Otra vez me siento a pensar en voz alta y esta vez el tema es la relación entre las mujeres y la historieta. ¿Qué onda? La mitología dice que son dos cosas bastante incompatibles, como ser fan de los derechos humanos y votar al PRO. Pero, ¿es tan así?
Hay una primera distinción y es entre la lectura de comics y la militancia comiquera. Lógicamente, todos conocemos muchas más mujeres que leen comics que militantes comiqueras, de esas que van a las charlas de los historietistas, escriben en los foros, recorren infinitas comiquerías en busca de las revistas (o libros) que les faltan, compran religiosamente la Comiqueando, etc. En lo visible (el ámbito comiquero), hay pocas minas. En lo invisible (la intimidad de cada lector, puertas adentro de su casa), hay bastantes más.
La segunda distinción es una especie de ranking. En todo el mundo, hay muchísimas chicas que leen manga. En Argentina, hasta el shonen tiene mucho público femenino. Yo sospecho que es porque acá no se edita yaoi y los shojos que se editan son desgarradores, pero bueno, son sospechas, nomás. Lo cierto es que el del manga es un sub-palo donde el olor a huevo se siente un poco menos.
Después viene la historieta argentina. De la genialidad de Mafalda a los bofes infumables de la Intervalo, la historieta argentina tuvo, tradicionalmente, una interesante cantidad de lectoras. Hoy lo vemos con Macanudo, por ejemplo, y por supuesto en la historieta infantil, donde la barrera de géneros casi no se nota.
El tercer puesto sería para el comic yanki alternativo. Daniel Clowes, Chris Ware, Craig Thompson, los hermanos Hernández, en menor medida Crumb y Bagge, también tienen su hinchada. Y por supuesto las autoras como Alison Bechdel, Jessica Abel o Julie Doucet, aunque claro, acá ya no estamos hablando de la cajera del supermercado, sino de minitas con un perfil más intelectual, o incluso más freak.
Cuarto puesto para Vertigo, o para cualquier cosa donde meta mano Neil Gaiman, que es otro autor fetiche entre las mujeres. Por supuesto, es más fácil que se copen con Sandman que con Preacher Scalped o Transmetropolitan, pero Vertigo tiene muchas series donde las lectoras pueden sentirse identificadas. Dale Fables o Y, The Last Man a tu chica, a ver qué onda.
Quinto puesto para el comic europeo. En Francia supongo que habrá muchas, pero en Argentina no hay casi fanáticas de Moebius, Pratt, Trondheim, Bernet, Bilal, Marini o Meziéres. Ni siquiera de Astérix, Spirou o Tintin. No pretendo que se hagan fans de Manara, pero es raro que no se enganchen con autores como Paco Roca o Frederik Peeters, por poner apenas dos ejemplos.
Y sexto lugar para el mainstream yanki, o sea, superhéroes y afines. Acá la llegada de las chicas fue tardía y se está dando, pero de a poquito. Por ahora, es difícil enganchar lectoras mujeres en estos festivales de la machaca y la testosterona. Tiene que ver con los contenidos, supongo yo, con cómo están planteados los conflictos, cómo están gráficamente representados hombres y mujeres, cómo tratan los guionistas a estas últimas y con un detalle no menor que es el del elemento fantástico.
Hay excepciones, por supuesto, pero en general, a las mujeres no las ceba mucho lo fantástico. Les tira más lo real, lo verosímil. Entre Persépolis y el Incal, se quedan de una con Persépolis. Les gusta más V for Vendetta que Watchmen, porque “es más realista”. Se emocionan más con la autobiografía o el costumbrismo que con la épica y la grandilocuencia. En realidad, les gusta lo mismo que a nosotros: las historias originales, bien narradas, con conflictos humanos atractivos. Pero miran demasiado la cáscara. Si el conflicto humano atractivo tiene como protagonistas a 25 chicos y chicas del Siglo XXXI con superpoderes, cuerpos perfectos y trajes alucinantes y estridentes pensados para resaltar la perfección de esos cuerpos, ya es más difícil que se enganchen.
Enseguida van a saltar las chicas a contarme que leen a Tolkien, a Rowling o a Lovecraft y que se copan con un montón de obras de géneros fantásticos. Welcome to Freakville. Las chicas que leen este blog están (como dice mi amigo sociólogo) fuera de la media, son casos muy aislados y –lamentablemente- poco representativos. Igual me interesa escucharlas, obvio.
En un próximo post, algunas ideas acerca de qué hacer para que más cromosomas XX pueblen el universo comiquero.
lunes 19 de marzo de 2012
domingo 18 de marzo de 2012
18/ 03: STRANGE TALES Vol.2
Felizmente, cada tanto Marvel se acuerda de que, además de facturar fortunas con los crossovers y las sagas grandilocuentes, hay que hacerle –aunque sea un ratito- algún mimo al lector que no entra en la drogadicción demente de los 16 números anuales de Avengers o sus infinitos spin-offs. La fórmula ya demostró que funciona: traés grossos autores del palo indie, tipos con otra estética, otra mirada sobre los héroes y villanos de Marvel, y los dejás hacer lo que se les cante. Bueno, tampoco lo que se les cante... Digamos que, mientras no haya garches, el resto está casi todo permitido.
Abrimos con ocho maravillosas páginas del genio brazuca Rafael Grampá. El guión no es “oooohhh!”, pero el dibujo te devasta las retinas. El infaltable Gene Luen Yang hace un hermoso aporte con una historia protagonizada por... el hijo de Leapfrog! Más tercerón, imposible. La primera pifia llega con Frank Santoro y una historia del Silver Surfer que no va a ningún lado y encima está mal dibujada.
Kate Beaton aporta varias historietas a la antología: la mejor dibujada es la de Kraven y Spider-Man y la más graciosa, la de Rogue. Atenti a esta chica, que tiene un estilo muy interesante. Otra chica en ascenso, la canadiense Jillian Tamaki, lima con una historieta de Dazzler que no termina de cerrar. Shannon Wheeler (autor de Too Much Coffee Man) la rompe con una del Red Skull, repleta de ironía. A Kevin Huizenga se le ocurre una buena idea que por ahí funcionaba mejor en dos páginas (no en cuatro) y el maestro Jeff Lemire experimenta con el color en una breve pero intensa historia de Man-Thing. Lo de Dash Shaw, pobre, no tiene pies ni cabeza. Posta, si no tenía ganas de dibujar, hubiera dicho “paso” y nos ahorrábamos un disgusto. Otro de los que estuvo en el Vol.1, el glorioso Jhonen Vasquez, se despacha con una de Wolverine, muy bien dibujada pero no tan graciosa como la del tomo anterior.
Beto Hernández nos obsequia seis deliciosas páginas de Iron Man, muy bien coloreadas por Jim Campbell. Y su hermano Jaime aporta una de las mejores historietas del tomo, la del Space Phantom pajero en la playa de las superheroínas. Jeffrey Brown se mete con los X-Men en una historia apenas graciosa, y luego un extraño pero interesante australiano llamado Sheldon Vella reversiona por completo a Ghost Rider. Linda la de Spider-Man de Paul Maybury (otro que no conocía y me gustó), aburrida la de Colossus de Paul Hornschemeier. Alucinante la de Thor del maestro Tony Millionaire y bastante fea la de Wolverine de David Heatley.
Hay mucho más, pero se me acaba el espacio: quiero destacar a Farel Darlymple (que rara vez falla) con su historia de Spidey y el Silver Surfer, la grotesca bizarreada de Jon Vermilyea y la muy amena aventura de Thor de Terry Moore (Strangers in Paradise). También están Dean Haspiel, Ty Templeton, el legendario Harvey Pekar (en la última historieta antes de su muerte), Alex Robinson (Box Office Poison), el alucinante brazuca Eduardo Medeiros (cada día mejor) y otro pibe al que no conocía, Toby Cypress, un excelente dibujante que deja ver la sana influencia del inimitable Kyle Baker.
Pero el que realmente me voló la peluca, el que hizo que mi mandíbula impactara varias veces contra el piso, el que me obligó a cerrar el libro y dedicarme a otra cosa varias horas para dejar en claro que había un antes y un después de su historieta, fue James Stokoe, la bessstia asesina de Orc Stain, que acá dibuja unos skrulls brillantes, un Silver Surfer magnífico y el mejor Galactus que vi en mi puta vida. Posta, me hizo olvidar al de Moebius. No te digo que esas cuatro páginas valen lo que te pidan por el libro, pero sin duda la pongo allá arriba, entre lo MUY indispensable.
Y bueno, mientras ninguno de los próceres del indie sienta que está traicionando sus convicciones por publicar cuatro o seis paginitas bajo el logo de Marvel, este extraño y atractivo crossover entre dos formas distintas de pensar la historieta pueden llegar a convertirse en una sana costumbre, en un oasis, en un punto de encuentro, o de reconciliación, entre los personajes más taquilleros del mainstream y los autores que normalmente no se ponen ni mamados la camiseta de lo que el Comics Journal denominó acertadamente “corporate comics”. Ojalá pronto haya más Strange Tales.
Abrimos con ocho maravillosas páginas del genio brazuca Rafael Grampá. El guión no es “oooohhh!”, pero el dibujo te devasta las retinas. El infaltable Gene Luen Yang hace un hermoso aporte con una historia protagonizada por... el hijo de Leapfrog! Más tercerón, imposible. La primera pifia llega con Frank Santoro y una historia del Silver Surfer que no va a ningún lado y encima está mal dibujada.
Kate Beaton aporta varias historietas a la antología: la mejor dibujada es la de Kraven y Spider-Man y la más graciosa, la de Rogue. Atenti a esta chica, que tiene un estilo muy interesante. Otra chica en ascenso, la canadiense Jillian Tamaki, lima con una historieta de Dazzler que no termina de cerrar. Shannon Wheeler (autor de Too Much Coffee Man) la rompe con una del Red Skull, repleta de ironía. A Kevin Huizenga se le ocurre una buena idea que por ahí funcionaba mejor en dos páginas (no en cuatro) y el maestro Jeff Lemire experimenta con el color en una breve pero intensa historia de Man-Thing. Lo de Dash Shaw, pobre, no tiene pies ni cabeza. Posta, si no tenía ganas de dibujar, hubiera dicho “paso” y nos ahorrábamos un disgusto. Otro de los que estuvo en el Vol.1, el glorioso Jhonen Vasquez, se despacha con una de Wolverine, muy bien dibujada pero no tan graciosa como la del tomo anterior.
Beto Hernández nos obsequia seis deliciosas páginas de Iron Man, muy bien coloreadas por Jim Campbell. Y su hermano Jaime aporta una de las mejores historietas del tomo, la del Space Phantom pajero en la playa de las superheroínas. Jeffrey Brown se mete con los X-Men en una historia apenas graciosa, y luego un extraño pero interesante australiano llamado Sheldon Vella reversiona por completo a Ghost Rider. Linda la de Spider-Man de Paul Maybury (otro que no conocía y me gustó), aburrida la de Colossus de Paul Hornschemeier. Alucinante la de Thor del maestro Tony Millionaire y bastante fea la de Wolverine de David Heatley.
Hay mucho más, pero se me acaba el espacio: quiero destacar a Farel Darlymple (que rara vez falla) con su historia de Spidey y el Silver Surfer, la grotesca bizarreada de Jon Vermilyea y la muy amena aventura de Thor de Terry Moore (Strangers in Paradise). También están Dean Haspiel, Ty Templeton, el legendario Harvey Pekar (en la última historieta antes de su muerte), Alex Robinson (Box Office Poison), el alucinante brazuca Eduardo Medeiros (cada día mejor) y otro pibe al que no conocía, Toby Cypress, un excelente dibujante que deja ver la sana influencia del inimitable Kyle Baker.
Pero el que realmente me voló la peluca, el que hizo que mi mandíbula impactara varias veces contra el piso, el que me obligó a cerrar el libro y dedicarme a otra cosa varias horas para dejar en claro que había un antes y un después de su historieta, fue James Stokoe, la bessstia asesina de Orc Stain, que acá dibuja unos skrulls brillantes, un Silver Surfer magnífico y el mejor Galactus que vi en mi puta vida. Posta, me hizo olvidar al de Moebius. No te digo que esas cuatro páginas valen lo que te pidan por el libro, pero sin duda la pongo allá arriba, entre lo MUY indispensable.
Y bueno, mientras ninguno de los próceres del indie sienta que está traicionando sus convicciones por publicar cuatro o seis paginitas bajo el logo de Marvel, este extraño y atractivo crossover entre dos formas distintas de pensar la historieta pueden llegar a convertirse en una sana costumbre, en un oasis, en un punto de encuentro, o de reconciliación, entre los personajes más taquilleros del mainstream y los autores que normalmente no se ponen ni mamados la camiseta de lo que el Comics Journal denominó acertadamente “corporate comics”. Ojalá pronto haya más Strange Tales.
sábado 17 de marzo de 2012
17/ 03: LA INVENCION DE LA SALCHICHA AL CURRY
Ooootra vez una con nazis... Creo que ya hubo más historietas con nazis reseñadas en este blog que soldados en las tropas del Tercer Reich. Es increíble, realmente, cómo europeos, yankis, japoneses y hasta sudamericanos vuelven una y otra vez sobre el tema de la Segunda Guerra Mundial, las tropelías imperiales y genocidas de Hitler y demás. Esta historieta (que en realidad es una adaptación de una novela de Uwe Timm) por lo menos no cae en el lugar común de relatarnos las hazañas bélicas de los aliados o denunciar las atrocidades perpetradas por el Führer y sus traviesos muchachos. Pero eso no es lo único que la hace interesante.
La historia está narrada en primera persona por un curioso muchacho (tal vez el propio Uwe Timm) que, como se nota que está bastante al pedo, se dedica a comprobar si realmente Lena Brücker, a quien conoció en su Hamburgo natal, fue la inventora de la salchicha al curry. A lo largo de los años, el protagonista vuelve varias veces a Hamburgo, a recavar información y sobre todo a conversar con la señora Brücker, cuya historia le resulta fascinante. Timm nos cuenta lo mínimo indispensable acerca de este muchacho (sobre el final ya un señor grande) y al hacerlo deriva el verdadero protagonismo en el personaje de Lena Brücker, que está mucho más trabajado y mucho más pensado para despertar la empatía del lector.
A lo largo de las charlas, la señora Brücker revela el origen de la salchicha al curry, un evento decididamente menor, aunque muy bien integrado a un contexto mayor (y más interesante) como es el de la reconstrucción de Hamburgo, una ciudad en la que la caída del Tercer Reich se vive con particular dramatismo, ya que fue asolada por bombardeos y prácticamente devastada por las fuerzas aliadas. Terminado el conflicto, habrá que convertir esas ruinas en una ciudad de verdad y volverla a poner en marcha, ahora sin un montón de hombres que fueron al frente y no volvieron.
