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martes, 3 de enero de 2023
DECIMOCUARTA TEMPORADA
Qué locura, no? Ya se cumplieron 13 años desde que empezó este blog, y ahora inauguramos una Temporada 14, que se va a desarrollar (ya veremos con qué frecuencia de publicación) a lo largo de este 2023 que recién se asoma. Sin cancherear, tengo una cantidad grotesca de libros sin leer, creo que desde 2017 que no acumulaba pilones tan zarpados en el sector de los pendientes, así que la idea es darle átomos este año. Por ahora, cuelgo un toque la historieta argentina actual, para darle cabida a material de otros países, en incluso a obras de autores locales, pero de años (o décadas) anteriores.
Empiezo en España, año 2005, con la segunda parte de un díptico. Nunca vi el Vol.1 de Ari, la Salvadora del Universo, pero encontré el Vol.2 muy barato en una librería de usados de Montevideo y me lo traje. La verdad que estas 46 páginas explican bastante bien lo que pasó en la entrega anterior y además brindan un relato bien contenido en sí mismo, con su propia estructura dramática, sus propios conflictos y una resolución potente de todo lo que se planteó en ambos álbumes de la serie.
El guionista es el siempre solvente Hernán Migoya, que domina con aplomo la narración de historietas de género. Acá aborda la ciencia ficción en clave épica, con dos facciones trenzadas en una guerra a muerte en una sociedad hiper-tecno del futuro. Como suele suceder en los buenos relatos de ci-fi, la ambientación futurista de Ari es apenas un maquillaje atractivo para proponer historias que hablan de nuestro presente. Ni bien la acción da un respiro, Migoya hilvana una atractiva trama de conjuras palaciegas, luchas de poder y turbias runflas entre los líderes supuestamente enfrentados para que todo siga más o menos como siempre. Pero alguien hará honor a la sangre derramada y esta intrincada red de acuerdos y traiciones va a ser desarticulada por la protagonista de manera impredecible y bastante violenta.
El dibujo, a cargo de Man, es dinámico, accesible, con bastante influencia del shonen y algunos resabios de su época de dibujante de historietas porno que se notan en la sobre-sexualización de algunos cuerpos. Man se banca páginas de 10 ó 12 viñetas sin enkilombar la narrativa. Incluso en las secuencias donde solo hay machaca, tenemos páginas de 10 o más viñetas, lo cual acota el margen de lucimiento para el dibujo. Pero cuando puede planificar viñetas más grandes, Man le pone mucho empeño a naves, edificios y esas cosas que en los comics porno nadie le pidió jamás. Supongo que esto mismo contado en páginas, con mayor despliegue de viñetas grandes, se vería mejor, pero así está muy bien. El color (también a cargo de Man) es muy correcto y hace un buen aporte a la faz visual del álbum. Nada, me quedo satisfecho con la lectura y espero encontrar alguna vez el Vol.1.
Este blog está tan desfasado de la realidad, que vamos a hablar de Papá Noel cuando están por llegar los Reyes Magos. Pero bueno, los que me siguen desde hace un tiempo saben que eso a mí me chupa un huevo y la cáscara del otro. La historieta que nos ocupa es Klaus, originalmente serializada en 2015 como miniserie en la editorial BOOM. Esta es una especie de Papá Noel: Year One, escrita por Grant Morrison y dibujada por Dan Mora, que acá era casi un debutante y hoy es una super-estrella. No me copa demasiado su trabajo en este comic. No es que sea malo, pero tiene errores que hoy obviamente ya corrigió, como la constante desproporción entre hombros, brazos y antebrazos en los cuerpos masculinos. Y ya se sacó de encima esos yeites heredados de Humberto Ramos como dibujar a los nenes con ojos y sonrisas enormes. Repito, la labor de Mora en Klaus es buena, o superior a lo que se ve en un comic book yanki promedio de 2015, y por momentos el color (a cargo del propio dibujante) tiene tanta onda y le aporta tanta belleza a la página terminada, que cualquier pifia o afano menor queda muy opacado. Mora le pone mucho dinamismo a las figuras, mucha expresión a los rostros y hasta un notable rigor documental a los fondos, con lo cual su aporte sin dudas se hace notar. A veces cuando un dibujante inexperimentado colabora con un guionista top, se cohibe, o se autoimpone límites, pero no es el caso de Mora, que deja la vida para que Klaus sea SU comic tanto como el de Morrison.
