el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 23 de julio de 2019

ESSENTIAL X-MEN Vol.3

Un año y puchitos después de haber leído el Vol.2 (ver reseña del 11/07/18) vuelvo a la carga con esta relectura de toda la etapa de X-Men a cargo del maestro Chris Claremont.
Este tomo recupera los nº 145 al 161, el grueso de la segunda etapa de Dave Cockrum como dibujante de la serie, allá por 1981-82. El trabajo de Cockrum es desparejo, con excelentes primeros planos, aceptables planos medios y desastrosas pifias cuando tiene que dibujar a los personajes de cuerpo entero tomados de lejos. El entintado elegante y algo sobrecargado de Joe Rubinstein lo levanta mucho, pero cuando lo complementan las tintas de Bob Wiacek, las limitaciones de Cockrum quedan mucho más expuestas. En los episodios en los que Cockrum descansa y en los Annuals tenemos algunos suplentes interesantes: un temprano Bill Sienkiewicz que se empieza a despegar de a poquito de Neal Adams y pela chapa de campeón, un Brent Anderson todavía un poco tímido (mucho mejor en el Annual 5 que en el nº 160, el siempre eficaz Bob McLeod y un primerizo John Romita Jr., bastante rústico, al que las tintas de McLeod y su solvencia para la narrativa gráfica ayudan a salir bien parado. O sea que, sin ser catastrófica, la faceta visual de este Essential está bastante por debajo de la del Vol.2, donde la dupla integrada por John Byrne y Terry Austin nos dejaba algunas de las mejores páginas publicadas por Marvel en sus primeros 20 años de historia.
Vamos a los guiones, a ver qué tiene para ofrecernos Chris Claremont. Lo primero que me llamó la atención es la CERO CHAPA que tiene Wolverine. Nadie que lea este Essential puede siquiera imaginarse que pocos años después el petiso canadiense sería una figura central del Universo Marvel. Acá está groseramente pintado al óleo. Nightcrawler no tiene mucho más protagonismo, excepto por uno de los Annuals, que gira en torno a su origen. Colossus aporta un poquito más, Cyclops tiene unas cuantas escenas memorables en esos números en los que reaparece Corsair y le blanquea que en realidad es su padre, y la chapa grossa, los roles realmente importantes, Claremont se los reserva a Storm y Kitty Pryde, lejos los personajes que más se desarrollan a lo largo de estas 528 páginas. Con Kitty, el guionista juega a que los lectores jóvenes se sientan identificados, y con Ororo, juega a plantarte al Personaje Perfecto, la heroína recontra-poderosa, valiente, solidaria, piadosa, afectuosa con los compañeros, racional y disciplinada en los combates, un monumento a la belleza, la nobleza y la magnificencia.
Pero además, no conforme con poner el foco sobre Kitty y Storm, Claremont no para un segundo de sumar personajes femeninos fuertes: acá reaparece (y tiene mucho desarrollo) Carol Danvers, aparecen también Dazzler, Spider-Woman, Tygra, Rogue (todavía como villana), Stevie Hunter, Moira McTaggert, Margali Szardos, Gabrielle Haller, Lee Forrester, Lilandra, Polaris, Deathbird… Incluso acá vemos el sacudón místico que conviere a Illyana Rasputin en una chica de 13 años, y tenemos un Annual con los Fantastic Four como invitados en el que Sue Richards se luce muy por encima de Ben, Johnny y Reed. Y por supuesto, la omnipresente sombra de Jean Grey. Claremont se hacía absoluto cargo de lo extrema que había sido la decisión de boletear a Jean, y cada vez que puede explora las consecuencias de aquel monumental suceso. Me queda claro que el guionista tenía como prioridad reforzar la “rama femenina” del Universo Marvel, empezando obviamente por el título más exitoso de la casa, que para 1982 ya era Uncanny X-Men.
Las historias en sí… hay mejores y peores. Algunas medio pavotas, otras medio bizarras, otras más jugadas, pero siempre con los personajes como eje principal, nunca como engranajes reemplazables. Como siempre cuando leo material de los ´80, me asombra la cantidad de texto que metían los guionistas, repartidos entre bloques de texto, diálogos y los (hoy casi extintos) globos de pensamiento. Claremont te metía en 22 páginas una cantidad de palabras que en los comics de hoy resulta impensable. Hoy se narra de un modo más visual, con la acción desparramada en muchas más páginas para que la imagen tenga más peso, más responsabilidad a la hora de llevar adelante las tramas y explicar lo que haga falta explicar. Y como hoy los guionistas escriben pensando en el TPB, no tenemos al incio de cada episodio esa breve recapitulación de lo que había sucedido en el anterior, tan típica de la época en la que los comics eran sólo revistitas individuales, nunca TPBs, ni Essentials, ni Omnibus, ni nada.
Prometo para este año por lo menos un Essential más de Uncanny X-Men, en el que veremos cómo se expande la franquicia mutante y cómo Paul Smith asciende meteóricamente al Olimpo de los dibujantes de superhéroes.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

