el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 25 de abril de 2019

LECHE PRE-AVENGERS

Los chotos de Disney se ortivaron y no me invitaron a la función de prensa de Avengers: Endgame, con lo cual todavía no la vi. Voy mañana viernes, a las dos de la tarde. Y seguramente en algún momento del finde se vendrá la reseña. Mientras tanto, avanzo con las lecturas.
Hacía más de cinco años que no reseñaba un comic de Moebius, ¿podés creer? Por suerte hace poco conseguí Bajo la Estrella en la edición que más me gusta (la ochentosa de Toutain) y eso sirvió de excusa para releer este clásico. Bajo la Estrella es una obra rara, porque Moebius la realiza por encargo de una agencia de publicidad, que quiere un comic para promocionar los autos Citröen. En general, cuando un autor agarra ese tipo de trabajos es porque está en la lona, o porque el sobra tiempo. Y también en general, se compromete lo menos posible, lo saca con fritas y a los 15 minutos de cobrado el cheque se olvidó de lo que hizo. Bueno, esto es todo lo contrario: Moebius dibuja Sobre la Estrella en el pico de su popularidad, robándole tiempo a la saga del Incal, y no sólo deja la vida, sino que poco después retoma a los personajes que crea para esta historieta y continúa sus historias hacia el infinito y más allá. De modo que estas páginas, que empezaron como un encargo comercial para una empresa, son prontamente reformuladas para convertirse en la semilla de una saga ambiciosa y extensa, la famosa saga de Edena, a la que Moebius volverá muchas veces a lo largo de los ´80 y ´90, y en la que volcará muchos de sus mejores guiones.
Estas dos primeras historias (las seis paginitas de Reparadores y Bajo la Estrella) no sólo nos presentan a Stel y Atan, sino que empiezan a envolvernos en este mundo y a acostumbrarnos a un ritmo narrativo que no tiene nada que ver con la vorágine de El Incal. Los guiones de Moebius son más pachorros, tienen menos diálogo, menos acción, más escenas en las que los personajes contemplan en silencio los paisajes o edificios que los rodean. Si el Moebius de El Garaje Hermético era el Moebius de ácido, este es el Moebius 100% fumanchero, el hippón que medita, reflexiona acerca de la relación entre el hombre y la máquina y se cuelga a maravillarse con la naturaleza y la paz que esta te puede llegar a transmitir.
El dibujo, fastuoso, como todo lo que dibujó el Genio Eterno en su vida, con esa síntesis engañosa y los aportes de tres coloristas que le dieron una mano en el manejo del aerógrafo. Poquitas páginas y poquitos elementos le alcanzaron a Moebius para sentar las bases de un nuevo clásico. Increíble, de verdad.
Salto a Argentina, año 2017, cuando se publica Mi Vida Como Carla, un librito de 90 páginas íntegramente a cargo de Matías Di Stefano, de quien ya vimos una obra anterior el 01/09/18.
Una vez más, lo que más me gustó fueron los diálogos, y me habrían gustado más si no hubiese encontrado faltas de ortografía. La historieta en sí es fallida, porque el autor no se decide, parece no tener muy claro si quiere hacer una sitcom, o algo un poco más jugado. Por momentos plantea la página como si estuviera recopilando tiras de diario (de a tres por página) y por momentos modifica la grilla y se acerca a la típica planificación de un comic-book. Le va bastante bien cuando incorpora grisados, pero los usa sólo en algunas historietas, no en todas.
El dibujo en general me pareció bastante limitado, con desaciertos bastante visibles. Por momentos parece un dibujante del estilo de Julio Olivera (el creador de Piturro) al que le hicieron un tratamiento tipo The Clockwork Orange pero forzándolo a ver horas y horas de animé berreta. Y los guiones… son simpáticos, no están mal. El giro más interesante está en ese epílogo, esas cuatro páginas finales que son casi una secuencia post-créditos. Ahí encontré el gancho como para querer leer más acerca de estos personajes.
Y me llama la atención que este es el tercer guión de Di Stefano que leo, y en todos las protagonistas son chicas jóvenes. ¿Qué onda? ¿Nunca se le ocurren historias que puedan girar en torno a un varón, o a una mujer de más de 25? Raro, no?

Bueno, nos reencontramos pronto con la reseña de Avengers Endgame, acá en el blog.

viernes, 31 de enero de 2014

31/ 01: EL CAZADOR CAZADO

Uno, que es fan de Moebius hace 30 años, ya está bastante acostumbrado a que varias de las historietas que él mismo escribía fueran fumanchereadas sin pies ni cabeza, en las que en vez de guiones había tenues (y frutihortícolas) excusas para que el ídolo dibujara lo que se le cantara la chota. De hecho, esta es una aventura del Major Grubert (“Mayor Gruber”, en la traducción de Norma), quizás el personaje con más sustancia de todos los que desfilan por El Garaje Hermético, la famosa epopeya que Moebius improvisó durante años SIN GUIÓN, sin tener la más puta idea de cómo o cuando iba a terminar. La sola presencia de Grubert (y de la frase “El Garaje Hermético” en la tapa del álbum) ya te predispone a leer a Moebius en su faceta más limada, la del narrador que narra sin saber muy bien qué, sin calentarse en lo más mínimo por estructurar el relato de alguna manera más o menos coherente.
El Cazador Cazado hace gala de esa sub-especie de no-guión: el guión fruteado, improvisado, sin más intención que la de hilvanar de algún modo las imágenes que brotan de la pluma del autor. O incluso que brotaron hace años, porque la mayoría de estas 52 páginas están fechadas entre 2006 y 2008, pero en el medio hay varias muy anteriores, de 1998 y hasta de 1996. Por ahí es una joda de Moebius, que frutea hasta en las fechas que le pone a las páginas, y por ahí son páginas rescatadas del pilón del descarte, o de proyectos inconclusos, a las que el Genio Eterno recicló y logró integrar (a veces medio a presión) a esta novela gráfica. Lo cierto es que en las primeras... 10 páginas, hay un amague de que puede llegar a pasar algo, hay un esbozo de un posible conflicto, que obliga al Mayor a cambiar su status quo y ponerse en movimiento. El tema es hacia dónde.
En las 40 páginas siguientes, el protagonista recorre mundos oníricos en los que no pasa absolutamente nada. Contempla edificios, criaturas, cuadros, objetos que flotan, y recién sobre el final hay una breve escena de acción y se incorpora a la trama un personaje que –en una de esas- estaba pensado para ser importante en el desarrollo. Nunca lo sabremos, claro, porque la historia termina con un “fin del episodio”, un modo muy choto de enterarnos de que este era el Vol.1 de una saga que, tras la muerte de Moebius en 2012, quedó inconclusa. Si estaba esa remota chance de que la segunda entrega de la saga encauzara un poco el argumento o definiera mejor los conflictos, el lamentable fallecimiento del autor nos la terminó de negar.
¿Con qué se rema tanto bajón, tanta caída libre hacia el abismo de la intrascendencia y la oquedad? Como siempre, con el dibujo. Bah, “como siempre”, las pelotas. Realmente hay pocas obras en la vasta carrera de Moebius dibujadas a este nivel. En las páginas donde la historia mínimamente avanza, la narrativa está perfectamente cuidada, tan cristalina como en sus trabajos más “careta” (Blueberry, etc.) aunque con menos cuadros por página (nunca más de seis). Y cuando el dibujo no tiene ninguna intención de narrar nada, cuando nos invita a colgarnos simplemente con la belleza de la línea, la complejidad de las composiciones, el manejo inusual e insuperable de los espacios, el festival de las rayitas y las texturitas microscópicas... ahí se va todo al carajo y más allá.
Ahí explota el otro Moebius, el que cambia la natación por los saltos ornamentales. El dibujo del ídolo ya no quiere llegar a algún lado, quiere sorprender con el firulete, con el detalle, con los desbordes de su imaginación a los que acompaña el virtuosismo de su trazo. Vos sabés que cuando Moebius se jugaba las fichas a su imaginación, a esa imaginería extraña que poblaba su mente (en la que se mezclaban el grabado oriental con el barroquismo art nouveau de Winsor McCay, el surrealismo de Dalí con la línea clara de Hergé), el Genio Eterno te armaba el mazo con 40 anchos de espada. Y visualmente el Cazador Cazado es eso: una sucesión de imágenes demasiado perfectas, que derrochan sugestión, misterio, magia y poesía.
Si no te jode comprar un comic cuyo guión no va a ningún lado y no te deja nada, no dudes en cazar al Cazador Cazado. En sus páginas te espera un Moebius auténtico, libre, dispuesto a detonarte los sentidos con algunos de los mejores dibujos de su vida. La edición española, gloriosa de verdad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

