Tercer y último tomo del Hawkman de Geoff Johns. Este recopilatorio llega sólo hasta el n°22, porque los tres últimos son crossover con la JSA y están en el libro Black Reign (ver reseña de 23/05/10). De hecho, Johns se da el lujo de dejar una punta argumental bastante abierta, para resolverla (junto con muchas otras) en ese crossover.
El tomo consiste de dos arcos de tres partes y dos unitarios. Empiezo con estos últimos, ubicados en medio de las dos trilogías. El primero es muy raro: Hawkgirl no aparece, Carter Hall aparece vestido de Hawkman en cuatro o cinco viñetas y además no pega una sola trompada. Hay un mínimo conflicto, pero es íntimo, y la única escena de violencia está protagonizada por dos personajes circunstanciales. Una historia atípica, que tiene que ver con la identidad y la memoria, y que brilla gracias a los gloriosos dibujos del maestro José Luis García López.
El segundo unitario también prescinde por completo de Hawkgirl y nos lleva a Medio Oriente, para indagar un poco más en el pasado de Hawkman y para poner en escena a Black Adam y Northwind, dos personajes que tendrán bastante peso en la saga Black Reign. El dibujo de Scott Eaton es correcto y a nivel guión lo más atractivo está en los diálogos.
La primera saguita de tres episodios es casi una canchereada por parte de Johns, es mostrar lo claro que tiene todo en materia de continuidad. Onda “no sólo me animo a traer de vuelta a Hawkman, no sólo me animo a inventar una explicación coherente para un personaje que había sido el eje de 50.000 contradicciones, sino que además me animo a cerrar cabos sueltos de las versiones anteriores”. Y la verdad que la saga contra Blyth, como aventura, es floja. Pero la emoción de ver de regreso a la Hawkwoman thanagariana (la de Hawkworld) y verla interactuar con Carter y Kendra es un impacto tremendo. Después vendrá un forro a hacerla boleta en la excecrable Rann-Thanagar War, pero este regreso de Shayera es un maravilloso mimo a los que alguna vez nos enganchamos con el Hawkman de Tim Truman y John Ostrander.
En el arco final, de nuevo Hawkgirl tiene poquísimo peso y la gracia pareciera ser darle el gusto a los que pedían un Hawkman más violento, más sacado, casi un Lobo con alas. El villano es bastante chato, pero por lo menos su accionar es definitivo. Johns se juega al hacer avanzar a Carter hacia otro tipo de personaje, que es el que va a motorizar varios de los conflictos que se van a resolver en la fundamental Black Reign. ¿Hacían falta tres episodios? Probablemente no, pero dentro de todo la saguita se hace bastante llevadera.
Los dos arcos de tres episodios cuentan con los dibujos de un Rags Morales que se supera así mismo, cada vez más vibrante, cada vez más preciso en los detalles, muy dedicado en los fondos, muy zarpado en las splash pages, con cuerpos y rostros de gran plasticidad, con ese punto exacto de exageración que hace falta para que los héroes y villanos se vean grossos, bien épicos, bien dramáticos, pero sin caer en el grotesco. Le cambian más de una vez los entintadores, pero la solidez de Morales hace que la calidad se mantenga intacta.
No digo “acá se termina la etapa de Geoff Johns en Hawkman”, porque sigue en esos tres episodios que se cruzan con la JSA. Pero a nivel libros sí, este es el último. En general es una buena etapa, con buenos dibujos, con las aventuras como punto más flojo y el desarrollo de personajes como punto más alto. Hawkman es un personaje difícil para trabajar, pero Johns (con el aporte de James Robinson en el arranque y de Rags Morales en la faz gráfica) le sacó un jugo más que interesante.
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miércoles, 22 de julio de 2015
martes, 26 de mayo de 2015
26/ 05: HAWKMAN Vol.2
Segundo tomo de la serie de Hawkman que escribía Geoff Johns con la colaboración de James Robinson, artífices ambos de la mejor etapa de toda la historia de la Justice Society of America. El Vol.1 tuvo su reseña el 17/09/14 y no está mal repasarla, porque me parece que algunos lineamientos se mantienen tal cual lo expresé aquella vez.
