el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 15 de octubre de 2019

EL DIA Y LA NOCHE

Hoy tengo para reseñar dos libros creados con sólo un año de diferencia, tan distintos entre sí que sirven para ejemplificar con una elocuencia contundente lo diverso y variado que es el mundo del comic.
En 2015, cuando se cumplían los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, se publicó en Japón el libro que luego ECC España lanzaría en 2017 con el nombre de Trágica Derrota. Es un recopilatorio con seis historietas en blanco y negro, íntegramente realizadas por Nozoe Nobuhisa. El mangaka crea estas historias en base a testimonios de hombres y mujeres que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, o sea que -70 años después de la misma- tienen todos más de 85 ó 90 años. Nobuhisa toma los recuerdos de estos viejitos y viejitas para darle forma a historias muy humanas, que nos invitan a ver el lado menos épico de la contienda, a revivir esos días históricos desde una mirada más íntima, más cercana, pero no por eso menos escalofriante.
Son todas historias tristes, crepusculares, repletas de sacrificios, padecimientos, injusticias, pero también nobleza, resilencia, perseverancia en los valores y en las convicciones. Y amor, también, ¿por qué no?. Nobuhisa narra a un ritmo ágil, sin colgarse en detalles innecesarios, sin resignar la creación de climas hostiles, agobiantes. Son historias con poco énfasis en la acción y mucho en la reflexión, en la recreación de hechos traumáticos, que marcaron para siempre a estos hombres y mujeres.
El dibujo es de una belleza infrecuente, con unas texturas alucinantes, tonalidades agregadas en el photoshop, fotos retocadas para mostrarnos barcos, aviones y tanques, efectos locos en los fondos de algunas viñetas, una reconstrucción barroca y preciosista de decorados y paisajes… Realmente es increíble la magia que le saca Nozoe Nobuhisa al lápiz, que a veces conserva la frescura del trazo sin entintar. Visualmente esto es tan hermoso que compensa ampliamente el sabor agridulce que te dejan las historias, en su mayoría muy bajoneras. Si no te ahuyenta esa impronta testimonial con rienda suelta para la amargura, con Trágica Derrota no podés perder. Y si sos fan de la Segunda Guerra Mundial, o del manga adulto, profundo, sin chistes ni elementos fantásticos, tenés la victoria asegurada.
En 2016, del otro lado del mundo, una editorial cordobesa lanza otro comic 100% basado en hechos reales: la biografía en historieta de Carlitos “la Mona” Jiménez, a cargo del gran Karlo Lottesberger, quien toma como “guión” una biografía del ídolo del cuarteto escrita por el periodista Jorge Cuadrado. Esto es a todo color, y en vez de varias historias autoconclusivas tenemos el primer episodio de una serie que (creo) nunca continuó.
Estas 52 páginas narran la infancia de la Mona, sus inicios en el mundo de la música cuando todavía era un adolescente, sus primeros éxitos y sus primeras grandes conquistas en materia de mujeres. Lottesberger opta por diálogos breves, casi siempre graciosos, y complementa cada secuencia con una aparición de la Mona ya adulto, que acota en primera persona algo acerca de la anécdota del pasado que acabamos de presenciar. Es una lectura fresca, dinámica, que logra captar el interés de quienes (como yo) somos absolutos desconocedores del cuarteto, sus grandes figuras y su gran impacto en la sociedad cordobesa. Este primer tramo de la biografía (titulado El Tarzán del Barrio) hace bastante hincapié en cómo el éxito le cambia la vida a un pibe de 15 ó 16 años, cómo esa búsqueda de la consagración artística modifica su forma de vincularse con la familia, los amigos, las noviecitas, el futbol, etc. O sea que están muy enfatizadas las emociones, tanto las alegrías como los sinsabores. El hecho de que la Mona aparezca narrando o comentando en primera persona me hace sospechar que se trata de una biografía autorizada, en la que probablemente el ídolo haya decidido dejar afuera las escenas en las que no queda demasiado bien parado. Pero por ahora, en este primer tramo, todo suena sumamente auténtico y verosímil.
El dibujo de Lottesberger acompaña a la perfección este festival de las emociones a flor de piel. Es dinámico, muy expresivo, con la cuota justa de grotesco, con algunos lugares dibujados al detalle, para que sean reconocibles por los lectores que compartieron ciudad y época con esta Mona adolescente, vital, explosiva. El color está muy bien, el cambio de estilo para que la versión adulta de la Mona se vea más realista está muy logrado, y lo único raro es esa escena en la que Carlitos y la chaqueña garchan vestidos. Será para que los padres se animen a comprar el libro y dárselo a los chicos, digo yo…
En fin, El Tarzán del Barrio no me dio ni la menor gana de ponerme a escuchar canciones de la Mona Jiménez, pero sí me generó el interés suficiente como para comprar un segundo tomo (el día que se publique) y para recomendar este a los fans del astro cuartetero, de las biografías de músicos hechas en historieta, o del maestro Karlo Lottesberger, a quien descubrí hace ya mil años en una antología de Loco Rabia y me sigue sorprendiendo cada vez que encuentro un trabajo suyo.

Nada más, por hoy. Gracias a todos los que se acercaron a saludarme y a sacarse fotos conmigo en la Crack Bang Boom, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 11 de octubre de 2019

