el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 19 de junio de 2024

SARUTOBI

No tenía idea de la existencia de este manga de Osamu Tezuka, hasta que lo vi barato en una comiquería de París. Obviamente, me tiré de cabeza. Ahora, a la hora de encarar la lectura, me encuentro con que Sarutobi es una obra apuntada al público infanto-juvenil que el Dios del Manga serializó entre principios de 1960 y principios de 1961 en la revista Manga King. O sea que no solo la estética recuerda mucho a la de AstroBoy, sino que además las fechas coinciden totalmente con la publicación del clásico más famoso de Tezuka. Como ya vimos en varias de sus obras, en Sarutobi el maestro toma un hecho histórico (en este caso una guerra civil que transcurre a fines del Siglo XVI y principios del XVII) y la cuenta a su manera, con personajes ficticios, elementos fantásticos, guiños anacrónicos, humor metatextual... Acá dos de los protagonistas (Sasuke y Sai, los chicos que posan en la portada en plan canchero) son ninjas que manejan (con distintos grados de habilidad) la magia más zarpada que te puedas imaginar: se transforman en distintas criaturas, generan ilusiones en la mente de sus contrincantes, mueven objetos con telekinesis, se hacen invisibles, transmutan la materia, vuelan... Cada uno de ellos es casi una Justice League en sí mismo. Sai es una ninja sumamente eficaz y aplicada, mientras que Sasuke es poco inepto, y bastante irresponsable en el uso de sus poderes. Una vez que se involucren en el conflicto entre samurais, nobles, daimios y demás caudillos, se van a hacer amigos de Daisuke, el tercer protagonista de la obra, que es un espadachín implacable. Con estos elementos, Tezuka construye una epopeya de casi 330 páginas donde casi no se percibe una improvisación por parte del autor. No hay volantazos bizarros, la narración nunca pierde el rumbo. Y si bien es un manga de aventuras para chicos, tiene momentos bastante fuertes, incluso trágicos, como la muerte (bastante truculenta) de los padres de Sasuke. Por ahí lo que sobran son algunos villanos: puestos a meterle ficción a los sucesos históricos, quizás hubiese estado bueno "unificar" a distintos personajes que entran en conflicto con los protagonistas para generar a un único villano (o por ahí dos) un poco más potente. De todos modos los combates son peliagudos, nunca vemos a "los buenos" derrotar a "los malos" de taquito, sin despeinarse. Mi devoción absoluta por Tezuka no para nunca de crecer, pero sigo sin engancharme con el humor del maestro. Me molesta cuando se dibuja a sí mismo para meter chistes, me molesta cuando en un manga histórico tiran chascarrillos anacrónicos tipo "esto parece un dibujo animado", me molesta que trate de generar gags a partir de personajes que se pegan golpes o tropiezan con objetos contundentes... Si me vas a narrar una guerra, con sangre, torturas y masacres, dejate de joder y no me pongas chistes sacados de los cortos de los Looney Tunes. Pero bueno, entiendo que esto está pensado para chicos de 10-11 años de 1960, no para mí. Me quedo entonces con lo más hermoso que tiene Sarutobi que es el dibujo. Y dentro del dibujo, dos cosas: primero, el diseño de los personajes, que es glorioso, tanto en héroes como en villanos, como en las criaturas bizarras en las que se transforman. Segundo, esas escenas en las que decenas de guerreros a caballo cargan sobre fortalezas, pueblos, o sobre ejércitos enemigos. Lo que dibuja Tezuka en esas viñetas es descomunal, no se puede creer. La puesta en página, en cambio, tiene mucho que ver con la de los mangas de AstroBoy y casi nada que ver con la de las obras más adultas de la etapa posterior: el Manga no Kamisama divide las páginas en cuatro tiras, con viñetas cuadraditas, prolijas, de formas regulares, y conserva cierta versatilidad para que algunas de estas viñetas ocupen más espacio (de pronto, en vez de cuatro tiras hay tres, una de ellas doble) y hasta tenemos páginas con un solo cuadro, todas ellas apoteóticas. Es un dibujo amistoso, aniñado (de hecho, en un momento del relato pasan 10 años pero Tezuka aclara que no quiere que los personajes se vean 10 años más viejos y los sigue dibujando como nenes), muy influenciado por los dibujos animados de EEUU, muy prolijo. Y puesto al servicio de un relato de gran dinamismo, intenso, y en el que (a diferencia de trabajos anteriores) el maestro ya entendió que no hace falta dibujar TODO, y que hay algo que se llama elipsis y que en la historieta funciona bárbaro. Tarde pero seguro descubrí que Sarutobi está vinculada a otra obra del ídolo, El Castillo del Alba, que es un poquito anterior y que también me compré en Francia. Cuando la lea me voy a enterar si es una secuela, una precuela, un spin-off, una remake, otra aventura con los mismos personajes, o qué corno es. Con Tezuka, nunca se sabe. Y es parte de lo que lo hace tan atractivo. Ni bien tenga un rato para leer algo más, lo comentamos acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

sábado, 15 de junio de 2024

SÁBADO A LA NOCHE

Bueno, acá estamos de nuevo con dos reseñas cortitas. Prometí más antologías de comic alternativo y/o vanguardista y acá tengo para reseñar el Vol.8 de Nosotros Somos los Muertos, el que marcó en 2003 el regreso de este proyecto creado por Pere Joan y Max, ahora en el formato de álbum europeo. Conseguí todos los números que me faltaban para completar NSLM excepto uno, pero no sé si los voy a reseñar uno por uno, para no aburrir. Básicamente, a esta entrega le encuentro un problema (menor, pero problema al fin) que es que ofrece un montón de páginas de autores norteamericanos, con historietas que o ya leí en publicaciones de EEUU o Canadá, o no leí, pero prefiero tenerlas en inglés. Fuera de eso, la selección de material de España y el resto de los países europeos está bastante bien. Descolla Miguel Brieva, con material que pertenece a su magistral serie Dinero, se luce Miguel B. Núñez con una historieta de apenas cuatro páginas demasiado buena para ser real, Paco Alcázar se dibuja todo pero la idea que desarrolla no me pareció ni tan graciosa ni tan original, me gustó muchísimo el estilo de Helge Reumann (autor alemán al que no conocía) y no me interesó para nada lo de Craig Au Yeung. Gabi Beltrán propone un ejercicio narrativo muy copado, apoyado en un dibujo simple y lindo. Darío Adanti (argento, pero radicado hace tanto tiempo en la Madre Patria, que ya lo consideramos también español) nos ofrece cuatro páginas muy raras con su personaje Cabeza de Tostadora, con ideas bizarras y unos dibujos maravillosos, y algo parecido pasa con el maestro Keko, que la rompe con los dibujos, que plantea un ritmo narrativo muy atrapante, pero que cuenta algo tan extraño, tan críptico, que no lo terminé de disfrutar. También hay varias páginas dedicadas a trabajos de ilustradores (no me siento capacitado para opinar al respecto) y esas historietas de Dave Coooper y Kaz traducidas de revistas de Fantagraphics o Drawn & Quarterly que mencionaba al principio. Cooper se come 30 de las 100 páginas que tiene la antología, lo cual me parece un toque excesivo, sobre todo porque ya conocía ese material y no me dio para leerlo de nuevo, ahora en castellano. Veremos si en los otros números encuentro algo que me diga "ah, bueno, esto se merece sí o sí una reseña en el blog", o si simplemente los leo y los guardo, como cuando consigo algún número que me falta de El Víbora o Cimoc.
Salto a EEUU, año 2018, para zambullirme en el Vol.4 de Paper Girls (vimos el Vol.3 el 05/01/23). No quiero repetir gansadas que ya dije, sobre todo del trabajo de Cliff Chiang, así que esta vez subrayo su gran talento para diseñar personajes. En este tomo se incorporan varios al elenco (algunos duran poquito), y todos tienen diseños muy cancheros, muy originales, con una onda increíble. Acá estamos en el corazón de la aventura, un pasaje de la serie en el que todo el tiempo se combinan sucesos espectaculares y revelaciones impactantes. Por algún motivo, Brian K. Vaughan se siente en la obligación de inventar explicaciones racionales para todo lo que sucede: viajes en el tiempo, desplazamientos entre distintas líneas temporales, aparición de mechas gigantes que se machacan entre ellos... todas cosas que podrían simplemente contribuir a la sensación de maravilla y de bolonki fuera de control, si no fuera porque el guionista dedica bastante espacio a explicarlas. La verdad, no sé si hacía falta. Y los diálogos en los que algunos personajes les explican a otros toda esta trama de guerra temporal quedan muy opacados frente a los otros diálogos, los que tienen que ver con charlas más naturales entre las chicas protagonistas, o con las reacciones espontáneas que generan en ellas las cosas impredecibles con las que les toca encontrarse en cada etapa de la epopeya. Lo mejor que tiene el guion de Paper Girls es ese contraste permanente entre sucesos MUY zarpados, que vienen de la mejor tradición de la literatura fantástica, y esa onda MUY natural, muy real, de personajes 100% humanos y creíbles, capaces de entablar vínculos copados (y también muy reales) en medio de este despelote cósmico. Por momentos me transmite sensaciones similares a las de El Eternauta, por esto de los personajes muy humanos, enroscados en una aventura extrema que invade sus vidas cotidianas y las da vuelta como un guante. Pero después hago memoria, y recuerdo que a las... 50, 60 páginas, Juan Salvo y sus compañeros ya actúan como un comando militar, y hablan como personajes acartonados, duros, como los de cualquier historieta de aventuras de aquella época. Acá las chicas de Vaughan y Chiang no pierden nunca la frescura, la chispa, la capacidad de sorpresa... incluso cuando se ven envueltas en situaciones muy jodidas, que sacan a la luz un costado más oscuro y más violento, que uno no asocia con pibitas de 12 años. Espero conseguir pronto y a buen precio los dos tomos que me faltan para completar Paper Girls (acepto donaciones), así me entero cómo termina esta cautivante trama y me babeo un poco más con los hermosos dibujos de Cliff Chiang. Nada más, por hoy. Muchas gracias por leer y nos reencontramos ni bien tenga más libritos para reseñar acá en el blog.

