el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 29 de julio de 2025

MARTES SOLEADO

Todavía no terminó Julio y ya clavé 12 entradas en el blog. ¿Qué me contursi? La verdad que entre películas y lecturas, salió un mes ultra-comiquero. Vamos con las reseñas de un par de libros más. Por esas cosas de los japoneses y la extraña forma que tienen de vender las licencias de los mangas a las editoriales extranjeras, Ivrea metió en un mismo tomo dos obras de Junji Ito que no tienen un choto que ver una con la otra. El tomo argentino se titula "Frankenstein" y tiene más de 400 páginas. La primera mitad, está compuesta por historias de terror/ misterio/ suspenso/ bizarreadas varias, casi todas protagonizadas por Oshikiri, un pibe que vive solo en una extraña mansión en la que pasan cosas muy locas. Hay fantasmas, muertos en las paredes, un vórtice que da a otra dimensión... y algunas cosas son reales y otras son alucinaciones de Oshikiri. Lo que hace acá Ito es tirar una idea fuerte, desarrollarla hasta donde se le da la gana, y terminar la historia donde a él le parece, no necesariamente cuando el conflicto que plantea llega a una resolución. Algunas son buenas ideas, desperdiciadas en malas historias. Y otras ni eso. Son imágenes de alto impacto, enigmáticas, perturbadoras o simplemente asquerosas, alrededor de las cuales el autor trata de armar un argumento, con distintos niveles de éxito. La verdad que si fuera por este primer tramo, ni se me ocurriría conservar este libro, porque ni siquiera el dibujo de Ito está en un nivel cercano a los de sus momentos más gloriosos. Las tramas son un poco rudimentarias, el capricho de que los protagonistas sean siempre chicos y chicas de escuela secundaria me seca los huevos sobremanera, y en todos los casos, lo que Ito cuenta en 30 ó 35 páginas se podía contar en 10 ó 12. Felizmente, después de esta primera mitad medio "más de lo mismo", tenemos la adaptación de Frankenstein, sorprendentemente fiel a la versión original con la que la genial Mary Shelley inauguró eso que hoy llamamos "ciencia ficción" allá por 1818. Como cuando le tocó adaptar "Indigno de ser humano", acá Ito se pone la 10 y la cinta de capitán. Su Frankenstein, además de MUY respetuoso de la versión literaria, es un manga atrapante, narrado de manera magistral, sin abusar de los bloques de texto (vicio muy habitual en las adaptaciones), repleto de imágenes impactantes, aunque esta vez perfectamente integradas a un argumento sólido. Como en la novela de Shelley, acá no pasa todo por las tropelías que comete el monstruo sino más bien por las oscuras obsesiones que atormentan a Victor Frankenstein, su creador. El personaje central es Victor, y su criatura tiene un rol importante, pero no le roba el protagonismo. Por supuesto que, con la adaptación en manos de Ito, el terror se va a hacer presente en la narración. Pero es un elemento más, al igual que el drama. También hay una trama romántica (una y media, podríamos decir) y momentos (el principio y el final) donde se impone una aventura en paisajes exóticos, todo maravillosamente dibujado por el astro japonés. No hace falta que lo subraye, pero sin dudas estas casi 200 páginas (originalmente realizadas por Ito a mediados de los ´90) son las que hacen que valga la pena comprar y atesorar el libro, sobre todo si sos fan de Frankenstein o de los orígenes de la ciencia ficción.
Vamos a Estados Unidos, fines de 2018, cuando DC publica la antología Nuclear Winter Special, un librito con 10 historias cortas de ocho páginas cada una, hilvanadas por una secuencia medio en joda, en la que el protagonista es Rip Hunter. Lo que más me sorprendió es la calidad de los dibujantes: el italiano Giuseppe Camuncoli, Brad Walker, el rosarino Cristian Duce, Yasmine Putri, Dexter Soy, el prócer Jerry Ordway, el maestro Phil Hester, el chileno Amancay Nahuelpan y Scott Kolins. No hay uno flojo, de verdad. Visualmente, es una antología muy pareja, y con un nivel altísimo. Veamos qué onda los guiones. La historia de Damian Wayne contra Ra´s al Ghul (a cargo de Colin Kelly y Jackson Lanzing) no está mal, es correcta y poco pretensiosa. La de Superman y Martian Manhunter ambientada en el futuro del One Million es excelente, sorprendente y emotiva. La de Flash (a cargo de Jeff Loveness) no me pareció gran cosa. La de Supergirl (de Tom Taylor) me intrigó porque está ambientada en un futuro en el que Kara es bastante mayor, y tiene una hijita. No sé si está conectada a una saga más extensa que nunca leí, o si es un invento fumanchero de Taylor, pero funciona. Mairghread Scott firma el unitario protagonizado por Aquaman, también muy poco ambicioso, bastante entretenido. La de Firestorm está a cargo del maestro Paul Dini, que se zarpa un poquito en la cantidad de texto y la cantidad de cuadros que le hace dibujar a Ordway, pero está muy bien, es una linda vuelta de tuerca a un concepto bastante ramplón como era el de la Nuclear Family (creada por Mike W. Barr como antagonistas de los Outsiders). El propio Hester escribe el guion de la historieta de Kamandi, que está muy buena y te deja con ganas de más. La más flojita tal vez sea la de Catwoman (escrita por Cecil Castelucci) y el librito cierra con una de Green Arrow, a cargo de un guionista al que nunca había oído nombrar: Dave Wielgosz. Una muy grata sorpresa, porque -si bien prácticamente no hay acción- nos presenta a un Oliver Queen crepuscular muy interesante, muy consistente con lo que fue toda la trayectoria de Green Arrow como superhéroe, y con una exploración de sus vínculos muy intensa y muy profunda, sobre todo si pensamos que está todo contado en apenas ocho páginas. Como siempre, por sobre el frío del invierno y por sobre la desolación de los escenarios de futuros distópicos, en los que la Tierra está hecha mierda o los superhéroes están viejos o derrotados, se impone la luz, la esperanza. No importa cuándo, no importa cómo, los íconos de la justicia, la bondad y el altruismo van a aportar su granito de arena para que el universo, la ciudad, una familia, o un amigo, sean un poquito más felices. Casi todos los guionistas que colaboran en el Nuclear Winter Special captaron esa consigna y la convirtieron en historias cortas que tal vez no tengan tanta prensa ni tanta repercusión como las series mensuales o las miniseries de Black Label, pero que se disfrutan sin mayores inconvenientes y además inspiraron a los dibujantes para que se pongan las pilas y realicen trabajos muy, muy notables. Hasta acá llegamos, por hoy. Capaz que hay una entrada más antes de fin de mes (lo dudo), pero lo que es seguro es que nos vemos mañana a las 22:30, en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando, en una nueva emisión de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!

jueves, 8 de agosto de 2024

TARDE DE JUEVES

Recién llego de dar una vuelta por la muy recomendable FED, ya provecho un ratito pre-siesta para redactar unas reseñas. Cuando me enteré de que David B. había publicado otro libro de historietas hechas en base a sus sueños, además de aquel que vimos acá el 11/04/18, me dije a mí mismo "el día que lo vea barato, me lo compro". Y efectivamente ese día llegó, y me hice con un ejemplar de Le Cheval Blême, un libro de 1992 que compila 15 historietas cortas en las que David B. lleva sus sueños y pesadillas al papel. Como ya estaba familiarizado con este tipo de relatos, por haber leído en su momento Los Complots Nocturnos, lo que más me sorprendió es la fecha: en 1992 la hoy legendaria carrera de David B. todavía estaba en pañales, pero el nivel artístico de sus trabajos ya era descomunal. Sobre todo el dibujo, la solidez de su trazo, el impecable equilibrio entre masas negras y espacios blancos, la infinita variedad de enfoques, el manejo magistral del claroscuro... cosas que no solemos ver en autores con poca obra a sus espaldas. Para 1992 David ya no era un pibito (tenía 33 años) pero estaba lejos de ser un consagrado. Era más bien uno de estos "raros autores nuevos" que empezaron a surgir después de que entrara en crisis el modelo de las revistas de antología, y que crecieron publicando en las márgenes de un mercado que se transformaba de modo tan rápido como incierto. También me gustó muchísimo cómo el autor trabaja algunos relatos en una grilla fija de cuatro cuadros iguales, lo cual lo obliga a sostener un ritmo muy marcado en la narración. Cuando trabaja sin grilla fija también logra resultados muy atractivos, sin salir de un esquema de puesta en página clásico. Esta vez las imágenes que plasma David B. en las historias no son tan truculentas como las que vimos en Los Complots Nocturnos, pero hay momentos bravos, en el que el peligro, la muerte, la violencia y hasta las torturas son elementos importantes en estos sueños traducidos al comic. Las historietas son breves, van de las dos páginas a las nueve, y siguen la lógica onírica, en la que cualquier cosa puede suceder sin necesidad de ninguna explicación racional. O sea que a los "argumentos" no se les puede pedir demasiado. Sin embargo, hay varios muy logrados, sueños que (procesados por el talento de un dibujante exquisito) se pueden narrar como buenas historias cortas, limadas y caprichosas, pero de innegable fuerza dramática. Si sos fan de David B., Le Cheval Blême es un muy lindo trabajo para revisitar los primeros años en su carrera, y sus primeras incursiones en el extraño mundo de los sueños hechos historieta.
Me voy a Estados Unidos, año 2022, cuando DC publica una antología de historias cortas autoconclusivas titulada DC´s Saved by the Belle Reve. Se trata de ocho aventuras de 10 páginas que tienen como temática común la educación y los establecimientos dedicados al aprendizaje. Veamos con qué me encontré. La primera historieta está ambientada en Gotham Academy, y me parece que tiene que ver con una serie que nunca leí. Los dibujos de Karl Kerschl me encantaron, y el guion de Becky Cloonan y Brenden Fletcher no me aportó absolutamente nada. En una de esas, había que conocer a los personajes para engancharse. La segunda es muy floja: Tim Seeley y Scott Kolins (dos profesionales de vasta trayectoria) rejuntan al Suicide Squad de la peli de James Gunn (Harley Quinn, Peacemaker, King Shark, Katana y the Weasel) para una aventura 100% en joda que no me movió un pelo. Ni siquiera me gustó el dibujo, y eso que soy muy fan de Kolins. La tercera levanta mucho la puntería: Peter Tomasi regresa a los Super Sons y (junto al muy buen dibujante Max Raynor) nos cuenta una historia breve pero intensa en la que Damian Wayne y Jonathan Kent se hacen amigos de un/a pibe/a no-binarie, que además explica qué significa ser no-binarie con una claridad asombrosa. En cuarto lugar aparece la historieta que más me sorprendió por su originalidad, por su agudeza y porque la escribe un guionista (Dave Wielgosz) del que jamás había oído hablar. Los protagonistas son Green Arrow y Speedy, la historia está ambientada en la época en la que Roy tenía 12 ó 13 años, el dibujo de Mike Norton es más que digno, y el resultado es una joyita sumamente recomendable si le tenés cariño a cualquiera de los dos arqueros. La segunda mitad arranca con una historia bastante pavota de los Tiny Titans, a cargo de Art Baltazar y Franco, que -de nuevo- juega con la formación del Squad de la peli de James Gunn. Lindos dibujos, el resto olvidable. Lo mismo me pasó con la aventura sombría, crepuscular, protagonizada por Azrael: el dibujo del querido cordobés Juan Ferreyra me detonó el bocho, mientras que el trabajo del ignoto guionista Dan Watters me resultó predecible e intrascendente. El librito cierra con una comedia ágil y eficaz protagonizada por Dick Grayson y Barbara Gordon, con un guion cumplidor de Andrew Aydin y muy lindos dibujos del chileno Nelson Daniel. Y dejo para el final la historieta de Black Lightning, que tiene los dibujos más flojos de la antología (a cargo de Craig Cermak) pero el guion de Brandon Thomas responde, tarde pero seguro, a la pregunta que todos los fans de DC nos hacíamos allá por 2001... ¿cómo carajo un héroe como Jefferson Pierce aceptó ser parte del gabinete que armó Lex Luthor cuando llegó a la presidencia de los EEUU? Bueno, esperé más de 20 años para enterarme, pero la respuesta no solo me cerró, sino que en un punto me conmovió. Si sos muy fan de Black Lightning, estas 10 páginas te justifican por completo la compra del librito. Tengo en el pilón de los pendientes varios especiales más de 80 páginas en formato antología, de los que editó DC cuando varios de sus personajes más famosos cumplieron 80 años. Ya llegarán. Nada más, por hoy. Gracias totales y nos vemos el jueves 15 y viernes 16 en la Crack Bang Boom, en Rosario. Antes de eso seguramente habrá algún posteo más acá en el blog, y -como siempre- algún video nuevo en el canal de YouTube de Comiqueando, que está on fire.

