el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 13 de enero de 2022

PRIMERAS LECTURAS DEL AÑO

Sigo atrapado en el vórtice espacio-temporal de la mudanza, pero felizmente me pude hacer un rato para escribir acerca de las historietas que (no sin dificultad) pude leer en estos últimos días. Ya resignadísimo a no tener nunca una edición en castellano de Chicanos, me adentré en este clásico noventoso de Carlos Trillo y Eduardo Risso en una edición italiana del 2003, que consta de cinco tomos. No recopila TODA la serie, pero creo que es la edición más completa, la que más episodios llegó a reeditar en formato libro. De las tres series largas que Trillo y Risso producen para la Eura en los ´90, Chicanos es -lejos- la mejor dibujada de las tres, muy por encima de Borderline y Yo, Vampiro. No sé si para esta serie Risso contaba con más tiempo para dibujar cada episodio, o si repartía el trabajo con un equipo de asistentes más afianzado, pero visualmente estos episodios están repletos de imágenes y secuencias maravillosas. La New York de Chicanos tiene ese caos, esa cacofonía, esa pátina de grasada que tenía la New York de Alack Sinner, potenciada por un manejo del claroscuro en el que Risso, además de mostrar su admiración por José Muñoz, anticipa mucho de lo mejor de 100 Bullets. No hace falta llegar a su etapa en Estados Unidos para disfrutar de un Risso perfecto, impecable en la narrativa, impactante en las expresiones faciales, infalible en el retrato de la vida cotidiana de esta ciudad de feroces contrastes y desigualdades. Te pueden no interesar en lo más mínimo los guiones, y aún así pasarla bomba con Chicanos solo por la calidad infernal que tiene el dibujo del león de Leones. Y los guiones no están nada mal. En especial la saga que abarca los cuatro primeros capítulos y el séptimo (recontra-autoconclusivo) son muy, muy notables. Después hay unos cuantos episodios unitarios más (leí hasta el 12, que es lo que viene en los dos primeros tomos de la edición de Coniglio), casi todos muy dignos y alguno muy extremo, con algún exceso por parte de Trillo en su afán de mostrarnos lo poco feliz que resulta la vida de Alejandrina Yolanda Jalisco, la protagonista de la serie. Un poquito de mala leche está bueno, pero cuando el maltrato hacia la protagonista se acerca más a un bullying despiadado, te preguntás si realmente hacía falta. Y la verdad que no, menos cuando esos episodios de “miren lo mal que la pasa Alejandrina” no tienen otro hilo argumental más potente, vinculado a la aventura o a la investigación de casos policiales, o al romance, aunque más no sea. Es como que en algún punto Trillo mezcla desarrollo de personajes con humillación y basureo al límite de la protagonista y la reacción que genera en el lector (por lo menos en este lector) es mucho más repulsiva que cuando Alejandrina resulta discriminada, maltratada o pisoteada en el contexto de una trama más “aventurera”. Veremos con qué me encuentro en los tomos que me quedan por recorrer.
Me voy a Francia, año 2010, cuando Jul Maroh causa sensación con la novela gráfica El Azul es un Color Cálido. Claro, nunca habían aparecido historietas que abordaran en profundidad, en clave dramática, el tema de la homosexualidad femenina. Y la autora lo presenta de manera muy realista, por momentos más cruda, por momentos más poética, pero con una contundencia emocional aplastante. Imposible llegar al final de la obra sin sentir una profunda empatía por Clementine y Emma y sin sufrir por el trágico desenlace de su historia de amor. La historia está muy bien narrada, con todos los recursos puestos al servicio de conmover al lector, de invitarlo a dejar de lado prejuicios y tabúes y vibrar al ritmo de un romance complicado, apasionado, impredecible de principio a fin. En general, cuando aparecen obras que rompen todo al arrojar sobre la mesa temas de los que hasta ese punto no se hablaba, son obras muy jugadas a la idea, al concepto, y a menudo no tan cuidadas en la realización. En ese sentido, El Azul es un Color Cálido me sorprendió muy gratamente. Tanto el dibujo como la narrativa muestran un nivel de solvencia que uno normalmente no asocia a una ópera prima de una autora joven. Por ahí sin deslumbrar, Maroh maneja con muchísimo criterio el ritmo del relato, sabe conjurar climas, asfixiar al lector con silencios, ponerle fuerza a las escenas clave... y además dibuja y colorea muy bien, en un estilo que por momentos me hizo flashear una versión más moderna del maestro Hermann. Aclaro (para que no me masacren) que me gusta más Hermann que Maroh, pero la onda medio que va para ese lado. Nunca leí otros trabajos de esta autora, y trataré de rectificar esa carencia, porque la verdad que este es un muy buen comic, que amerita seguir a su autora por otros caminos. Me imagino que en obras posteriores Maroh habrá tocado temas distintos, no infinitas variaciones de “una chica adolescente se enamora por primera vez y descubre que es lesbiana”, pero la verdad, no lo puedo asegurar. Ya veremos con qué me encuentro la próxima vez que me cruce con una obra de esta autora, cuyo primer trabajo es sumamente recomendable y cuenta con una magnífica edición argentina.
Me quedo en Francia para degustar otra papita fina, pero de autor argentino: Llamarada, del inmenso Jorge González, que también tuvo edición local en 2021. En la primera parte de la novela, González nos cuenta la historia de su abuelo José María, talentoso futbolista que se luciera en el glorioso Racing Club de Avellaneda en aquellos años anteriores a la aparición del futbol profesional, cuando todo era amor por la camiseta. Un testimonio riquísimo y apasionante de esas décadas fundacionales para el deporte más popular y más masivo del planeta. Pero después la trama agarra para el lado de las generaciones y los vínculos entre padres e hijos. José María se convierte en papá de Jorge, Jorge a su vez tiene un hijo al que también llama Jorge (el autor de la historieta), y el nieto del crack de Racing, ya radicado en Europa, amplía la dinastía González con la llegada de Mateo, pelirrojo como su bisabuelo y bastante habilidoso con la redonda. Con elegancia y sutileza, González explora el conflicto entre lo que los padres quieren que sean sus hijos y lo que finalmente estos eligen para sus vidas, y de ahí salen los mejores momentos de Llamarada. Fiel a su estilo, el argentino estira la extensión del libro con secuencias de alto vuelo plástico que parecen no conectar con la trama, pero esta no pierde en ningún momento el interés. No sé si el guion está tan logrado como el de Fueye (ver reseña del 06/07/12), pero seguro que me gustó mucho más que el de Dear Patagonia (reseñado el 09/11/15). Entre diálogos muy reales y silencios cautivantes, se luce (como siempre) el dibujo de Jorge González que, en la primera mitad del libro, alcanza un nivel más cercano a la magia que al arte. En la segunda mitad prueba otras cosas, arriesga un poco más en materia estética, y el resultado puede ser un poco confuso, o no tan fácil de acoplar al devenir de algo que es, ante todo, un relato. Incluso cuando se pasa de experimental, González no se olvida que está contando una historia, y eso hace que Llamarada, si bien cambia mucho con el correr de las páginas, mantenga una unidad y una consistencia a lo largo de 300 inolvidables páginas. Si sos hincha de Racing, esto te va a emocionar, y si no, me parece que también. Nada más, por ahora. Gracias por el aguante y ni bien pueda, vuelvo a postear acá en el blog.