En cuanto al escocés, este es uno de sus trabajos más de perfil bajo, donde no se nota todo el tiempo que estamos ante un genio, un demente, o un tipo que decididamente juega con un reglamento distinto al de todos los demás. Acá no le hace falta pelar virtuosismo en los textos o firuletes extraños en la narrativa porque la idea que impulsa al comic es demasiado buena y demasiado potente: un origen para Santa Claus, ambientado en el medioevo, con machaca tipo Conan, elementos fantásticos y una explicación copada para el aspecto del personaje, su vínculo con los niños, con los juguetes y con la celebración que hoy se conoce como Navidad. Y encima con una bajada de línea progre, contra la explotación de los laburantes y el extractivismo desmedido. O sea que el lucimiento y la ovación llegan por otro lado, por el lado de la fuerza icónica del personaje y por la aplastante sencillez (y redondez) de una historia que -si no fuera por la abundante machaca- podría ser tranquilamente un cuento de hadas o una fábula de esas que la tradición oral preservó durante siglos.
Klaus es un comic muy entretenido, con algunos momentos de alto impacto, y se puede leer incluso sin ser miembro del culto a Grant Morrison y sin tener la menor idea de los temas que suele abordar el escocés en sus obras más idiosincráticas.
Nada más, por hoy. Acuérdense que nos ayudan un montón (y acceden a un montón de notas y contenidos audiovisuales exclusivos) si se descargan la nueva Comiqueando Online en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Recontra vale la pena.
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martes, 9 de octubre de 2012
08/ 10: MIA
Bueno, me ensarté de nuevo. Esta novela gráfica de Man parecía promisoria, y no, a la hora de los bifes me decepcionó.
El dibujo es blandito, se le nota demasiado que está pensado para gustarle a todo el mundo. Y sin ser malo, le falta onda. Parece un comic dibujado por Pier Brito sin ganas. Hay mucha variedad de ángulos, no escasean los fondos, las secuencias están bien hilvanadas, y sin embargo tiene gusto a poco, a cosa obvia, muy pre-masticada. El color también, es predecible, aporta poco y por momentos le trata de dar visos más “líricos” a un dibujo más bien prosaico. Repito: no es que la faz gráfica esté mal, o que se vea fea. Es que le falta alma, filo, onda, no sé... algo.
El guión (en el que Santi Navarro le da una mano a Man) tampoco me convenció. Es la historia de unos fascinerosos que intentan secuestrar a un pibe y, de rebote, terminan por secuestrar también a una minita. Los dos cautivos pegan onda y harán lo imposible para liberarse a sí mismos y al otro. Los buenos van a zafar de peligros muy jodidos, lo cual erosiona bastante el verosímil, y los malvivientes –que la van de super-profesionales- cometen unos errores inexplicables que van a desembocar en la victoria de los jóvenes tortolitos.
Los policías a cargo de la investigación, los inspectores Angel y Salomón, también resultan tan ineptos que casi funcionarían mejor si Man los presentara como “comic relief”, como personajes en joda, pensados para descomprimir con chistes una trama que se presentaba sórdida y áspera y terminó por resultar obvia y edulcorada. Entre una cosa y otra, a Man no le faltan excusas para meter escenas de acción y la verdad que no están mal. El tema es que muchas veces no sirven para hacer avanzar la trama.