El principal problema de esta serie sigue siendo el mismo: por qué y contra quién luchan Hawkman y Hawkgirl. Y por suerte es el único problema, porque todo lo demás está muy bien. El atractivo grosso no son las peleas, sino la interacción entre los personajes, el desarrollo en la caracterización de estos héroes a simple vista medio chatos, medio tábula rasa. El primer episodio ilustra perfecto lo que quiero decir: a Johns le interesa mostrarnos una extensa charla entre Carter Hall y Ray Palmer (Atom, para los amigos) durante una cena en un restaurante. Como es un comic de superhéroes, tiene que haber algo de acción, y así es como Hawkgirl y los canas de St. Roch se machacan durante escasas seis páginas contra un villano de la B Metropolitana, sin la menor trascendencia. Lo interesante, claramente, es lo otro.
En el segundo episodio todo es aún más brutal: el núcleo de la historia es una charla entre Carter y Hector Hall (por entonces Dr.Fate) y las poquísimas escenas de acción que vemos… son flashbacks! Recién a partir del tercer capítulo tenemos una saguita de tres episodios más centrada en la machaca contra un villano como la gente, y con alguna consecuencia relevante. Y lo mejor: la resolución del conflicto heavy llega 12 páginas antes del final, con lo cual a Johns le quedan 10 páginas para… desarrollo de personajes, diálogos a fondo, escenas intimistas que giran en torno a los vínculos entre Carter y Kendra, que sirven para mantener arriba la chapa del villano presentado en el Vol.1 y hasta para darle onda a Speed Saunders, un héroe sumamente menor, cuya mayor gloria es la de haber aparecido en el n°1 de Action Comics, en 1938.
Después tenemos un unitario a priori totalmente desenganchado, ambientado en el Far West y protagonizado por Nighthawk y Cinnamon (también reencarnaciones de Khufu y Chay-Ara), muy entretenido y con una linda vueltita al final que lo hace relevante para lo que sucede con Carter y Kendra en el presente. Y terminamos con un arquito de dos partes, donde finalmente se resuelve el plot del asesino de los padres de Kendra y del confuso episodio que traumó a Hawkgirl cuando tenía apenas 13 años. Es una historia intensa, heavy, dramática, donde mi clon se esfuerza por darle un rol destacado a Gentleman Ghost (clásico villano del Hawkman de la Silver Age) pero donde mete más miedo el villano más normal, humano y sin poderes que resulta ser… un personaje secundario que Johns venía construyendo desde el tomo anterior. Esta última aventura es la que nos muestra la mejor pelea, la que tiene más sentido, la que no está puesta ahí para rellenar páginas y que el comic tenga algo de acción.
Vamos con los dibujantes. Casi todo el tomo está a cargo del siempre sólido Rags Morales, un tipo que plantea bien las secuencias, elige bien los ángulos, se rompe el culo en los fondos… A veces tantos entintadores que le meten mano lo deforman un poco, pero se nota una muy buena formación académica, combinada con un gran dinamismo a la hora de planificar y mostrar la acción. Y hablando de entintadores, para el capítulo que transcurre en la época de los cowboys a Morales lo entinta nada menos que Tim Truman, que le suma esa impronta roñosa, oscura, menos elegante y más rústica. Una muy buena combinación. Para los dos últimos episodios tenemos en uno a Ethan Van Sciver (que sobredibuja mucho, llena todo de rayitas innecesarias y no tiene un manejo de los planos tan ingenioso como el de Morales) y en el otro al muerto de Don Kramer, flojísimo en todos los rubros, principalmente en las expresiones faciales, justo en una historia donde estas tienen muchísimo peso.