Como complemento, hay una historia de amor que protagoniza la señora Brücker con un joven soldado alemán que deserta de las filas del ejército de Hitler poco antes de la muerte de este último, cuando Alemania está siendo sopapeada por tierra, mar y aire. Lena y Bremer pasan juntos ese crucial Abril de 1945, y la verdad que ese tramo de la novela (el principio) es muy atractivo, pero conecta poco con el tema de la salchicha al curry. Este es el tramo donde Timm se acuerda de hablar un poquito de los nazis y de cómo trataban ya no a “las razas inferiores”, sino a su propia gente.
La transformación de esta novela en una novela gráfica es responsabilidad de la alemana Isabel Kreitz, hasta ahora bastante desconocida fuera de su país. Kreitz trabaja con una narrativa muy clásica: todas las páginas están divididas en cuatro tiras de viñetas excepto una, que tiene una viñeta grande que ocupa media página. Las transiciones de tiempo y lugar son muchas, pero todas se entienden perfectamente. La historieta prácticamente no tiene acción (lo más parecido es un bombardeo sobre Hamburgo visto desde la gente en las calles) y se basa muchísimo en los diálogos a puertas cerradas. Para que eso no se haga un embole, Kreitz recurre a una amplia variedad de enfoques, con alguna que otra angulación un poquito más arriesgada, pero siempre muy prolija. En cuanto al estilo gráfico, visto de lejos La Invención... podría parecer un comic de Horacio Altuna, por algunos truquitos de composición y por cómo está usado el claroscuro. Pero cuando las mirás más en detalle, las viñetas de Isabel Kreitz te remiten enseguida a una mezcla bizarra pero efectiva entre Guy Davis y Nacho Noé. El plumín, que cobra mucho protagonismo porque a Kreitz le encantan los detalles en rostros, ropas y fondos, es re-Guy Davis y las expresiones faciales (que también tienen mucho peso porque –repito- el comic está muy jugado a los diálogos) son re-Noé.
Amor y morfi, nostalgia y coraje, mezclados en una novela donde se encuentran la Historia grossa, la de los libros y los documentales, con la historia chiquita, la de una mina apasionada, ingeniosa, incansable y valiente, capaz de gritarle en la cara a un milico “¡Todos los que llevan uniforme son unos cerdos!” y de alegrarle la vida al barrio con sus salchichas al curry. No es una joya definitiva, pero recontra-vale la pena.
La historia está narrada en primera persona por un curioso muchacho (tal vez el propio Uwe Timm) que, como se nota que está bastante al pedo, se dedica a comprobar si realmente Lena Brücker, a quien conoció en su Hamburgo natal, fue la inventora de la salchicha al curry. A lo largo de los años, el protagonista vuelve varias veces a Hamburgo, a recavar información y sobre todo a conversar con la señora Brücker, cuya historia le resulta fascinante. Timm nos cuenta lo mínimo indispensable acerca de este muchacho (sobre el final ya un señor grande) y al hacerlo deriva el verdadero protagonismo en el personaje de Lena Brücker, que está mucho más trabajado y mucho más pensado para despertar la empatía del lector.
A lo largo de las charlas, la señora Brücker revela el origen de la salchicha al curry, un evento decididamente menor, aunque muy bien integrado a un contexto mayor (y más interesante) como es el de la reconstrucción de Hamburgo, una ciudad en la que la caída del Tercer Reich se vive con particular dramatismo, ya que fue asolada por bombardeos y prácticamente devastada por las fuerzas aliadas. Terminado el conflicto, habrá que convertir esas ruinas en una ciudad de verdad y volverla a poner en marcha, ahora sin un montón de hombres que fueron al frente y no volvieron.
Como complemento, hay una historia de amor que protagoniza la señora Brücker con un joven soldado alemán que deserta de las filas del ejército de Hitler poco antes de la muerte de este último, cuando Alemania está siendo sopapeada por tierra, mar y aire. Lena y Bremer pasan juntos ese crucial Abril de 1945, y la verdad que ese tramo de la novela (el principio) es muy atractivo, pero conecta poco con el tema de la salchicha al curry. Este es el tramo donde Timm se acuerda de hablar un poquito de los nazis y de cómo trataban ya no a “las razas inferiores”, sino a su propia gente.
La transformación de esta novela en una novela gráfica es responsabilidad de la alemana Isabel Kreitz, hasta ahora bastante desconocida fuera de su país. Kreitz trabaja con una narrativa muy clásica: todas las páginas están divididas en cuatro tiras de viñetas excepto una, que tiene una viñeta grande que ocupa media página. Las transiciones de tiempo y lugar son muchas, pero todas se entienden perfectamente. La historieta prácticamente no tiene acción (lo más parecido es un bombardeo sobre Hamburgo visto desde la gente en las calles) y se basa muchísimo en los diálogos a puertas cerradas. Para que eso no se haga un embole, Kreitz recurre a una amplia variedad de enfoques, con alguna que otra angulación un poquito más arriesgada, pero siempre muy prolija. En cuanto al estilo gráfico, visto de lejos La Invención... podría parecer un comic de Horacio Altuna, por algunos truquitos de composición y por cómo está usado el claroscuro. Pero cuando las mirás más en detalle, las viñetas de Isabel Kreitz te remiten enseguida a una mezcla bizarra pero efectiva entre Guy Davis y Nacho Noé. El plumín, que cobra mucho protagonismo porque a Kreitz le encantan los detalles en rostros, ropas y fondos, es re-Guy Davis y las expresiones faciales (que también tienen mucho peso porque –repito- el comic está muy jugado a los diálogos) son re-Noé.
Amor y morfi, nostalgia y coraje, mezclados en una novela donde se encuentran la Historia grossa, la de los libros y los documentales, con la historia chiquita, la de una mina apasionada, ingeniosa, incansable y valiente, capaz de gritarle en la cara a un milico “¡Todos los que llevan uniforme son unos cerdos!” y de alegrarle la vida al barrio con sus salchichas al curry. No es una joya definitiva, pero recontra-vale la pena.
Etiquetas:
Isabel Kreitz,
La Invención de la Salchicha al Curry
viernes 16 de marzo de 2012
16/ 03: MADAME XANADU Vol.3
Mirámelo a Matt Wagner, qué vanguardista... Para este tomo abandona la ambientación que maneja de taquito (la New York de fines de los años ´30) y nos sitúa en 1957, ese fascinante período de la historia yanki, en el que el Sueño Americano estuvo a punto de hacerse realidad, de no haber sido por... un montón de contradicciones que estaban latentes, barridas abajo de la alfombra y que iban a hacer eclosión después de la muerte de JFK. La trama en sí se nutre de este contexto histórico un poquito menos de lo que debería, pero los detalles (que suelen enriquecer bastante a las tramas mayores) están y están muy bien puestos.
Como en el tomo anterior, Wagner elige narrar en paralelo una segunda historia, esta vez intercalada en el medio del tomo a modo de un extenso flashback, ambientado a lo largo de los años de juventud de Nimue (que así se llama Madame Xanadu) y su hermana Morgaine Le Fey, la villana de este arco. La mocedad de las chicas coincide con la llegada del homo magi a Europa, las conquistas del Imperio Romano y la época en la que las criaturas mágicas y los hombres coexistieron armónicamente, una época marcada por el legendario hechicero Merlín y el no menos legendario Rey Arturo. El flashback no sólo hace más sustancioso el pasado de las protagonistas al mostrarnos cómo la hoy irredimible, perversa y corrupta Morgana empezó su tránsito por la senda del mal ante la impotencia y la frustración de Nimue. Además provee muy buenas secuencias con tonalidades muy variadas: guerras, travesuras infantiles, masacres sanguinarias, sexo y debates profundos entre las chicas acerca de cómo usar sus fantásticos dones en un mundo donde el lugar de la magia está puesto en crisis.
Ya te recontra-spoilié quién es la responsable del bolonki que Madame Xanadu debe confrontar en 1957. Lo que no te dije es cómo le gana, y mucho menos gracias a la ayuda de quién. El co-protagonista de la historia que transcurre en los ´50 es el taciturno detective John Jones, un extraño policía que se hace invisible, levita, lanza rayos ópticos y se caga en las patas cuando algo se prende fuego. Wagner no lo nombra nunca con su alias más conocido, ni con su nombre original, así que yo tampoco lo voy a hacer, pero bueno, ya están todas las pistas para que el que entiende de qué estamos hablando saque sus conclusiones. Hoy, apenas dos años después del momento en que se publicaron estos comics, eso que hizo Wagner no se podría hacer en ningún comic de Vertigo, ya que estos no conservan ni el más tenue lazo con la continuidad (vieja, nueva, cualquiera) del Universo DC.
En cuanto al dibujo, en los flashbacks al pasado tenemos a Joëlle Jones, la muy competente dibujante de Token, una gran novelita gráfica que DC editó en su malogrado sello Minx. Y en el resto del tomo tenemos de regreso a Amy Reeder, la principiante que dejó al mundo boquiabierto con su labor en el primer tomo. Acá vemos a Reeder experimentar mucho más con la narrativa, pero sin repetir los truquitos clásicos de Matt Wagner. También la vemos optar por una estética más realista, más cercana a la del típico comic americano y no tan cercana a la de ciertos mangakas cuyas influencias se notaban más en el primer tomo. El guión, si bien no salta por 1000 años de historia como en el Vol.1, es muy, muy exigente para con quien tiene la tarea de ilustrarlo y Reeder sale más que airosa del desafío. En las portadas la vemos hacer gala de un dibujo sofisticado, glamoroso, rico en detalles preciosistas, pero adentro Reeder se pone el overol y se mata en cada escena para lograr imágenes fuertes, impactantes, coherentes con el misterio truculento y la acción furibunda que propone el guión.
En resumen, un muy buen arco argumental, bellamente ilustrado, para una serie que no termino de entender cómo no duró mucho más de lo que duró. Me queda por leer el cuarto y último tomo, que será reseñado a la brevedad.
Como en el tomo anterior, Wagner elige narrar en paralelo una segunda historia, esta vez intercalada en el medio del tomo a modo de un extenso flashback, ambientado a lo largo de los años de juventud de Nimue (que así se llama Madame Xanadu) y su hermana Morgaine Le Fey, la villana de este arco. La mocedad de las chicas coincide con la llegada del homo magi a Europa, las conquistas del Imperio Romano y la época en la que las criaturas mágicas y los hombres coexistieron armónicamente, una época marcada por el legendario hechicero Merlín y el no menos legendario Rey Arturo. El flashback no sólo hace más sustancioso el pasado de las protagonistas al mostrarnos cómo la hoy irredimible, perversa y corrupta Morgana empezó su tránsito por la senda del mal ante la impotencia y la frustración de Nimue. Además provee muy buenas secuencias con tonalidades muy variadas: guerras, travesuras infantiles, masacres sanguinarias, sexo y debates profundos entre las chicas acerca de cómo usar sus fantásticos dones en un mundo donde el lugar de la magia está puesto en crisis.
Ya te recontra-spoilié quién es la responsable del bolonki que Madame Xanadu debe confrontar en 1957. Lo que no te dije es cómo le gana, y mucho menos gracias a la ayuda de quién. El co-protagonista de la historia que transcurre en los ´50 es el taciturno detective John Jones, un extraño policía que se hace invisible, levita, lanza rayos ópticos y se caga en las patas cuando algo se prende fuego. Wagner no lo nombra nunca con su alias más conocido, ni con su nombre original, así que yo tampoco lo voy a hacer, pero bueno, ya están todas las pistas para que el que entiende de qué estamos hablando saque sus conclusiones. Hoy, apenas dos años después del momento en que se publicaron estos comics, eso que hizo Wagner no se podría hacer en ningún comic de Vertigo, ya que estos no conservan ni el más tenue lazo con la continuidad (vieja, nueva, cualquiera) del Universo DC.
En cuanto al dibujo, en los flashbacks al pasado tenemos a Joëlle Jones, la muy competente dibujante de Token, una gran novelita gráfica que DC editó en su malogrado sello Minx. Y en el resto del tomo tenemos de regreso a Amy Reeder, la principiante que dejó al mundo boquiabierto con su labor en el primer tomo. Acá vemos a Reeder experimentar mucho más con la narrativa, pero sin repetir los truquitos clásicos de Matt Wagner. También la vemos optar por una estética más realista, más cercana a la del típico comic americano y no tan cercana a la de ciertos mangakas cuyas influencias se notaban más en el primer tomo. El guión, si bien no salta por 1000 años de historia como en el Vol.1, es muy, muy exigente para con quien tiene la tarea de ilustrarlo y Reeder sale más que airosa del desafío. En las portadas la vemos hacer gala de un dibujo sofisticado, glamoroso, rico en detalles preciosistas, pero adentro Reeder se pone el overol y se mata en cada escena para lograr imágenes fuertes, impactantes, coherentes con el misterio truculento y la acción furibunda que propone el guión.
En resumen, un muy buen arco argumental, bellamente ilustrado, para una serie que no termino de entender cómo no duró mucho más de lo que duró. Me queda por leer el cuarto y último tomo, que será reseñado a la brevedad.
Etiquetas:
Amy Reeder Hadley,
Madame Xanadu,
Matt Wagner,
Vertigo
jueves 15 de marzo de 2012
15/ 03: LA PAREJITA Vol.3
El día que se inventó la pareja monogámica (heterosexual o no, es lo mismo), el Infierno abrió una sucursal en cada hogar. No hace falta tener la mala leche ni el talento que tiene Manel Fontdevila para mofarse durante décadas enteras de los pobres pibes (y minas) que conviven con sus parejas. Sobre este tema se ha escrito mucho: desde los mejores poetas de nuestra lengua (con Joaquín Sabina a la cabeza) hasta stand-up comedians con menos gracia que un desalojo, todos le han dedicado su párrafo a los sinsabores de la pareja monogámica que convive bajo un mismo techo, comiéndose garrones uno atrás del otro, sin parar, como si fueran papafritas Lays. Los platos sucios, la bolsa de residuos eternamente instalada en el palier, la peli de Julia Roberts que está a la misma hora que la final de la Champions League, el cumpleaños de la Tía Pocha en Rafael Calzada, la birrita con los amigos que se estiró hasta las tres de la matina, la factura impaga del gas, la factura genocida del teléfono... y eso siempre y cuando no haya hijos de por medio. Con hijos todo esto se potencia hasta el infinito y más allá.
