Se termina esta gloriosa serie que a lo largo de 40 episodios le supo dar brillo y prestigio al mainstream de DC.
Los nueve números finales arrancan con un unitario magnífico, muy tenso, muy bien llevado y al que Greg Rucka remata con la imprevista aparición de un personaje de los conocidos, de los clásicos super-freaks de Gotham, para una vuelta de tuerca macabra y fascinante. Este unitario marca el pulso de lo que veremos en el resto del tomo: mucho protagonismo para Reneé Montoya y Crispus Allen y sobre todo para Jim Corrigan, irredimible cabecilla de una espeluznante red de corrupción que funciona adentro de la policía de Gotham. El dibujo es del maestro Steve Lieber, acá en su estilo más cercano al de Sean Phillips.
Rucka une fuerzas con Ed Brubaker para el siguiente arco, el de los Robin muertos. Esta es una historia típica de esta serie, bien centrada en los procedimientos policiales, con el protagonismo más repartido entre los distintos inspectores y con otra aparición bastante breve (y perturbadora) de Batman. En el dibujo se combinan el español Kano y el italiano Stefano Gaudiano y el resultado, sin ser brillante, no está mal.
Hay un unitario más de Rucka y Lieber, esta vez una especie de tie-in con Day of Vengeance, una de las miniseries que desembocaron en la intrascendente y vendehumo Infinite Crisis. Esa saga gradilocuente al pedo la escribia Rucka y bueno, decidió mostrarla desde la óptica de un humano común y corriente, en este caso Crispus Allen, quien más adelante tendrá bastante que ver con la magia, la ira de Dios y demás chamuyos místicos.
Y lo mejor del tomo llega al final, con la última trilogía, a cargo de Rucka, Gaudiano y Kano. Si ya sabías que Crispus Allen en algún momento iba a asumir el rol del Spectre, probablemente te preguntabas cómo y dónde murió. Bueno, acá Rucka se juega la vida y los cantos al hacer boleta (pero boleta de verdad) a uno de los protagonistas excluyentes de Gotham Central. Que es lo que deberían hacer todos los guionistas cuando está por cerrar una serie en la que hay personajes que ellos mismos crearon, no? En fin, lo cierto es que Allen está muy cerca de exponer a la red mafiosa de Corrigan y este le baja un cargador entero por la espalda. Montoya descubre que Allen investigaba a Corrigan y pronto todo el elenco está buscando pistas que incriminen al corrupto.
Esta saga es perfecta por muchos motivos: por la intensidad dramática, por cómo afecta a los personajes la muerte de Crispus, porque no aparecen freaks disfrazados, por la impotencia que te da ver cómo el villano zafa, porque los buenos pierden y porque lo que vos creés (convencidísimo) que va a pasar al final (Montoya se pudre y boletea a Corrigan a sangre fría) no pasa. Ese giro del final, esa anteúltima secuencia en la que Montoya tiene la oportunidad de vengar a su amigo y acabar con un corrupto hijo de mil putas, le pega un upgrade tan grosso al personaje que decís “Ah, bueno... ahora sí, Montoya no tiene límites en cuanto a la cantidad de chapa que puede llegar cosechar”.
Lástima que no fue así. Tras este magistral cierre de Gotham Central, Rucka siguió adelante con las aventuras de Allen y Montoya, ahora mucho más integrados al circo superheroico (Allen como el nuevo Spectre y Montoya como la nueva Question), pero todo fue cuesta abajo. Con capas y máscaras, estos dos personajones no dieron nunca el jugo que daban con sobretodo y reglamentaria. Ni siquiera cuando los escribió Rucka. Pero bueno, nada de eso empaña la importancia de estos cuatro brolis de Gotham Central en los que Rucka y Brubaker nos hicieron fans de la policía a fuerza de historias tan pero tan fuertes, tan complejas, tan humanas, tan reales que cuesta creer que estuvieran ambientadas en la misma Gotham en la que transcurren tantas aventuras chotas u olvidables de Batman y sus bati-amigos. Ovación de pie para estos dos grandes guionistas, hoy alejados de un mainstream que, evidentemente, les queda chico.