sábado, 20 de julio de 2024

SHOWCASE PRESENTS: THE UNKNOWN SOLDIER Vol.2

Hace menos de un año, un no tan lejano 09/10/23, escribí una reseña de la que no me acordaba nada, acerca de un libro del que no me acordaba nada. Un desastre, lo mío. Pero bueno, en esa reseña prometía entrarle durante 2024 al segundo Showcase de Unknown Soldier, y eso se cumplió. Acá tenemos otro masacote de más de 550 páginas, en el que vemos cómo, a partir del nº 205, la revista Star-Spangled War Stories cambia de nombre y se empieza a llamar como su personaje estrella. El libro recopila 37 historietas publicadas a lo largo de la segunda mitad de los ´70, cuando los comics bélicos de DC se resistían a adoptar la fórmula que se había impuesto en los comics de superhéroes, es decir, permitir la evolución, el desarrollo de los personajes, mediante arcos argumentales que obligaban al lector a seguir número a número las revistas. En estos títulos bélicos, en cambio, los personajes no avanzan ni un milímetro, nunca. No existe esa saga en la que "cambia todo para siempre" y que si no la leés, no entendés nada de lo que viene después. La inmensa mayoría de las aventuras del Unknown Soldier (algunas de un solo episodio y otras de dos) que recopila este tomo se pueden barajar como si fueran naipes y leerse en cualquier orden, sin encontrarnos con ninguna contradicción, ni con elementos que no cierran o no se entienden. En el número que el protagonista le impone su nombre al título, hay un recuento del origen (ante la probabilidad de que se sumaran nuevos lectores que no leían SSWS, pero sí TUS), muy sintetizado en dos paginitas, y después, "siga, siga": vamos para adelante con nuevas aventuras que no requieren ninguna lectura previa. Al igual que el tramo final del Vol.1, toda la primera parte del Vol.2 nos presenta la etapa de The Unknown Soldier escrita por David Michelinie y dibujada por Gerry Talaoc. Los guiones (si les perdonás las constantes rupturas del verosímil) no están mal, tienen ingenio, son ágiles, no aburren... aunque lógicamente les falta profundidad y les sobra soldados nazis con pésima puntería. Algunas veces me sorprendí a mí mismo aplaudiendo a Michelinie por lo mucho que logra contar en 15 páginas (como en la vibrante "The Survival Syndrome" o la notable "The Cure") o por jugarse a meter algún giro impredecible, como la pica que arma entre el Unknown Soldier y Mademoiselle Marie, otra heroína vinculada a la resistencia francesa contra el Tercer Reich, que aparecía en SSWS (y otros títulos bélicos de DC) desde 1959. Y el dibujo de Talaoc tampoco está mal: mejora cuanto más de cerca enfoca a los personajes y se deshilacha un poco cuando opta por planos más grandes, en los que se ven personajes de cuerpo entero, paisajes, fondos, etc. Y justo antes de que la revista cambie de nombre, cambia también el equipo creativo: vuelve Bob Haney (autor de varios de los guiones que vimos en el Vol.1) y queda como dibujante fijo Dick Ayers, primero en equipo con Talaoc, y después alternando entre Talaoc y Romeo Thangal. Se ve que Ayers entregaba bocetos con muy poca definición, porque el aporte de cada uno de sus compañeros hace que las historietas se vean totalmente distintas. Las de Ayers/ Talaoc parecen de Talaoc y las de Ayers/ Thangal parecen de Thangal. Hay que leer los créditos para darse cuenta de que en todas participa el veterano lapicista, que para esa época no solo ya era un señor grande, sino que además producía muchas páginas por mes para DC, desparramadas entre otros títulos de guerra y algunos de western. Ninguna de las dos combinaciones funciona particularmente bien, porque Thangal no está capacitado para hacer milagros, y Talaoc en una de esas sí, pero su compromiso baja con el correr de las páginas y ya para el final no conserva nada de su atractivo. Como en el Vol.1, me encontré con un Haney que se toma a la serie bastante en serio (valga la aliteración) y trata de que las historias no queden en el impacto de la consigna, sino que el desarrollo de las mismas tenga sentido. Incluso respeta cosas establecidas por los guionistas anteriores, lo cual para Haney ya es un montón. Ninguna de sus historias me partió la cabeza ni me hizo decir "¿cómo nunca nadie me recomendó estas historietas, ni las puso en el podio de las más gloriosas gemas del comic bélico?", pero en general, no me aburrí. Y eso, en una serie pensada para dar vueltas todo el tiempo en un mismo lugar sin avanzar un milímetro, también es un montón. Incluso en los últimos números, Haney se da el lujo de escribir historias (cortas, de 12 páginas) en las que el protagonista no asume otras identidades, sino que actúa todo el tiempo con su cara cubierta apenas por sus clásicos vendajes. Es decir, se anima a dejar de lado la fórmula definitoria de la serie, que consiste ver al Unknown Soldier cambiar de nombre y de cara para cada misión, algo que en principio parece tan demencial como... no sé, Haney hizo tantas locuras en DC, que los ejemplos serían infinitos. Fuera de lo que recopila este libro, la serie duró 42 números más (hasta 1982) y -cagate de risa- Bob Haney, Dick Ayers y Gerry Talaoc están hasta el final. Ojo: no los leería, sinceramente. Con esto, ya tengo más que suficiente Unknown Soldier. Peeero, no descarto comprarme algún numerito suelto de la revista, porque para esta época las aventuras del Soldier ocupaban 12 ó 15 páginas y entre las historias complementarias puede haber papita fina, o trabajos semi-ocultos de autores que me copan (John Severin, por ejemplo). Y lamentablemente muy poco de todos esos back-ups fueron reeditados en libros. Hasta acá llegamos por hoy, pero si querés más textos sobre historietas de los años ´70, vas a encontrar muchísimos artículos a fondo, a cargo de enormes especialistas, en el nº9 de Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias a l@s que ya se la bajaron, y nos reencontramos pronto acá en el blog.