29/ 11: EL MUNDO DE EDENA: LOS REPARADORES

Los ladris de Norma editaron este libro como el “Vol.6” de El Mundo de Edena, pero no les creas nada. Dicha saga termina en el Vol.5 (Sra) y ya fue. Este tomo lo que hace es rejuntar varias historietas que interesectan (algunas muy con lo justo) con ese fantástico universo creado en los ´80 por Moebius. Veamos qué es lo que se reunió en este “hors série”, que es como le dicen los franceses a estos álbumes de historias cortas, accesorias a las sagas centrales:
La historieta que da título al libro es una muy corta, de ocho páginas, que data de 1996. Es un relato mudo, en el que Stel y Atan acuden a “reparar” o a auxiliar al mismísimo Moebius, que se dibuja a sí mismo como en los ´60, pero aparece en la casa que habitó en los ´90. El guión es mínimo y los dibujos son de un nivel apabullante. Colores y texturas, luces y sombras, toda la magia visual del Genio Eterno explota en estas ocho paginitas repletas de composiciones fastuosas y asombrosas.
La siguiente es Ver Nápoles, una historieta de 1987, aún más corta que la anterior, de sólo cuatro páginas, y la única que tiene diálogos. No tiene un choto que ver con la saga de Edena, excepto por el detalle de que acá aparece por primera vez un “Nariz Larga”, o “Pif Paf”, esos seres que tendrán mucho peso en la saga, con esas máscaras atravesadas por una especie de cilindro. El argumento no reviste mayor interés y el dibujo, si bien no tiene ni a palos la calidad (ni la dedicación por parte del autor) que vimos en Los Reparadores, sigue siendo de muy bueno para arriba.
De alguna manera, a Moebius le quedó picando el tema de Nápoles, y en 2000 realizó una nueva historia corta, ahora titulada “Morir y ver Nápoles”. Son 27 viñetas de idéntico tamaño y sin textos, que nos cuentan cómo el Mayor Grubert (otro personaje emblemático del Genio Eterno) emprende un viaje a Nápoles durante el cual es capturado, encerrado en un ataúd, lanzado a un volcán que hace erupción y lo propulsa hacia el mar, que lo lleva precisamente a las playas de dicha ciudad italiana. ¿Cómo engancha esto con Edena? Simple: los que lo capturan, encierran y arrojan al vacío son tres Pif Paf. Acá vemos al Moebius más minimalista, más frío y encima sin ganas de jugar con la narrativa. Hay imágenes hermosas, como siempre, pero nada para decir “oooooh!”.
Y guardo para el final una historieta de 1990 que Moebius realizó para un especial de Dark Horse (Concrete Celebrates Earth Day). En su momento se publicó en papel choto, con unos colores chatos, opacos. Publicadas en álbum y recoloreadas por el maestro, las 23 páginas de The Still Planet (acá traducida con dudoso criterio como “El Planeta Todavía”) rankean con comodidad entre las obras mejor dibujadas de toda la carrera de Moebius. La trama es casi anecdótica: Stel y Atán exploran un planeta que parece estático (“still”), petrificado, atávico, hacen unos ajustes en un artefacto y pronto empiezan a ver manifestaciones vitales cada vez más intensas. A pesar de ser muda, The Still Planet le canta a la vida, al caos, a lo impredecible. Las imágenes fluyen a lo largo y a lo ancho de unas páginas magistralmente planificadas, dibujadas por Moebius apenitas por debajo de las maravillas de Los Reparadores. Esto es como la cumbre de la producción ochentosa del Genio Eterno: una historieta que combina experimentación y tradición, poesía y epopeya, aventura y bajada de línea, todo dibujado y coloreado a mano, en la era pre-photoshop, por un Moebius inspiradísimo.
Lógicamente, el principal problema que tiene este álbum es que se lee demasiado rápido. Es el costo a pagar cuando un autor se entusiasma con la onda de narrar sin palabras. El otro problema, el de los guiones medio blanditos, muy virados al lirismo o a la fumanchereada críptica, la verdad que no me parece para nada grave, porque en ese terreno Moebius se desenvuelve con inmensa cancha y porque en definitiva, esas licencias son las que le permiten al grosso entre los grossos volar a full con el dibujo, que acá es la estrella definitiva. Una estrella única, inalcanzable, que brilla con un fulgor de imponente majestad y deja a su paso una estela de belleza y magia en estado puro.

viernes, 27 de julio de 2012

27/ 07: ARZAK, EL VIGILANTE

Uh, qué mala leche... Justo se viene a morir Moebius cuando yo me cebo mal con una obra suya que es la primera parte de una trilogía...
Nah, en serio: imposible recomendarte que gastes la guita que vale este libro sabiendo que nunca vas a leer el final de la historia. A menos que compres historietas sólo por los dibujos, cosa que yo he hecho con más de una obra de Moebius, de esas que tienen guiones patéticos. Si te bancás el garrón de engancharte con una historia que está buenísima pero de la que nunca vas a saber el final, o si lográs leer este comic como si no fuera un comic sino un artbook, preparate para experimentar la más absoluta fascinación.
A nivel visual, este es un laburo de Moebius realmente sublime, incluso para los propios standards del autor. A simple vista puede parecer un trabajo frío, porque se nota que nada está librado al azar, ni una línea, ni una pinceladita de color, ni una onomatopeya. Sin embargo, en cuanto te enganchás con la narrativa y te empezás a meter en el mundo de Arzak, sentís que estos personajes están vivos, que laten, que de alguna manera te incluyen, te hacen partícipe de lo que está sucediendo. El Genio Eterno logra que vos, como lector, pases a formar parte de la maravilla que pone ante tus ojos. Esto hay que verlo para creerlo, no puedo –como tantas otras veces- armar un marco de referencia citando a autores cuyos estilos se dejan ver en la obra que estoy reseñando, porque Moebius es un universo aparte; a él no lo influyen, sino al revés: él es el que proyecta una sombra monstruosa sobre todos los que lo leímos alguna vez.
El guión es otro tema. Acá Moebius se resiste a dos tentaciones: por un lado, no regurgita ni respeta ni una puntita de los guiones que co-escribió con otra gente para la serie animada de Arzak hace casi 10 años. Por el otro lado, no nos hace el fan service a los que deliramos con las historias clásicas del personaje, las de los ´70. Ni siquiera se hace cargo de esa historia de los ´80 en la que explicaba quién era Arzak, cuál era su rol en el mundo y –de paso- integraba a la continuidad a los personajes de La Desviación, otra de sus míticas historietas setentosas.
En esta versión, Arzak no es un humanoide de piel amarilla y rasgos medio orientales. Es un humano común y corriente, con rasgos europeos y sin más superpoderes que el de usar ese gorro con forma de poronga sin parecer un ridículo. Moebius re-explica al personaje, a su misión, a su realción con el resto de los personajes que aparecen (hay ocho o nueve importantes) y arma las bases de un universo. Todo lo que pasa acá está perfectamente justificado, hasta lo más fumanchero. Evidentemente, el maestro había imaginado no sólo un mundo, no sólo un clima, no sólo un nuevo look para el personaje, sino toda una epopeya, compleja y elaborada, que arranca por la senda correcta.
Hay un poquito de machaca, bastante runfla política, muchos elementos de la ciencia-ficción limada con la que tantas veces nos invitó a volar el Genio Eterno y algunos conceptos metafísico-espiritualosos, aunque sin tanto protagonismo como en otras obras del maestro. Este primer tomo termina en un momento bravo, complicado tanto para Arzak como para Lady Charmayne y su hijo Domyo, quienes venían llevando adelante un sub-plot que estaba a punto caramelo, listo para integrarse al tronco principal de la saga. Y es todo lo que hay.
Lamentablemente, Moebius no llegó a completar ni siquiera el segundo tomo y la historia quedó trunca. Queda esta primera parte y todos esos dibujos, ilustraciones y bocetos que aparecen en las últimas 16 páginas de este álbum y que son una exquisitez cósmica. El pterodelfo de Arzak no va a volver a volar, pero nuestra imaginación sí, porque Moebius nos enseñó a cagarnos en los límites, a ir siempre más allá en ese terreno de inagotable fertilidad del cual él fue Amo y Señor. Gloria infinita para él.