DOS Y A ROSARIO

Esta noche no salgo a boludear porque a las 8 AM de mañana tengo que estar en Retiro para tomar el micro a Rosario. Aprovecho, entonces, para reseñar un par de libritos que tengo leídos.
Le Demon de Midi es una obra de 1996 de la gloriosa Florence Cestac, inmensa autora francesa, injustamente poco difundida en nuestro idioma. A lo largo de 58 páginas (todas divididas en tres tiras de dos o tres viñetas cada una), Cestac nos ofrece una historieta que además de narrar, analiza un fenómeno, lo explora en sus distintas facetas, nos muestra varias consecuencias posibles para varias de las cosas que suceden y sobre todo se cuida mucho de no simplificar la situación para no acotarla a “el garca” y “la víctima”. Le Demon de Midi es como le dicen los franceses a esa “crisis de la mediana edad” en la que el hombre cuarentón se aburre de su esposa y abandona a su familia para correr atrás de una pendeja de veintipico que lo hace sentir un titán. Seguramente si viviste la separación de tus viejos, o una ruptura con tu pareja, pasaste por momentos muy, muuuuy parecidos a los que les hace vivir Cestac a los anónimos protagonistas de esta novela.
Lo mejor que hace la autora es no enfatizar demasiado el aspecto dramático de la ruptura entre los protagonistas. No lo suaviza, no lo soslaya, pero tampoco se regodea en la desgracia de la mujer abandonada por su marido. Rápidamente llegan los elementos propios de la comedia costumbrista y un cierto clima no sé si de jolgorio, pero por lo menos de distensión, hace todo mucho más llevadero. Al final, la separación de una pareja es solo eso. No es la muerte, ni el fin del mundo. Y en las formas en que cada uno reacomoda su vida (cuerpo, mente, sentimientos) tras la crisis, es donde Cestac encuentra material para hacernos pasar un muy buen rato y dejarnos pensando, claro.
El dibujo de Florence es casi perfecto. Imaginate una mezcla entre los dibujantes humorísticos más grossos. Caloi, Angeli, Frank Margerin… caviar con champagne para todas y todos. Pero no es perfecto, es CASI perfecto, y la imperfección llega en la etapa del entintado, como si a esos dibujantes mágicos los entintara otro más rústico, tipo… Cels Piñol, ponele. De todos modos es un dibujo absolutamente plástico, expresivo, que te resulta cercano, casi real a pesar de su alto grado de abstracción. Y para reforzar la gracia del humor costumbrista, Cestac te masacra con unos detalles tremendos en ropa, peinados, muebles, calles… Acá hay un poder de observación infrecuente, tanto en los vínculos entre los personajes como en el mundo por el que se desplazan. Ojalá algún día alguien se ponga las pilas para que haya muchas obras de Florence Cestac editadas en castellano.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se edita Kintari, el Retorno del Lobo, una novela gráfica relativamente breve, escrita por Roberto Barreiro y dibujada por Hernán González. Se trata de una historia de aventura, violencia y misticismo, narrada por Barreiro con gran inteligencia, sobre todo para dosificar la información acerca de este mundo fantástico dominado por unos entes extradimensionales malignos, que tienen los mejores diálogos de la historieta. El título y la portada nos llevan a creer que Kintari es el protagonista pero, si bien su rol en la trama es importante, no es para nada el personaje que más le interesa desarrollar a Barreiro, que parece disfrutar mucho más las escenas en las que pone el foco en Dicom, Kevlar y el poderosísimo Ube, el nigromante, al que le alcanzan un par de escenas para morfarse la novela.
Entre todos estos estallidos de sangre, tiros, espadazos, conjuros y detonaciones varias, Barreiro baja una línea muy interesante acerca de la libertad, de la resistencia frente a los poderes totalitarios, de cómo (alguna vez) los humildes le pueden escupir el asado a los omnipotentes. Pero no es un comic que se dedique a predicar, sino que son ideas y valores que discurren casi tras bambalinas, a modo de condimento finoli para una historia sobrecargada de acción, truculencia y atrocidades bien sanguinarias.
¿El dibujo de Hernán González está bueno? Yo diría que MUY bueno, porque a su típica impronta salvaje de claroscuro visceral se le suma ahora el color, muy bien trabajado por Natalio Anastasia. No debe ser fácil colorear a González, pero acá realmente se ve una muy buena amalgama entre dibujo y color. ¿Era González el dibujante ideal para esta historia? Me parece que no, que a este artista le quedan mejor otro tipo de guiones, más abstractos, o más introspectivos, o con más margen para limar e irse a la mierda desde la faceta gráfica. Y a Kintari le venía mejor un dibujante más careta, más clásico, más apegado a ciertas convenciones del comic de aventuras a las que –lógicamente- el pincel endemoniado de González se lleva puestas sin el menor reparo. Este era un guión perfecto para… Richard Corben, ponele. Aún así, incluso lejos de su zona de confort, González nos regala un montón de imágenes de alto impacto, como esa jirafa prendida fuego con la que abre la novela y con la que –casi seguro- voy a soñar esta noche.
Si te gusta la aventura fantástica con hechiceros, guerreros, sacrificios y traiciones, acá vas a encontrar un relato dinámico, potente, con buenos diálogos y varios giros argumentales sorprendentes. Por ahí te hace ruido el dibujo, porque la estética de González va medio para otro lado. Y por ahí no.
Nos vemos este finde en Rosario, en la décima edición de Crack Bang Boom, y retomamos las reseñas la semana que viene, acá en el blog.


miércoles, 9 de octubre de 2019

DOS DE MIERCOLES

Mientras el clima se debate entre un sol tremendo y unos chaparrones cataclísmicos, yo sigo avanzando con las lecturas y las reseñas.
Arranco en 2014 con una miniserie de Hulk, convertida en compra obligatoria por estar escrita y dibujada por el maestro Alan Davis. Al prócer británico se le ocurre una idea muy atractiva: Charles Xavier se decide a ayudar a Bruce Banner. Tiene que haber una forma de controlar la furia que atormenta al científico, y el Profe la va a descubrir. En su esencia, The Man Within es una historia muy nerd, de dos mentes brillantes, dos capos del intelecto, la ciencia y la tecnología unidos para que uno de ellos deje de convertirse en el Gigante Gamma. Entre la tecnología de avanzada que maneja Banner y lo que sabe el Profe de genética, más sus nada despreciables poderes mentales, esto debería encaminarse. Pero a Davis se le ocurre que eso así, solito, puede resultarle aburrido al lector que se acerca a los superhéroes de Marvel para vibrar al ritmo de la machaca, entonces la complica con la irrupción de más y más personajes, que están básicamente al pedo. Al Profe lo secunda la formación clásica de los X-Men, reforzada con Havok y Polaris. Obviamente están de adorno. Con Marvel Girl y Beast (que suelen ser los más idóneos para soldadear a Xavier), recontra-sobraba. El resto no aporta nada. Y lo mismo pasa con Abomination y el Leader, los clásicos enemigos de Hulk. Están ahí para que haya una excusa que le permita a Davis dibujar esas peleas alucinantes que suele dibujar. El Leader, mal que mal, tiene algún peso en la trama (y algún buen diálogo), pero tampoco es fundamental.
Con la machaca estridente que le proveen héroes y villanos, Davis estira a 80 páginas una idea chiquita (y linda), y la verdad que está todo tan bien dibujado, que uno se queja de rompebolas, nomás. Matt Hollingsworth la rompe con el color, siempre muy atento a los climas por los que transita el guión de Davis, y el británico (junto a su clásico entintador, Mark Farmer) deja la vida en cada página, ostentando sublime majestad en cuerpos en acción, expresiones faciales y fondos. Uno ya sabe que esta historia no va a cambiar nada, porque está ambientada en un pasado ya lejano (es secuela de la X-Men nº66, de 1970), pero aún así, el talento y la fuerza de Alan Davis la convierten en una lectura no imprescindible, pero seguro muy, muy disfrutable.
Menos de un año después de haber leído el Vol.3, retomo la lectura de Dora, la cautivante serie de Ignacio Minaverry a la que felizmente le está yendo muy, muy bien. Aquella vez yo decía “este es el tomo de Dora en el que pasan menos cosas. No hay tramas románticas, casi no hay momentos de comedia y no avanza en absoluto la cacería de nazis que Dora había iniciado en los tomos anteriores”. Y bueno, en el Vol.4 (Amsel, Vogel, Hans) el autor retoma la senda de los dos primeros libros: Dora viaja por distintos lugares de Europa en busca de las pistas que le permitan meter en cana a tres criminales nazis, mientras entre bambalinas avanzan tramas que tienen que ver con la comedia, el romance o el costumbrismo onda Love & Rockets.
Minaverry narra todo esto a un ritmo lento, descomprimido, con espacio para la reflexión y la contemplación de los paisajes, y de nuevo uno siente que para la cantidad de páginas que leyó, pasaron pocas cosas. Por supuesto es una preocupación menor, porque se nota una decisión intencional del autor en este sentido, y sobre todo porque el dibujo es tan bueno, que uno quiere 30 ó 40 páginas más, aunque no las tramas no avancen en lo más mínimo. Sobre el final del tomo, cuando Dora se arremanga y en vez de entrevistar a viejitos que sobrevivieron a la guerra se manda a investigar (como si fuera una espía posta, onda Modesty Blaise) al temible Kurt Hahn, la tensión crece y la resolución del “episodio” sorprende a propios y ajenos. Seguramente ese final tendrá consecuencias que veremos en los tomos futuros.
El dibujo de Minaverry, como ya dije, sigue en ese nivel descomunal que vimos en el Vol.3. A la fuerte impronta de Jacques Tardi, sumo ahora la de Jason Lutes, tanto en algunos aspectos gráficos como en la onda de “narrar lento”. Y de nuevo, no hay Tardi ni Lutes que dibujen tan hermosas a las chicas lindas como las dibuja Minaverry. Como siempre llama la atención el realismo meticuloso en los detalles que se ven en calles, edificios, vehículos, ropa, peinados… Esto es como teletransportarse al verdadero 1964 y verlo, sentirlo, respirarlo. Y además hay muchos (pero en serio, muchos) hallazgos en el armado de las secuencias, que le permiten a Minaverry probar una amplia gama de recursos narrativos, apoyados sobre todo en los silencios que el autor utiliza para generar estos climas a veces tensos, a veces relajados, a veces melancólicos. Gran trabajo, de una madurez y una profundidad notables.

