) y que está traducida al inglés y al alemán, pero no al castellano. Un disparate.
Después de muchísimo tiempo (el Vol.3 fue reseñado el 28/12/17) retomo la lectura de Lazarus, la serie escrita por Greg Rucka y dibujada por Michael Lark, con un Vol.4 que, a diferencia del anterior, me aburrió bastante. El arco denominado "Poison" levanta un poquito al final, pero me pareció muy lento, muy estirado, poco sustancioso. Rucka asume un riesgo importante, que consiste en narrar en paralelo dos situaciones distintas, en registros muy distintos, como si fueran dos obras de distintos géneros metidas en un mismo comic. Por un lado, toda la trama de poder, ambición, roscas, traiciones y ajedrez entre gente muy hija de puta, al estilo Dallas o Dynasty. Esto está bastante bien, es lo más entretenido de este tramo de la serie pese a que es imposible identificarse (y mucho menos solidarizarse) con personajes de tan baja calaña y tan exacerbada amoralidad. Por otro lado, este tomo narra en detalle una batalla militar que tiene lugar en la ciudad de Duluth, en la que la protagonista de Lazarus, Forever Carlyle, confronta con todo un ejército enemigo, acompañada de apenas cuatro soldados que le son leales. Hay un buen desarrollo de estos cuatro personajes, en un punto resultan queribles, pero la batalla se alarga tanto, y tiene giros tan inverosímiles, que en un punto esta incursión de Rucka por la historieta bélica perdió mi interés. El tomo incluye también un episodio unitario que -supongo yo- conectará más adelante con la trama central, y -como ya dije- guarda los mejores momentos para las últimas páginas, como para que uno no le pierda la fe a la serie. Creo que lo que menos me cerró de este tomo (el primero de Lazarus que no me deja hiper-manija, deseoso de tener YA en mis manos la continuación) es el tono, demasiado solemne, para mi gusto. No esperaba el show de los chistes, porque sé que es un comic realista, duro, adulto. Pero tanta seriedad cansa un toque. Lo más parecido al humor que hay en 140 páginas es algún que otro retruque sarcástico de los personajes más soretes y más cínicos, que Rucka mete para recordarte (por enésima vez) que estos personajes son los más soretes y los más cínicos. En algún momento (no tengo dudas) Forever se va a dar vuelta y va a hacer mierrrrda a sus propios familiares, a los que Rucka nos muestra como garcas cada vez más inescrupulosos. En la faz gráfica lo tenemos a Michael Lark, muy comprometido en la narrativa (no tanto en el dibujo en sí, que se apoya demasiado en las fotos retocadas) y muy bien complementado por los colores de Santiago Arcas. Lo mejor que tiene Lazarus es ver a Lark dejar la vida para que no te aburras cuando vienen esas secuencias de reuniones en las que un montón de gente se sienta alrededor de una mesa para conversar o negociar, con menos acción que en un geriátrico a las dos de la mañana. Con varios indicios de que Lazarus no se está yendo a la B, con la fe intacta en el próximo tomo (que andá a saber cuándo consigo y cuándo leo), prometo no bajar los brazos y -eventualmente- retomar una serie que hasta ahora venía muy arriba, más allá de que un amplio porcentaje del Vol.4 me resultó medio soporífero.
Y cierro con una breve mención para un libro que se obsequió a los asistentes a la edición 2021 de Montevideo Comics (ni me acordaba que se había hecho el evento, en ese año marcado por la segunda parte de la pandemia del COVID-19) y que, como es costumbre en esta mítica reunión de aficionados al comic, rescata trabajos de un autor clásico uruguayo poco conocido por el lector actual. Esta vez, el libro titulado La Leyenda de Pedro Malasartes reimprime trabajos de Pedro Cano realizados entre 1978 y 2008 para distintos medios de la vecina república. La verdad que no me gustó. No me gustó el estilo gráfico de Cano (que varía bastante de una historieta a la otra), encontré problemas en la calidad de la reproducción de varias páginas, los guiones me parecieron bastante ingenuos... Creo que lo más rescatable es la primera historieta, Puro Biógrafo, no por el dibujo, ni por el personaje (el gaucho Ventarrón) sino por la libertad con la que Cano se va al carajo y mete personajes y situaciones totalmente descolgadas, en algo que -en sus mejores momentos- parece una sátira a las películas de Hollywood al estilo de lo que hacían Enrique Ventura y Miguel Ángel Nieto a principios de los ´70, por supuesto con una calidad gráfica bastante inferior. De ahí en adelante el libro entra en una curva descendente, con momentos realmente chotos. Obviamente, no sumo a Pedro Cano al Olimpo de los grandes autores de la historieta uruguaya del Siglo XX. Nada más, por hoy. Espero volver pronto con nuevas reseñas. Gracias a l@s amig@s chilen@s por el afecto y el aguante de tantos años y será hasta la próxima.