viernes, 14 de junio de 2024

AX Vol.1

Esta brutal antología de casi 400 páginas se publicó en 2010, se agotó rápido y se convirtió en una especie de Santo Grial muy buscado y muy escaso. Acá nos encontramos con 33 historietas cortas elegidas por Sean Michael Wilson entre la vasta oferta de material originalmente publicado por la revista japonesa AX, que fue la que en 1998 tomó la posta del manga experimental, transgresor o de vanguardia una vez que decayó la legendaria revista Garo. El libro sin dudas cumple con la consigna de mostrar un panorama amplio y diverso de lo que era el manga alternativo en Japón entre el '98 y el 2010, porque entre esas 33 historietas hay material realmente atípico, donde no se ve una corriente principal, ni se repiten las fórmulas. Podríamos definirlo como "manga para los que en los ´80 leían El Víbora". El problema es que en el mix entraron algunos autores decididamente chotos, que no solo nunca podrían haber publicado en El Víbora, sino que no hubiesen tenido cabida ni en el Óxido de Fierro ni en los fanzines mínimamente ambiciosos de aquella época. Acompáñenme a recorrer los contenidos. La primera historieta, a cargo de Osamu Kanno, me dio vergüenza ajena. Dije "si este es el standard del libro, no llego ni en pedo a la página 390". Por suerte al toque aparece el mito, la leyenda, el ícono: Yoshihiro Tatsumi y una historieta con un twist muy bizarro, que le permite al ídolo rematar un relato obvio de una manera totalmente imprevisible. Y con unos dibujos gloriosos. Después viene Imiri Sakabashira, con una historia incomprensible, larga al pedo, con unos dibujos más raros que buenos. Takao Kawasaki sorprende con una estética atractiva, pero el impacto inicial la trama se disuelve en diálogos excesivos. Ayuko Akiyama, bastante limitada como dibujante, se las ingenia para ponerle tensión y poesía a un relato de realismo mágico que cierra por todos lados. La de Shigehiro Okada, en cambio, debió haberme gustado, porque tiene garches, vómitos y groserías varias de esas que a mí me suelen seducir, pero entre que el dibujo es choto, los diálogos son chotos, la tipografía es chota y la trama pierde el rumbo ni bien pasa la mitad, me terminó por parecer una cagada. Katsuo Kawai te demuestra que podés ser muy queso dibujando, pero si tenés una buena idea y encontrás el tempo narrativo exacto para desarrollarla, podés lograr una excelente historieta. Nishioka Brosis, por el contrario, tiene un estilo hermoso y lo maneja a la perfección... estética, porque a nivel narrativo es un desastre y lo que cuenta no me pudo interesar menos. Una sorpresa poderosísima fue descubrir a Takato Yamamoto, otro autor que a nivel narrativo se enrosca al pedo, pero que tiene un nivel de dibujo devastador, un virtuoso al nivel de Suehiro Maruo, o incluso mejor. Perfección gráfica absoluta, para contar la nada misma. La siguiente historia está a cargo de Toranosuke Shimada, un demente con un estilo humorístico, que cuenta en clave de joda una historia real que incluye motos, futbol y nazis escondidos en Sudamérica. Una bizarreada bastante atractiva. Después vienen varias historias seguidas, una más fea que la otra: hay slice of life, perritos, transformaciones bizarras, porongas, pero todo muy mal dibujado y/o con argumentos insostenibles. A todos esos chicos y chicas El Víbora les queda muy, muy lejos... y no solo en términos geográficos. Bien Mitsuhiko Yoshida con su recreación de la fábula de la tortuga y la liebre, a la que le pega un giro muy ingenioso. Kotobuki Shiriagari tiene un estilo gráfico que no me atrae para nada, pero no puedo decir que sea malo, o que no logra llevar adelante lo que tiene para narrar. Mientras que Shinbo Minami me cautivó con su trazo naïf, ideal para una tira de humor gráfico, pero lo que cuenta no me interesó en absoluto. Muy bueno tambien el trabajo de Shinya Komatsu, bien equilibrado, original, gráficamente precioso. Otro que se queda en el impacto visual de su dibujo pero no cuenta nada es Einosuke. Una pena, porque técnicamente es un monstruo. Paso por alto otras tres historietas muy flojitas, con poco o nada para rescatar, y me encuentro con un relato de Akino Kondo tranqui, sin pretensiones, pero muy logrado, un slice of life sumamente agradable. Después vienen otros dos bodrios infumables. Shigeyuki Fukumitsu me llamó la atención con su trazo, muy en la línea del comic alternativo yanki, prolijo, claro, con muchos recursos gráficos... y un guion que se estira más de lo necesario hasta hacerse casi aburrido. Otro con una estética muy de indie norteamericano es Kataoka Toyo, muy cercano también a un Rodrigo Terranova, ponele. Los guiones no están mal, son comedias groseras y truculentas. Dejo de lado otra historia sin pies ni cabeza y -ya cerca del final- descubro a Keizo Miyanishi, una autora ya veterana que pela un virtuosismo gráfico alucinante, con un estilo muy original, muy impactante, para una historia de terror que funcionaría mejor con menos texto y una narrativa más tradicional. Me quedan los trabajo de Hiroji Tani (con una estética que no tiene nada que ver con el manga, 100% occidental) y una bestia desencadenada llamada Otoya Mitsuhashi. Este sí es un crack, un Juan Carlos Víbora, hermano estiístico del mejor Guillem Cifré, o del Montesol más ido al carajo. Encima el guion es muy gracioso. Y cierra otro prócer, Kazuichi Hanawa (autor de la famosa novela En la Prisión, reseñada el 03/05/18), con un dibujo extraordinario, puesto al servicio de una idea muy loca, un tanto perturbadora, que se nota que le costó comprimir en 26 páginas. Es la más larga del tomo, pero por la ambición de lo que plantea Hanawa, necesitaba unas 15 ó 20 páginas más, como para meter menos viñetas por página y que todo se viera mejor y más claro. Pero al lado de algunos de los sapos que me tuve que morfar, esto es la gloria máxima. Y bueno, nada más, por hoy. Prometo más antologías con material alternativo y extraño para la próxima. Gracias y hasta entonces.

martes, 11 de junio de 2024

TARDE DE MARTES

Bueno, me hice un ratito para leer un par de libros y hasta para reseñarlos, mientras entro con toda en la recta final rumbo al nº 9 de Comiqueando Digital, que va a ser una bestialidad. Empiezo en España, año 1992 con Una Candela Lejana, el primer álbum de la célebre colección del Quinto Centenario. Acá veremos al maestro Antonio Hernández Palacios tirar magia para contarnos todo acerca del primer viaje de Cristóbal Colón al nuevo continente, en apenas 54 páginas. Acá tenemos mucha atención puesta en la previa: la historia arranca a principios de 1492, con el triunfo de los Reyes Católicos por sobre las fuerzas de ocupación islámicas que llevaban siglos en España, después nos enfocamos en la expulsión de los judíos de la Madre Patria y recién en la página 24 vemos zarpar a las tres carabelas. Y después, a un ritmo bastante acelerado, tenemos el viaje, la llegada a América, los primeros contactos con las tribus nativas y cerramos justo un año después de donde abrimos, el 4 de Enero de 1493, cuando Colón parte de regreso a España a bordo de la Niña. La verdad que este segundo tramo del álbum, con los barcos ya lanzados al océano, es bastante poco atractivo. Y lo que hace interesante a esas primeras 24 páginas es que Hernández Palacios, en vez de mostrarnos cómo Colón convence a reyes y nobles para que financien su expedición, nos muestra cómo se reúnen los tripulantes de las carabelas. Marineros de baja estofa, presos liberados de las cárceles, soldados de fortuna que (una vez derrotados los moros) se quedaron sin guerras para ir a pelear... y tipos muy capos, con mucha experiencia marítima a cuestas. Uno supone que los personajes ficticios (Santi "el hondero", Hussein "el moro" y Mariem, la chica a la que hacen pasar por un varón) van a tener más peso en la trama, que los marineros se van a dar cuenta de que "Mario" en realidad es Mariem... pero no. En algún punto, el autor se olvida de ellos y se concentra en la historia real, la de los libros de historia... y es ahí cuando el atractivo de Una Candela Lejana decrece hasta aburrir. El dibujo de Hernández Palacios es todo lo majestuoso e imponente que uno puede suponer, y la verdad que iniciar una colección de temática histórica con un autor tan curtido y tan capo en materia de historieta histórica es sin dudas un enorme acierto. Hay un puñado de páginas en las que la planificación no funciona bien, o que el autor dibujó sin una planificación previa, con viñetas puestas una al lado de la otra sin un sentido narrativo claro. Y una secuencia en la que vemos varios primeros planos de Mariem (que es una piba flaquita de no más de 14 ó 15 años) dibujada con rasgos de una señora mayor, con una contextura más robusta. Fuera de esos detalles o inconsistencias, el trabajo de Hernández Palacios en cuanto al dibujo, el color y la documentación histórica es formidable.
Hace más de seis años, un lejano 11/01/18, me tocó tirarle flores al Vol.1 de Jupiter´s Circle, del prolífico guionista Mark Millar, y prometía entrarle al Vol.2 cuando lo viera a buen precio. Tarde pero seguro, dicho Vol.2 fue capturado y leído, y la verdad que es tan bueno como el Vol.1, o incluso mejor. En un hábil paralelismo con la historia de la Justice League of America, a medida que se acerca la bisagra entre los años ´60 y ´70, la cosa se pone más picante, empiezan a aparecer en el seno de este grupo de superhéroes perfectos e intachables algunos clivajes políticos, replanteos, desilusiones, motivos para desconfiar los unos de los otros. Una realidad más amarga, más cínica, más caracterizada por la ambigüedad que por la distinción diáfana entre Buenos y Malos se empieza a comer a The Union, y Millar presenta este nuevo statu quo de un modo muy pillo, dramáticamente muy piola, muy bien orquestado. Esta vez la vida privada de los superhéroes sigue en el candelero, pero pasan cosas tan grossas que inevitablemente se hacen públicas. Millar demuestra que no solo sabe mucho de superhéroes yankis de los ´60, sino que además tiene muy claros los vaivenes de la Historia de Estados Unidos, los cambios profundos (a veces dolorosos) que vivió ese país en aquellos años extraños y convulsionados. El resultado es un conjunto de historias muy humanas (a pesar de estar protagonizadas por tipos y minas con poderes impresionantes) en las que todo el tiempo resuenan los ecos de aventuras mucho más clásicas y limpitas de los superhéroes de DC y que se pueden leer sin tener la menor idea de lo que van a vivir estos personajes 40 ó 45 años después, en la etapa de Jupiter´s Legacy (cuyo Vol.2 también conseguí y prometo leer pronto). Al muy buen trabajo de Wilfredo Torres que vimos en el Vol.1 ahora se suman unas cuantas páginas dibujadas por Chris Sprouse (en un estilo más adusto, menos elegante que el que disfrutamos habitualmente), más pequeños aportes del maestro Ty Templeton, de Rick Burchett y de Davide Gianfelice. Tanto Torres como "los suplentes" se acomodan muy bien a la estética retro, a tirar guiños a los dibujantes que uno identifica con los superhéroes de los ´60 y ´70, pero con una narrativa moderna, sin masacotes de texto, sin diálogos kilométricos y con un color a la altura de lo que espera el lector del Siglo XXI. Jupiter´s Circle entra en la bolsa ya bastante superpoblada de las historietas que reinterpretan la mitología superheroica en clave más adulta, más "realista" y menos ingenua, y la verdad que si ese enfoque no te tiene las bolas secas, esto te va a enganchar, y hasta te va a emocionar, porque está realmente bien pensado y bien ejecutado. Y hasta acá llegamos hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco y será hasta pronto.