Me queda por leer (para la segunda mitad del año) el tercer y último tomo del Hawkman de Geoff Johns, una serie con más altas que bajas. Aún sin jugar al “comic de autor adentro del mainstream”, esta serie de Hawkman se las ingenió para tener un tono propio atractivo, y bancar los trapos que vale la pena bancar, que son los que tienen que ver con darle profundidad, complejidad y onda a estos íconos (de segunda línea pero íconos al fin) que venían desde los años ´40, más manoseados que Vicky Xipolitakis en un vagón del Subte B a las seis de la tarde…
El principal problema de esta serie sigue siendo el mismo: por qué y contra quién luchan Hawkman y Hawkgirl. Y por suerte es el único problema, porque todo lo demás está muy bien. El atractivo grosso no son las peleas, sino la interacción entre los personajes, el desarrollo en la caracterización de estos héroes a simple vista medio chatos, medio tábula rasa. El primer episodio ilustra perfecto lo que quiero decir: a Johns le interesa mostrarnos una extensa charla entre Carter Hall y Ray Palmer (Atom, para los amigos) durante una cena en un restaurante. Como es un comic de superhéroes, tiene que haber algo de acción, y así es como Hawkgirl y los canas de St. Roch se machacan durante escasas seis páginas contra un villano de la B Metropolitana, sin la menor trascendencia. Lo interesante, claramente, es lo otro.
En el segundo episodio todo es aún más brutal: el núcleo de la historia es una charla entre Carter y Hector Hall (por entonces Dr.Fate) y las poquísimas escenas de acción que vemos… son flashbacks! Recién a partir del tercer capítulo tenemos una saguita de tres episodios más centrada en la machaca contra un villano como la gente, y con alguna consecuencia relevante. Y lo mejor: la resolución del conflicto heavy llega 12 páginas antes del final, con lo cual a Johns le quedan 10 páginas para… desarrollo de personajes, diálogos a fondo, escenas intimistas que giran en torno a los vínculos entre Carter y Kendra, que sirven para mantener arriba la chapa del villano presentado en el Vol.1 y hasta para darle onda a Speed Saunders, un héroe sumamente menor, cuya mayor gloria es la de haber aparecido en el n°1 de Action Comics, en 1938.
Después tenemos un unitario a priori totalmente desenganchado, ambientado en el Far West y protagonizado por Nighthawk y Cinnamon (también reencarnaciones de Khufu y Chay-Ara), muy entretenido y con una linda vueltita al final que lo hace relevante para lo que sucede con Carter y Kendra en el presente. Y terminamos con un arquito de dos partes, donde finalmente se resuelve el plot del asesino de los padres de Kendra y del confuso episodio que traumó a Hawkgirl cuando tenía apenas 13 años. Es una historia intensa, heavy, dramática, donde mi clon se esfuerza por darle un rol destacado a Gentleman Ghost (clásico villano del Hawkman de la Silver Age) pero donde mete más miedo el villano más normal, humano y sin poderes que resulta ser… un personaje secundario que Johns venía construyendo desde el tomo anterior. Esta última aventura es la que nos muestra la mejor pelea, la que tiene más sentido, la que no está puesta ahí para rellenar páginas y que el comic tenga algo de acción.
Vamos con los dibujantes. Casi todo el tomo está a cargo del siempre sólido Rags Morales, un tipo que plantea bien las secuencias, elige bien los ángulos, se rompe el culo en los fondos… A veces tantos entintadores que le meten mano lo deforman un poco, pero se nota una muy buena formación académica, combinada con un gran dinamismo a la hora de planificar y mostrar la acción. Y hablando de entintadores, para el capítulo que transcurre en la época de los cowboys a Morales lo entinta nada menos que Tim Truman, que le suma esa impronta roñosa, oscura, menos elegante y más rústica. Una muy buena combinación. Para los dos últimos episodios tenemos en uno a Ethan Van Sciver (que sobredibuja mucho, llena todo de rayitas innecesarias y no tiene un manejo de los planos tan ingenioso como el de Morales) y en el otro al muerto de Don Kramer, flojísimo en todos los rubros, principalmente en las expresiones faciales, justo en una historia donde estas tienen muchísimo peso.