Y no hay más. Veremos si llego a postear el viernes antes de viajar a la Crack Bang Boom, y si no, nos reencontraremos a la vuelta, el lunes a la noche… o el martes… o eventualmente.

lunes, 7 de octubre de 2019

LUNES PRIMAVERAL

Por fin tengo un ratito para redactar unas reseñas y empezamos con el final de la trilogía de StarCraft: Ghost Academy.
Básicamente, para el tercer y último tomo el guionista David Gerrold cambia totalmente el tono de la obra: Acá llega a su fin la onda de centrarse en los conflictos internos dentro de la academia, los grupitos de estudiantes enfrentados y cómo cada uno de ellos va ganando cancha en el uso de sus poderes y en su rol como armas vivientes al servicio del Emperador. En reemplazo de esto (y de la sutil exploración del rol de la academia en el complejo andamiaje político del Dominion), tenemos una guerra a todo o nada, en un planeta lejano, contra la furibunda y monstruosa raza alienígena a la que ya habíamos visto masacrar a montones de humanos en el tomo anterior. Y nada más. No más internas entre los Ghosts, no más ajedrez entre los capos de la academia y el Emperador y sus ministros, no más ejercicios, no más simulacros.
Para liquidar la saga, Gerrold decide que el Dominion mande al muere a los chicos que se entrenan para ser Ghosts y que, los que puedan, sobrevivan. Y de eso se trata este último episodio: de los chicos y chicas enfrentando a esta raza de hiper-fieras antropófagas en un planeta en el que vuelan las bombas atómicas. Páginas y páginas de acción, tiros, explosiones y violencia al recontra-palo, mínimamente decoradas por el “dilema moral” de estos milicos que no tienen mayores reparos en mandar al frente a los jóvenes protagonistas de la saga. ¿Es poco? Probablemente. Pero es lo que hay.
Por suerte está todo muy bien dibujado por Fernando Heinz Furukawa y sus asistentes (entre los que se destacan Rocío Zucchi y Gonzalo Duarte, encargado de la aplicación de las tramas mecánicas). Esto mismo mal dibujado, sería poco menos que cancerígeno, pero el laburo a destajo de FHF hace que la historia sea dinámica, que los personajes tengan cierta onda y que la espectacularidad y la grandilocuencia tengan un poco más de sustento. Si hay algo que redima a StarCraft: Ghost Academy es sin dudas la faz gráfica. O en una de esas todo lo que pasa acá es re-importante y re-canónico para la continuidad del videojuego, la verdad que no tengo idea. A mí me sirvió para descubrir el excelente nivel que alcanzó Fernando Heinz Furukawa en su búsqueda de una estética cercana al manga, pero fácil de ensamblar con una narrativa 100% occidental, apoyada sobre todo en la machaca. Ojalá encuentre otros trabajos suyos con guiones más atractivos.
Hacía… no menos de 15 años que no tocaba un comic de Valiant, pero las críticas zarpadas que recibió Britannia me hicieron darle una oportunidad a esta saga creada por el maestro Peter Milligan, junto a un dibujante español que siempre me resultó interesante, Juan José Ryp. Sumémosle el dato de que esto está totalmente desenganchado del Universo Valiant, y que lo conseguí a muy buen precio. Imposible resistirse.
Una vez que lo leí, me bajó un poco el entusiasmo. Es una buena historieta de aventura histórica, no lo dudo en absoluto, pero en algunos aspectos se queda a mitad de camino. Me interesó mucho el planteo, el hecho de tener en pleno Imperio Romano a un protagonista que intenta resolver crímenes por medio el análisis racional, intelectual… en una época en la que todo se explicaba por los caprichos de los dioses, y el emperador era un loco de mierda como Nerón. En ese contexto de gran irracionalidad, el personaje de Antonius Axia propone algo distinto y muy atractivo. Milligan trabaja muy bien el tema del rol de las mujeres en esta sociedad, al introducir por un lado a las vestales y por el otro a Bodmall, la aldeana bretona de apariencia perdularia pero profundamente conectada a los saberes místicos de su pueblo. Sin estas mujeres de su lado, Antonius no podría haber sobrevivido a esta experiencia ni mucho menos resuelto el misterio que lo mandó a investigar Nerón.
Y quizás lo más choto sea que Antonius llegue vivo al final de la historia. La amenaza a la que se enfrenta es tan grossa, lo supera tanto a tantos niveles, que incluso con la ayuda de Bodmall y las vestales resulta medio inverosímil que salga entero y/o victorioso de esta ordalía. El resto, pongámosle que está bien. Hay una bajada de línea anti-imperialista, está esta reivindicación de las mujeres (absolutamente ninguneadas en la antigua Roma), hay un misterio sobrenatural bien llevado… Lo que no me cerró mucho fue la faceta más aventurera, la resolución de los conflictos por la vía de la violencia. Terminar así la saga quizás requería de otro tipo de héroe, más cerca de Conan que de Sherlock Holmes. Milligan tuerce un poco la figura de Antonius para que se banque cosas que Conan se bancaría y Holmes no, y eso –para mi gusto- desvirtúa un poco el desenlace.
El dibujo de Juan José Ryp (cuyo verdadero apellido es Rodríguez y Prieto) está muy bien. El español trabaja con su clásico trazo finito, sin masas negras, como para que se luzca muchísimo el coloreado a cargo de la gran Jordie Bellaire. Los fondos y paisajes están laburadísimos, la reconstrucción histórica está tan cuidada como en cualquier comic francés, la narrativa no tiene fisuras, el gore pega donde y cuando tiene que pegar, el garche no llega a ser porno, las expresiones faciales están muy logradas… Gran trabajo de este obrero del lápiz. Hay más arcos de Britannia, pero andá a saber si algún día los veo tan baratos como para querer comprarlos.