miércoles, 14 de marzo de 2012

14/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 5)

Ultimo tramo de este repaso por la vida y la obra del grande entre los grandes, el dibujante que nos detonó las retinas y las neuronas a varias generaciones de lectores y revolucionó varias veces al comic europeo.

7) LOS AÑOS MAS RECIENTES (2001-2011)
El nuevo siglo encuentra a un Jean Giraud ya sesentón, con ganas de cambiar de ritmo y trabajar sólo por placer. Uno de estos placeres es Icarus (realizada entre 1997 y 2000 y lanzada en 2001), una saga de ciencia-ficción que Moebius escribe para que la dibuje su autor japonés favorito: el glorioso Jiro Taniguchi. El resultado son 250 páginas inolvidables.
Mientras tanto, el maestro escribe y dibuja los cierres definitivos de dos ciclos exitosos. El de Mister Blueberry (que Giraud continuó pese a la oposición de los herederos de Charlier, disconformes con el giro que fue cobrando la saga), llega a su fin con OK Corral (2003) y Dust (2005), pero en 2007 agrega un nuevo tomo fuera de colección, titulado Apaches. Y la saga de Edena termina en 2001 con un último tomo titulado Sra y un libro de historias cortas, Les Reparateurs (también de 2001) que combina historias inéditas con otras ya publicadas en otros libros.
La suerte se puso de su lado también en materia de proyectos fílmicos. En 2003 el canal de TV France 2 estrenó los 14 episodios de Arzak Rhapsody, una serie animada escrita, dibujada y realizada po Moebius, co-producida por el canal, Wolfland Pictures y Carrére Group. Bruno Devoldére le dio voz al personaje.
En 2004 se estrenó finalmente Blueberry: La Experiencia Secreta, una co-producción entre Francia, México y el Reino Unido, dirigida por Jan Kounen, escrita por Matt Alexander y Gérard Brach y con un elenco encabezado por Vincent Cassel (como Mike Blueberry), Michael Madsen y Juliette Lewis.
En 2005 se estrenó Thru the Moebius Strip, un largometraje animado de 80 minutos, escrito por Jim Cox y Paul Gertz, y coordinado por Frank Foster, prestigioso realizador del documental The Story of Computer Graphics, al frente de un equipo de 200 artistas y con mucha participación de Moebius en la concepción y la pre-producción de la película.
También en 2005, la editorial Dargaud lanzó un video que consiste en una entrevista filmada, en la que Jean “Moebius” Giraud ponía la cara y la palabra en un completo repaso por su ilustre trayectoria, un poco para desmentir los rumores de que estaba gravemente enfermo.
Ya desde 1999, Isabelle y Jean habían puesto en marcha Stardom, una galería de arte especializada en litografías, cuadros y demás obras con el sello de Moebius. A partir de 2004 empiezan a editar también libros, con la serie cuasi-autobiográfica Inside Moebius, que acumula seis tomos (tres en la edición española). En 2008, Stardom edita el álbum Le Chasseur Déprime, que marca el regreso del Major Grubert, y luego cambia su nombre por el de Moebius Productions.
Bajo este sello salen un nuevo álbum de la saga de Grubert, Le Major (2011), un álbum de ilustraciones y dibujos titulado Le Faune de Mars (La Fauna de Marte, 2011) y Zaza et Moeb aiment Cherbourg (2011, última obra de Moebius que funciona como catálogo a una exposición y contiene dibujos, bocetos y poemas ilustrados). Un año antes, en 2010, Moebius Productions edita el impactante regreso de Arzak, con Destination Tassili. Se trata de un álbum muy raro, en blanco y negro, con los textos a los costados de las ilustraciones y tiene dos ediciones, una muy lujosa y limitada, en formato gigante. Ese mismo año, Moebius reformula esa historia y la convierte en el imponente Arzak: L´Arpenteur (El Vigilante, en castellano), ahora a color, con diálogos y con una trama más compleja, pensada para detonar una trilogía que, lamentablemente, no llegó a completarse.
Finalmente, el 10 de Marzo de 2012, el genio eterno nos dejó para irse a recorrer otros planos post-terrenales, a llenar con su magia otras galaxias de las que sólo él podía imaginar. Hasta siempre, maestro.

martes, 13 de marzo de 2012

13/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 4)

Nos acercamos al final de esta serie de artículos que repasan la vida y la obra del colosal Moebius. Para ilustrar este post, la versión del ídolo de Tetsuo, uno de los personajes de Akira, de su amigo Katsuhiro Otomo, con quien amagó varias veces con realizar un proyecto de animación.

