el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 22 de marzo de 2020

FALSA VISPERA DE FERIADO

Supuestamente mañana lunes es feriado, pero cuando llevamos varios días de cuarentena obligatoria y aislamiento, ya todos los días son igual de feriados. O sea que en vez de estar planificando una salida nocturna típica de víspera de feriado, estoy en casa tan al pedo como todos estos días previos (y los que vendrán). Aprovecho para reseñar un par de libritos que leí en estos días.
En 2004 se recopilaron en un hermoso libro llamado Bellas Artes un montón de chistes de Rep centrados en artistas plásticos, escultores, dibujantes e historietistas. De las pinturas rupestres hasta nuestros días, Rep satiriza el mundo del arte en viñetas repletas de ingenio, en las que asume riesgos importantes, como el de reproducir en su estilo muchísimos cuadros famosos. Lo que más me gustó es eso, esos ejercicios de mímesis en los que Rep recrea imágenes que ya vimos mil veces, y no sólo las hace 100% reconocibles sino que siempre logra filtrar su estilo personal, que se combina muy bien con el de los distintos artistas a los que parodia/ homenajea.
También aparecen muchos artistas caricaturizados, y ahí el autor sale airoso de otro desafío que es el de lograr la resemblanza con la persona real sin que el trazo deje de ser claramente humorístico. Esto es algo que Rep logró con creces en la recordada serie Los Alfonsín, pero que después no retomó en obras posteriores. Así que fue otra grata sorpresa, ver que no perdió para nada la mano para caricaturizar personas reales. De especial interés me resultó el capítulo dedicado a los chistes con historietistas y personajes de historieta, en los que Rep juega con el Yellow Kid, Krazy Kat, Patoruzú, La Mujer Sentada, Mickey Mouse, Robert Crumb, Quino y el Viejo Breccia, entre otro íconos.
El libro (editado por Sudamericana) es muy grande, y no me va a ser fácil encontrarle un lugar razonable para guardarlo en la biblioteca. Seguramente esto mismo se podría haber disfrutado igual en un tamaño más chico. Pero el contenido amerita, sin ninguna duda, comprar el libro y atesorarlo, más allá de cualquier “pero” que pueda generar la elección del formato.
Me voy a EEUU, año 2008, cuando Dark Horse publica B.P.R.D. 1946, una saga protagonizada por el Profesor Trevor Bruttenholm en la época en la que el Bureau era una organización muy incipiente y Hellboy todavía era muy chiquito como para andar viviendo locas aventuras por distintos lugares del planeta. Mike Mignola y Joshua Dysart co-escriben un guión muy oscuro, donde el horror tiene muchísimo peso en la trama. Estamos en una Berlín recientemente arrebatada de las manos de Adolf Hitler por rusos y yankis, que ahora se reparten la otrora capital del Tercer Reich y empiezan a descubrir planes muy jodidos que los nazis no lograron llevar a cabo.
En este caso, Bruttenholm pacta una alianza con las fuerzas soviéticas (lideradas por Varvara, el mejor personaje de la saga) para investigar lo que pudo haber sido el Proyecto Vampir Sturm, una macabra operación que consistió en inyectarle sangre de vampiros a los internos de un manicomio para luego lanzarlos contra EEUU. Por supuesto Bruttenholm y los suyos evitarán que esto se concrete, no sin antes soportar cuantiosas pérdidas, sucumbir ante el miedo a lo inexplicable y rosquear con demonios y otras criaturas de dudosa profilaxis. Se podría haber contado lo mismo en cuatro episodios en vez de cinco, pero en general el guión está bien logrado, crea tensión, le da chapa a los personajes correctos y recrea muy bien la época, ese momento en el que –ya sin los nazis de por medio- los EEUU y la URSS empiezan a plantear cómo va a ser la segunda mitad del Siglo XX.
El dibujante elegido para esta saga (Vol.9 de la serie del B.P.R.D.) fue Paul Azaceta, a quien me había cruzado alguna vez en alguna antología, pero de quien no tenía obras más extensas. Azaceta se zarpa un poco con el uso de fotos retocadas para los fondos y tiene un trazo sintético, grueso, que le queda bien a una historia de terror. Es como un John Paul Leon con mucho menos detalle, y con momentos que me hicieron recordar a dibujantes argentinos como Jorge Zaffino, Gustavo Trigo, los trabajos más oscuros de Leopoldo Durañona… o incluso a dibujantes italianos de Dylan Dog. Los demonios y los chimpancés tienen –lógicamente- mucho de la estética de Mignola, y el color (a cargo de Nick Filardi) abusa un poco de los tonos oscuros sobre todo en los tres primeros episodios.
No está mal. Si sos fan del B.P.R.D., o si siempre quisiste ver al Profe Bruttemholm calzarse la pilcha de héroe protagónico de una saga, o si lo ves barato, entrale con confianza.