miércoles, 22 de marzo de 2023

LLEGÓ EL OTOÑO

Mientras trato de no caer derrotado en una lucha sumamente desigual contra el sueño, me lanzo a reseñar dos libritos que tengo leídos. Guerra Di Demoni es una gran obra de fines del Siglo XX escrita y dibujada por el maestro francés David B.. ¿Por qué catzo leo en italiano una obra de un autor francés? Porque por motivos que desconozco está inédita en castellano, y porque nunca en mi vida vi el álbum en su idioma original (sólo sé que se llama Le Tengû Carré). Lo más asombroso de este libro es cómo en 1997 este monstruo ya tenía su estilo totalmente pulido, totalmente definido. Después se va a animar a más cosas en materia de narrativa, va a incorporar el color, pero en estas 144 páginas ya está todo lo que uno identifica con David B.. El trazo, el manejo del claroscuro, la composición de las viñetas, la síntesis, el trabajo en los fondos (y la intuición para saber cuándo omitirlos sin que el lector sienta que le están metiendo la mano en el bolsillo), el manejo de la documentación histórica, el abordaje de las temáticas fantásticas... Tempranito en su carrera, David B. ya tenía todo brutalmente claro. El argumento de Guerra Di Demoni arranca complejo: son seis protagonistas, con objetivos cruzados, que avanzan hacia la inevitable colisión. Para la mitad de la obra, cuando todos confluyen más o menos en los mismo lugares, el relato pone cuarta y gana muchísimo en ritmo. Y en violencia. Y en humor negro. La verdad que es una segunda mitad trepidante, hipnótica, que no deja nada sin resolver. El autor nos deleita con una batalla a todo o nada entre soldados, samurais, demonios, yokais, ladrones, un monje y varias criaturas fantásticas más, justo en ese momento de la historia de Japón en la que las tradiciones milenarias se ven amenazadas por la llegada de las armas de fuego traídas de Occidente y por la ominosa presencia del ferrocarril. En este contexto, habrá personajes que luchen por honor, otros lo harán por codicia, otros porque están cegados por el odio y la crueldad más atroces y otros para divertirse, a modo de travesura. Intereses y motivaciones muy diversos para un elenco muy bien trabajado por David B. a lo largo de toda la novela. Me divertí mucho con esta historieta, y mientras traducía mentalmente del italiano al castellano, pensaba "¿cómo puede ser que esto no esté publicado en nuestro idioma, la visitadísima concha de sus madres?". Se publica cada bossssta, cada aborto talidómico, cada falta de respeto, que no tener Le Tengû Carré en nuestro idioma me produce indignación. Si me dijeran "todas las editoriales que publicaron obras de David B. se fundieron porque tiene menos fans que la leucemia y menos éxito que un Silver Solarium en Nigeria", y bueno, puede ser. Pero no es. David B. tiene muchas obras publicadas en un montón de editoriales españolas, y casi todas gozan de buena salud. Por ahí ahora que las editoriales argentinas empezaron a descubrir que el comic europeo no es cancerígeno, algún sello local apuesta por esta joyita. No estaría mal, incluso como mojada de oreja a los colegas españoles. Obviamente si sabés leer en francés o en italiano, no esperes milagros y conseguite Le Tengû Carré, o Guerra di Demoni para pasar un muy buen rato a los tiros y los sablazos junto al glorioso David B..
Me voy a Estados Unidos, año 2017, cuando Image recopila en libro el primer arco de The Old Guard, una serie creada por los maestros Greg Rucka y Leandro Fernández que ganó notoriedad hace un par de años, cuando Netflix la adaptó al formato de película. Jamás la vi ni creo que la vea nunca, así que me concentro en la historieta, que me pareció muy potente, muy interesante. Ojo: no es la gloria ni la maravilla máxima. Es una de machaca con mercenarios encubiertos de las que leímos seis millones, con una vuelta de tuerca ingeniosa: estos tipos y minas son inmortales. Combatieron en cientos de guerras desde tiempos inmemoriales y tienen el superpoder de regenerar heridas tremendas en pocos minutos, al estilo Wolverine. Pero como ya vimos en las aventuras de Gilgamesh, vivir para siempre no es tan copado. Ser el único gil que no envejece mientras tus amigos y seres queridos decaen y se deterioran hasta morir no es muy divertido. Y así es como más de uno en la Vieja Guardia tiene como verdadera meta sacarse de encima la maldición de la inmortalidad y visitar -por fin- la Quinta del Ñato. Ese conflicto interno que viven algunos de los personajes es la única capa de profundidad que encuentro en la obra. El resto es muy clásico: misiones, explosiones, millonarios garcas que les quieren robar el secreto de la inmortalidad, un traidor que juega a dos puntas, una integrante nueva que se suma al equipo como para que el lector se entere todo acerca de su funcionamiento a través de los diálogos entre ella y "los de siempre", sangre, viajes por el mundo... todos elementos con los que Rucka ya jugó en series como Queen & Country, Checkmate, Lazarus... Acá está todo muy pulido, muy reluciente, muy ganchero. Y los personajes están bien trabajados, cada uno con una personalidad marcada, y una historia previa (y muy antigua) que Rucka revela en flashbacks que no entorpecen para nada el relato. La trama romántica que involucra a dos de los muchachos del equipo también está muy bien presentada, y queda para el Vol.2 indagar en cómo la llegada de Nile altera la dinámica del equipo. Leandro Fernández deja la vida en el dibujo: retrata varias ciudades de distintos continentes, recrea en los flashbacks batallas de distintos períodos históricos, dota a cada personaje de rasgos muy distintivos y juega con "la cámara" para que no nos aburramos en las secuencias donde sólo tenemos gente hablando. Cuando le toca dibujar machaca, el rosarino tira toda la carne al asador y logra momentos de altísimo impacto, con onomatopeyas zarpadas, estallidos de sangre y unos efectos de iluminación muy logrados, probablemente consensuados con la colorista Daniela Miwa. El claroscuro extremo que ensaya Fernández en estas páginas a mí particularmente me fascina (y me recuerda a lo que hizo en Queen & Country, en su primera colaboración con Rucka), pero me doy cuenta de que, combinado con los rasgos y las expresiones faciales tan marcados, al borde de lo caricaturesco, puede resultar demasiado raro para el consumidor del mainstream clásico de EEUU. Por momentos estamos más cerca del Fernández de Far South que del de Punisher, y eso a mí me copa porque da cuenta de la libertad total con la que Leandro encaró este proyecto. También entiendo al que me diga "se va muy al carajo, el guion daba para algo visualmente más clásico". Sea como fuere, a The Old Guard le fue muy bien, el éxito de la película impulsó la venta de la historieta, y tengo entendido que hay un par de arcos argumentales más ya editados por Image, que trataré de conseguir y leer en un futuro no muy lejano. Rucka y Fernández merecen mi aguante y además este primer tomo, sin detonarme la cabeza, me resultó muy satisfactorio. Nada más, por ahora. Volvemos pronto. con nuevas reseñas acá en el blog y nos encontramos el sábado en la Biblioteca Nacional con quienes vengan a presenciar la tercera entrega de los Premios Cinder.

sábado, 13 de marzo de 2021

8 al 14 de MARZO

Otra semana en la que leí muy poco, porque estoy a full con el tema de la Comiqueando Digital, sobre todo concentrado en la difusión en los distintos medios de habla hispana. La revista está realmente increíble y, como les dije la semana pasada, estaría muy bueno que tod@s l@s que durante mil años disfrutaron de los contenidos gratuitos que ofrecemos tanto acá como en YouTube y en el sitio web de Comiqueando, hicieran el ínfimo esfuerzo de entrar a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y comprar el nº1 de la revista, o suscribirse a los cuatro números que van a salir este año. No tengo dudas de que es un esfuerzo que se va a ver ampliamente recompensado por el material que se van a encontrar en esas brutales 208 páginas.
En cuanto a las lecturas, empiezo en EEUU, año 2016, cuando Image lanza el primer TPB de Black Magick, una serie escrita por el maestro Greg Rucka y dibujada por la hermosa australiana Nicola Scott. Me llamó muchísimo la atención la diferencia de calidad entre estre trabajo de Scott y lo que suele hacer cuando dibuja comics de superhéroes en DC. Acá hay un cuidado muy, pero muy superior en todos los detalles: decorados, paisajes, ropa, peinados, escenas multitudinarias, expresiones faciales… Menos la puesta en página, que es muy clásica y no muestra la menor intención de inventar cosas nuevas, en todo el resto el dibujo de Scott levanta un vuelo que nunca había visto en sus otros trabajos. Ayuda mucho el hecho de que toda la historieta esté pensada en tonalidades de grises, con esas irrupciones cromáticas que coinciden con ciertos momentos clave de la trama. En ese manejo de los grises también, Scott me sorprendió muy gratamente. Visualmente este es un comic muy interesante, muy original y realmente muy logrado. El guion, sin ser la maravilla absoluta del Noveno Arte, está muy bien. Todo gira en torno Rowan Black, una chica que trabaja como inspectora de policía en Portsmouth, pero además tiene una vida secreta como integrante de un aquelarre de brujas posta. No es una farsa, ni un chamuyo New Age, ni nada: son mujeres que dominan la magia negra y que pueden hacer cosas que en el mundo real en el que se ambienta la serie parecen imposibles. Con ese elemento fantástico, muy bien dosificado a lo largo de los cinco episodios que incluye el TPB, Rucka le agrega tensión y suspenso a algo que si no, podría parecer un remedo de Gotham Central con personajes menos queridos por los lectores. Por suerte no se queda en eso y además de transpirar la camiseta para que Rowan nos caiga bien, el guionista arma un laberinto sobrenatural bastante sutil, para nada obvio, que la portadora de la chapita y la reglamentaria deberá recorrer para salvar el pellejo, y seguramente algo más. No tengo los tomos siguientes, pero la lectura de este Vol.1 me convenció como para querer leer más Black Magick.
Salto a Argentina, plena pandemia de 2020, cuando se publica Feliz, el tercer libro de Roberto, un tipo de mierda, la creación de Marcelo Dupleich cuyas entregas anteriores vimos el 15/10/18 y el 30/07/19. Esta vez, para el cierre de la trilogía, Dupleich opta por contar una historia extensa en lugar de varios relatos breves hilvanados por la aparición de Roberto y algún otro personaje. Feliz se puede considerar tranquilamente una novela gráfica, breve, porque no son muchas páginas y en cada una hay pocas viñetas, pero novela gráfica al fin. De nuevo se repite el problema de la gran cantidad de páginas sin historieta con las que Dupleich infla artificialmente un libro que podría ser bastante más flaquito, sin sacrificar ninguno de los contenidos que nos interesan a los que nos acercamos a los libros para leer historietas. El resto, muy parecido a lo anterior: una estética feista, muy jugada al impacto que produce el blanco y negro extremo, una puesta en página donde predomina el apilado de dos viñetas grandes sobre fondo negro, sin zanjas y sin bordes para las viñetas, diálogos muy afilados, con un humor negro y revulsivo, a tono con un argumento que nos propone (una vez más) el descenso a las fosas de la abyección moral más neuseabunda. En esta última entrega Roberto ya no es sólo un crápula o un garca sin escrúpulos: es lisa y llanamente un criminal. Y probablemente el principal logro de Dupleich sea que aún así nos caiga bien, y nos guste verlo salir impune de las fechorías que comete. Destaco también un elemento bastante importante dentro de la faz gráfica, que son esas tomas de Mar del Plata en las que Dupleich parte de una foto y llega a imágenes mucho más realistas que las de los personajes, muy bien logradas y bien incorporadas a la estética general de la obra. La saga de Roberto es transgresión pura, en todos los sentidos en los que una historieta puede ser transgresora. Desde los chistes de pedofilia y zoofilia hasta un planteo visual y narrativo totalmente personal, sin olvidar ese criterio tan extraño con el que se decide cuántas páginas ocupa la historieta dentro de las 84 que ofrece el libro. Y hasta acá llegamos. Gracias y hasta la semana que viene.