lunes, 1 de enero de 2024

DECIMOQUINTA TEMPORADA

Hoy se cumplen 14 años (casi una vida) desde el día en que empecé con este blog. Desde entonces cambió prácticamente todo, excepto que yo sigo adelante con este blog. Ya casi no hay espacios de este tipo, y si hay, a nadie le importan en lo más mínimo. Por eso lo primero que se me ocurre (antes de cualquier tipo de festejo) es preguntarme si tiene sentido seguir con este proyecto a lo largo de una decimoquinta temporada. Podría tranquilamente no hacerlo más, porque la verdad que no le debo nada a nadie. Las novedades que con enorme generosidad me hacen llegar editores y autores, las podría reseñar en el sitio de Comiqueando, o en el Podcast, que son espacios mucho más visitados, de mayor visibilidad dentro del medio. Y encima el blog ya no funciona tanto como un registro personal de qué leí y qué no leí, porque estoy leyendo bastante en digital, y acá sólo hablo de lo que leo en físico. También estoy leyendo muchas revistas de comics (básicamente antologías europeas de los ´80), de las que tampoco hablo en este espacio, y revistas y libros SOBRE comics, que tampoco da para reseñar acá en el blog. Hace AÑOS (literalmente) que no miro cuánta gente lee lo que yo posteo. El único número que tengo a mano es el de la cantidad de suscriptores, y se mantiene bastante estable hace mucho tiempo. O sea que la repercusión de lo uno publica en este espacio me tiene MUY sin cuidado. Escribo acá básicamente para hinchar las bolas, porque me parece estimulante ordenar en la cabeza el kilombo que se me arma cada vez que leo un comic (o veo una película) y transmitirlo de la manera más coherente posible. No hay otra explicación. De vez en cuando, echo mano a algún párrafo que escribí acá y lo integro a algún artículo para la Comiqueando, o para algún otro medio, pero es algo bastante infrecuente, con una incidencia ínfima sobre el total de párrafos que llevo escritos para este blog. Así que la única función real que cumplen estas reseñas es el placer que me causa tomarme un rato un par de veces por semana para sentarme a escribir. Y, a veces, ver que editores y autores que encuentran reseñadas acá sus obras, comparten los links en las redes, como el pibe que viene orgulloso a mostrarle el boletín a los padres, porque "se sacaron buenas notas". Ese es todo el sentido que le encuentro a esta tarea. No creo que nadie vaya a comprar o no un comic porque yo lo recomiendo, no creo que nadie diga "che, este limado nos regala hace siglos sus reseñas, comprémosle dos veces por año la revista digital que publica", no espero que en los comentarios surjan debates que me enriquezcan ni a mí ni a nadie... es más una cuestión personal que cualquier otra cosa. Como hacerse la paja, pero más higiénico y menos placentero. Esto es algo que está, que se da por sentado, y que si hasta ahora no dejó de existir es porque probablemente nunca lo haga... o en realidad que se corte cuando yo me muera y no pueda tipear más.
Dicho todo esto, anoche terminé de leer (por segunda vez, lo había leído de prestado como 20 años atrás) Superman & Batman: Generations 2, del maesto John Byrne. Muy sintéticamente, el dibujo está un poquito por debajo de lo que mostró Byrne en la primera serie y bastante por debajo de lo que va a pelar en la tercera, que es -lejos- la mejor dibujada. Las aventuras en sí, tampoco son gran cosa. Están bien, cumplen, no mezquinan escenas potentes, pero tienen sentido en función de otra cosa, que es lo que hizo imprescindible a Generations: la construcción de un Universo DC alternativo, en muchísimos aspectos más atractivo que el Universo DC oficial. El concepto de Generations (contar historias de Superman y Batman que arrancan en 1939 y avanzan de a 10 u 11 años para mostrarlos en distintos momentos de los Siglos XX y XXI, con la posibilidad de verlos envejecer en tiempo real) es excelente, y está ejecutado de manera brillante. Esta segunda serie (lanzada en 2001) amplía el foco aún más, y además de Clark, Bruce, sus hijos, hijas, nietos, etc., tenemos bastante protagonismo para la Justice Society y distintos superhéroes que -en distintas épocas- pueblan de a poco este universo. Así, Byrne nos invita a armar un rompecabezas en el que cada pieza por sí sola difícilmente te parezca una maravilla, pero a medida que se completa el mosaico, no quedan más opciones que la ovación de pie, sostenida y sentida desde el alma de cualquier fan de los superhéroes. Cuanto más sabés de la historia del DCU (y de sus autores y sus contextos de producción) más te ceba Generations y más niveles discursivos le encontrás. Recomiendo mucho esta serie a los fans de Byrne y de DC, y me quedo con muchas ganas de volver a leer la tercera parte, de la que me acuerdo poquísimo. Nada más, por hoy. Me quedan algunas historietas argentinas del 2023 para leer, así que pronto vuelvo con eso. Gracias, feliz 2024 para tod@s, y acuérdense de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.

lunes, 9 de octubre de 2023

SHOWCASE PRESENTS: THE UNKNOWN SOLDIER Vol.1

De a poquito y con paciencia, me bajé las casi 550 páginas de este masacote que republica las primeras 38 historietas del Unknown Soldier, todas aparecidas entre 1970 y 1975 en los nºs 151 a 188 de la revista Star-Spangled War Stories. Salvo alguna que otra excepción, son todas historias autoconclusivas y ninguna tiene más de 14 páginas. Lo primero que hay que destacar es que las 10 primeras historietas las dibuja Joe Kubert a un nivel glorioso, en su estilo más moderno, más dinámico, pensado más para impactar que para agradar. Kubert era el editor de SSWS, es el creador del Unknown Soldier y en las primeras aventuras oficia de guionista y dibujante, con una libertad absoluta. Solo por estas páginas de Kubert (potenciadas por la posibilidad de apreciarlas en blanco y negro) se justifica tener el libro. Pero hay más. A partir del quinto episodio, Kubert trae un guionista. Y no es Robert Kanigher (que aparece en el tomo, pero con un aporte muy menor), sino Bob Haney. Sí, el demente que escribía esas aventuras bizarras en Brave & the Bold, Teen Titans, Metamorpho y demás. Pero acá me saco el sombrero: los guiones de Haney tienen un nivel promedio más que decente, y un par ("Invasion Game" y "Totentanz") son brillantes. Haney se va a quedar al frente de la serie cuando Kubert deje de dibujarla, y aportará un episodio para que dibuje el maestro Doug Wildey (acá un poco más contenido que cuando le daban para dibujar historias del Far West) y dos para otra bestia como era Dan Spiegle. Acá me encontré a un Spiegle también muy ubicado, sin excesos, casi como si quisiera "ocultar" su estilo en favor de la claridad del relato. Hasta tiene secuencias que parecen dibujadas por Kubert o -para ser justos- por alguno de sus alumnos más aventajados, tipo Timothy Truman. Haney se queda incluso para escribir los dos primeros episodios de la larga etapa de Jack Sparling como guionista, y el primero de ellos ("Witness for a Coward") es excelente. Yo suelo putear mucho cada vez que me aparecen historietas dibujadas por Sparling en los títulos setentosos de DC, y hoy no va a ser la excepción. El turro deja la vida en su primer episodio y para el segundo ya es cualquier cosa. Inexplicablemente, el tipo derrapa hacia un mamarracho que no le hace la menor justicia a los guiones y en total dibuja... ¡18 entregas! Casi medio libro te tenés que fumar a un dibujante que evidentemente no le ponía ni un gramo de amor al trabajo. Durante la "era Sparling" llega como editor y guionista el maestro Archie Goodwin y también escribe unas cuantas historias muy buenas (entre ellas clásicos como "Legends Don´t Die" o "Appointment in Prague"), pero el dibujo de Sparling desluce mucho el resultado final. Cuando Goodwin deja los guiones entra en escena Frank Robbins, que va a intentar sin éxito armar arcos argumentales de más de un capítulo, y hasta nos va a presentar a una especie de contracara nazi del Unknown Soldier, también con resultados tirando a pobres. No es que todo lo que escribe Robbins sea choto, pero entre que tiene que suceder a un grosso como Goodwin y que para esa altura uno ya está hinchadísimo las bolas de padecer los dibujos de Sparling, es una etapa sumamente prescindible. Finalmente, en el nº183 entra como editor el maestro Joe Orlando y cambia todo: las historias, si bien se mantienen en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, suman una arista más afín al género del terror y además llegan nuevos autores: un joven David Michelinie tomará los guiones y el filipino Gerry Talaoc tendrá a su cargo los dibujos. Michelinie no apesta ni la descose, y le va un poco mejor que a Robbins cuando intenta hilar varios relatos para armar una especie de arco argumental. Y Talaoc (extraña cruza entre Carlos Giménez, Alex Niño y los dibujantes españoles de línea clásica), sin ser genial, es claramente mejor que Sparling. El mejor episodio de esta dupla es, claramente, el que cierra este primer Essential. Tengo el segundo comprado, sin leer. El año que viene le voy a entrar, a ver con qué me encuentro. En general, con el Vol.1 la pasé bien. Hay momentos en los que las misiones que le encomiendan al Unknown Soldier involucran peligros tan extremos, que decís "boludo, llamen a un superhéroe, no a un tipo común entrenado para ser re-poronga". No hace falta que sea el Spectre, o Green Lantern, con Hourman o Atom nos arreglamos. Pero claro, esto es de principios de los ´70, cuando las aventuras bélicas de DC estaban ambientadas en Tierra-1, la realidad en la que los superhéroes aparecieron unos 10-15 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Después, cuando se unifican las tierras y los héroes de los comics bélicos co-existen en tiempo y espacio con la Justice Society, la lógica de estos relatos se deshilacha hasta hacerse absurda. Por eso siempre está bueno leer los comics en su contexto. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos en unos días, acá en el blog.