jueves, 30 de diciembre de 2021

ELVISMAN

Bueno, pude terminar ese libro que tenía por la mitad, y no era otra cosa que la reedición de un comic creado en los ´90 por mis amigos cordobeses Diego Cortés y Juan Ferreyra, continuado a principios de este siglo por mi amigo santafesino Leo Sandler y publicado por la misma editorial que publicó ¿Quién quiere ser superhéroe?. Tengo que estar muy en pedo para hablar mal de Elvisman, y ustedes saben (y si no, se los cuento ahora) que soy abstemio. En principio, habría que señalar que la lectura de Elvisman en libro es mil veces más gratificante y atrapante que en los comic books originales, simplemente por el hecho que los seis números que trae el tomo salieron originalmente a lo largo de… más de seis años. O sea que, normalmente, cuando aparecía un número de Elvisman, yo no me acordaba un carajo de lo que había pasado en los anteriores. Y Cortés planteó esta historia como saga, no como una sucesión de episodios autoconclusivos, por lo cual el libro es, sin dudas, el formato ideal para descubrirla o redescubrirla. Por el otro lado, la lectura de Elvisman en libro no pierde, pero seguramente tampoco acentúa, esa sensación de maravilla que nos daba ver cómo mejoraba el dibujo de Juan Ferreyra entre un número y el siguiente. Al principio era un dibujante al que se le notaba la pasta, el potencial, y ya para el tercer o cuarto número era obvio que estábamos en presencia de un dotado para el dibujo académico-realista, que además tenía un gran manejo de la narrativa, de los espacios dentro de la página, etc.. Para cuando Cortés se decidió a continuar Elvisman con Sandler en vez de Ferreyra, los zapatos de Juan ya eran imposibles de llenar y su consagración en Europa y EEUU ya era inminente. Pero, gracias a la astuta decisión de no tratar de copiar los yeites de Ferreyra, Sandler sale muy bien parado del desafío. Todavía no tenía tan definida su identidad gráfica, y aún así se banca con mucho aplomo un guion que no era fácil de dibujar. Y sin dudas lo más asombroso de Elvisman sigue siendo eso, el guion: lo arriba que empieza y cómo aguanta ahí arriba hasta el final del arco. Esto no parece un trabajo de un autor joven que hace sus primeros palotes, ni por casualidad. El equilibrio entre acción e introspección, el manejo de los tiempos, la calidad de los diálogos y bloques de texo, y sobre todo la fuerza de las ideas que despliega Cortés en esta obra tienen mucho más que ver con un profesional consumado que con un pibe joven de incipiente militancia en el underground fanzinero de un país periférico. Ya lo dijo mucha gente antes que yo, y capaz quedo como un tarado repitiéndolo, pero es posta: Elvisman es una historieta adelantada a su época, que tiene mucho más que ver con el Siglo XXI que con 1997, que es el año en el que vio la luz. Otro testimonio (felizmente recuperado) del talento descomunal de un Diego Cortés al que nos sigue costando un montón encontrarle continuadores, y ya ni hablar de reemplazantes. Me pondría a escribir acerca de cómo enfoca Elvisman el tema de los superhéroes, pero tengo miedo de darme mucha manija y escribir una especie de capítulo 14 de ¿Quién quiere ser superhéroe?. Me limito a decir que la mirada de Cortés sobre el crisol de géneros también estaba adelantada a su época. Y que si te animás a adentrarte en obras que aborden esta temática desde lugares… peligrosos, al filo del reglamento, la vas a disfrutar muchísimo. Y ahora sí, nada más por este año. Un año de 59 posteos parece medio miserable, pero la verdad que para mí fue un esfuerzo enorme bancar ese ritmo de publicación mientras laburaba a full en la Comiqueando, en la Comiqueando Digital, en la difusión del libro, en la distribución, y además atendía temas familiares muy delicados. Para 2022 no prometo nada, excepto una pausa forzada por el hecho de que –después de casi 25 años en la misma casa- me estoy mudando y ya un porcentaje enorme de mis comics está en un limbo de cajas, valijas y canastos que no sé si están en esta casa o en la otra. Me imagino que cuando todo esté más tranquilo retomaremos este espacio, el sitio de Comiqueando, el canal de YouTube, la gira de presentación de ¿Quién quiere ser superhéroe? y varios temas más que ahora se están acomodando (no sin dificultad) en el freezer. Que el 2022 les regale 365 días de excelente lectura comiquera.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

NEW AVENGERS Vol.7

Se me cae la cara de vergüenza de la poquísima historieta que estoy leyendo en estos días, y de lo que me cuesta encontrar un rato para sentarme a escribir reseñas. Pero bueno, tengo toda la concentración puesta en mudarme, más algún temita de salud, más el hecho de que vivir con 36º o más tampoco ayuda. Estoy leyendo otro libro (voy por la mitad) y en una de esas lo reseño antes de fin de año, pero la verdad que no quiero prometer nada, por las dudas. Este tomo de New Avengers tiene como principal atractivo los dibujos de un Leinil Francis Yu que en un punto te puede llegar aburrir, pero hasta ese punto resulta muy, muy vistoso, dinámico, expresivo, sin dudas un upgrade muy logrado del estilo que impuso Jim Lee a principios de los ´90. Por ahí no tiene toda la variedad de enfoques que a uno le gustaría ver, ni todos los fondos, pero el dibujo cumple sobradamente con la función de llevar adelante la historia y estéticamente está muy logrado. Los guiones de Brian Michael Bendis son raros. En los tres primeros episodios que compila este TPB, los personajes básicamente hablan. Sopesan las consecuencias de la Civil War, de la muerte del Captain America, y desconfían los unos de los otros porque saben que hay un montón de skrulls infiltrados entre los superhéroes de ambos bandos de la grieta. Cabe aclarar que los New Avengers son los del bando rebelde, los que no cedieron a las presiones del gobierno de EEUU para registrarse y trabajar solo bajo las órdenes de los políticos. Y dentro de todo, el bla-bla-bla se me hizo bastante llevadero, pensé que me iba a aburrir muchísimo y no fue así. Por suerte en esos episodios hay un subplot que cobra fuerza en la segunda mitad del tomo: el clásico mega-cónclave de villanos (segundones y tercerones) que deciden organizarse para lograr objetivos comunes, esta vez bajo el liderazgo de The Hood. Era obvio que el Dr. Strange solo tenía poder de sobra para darles una paliza a los 25 ó 30 malvivientes que junta The Hood, pero hasta que llega ese desenlace, la historia se me hizo entretenida, porque a mí siempre me enganchan fácil con la idea de “villanos que se deciden a colaborar y trabajar en equipo”. Por supuesto que todo se podría haber contado en la mitad de las páginas, pero bueno, ya sabemos que Bendis necesita espacio para que los personajes hablen un montón. Me gustó la forma en la que Bendis hace hablar a los villanos, y sobre todo a Luke Cage y Jessica Jones. No terminé de entender para dónde quería llevar a Spider-Woman (supongo que tendría que leer varios comics más para darme cuenta), lamenté que el rol de Clint Barton (acá en su identidad de Ronin) fuera tan menor, me quedaron muchas dudas acerca de Echo (cuándo entra, cuándo se va, de dónde viene) y sigue sin cerrarme el tema de que Spider-Man y Wolverine estén en una formación estable de Avengers. Me doy cuenta de que comercialmente tiene sentido, pero desde el punto de vista narrativo, me parece que esos lugares en el equipo los podrían haber ocupado personajes que tengan más que ver con la esencia de los Avengers, rebeldes o no. ¿Recomiendo esto? No, la verdad es que es solo para fanáticos de Leinil Yu. El resto no es horrible, pero tampoco justifica el lugar que te va a ocupar en la biblioteca ni la guita que te va a costar. Nunca había leído New Avengers, y lo más probable es que nunca lea los tomos que me faltan, que son todos menos este. Gracias por el aguante y hasta pronto.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