jueves, 28 de diciembre de 2017

JUEVES AL ROJO VIVO

¡Qué lo parió el calor que hizo hoy! Un infierno. Bue, yo sigo acá, sumando para la estadística.
El Vol.3 de Lazarus, la serie de Greg Rucka y Michael Lark, es hasta ahora el mejor de la serie. Con el mundo en el que se mueven los personajes ya bastante bien definido en los dos tomos anteriores, Rucka se juega el todo por el todo en un arco extenso, pero sobre todo tenso. Acá tenemos una especie de final, que tardó 15 episodios en llegar, pero que por primera vez nos deja 100% satisfechos, onda “si no querés comprar más Lazarus, no la compres”. Obviamente hay plots que se siguen cocinando a fuego lento y que seguramente Rucka resolverá en tomos posteriores, más allá de que el arco conocido como Conclave ofrezca un cierre bastante claro a esta primera parte de la serie.
A lo largo de todo el tomo, el guionista suma intriga, sugiere cosas que pasan por detrás de la acción (básicamente, gente que habla, baila, garcha, juega a las cartas o entrena) y trabaja en la definición de los vínculos entre los personajes, que es lo que a la larga hace que nos importe lo que va a pasar al final con varios de ellos. Esto es lo mejor que tiene Lazarus: la bajada a vínculos humanos de un complejo entramado político-empresarial. Y si creés que un arco centrado en los vínculos entre esta elite rosquera no deja mucho lugar para las emociones fuertes, y ni hablar para la machaca, olvidate. Acá hay de todo, pero de todo posta. Emociones, revelaciones, incógnitas jodidas, traiciones abyectas y el mejor duelo con espadas de la historia del Noveno Arte. –Eeehhh! ¿No será mucho? –No, te juro que no.
Son 14 páginas dedicadas al combate a muerte entre Forever Carlyle (la protagonista de la serie) y su amiga (pero ahora contrincante) Sonja Bittner, perfectamente coreografiadas por Lark para mantenernos hipnotizados de punta a punta, con cada movimiento, cada contorsión, cada estocada de estas dos hermosas gladiadoras. Todo el laburo de Lark en el tomo es excelente, pero acá, como tiene que dibujar cosas que no se pueden chorear de fotos, pone el alma de verdad.
Y además, en este tomo de Lazarus, cuando todo gira en torno a este ajedrez a escala global entre Jakob Hock y Malcolm Carlyle, medio que a Rucka se le cae la careta. Ahora sí, se empieza a notar bastante que Lazarus es Checkmate!, pero fuera del Universo DC. El escenario y los personajes son otros, pero reaparece fuerte esa esencia, esa impronta que tan buen resultado le dio al ídolo. No sé cuándo le entraré al Vol.4, pero banco esta serie hasta el final.
Bueno, ahora sí, estoy en condiciones de afirmar que Kioskerman se volvió completamente loco. Tengo frente a mí un libro suyo por tercera vez (ver reseñas del 22/01/10 y 13/12/13), esta vez titulado El Amor Vendrá al Rescate, ya sin los personajes que venía desarrollando en Edén. No sólo Kioskerman se volvió loco: también enloquecieron sus editores de Sudamericana, que se proponen vendernos esto como si fuera historieta.
Ya habíamos visto varias tiras de Edén en las que el texto era una especie de haiku, o de frase sensiblera, fragmentada en cuatro viñetas y acompañada de dibujos que no siempre tenían que ver con las palabras. Bueno, ahora eso se potencia hasta el infinito. Son páginas y páginas, completamente inconexas entre sí, en las que leemos frases cortadas por cualquier lado, sin ningún criterio, repartidas entre varias viñetas (ya no corre la convención de que sean cuatro), junto a dibujos que no narran nada y que muchísimas veces no tienen un choto que ver con las palabras que aparecen en los bloques de texto o los globos de diálogo.
El Amor Vendrá al Rescate quiere ser historieta, pero no tiene secuencias, no hilvana nunca una narración gráfica. Para hacer una historieta poética primero hay que hacer una historieta y en este libro Kioskerman desaprende mucho de lo aprendido, pega un salto al vacío que no terminaré nunca de entender. Buenísimo el vuelo lírico de algunos textos, alucinante la introspección, el mensaje de amor y buena onda cuasi-new age, “soltar y florecer”… Todo muy copado pero, ¿no hay una historia que se pueda contar? No te digo un conflicto, ya sé que las historietas de Kioskerman no tienen conflicto, pero… algo, no sé, un cuentito, una fábula, algo que no se pueda confundir con un aforismo de José Narosky ilustrado…
Ah, y por si faltara algo, el dibujo no me gustó. Kioskerman se fue de esa línea prolija (y apenitas rígida) de su libro anterior, para recorrer distintos registro gráficos, donde mezcla color con blanco y negro, combina técnicas de dibujo y entintado, experimenta, sintetiza, prueba cosas locas… y rara vez acierta. Ese dibujo de la portada, en esa onda cuasi-Bryan Lee O´Malley, adentro del libro no la vas a ver. Adentro te espera un despelote visual que muchas veces coquetea con el mamarracho.
Quizás esto esté apuntado a otro tipo de lector, que no consume habitualmente historietas y que se engancha con la onda de “frases poéticas con dibujitos”. Ojalá ese lector exista y ojalá sean muchos, para que el libro se venda bien. Pero acá, donde evaluamos historietas, te tengo que decir que Kioskerman se cayó del mapa. Una pena.
Veremos si vuelvo antes del 31 con nuevas reseñas. Por las dudas, gracias totales y Feliz 2018 para todos. Atenti, que en cualquier momento largamos la novena temporada del blog...

viernes, 7 de noviembre de 2014

07/ 11: LAZARUS Vol.1

Estoy en San Luis, ya palpitando el evento de este finde y con poquísimo tiempo para escribir. Pero vamos a sintetizar a full:
Greg Rucka, maestro absoluto. Acá sorprende con grandes ideas, una excelente construcción de un universo ficticio, muy buenos personajes y una runfla bien espesa, con margen para la acción, pero sobre todo para la intriga y la mala leche. Una genialidad, realmente.
Michael Lark, una pena. Un dibujante superdotado, un monstruo del claroscuro, dueño de un grafismo personal, atractivo, distintivo… reducido a un vil Juan Carlos Flicker. Posta, si no te dicen que dibuja Lark, te comés que dibuja cualquier verdulero de Marvel o DC de los que sólo saben retocar fotos. Acá todo se muy lindo, pero es TODO foto. Por suerte la narrativa es ganchera, dinámica, muy atrapante. Pero yo quiero ver a Lark dibujar en SU estilo, no calcar fotos.
Y una sorpresa rara: Santiago Arcas, te acordás? Ese autor español que empezó como guionista y después se hizo autor integral de sus propias novelas gráficas, acá reaparece… como colorista! Y hace un gran laburo, eh? Andá a saber de qué lo ponen en el próximo partido.
Recomiendo mucho Lazarus a los fans de Greg Rucka y del comic para adultos fuerte, intenso, al límite. Sin dudas es otro de los grandes hallazgos de Image de los últimos tiempos.
Y me despido hasta el lunes, cuando volveré a postear no sé si desde San Luis o desde Buenos Aires.