miércoles, 17 de julio de 2019

MIERCOLES DE MARAVILLAS

Mis últimas lecturas me han tratado particularmente bien y espero poder transmitir esas maravillosas sensaciones a quienes leen estas reseñas.
Hace unos meses se reeditó en Argentina la primera obra “solista” del maestro Horacio Altuna. Originalmente publicada en la Fierro clásica, esta gema ochentosa llega ahora en un libro que trae (por fin) TODO el material que produjo Altuna para la serie. No entendí bien el criterio para ordenar las historias dentro del libro, porque no sigue el orden en el que las fue haciendo el glorioso hincha de Racing. Y tampoco entendí por qué los diálogos están llenos de informalismos españoles (coño, follar, soplapollas, etc.). Es la edición argentina de la obra de un autor argentino, no veo ningún motivo para no reemplazar esas palabras por las que usamos nosotros, aunque estas historietas hayan debutado en las páginas de alguna antología española…
Acá hay historias en las que Beto Benedetti trata de hacerse cargo del rol protagónico y otras en las que es un mero testigo, con poco o ningún peso en las tramas. La primera historieta del tomo (Programación) es un chiste largo, una comedia irónica bastante livianita. Y claro, contrasta brutalmente con el tono de las historias restantes, donde Altuna te desgarra el alma con una seguidilla de situaciones opresivas, injustas, donde a la esperanza le cuesta horrores encontrar una rendijita por dónde colarse. Cerca del final, en El Crítico, el autor vuelve a poner en juego una cierta intención farsesca, pero en general las historias hablan de desolación, de batallas perdidas contra un sistema implacable y deshumanizado, peligrosamente verosímil.
El dibujo de Altuna le trae belleza a la distopía. No sé si alguna vez el cordobés dibujó tanto o tan bien. Hay viñetas en las que la cantidad de información visual que nos brinda Horacio es casi agobiante, son casi posters reproducidos de a siete u ocho por página. Un verdadero desborde de imaginación, de técnica, de virtuosismo en la anatomía (obviamente en TODOS los episodios hay alguna excusa para que veamos la anatomía femenina en plenitud, como sólo Altuna sabe dibujarla), de generosidad en los fondos, de despliegue en las máquinas, de cuidado en la creación de los climas… El Altuna de los ´80 era un as del blanco y negro, a tal punto que cuando realizó algunos episodios de Ficcionario a todo color, no quedó conforme con los resultados y pidió que en esta reedición se los pasara a tonalidades de gris.
Bajonera, melancólica y por momentos provocadora, Ficcionario se re-bancó el paso del tiempo, en parte por la potencia de su mensaje y principalmente porque de 1983 para acá no aparecieron tantos dibujantes capaces de igualar el trabajo gráfico que realizara Altuna en estas páginas.
Venía coleccionando Kane en la edición de Image (la tenía colgada desde el 24/10/15, cuando reseñé el Vol.3) y conseguí el Vol.4 en la edición de Dancing Elephant, el sello en el que Paul Grist se autoeditó esta gema oculta del Noveno Arte en los ´90 y en su Inglaterra natal.
Este es un tomo raro, en el que Kane aparece sólo en la última página, con lo cual Grist desplaza el foco al departamento de policía de New Eden. Son seis episodios muy en la tónica de series tipo NYPD Blues, donde el autor nos invita a indagar en estos tipos y minas vestidos de azul y conocer sus secretos, sus miserias, sus sueños, sus vínculos, detalles oscuros de sus vidas, coqueteos con la corrupción y el abuso de poder, y sobre todo nos propone pensar el rol de la cana en la sociedad. Todo esto está obscenamente bien escrito, con un cuidado increíble en los diálogos, en la entrada y salida de personajes, en el desarrollo de los subplots y además con inmensos huevos para tocar temas espinosos que tienen que ver con la manipulación mediática de la noticia, la pobreza, la marginación y la insensibilidad de los poderosos.
Pero claro, lo que más llama la atención es el dibujo de Grist, demasiado bueno para ser real. No me quiero extender en esto, porque ya lo subrayé en las reseñas de los tomos anteriores. Pero la verdad que ves historietas como el nº13 de Kane (el episodio con el que abre este tomo) y no te queda otra más que rendirte a los pies de este titán de la narrativa secuencial, capaz de imaginar y llevar a buen puerto artificios gráficos tan brillantes, tan asombrosos, que a mí, que no me banco la grilla de dos viñetas por página, me arrancó una ovación de las que duran horas. Banco a muerte a Paul Grist en cualquier proyecto que encare… y creo que tengo el Vol.5 de Kane ya comprado, no estoy seguro.
Nada más, por hoy. A los amigos de la Patagonia, los invito a acercarse este viernes, sábado y domingo al Comarca Comics Fest, donde voy a estar por tercer año consecutivo, junto a un montón de capos de la historieta argentina. Al resto los espero la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.


domingo, 14 de julio de 2019

PIBAS

Para hoy tengo una reseña “de las de antes” centrada en un único libro que, si bien no es muy extenso (ofrece apenas 120 páginas de historieta) tiene bastante tela para cortar. El libro tiene dos problemas antes de empezar a leerlo: 1) son 120 páginas de historieta flotando entre ¡56! páginas de carátulas, biografías, prólogos o directamente en blanco, y 2) esas 120 páginas están repartidas entre 23 historetistas, con lo cual cada una tiene poquísimo espacio para desarrollar una historia. Ya veremos que algunas pocas lograron sortear con éxito este obstáculo, pero (tal como yo me temía) fueron la amplia minoría.
Mi otro temor también se hizo realidad: ves la lista de colaboradoras y te das cuenta de que no hay guionistas, son todas autoras que escriben y dibujan. ¿Qué suele suceder en esos casos, sobre todo cuando se trata de autoras sin una vasta experiencia a sus espaldas? Que los guiones sean boludeces atómicas, o que directamente no se entiendan. Algunas podrán echarle la culpa a la brevísima extensión de cada historieta, otras a los prejucios que traemos los críticos cincuentones acostumbrados a otro tipo de relatos, y otras dirán (con todo derecho) “me chupa una teta lo que opinás de mis guiones, yo dibujo lo que se me canta la argolla”. Todo es opinable en materia de arte y sí, mi opinión acerca de Pibas es que la mayoría de los guiones son de una precariedad y una torpeza frustrantes.
Hubo sólo tres historietas cuyos dibujos no me gustaron: la de Romina Fretes, la de Euge Beizo y la de Agustina Casot, que igual me enganchó porque resuelve con mucho ingenio un contrapunto con alguien (me imagino que del campo de la crítica) que le reprochaba ciertas repeticiones temáticas a sus historietas anteriores.
Y hay un puñado que me cerraron por los dos lados, el del dibujo y el del guión. La historieta de Sukermercado, por ejemplo, es una guarrada muy efectiva, muy cómica. La de Delfina Pérez Adán también me conquistó por el lado del humor. Paula Andrade y Maelitha trabajan sobre buenas ideas, y en ambos casos un par de páginas más les habrían venido bárbaro para redondearlas mejor. La de Lucía Brutta gira en torno a una anécdota muy copada para ser narrada en forma de historieta, lástima la desprolijidad y el descuido en los textos, donde faltan letras, signos de puntuación, y hasta tenemos globos muy chicos para la cantidad de palabras que necesita meterles adentro. La de Macarena García Guerra… muy rara, ni el dibujo ni el guión me parecieron flojos, pero la falla (notoria) está en la narrativa, que no fluye en ningún momento. La de Maia Debowicz me pareció muy interesante, logró superar el escollo de un dibujo para mi gusto muy frío, muy poco historietístico. Y me parece que la que más me gustó fue la de Sole Otero, la más equilibrada, la que se animó a volar sabiendo perfectamente cómo se vuela.
Después encontré un montón de chicas que dibujan bárbaro (a algunas ya las conocía, obviamente) pero que no tienen buenas historias para contar, o sí, pero se pasan de crípticas, o se quedan en anécdotas muy íntimas, muy menores, o en reflexiones pretensiosas… o en la nada misma. Me encantó ver a Femimutancia dibujar aún mejor que en Alienígena, espectacular Dani Arias, increíble Valeria Reynoso, muy notables Florencia Pernicone, China Ocho y Mirita, y bastante interesante Catalina Miniteguia. Lo de Cons Oroza, muy raro: me doy cuenta de que tiene un nivel de dibujo alucinante, muy por encima del “shock value” de la breve escena cuasi-porno que narra en Pibas, pero la faz gráfica está muy descuidada, como si la hubiese dibujado y coloreado a los santos pedos, para sacársela de encima.
Y el resto, todo muy críptico, poblado casi siempre de imágenes sugestivas, climas atractivos, pero sin el menor esfuerzo por poner el dibujo en función de un relato con el cual se pueda enganchar el lector (varón, mayor de 35 y no consumidor de sustancias tóxicas). La portada de Natalia Lombardo es magnífica, y lamento muchísimo que no haya una historieta suya dentro del tomo.
Vamos las Pibas, posta. Sigan haciendo historietas y renovando una escena en la que siempre sobró el olor a huevo. Y vamos las pibas guionistas, también. No las discriminen, valórenlas, difúndanlas y denles espacios para nutrir con buenas ideas y buenas técnicas narrativas a las talentosísimas dibujantes que por suerte están apareciendo.