Supongamos que se compruebe científicamente la existencia del amor (cosa bastante improbable): ¿alcanza para justificar semejantes tormentos? ¿Da para elegir día a día quedarse ahí, resistiendo, comiéndose una vez más y ad infinitum los mismos garrones que ayer y anteayer y la semana pasada? Yo soy de los que creen que, si sentís cosas copadas por una persona, no podés ser tan hijo de puta de pedirle que conviva con vos. ¿Y Fontdevila? No estoy tan seguro... No sé si entre tanta sátira despiadada no se le escapa un dejo de ternura. Por ahí, con tantos años de escribir y dibujar las desventuras conyugales de Emilia y Mauricio, se ablandó y terminó por dejarse conmover ante tanto remar de atrás para que la cosa se haga soportable.
Y eso que acá llevaba apenas 200 planchas de su historieta semanal. Me imagino que ahora (con Emilia y Mauricio ya padres) ya les tendrá la suficiente lástima como para tratarlos mejor. Acá, más allá de ese tenue haz de ternura, Fontdevila está muy afilado, dispuesto a no dejar pasar una sóla situación potencialmente graciosa para reirse de estos pobres pibes y de la sociedad chota e injusta en la que les toca vivir. El tema del capitalismo salvaje y la forma en que deforma y pervierte los valores básicos del ser humano también se cuela a menudo en la tira y contamina (o en realidad, termina de explicar) a la comedia costumbrista. El gran Manel (la bestia mide más de dos metros y debe pesar cerca de 130 kilos) demuestra ser un especialista en ambas lides, la de la sátira social y la de la comedia. Para descollar en esta última, combina perfectamente los dos elementos fundamentales: constante renovación de las situaciones y minuciosa (y excelente) construcción de los personajes. Y a diferencia de las grandes sitcoms yankis, se zarpa a full a la hora de incorporar la temática sexual al oprobioso panorama de la vida en pareja de los protagonistas.
A nivel gráfico, Fontdevila es el más consumado heredero de lo que se conoce como la Escuela Bruguera. Por supuesto, está claro que leyó otras cosas (Yves Chaland, Peter Bagge, Albert Uderzo), pero no necesita homenajear intencionalmente a las historietas de Ibáñez, Vázquez o Escobar (cosa que hace como los dioses en la entrega 173 de la serie) para demostrar que es su mejor alumno y su más legítimo hijo bastardo. Y eso sin hablar de su trabajo con el color, que es realmente maravilloso, casi siempre muy sutil y cada tanto (cuando el guión lo requiere) absolutamente estridente y brutal.
Injustamente desconocida en Argentina, La Parejita es una de las mejores comedias costumbristas de la historia del comic, un feliz antídoto contra los tumores malignos que te salen en el alma cuando compartís casa con la persona con la que alguna vez te emocionó compartir cama.
Supongamos que se compruebe científicamente la existencia del amor (cosa bastante improbable): ¿alcanza para justificar semejantes tormentos? ¿Da para elegir día a día quedarse ahí, resistiendo, comiéndose una vez más y ad infinitum los mismos garrones que ayer y anteayer y la semana pasada? Yo soy de los que creen que, si sentís cosas copadas por una persona, no podés ser tan hijo de puta de pedirle que conviva con vos. ¿Y Fontdevila? No estoy tan seguro... No sé si entre tanta sátira despiadada no se le escapa un dejo de ternura. Por ahí, con tantos años de escribir y dibujar las desventuras conyugales de Emilia y Mauricio, se ablandó y terminó por dejarse conmover ante tanto remar de atrás para que la cosa se haga soportable.
Y eso que acá llevaba apenas 200 planchas de su historieta semanal. Me imagino que ahora (con Emilia y Mauricio ya padres) ya les tendrá la suficiente lástima como para tratarlos mejor. Acá, más allá de ese tenue haz de ternura, Fontdevila está muy afilado, dispuesto a no dejar pasar una sóla situación potencialmente graciosa para reirse de estos pobres pibes y de la sociedad chota e injusta en la que les toca vivir. El tema del capitalismo salvaje y la forma en que deforma y pervierte los valores básicos del ser humano también se cuela a menudo en la tira y contamina (o en realidad, termina de explicar) a la comedia costumbrista. El gran Manel (la bestia mide más de dos metros y debe pesar cerca de 130 kilos) demuestra ser un especialista en ambas lides, la de la sátira social y la de la comedia. Para descollar en esta última, combina perfectamente los dos elementos fundamentales: constante renovación de las situaciones y minuciosa (y excelente) construcción de los personajes. Y a diferencia de las grandes sitcoms yankis, se zarpa a full a la hora de incorporar la temática sexual al oprobioso panorama de la vida en pareja de los protagonistas.
A nivel gráfico, Fontdevila es el más consumado heredero de lo que se conoce como la Escuela Bruguera. Por supuesto, está claro que leyó otras cosas (Yves Chaland, Peter Bagge, Albert Uderzo), pero no necesita homenajear intencionalmente a las historietas de Ibáñez, Vázquez o Escobar (cosa que hace como los dioses en la entrega 173 de la serie) para demostrar que es su mejor alumno y su más legítimo hijo bastardo. Y eso sin hablar de su trabajo con el color, que es realmente maravilloso, casi siempre muy sutil y cada tanto (cuando el guión lo requiere) absolutamente estridente y brutal.
Injustamente desconocida en Argentina, La Parejita es una de las mejores comedias costumbristas de la historia del comic, un feliz antídoto contra los tumores malignos que te salen en el alma cuando compartís casa con la persona con la que alguna vez te emocionó compartir cama.
miércoles 14 de marzo de 2012
14/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 5)
Ultimo tramo de este repaso por la vida y la obra del grande entre los grandes, el dibujante que nos detonó las retinas y las neuronas a varias generaciones de lectores y revolucionó varias veces al comic europeo.
7) LOS AÑOS MAS RECIENTES (2001-2011)
El nuevo siglo encuentra a un Jean Giraud ya sesentón, con ganas de cambiar de ritmo y trabajar sólo por placer. Uno de estos placeres es Icarus (realizada entre 1997 y 2000 y lanzada en 2001), una saga de ciencia-ficción que Moebius escribe para que la dibuje su autor japonés favorito: el glorioso Jiro Taniguchi. El resultado son 250 páginas inolvidables.
Mientras tanto, el maestro escribe y dibuja los cierres definitivos de dos ciclos exitosos. El de Mister Blueberry (que Giraud continuó pese a la oposición de los herederos de Charlier, disconformes con el giro que fue cobrando la saga), llega a su fin con OK Corral (2003) y Dust (2005), pero en 2007 agrega un nuevo tomo fuera de colección, titulado Apaches. Y la saga de Edena termina en 2001 con un último tomo titulado Sra y un libro de historias cortas, Les Reparateurs (también de 2001) que combina historias inéditas con otras ya publicadas en otros libros.
La suerte se puso de su lado también en materia de proyectos fílmicos. En 2003 el canal de TV France 2 estrenó los 14 episodios de Arzak Rhapsody, una serie animada escrita, dibujada y realizada po Moebius, co-producida por el canal, Wolfland Pictures y Carrére Group. Bruno Devoldére le dio voz al personaje.
En 2004 se estrenó finalmente Blueberry: La Experiencia Secreta, una co-producción entre Francia, México y el Reino Unido, dirigida por Jan Kounen, escrita por Matt Alexander y Gérard Brach y con un elenco encabezado por Vincent Cassel (como Mike Blueberry), Michael Madsen y Juliette Lewis.
En 2005 se estrenó Thru the Moebius Strip, un largometraje animado de 80 minutos, escrito por Jim Cox y Paul Gertz, y coordinado por Frank Foster, prestigioso realizador del documental The Story of Computer Graphics, al frente de un equipo de 200 artistas y con mucha participación de Moebius en la concepción y la pre-producción de la película.
También en 2005, la editorial Dargaud lanzó un video que consiste en una entrevista filmada, en la que Jean “Moebius” Giraud ponía la cara y la palabra en un completo repaso por su ilustre trayectoria, un poco para desmentir los rumores de que estaba gravemente enfermo.
Ya desde 1999, Isabelle y Jean habían puesto en marcha Stardom, una galería de arte especializada en litografías, cuadros y demás obras con el sello de Moebius. A partir de 2004 empiezan a editar también libros, con la serie cuasi-autobiográfica Inside Moebius, que acumula seis tomos (tres en la edición española). En 2008, Stardom edita el álbum Le Chasseur Déprime, que marca el regreso del Major Grubert, y luego cambia su nombre por el de Moebius Productions.
Bajo este sello salen un nuevo álbum de la saga de Grubert, Le Major (2011), un álbum de ilustraciones y dibujos titulado Le Faune de Mars (La Fauna de Marte, 2011) y Zaza et Moeb aiment Cherbourg (2011, última obra de Moebius que funciona como catálogo a una exposición y contiene dibujos, bocetos y poemas ilustrados). Un año antes, en 2010, Moebius Productions edita el impactante regreso de Arzak, con Destination Tassili. Se trata de un álbum muy raro, en blanco y negro, con los textos a los costados de las ilustraciones y tiene dos ediciones, una muy lujosa y limitada, en formato gigante. Ese mismo año, Moebius reformula esa historia y la convierte en el imponente Arzak: L´Arpenteur (El Vigilante, en castellano), ahora a color, con diálogos y con una trama más compleja, pensada para detonar una trilogía que, lamentablemente, no llegó a completarse.
Finalmente, el 10 de Marzo de 2012, el genio eterno nos dejó para irse a recorrer otros planos post-terrenales, a llenar con su magia otras galaxias de las que sólo él podía imaginar. Hasta siempre, maestro.
7) LOS AÑOS MAS RECIENTES (2001-2011)
El nuevo siglo encuentra a un Jean Giraud ya sesentón, con ganas de cambiar de ritmo y trabajar sólo por placer. Uno de estos placeres es Icarus (realizada entre 1997 y 2000 y lanzada en 2001), una saga de ciencia-ficción que Moebius escribe para que la dibuje su autor japonés favorito: el glorioso Jiro Taniguchi. El resultado son 250 páginas inolvidables.
Mientras tanto, el maestro escribe y dibuja los cierres definitivos de dos ciclos exitosos. El de Mister Blueberry (que Giraud continuó pese a la oposición de los herederos de Charlier, disconformes con el giro que fue cobrando la saga), llega a su fin con OK Corral (2003) y Dust (2005), pero en 2007 agrega un nuevo tomo fuera de colección, titulado Apaches. Y la saga de Edena termina en 2001 con un último tomo titulado Sra y un libro de historias cortas, Les Reparateurs (también de 2001) que combina historias inéditas con otras ya publicadas en otros libros.
La suerte se puso de su lado también en materia de proyectos fílmicos. En 2003 el canal de TV France 2 estrenó los 14 episodios de Arzak Rhapsody, una serie animada escrita, dibujada y realizada po Moebius, co-producida por el canal, Wolfland Pictures y Carrére Group. Bruno Devoldére le dio voz al personaje.
En 2004 se estrenó finalmente Blueberry: La Experiencia Secreta, una co-producción entre Francia, México y el Reino Unido, dirigida por Jan Kounen, escrita por Matt Alexander y Gérard Brach y con un elenco encabezado por Vincent Cassel (como Mike Blueberry), Michael Madsen y Juliette Lewis.
En 2005 se estrenó Thru the Moebius Strip, un largometraje animado de 80 minutos, escrito por Jim Cox y Paul Gertz, y coordinado por Frank Foster, prestigioso realizador del documental The Story of Computer Graphics, al frente de un equipo de 200 artistas y con mucha participación de Moebius en la concepción y la pre-producción de la película.
También en 2005, la editorial Dargaud lanzó un video que consiste en una entrevista filmada, en la que Jean “Moebius” Giraud ponía la cara y la palabra en un completo repaso por su ilustre trayectoria, un poco para desmentir los rumores de que estaba gravemente enfermo.
Ya desde 1999, Isabelle y Jean habían puesto en marcha Stardom, una galería de arte especializada en litografías, cuadros y demás obras con el sello de Moebius. A partir de 2004 empiezan a editar también libros, con la serie cuasi-autobiográfica Inside Moebius, que acumula seis tomos (tres en la edición española). En 2008, Stardom edita el álbum Le Chasseur Déprime, que marca el regreso del Major Grubert, y luego cambia su nombre por el de Moebius Productions.
Bajo este sello salen un nuevo álbum de la saga de Grubert, Le Major (2011), un álbum de ilustraciones y dibujos titulado Le Faune de Mars (La Fauna de Marte, 2011) y Zaza et Moeb aiment Cherbourg (2011, última obra de Moebius que funciona como catálogo a una exposición y contiene dibujos, bocetos y poemas ilustrados). Un año antes, en 2010, Moebius Productions edita el impactante regreso de Arzak, con Destination Tassili. Se trata de un álbum muy raro, en blanco y negro, con los textos a los costados de las ilustraciones y tiene dos ediciones, una muy lujosa y limitada, en formato gigante. Ese mismo año, Moebius reformula esa historia y la convierte en el imponente Arzak: L´Arpenteur (El Vigilante, en castellano), ahora a color, con diálogos y con una trama más compleja, pensada para detonar una trilogía que, lamentablemente, no llegó a completarse.
Finalmente, el 10 de Marzo de 2012, el genio eterno nos dejó para irse a recorrer otros planos post-terrenales, a llenar con su magia otras galaxias de las que sólo él podía imaginar. Hasta siempre, maestro.
martes 13 de marzo de 2012
13/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 4)
Nos acercamos al final de esta serie de artículos que repasan la vida y la obra del colosal Moebius. Para ilustrar este post, la versión del ídolo de Tetsuo, uno de los personajes de Akira, de su amigo Katsuhiro Otomo, con quien amagó varias veces con realizar un proyecto de animación.
6) LOS AÑOS DE DIVERSIFICACION (1990-2000)
Tras su larga estadía en su país natal, Moebius refuerza sus lazos con el mercado francés. Allí inicia la tercera parte de la saga de Edena, La Diosa, que -ante el éxito de Los Jardines...- se publica enseguida, en 1990. Ese mismo año dibuja Le Secret d' Aurelys, tercera parte de la saga de Altor.
Su tributo a Jean-Michel Charlier consiste en reactivar la saga de Blueberry, ahora con Jean Giraud como guionista y grandes dibujantes invitados. El nuevo ciclo se titula Marshall Blueberry y arranca en 1991 con el álbum Sur Ordre de Washington, dibujado por el exitosísimo William Vance (XIII). El segundo álbum, Mission Sherman (de 1994), sería el último de Vance, quien no terminó en buenos términos con el guionista.