Esto es todo por hoy. Seguramente habrá una entrada más durante la semana y durante el finde nos encontramos en Rosario, en la décima edición de Crack Bang Boom. ¡Arrivederci!

jueves, 3 de octubre de 2019

ARRANCÓ OCTUBRE

Vengo de unos días complicados, con poco tiempo para leer comics y menos aún para reseñarlos. Pero bueno, la meta de clavar 120 reseña a lo largo del año todavía está ahí, con muchas probabilidades de cumplirse.
Me gustaría pensar que en el mes y moneditas que pasó desde que reseñé la adaptación de Frankenstein (29/08/19) mucha de la gente que habitualmente lee este blog se tomó el laburo de googlear a Denis Deprez y flasheó a lo guanaco con las maravillas que hace este increíble artista francés, injustamente desconocido en los países de habla hispana. Pero bueno, no me hago muchas ilusiones. Vamos a suponer que la gran masa del pueblo sigue sin haber descubierto a Deprez y voy a empezar la reseña de su adaptación de Otelo (el clásico de William Shakespeare) contando que hay un tipo que pinta como si fuera Vincent Van Gogh y que en vez de dedicarse a la plástica, hace historietas. Un mago post-impresionista que maneja una paleta alucinante, que (como Lorenzo Mattotti) planta muy pocas viñetas por página y que además pone su virtuosismo pictórico al servicio de un relato, en función de contar una historia.
Esta vez la historia es la de Otelo, el imbatible general al servicio del poderoso Duque de Venecia, quien se verá envuelto en una red de engaños, operetas y dimes-y-diretes orquestada por su mano derecha, el envidioso y perverso Yago. La historia de amor entre el moro Otelo y la bella Desdémona naufragará en un tsunami de celos, intrigas y verdades a medias y al final (no spoileo nada, la obra de teatro debutó en 1604) la tragedia vencerá al romance. La versión de Deprez es sumamente respetuosa de la original, con textos que suenan 100% shakesperianos y con el truquito de que sea Yago quien narre la historia en primera persona. Un trabajo realmente hermoso, de alto impacto visual, que capta a la perfección las tres aristas del Otelo de Shakespeare: la político-militar, la romántica y la trágica. Ojalá algún día se publiquen las obras de Denis Deprez en nuestro idioma, así mucha más gente lo descubre.
Salto a Argentina, a 2019, para comentar La Extraña Desapari- ción de Barnabas Jones, una excelente novela gráfica escrita por Damián Connelly y dibujada por Kundo Krunch. De todas las veces que Connelly jugó a trastocar los géneros más clásicos, a meterle idiosincracia y bizarreada a las estructuras narrativas tradicionales, esta es la vez que más se acercó a crear una Obra Maestra. La Extraña Desaparición… retoma un montón de convenciones de los comics de superhéroes, pero es mucho más que un homenaje, una sátira o una visión deconstructivista.
Acá vemos superpoderes zarpados, dimensiones alternativas, clones, zombies, armas mega-poderosas, dioses, piñas… lo de siempre, pero mostrado como nunca. La Extraña Desaparición… además, repite el mejor truco de Watchmen: te hace creer que es una “de superhéroes” cuando en realidad toma la estructura de un policial, un clásico “whodunnit”, en el que los protagonistas intentan descubrir al culpable de un homicidio. Connelly va para el mismo lado, pero esta vez la investigación tiene que ver (como lo explicita el título) con la desaparición de un poderoso personaje cuyo rastro llevará a Anima Riot y sus amigos por los rincones más extraños de este universo. El personaje de Anima (elegida por Connelly para contar la historia en primera persona) es otro gran acierto, al igual que el sutil desarrollo de las tramas que además de piñas y rayos involucran besos y caricias, a veces tan letales como las piñas y los rayos.
Buena parte de esta onda extraña, única y adictiva tiene que ver con la estética de Kundo Krunch, este prolífico dibujante que (a partir de la obra que reseñamos el 28/09/18) pegó un vuelco estilístico increíble y se convirtió en una especie de Ted McKeever. Acá lo vemos despegarse un poquito de ese molde, probar cosas nuevas, exigirse muchísimo en materia de fondos, angulaciones, puesta en página, y además incorporar con inmejorable criterio el color, importantísimo en la creación de estos climas asfixiantes y cautivantes de La Extraña Desaparición… Un trabajo absolutamente consagratorio para el artista marplatense.
La edición es excelente, tanto el tamaño, como la calidad del papel, la encuadernación, la impresión, el diseño… Sin dudas este libro pone a la editorial Deriva en la lista de los sellos a los que seguir muy de cerca, mientras uno se pregunta cómo fue que La Extraña Desaparición de Barnabas Jones escapó al radar de las editoriales más afianzadas en el mercado (mercadito) de la historieta argentina contemporánea. Obviamente espero ansioso nuevas aventuras ambientadas en el universo de Goddard (así se llama la ciudad donde operan Anima y sus compañeros), o aunque más no sea, otras obras de Connelly y Krunch, que exploren otro universo pero conserven la magia, el ingenio, la imaginación y la impronta de La Extraña Desaparición de Barnabas Jones.
Nada más por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.