sábado, 27 de julio de 2013

27/ 07: CHECKMATE Vol.1

Este es un título decididamente menor de DC, muy típico del período 2006-2011, ese en el que la editorial probó suerte con 150.000 conceptos y la pegó con tan pocos, que terminó por rebootear el universo. Por lo menos lo intentaron, porque no se puede negar que la cantidad de series que lanzó DC entre Infinite Crisis y Flashpoint es impactante. Y cuando nos cansemos de buscarle sustancia al humo y la oquedad que nos quieren vender en estos últimos años, seguramente vamos a terminar por reivindicar a series de esta etapa a las que no les dimos bola: ni la que se merecían, ni menos, ni más.
Checkmate tiene un gancho irresistible: Greg Rucka. No sé cómo DC dejó ir a Rucka, porque este tipo la rompió prácticamente en todo lo que hizo para la editorial. Creo que lo único choto son esas historias de Renée Montoya como Question que enganchan con Final Crisis. El resto es todo de dignísimo para arriba. En Checkmate, además, a Rucka le dejan hacer algo que le sale muy bien: una de espionaje internacional con tono realista y con mucho énfasis en el procedimiento. Por supuesto, no logra transplantar al Universo DC la onda de Queen & Country, porque acá, para que la serie venda, tiene que meter mucha más machaca y personajes con disfraces coloridos. Aún así, se acerca bastante a la onda de las gloriosas aventuras de Tara Chace (ver reseña del 06/03/12), con mucho peso para los jetones de saco y corbata que negocian con embajadores y ministros antes de poner en marcha o abortar las misiones de los agentes, muchos muertos, mucha runfla, etc.
Esta encarnación de Checkmate, totalmente reformada tras los eventos de The OMAC Project, depende del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Acá vemos cómo el Consejo aprueba la creación de este nuevo Checkmate, a pesar del voto negativo de dos miembros y la abstención de uno sólo (Argentina, canejo!). Por supuesto, para que las cosas importantes se aprueben, hay que rosquear. Y en ese rubro, Rucka juega con 40 anchos de espada en el mazo, porque –a pesar de sus esfuerzos por darle chapa a Sasha Bordeaux- el personaje central será, sin discusión posible, Amanda Waller, la reina de la rosca. Amanda, ex integrante del gabinete de ministros de Luthor y experta en operaciones encubiertas ejecutadas por super-villanos (ver reseña del 10/05/11), llevará a cabo su propia agenda, no alineada con la ONU, sino siempre leal al gobierno de los EEUU. Y todos los demás miembros de la cúpula de Checkmate (“los reales”) tendrán que cambiar su juego para descubrir de qué juega Waller.
El primer arco está apenitas estirado y nos narra la opereta que arma Checkmate para “convencer” a China de que apruebe la creación de la agencia. Hay un episodio de transición en el medio y cierra una aventura de dos capítulos en la que Waller reactiva al Suicide Squad (con Rick Flag y todo) para resolver una crisis en Myanmar (Guy Delisle nos contó bastante sobre ese páis en el libro que vimos el 15/11/11) en la que la ONU prefieren no meterse. Si –como yo- sos fan del Squad, con estos dos numeritos vas a flashear mal.
El dibujante titular es español Jesús Sáiz (el de Manhunter), muy correcto, sin pifias y sin mayores despliegues de virtuosismo. Sáiz cuida la narrativa y logra una muy buena integración entre su grafismo y la referencia fotográfica. El suplente (con tres de estos siete episodios, incluyendo los del Suicide Squad) es Cliff Richards, al que no conocía. Y no es malo, por suerte. De hecho, se luce bastante cuando lo complementan las tintas del veterano Dan Green. O sea que visualmente, esto se la banca, sin descollar ni emocionar demasiado.
Y sí, para que esto fuera un comic de espionaje posta, había que sacar a Alan Scott (que por suerte está sólo en el primer arco), a los superhéroes chinos (algunos con pinta... interesante) y a los villanos y demás personajes del Suicide Squad. Al meterlos a todos, Rucka logra que uno se tome menos en serio el tono circunspecto y protocolar de “las partidas de ajedrez” entre la cúpula de Checkmate, ese aspecto más realista, del toma-y-daca entre intereses muy fuertes, muy encumbrados a nivel del poder mundial. Algo que, en una de esas (y sobre todo en manos de guionistas menos talentosos) podría ser un embole, y que acá se hace muy entretenido porque Sasha, Mr. Terrific, Fire, los “amiguitos” de Waller y varios personajes más vinculados al palo metahumano le ponen picante a la runfla cada vez que estalla la acción. Si sos fan de Greg Rucka o extrañás al DCU pre-reboot, no dejes de darle una oportunidad.

viernes, 28 de junio de 2013

28/ 06: BLACK WIDOW

A fines de 1999, cuando todavía no había empezado el reinado mágico de Joe Quesada y Bill Jemas y cuando faltaban años para que el personaje cobrara chapa de la mano de Scarlett Johansson y las pelis masivas, alguien en Marvel decidió darle la oportunidad de brillar a Black Widow, la eterna segundona.
A la hora de buscar guionista, fueron a la opción más obvia: Devin Grayson, que por aquel entonces escribía Catwoman en DC. En sólo tres episodios, Grayson tenía que pilotear un desafío bravo: reconciliar a Natasha con su pasado como espía y presentarnos a una nueva Black Widow, una chica joven, inexperta, hambrienta de gloria y absolutamente leal a Rusia (en contrapunto con Natasha, que en los ´60 traicionó y se pasó al bando de los yankis). Todo esto, atravesado por una aventura, claro, porque para que este tipo de comics funcionen, los personajes tienen que vivir situaciones límite cada 22 páginas. En una demostración de vanguardismo, Grayson elige como villanos a los fundamentalistas islámicos, dos años antes de los antentados en las Torres Gemelas y el Pentágono. Diez años después, Pierre Christin elegiría a los mismos villanos para la historieta que vimos ayer, aunque obviamente con más huevos, porque te dice claramente que son de Georgia (no de “Rhapastan”) y por lo que veíamos ayer del cuidado meticuloso por conservar el verosímil. Lo de Grayson es mil veces más pochoclero, repleto de escenas de alto impacto, pero claro, el verosímil queda más roto que cuando Prat Gay y Lilita Carrió se definen como “de centroizquierda”.
Y en el dibujo hubo un poquito más de riesgo: el elegido fue J.G. Jones, que en ese momento no era un artista cotizado, ni mucho menos. De hecho, este fue su primer trabajo para una de las “big two”. Pero qué trabajo, maestro! No sé cuánto tardó Jones para dibujar esas 66 páginas, ni cuántos asistentes metieron mano. Lo cierto es que es un trabajo absolutamente consagratorio al que no sé si logró superar en los 14 años transcurridos desde entonces. Esto es dibujo académico-realista de gran nivel, con la referencia fotográfica muy bien integrada, una gran simbiosis con los coloristas, miles de truquitos para darle ritmo a la narrativa y un preciocismo muy fino, como para dotar al pochoclo de una cierta pátina de sofisticación. Gran labor, en serio.
A todo esto, el TPB ofrece una segunda miniserie de tres episodios, y de nuevo hacen la obvia: a Grayson se suma Greg Rucka, que la acababa de romper con el debut de Queen & Country, otra serie de espionaje con protagonista mujer. Esta vez la aventura ocupa un rol casi secundario. A Grayson y Rucka les interesa más bucear en la mente de Yelena Belova (la nueva Black Widow) para definir mejor quién es, cómo se va a relacionar con Natasha y desde dónde va a encarar su laburo como agente del recontra-espionaje. Para eso arman una trama muy psicológica, con psicopateadas al límite, bastante ganchera aunque aún menos verosímil que la anterior. La acción transcurre en New York (en el barrio donde paré yo en Octubre) y eso permite que venga a jugar con las viudas el querido Daredevil, un personaje que garpa incluso cuando lo ponen de suplente, a jugar los últimos 10 minutos del partido. Nick Fury también aparece, pero aporta poquito.
El dibujo está a cargo del glorioso Scott Hampton, un dibujante de la línea pictórica, a quien uno relaciona mucho más con historias de castillos, hadas, duendes y criaturas fantásticas que con una de machaca urbana en el Upper West Side. El maestro igual se la banca: dibuja lindas peleas, hermosos primeros planos y cuando no puede zafar de dibujar los fondos, retrata las locaciones de New York con magia, sutileza e inobjetable criterio estético.
Ninguna de las dos saguitas son joyas y a la vez ninguna de las dos falla en sus propósitos. O sea que si sos fan de Black Widow, o de alguno de los cuatro autores mencionados, o te parece interesante el rol de los espías y agentes onda James Bond o Golgo 13 en un mundo en el que existen los superhéroes, en este libro vas a encontrar buenas dosis de machaca, buenos diálogos, muchas situaciones fuertes y –como bonus track- la presentación de una nueva Viuda. No sé si Yelena Belova hoy sigue activa, pero acá muestra condiciones para meterse en el grupito de los personajes atractivos a los que estaría bueno verlos desarrollarse más. Hay por lo menos un TPB más de Black Widow que no tengo y me interesa leer, así que voy por él.

