
Después de la hiper-recomendable antología Traición, LocoRabia reincide en este terreno con un nuevo recopilatorio de historias cortas, esta vez bajo la coordinación de Alberto Abeliza.
Y no, lamentablemente Los Trabajos del Agua no se acerca al gran nivel que vimos en Traición. En principio, porque no hay una consigna. No hay un tema englobador en torno al que giran todas las historias. Pero eso sería lo de menos si hubiera grandes historias. El verdadero problema de Los Trabajos del Agua son los guiones, o en realidad los no-guiones.
Abeliza, que es el autor que más historietas publica en la antología, es un verdadero virtuoso del dibujo, un tipo que te puede dejar horas mirando un dibujo suyo, un vanguardista absoluto, con una concepción totalmente original de lo que es una página de historieta. Pero no tiene nada para contar. Nos colgamos viendo una danza de formas y fondos, muy atractiva en lo formal, pero con cero aporte para quien quiere leer una historieta con algo así como un guión.
La onda de pasarse de vanguardista y terminar ofreciendo un puñado de páginas con hermosos dibujos y nada para contar va mucho más allá de Abeliza. Caio Di Lorenzo, un autor dueño de un humor atípico y de un estilo impactante, acá opta por dibujarse la vida, pero renuncia al chiste, o aunque sea al guiño cómplice al lector que tan bien maneja. Berliac, uno de los grandes de la generación que se está afianzando justo ahora, ilustra un texto de Sofía Berge con sugestivas y potentes imágenes… que no cuentan nada interesante. Gustavo Deveze (otro dibujante del carajo) tampoco se pone las pilas para proponer un relato coherente.
Keki Unpuntito intenta llevar adelante un guión más o menos normal, pero se queda en las buenas intenciones. De los autores que escriben y dibujan, el que mejores resultados obtiene es Martín Suárez Lerra, con su desopilante y cuasi-onírica No Signal. Acá vemos cómo, sin alejarse de la estética under y la temática experimental, se puede crear una historieta sólida, bien contada y con algo para decir.
El único guionista que interviene en la antología es Alejandro Farías, y de sus tres aportes, dos salvan las papas: sus historietas junto a Natalia Medrano y Guillermo Lizarzuay son probablemente las más equilibradas del libro, con dibujos interesantes que sustentan a un guión coherente y bien elaborado. Lo cual no es fácil en el segundo caso, ya que los textos de la historieta están tomados de un poema de Juan Gelman. ¿Se puede hacer una buena historieta de dos páginas a partir de un poema? Y, sí. Farías y Lizarzuay lo hicieron. La tercera aparición de Farías, junto al propio Abeliza, es otra fumariola que no suma ni resta (la típica discusión entre el autor y el personaje) y el resto, o no tiene nada para rescatar, o entra en la regla general de “excelente dibujante sin nada para contar, o sin un manejo idóneo de las posibilidades narrativas del dibujo”.
Los Trabajos del Agua, entonces, se puede mirar como catálogo de autores raros, experimentales, difíciles de encasillar, y visto así, seguro te va a servir para disfrutar de los trabajos de muchos buenos dibujantes no muy conocidos. Pero no le pidas guiones grossos, o historias memorables, ni mucho menos desarrollo de personajes, porque la cosa va claramente para otro lado.