sábado, 28 de septiembre de 2019

SABADO DE CHICAS

Lindísima noche para salir a atorrantear por ahí, pero antes, las reseñas de los últimos libros que estuve leyendo en la semana.
Arranco con SHIELD´s Most Wanted, el primero de los dos libros que compilan la breve serie de Black Widow lanzada después de Secret Wars por los maestros Mark Waid y Chris Samnee. Sí, ya sé que dejé colgada en algún punto la serie de Daredevil de estos dos grossos. Prometo retomarla, en algún momento. Pero mientras tanto, tenemos este thriller violento, trepidante, casi perturbador. Un arco argumental zarpado, donde vamos a ver a Natasha matar gente a sangre fría, enfrentarse a un nuevo adversario (y a SHIELD) y revisitar episodios turbios de su pasado, de la época en la que el régimen stalinista de la ex-URSS la convirtió en la agente secreta más letal sobre la faz de la Tierra.
Esto está muy bien, el dibujo de Samnee es excelente, me dejó con muchísimas ganas de leer el Vol.2 (se viene pronto), pero también con algunas cosas para cuestionarme. Primero, ¿este Waid es el mismo de siempre? No parece. Acá no hay un sólo paso de comedia, hay oscuridad y sangre a raudales, los otros personajes de Marvel aparecen en roles prácticamente intrascendentes, en 120 páginas nos cuenta lo que se podría haber contado sin ningún problema en una graphic novel de 64… Todas cosas con las que uno no asocia ni ahí al guionista. Repito: no está mal, está bárbaro. Pero parece mucho más… Greg Rucka que Mark Waid.
Y segundo, algo que recién mencioné al pasar, que es la brutal descompresión del ritmo del relato. Me imagino a alguien leyendo esto de a 20 paginitas por mes y le quiero ir a dar un abrazo y ofrecerle mi hombro para que llore. Esta vez el truquito para estirar no son los diálogos, sino las extensas secuencias mudas, en las que sólo vemos acción al recontra-palo, muy bien llevada a la página por un Samnee que deja la vida. O sea que lo que perdemos en sustancia a nivel guión, lo ganamos en intensidad y despliegue visual. Cierra bastante, aunque yo prefería la graphic novel de 64 páginas. Si sos fan de Waid, de Samnee, o de Natasha, dudo que esta serie te defraude. Veremos qué onda el segundo tomo.
Me cuesta explicar lo bien que la pasé leyendo Intensa, la nueva novela gráfica de Sole Otero. Si una comedia de alto voltaje erótico te hace reir y te produce algún zumbido en la entrepierna, como que ya está, ya tiene el aplauso asegurado. Intensa fue mucho más allá: Sí, me cagué de risa y sí, me amotinó la carne (como diría el Más Grande), pero además me hizo pensar sobre las relaciones de pareja desde una óptica muy ingeniosa, y al final me tiró la fatality cuando Sole remata con un giro brillante la trama de ciencia-ficción, que hasta ahí parecía más bien una excusa para que pasaran las cosas disparatadas que pasan a lo largo de estas 174 páginas.
Intensa tiene una premisa hiper-ganchera, diálogos geniales, garches muuuuy explícitos, de esos que no veíamos desde la época en que leíamos (con una sola mano) la Kiss Comix, una mirada irónica sobre la vida de los porteños mitad intelectuales/mitad chetos que pululan por Palermo, sutiles guiños a los que leemos literatura argentina contemporánea, y sobre todo ese enfoque que se disfraza de didáctico pero en realidad es humorístico, con el que Otero analiza a fondo las complejas sutilezas y las grotescas obviedades de los vínculos afectivos, el amor, la pareja, la seducción, el deseo, el tira y afloje entre personas que casi siempre se atraen pero rara vez se entienden. Sin spoilear nada del argumento (porque quiero que todos la lean), Intensa me llevó de las situaciones cotidianas de birras y mensajitos de whatsapp hasta la limadura cósmica de razas alienígenas en guerra, de la mano de un humor muy eficaz, de alto vuelo. ¿Me gustó más que Poncho Fue? Muchísimo más. Poncho recontra-fue.
El dibujo y el color están al mismo y excelente nivel de las otras obras recientes de Sole, con el agregado de que la vemos dibujar cosas que nunca antes había dibujado. El problema que tengo con la faz visual del libro excede por completo a Sole y abarca a un montón de autores y autoras actuales: ¿qué es esa pelotudez de no dibujar las calles entre las viñetas, la reputa madre que los parió? ¿Por qué creen que la página va a quedar mejor si apoyan una viñeta sobre la otra, sin dejar espacio entre ellas? Visualmente no aporta NADA y a nivel narrativo agrega una complicación totalmente innecesaria. Una historieta sin las calles (o zanjas) es como un cuento o una novela sin puntos ni comas. Si te esforzás, por ahí lo entendés igual, pero eso te distrae de lo importante, que es seguir el hilo de la historia. No entiendo, realmente, de dónde viene este capricho absurdo de omitir las zanjas. ¿Cómo los editores no les paran el carro a los autores que vienen con las páginas sin zanjas? ¿No se dan cuenta lo choto que es leer historietas así?
Dentro de todo, en Intensa no se sufre taaaanto este desacierto. No fueron tantas las veces en las que me colgué inspeccionando los dibujos, en busca de esa frontera esquiva entre una viñeta y la siguiente. Tiene que ver con una buena planificación de las secuencias por parte de la autora. Pero me imagino esto con las zanjas y –sin dudas- sería infinitamente más lindo de leer.

Bueno, nada más. Aguante Black Widow, aguante Sole Otero y a la hoguera las historietas sin zanjas entre las viñetas. Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

jueves, 26 de septiembre de 2019

JOKER

De a poco y a los cachetazos, DC entendió cuál tenía que ser su jugada en el cine: películas cerradas, que no enganchen entre sí, que no intenten construir un universo. Eso que lo haga Marvel, que demostró que le sale bárbaro. Con Joker, va un paso más allá de lo que vimos en Aquaman y Shazam!: una película distinta, hecha con dos mangos, con un perfil de “cine serio”, que bien podría funcionar fuera del universo de Gotham y su personaje más emblemático.
A lo largo de 124 minutos, Todd Phillips (director al que no conocía) nos invita a acompañar a Arthur Fleck en su descenso espiralado hacia las fosas de la demencia. Pará: ¿es el origen del Joker? Sí, un origen tardío, porque para cuando arranca la trama Arthur tiene más de 40 años. ¿Y lo vemos luchar contra Batman? No, ni contra James Gordon, ni contra ningún justiciero de Gotham. En general lo vemos luchar contra sí mismo, o contra un entorno social que predica el lucro por sobre la empatía con el prójimo y termina por convertir a un freak simpático en un monstruo sanguinario.
Me parece (sin spoilear) que los principales logros de la película son dos: 1) el espesor dramático que logra, obviamente apoyado en una magnífica actuación de Joaquin Phoenix (actor al que sólo conocía de nombre). Phoenix se pone la cinta al hombro de punta a punta, no recuerdo una sola escena en la que no aparezca. Y su labor es realmente impactante, conmovedora, consagratoria. Le pinta la cara (y los labios, y el pelo) a Heath Ledger, a Jack Nicholson, a todos. 2) la forma en que el guión nos presenta el contexto sociopolítico en el que transcurre la historia. Esta Gotham es una especie de paráfrasis de la New York de fines de los ´70, decadente, peligrosa, una caldera a punto de explotar. Y Phillips le agrega con mucha astucia un componente de lucha de clases, una calentura creciente de los pobres frente a la nula solidaridad de los ricos que “VedeVendettiza” ese panorama de abandono y desolación.
Los medios de comunicación tienen un rol muy destacado en la trama: todo el tiempo nos llega información por medio de diarios, radios y noticieros de TV, y será en un estudio de TV donde el Joker termine su transición de “loquito” a villano, hecho y derecho. Pero para ese momento, el personaje de Arthur ya se desarrolló tanto que nos cuesta calzarle el rótulo de “villano”. Ya es mucho más que eso. Finalmente será un catalizador, un disparador, un potenciador de cosas que Phillips ya nos había presentado a lo largo de la cinta y que –lógicamente- harán eclosión cerca del final.
Como en cualquier historia donde la locura es protagonista, hay volantazos imprevistos y cosas que parecen ser de una manera pero en realidad son de otra. De hecho, te podés ir del cine discutiendo con el (o la) de al lado, porque cada uno entendió todo de modo distinto. No es una experiencia fácil, no es una papilla que ya viene masticada. Es una película que te pone nervioso, que te desafía, que te impacta, que te hace cuestionarte situaciones, decisiones, actitudes. La filiación de Arthur, su relación con su vecina, su ascenso a ícono del caos urbano, el rol en la trama de la familia Wayne, obviamente el rol de los medios… Todd Phillips nos propone debatir todo y que cada espectador saque sus propias conclusiones.
¿Hay guiños comiqueros? Poquitos, y no son lo importante. Arthur tiene algunos momentos que lo acercan al Joker de Dark Knight Returns, otros que van más para el lado de Arkham Asylum (la novela de Grant Morrison y Dave McKean) y el origen tiene algún punto de contacto (mínimo) con el que nos narrara The Killing Joke. ¿Sabés a qué comic me hizo acordar bastante? A Sadbøi, de Berliac. Esa novela nos proponía repensar la forma en que nuestra sociedad define qué es el crimen y qué es el arte y esta película hace algo parecido, pero con el crimen y el humor. Joker mezcla esos dos conceptos, los enrosca, los hace franelear entre ellos y echarse un polvo incestuoso, incandescente y letal.
Una vez más, entré al cine con cero expectativas (hace décadas que el único Joker que me cierra es un dibujo animado con la voz de Mark Hammil) y me fui gratamente sorprendido. La última vez que vi al Joker en pantalla grande fue en ese engendro llamado Suicide Squad y al lado de eso, esta peli es una obra maestra del Séptimo Arte, aunque su conexión con el Universo DC sea infinitamente más tenue. O quizás por eso mismo.
Rarísimo y excelente lo de Todd Phillips, brillante lo de Joaquin Phoenix y muy grosso Robert De Niro, en esta gran tragedia sobre una sociedad enferma de insensibilidad. Ya lo dijo el maestro Denis Diderot (filósofo francés considerado el padre de la crítica, al que tanto le debemos los que nos dedicamos a esto): “La indiferencia nos hace sabios y la insensibilidad monstruos”. Por ahí va la cosa…

