el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 4 de agosto de 2018

SABADO CON COMICS

Tengo un montón de libros leídos y poco tiempo para sentarme a escribir reseñas, pero bueno, faltan unas horitas para que abran los boliches, así que ahí vamos.
Arranco en 2014, cuando La Cúpula publica en nuestro idioma Desde el Más Allá, una colección de historietas basadas en los clásicos cuentos de Howard Phillips Lovecraft realizada en 2012 por el holandés Erik Kriek. ¿Otra vez sopa? Sí, otra vez. Los mismos cuentos de siempre, los que ya adaptaron decenas de historietistas en años anteriores, vuelven a cobrar vida de la mano de un autor al que no conocía y me resultó absolutamente fascinante.
Kriek es un claro heredero de la mejor tradición de la EC Comics, con reminiscencias de Wally Wood, Jack Davis, Will Elder e incluso Will Eisner, de quien toma varios trucos narrativos que aún hoy resultan asombrosamente efectivos. Imaginate una mezcla entre Eric Powell y Ty Templeton, corrompida por la oscuridad de Charles Burns y con un manejo de los grises que no existe en este plano de la realidad. El dibujo de Kriek resulta espectacular e impactante cuando las tramas así lo requieren y climático y sugestivo, cuando los relatos van para ese lado. Me cuesta recordar otras adaptaciones de los cuentos de Lovecraft que me hayan gustado tanto, que me hayan hecho meterme tan adentro de las historias.
Lo mejor que tienen las versiones de Kriek es que el autor se guarda un espacio para contar con la imagen, para desplegar la acción (que no abunda en los cuentos del genio del Providence) en secuencias claramente historietísticas. Y lo más difícil: sin sacrificar los textos. Kriek ama los textos de Lovecraft como el que más y, si bien se nota que le duele omitir párrafos o frases de los cuentos, cuando lo hace pone toda su destreza gráfica a “cubrir ese bache”. Nunca permite que sus dibujos redunden con lo que nos cuentan los textos, siempre los hace conjugarse para lograr algo mejor.
La Sombra sobre Innsmouth y El Color que Cayó del Cielo, las dos adaptaciones más extensas de este libro, no sólo son lo mejor que tiene para ofrecernos Desde el Más Allá: también servirían para enseñarle a cualquiera que estudie Historieta cómo se hace una adaptación literaria. Si sos fan de Lovecraft, o de las versiones en comic de la mejor literatura fantástica, o si te resulta extraño y copado que un autor holandés contemporáneo mantenga viva la llama de la EC y le moje la oreja al Viejo Breccia, a Lalia, a Corben y a tantos otros que adaptaron a Lovecraft, internate en este mundo pesadillesco y genial que te espera en Desde el Más Allá.
Y cierro en 2015, con una publicación argentina que en su momento se me pasó y ahora se sumó a mi pilón de pendientes. Carlitos: Gris es una serie de historias cortas escritas por Sebastián Rizzo, en las que reaparece el personaje al que ya vimos en reseñas anteriores (creo que el último libro “canónico” de Carlitos es el que comenté el 08/03/14, pero en el medio hay por lo menos uno más, que no leí) y tiene varios problemas, a saber:
En primer lugar, el nivel muy desparejo de los dibujantes. Acá hay brutas bestias como Edu Molina, Marcelo Sosa y Sergio Ibáñez al lado de dibujantes que están muy, muy lejos de un nivel profesional. Segundo: la inconsistencia en la forma de retratar al protagonista. Cada dibujante que pasa por el tomo le cambia el aspecto a Carlitos, que puede ser más flaco, más gordo, más viejo, más joven, más atlético, más hecho mierda, con más pelo, más pelado, con barba, sin barba… Muy difícil compenetrarse con una historia corta si perdés las primeras dos páginas tratando de deducir si ese personaje es el mismo de las historias anteriores o uno completamente nuevo. Tercero: Producto de la brevedad de las historias, también hay altibajos en la calidad de los guiones. Más de una vez, Rizzo presenta un conflicto ganchero, pero cuando lo tiene que desarrollar se encuentra con que se le viene encima la última página y apresura un desenlace que no convence. Y después está ese infausto episodio (con excelentes dibujos de Ibáñez) en el que Rizzo se descontrola y sepulta las páginas con unos diálogos interminables, tremendos masacotes de texto imposibles de leer, en el que la protagonista se manda un monólogo de Enrique Pinti en cada globito. Un despropósito total.
Fuera de eso, hay algunas buenas ideas y conflictos interesantes desparramados por las historias de esta especie de loser convertido en un quijote contemporáneo. La historia que dibuja Edu Molina tiene grandes momentos, y las dos últimas (una 100% a cargo de J.J. Rovella y una co-escrita por Rizzo y Gabriel Bobillo) también están muy bien, cierran por todos lados. Creo que hace ya un par de años que Rizzo no produce nuevas historietas de Carlitos, pero en caso de volver, yo iría por una novela gráfica extensa (como la primera), con un solo dibujante en lo posible MUY bueno, con un flashback que pase en limpio todo lo sucedido hasta el momento, y un giro argumental que le permita al autor cerrar la saga de este personaje, de innegable potencial y con varias aristas que lo hacen único dentro del panorama de la historieta argentina.
Ni bien tenga un rato libre, se vienen nuevas reseñas. ¡Gracias y hasta entonces!