Como si esto fuera poco, Giraud decide recuperar a Jim Cutlass, el carismático protagonista de Mississipi River, para el álbum L'Homme de la Nouvelle Orléans (1991), dibujado por Christian Rossi. El éxito le sonríe y Cutlass vuelve en 1993 y en 1995 con otros dos álbumes, en los que la dupla Giraud-Rossi se afianza cada vez más. El último arco importante de la saga, Tonnerre au Sud, deja abiertas varias puntas, retomadas por los autores en un puñado de historias cortas (publicadas en la revista A Suivre, en 1997), que nunca aparecieron en formato álbum.
En 1992, la editorial Humanoides Associés vuelve a cambiar de dueños, y esta vez hay presupuesto para encarar un relanzamiento en serio. Alexandro Jodorowsky, el primer convocado por la editorial, intenta convencer a Moebius de realizar juntos una especie de secuela del Incal, protagonizada por el Metabarón. Pero Moebius prefiere hacer algo nuevo, y La Casta de los Metabarones termina por convertirse en la obra más grossa del argentino Juan Giménez. El chileno y el francés, en cambio, unen fuerzas para una trilogía alucinante, una mezcla entre comedia costumbrista, thriller psicológico, aventura de tiros y kilombo, y fumadura metafísica (no exenta de certeros dardos hacia las religiones “clásicas”), llamada El Corazón Coronado. El primer álbum de la saga (La Loca de Sacre-Coeur) sale en 1992 y el último (El Loco de la Sorbona) recién en 1998.
En el medio, Jodorowsky y Moebius realizan una historieta experimental, siniestra y erótica a la vez, muy oscura para las revistas de historieta porno y muy porno para las revistas de historieta adulta. Garras de Angel (tal el título de la obra) es, sin embargo, una cátedra de dibujo de Moebius.
Otros proyectos que retrasan el final de El Corazón... son Little Nemo (dos álbumes en los que Moebius y el dibujante Marchand reversionan al clásico de McCay), Stel (cuarta entrega de la saga de Edena, escrita y dibujada por el creador en 1994), dos álbumes de Blueberry (Mister Blueberry y Ombres sur Tombstone) que Giraud escribe y dibuja entre el ‘95 y el ‘97, y como si esto fuera poco, el regreso del Mayor Grubert, en L'Homme du Ciguri (1995), cuya escasa repercusión dejó trunco un proyecto de continuación.
Otro proyecto que queda trunco en esta época es Starwatcher, un largometraje animado, íntegramente creado por Moebius, que pudo haber sido la primera película animada 100% por computadoras, un título que luego ostentaría Toy Story. También en medio de todo esto, Giraud se divorcia de su esposa Claudine y comienza una relación con la arquitecta Isabelle Champeval (hermana de Claire Champeval, destacada colorista de varias de sus obras) con quien ya tiene dos hijos.
Finalmente, en 2000, Jodorowsky convence a Moebius de colaborar con él en una secuela del Incal, y así nace Le Nouveau Rêve (el Nuevo Sueño), pero Moebius no se copa con la onda “esquizofrenomística” del guión y ni bien termina el álbum, abandona la saga. Once años más tarde, Después del Incal se convertiría en Final Incal, dibujado por José Ladronn. También de 2000 data Frontiére Sanglante, el cierre del ciclo de Marshall Blueberry que (tras su pelea con Vance), Giraud le confía al dibujante Michel Rouge.
La segunda mitad de los ‘90 no fue buena para Moebius en términos de aceptación de su obra por parte del mercado americano. Tras aquel alud de álbumes que llevaron su firma en los últimos años de la década anterior, su relación con Marvel terminó con la publicación de Stel, en 1994. Moebius eligió entonces a Dark Horse como editorial para sus trabajos y tras un par de proyectos de poco éxito, terminó recalando en la pequeña editorial Caliber, que no supo o no pudo apuntalar su material en un mercado en incesante retracción. Tal vez cansado de los malos negocios de los editores, o de la indiferencia de Hollywood, o viendo la que se venía con George W. Bush en la Casa Blanca, a fines de 2000 Moebius vendió su hermosa casa frente a las playas californianas, y se volvió a París junto a Isabelle y sus hijos. Era el fin de una era.
6) LOS AÑOS DE DIVERSIFICACION (1990-2000)
Tras su larga estadía en su país natal, Moebius refuerza sus lazos con el mercado francés. Allí inicia la tercera parte de la saga de Edena, La Diosa, que -ante el éxito de Los Jardines...- se publica enseguida, en 1990. Ese mismo año dibuja Le Secret d' Aurelys, tercera parte de la saga de Altor.
Su tributo a Jean-Michel Charlier consiste en reactivar la saga de Blueberry, ahora con Jean Giraud como guionista y grandes dibujantes invitados. El nuevo ciclo se titula Marshall Blueberry y arranca en 1991 con el álbum Sur Ordre de Washington, dibujado por el exitosísimo William Vance (XIII). El segundo álbum, Mission Sherman (de 1994), sería el último de Vance, quien no terminó en buenos términos con el guionista.
Como si esto fuera poco, Giraud decide recuperar a Jim Cutlass, el carismático protagonista de Mississipi River, para el álbum L'Homme de la Nouvelle Orléans (1991), dibujado por Christian Rossi. El éxito le sonríe y Cutlass vuelve en 1993 y en 1995 con otros dos álbumes, en los que la dupla Giraud-Rossi se afianza cada vez más. El último arco importante de la saga, Tonnerre au Sud, deja abiertas varias puntas, retomadas por los autores en un puñado de historias cortas (publicadas en la revista A Suivre, en 1997), que nunca aparecieron en formato álbum.
En 1992, la editorial Humanoides Associés vuelve a cambiar de dueños, y esta vez hay presupuesto para encarar un relanzamiento en serio. Alexandro Jodorowsky, el primer convocado por la editorial, intenta convencer a Moebius de realizar juntos una especie de secuela del Incal, protagonizada por el Metabarón. Pero Moebius prefiere hacer algo nuevo, y La Casta de los Metabarones termina por convertirse en la obra más grossa del argentino Juan Giménez. El chileno y el francés, en cambio, unen fuerzas para una trilogía alucinante, una mezcla entre comedia costumbrista, thriller psicológico, aventura de tiros y kilombo, y fumadura metafísica (no exenta de certeros dardos hacia las religiones “clásicas”), llamada El Corazón Coronado. El primer álbum de la saga (La Loca de Sacre-Coeur) sale en 1992 y el último (El Loco de la Sorbona) recién en 1998.
En el medio, Jodorowsky y Moebius realizan una historieta experimental, siniestra y erótica a la vez, muy oscura para las revistas de historieta porno y muy porno para las revistas de historieta adulta. Garras de Angel (tal el título de la obra) es, sin embargo, una cátedra de dibujo de Moebius.
Otros proyectos que retrasan el final de El Corazón... son Little Nemo (dos álbumes en los que Moebius y el dibujante Marchand reversionan al clásico de McCay), Stel (cuarta entrega de la saga de Edena, escrita y dibujada por el creador en 1994), dos álbumes de Blueberry (Mister Blueberry y Ombres sur Tombstone) que Giraud escribe y dibuja entre el ‘95 y el ‘97, y como si esto fuera poco, el regreso del Mayor Grubert, en L'Homme du Ciguri (1995), cuya escasa repercusión dejó trunco un proyecto de continuación.
Otro proyecto que queda trunco en esta época es Starwatcher, un largometraje animado, íntegramente creado por Moebius, que pudo haber sido la primera película animada 100% por computadoras, un título que luego ostentaría Toy Story. También en medio de todo esto, Giraud se divorcia de su esposa Claudine y comienza una relación con la arquitecta Isabelle Champeval (hermana de Claire Champeval, destacada colorista de varias de sus obras) con quien ya tiene dos hijos.
Finalmente, en 2000, Jodorowsky convence a Moebius de colaborar con él en una secuela del Incal, y así nace Le Nouveau Rêve (el Nuevo Sueño), pero Moebius no se copa con la onda “esquizofrenomística” del guión y ni bien termina el álbum, abandona la saga. Once años más tarde, Después del Incal se convertiría en Final Incal, dibujado por José Ladronn. También de 2000 data Frontiére Sanglante, el cierre del ciclo de Marshall Blueberry que (tras su pelea con Vance), Giraud le confía al dibujante Michel Rouge.
La segunda mitad de los ‘90 no fue buena para Moebius en términos de aceptación de su obra por parte del mercado americano. Tras aquel alud de álbumes que llevaron su firma en los últimos años de la década anterior, su relación con Marvel terminó con la publicación de Stel, en 1994. Moebius eligió entonces a Dark Horse como editorial para sus trabajos y tras un par de proyectos de poco éxito, terminó recalando en la pequeña editorial Caliber, que no supo o no pudo apuntalar su material en un mercado en incesante retracción. Tal vez cansado de los malos negocios de los editores, o de la indiferencia de Hollywood, o viendo la que se venía con George W. Bush en la Casa Blanca, a fines de 2000 Moebius vendió su hermosa casa frente a las playas californianas, y se volvió a París junto a Isabelle y sus hijos. Era el fin de una era.
lunes 12 de marzo de 2012
12/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 3)
Ya sé que no es lo más representativo de la carrera del ídolo, pero habiendo tantos fans de Marvel como hay en este blog, me jugaba la vida si no ilustraba este post con una imagen del Silver Surfer...
5) LOS AÑOS DE EXPLORACION (1984-1989)
Ahora muy cerquita de Hollywood, Moebius intensifica su colaboración con distintas producciones fílmicas, mientras su esposa, Claudine, capitanea varios proyectos para llevar al cine la obra de su marido, ninguno de los cuales parece llegar a buen puerto. La financiación para Internal Transfer no aparece, y el proyecto queda trunco en 1985.
Ese mismo año, Moebius viaja a Tokio, a trabajar en el guión, los fondos y el vestuario del ambicioso proyecto de largometraje animado basado en Little Nemo in Slumberland, el clásico de Winsor McCay. También participa en los films Willow (producido por George Lucas), en Masters of the Universe (la de He-Man!) y The Abyss (de James Cameron). Ya en los ‘90, hace su aporte (junto a su amigo de toda la vida, Jean-Claude Mezieres, el dibujante de Valerian) en la película The Fifth Element, de su compatriota Luc Besson.
Pero volvamos a la historieta. Siempre en 1985, Moebius realiza una adaptación de Rebelión en la Granja, la novela de Orwell, inédita en castellano, mientras termina la cuarta entrega de la saga del Incal, iniciada en Tahiti. Ese año termina con el mayor reconocimiento al que un artista puede aspirar: el presidente de Francia, Francois Mitterand lo condecora Caballero de las Artes y las Letras.
En el ‘86 vuelve a escribir guiones para otro dibujante: esta vez se trata de Marc Bati, un joven con un estilo sorprendentemente similar al de Moebius (un clon, bah), con el que encara una serie destinada al público infanto-juvenil. Se trata de la saga de Altor (o la saga del Mundo Cristal, como se la conoce en EEUU), compuesta de seis volúmenes (el último data de 1999), de los cuales Moebius dibujó sólo el tercero, Le secret d' Aurelys, en 1990.
Mientras tanto, Starwatcher, la compañía dirigida por Claudine Giraud, consigue un contrato espectacular con la editorial Marvel que, desde su sello Epic, comienza a reeditar en 1987 toda la obra de Moebius (incluyendo a varios de los mejores álbumes de Blueberry) en lujosas novelas gráficas, supervisadas por el autor y por el matrimonio integrado por Randy y Jean-Marc Lofficier -ella americana, él francés- que logran una equilibrada síntesis entre la sensibilidad de Moebius y los requerimientos del mercado americano. La conjunción entre Moebius y Marvel se produce justo en el momento de mayor madurez, experimentación y renovación del comic norteamericano y da como resultado tres obras de gran importancia que se publican antes en EEUU que en Francia, todas entre 1987 y 1988.
La primera es, ni más ni menos, La Quinta Escencia, o sea, el final de la saga del Incal. Debido a su extensión, fue dividida en dos partes (La Galaxia que Sueña y Planeta Difool) para su edición en Europa, pero Epic/ Marvel la publicó en un único tomo. Esta es la obra de Moebius en la que más se siente la influencia del comic americano sobre el genio francés. La puesta en página, el ritmo narrativo, la violencia, la grandilocuencia... todo remite a un estilo mucho más yanki que todo lo que Moebius había hecho antes.
La segunda obra que debuta en EEUU es Los Jardines de Edena, un álbum que retoma a dos personajes (Stel y Atan) que habían protagonizado en 1984 el álbum Sur L’Etoile, realizado por Moebius por encargo de la firma automotriz Citroen, y algunos conceptos ya insinuados en varias historias cortas (las del período 1982-84, con los cristales, las estrellas y las ondas de paz y amor) inspiradas en las enseñanzas de Appel-Guéry. A partir de Los Jardines..., se empieza a hablar de “la saga de Edena”, ya que este álbum abre muchísimas puntas argumentales (entre ellas, algunas que intersectan con la saga de Grubert), que Moebius irá explorando en sucesivas entregas.
Finalmente, en Noviembre del ‘88 se publica Silver Surfer: Parable, escrita por Stan Lee y dibujada por Moebius. Después de muchos años de producción tan espaciada como intrascendente, el legendario guionista pela una historia que supera ampliamente las expectativas y que le hace justicia a un trabajo muy logrado por parte de Moebius. Sin embargo, Marvel comete el error de publicar Parable en un formato económico, muy precario, en el que el dibujo y el color no llegan a lucirse. Por suerte, el éxito justifica una rápida reedición, en un formato más acorde a la jerarquía de la obra.
Y 1989 es otro año de importantes cambios para Moebius. Terminada la saga del Incal, se vuelca a un nuevo álbum de Blueberry (Arizona Love), sin saber que será el último que escriba su viejo amigo Charlier, quien muere el 9 de Julio de ese año. Giraud pasa buena parte de 1989 en Francia, donde su obra es sujeto de una ambiciosa retrospectiva en el prestigioso Centre Pompidou. Allí, Moebius termina de desvincularse de la editorial Humanoides Associés (que cambia varias veces de dueños) y entabla una fructífera relación con la editorial Casterman, que se inicia con la publicación en Francia de Les Jardins d’ Edena. Con el dolor por la muerte de Charlier y muchos nuevos proyectos bajo el brazo, Moebius regresa a Los Angeles.
5) LOS AÑOS DE EXPLORACION (1984-1989)
Ahora muy cerquita de Hollywood, Moebius intensifica su colaboración con distintas producciones fílmicas, mientras su esposa, Claudine, capitanea varios proyectos para llevar al cine la obra de su marido, ninguno de los cuales parece llegar a buen puerto. La financiación para Internal Transfer no aparece, y el proyecto queda trunco en 1985.