jueves, 20 de diciembre de 2012

20/ 12: GOTHAM CENTRAL Vol.4

Se termina esta gloriosa serie que a lo largo de 40 episodios le supo dar brillo y prestigio al mainstream de DC.
Los nueve números finales arrancan con un unitario magnífico, muy tenso, muy bien llevado y al que Greg Rucka remata con la imprevista aparición de un personaje de los conocidos, de los clásicos super-freaks de Gotham, para una vuelta de tuerca macabra y fascinante. Este unitario marca el pulso de lo que veremos en el resto del tomo: mucho protagonismo para Reneé Montoya y Crispus Allen y sobre todo para Jim Corrigan, irredimible cabecilla de una espeluznante red de corrupción que funciona adentro de la policía de Gotham. El dibujo es del maestro Steve Lieber, acá en su estilo más cercano al de Sean Phillips.
Rucka une fuerzas con Ed Brubaker para el siguiente arco, el de los Robin muertos. Esta es una historia típica de esta serie, bien centrada en los procedimientos policiales, con el protagonismo más repartido entre los distintos inspectores y con otra aparición bastante breve (y perturbadora) de Batman. En el dibujo se combinan el español Kano y el italiano Stefano Gaudiano y el resultado, sin ser brillante, no está mal.
Hay un unitario más de Rucka y Lieber, esta vez una especie de tie-in con Day of Vengeance, una de las miniseries que desembocaron en la intrascendente y vendehumo Infinite Crisis. Esa saga gradilocuente al pedo la escribia Rucka y bueno, decidió mostrarla desde la óptica de un humano común y corriente, en este caso Crispus Allen, quien más adelante tendrá bastante que ver con la magia, la ira de Dios y demás chamuyos místicos.
Y lo mejor del tomo llega al final, con la última trilogía, a cargo de Rucka, Gaudiano y Kano. Si ya sabías que Crispus Allen en algún momento iba a asumir el rol del Spectre, probablemente te preguntabas cómo y dónde murió. Bueno, acá Rucka se juega la vida y los cantos al hacer boleta (pero boleta de verdad) a uno de los protagonistas excluyentes de Gotham Central. Que es lo que deberían hacer todos los guionistas cuando está por cerrar una serie en la que hay personajes que ellos mismos crearon, no? En fin, lo cierto es que Allen está muy cerca de exponer a la red mafiosa de Corrigan y este le baja un cargador entero por la espalda. Montoya descubre que Allen investigaba a Corrigan y pronto todo el elenco está buscando pistas que incriminen al corrupto.
Esta saga es perfecta por muchos motivos: por la intensidad dramática, por cómo afecta a los personajes la muerte de Crispus, porque no aparecen freaks disfrazados, por la impotencia que te da ver cómo el villano zafa, porque los buenos pierden y porque lo que vos creés (convencidísimo) que va a pasar al final (Montoya se pudre y boletea a Corrigan a sangre fría) no pasa. Ese giro del final, esa anteúltima secuencia en la que Montoya tiene la oportunidad de vengar a su amigo y acabar con un corrupto hijo de mil putas, le pega un upgrade tan grosso al personaje que decís “Ah, bueno... ahora sí, Montoya no tiene límites en cuanto a la cantidad de chapa que puede llegar cosechar”.
Lástima que no fue así. Tras este magistral cierre de Gotham Central, Rucka siguió adelante con las aventuras de Allen y Montoya, ahora mucho más integrados al circo superheroico (Allen como el nuevo Spectre y Montoya como la nueva Question), pero todo fue cuesta abajo. Con capas y máscaras, estos dos personajones no dieron nunca el jugo que daban con sobretodo y reglamentaria. Ni siquiera cuando los escribió Rucka. Pero bueno, nada de eso empaña la importancia de estos cuatro brolis de Gotham Central en los que Rucka y Brubaker nos hicieron fans de la policía a fuerza de historias tan pero tan fuertes, tan complejas, tan humanas, tan reales que cuesta creer que estuvieran ambientadas en la misma Gotham en la que transcurren tantas aventuras chotas u olvidables de Batman y sus bati-amigos. Ovación de pie para estos dos grandes guionistas, hoy alejados de un mainstream que, evidentemente, les queda chico.

viernes, 27 de abril de 2012

27/ 04: GOTHAM CENTRAL Vol.3

Otro tomo pulentoso, con nueve episodios de la serie que supo jerarquizar al mainstream de DC en la primera mitad de la década pasada. Esta vez, no hay que padecer a los horrendos dibujantes que nos infligieron en el Vol.2 y eso sin dudas se agradece. Tenemos tres episodios dibujados a cuatro manos por el glorioso Michael Lark y el más que correcto Stefano Gaudiano y este último formará equipo con varios entintadores para cuatro episodios más. Al Gaudiano solista se le notan un poquito más los hilos de la marioneta: cuando mete referencias fotográficas (o sea, cada vez que tiene que dibujar fondos mínimamente elaborados) lo hace de modo muy obvio, no integra las fotos al dibujo con la misma cancha que Lark. Y rompe más veces la grilla de cuatro tiras, que para Lark era casi sacrosanta. Igual se la re-banca, incluso cuando le cambian los entintadores cada 20 páginas, algo que –me imagino- debe ser frustrante (cuando no irritante) para cualquier dibujante. En definitiva, los siete episodios escritos por Greg Rucka cuentan con el respaldo de dibujantes o de primera línea, o de segunda, pero compenetrados, poniendo huevo.
Ed Brubaker, el otro guionista de la serie, acá aporta apenas un arco de dos episodios, protagonizado por Josie Mac y con Catwoman como figura invitada (fijate cómo el término “figura” me permite no definirla ni como villana ni como heroína). La historia es realmente excelente y combina a la perfección un intenso misterio policial con un gran desarrollo de personajes. Y a nivel dibujo, Brubaker también se sacó la lotería: le tocó trabajar con Jason Shawn Alexander, a quien ya vimos en alguna antología de Dark Horse y en alguna aventura de Hellboy. El estilo de esta bestia no se parece en nada al de Lark, ni en el dibujo ni en la narrativa. Va más bien para el lado de Michael Gaydos o –en sus mejores momentos- Dave McKean. Como esos referentes, no se abstiene de laburar sobre fotos incluso los primeros planos de las caras, pero labura de verdad, no chorea con el Flicker como tantos otros ladris. Y sobre todo, tiene mucha onda, mucha personalidad. Otro hallazgo.
¿Qué onda los guiones de Rucka? A ver, el arco más extenso, el del Doctor Alchemy, es de una crueldad desmedida. Acá los buenos pierden por goleada, después de dejar la vida para tratar de revertir la maldad que este enemigo de Flash le hace a un pobre policía de Gotham. Es una historia tensa, con bastante machaca, pero sobre todo retorcida, perversa y triste.
Su arco de dos episodios (titulado simplemente “Corrigan”) es bien de procedimiento. Acá no importa tanto contra quién va la cana, ni cómo resuelve el caso, sino cómo zafa Crispus Allen de quedar pegado en un crimen por una tramoya de un policía corrupto. En las dos historias tiene mucha, demasiada chapa Reneé Montoya, que en el tomo anterior casi no aparecía y a la que Rucka va a seguir potenciando hasta convertirla en The Question (error garrafal, pero bue).
Me queda un unitario, Lights Out, que cuenta cómo la policía de Gotham decide deshacerse de la batiseñal. El conflicto es arduo, espeso, complejo, pero se resume así: el comisionado Akins no confía en Batman y sostiene que la cana no puede exhibir abiertamente su vínculo con un justiciero que opera por afuera de la ley. Y lo sostiene a full, eh? La escena final, en la que el bati-oreja sale de las sombras para aclarar los tantos con Akins es sencillamente brillante.
Y no hay más. Bueno, sí, queda un cuarto tomo que todavía no leí. Y por supuesto, la recomendación para que te enganches con Gotham Central y la banques hasta el final, porque es una cátedra ejemplar de historieta policial, de historieta de “gente normal” en un mundo repleto de super-freaks, y de historieta 100% de autor inserta en un mainstream en el que mandan el pochoclo, la estridencia y el más de lo mismo. Papa MUY fina.