sábado, 8 de junio de 2024

LOS ESCORPIONES DEL DESIERTO Vol.3

Perdón por postear de manera tan espaciada, y con una única reseña por entrada, pero me topé con una obra de una densidad imprevista, que me tuvo varios días remando en el océano de dulce de leche. El Vol.3 de la edición argentina de Los Escorpiones del Desierto incluye las 145 páginas de "Brisa de Mar", la última historia protagonizada por el Capitán Koinsky que llegó a realizar Hugo Pratt, y que se dio a conocer en 1992. Y esas 145 páginas parecen 500. El argumento en sí es sencillo: Koinsky está en un punto X y debe llegar a un punto Y. El tema es la forma que elige Pratt para narrar ese periplo. A partir de la tercera página, el autor empieza a sumar personajes al elenco de la novela, para poder llevarla al terreno de los diálogos infinitos. A lo largo de las 145 páginas nos encontramos con muchísimos personajes y todos hablan, hablan, hablan... Los diálogos a veces son protocolares (porque son militares de distintos rangos y pertenecen a distintas fuerzas de las que ocupan el África Oriental en 1941, plena Segunda Guerra Mundial), a veces son picantes e ingeniosos y a veces son completamente intrascendentes. Pero los diálogos que más abundan son los especulativos. Pratt -por haber vivido en esa zona en aquellos años- sabe de memoria qué regiones están ocupadas por los alemanes, cuáles por los franceses, cuáles por los ingleses, cuáles por los italianos, dónde hay tribus nativas más cercanas al cristianismo o al islam, y dónde hay árabes, griegos o armenios dedicados a comerciar con las distintas facciones. Y todo el tiempo nos refriega esos conocimientos por la cara, incluso cuando es información que no hace falta para entender lo que sucede. Los personajes, en cambio, manejan esa información de manera incompleta, fragmentada. Así es como buena parte de los diálogos los dedican a contarle a los demás qué les conviene hacer si tal bando desplaza a tal otro de tal posición, si tal facción termina derrotada, o aliada con tal otra, o si tal grupo de soldados decide desertar y ponerle fin a su participación en la guerra. Son tiempos convulsionados, de lealtades volátiles y Pratt vuelca esa confusión en sus personajes, pero no precisamente para sumarle dramatismo o tensión a su relato, sino para llenar páginas y páginas de gente hablando. El personaje de Madame Brezza, por ejemplo, tiene un rol pequeñísimo en la trama, pero Pratt se obsesiona con ella, y la hace aparecer en decenas de secuencias en las que lo único que hace es hablar (de hecho, dice conocer a prácticamente todos los militares con los que se cruzó Koinsky en los tomos anteriores). Además de la sobreabundancia de personajes y de diálogos, el guion adolece sobre todo de falta de ritmo (por momentos se hace soporífero) y ofrece su mejor momento, su escena de mayor impacto, en la página 87, cuando falta muchísimo para el final. Nada de lo que pase después va a generar la misma tensión ni la misma emoción que el ataque de las guerreras dancalí al destacamento y el barco de los alemanes... y ni siquiera es que Pratt le suba demasiado el voltaje a la acción o la violencia en esa secuencia. De hecho, algo que después va a ser relevante para la trama (el capo de los alemanes resulta gravemente herido pero no muere) sucede fuera de cámara, y Pratt nos lo narra después, por supuesto a través de diálogos. Dentro de este gigantesco faux pas, de este interminable laberinto del terror, destaco como positivo que hay dos personajes femeninos fuertes, algo infrecuente en los comics de temática bélica. Madame Brezza es prácticamente un adorno, pero el rol de Ghula es realmente crucial. El resto es una avalancha de datos irrelevantes, larguísimas conversaciones que no van a ningún lado y poca acción, como si el Tano te quisiera subrayar todo el tiempo que él hace lo que se le canta, y que no está creando esta historieta para seducirte o conmoverte a vos, sino porque sí, per codere. La faz gráfica nos presenta al Pratt de los ´90, el que ya encontró una síntesis increíble y desarrolló un dibujo casi caligráfico, resuelto a los santos pedos. Los personajes son tres líneas y dos manchas, los paisajes son dos líneas y tres manchas y todo está contado con los mismos tres o cuatro planos. En ese contexto desentonan brutalmente los vehículos (los autos, el blindado, los barcos) que los asistentes del Tano injertan en las viñetas y que tienen un nivel de detalle y de elaboración muy distinto al del resto del comic. Lo que más se ve en Brisa de Mar, lo que hegemoniza todas estas páginas, son cabezas que hablan, a veces dibujadas muy chiquitas, de manera muy esquemática, porque tienen que compartir viñetas con enormes globos de diálogo, encima escritos con una tipografía bastante chota. El resultado es visualmente muy aburrido, incluso si (como a mí) te gusta el Pratt minimalista que dibuja poco y rápido. Llegué hasta el final con mucha fe, convencido de que Pratt iba a pegarle un volantazo grosso a la trama, que iba a poner sobre la mesa su chapa de Narrador Quintaesencial y sorprenderme con un giro magistral e imprevisto... Nunca llegó. La novela se desinfla poco a poco y ya para el final no le queda ningún atractivo. Una pena, pero esto no se lo puedo recomendar a nadie que no sea talibán de Koinsky y sus andanzas bélicas. Antes de que el Fondo de Cultura Económica empezara a publicar estos álbumes en Argentina, yo tenía incompleta la colección de álbumes de Los Escorpiones del Desierto. Y ahora también, primero porque no va a salir el tomo realizado por Pierre Wazem, y segundo porque no me da para guardar Brisa de Mar en mi biblioteca. Todavía no llegué a esos niveles absurdos de completismo... Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y espero volver a postear pronto acá en el blog.

martes, 4 de junio de 2024

LA SOLDADERA

Tremendo. Desolador. Un mazazo al estómago, otro a la cabeza, uno a cada rodilla, para asegurarnos de que termines en el piso, hecho mierda. Un librazo con 280 páginas de historieta, imposible de leer en una sola sentada. Hacen falta varios días para terminar La Soldadera, y me imagino que varias semanas para terminar de procesarlo. Esta es una historieta de 1995-96, que Walter Slavich y Enrique Breccia realizaron para la revista italiana Lancio Story, y que nunca se había publicado en Argentina, porque justo coincidió con el momento en que cerró la edición local de Skorpio. Ahora la tenemos en nuestro idioma, toda junta, los 20 episodios uno atrás de otro, y si bien la calidad de la impresión no es óptima, uno sabe que a una editorial como Deux no le puede pedir más que esto. Fuera de alguna página que se ve un poco empastada, no hay problemas notorios en la realización técnica del libro, y eso lo hace atípico dentro de la producción de una editorial (probablemente la única en el mundo) que lanza unos 40 títulos al año pero no tiene empleados. Estoy tratando de hacer memoria, a ver si recuerdo alguna otra serie de Slavich que me haya gustado más que La Soldadera. Me parece que no, que acá está más afilado que nunca en la construcción de esta ambiciosa novela episódica, compuesta de historias que, leídas de a una, fuera del contexto de la serie, también son -en su mayoria- brillantes. Todos los episodios tienen acción, en todos progresa el desarrollo de los personajes principales, en todos hay agudas pinceladas de crítica a un sistema injusto y violento, en todos hay unos bloques de texto hermosos, en todos pasa algo que no te imaginabas que podía pasar, en todos avanza (aunque sea un poquito) la trama principal... que además pega un volantazo totalmente sorpresivo a la altura del 11º episodio. En los últimos cinco capítulos, la estructura de los relatos cambia bastante, porque Slavich desplaza el foco hacia el principal villano de la serie, que adquiere una profundidad y una tridimensionalidad increíbles, mientras que pasa a ser prácticamente el protagonista del último tramo. El contexto histórico de la Revolución Mexicana le permite a Slavich hablar de pobreza, explotación, atraso, gente de mierda enquistada en el poder, y sobre todo de violencia y muerte. Cada capítulo de La Soldadera te impacta con su dosis descomunal de sangre, crueldad y desprecio absoluto por la vida humana. Es casi inverosímil cómo los autores logran dotar de un vuelo poético maravilloso a una historia tan cruda, tan manchada de mala leche y horror. Todo el tiempo ves gente que mata gente, ni siquiera los "buenos" tienen reparos en matar, porque hay una guerra de por medio, y acá el que no mata, es boleta seguro. Por momentos, en algunas situaciones, sobre todo las más irónicas, me pareció estar leyendo un guion de Carlos Trillo al que -no tengo ninguna duda- le hubiese encantado escribir La Soldadera. Hay muchos elementos que a Carlos le atraían, desde una mujer en el rol principal, hasta ese grupito que se arma a su alrededor, la historia de amor/ odio que se teje por atrás de un matrimonio por conveniencia, la posibilidad de que los oligarcas y (sus súbditos de siempre) los militares sean los malos, el personaje que busca por todos los medios un postergado encuentro con la muerte... Definitivamente, el fan de Trillo se va a sentir muy a gusto en el mundo atroz y despiadado que desarrolla Slavich en La Soldadera. En cuanto al dibujo de Enrique... esto está muy bien, en el contexto de la producción "por kilo" que hacía en aquella época para las antologías de la Eura. No está al nivel de los clásicos de los ´70 (Alvar Mayor, El Peregrino de las Estrellas), tampoco se lo ve tan suelto como en El Sueñero, ni deja la vida como en sus trabajos para Francia (Les Sentinelles) o para el álbum a color de Tex que realizó para Bonelli, ni mucho menos como en su Lope de Aguirre o en su libro para la colección del Quinto Centenario. Este es el Breccia que resuelve casi todo con primeros planos de rostros (¡pero qué rostros!), algún plano detalle y muy de vez en cuando alguna toma panorámica, donde le pone todo a los paisajes. La ambientación cuasi-desértica y los pueblitos pequeños que recorren Martina y sus compañeros le permiten a Enrique dibujar pocos fondos, pero cuando tiene que dibujarlos, la rompe con unas texturas y unas iluminaciones que te ponen los pelos de punta. Lo que casi no hay (como a lo largo de toda esta década de producción para Eura) son cuerpos en movimiento. Rara vez se ve a los personajes de cuerpo entero, ni siquiera en las escenas de acción donde se supone que tienen que correr o saltar. Y lo mejor de todo: Slavich mete unos cuantos cuadros por página y bastante texto en las primeras 12 páginas de cada episodio, pero cada uno tiene 14. En general, la anteúltima página tiene apenas dos cuadros y la última uno solo, y son secuencias casi siempre mudas, pensadas para el lucimiento del dibujo. Acá es donde Breccia manda a dormir al obrero del lápiz y despierta al poeta, al genio, a la bestia desmesurada que genera en esas viñetas finales estallidos de belleza, imágenes potentes, majestuosas, que a veces funcionan como alegorías de lo que sucede en las historias y a veces (como la poesía) no tienen más intención que transmitir sensaciones que nos conmuevan desde lo estético, no necesariamente desde lo narrativo. Ahí hay páginas que funcionan tranquilamente como cuadros que se podrían enmarcar y exhibir en cualquier museo. A casi 30 años de su creación, poder disfrutar finalmente de La Soldadera en nuestro idioma y en una edición que no te falta el respeto con la calidad ni te decapita con el precio, es un verdadero privilegio. Es un laburo de una intensidad arrolladora, ideal para comprobar que Breccia es un dibujante genial hasta cuando va a menos y sobre todo para sacar a relucir uno de los grandes trabajos de Slavich, un guionista extraordinario, nunca valorado en toda su dimensión, por lo menos en Argentina. Nos reencontramos ni bien tenga más libros leídos, acá en el blog.