miércoles, 2 de agosto de 2023

SHOWCASE PRESENTS GHOSTS Vol.1

Me devoré otro bruto masacote de más de 500 páginas, que recopila los primeros 18 números de Ghosts, una revista de terror y misterio que DC empezó a publicar allá por 1971 y que -no preguntes cómo- duró once años y 112 ediciones. A diferencia de las antologías de misterio que coordinaba Joe Orlando, en esta (coordinada por Murray Boltinoff) no tenemos un personaje fijo que sirva de anfitrión, ni remates que van para el lado del humor negro, ni guiones mínimamente atractivos. Hay muchos guiones cuyos autores se desconocen y cuando se sabe quién es el autor, casi siempre aparece el nombre de Leo Dorfman, quien trabajara asiduamente en los títulos de Superman durante la etapa de Mort Weisinger. Las historias son poco originales y repiten bastante la fórmula del avechucho que se quiere quedar con algo que no es suyo, para sufrir un castigo de ultratumba a manos de sus víctimas; o el escéptico que no cree en lo sobrenatural y de pronto sucede algo que claramente va para ese lado, o cosas así. Lo mejor que se puede decir de los guiones es que hay una constante bajada contra el imperialismo: cada vez que un yanki o un europeo trata de pasarse de vivo para cagar o rebajar a un aborigen de cualquier tribu (de Centroamérica, Estados Unidos, África o Australia), termina muy mal. Incluso hay guiones muy críticos de la intervención colonial en la India, y hasta uno ambientado en plena guerra de Vietnam, que se estaba combatiendo en el momento en que se publicaban estas historietas. Y por supuesto, unas cuantas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial en las que los nazis son muy malos y les suele ir como el culo por pasarse de ambiciosos o de crueles. En uno de estos relatos de la Segunda Guerra Mundial (publicado en el nº9 de Ghosts) aparece algo que hasta ahora no habíamos visto en estas antologías "de género": un soldado negro en las filas del ejército yanki. Por primera vez tenemos a un negro que no es parte de una tribu cuasi-salvaje de África, Oceanía o Centroamérica. Es un personaje sin nombre, que aparece en tres viñetas y no abre la boca. Pero por lo menos no es un aborigen, ni un hechicero vudú, ni un esclavo que rema en un galeón. Algo es algo. Y ahora sí, vamos a lo interesante: los dibujantes. O por lo menos a los que participan con más frecuencia de esta antología. John Calnan es una especie de Jim Aparo de segunda marca, al que yo solía leer en las revistas de Batman de la segunda mitad de los ´70. Acá todavía le faltaba bastante, estaba lejos del nivel de Aparo (que dibuja una historieta hermosa en el nº1 y después... chau, suerte). Tony De Zuñiga dibuja poco, pero en general muy bien. Sam Glanzman, como siempre, le pone onda al dibujo sobre todo en los relatos con ambientación bélica, pero siempre le faltan cinco pa´l peso, sobre todo en los primeros planos de las caras. Jerry Grandenetti, otrora asistente de Will Eisner en The Spirit, acá dibuja raro: por un lado, opta por un estilo más caricaturesco, menos realista que el resto de los dibujantes. Y por el otro, parece entintar con un fibrón recontra-grueso, lo cual genera unos claroscuros atractivos, pero le complica un poco el equilibrio de la página. Tiene momentos más cercanos a un Jack Davis de la E.C., y otros donde se pasa de grotesco y parece un principiante entintando a los pedos, para sacarse el trabajo de encima. Jack Sparling, un dibujante que en general no me gusta, acá mete dos historias poco destacables y una (Caravan of Doom) en la que me sorprendió lo bien dibujada que está. Buddy Gernale es un dibujante al que nunca había oído nombrar y acá aporta unas cuantas páginas. Nada para destacar, realmente. Néstor Redondo y E.R. Cruz están en poquitos números, pero cuando aparecen, la rompen toda. Qué monstruos, ma-mita... Alfredo Alcalá también, colabora de manera espaciada, pero siempre con trabajos de gran nivel, con un trabajo notable de texturas. Ernie Chan (o Chua) es un dibujante que para mediados de los ´70 va a ser una bestia fuera de control. Acá se nota que todavía estaba un poco verde, porque no se lo ve ni cerca del nivel que ostentará unos años más tarde. Por el contrario, Gerry Talaoc va a transitar la segunda mitad de los ´70 con muchísima producción para DC, casi toda chata, aburrida, con un estilo para nada atractivo. Sin embargo, en esta antología lo vemos en muchos números y con historietas muy bien dibujadas, con un trazo elegante, angulaciones asombrosas, expresiones faciales muy logradas y un gran manejo del claroscuro. Andá a saber por qué en un momento se empezó a tirar a chanta. También hay trabajos bastante competentes, pero muy aislados, de George Tuska, Bob Brown y otro filipino elegante, Rico Rival, que por momentos parece una cruza enloquecida entre Redondo y Alex Niño. Los primeros cinco números de Ghosts eran revistas gorditas, de 52 páginas, donde además del material nuevo (y los avisos) solían verse algunas reediciones de historietas de misterio de los años ´50, también con guiones bastante intrascendentes, pero dibujadas por autores clásicos de aquella época, entre los que se destacan Curt Swan (un Swan más dark, muy interesante) y el siempre grossísimo Rubén Moreira. Nada más para destacar. Tengo un numerito suelto de Ghosts, muy posterior a esta primera tanda, porque trae una historieta dibujada por el maestro Leopoldo Durañona. Pero no me da para coleccionarla toda, ni aunque salieran más tomos como este, con chotocientas mil páginas en magnífico blanco y negro. Sigo adelante con las lecturas, así ni bien tengo liquidados un par de libritos, les dedico unas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 10 de mayo de 2023

SHOWCASE PRESENTS: TALES OF THE UNEXPECTED

Uh, esta fue difícil, eh? Un masacote de 512 páginas con los 20 primeros números de Tales of the Unexpected, una antología que DC lanzó allá por 1956, cuando no se podía ni mencionar el tema del terror y los monstruos y cuando había que minimizar la utilización de la violencia en las historietas. La respuesta es una serie con cuatro historias cortas en cada número (casi todas de seis páginas), con argumentos muy simples, que buscaban impactar al lector con sucesos que no tenían (por lo menos a priori) una explicación racional: antiguos objetos que conferían deseos o poderes zarpados, máquinas loquísimas que permitían hacer cosas raras (viajar en el tiempo, controlar mentes, duplicar objetos, desmaterializar objetos, etc.) y -cada vez más a medida que avanzan los números- contactos entre seres humanos y razas alienígenas. En las 80 historietas que incluye el libro, los protagonistas siempre son varones blancos y adultos. Casi siempre estos señores provienen del mundo de la ciencia, del espectáculo o del crimen, y estos últimos siempre terminan decididamente mal. La ambientación siempre es el presente y la gran ciudad (grandes ciudades donde no existen los negros, no?). Las fórmulas se repiten mucho, en parte porque al ser todas historias de seis páginas, vos sabés que al final de la cuarta va a estar todo mal, y en algún momento de la quinta alguien se va a dar cuenta de algo, o va a pasar algo, que va a permitir que en la sexta se reestablezca el equilibrio y se explique (casi siempre) qué carajo era esa bizarreada que nos tuvo en vilo desde la primera o segunda viñeta. Eso es todo, de verdad. Con eso una revista podía durar años y años. Por lo menos para cuando se editó el libro (2012) no se sabía quiénes eran los guionistas de la gran mayoría de las historias, porque en aquella época los comic books de DC no incluían créditos. Tal vez como acto de justicia, la historia que más me gustó, o que más me impactó, es una de las pocas que tienen un guionista acreditado, en este caso el maestro Ed "France" Herron. Y como no da para hablar de guionistas anónimos, y con lo que conté sobre las historias ya más o menos cubrí todo lo que hay para decir sobre las mismas, aprovecho para centrarme en los dibujantes, que es lo mejor que tiene este libro. La revista tenía un equipo de diez o doce dibujantes, que no aparecían en todos los números, pero que son siempre los mismos. Todos trabajan con una estética realista, uno solo se va mínimamente de mambo con la puesta en página, todos se fuman viñetas (y páginas) repletas de texto, y todos dejan la vida en cada cuadrito con decorados, paisajes, edificios, vehículos, armas y todo tipo de objetos dibujados DE VERDAD. No hay fotos retocadas, muy rara vez hay una viñeta donde solo se ve una cabeza que habla, todo el tiempo se llena la superficie del cuadrito con elementos gráficos (a veces simples texturas) que la edición en blanco y negro permite apreciar a pleno. Por orden de aparición, acá me encontré con estos magos del lápiz. John Prentice, un dibujante exquisito que va a abandonar el equipo de Unexpected para hacerse cargo de la tira diaria de Rip Kirby cuando Alex Raymond sufre el accidente en el que pierde la vida. Bill Ely, un dibujante activo desde fines de los años ´30, el único al que no conocía, y tal vez el que menos me gustó. Rubén Moreira, el prócer de Puerto Rico que reemplazó nada menos que a Burne Hogarth en las planchas dominicales de Tarzan, un capo absoluto de la escuela realista. Leonard Starr, otro monstruo de las historietas para diarios, creador de la tira On Stage (o Mary Perkins), también seguidor de la línea de Alex Raymond. Mort Meskin, un tipo que publicaba en DC desde la Golden Age y ya no estaba en su mejor momento, acá se tira más a un trazo más suelto y más sucio, que no le da buenos resultados. Sheldon Moldoff, otro grande de la Golden Age, dibujante principal del primer Hawkman y más tarde autor de centenares de historietas de Batman que aparecerían firmadas por el chanta de Bob Kane. George Papp, también identificado con un superhéroe clásico, el primer Green Arrow, en esta época dibujaba también a Superboy y más tarde a Bizarro. Pero en estas historias cortas ponía más huevo. Bernard Baily, el primer dibujante y co-creador de Hourman y el Spectre, seguía activo en esta época y dibujaba mucho mejor que en los años ´40. George Roussos, otro monstruo que venía desde fines de los años ´30 y había pasado por decenas de editoriales, incluyendo la ahora finiquitada E.C.. Más tarde se dedicará a entintar a sus colegas, principalmente a Jack Kirby. Nick Cardy, uno de los muchachos cuya carrera artística se interrumpió para ir a pelear a la Segunda Guerra Mundial. Para esta época ya llevaba varios años de éxito en distintas series de DC y tenía un trazo muy marcado y muy, muy hermoso. Jack Kirby, el Rey, pasó por DC en esta etapa y dejó su huella con un puñado de historietas en esta revista, algunas de las cuales ya vimos en el librito que reseñé un lejano 29/12/12. El único que experimentó un poco a la hora de desplegar las viñetas en la página. Jim Mooney, un veterano de mil combates, también activo desde la Golden Age y más asociado a superhéroes como Supergirl, Superboy, Dial H for Hero y -ya en los ´70- muchas series de Marvel. Acá lo disfruté más que cuando dibujaba superhéroes. Y bueno, también hay un par de dibujantes que aportan una o dos historietas y que no da para mencionar. Lo importante es que estos titanes de la tinta dejaban la vida en historietas bastante intrascendentes que hoy casi nadie recuerda, y yo los quiero reivindicar. Este libro está bueno como rareza, para explorar las consecuencias de la instauración del Comics Code, y para disfrutar de los dibujos, si te copa el estilo académico. No mucho más. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 24 de marzo de 2023