Creo que lo mejor del libro es lo que no pasa. Uno, que sigue a Man desde la época en la que hacía porno salvaje para la Kiss Comix, arrancó desde la página 3 esperando que a la protagonista (Mía, la sensual colegiala con bulimia) se la garcharan de arriba a abajo, como en tantas otras historietas de este autor. Y no, a Mía no se la garchan nunca, o por lo menos no lo ves. En la página 70 hay indicios de que uno de sus captores trató de abusar de ella, pero no nos consta, no se explicita. Y en el epílogo, que nos la muestra ya viviendo en pareja con... alguien, está claro que cogen, pero tampoco nos lo muestran. O sea que esta vez, un autor que –por sus trabajos en la Kiss Comix e incluso en otros, junto a guionistas como el gran Hernán Migoya- podría parecer entre machista, misógino y sexópata, se cuida muchísimo en el tratamiento de la protagonista e incluso a la hora de meterse con la bulimia, tema al que le dedica extensos textos al final del libro.
Esto es lo único no obvio, no trillado, no pensado para apelar a lo que el lector quiere ver en la historieta. Al resto se le notan mucho los hilos de la marioneta y eso no hace que Mía sea una mala novela gráfica, pero sí la manda a la pila de las prescindibles.
Mañana, en una de esas, se viene un post desde Nueva York. Si no, el lunes 15, con toda seguridad.
El dibujo es blandito, se le nota demasiado que está pensado para gustarle a todo el mundo. Y sin ser malo, le falta onda. Parece un comic dibujado por Pier Brito sin ganas. Hay mucha variedad de ángulos, no escasean los fondos, las secuencias están bien hilvanadas, y sin embargo tiene gusto a poco, a cosa obvia, muy pre-masticada. El color también, es predecible, aporta poco y por momentos le trata de dar visos más “líricos” a un dibujo más bien prosaico. Repito: no es que la faz gráfica esté mal, o que se vea fea. Es que le falta alma, filo, onda, no sé... algo.
El guión (en el que Santi Navarro le da una mano a Man) tampoco me convenció. Es la historia de unos fascinerosos que intentan secuestrar a un pibe y, de rebote, terminan por secuestrar también a una minita. Los dos cautivos pegan onda y harán lo imposible para liberarse a sí mismos y al otro. Los buenos van a zafar de peligros muy jodidos, lo cual erosiona bastante el verosímil, y los malvivientes –que la van de super-profesionales- cometen unos errores inexplicables que van a desembocar en la victoria de los jóvenes tortolitos.
Los policías a cargo de la investigación, los inspectores Angel y Salomón, también resultan tan ineptos que casi funcionarían mejor si Man los presentara como “comic relief”, como personajes en joda, pensados para descomprimir con chistes una trama que se presentaba sórdida y áspera y terminó por resultar obvia y edulcorada. Entre una cosa y otra, a Man no le faltan excusas para meter escenas de acción y la verdad que no están mal. El tema es que muchas veces no sirven para hacer avanzar la trama.
Creo que lo mejor del libro es lo que no pasa. Uno, que sigue a Man desde la época en la que hacía porno salvaje para la Kiss Comix, arrancó desde la página 3 esperando que a la protagonista (Mía, la sensual colegiala con bulimia) se la garcharan de arriba a abajo, como en tantas otras historietas de este autor. Y no, a Mía no se la garchan nunca, o por lo menos no lo ves. En la página 70 hay indicios de que uno de sus captores trató de abusar de ella, pero no nos consta, no se explicita. Y en el epílogo, que nos la muestra ya viviendo en pareja con... alguien, está claro que cogen, pero tampoco nos lo muestran. O sea que esta vez, un autor que –por sus trabajos en la Kiss Comix e incluso en otros, junto a guionistas como el gran Hernán Migoya- podría parecer entre machista, misógino y sexópata, se cuida muchísimo en el tratamiento de la protagonista e incluso a la hora de meterse con la bulimia, tema al que le dedica extensos textos al final del libro.
Esto es lo único no obvio, no trillado, no pensado para apelar a lo que el lector quiere ver en la historieta. Al resto se le notan mucho los hilos de la marioneta y eso no hace que Mía sea una mala novela gráfica, pero sí la manda a la pila de las prescindibles.
Mañana, en una de esas, se viene un post desde Nueva York. Si no, el lunes 15, con toda seguridad.
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