jueves, 30 de mayo de 2024

NOCHE DE JUEVES

Bueno, ocho posteos en Mayo y 40 en cinco meses no está tan mal. Hoy empezamos con Black Panther: Panther´s Quest, el tomo que recopila el extenso serial que se publicó a fines de los ´80 a lo largo de 25 entregas de la revista Marvel Comics Presents. Cuando la leí en su momento, en fetas quincenales de (casi siempre) ocho páginas, me gustó mucho más. Hoy no llegó a parecerme una cagada, pero se nota demasiado que el guionista Don McGregor tenía una idea muy chiquita y se propuso estirarla hasta los límites más insospechados. El conflicto principal (T´Challa busca a su madre que fue raptada por un sudafricano blanco hace casi 30 años) está muy bueno, y la resolución también. Y el resto no está a la altura, ni ahí. Lo mejor que tiene Panther´s Quest es cómo se enchastra en un contexto muy picante a fines de los ´80, y que fue abordado por varios comics de superhéroes: el Apartheid. Y como la saga es muy larga, McGregor incluso tiene espacio para mostrarnos que no todos los negros eran víctimas, y que en Sudáfrica había hijos de puta, violentos y perversos de las dos razas. El guionista además tira mucha data acerca del Apartheid, no es solo un adorno, o una mención superficial para darle sustento a los kilombos en los que se mete T´Challa. Y lo otro muy copado es (como siempre) el nivel de la prosa de McGregor, abundante, por momentos agobiante, pero de muy alto vuelo, con momentos dignos de un Robin Wood, un Héctor Oesterheld o un Alan Moore. Los diálogos me gustaron menos. Y lo más lamentable es la sucesión absurda de peripecias por las que pasa T´Challa para ir del punto A al punto B: un laberinto del terror en el que mil veces lo cagan a piñas, le pegan tiros, lo prenden fuego, le clavan vidrios, alambres de púa, cuchillos, lo ahogan... y el tipo (que no tiene superpoderes, ni garras de vibranium, ni nada) se levanta una y mil veces, roto y ensangrentado, y sigue adelante en sus combates contra quien se le ponga adelante. Hay tres o cuatro pausas en el relato en los que el héroe puede descansar, curar sus heridas y recuperar sus fuerzas y su prodigioso estado físico. Pero es demasiado, son muchos golpes, tajos, fracturas... llega un punto (bastante temprano en la narración) en la que tantos "puntos de daño" hacen mierda el verosímil que intenta construir McGregor. Y el atractivo que no envejece, sino que -por el contrario- se disfruta cada vez más, es el dibujo del maestro Gene Colan, acá entintado por Tom Palmer, su clásico socio en gemas como Tomb of Dracula. Incluso con un color que oscila entre lo olvidable. lo repulsivo, la dupla Colan/ Palmer garantiza una calidad impresionante en la faz gráfica. En algunas páginas hay fondos que podrían estar y no están, pero en general el comic hace gala de un gran dinamismo, con puestas que enfatizan el fluir de la acción, rostros que acentúan el dramatismo de lo que sucede, mucha variedad en los enfoques... Solo faltaría que McGregor se llamara al silencio y dejara que Colan narre algunas secuencias sin texto, pero sabemos que eso es imposible porque si hay un guionista famoso por su verborragia, es este. Panther´s Quest no tiene mucho que ver con la versión de Black Panther que conoce y consume la mayoría de los fans actuales, y si no fuera por la importancia del Apartheid en la trama, es un comic que se podría haber creado tranquilamente a fines de los ´60, o en cualquier momento de los ´70. Pero está bueno porque -si bien está groseramente estirado- es intenso, jugado, áspero y relevante para la historia del personaje.
Cuarto tomito de DDDDD, y último de los que tenía comprados. Muy bueno. Inio Asano me terminó de cebar con esta entrega, en la que incorpora nuevos personajes muy atractivos, avanza los plots que involucran a las chicas que están desde el principio (que ahora en vez de a la secundaria van a la universidad) y hace crecer a límites zarpados la intriga y la tensión en torno a los invasores, a los que ahora vemos de cerca, y hasta escuchamos hablar. ¿Qué son esos seres que parecen niños humanos con escafandras bizarras? ¿De dónde vienen? ¿Cómo se adaptan a vivir en las ciudades terrestres cuando las fuerzas militares destruyen sus naves? Ahí hay material para contar muchísimas historias apasionantes, y ese es el camino que pareciera tomar DDDDD. En el medio hay diálogos delirantes y muy cómicos (los raptos de violencia y megalomanía de Ouran son espectaculares), más slice of life con la que Asano explora la vida de la gente en estas ciudades alteradas por la presencia de los alienígenas, referencias mangas y videojuegos, romance y hasta escenas tremendamente crudas en las que vemos a los militares hacer mierda a los invasores. Ah, y otra historieta cómica de Isobeyan para abrir y cerrar el tomo bien arriba. De alguna manera (que espero haber expresado de manera elocuente en estas cuatro reseñas), Asano logró convencerme de que Dead Dead Demon´s Dededede Destruction tiene lo que hay que tener para convertirse en un manga fundamental, que recontra vale la pena seguir hasta el final. Tiene mucho que ver la descomunal calidad del dibujo, obviamente, pero también el desarrollo de los personajes y la forma siempre extraña que tiene este autor de borrar las fronteras entre los géneros y nunca quedar encasillado en ninguno. En pocas páginas Asano puede pasar de lo pavote a lo profundo, del humor al drama, de lo cotidiano a lo bizarro, como para que el lector no sepa nunca qué esperar, ni por dónde va a venir el próximo golpe, o el próximo volantazo en la narración. Me pongo en campaña para conseguir más tomos (a ver si Ivrea hace lo mismo para devolverle algún tipo de periodicidad a la edición argentina) no con la certeza, pero sí con la ilusión, de estar frente a una nueva obra maestra de este monstruo llamado Inio Asano. Nada más, por ahora. Gracias por el aguante y vuelvo a sumergirme en el océano de la Comiqueando Digital, cuyo nº9 ya está cerca.