Ese mismo año, Moebius viaja a Tokio, a trabajar en el guión, los fondos y el vestuario del ambicioso proyecto de largometraje animado basado en Little Nemo in Slumberland, el clásico de Winsor McCay. También participa en los films Willow (producido por George Lucas), en Masters of the Universe (la de He-Man!) y The Abyss (de James Cameron). Ya en los ‘90, hace su aporte (junto a su amigo de toda la vida, Jean-Claude Mezieres, el dibujante de Valerian) en la película The Fifth Element, de su compatriota Luc Besson.
Pero volvamos a la historieta. Siempre en 1985, Moebius realiza una adaptación de Rebelión en la Granja, la novela de Orwell, inédita en castellano, mientras termina la cuarta entrega de la saga del Incal, iniciada en Tahiti. Ese año termina con el mayor reconocimiento al que un artista puede aspirar: el presidente de Francia, Francois Mitterand lo condecora Caballero de las Artes y las Letras.
En el ‘86 vuelve a escribir guiones para otro dibujante: esta vez se trata de Marc Bati, un joven con un estilo sorprendentemente similar al de Moebius (un clon, bah), con el que encara una serie destinada al público infanto-juvenil. Se trata de la saga de Altor (o la saga del Mundo Cristal, como se la conoce en EEUU), compuesta de seis volúmenes (el último data de 1999), de los cuales Moebius dibujó sólo el tercero, Le secret d' Aurelys, en 1990.
Mientras tanto, Starwatcher, la compañía dirigida por Claudine Giraud, consigue un contrato espectacular con la editorial Marvel que, desde su sello Epic, comienza a reeditar en 1987 toda la obra de Moebius (incluyendo a varios de los mejores álbumes de Blueberry) en lujosas novelas gráficas, supervisadas por el autor y por el matrimonio integrado por Randy y Jean-Marc Lofficier -ella americana, él francés- que logran una equilibrada síntesis entre la sensibilidad de Moebius y los requerimientos del mercado americano. La conjunción entre Moebius y Marvel se produce justo en el momento de mayor madurez, experimentación y renovación del comic norteamericano y da como resultado tres obras de gran importancia que se publican antes en EEUU que en Francia, todas entre 1987 y 1988.
La primera es, ni más ni menos, La Quinta Escencia, o sea, el final de la saga del Incal. Debido a su extensión, fue dividida en dos partes (La Galaxia que Sueña y Planeta Difool) para su edición en Europa, pero Epic/ Marvel la publicó en un único tomo. Esta es la obra de Moebius en la que más se siente la influencia del comic americano sobre el genio francés. La puesta en página, el ritmo narrativo, la violencia, la grandilocuencia... todo remite a un estilo mucho más yanki que todo lo que Moebius había hecho antes.
La segunda obra que debuta en EEUU es Los Jardines de Edena, un álbum que retoma a dos personajes (Stel y Atan) que habían protagonizado en 1984 el álbum Sur L’Etoile, realizado por Moebius por encargo de la firma automotriz Citroen, y algunos conceptos ya insinuados en varias historias cortas (las del período 1982-84, con los cristales, las estrellas y las ondas de paz y amor) inspiradas en las enseñanzas de Appel-Guéry. A partir de Los Jardines..., se empieza a hablar de “la saga de Edena”, ya que este álbum abre muchísimas puntas argumentales (entre ellas, algunas que intersectan con la saga de Grubert), que Moebius irá explorando en sucesivas entregas.
Finalmente, en Noviembre del ‘88 se publica Silver Surfer: Parable, escrita por Stan Lee y dibujada por Moebius. Después de muchos años de producción tan espaciada como intrascendente, el legendario guionista pela una historia que supera ampliamente las expectativas y que le hace justicia a un trabajo muy logrado por parte de Moebius. Sin embargo, Marvel comete el error de publicar Parable en un formato económico, muy precario, en el que el dibujo y el color no llegan a lucirse. Por suerte, el éxito justifica una rápida reedición, en un formato más acorde a la jerarquía de la obra.
Y 1989 es otro año de importantes cambios para Moebius. Terminada la saga del Incal, se vuelca a un nuevo álbum de Blueberry (Arizona Love), sin saber que será el último que escriba su viejo amigo Charlier, quien muere el 9 de Julio de ese año. Giraud pasa buena parte de 1989 en Francia, donde su obra es sujeto de una ambiciosa retrospectiva en el prestigioso Centre Pompidou. Allí, Moebius termina de desvincularse de la editorial Humanoides Associés (que cambia varias veces de dueños) y entabla una fructífera relación con la editorial Casterman, que se inicia con la publicación en Francia de Les Jardins d’ Edena. Con el dolor por la muerte de Charlier y muchos nuevos proyectos bajo el brazo, Moebius regresa a Los Angeles.
domingo 11 de marzo de 2012
11/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 2)
Hoy recorremos los años más intensos en la carrera del ídolo. Para ilustrar el post, una foto tomada por mi hermano Diego en 1997, cuando le tocó presenciar uno de los cruciales encuentros entre Moebius y Alexandro Jodorowsky. Yo tuve la suerte de conocerlos a los dos, pero por separado. Nunca contemplé tanta grossitud junta en un sólo lugar.
4) LOS AÑOS DE EXPLOSION (1975-1983)
Para este momento, el comic para adultos, o comic “de autor” es un virus que se expande de modo imparable por toda Europa y son pocos los que dudan en señalar a Moebius como uno de los líderes de esta revolución. Moebius responde con un acto de valentía digno de admiración: junto a sus colegas Farkas, Philippe Druillet y Jean-Pierre Dionnet, dejan la comodidad de Pilote y en 1975 fundan su propia editorial, Les Humanoides Associés, para lanzar de inmediato la revista que se pondrá decididamente al frente de este proceso de experimentación, renovación y expansión del comic europeo: Metal Hurlant.
Lejos de cualquier tipo de censura o condicionamiento editorial, Metal Hurlant se convierte en una laboratorio de experimentación que -durante un tiempo- arroja resultados notables. Moebius es, claramente, la estrella de la revista, y en el n°1 presenta a dos de sus máximas creaciones: Arzak (el humanoide de piel amarilla que surca los cielos a lomo de una especie de pterodáctilo, en una serie de maravillosas historias sin textos) y el inefable Mayor Grubert, el protagonista de la obra más ambiciosa, caótica, compleja e impredecible de Moebius. La saga de Grubert merecería un articulo aparte para intentar apenas una explicación de sus conceptos más básicos. Que alcance con dejar en claro que se compone de tres arcos “oficiales”: Major Fatal, Le Garage Hermétique, y L'Homme du Ciguri (la última, ya en la década del ‘90), más un puñado de historias breves y The Elsewhere Prince, un spin-off en colaboración con otros autores.
La saga de Grubert explota con El Garaje Hermético, una serie que Moebius iba improvisando mes a mes durante años, y que originalmente parecía caprichosa e inconexa. Con las sucesivas reediciones, el autor introdujo muchísimos cambios (de hecho, en las últimas versiones, el Garaje ya no es de Jerry Cornelius, sino de Lewis Carnillian) en diálogos y textos, que facilitan la comprensión de la compleja trama que -bien leída- tiene mucho más sentido del que uno cree.
El enorme éxito de todo lo que hacía Moebius en Metal Hurlant lo convirtió en un ícono de la cultura francesa y para 1980, Moebius ya era más mainstream, más conocido y más exitoso que Jean Giraud. Todas sus obras, desde Frank et Jeremie hasta los unitarios más descolgados y zarpados, fueron reeditadas en libros. Pero el verdadero estallido de Moebius se produce cuando une fuerzas con otro genio multifacético: Alexandro Jodorowsky.
La historia del encuentro entre ambos también se origina en 1975, cuando Moebius se incorpora como diseñador al proyecto de llevar al cine nada menos que Dune, la clásica novela de Frank Herbert, en un film que sería dirigido por el excéntrico escritor y cineasta chileno. Finalmente el proyecto no prospera, pero de la relación entre ambos surge Les Yeux du Chat, una breve historieta de 1978 con la que Jodorowsky debuta como guionista de comics y, tres años después, en las páginas de Metal Hurlant, se desencadena El Incal Negro, la primera parte de la fascinante saga del Incal. Algún día nos dedicaremos a fondo a analizar esta obra clave del comic europeo, pero por ahora nos limitamos a enumerar los seis episodios fundamentales de la epopeya de John Difool: L' Incal Noir (1981), L'Incal Lumière (1982), Ce qui est en bas (1983), Ce qui est en haut (1985), La Cinquième Essence 1 (1988) y La Cinquième Essence 2 (1988).
Tras el fracaso del proyecto Dune, a Moebius le toca meter mano en un éxito. En 1977 es convocado para trabajar en los diseños del film Alien, de Ridley Scott, en el que también trabaja H.R. Giger. En 1978 trabaja en los story-boards del notable largometraje animado Les Maîtres du Temps, de René Laloux, que se estrena finalmente en 1982. Y en 1979 se produce el reencuentro con Jean-Michel Charlier, con quien relanza a Blueberry (con el álbum La Longue Marche) y crea un nuevo western, Mississipi River, editado por Humanoides Associés. Blueberry y Mississipi River devuelven a Giraud algo de la repercusión perdida tras el estallido de Moebius y demuestran que tantos años de ciencia-ficción limada no deterioraron en absoluto el dominio superlativo del autor en el género de los cowboys.
También en esta época Giraud conoce a Jean-Paul Appel-Guéry, el líder de una comuna new-age llamada Iso-Zen, quien lo estimula a replantear su vida y su obra. En busca de una mayor espiritualidad, Moebius crea en 1979 la space-opera Tueur de Monde, pero el público rechaza las “ondas de paz y amor” y la obra pasa desapercibida. Moebius, mientras tanto, vuelca algunas de las enseñanzas de Appel-Guéry en varias historias cortas, entre las que se destaca Edena (1982). Es la época en que las historias del autor no tienen el más mínimo grado de violencia, se llenan de estrellas y cristales (el cristal en Moebius es un fetiche recurrente, casi como el espejo y el ajedrez en Borges) y muchas aparecen firmadas por “Jean Gir”.
Entre 1980 y 1982, Moebius trabaja para la película Tron, de la Disney, en la que aporta diseños y story-boards. En uno de los tantos viajes a Los Angeles traba amistad con el animador Arnie Wong y juntos comienzan a imaginar un largometraje animado, Internal Transfer, en cuyo guión colaboran la periodista Paula Salomon y el propio Appel-Guéry, cuya filosofía es parte central de la trama de la película. Por supuesto, acá también hay muchos cristales.
En 1983 Moebius, un poco cansado de tanto trabajo y tanta exposición, desarma su estudio en París y se traslada junto a su familia a Tahiti, al mejor estilo Paul Gauguin. Pero pronto se aburre, y en 1984 vuelve a mudarse, esta vez a las afueras de Los Angeles.
4) LOS AÑOS DE EXPLOSION (1975-1983)
Para este momento, el comic para adultos, o comic “de autor” es un virus que se expande de modo imparable por toda Europa y son pocos los que dudan en señalar a Moebius como uno de los líderes de esta revolución. Moebius responde con un acto de valentía digno de admiración: junto a sus colegas Farkas, Philippe Druillet y Jean-Pierre Dionnet, dejan la comodidad de Pilote y en 1975 fundan su propia editorial, Les Humanoides Associés, para lanzar de inmediato la revista que se pondrá decididamente al frente de este proceso de experimentación, renovación y expansión del comic europeo: Metal Hurlant.
Lejos de cualquier tipo de censura o condicionamiento editorial, Metal Hurlant se convierte en una laboratorio de experimentación que -durante un tiempo- arroja resultados notables. Moebius es, claramente, la estrella de la revista, y en el n°1 presenta a dos de sus máximas creaciones: Arzak (el humanoide de piel amarilla que surca los cielos a lomo de una especie de pterodáctilo, en una serie de maravillosas historias sin textos) y el inefable Mayor Grubert, el protagonista de la obra más ambiciosa, caótica, compleja e impredecible de Moebius. La saga de Grubert merecería un articulo aparte para intentar apenas una explicación de sus conceptos más básicos. Que alcance con dejar en claro que se compone de tres arcos “oficiales”: Major Fatal, Le Garage Hermétique, y L'Homme du Ciguri (la última, ya en la década del ‘90), más un puñado de historias breves y The Elsewhere Prince, un spin-off en colaboración con otros autores.
La saga de Grubert explota con El Garaje Hermético, una serie que Moebius iba improvisando mes a mes durante años, y que originalmente parecía caprichosa e inconexa. Con las sucesivas reediciones, el autor introdujo muchísimos cambios (de hecho, en las últimas versiones, el Garaje ya no es de Jerry Cornelius, sino de Lewis Carnillian) en diálogos y textos, que facilitan la comprensión de la compleja trama que -bien leída- tiene mucho más sentido del que uno cree.
El enorme éxito de todo lo que hacía Moebius en Metal Hurlant lo convirtió en un ícono de la cultura francesa y para 1980, Moebius ya era más mainstream, más conocido y más exitoso que Jean Giraud. Todas sus obras, desde Frank et Jeremie hasta los unitarios más descolgados y zarpados, fueron reeditadas en libros. Pero el verdadero estallido de Moebius se produce cuando une fuerzas con otro genio multifacético: Alexandro Jodorowsky.
La historia del encuentro entre ambos también se origina en 1975, cuando Moebius se incorpora como diseñador al proyecto de llevar al cine nada menos que Dune, la clásica novela de Frank Herbert, en un film que sería dirigido por el excéntrico escritor y cineasta chileno. Finalmente el proyecto no prospera, pero de la relación entre ambos surge Les Yeux du Chat, una breve historieta de 1978 con la que Jodorowsky debuta como guionista de comics y, tres años después, en las páginas de Metal Hurlant, se desencadena El Incal Negro, la primera parte de la fascinante saga del Incal. Algún día nos dedicaremos a fondo a analizar esta obra clave del comic europeo, pero por ahora nos limitamos a enumerar los seis episodios fundamentales de la epopeya de John Difool: L' Incal Noir (1981), L'Incal Lumière (1982), Ce qui est en bas (1983), Ce qui est en haut (1985), La Cinquième Essence 1 (1988) y La Cinquième Essence 2 (1988).
Tras el fracaso del proyecto Dune, a Moebius le toca meter mano en un éxito. En 1977 es convocado para trabajar en los diseños del film Alien, de Ridley Scott, en el que también trabaja H.R. Giger. En 1978 trabaja en los story-boards del notable largometraje animado Les Maîtres du Temps, de René Laloux, que se estrena finalmente en 1982. Y en 1979 se produce el reencuentro con Jean-Michel Charlier, con quien relanza a Blueberry (con el álbum La Longue Marche) y crea un nuevo western, Mississipi River, editado por Humanoides Associés. Blueberry y Mississipi River devuelven a Giraud algo de la repercusión perdida tras el estallido de Moebius y demuestran que tantos años de ciencia-ficción limada no deterioraron en absoluto el dominio superlativo del autor en el género de los cowboys.