SHOWCASE PRESENTS: CHALLENGERS OF THE UNKNOWN Vol.2

Ma-mita, qué valiente hay que ser para bancarse estas 528 páginas. Este masacote ofrece los nºs 18 al 37 de la revista de los Challengers of the Unknown, publicados con periodicidad bimestral entre 1961 y 1964. Cada número trae dos historias completas, una de 13 páginas y una de 12, todas dibujadas por Bob Brown, a quien ya vimos llegar a la serie como reemplazo de Jack Kirby en el tomo anterior (ver reseña del 06/02/23). En cuanto a los guiones, se supone que todos son obra de Ed Herron o de Arnold Drake, pero por lo menos cuando se editó el libro (2008) esto todavía no estaba muy claro, por aquel viejo y espantoso hábito de no incluir en las historietas los créditos a los autores. Este libro continúa exactamente la fórmula del anterior. Las historias son perfectamente autoconclusivas, casi todas se pueden leer en cualquier orden porque ninguna "constituye pasado" para los personajes, y casi siempre los conflictos se resuelven con un truco ingenioso con el que los héroes derrotan a villanos, mafiosos, robots, criaturas monstruosas, gente que sufrió mutaciones bizarras, invasores de otros planetas, hechiceros, científicos locos y cosas por el estilo. Los argumentos se parecen mucho entre sí, los personajes son perfectamente intercambiables, rara vez sentimos que los peligros son realmente mortales, hay cero contacto con el mundo real, cero pistas de que estas aventuras transcurren en el mismo universo que las de Superman, Batman, etc. (y acá clavo paréntesis para pensar en voz alta que con la cantidad de razas alienígenas que meten Herron y Drake en esta serie, te armás cinco Legions of Super-Heroes y dos Green Lantern Corps) y esta vez tenemos como gran novedad el regreso de un villano que se volverá recurrente: Multi-Man volverá más de una vez a buscar revancha y será el único que (al rememorar sus derrotas a manos de los Challengers) haga referencia a las historias anteriores. Entre tantas aventuras tan reiterativas, se destaca una en la que aparece un playboy llamado Clayburn, un tipo fachero, forrado en guita, que para matar un poco el aburrimiento y la rutina, decide convertirse él también en un Challenger of the Unknown y meterse en estos casos extremos en los que suelen intervenir Prof, Ace, Rocky y Red. Por supuesto, nada de lo que hace o deja de hacer Clayburn tendrá consecuencias más allá de esas 13 páginas, pero es una historia distinta, coherente, con un buen giro sobre el final. En la primera aventura del tomo, los Challengers adoptan a un bichito extraterrestre como mascota, pero resulta tan poderoso que en un momento los guionistas lo dejan de usar, porque las habilidades de la criaturita eclipsan por completo a las de los héroes. Esta vez, además de June Robbins (que tiene roles dignos en una buena cantidad de aventuras) hablan tres mujeres. Sí, en 528 páginas, solo cuatro mujeres abren la boca para soltar globitos: June, una villana que aparece una sola vez, una actriz de Hollywood a la que los héroes deben proteger en un episodio, y una enfermera que aparece en una sola viñeta. Y lo más loco: ¡habla un negro!. En todo el tomo hay solo dos viñetas en las que aparecen personas de raza negra: en una son los típicos pobladores cuasi-salvajes de la selva africana, y en la otra vemos hablar a un líder de un país africano en una secuencia que transcurre en una asamblea de las Naciones Unidas. De todos los militares, policías, científicos y criminales con los que interactúan los Challengers en todas estas aventuras, ninguno es negro. Como ya vimos, al dibujo de Bob Brown le falta onda. No es malo, pero no tiene magia, no tiene personalidad. Cuando trata de entintar a lo Joe Kubert, o cuando copia sin piedad alguna composición de Milton Caniff (claramente su principal influencia), Brown nos ofrece sus mejores viñetas. Este estilo tan sobrio, tan clásico, contrasta con esos torpes intentos de los guionistas por hacer un poquito más cool a los personajes y hacerles decir cosas como "Wowee", "Zowie", o "Daddy-O". En general, toda esta etapa de los Challengers of the Unknown envejeció muy mal. Si además comparás estas historietas con las que publicaba Marvel en esos mismos años, te querés pegar un corchazo. Solo le puedo recomendar este material a los MUY fanáticos de este grupo, o a quienes desarrollaron una tolerancia extrema hacia la aventura clásica, sin matices, apoyada en una fórmula que se repite hasta el infinito y más allá. Si suponés que no te va a dar el aguante para leer casi 40 historietas muy parecidas entre sí, donde apenas se modifica el peligro al que los héroes van a vencer casi sin despeinarse, yo que vos sigo de largo. Incluso para los apasionados de la Silver Age de DC, acostumbrados a consumir esas historias de manera totalmente acrítica, incluso teniendo en cuenta que fueron pensadas para los chicos que tenían 10-11 años hace 60 años, hay mejores opciones que esta. Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 6 de febrero de 2023

SHOWCASE PRESENTS CHALLENGERS OF THE UNKNOWN Vol.1

Este tremendo masacote de 544 páginas recopila en glorioso blanco y negro las cuatro apariciones de los Challengers of the Unknown en la revista Showcase, y los 17 primeros números de su propia revista, todo material originalmente publicado por DC entre 1957 y 1960. Muchas veces se suele emparentar a los Challengers con los Fantastic Four, por el hecho de que son cuatro aventureros y porque ambos grupos tuvieron a Jack Kirby como co-creador y primer dibujante. Yo adhería bastante a esa corriente, hasta que leí estas primeras aventuras. La verdad que en todas estas páginas, encontré poquísimas similitudes entre los Challengers y la Primera Familia de Marvel. Acá los personajes no tienen personalidad, sus diálogos son perfectamente intercambiables. No hablan de situaciones el mundo real, no hay chistes, no hay villanos recurrentes... Las peleas son básicamente con monstruos, o con seres humanos que temporariamente se hacen gigantes, o reciben superpoderes, o sufren alguna mutación bizarra que será revertida al final de la historia. O con gente que viene de otros tiempos, o de otros planetas. Al principio las misiones de los Challengers tendrán siempre como locación algún paraje exótico, que puede ser un atolón del Pacífico, una isla del Caribe, un castillo de la Europa balcánica, o una base en la Antartida. Y ya avanzada la serie, los veremos viajar a otros planetas. En las primeras aventuras, el guionista (y también co-creador) Dave Wood se las ingenia para que nunca falten una profundidad oceánica para que explore Prof, algo alto para que escale Red, algo que Ace pueda pilotear y algo a lo que Rocky pueda cagar a trompadas. Después, cuando los Challengers debuten en su propia serie y Kirby se haga cargo también de los guiones, este esquema no siempre se va a respetar, porque el Rey va a presentar dos historias cortas en cada número y no le van a dar las páginas para que cada uno de los miembros del cuarteto tenga una escena para lucirse él solito. La mayoría de las historias se resuelven por la vía del ingenio: a alguno de los héroes se le ocurre un truco copado para engañar al villano y revertir los efectos de los planes del mismo, o para neutralizar amenazas que no son necesariamente malignas. Fuera de esa resolución ingeniosa, los guiones no tienen otro atractivo. Los peligros extremos no están enfatizados, nunca sentís que los héroes corran verdadero riesgo de muerte, nunca la aventura es un pretexto para hablar de otra cosa, no hay subtextos, no hay prácticamente continuidad entre una historia y la siguiente y jamás se menciona la posibilidad de que los Challengers habiten el mismo universo que Superman, Batman o cualquier otro personaje publicado en aquel entonces por DC. La única mujer en un rol importante es June Robbins (a quien en algunos de los episodios que escribe Kirby rebautizan por error como "June Walker"), que en algún que otro episodio pela una chapa similar a la de los protagonistas. Por supuesto, esto es de la época en la que en los comics no existían los negros: en 544 aparecen negros en una sola viñeta, y obviamente pertenecen a una tribu semi-salvaje de África. El dibujo de Kirby es bueno, pero se queda a mitad de camino. Este es un Kirby que todavía esperaba que lo convocaran para jugar en el club de los Dibujantes Elegantes, los discípulos de su admirado Alex Raymond, un club en el que esta época jugaban Gil Kane, Carmine Infantino, Bruno Premiani, Wally Wood, Murphy Anderson y Dan Barry, entre otros. Pero eso nunca sucedió, y todavía faltaba un poco para que el Rey creara ese estilo hiperkinético y explosivo que lo llevaría a revolucionar el mainstream yanki y convertirse él en el referente grosso al que centenares de dibujantes intentarían parecerse. También llama la atención lo vulnerable a los entintadores que es el lápiz de Kirby en esta etapa. Bruno Premiani lo simplifica muchísimo, George Klein lo aplana, Marvin Stein le corrige los errores pero le cambia todas las caras y Wally Wood le agrega capas de sofisticación y complejidad que lo hacen ver más capo que nunca, aunque también cuesta un poco ver a Kirby debajo de esas tintas tan elaboradas. Por suerte lo que siempre está y nunca falla, es la narrativa de Kirby, su habilidad para los enfoques, el ritmo de las secuencias y la composición de la viñeta. Pero el nº8 de la revista de los Challengers coincide con ese momento de 1959 en el que DC decide meterle un voleo en el orto a Kirby, quien regresará recién a comienzos de los ´70. A partir de ahí los guiones de la revista se los reparten entre Ed Herron y Arnold Drake (aún hoy no se sabe cuáles escribió cada uno) y el dibujante pasa a ser Bob Brown, a quien ya vimos dibujar a Daredevil un lejano 01/12/14. Brown es un dibujante correcto, casi sin rasgos estilísticos propios, que en sus primeros números intenta seguir la línea de Kirby pero es traicionado una y otra vez por su amor hacia Milton Caniff, al que más de una vez le afana cuadritos a mano armada. Donde más se diferencia Brown de Kirby es en la puesta en página con esas viñetas verticales que ocupan dos de las tres tiras en las que por entonces se solía dividir la página en los comic books. Nada demasiado destacable en la faz gráfica, donde después de ver a Kirby entintado por Wally Wood, todo se hace cuesta abajo. Tengo para leer el segundo Showcase de los Challengers y otro libro de Kirby "solista", así que volveremos sobre estos temas dentro de no mucho tiempo. Arranco a leer otro masacote de chotocientas mil páginas, y ni bien lo termine lo comentamos acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