Espero volver a postear antes del jueves a la tarde, que me voy a Viedma, a participar una vez más del Comarca Comics Fest (sí, me llevo un Essential pulentoso, que hace mucho que no comento uno). ¡Gracias y hasta pronto!

jueves, 11 de julio de 2019

JUEVES CONCHA-PARRONES

Mientras caen soretes de punta, para, y vuelven a caer nuevos soretes de punta, me siento a escribir las reseñas de un par de libritos que tengo leídos.
Arranco en España, año 1999, cuando Glénat publica Sesión Doble, un libro muy flaquito, con poquitas páginas de historieta, que reúne tres historias cortas de Aleix Barba. Se trata de un autor catalán bastante desconocido incluso en su país natal, pero con la chapa de haber laburado directamente para la mega-editorial japonesa Kodansha. Veamos con qué me encontré.
La primera historieta es de 1985 y está muy adelantada a su época: banca de punta a punta la grilla de nueve cuadros antes de que Watchmen la pusiera de moda, arranca con una secuencia descriptiva brillante y está totalmente jugada a un claroscuro en el que se nota mucho la influencia de El Cubri y José Muñoz, pero donde también hay trucos que años más tarde van a adoptar Frank Miller, David Mazzucchelli y David Lapham, entre otros.  El argumento es chiquito, se podría haber contado en mucho menos de 16 páginas, pero Barba logra –a través de su control molecular del ritmo del relato- que uno esté inmerso en el mismo del primer cuadrito al último, demasiado enganchado como para cuestionar que pasa bastante menos que en 144 viñetas de cualquier otro autor.
Después hay un breve interludio, narrado de forma experimental, con una grilla de 12 cuadros por página y un uso desmedido de los planos detalle, que se podría pasar por alto si no fuera por la estremecedora calidad del dibujo. Y después, otra historia de 16 páginas, esta más “de género”, sin una grilla fija y con una narrativa absolutamnte clásica. De nuevo el argumento me interesó poco, pero el dibujo me fascinó. Acá se lo ve a Barba más suelto, apostando a que los personajes tengan más fluidez, más movimiento. Me hizo acordar a los mejores trabajos de Pablo Paéz para la Fierro clásica, aunque con una estètica menos arriesgada.
Y bueno, no conozco otras obras de Aleix Barba, así que hasta que no caiga en mis manos otro librito con mejores guiones, me guardo Sesión Doble para disfrutar de los dibujos de un grosso del claroscuro al que nunca está de más descubrir.
Salto a 2016, cuando en EEUU se publica el primer recopilatorio de Moon Girl and Devil Dinosaur, una serie a simple vista humorística, o pensada para tratar de vendérsela a nenas pre-pubescentes, que seguramente pasó por debajo del radar de muchos comiqueros. Sí, la protagonista es una nena de nueve años que cursa cuarto grado de la escuela primaria. Sí, la serie tiene mucho humor y se caga groseramente en cualquier intención de mantener un verosímil. Pero atenti, que me pareció un comic sumamente atractivo.
Obviamente el gancho principal es Devil Dinosaur, un concepto bizarro de los tantos que desparramó Jack Kirby en su regreso a Marvel a mediados de los ´70. Los guionistas Brandon Montclare y Amy Reeder no sólo respetan la esencia del Devil Dinosaur del Rey Kirby, sino que hasta se las ingenian para que sus archienemigos oriundos de la prehistoria tengan peso en una trama, incluso cuando esta transcurre en la Manhattan del presente. Además integran muy bien a Moon Girl al Universo Marvel de ese momento, con la nube Terrigen que está todo el tomo amagando con activar los genes inhumanos de esta pequeña nerd, un poderoso artefacto de origen kree, y una gran aparición de Amadeus Cho, el Totally Awesome Hulk.
El equilibrio entre aventura y comedia está muy bien logrado, me encariñé con el personaje de Moon Girl en la primera viñeta y lo único cuestionable es el nivel extremo de disparate, la cantidad de cosas que hacen la nena y el dinosaurio que desentonan brutalmente con el contexto de “seres humanos reales en la Nueva York del presente”. Pero bueno, si no nos detenemos en ese detalle (y si los guionistas no convierten ese contraste en el principal recurso humorístico de la serie, como lo hicieran Trillo y Maicas en la recordada Ele), a Moon Girl and Devil Dinosaur le alcanzan y le sobran los méritos para publicarse ininterrumpidamente hasta el día de hoy, en un mercado en el que los títulos poco obvios suelen durar lo que un pedo en una canasta o un neoliberal en un debate con Leandro Santoro o Axel Kicillof.
El dibujo está a cargo de otra española, Natacha Bustos, con un puñado de obras publicadas también en la Madre Patria. Bustos hace gala de un dibujo sumamente dinámico, repleto de carisma, con excelente expresiones faciales y un gran despliegue en los fondos. Los colores de Tamra Bonvillain potencian muchísimo las virtudes de Bustos y redondean una faceta gráfica por demás satisfactoria. Así que si te gusta el Universo Marvel, o querés ver un enfoque moderno y a la vez muy respetuoso de una de las creaciones más extrañas de Kirby, o compartir la lectura de un comic con hijas, sobrinas o mascotas bípedas de 8 a 12 años, te recomiendo enfáticamente esta serie.

Y esto es todo, al menos por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.  