6) LOS AÑOS DE DIVERSIFICACION (1990-2000)
Tras su larga estadía en su país natal, Moebius refuerza sus lazos con el mercado francés. Allí inicia la tercera parte de la saga de Edena, La Diosa, que -ante el éxito de Los Jardines...- se publica enseguida, en 1990. Ese mismo año dibuja Le Secret d' Aurelys, tercera parte de la saga de Altor.
Su tributo a Jean-Michel Charlier consiste en reactivar la saga de Blueberry, ahora con Jean Giraud como guionista y grandes dibujantes invitados. El nuevo ciclo se titula Marshall Blueberry y arranca en 1991 con el álbum Sur Ordre de Washington, dibujado por el exitosísimo William Vance (XIII). El segundo álbum, Mission Sherman (de 1994), sería el último de Vance, quien no terminó en buenos términos con el guionista.
Como si esto fuera poco, Giraud decide recuperar a Jim Cutlass, el carismático protagonista de Mississipi River, para el álbum L'Homme de la Nouvelle Orléans (1991), dibujado por Christian Rossi. El éxito le sonríe y Cutlass vuelve en 1993 y en 1995 con otros dos álbumes, en los que la dupla Giraud-Rossi se afianza cada vez más. El último arco importante de la saga, Tonnerre au Sud, deja abiertas varias puntas, retomadas por los autores en un puñado de historias cortas (publicadas en la revista A Suivre, en 1997), que nunca aparecieron en formato álbum.
En 1992, la editorial Humanoides Associés vuelve a cambiar de dueños, y esta vez hay presupuesto para encarar un relanzamiento en serio. Alexandro Jodorowsky, el primer convocado por la editorial, intenta convencer a Moebius de realizar juntos una especie de secuela del Incal, protagonizada por el Metabarón. Pero Moebius prefiere hacer algo nuevo, y La Casta de los Metabarones termina por convertirse en la obra más grossa del argentino Juan Giménez. El chileno y el francés, en cambio, unen fuerzas para una trilogía alucinante, una mezcla entre comedia costumbrista, thriller psicológico, aventura de tiros y kilombo, y fumadura metafísica (no exenta de certeros dardos hacia las religiones “clásicas”), llamada El Corazón Coronado. El primer álbum de la saga (La Loca de Sacre-Coeur) sale en 1992 y el último (El Loco de la Sorbona) recién en 1998.
En el medio, Jodorowsky y Moebius realizan una historieta experimental, siniestra y erótica a la vez, muy oscura para las revistas de historieta porno y muy porno para las revistas de historieta adulta. Garras de Angel (tal el título de la obra) es, sin embargo, una cátedra de dibujo de Moebius.
Otros proyectos que retrasan el final de El Corazón... son Little Nemo (dos álbumes en los que Moebius y el dibujante Marchand reversionan al clásico de McCay), Stel (cuarta entrega de la saga de Edena, escrita y dibujada por el creador en 1994), dos álbumes de Blueberry (Mister Blueberry y Ombres sur Tombstone) que Giraud escribe y dibuja entre el ‘95 y el ‘97, y como si esto fuera poco, el regreso del Mayor Grubert, en L'Homme du Ciguri (1995), cuya escasa repercusión dejó trunco un proyecto de continuación.
Otro proyecto que queda trunco en esta época es Starwatcher, un largometraje animado, íntegramente creado por Moebius, que pudo haber sido la primera película animada 100% por computadoras, un título que luego ostentaría Toy Story. También en medio de todo esto, Giraud se divorcia de su esposa Claudine y comienza una relación con la arquitecta Isabelle Champeval (hermana de Claire Champeval, destacada colorista de varias de sus obras) con quien ya tiene dos hijos.
Finalmente, en 2000, Jodorowsky convence a Moebius de colaborar con él en una secuela del Incal, y así nace Le Nouveau Rêve (el Nuevo Sueño), pero Moebius no se copa con la onda “esquizofrenomística” del guión y ni bien termina el álbum, abandona la saga. Once años más tarde, Después del Incal se convertiría en Final Incal, dibujado por José Ladronn. También de 2000 data Frontiére Sanglante, el cierre del ciclo de Marshall Blueberry que (tras su pelea con Vance), Giraud le confía al dibujante Michel Rouge.
La segunda mitad de los ‘90 no fue buena para Moebius en términos de aceptación de su obra por parte del mercado americano. Tras aquel alud de álbumes que llevaron su firma en los últimos años de la década anterior, su relación con Marvel terminó con la publicación de Stel, en 1994. Moebius eligió entonces a Dark Horse como editorial para sus trabajos y tras un par de proyectos de poco éxito, terminó recalando en la pequeña editorial Caliber, que no supo o no pudo apuntalar su material en un mercado en incesante retracción. Tal vez cansado de los malos negocios de los editores, o de la indiferencia de Hollywood, o viendo la que se venía con George W. Bush en la Casa Blanca, a fines de 2000 Moebius vendió su hermosa casa frente a las playas californianas, y se volvió a París junto a Isabelle y sus hijos. Era el fin de una era.

lunes, 12 de marzo de 2012

12/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 3)

Ya sé que no es lo más representativo de la carrera del ídolo, pero habiendo tantos fans de Marvel como hay en este blog, me jugaba la vida si no ilustraba este post con una imagen del Silver Surfer...
5) LOS AÑOS DE EXPLORACION (1984-1989)
Ahora muy cerquita de Hollywood, Moebius intensifica su colaboración con distintas producciones fílmicas, mientras su esposa, Claudine, capitanea varios proyectos para llevar al cine la obra de su marido, ninguno de los cuales parece llegar a buen puerto. La financiación para Internal Transfer no aparece, y el proyecto queda trunco en 1985.
Ese mismo año, Moebius viaja a Tokio, a trabajar en el guión, los fondos y el vestuario del ambicioso proyecto de largometraje animado basado en Little Nemo in Slumberland, el clásico de Winsor McCay. También participa en los films Willow (producido por George Lucas), en Masters of the Universe (la de He-Man!) y The Abyss (de James Cameron). Ya en los ‘90, hace su aporte (junto a su amigo de toda la vida, Jean-Claude Mezieres, el dibujante de Valerian) en la película The Fifth Element, de su compatriota Luc Besson.
Pero volvamos a la historieta. Siempre en 1985, Moebius realiza una adaptación de Rebelión en la Granja, la novela de Orwell, inédita en castellano, mientras termina la cuarta entrega de la saga del Incal, iniciada en Tahiti. Ese año termina con el mayor reconocimiento al que un artista puede aspirar: el presidente de Francia, Francois Mitterand lo condecora Caballero de las Artes y las Letras.
En el ‘86 vuelve a escribir guiones para otro dibujante: esta vez se trata de Marc Bati, un joven con un estilo sorprendentemente similar al de Moebius (un clon, bah), con el que encara una serie destinada al público infanto-juvenil. Se trata de la saga de Altor (o la saga del Mundo Cristal, como se la conoce en EEUU), compuesta de seis volúmenes (el último data de 1999), de los cuales Moebius dibujó sólo el tercero, Le secret d' Aurelys, en 1990.
Mientras tanto, Starwatcher, la compañía dirigida por Claudine Giraud, consigue un contrato espectacular con la editorial Marvel que, desde su sello Epic, comienza a reeditar en 1987 toda la obra de Moebius (incluyendo a varios de los mejores álbumes de Blueberry) en lujosas novelas gráficas, supervisadas por el autor y por el matrimonio integrado por Randy y Jean-Marc Lofficier -ella americana, él francés- que logran una equilibrada síntesis entre la sensibilidad de Moebius y los requerimientos del mercado americano. La conjunción entre Moebius y Marvel se produce justo en el momento de mayor madurez, experimentación y renovación del comic norteamericano y da como resultado tres obras de gran importancia que se publican antes en EEUU que en Francia, todas entre 1987 y 1988.
La primera es, ni más ni menos, La Quinta Escencia, o sea, el final de la saga del Incal. Debido a su extensión, fue dividida en dos partes (La Galaxia que Sueña y Planeta Difool) para su edición en Europa, pero Epic/ Marvel la publicó en un único tomo. Esta es la obra de Moebius en la que más se siente la influencia del comic americano sobre el genio francés. La puesta en página, el ritmo narrativo, la violencia, la grandilocuencia... todo remite a un estilo mucho más yanki que todo lo que Moebius había hecho antes.
La segunda obra que debuta en EEUU es Los Jardines de Edena, un álbum que retoma a dos personajes (Stel y Atan) que habían protagonizado en 1984 el álbum Sur L’Etoile, realizado por Moebius por encargo de la firma automotriz Citroen, y algunos conceptos ya insinuados en varias historias cortas (las del período 1982-84, con los cristales, las estrellas y las ondas de paz y amor) inspiradas en las enseñanzas de Appel-Guéry. A partir de Los Jardines..., se empieza a hablar de “la saga de Edena”, ya que este álbum abre muchísimas puntas argumentales (entre ellas, algunas que intersectan con la saga de Grubert), que Moebius irá explorando en sucesivas entregas.
Finalmente, en Noviembre del ‘88 se publica Silver Surfer: Parable, escrita por Stan Lee y dibujada por Moebius. Después de muchos años de producción tan espaciada como intrascendente, el legendario guionista pela una historia que supera ampliamente las expectativas y que le hace justicia a un trabajo muy logrado por parte de Moebius. Sin embargo, Marvel comete el error de publicar Parable en un formato económico, muy precario, en el que el dibujo y el color no llegan a lucirse. Por suerte, el éxito justifica una rápida reedición, en un formato más acorde a la jerarquía de la obra.
Y 1989 es otro año de importantes cambios para Moebius. Terminada la saga del Incal, se vuelca a un nuevo álbum de Blueberry (Arizona Love), sin saber que será el último que escriba su viejo amigo Charlier, quien muere el 9 de Julio de ese año. Giraud pasa buena parte de 1989 en Francia, donde su obra es sujeto de una ambiciosa retrospectiva en el prestigioso Centre Pompidou. Allí, Moebius termina de desvincularse de la editorial Humanoides Associés (que cambia varias veces de dueños) y entabla una fructífera relación con la editorial Casterman, que se inicia con la publicación en Francia de Les Jardins d’ Edena. Con el dolor por la muerte de Charlier y muchos nuevos proyectos bajo el brazo, Moebius regresa a Los Angeles.