Y hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, habrá un nuevo posteo acá en el blog.

jueves, 5 de julio de 2012

05/ 07: B.P.R.D.: BEING HUMAN

Bueno, lo confieso: me engañaron como a una quinceañera en estado de ebriedad... El resumen del Previews nombraba a Mike Mignola, Richard Corben, Guy Davis, John Arcudi y un montón más que ni conocía, pero con esos cuatro ya me habían vendido el tomo. No te digo que haya parecido una abominación infumable, pero la verdad es que yo esperaba mucho más.
La primera historia es un larguísimo flashback a la primera misión de Liz Sherman para el B.P.R.D.. Acá apenas aparece Mignola como co-guionista, junto a Scott Allie (coordinador de la serie), y con Karl Moline como dibujante. La historia no es chota, pero está absurdamente estirada. No había forma de que esto requiriera 66 páginas para llegar a la resolución a la que finalmente llega. Lo único positivo es que sobra espacio para desarrollar a los personajes y Allie y Mignola lo aprovechan para darnos un excelente pantallazo de qué le pasaba por la cabeza a Liz en esta etapa de su vida. El dibujo de Moline se pasa un poquito de bonito, de tierno, a tal punto que su Trevor Bruttenholm parece un tipo de 35 años y sus criaturas espectrales, al lado de las de Corben o Mignola, son la Reina de la Promoción (como San Lorenzo). Urgente un título con superhéroes jovencitos y cool para Moline.
Después viene una dibujada por el ídolo máximo del B.P.R.D., el genial Guy Davis! Pero dura apenas ocho páginas, la puta que los parió, y el guión (de nuevo de la dupla Allie-Mignola) es una anécdota menor, casi intrascendente.
La siguiente historia es la que le da título al libro. Son 28 páginas protagonizadas por Hellboy y Roger el Humúnculo, con guión de Mignola y dibujos de Corben. Acá la puntería levanta bastante. Por ahí la trama no es super-ganchera, pero lo que le interesa a Mignola es ahondar en los personajes, especialmente en Roger, quien –como Liz en la primera historia- se embarca en su primera misión para el Bureau. Y le sale muy bien: los momentos en los que cobran relevancia las personalidades de estos freaks son invariablemente grandes momentos. Corben no mezquina nada, sino que por el contrario, se esfuerza para que cada viñeta, cada angulación, cada clima, te ponga los pelos de punta. El maestro Dave Stewart se da cuenta de que el gigante de Kansas pone mucho más que lo indispensable y por eso se desloma para que su mágica paleta photoshopera lo haga verse aún mejor.
Y el nunca bien ponderado John Arcudi llega para el postre, una aventura de 24 páginas co-escrita con Mignola en la que nos cuentan cómo muere y cómo se integra al B.P.R.D. el cada vez más grosso Johann Kraus. Los guionistas titulares de esta serie se zarpan creando para este relatos a un villano MUY heavy, de inmenso potencial, al que –por lo menos a simple vista- Kraus va a despachar definitivamente sobre el final de la historia. Ojalá hayan encontrado algún vericueto para que este sorete abyecto de Wieland Lorst pueda volver a hacer de las suyas. Lo cierto es que, sin ser brillante, es una historia sólida y entretenida, con un muy buen giro final. El dibujante, pobrecito, todavía está muy lejos de poder sentarse a la mesa con Guy Davis y Corben. Se llama Ben Stenbeck y tiene potencial, no es un muerto irredimible, pero le falta.
En la definición por penales y cortando clavos con el orto, B.P.R.D.: Being Human logra la clasificación para la siguiente ronda porque no tiene ni guiones ni dibujos que nos falten el respeto y porque son todas historias importantes (o por lo menos relevantes) en términos del background de los personajes más destacados de la ya longeva serie. Si tu excusa para engancharte con B.P.R.D. son los dibujos de Guy Davis, acá no corre. Ahora, si sos muuuuy fan de Corben y preferís fumarte todo este TPB en vez de buscar Being Human en formato de revistita pedorra, no seré yo quien te tilde de enfermito fuera de control, porque esas 28 páginas son realmente majestuosas.