También en esta época Giraud conoce a Jean-Paul Appel-Guéry, el líder de una comuna new-age llamada Iso-Zen, quien lo estimula a replantear su vida y su obra. En busca de una mayor espiritualidad, Moebius crea en 1979 la space-opera Tueur de Monde, pero el público rechaza las “ondas de paz y amor” y la obra pasa desapercibida. Moebius, mientras tanto, vuelca algunas de las enseñanzas de Appel-Guéry en varias historias cortas, entre las que se destaca Edena (1982). Es la época en que las historias del autor no tienen el más mínimo grado de violencia, se llenan de estrellas y cristales (el cristal en Moebius es un fetiche recurrente, casi como el espejo y el ajedrez en Borges) y muchas aparecen firmadas por “Jean Gir”.
Entre 1980 y 1982, Moebius trabaja para la película Tron, de la Disney, en la que aporta diseños y story-boards. En uno de los tantos viajes a Los Angeles traba amistad con el animador Arnie Wong y juntos comienzan a imaginar un largometraje animado, Internal Transfer, en cuyo guión colaboran la periodista Paula Salomon y el propio Appel-Guéry, cuya filosofía es parte central de la trama de la película. Por supuesto, acá también hay muchos cristales.
En 1983 Moebius, un poco cansado de tanto trabajo y tanta exposición, desarma su estudio en París y se traslada junto a su familia a Tahiti, al mejor estilo Paul Gauguin. Pero pronto se aburre, y en 1984 vuelve a mudarse, esta vez a las afueras de Los Angeles.
sábado 10 de marzo de 2012
10/ 03: MOEBIUS, GENIO ETERNO (parte 1)
Hoy mi día empezó para el orto: dormí poco, me bañé, abrí el Facebook y me enteré del fallecimiento de un ídolo absoluto, al que venero desde mis 14 años y al que tuve el privilegio de conocer personalmente. Pensaba reseñar una historieta humorística, pero no me da la cara. La alternativa: repasar la vida del maestro Jean Giraud a lo largo de una serie de varios posts, basados en un artículo que escribí en 2005 (creo) para la Comiqueando. Sencillo pero sentido homenaje a un genio cuyo talento nos cambió la vida y la forma de entender la historieta a unos cuantos...
1) LOS AÑOS DE FORMACION (1938-1953)
Jean Giraud nació el 8 de Mayo de 1938 en Nogent-sur-Marne, en las afueras de París. Sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas tres años, y se fue a vivir con sus abuelos maternos, al suburbio parisino de Fontenay-sous-Bois. Allí tomó contacto con las obras del eximio ilustrador de fines del Siglo XIX, Gustave Doré, y conoció sus primeras historietas, entre las cuales el Flash Gordon de Alex Raymond fue la que más lo impactó. Pronto sus cuadernos escolares se vieron plagados de dibujos, llenos de cowboys valientes y feroces apaches. Empezaba a vislumbrarse el mundo de Blueberry.
La madre de Jean, mientras tanto, se había vuelto a casar con un mexicano y esta es la causa por la que el joven viajó muchas veces a México durante su adolescencia. Allí, además de aprender un castellano perfecto, descubrió historietas que no se parecian en nada a las francesas y, ya que estaba, probó el sexo, la marihuana y el peyote.
2) LOS AÑOS DE INICIACION (1954-1963)
A los 16 años, Jean Giraud ya había decidido que quería ser dibujante y así se inscribió en la escuela técnica Arts Appliqués, de París. Su educación formal duró apenas dos años, porque para 1956, antes de cumplir los 18 años, ya estaba metido de lleno en el trabajo profesional.
Reaizaba dibujos publicitarios, ilustraciones, diseños de moda y decoración, y además su primera historieta, el western Les Aventures de Frank et Jeremie, en la revista Fripounet Marisette ou Far West. También colabora en las revistas católicas Coeurs Vaillants y Ames Vaillantes, donde realiza historias breves y ocasionalmente, alguna portada. De a poco, el joven Giraud va labrando su reputación, y en 1958 tiene un encuentro decisivo con Jijé (Joseph Gillian), uno de los pioneros del comic francés contemporáneo. Jijé convierte a Jean en su aprendiz y este colabora con el maestro durante un par de años (interrumpidos por el servicio militar) que dan por resultado el recordado álbum de Jerry Spring, La Route de Coronado (1960), que se serializó en la revista Spirou. Paralelamente, Giraud trabaja para la prestigiosa editorial Hachette en su revista Histoire des Civilisations.
1963 es, sin duda, el año más importante en la vida de Jean Giraud. Junto al destacado guionista Jean-Michel Charlier (redactor en jefe de la editorial Dargaud), crean para la revista Pilote el western Fort Navajo. Esa saga (iniciada el 31 de Octubre del ‘63 en el n°210 del semanario) resultaría un enorme éxito y el puntapié inicial de la extensa saga del Teniente Blueberry, que Giraud continuó casi hastasu muerte. Pronto las 46 planchas de Fort Navajo fueron recopiladas en un álbum, con una portada nueva realizada por Jijé.
También en 1963, Giraud empieza a colaborar en la revista Hara-Kiri, una publicación mensual famosa por su humor salvaje y su crítica despiadada al sistema, no muy distinta de los comix underground que surgirían unos años más tarde en EEUU. Las historietas satíricas de Giraud, dibujadas en un estilo extremo y extraño aparecieron firmadas por un tal Moebius... y por supuesto nadie sabía que esas guarradas eran obra del mismo autor que dibujaba Blueberry! Moebius produjo 21 historietas para Hara Kiri entre el ‘63 y el ‘64 y después desapareció durante casi una década.
3) LOS AÑOS DE CONSOLIDACION (1964-1974)
El éxito de Blueberry le asegura a Jean Giraud un trabajo contínuo y bien pago en Pilote, el semanario que vive una época de esplendor bajo la dirección de René Goscinny. Los álbumes del Teniente se suceden unos a otros, con un notable incremento en la calidad. Incluso a partir de 1968 trabaja (siempre junto a Charlier) en varios álbumes que narran la juventud del personaje. Al mismo tiempo, Giraud escribe guiones para otros autores de Pilote, como Auclair y Tardi, y además realiza integramente algunas historias cortas, en un estilo más experimental, que firma simplemente Gir.
Una de estas historias cortas sería decisiva: La Deviation (Enero de 1973) está firmada por Gir, dibujada en el estilo de Moebius y nos narra las vacaciones del historietista Jean Giraud. El misterio se terminaba de develar y ya no hacía falta ser un perito calígrafo para convencerse de que esos tres autores eran, en realidad, uno sólo. El impacto de La Deviation es impresionante y, en pleno auge de las ideas vanguardistas y revolucionarias de principios de los ‘70, toda una generación de nuevos dibujantes franceses ve en el trazo sobrecargado y en el desparpajo de Gir/ Moebius una alternativa a las fórmulas del pasado.
En esta etapa, sin embargo, a Moebius se lo veía poco. Su firma aparecía habitualmente en portadas de fanzines y de novelas de ciencia-ficción. Pero, también en el ‘73, tres autores de larga trayectoria en Pilote dejan el semanario y se lanzan a la búsqueda de una expresión más libre y más personal. Gotlib, Mandryka y Claire Bretecher fundan entonces L’Echo des Savanes, una revista de humor satírico muy zarpado, una mezcla entre la Zap de Robert Crumb, la mejor época de Mad y lo más vanguardista del humor argentino (Satiricón, Chaupinela, la primera etapa de Hum®, etc.). Allí nace, en 1974, la primera obra larga y “coherente” de Moebius: Le Bandard Fou, una guarrada cósmica que combinó ciencia-ficción, sexo salvaje y escatología. Aquí aparecen los primeros tópicos a los que Moebius volverá mil veces (inclusive hay un elemento del guión que reaparecerá en la saga de Grubert) y además el autor se deja picar por el bichito de la autoedición. Los artífices de L’ Echo predican con el ejemplo y Moebius empieza a pensar en irse él también de Pilote y probar suerte con su propia revista. Agarrate fuerte, por las dudas...
1) LOS AÑOS DE FORMACION (1938-1953)
Jean Giraud nació el 8 de Mayo de 1938 en Nogent-sur-Marne, en las afueras de París. Sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas tres años, y se fue a vivir con sus abuelos maternos, al suburbio parisino de Fontenay-sous-Bois. Allí tomó contacto con las obras del eximio ilustrador de fines del Siglo XIX, Gustave Doré, y conoció sus primeras historietas, entre las cuales el Flash Gordon de Alex Raymond fue la que más lo impactó. Pronto sus cuadernos escolares se vieron plagados de dibujos, llenos de cowboys valientes y feroces apaches. Empezaba a vislumbrarse el mundo de Blueberry.
La madre de Jean, mientras tanto, se había vuelto a casar con un mexicano y esta es la causa por la que el joven viajó muchas veces a México durante su adolescencia. Allí, además de aprender un castellano perfecto, descubrió historietas que no se parecian en nada a las francesas y, ya que estaba, probó el sexo, la marihuana y el peyote.
2) LOS AÑOS DE INICIACION (1954-1963)
A los 16 años, Jean Giraud ya había decidido que quería ser dibujante y así se inscribió en la escuela técnica Arts Appliqués, de París. Su educación formal duró apenas dos años, porque para 1956, antes de cumplir los 18 años, ya estaba metido de lleno en el trabajo profesional.
Reaizaba dibujos publicitarios, ilustraciones, diseños de moda y decoración, y además su primera historieta, el western Les Aventures de Frank et Jeremie, en la revista Fripounet Marisette ou Far West. También colabora en las revistas católicas Coeurs Vaillants y Ames Vaillantes, donde realiza historias breves y ocasionalmente, alguna portada. De a poco, el joven Giraud va labrando su reputación, y en 1958 tiene un encuentro decisivo con Jijé (Joseph Gillian), uno de los pioneros del comic francés contemporáneo. Jijé convierte a Jean en su aprendiz y este colabora con el maestro durante un par de años (interrumpidos por el servicio militar) que dan por resultado el recordado álbum de Jerry Spring, La Route de Coronado (1960), que se serializó en la revista Spirou. Paralelamente, Giraud trabaja para la prestigiosa editorial Hachette en su revista Histoire des Civilisations.
1963 es, sin duda, el año más importante en la vida de Jean Giraud. Junto al destacado guionista Jean-Michel Charlier (redactor en jefe de la editorial Dargaud), crean para la revista Pilote el western Fort Navajo. Esa saga (iniciada el 31 de Octubre del ‘63 en el n°210 del semanario) resultaría un enorme éxito y el puntapié inicial de la extensa saga del Teniente Blueberry, que Giraud continuó casi hastasu muerte. Pronto las 46 planchas de Fort Navajo fueron recopiladas en un álbum, con una portada nueva realizada por Jijé.
También en 1963, Giraud empieza a colaborar en la revista Hara-Kiri, una publicación mensual famosa por su humor salvaje y su crítica despiadada al sistema, no muy distinta de los comix underground que surgirían unos años más tarde en EEUU. Las historietas satíricas de Giraud, dibujadas en un estilo extremo y extraño aparecieron firmadas por un tal Moebius... y por supuesto nadie sabía que esas guarradas eran obra del mismo autor que dibujaba Blueberry! Moebius produjo 21 historietas para Hara Kiri entre el ‘63 y el ‘64 y después desapareció durante casi una década.
3) LOS AÑOS DE CONSOLIDACION (1964-1974)
El éxito de Blueberry le asegura a Jean Giraud un trabajo contínuo y bien pago en Pilote, el semanario que vive una época de esplendor bajo la dirección de René Goscinny. Los álbumes del Teniente se suceden unos a otros, con un notable incremento en la calidad. Incluso a partir de 1968 trabaja (siempre junto a Charlier) en varios álbumes que narran la juventud del personaje. Al mismo tiempo, Giraud escribe guiones para otros autores de Pilote, como Auclair y Tardi, y además realiza integramente algunas historias cortas, en un estilo más experimental, que firma simplemente Gir.
Una de estas historias cortas sería decisiva: La Deviation (Enero de 1973) está firmada por Gir, dibujada en el estilo de Moebius y nos narra las vacaciones del historietista Jean Giraud. El misterio se terminaba de develar y ya no hacía falta ser un perito calígrafo para convencerse de que esos tres autores eran, en realidad, uno sólo. El impacto de La Deviation es impresionante y, en pleno auge de las ideas vanguardistas y revolucionarias de principios de los ‘70, toda una generación de nuevos dibujantes franceses ve en el trazo sobrecargado y en el desparpajo de Gir/ Moebius una alternativa a las fórmulas del pasado.
En esta etapa, sin embargo, a Moebius se lo veía poco. Su firma aparecía habitualmente en portadas de fanzines y de novelas de ciencia-ficción. Pero, también en el ‘73, tres autores de larga trayectoria en Pilote dejan el semanario y se lanzan a la búsqueda de una expresión más libre y más personal. Gotlib, Mandryka y Claire Bretecher fundan entonces L’Echo des Savanes, una revista de humor satírico muy zarpado, una mezcla entre la Zap de Robert Crumb, la mejor época de Mad y lo más vanguardista del humor argentino (Satiricón, Chaupinela, la primera etapa de Hum®, etc.). Allí nace, en 1974, la primera obra larga y “coherente” de Moebius: Le Bandard Fou, una guarrada cósmica que combinó ciencia-ficción, sexo salvaje y escatología. Aquí aparecen los primeros tópicos a los que Moebius volverá mil veces (inclusive hay un elemento del guión que reaparecerá en la saga de Grubert) y además el autor se deja picar por el bichito de la autoedición. Los artífices de L’ Echo predican con el ejemplo y Moebius empieza a pensar en irse él también de Pilote y probar suerte con su propia revista. Agarrate fuerte, por las dudas...
viernes 9 de marzo de 2012
09/ 03: EL PREVIEWS DE MAYO
Bueno, este mes me hacen de nuevo el orto, pero no tanto.
Marvel se despacha con tres libros indispensables, a u$20 cada uno. Primero, el primer TPB de Moon Knight, escrito por Brian Michael Bendis y dibujado por Alex Maleev. Son sólo dos libros, y este trae 176 páginas. Difícil decirle que no a semejante dupla.
Segundo recopilatorio para Deadpool MAX, la serie de los ídolos David Lapham y Kyle Baker. Este trae menos páginas (sólo 144), pero bue, me dejo chorear.
Y el tercero es un libro que vengo imaginando hace años y que juré solemnemente comprar el día que saliera: El Essential Black Panther, que en 528 páginas me reúne todo el run de Jungle Action (escrito por Don McGregor) y los 10 numeritos con guión y dibujos de Jack Kirby. Poco para discutir.