Me queda por leer (para la segunda mitad del año) el tercer y último tomo del Hawkman de Geoff Johns, una serie con más altas que bajas. Aún sin jugar al “comic de autor adentro del mainstream”, esta serie de Hawkman se las ingenió para tener un tono propio atractivo, y bancar los trapos que vale la pena bancar, que son los que tienen que ver con darle profundidad, complejidad y onda a estos íconos (de segunda línea pero íconos al fin) que venían desde los años ´40, más manoseados que Vicky Xipolitakis en un vagón del Subte B a las seis de la tarde…
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miércoles, 17 de septiembre de 2014
17/09: HAWKMAN Vol.1
Tarde pero seguro, le jugué unas fichas a esta serie de Hawkman que arrancó (creo) a principios de 2002. Ya dije alguna vez que Hawkman me parece un personaje pedorro, repleto de limitaciones, así que para que le dé una chance tiene que haber motivos muy potentes. Veamos: co-escriben Geoff Johns y James Robinson, guionistas de la etapa más gloriosa de la JSA. Dibuja Rags Morales, dibujante más que correcto, con un logrado equilibrio entre estridencia pochoclera y solidez narrativa. Tiene mucho protagonismo la Hawkgirl a la que vimos debutar, evolucionar y convertirse en un personaje muy interesante en las páginas de la JSA. Y lo más atractivo: este NO es el Hawkman de la Silver Age, si bien visualmente se le parece muchísimo. Es más bien el de la Golden Age, muy toqueteado, muy reversionado, al que estos guionistas y otros que vinieron antes le fueron incorporando elementos más originales, más distintivos: las eternas reencarnaciones, el gusto por la violencia, la inclinación política de extrema derecha… Ya no es un Batman con alas, o un Green Lantern sin anillo. Al chamuyo silveragesco del enésimo metal y el origen thanagariano, acá le metieron todo el bagaje del antiguo Egipto y la verdad es que la explicación a la que recurren Johns y Robinson para ensamblar en un sólo Hawkman distintos aspectos rescatables de los varios Hawkmen anteriores funciona bastante bien.
Las aventuras en sí no son especialmente fuertes, por lo menos en el primer tomo. La primera propone un conflicto interesante, que es la búsqueda de el o los asesinos de los padres de Kendra (Hawkgirl). El planteo está bien, hay roles muy copados para villanos con onda como Shadow Thief, Tigress y Copperhead, y está bien pensada la presentación de algunos secundarios (buenos y malos) creados para acompañar a los Hawks en esta etapa. Lo que no me convenció es qué obstáculos tienen que sortear Carter y Kendra para salir victoriosos, ni cómo los sortean. Las peripecias, las peleas… eso me la bajó bastante.
Después hay un muy lindo unitario que ya había leído (en el Secret Files & Origins dedicado a esta colección) y un arco breve, de apenas dos episodios, con Green Arrow de invitado y bastante desarrollo para Spider, un héroe devenido villano (quiero más de esos) al que Johns ya había rescatado del olvido en su recordada serie Stars & S.T.R.I.P.E.. Como cada vez que un buen guionista genera un cruce entre el arquero y el gavilán, acá hay varios diálogos logradísimos, en los que Ollie se queda con las frases más punzantes, más venenosas. De nuevo, la interacción entre los héroes (que simbolizan de modo bastante light el conflicto entre fachos y progres) cobra más relieve y resulta más atractiva que la machaca y el conflicto planteado por el villano. Ah, y se nota demasiado que sobra Hawkgirl, que la irrupción de Green Arrow le deja poco margen para el lucimiento a la co-protagonista de la serie.
Clásico y moderno, generoso como pocos a la hora de dibujar fondos, muy aplicado en la iluminación de cada escena, habilidoso en las expresiones faciales, muy dinámico para plantear las escenas de acción, sin dudas el aporte de Rags Morales a esta serie es inmenso. Y el episodio que no dibuja Morales (el del SF&O) le toca a Patrick Gleason, más sacado, más al filo del grotesco, pero con unas cuantas viñetas muy lindas, en las que pela un claroscuro muy bien trabajado.
