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sábado, 19 de noviembre de 2011

19/ 11: RELATOS INSOLITOS DE SAMURAIS


Viene rara la mano con Hiroshi Hirata. El primer libro que leí, Héroes Anónimos, me resultó aburrido. El segundo, Orgullo de Samurai, me resultó hipnótico y fascinante. Hoy arremetí con un tercero, y la mitad de las historias me encantaron y la otra mitad casi me duerme, como si en vez de un comic fuera un lexotanil o un disco de Entre Ríos. Este tomo no brinda información acerca de las fechas en las que el sensei Hirata creó estas historietas (cosa que sí constaba en los otros), así que es imposible trazar una evolución, o ubicar este material en el contexto de las obras ya leídas. No sabemos si es anterior, posterior, paralelo... Pero vamos a las historias en sí, a ver con qué nos encontramos.
La primera se titula Lucha Contra las Inundaciones en el Feudo de Oogaki y es más aburrida que un reality show de vegetales. Acá Hirata mete toneladas de texto para contarnos hechos reales en orden cronológico, como si fuera un tratado histórico ilustrado. El dibujo es espectacular, pero el conflicto, la trama queda sepultada bajo el desmesurado aluvión de datos históricos.
El Incidente de Sakai tiene 32 páginas y podría tener 8. Arranca bárbaro, con una extensa secuencia de brutal acción, casi sin textos, se precipita en el medio, entre infinitas escenas protocolares, repletas de diálogos innecesariamente extensos, y levanta muchísimo al final. Es increíble como el mismo tipo que te deja estupefacto con su destreza narrativa, desplegada en esas primeras 11 gloriosas páginas, después te manda a dormir con secuencias densas al pedo, mal armadas, con la información mal distribuída. Muy raro...
La tercera historieta, El Incidente de Kashima, es sin dudas la peor. El conflicto no está bien planteado, no es interesante, no se desarrolla de modo atractivo, nada. Lo único que hay (y mucho) son escenas de tremenda violencia, con unas decapitaciones virulentas, que te hielan la sangre, dibujadas como los dioses, pero en un contexto en el que perturban más de lo que impactan.
Pará... ¿dije que la tercera era la peor? No, la cuarta es peor. El Clan de los Kanamori tiene los mismos problemas a la hora de plantear el conflicto, pero además es más aburrida. Hablan, hablan, hablan... y al final nunca sabés si el tipo acusado de ser un ninja infiltrado entre los vasallos del daimio era o no un ninja.
Mohee el Sirviente arranca una levantada. Es la historia de ambientación más cercana (1882), y acá ya se empieza a hablar de política, de derechos humanos, de una sociedad moderna que le da la espalda a las estructuras feudales tan presentes en la obra de Hirata. Y por primera vez aparece un personaje femenino con peso, la compasiva y valiente señora Chie. Esta historia, además, tiene las tres últimas páginas más shockeantes y tremendas que leí en mucho tiempo, una secuencia muda escalofriante en la que un tipo decapita a otro... con sus propias manos.
La sexta historia, Goemon el Hatamoto, sin ser brillante, es redondita, dinámica, dura lo que tiene durar, es profunda, violenta, muy humana y muy real. Está tan buena que podría incluirse sin desentonar en Orgullo de Samurai.
Y cerramos con otra historia de orgullo y abnegación, la bravísima Orden de Acuñación de Moneda, en la que un ronin casi indigente se enfrenta nada menos que al poder del dinero. El final es impredecible y conmovedor, pero lo mejor es cómo Hirata retrata al poder del dinero, en esa escena rayana en el grotesco en la que las minas se meten unos lingotitos de oro en la argolla y se excitan como si estuvieran garchando. El propio Iemochi, el encargado de emitir la moneda, es el que más desprecia el culto al dinero, con lo cual Hirata relativiza su rol de villano en la trama que, sin duda, es la mejor resuelta del libro. Y el dibujo pega un salto cualitativo importante respecto de las otras historietas (que ya eran notables), así que esta última es una verdadera maravilla.
Sigo sin poder resolver el misterio de Hiroshi Hirata, pero pienso volver a intentarlo pronto.