martes, 6 de marzo de 2012

06/ 03: QUEEN & COUNTRY Vol.3

En realidad no es el Vol.3, sino el tercer tomo de la Definitive Edition, que trae los que originalmente fueron los TPBs 7 y 8. Y más de 160 páginas con los guiones originales de Greg Rucka, bocetos de los distintos dibujantes y demás. Entre una gilada y otra, el libro se va a 400 páginas, de las cuales sólo 236 son de historieta.
Pero lo que hay se disfruta a pleno. Queen & Country es una verdadera maravilla, probablemente la mejor historieta de espionaje jamás escrita. El personaje de Tara Chace es un compendio de hallazgos, fruto de un laburo tan desbordante de dedicación como de talento y –sobre todo- de amor. Si Rucka me dice que no está enamorado de Tara, no le creo. Ya en las primeras sagas Tara parecía mucho más persona que personaje. Imaginate a esta altura de la serie, en la que la revista ya tenía más de 30 números publicados y había dado origen a dos novelas no gráficas sino 100% literarias.
La estructura de Queen & Country se parece mucho a la del Suicide Squad: en una agencia de inteligencia, un jefe decide mandar a sus operativos a una misión jodida, a hacer un trabajo sucio, generalmente en un lugar inhóspito y peligroso. Los agentes no pueden ni tirarse un pedo sin permiso de este jefe (acá es Paul Crocker, otro personajón), pero este a su vez responde a capos más capos que él, dentro de una jerarquía de poderes que termina en el Primer Ministro, porque esta serie es de espías británicos. Acá los agentes (minders) no tienen superpoderes ni armas locas, ni se pueden categorizar como héroes o villanos, pero el funcionamiento es muy parecido al del Squad. Y como en aquella mítica serie de DC, no es infrrecuente que los agentes vuelvan de sus misiones en silla de ruedas, ataúdes o bolsas de consorcio.
Rucka no les ahorra sufrimientos a sus personajes, por el contrario, los somete permanentemente a escabrosas torturas físicas y psicológicas. En este último rubro son magistrales los numeritos en los que Tara se toma vacaciones y va a esquiar a Suiza con su mamá. Okey, en un momento logra desenchufarse de todo y se levanta a un chongo que le pega una hermosa galopada. Pero son dos páginas de fiesta contra 40 de tensión, discusiones, mala onda y fuego cruzado entre la agente top de los minders y una cincuentona a la que le sobra la guita y se hace la pendeja curtiendo con un pibe de 28. De esos contrapuntos salen escenas memorables, que le agregan aún más tridimensionalidad a una Tara a la que vemos crecer de saga a saga.
Por suerte, y como en Gotham Central, Rucka desenfatiza la machaca en favor del procedimiento. Acá todo cumple con un protocolo. Para todo hay que conseguir permisos, autorizaciones, todo se informa a la autoridad competente, siempre respetando una estricta cadena de mandos. Desde la elección de las misiones hasta detalles que hacen a la vida (o muerte) de los minders, todo requiere el visto bueno de Crocker, quien a su vez debe rendir cuentas de sus actos (y omisiones) a los capangas que están por arriba suyo. Y de acá, de estos diálogos protocolares, Rucka también saca secuencias sumamente jugosas, en las que los jetones de saco y corbata intercambian –como si fuesen estocadas- frases muy heavies y retruques de altísimo nivel. Cuanto más los humaniza Rucka, menos nos cuesta entender por qué la política internacional toma los rumbos que toma y eso es muy notable.
Por el lado de los dibujantes, en la saguita de las vacaciones en Suiza tenemos a Steve Rolston, cuya única chapa es haber dibujado la primera saga de Queen & Country. La verdad, un error garrafal poner a un dibujante tan limitado a la hora de dibujar expresiones faciales justo en una historia en la que todo pasa por los diálogos y las emociones.
El segundo arco tiene como dibujante a Mike Norton, un tipo correcto, que durante varios años metió mano en varios proyectos sin descollar en ninguno y que ahora está pegando fuerte como dibujante de los comics basados en la serie animada de Young Justice. Lo que hace acá es muy competente, aunque un poquito frío.
Y en la tercera saga, la más dark, tenemos a otro dibujante con bastante trayectoria pero pocos éxitos resonantes: Chris Samnee, un autor mucho más versátil, más intenso, más comprometido con el relato, con los climas. Un tipo que maneja muy bien el claroscuro, una especie de David Lapham más realista, más cercano a Michael Lark. Ahora está a full en Marvel, por si lo querés buscar.
Me falta un sólo tomo para completar Queen & Country, que no sé si lo voy a comprar porque no está todo escrito por Rucka. Por ahí lo dejo en stand-by, para capturarlo sólo si lo veo obscenamente barato. Hasta acá, estos tres mega-tomos de la edición definitiva, son un lujo para todos los que compramos historietas por los guionistas. Y una lectura indispensable también para los amantes del género de espionaje.