martes, 12 de mayo de 2015

12/ 05: LAS NUEVAS AVENTURAS DE CARLITOS Y SUS AMIGOS

Volvió Carlitos, el inusual héroe argentino creado por Sebastián Rizzo, en una antología de historias cortas, en las que protagoniza varios team-ups con distintos personajes de autores locales, todos fuera de continuidad, inspirados (según Rizzo) por la serie animada Batman: The Brave & the Bold.
Hay varias rarezas: la más obvia es que Carlitos comparte aventuras con personajes de corte más realista y tres páginas después con personajes netamente humorísticos. O sea que no hay un tono, ni una línea muy claros. Después, una sóla de las ocho historias está co-escrita por el propio Rizzo, con lo cual no hay ningún tipo de desarrollo para Carlitos. En realidad no hay ningún tipo de desarrollo para ningún personaje, porque las historietas tienen como máximo seis páginas, y ninguna llega a hilvanar una trama sustanciosa, con la complejidad suficiente como para que los personajes crezcan a lo largo de la misma. La excesiva brevedad de las historias es, sin dudas, el principal osbtáculo que me encontré para disfrutar de esta antología.
El primer team-up es con el Caballero Rojo, un personaje con cuyos inicios estuve muy vinculado y al que le perdí el rastro después de aquellos tres o cuatro números editados en 2001 por los propios autores. Nada, el guión de Toni Torres es apenas una anécdota muy menor y lo realmente notable es el dibujo de Mariano Navarro, perfectamente complementado con el color de Hernán Cabrera. Uno ve a esas dos bestias trabajar a ese nivel y quiere que la historia dure 160 páginas, no seis.
Ya en blanco y negro, tenemos una historia muy, muy floja que cruza a Carlitos con Anita, la Hija del Verdugo. Escribe el guionista de aquella mítica saga, Gabriel Bobillo, y dibuja Ignacio Segesso, sin grandes hallazgos ni pifias para destacar. Cuatro páginas que aportan poquísimo. En las siguientes cuatro páginas Carlitos se encuentra con Genia, un personaje humorístico al que no conocía, cuyo diseño es prácticamente un calco del del Bat-Mite de la serie animada de los ´60. Esto está escrito por Jorge Duchaussof y dibujado por Teresita De Angelis, con demasiadas viñetas por página y un guión lleno de chistes al filo de la tristeza. Lo más olvidable del libro, me parece.
El próximo turno es para Body Hunter, un personaje que vivía aventuras eróticas en el espacio exterior, publicadas en la revista Hombre. Posta, no te jodo: pasamos de un duendecito cute a un personaje de historietas eróticas que sólo habla de coger. La historia no es horrible, pero está groseramente compactada para que entre en seis páginas. Escribe David Rodríguez (creador de Body Hunter) y dibuja Juan Pablo Massa, que cumple con lo justo. Predeciblemente, la mejor historia del tomo es la que Carlitos comparte con Animal Urbano, simplemente porque está a cargo de la dupla que hizo grosso al mutante de la villa: Guillermo Grillo escribe un relato cortito y contundente y Edu Molina deja la vida en el dibujo y da cátedra con las tramas mecánicas.
El team-up con El Chispa es la única historia en la que Rizzo colabora en el guión, junto a Gustavo Secreti y Gustavo Lucero, creadores del joven justiciero de la Zona Oeste. El guión es una anécdota mínima y el dibujo de Lucero no está mal, pero no sintoniza la onda de Carlitos. Las siguientes seis páginas no las entendí. Me parece que son un team-up entre Carlitos y uno de los personajes de Chess Masters, una historia que apareció en Términus. El guión, tan obvio como confuso, es de Ariel Grichener y el dibujo es de Jorge Blanco, el creador de Camulus, pero en un estilo raro, irreconocible.
Y cierra una aventura 100% en joda, con Zoila Zombie como co-protagonista. Escribe, dibuja y colorea Lubrio (creador de la chica zombie de nuestras pampas) en un estilo cercano a los clásicos cartoons de Hanna-Barbera, con varios gags efectivos.
En fin, con tantas historias tan breves, es imposible que se luzcan ni Carlitos ni sus invitados. Con menos historias, cada una podría extenderse un poco más, ofrecer más desarrollo, y de paso el libro se vería menos desparejo, menos cambalache desde lo visual. Presentado así, son más las trabas que las facilidades para el disfrute y eso es una pena, sobre todo cuando hay buenos autores involucrados.