domingo, 11 de marzo de 2012

11/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 2)

Hoy recorremos los años más intensos en la carrera del ídolo. Para ilustrar el post, una foto tomada por mi hermano Diego en 1997, cuando le tocó presenciar uno de los cruciales encuentros entre Moebius y Alexandro Jodorowsky. Yo tuve la suerte de conocerlos a los dos, pero por separado. Nunca contemplé tanta grossitud junta en un sólo lugar.

4) LOS AÑOS DE EXPLOSION (1975-1983)
Para este momento, el comic para adultos, o comic “de autor” es un virus que se expande de modo imparable por toda Europa y son pocos los que dudan en señalar a Moebius como uno de los líderes de esta revolución. Moebius responde con un acto de valentía digno de admiración: junto a sus colegas Farkas, Philippe Druillet y Jean-Pierre Dionnet, dejan la comodidad de Pilote y en 1975 fundan su propia editorial, Les Humanoides Associés, para lanzar de inmediato la revista que se pondrá decididamente al frente de este proceso de experimentación, renovación y expansión del comic europeo: Metal Hurlant.
Lejos de cualquier tipo de censura o condicionamiento editorial, Metal Hurlant se convierte en una laboratorio de experimentación que -durante un tiempo- arroja resultados notables. Moebius es, claramente, la estrella de la revista, y en el n°1 presenta a dos de sus máximas creaciones: Arzak (el humanoide de piel amarilla que surca los cielos a lomo de una especie de pterodáctilo, en una serie de maravillosas historias sin textos) y el inefable Mayor Grubert, el protagonista de la obra más ambiciosa, caótica, compleja e impredecible de Moebius. La saga de Grubert merecería un articulo aparte para intentar apenas una explicación de sus conceptos más básicos. Que alcance con dejar en claro que se compone de tres arcos “oficiales”: Major Fatal, Le Garage Hermétique, y L'Homme du Ciguri (la última, ya en la década del ‘90), más un puñado de historias breves y The Elsewhere Prince, un spin-off en colaboración con otros autores.
La saga de Grubert explota con El Garaje Hermético, una serie que Moebius iba improvisando mes a mes durante años, y que originalmente parecía caprichosa e inconexa. Con las sucesivas reediciones, el autor introdujo muchísimos cambios (de hecho, en las últimas versiones, el Garaje ya no es de Jerry Cornelius, sino de Lewis Carnillian) en diálogos y textos, que facilitan la comprensión de la compleja trama que -bien leída- tiene mucho más sentido del que uno cree.
El enorme éxito de todo lo que hacía Moebius en Metal Hurlant lo convirtió en un ícono de la cultura francesa y para 1980, Moebius ya era más mainstream, más conocido y más exitoso que Jean Giraud. Todas sus obras, desde Frank et Jeremie hasta los unitarios más descolgados y zarpados, fueron reeditadas en libros. Pero el verdadero estallido de Moebius se produce cuando une fuerzas con otro genio multifacético: Alexandro Jodorowsky.
La historia del encuentro entre ambos también se origina en 1975, cuando Moebius se incorpora como diseñador al proyecto de llevar al cine nada menos que Dune, la clásica novela de Frank Herbert, en un film que sería dirigido por el excéntrico escritor y cineasta chileno. Finalmente el proyecto no prospera, pero de la relación entre ambos surge Les Yeux du Chat, una breve historieta de 1978 con la que Jodorowsky debuta como guionista de comics y, tres años después, en las páginas de Metal Hurlant, se desencadena El Incal Negro, la primera parte de la fascinante saga del Incal. Algún día nos dedicaremos a fondo a analizar esta obra clave del comic europeo, pero por ahora nos limitamos a enumerar los seis episodios fundamentales de la epopeya de John Difool: L' Incal Noir (1981), L'Incal Lumière (1982), Ce qui est en bas (1983), Ce qui est en haut (1985), La Cinquième Essence 1 (1988) y La Cinquième Essence 2 (1988).
Tras el fracaso del proyecto Dune, a Moebius le toca meter mano en un éxito. En 1977 es convocado para trabajar en los diseños del film Alien, de Ridley Scott, en el que también trabaja H.R. Giger. En 1978 trabaja en los story-boards del notable largometraje animado Les Maîtres du Temps, de René Laloux, que se estrena finalmente en 1982. Y en 1979 se produce el reencuentro con Jean-Michel Charlier, con quien relanza a Blueberry (con el álbum La Longue Marche) y crea un nuevo western, Mississipi River, editado por Humanoides Associés. Blueberry y Mississipi River devuelven a Giraud algo de la repercusión perdida tras el estallido de Moebius y demuestran que tantos años de ciencia-ficción limada no deterioraron en absoluto el dominio superlativo del autor en el género de los cowboys.
También en esta época Giraud conoce a Jean-Paul Appel-Guéry, el líder de una comuna new-age llamada Iso-Zen, quien lo estimula a replantear su vida y su obra. En busca de una mayor espiritualidad, Moebius crea en 1979 la space-opera Tueur de Monde, pero el público rechaza las “ondas de paz y amor” y la obra pasa desapercibida. Moebius, mientras tanto, vuelca algunas de las enseñanzas de Appel-Guéry en varias historias cortas, entre las que se destaca Edena (1982). Es la época en que las historias del autor no tienen el más mínimo grado de violencia, se llenan de estrellas y cristales (el cristal en Moebius es un fetiche recurrente, casi como el espejo y el ajedrez en Borges) y muchas aparecen firmadas por “Jean Gir”.
Entre 1980 y 1982, Moebius trabaja para la película Tron, de la Disney, en la que aporta diseños y story-boards. En uno de los tantos viajes a Los Angeles traba amistad con el animador Arnie Wong y juntos comienzan a imaginar un largometraje animado, Internal Transfer, en cuyo guión colaboran la periodista Paula Salomon y el propio Appel-Guéry, cuya filosofía es parte central de la trama de la película. Por supuesto, acá también hay muchos cristales.
En 1983 Moebius, un poco cansado de tanto trabajo y tanta exposición, desarma su estudio en París y se traslada junto a su familia a Tahiti, al mejor estilo Paul Gauguin. Pero pronto se aburre, y en 1984 vuelve a mudarse, esta vez a las afueras de Los Angeles.

sábado, 10 de marzo de 2012

10/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 1)

Hoy mi día empezó para el orto: dormí poco, me bañé, abrí el Facebook y me enteré del fallecimiento de un ídolo absoluto, al que venero desde mis 14 años y al que tuve el privilegio de conocer personalmente. Pensaba reseñar una historieta humorística, pero no me da la cara. La alternativa: repasar la vida del maestro Jean Giraud a lo largo de una serie de varios posts, basados en un artículo que escribí en 2005 (creo) para la Comiqueando. Sencillo pero sentido homenaje a un genio cuyo talento nos cambió la vida y la forma de entender la historieta a unos cuantos...