SPIDER-MAN: NO WAY HOME

Bueno, esta peli ya lleva unos cuantos días en cartel y ya la vio una cantidad grosera de gente en todo el planeta. De hecho ya es el film más visto de todo 2021. Esto quiere decir que, por esta vez, no me voy a morder la lengua a la hora brindar detalles acerca del argumento, de los personajes que aparecen, etc.. Corresponde, entonces, un SPOILER ALERT Yo fui al cine (como siempre) sin saber un choto de nada. Nunca me imaginé que iba a ver lo que vi. Sabía que iban a introducir el concepto del Mutiverso, para después explorarlo a fondo en la próxima peli del Dr. Strange, pero no tenía idea de que el núcleo de la trama iba a consistir en hacerse cargo de las cinco películas que hasta hace nada estaban barridas abajo de la alfombra. Porque, no jodamos, el 85% de No Way Home es eso: inventar una sarasa mística para que el Spider-Man actual interactúe con las iteraciones anteriores del personaje en la pantalla grande, y (esto es lo que más me sorprendió) con sus adversarios. Después hay un 15% que es lo que a mí más me gustó: la derrota de Spider-Man, la forma en la que su vida se hace inviable al punto de tener que perderlo TODO, o casi todo. Un villano que aparentaba tercerón, Mysterio, terminó por detonar un kilombo de proporciones multiversales gracias a su hábil manejo de las fake news y la forma en la que estas desestabilizaron al inexperto Peter Parker. Todo lo que pasa en esta película, que para Peter es una acumulación monumental de frustraciones, pérdidas y pesares, es consecuencia de que (por una vez en la vida) el plan de un villano salió mejor de lo esperado y lo garcó como de arriba de un puente. Literalmente, le arruinó la vida. O sea que si te gusta hinchar por los malos, dedicale una ovación a Mysterio, que –sin aparecer ni 30 segundos en esta cinta- se salió recontra con la suya en su afán por destruir a Spider-Man. El resto de la aventura está bien. Tiene muchas peleas al pedo, pero se hacen entretenidas. Muchos minutos para el gordito nerd y la flaquita mala onda, por ahí más de los que hacían falta. Bien los chistes, bien los momentos dramáticos, espectaculares las coreografías de las escenas de acción, aunque no tengan demasiado sentido (¿qué carajo hace ahí Sandman? ¿para qué bando juega? ¿cuántas veces cambia de bando? ¿es boludo o se hace?). Obviamente no me cierra que Spidey logre neutralizar más de media película al Doc Strange, pero tanto al principio como al final, el Tordo tiene un rol destacadísimo, cosa que yo tampoco sospechaba por no haber visto trailers ni teasers. La verdad que los 200 palos verdes están bien gastados, en un producto eficaz, donde por ahí se ve mucho más la mano de los productores que la del director Jon Watts, pero que funciona sobre todo para un público de amplia erudición en materia de cine superheroico. Acá Marvel pateó el tablero bien lejos: si ya era una bizarreada tener que mirar 30 películas previas para entender las nuevas, ahora te suman cinco pelis más de las versiones anteriores y las dos de Venom (esta tiene una escena que se complementa con Venom 2, cinta que yo nunca vi). Y por si faltara algo, se mantiene una sintonía muy fina con lo que pasa en las series de Disney +, e incluso en las de Netflix, porque tenemos también una breve escena en la que Charlie Cox vuelve a interpretar a Matt Murdock, para beneplácito de la hinchada. Si te ponés a hilar fino, hay un montón de cosas prendidas con alfileres, o que no cierran. Y si la onda es irse al carajo con la exploración del Multiverso… ya lo habían hecho antes y mejor en Into the Spider-Verse. Pero esta peli tiene magia (en varios sentidos) y verla en el cine con la gente común (no los periodistas y demás figurettis que se suelen acreditar en las funciones de prensa) tuvo el bonus track de presenciar reacciones, ovaciones y hasta lágrimas de los fans que tenía a mi alrededor. Son 148 minutos con muchísimas emociones, algunos giros argumentales interesantes y un alto nivel en las actuaciones… para contar una historia bastante menor, porque es obvio que al final cada héroe y cada villano se vuelve a su universo y la realidad troncal de lo que llamamos MCU va a quedar más o menos igual… para todos menos para el pobre Peter. Y como a la gente le encantó toda la movida de poner encima de la mesa las iteraciones que estaban barridas abajo de la alfombra, seguramente en la próxima peli del Dr. Strange las sorpresas van a venir por ese lado. Lo realmente brillante de No Way Home (además de ver cómo un villano de la B le caga la vida a un héroe grosso) es cómo los productores lograron convertir en un plus, en un gancho sumamente atractivo, lo peor que tenía Spider-Man en el cine, que eran los frecuentes reinicios, los cambios de actor, de universo, de origen y hasta de poderes. Eso que durante 20 años fuera un lastre, dos cuatros y un cinco todos de distinto palo, con un pase mágico se convirtió en el ancho de espadas con el 7 y el 6 de idem. Por eso mientras la gilada habla de saturación, agotamiento o colapso de esta Era de Oro de los superhéroes en el cine, Marvel se anima a cantarse “quiero retruco” a sí misma. Quiero.

martes, 21 de diciembre de 2021

35 CALAVERAS

Sigo leyendo de a un comic por semana, lo mío ya es bochornoso. Pero es lo que se puede. Estos días estuve a full cerrando el nº4 de Comiqueando Digital (que a partir de esta noche va a estar disponible en https://comiqueandoshop.blogspot.com/) y eso me comió infinitas horas que hubiese querido dedicarle a la lectura. Esta noche voy a ver la peli de Spider-Man, así que la próxima reseña viene por ese lado. Y seguro habrá algo más antes de fin de año. Después, sí o sí tengo que clavar un punto aparte porque me voy a mudar y es un despelote cósmico. Ya veremos cuándo se puede retomar todo lo que voy a tener que suspender para concentrarme en eso. Vamos con el libro que leí, que me gusto mucho. 35 Calaveras reúne cuatro arcos argumentales escritos por Eduardo Mazzitelli, dibujados por Quique Alcatena y ambientados en una versión mítica y extrema de la región de los persas, asirios, caldeos, babilonios… Medio Oriente, como para que nos ubiquemos rápido. Los cuatro arcos tienen distintos personajes principales y distintas tramas, e incluso el primero tiene un tono distinto, porque tiene unas logradísimas pinceladas de humor. En este tipo de trabajos, Mazzitelli generalmente opta por un tono solemne, distante, pero en esta aventura (la de la bella y atorranta Ayin) desliza ironías muy graciosas en los bloques de texto, que descomprimen un poco el carácter ominoso de los sucesos. Me encantó, no me lo esperaba y me pareció realmente brillante. Las otras tres historias también están muy buenas (especialmente la última) pero se mantienen dentro de los cánones tradicionales (y habitualmente excelsos) de la dupla mágica. Como suele suceder, Mazzitelli nos lleva a situaciones cada vez extremas, donde los reyes son siempre el rey más noble, los príncipes son el príncipe más rico, las reinas son la reina más hermosa, los palacios son el palacio más majestuoso, los demonios son el demonio más hijo de puta, y así. No hay lugar para medias tintas, ni para segundones o tercerones. Esto es la Champions League y pocos héroes, villanos, ejércitos y hasta dioses califican para tener un papel en las aventuras que urde (y adorna con unos textos maravillosos) el inmenso Eduardo Mazzitelli. Hay que bancar ese nivel de poder en las tramas y el guionista lo logra siempre, aunque (como suelo señalar) para mi gusto sus protagonistas pagan muy baratas las situaciones límite a las que se enfrentan. Pero en 35 Calaveras eso no es tan así, hay personajes muy grossos llevados al extremo, que sufren, fracasan y hasta mueren en penosas condiciones. No todas las amenazas se superan de taquito y sin despeinarse, incluso en esta Champions League de personajes imbatibles. Y hablando de imbatibles, lo que hace Alcatena en estas páginas es realmente superlativo. Magia, belleza y exotismo en estado puro, más allá de toda exégesis. La cantidad de recursos gráficos que despliega Quique sin moverse un milímetro del blanco y negro puro, es algo que hay que verlo para creerlo. Esta vez dibuja muchos animales (que le salen hermosísimos) y por supuesto infinitas criaturas fantásticas tomadas de estas antiguas mitologías, pero tamizadas por su inconmensurable imaginación. Y como siempre, fortalezas, templos, palacios, lo que quieras. Se me ocurrió mostrarle este libro a una persona que habitualmente no lee comics y se cayó de orto. Lo primero que me dijo fue “si las historias están al mismo nivel que los dibujos, esto debe ser una joya”. 35 Calaveras aborda los temas universales: la lucha eterna entre el Bien y el Mal, la valentía, la cobardía, la ambición, la lujuria, la lealtad, la traición, el sacrificio, lo que hacemos para gambetear a la muerte… Nada que no hayan tocado Quique y Eduardo en otras obras, por supuesto. Pero de alguna manera, logran asombrarnos una vez más, a fuerza de magníficos textos, tramas impredecibles y dibujos fastuosos. Uno de lo libros de autores argentinos realmente fundamentales de este 2021. Grazie per tutti y ci vediamo.