domingo, 26 de mayo de 2024

TARDE DE DOMINGO

El domingo pasado me hice el banana y mandé tres reseñas juntas, como si sobraran. ¿Qué pasó después? A lo largo de la semana prácticamente no tuve tiempo de leer comics. Y recién hoy, una semana después, puedo volver a redactar las reseñas de los dos libritos que logré terminar. Me devoré el Vol.3 de DDDDD, y mis expectativas subieron mucho, porque este tomo es bastante mejor que los dos primeros. De a poco, Inio Asano empieza a introducir dos elementos con los que se lleva muy, pero muy bien: un cierto tinte más reflexivo, más existencialista, y un cierto vuelo poético. Sin dejar de lado para nada lo más interesante que tenía hasta ahora DDDDD, que era el contraste entre el slice of life de las chicas de escuela secundaria y el extraño contexto de un Japón sobrevolado por naves espaciales contra las que las fuerzas militares de la islita no pueden hacer casi nada. El plot de los invasores gana protagonismo en esta entrega y ya no es algo de lo que Asano se acuerda de vez en cuando: ahora está muy presente, de punta a punta del tomo. Ya de entrada los combates entre militares japoneses y naves alienígenas se cobran la vida de uno de los personajes secundarios con más peso en los dos primeros tomos, y para el final el autor sube la apuesta en materia de sorpresas impactantes cuando -por primera vez- nos muestra cómo son los seres que tripulan estas naves. Entre todo esto, las escenas de las chicas tienen (de nuevo) algunos diálogos muy logrados, momentos cómicos, momentos delirantes y momentos realmente pavotes, que no aportan nada. Alrededor de las chicas anda Hiroshi el hermano de una de ellas, que me parece que va a ser el personaje secundario más interesante de la serie, por cómo lo viene desarrollando Asano. Y lo último para destacar es cómo el manga desenfatiza las escenas de acción bélica, los bombardeos y demás escaramuzas entre las fuerzas militares japonesas y las naves invasoras... mientras enfatiza todo lo contrario: la forma en que, con el correr de unos pocos años, la gente de las ciudades invadidas se acostumbraron a vivir bajo la sombra de las naves y hasta incorporaron a la cultura cotidiana elementos que reflejan la constante presencia de estos extraños artefactos por sobre sus cabezas. Ahí hay algo, probablemente una invitación a la reflexión desde la ironía, que me resulta interesante. Y por supuesto, una vez más me encuentro con unos dibujos deslumbrantes, con los que Asano y su equipo de asistentes te regalan viñeta a viñeta un festín para los ojos. Para esta altura yo ya noto tres niveles de realismo en los dibujos: los fondos hiperrealistas basados en fotos, las chicas (y algunos varones) dibujadas en un estilo semi-funny, que al toque remiten a comedias adolescentes estilo Archie, y un tercer nivel, de personajes incidentales, que no tienen desarrollo, que son gente que simplemente pasa por ahí, y que está representada con un trazo definitivamente humorístico, cercano al estilo que utiliza Asano en las breves historietas de Isobeyan con las que abre y cierra cada tomo. En fin, bizarreadas que se suman a una serie que ya de por sí es rarísima. Ah, un dato bizarro más: este Vol.3 salió en Mayo de 2023, y al día de hoy (un año después) solo aparecieron TRES tomos más. O sea que, a este ritmo, faltan otros dos años para que Ivrea llegue al Vol.12. Un disparate.
Por fin pude leer completo Dragontamer, el arco final de Slaine, escrito por el maestro Pat Mills y dibujado por nuestro compatriota Leonardo Manco. Esto se serializó entre 2019 y 2020 en la revista 2000 AD, y para la reedición en libro (de lujosas tapas duras, donde la saga central viene complementada por dos historias cortas en blanco y negro) Manco retocó varias páginas, para que en vez de ser magníficas sean perfectas. No hay manera de explicar lo que hace Manco a nivel visual en esta obra. Pocas veces me tocó ver a un artista pegar un salto cualitativo como el que dio Leo entre sus trabajos anteriores (pienso, por ejemplo, en la miniserie de Wacky Races en DC) y este. Yo creo que lo cautivó la temática, la ambientación, la posibilidad de crear una aventura 100% fantástica, en la que no hay límites para la cantidad de sangre, tripas y miembros amputados que vuelan por el aire. Manco sintoniza al toque la onda cabeza de "machaca, monstruos, hachazos y sangre" y le agrega un toque de elegancia, un preciosismo exquisito que hace que Slaine parezca más una obra de arte que un entretenimiento hiper-violento para varones adolescentes pasados de testosterona. Por ahí en algunas secuencias se nota un poco la escasez de fondos, pero está perfectamente compensado con el laburo descomunal en la figura humana, en las expresiones faciales, en el diseño de los dragones, de las armas y armaduras... Esto es una fiesta en la que bailan (y chapan) el descontrol típico de Simon Bisley y la sobriedad y la belleza de un Frank Frazetta. No recuerdo otras obras de Manco realizadas a color directo (en general entrega páginas en blanco y negro, para que alguien más las coloree), y tampoco recuerdo historietas de la 2000 AD en las que el color se vea mejor que en Dragontamer. Visualmente esto es una gloria, un trabajo más que consagratorio para un Leo Manco que no está ahí, expuesto todo el tiempo, pero que cuando aparece detona todo su talento y -en laburos como este- se da el lujo de pintarle la cara a colegas que quizás tienen más renombre y más fans. Muy atrás de la maravillosa propuesta pictórica de Manco queda el guion de Mills. ¿Esto es el final de la saga de Slaine? ¿Por qué me mienten, si queda más abierto que un 24 horas? Ni siquiera vemos la derrota final del principal villano, ¿a quién quieren engañar? Y la trama en sí es de una pobreza desoladora: excusas chotas para que Slaine derrote en un combate atrás del otro a las fuerzas del villano, y no mucho más. Lo único mínimamente distinto, o potencialmente interesante, es la dicotomía entre un déspota que odia a los mutantes/ híbridos/ mestizos y tiene un hijo que es mitad ser humano/ mitad dragón. Pero eso ocupa el centro de la acción a lo largo de... tres páginas, a lo sumo. Después hay que seguir con el festival de los cuerpos atravesados o seccionados por hachas, lanzas, espadas o flechas. Y otra cosa: en el mundo de Slaine hay muchísimos elementos fantásticos, que tienen su peso en la trama de Dragontamer pero que nadie explica, como si Mills diera por sentado que todos sus lectores conocen a la perfección todo el lore acumulado por la serie en las sagas previas. No me quiero ensañar con el maestro Mills, a quien admiro muchísimo, pero la verdad que acá lo salva el dibujo de Manco. Que es imponente, fastuoso, majestuoso. Y que alcanza y sobra para que cualquier fan de la historieta de aventura o del dibujo realista quiera tener este libro. Nada más, por hoy. Espero poder postear durante la semana. Nos vemos el miércoles a las 22:30 en una nueva emisión de Agenda Abierta, en el canal de YouTube de Comiqueando.

domingo, 19 de mayo de 2024

TRES LIBRITOS DE UN SAQUE

Durante el finde me liquidé tres libros de lectura rápida, que procedo a reseñar. Conseguí de casualidad y a muy buen precio uno de los libritos de chistes de Fontanarrosa que nunca había leído: Fontanarrosa y la Política. Y no, no es casualidad que Ediciones de la Flor haya recopilado estos chistes (procedentes de medios distintos, entre ellos Satiricón, Hum® y Clarín) en 1983, cuando -al calor de la recuperación democrática- la política ocupaba un rol central en la agenda de la inmensa mayoría de los argentinos y argentinas. Como de costumbre, el material no está presentado en orden cronológico y se ven saltos groseros en el estilo del ídolo: aparecen chistes de la primera mitad de los años ´70, al lado de otros que (muy anclados en la coyuntura del momento) se nota a las claras que son del propio 1983. Entonces, no sólo no llegamos nunca al momento en que -para mi gusto- mejor dibuja el Negro (segunda mitad de los ´80 y década del ´90) sino que visualmente tenemos un libro lleno de altibajos. No es que el Fontanarrosa "temprano" sea un queso, ni mucho menos... pero se nota mucho la diferencia con los dibujos posteriores. Los chistes combinan dos vertientes: la del humor "radial", totalmente basado en los textos, donde el dibujo podría omitirse sin que se pierda la gracia; y aquellos (sin duda los más interesantes) en donde la comicidad surge de la conjunción entre el texto y lo que se muestra en los dibujos. Hay algunos muy graciosos, otros un poco menos, pero estamos hablando del Negro Fontanarrosa, con lo cual uno da por sentado que el nivel va a ser más que satisfactorio. Y lo más terrible: la gran mayoría de los chistes se nutren de un contexto de brutal crisis económica, con condiciones aberrantes impuestas por el FMI, con gente que trabaja por salarios miserables, empresas que se van a la quiebra, laburantes que terminan despedidos, inquilinos que terminan desalojados, jubilados que se cagan de hambre, clase media que renuncia al asado, las vacaciones, etc.... Más allá de un puñado de chistes que tienen que ver con el regreso de los partidos políticos y la retirada de los militares del poder, el libro resulta de una actualidad alarmante. Hay decenas de chistes que podrían aparecer HOY en cualquier medio argentino, porque parece que Fontanarrosa está hablando del 2024, no del ´82 o el ´83. Lo cual nos invita a reflexionar acerca de lo poco que mejoramos como país en 40 años, lo fácil que es para los garcas agarrar la manija y usarla para que, cada vez que parece que avanzamos, volvamos a retroceder.
Ahora sí, pude ponerle pausa a mi atracón de historieta franco-belga, pero esta vez no me voy tan lejos, porque tengo para comentar un comic de autores holandeses. Conocí a Léon La Terreur como "León el Terrible" en las páginas de Cairo, y me deslumbró -lógicamente el dibujo del maestro Theo Van Den Boogaard, un clon más moderno de Hergé con un trazo demasiado perfecto para ser real. Y las historias... nada, eran un poco repetitivas, pero efectivas. Ahora me reencuentro con Léon gracias a un librito en formato pocket que conseguí por centavos en Francia, una edición de los ´80 en la que las historietas están remontadas para este tamaño de manera bastante criteriosa por Alain Korkos. Y me encuentro con que los guiones de la serie estaban a cargo de Wim T. Schippers, un tipo que hizo virtualmente DE TODO: dirigió cine y TV, condujo programas de tele y radio, hizo dibujos animados, fue doblajista, actor cómico, dramaturgo, artista visual... y sigue vivo, así que por ahí más adelante lo vemos debutar como cocinero, neurocirujano o arquero del Ajax. El librito trae varios chistes de dos viñetas (puestas una arriba de la otra), cortitos y al pie, en general con un humor surrealista y limado. Y además, historietas más extensas (las que salían en Cairo), más vertiginosas y -sobre todo- más violentas. Sin dudas es un gran hallazgo utilizar una línea tipo Hergé, tan prolija y relacionada con el orden, para contar historias tan caóticas, en las que los caprichos, los delirios de grandeza o la lisa y llana mala leche de Léon desencadenan escenas de kilombo y descontrol, a veces con consecuencias trágicas (que, como la historieta es 100% en joda, no se exploran). Y si bien el recurso es siempre el mismo (Léon le inyecta por las malas una dosis de caos a una ciudad europea tranquila y prolija que parece quedada en la década del ´50), los autores suben la apuesta varias veces y se zarpan con cosas cada vez más violentas, o más groseras. Los diálogos están llenos de puteadas que generan más impacto en estos atildados señores sesentones, y además hay muy lindas referencias a otros comics, principalmente a Liitle Nemo in Slumberland. Obviamente el tamaño del librito no es el ideal para disfrutar al máximo del virtuosismo gráfico de Van Den Boogaard, pero si no sos MUY fan del autor, se re banca tener la obra así, en un formato barato, livianito y que ocupa poco lugar.
Para terminar, me devoré en un viaje en subte el Vol.2 de DDDDD, la serie de Inio Asano que empezamos a recorrer en la entrada anterior. Este tomito va por los mismos carriles que el anterior: el 80% de las páginas están dedicadas al slice of life centrado en estas adolescentes medio freaks, medio pavotas, que van a la secundaria, salen de compras, estudian, juegan a los videogames, etc.. De nuevo, cada tanto aparece algún diálogo gracioso, pero nada que logre retener mi interés a lo largo de tantas páginas. Y el 20% restante tiene que ver con lo que sí me llama la atención, que es la trama vinculada a esta extraña invasión alienígena, la también extraña forma en que reaccionan los gobiernos (especialmente el japonés) a la presencia de estas naves que sobrevuelan las ciudades, y la forma en que esa presencia altera la vida cotidiana de los ponjas. De a poco, Asano introduce en la trama a personajes que -supongo yo- van a explorar un poco más las consecuencias de estos sucesos que van más para el lado de la ciencia ficción y la conspiranoia, más alguna secuencia de tono bélico muy desenfatizada por el autor. Ojalá estas puntas argumentales se desarrollen a buen ritmo y cobren más protagonismo en los próximos dos tomos, porque si no, me voy a tener que bajar de la serie. Si hay algo que me dice todo el tiempo "quedate, no te vayas, mirá lo que es esto..." es el dibujo de Asano y sus esbirros, que es realmente monumental. Desde esas caras ultra-expresivas de las nenas, hasta esas fotos pecho frío, apenas retocadas, todo se ve demasiado bien. Ah, y la secuencia en joda de Isobeyan, con la que abre y cierra el tomo (con más viñetas por página, color y un tono 100% humorístico), me pareció mil veces mejor que la del Vol.1. Veremos si más adelante eso también intersecta de alguna manera con el tronco de la narración que propone Asano... si es que tal cosa existe. Y nada más, por hoy. Me tengo que dejar de pelotudear y avanzar con la Comiqueando Digital nº9, así que en las próxima semanas debería leer (y reseñar) menos historietas. Pero no descarto volver a postear pronto acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