1) LOS AÑOS DE FORMACION (1938-1953)
Jean Giraud nació el 8 de Mayo de 1938 en Nogent-sur-Marne, en las afueras de París. Sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas tres años, y se fue a vivir con sus abuelos maternos, al suburbio parisino de Fontenay-sous-Bois. Allí tomó contacto con las obras del eximio ilustrador de fines del Siglo XIX, Gustave Doré, y conoció sus primeras historietas, entre las cuales el Flash Gordon de Alex Raymond fue la que más lo impactó. Pronto sus cuadernos escolares se vieron plagados de dibujos, llenos de cowboys valientes y feroces apaches. Empezaba a vislumbrarse el mundo de Blueberry.
La madre de Jean, mientras tanto, se había vuelto a casar con un mexicano y esta es la causa por la que el joven viajó muchas veces a México durante su adolescencia. Allí, además de aprender un castellano perfecto, descubrió historietas que no se parecian en nada a las francesas y, ya que estaba, probó el sexo, la marihuana y el peyote.

2) LOS AÑOS DE INICIACION (1954-1963)
A los 16 años, Jean Giraud ya había decidido que quería ser dibujante y así se inscribió en la escuela técnica Arts Appliqués, de París. Su educación formal duró apenas dos años, porque para 1956, antes de cumplir los 18 años, ya estaba metido de lleno en el trabajo profesional.
Reaizaba dibujos publicitarios, ilustraciones, diseños de moda y decoración, y además su primera historieta, el western Les Aventures de Frank et Jeremie, en la revista Fripounet Marisette ou Far West. También colabora en las revistas católicas Coeurs Vaillants y Ames Vaillantes, donde realiza historias breves y ocasionalmente, alguna portada. De a poco, el joven Giraud va labrando su reputación, y en 1958 tiene un encuentro decisivo con Jijé (Joseph Gillian), uno de los pioneros del comic francés contemporáneo. Jijé convierte a Jean en su aprendiz y este colabora con el maestro durante un par de años (interrumpidos por el servicio militar) que dan por resultado el recordado álbum de Jerry Spring, La Route de Coronado (1960), que se serializó en la revista Spirou. Paralelamente, Giraud trabaja para la prestigiosa editorial Hachette en su revista Histoire des Civilisations.
1963 es, sin duda, el año más importante en la vida de Jean Giraud. Junto al destacado guionista Jean-Michel Charlier (redactor en jefe de la editorial Dargaud), crean para la revista Pilote el western Fort Navajo. Esa saga (iniciada el 31 de Octubre del ‘63 en el n°210 del semanario) resultaría un enorme éxito y el puntapié inicial de la extensa saga del Teniente Blueberry, que Giraud continuó casi hastasu muerte. Pronto las 46 planchas de Fort Navajo fueron recopiladas en un álbum, con una portada nueva realizada por Jijé.
También en 1963, Giraud empieza a colaborar en la revista Hara-Kiri, una publicación mensual famosa por su humor salvaje y su crítica despiadada al sistema, no muy distinta de los comix underground que surgirían unos años más tarde en EEUU. Las historietas satíricas de Giraud, dibujadas en un estilo extremo y extraño aparecieron firmadas por un tal Moebius... y por supuesto nadie sabía que esas guarradas eran obra del mismo autor que dibujaba Blueberry! Moebius produjo 21 historietas para Hara Kiri entre el ‘63 y el ‘64 y después desapareció durante casi una década.

3) LOS AÑOS DE CONSOLIDACION (1964-1974)
El éxito de Blueberry le asegura a Jean Giraud un trabajo contínuo y bien pago en Pilote, el semanario que vive una época de esplendor bajo la dirección de René Goscinny. Los álbumes del Teniente se suceden unos a otros, con un notable incremento en la calidad. Incluso a partir de 1968 trabaja (siempre junto a Charlier) en varios álbumes que narran la juventud del personaje. Al mismo tiempo, Giraud escribe guiones para otros autores de Pilote, como Auclair y Tardi, y además realiza integramente algunas historias cortas, en un estilo más experimental, que firma simplemente Gir.
Una de estas historias cortas sería decisiva: La Deviation (Enero de 1973) está firmada por Gir, dibujada en el estilo de Moebius y nos narra las vacaciones del historietista Jean Giraud. El misterio se terminaba de develar y ya no hacía falta ser un perito calígrafo para convencerse de que esos tres autores eran, en realidad, uno sólo. El impacto de La Deviation es impresionante y, en pleno auge de las ideas vanguardistas y revolucionarias de principios de los ‘70, toda una generación de nuevos dibujantes franceses ve en el trazo sobrecargado y en el desparpajo de Gir/ Moebius una alternativa a las fórmulas del pasado.
En esta etapa, sin embargo, a Moebius se lo veía poco. Su firma aparecía habitualmente en portadas de fanzines y de novelas de ciencia-ficción. Pero, también en el ‘73, tres autores de larga trayectoria en Pilote dejan el semanario y se lanzan a la búsqueda de una expresión más libre y más personal. Gotlib, Mandryka y Claire Bretecher fundan entonces L’Echo des Savanes, una revista de humor satírico muy zarpado, una mezcla entre la Zap de Robert Crumb, la mejor época de Mad y lo más vanguardista del humor argentino (Satiricón, Chaupinela, la primera etapa de Hum®, etc.). Allí nace, en 1974, la primera obra larga y “coherente” de Moebius: Le Bandard Fou, una guarrada cósmica que combinó ciencia-ficción, sexo salvaje y escatología. Aquí aparecen los primeros tópicos a los que Moebius volverá mil veces (inclusive hay un elemento del guión que reaparecerá en la saga de Grubert) y además el autor se deja picar por el bichito de la autoedición. Los artífices de L’ Echo predican con el ejemplo y Moebius empieza a pensar en irse él también de Pilote y probar suerte con su propia revista. Agarrate fuerte, por las dudas...