sábado, 3 de diciembre de 2011

03/ 12: GOTHAM CENTRAL Vol.2


Segundo hiper-TPB con 12 números de aquella maravillosa serie que supo jerarquizar al mainstream de DC en la primera mitad de la década pasada. Y la verdad es que es un libro largo, denso, con mucho para leer. Esta no era la típica serie en la que en cada numerito mensual no pasaba un carajo y eso se nota mucho al leer 12 episodios seguidos. Acá sí, el TPB normal, el de seis numeritos, también garpaba. Y el de 12 directamente te devasta.
Arranca con unitario muy lindo centrado en Stacy, la recepcionista que tiene entre sus funciones la de encender la bati-señal cuando se pudre todo. Después viene una saga larga contra el Joker, por ahí la más impactante del tomo, pero seguramente no la mejor. Está muy buena porque te pone muy nervioso, nunca sabés quién puede llegar a ser boleta, ni cómo. Pero siempre sospechás que al final va a tener mucho peso Batman y eso, si bien no es trampa (porque es parte de la consigna de cualquier serie ambientada en Gotham), no es lo ideal. En realidad lo ideal sería que los canas se las rebuscaran para ganarle a los villanos, pero como eso les restaría mucha chapa a estos últimos, los guionistas siempre se guardan al bati-oreja como último recurso. Por supuesto, este es un Joker malo de verdad, extremadamente jodido, y los costos que va a haber que pagar para frenarlo van a ser altísimos.
Después viene una trilogía muy, muy buena, Life is Full of Dissapointments, que tiene varias particularidades. Por un lado, no aparece ningún villano disfrazado, es el típico caso policial donde lo importante es la investigación, el procedimiento. Y por el otro, los guionistas pelan un truco muy lindo gracias al cual el protagonismo va pasando de mano en mano y varias duplas de inspectores tienen la oportunidad de lucirse. Ah, y aparece unas paginitas Huntress, pero no revolea una sóla patada.
Para terminar, otro arco extenso, esta vez con dos villanos implicados (aunque uno resulta no tener nada que ver con el crimen que investiga la cana) y esta vez con protagonistas mucho más definidos: casi todo pasa por la dupla integrada por Marcus Driver y Josie MacDonald. Pero aún así, ambos inspectores son eclipsados por una figura del pasado del G.C.P.D., el glorioso Harvey Bullock, que reaparece luego de su expulsión de la fuerza (algo que sucedió antes del inicio de esta serie) y cumple un rol absolutamente central (e impredecible) en la saga.
Con estas tramas y estos personajes, Ed Brubaker y Greg Rucka vuelven a dar cátedra acerca de cómo se cuenta un policial bien pensado, creíble, rico y jugado en un universo donde existen los superhéroes. Casi no aparece Renée Montoya, que era la que más chapa tenía en los primeros números, hay poco Maggie Sawyer, poco Crispus Allen, cero James Gordon, pero aún así el elenco conjurado por Rucka y Brubaker demuestra su enorme potencial, su profundidad, su carnadura humana, esa complejidad que los hace ver más de carne y hueso que de papel y tinta.
Y si hay algún pero, pasa por el lado de los dibujantes. En el tomo anterior nos malacostumbramos a tener en todos los episodios al maestro Michael Lark, y acá el ídolo dibuja apenas un puñadito de páginas. De los que vienen del banco de suplentes, el único que no da lástima es Stefano Gaudiano, que por suerte dibuja bastantes episodios. Los otros dos, Brian Hurtt y especialmente Greg Scott, son dibujantes limitadísimos, a los que les falta tomar hectolitros de sopa para aspirar siquiera al nivel de Lark. Con un Lark inspiradísimo, un Gaudiano más que correcto, un Hurtt al que se le notan las limitaciones y un Scott casi impresentable, la faz gráfica del tomo termina por verse bastante despareja, pero por suerte, las dos sagas más largas tienen a Lark, a Gaudiano e incluso a los dos juntos, los dos compenetrados en darle sentido, contenido y belleza a la grilla de cuatro tiras (sumamente infrecuente en los comic-books yankis) y en pintar una Gotham mucho menos estridente y más real que la que en esos mismos años (2003-04) mostraba –por ejemplo- Jim Lee en la saga de Hush.
Más allá de los dibujos, este es un comic de autor de gran nivel, que recontra-merece ser descubierto, o re-descubierto por los lectores de hoy, sobre todo ahora que está tan de moda ser fan de Brubaker.

jueves, 27 de octubre de 2011

27/ 10: BATWOMAN: ELEGY


No sorprendo a nadie –creo- si digo estar frente a un muy buen comic. El guionista es Greg Rucka, que ya dio sobradas muestras de su capacidad para escribir excelentes historietas de fuerte impronta autoral, incluso dentro del mainstream e incluso dentro de la órbita de los títulos de Gotham City. Por el lado del dibujo, lo tenemos al imparable J.H. Williams, que venía de romperla primero en Promethea (el trabajo que lo recontra-consagró) y después en Desolation Jones (que pasó un cachito desapercibido, pero es un comic del mega-carajo). O sea que antes de abrir el librito había algo así como una garantía de calidad.
Y por suerte, una vez que lo leés no defrauda para nada. Esta nueva Kathy Kane es un personaje muy, muy bien elaborado, lanzado en las páginas de 52, donde suceden muchas cosas a las que Rucka hace referencia en Elegy. De hecho, esta saga es secuela directa de la aventura inicial de Batwoman serializada en 52. Por suerte hay mucho más que eso. Elegy es apenas la primera de las dos sagas que incluye el tomo. A lo largo de esas… 90 páginas, Rucka establece y desarrolla un conflicto: la reaparición de la Religión del Crimen y la lucha de Batwoman contra la maligna y demencial líder de este culto. Eso está bueno. Pero después arranca un segundo arco, titulado Go!, que es realmente grosso. La estructura es muy rara: es una saga que consiste en un 95% de flashbacks, hechos que recorren el pasado de Kathy, desde su infancia hasta sus primeras incursiones por la noche de Gotham. En el 5% restante avanza la trama en la que Batwoman investiga la identidad de la líder de la Religión del Crimen, a paso lento, de modo burocrático, tranqui, a un ritmo totalmente distinto que el que vimos en Elegy. La acción y la emoción de Go! están invariablemente en los flashbacks. Pero hete aquí que la secuencia final, la resolución de la investigación de Batwoman, pega un giro grossísimo, que resignifica todo lo demás: el pasado de Kathy, su primera lucha contra este culto (la que se vio en 52), la confrontación que vimos en Elegy… todo. Un pase de manos de Rucka y ya está: quedás pidiendo a gritos más aventuras de Batwoman.
Y hay, pero muy poquitas: apenas una trilogía escrita por Rucka y dibujada por Jock, y después la nueva serie regular, la que debutó este año, ya sin Rucka, y en la que no sé si se retoma algo de lo que se plantea en Elegy y Go!. Ojalá J.H. Williams pueda recuperar lo mejor de esta primera etapa, que es sin duda la profundidad que tiene Kathy como personaje, su relación con su padre (un personaje secundario cuya chapa rivaliza con la de Alfred, Gordon, o el que vos quieras), el tira y afloje en su relación romántica con Renée Montoya, su independencia respecto de Batman… Si con la excusa de “es una nueva continuidad” pinta barrer algo debajo de la alfombra, por ahí yo barrería a esas criaturas híbridas (mitad humanas, mitad animales) que desentonan un poco con la onda realista del dibujo y de los comics urbanos en general.
Pero quedémonos con el dibujo, que es impresionante. Acá J.H. estrena estilo nuevo, mucho más sintético que el anterior, con menos mancha negra y más trabajo en función del color (el maestro Dave Stewart honra sobradamente esa confianza). También lo vemos jugar con estilos distintos para los distintos flashbacks (ahí vemos al Williams de Promethea y a otro Williams nuevo, más cercano a Dave Lapham, Sean Phillips o Michael Lark) y sobre todo con la puesta en página, el armado de las secuencias, la forma de las viñetas. Obviamente, después de Promethea, ningún desafío en materia de narrativa debería asustar a J.H.. Acá hace uso y abuso de esa cancha y se luce con puestas jugadísimas, de esas en las que cualquier otro dibujante se haría crosta contra un poste. En los flashbacks de Go!, Williams va a una narrativa más clásica, pero en las secuencias del presente, apuesta muy, muy fuerte por impactarnos con planificaciones que desafían incluso la imaginación de los que veníamos siguiendo sus obras anteriores.
Y bueno, así es como un personaje a priori poco interesante (una Batman con tetas, torta y con menos chapa) se convirtió en la protagonista de un comic muy, muy recomendable, que desafía los límites del mainstream y que tiene muy merecidos los premios que cosechó. No sé si hacía falta otro justiciero disfrazado de murciélago, pero el nivel visto en este libro justifica la movida.