viernes, 17 de mayo de 2024

VIERNES TRANQUI

En el 2008, en uno de sus infrecuentes regresos al mundo de la historieta, el maestro Serge Clerc se despachó con una novela gráfica de más de 220 páginas titulada "Le Journal" (la revista), en la que cuenta desde una óptica muy personal la historia de la revista Métal Hurlant. Le Journal es una obra rarísima. Primero porque es mezcla de documental y autobiografía: Clerc cuenta la historia de Métal Hurlant (centrada sobre todo en la figura de Jean-Pierre Dionnet, el director de la etapa original de la revista) pero a la vez cuenta su historia personal: su llegada a París desde su pueblo natal, su crecimiento, las cosas que descubrió (sexo, drogas, rockanroll, cine, comics, literatura, viajes, escabio...), su propia evolución como artista, los vínculos que entabló con editores, autores, comerciantes y fans... O sea que es la historia de Métal Hurlant, pero también la del propio autor. Y segundo por la forma de narrar que elige Clerc: No solo es raro verlo trabajar en blanco y negro. También es loquísima la forma en la que Clerc integra a las viñetas (a veces dentro de los globos de diálogo o de pensamiento, a veces simplemente en los fondos) todo tipo de piezas gráficas, que reproducen u homenajean a portadas de comics (yankis y franceses), portadas de revistas de otros tipos, de antologías con relatos pulp, de obras literarias, portadas de discos, afiches de recitales de bandas, afiches de películas, afiches publicitarios de cualquier cosa, folletos turísticos... Varias veces por página, Le Journal te bombardea con referencias visuales a otras cosas, muchas veces con una leve conexión con lo que le está sucediendo a los personajes en la trama, otras conectadas a lo que se estaba publicando en ese momento en la Métal Hurlant, y otras veces totalmente desconectadas, en una especie de representación metafórica de algo que no se termina de entender. El resultado es una obra que avanza a un ritmo vertiginoso, narrada de manera muy confusa. Todas estas recreaciones que hace Clerc de las portadas y demás piezas gráficas son alucinantes en términos de dibujo, pero terminan por marear al lector que trata de seguir la historia de Jean-Pierre, Serge y otros personajes destacados como Phil Manoeuvre y el mítico Yves Chaland. Seguramente el mejor tramo de la obra es el que indaga en la amistad entre Clerc y Chaland, un vínculo instantáneo y férreo, forjado en la pasión por los comics franco-belgas. Un homenaje conmovedor al genio que nos dejara en 1989 con sólo 33 años. En el aspecto más "documental" de la obra, Clerc nos muestra a Dionnet como un personaje abrumado por los kilombos, que en vez de confrontarlos escapa para adelante... donde genera nuevos kilombos. Por momentos parece ser retratado como "el héroe" de la novela, pero (aunque en el prólogo, que está a su cargo, se suba al carro de los héroes) las agachadas, los dobleces y los matices son tantos que nunca llega a ese nivel. La verdad que no sé si Le Journal es la mejor forma de enterarse cómo se desarrolló la historia de Les Humanoides Associés y su famosa revista. Sí la valoro (y mucho) como vehículo para disfrutar a pleno del infinito talento como dibujante de Serge Clerc, de su línea elegante, sus composiciones impactantes, su manejo del claroscuro, del lenguaje corporal de los personajes, y de la mímesis para adaptar a su estilo todo tipo de materiales gráficos de distintas épocas, distintos países y distintos géneros. Una pena (y a la vez, bastante entendible) que esto exista sólo en francés.
Tarde pero seguro, empecé a leer un manga del que tengo varios tomos comprados, ahí en la pila de los pendientes: Dead Dead Demon´s Dededede Destruction (de ahora en más, DDDDD), una obra de Inio Asano que combina slice of life de chicas de escuela secundaria con elementos de ciencia ficcion y cosas que tienen que ver (o no) con el absurdo, el nonsense. Casi nada en este primer tomo tiene mucho sentido: son casi 200 páginas donde no hay mucho más que una presentación (muy lograda) de los personajes y otra (bastante ambigua) de la situación peculiar en la que viven. ¿Qué hace ahí esa gigantesca nave interestelar? ¿Por qué sus ocupantes (en caso de tenerlos) no se comunican con los terrícolas cuyo espacio aéreo invadieron? ¿Posta viene de otro planeta, o hay una conspiración político-militar con una potencia extranjera? Obviamente a Asano no le interesa revelarnos estos misterios tan temprano, ya que tiene 11 tomos más por delante. Mucho me temo que para llegar al punto en que se aclare todo el tema de la nave (si es que tal cosa sucede alguna vez) habrá que fumarse infinitas páginas de las boludeces que hacen y dicen las protagonistas. Kadode, Ouran y sus amigas están en plena edad del pavo y Asano no lo oculta en lo más mínimo. Por ahí entre la sarta de idioteces que las vemos hacer y decir, alguna conecta con el misterio de la nave nodriza. O no, la verdad que leí un artículo muy bueno de Matías Mir al respecto, pero no me acuerdo cuánto de esto explicaba... y no lo quiero releer para que el manga me resulte más intrigante y las revelaciones me sorprendan. Eso, claro está, si me aguanto más tomos en los que la trama no avanza. Tengo comprados tres más, y la verdad que si el argumento no encuentra una dirección que me convenza para el Vol.4, difícilmente compre los ocho restantes. Por ahora (y acá no descubro la pólvora ni el dulce de leche) el principal atractivo de DDDDD es el descomunal trabajo de Asano y sus asistentes en la faz gráfica, donde se disocian más que en otras obras del ídolo los personajes (dibujados de modo sintético, caricaturesco, como si fuera un manga humorístico) y los fondos, donde hay un trabajo inverosímil, por supuesto hecho en base a fotografías. Hay buenos climas, algunos diálogos divertidos, un misterio bastante original, pero el dibujo lo eclipsa todo, como la nave que le tapa el sol a los habitantes de la ciudad. Tengo varias series de manga empezadas, con tomos en la pila de los pendientes, y varias obras autoconclusivas. Pero las voy a postergar un cachito para leer en las próximas semanas los tomos 2 al 4 de DDDDD y decidir si la sigo o la cuelgo. Ah, me olvidaba: excelente la traducción de Manuel Mercado. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 14 de mayo de 2024