No sin esfuerzo conseguí los dos tomos que me faltan para completar la etapa de Geoff Johns al frente de Hawkman y eventualmente los voy a leer. Por ahora, es una serie que no termina de alcanzar su potencial simplemente porque a los autores no deslumbran a la hora de decidir cómo y contra quién tienen que luchar los Hawks. Por suerte te entretiene con buenas caracterizaciones, con revelaciones asombrosas acerca del pasado de los personajes y con la presentación de St. Roch, esta nueva ciudad ficticia que el (antiguo) DCU sumaba a partir de esta serie, a la que Robinson trata de darle tanta chapa como le dio en su momento a Opal City. Veremos si más adelante los héroes alados levantan vuelo.
Y nos reencontramos acá en el blog el lunes, o nos vemos entre el jueves y el domingo en Comicópolis.
Las aventuras en sí no son especialmente fuertes, por lo menos en el primer tomo. La primera propone un conflicto interesante, que es la búsqueda de el o los asesinos de los padres de Kendra (Hawkgirl). El planteo está bien, hay roles muy copados para villanos con onda como Shadow Thief, Tigress y Copperhead, y está bien pensada la presentación de algunos secundarios (buenos y malos) creados para acompañar a los Hawks en esta etapa. Lo que no me convenció es qué obstáculos tienen que sortear Carter y Kendra para salir victoriosos, ni cómo los sortean. Las peripecias, las peleas… eso me la bajó bastante.
Después hay un muy lindo unitario que ya había leído (en el Secret Files & Origins dedicado a esta colección) y un arco breve, de apenas dos episodios, con Green Arrow de invitado y bastante desarrollo para Spider, un héroe devenido villano (quiero más de esos) al que Johns ya había rescatado del olvido en su recordada serie Stars & S.T.R.I.P.E.. Como cada vez que un buen guionista genera un cruce entre el arquero y el gavilán, acá hay varios diálogos logradísimos, en los que Ollie se queda con las frases más punzantes, más venenosas. De nuevo, la interacción entre los héroes (que simbolizan de modo bastante light el conflicto entre fachos y progres) cobra más relieve y resulta más atractiva que la machaca y el conflicto planteado por el villano. Ah, y se nota demasiado que sobra Hawkgirl, que la irrupción de Green Arrow le deja poco margen para el lucimiento a la co-protagonista de la serie.
Clásico y moderno, generoso como pocos a la hora de dibujar fondos, muy aplicado en la iluminación de cada escena, habilidoso en las expresiones faciales, muy dinámico para plantear las escenas de acción, sin dudas el aporte de Rags Morales a esta serie es inmenso. Y el episodio que no dibuja Morales (el del SF&O) le toca a Patrick Gleason, más sacado, más al filo del grotesco, pero con unas cuantas viñetas muy lindas, en las que pela un claroscuro muy bien trabajado.
No sin esfuerzo conseguí los dos tomos que me faltan para completar la etapa de Geoff Johns al frente de Hawkman y eventualmente los voy a leer. Por ahora, es una serie que no termina de alcanzar su potencial simplemente porque a los autores no deslumbran a la hora de decidir cómo y contra quién tienen que luchar los Hawks. Por suerte te entretiene con buenas caracterizaciones, con revelaciones asombrosas acerca del pasado de los personajes y con la presentación de St. Roch, esta nueva ciudad ficticia que el (antiguo) DCU sumaba a partir de esta serie, a la que Robinson trata de darle tanta chapa como le dio en su momento a Opal City. Veremos si más adelante los héroes alados levantan vuelo.
Y nos reencontramos acá en el blog el lunes, o nos vemos entre el jueves y el domingo en Comicópolis.