lunes, 13 de diciembre de 2021

FOUR LETTER WORLDS

Esta semana no leí prácticamente nada. Apenas una antología de 144 páginas, de las cuales 128 son de historieta. Se llama Four Letter Worlds, la editó Image en 2005 y es muy rara, porque los autores que participan son básicamente todos los que en aquel entonces solían publicar en la editorial Oni. No sé cómo se le ocurrió a Eric Stephenson (capo de Image y coordinador de este proyecto) juntar en un único tomito a las principales luminarias de una editorial de la competencia, y me imagino que el fan de Image debe haber pasado por alto esta publicación. Si los fans de Oni hicieron lo mismo, lo más probable es que no se la hayan vendido a nadie. El libro contiene 16 historietas de ocho páginas, todas en blanco y negro, agrupadas en cuatro bloques de cuatro: Love, Hate, Fear y Fate. El primer bloque arranca con un guion menor de B. Clay Moore, combinado con excelente dibujos de Steven Griffin, a quien no tenía en el radar. Jim Mahfood detona su potencial expresivo con absoluto desparpajo en la segunda historieta, que a nivel guion tampoco me aportó demasiado. Un autor menos pegado a Image, el otrora muy prolífico Joe Casey, propone un buen relato urbano, con dibujos de Mike Huddleston a un nivel altísimo. ¿Y lo tenías a Jeff Parker dibujando? Acá el conocido guionista se despacha con un unitario en el que también dibuja… y muy, muy bien. El segundo bloque abre con un guion no muy inspirado de Jay Faerber, otro muchacho que en algún momento escribió 150 series al mismo tiempo y hoy está bastante olvidado. El dibujante nolo ayuda para nada: es Steve Rolston, a quien cualquier lector asiduo de la editorial Oni seguramente padeció alguna vez. La segunda historia prácticamente no tiene trama: es apenas la presentación (muy bien escrita) de un personaje llamado Peaches, una asesina a sueldo a la qu el guionista Robert Kirkman (capaz te suena) dota de gran profundidad en apenas 8 páginas. Los dibujos, muy competentes, son de Matthew Roberts. Después tenemos a J. Torres y John Bernales con una historia que está planteada como un slice of life, con aspiraciones de parecerse a Love & Rockets, y con muchas referencias a la cultura pop de los años ´70. No es gran cosa. El ya mencionado Eric Stephenson nos castiga con una larga secuencia de diálogo disfrazada de historieta, y Mike Norton (que habitualmente pone huevo) se tira a chanta y dibuja lo menos posible. Tarde o temprano tenía que aparecer una historieta que apuntara más alto, más cerca de la genialidad que de un cumplimiento decoroso de las premisas de la antología. Y acá está, es la que abre el tercer bloque, una maravilla de altísimo impacto escrita y dibujada por el glorioso Phil Hester, sobre un argumento de Mark Ricketts. Le sigue un muy joven Jamie McKelvie, muy pecho frío, en una historieta discretamente escrita por Amber Benson que no me generó nada. El maestro Steve Lieber rompe la hegemonía de la no-aventura con un breve unitario de Underground, la serie de su creación que tendría una miniserie muy copada escrita por Jeff Parker (ver reseña del 19/08/10). Y otra maravilla: Scott Morse on fire, con un relato autobiográfico-lisérgico ilustrado como los dioses del claroscuro más brutal. El cuarto bloque empieza aburrido, con una historia de Chynna Clugston que levanta recién en la última página. Después llega un guion simpático de Jamie S. Rich (que, si no me equivoco, en esta época era jefe de coordinadores de Oni) con unos dibujos de Andi Watson realmente hermosos… pero afanados a mano armada a la dupla de Dupuy y Berberian. 10 en belleza, 0 en originalidad. Ya cerca del final, vemos cómo el equipito integrado por Antony Johnston y Mike Hawthorne fracasa en su intento de sacar a flote una historieta supuestamente inteligente. Y para el cierre, otra joyita: Matt Fraction te invita a reflexionar y a emocionarte con un guion hermoso y potente, y Kieron Dwyer lo dibuja con unas pilas impresionantes, con técnicas de las que habitualmente le vemos utilizar a Miguelanxo Prado. Lástima la grilla de ocho viñetas iguales por página, que en un librito de 13,5 x 20,5 se ven muy, muy chiquititas y es casi imposible leer los textos sin lupa o anteojos con aumento. Compré este librito sin tener la menor idea de lo que venía adentro, impulsado por algunos nombres de los que soy fan. Como en cualquier antología, esperaba encontrar un par de historietas copadas, algunas decentes y alguna garcha insostenible. De esas últimas, por suerte, Four Letter Worlds no tiene ninguna. Así que me llevo un buen resultado y el placer de haber descubierto un material que en su momento no tuvo mucha difusión, pero al que no le falta méritos. Bueno, sigo avanzando con el nº4 de la Comiqueando Digital, así pronto la podemos subir a https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta pronto.

martes, 7 de diciembre de 2021

29 de NOVIEMBRE al 6 de DICIEMBRE

Tarde pero seguro, repasamos algunas lecturas de la semana pasada.
¡Terminé Cybersix! Llegué al Vol.44 de las novelitas de 96 páginas, y tengo entendido que el Vol.45, que se llegó a anunciar, nunca salió. Otra vez, este es un tomo raro. Las primeras 20-22 páginas parecen estar dibujadas por Carlos Meglia y son un festival, una maravilla hiperkinética, que explota de emoción en cada viñeta. El resto del libro parece dibujado por clones muy esmerados del ídolo, sin la magia irrepetible de Meglia, pero con gran solidez. El guion aparece firmado por Carlos Trillo, pero sospecho que metió mano otra gente. No está mal, es una idea que no daba ni a palos para 96 páginas, pero es interesante y el desarrollo tiene algún giro copado, buenos diálogos y una mirada novedosa al tema de las criaturas artificiales creadas por el Dr. Von Reichter. El problema es que… es un flashback. TODA la novelita está ambientada en el pasado, antes de que Cybersix conociera a Lucas Amato. Esto de por sí no está mal, si no fuera porque se trata del último tomo de la extensa serie, con lo cual quedan sin resolverse TODAS las tramas que venían avanzando en las historias ambientadas en el “presente”. O sea que cualquier cosa que uno pueda decir a favor o en contra de esta última entrega, empalidece frente a lo más brutal, lo más inaudito de todo: a pesar de algunas declaraciones en sentido contrario formuladas por Trillo a la prensa especializada de Italia, Cybersix no tiene final. Es una telenovela que se corta por la mitad y te deja en bolas, con varios conflictos que no se resuelven jamás. Y ni siquiera le podemos preguntar a los autores cómo pensaban terminarla, porque ya no están entre nosotros. Y después hay gente que pregunta cómo puede ser que nadie haya publicado la serie completa en nuestro idioma… Entre los tomos decididamente flojos, los tomos a cargo de autores que no son ni Trillo ni Meglia, y el build-up infinito hacia un conflicto final que nunca llega, es muy lógico que nadie quiera publicar Cybersix de punta a punta. En un punto es lamentable, pero más que nada es muy lógico. Leer la obra completa es algo que solo le puede cerrar al fanático a ultranza, y a esos fanáticos no me tiembla el pulso a la hora de decirles “cúrtanse y léanla en francés o en italiano”.
También leí el segundo y último tomo de Tomie, que tiene un par de historietas que no estaban en la edición yanki (reseñada por acá un lejano 25/02/11). Buenísima la edición de Ivrea, ingeniosa la traducción, maravillosos los dibujos de Junji Ito, y –como me pasó con la relectura de la primera mitad- las historias me impactaron un poco menos que la primera vez. Pero están muy bien, me encanta la truculencia pasada de rosca, la historia que cierra el tomo es excelente, me copa que todo el tiempo haya insinuaciones sexuales y no se vea ni media teta (excepto en la portada, claro)… Los relatos son dinámicos, Ito no se cuelga en limaduras ni en pelotudeces que no hacen avanzar las tramas, y se sube la apuesta a sí mismo todo el tiempo en materia de dibujo, de narrativa y de llevar al extremo la idea que motoriza la serie. Esto se puede recomendar sin asco a los fans del terror ido a la mierda, e incluso a los fans del buen manga, en general. Tengo más material de Ito en el pilón de las lecturas pendientes, por suerte.
Tarde pero seguro leí La hija de Vercingetorix, el álbum de Astérix aparecido en 2019, a cargo de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Del dibujo, la verdad que no hay mucho para opinar: Conrad es un clon milimétrico de Uderzo, que no propone mucho más que la mímesis del estilo del maestro, y le sale igual. Los expertos nos damos cuenta de que no dibuja Uderzo, pero para el lector normal, esto se ve como cualquier otro álbum de Astérix, o sea, MUY bien. En cuanto al guion, me parece que le pegaron un poco de más. Sí, es cierto: la idea es muy grossa y rematarla en 44 páginas obliga a Ferri a desaprovechar algunas aristas que no se llegan a explorar. Re daba para romper el esquema tradicional de la serie y desarrollar la trama en dos álbumes, y bueno, primó una línea más conservadora y quedó todo contenido en una única entrega en la que todo queda tan ajustado que Asuranceturix no llega a entonar ni una mísera nota. Pero es un álbum atractivo, muy disfrutable, que me causó bastante gracia. Lo menos interesante es la aventura, el aspecto más “físico” del conflicto, las peleas, su causa y su resultado. Pero el conflicto en sí está muy bueno, y le sirve a Ferri para explorar puntas que nunca se habían explorado en la serie. Hay nuevos personajes, hay un rol muy destacado para los queridos piratas, se retoma por primera vez en 60 años el argumento de la batalla de Alesia, hay afilados apuntes acerca de la sociedad y la política (de la época de Astérix y de la nuestra) y –como en todos los álbumes ambientados en la aldea gala- hay pequeños toques que le agregan carnadura y onda a secundarios de larga data como Geriatrix, Esautomatix y Ordenalfabetix. La traducción argentina es muy buena y en general podemos hablar de un álbum muy digno. No al nivel de lo mejor de la dupla Ferri-Conrad (El Papiro del César), no al nivel de los grandes clásicos escritos por René Goscinny, pero sí muy por encima de aquellos engendros que nos comimos durante la etapa solista de Albert Uderzo. Ya hay un nuevo álbum de Astérix publicado en un montón de países, así que espero ansioso la edición argentina, para leerlo y ver qué onda. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y los espero el viernes a las 19 hs en el pabellón de historieta y humor gráfico de la Biblioteca Nacional, donde vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe?