lunes, 8 de julio de 2019

LUNES TRANQUI

Poco frío, poca gente por la calle, día ideal para salir y boludear por ahí. Pero antes, un par de reseñas.
Arranco a mediados de los ´80, cuando Robin Wood desempolva los guiones que se había metido en el ojete cuando Enrique Breccia abandonó la serie Ibáñez (y la editorial Columba) y los convierte en una nueva serie, llamada El Ángel, con una ambientación muy similar pero ahora con Eduardo Risso como dibujante. Este segundo intento por contar una historia ambientada en la América joven tampoco va a llegar a buen puerto, porque El Ángel termina luego de apenas 20 episodios, cuando los protagonistas llevan menos de 30 páginas en “las Indias”. Así es como el núcleo de la serie, el cuerpo, el tronco, termina por ser la previa del viaje que emprenderán el Ángel y el Encorvado en la segunda expedición organizada por el almirante Cristóbal Colón.
Y ahí es donde Robin hinca los colmillos y le saca un jugo maravilloso a esa España plena de desigualdades, donde los ricos son obscenamente ricos y los pobres desgarradoramente pobres. El Ángel juega todo el tiempo al contraste entre dos extremos: lujos y carencias, príncipes y mendigos, opulencia y miseria absoluta. Pero a la hora de resolver las tramas, Wood tiene muy claro que la dignidad y la integridad suelen estar del lado de los que no tienen nada, mientras que los supuestos nobles de nobleza tienen poco y nada. Eso es lo que me atrajo de El Ángel. Después, el trasfondo de “el hijo de un rey criado por los indigentes” es algo que a) no me patreció muy original y b) tiene peso sólo al principio. Más tarde pierde bastante protagonismo en favor de otras peripecias menores, en las que los personajes empiezan a vivir historias no muy distintas de las de cualquier otro justiciero de los muchos que creó el prócer paraguayo hijo de australianos. Sin ser gemas insuperables, las historias tienen fuerza, bajan línea, son crudas, jodidas y sacan buen provecho de su ambientación. Robin no se zarpa con los diálogos, ni agobia con los bloques de texto, que cuando aparecen suman un montón a la hora de crear climas espesos y subirle el volumen al dramatismo de los relatos. Y como siempre, desaprovecha buenos personajes secundarios y villanos a los que liquida en uno o dos episodios, en vez de hacerlos crecer a la par del protagonista.
Esta edición nos permite disfrutar del dibujo de Risso en blanco y negro (aunque está todo un poco quemado o empastado) y obviamente todo se aprecia mucho más que en las revistas de Columba. Este es el Risso pre-Parque Chas, un Risso muy jugado al claroscuro, pero que claramente todavía no había visto a Frank Miller ni a Mike Mignola. El león de Leones acá mezcla un dibujo entre Enrique Breccia, Milo Manara y Hugo Pratt, con tintas más densas, más para el lado de Alberto Breccia y José Muñoz. No es el Risso glorioso de la segunda mitad de los ´80, pero está muy por encima de la mayoría de lo que publicaba Columba en 1985. El trabajo en fondos y vestuarios es magnífico, la narrativa está muy bien piloteada, siempre con siete u ocho viñetas por página, con un fluir muy dinámico.
¿Se puede recomendar El Ángel al lector que habitualmente no se aventura en el material de Columba? Yo creo que sí, que casi todo lo que vas a leer en estas 240 páginas está bastante más allá de la fórmula clásica columbera. Acá hay unas cuantas sorpresas copadas, buenos textos, buen ritmo y un crecimiento del dibujante que no afloja nunca.  
Cayó en mis manos el libro Fearless Comics, de un autor francés conocido como Samplerman. Esto es MUY extraño, casi alienígena. Samplerman es un artista que no dibuja, sino que toma dibujos y pedacitos de dibujos de miles de historietas norteamericanas de los ´40 y ´50, de la época del comic masivo, con cientos de géneros distintos y miles de guionistas y dibujantes cuasi-ignotos sacando el material por kilo, sin demasiada impronta autoral. Con esos pedacitos de viñeta, Samplerman construye otras viñetas, que a su vez construyen otras páginas, pero no construye historias. El material de Fearless Comics no es precisamente narrativo, si bien se nutre de imágenes y hasta globos de diálogo que en su contexto original servían para narrar.
Esto es parecido a lo que hacen los DJs de música electrónica o ambient, que toman pedacitos de temas ya grabados y los manipulan a pleno para crear otros sonidos, otros climas, otras sensaciones. Samplerman nos propone entrar a una dimensión del delirio, del non-sense, de la mano de una estética careta, vintage, a través de imágenes recontra-toqueteadas, entreveradas en una danza que no se parece nada a las historietas donde originalmente vimos esos dibujos.
Visualmente esto es muy atractivo, y debe requerir un laburo monstruoso por parte del autor. Pero bueno, a mí me gusta la historieta narrativa, no tanto esta onda más rara, tan experimental, donde todo está tan jugado a las sensaciones visuales y tan poco al relato. Para mirar y sorprenderse, la verdad que Fearless Comics está buenísimo. Para gastar guita y espacio en la biblioteca, capaz que no.

Nada más por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 5 de julio de 2019

SPIDER-MAN: FAR FROM HOME

Nueva entrega del glorioso Marvel Cinematic Universe y otra vez al cine a ver qué onda. Spider-Man: Far from Home es como dos películas en una. Por un lado, una clásica comedia estudiantil de chicos yankis que pasean por Europa, repleta de chistes, muy dinámica, muy basada en la interacción entre unos personajes pensados no tanto para generar conflictos sino más bien para disparar situaciones humorísticas. Algunos son personajes bien de relleno, totalmente unidimensionales, como cuando aparecía Paolo el Rockero en las películas de los Bañeros, Extermineitors o lo que poronga inventaran Emilio Disi y sus amigos para chorear en esas vacaciones. Otros están un poquito más trabajados, como para poder trascender el paso de comedia básico. En general, todo este aspecto de la peli (casi omnipresente en la primera hora) se hace llevadero, entretiene sanamente y en familia, como decía Carlitos Balá.
Por suerte el film de John Watts tiene dos horas y 9 minutos, o sea que queda tiempo para la aventura, e incluso para hacerse un poquito cargo de que esta peli es lo más parecido que vamos a tener a un epílogo a Avengers: Endgame. Y sí, los guionistas tocan el tema de la gente que estuvo desaparecida casi seis años y volvió de un día para el otro, sin indagar demasiado en el aspecto más dramático de este sacudón, pero sin barrerlo abajo de la alfombra (eso seguro va a suceder en la siguiente fase del MCU).
La faceta aventurera de la película está muy bien, mantiene el foco muy centrado en Peter Parker, en este pibe común y corriente al que de pronto le pasaron miles de cosas que le impiden vivir la vida de un adolescente normal. Está muy presente el legado de Tony Stark, está muy presente SHIELD, hay un villano al que nunca habíamos visto en el cine MUY bien transplantado a la pantalla y una cantidad de peligros impresionante para tener al héroe siempre al filo de lo imposible. Lo mejor (lejos) es la batalla en Berlín, unos 30 minutos antes del final.
O no, me desdigo y veleteo al mejor estilo Pichetto: lo mejor es el mensaje que transmite la película. Básicamente, lo que nos cuenta Spider-Man: Far from Home es que nada es lo que parece. Todo lo que vemos es, en realidad, lo que creemos ver. Y siempre hay algo más. Este truco de desorientar al espectador, de hacerle creer cosas que (luego veremos) no son así, es el leif motiv de la cinta. Desde boludeces como la relación entre Ned y Betty hasta los giros brutales que pega la película en las dos escenas post-créditos (absolutamente imprescindibles ambas), todo el tiempo nos están subrayando que hay una grieta grossa entre la realidad que nosotros percibimos y la posta. En tiempos de la post-verdad, las fake news y la manipulación de las imágenes, es un discurso muy interesante, sobre todo si pensamos que el público mayoritario de la peli son los pibes y pibas menores de 18.
La actuación de Tom Holland me encanto, Jake Gyllenhaal también tiene un par de momentos brillantes, Marisa Tomei te inunda la pantalla con buena onda y sensualidad cada vez que sonríe, Jon Favreau se chorea varios de los momentos más lúcidos de la peli y Zendaya hace buen uso de la libertad que le dan los guionistas al no atarla a ningún personaje de los que ya conocemos los fans de la mitología arácnida creada por Steve Ditko y (el por primera vez ausente en la pantalla) Stan Lee. Los efectos especiales son demenciales y las escenas que transcurren en esas “realidades virtuales” que crea el villano para confundir a Spidey son verdaderas joyas de la cinematografía, despliegues delirantes de una concepción gráfica, estética y narrativa superlativas, pensados para detonarte los cinco sentidos como nunca antes. Posta, hay que ser MUY capo para imaginar escenas así y después plasmarlas en una película.
Spider-Man: Far from Home venía con la pesada mochila de estrenarse justo después de dos hitos como fueron Into the Spider-Verse y Endgame, pero la verdad es que sale muy bien parada. La recomiendo ampliamente, si te gustan las comedias estudiantiles. Si no, vas a sufrir mucho a la espera de que la peli se encauce hacia la historia de machaca superheroica, que cuando llega, pega fuerte y emociona.  ´Nuff said!