martes, 24 de septiembre de 2019

NUEVAS LECTURAS

Hora de avanzar con las lecturas y en este caso vuelvo a meterme con dos series que ya tenía empezadas.
¿Por qué me animé a leer el Vol.2 de StarCraft: Ghost Academy si el 1 me había parecido poco menos que lamentable? Porque el dibujo de Fernando Heinz Furukawa me pareció muy sólido y muy ganchero, pero sobre todo porque cambiaron de guionista. Este tomo está a cargo de David Gerrold, veterano escritor de cuentos y novelas de ciencia-ficción, y autor de varios episodios de series de TV como Star Trek, Babylon 5 y The Twilight Zone. La verdad es que se nota bastante y desde temprano que acá hay un tipo que tiene alguna idea de qué corno quiere hacer con los personajes.
Lo único que no me cerró es la cantidad de páginas que dedica Gerrold a mostrarnos lo jodida que es la amenaza con la que se van a enfrentar los protagonistas en el Vol.3. El resto, sin ser la mega-maravilla, está bien. Hay un buen ritmo, hay momentos fuertes, momentos impredecibles,un par de secuencias oníricas bien aprovechadas, avanza coherentemente la relación entre los personajes, incluso se enfatiza un poco más la arista socio-política de esta academia donde se entrena a chicos y chicas con poderes psiónicos para después usarlos como armas vivientes en una guerra entre imperios recontra-power. Incluso sin manejar la más mínima noción del universo del videojuego de StarCraft (como es mi caso), esta aventura resulta competente, con el atractivo suficiente como para querer leer el Vol.3 sin sentirse un mártir de la causa.
Y como ya señalamos, el dibujo de Heinz Furukawa es muy notable. Logra combinar la fuerte de varios mangakas populares con una narrativa 100% occidental, pero además muy clara, muy dinámica, sin fisuras. El dibujante y su equipo de asistentes (en el que aparecen nombres conocidos como Rocío Zucchi, Wally Gómez, Tomás Aira, Roberto Viacava, Perla Pilucki, Mauro Vargas, Leandro Rizzo, Pablo Churin y el hoy guionista Gonzalo Duarte) no se guardan nada y explotan sobre todo en las escenas mudas, que tienen una fuerza bárbara. Una vez más, la aplicación de los grises es el punto más alto dentro de una faz gráfica que no me canso de destacar. Veremos qué me depara el Vol.3 (y último) de esta serie que arrancó tan mal escrita y mejoró mucho entre el primer tomo y este.
Se impone también cerrar alguna de las series que venía siguiendo, y así es como llegamos al Vol.4 de 36-39 Malos Tiempos, la trágica recreación que hizo el maestro Carlos Giménez de la vida en Madrid durante la Guerra Civil Española. En este último tramo, Giménez aborda el final de la guerra e indaga a fondo en el cambio de status quo que significa la entrada en la capital española de las tropas vencedoras, que son las del bando fascista liderado por Francisco Franco. Como si fuera poco con el hambre y las enfermedades, ahora los sobrevivientes deben enfrentar también la venganza, las represalias del bando al que combatieron hasta donde se pudo y que finalmente se quedó con la manija. Una vez más, Giménez no ahorra crueldades ni sinsabores para los madrileños que lucharon por la República y cayeron derrotados.
Si algo había para criticarle a los tomos anteriores de 36-39 es que las historias que Giménez nos contaba con Marcelino, Lucía y sus hijos se podían contar con cualquier otro grupo de personajes. No había muchos rasgos que distinguieran a Marcelino y Lucía de otros hombres y mujeres de la época, no se profundizaba demasiado en sus personalidades ni se cuestionaban mucho los motivos que los llevaban a tomar esas decisiones y no otras. Pero mirá vos lo que son las cosas: este cuarto y último tomo le da MUCHA más bola a los personajes, los desarrola mucho más. No los pone por arriba de la historia, porque la historia tiene una fuerza dramática devastadora, pero los redondea y los define muchísimo mejor.
Del dibujo de Carlos Giménez ya casi no tiene sentido hablar. El prócer está en un nivel extraordinario, sublime. Incluso con viñetas en las que los bloques de texto tienen mucho protagonismo, incluso sin romper muy a menudo la grilla de seis viñetas de igual tamaño, el creador de Paracuellos te atrapa con su trazo vigoroso, potente, sintético y en menos de dos páginas ya te convence de que eso que estás viendo es LA REALIDAD. Además, pone en juego todos los recursos habidos y por haber para hacerte sentir con una fuerza bestial los climas, los silencios, la expresividad de rostros y cuerpos, y lo más importante: las emociones que viven los involuntarios protagonistas de una de las sagas más desgarradoras que nos dio el Noveno Arte.
Una vez terminada 36-39, Carlos Giménez se tomaría un descanso y se sentaría a acumular premios y reconocimientos, hasta 2012, cuando regresará con otra obra extensa, también basada en hechos reales, pero menos heavy: Pepe, la biografía del gran Pepe González, que nunca leí porque no la tengo (acepto donaciones). Y tampoco tengo sin leer otras obras de Giménez, así que me despido (al menos por un tiempo) de este genio español que con los cuatro álbumes de la magnífica 36-39 me hizo sufrir más que Racing.
Gracias a todos los que se acercaron a saludarme en el evento en La Plata y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.