domingo, 28 de noviembre de 2021

22 al 28 de NOVIEMBRE

Finalmente, después de muchos meses clavado en Buenos Aires, el viernes retomo mi sana costumbre de viajar a otras ciudades, así que no sé si el finde que viene tendremos nuevas entradas acá en el blog. Por ahí nos vamos a un esquema de “postear cuando pinte”, sin un día predeterminado para que aparezcan nuevas reseñas en este espacio. Veremos cómo nos acomodamos. Pero vamos con el repaso por el material que leí esta semana. Encontré muy barato un ejemplar de La Juventud de John Difool, el Vol.1 de la saga de Antes del Incal, en la edición ochentosa de la Colección Humanoides, o sea: álbum finito de 48 páginas, tapa blanda, rotulado medio choto y una traducción bastante cuestionada (en décadas posteriores) por los fans españoles más exigentes. Esto lo había leído de prestado cuando salió (año 1988, casi seguro) y obviamente no me acordaba nada. Miento: me acordaba que me había parecido bastante flojo, por eso nunca leí el resto de la saga que (ni hace falta aclararlo) funciona como precuela de El Incal. Ahora, con otra edad y otra cabeza, con varias relecturas de El Incal a cuestas y la lectura de La Casta de los Metabarones y alguna otra historieta que interesecta con este universo, veleteo y afirmo que La Juventud de John Difool está muy bien. Sin ser un álbum fundamental, es un gran trabajo de Alexandro Jodorowsky, que se tira con los tapones de punta a dotar de mayor profundidad a John Difool, a enriquecer su pasado, a explorar un poco más en sus motivaciones, a contarnos cómo conoce a Beepo, como se vincula con su familia, y sobre todo a darle relieve, espesor sociopolítico y potencial para la aventura a la Ciudad-Pozo. En la saga de El Incal, la magnitud de los conflictos va a hacer que esta mega-urbe quede chica, y que los personajes vivan aventuras alucinantes en otros escenarios aún más extremos. Pero en Antes del Incal, pareciera que la idea de Jodorowsky es enfocarse 100% en Ciudad-Pozo y dotarla de un montón de “atractividades” (como diría un burro) y de claroscuros que la conviertan en un terreno aún más fértil para las tempranas andanzas de John Difool. El guion tiene acción, romance, humor con bastante mala leche y guiños al que ya sabe todo lo que le va a pasar a los protagonistas en la saga que sucede después pero leímos antes. El dibujo está a cargo del por entonces yugoslavo (hoy serbio) Zoran Janjetov, un artista exquisito que jugaba muy pegado a la línea de Moebius, pero sobre todo a la de Arno. Fuera de esa falta de originalidad, no hay mucho que se le pueda criticar a Janjetov: su trabajo en materia de anatomía, iluminación, perspectiva, fondos, puesta en página y sobre todo color, es absolutamente intachable, y cumple con creces la misión de enganchar al fan de Moebius y hacer absolutamente reconocibles a los personajes y locaciones que el lector de El Incal ya conocía. Podría hablar mucho más sobre este álbum, pero quiero referirme también a otros. No descarto para nada comprarme un integral que traiga todo Antes del Incal, y eventualmente leerlo y reseñarlo, porque este primer tramo que gustó más de lo que esperaba.
Llegué a la anteúltima de las novelas de 96 páginas de Cybersix, y me encontré con una de las más decepcionantes. El dibujo es muy bueno. Está firmado por Carlos Meglia, pero yo estoy seguro de que acá no hay prácticamente nada dibujado por el ídolo. Simplemente a la editorial no se le cantó acreditar a los asistentes que llevaron adelante la tarea de dibujar esto en el estilo del querido maestro. Pero la verdad que visualmente esto es más que atractivo, a pesar del papel horrendo en el que está impreso. El guion (firmado por Carlos Trillo, también si acreditar a posibles colaboradores) me gustó mucho menos. Primero, porque no continúa ninguno de los sub-plots que la serie venía arrastrando en los tomos anteriores. Esta es una historia básicamente autoconclusiva publicada como Vol.43 pero que se podría injertar sin mayor inconveniente en cualquier punto de la colección posterior al nacimiento de Gengis. Y después, porque la trama de este tomo en sí es poco original, está muy estirada y por momentos hasta pierde la brujula y no se sabe bien a dónde va. Tiene que ver con los siete pecados capitales, y cómo estos tienen que ver con los distintos personajes que componen el elenco principal de la serie. Y con esa excusa, hay momentos más dramáticos, otros más cómicos, algo de machaca, pero falta el sustento, lo que hace que todo eso tenga peso, tenga sentido, sea algo más que una idea para rellenar 96 páginas de una serie que, claramente, dabe signos de agotamiento. Me falta un solo librito. Ojalá el último sea mejor que este, que realmente me costó bancarlo hasta el final.
Y cierro con una breve glosa para Mi Primera Pandemia, un recopilatorio de chistes de El Niño Rodríguez, cuya temática está bastante explicada en el título. El libro reúne material originalmente publicado en el diario Clarín, entre Marzo de 2020 y Marzo de 2021. La verdad que a esta altura uno ya leyó demasiados chistes acerca del COVID-19, el confinamiento, la cuarentena, las vacunas, las penurias económicas consecuencia de la pandemia, la angustia provocada por el encierro y los cuestionamientos (lógicos e ilógicos) a las distintas medidas de prevención dispuestas por los distintos gobiernos en las distintas fases de todo este bolonki. Quizás por eso, las ideas que vuelca el Niño en este libro no me hayan resultado ni muy graciosas, ni muy novedosas, ni siquiera un toque transgresoras. Hasta los momentos más polémicos del libro (como esa imagen de una villa superpoblada de casitas de chapa y estigmatizada con la palabra “Plandemia”) son cosas que ya vi en otros medios. Así que me limito a recomendarle este libro a los fans del dibujo, porque realmente acá el Niño despliega un arsenal de recursos gráficos muy, muy notable y muy diverso. Del dibujo vectorial al lápiz pelado, combinado con fotos, con texturas, con tramas mecánicas, efectos de photoshop, lápices de colores, chistes dibujados en el estilo de Charly Putowznschvtzky (o Puto!, como firmaba sus colaboraciones en Barcelona)… Lo mejor del libro es eso: ver al Niño correr los límites de lo que puede hacer en materia de técnicas de dibujo. Ahora sí, nada más. Gracias, hasta pronto, y ojalá nos veamos en vivo en las presentaciones de ¿Quién quiere ser superhéroe? que me van a llevar a recorrer un montón de ciudades de Argentina y el resto de Sudamérica.

lunes, 22 de noviembre de 2021

15 al 21 de NOVIEMBRE

Ayer no llegué a postear reseñas en el blog, pero algo leí. Poco, porque estoy releyendo ¿Quién quiere ser superhéroe?, en busca de errores que se puedan corregir en una eventual segunda edición. Pero algo hay. Empiezo en EEUU, año 2009, cuando Vertigo publica la miniserie Bang! Tango, que más tarde sería recopilada en libro por Image. Se trata de una aventura urbana, con la clásica mexicaneada de garcas que se roban y traicionan entre ellos, pero condimentada con altas dosis de violencia y sexo. Y tango, porque dos de los protagonistas conforman una exitosa pareja de bailarines de tango que le sacan viruta al piso en las milongas de Los Angeles y sueñan con venir a consagrarse a Buenos Aires. Este es un elemento que no tiene tanto peso en la trama como podría sugerir el título de la obra, pero obviamente a los porteños nos llama mucho la atención. A mí lo que más me impactó fue ver la firma de Joe Kelly en un comic donde se habla todo el tiempo de coger, y donde una de las protagonistas es una chica trans, a la que se insulta y maltrata todo el tiempo por tener una pija bajo la bombacha. Entiendo que en 2009 el tema de las diversidades sexuales no estaba tan aceptado como ahora, pero por momentos choca mucho el nivel de agresión hacia Autumn. La trama en sí está un poquito estirada, pero dentro de todo, Kelly la rema con el carisma de los protagonistas. Este rubro es interesante, porque en Bang! Tango no hay buenos, son todos malos. Protagonistas, antagonistas y secundarios se entreveran en una historia sangrienta, de traiciones, venganzas, sexo on fire y secretos turbios, donde nadie está ni cerca de encontrar la redención. Y por ahí me quedo con eso, que aún hoy resulta bastante original en el contexto del comic de aventuras. La conexión con el tango llegó a esta obra de la mano del dibujante, el malogrado Adrián Sibar, que era porteño y fan de nuestra música ciudadana. En estas páginas, a Sibar lo tapan mucho las tintas de Rodney Ramos, y encima en la versión en comic books lo eclipsan por completo las portadas de Howard Chaykin. Para compensar, Adrián deja la vida en los fondos, y en las escenas en las que Vincente y Melina bailan tangos (hay una por episodio), ensaya puestas en página para nada clásicas, muy atractivas. Las escenas de acción tienen mucho ritmo y las de sexo… se ven un poquito estáticas para mi gusto. No sé si este es el mejor trabajo de Sibar, pero creo que es el que le demandó mayor esfuerzo. En el contexto de lo que publicaba Vertigo en 2009, seguramente Bang! Tango es una obra menor, pero por ahí te atrapa por el lado del tango, del sexo, o porque es una de las muchas obras de Joe Kelly junto a dibujantes argentinos.
Me vengo a 2021, para repasar un antología titulada Galgo, con tres relatos escritos y dibujados por Athos Pastore. La primera historieta se llama igual que la antología, y la verdad que no la entendí. Me llamó la atención el dibujo foto-realista, las texturas, los puntitos, pero el guion solo se entiende si pescás los simbolismos, que supongo que tienen que ver con un paralelismo entre la chica y los perros que corren carreras. La tercera historieta se titula “Lágrima”, y entendí menos que en la primera. La narrativa es confusa, no hay diálogos, aparecen imágenes que parecen ser las de las dos historias anteriores pero distorsionadas… Muy raro todo. Y visualmente increíble. Con varias técnicas distintas combinadas, Pastore detona en esas páginas un arsenal gráfico y plástico impresionante, realmente muy zarpado. No sé qué quiso contar, pero es algo muy lindo y muy impactante a la vista. Y me guardé para el final la segunda historieta, “Estatuilla”, que me gustó muchísimo. Es una de misterio al estilo de las antologías setentosas de DC, con un cierre circular, un elemento sobrenatural y una tragedia contada en clave irónica, todo muy bien resuelto. Y el dibujo es excelente. Parece un comic de David Lapham al que alguien entintó de manera extrema, sobrecargando las tintas al límite. Así, el trabajo de Pastore se ve más nítido, más brecciano por momentos, con una fuerza expresiva muy notable, pero sin comprometer en ningún momento la claridad del relato gráfico. Quiero más obras de este autor en el estilo de Estatuilla. Nada más por hoy. Gracias por el aguante y será hasta el finde que viene.