Por el lado de DC, le juego una fichita al primer TPB de Frankenstein, Agent of SHADE, simplemente por el equipo creativo: Jeff Lemire y Alberto Ponticelli. Y además porque está barato: por u$14.99 tenés 160 páginas (7 comic-books).
Sale en tapa blanda la machacosa recopilación de todo Night Force, el clásico ochentoso de Marv Wolfman y Gene Colan. Son 360 páginas a míseros u$29.99, pero soy tan laucha que voy a aguantar, a ver si se consigue más barato por otro lado.
Al que le entro de cabeza es al tomo final de DMZ, el Vol.12, donde por fin sabremos cómo termina esta increíble serie de Vertigo creada por Brian Wood y Riccardo Burchielli. Está en super-precio: u$14.99 por 144 páginas.
IDW me cumple otro sueño: el softcover del Vol.4 de Locke & Key, la nueva adicción. 160 páginas de magia a cargo de Joe Hill y Gabriel Rodriguez se garpan lo que me pidan, en este caso u$ 20.
Casi me dejo tentar por Avatar, que lanza en un tomo de u$ 20 la primera saga de Calígula, escrita por David Lapham y dibujada por Germán Nóbile, talentoso argento del que siempre quise tener algún comic pulenta. La verdad que por ser 160 páginas a color, no es caro. Pero bueno, tengo que controlar un cacho el gasto.
Drawn & Quarterly reedita The Adventures of Hergé, novela gráfica fundamental, a cargo de Jose-Luis Bocquet, Jean-Luc Fromental y Stanislas, pero me quieren cobrar u$20 por 72 páginas. Están en pedo.
Fantagraphics casi me hace entrar: recopila God and Science, una magnífica saga de Jaime Hernández y le agrega 30 páginas nuevas, varias de ellas a color. Es un hardco de 144 páginas, a u$120, lo cual es bastante razonable. En un mes con menos lanzamientos, no lo dudaba. Esta vez, me la aguanto y paso. Y si sale en softco, entro como un caballo.
Rebellion recopila 400 páginas de Rogue Trooper, uno de los grandes clásicos de la 2000A.D., con guiones del maestro Dave Gibbons y dibujos de Cam Kennedy y algún otro segundón. Tampoco es caro, vale u$20, pero como el presupuesto no es infinito, quedará para otra vez.
Y mis últimos u$ 10 van a un manguita que me llamó la atención: Kamen (máscara, en japonés), un tomo unitario de 250 páginas, obra de Gunya Mihara, el autor de la mucho más conocida Gen. Veremos qué onda.
Hasta ahí llegamos. Me quedo con unas cuantas leches, pero por lo menos me pido abundante paponga. Cuando la reciba, la leo y la reseño.
Marvel se despacha con tres libros indispensables, a u$20 cada uno. Primero, el primer TPB de Moon Knight, escrito por Brian Michael Bendis y dibujado por Alex Maleev. Son sólo dos libros, y este trae 176 páginas. Difícil decirle que no a semejante dupla.
Segundo recopilatorio para Deadpool MAX, la serie de los ídolos David Lapham y Kyle Baker. Este trae menos páginas (sólo 144), pero bue, me dejo chorear.
Y el tercero es un libro que vengo imaginando hace años y que juré solemnemente comprar el día que saliera: El Essential Black Panther, que en 528 páginas me reúne todo el run de Jungle Action (escrito por Don McGregor) y los 10 numeritos con guión y dibujos de Jack Kirby. Poco para discutir.
Por el lado de DC, le juego una fichita al primer TPB de Frankenstein, Agent of SHADE, simplemente por el equipo creativo: Jeff Lemire y Alberto Ponticelli. Y además porque está barato: por u$14.99 tenés 160 páginas (7 comic-books).
Sale en tapa blanda la machacosa recopilación de todo Night Force, el clásico ochentoso de Marv Wolfman y Gene Colan. Son 360 páginas a míseros u$29.99, pero soy tan laucha que voy a aguantar, a ver si se consigue más barato por otro lado.
Al que le entro de cabeza es al tomo final de DMZ, el Vol.12, donde por fin sabremos cómo termina esta increíble serie de Vertigo creada por Brian Wood y Riccardo Burchielli. Está en super-precio: u$14.99 por 144 páginas.
IDW me cumple otro sueño: el softcover del Vol.4 de Locke & Key, la nueva adicción. 160 páginas de magia a cargo de Joe Hill y Gabriel Rodriguez se garpan lo que me pidan, en este caso u$ 20.
Casi me dejo tentar por Avatar, que lanza en un tomo de u$ 20 la primera saga de Calígula, escrita por David Lapham y dibujada por Germán Nóbile, talentoso argento del que siempre quise tener algún comic pulenta. La verdad que por ser 160 páginas a color, no es caro. Pero bueno, tengo que controlar un cacho el gasto.
Drawn & Quarterly reedita The Adventures of Hergé, novela gráfica fundamental, a cargo de Jose-Luis Bocquet, Jean-Luc Fromental y Stanislas, pero me quieren cobrar u$20 por 72 páginas. Están en pedo.
Fantagraphics casi me hace entrar: recopila God and Science, una magnífica saga de Jaime Hernández y le agrega 30 páginas nuevas, varias de ellas a color. Es un hardco de 144 páginas, a u$120, lo cual es bastante razonable. En un mes con menos lanzamientos, no lo dudaba. Esta vez, me la aguanto y paso. Y si sale en softco, entro como un caballo.
Rebellion recopila 400 páginas de Rogue Trooper, uno de los grandes clásicos de la 2000A.D., con guiones del maestro Dave Gibbons y dibujos de Cam Kennedy y algún otro segundón. Tampoco es caro, vale u$20, pero como el presupuesto no es infinito, quedará para otra vez.
Y mis últimos u$ 10 van a un manguita que me llamó la atención: Kamen (máscara, en japonés), un tomo unitario de 250 páginas, obra de Gunya Mihara, el autor de la mucho más conocida Gen. Veremos qué onda.
Hasta ahí llegamos. Me quedo con unas cuantas leches, pero por lo menos me pido abundante paponga. Cuando la reciba, la leo y la reseño.
jueves 8 de marzo de 2012
08/ 03: TESTAMENT Vol.4
Bueno, vamos cerrando otra serie de Vertigo de esas que duraron poco.
La verdad es que este tomo está muy bueno, realmente es un bajón que Testament no haya podido seguir su curso. Lo único que se le puede criticar a Douglas Rushkoff es que se planteó crear una serie compleja, arriesgada, rupturista, única en miles de aspectos, pero a la larga (en una de esas apretado por la necesidad de cerrar todo en el vigésimosegundo episodio) terminó por contarnos la enésima historia del mega-empresario malo contra los chicos rebeldes buenos. Por supuesto hay un montón de matices, pero Testament se puede destilar hacia esa esencia, hacia esa definición: No importa quién es en realidad o a quien representa Pierre Fallow. Cualquiera que quiera evitarse los esfuerzos y las metáforas, lo ve como al clásico villano corporativo, el infaltable garca de saco y corbata que se quiere quedar con todo. Y por el lado de Jake, Alec y el resto de lo rebeldes pasa lo mismo. Okey, están todas las referencias y resonancias bíblicas, y el guionista nos logra convencer que son mucho más que un grupete de pibes rebeldes. Pero si lo querés simplificar hasta lo más burdo, son eso: el grupete de pibes sublevados que le hacen el aguante como pueden al villano corporativo.
Con esos dos bandos bien definidos, con el super-clásico Establishment vs. Resistencia en juego, Rushkoff abre el tomo con una saguita de dos episodios en la que se resuelve el misterio del viejo Tyrone y se agiganta la brecha entre Jake y Amos, cuando cada uno encarna una forma distinta de responder a lo mismo, en un paralelismo muy natural, para nada forzado, con la historia bíblica de Jacobo y Esaú. Estas páginas cuentan además con los dibujos de Dean Ormston, un dibujante de culto, una especie de secreto a voces al que sólo veneramos un grupúsculo de fans de Vertigo. Algún día el mundo entero descubrirá la magnitud del talento de este oscuro dibujante inglés.
Y Testament desemboca en una tetralogía final, Exodus, en la que los rebeldes van a encontrar –finalmente y no sin acumular padecimientos- la forma de escupirle el asado a Pierre Fallow, el virtual rey de este mundo futurista, pero no tanto. No te quiero contar exactamente cómo lo cagan, pero tiene que ver con el maná, la nano-tecnología, los virus informáticos y los chicos que se hacen la paja mirando videos porno en la web. ¿Y los dioses? ¿Qué pito tocan? Después de mucho bla-bla, después de una intrincada (y muy bien lograda) interacción entre la historia de Alec y Fallow con la de Moisés y el faraón egipcio, los dioses se revelan como una manga de garcas que se desesperan por mantener la hegemonía sobre la creación, sobre el poder de crear. Casi de casualidad, la bandita de la ciber-resistencia encuentra la forma de manipular la tecnología de Fallow para que el ser humano pueda crear todo aquello que necesita. Chau escacez, chau hambre, chau enfermedades, chau pobreza. Después de muchas masacres truculentas, el panorama que se abre ante los ojos de estos chicos es el de un potencial paraíso, regido por la abundancia, aunque también por el caos. Y los dioses no se lo bancan: sin escacez, se hacen casi innecesarios. ¿Lo habías pensado desde esa óptica? Yo no. Y me re-cierra.
En cuanto al dibujo, para el arco final lo tenemos de vuelta a Liam Sharp, esta vez con más pilas, con muy poquitas páginas en las que se lo ve tirándose a chanta y muchas en las que pela lo que hay que pelar y mucho más. Cuando no se abandona a ese sub-estilo frutihortícola de los palotes grotescos, Sharp nos impacta con unas composiciones alucinantes, muy buenas planificaciones, monstruos y fondos laburadísimos, figuras y rostros humanos muy expresivos y repletos de detalles, como si lo entintara Kevin Nowlan, o alguno de los especialistas en rayitas finitas, tipo Scott Williams, pero con onda. No es todo parejo, pero lo que está bueno está realmente bueno.
Había mucho más para explorar a partir de lo que plantea este arco de Testament, no tengo dudas, pero bueno, los Pierre Fallow que rigen los destinos de Vertigo, o sea de DC, o sea de la Warner, d¡ijeron basta. Igual estos 22 episodios se disfrutaron mucho y sirvieron para tocar temas que la historieta habitualmente no toca.
La verdad es que este tomo está muy bueno, realmente es un bajón que Testament no haya podido seguir su curso. Lo único que se le puede criticar a Douglas Rushkoff es que se planteó crear una serie compleja, arriesgada, rupturista, única en miles de aspectos, pero a la larga (en una de esas apretado por la necesidad de cerrar todo en el vigésimosegundo episodio) terminó por contarnos la enésima historia del mega-empresario malo contra los chicos rebeldes buenos. Por supuesto hay un montón de matices, pero Testament se puede destilar hacia esa esencia, hacia esa definición: No importa quién es en realidad o a quien representa Pierre Fallow. Cualquiera que quiera evitarse los esfuerzos y las metáforas, lo ve como al clásico villano corporativo, el infaltable garca de saco y corbata que se quiere quedar con todo. Y por el lado de Jake, Alec y el resto de lo rebeldes pasa lo mismo. Okey, están todas las referencias y resonancias bíblicas, y el guionista nos logra convencer que son mucho más que un grupete de pibes rebeldes. Pero si lo querés simplificar hasta lo más burdo, son eso: el grupete de pibes sublevados que le hacen el aguante como pueden al villano corporativo.
Con esos dos bandos bien definidos, con el super-clásico Establishment vs. Resistencia en juego, Rushkoff abre el tomo con una saguita de dos episodios en la que se resuelve el misterio del viejo Tyrone y se agiganta la brecha entre Jake y Amos, cuando cada uno encarna una forma distinta de responder a lo mismo, en un paralelismo muy natural, para nada forzado, con la historia bíblica de Jacobo y Esaú. Estas páginas cuentan además con los dibujos de Dean Ormston, un dibujante de culto, una especie de secreto a voces al que sólo veneramos un grupúsculo de fans de Vertigo. Algún día el mundo entero descubrirá la magnitud del talento de este oscuro dibujante inglés.
Y Testament desemboca en una tetralogía final, Exodus, en la que los rebeldes van a encontrar –finalmente y no sin acumular padecimientos- la forma de escupirle el asado a Pierre Fallow, el virtual rey de este mundo futurista, pero no tanto. No te quiero contar exactamente cómo lo cagan, pero tiene que ver con el maná, la nano-tecnología, los virus informáticos y los chicos que se hacen la paja mirando videos porno en la web. ¿Y los dioses? ¿Qué pito tocan? Después de mucho bla-bla, después de una intrincada (y muy bien lograda) interacción entre la historia de Alec y Fallow con la de Moisés y el faraón egipcio, los dioses se revelan como una manga de garcas que se desesperan por mantener la hegemonía sobre la creación, sobre el poder de crear. Casi de casualidad, la bandita de la ciber-resistencia encuentra la forma de manipular la tecnología de Fallow para que el ser humano pueda crear todo aquello que necesita. Chau escacez, chau hambre, chau enfermedades, chau pobreza. Después de muchas masacres truculentas, el panorama que se abre ante los ojos de estos chicos es el de un potencial paraíso, regido por la abundancia, aunque también por el caos. Y los dioses no se lo bancan: sin escacez, se hacen casi innecesarios. ¿Lo habías pensado desde esa óptica? Yo no. Y me re-cierra.
En cuanto al dibujo, para el arco final lo tenemos de vuelta a Liam Sharp, esta vez con más pilas, con muy poquitas páginas en las que se lo ve tirándose a chanta y muchas en las que pela lo que hay que pelar y mucho más. Cuando no se abandona a ese sub-estilo frutihortícola de los palotes grotescos, Sharp nos impacta con unas composiciones alucinantes, muy buenas planificaciones, monstruos y fondos laburadísimos, figuras y rostros humanos muy expresivos y repletos de detalles, como si lo entintara Kevin Nowlan, o alguno de los especialistas en rayitas finitas, tipo Scott Williams, pero con onda. No es todo parejo, pero lo que está bueno está realmente bueno.
Había mucho más para explorar a partir de lo que plantea este arco de Testament, no tengo dudas, pero bueno, los Pierre Fallow que rigen los destinos de Vertigo, o sea de DC, o sea de la Warner, d¡ijeron basta. Igual estos 22 episodios se disfrutaron mucho y sirvieron para tocar temas que la historieta habitualmente no toca.