VALERIAN Vol.7

Esta reseña continúa desde donde quedó la del 29/09/16. Hora de meternos con el último integral de Valérian, el que incluye los tres álbumes finales de la gran serie que Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres nos ofrecieron entre 1967 y 2010. Fueron 43 años de trabajo para contarnos apenas cuatro años en la vida de estos personajes y este universo... pero qué cuatro años. Sin dudas el integral es el formato ideal para leer este tramo de la serie, porque si tomás por separado cualquiera de los tres álbumes que incluye el libro (Al Borde de la Gran Nada, El Orden de las Piedras y El Abretiempo) te vas a encontrar con pedazos de historia, narraciones incompletas que empiezan pero no terminan, o al revés. Christin y Méziéres pensaron esta última gran aventura de Valérian y Laureline como una trilogía de álbumes y eso marca definitivamente el ritmo al que se van a desarrollar los sucesos de las tres entregas que Norma editó de un saque, en un librazo. Visualmente, esto es formidable. Acá vemos a un Méziéres totalmente afianzado, sin el menor desfasaje entre las imágenes que se le aparecen en la mente y las que terminan plasmadas en el papel. Incluso se da el lujo de dibujar y colorear varias secuencias en otro estilo, más cercano al de Enki Bilal, con ese tratamiento más pictórico del color. En estos tres álbumes Méziéres te tira una genialidad atrás de otra y -como parte del atractivo consiste en que sobre el final reaparecen decenas de personajes de los álbumes anteriores- la comparación entre este Méziéres y el de los primeros años de la serie se hace tan inevitable como favorable a la versión más madura del autor. La trama es un in crescendo muy adictivo, que va a llevar a un punto culminante el plot más importante que venía arrastrando la serie: la búsqueda de Galaxity, además condimentada con una guerra a todo o nada contra los responsables de su desaparición. Valérian y Laureline arrancan la saga bien de abajo, y con el correr de las páginas van a ganar amigos, aliados y sobre todo confianza en su propia chapa, para afrontar la epopeya final. En el medio, como siempre, hay situaciones más distendidas, en las que aparece el talento de los autores para la comedia y el disparate. También a lo largo de los dos primeros álbumes de la trilogía tenemos apariciones y mucho desarrollo de varios personajes secundarios, entre ellos Ky-Gai y el teniente Molto Cortés, que es una versión mínimamente camuflada de quien vos te imaginás que puede estar detrás de ese nombre. Todo esto hace muy llevadero este espiral ascendente, que gana en tensión con el correr de las páginas. Y para el final, Christin y Méziéres se van al carajo: sin profundizar demasiado en las motivaciones de cada uno, hacen reaparecer (como ya dije) a decenas de personajes (buenos, malos y neutrales) de los que ya conocíamos de los 20 álbumes anteriores, y todos toman partido por uno de los bandos: o se encolumnan atrás de las piedras, o se suman a la cruzada de Valérian por derrotarlas y rescatar al mundo perdido. Obviamente es espectacular y emotivo ver el regreso de tantas caras conocidas, pero no es algo que esté del todo justificado en términos narrativos. Para cuando este verdadero pandemonium de personajes se terminó de acomodar en los dos bandos enfrentados, al último álbum le quedan unas 15 páginas y la batalla final -si bien es épica- es muy breve. Y la victoria que se llevan los buenos es rápida y fácil, como las chicas que me gustan a mí. Me hubiese gustado ver más sufrimiento, más sacrificios, que los buenos tuvieran que soportar más pérdidas y más dolor, y mostrar más aguante y más resilencia para derrotar a una amenaza que se nos mostró como imbatible a lo largo de tantas páginas. Pero bueno, el espacio es tirano y había que meter ese epílogo brillante, esa última vuelta de tuerca que cierra, abre, impacta, emociona... Hasta cuidan el detalle de que el último personaje que aparece en el álbum sea el villano de la primera aventura, como para que el cierre sea todavía más redondo. Las aventuras de Valérian y Laureline terminan en un punto muy alto, con un Christin afiladísimo, que nunca se olvida de bajar línea contra los vicios del sistema, y un Méziéres que para este entonces ya dibujaba muy lento, pero a un nivel impresionante. Esto es ciencia ficción de la buena, de la grossa, de la que te cambia la forma de pensar la ciencia ficción. Una de las series realmente imprescindibles que nos dio el comic franco-belga. Y hay más comic franco-belga para las próximas entradas del blog. Quiero parar, para hablar de material de otros países, pero no puedo, estoy on fire. Gracias por el aguante y hasta pronto.

viernes, 10 de mayo de 2024

VIERNES GÉLIDO

Primeros días de frío posta en Buenos Aires y bueno... le metemos calor a las reseñas. En 2020 salió un séptimo tomo de Criminal, la gran serie de Ed Brubaker y Sean Phillips, esta vez en Image, y con dos historias autoconclusivas en las que se repite un mismo truco: el protagonista lee historietas y los autores interrumpen el relato troncal para mostrarnos páginas de esas historietas, que funcionan como homenaje a las revistas setentosas en blanco y negro, básicamente Savage Sword of Conan y Deadly Hands of Kung-Fu. Más allá de disfrutar de los malabares visuales que realiza Phillips para evocar de alguna manera el estilo gráfico de esas historietas, no es un truco que aporte demasiado. En la primera historia, el comic que lee Teeg Lawless tiene una resonancia bastante lograda con lo que le pasa en "la vida real", una metáfora que ya había conseguido Alan Moore en Watchmen, con la historieta del pirata náufrago. En la segunda historia, lo que Tracy lee en la historieta no tiene nada que ver con la trama en la que se ve envuelto, pero por lo menos la trama es bastante mejor que en la primera mitad. Porque es importante señalar que este tomo de Criminal no está ni por asomo al nivel de los seis primeros en lo que se refiere a los guiones. Las dos historias son menores, y la primera ni siquiera tiene demasiado atractivo más allá de la violencia con la que se maneja Teeg cuando se ve atrapado en un territorio hostil como es la cárcel. La segunda levanta un poco la puntería, primero porque las situaciones que nos presenta Brubaker son más atípicas, segundo porque hay un cierto misterio, preguntas que los autores nos obligan a hacernos a los lectores, que vemos todo el tiempo un pedacito de lo que está pasando, no el cuadro completo. Y tercero por la calidad de los diálogos, realmente magníficos. Incluso con dos historias por debajo de su promedio habitual, Brubaker está a años luz del típico guionista mainstream simplemente por ese manejo insuperable de los diálogos y de cómo generar clima con los silencios y con los bloques de texto, donde su prosa brilla hasta cuando intenta no hacerlo. Entonces, si bien este tomo de Criminal es prescindible, y se puede dejar afuera de ese bloque superlativo compuesto por los seis primeros tomos, acá hay algunos puntos altos. Por supuesto arriba de todo está el dibujo de Phillips, acá en tres estilos distintos y con la posibilidad de -en las páginas en las que homenajea a Conan- salir de su zona de confort (que es la ambientación urbana del Siglo XX) para dibujar paisajes, armas y locaciones muy distintas a las habituales. Uno a esta altura compra sin chistar cualquier cosa que diga "Brubaker y Phillips", pero bueno... si te querés poner un poquito más exigente, filtrar algo de lo que producen estas dos bestias, acá tenés un tomo que se puede dejar pasar sin sentir que te falta algo fundamental para tu biblioteca, o tu vida.
Retomo la lectura de historieta argentina con un libro que salió hace muy poquito, para la Feria del Idem. Allá por el 18/10/18 me tocó reseñar un álbum en el que el maestro Tatúm (santafesino radicado hace muchos años en España) adaptaba varios relatos de Ambrose Bierce. Esta vez la consigna es la misma, pero a partir de cuentos de Horacio Quiroga, de esos que transcurren el norte de la Mesopotamia argentina. Bajo una tapa horrorosa, que te pide por favor que NO compres el libro bajo ningún concepto, en Tacuara Mansión tenemos las adaptaciones de cuatro relatos del mítico escritor uruguayo, tres de los cuales no conocía. Como ya me pasó otras veces, me encuentro con que los argumentos de los cuentos de Quiroga me parecen chotísimos. El que adapta Tatúm en la primera historieta (la que da título al libro) es una anécdota muy menor, muy estirada, que se soporta solo porque los dos personajes principales tienen personalidades muy extremas y nunca sabés cómo pueden terminar. La segunda es la más interesante, porque explora a fondo la forma en la que (hace un poco más de un siglo) se extraía la madera de los bosques del Noreste argentino, y se la enviaba a las distintas ciudades a través del río Paraná. Ahí hay un retrato muy certero de esa actividad (repleta de peligros e injusticias para los laburantes), muy bien trasladado a la historieta por Tatúm. La tercera historia es otra anécdota larga, con un conflicto que en un pasaje se pone intenso, pero que se desploma como un castillo de naipes cuando Quiroga la remata de la manera más pelotuda que te puedas imaginar. Y la cuarta historia es una nueva adaptación de "A la Deriva" (vimos otra el 26/05/11), un cuento cuyo argumento es "a un hombre lo pica una víbora venenosa y se muere". En serio, no pasa nada más, ni hay ningún otro elemento dramático más que la agonía del pobre tipo. O sea que, para que Tacuara Mansión tenga sentido, te tiene que gustar el dibujo de Tatúm. Y a mí la verdad que me gusta bastante, incluso en esta etapa de su carrera, en la que está más sereno, menos salvaje que en los ´80, cuando te detonaba las retinas con esas historias cortas, mucho más experimentales, que publicaba de vez en cuando en El Víbora o Cairo. Me parece que le juega un poco en contra tanta preponderancia de los colores ocre y verde, pero es lógico, porque las historias están ambientadas en lugares donde hay bosques, barro y un río color marrón. Pasás rápidamente las 100 páginas del libro, y parece que todo fuera del mismo color, porque realmente son poquísimas las viñetas donde tenemos rojos, azules o amarillos. Fuera de eso, el autor deja el alma en estas páginas, donde dibuja cosas realmente complejas, detalles mínimos en casas, selvas, plantas... y además se las ingenia para presentar de modo ameno largas secuencias en las que solo hay gente hablando. Tacuara Mansión ya tuvo ediciones en varios países de Europa, con lo cual es muy loable que Ediciones de la Flor lo haya sumado a su catálogo para que se pueda disfrutar también en el país donde nació Tatúm y donde transcurren las historias que imaginó Quiroga. Nada más, por hoy. Nos vemos el lunes a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, donde vamos a estar festejando en vivo los 30 años de la aparición de la revista. Gracias y buen finde.