miércoles, 3 de julio de 2019

MIERCOLES CON SOLCITO

Para ser invierno, la verdad que hoy fue un lindo día. Fui a ver la peli nueva de Spider-Man, pero me guardo la reseña para mañana (o en una de esas el viernes), porque hoy quiero comentar un par de comics que leí en estos días.
Empiezo a principios de los ´90, cuando el maestro Masashi Tanaka lanza el primer tomo de Gon, con las aventuras sin textos de este bizarro pichón de dinosaurio. La serie arranca cuando Gon cumple un año, y no nos aclara nada de su pasado. Sólo sabemos que tiene una fuerza y una agilidad prodigiosas, un hambre voraz y la astucia suficiente para que no nos preguntemos por qué catzo no se extinguió junto con todos los otros saurios que poblaron la Tierra antes de que llegaran las especies animales que todos conocemos.
En todas y cada una de las andanzas de Gon, el pequeño saurio interactúa exclusivamente con animales, pero de la actualidad: osos, lobos, castores, águilas, linces, leones y un largo etcétera. Y a pesar de su exiguo tamaño, el chiquitín los doblega a todos a fuerza de ingenio, enjundia y mala leche. Son historias cortas, que al no tener textos se basan totalmente en la acción, y la verdad que hay mucha acción, plasmada de un modo bastante brutal, con mucha violencia, sangre, tripas y muertes. Tanaka juega al contraste entre una estética muy realista y un cierto humor, casi siempre negro, y con el elemento bizarro o absurdo de tener a un dinosaurio mezclado con un montón de animales que aparecieron mucho después.
Pero lo más inexplicable no es la existencia de un dinosaurio bebé que le da baile a todo tipo de criaturas, ni siquiera cuando parece que Gon agarra cosas como si tuviera pulgares oponibles. Lo realmente inexplicable es la calidad del dibujo de Tanaka, el grado de detalle que pone en cada bicho, en cada paisaje, en cada arbolito, cada pastito. Evidentemente estamos ante un enamorado de la naturaleza, un dibujante con una capacidad extraordinaria para tomar imágenes de la realidad y plasmarlas en la página como pocas veces se vio. Y acá está el otro contraste, entre la belleza de todo lo que dibuja Tanaka y la crueldad, la salvajada visceral de los argumentos. Gon es una verdadera maravilla del manga, sobresaliente en guión, dibujo y narrativa, cuyo único inconveniente es que, al no tener texto, los tomos duran muy poquito.
Nos vamos a 2016, cuando un guionista inglés y un dibujante argentino se juntan para generar una nueva serie en una editorial de EEUU. Después de la experiencia de The Names (ver reseña del 20/04/16), Peter Milligan y Leandro Fernández deciden volver a colaborar, pero esta vez en Image.
The Discipline es una especie de Fifty Shades of Grey con mucho Vertigo, o sea, con elementos sobrenaturales bastante oscuros, más violencia y sí, bastante más sexo que en el comic yanki promedio. No creas que es The Extremist (lo más zarpado que escribió Milligan dentro del subgénero “thrillers de garche”) pero además de hablar mucho de coger, en The Discipline se coge bastante. No es porno, nunca se ven pijas erectas, ni fellatios, ni primeros planos de penetraciones o eyaculaciones, sino que está todo más sugerido y lo que se ve es… cuerpos desnudos y algunas posiciones que dejan poco librado a la imaginación.
La trama es atractiva, tiene muchas sorpresas, quizás le sobran algunos elementos sobrenaturales, que están ahí para poderle darle énfasis a la machaca, los combates sangrientos entre criaturas con garras y/o dientes pasados de rosca… que realmente es lo que menos me atrapó. Lo mejor es la exploración que hace Milligan de la psiquis de la protagonista, Melissa Peake, construída como un personaje que puede bancar mucho más que seis números de un arco argumental. Y eso es lo otro que no me terminó de cerrar: el final es apenas el final de un primer arco, y tendría que haber varios más. Sin embargo, la serie no continuó más allá de los seis episodios que ofrece este tomo. No tengo dudas de que, si los autores hubiesen supuesto que The Discipline iba a llegar hasta acá, el final habría sido muy distinto. En una de esas hay un segundo arco escrito, y en algún momento Leandro (o alguien más) lo dibuja. Ojalá, porque este final no tiene nada de definitivo y (como pasó con The Names) deja muchas puntas interesantes para explorar.
El dibujo de Leandro Fernández está buenísimo, muy jugado al claroscuro, muy plástico, con secuencias de gran dinamismo, con unos enfoques jugadísimos, mucho criterio para pasar de la sutileza de la seducción a la brutalidad de la machaca, fondos laburadísimos, excelentes expresiones faciales… Lo único criticable es que por momentos sigue apareciendo la impronta gráfica de Eduardo Risso, de la que Leandro no se logra despegar del todo. Pero como a todos nos gusta Risso, la verdad que es muy placentero ver lo que hace Fernández con esos saberes que heredó del maestro. Tengo sin leer algún TPB de The Old Guard y alguno de Britannia, así que ya volveremos a encontrarnos tanto con Milligan como con Fernández.

Y nada más, por hoy. Prometo para muy pronto la reseña de Spider-Man: Far from Home, acá en el blog.

sábado, 29 de junio de 2019

SABADO ASQUEROSO

Mientras en Buenos Aires no para de llover, mientras en Montevideo se quieren matar y mientras los garcas que tienen la guita escondida en Panamá festejan la firma de un acuerdo pensado para que Argentina y Brasil retrocedan 90 años, me siento a escribir las reseñas de dos libritos editados recientemente en nuestro país.
Empiezo con el Vol.6 de Amuleto, la exitosa saga de Kazu Kibuishi, que sigue avanzando a un ritmo muy descomprimido, sin ningún apuro para llegar al final. Son un montón de páginas de peripecias, misterio, tensión y aventuras al límite, siempre protagonizadas por Emily y Navin, los chicos comunes y corrientes que (como Den, Avrack y tantos otros) resultan ser muuuuy capos en este mundo fantástico repleto de elementos que uno asocia con Star Wars, Lord of the Rings, Harry Potter y las películas de Hayao Miyazaki.
El único problema que tiene esto es que yo lo leo sabiendo que el final va a llegar en el Vol.9. Entonces doy por descartado que cualquier volantazo grosso que involucre a Emily o a Navin va a llegar (como muy temprano) sobre final del Vol.8. Todo lo que pase hasta ese momento, va a ser relleno, o a lo sumo un build-up hacia ese final que (intuyo) va a ser muy grosso. Lo bueno es que Kibuishi desarrolla mucho y muy bien a los personajes secundarios y cuando los sacudones más brutales que necesita la trama para mantener el interés (panquequeadas dignas de Pichetto, heridas graves, incluso muertes) los afectan a ellos, uno siente el impacto, no le chupa un huevo. 
Estamos en un momento de la saga de Amuleto muy The Empire Strikes Back, un tramo oscuro, ominoso, con los protagonistas separados entre sí, metidos en distintas búsquedas, distintos aprendizajes, distintas runflas. Me imagino que ya a partir del Vol.7, cuando arranque el tercio final de la obra, Kibuishi va a tratar de que todo esto confluya hacia un cierre épico y emotivo. El dibujo, como siempre, muy sencillito, casi rudimentario en los personajes, y con un nivel devastador en las grandes tomas panorámicas. El color, hermoso de punta a punta. Todavía no se sabe si el Vol.7 sale en Argentina este año, o si habrá que esperar a 2020 (como para volver a llenar la heladera, ver gratis los partidos de la Superliga o irse de vacaciones).
Hora de reencon-
trarme con Nahuel Amaya, que vuelve a la carga con Capitán Muerte, un libro que recopila un montón de tiras humorísticas protagonizadas por un bizarro superhéroe cuyo poder consiste en matar en el acto a cualquier cosa viva a la que toca. Las tiras nunca tienen menos de cuatro viñetas, y en cada uno de ellas Amaya mete mucha información, con lo cual a alguien se le ocurrió publicarlas de a una por página. Eso hace que en 96 páginas tengamos apenas 80 tiras, con mucho espacio blanco arriba y mucho espacio blanco abajo. Un libro de 96 páginas con 16 páginas que no tienen historietas, y las que sí tienen ofrecen sólo una tira… ya saben lo que opino yo de eso, no? No hace falta reiterar los conceptos.
Me quedo con el dibujo de Amaya, que mejoró notablemente desde la última vez que vimos una obra suya (19/06/15). Más plástico, más suelto, más limpio, con mejor criterio para elegir cuándo sintetizar y cuándo ponerle a la viñeta una sobrecarga de elementos gráficos bien dispuestos… Por supuesto que adentro no vas a ver dibujos al nivel de lo que se ve en la portada, en buena medida porque las tiras del Capitán Muerte son en blanco y negro, pero realmente el aspecto visual del libro está todo muy cuidado.
En cuanto a las tiras en sí, hay algunas muy graciosas, con un humor negro muy logrado. Algunas incluso te hacen sentir mal por reirte de ese tipo de situaciones. Después hay otras que juegan con los clásicos tropos de superhéroes y supervillanos, en las que Amaya desaprovecha un poco las buenas ideas que se le ocurren para los personajes, poderes, trajes… En un comic de 8, 12 ó 16 páginas seguramente esos personajes funcionarían mejor y se lucirían más. Básicamente, está todo muy jugado a la contradicción entre un tipo que supuestamente es un héroe y un poder absolutamente letal, que fulmina (incluso accidentalmente) a todo lo que entra en contacto con el justiciero que da título a la obra. Por eso está bueno que sean relatos muy cortitos, de cuatro o cinco viñetas (a veces son seis o siete, también), como para no aburrir, ni agobiar, ni restarle impacto al recurso.
Para pasar un buen rato, Capitán Muerte no está nada mal. No es el antes y después de nada, pero es entretenido y está muy bien dibujado.
Y nada más, por hoy. Estoy saboreando de a poco un librazo de chotocientas páginas y ya palpitando la previa a la función de prensa de la nueva peli de Spider-Man, así que por ahí vendrán las próximas reseñas que tendremos (espero que muy pronto) acá en el blog.