sábado, 8 de marzo de 2014

08/ 03: CARLITOS Vol.2

Reapareció Carlitos, esta vez con un tomo pensado en formato antología, compuesto por varias historias cortas que exploran desde distintas ópticas las consecuencias de los eventos que nos narraran Sebastián Rizzo y Sergio Monjes en el librito reseñado el 10/06/12. Esta vez Rizzo abre el juego y escribe apenas dos de las siete historias cortas. Vamos a recorrerlas una por una.
La primera está escrita por Gabriel Bobillo y engancha tanto con la primera aventura de Carlitos que, si no la tenés muy fresca, no se entiende nada. Es una historia fuerte, jodida, que sirve para presentar a un nuevo personaje, pensado para convertirse en el némesis de Carlitos. El dibujo de Alberto Aprea (de recordado paso por el mítico fanzine Catzole) está muy bien, pero lo que realmente la rompe, lo que más se destaca, son los diálogos de Bobillo, afilados, precisos, perfectamente creíbles. Un lujo.
La segunda está escrita por Rizzo, y si empalma con la historia inicial, no me di cuenta. Acá también hay excelentes diálogos y un clima muy pesado, muy sórdido. La cagada es que estas siete páginas cayeron en manos de un dibujante (Matías Paolini) muy precario, con un nivel bastante por debajo del que hace falta para aparecer en una publicación que pretende ser vendida en librerías, comiquerías o kioscos. Las siguientes siete páginas son consecuencia directa de lo sucedido en el Vol.1. El guión de David Rodríguez es ágil, efectivo y le da mucho vuelo a un personaje menor del Vol.1, el mismísimo Adam West, que acá se integra a la saga de Carlitos de un modo por lo menos impredecible. El dibujante (Daniel Pérez) afana fotos a ocho manos y cuando no le queda otra que dibujar se ve bastante duro. Tiene como excusa que le tocaron páginas con muchísimas viñetas y mucho texto. Igual no zafa del papelón, ni ahí.
La cuarta historieta es, lejos, la mejor del tomo. No engancha con la primera aventura de Carlitos, sino con la historia corta que Guille Grillo y Edu Molina aportaron a la Antología de Héroes Argentinos (ver reseña del 24/02/13). Acá, Grillo y Molina retoman ese concepto, pero además reinterpretan la tragedia de Once en clave dramática, con una fuerza y un vuelo increíbles, y de paso crean a un nuevo personaje con extraños poderes extrasensoriales, al que quiero volver a ver urgente. El dibujo de Molina, fastuoso y recontra-expresivo.
La siguiente historia introduce a un nuevo personaje, aparentemente un héroe, cuyo pasado tiene que ver con dos mitologías muy atractivas: la de los dioses griegos y la de los Titanes en el Ring. El guión de Adrián Paglini es correcto, y los dibujos de Adrián Ruano (de estilo clásico, cercano al de Carlos Vogt) acompañan bien, sin descollar. La sexta historia también tiene la intención de sumar a un nuevo personaje, en este caso una heroína. Es la única en la que no me cerraron ni el guión (de Nicolás Mobilia) ni el dibujo (de Pablo Canadé). Por ahí con menos pretensiones, les iba mejor.
Y Rizzo se guarda para sí mismo la historieta más relevante, la que más hace avanzar la saga de Carlitos. Esta ocupa las nueve páginas finales y está dibujada por Ricardo Fullana, una especie de clon oscuro de Todd McFarlane, grotesco, desprolijo y con problemas de narrativa. El atractivo está en el cambio del status quo para el personaje principal y en las puntas que abre Rizzo para explorar en un hipotético Vol.3.
Este mismo material, dibujado de punta a punta por tipos del nivel de Edu Molina, o aunque más no sea de Alberto Aprea, podría aspirar a despertar el interés y hasta a ganarse el fanatismo de muchos fans de la historieta, porque la temática es ganchera, porque hay varios guiones realmente sólidos y porque se nota la sana intención de planificar una saga a a largo plazo. Pero para tener una chance en serio hay que replantear desde cero (desde la portada, que también es muy fea) el tema de la faz gráfica, que se ve muy despareja, con algunos pasajes francamente desastrosos. Veremos cómo sigue la historia.