miércoles, 7 de diciembre de 2011

07/ 12: ICARO Vol.2


Hace un par de semanas, cuando me tocó reseñar el Vol.1 de este manga de los gloriosos Moebius y Jiro Taniguchi, repetía como un retrasado mental (o un funcionario del PRO) la frase “veremos qué onda en el segundo tomo”. Buena parte del éxito o el fracaso de este team-up entre genios del Noveno Arte se iba a dirimir acá, en la mitad final de la obra.
Y evidentemente, tengo que concluir que Icaro es una obra fallida. No en el sentido de que sea chota, para nada, sino en el sentido de que claramente los autores pensaron desarrollarla en muchísimas más páginas que las que componen estos dos libros. Uno de los dos plots más importantes del Vol.1 (el de la Teniente General, Tanaka y la gente con el poder de auto-detonarse) se come banco de suplentes casi todo el Vol.2 y cuando los autores se deciden a reactivarlo... se acaba la historia! Pero no en un final abrupto ni apresurado. Termina de redondearse el único plot al que le dan bola en este tomo, el del romance entre Icaro y Yukiko, y la vida en cautiverio del chico que vuela, y ese cierre “de episodio” resulta ser el cierre de la saga, porque todo lo que debería pasar después de eso, no pasa nunca. Andá a saber por qué, pero estos dos monstruos le pusieron fin a su colaboración unas 200 páginas antes de terminar de desarrollar los excelentes conceptos que pelaron en el primer tomo.
La casi totalidad de las 130 páginas de este tomo giran en torno a lo mismo: Icaro está enamorado de Yukiko y no va a parar hasta estar con ella. Si para eso tiene que enfrentarse al poderosísimo complejo científico-militar que lo tiene cautivo hace 20 años, ningún problema. Va y confronta. El amor de este chico por la científica que lo observaba funciona como detonante para un montón de secuencias de acción impresionantes, de machaca al palo, vibrante y de altísimo impacto, que son las que bancan el interés a lo largo del tomo. Por reencontrarse con Yukiko, el chico que vuela va a romper sus cadenas. O sea que buscando el amor se va a encontrar con la libertad, no sin antes sufrir como un condenado, porque tiene que pelear con una fuerza paramilitar muy jodida, que además conoce la debilidad de Icaro por Yukiko y la va a aprovechar. Fuera de la machaca y el romance, hay diálogos maravillosos, tensos y filosos, entre el Director Endo y el Doctor Kimura y no mucho más. El resto de los personajes tienen mínimo peso en la trama.
Pero claro, la machaca -protagonista indiscutida de este tomo- no es machaca común y corriente, sino que está dibujada por Jiro Taniguchi. Esto es rarísimo en el contexto de la obra de este autor. No hay ni por casualidad otras obras de Taniguchi en las que la acción y las peleas tengan tanta importancia. Incluso pareciera que Taniguchi leyó y estudió para este trabajo las obras de Jack Kirby, abanderado de los comics repletos de peleas entre gente con superpoderes. Esas splash-pages deslumbrantes, sobrecargadas de detalles y de líneas cinéticas parecen un híbrido entre un manga de acción (Akira, ponele) y un comic clásico de superhéroes.
Para Moebius eso no es nuevo: estudió en detalle a Kirby y a otros clásicos del género superheroico (Gil Kane, John Buscema, etc.) cuando tuvo que dibujar la saguita del Silver Surfer y su obra inmediatamente posterior (el sexto y último episodio del Incal) está tan impregnada de la narrativa y la estética que uno asocia con la Marvel clásica, que en Francia lo putearon de lo lindo (“te vendiste, traidor al Metal... Hurlant”). Taniguchi no se si se vendió, pero se animó a cambiar el caviar por el pochoclo. Y sin bajarse los lienzos, porque el nivel del dibujo del sensei es escalofriante. No sólo mete más y mejores líneas cinéticas que nunca, también se mata en las expresiones faciales, en las coreografías de las peleas, en la aplicación de las tramas mecánicas y en el diseño de un montón de artefactos tecno-futuristas, cosa muy infrecuente en la obra de Taniguchi (en oposición con Moebius y Kirby, que abusan de eso más que yo de la Levité de manzana).
O sea que, si bien parte de la historia nunca llega a cobrar forma, Icaro te devasta desde la faz gráfica, que ofrece lo mejor de dos mundos. Si había alguien a quien no nos imaginábamos incursionando en las temáticas superheroicas era a Taniguchi, pero acá vino, vio y venció. Ojalá algún día los próceres se reúnan para darle un final bien power a esta cautivante epopeya.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

23/ 11: ICARO Vol.1


Ayer tuvimos un team-up entre un francés y un yanki y hoy redoblamos la apuesta: un francés y un japonés! Y de nuevo el francés escribe y el otro dibuja! ¿Qué saldrá de esta mezcla? ¿Un manga dibujado en sentido oriental, con guionista francés? Muy bizarro... Pero las especulaciones se terminan cuando te diga que el guionista francés es Moebius y el dibujante japonés es Jiro Taniguchi. Ya está, la reseña podría terminar ahí. El peso de esos dos nombres es tanto, que juntos me van a hacer colapsar el blog, si no la internet entera.
A ver: si no te dicen que lo escribió Moebius, Icaro se lee como un manga normal. La narrativa es típicamente japonesa y seguramente fue pensada 100% por Taniguchi. La acción va lento, el dibujo se cuelga para mostrarnos escenas pachorras, en las que no pasa nada, hay mucho énfasis en el movimiento, en las miradas, en los climas... Este tomo tiene más de 150 páginas y lo que sucede es más o menos lo mismo que lo que sucede en... 45 páginas de un comic yanki, o 30 de un comic europeo. O sea que estamos ante un relato muy, muy descomprimido, como casi todos los que dibuja Taniguchi.
La premisa del guión está muy bien: un chico que nace con el poder de levitar y crece bajo la supervisión de milicos y científicos, hasta que ya de grande (y con el poder de vuelo ya absolutamente desarrollado y controlado) hace un primer intento por escapar de su cautiverio y ver qué corno hay afuera de ese mega-instituto de ciencias naturales. El personaje central casi no habla, pero el eje –por ahora- no está tan puesto en Icaro, si no que los que llevan adelante la historia son sus captores: los científicos, la Teniente Coronel (una mujer homosexual de rasgos duros y personalidad durísima) y la hermosa y copada Yukiko, una integrante del equipo que investiga a Icaro y que desarrolla una relación especial con el chico volador. Además de la dinámica entre Icaro y estos personajes, hay un conflicto muy bien llevado que tiene que ver con humanos artificiales con el poder de auto-detonarse. Seguramente en el segundo (y último) tomo este elemento se integrará mucho más a la trama central, la que gira en torno a Icaro. Por ahora, la mezcla entre ciencia-ficción tranqui, runfla política heavy y relaciones interpersonales complejas, funciona muy bien. Veremos cómo se resuelve todo en el segundo tomo.
Mientras tanto, mientras todo avanza a un ritmo parsimonioso, la pulenta, lo que te mantiene soldado al libro, es el dibujo del sensei Taniguchi, grosso por donde se lo mire. El ídolo dibujó esta historieta entre 1997 y 2000, o sea que es anterior a varios de sus grandes hitazos, donde el dibujo está un poquito más redondeado. Todavía se parece un poco (no mucho) a Katsuhiro Otomo u a otros referentes del seinen ochentoso. Pero está la magia, el despliegue, la inverosímil capacidad de Taniguchi para que las escenas fluyan con naturalidad, para plasmar esos paisajes y esos decorados repletos de detalles microscópicos (que al estar editado en tamaño de TPB yanki se ven más y mejor) y para balancear las masas de blancos y negros, sin privarse de hacer uso y abuso de las tramas mecánicas, colocadas como los hiper-dioses. Las secuencias mudas, el sueño de la mamá de Icaro con el que abre el libro, las escenas de acción, todo está más que perfecto. Por si faltara algo, varios de los trajes que luce Icaro tienen el toque inconfundible de Moebius, pero dibujados por Taniguchi. Doble placer.
Mencionaba que esto está editado como TPB yanki y cabe agregar que –por algún motivo que ignoro- nunca se publicó en castellano. Además la editorial que lo publicó en EEUU se fundió hace años, con lo cual los dos tomos de Icaro son muy difíciles de conseguir. Yo tuve culo y conseguí baratos los dos tomos en inglés, pero la desesperación ya me estaba haciendo evaluar la posibilidad de comprarlos en italiano o francés. Por ahora, se recontra-justifica cualquier atrocidad que tengas que cometer contra tu tarjeta de crédito para sumar a Icaro a tu colección.