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jueves, 20 de diciembre de 2012
viernes, 27 de abril de 2012
27/ 04: GOTHAM CENTRAL Vol.3
Otro tomo pulentoso, con nueve episodios de la serie que supo jerarquizar al mainstream de DC en la primera mitad de la década pasada. Esta vez, no hay que padecer a los horrendos dibujantes que nos infligieron en el Vol.2 y eso sin dudas se agradece. Tenemos tres episodios dibujados a cuatro manos por el glorioso Michael Lark y el más que correcto Stefano Gaudiano y este último formará equipo con varios entintadores para cuatro episodios más. Al Gaudiano solista se le notan un poquito más los hilos de la marioneta: cuando mete referencias fotográficas (o sea, cada vez que tiene que dibujar fondos mínimamente elaborados) lo hace de modo muy obvio, no integra las fotos al dibujo con la misma cancha que Lark. Y rompe más veces la grilla de cuatro tiras, que para Lark era casi sacrosanta. Igual se la re-banca, incluso cuando le cambian los entintadores cada 20 páginas, algo que –me imagino- debe ser frustrante (cuando no irritante) para cualquier dibujante. En definitiva, los siete episodios escritos por Greg Rucka cuentan con el respaldo de dibujantes o de primera línea, o de segunda, pero compenetrados, poniendo huevo.
Ed Brubaker, el otro guionista de la serie, acá aporta apenas un arco de dos episodios, protagonizado por Josie Mac y con Catwoman como figura invitada (fijate cómo el término “figura” me permite no definirla ni como villana ni como heroína). La historia es realmente excelente y combina a la perfección un intenso misterio policial con un gran desarrollo de personajes. Y a nivel dibujo, Brubaker también se sacó la lotería: le tocó trabajar con Jason Shawn Alexander, a quien ya vimos en alguna antología de Dark Horse y en alguna aventura de Hellboy. El estilo de esta bestia no se parece en nada al de Lark, ni en el dibujo ni en la narrativa. Va más bien para el lado de Michael Gaydos o –en sus mejores momentos- Dave McKean. Como esos referentes, no se abstiene de laburar sobre fotos incluso los primeros planos de las caras, pero labura de verdad, no chorea con el Flicker como tantos otros ladris. Y sobre todo, tiene mucha onda, mucha personalidad. Otro hallazgo.
¿Qué onda los guiones de Rucka? A ver, el arco más extenso, el del Doctor Alchemy, es de una crueldad desmedida. Acá los buenos pierden por goleada, después de dejar la vida para tratar de revertir la maldad que este enemigo de Flash le hace a un pobre policía de Gotham. Es una historia tensa, con bastante machaca, pero sobre todo retorcida, perversa y triste.
Su arco de dos episodios (titulado simplemente “Corrigan”) es bien de procedimiento. Acá no importa tanto contra quién va la cana, ni cómo resuelve el caso, sino cómo zafa Crispus Allen de quedar pegado en un crimen por una tramoya de un policía corrupto. En las dos historias tiene mucha, demasiada chapa Reneé Montoya, que en el tomo anterior casi no aparecía y a la que Rucka va a seguir potenciando hasta convertirla en The Question (error garrafal, pero bue).
Me queda un unitario, Lights Out, que cuenta cómo la policía de Gotham decide deshacerse de la batiseñal. El conflicto es arduo, espeso, complejo, pero se resume así: el comisionado Akins no confía en Batman y sostiene que la cana no puede exhibir abiertamente su vínculo con un justiciero que opera por afuera de la ley. Y lo sostiene a full, eh? La escena final, en la que el bati-oreja sale de las sombras para aclarar los tantos con Akins es sencillamente brillante.
Y no hay más. Bueno, sí, queda un cuarto tomo que todavía no leí. Y por supuesto, la recomendación para que te enganches con Gotham Central y la banques hasta el final, porque es una cátedra ejemplar de historieta policial, de historieta de “gente normal” en un mundo repleto de super-freaks, y de historieta 100% de autor inserta en un mainstream en el que mandan el pochoclo, la estridencia y el más de lo mismo. Papa MUY fina.