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viernes, 26 de abril de 2013
26/ 04: HAWKMAN
Este TPB era carísimo cuando salió allá por 1989 y sigue siendo caro aún hoy: u$ 20 por 160 páginas. ¿Qué trae adentro? ¿Las mejores 160 páginas de la vida enmarcadas en oro? No. Las primeras historietas del reboot de Hawkman de 1961, a cargo de Julius Schwartz, Gardner Fox y el inmortal Joe Kubert. Son nueve historietas repartidas en seis números de la revista Brave & the Bold, que narran las primeras peripecias de quien sería conocido durante años como “el Hawkman de Tierra-1”. Hasta ahora, mis experiencias con los comics de DC de hace más de 50 años fueron más bien olvidables, pero bueno... lo vi barato y esa portada de Kubert me resultó irresistible.
En una de esas, el libro es caro porque está íntegramente recoloreado por Tom Ziuko y seguramente en 1989 era muy complicado –y, por ende, muy caro- recolorear comics clásicos. Lo de Ziuko no es impresentable, pero claro, yo sigo prefieriendo este material en blanco y negro. El problema es que el primer Showcase de Hawkman no está todo dibujado por Kubert, sino que incluye muchas páginas de Murphy Anderson, que es muy lindo, muy fino, pero a mí me aburre bastante. El Viejo Joe, en cambio, deja la vida en cada viñeta y si no es aún mejor, es porque hay demasiadas viñetas por página. El Kubert de principios de los ´60 era una bestia, un dibujante de increíble dinamismo, de inobjetable elegancia, un Alex Raymond menos estático y con un manejo de la mancha y el pincel que lo acercaba a los próceres del bando “de enfrente”, el de Milton Caniff y Frank Robbins. Un dibujante clásico perfecto, reconocible, capaz de logros asombrosos incluso en un género como el de los superhéroes, en el que había incursionado poco en las décadas anteriores.
Pero claro, leés los guiones y la cosa se precipta rápidamente hacia el pantano de la intrascendencia. Gardner Fox es un guionista universalmente reconocido como un capo, un escritor fundamental, de increíble solvencia... yo no logro encontrar UNA historia de Fox que me cierre, y eso que lo leo desde los 11 años. Se suponía que este era un nuevo Hawkman, un concepto de los ´40 totalmente renovado. En la práctica, el único cambio importante es que en vez de ser terrestre es del planeta Thanagar, y en vez de arqueólogo, policía. Le agregan algunos poderes comprados en la mesa de saldos (volar fuera de la atmósfera, resistir las bajas temperaturas incluso semi-desnudo, comunicarse con los pajaritos) y nunca se explica del todo por qué carajo decide usar armas antiguas para combatir con criminales modernos.
Ni Hawkman ni Hawkgirl tienen profundidad como personajes. Son canas, luchan contra delincuentes, y punto. Protegen boludamente el secreto de sus identidades heroicas frente a un par de personajes secundarios pedorrísimos y le ganan de formas inverosímiles a ladrones de bancos y joyerías, más algún bicho alienígena, de esos que nunca faltaban en las revistas que coordinaba Schwartz. Con poderes chotos, origen choto, personalidad chota, secundarios chotos y villanos chotos, lo único que distingue a Hawkman y Hawkgirl, lo único que los eleva mínimamente de la masa anodina de justicieros enmascarados, es el hecho de que –a pesar de que se ven absolutamente humanos- son alienígenas. Y mal que mal, Fox aprovecha ese elemento tanto para gestar historias como para resolver algunas tramas que parecen demasiado complejas y que uno supone que –en las poquitas páginas que duraban las historietas en 1962- no se iban a poder resolver. Por supuesto son giros absolutamente frutihortícolas, apoyados en las complejas explicaciones científicas (o pseudo-científicas) tan típicas de la línea de Schwartz, con tecno-chiches ocultos en lugares imposibles, o efectos extraños de radiaciones, cristales y sustancias varias. Cuenta la leyenda que Fox cultivaba marihuana en su jardín y le daba de lo lindo... No se nota. Esto es más bien aventura clásica, formal, careta, sin riesgos y casi sin sorpresas.