martes, 7 de mayo de 2024

MARTES EN FRANCÉS

Estoy empezando a bajar los pilones de material que me traje de Francia y Bélgica, así que me toca leer mucho en francés, durante los próximos años (sí, traje una bestialidad de libros). Empiezo con Confidences d´une Prostituée (confidencias de una prostituta), obra maestra del glorioso Takao Saito, realizada en 1972. A lo largo de diez historias autoconclusivas, el creador de Golgo 13 da cátedra de gekiga y le canta "quiero retruco" a su viejo amigo Yoshihiro Tatsumi. Los relatos que componen el libro son 100% reales, chiquitos, íntimos, sin asesinos a sueldo, ni samurais, ni grandes cataclismos. Son historias dramáticas de gente común sin chistes, sin elementos fantásticos y muchas veces sin ni siquiera acción. Historias definitivamente para adultos, ambientadas en un burdel de Osaka de los años ´30, que una prostituta sesentona ya retirada le revela a distintos personajes. El tramo ambientado en el presente, con el que Saito empieza y termina cada historia, es lo menos atractivo de la serie. Pero las confidencias, las revelaciones que el autor nos presenta acerca de lo sucedido en el pasado, son invariablemente cautivantes. De los diez guiones, hay uno solo que me pareció claramente por debajo del resto, y los otros nueve son maravillosos. Son historias de amor, de lealtad, de sueños rotos, de dignidad, de desencuentros, de injusticias, en las que el sexo en general ocupa un rol muy secundario, más allá de que todas las protagonistas sean "damas de compañía". De hecho, en las casi 340 páginas que tiene el libro, hay una sola página (la primera del octavo relato) en la que Saito nos muestra un garche con alguna intención erotizante, como si buscara levantar la temperatura de los lectores. El resto de las escenas de sexo (hay muchas) son más bien trámites protocolares. Casi 340 páginas, historieta de los años ´70 con bastantes cuadros por página, algunas páginas muy cargadas de diálogo, historias intimistas en las que escasea la acción... ¿no te aburrís? No, porque dibuja Takao Saito. El ídolo acá trabaja en dos registros muy distintos. Las secuencias del pasado, es decir, el núcleo de las historias, están dibujadas en el mismo estilo de Golgo 13, con un claroscuro fuerte, muy dinámico, y las tramas de grises aplicadas como lo indica la tradición del manga de esa época. Fondos muy laburados, personajes más sintéticos, festival de líneas cinéticas cada vez que alguien hace un movimiento más o menos brusco, secuencias mudas de las que los críticos de antes denominaban "cinematográficas"... en fin, lo de siempre, pero a un nivel altísimo. Y en las secuencias del presente, las que abren y cierran cada entrega, Saito se va al carajo y más allá. Acá ensaya un estilo distinto, en base a pinceladas muy sueltas y a un uso increíble de las tramas mecánicas, que por momentos parecen trazos de carbonilla. Estas páginas tienen unos climas hermosos, y unos efectos de iluminación (logrados también con las tramas) muy adelantados a su época, con cosas que muchos años después veríamos en historietas de Fer Calvi, Víctor Santos, Darwyn Cooke... una maravilla. Así que Confidences d´une Prostituée me llevó mucho tiempo de lectura, pero me gustó muchísimo y espero que algún día se publique en castellano, o aunque más no sea en inglés, para que más gente pueda leerlo.
Si creías que Astérix se había ido a la B con la muerte de René Goscinny, ni se te ocurra leer un tomo de Iznogud posterior a la muerte del maestro. Yo tuve la mala idea de leer el Vol.15, La Infancia de Iznogud, que es el primer álbum escrito y dibujado por Jean Tabary, y la verdad que no tiene pies ni cabeza. Además de haber leído de pendejo varios episodios de los que escribió Goscinny, me sedujo la edición, una versión pocket muy barata (la pagué literalmente centavos) de 1987, en la que la historieta está toda remontada para que en vez de 45 páginas ocupe 127. Debe haber alguna que otra viñeta retocada, pero en general se lee perfecto, y lo más importante: al achicar el tamaño no achican la letra, que se ve sin ninguna dificultad. Es un remontaje muy cuidado, sin espacios blancos dentro de la página, sin deformar los dibujos... realmente un gran laburo, para que la historieta llegue a gente que por ahí no puede pagar los álbumes con tapa dura y papel ilustración, pero sí esta versión "para pobres". El problema es que la pobreza se hace presente también en el argumento de La Infancia de Iznogud. Con la torpeza de quien lo hace por primera vez, Tabary se tropieza una y mil veces con una narración que tiene tres o cuatro ejes centrales superpuestos, y ninguno llega a buen puerto. Pasan tantas cosas, narradas de manera tan frenética, que uno siente que leyó siete álbumes, no uno remontado. Pero las ideas no ensamblan bien, los chistes recurrentes que en las historietas de Goscinny aparecían como complemento acá por momentos se comen a la trama central, con la excusa de que hay magos pasan cosas que no tienen ninguna explicación... es un kilombo narrativo que evidentemente se escapa del control del autor. Por momentos, el Gran Vizir trata de parar la bocha y pensar qué carajo está pasando (y cómo puede sacar provecho de la situación), pero enseguida se suceden más secuencias frenéticas, más gags bastante violentos (probablemente los más cómicos) y entran en escena más elementos que empiojan más la narración. El dibujo está muy bien, no me puedo quejar para nada de la labor de Tabary al frente de la faz visual. Para cuando se produjo su debut solista en Iznogud, el autodidacta nacido en Suecia y fallecido en Francia manejaba a la perfección ese estilo suelto, dinámico, super expresivo que había inventado André Franquin en los ´50 y, sin ser un genio, era un narrador sólido que armaba muy bien las secuencias, se rompía el culo en los fondos y transmitía muchísimo con las expresiones faciales. Me guardo el librito por el dibujo y por el formato, que me pareció un hallazgo. Nada más, por hoy. El lunes 13 se cumplen 30 años de la aparición del nº1 de Comiqueando, así que lo más probable es que hagamos una transmisión en vivo en el canal de YouTube para festejarlo. Nos vemos por ahí, y probablemente antes del lunes haya nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 3 de mayo de 2024

VIERNES CON SOL

Tengo dos libritos leídos para este primer posteo de Mayo, así que vamos ya con las reseñas. Empiezo con el segundo tomo de Por los Caminos Oscuros, de David B., cuyo Vol.1 vimos hace muy poquito. Esta vez está más clara la trama, en parte porque el autor le otorga todo el protagonismo a Lauriano, y establece al resto del elenco como personajes claramente secundarios. La historia de amor pasa a un segundo plano y entra a jugar un conflicto fuerte en el personaje central: las secuelas psicológicas que le quedaron tras haber peleado en la Primera Guerra Mundial. Mientras que sus camaradas de armas olvidan la contienda bélica mediante noches de escabio y peleas a puñetazos que duran horas y horas, Lauriano se siente acosado por el fantasma de uno de sus compañeros que murió en combate y no recibió sepultura. Entonces, por momentos, Por los Caminos Oscuros es una historia de terror psicológico, de un tipo con la mente carcomida por la culpa y la desesperación. La trama política que tiene que ver con ese intento por crear un país independiente en la ciudad de Fiume va a terminar -lógicamente- en tragedia, pero hasta que eso sucede, David B. nos va a ofrecer más escenas disparatadas, que parecen tomadas de un film de los Hermanos Marx o de un sketch de Cha-Cha-Cha. Eso es, sin duda, lo que más me gustó de esta serie: la distorsión de la runfla política para darle matices cómicos. Y también ese clima enrarecido que hay en Fiume, con distintas facciones que complotan unas contra otras, que se espían, que se infiltran las unas a las otras, pero narrado con ironía y pinceladas de absurdo, al mejor estilo de The Man Who Was Thursday, la magnífica novela de G.K. Chesterton. El dibujo de David B. está al mismo altísimo nivel del Vol.1, una vez más complementado con la paleta de colores intencionalmente opaca y sin estridencias del maestro Hubert. Hay que entender el claroscuro que propone el dibujante para colorearlo con tanta jerarquía, y en eso Hubert la descose. David B. juega con grillas muy distintas entre sí, sin casarse con ninguna, y tiene páginas en las que la planificación lo es todo. Hay muchos más recursos gráficos increíbles (no sólo el manejo magistral del claroscuro), de los cuales a mí el que más me gusta es esa perspectiva deforme, que se aprecia sobre todo en las primeras páginas, donde David B. tiene que dibujar varias mesas, decenas de sillas y centenares de baldosas... y las dibuja a mano alzada, cagándose por completo en la representación académica de la profundidad en el espacio. Por ahí Por los Caminos Oscuros funcionaría mejor como un sólo álbum largo de 80 páginas que como dos de 60, porque -en el contexto general de la obra- hay varias secuencias que están al pedo y podrían descartarse en pos de un relato más compacto y más contundente. Pero como está todo dibujado como los dioses, y con un clima sumamente atrapante, y con diálogos a veces profundos y a veces cómicos, la banco y la recomiendo así como está, sobre todo a los fans de David B.. ¿Hace falta haber leído antes La Lectura de las Ruinas? Definitivamente no.
Allá por el 13/04/12, cuando vivíamos virtualmente en otro mundo, me tocó reseñar el Vol.1 de S.H.I.E.L.D., esa ambiciosa obra de Jonathan Hickman y Dustin Weaver que tardaron años y años en terminar. Finalmente en 2018 se recopiló el segundo y último tramo en TPB, y recién ahora lo pude conseguir y leer. Nada, esta segunda parte me pareció muy inferior a la primera, mucho más limitada a la machaca, mucho más consciente de su propia grandilocuencia. Las ideas locas y revolucionarias que planteaba Hickman en la primera mitad, acá tienen un peso ínfimo en la trama. El aprovechamiento que hacía el autor de la historia del Universo Marvel para darle sustento a su relato acá también es mínimo. Hay un solo elemento nuevo que se suma, y que resulta atractivo, que es el de Spear y el Último Califato. El resto es deshacerse de toda la complejidad del Vol.1 para quedarse con un combate a todo o nada que se libra en varias épocas al mismo tiempo, porque la línea temporal está en crisis y se unifican pasado, presente, futuro y sarasa. No es un comic 100% pochoclero porque tenés que entender quiénes son Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Isaac Newton, Nikola Tesla... pero básicamente la trama se reduce a un combate de buenos contra malos en los que se tiran con de todo y se manejan unos niveles de poder tan zarpados, que no se entiende bien qué carajo hacen ahí esos humanos normales (entre ellos Howard Stark y mi favorito, Nathaniel Richards). Todo eso de jugado, de distinto, de imposible que tenía el Vol.1, el Vol.2 ya no lo tiene. No es una cagada, pero queda muy lejos de las expectativas que los mismos autores habían generado en la primera parte, que me sigue pareciendo una gloria. El dibujo de Dustin Weaver arranca muy arriba y se tira cuesta abajo en un tobogán hacia el abismo. Cuida muchísimo (y se luce muchísimo) toda la parte arquitectónica, las ciudades, los edificios, y sobre todo las máquinas. Y los primeros planos también están bastante bien, casi hasta el final del tomo. Pero después, cuando tiene que dibujar a los personajes en movimiento, los cuerpos se ven estáticos, toscos, sin esa sofisticación que uno asocia con el trazo de este monstruo. El trabajo de los coloristas (con Sonia Oback al frente) es espectacular y levanta mucho el resultado final. En los epílogos entran a jugar cuatro dibujantes invitados y el mejor, por amplio margen, es Gabriel Hernández Walta, cuyas ocho páginas son una cátedra de narrativa, dibujo y color. Era complicado bancar allá arriba el nivel del primer tomo, y bueno... no pudo ser. Andá a saber cuántos kilombos, crisis, idas y vueltas, manoseos editoriales y reescrituras tuvieron que soportar estas historias entre que Hickman esbozó las ideas y que finalmente las vimos publicadas. Fueron muchos años, en el medio pasaron mil cosas, y por ahí algunas de ellas afectaron el producto final. Que, repito, no es horrible ni mucho menos, pero quedó lejos de aquel alucinante primer tramo que tanto me había entusiasmado. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto en este espacio... o en algún otro.