domingo, 10 de junio de 2012

10/ 06: CARLITOS

Justo que hablábamos de superhéroes argentinos...
Carlitos no es exactamente una de superhéroes argentinos, pero toca el tema. En realidad, se zambulle en el tema. Se trata del típico comic de “superhéroes en el mundo real”, pero sin superpoderes, más para el lado de Kick Ass o Doméstico. Como en esas sagas, acá tenemos a un protagonista que es fan de los comics de superhéroes y un día decide ponerse él también una máscara y una capa y salir a las calles a defender la Justicia. Hasta ahí, las similitudes con esos personajes previos.
El resto del planteo del guionista Sebastián Rizzo es bastante innovador: Carlitos no es un pibe atlético, sino un cincuentón gordo y casi calvo. Además de estar un poco chapita (condición sin equa non para salir enmascarado a la calle), Carlitos está en las últimas. Es un loser completo, un paria de la sociedad, un descastado sin un mango, sin amor, sin esperanza. Un tipo que ya perdió todo lo que podía perder, menos la fantasía. Y como la fantasía de Carlitos está dominada por los superhéroes yankis, no se le ocurre otro camino hacia la redención que operar en un barrio porteño con los códigos de Batman y los otros justicieros urbanos.
La obsesión de Carlitos con Batman llega a tal punto que nuestro “héroe” se mete en una convención freak-comiquera (en este caso Animate) para presenciar una charla de Adam West y, en un descuido, afanarle al veterano actor yanki la capa y la capucha originales de la serie de los ´60! O sea que, cuando sale a patrullar las calles, Carlitos lo hace con la verdadera capucha del Batman con el que se cebó en sus años mozos. Esto es –obviamente- un gesto extremo por parte de Rizzo y sirve para subrayar la principal diferencia entre Carlitos y otros “tipos normales que un día adoptan una identidad heroica en el mundo real”: su exacerbado patetismo.
Rizzo, sin ensañarse, sin perderle el cariño, no deja pasar una oportunidad de pintarnos a su protagonista como un pobre tipo, un completo infeliz al borde del abismo. La mejor decisión que toma el guionista (y que también aleja a esta obra de Kick Ass o Doméstico) es no meternos nunca en la cabeza de Carlitos, no mostrarnos nunca cómo piensa, cómo percibe lo que le sucede, no dejarlo narrar en primera persona, no habilitarle ni un mísero bloque de texto. Carlitos es sus acciones y sus acciones son las que llevan adelante la trama.
Y está bien. Sin ser una joya, la historia es coherente y tiene un ritmo propio, que alterna bien entre momentos más intensos y momentos más tranquis. Los diálogos son buenos, suenan creíbles, y lo único choto es un giro argumental que se da cinco o seis páginas antes del final. No te lo voy a contar, pero es algo que influye mucho en el desenlace de la trama y –lamentablemente- está apoyado en una casualidad demasiado brutal, que rompe el verosímil. El resto es raro, ensimismado, pero también sólido y coherente.
El trabajo del dibujante Sergio Monjes es muy, muy bueno, muy por encima de lo que le vimos hace unos años en aquel one-shot de Bizancio escrito por el enorme (y desaprovechadísimo) Mauro Mantella. Monjes es una mezcla de Nacho Noé con los buenos dibujantes oscuros del mainstream yanki onda Sean Phillips, con un gran manejo del claroscuro y de las expresiones faciales. Vistas de lejos, esas páginas de Monjes con gente triste que deambula por una ciudad gris, transmiten una sensación parecida a las mejores historietas de Horacio Altuna. Miradas de cerca no, no tienen mucho que ver, excepto en algo del clima de desesperanza. La narrativa está bien pensada y bien ejecutada, con buenas secuencias mudas en las que el dibujo de Monjes se carga la historia al hombro y se la re-banca. Sin ser super-original, el dibujante demuestra una solvencia muy notable en todos los rubros.
Me imagino que al Capitán Meganno (cuya foto aparecía ilustrando el post de ayer) le deben haber pasado varias de las cosas que le pasan acá a Carlitos. Pero bueno, macho, bancatelá. O jodete por boludo. Cuanto más realistas nos ponemos, más inviable es el concepto del justiciero enmascarado, y más todavía en Argentina. Rizzo y Monjes (no sé si voluntariamente o no) también dan testimonio de eso con esta historieta que –repito- no es una genialidad ni marca “un antes y un después” de nada, pero acumula unos cuantos hallazgos interesantes.