Este libro sólo es recomendable para los muy fanáticos de Hawkman, o para los fanáticos de Kubert que prefieran ver los trabajos del maestro a color, o no se quieran fumar las muchas páginas del Showcase que no dibuja el maestro. Es un clásico, eso no lo discuto. Pero con todos los problemas que tenían los comics de DC de principios de la Silver Age, que para mi gusto eran muchísimos.
En una de esas, el libro es caro porque está íntegramente recoloreado por Tom Ziuko y seguramente en 1989 era muy complicado –y, por ende, muy caro- recolorear comics clásicos. Lo de Ziuko no es impresentable, pero claro, yo sigo prefieriendo este material en blanco y negro. El problema es que el primer Showcase de Hawkman no está todo dibujado por Kubert, sino que incluye muchas páginas de Murphy Anderson, que es muy lindo, muy fino, pero a mí me aburre bastante. El Viejo Joe, en cambio, deja la vida en cada viñeta y si no es aún mejor, es porque hay demasiadas viñetas por página. El Kubert de principios de los ´60 era una bestia, un dibujante de increíble dinamismo, de inobjetable elegancia, un Alex Raymond menos estático y con un manejo de la mancha y el pincel que lo acercaba a los próceres del bando “de enfrente”, el de Milton Caniff y Frank Robbins. Un dibujante clásico perfecto, reconocible, capaz de logros asombrosos incluso en un género como el de los superhéroes, en el que había incursionado poco en las décadas anteriores.
Pero claro, leés los guiones y la cosa se precipta rápidamente hacia el pantano de la intrascendencia. Gardner Fox es un guionista universalmente reconocido como un capo, un escritor fundamental, de increíble solvencia... yo no logro encontrar UNA historia de Fox que me cierre, y eso que lo leo desde los 11 años. Se suponía que este era un nuevo Hawkman, un concepto de los ´40 totalmente renovado. En la práctica, el único cambio importante es que en vez de ser terrestre es del planeta Thanagar, y en vez de arqueólogo, policía. Le agregan algunos poderes comprados en la mesa de saldos (volar fuera de la atmósfera, resistir las bajas temperaturas incluso semi-desnudo, comunicarse con los pajaritos) y nunca se explica del todo por qué carajo decide usar armas antiguas para combatir con criminales modernos.
Ni Hawkman ni Hawkgirl tienen profundidad como personajes. Son canas, luchan contra delincuentes, y punto. Protegen boludamente el secreto de sus identidades heroicas frente a un par de personajes secundarios pedorrísimos y le ganan de formas inverosímiles a ladrones de bancos y joyerías, más algún bicho alienígena, de esos que nunca faltaban en las revistas que coordinaba Schwartz. Con poderes chotos, origen choto, personalidad chota, secundarios chotos y villanos chotos, lo único que distingue a Hawkman y Hawkgirl, lo único que los eleva mínimamente de la masa anodina de justicieros enmascarados, es el hecho de que –a pesar de que se ven absolutamente humanos- son alienígenas. Y mal que mal, Fox aprovecha ese elemento tanto para gestar historias como para resolver algunas tramas que parecen demasiado complejas y que uno supone que –en las poquitas páginas que duraban las historietas en 1962- no se iban a poder resolver. Por supuesto son giros absolutamente frutihortícolas, apoyados en las complejas explicaciones científicas (o pseudo-científicas) tan típicas de la línea de Schwartz, con tecno-chiches ocultos en lugares imposibles, o efectos extraños de radiaciones, cristales y sustancias varias. Cuenta la leyenda que Fox cultivaba marihuana en su jardín y le daba de lo lindo... No se nota. Esto es más bien aventura clásica, formal, careta, sin riesgos y casi sin sorpresas.
Este libro sólo es recomendable para los muy fanáticos de Hawkman, o para los fanáticos de Kubert que prefieran ver los trabajos del maestro a color, o no se quieran fumar las muchas páginas del Showcase que no dibuja el maestro. Es un clásico, eso no lo discuto. Pero con todos los problemas que tenían los comics de DC de principios de la Silver Age, que para mi gusto eran muchísimos.
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