miércoles, 15 de junio de 2011

15/ 06: GOTHAM CENTRAL Vol.1


Ah, bueno… así cualquiera se hace fan de la policía. Esto es mainstream finoli-finoli, comic 100% de autor, pero ambientado en Gotham y con Batman de personaje casi terciario, de esos que aparecen medio de keruza a hacer un mínimo aporte cuando la trama ya está totalmente cocinada. Ed Brubaker y Greg Rucka plantean esta serie como un comic policial clásico, al estilo de las series de TV tipo NYPD Blues, pero aceptan una regla básica: los canas no le pueden ganar a los villanos de Gotham. Pueden investigar, los pueden acorralar, pero no bajarlos de un tiro ni de una trompada. Para eso está Batman. Y está perfecto, porque si no, le baja mucho la chapa a los villanos. Que te ganen Robin o Batgirl ya es bastante humillante, como para que encima te gane un inspector de policía. Y la onda es que los villanos den miedo, no lástima ni risa. De todos modos, y si bien hay villanos conocidos detrás de todos los casos que investiga la Major Crimes Unit en este tomo, Brubaker y Rucka se esfuerzan porque aparezcan poco, por mantenerlos en las sombras lo más posible, para concentrarse lo más posible en los canas comunes y corrientes, como enseñaran los maestros Kurt Busiek (en Astro City) y Brian Michael Bendis (en Powers).
Todavía no termino de decidir qué es lo que más me gustó de este tomo. Estoy entre la construcción de los personajes y el ritmo elegido para contar las historias. Ambas cosas son muy, muy notables y además muy originales, muy propias de esta serie. Y son los dos elementos que –increíblemente potenciados por el equipo creativo- revierten la sensación inicial que produce la consigna “un comic sobre los canas de Gotham”. Sensación que, a priori, va para el lado de “¿A quién le importan estos losers inoperantes, a los que Batman les vive sacando las papas del fuego?”, encima con el agravante de que James Gordon y Harvey Bullock no son parte del elenco de la serie. Pero está Renée Montoya (a la que acá le darán containers llenos de chapa), está Maggie Sawyer (creada por John Byrne para su etapa en Superman), está Crispus Allen (que tenía roles muy chiquitos en las Detective que escribía Rucka y después terminará laburando de Spectre) y hay un montón de canas a los que yo no conocía y que no sé si fueron creados para esta serie o no. Entre todos se arma un elenco diverso, rico, donde cualquiera puede ser protagonista de un arco argumental. El arco más extenso del tomo tiene a Montoya como estrella indiscutida, pero se nota mucho la intención de trabajar con “el héroe grupal” que impulsaba Oesterheld en los ´50.
Las tramas están perfectamente construídas, sin saltos al vacío, sin exabruptos. Todo respeta un orden, un protocolo, y resulta –por ende- mucho más real que cualquier otro comic ambientado en Gotham. Acá no existe el “palo y palo”. El ritmo es pausado, tranqui. Las historias avanzan a fuerza de diálogos, de silencios, de observación, de paciencia, de investigación minuciosa. Hay tiros y trompadas, pero poquitos, y en los momentos en que se hacen inevitables. Rucka demostró su talento para los comics de investigación y espionaje en Queen & Country y Brubaker logró maravillas en el género policial con títulos como Criminal, así que no me sorprendió para nada el nivel que exhibe la dupla en Gotham Central.
El que me dejó boquiabierto fue Michael Lark, el dibujante, Ya había leído varios trabajos suyos, dentro y fuera del policial, pero nunca estuvo tan afilado como en esta serie. Posta, cada secuencia es perfecta. Las caras, el lenguaje corporal, todo es increíble. El armado de la página casi siempre respeta las cuatro tiras de viñetas y nos recuerda a cuando las tiras de los diarios estaban bien dibujadas. Hay mucha referencia fotográfica, claro, pero está perfectamente integrada al estilo gráfico de Lark, basado en la síntesis, la mancha y los climas tirando a oscuros. A Lark le sientan bárbaro tanto el grado de realismo como el ritmo pachorro que Brubaker y Rucka le dan a las historias. Y está tan cómodo que no falta nunca: se dibuja la vida (supongo que con asistentes) en los 10 episodios del tomo. Muy, muy grosso el aporte de Lark para elevar el nivel de esta serie y dotarla de una identidad propia, a años luz del pochoclo barato y el “más de lo mismo”.
Gotham Central duró apenas 40 números y vendió más bien poco (en revistitas, los libros anduvieron mejor), pero mientras duró fue un chispazo de gloria, amado por la crítica y los jurados de los todos premios. ¿Ves? Ahí hay una serie que valdría la pena relanzar en Septiembre con un nuevo número uno. Pero si la escribieran Rucka y/o Brubaker, porque si se la dan a Scott Lobdell o a Tony Daniel no la leo ni drogado.

jueves, 21 de enero de 2010

21/ 01: BATMAN/ HUNTRESS: CRY FOR BLOOD


Pobre Huntress, tiene más kilombos que Medio Oriente… Se está recuperando de los balazos que se comió en No Man´s Land, Batman no la puede ver ni en figuritas y encima alguien que evidentemente conoce todos sus secretos boletea a sangre fría a al primo de Huntress y a la periodista que investiga la conexión entre el difunto y las familias mafiosas de Gotham. Adivinen a quién culpan del crimen… A la pobre Helena Bertinelli (Huntress, claro), que ahora en vez de cazadora es presa, de la cana y de toda la Bati-Familia, que la buscan para arrestarla por homicidio.
¿Quién viene a darle una mano? Nada menos que Vic Sage, el glorioso Question, que le da a Helena la chance de zafar y empezar de nuevo, ahora bajo la guía del sensei Richard Dragon. Huntress se recupera, se prepara para limpiar su nombre y sobre el final, un nuevo e impredecible sacudón la pone una vez más a bailar sobre el delgado piolín que separa a la justicia de la venganza.
El título de la saga es totalmente mentiroso: Debería ser Huntress/ Question, ya que Vic es claro co-protagonista y Batman apenas cumple un rol secundario, más como obstáculo que como héroe. Pero lo de la sangre está perfecto, da en el blanco. No sólo porque es un comic bastante sangriento para lo que es el mainstream de DC, sino porque tiene mucho que ver con los lazos sanguíneos, con la familia y la identidad.
El guionista es el imparable Greg Rucka, que por este entonces (2000) estaba haciendo sus primeras incursiones por el Universo Gotham. Rucka es especialista en policiales y mafias, y además escribió todas las historias de Huntress durante No Man´s Land e incluso el unitario (publicado en Batman Chronicles y dibujado para el orto) en el que Helena y Question se encuentran por primera vez, el punto de partida de esa onda tan grossa que llegó incluso a la serie animada de la JLU. Rucka aprovecha la ocasión para recontar el origen de Huntress y darle nuevas capas de complejidad y dramatismo a un personaje que originalmente tenía gusto a poco. Su manejo de protagonistas y secundarios es realmente ejemplar y 100% respetuoso de lo que estaban haciendo con esos mismos personajes otros 136.000 guionistas, lo cual sólo es posible si uno es muy capo, o si labura codo a codo con un coordinador de lujo como era Denny O´Neil (que además algo juna del tema Question).
El dibujo corrió por cuenta de Rick Burchett, un dibujante más que correcto, pero cuyos mejores trabajo son, o bien 10 años anteriores a este (la efímera serie de Blackhawk del´89-90), o bien en el estilo “animated” (en la gloriosa Batman Adventures y sus sucedáneas). Acá se lo ve pilotear con bastante cancha la onda excesivamente grim´n gritty del guión, pero está claro que se siente más cómodo en otro registro. Sospecho que cayó a este proyecto por haber sido el dibujante de la última historieta de Question que escribió Denny O´Neil, allá por 1993, pero andá a saber. Lo cierto es que acá cumple dignamente.
¿Qué tengo para criticarle a esta saga? Que Rucka se proponga explicarnos 100 años de historia de las mafias de Gotham, y que casi nos dibuje el mapita con los territorios de cada una. ¿Para qué, si todos los meses inventan dos familias mafiosas nuevas? En el “mapa” de Rucka ni siquiera están las familias de Carmine Falcone (el Romano, el de Year One, el papá de… no, no se los puedo batir así, en frío) ni la de Tony Zucco (el de Year Three), ni ninguna otra que haya tenido un mínimo de chapa a lo largo de los millones de comics ambientados en Gotham de 1939 para acá. Las mafias de Gotham son como los planetas en los comics que transcurren en el espacio: cada guionista inventa los propios según le convenga y casi nadie se toma el laburo de leer otros comics, para ver si puede meter en su historia un planeta o una familia mafiosa creada previamente por otros autores. Así es como tenemos millones de mafias y mundos que aparecieron en una sóla saga y fueron rápidamente olvidados, más allá de que tuvieran mucho, poco, o ningún potencial.
Pero bueno, si extrañás al Question posta (todo bien con Montoya, pero le faltan un par de hectolitros de sopa) o si querés ver cómo Huntress pela chapa ante la adversidad, esta saguita seguramente te va a resultar más que interesante. Siamo tutti pazzi!