Ed Brubaker, el otro guionista de la serie, acá aporta apenas un arco de dos episodios, protagonizado por Josie Mac y con Catwoman como figura invitada (fijate cómo el término “figura” me permite no definirla ni como villana ni como heroína). La historia es realmente excelente y combina a la perfección un intenso misterio policial con un gran desarrollo de personajes. Y a nivel dibujo, Brubaker también se sacó la lotería: le tocó trabajar con Jason Shawn Alexander, a quien ya vimos en alguna antología de Dark Horse y en alguna aventura de Hellboy. El estilo de esta bestia no se parece en nada al de Lark, ni en el dibujo ni en la narrativa. Va más bien para el lado de Michael Gaydos o –en sus mejores momentos- Dave McKean. Como esos referentes, no se abstiene de laburar sobre fotos incluso los primeros planos de las caras, pero labura de verdad, no chorea con el Flicker como tantos otros ladris. Y sobre todo, tiene mucha onda, mucha personalidad. Otro hallazgo.
¿Qué onda los guiones de Rucka? A ver, el arco más extenso, el del Doctor Alchemy, es de una crueldad desmedida. Acá los buenos pierden por goleada, después de dejar la vida para tratar de revertir la maldad que este enemigo de Flash le hace a un pobre policía de Gotham. Es una historia tensa, con bastante machaca, pero sobre todo retorcida, perversa y triste.
Su arco de dos episodios (titulado simplemente “Corrigan”) es bien de procedimiento. Acá no importa tanto contra quién va la cana, ni cómo resuelve el caso, sino cómo zafa Crispus Allen de quedar pegado en un crimen por una tramoya de un policía corrupto. En las dos historias tiene mucha, demasiada chapa Reneé Montoya, que en el tomo anterior casi no aparecía y a la que Rucka va a seguir potenciando hasta convertirla en The Question (error garrafal, pero bue).
Me queda un unitario, Lights Out, que cuenta cómo la policía de Gotham decide deshacerse de la batiseñal. El conflicto es arduo, espeso, complejo, pero se resume así: el comisionado Akins no confía en Batman y sostiene que la cana no puede exhibir abiertamente su vínculo con un justiciero que opera por afuera de la ley. Y lo sostiene a full, eh? La escena final, en la que el bati-oreja sale de las sombras para aclarar los tantos con Akins es sencillamente brillante.
Y no hay más. Bueno, sí, queda un cuarto tomo que todavía no leí. Y por supuesto, la recomendación para que te enganches con Gotham Central y la banques hasta el final, porque es una cátedra ejemplar de historieta policial, de historieta de “gente normal” en un mundo repleto de super-freaks, y de historieta 100% de autor inserta en un mainstream en el que mandan el pochoclo, la estridencia y el más de lo mismo. Papa MUY fina.
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sábado, 3 de diciembre de 2011
03/ 12: GOTHAM CENTRAL Vol.2

Segundo hiper-TPB con 12 números de aquella maravillosa serie que supo jerarquizar al mainstream de DC en la primera mitad de la década pasada. Y la verdad es que es un libro largo, denso, con mucho para leer. Esta no era la típica serie en la que en cada numerito mensual no pasaba un carajo y eso se nota mucho al leer 12 episodios seguidos. Acá sí, el TPB normal, el de seis numeritos, también garpaba. Y el de 12 directamente te devasta.
Arranca con unitario muy lindo centrado en Stacy, la recepcionista que tiene entre sus funciones la de encender la bati-señal cuando se pudre todo. Después viene una saga larga contra el Joker, por ahí la más impactante del tomo, pero seguramente no la mejor. Está muy buena porque te pone muy nervioso, nunca sabés quién puede llegar a ser boleta, ni cómo. Pero siempre sospechás que al final va a tener mucho peso Batman y eso, si bien no es trampa (porque es parte de la consigna de cualquier serie ambientada en Gotham), no es lo ideal. En realidad lo ideal sería que los canas se las rebuscaran para ganarle a los villanos, pero como eso les restaría mucha chapa a estos últimos, los guionistas siempre se guardan al bati-oreja como último recurso. Por supuesto, este es un Joker malo de verdad, extremadamente jodido, y los costos que va a haber que pagar para frenarlo van a ser altísimos.