jueves, 27 de junio de 2019

JUEVES FRESQUITO

Vengo leyendo poca historieta, porque por distintos motivos estoy saliendo poco de mi casa y no tengo esos viajes en subte, tren o colectivo que (si consigo asiento) generalmente uso para leer. Pero como siempre, algo hay.
Empiezo con una gema a la que le tenía mucha fe, pero que superó ampliamente mis expectativas: el Vol.1 de Black Hammer, la serie de Jeff Lemire y Dean Ormston que publica (con gran éxito y numerosos spin-offs) Dark Horse. Black Hammer es un comic con disforia de género: Lemire nos presenta a un grupo de personajes forjados en el molde de los superhéroes clásicos (hasta nos explica en los textos del final en qué personaje de DC estaba pensando cuando creó a cada uno) pero puestos a funcionar en otro género, un género que les resulta hostil, o por lo menos incómodo.
Tras un combate contra un villano cósmico infinitamente poderoso (una especie de Darkseid/ Galactus), estos héroes y heroínas reaparecen en una granja, en algún lugar del Bible Belt de los EEUU. Algunos conservan sus cuerpos originales, otros ven sus mentes trasladadas a cuerpos que no son los suyos, ninguno puede salir de esa zona, a todos les cuesta adaptarse a una vida normal, rural, apacible, sin más conflictos que los que emergen de sus propias personalidades y de su interacción con la gente del pueblito vecino a la granja. Lemire acierta al revelarnos con cuentagotas la información que necesitamos acerca de estos personajes, los poderes que tienen, el combate que terminó en este brutal cambio del status quo, el rol que cumplió en esa batalla el héroe principal de este universo (Black Hammer, cuya ausencia en esta nueva realidad es más que notoria)… Todos esos puntos dramáticos que tienen que ver con el costado superheroico de la serie “sacan número” y esperan su turno mientras el guionista explora lo que más parece interesarle, que son los vínculos entre los personajes, sus inseguridades y lo mucho que les cuesta adaptarse a la nueva situación. Y por detrás de todo esto avanza el subplot de la hija de Black Hammer, que quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo.
Sin dudas es un comic raro, que juega con el conocimiento que tienen el lector de los tropos del género supeheroico, pero además agrega varias capas de profundidad y un montón de elementos pensados para descolocar al cancherito que cree que ya ningún comic de tipos y minas con superpoderes lo puede sorprender. Lo que está haciendo Lemire en Black Hammer es algo que –posta- nunca hizo nadie y lo está haciendo asombrosamente bien.
Por supuesto, me pongo de pie para ovacionar al maestro Dean Ormston por su labor al frente de la faz gráfica. Obvio, juega con seis anchos de espada en el mazo porque lo colorea Dave Stewart, pero el trabajo del inglés es realmente exquisito. Ormston no falla en los climas, en las referencias visuales a los comics que Lemire quiere que recordemos cuando tira un flashback, se mata en los fondos y resuelve todos los efectos de iluminación con un claroscuro poderosísimo, expresivo y evocativo al mango. No tengo comprado el Vol.2, pero ni bien lo vea a un precio razonable, le entro como el agua al Titanic.
Después de este escarceo con la gloria, necesito una lectura más tranqui, más livianita, y salto a Argentina para ver qué onda el Vol.14 de Macanudo, con más de 250 tiras de las que publica Liniers en el diario La Nación. El tomo arranca fuerte, con una seguidilla de tiras acerca de garcas coimeros, testaferros de otros garcas coimeros, que hablan de cuentas offshore y de ser felices dilapidando el dinero malhabido. No es una temática que habitualmente aparezca en las tiras de Liniers, y la verdad que fue una muy grata sorpresa. Después tenemos el tradicional desfile de personajes al que nos acostumbró Macanudo, todos vehículos para que Liniers explore distintas facetas del humor y del dibujo sin aburrirse.
De las ideas que no había visto en tomos anteriores, la que más me gustó es Charlas Entre Chicos de Cinco Años, pero hay varias muy buenas y otras (como siempre) muy raras. Un tema que aparece mucho en tiras muy distintas entre sí es el de la relación entre la gente de hoy y el mundo de las redes sociales, los celulares, las selfies y demás pelotudeces de la era digital. Liniers es sumamente crítico de todo esto, y arroja sus dardos con sutileza y elegancia, en parte porque sabe que su público es parte de la gran masa que compró y abraza todas estas pelotudeces.
Y como siempre, por encima de la comicidad, o de la ternura, o de la bizarreada que le pone Liniers a cada tira, emerge el tremendo placer que genera ver a un tipo dibujando a este nivel, con esta amplitud de registro, este manejo del color, de la línea, de las formas de las viñetas, del armado de las secuencias. Debe ser muy frustrante ser historietista, publicar hace mil años una tira en un diario y tener que ver todos los días lo que hace Liniers en Macanudo…

Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

domingo, 23 de junio de 2019

X-MEN: DARK PHOENIX

Tarde pero seguro, fui a ver la última película de la franquicia X-Men, en la que (otra vez) los muchachos de Hollywood tratan de llevar al cine la gloriosa saga de Dark Phoenix. Esta vez el valiente es Simon Kinberg, quien cuenta con 113 minutos y 200 millones de dólares para intentar reproducir la magia de aquel mítico comic de Chris Claremont y John Byrne. Y no, la verdad que el producto no me resultó para nada convincente. Es la saga de Dark Phoenix, un totem absoluto, y con esto no se jode. Creo que cuanto más me copa el material del que parten las películas, más les exijo. En este caso la exigencia es máxima, y el resultado bastante pobre.
¿Qué me gustó de la película? Creo que lo mejor son las actuaciones, tanto de James McAvoy como de Sophie Turner, que son los protagonistas excluyentes de la historia tal como nos la presentan. Y también me atrajo la osadía de los guionistas para plantear algo que los comics de X-Men tardaron como 25 años en plantear: che, esto que hace el Professor Xavier de meterse en la mente de estos pibes, toquetear cosas, poner y sacar recuerdos, esconder o bloquear traumas… ¿no será un despropósito en términos éticos? ¿No será que estos chicos y chicas en realidad son víctimas de este sorete manipulador? Por supuesto la película no se trata exactamente de eso, ni va a fondo con este cuestionamiento. Pero es un elemento dramático con bastante peso en la trama y en mi caso fue una sorpresa agradable.
El resto, muy flojito. El guión desaprovecha groseramente la faceta cósmica del Phoenix, y en ningún momento muestra a la entidad como algo ingobernable y a la vez irredimible, lo que le resta fuerza al sacrificio de Jean. También desaprovecha a Cyclops y a Storm, se saca de encima de un modo indignante a Quicksilver y mete con forceps a Magneto, que está sólo porque es la última película y a alguien se le ocurrió que tienen que aparecer todos los que la vienen remando desde First Class. Hay una villana muy bien interpretada por Jessica Chastain, pero la idea detrás de la villana, su motivación, incluso sus poderes, me parecieron muy truchos. Y su séquito, esa cruza insulsa entre el Hellfire Club, los skrulls y una horda zombie, me pareció deplorable.
La machaca está re-bien filmada, pero cuando la mayoría de los personajes son tan pedorros, ni te importa. Incluso te da lástima. La franquicia X-Men tiene tan buenos villanos, que ver a Cyclops, Beast, Storm, Nightcrawler y hasta el Profe y Magneto peleando contra esos cuatro de copas resulta sumamente frustrante.
–Che, te vengo a chorear el poder de Phoenix porque lo quiero para mí. –Bueno, llevalo, nomás. Yo lo encontré por ahí tirado y la verdad que no me copa… ¿Estamos todos locos?!? I am Phoenix! I am life and fire incarnate! Vengan que los hago mierrrrda a todos, de a uno o todos juntos, como prefieran. ¿Qué parte no entienden? Phoenix es una especie de Dios. La saga de Phoenix se trata de eso, de qué hace una chica cuando de pronto tiene los poderes de un dios zarpado, ilimitado e insaciable. Matar a Mystique (no me lloren el spoiler que la peli se estrenó el 6 de Junio) es la nada misma, Phoenix está para hacer genocidios a escala planetaria. ¿Por qué todo tan chiquito? ¿Por qué todo acotado a New York y alrededores? ¿Qué necesidad de frutear para el orto con los padres de Jean? ¿Por qué Magneto tiene dos adláteres y no sé quiénes son? ¿La morocha de pelo cortito es Selene? ¿En serio? ¿A quién se le ocurre que milicos y policías pueden siquiera intentar parar a Jean cuando está poseída por el Phoenix? ¿Me podés creer que lo que en el comic hace la flota imperial de los Shi´ar acá lo hace un trencito militar tripulado por tipos comunes, sin poderes?
En fin, mucho para criticar, no tanto para rescatar en una película bastante menor que no sólo pierde en la comparación con el comic. También le va mal comparada con las películas previas con este elenco, e incluso con X-Men: Last Stand (de 2006), que también era bastante chota, pero por lo menos tenía los huevos de darle un cierre definitivo a un montón de personajes que fueron parte de aquella iteración fílmica de los X-Men.

Falta un montón para que tengamos nuevas películas de los X-Men (ahora bajo la batuta del equipo que lidera Kevin Feige), pero la verdad que no tengo ningún apuro, y menos ahora que viene Jonathan Hickman a escribir los comics y (según parece) va a dar vuelta todo como un guante. Ah, última boludez: si sos futbolero y mirás FOX Sports seguro te vas a ir del cine convencido de que Renato Della Paolera tiene unos poderes psíquicos del carajo.

viernes, 21 de junio de 2019

OTRA VEZ VIERNES

Con esto de los feriados de lunes y jueves, la semana se me pasó volando. Por suerte tengo un par de libritos leídos como para reseñar.
Arranco con Milady en el 3000, una obra del italiano Magnus (Roberto Raviola) bastante extraña, publicada en nuestro idioma por La Cúpula, allá por 1990. La trama mezcla space opera tipo Flash Gordon con intriga palaciega, ya que la protagonista es una agente secreta de uno de los dos imperios que se encuentran en guerra. La verdad que decirle “trama” a lo que vemos acá es medio una hipérbole. En ningún momento estas 64 páginas transmiten la sensación de estar yendo de un punto A a un punto B. Son más bien una acumulación de peripecias, de breves situaciones que Milady resuelve con mayor o menor grado de dificultad, casi siempre sin siquiera despeinarse. La intriga tiene bastante más protagonismo que la acción, que escasea bastante y cuando llega, la vemos generalmente en forma de combate entre naves espaciales al estilo Star Wars.
En los ´80, Magnus fue un autor de mucho éxito, principalmente gracias a sus historietas de corte erótico. Algunas eran más sofisticadas y otras más cabeza, pero donde la rompía el autor era ahí, en la aventura para adultos/ adolescentes pajeros. En Milady en el 3000 aparecen varias mujeres muy atractivas, pero el sexo casi no aparece. Hay un garche apenas insinuado, una escena en la que la protagonista está en bolas y no mucho más. O sea que los que acusaban a Magnus de “pornógrafo” (el glorioso Viejo Breccia, por ejemplo) acá se quedaron con la leche (cuac!). Lo que sí tenemos en este álbum es la gran calidad de Magnus para el dibujo de aventuras. Escasean un poco los fondos, es cierto, pero cuando aparecen están buenísimos. Y todo lo que es anatomía humana, trajes, máquinas y sobre todo iluminación, es inobjetable. La narrativa, más o menos. Hay varias secuencias raras, que me hacen un poco de ruido, pero consulté la edición italiana y es igual. O sea que esos desajustes vienen en los originales, no son producto de un editor español que se sentó a remontar las viñetas para adaptarlas a este formato, algo que en 1990 todavía era frecuente.
Milady en el 3000 ofrece poquito en materia de guión. Algunas ideas limadas que no aparecen en todos los comics de ciencia-ficción y no mucho más, realmente. Pero si querés tener 64 páginas dibujadas por un monstruo del claroscuro, esto es bastante más digno que las historietas más pajeriles del recordado maestro Magnus.
Salto a Argentina, a 2019, cuando se recopilan en un hermoso librito casi 120 chistes de Esteban Podetti, englobados bajo el título genérico de La Caja. Muchos de estos chistes ya los había visto en las redes sociales, pero leídos así, uno atrás de otro en un librito, me hicieron reir mucho más. Creo que no hace falta subrayar el momento increíble por el que está transitando Podetti, hoy ya colocado sin discusión entre los humoristas gráficos más bestiales y geniales de nuestro país. Cualquiera que lo siga en las redes (o en la revista Barcelona) puede dar testimonio de esto.
Y si no, si todavía no subiste a Podetti al podio, es hora de que leas (y en lo posible compres) este librito, donde lo vas a ver brillar con un humor cruel, afiladísimo, repleto de ideas brillantes. Cuando uno cree que ya leyó todos los chistes de psicólogos, de médicos, de mozos, de Frankenstein, o de Dios, aparece Podetti y te tira una fatality, una nueva vuelta de tuerca impredecible, impactante, de gran efecto cómico.
Desde principios de este milenio, Podetti empezó a mutar su grafismo para hacerlo más crudo, más salvaje, más desprolijo incluso. La línea es “peluda”, las proporciones son cualquiera, el contorno de los globos de diálogo se ve descuidado, como hecho a mano alzada por un nene de cuatro años. Y sin embargo, por debajo de esta estética cada vez más extrema, se ve que hay un tipo que sabe dibujar, que no incursiona en el grotesco por impericia sino por elección, porque entiende el potencial expresivo y humorístico que tiene ese trazo más salvaje.
Tengo el librito a mano mientras escribo estas líneas y cada tanto le pego otra mirada… Y no falla nunca, me sigo riendo de algunos chistes que son demasiado buenos. El de la página 112, por ejemplo, merece enmarcarse y colgarse en todas las paredes del planeta. Posta, creo que hasta Fontanarrosa le habría envidiado ese chiste a Esteban.