sábado, 27 de marzo de 2021

22 al 28 de MARZO

Vamos cerrando el primer trimestre, y me toca hacerlo con otra semana de poquitas lecturas, porque le estoy metiendo horas también a la literatura, que la tenía un poquito abandonada. Y necesito tiempo también para leer textos sobre historietas que tengo ahí, pidiendo pista. Arranco en Argentina con la antología Fantástica Violeta, publicada en 2020. Se trata de una colección de historietas breves centradas en la temática de género, con una mirada claramente feminista. Y a pesar de mis esfuerzos, no la pude leer entera. Varias de las historietas me resultaron absolutamente impenetrables, ya sea porque el dibujo me pareció abominable, o porque la tipografía me pareció ilegible, o porque la narrativa me pareció catastrófica. Hecha esa aclaración, me embarco en un repaso (parcial) del material que ofrece el libro. “Gorda”, de Alejandra Benz y Malena Guerrero, es una historieta aceptable, que se podría haber publicado sin mayor inconveniente en cualquier fanzine de los ´80 o ´90. En un libro cheto, con muchas páginas a todo color y un diseño precioso, desentona un poquito. Pero no es un desastre. “Tatuaje” de Paula Sosa Holt no tiene la intención de contarnos nada ni plantea ningún tipo de conflicto, pero los dibujos están muy bien. Por el contrario, “La Nona”, de Angie Cornejo, muestra unas limitaciones muy notables en el dibujo, pero se juega a contar una historia fuerte, con varios recursos bien empleados para conmocionar y emocionar al lector. Le sigue “Afuera es Carnaval”, donde la guionista Paula Ferraro cuenta una historia autobiográfica bastante bien lograda, y la dibujante Lucía Vera le suma unas imágenes muy bellas, con mucho vuelo, que casi nunca se ponen al servicio del relato, pero aún así muestran un nivel encomiable. La mejor historieta del libro, para mi gusto, es “Soñar el Género”, escrita y dibujada por Rouse en un estilo minimalista realmente exquisito. Se nota que ahí hay alguien que sabe lo que quiere contar, que maneja el timing del relato, que entiende cómo potenciar sus ideas con sus dibujos y con la puesta en página. Estoy atento a futuros trabajos de estx chique. “La Entrega Final”, de Juana de Marco, no me interesó en lo más mínimo, pero el dibujo tiene su indudable encanto, por eso la quería mencionar. Y las dos últimas historietas también están muy bien: Estrella Mergá la rompe con la osada “Odisea en el Orgasmo” y Pepita Sandwich baja la línea correcta (y dibuja bárbaro) en la muy breve “Tigresa”. El resto, realmente impublicable. Pero bueno, me doy cuenta que el criterio para incluir o no las historietas en este libro no es el que uno aplicaría, sino que la cosa va para otro lado.
Vamos con otra antología, en este caso publicada por DC en 2017, cuando se celebraron los 100 años del nacimiento del glorioso Jack Kirby. Acá el maestro Mark Evanier (quien fuera asistente de Kirby en los ´70) ofrece anécdotas y datos poco conocidos vinculados a las creaciones del Rey para DC, en aquellos ajetraedos años 1970-75, en los que la incontenible imaginación del prócer se volcó de lleno a generar conceptos para la editorial de Superman y Batman. Como pasa con el material de Kirby de los ´70, en este 100th Celebration Collection es mucho más fácil encontrar dibujos gloriosos que guiones legibles. Veamos qué se puede rescatar. El guion de Reginald Hudlin para la aventura que comparten Shilo Norman y el Black Racer es una falta de respeto: una trama que es la nada misma, salpicada con data acerca de la historia de estos dos personajes bastante ignotos dentro de la cosmogonía de DC. Por suerte dibuja Denys Cowan y hay varias páginas entintadas por Bill Sienkiewicz. El propio Evanier escribe una historia centrada en Darkseid y sus súbditos, que está bastante bien redondeada, y dibujada por pilas por Scott Kolins. Después hay una historia muy breve protagonizada por OMAC, muy bien dibujada por Phil Hester, sobre un guion de Paul Levitz cuyo mayor mérito son sus escasas pretensiones. Keith Giffen y Dan DiDio son los encargados de contar una aventura en la que se encuentran el Manhunter clásico y el Sandman de la Golden Age, una pelotudez que se hace larga a fuerza de un argumento débil y unos diálogos que suenan extemporáneos y ridículos. Salva las papas Mark Buckingham, que la rompe en el dibujo. Sam Humphries tiene a su cargo un breve relato protagonizado por Demon, que no esá mal, y que brilla gracias al talento infinito de un Steve Rude inspiradísimo. La segunda mitad abre con una historia aburridísima en la que Orion y Lightray se machacan contra Kalibak, escrita y dibujada por Shane Davis. Le sigue una muy cortita del maestro Walt Simonson, también con Orion, sin grandes ideas pero con bastante ritmo y un dibujo acojonante. El glorioso Howard Chaykin toma a las dos pandillas adolescentes más famosas de Kirby (la Newsboy Legion y los Boy Commandos) y arma con eso una historieta 100% personal, al punto que creés que a esos personajes los inventó Chaykin, no Kirby. Dibujo y diálogos maravillosos, y argumento dentro de todo aceptable en un punto alto del tomo. Y finalmente le toca el turno al Sandman de los ´70, Garret Sandford, que protagoniza dos historietas bastante buenas, ambas jugadas a la emoción del homenaje a Kirby por parte de los autores actuales. La primera está a cargo de Dan Jurgens y Jon Bogdanove, que creo que nunca dibujó mejor que en estas páginas (seguro que nunca lo colorearon mejor). Y la segunda es obra de Steve Orlando y Rick Leonardi, y también me gustó, es un cierre muy digno para el tributo a ese titán del lápiz que tanto le aportó al Noveno Arte. Por ahí cuando se cumplan los 200 años del nacimiento del Rey, Marvel hace algo parecido a esto, en cuyo caso les pido que levanten un toque la puntería con los guiones. Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el finde que viene, en plena Semana Santa, con nuevas reseñas acá en el blog. Gracias por el aguante y si quieren saber mucho más sobre Jack Kirby, su vida y su obra, no dejen de descargar (por míseros $ 290) el nº1 de Comiqueando Digital, que está disponible en https://comiqueandoshop.blogspot.com/

lunes, 14 de diciembre de 2020

ARKHAM ASYLUM: LIVING HELL

Ay, la puta madre, qué manera de desaprovechar oportunidades… Esta miniserie escrita por Dan Slott y dibujada por Ryan Sook en 2003 arranca con un primer episodio glorioso, devastador, con excelentes ideas, un desarrollo apasionante y un final… medio pete, porque se impone la pésima decisión de estirar la historia cinco episodios más. El nº1 es un deleite, de verdad. Slott nos presenta a Warren White, el garca definitivo, un tiburón de la matufia financiera acostumbrado a estafar gente con uno de esos pases de magia legales que hacen desaparecer los ahorros de una viejita, la pequeña empresa de un laburante, o el canuto que arman los yankis para pagarle la universidad a sus hijos (ahí sí que –como decía una gobernadora nefasta- los pobres no llegan a la universidad). A White le sale mal un curro, lo denuncian, va a juicio, y para zafar de la cárcel no se le ocurre mejor idea que alegar demencia. Y efectivamente zafa de la tumba, pero le toca un destino peor: lo mandan a Arkham Asylum, para hacerle pericias psiquiátricas y confirmar si está loco o no. Cuando a White le cae la ficha de que va a tener que convivir con monstruos homicidas como el Joker, Two-Face y Killer Croc, decide lanzar sus redes de corrupción en el Asylum, y ver a quién puede coimear para que lo saquen de ese infierno. Todo este tramo es realmente genial, sobre todo la forma en que Slott presenta a un villano 100% maligno pero que nunca intercambió ni un sopapo con héroes o criminales enmascarados y que siempre resolvió todo con el poder de la guita. De pronto entendemos que en el Arkham Asylum la guita es algo muy menor, con la que no resolvés el principal problema, que es sobrevivir si sos un demente, y no volverte loco si no lo sos. Cuando White está cerca de lograr su cometido, interviene Batman (que aparece apenas un par de viñetas en todo el TPB) y el plan del estafador se hace añicos. ¿Cómo corno no se les ocurrió la forma de contar eso en 48 páginas, y convertir a Living Hell en un prestige demoledor? Hasta se podrían haber usado algunas ideas (o puntitas de ideas) que aparecen desperdigadas en el resto del TPB para darle más fuerza al final… Acá estaba la materia prima para una historieta excelente, de punta a punta. Pero no pudo ser. Los episodios 2 al 6 continúan la historia de Warren White atrapado en el Arkham Asylum, y Slott trata de hacerla interesante mechando momentos de humor, de violencia física muy brutal, de misterio sobrenatural y –ya sobre el cierre- una hecatombe mística cuasi-lovecraftiana, con magia, criaturas infernales y el mismísimo Etrigan envuelto en la machaca. Todo completamente innecesario, en especial esa sutil evolución de White, al que los autores van desfigurando hasta convertirlo en un freak más, de los tantos que pueblan las celdas del manicomio más famoso del Noveno Arte. Los villanos clásicos tienen roles pequeños en la trama. Sólo Two-Face amaga en algún momento con apoderarse del protagonismo y el resto (Scarecrow, Joker, Poison Ivy, Mad Hatter, Riddler, Killer Croc, Ventriloquist, etc.) están básicamente de adorno, para que los puedan poner en las portadas y engañar a algún comprador incauto. Pero además Slott hace otro truco innecesario: crea de la nada a cinco o seis criminales dementes 100% nuevos, a los que nunca habíamos visto, y los desarrolla un montón, los trata mucho mejor que a los que todos conocemos, al punto de que me hizo dudar si alguno de ellos no había aparecido ya en historietas previas. La respuesta es “no, pero sí en historietas posteriores”. Obviamente DC no se iba a privar de apoderarse de las creaciones de Slott que más o menos pegaron entre los lectores. El dibujo de Ryan Sook me gustó mucho. No es tan vistoso como en aquellos números de The Spectre que había dibujado un par de años antes, pero está muy bien, es muy funcional al relato y a los climas opresivos que este plantea. Las tintas de Wade Von Grawbadger también van para ese lado, el de acentuar la oscuridad y la deformidad de lo que está pasando. Se pasa de rosca en su intento por convertir a Sook en una especie de Kevin Nowlan o Mike Mignola, pero en general su aporte es acertado. El comic en sí no es un desastre, para nada. Es llevadero y tiene momentos de gran intensidad. El problema es lo que no pasa, lo que pudo haber sido Living Hell si la idea que tuvo Slott para el nº1 se desarrollaba en 48 páginas en vez de 23 y se terminaba ahí, sin seguirla, sin entrar en ese laberinto ridículo de peleas en el que la miniserie se pierde una vez terminado el primer episodio. Si la historia se concentraba 100% en la idea original, la del estafador inescrupuloso decidido a escapar de ese abismo en el que mandan los monstruos, no tengo dudas de que llegaba a un puerto infinitamente mejor. Y bueno, es lo que hay. Nada más por hoy, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 26 de mayo de 2020