martes, 7 de diciembre de 2010

07/ 12: B.P.R.D. Vol.7


Sí, ya sé: la última vez que comenté un tomo de B.P.R.D. fue el Vol.4. Pero bueno, el 5 jamás lo conseguí (se aceptan donaciones) y el 6 lo tengo de hace mucho, lo leí antes de empezar el blog. Básicamente, lo que vemos en ese tomo es:
1) Una aventura bastante estirada protagonizada por Kate Corrigan.
2) Un flashback que nos revela quién, cómo y por qué le desfiguró la cara al Capitán Daimio.
3) La muerte de Roger el Homúnculo, al que se ve que le dieron murra de la buena en el Vol.5.
Y es casi coherente pasar del Vol.4 al Vol.7, porque acá el tema central gira en torno a la vida de Abe Sapien antes de su mutación, y fue en el Vol.4 donde lo vimos recuperar los primeros recuerdos de su antigua identidad, de su pasado como Langdon Everett Caul. John Arcudi y Mike Mignola se tomaron su tiempo para retomar el plot de la vida anterior de Abe, pero la pensaron MUY bien. Acá está perfectamente explicado quién era, qué hacía, quién y por qué lo sometió al experimento que lo convirtió en un anfibio y además qué fue de la vida de la gente que rodeaba a Langdon Caul allá por 1860. En cualquier otra serie, nadie supondría que ninguno de ellos sigue vivo 150 años después, pero esto es B.P.R.D. y acá eso es tan normal como los travas en el programa de Anabella Ascar. La respuesta a cómo, por qué y para qué siguen vivos los viejos (viejísimos) camaradas de Caul constituyen el tronco de esta atractiva saga.
Que dura más de 120 páginas, pero podría durar traquilamente 70. Los guionistas eligen estirarla con un salpicado de escenas tranqui: charlas de Kate y Liz en la oficina, de Kate y Abe frente a la tumba de Roger, y la investigación de Johann en los archivos del recontra-subsuelo del bunker del B.P.R.D., donde encuentra datos grossos y sorprendentes sobre el pasado de Daimio. A la hora de la machaca, el único que reparte y cobra es Abe el Escamoso, y Daimio le hace la segunda a la hora de impedir que se concrete el ambicioso plan de los villanos, pero sin entrar en combate. O sea que la acción está muy bien balanceada con el desarrollo de los personajes y con la siembra de puntas argumentales para el tomo siguiente. Así, vale la pena que la mini tenga cinco episodios en vez de tres.
B.P.R.D. debe ser una serie difícil de escribir. Mitad porque todos los protagonistas fueron pensados para ser secundarios (de Hellboy, obvio) y mitad porque la gracia es que siempre pasen cosas imposibles, limadas, inverosímiles, pero a las que los guionistas tienen la obligación de explicar y de hacernos sentir que son reales, porque la fantasía de este universo tiene un fuerte anclaje en la realidad (por eso Hellboy no interactúa más con el B.P.R.D.; ahí Mignola explora otro tipo de fantasía). Parece mentira pero, saga tras saga, Arcudi y Mignola se las ingenian para que cada freakeada pasada de rosca que aparece en la serie tenga sentido y coherencia.
Por suerte para ellos, se pueden apoyar en la magia visual del glorioso Guy Davis, dibujante y narrador del hiper-carajo, que –sin despegarse del todo de la estética mignoleana- le da a este universo su inconfundible toque personal. Davis la rompe a la hora de dibujar gente común, monstruos, máquinas, animales, ciudades, selvas, mansiones victorianas, bunkers mega-tecno, lo que quieras. Si se empantana en algún diseño, consulta con Mignola, que la tiene clarísima. Y si no, se dedica a desparramar talento por las viñetas, a deslumbrarnos con sus manchas, con sus climas, con esos fondos impresionantes… todas cosas que nuesto colorista favorito, el maestro Dave Stewart, entiende y potencia como el grosso que es. Davis en B.P.R.D., Fegredo y Corben en Hellboy… Mignola resultó un boludo bárbaro a la hora de elegir dibujantes, no?