domingo, 14 de noviembre de 2021

8 al 14 de NOVIEMBRE

Ya estamos en la recta final de la preventa de ¿Quién Quiere Ser Superhéroe?, y todavía lo podés reservar con descuento en las comiquerías que participan de la promoción, o en https://www.comicpuntoar.com/product-page/quién-quiere-ser-superhéroe. La preventa cierra el miércoles 17, así que no te duermas. Ahora sí, vamos con las lecturas de la semana. Gracias a que Ivrea la editó en Argentina, me puse las pilas para volver a leer Tomie, la obra de Junji Ito cuya edición yanki había pasado por este blog allá por el 14/02/11. La historieta no me sorprendió tanto como la primera vez, por lo menos en su tramo inicial, que era el que yo más recordaba, y quizás por eso no me pareció tan buena como en aquella lectura de hace más de 10 años. Leo lo que escribí en ese momento y en general estoy de acuerdo, pero me parece que me zarpé un poco en elogios. La segunda lectura, pasado un poco del impacto que produce este manga de Junji Ito en el lector virgen de Tomie, me convenció un poco menos, si bien sostengo que es una muy buena serie de misterio y terror. La edición argentina es estupenda, no falla por ningún lado. Y cuando la leí en inglés, me acuerdo que el Vol.2 me gustó más que el 1, principalmente por la evolución en el dibujo de Ito. Así que en cualquier momento le vuelvo a entrar al segundo tomo.
También avancé con mi lectura de los tomos finales de Cybersix, y llegué al Vol.42 de la colección de novelitas de 96 páginas: Tra la Vita e la Morte. Este tomo conforma un díptico con el que vimos la semana pasada y es todo tan parecido, forma todo una masa tan compacta, que hasta lo tenemos de nuevo a Horacio Domingues como dibujante, aunque en estas páginas “se disfraza un poco más” de Carlos Meglia. El dibujo es buenísimo, de punta a punta del librito. Por el lado del guion, Carlos Trillo le da ínfima pelota al plot de Gengis/Zero, y se concentra en resolver cabos sueltos que involucran a otros de los villanos que fue acumulando la serie con el correr de los tomos. Y si bien hay buenos diálogos, hermosos bloques de texto y unas cuantas escenas ágiles, casi explosivas, es muy difícil que el interés se sostenga a lo largo de 96 páginas, porque realmente pasa muy poco. Hay un contraste, además, entre una Cybersix que (lógicamente) ya está muy hinchada las pelotas y no tiene más reparos en matar a sus oponentes, y los propios villanos, a los que Trillo hace pendular entre genocidas irredimibles y bufones tragicómicos que están ahí para meter chistes y situaciones desopilantes. Esto es solo para fans extremos de Cybersix que soportan la idea de no bancar hasta las últimas consecuencias las aventuras de la superheroína-vampiro-androide-transexual.
Y me vengo a Argentina, año 2021, para leer Alma, una obra de Néstor Barron y Quique Alcatena que (me enteré cuando llegué a la última página) es la primera parte de una saga de dos libros. Por el lado del dibujo, me encuentro a un Alcatena que apuesta muy fuerte al color y que opta por puestas en página más tradicionales, sin esas viñetas muy ornamentadas, sin esas páginas en las que predomina una imagen muy fuerte, hasta las pelotas de detalles microscópicos, acompañada por un par de viñetas más chiquitas. El trazo está un poco más suelto, menos detallista y menos abigarrado que en sus obras más reconocidas, seguramente porque Quique sabe que luego va a poner color por sobre sus líneas. Hay imágenes potentísimas, hay (como siempre) un despliegue de imaginación inconmensurable, varias secuencias de acción muy bien resueltas, y si tengo que señalar algo realmente decepcionante en la faz gráfica es la tipografía que se utilizó para rotular la historieta, que encima llama mucho la atención porque Alcatena dibuja globos muy grandes, que tienen mucho peso gráfico en las viñetas. El guion de Barron es una especie de versión más aventurera de El Principito, la famosa novela de Antoine de Saint-Exupery que (como ya confesé públicamente alguna vez) nunca leí porque, vista de afuera, me parece algo sensiblero, denso y choto. Acá tenemos (como en El Principito) a una protagonista absolutamente naïf, criada en una auténtica nube de pedos, que un día sale al mundo a buscar respuestas a preguntas pseudo-filosóficas, de un nivel de boludez asombroso. El contraste entre la ingenuidad de Alma y la mala leche de buena parte del elenco le sirve a Barron para que los diálogos mantengan cierto interés, pero hasta un punto, no hasta el final. Hay tramos realmente muy hablados, en los que los personajes explicitan demasiado un montón de información que es apenas relevante para plantear conflictos generalmente menores, que se resolverán en poquitas páginas, para rápidamente conectar con la siguiente peripecia. Los bloques de texto van y vienen de manera intermitente, y no, nunca llegan a esos niveles gloriosos de los bloques de texto de Eduardo Mazzitelli. Creo que lo más flojo es Alma, el personaje central, que –por lo menos en esta primera mitad- no parece tener, ni estar pensada para adquirir, lo que hace falta para protagonizar un relato de aventuras extremas con monstruos, guerreros y cuasi-dioses de infinito poder. Por ahora, es un personaje sin ideas, sin iniciativa, que va donde la llevan, y que zafa de la muerte porque alguien la salva. Es una chica jovencita, y probablemente parte de la gracia de la saga sea verla crecer, madurar y afianzarse. Por ahora, en 72 páginas, eso no estaría sucediendo. Veremos si sucede en la segunda parte. Tengo sin leer más trabajos de Barron y de Alcatena, así que pronto habrá revancha. Nada más por ahora. Gracias y hasta el finde que viene.