MISTER MIRACLE

En estos días me clavé un tremendo masacote de 320 páginas, con la maxiserie de Mister Miracle escrita por Tom King y dibujada por Mitch Gerads. Una obra que se cansó de ganar premios y que me recomendó todo el mundo, incluso gente que le escapa a DC como si fuera un sello editorial de Muñones. Todavía tengo sin leer unos cuantos TPBs de los que me traje en 2017 de mi último viaje a EEUU, pero bueno, tanto me hincharon las bolas con Mister Miracle que “hice trampa” y lo puse más arriba en el pilón de las lecturas pendientes.
Lo bueno: esto está MUY bien escrito. Muchos diálogos brillantes, muchas situaciones impactantes, muchas vueltas de tuerca ingeniosas para personajes que acumulaban 45 años de historias muchas veces intrascendentes, unos homenajes gloriosos a Jack Kirby, unos gastes brillantes a Stan Lee, un manejo del espesor dramático pensado para emocionar hasta a un termotanque desenchufado… Es un comic muy atrapante, que utiliza una mitología superheroica de calibre grueso, como es la del Fourth World, para hablar de temas muy humanos, en un tono casi existencialista. El protagonista reflexiona acerca de por qué es mejor estar vivo que morir, para qué sirven los dioses, para qué sirve el poder, qué carajo hacés con tu vida si para lo único que servís es para escaparte, cómo te marca para siempre una niñez en la que en vez de afecto y contención te dieron disciplina y restricciones… Tom King reparte las páginas muy parejo entre la machaca, estos espacios de introspección y una historia de amor, potente y conmovedora, que es la que une (a pesar de todo) a Scott Free y Big Barda.
El dibujo de Mitch Gerads es excelente, potenciado al infinito por la posibilidad de colorearse él mismo. Gerads cuando quiere es sumamente realista (casi un Juan Carlos Flicker) y cuando quiere se va a un muy hermoso sector del carajo, a pelar expresionismo a niveles casi dignos de Bill Sienkiewicz. Toda la faz gráfica es tremenda, con un combo demoledor entre vuelo artístico y power kirbyano, y por ahí lo único que se ve forzado, o que hace un poco de ruido, es la decisión de bancar de punta a punta de la obra la grilla de nueve viñetas, la Gran Watchmen.
Lo malo: esto está MUY estirado. Ideas alucinantes como la de Scott y Barda discutiendo acerca de cómo remodelar el departamento mientras vencen a uno y mil obstáculos, soldados enemigos, monstruos, etc., tendrían mucha más fuerza si King y Gerads las plasmaran en… seis páginas, en vez de 17 o 18. La grilla de nueve viñetas, ayuda a naturalizar la idea de que lo mínimo que puede durar una escena son nueve viñetas. Y hay escenas que daban para mucho menos. Un diálogo, o dos. Bueno, acá tenés esos dos diálogos, cuatro silencios incómodos (a veces con dibujos repetidos), una viñeta en la que alguien esboza un gesto o algo más, y una toda en negro con la leyenda “Darkseid is”. Así, te lleno nueve viñetas con cualquier cosa, hasta con la nada misma.
Y algo que no sé si está exactamente “mal”, pero obviamente te hace levantar una ceja: a King y Gerads los dejan jugar con personajes clásicos, pero por afuera del canon.
¡SPOILER ALERT! (si no querés enterarte cosas importantes de la trama, no sigas leyendo).
Seguramente, en algún momento alguien va a retomar a Mr. Miracle y Big Barda y se hará cargo, por ejemplo, de que ahora tienen hijos. Y en una de esas, con muuuucha suerte, de la muerte de Oberon (que encima sucede fuera de cuadro). Pero es obvio que cuando te dejan matar a Granny Goodness, Orion y Darkseid (y humillar y basurear a Lightray y a Highfather), es porque tu saga, por genial que resulte, no va a ser canónica. Una lástima, porque King aporta algunos toques muy copados en la caracterización de estos personajes, pero los lleva hacia un status quo del que ningún otro guionista se puede hacer cargo. Imaginate quién va a querer agarrar una serie del Fourth World sin Orion ni Darkseid. ¡Minga! Es como agarrar Fantastic Four sin poder usar a Reed Richards y el Dr.Doom, o a la selección argentina sin poder convocar ni a Messi ni a Lautaro. O sea que, una vez más, una saga que termina con Mr. Miracle recubierto de una chapa infinita, que lleva a las últimas consecuencias su vínculo de sangre con lo más selecto de New Genesis, va a terminar barrida abajo de la alfombra ni bien alguien proponga un nuevo proyecto que tenga a este héroe entre sus protagonistas.
Ah, estuve hasta el final esperando que apareciera Shilo Norman y ni lo mencionan. ¿Qué onda? Hay referencias a cosas oscurísimas que metía Kirby en los episodios de la serie original, pero ninguna al sucesor de Scott Free. Por ahí cuando King se sentó a leer la serie clásica para tomar apuntes, se durmió antes de llegar al nº15, andá a saber.
Inmenso laburo, fuera de joda, de King y Gerads. Imposible de sostener como parte del canon de DC, pero repleto de onda, de vitalidad, de profundidad, de riesgo, de ganas de mover para adelante a todo un mundo de personajes que siempre están ahí, trabados en una especie de limbo, girando en la ruedita como el hamster sin ir nunca hacia ningún lugar. Un comic con magia, con sensibilidad, con momentos tiernos y momentos de una crueldad desgarradora. Un comic de esos que seguramente otros guionistas ningunearán para que la franquicia siga dando leche, pero que los lectores no vamos a olvidar jamás. No le escapes a lo inevitable. Dejate atrapar por el Mister Miracle de Tom King y Mitch Gerads y disfrutalo a pleno.
Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto.



miércoles, 17 de abril de 2019

THE OMEGA MEN

Arranca el finde largo y mientras nos preparamos para salir de joda, o para quedarnos en casa leyendo toneladas de comics, voy con la reseña de una obra extensa (casi 300 páginas) que me resultó muy rica para el análisis. Se trata de mi primer comic de DC post-Convergence y además de mi primera obra importante de Tom King, guionista del que había leído sólo cositas breves.
The Omega Men me dejó sensaciones contradictorias, como ser fan de los derechos humanos y votar a Cambiemos. Me dio por las bolas, por ejemplo, ese juego de palabras repetido hasta el cansancio entre el Alpha y el Omega. Me molesta que King introduzca a Alpha y Omega como elementos centrales de la religión del sistema solar Vega, que nunca había ido para ese lado. Me irrita ver a personajes que conozco hace 35 años actuar de modo extraño, fuera de su caracterización habitual. Y me indigna que esta aventura, pensada para ser la saga más grossa de la historia de los Omega Men (guarda, quizás lo sea), tenga como protagonista a Kyle Rayner y no a Primus, Kalista, Tigorr o Broot. Me confunde que el sistema solar Vega tenga 22 planetas y King se haga cargo sólo de seis. Y me llama mucho la atención que el propio guionista (y ex-agente de la CIA) haya planteado tan abiertamente el paralelismo entre la historia que narra este comic y la situación en Medio Oriente. Pensé que esa lectura la había propuesto un crítico, o los fans, pero no: el propio King abrió la caja de Pandora a las interpretaciones políticas.
Al ver la saga a través de ese prisma, me queda claro que el stellarium es el petróleo, que Kyle es el occidental pelotudo que cae a Medio Oriente sin entender por qué esta gente lleva décadas matándose entre sí, que los Omega Men son los rebeldes islámicos y que la Citadel es el imperio maligno, genocida, al que sólo le importan los recursos naturales, o sea, un combo EEUU/ Israel. Lo loco es que la trama se basa en la transición de Kyle de una posición conciliadora (tiene que haber una forma pacífica de resolver esto) a una posición extremista (hay que hacer mierrrrda al imperio genocida).
El desarrollo de la historia está groseramente estirado y todo lo importante podría haberse condensado en 96 páginas, como máximo. Pero King te la hace llevadera con un montón de recursos narrativos ingeniosos (y algunos brillantes), muchas escenas de alto impacto y un as de espadas que es el majestuoso dibujo de Barnaby Bagenda (a quien jamás había oído nombrar) complementado como los hiper-dioses cósmicos por la paleta mágica de Rómulo Fajardo. Visualmente esto es… la gloria. Parece un álbum europeo dibujado por Carlos Meglia, pero con mucha grilla de nueve cuadros, a las que Meglia les escapó siempre que pudo. Para la mitad del noveno episodio (lejos el mejor pensado y ejecutado de los 12), King y Bagenda detonan una escena PERFECTA, memorable, definitiva, de esas en las que textos e imágenes se ensamblan para dejarte sin aliento, babeando como un subnormal. Todo lo anterior parece un lento build-up hacia esa escena y todo lo posterior parece intrascendente, como si el plato principal fuera una suprema Maryland con papas paille y el postre un Criollita húmeda.
Hacía mucho que no leía un comic con Kyle Rayner (creo que desde los números de Green Lantern Corps que van entre Blackest Night y Brightest Day) y la verdad, me lo acordaba menos nabo, menos cuadrado, menos fácil de manipular… y jamás pensé que iba a pelar un crucifijo y rezar ¡en castellano!. Pero creo que son mocos que se manda Tom King, que se caga en la caracterización de Kyle desarrollada por otros guionistas, así como se caga en tantas cosas que (desde que los creara Marv Wolfman en 1981) le pasaron a los Omega Men. Me gusta que Kyle no use sus poderes casi hasta el final y que siga con su imparable racha ganadora con mujeres que le dan 14 vueltas. Pero no que eclipse a personajes que me gustan mucho más, como Primus, Kalista o Tigorr, este último tan poco aprovechado por King que se podría reemplazar tranquilamente por Wolverine o cualquier otro zarpadito con garras prominentes y cero reparos a la hora de matar.
En fin, me parece que The Omega Men es un comic pensado para ser leído más de una vez, para captar subtextos, para disfrutar de algunos yeites narrativos formales casi dignos de Alan Moore y sobre todo para deleitarnos con el magnífico trabajo de Bagenda y Fajardo en la faz visual. En una primera lectura, te van a estremecer la violencia, las runflas, la mala leche y las masacres. Pero me da la sensación de que por abajo de eso hay capas más profundas, potencialmente más emocionantes.

Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 17 de agosto de 2016

SUICIDE SQUAD

Esta vez no pude ir a la función de prensa, y terminé viendo la peli en un cine cualquiera, como cualquier mortal. Eso no me jode en lo más mínimo (bueno, sí, esos mega-baldes de pochoclo me resultan repulsivos) pero los días que pasaron entre el estreno en EEUU y mi visita al cine me expusieron (incluso contra mi voluntad) a varias críticas, todas bastante lapidarias. O sea que fui esperando una garcha insostenible. Incluso fui con sueño, convencido de que si la peli no me recontra-atrapaba, iba a terminar apolillando durante los 123 minutos que dura el largometraje.
Bueno, nada de eso pasó. Ni me dormí, ni la peli me pareció una basura inmunda. Me pareció un típico blockbuster cabeza de Hollywood, una Rápido y Furioso en la que en vez de autos hay tipos y minas con superpoderes. Obvia, ramplona, con un guión prendido con alfileres que ni se calienta por explicar un montón de cosas, un claro intento de apelar al mínimo denominador común. Dentro de esos parámetros, me parece que la labor de David Ayer (guionista y director) es aceptable. El tipo se propuso brindarnos dos horas de machaca y chistes y eso no escasea para nada en Suicide Squad.
Pero claro, es Suicide Squad, y los viejos asociamos ese nombre no con la versión para subnormales que se impuso desde el New 52 en adelante, sino con un comic que entre 1987 y 1992 supo sacudirnos con unas historias y un desarrollo de personajes muy difíciles de igualar en los comics, y probablemente imposibles de reproducir en otros medios. De toda esa magia que desplegó el maestro John Ostrander en los comics, el film de Ayer rescata algunas pocas cosas. Una versión bien hija de puta de Amanda Waller interpretada por una demoledora Viola Davis (no sé qué les costaba hacerle usar anteojos para leer, pero bueno…), un Captain Boomerang que oscilaba entre el comic relief y la mala leche más cruel, y un Rick Flag con el que el espectador nunca termina de empatizar, pero que cuando tiene que pelar chapa, la pela.
Para mi sorpresa, Deadshot se bancó bien el protagonismo extra que le otorga el hecho de estar interpretado por Will Smith, aunque claro, el personaje está muy reversionado respecto de aquel al que Ostrander hizo brillar en el Squad. También me sorprendió que el guión le diera tanto peso al Joker (bien interpretado por Jared Leto). Yo creía que iba a aparecer 15 segundos, y que era más un engaña-pichanga para llevar gente al cine que un jugador importante en este partido. Y si bien varias de las intervenciones del Joker podrían omitirse sin que la peli cambie mucho de rumbo, es mucho más que un personaje secundario, su rol va mucho más allá de explicar quién carajo es Harley Quinn. Y la gran incógnita, que era El Diablo, me pareció bien resuelta, uno de los pocos personajes que se desarrolla durante los 123 minutos sin traicionar nunca su motivación original.
El resto me pareció inconsistente, grandilocuente al pedo, apenas entretenido. Me impactó Margot Robbie, la chica que hace de Harley Quinn (jamás la había visto), pero no sé si el personaje está bien logrado, porque hace mil años que no leo comics de Harley Quinn. Me quedo con su figura y su sonrisa, cautivante 100%. En general, me quedo con todo el aspecto visual de la peli, por sobre items como el desarrollo de personajes, o los peligros que deben enfrentar, que son bastante menores o no están tan bien trabajados. Está bien la integración con las otras pelis del Universo DC (grosso Ben Affleck) y valoro el intento de meterle toques de humor a un film que, si lo encaraban para el lado solemne y pasado de oscuridad, podría haber sido un monumento al embole.
En síntesis, no vayas esperando una gran película, porque no la vas a encontrar. Si lo que le pedís es que te entretenga un rato con la estridencia pochoclera que tan bien sabe darnos Hollywood, ahí sí, Suicide Squad cumple con creces la misión.

viernes, 22 de julio de 2016

22/07: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPERHEROES Vol.5

Hoy, otra reseña “de las de antes” para comentar este mega-masacote de 520 páginas que me bajé de a puchitos durante esa semana que pasé en España.
Allá por un lejano 26 de Enero de 2011, con el tomo anterior enfrente, yo decía que había que “bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina”. Ahora lo confirmo, con más convicción. Esta es la etapa de clara transición entre un Vol.4 anticuado y bastante pavote y un Vol.6 que, el día que salga, le va a dejar claro a más de uno por qué la Legion of Super-Heroes de los ´70 era un título más que interesante. Este tomo arranca con las últimas historias en las que la Legion ocupa los back-ups de la revista de Superboy, que a partir de su n°197 pasa a llamarse Superboy and the Legion of Super-Heroes. Y ya está, se acaban (por unos cuantos años) las aventuras solistas del único personaje realmente detestable que tiene esta serie, que es esa absurda versión juvenil del Hombre de Acero, seguramente la peor idea en las extensas carreras de Jerry Siegel y Joe Shuster.
El guionista principal de esta etapa es Cary Bates, quien muy de a poquito empieza a plantear historias más intrincadas, con giros menos predecibles. Para el n°209, Bates comenzará a alternarse con Jim Shooter, que regresa más maduro, con ganas de contar historias distintas a las que vimos en el Vol.4. El gigante de Pittsburgh será quien aporte las mejores historias del tomo al introducir dilemas éticos más jodidos, temas vinculados a la realidad de los lectores (la discriminación racial, por ejemplo) y toques de personalidad un poquito más marcados en algunos legionarios. No te digo que todo sea genial, ni siquiera que todo sea legible, pero se notan las intenciones tanto de Bates como de Shooter de ir llevando de a poco a esta serie hacia algo que pudiera emocionar ya no a los pibes de 10 años de 1968, sino a los adolescentes de 1976.
Un gran impulsor de esta transición es el maestro Dave Cockrum, quien aportó a la serie un dibujo más moderno, sin la estridencia de un Jack Kirby o un John Buscema, pero con una cierta sensibilidad marveliana que ayudó muchísimo a sacudirle la herrumbe a la Legion. Después de rediseñar el cuartel, las naves, los trajes de casi todos los miembros y participar en la creación de uno de los más grossos (Wildfire), Cockrum dejó la serie tras el n°203. Era el momento de un dibujante todavía más radical, más extremo, el primero en dejar de dibujar a los legionarios con caras de nene y meterles patillas o pelo largo a los varones y trajes todavía más escuetos a las chicas: Mike Grell venía a romperla y se quedará en el Siglo XXX muchos números, para beneplácito de los fans de la acción más extrema, los ceños fruncidos y los dientes apretados. Por momentos, esta impronta más violenta y más oscura de Grell va a contrastar con el tinte más ingenuo de los guiones, pero en general el aporte de “Iron Mike” será fundamental para terminar de lavarle la cara a la Legion y salir a conquistar nuevos fans.
Este Showcase llega hasta el n°220 de SATLOSH y si sos fan de la serie es importantísimo, porque acá vas a ver hitos como la boda de Bouncing Boy y Duo Damsel, la muerte de Invisible Kid, la aparición de Wildfire, la renuncia de Matter Eater Lad y el viaje de Karate Kid al Siglo XX, donde protagonizaría una serie “solista” pensada para colgarse de las tetas del boom de las artes marciales que sacudió a EEUU a mediados de los ´70. Obviamente falta mucho en materia de desarrollo de personajes y hay muchos argumentos que se tiran literalmente a la marchanta para cumplir la imposición de que cada número ofrezca una o dos historias completas. Pero comparado con el material de los ´60, esto es jugadísimo. Long Live the Legion!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

23/12: WONDER WOMAN Vol.4

Bueno, por fin se dio la lógica, que era reseñar más de un tomo por año de esta serie que me tiene cebadísimo. Este es el tomo ladri de la colección, porque incluye sólo cinco episodios de 20 páginas, y para arrimar a un libro de 144 páginas te meten carátulas, un guión tal como lo entregó Brian Azzarello y TODO el quinto episodio a lápiz sin entintar, tal como se lo entregó Cliff Chiang al letrista para que le pusiera los textos. Sí, maestro. Hay portadas repetidas (puede suceder) y VEINTE PAGINAS que están dos veces: una vez en la versión final y una en la que está sólo el dibujo a lápiz. Un disparate.
Pero vamos a la aventura propiamente dicha. Para esta altura del partido, Azzarello ya tenía acumulado un elenco importante, al que había presentado con categoría en los tomos anteriores. La trama (ver reseñas de los Vol.1-3, así no la explico de nuevo) estaba a punto caramelo y era un excelente momento para dedicarle una buena cantidad de páginas a la machaca. Mientras terminaban de cerrar su rosca el First Born (que apareció en el Vol.3 y rápidamente se posicionó como EL villano pulenta de la serie) y un par de dioses más, a Diana le toca pelear con Artemis, que no es la amazona que la reemplazó brevemente en los ´90, sino la diosa griega de la luna. Y después sí, veremos a Diana, Orion, War (que vendría a ser Ares) y varios aliados más darse como en bolsa con First Born, el primer y más peligroso vástago de Zeus.
El único tramo realmente tranqui del tomo llega cuando Azzarello nos lleva a conocer New Genesis… y la verdad es que a mí mucho no me escandalizó, pero si sos hardcore fan del Cuarto Mundo de Jack Kirby, quizás te rompa un poco las pelotas que la nueva versión se aparte tanto de la original. Y cuando se termina la machaca, tenemos la muy emotiva y poco esperada muerte de un personaje grosso, que sirve para ponerle fin a casi todo. De todo lo que abrió en estos cuatro tomos, lo único que Azzarello no cierra acá es el subplot de la profecía acerca del hijito de Zola, el último descendiente de Zeus. Todo lo demás llega a un desenlace fuerte, impactante y te deja dudando… ¿para dónde va a agarrar el guionista en el próximo tomo?
¿Tendremos revancha contra el First Born, se resolverá el tema de la profecía, habrá una intriga palaciega para destronar a Apolo, reaparecerá Zeus? Y ya puestos a frutear, ¿propondrá Azzarello alguna conexión entre los dioses griegos y los New Gods? La verdad es que esta serie mantiene muy arriba el interés, incluso cuando derrapa un poco (como esta vez) para el lado de los hiper-combates a todo o nada.
En materia de dibujo, tenemos una mejora grossa: el mediocrón Tony Akins, que era el suplente nato de Cliff Chiang, esta vez dibuja muy poquitas páginas. Casi todo lo que no dibuja Chiang va a parar a manos de Goran Sudzuka, que me gusta mucho más. La verdad que pasar de Akins a Sudzuka es como bajarse del 42 repleto y subirse a un BMW manejado por Marcela Kloosterboer en pelotas. Y bueno, los tres últimos capítulos están íntegramente dibujados por Chiang, que además se entinta a sí mismo. Ya hablé bastante del estilo de Chiang en las reseñas anteriores, así que no me quiero repetir. Pero sí subrayar que, con la posibilidad de leer un guión tal como lo entregó Azzarello, acá queda claro hasta dónde llega el aporte del dibujante. Prácticamente TODAS las decisiones en materia de narrativa, desde el armado de las secuencias hasta la composición de las viñetas, están libradas al criterio del dibujante, y acá Chiang no falla nunca. Por el contrario, ese texto que escribió Azzarello leído así, en crudo, no transmite ni un 10% del power que tienen las páginas una vez que Chiang hace su trabajo. Eso es un enorme acierto del dibujante y también del guionista, que sabe “correrse del medio” y dejar que el aspecto visual de la obra sea controlado lo más posible por el especialista en imágenes.
Tengo ya encanutados los dos tomos que faltan para completar esta fascinante etapa de Wonder Woman, a ver si banca hasta el final el rótulo de “la mejor serie de los New 52”.