viernes, 8 de enero de 2010

08/ 01: B.P.R.D. Vol.4: THE DEAD


Y sí, estoy prendido fuego con Guy Davis. Estoy más cebado que el Virrey Ceballos en el CBC. Enseguida me puse a buscar algo de Davis que tuviera sin leer y así caí en este gran recopilatorio del B.P.R.D., co-escrito por Mike Mignola y John Arcudi y dibujado por este monstruo supremo del Noveno Arte.
The Dead viene justo después de Plague of Frogs y es cuando B.P.R.D. pela chapa de serie en serio, ya no de mero spin-off de Hellboy. Acá vemos cómo se suma un miembro nuevo (el Capitán Ben Daimio), cómo se explica minuciosamente el pasado de Abe Sapien, y cómo Liz, Roger y Johann se mudan del viejo edificio de Connecticut a una mega-base en una montaña de Colorado donde –fiel al estilo del B.P.R.D.- los esperan más peligros que si salieran a pasear por el Bajo Flores a las tres de la mañana disfrazados de los Teen Angels.
Cuando ya parecía que no había forma, Mignola y Arcudi se las ingenian para hacer aparecer a… más villanos nazis! Es increíble cómo los guionistas yankis pelan todo el tiempo nuevos villanos nazis. Creánme: Vamos a estar en el año 2340, nadie se va a acordar de qué carajo era la Segunda Guerra Mundial, y los comics yankis van a seguir poblados de villanos del Tercer Reich. En esta ocasión la amenaza es creíble, y además está al nivel de poder que maneja el B.P.R.D. en esta nueva y recontra-upgradeada locación.
El aporte de John Arcudi a la serie es notable, en el sentido de que se nota. Esta saga no se lee igual que las que escribía Mignola en solitario. Y eso está muy bueno, además. El caso de Arcudi es raro: es un guionista que se cansó de cosechar fracasos… con trabajos de MUY buen nivel! El tipo creó a Major Bummer (gran serie que leíamos cinco boludos y que catapultó a la fama a Doug Mahnke) y la rompió en títulos segundones del mainstream como Thunderbolts, Gen13, Doom Patrol y Aquaman, ante la atenta mirada de seis o siete fans y el ninguneo de la gran masa del pueblo comiquero. Acá por suerte le toca mojar en un título que funciona más allá de la convocatoria que él pueda aportar, o sea que no se lo van a cancelar, ni a rajarlo a la primera de cambio, como le pasó tantas veces.
El trabajo de Guy Davis acá es muy distinto que el que nos genocidó las neuronas en The Marquis. Casi todas las páginas tienen cinco cuadros o menos, lo cual le permite jugar con una narrativa más descomprimida. La propia impronta del guión le exige mantener la sensación de freakeada todo el tiempo: no hay una página en la que uno no sienta que puede pasar cualquier cosa, y cuando pasan “esas” cosas, Davis no escatima impacto ni grandilocuencia. Además es impresionante cómo un tipo que demostró semejante dominio del blanco y negro, se complementa a la perfección con un colorista. Está bien… no es cualquier colorista. Es Dave Stewart, el violero de Eurythimcs… digo, el colorista top de Dark Horse y uno de los tres o cuatro más grossos de los EEUU. De cualquier manera, la simbiosis entre Stewart y Davis es sorprendente y magistral.
Y por supuesto, el ídolo hace acá algunas de las cosas que ya mostró en su obra magna: Se luce con los fondos y los trajes, crea unos monstruos alucinantes y trabaja las expresiones faciales con tanta sutileza y tanta precisión, que estas nos cuentan muchísimo acerca de los personajes. Parte del conflicto de la trama es que el Capitán Daimio aparece de la nada y toma las riendas del equipo, y Liz desconfía de él, no sólo porque le falta un cacho de cara y acaba de verlo resucitar (que sería lógico, no? ¿O vos tenés muchos amigos con media cara y tres días de hospedaje con todo pago en la morgue?), sino porque no sabe nada sobre Daimio, su historia y su forma de ser. Pero claro, Liz no lee la historieta dibujada por Davis. Nosotros sí, y es impresionante lo mucho que sabemos acerca de Daimio sólo por las expresiones que el ídolo le dibuja en el rostro.
En general, los arcos de transición entre sagas grossas suelen naufragar en el Océano de la Intrascendencia, pero esta vez, gracias a la incorporación de Arcudi y el gran momento por el que pasaba Guy Davis, B.P.R.D. ganó todos los partidos de la pretemporada y llegó al Clausura con el equipo en condiciones de “pelear allá arriba”. Cuando lea el Vol.5, les cuento cómo le fue…