Y nada más, por hoy. Disfruten el finde y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 17 de junio de 2019

LUNES ESPANTOSO

Entre que es feriado y que el clima está horrendo, creo que hoy no me muevo de casa. Gran ocasión para sentarse a escribir un par de reseñas, en este caso de dos libros publicados en 2017.
El Vol.1 de The Goddamned recopila el primer arco de esta serie creada por Jason Aaron y R.M. Guéra, los autores de la fundamental Scalped. Un primer arco que al día de la fecha es también el último, porque los autores se vieron forzados a ponerla en pausa, con la promesa de un eventual regreso que hasta ahora no se produjo. El trabajo de Guéra en The Goddamned es monumental, incluso mejor que en Scalped. Imaginate una mezcla muy oscura, muy podrida, entre el Grzegorz Rosinski de El Gran Poder del Chninkel y los dibujantes clásicos de aventura más elegantes que tuvo España, Víctor de la Fuente y Antonio Hernández Palacios. El resultado es de una calidad indescriptible, un dibujo muy realista y a la vez vibrante, desbocado, muy plástico y muy intimidante.
Lo de Aaron, por su parte, es raro. La idea central de la serie es excelente, el argumento de este primer arco es… apenas interesante y el guión, la forma en que Aaron elige contarnos la historia, es espectacular. Me explayo: la consigna de The Goddamned es acompañar a Cain, el primer homicida de la historia, en un violento y desolador recorrido por un mundo de horrores e injusticias, 1600 años después de que sus padres fueran expulsados del Paraíso. Una idea brillante, que jamás se le había ocurrido a nadie. La trama del arco con el que abre la serie es medio blandita, no sé si daba para más de 100 páginas. Me hizo acordar mucho a aquellas historias que Antonio Segura y José Ortiz te remataban en un álbum de Hombre en 48 páginas con total solvencia. Y donde Aaron realmente deja la vida es en los bloques de texto, en el armado de las secuencias, en la elección de dónde cortar cada escena para lograr el máximo efecto dramático, en la profundidad que logra darle a una historia donde tienen tanto protagonismo la machaca sanguinolienta y un nivel de mala leche que convierte al peor grim ´n´gritty de los ´80 en aventuras edulcoradas de My Little Pony. Ahí está , sin dudas, lo que me hizo disfrutar a lo bestia de este primer TPB de The Goddamned y me dejó con unas ganas bárbaras de que salga pronto un Vol.2.
No me animo a recomendar enfáticamente la compra de este libro, porque si la serie nunca continúa va a ser un pelo en el ojete de todos los que gasten su dinero en él. Pero ni bien veas el anuncio de que Aaron y Guéra retoman la serialización en Image (o donde sea), subite a The Goddamned y gozá como un condenado.
También en 2017 se editó en Argentina el libro Doce Cuentos de Verano, con 12 historietas realizadas por el escritor Hernán Casciari y el maestro Horacio Altuna para la revista Viva. Tarde pero seguro me interné en las páginas de un libro, cuya edición tiene dos problemas serios: 1) las páginas de historieta son muy cuadradas (están impresas en 15 x 20,5 cm) y el libro es muy rectangular (19 x 28 cm), con lo cual por arriba y por abajo de las planchas de Altuna tenemos unas inmensas franjas blancas que no aportan nada y que no deberían estar. No entiendo quién eligió este formato tan raro, que queda tan feo. 2) lo de siempre: 12 historietas de ocho páginas son 96 páginas y el libro tiene 144. La diferencia (brutal) te la llenan con carátulas innecesarias, un prólogo diseñado con una tipografía enorme para que ocupe tres páginas, biografías, hojas en blanco… la nada misma.
Por suerte el nivel de las historias me resultó bastante convincente. Hay varias en las que los textos podrían no estar, y todo se entendería perfectamente con los dibujos de Altuna y los diálogos. Pero también hay algunas en las que los textos suman un montón y se entrelazan con las viñetas de un modo bastante atractivo. Hay dos o tres que se quedan en la pajereada, en la comedia de brocha gruesa al estilo Porcel-Olmedo-Sofovich, y varias que parten de una situación de comedia costumbrista para llegar a momentos muy notables. Tanto Casciari como Altuna son grandes observadores de la realidad y las costumbres de la gente y estas historias, en las que no existen los elementos fantásticos, le sacan un muy rico jugo a ese talento para la observación.
Viajeros, Sorpresa, Médanos, Brecha, Vecinos y Final son seis historias muy logradas, ya sea por el impacto, por el humor, por la ironía o por la línea que baja Casciari en los textos. La puesta en página es muy rara, siempre con tres tiras horizontales, pero funciona muy bien. Se nota que Casciari y Altuna se divirtieron pensando estas historias y calcularon minuciosamente la forma en la que la acción, los dibujos y los textos se iban a ver plasmados en cada página.
Ojo: este es el Altuna del Siglo XXI, no es el mago infalible de los ´80. Estamos hablando de un dibujante increíble, con un gran dominio de la estética realista, muy dotado para las expresiones faciales, con ese manejo de la anatomía (especialmente de las mujeres atractivas) demasiado perfecto para ser real, unos fondos bestiales… y por otro lado, un color que a mí no me termina de convencer (siempre me gustaron más los trabajos de Altuna en blanco y negro) y un rotulado manual que hoy se ve anticuado, medio fulero. Por supuesto, que un tipo como Altuna, ampliamente consagrado en todo el mundo, con más de 50 años de trayectoria, siga haciendo historietas y siga poniendo en cada página el esfuerzo y la pasión que puso Horacio en estos relatos, es algo que nos debería llenar de orgullo a todos los fans de la historieta argentina. Y que un narrador tan brillante como Casciari quiera incursionar en el comic, obviamente también.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.