domingo, 7 de noviembre de 2021

1 al 7 de NOVIEMBRE

Bastante escasa la lectura de esta semana, pero bueno, sigo muy complicado con otros temas. Llegué al Vol.41 de las novelitas de 96 páginas de Cybersix, y ya estoy muy cerca del final. A nivel argumental, este tomo es la nada misma, es simplemente juntar envión, generar calentura, para algo que –supongo- vendrá más adelante. De los varios subplots que baraja Carlos Trillo en esta entrega, el que más me interesa es el de Gengis, ahora llamado Zero, que pasó de bebé a señor de cuarenta y pico en muy poco tiempo, y si sigue así se va a morir de viejo en un par de tomos. Su relación con Cybersix ya era interesante cuando era ese bebé kilombero entrenado por los malos para matar a su mamá, y ahora que se agrega este aspecto del acelerado declive hacia la vejez y la muerte, me enganchó todavía más. De hecho, es lo único que me enganchó en un tomo donde las peripecias son muy menores. Por suerte, por encima del argumento pasa el guion, y en ese rubro Trillo tira algunas pinceladas de magia como para barnizar la escasa fuerza dramática de la que adolesce cualquier tomo “de pretemporada”. Aún así, es muy loco ver a un guionista tan capo, tan sólido, que jugaba tan de memoria, prácticamente atrapado en un formato que (supongo yo) para esta altura ya lo condicionaba más de lo que lo estimulaba. El tema de que los villanos sobrevivieran siempre, el tema de no poder darle un cierre definitivo a las aventuras, el tema de la doble identidad de Cybersix, el del fatídico romance con Lucas, el de su hijito apropiado por sus enemigos… son todos elementos que van perdiendo sentido con el correr de las páginas, porque requerían una resolución más rápida, y probablemente más drástica. Eso de continuar las sagas hasta el infinito, que tan bien le sale a los guionistas yankis, para Trillo en este punto ya parece haberse convertido en un calvario. Esta vez el dibujo está a cargo del maestro Horacio Domingues, quien fuera amigo, socio y co-equiper de Carlos Meglia mucho antes de que al prócer quilmeño se le ocurriera armar un ejército de dibujantes para producir todas esas miles de páginas de Cybersix. Durante años, a Domingues se lo estigmatizó por las similitudes de su estilo con el de Meglia (bastante entendible, porque firmaron varias historietas e ilustraciones a cuatro manos) y para más de un nabo es “el Meglia de la B”. Está claro que hay un parentesco estético muy marcado, pero acá se nota mucho que Domingues está a años luz de los muchachos que clonaban milimétricamente el trazo de Meglia. Tanto se nota, que el dibujo de Domingues por momentos desentona con los elementos gráficos (básicamente fondos) que están fotocopiados de dibujos de Meglia. De todos los dibujantes que pasaron por Cybersix, Domingues es el menos parecido a Meglia, una paradoja loquísima, y que hace que este tomo se vea muy raro.
Cierro con una breve mención a Intachable: 30 años de corrupción, una novela gráfica de Víctor Santos en la que el ídolo valenciano se mete a fondo en los negocios turbios que rodean (y financian) a la política, en un thriller muy interesante. Santos trata de brindarnos un relato más ajustado a la realidad que sus obras más extremas (Polar, Los Reyes Elfos, etc.) y para eso baja varios cambios. Hay menos acción, la violencia está representada de un modo un poquito menos salvaje, y por supuesto los personajes piensan y hablan más. La trama es muy verosímil (podría ser totalmente real, cambiando un par de nombres), y un poco por eso uno intuye todo el tiempo cómo puede llegar a resolverse. Pero banca el interés hasta el final. Y lo más interesante: acá Santos le suma el color a su manejo inhumano del blanco y negro, y le queda genial. Acá se ve de manera diáfana cómo el color puede convertirse en un elemento narrativo, potenciar climas, subrayar puntos dramáticos de la historia y redimensionar la fuerza del blanco y negro que uno asocia a este autor. Además, y también gracias al color, cuando Santos se birla fotos para reemplazar los fondos que no dibuja, les mete muchísima mano y las integra de modo brillante a su estética. O sea que es todo ganancia. Intachable es una obra tan distinta al “núcleo duro” de la obra de Santos, que puede ser ninguneada por más de un fan de los que seguimos hace años al valenciano, pero además por este mismo motivo tiene muchísimos argumentos para captar nuevos lectores, que se acerquen a la obra por la temática del thriller político-financiero, o por la magia que tira Santos con el color. Pobres pibes, no saben que Santos es un camino de ida, y que una vez que mordés el anzuelo, no parás hasta no tener todos sus comics… Nada más, por hoy. Si todavía no compraron ¿Quién quiere ser superhéroe? con descuento, les confirmo que pueden hacerlo hasta el 17 de este mes, en https://www.comicpuntoar.com/product-page/quién-quiere-ser-superhéroe o en alguna de las comiquerías que participan de la preventa. Gracias y hasta el finde que viene.

domingo, 31 de octubre de 2021

25 al 31 de OCTUBRE

Esta semana me tocó leer tres comics que se pueden catalogar como “de superhéroes”, todos dibujados en Argentina. Il Futuro e´Adesso es el Vol.36 en la colección de novelas gráficas de 96 páginas de Cybersix realizadas en los ´90 para la editorial italiana Eura, por el equipo que encabezaban los inolvidables Carlos Trillo y Carlos Meglia. En esta entrega en particular, de Meglia apenas se ve el estilo: el dibujo en sí, salvo algún que otro fondo, es todo obra de Alejandro (o Enrique) Santana, que para este momento ya tenía un vasto dominio de la estética creada por el maestro quilmeño. Por ahí sin la magia y sin los saltos al vacío que cada tanto pegaba Meglia, pero con una notable comprensión de lo que el lector de Cybersix esperaba ver en cada viñeta. Lo más interesante de este episodio es el guion de Trillo, compuesto en su mayoría por flashbacks. Buena parte de estas 96 páginas indagan más a fondo en tres momentos de la vida de Cybersix que se nos habían contado muy someramente en el origen de la heroína-vampiro-androide-transexual. La infancia junto a los otros chicos artificialmente creados por Von Reichter, la etapa en la que Cyber recién se apoderó de la identidad de Adrián Seidelman y lleva poco tiempo en la ciudad de Meridiana, y un momento posterior, de una Cyber/Adrián ya con veintipocos años, casi un prólogo a las primeras aventuras. Son secuencias de distintas extensiones, casi sin acción, muy jugadas a la introspección. Y Trillo remata la historia (basada en la memoria) con un encuentro entre la Cybersix adulta y el Lucas Amato amnésico, en un contrapunto muy inteligente. Y sin machaca. Creo que eso fue lo que más me gustó: me entretuve a lo largo de 96 páginas en las que prácticamente no hay acción, ni aventuras más “físicas”, ni peleas contra villanos. Casi un lujo que se dio Trillo en medio de la vorágine que impone una serie en la que la violencia siempre tuvo un rol preponderante.
Nos vamos a EEUU, año 2018, cuando Image recopila el segundo arco argumental de la serie regular de Kick-Ass, ya sin Dave Lisewzki en el rol principal, ahora a cargo de Patience Lee. Me falta el TPB con el arco en el que nos cuentan por qué Dave cuelga la máscara, pero no importa, ya lo conseguiré (acepto donaciones, también). Acá los encargados de mover la trama hacia adelante son el guionista Steve Niles y un dibujante de lujo: el rosarino Marcelo Frusín, que volvía a publicar en EEUU después de varios años de trabajo para Francia. El dibujo es fastuoso. Dinámico, explosivo, preciso, emotivo, con muchos menos fondos que los trabajos de Frusín para Francia y con el apoyo de un excelente coloreado a cargo de Sunny Gho, que entiende a la perfección qué es lo que tratan de hacer en cada viñeta el lápiz y la tinta de Marcelo. Faltan los animales, nada más, que es algo que pocos dibujantes ilustran tan bien como este crack rosarino. El guion de Niles está estirado de una manera criminal. No sé cómo no se le cae la cara de vergüenza al diluir entre más de 150 páginas una trama que daba –con suerte- para 48. La premisa no tiene el menor dejo de originalidad (todo el tiempo sentí que estaba leyendo un Annual de Vigilante de los años ´80), y en todo caso lo interesante pasa por la construcción del personaje de Patience, y el desarrollo de un sub-plot que se arrastra a lo largo de los seis episodios a un ritmo lentísimo… y no se resuelve en el final del tomo. No me pego un corchazo solo porque el siguiente arco argumental también tiene dibujos de Frusín y colores de Gho, y eso me garantiza que voy a flashear con los dibujos aunque Niles me vuelva a estafar contando en miles de páginas una historia que se podría resumir en muchas menos. Banco la jugada de poner a un nuevo personaje bajo la capucha de Kick-Ass y no dudo del potencial de Patience, pero déjense de joder y cuenten la historia a un ritmo más parecido al que utiizaba Mark Millar en las miniseries originales.
Termino la recorrida en Argentina, con el Vol.5 de Manta, una nueva entrega en la ambiciosa saga creada por Martín Mazzeo y Jonathan Crenovich. Un buen episodio, en el que pasan unas cuantas cosas importantes y la trama avanza como tiene que avanzar. Incluso hay espacio para buenos diálogos, para profundizar el desarrollo de Santiago, Manuka, Mirko, Paula y el que hasta ahora es el principal villano. Lo único choto es que no se entiende nada (pero NADA) si no tenés muy presente lo que pasó en las entregas anteriores. Manta está escrito como un libro en ocho fetas, y acá arranca la segunda mitad, sin concesiones, sin recapitular ni explicitar nada de lo que vimos en la primera mitad. El dibujo de Nicolás Brondo está muy bien, muy sólido, con un gran trabajo en los fondos, rostros expresivos y un buen manejo del timing para narrar tanto escenas de acción como secuencias en las que solo hay diálogos o silencios. En un momento del librito, Santiago tiene una alucinación (producto de una sustancia que se inyecta) y los guionistas nos la muestran en una secuencia muda de cuatro páginas, dibujadas de modo bellísimo por Quique Alcatena. A los efectos del relato, esas cuatro páginas podrían tranquilamente no estar, pero los dibujos de Quique están tan buenos que se ganan nuestra ovación. Manta sigue su avance a paso firme, sin descuidar el misterio, la trama política, los vínculos entre los personajes… La verdad que es una serie muy, pero muy interesante y vale la pena coleccionarla desde el Vol.1 para entender todo y engancharse rumbo a la recta final. Y hablando de final, esto es todo por hoy. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 30 de octubre de 2021