Etiquetas:
Douglas Rushkoff,
Liam Sharp,
Testament,
Vertigo
miércoles 7 de marzo de 2012
07/ 03: POR QUE HE MATADO A PIERRE
Volvió el comic europeo, que estuvo exiliado unas semanas, y volvió con todo. Por qué He Matado a Pierre es –agarrate fuerte- una historieta perfecta. No preguntes por qué la compré. Nunca había oído ninguna recomendación, ni me sonaban los nombres de Olvier Ka y Alfred. Pero algo en el libro (tal vez la majestuosa edición de Ponent Mon) me dijo “llevame, que te voy a hacer feliz”.
La novela es la autobiografía de Olivier Ka, y recorre todos los momentos importantes de su vida, desde los 7 a los 35 años, con énfasis en algo que le pasa a los 12 y que es tan heavy que no lo puedo revelar sin cagarle toda la gracia a la lectura de la obra. Es más, creo que no se puede decir ni media palabra de la trama sin spoilear secretos importantes. Ni siquiera quién es Pierre, ni a qué se dedica. Nada, ni mu. O sí, bueno, ya que estás... que sepas que esto es maravilloso, que la construcción del protagonista es exquisita, que hay muchísimos bloques de texto obscenamente bien escritos y que Olivier Ka entiende perfectamente que en la historieta hay que contar con imágenes, por eso ensambla esos textos con secuencias mudas, por eso apuesta fuerte a los climas y por eso le abre tanto el juego a los dibujos de Alfred, que este termina por co-protagonizar el último tramo de la novela.
Ka y Alfred hicieron muchas historietas juntos, y acá Alfred se da cuenta de que lo que está contando Ka es tan grosso, tan crucial para su vida, que más que crear, lo que tiene que hacer es documentar. Por eso, en el último tramo, en el que Alfred acompaña a su amigo en ese regreso electrizante a Río Feliz, aprecen muchísimas fotos, retocadas y sin retocar: son testimonios, Alfred es testigo, Olivier va en busca de algo que no se puede dibujar.
En ese último tramo, estalla además el Alfred más salvaje, más expresionista, el Alfred virtuoso del pincel, en un péndulo delirante entre el realismo fotográfico y el experimento vanguardista al filo del mamarracho. Ya en el anteúltimo capítulo, Alfred había impactado con planificaciones de página arriesgadas, a años luz de la grilla mansita y convencional de los primeros tramos, y al final se termina de zarpar. Pero nunca pierde ese increíble encanto, ese dibujo suelto, vibrante, esa línea clara que mezcla a Max, a Emile Bravo y a Dupuy y Berberian. Lo hojeás y parece un libro para chicos, lleno de dibujos hermosos y amistosos. Hasta que lo leés, claro, y ahí el contraste entre el estilo de Alfred y lo que cuenta Ka te tira de orto, mal.
Lamento no poder contar nada más. Recomiendo a full este libro y ya me pongo a buscar más obras de estos dos autores. No te lo pierdas por nada del mundo. Por qué He Matado a Pierre es un comic sórdido, jodido, pero también increíblemente bello. Tiene muy merecidos todos los premios que ganó.
La novela es la autobiografía de Olivier Ka, y recorre todos los momentos importantes de su vida, desde los 7 a los 35 años, con énfasis en algo que le pasa a los 12 y que es tan heavy que no lo puedo revelar sin cagarle toda la gracia a la lectura de la obra. Es más, creo que no se puede decir ni media palabra de la trama sin spoilear secretos importantes. Ni siquiera quién es Pierre, ni a qué se dedica. Nada, ni mu. O sí, bueno, ya que estás... que sepas que esto es maravilloso, que la construcción del protagonista es exquisita, que hay muchísimos bloques de texto obscenamente bien escritos y que Olivier Ka entiende perfectamente que en la historieta hay que contar con imágenes, por eso ensambla esos textos con secuencias mudas, por eso apuesta fuerte a los climas y por eso le abre tanto el juego a los dibujos de Alfred, que este termina por co-protagonizar el último tramo de la novela.
Ka y Alfred hicieron muchas historietas juntos, y acá Alfred se da cuenta de que lo que está contando Ka es tan grosso, tan crucial para su vida, que más que crear, lo que tiene que hacer es documentar. Por eso, en el último tramo, en el que Alfred acompaña a su amigo en ese regreso electrizante a Río Feliz, aprecen muchísimas fotos, retocadas y sin retocar: son testimonios, Alfred es testigo, Olivier va en busca de algo que no se puede dibujar.
En ese último tramo, estalla además el Alfred más salvaje, más expresionista, el Alfred virtuoso del pincel, en un péndulo delirante entre el realismo fotográfico y el experimento vanguardista al filo del mamarracho. Ya en el anteúltimo capítulo, Alfred había impactado con planificaciones de página arriesgadas, a años luz de la grilla mansita y convencional de los primeros tramos, y al final se termina de zarpar. Pero nunca pierde ese increíble encanto, ese dibujo suelto, vibrante, esa línea clara que mezcla a Max, a Emile Bravo y a Dupuy y Berberian. Lo hojeás y parece un libro para chicos, lleno de dibujos hermosos y amistosos. Hasta que lo leés, claro, y ahí el contraste entre el estilo de Alfred y lo que cuenta Ka te tira de orto, mal.
Lamento no poder contar nada más. Recomiendo a full este libro y ya me pongo a buscar más obras de estos dos autores. No te lo pierdas por nada del mundo. Por qué He Matado a Pierre es un comic sórdido, jodido, pero también increíblemente bello. Tiene muy merecidos todos los premios que ganó.
Etiquetas:
Alfred,
autobiografía,
Olivier Ka,
Por qué he matado a Pierre
martes 6 de marzo de 2012
06/ 03: QUEEN & COUNTRY Vol.3
En realidad no es el Vol.3, sino el tercer tomo de la Definitive Edition, que trae los que originalmente fueron los TPBs 7 y 8. Y más de 160 páginas con los guiones originales de Greg Rucka, bocetos de los distintos dibujantes y demás. Entre una gilada y otra, el libro se va a 400 páginas, de las cuales sólo 236 son de historieta.
Pero lo que hay se disfruta a pleno. Queen & Country es una verdadera maravilla, probablemente la mejor historieta de espionaje jamás escrita. El personaje de Tara Chace es un compendio de hallazgos, fruto de un laburo tan desbordante de dedicación como de talento y –sobre todo- de amor. Si Rucka me dice que no está enamorado de Tara, no le creo. Ya en las primeras sagas Tara parecía mucho más persona que personaje. Imaginate a esta altura de la serie, en la que la revista ya tenía más de 30 números publicados y había dado origen a dos novelas no gráficas sino 100% literarias.
La estructura de Queen & Country se parece mucho a la del Suicide Squad: en una agencia de inteligencia, un jefe decide mandar a sus operativos a una misión jodida, a hacer un trabajo sucio, generalmente en un lugar inhóspito y peligroso. Los agentes no pueden ni tirarse un pedo sin permiso de este jefe (acá es Paul Crocker, otro personajón), pero este a su vez responde a capos más capos que él, dentro de una jerarquía de poderes que termina en el Primer Ministro, porque esta serie es de espías británicos. Acá los agentes (minders) no tienen superpoderes ni armas locas, ni se pueden categorizar como héroes o villanos, pero el funcionamiento es muy parecido al del Squad. Y como en aquella mítica serie de DC, no es infrrecuente que los agentes vuelvan de sus misiones en silla de ruedas, ataúdes o bolsas de consorcio.
Rucka no les ahorra sufrimientos a sus personajes, por el contrario, los somete permanentemente a escabrosas torturas físicas y psicológicas. En este último rubro son magistrales los numeritos en los que Tara se toma vacaciones y va a esquiar a Suiza con su mamá. Okey, en un momento logra desenchufarse de todo y se levanta a un chongo que le pega una hermosa galopada. Pero son dos páginas de fiesta contra 40 de tensión, discusiones, mala onda y fuego cruzado entre la agente top de los minders y una cincuentona a la que le sobra la guita y se hace la pendeja curtiendo con un pibe de 28. De esos contrapuntos salen escenas memorables, que le agregan aún más tridimensionalidad a una Tara a la que vemos crecer de saga a saga.
Por suerte, y como en Gotham Central, Rucka desenfatiza la machaca en favor del procedimiento. Acá todo cumple con un protocolo. Para todo hay que conseguir permisos, autorizaciones, todo se informa a la autoridad competente, siempre respetando una estricta cadena de mandos. Desde la elección de las misiones hasta detalles que hacen a la vida (o muerte) de los minders, todo requiere el visto bueno de Crocker, quien a su vez debe rendir cuentas de sus actos (y omisiones) a los capangas que están por arriba suyo. Y de acá, de estos diálogos protocolares, Rucka también saca secuencias sumamente jugosas, en las que los jetones de saco y corbata intercambian –como si fuesen estocadas- frases muy heavies y retruques de altísimo nivel. Cuanto más los humaniza Rucka, menos nos cuesta entender por qué la política internacional toma los rumbos que toma y eso es muy notable.
Por el lado de los dibujantes, en la saguita de las vacaciones en Suiza tenemos a Steve Rolston, cuya única chapa es haber dibujado la primera saga de Queen & Country. La verdad, un error garrafal poner a un dibujante tan limitado a la hora de dibujar expresiones faciales justo en una historia en la que todo pasa por los diálogos y las emociones.
El segundo arco tiene como dibujante a Mike Norton, un tipo correcto, que durante varios años metió mano en varios proyectos sin descollar en ninguno y que ahora está pegando fuerte como dibujante de los comics basados en la serie animada de Young Justice. Lo que hace acá es muy competente, aunque un poquito frío.
Y en la tercera saga, la más dark, tenemos a otro dibujante con bastante trayectoria pero pocos éxitos resonantes: Chris Samnee, un autor mucho más versátil, más intenso, más comprometido con el relato, con los climas. Un tipo que maneja muy bien el claroscuro, una especie de David Lapham más realista, más cercano a Michael Lark. Ahora está a full en Marvel, por si lo querés buscar.
Me falta un sólo tomo para completar Queen & Country, que no sé si lo voy a comprar porque no está todo escrito por Rucka. Por ahí lo dejo en stand-by, para capturarlo sólo si lo veo obscenamente barato. Hasta acá, estos tres mega-tomos de la edición definitiva, son un lujo para todos los que compramos historietas por los guionistas. Y una lectura indispensable también para los amantes del género de espionaje.
Pero lo que hay se disfruta a pleno. Queen & Country es una verdadera maravilla, probablemente la mejor historieta de espionaje jamás escrita. El personaje de Tara Chace es un compendio de hallazgos, fruto de un laburo tan desbordante de dedicación como de talento y –sobre todo- de amor. Si Rucka me dice que no está enamorado de Tara, no le creo. Ya en las primeras sagas Tara parecía mucho más persona que personaje. Imaginate a esta altura de la serie, en la que la revista ya tenía más de 30 números publicados y había dado origen a dos novelas no gráficas sino 100% literarias.
La estructura de Queen & Country se parece mucho a la del Suicide Squad: en una agencia de inteligencia, un jefe decide mandar a sus operativos a una misión jodida, a hacer un trabajo sucio, generalmente en un lugar inhóspito y peligroso. Los agentes no pueden ni tirarse un pedo sin permiso de este jefe (acá es Paul Crocker, otro personajón), pero este a su vez responde a capos más capos que él, dentro de una jerarquía de poderes que termina en el Primer Ministro, porque esta serie es de espías británicos. Acá los agentes (minders) no tienen superpoderes ni armas locas, ni se pueden categorizar como héroes o villanos, pero el funcionamiento es muy parecido al del Squad. Y como en aquella mítica serie de DC, no es infrrecuente que los agentes vuelvan de sus misiones en silla de ruedas, ataúdes o bolsas de consorcio.
Rucka no les ahorra sufrimientos a sus personajes, por el contrario, los somete permanentemente a escabrosas torturas físicas y psicológicas. En este último rubro son magistrales los numeritos en los que Tara se toma vacaciones y va a esquiar a Suiza con su mamá. Okey, en un momento logra desenchufarse de todo y se levanta a un chongo que le pega una hermosa galopada. Pero son dos páginas de fiesta contra 40 de tensión, discusiones, mala onda y fuego cruzado entre la agente top de los minders y una cincuentona a la que le sobra la guita y se hace la pendeja curtiendo con un pibe de 28. De esos contrapuntos salen escenas memorables, que le agregan aún más tridimensionalidad a una Tara a la que vemos crecer de saga a saga.
Por suerte, y como en Gotham Central, Rucka desenfatiza la machaca en favor del procedimiento. Acá todo cumple con un protocolo. Para todo hay que conseguir permisos, autorizaciones, todo se informa a la autoridad competente, siempre respetando una estricta cadena de mandos. Desde la elección de las misiones hasta detalles que hacen a la vida (o muerte) de los minders, todo requiere el visto bueno de Crocker, quien a su vez debe rendir cuentas de sus actos (y omisiones) a los capangas que están por arriba suyo. Y de acá, de estos diálogos protocolares, Rucka también saca secuencias sumamente jugosas, en las que los jetones de saco y corbata intercambian –como si fuesen estocadas- frases muy heavies y retruques de altísimo nivel. Cuanto más los humaniza Rucka, menos nos cuesta entender por qué la política internacional toma los rumbos que toma y eso es muy notable.
Por el lado de los dibujantes, en la saguita de las vacaciones en Suiza tenemos a Steve Rolston, cuya única chapa es haber dibujado la primera saga de Queen & Country. La verdad, un error garrafal poner a un dibujante tan limitado a la hora de dibujar expresiones faciales justo en una historia en la que todo pasa por los diálogos y las emociones.
El segundo arco tiene como dibujante a Mike Norton, un tipo correcto, que durante varios años metió mano en varios proyectos sin descollar en ninguno y que ahora está pegando fuerte como dibujante de los comics basados en la serie animada de Young Justice. Lo que hace acá es muy competente, aunque un poquito frío.
Y en la tercera saga, la más dark, tenemos a otro dibujante con bastante trayectoria pero pocos éxitos resonantes: Chris Samnee, un autor mucho más versátil, más intenso, más comprometido con el relato, con los climas. Un tipo que maneja muy bien el claroscuro, una especie de David Lapham más realista, más cercano a Michael Lark. Ahora está a full en Marvel, por si lo querés buscar.
Me falta un sólo tomo para completar Queen & Country, que no sé si lo voy a comprar porque no está todo escrito por Rucka. Por ahí lo dejo en stand-by, para capturarlo sólo si lo veo obscenamente barato. Hasta acá, estos tres mega-tomos de la edición definitiva, son un lujo para todos los que compramos historietas por los guionistas. Y una lectura indispensable también para los amantes del género de espionaje.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