viernes, 20 de septiembre de 2019

ROCOCO

Rococó no existe. O sea, sí, es un libro editado en 2018, pero no es una serie de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Bajo ese título “genérico”, el libro reúne dos trabajos de la dupla: el extenso Los Viajes de Faustus (de 1996-97) y el más breve Los Trashumantes, que seguro es muy posterior. Ambas obras comparten una estética basada en la Europa occidental del Siglo XVIII y por eso es bastante lógico que se publiquen juntas.
Los Viajes de Faustus es el ejemplo más palpable de eso que varias veces señalamos en otras obras de Mazzitelli: el héroe infalible, siempre ganador, hiper-canchero, que no deja adversario sin humillar ni doncella sin seducir, ni proeza sin realizar, prácticamente si despeinarse, sin transpirar la camiseta y sin cuestionarse absolutamente nada de lo que hace. En las 202 páginas que tiene Los viajes… una sóla vez vemos a Faustus en problemas, tres o cuatro viñetas a merced de un villano al que obviamente vencerá, y que funciona como un gran homenaje al Joker de DC. El resto, todo de taquito, sobrando, como si fuera muy fácil. Lo cual a mí, como lector, me transmite poco, no me llega a involucrar en las aventuras.
Por suerte está la prosa de Mazzitelli, que alcanza niveles devastadores. Yo creo que los autores de literatura le tienen que agradecer al destino que Mazzitelli haya querido ser guionista de historietas y no cuentista o novelista, porque así tienen una chance de ganar alguna vez algún premio. Si Eduardo incursionara en la literatura, llenaría containers con premios Nobel, Cervantes, Hugo, Nébula, los que quieras. Acá además se repite uno de los grandes aciertos que Mazzitelli mostrara en Acero Líquido: hay un villano pensado a largo plazo, que sobrevivirá a su primer encuentro con Faustus. Un villano con origen, con motivación, con desarrollo, todo muy bien trabajado por el guionista… aunque la serie llegará a su fin antes de la revancha entre el Fantoche Ducaterre y el imbatible Faustus. De hecho (y esto es claramente un punto negativo), la saga llegará a su fin en un punto… poco dramático, sobre el final de una “serie dentro de la serie” en la que Faustus recorre siete ciudades y le da baile a siete demonios vinculados a los siete pecados capitales. Evidentemente, ahí quedaban un par de historias por contar, que andá a saber por qué nunca vimos.
A lo largo de estas 202 páginas el nivel de las historias fluctúa bastante, con momentos memorables (como la aventura con el Loco/ Joker, o la conmovedora La Luna de los Desvalidos), pero la prosa que despliega Mazzitelli en los textos y los diálogos se mantiene siempre muy, muy arriba. Y del dibujo de Alcatena, casi ni tiene sentido hablar.
Los Trashumantes se distancia muchísimo de Los Viajes de Faustus. Es una obra mucho más breve (70 páginas) y está concebida no como una serie abierta, que acumula episodios de modo indefinido, sino como una novela. Una novela redonda, compacta, en la que avanza una trama principal, con un personaje que crece, madura, se cuestiiona todo lo que pasa, lo que sabe y lo que sospecha que le están ocultando. Theovald no va por ahí venciendo villanos, sino que Mazzitelli lo pone en el eje de una magnífica línea argumental de intrigas y misterios, que resolverá de modo gradual, armónico, sin guardarse todas las verdades para el último episodio, con volantazos imprevistos que sorprenden al lector. Acá no hay nada librado al azar, es todo un precioso mecanismo de relojería narrativa, repleto de belleza, profundidad, humanidad y sí, algo de aventura entre tanto misterio, romance y runfla política.
También en Los Trashumantes tenemos las mejores páginas de Alcatena, las más jugadas en materia narrativa, donde no sólo te deslumbra la magia de su trazo sino además las decisiones que toma cuando elige cómo mostrar, cómo plasmar en secuencias lo que propone Mazzitelli desde el guión. En Los Viajes de Faustus, Quique delira más, imagina más criaturas extrañas, más palacios fastuosos, más máquinas y monumentos de imponente majestad. Pero en Los Trashumantes retrata mucho mejor la dimensión más humana de los personajes, nos los hace sentir más cercanos, más allá de que todo el contexto sea de una fantasía extrema, desbordante y con un nivel de detalle que sólo un demente podría imaginar.
Para terminar, simplemente recordar que Los Trashumantes estaba inédita en castellano y de Los Viajes de Faustus conocíamos apenas un puñado de episodios, a través de un álbum muy feo que editó Muñones a fines de los ´90.

Nos vemos este finde en La Plata y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

GRAN MIERCOLES

Hoy entre subtes que no andaban y calles cortadas me resultó bastante cuesta arriba moverme por Buenos Aires, pero la vida me recompensó con dos lecturas muy recomendables, dos sorpresas muy gratas.
Tarde pero seguro arranqué con la muy galardonada Chew, una serie que (me acabo de enterar) tuvo 60 issues, recopilados en 12 TPBs. Una bestialidad. De pronto esto que leí y disfruté hace un rato pasa a ser un doceavo de una historia gigantesca y eso me frustra un toque, sobre todo porque no tengo ninguno de los 11 TPBs restantes. Eso me deja un sabor agridulce (trataré de no insertar en esta reseña todos los chistes con comida que se me ocurran), que felizmente no opaca la satisfacción que me produjo la lectura.
El guionista John Layman plantea una situación bastante extrema, derivada de la gripe aviar que causó furor allá por el… ¿2009?, y desde ahí construye una historia que usa como hilo conductor al policial de procedimiento, pero que tiene aristas sobrenaturales, políticas, románticas y hasta cercanas al comic de superhéroes, porque sin dudas lo que tiene Tony Chu es algo así como un superpoder. Básicamente, el protagonista tiene la habilidad paranormal de obtener muchísima información de cada cosa que muerde. Si es una fruta, al toque sabe de qué árbol vino, cuánto tardó en crecer, cuánto pesticida le tiraron… y si es un cacho de carne, cómo era el animal, cómo y cuándo murió, etc.. Y si el animal caminaba en dos patas y hablaba, Tony Chu puede ser el detective de homicidios perfecto. Alcanza con masticar un cachito de cualquier cadáver para saber todos los detalles de la muerte del occiso.
Layman usa este bizarro disparador para involucrarnos en una trama que va ganando en complejidad con el correr de las páginas, bien sazonada (perdón) con un muy buen trabajo de caracterización en los protagonistas, con ingredientes de comedia, a veces cercanos al grotesco, y con diálogos picantes y por momentos groseros, que le agregan frescura y dinamismo al aspecto más protocolar de Chew. El resultado es original, ganchero, y sobre todo promisorio, porque en estos cinco episodios queda claro que lo que nos está contando el guionista es apenas la puntita de algo mucho más ambicioso. El dibujo de Rob Guillory está bien, es muy expresivo, también muy dinámico, y el único problema es que él mismo se colorea y los colores le disputan mucho el protagonismo al trazo. Esto mismo dibujado por Carlos Meglia o Angel Mosquito sería mil veces mejor, pero así como está es más que digno. Espero conseguir en algún momento más TPBs de Chew para seguir explorando esta muy buena historia de crimen, corrupción, amor y morfi.
De mi anteúltimo viaje a Uruguay me traje Q, la primera novela gráfica de Santiago Musetti, un autor joven a quien habíamos visto hace poco en una antología y que resultó una auténtica revelación. Q narra el viaje de Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones a la selva misionera en 1903, en busca de unas ruinas. En realidad las ruinas son la excusa: a lo largo de la novela se descorre el velo y nos enteramos que en realidad Quiroga busca exorcizar el fantasma de un amigo suyo que murió por su culpa. La paz, sin embargo, no va a llegar nunca, y el viaje va a estar signado por el descenso del escritor uruguayo hacia los abismos de la demencia.  
Musetti narra pausado, como cualquier viaje a pie o a lomo de mula por un terreno hostil, y deja la vida a la hora de conjurar climas ominosos, casi perturbadores. ¿Pasa poco a lo largo de 120 páginas? Puede ser, pero está todo contado con una intensidad asfixiante, y con volantazos y sacudones muy bien puestos, que hacen imposible que te aburras. Los peligros de la jungla terminan por resultar una nimiedad al lado de la oscuridad que acecha en la mente de Quiroga y con eso Musetti se hace un festín pesadillesco, febril, pasado de rosca.
El dibujo es sumamente expresionista, un claroscuro a todo o nada que en sus mejores pasajes me recordó al maestro David B.. La reconstrucción de la época es excelente, las texturas, el equilibrio entre blancos y negros, la puesta en página como elemento de manipulación del tempo del relato, todo es realmente imponente. Por supuesto que –como en toda opera prima de un autor que todavía no cumplió 30 años- hay cosas para pulir y perfeccionar, pero sin dudas Q pone a Musetti en un sitial de privilegio dentro de la historieta latinoamericana actual. Un placer descubrirlo y un deber recomendarlo.