lunes, 20 de junio de 2011

20/ 06: THE LONG TOMORROW & OTHER SCI-FI STORIES


Hoy no llegaba a tiempo de leer nada nuevo y me propuse repetir un truco que improvisé el mes pasado y garpó: releer un compilado de historias cortas de Moebius, de esas que leí por primera vez en la adolescencia y ya me sé casi de memoria. Por suerte tengo a mano las excelentes ediciones de Marvel/ Epic, en las que el ídolo complementa las historias con textos en los que cuenta anécdotas, revela influencias, contextos, detalles… casi es más interesante leer los textos de Moebius que las historietas.
El libro abre con un clásico de los ´70 sin el cual no se entiende casi nada de lo que viene después, no sólo en el comic, sino también en el cine: The Long Tomorrow, realizado por Moebius junto al estadounidense Dan O´Bannon es el puntapié inicial de la fértil cruza entre la ciencia-ficción y el hard boiled, que el propio O´Bannon pondría de moda unos años más tarde cuando se encargue del guión cinematográfico de Blade Runner. Además es una historia redonda, original, de alto impacto, dibujada por Moebius con las recontra-pilas. Si el tomo trajera sólo esas 16 páginas, habría que comprarlo igual.
Y cierra con otro clasíco delicioso, dibujado por el genio francés en un estilo totalmente distinto, mucho más libre, más distendido, sin esa sobredosis de rayitas que vemos (y disfrutamos, claro) en las demás historietas. El título original era “Il Homme… Est-il Bon?” y muchas veces se lo tradujo como “El Hombre, ¿Es Bueno?”, cuando en realidad lo que quiere decir es “El Hombre, ¿Está Rico?”. Parece mentira que nadie se haya avivado de esto, porque está clarísimo que el capo de los aliens, dispuesto a morfarse al tipo, le muerde la oreja, la prueba y la escupe. O sea, no se lo deglute al tipo porque no le parece rico, no porque no sea bueno. Lo cierto es que es una pantomima muy divertida, con un gran ritmo y una narrativa excelente.
En el medio entre estas dos maravillas, hay otras ocho historietas, de las cuales una sóla aspira a ese nivel de grossitud. A las otras siete les falta cinco pa´l peso. It´s a Small Universe es graciosa, impredecible y está muy bien dibujada, pero aún así es menor. Arranca para un lado, termina para el otro y deja gusto a poco. There is a Prince Charming on Phenixon es un chiste largo, con buenos diálogos y mejores dibujos, pero no pasa de ahí, del chiste.
Approaching Centauri es un juego: es Moebius tratando de dibujar como su amigo Philippe Druillet, que es el autor del guión. Y por momentos el ídolo lo logra. Los problemas son 1) que se nota mucho que es una impostura, que es Moebius fingiendo ser Druillet, y 2) que el guión es la nada misma, una fumariola sin ton ni son. Blackbeard and the Pirate Brain es otro juego, pero de excesos, al estilo La Deviation: muchísimo texto (a propósito, claro) y un despliegue enfermizo de detalles en casi todas las viñetas, una sobrecarga de líneas y puntitos que pega fuerte, pero te distrae de la trama.
Christmas in Lipponia se queda en el dibujo prodigioso y cuenta poco (tampoco se podía pedir un milagro en tres páginas). The Artifact es otro chiste largo, bien ejecutado, dibujado como los dioses, pero sin más ambición que la de sorprender al lector y arrancarle una carcajada en la última viñeta. Finalmente, Split the Little Space Pioneer también está pensado como chiste y funciona bien, pero porque aspira a muy poco.
El único hito entre las historias “del medio” es Variation N° 4070 on “the” Theme, cuatro páginas casi sin texto, con una fuerza desgarradora, un dibujo increíble y un mensaje que te caga a trompadas. Es una de las historietas que no había que colorear nunca jamás, por nada del mundo, y bueno, los yankis la colorearon y quedó medio chota. Pero si nos olvidamos de eso, estamos ante un clásico con todas las letras, otra maravilla de este maestro de maestros.
Por suerte nunca es tarde para descubrir o redescubrir a Moebius. Hay algo mágico en su dibujo que hace que nunca se vea anticuado, que no envejezca, que sus trabajos de hace 35 años sigan siendo vanguardia. No es fácil de explicar lo que me pasa con Moebius, pero bueno, tampoco hace falta.

domingo, 22 de mayo de 2011

22/ 05: ARZACH & OTHER FANTASY STORIES


Creo que acá empezó mi vicio de leer comic europeo editado en EEUU. Cuando Marvel lanzó (en el sello Epic) unas ediciones de la reputísima madre de toda la obra de Moebius. Estábamos a fines de los ´80 y yo era hiper-fan del prócer francés. Por supuesto, tenía un montón de sus obras repartidas entre revistas de antología y álbumes, todo de editoriales españolas. Pero las ediciones de Epic les pasaban el trapo, mal. El propio Moebius coloreó historias que habían salido en blanco y negro, corrigió textos, cambió diálogos y escribió prólogos y notas complementarias para casi todas las historietas, con anécdotas, recuerdos, lecturas o vivencias que lo inspiraron, y mucha data del backstage. Para traducir todo eso al inglés, Marvel puso a Jean-Marc Lofficier (francés radicado en EEUU) y a su muy yanki esposa Randy, que se convirtieron en los fieles esbirros de Moebius en toda su etapa en California, donde el ídolo vivió casi 15 años. El matrimonio logra una equilibrada síntesis entre la sensibilidad de Moebius y los requerimientos del mercado americano, que parece enamorarse –brevemente, al menos- del genio francés.
Este tomo es la devastación total. En sus 72 páginas tenemos las cuatro historias clásicas de Arzach, las de los ´70, las que armaron un kilombo bárbaro cuando se publicaron en los primeros números de Metal Hurlant, porque nadie entendía nada. Al toque, pegadita, una de las pocas historias que Jean Giraud nunca quiso colorear, La Deviation (realizada antes de fundar la Metal Hurlant junto a los otros Humanoides Associés). Y en el tramo final, otro clásico de los ´70 (Ballade, inspirada en un poema de Rimbaud) y tres rarezas de los ´80: La Ciudadela Blanca (de la época en que Moebius realizaba sus estudios de espiritualidad bajo el ala del gurú zen Jean-Paul Appel-Guéry), Ktulu (inspirada en la obra de Lovecraft y con el entonces presidente de Francia como villano) y una historieta 100% nueva de Arzack, que se publicó por primera vez en este álbum, incluso antes que en Francia.
Esta última es la más extraña de todas. Son apenas cinco páginas realizadas en color directo, con poquísimas viñetas por página, y con textos! Textos narrados por el propio Arzack, que explican cómo funciona su universo, resumen un poquito su historia y, como si esto fuera poco, incorporan a “la continuidad” a los personajes de La Deviation, que hasta ese momento era una fumanchereada que no encajaba ni a palos en ningún lado. Los textos que acompañan a las historietas nos cuentan que Moebius y los Lofficier estaban armando una novela gráfica extensa de Arzack, un poco con la intención de conseguir un productor que la convirtiera en un largometraje animado, y de ahí la necesidad de darle cierta cohesión (y personajes humanos y “normales”) a la saga del tipo amarillo con el gorro con forma de pija.
De todos modos, me parece que Arzack funciona mejor cuanto menos se lo explica. Esas primeras historias mudas, en las que Moebius dibuja cada viñeta con el detalle y la dedicación que un dibujante normal le pone a una ilustración o una portada, son sin duda lo más poderoso del tomo. Los argumentos (sobre todo el de la cuarta historia) son menores, a veces apenas excusas para que Moebius dé cátedra desde lo visual, para que despliegue esas imágenes fastuosas que parecen venir directo de su subconsciente, sin filtro ni explicación.
Y por supuesto, esos excesos en materia de dibujo son lo que hacen fundamental a La Deviation, la historieta más zarpada, desmedida y vanguardista del ídolo, que aparece firmada por Gir, dibujada en el estilo de Moebius y nos narra las vacaciones del historietista Jean Giraud. A partir de esta historieta de 1973 ya no hacía falta ser un perito calígrafo para convencerse de que esos tres autores eran, en realidad, uno sólo, cosa que no era de público conocimiento para los lectores de ese entonces. Al exceso visual, Moebius le suma una grosera cantidad de textos (obviamente a propósito) y termina por redondear 7 páginas que tienen más laburo y más contenido que muchos álbumes actuales de 46 páginas.
En 2010, Moebius volvió con Arzack y lanzó una novela gráfica que anduvo muy bien, pero que nunca leí. Ojalá esté a la altura de estos clásicos a los que vuelvo cada tanto, para recordar por qué me enamoré del trazo sobrecargado y los argumentos delirantes de este titán del lápiz y la tinta hace casi 30 años.