ETERNALS

Eternals es una película rara, con muchos pros y una contra potente, tremendamente insoslayable. Empiezo por los méritos: diez protagonistas, metidos en una trama en la que todos se pueden lucir un ratito, e interpretados por diez actores de los cuales ninguno desentona, ni por su inexpresividad ni por una sobreactuación al borde del ridículo. Música bellísima, tanto la partitura original como las canciones que ya existían y suenan en distintos momentos del film. Un despliegue maravilloso de escenarios de distintas épocas, reales e imaginarios. Unos efectos especiales gloriosos, un diseño de producción alucinante, donde cada centavo está perfectamente gastado. La trama empieza con una extensa presentación de personajes y conflictos que están bien, y antes de llegar a la mitad del metraje pega un giro que no te ves venir: de pronto, te explican que todo lo que sabías acerca de los Eternals es mentira, como en aquellas miniseries de DC de los ´80 que te daban vuelta como un guante a los personajes clásicos. En ese quiebre del argumento, todo cobra otro significado, mucho mejor y más atrapante que el que tenía la explicación “original” de los Eternals. Porque además, estas revelaciones envuelven a los personajes en un dilema moral espeso, áspero, que los lleva a tomar posiciones confrontadas respecto al curso de acción que se debe seguir para evitar… algo muy heavy. Así es como a partir de cierto punto, la película se estructura en torno a una Civil War entre los Eternals, lo cual está bárbaro, porque los villanos (no spoileo nada si digo que son los Deviants) son la nada misma, los enésimos monstruos malísimos, sin profundidad ni desarrollo, más un recurso narrativo que verdaderos antagonistas. Todo esto es genial, pero lo más genial es lo siguiente: como los Eternals son personajes que nadie conoce y que a nadie le importan un carajo, acá se pueden hacer cosas que no se podrían hacer en ninguna otra película protagonizada por un grupo de superhéroes. Acá los personajes pueden morir, pueden cambiar de bando, o incluso decir “nah, mucho kilombo, yo me voy a la mierda, háganse cargo ustedes de resolver esto”. Y la verdad que el guion explota a fondo esa posibilidad que le da la Chapa Cero de los personajes. Ahora, con todo esto, con un buen conflicto que en un momento muta hacia un excelente conflicto, con todos estos riesgos en materia de desarrollo de personajes, con buenas actuaciones y laburos descollantes en los rubros técnicos… ¿cómo hacés para que la película defraude? Porque les tengo que decir que los 157 minutos se me hicieron infinitos. Que la película es larga al pedo, por momentos MUY aburrida. Como si la directora Chloé Zhao hubiese buscado la forma más chota posible de llevar a la pantalla una historia que estaba buenísima. Entonces entran todos esos flashbacks de dudosa trascendencia, esas peleas interminables que no aportan nada, ese subplot infumable de los problemas mentales de Thena… cosas que parecen estar puestas a propósito para que la trama en vez de fluir se empantane. ¿Algo más? Sí, las secuencias post-créditos son muy buenas y te dejan muy manija, hay menos chistes que en las películas promedio de Marvel, y no hace falta haber visto ninguna película anterior para entenderla (como en Shang-Chi, las menciones a las entregas anteriores son mínimas). También como consecuencia de que los Eternals no le importan a nadie y tienen menos fans que la leucemia, tampoco se siente como una afrenta o una traición que personajes que Jack Kirby ideó como varones acá se hayan convertido en mujeres, o que los interpreten actores de distintas etnias. Los propios guionistas de Marvel suelen cagarse tanto en el canon que sus antecesores establecieron para los Eternals, que nadie se escandaliza si los muchachos y chicas de Hollywood conservan poco y nada de los lineamientos trazados por el Rey. Realmente no sé cuánta gente irá a ver una peli con poquísima vinculación con lo que venía pasando en el MCU, encima centrada en un grupo de personajes más desconocidos de lo que eran los Guardians of the Galaxy cuando llegaron a la pantalla grande. Si vas, tratá de deleitarte con lo bueno (que hay varias cosas buenas) y de no dormirte en esos tramos soporíferos. Ya hay anunciada una secuela, así que tené paciencia si te parece que se están abriendo puntas argumentales que es imposible resolver para el minuto 157. Y nada más. Casi seguro mañana habrá reseñas de comics en este mismo espacio. Gracias y hasta pronto.

sábado, 23 de octubre de 2021

18 al 24 de OCTUBRE

Estoy 100% pendiente de un tema familiar complicado, así que hoy ofrezco reseñas muy breves de dos libros que pude leer en estos días. El Vol.2 de 20th Century Boys, de Naoki Urasawa, mantiene el excelente equilibrio del Vol.1. El misterio, el suspenso, la comedia, la trama conspiranoica, todo eso está ahí. Pero además suma dos elementos muy atractivos. Por un lado, vemos cómo los villanos empiezan a interactuar con y a influir en la política de Japón. O sea que ahora el thriller también cobra una dimensión política, que por el momento no explota con toda la furia, porque Urasawa prefiere cocinarla a fuego lento, y me parece bien. Por el otro lado, en un momento el autor le clava el freno a la trama de Kenji y sus amigos de la infancia en Tokio, para trasladarnos a la ciudad de Bangkok, en Tailandia, donde un violento justiciero urbano factura fortunas como sicario a sueldo, dedicado principalmente a desbaratar redes de prostitución. Son unas cuantas páginas a plena acción, a cinco centímetros de un comic de Marvel (pero con putas menores de edad), que parecen no conectar en lo más mínimo con el resto de lo que venía narrando Urasawa… hasta que en un pase de magia esta historia conecta con la de Kenji de una manera brillante, que me hizo levantarme del asiento del bondi para aplaudir al maestro. La primera mitad del tomo por ahí no es brillante, no tiene muchos momentos memorables, si bien (como ya dije) conserva intacto ese equilibrio fascinante. Pero la segunda mitad es realmente gloriosa, repleta de escenas logradísimas y que impulsan hacia adelante esta historia densa y enroscada en la que los buenos no tienen la menor garantía de encontrarse con algo parecido a un triunfo. El dibujo, como siempre, superlativo, expresivo, dinámico, preciso. Y la narrativa, impresionante, con una infinidad de recursos para ponerle onda a las largas escenas de gente hablando y con power de sobra para armar un kilombo de altísimo impacto en las escenas en las que Shogun surte gente a lo pavote. Tengo comprado el Vol.3 y ya salió el Vol.4, así que habrá más 20th Century Boys en el blog, probablemente antes de fin de año.
Leí también Gómez, la ópera prima de Gustavo Diéguez, arquitecto argentino de enorme talento para el dibujo, que incursiona ya de grande en el campo de la historieta. Visualmente es una obra muy hermosa, con un trabajo consagratorio en los fondos y decorados (lo que se espera de un arquitecto y más), donde se ve una atención a los detalles y un conocimiento realmente apabullante. Los cuerpos y las caras me hicieron acordar a Ignacio Noé, pero como un poquito más civilizado, menos salvaje que el Noé que trabajaba en blanco y negro a principios de los ´90. Como si fuera una cruza entre aquel Noé y un dibujante realista más preciosista y menos kilombero, tipo Fabián Mezquita. Y la cruza funciona bárbaro. Desde las viñetas que están claramente copiadas de fotos hasta las que son más expresionistas, más jugadas a conjurar climas y sensaciones que no aparecen en las fotos, todo el conjunto de la obra sostiene a lo largo de unas 150 páginas un nivel gráfico estupendo. Por el lado del guion, me encontré con un autor demasiado ambicioso para mi gusto. Diéguez urde una trama muy compleja, con muchos elementos, muchísimos personajes, mucha data que el lector necesita manejar para entender todo lo que pasa… y por momentos se le va de las manos, se le empantana el relato. Hasta llega a ofrecer una página de “mapa”, que le explica al lector dónde está cada personaje y qué está haciendo. Después hay un segundo tramo más breve, casi una secuela, ambientada unos años después, donde Diéguez baja un poquito las pretensiones y cuenta una historia un poco más simple, más accesible, aunque siempre dentro de un tono muy sofisticado, muy intelectual (en el buen sentido), con una hábil mezcla entre datos, elementos y personajes tomados de la realidad y otros producto de la imaginación del autor. No quiero contar mucho de las tramas, pero hay villanos nazis, complots, gente del palo de la literatura, de la fotografía, y mucho énfasis en las maravillas arquitectónicas que lució Mar del Plata en sus primeras décadas de existencia. Quiero ver más trabajos de Gustavo Diéguez en historieta, por ahí en colaboración con un guionista que esté un poco más canchero en esto de las tramas complejas y los elencos multiestelares. Nada más, por ahora. Gracias a tod@s l@s que están comprando mi libro en la preventa, y hasta el finde que viene.