Después viene una trilogía muy, muy buena, Life is Full of Dissapointments, que tiene varias particularidades. Por un lado, no aparece ningún villano disfrazado, es el típico caso policial donde lo importante es la investigación, el procedimiento. Y por el otro, los guionistas pelan un truco muy lindo gracias al cual el protagonismo va pasando de mano en mano y varias duplas de inspectores tienen la oportunidad de lucirse. Ah, y aparece unas paginitas Huntress, pero no revolea una sóla patada.
Para terminar, otro arco extenso, esta vez con dos villanos implicados (aunque uno resulta no tener nada que ver con el crimen que investiga la cana) y esta vez con protagonistas mucho más definidos: casi todo pasa por la dupla integrada por Marcus Driver y Josie MacDonald. Pero aún así, ambos inspectores son eclipsados por una figura del pasado del G.C.P.D., el glorioso Harvey Bullock, que reaparece luego de su expulsión de la fuerza (algo que sucedió antes del inicio de esta serie) y cumple un rol absolutamente central (e impredecible) en la saga.
Con estas tramas y estos personajes, Ed Brubaker y Greg Rucka vuelven a dar cátedra acerca de cómo se cuenta un policial bien pensado, creíble, rico y jugado en un universo donde existen los superhéroes. Casi no aparece Renée Montoya, que era la que más chapa tenía en los primeros números, hay poco Maggie Sawyer, poco Crispus Allen, cero James Gordon, pero aún así el elenco conjurado por Rucka y Brubaker demuestra su enorme potencial, su profundidad, su carnadura humana, esa complejidad que los hace ver más de carne y hueso que de papel y tinta.
Y si hay algún pero, pasa por el lado de los dibujantes. En el tomo anterior nos malacostumbramos a tener en todos los episodios al maestro Michael Lark, y acá el ídolo dibuja apenas un puñadito de páginas. De los que vienen del banco de suplentes, el único que no da lástima es Stefano Gaudiano, que por suerte dibuja bastantes episodios. Los otros dos, Brian Hurtt y especialmente Greg Scott, son dibujantes limitadísimos, a los que les falta tomar hectolitros de sopa para aspirar siquiera al nivel de Lark. Con un Lark inspiradísimo, un Gaudiano más que correcto, un Hurtt al que se le notan las limitaciones y un Scott casi impresentable, la faz gráfica del tomo termina por verse bastante despareja, pero por suerte, las dos sagas más largas tienen a Lark, a Gaudiano e incluso a los dos juntos, los dos compenetrados en darle sentido, contenido y belleza a la grilla de cuatro tiras (sumamente infrecuente en los comic-books yankis) y en pintar una Gotham mucho menos estridente y más real que la que en esos mismos años (2003-04) mostraba –por ejemplo- Jim Lee en la saga de Hush.
Más allá de los dibujos, este es un comic de autor de gran nivel, que recontra-merece ser descubierto, o re-descubierto por los lectores de hoy, sobre todo ahora que está tan de moda ser fan de Brubaker.
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miércoles, 15 de junio de 2011
15/ 06: GOTHAM CENTRAL Vol.1

Ah, bueno… así cualquiera se hace fan de la policía. Esto es mainstream finoli-finoli, comic 100% de autor, pero ambientado en Gotham y con Batman de personaje casi terciario, de esos que aparecen medio de keruza a hacer un mínimo aporte cuando la trama ya está totalmente cocinada. Ed Brubaker y Greg Rucka plantean esta serie como un comic policial clásico, al estilo de las series de TV tipo NYPD Blues, pero aceptan una regla básica: los canas no le pueden ganar a los villanos de Gotham. Pueden investigar, los pueden acorralar, pero no bajarlos de un tiro ni de una trompada. Para eso está Batman. Y está perfecto, porque si no, le baja mucho la chapa a los villanos. Que te ganen Robin o Batgirl ya es bastante humillante, como para que encima te gane un inspector de policía. Y la onda es que los villanos den miedo, no lástima ni risa. De todos modos, y si bien hay villanos conocidos detrás de todos los casos que investiga la Major Crimes Unit en este tomo, Brubaker y Rucka se esfuerzan porque aparezcan poco, por mantenerlos en las sombras lo más posible, para concentrarse lo más posible en los canas comunes y corrientes, como enseñaran los maestros Kurt Busiek (en Astro City) y Brian Michael Bendis (en Powers).
Todavía no termino de decidir qué es lo que más me gustó de este tomo. Estoy entre la construcción de los personajes y el ritmo elegido para contar las historias. Ambas cosas son muy, muy notables y además muy originales, muy propias de esta serie. Y son los dos elementos que –increíblemente potenciados por el equipo creativo- revierten la sensación inicial que produce la consigna “un comic sobre los canas de Gotham”. Sensación que, a priori, va para el lado de “¿A quién le importan estos losers inoperantes, a los que Batman les vive sacando las papas del fuego?”, encima con el agravante de que James Gordon y Harvey Bullock no son parte del elenco de la serie. Pero está Renée Montoya (a la que acá le darán containers llenos de chapa), está Maggie Sawyer (creada por John Byrne para su etapa en Superman), está Crispus Allen (que tenía roles muy chiquitos en las Detective que escribía Rucka y después terminará laburando de Spectre) y hay un montón de canas a los que yo no conocía y que no sé si fueron creados para esta serie o no. Entre todos se arma un elenco diverso, rico, donde cualquiera puede ser protagonista de un arco argumental. El arco más extenso del tomo tiene a Montoya como estrella indiscutida, pero se nota mucho la intención de trabajar con “el héroe grupal” que impulsaba Oesterheld en los ´50.
Las tramas están perfectamente construídas, sin saltos al vacío, sin exabruptos. Todo respeta un orden, un protocolo, y resulta –por ende- mucho más real que cualquier otro comic ambientado en Gotham. Acá no existe el “palo y palo”. El ritmo es pausado, tranqui. Las historias avanzan a fuerza de diálogos, de silencios, de observación, de paciencia, de investigación minuciosa. Hay tiros y trompadas, pero poquitos, y en los momentos en que se hacen inevitables. Rucka demostró su talento para los comics de investigación y espionaje en Queen & Country y Brubaker logró maravillas en el género policial con títulos como Criminal, así que no me sorprendió para nada el nivel que exhibe la dupla en Gotham Central.
El que me dejó boquiabierto fue Michael Lark, el dibujante, Ya había leído varios trabajos suyos, dentro y fuera del policial, pero nunca estuvo tan afilado como en esta serie. Posta, cada secuencia es perfecta. Las caras, el lenguaje corporal, todo es increíble. El armado de la página casi siempre respeta las cuatro tiras de viñetas y nos recuerda a cuando las tiras de los diarios estaban bien dibujadas. Hay mucha referencia fotográfica, claro, pero está perfectamente integrada al estilo gráfico de Lark, basado en la síntesis, la mancha y los climas tirando a oscuros. A Lark le sientan bárbaro tanto el grado de realismo como el ritmo pachorro que Brubaker y Rucka le dan a las historias. Y está tan cómodo que no falta nunca: se dibuja la vida (supongo que con asistentes) en los 10 episodios del tomo. Muy, muy grosso el aporte de Lark para elevar el nivel de esta serie y dotarla de una identidad propia, a años luz del pochoclo barato y el “más de lo mismo”.
Gotham Central duró apenas 40 números y vendió más bien poco (en revistitas, los libros anduvieron mejor), pero mientras duró fue un chispazo de gloria, amado por la crítica y los jurados de los todos premios. ¿Ves? Ahí hay una serie que valdría la pena relanzar en Septiembre con un nuevo número uno. Pero si la escribieran Rucka y/o Brubaker, porque si se la dan a Scott Lobdell o a Tony Daniel no la leo ni drogado.
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