Y nada más, por hoy. Este sábado y domingo voy a estar en La Plata Comic Crumb, un evento repleto de luminarias de la historieta argentina, en el Galpón de la Grieta, un hermoso centro cultural de la ciudad de las diagonales. Cópense y pasen a saludar. Obviamente ni bien tenga un par de libros más leídos, los comentamos acá en el blog.

lunes, 16 de septiembre de 2019

LUNES ESPLENDIDO

Por fin tengo un rato para sentarme a escribir las reseñas de los últimos libritos que leí…
Me quedaba por comentar Slay per View, el tercer (y creo que último) tomo recopilatorio de Sinister Dexter editado por DC y 2000 A.D. allá por 2005. Esta entrega ofrece casi 240 páginas de material, casi todo publicado originalmente en el semanario 2000 A.D. durante 1997, en lo que –sospecho yo- habrá sido el pico de popularidad de esta serie creada por el prolífico Dan Abnett.
De nuevo se hacen inevitables las referencias a Pulp Fiction y a Hitman, pero la verdad es que a nivel guiones este tomo no nos brinda ni por casualidad la magia del anterior. Hay pocas historias realmente chotas: la mayoría son un “meh, no está mal”. La mejor es la que da título al libro: en apenas 25 páginas, Abnett conjura una trama espesa, logra crear verdadera tensión, sorprende con la resolución y hasta se anima a hacer avanzar a los personajes por el lado de los vínculos. La historia más extensa, “Mother Lode and the Red Admiral”, tampoco está mal, de hecho tiene varios de los mejores diálogos del tomo, pero el dibujo de Calum Alexander Watt la deja al borde de lo ilegible de tan ramplón y torpe que es. Y la otra aventura atractiva es “Drop Dead Gorgeous”, donde también, en 20 páginas el guionista juega un par de cartas bravas, arriesga y sale bien parado.
Después hay muchas historias cortas, de 8 ó 9 páginas, en las que Abnett ni se propone armar algo asi como una estructura narrativa coherente. Son chistes largos, intentos de satirizar algo, anécdotas intrascendentes, secuencias medio oníricas… todo vale para llenar ocho paginitas en las que seguramente Sinister y Dexter van a boletear a alguien a sangre fría. De estas aventuritas menores y/o en joda, destaco a “Lyrical Bollards”, una farsa demencial con certeros palos al mundo de la poesía y la literatura “de vanguardia”. Además esas 16 páginas son las únicas del libro dibujadas por el descomunal Simon Davis, que en el tomo anterior había aportado muchísimo material de alto nivel visual.
En este tomo por suerte hay poquito Steve Yeowell, ocho paginitas muy locas de Sean Phillips, bastante de un Andy Clarke al que todavía le faltaba un montón, bastante Greg Staples clonando a Simon Bisley a lo pavote y apenas un par de historias cortitas (y con guiones tirando a impresentables) a cargo de Paul Johnson, lejos el pico más alto dentro de una faz gráfica algo despareja. Y no tengo más material de la 2000 A.D. sin leer. Eventualmente volveremos a explorar esa rama del comic británico, pero no sé cuándo.
¿Qué onda los dibujantes argentinos que trabajan para editoriales de EEUU en historietas con estilo similar al manga? Hasta ahora hemos visto poco o nada de esto en el blog, pero cayeron en mis manos los tres tomos de StarCraft: Ghost Academy, un comic de la editorial TokyoPop publicado en 2010 y vinculado (lógicamente) al universo del famoso videojuego StarCraft. Esto está escrito por Keith Decandido y el guión es tan malo que no sé si voy a poder llegar hasta el final del tercer tomo, y mucho menos juntar aguante para reseñar los dos tomos que todavía no leí.
El atractivo que tiene Ghost Academy es, sin dudas, el dibujo de Fernando Heinz Furukawa (FHF), un argentino con padre alemán y madre japonesa. FHF tiene un estilo muy alineado con el manga más comercial, una especie de Masashi Kishimoto un poco más oscuro, o más cargado, con menos tendencia a la síntesis. Esto no es exactamente un manga, porque está contado en sentido occidental y porque el manejo del tiempo narrativo no se parece al de ningún manga, sino más bien al de un comic mainstream occidental. FHF es un dibujante de gran solidez, de gran despliegue. Repite mucho algunos planos, pero sus páginas no se ven estáticas ni aburridas. Y el trazo está claramente potenciado por la aplicación de los grises, que lo levantan muchísimo. FHF trabaja en esta obra con un equipo de asistentes, entre los que están su mujer, la talentosa Rocío Zucchi, Leandro Rizzo, Gabriel Luque y Gonzalo Duarte, que para mí era guionista, pero ahora me entero que también es colorista, letrista y en Ghost Academy trabajó aplicando las tonalidades de gris. Muy notable todo el aspecto visual de este comic, desde el diseño de personajes (que no sé si es 100% original o está tomado de los videojuegos) hasta el laburo a destajo en los fondos.
Lástima el guión, que es realmente paupérrimo, de escasísima originalidad, estirado y reiterativo al recontra-pedo… Posta, cuesta un huevo llegar al final de un tomo de tantas páginas cuando está todo tan mal escrito, tan prendido con alfileres, con personajes definidos con brocha tan gruesa… En una de esas está apuntado sólo a los muy fans del StarCraft, que ya conocen y aman con pasión al universo del videojuego. Lo cierto es que a mí me pareció prácticamente irredimible.

Esta semana seguramente habrá nuevos posteos, acá en el blog. Gracias por el aguante y hasta pronto.

lunes, 9 de septiembre de 2019

ESSENTIAL X-MEN Vol.4

Otro viaje largo y otro Essential que le escapa a la eterna pila de las lecturas pendientes.
Sigo redescubriendo la seminal etapa de Chris Claremont en Uncanny X-Men, ahora en glorioso blanco y negro. El tomo arranca en el medio de una extensa saga en el espacio, que coincide con los últimos numeritos que dibuja Dave Cockrum y el debut del genial Paul Smith. No es ni en pedo la mejor saga de los X-Men, pero Claremont te entretiene con los sacudones que le pega a Carol Danvers, y con el subplot que deriva en la formación de los New Mutants. A partir del nº167 de Uncanny todo sucede en paralelo a ese segundo título y no fueron pocas las veces que tuve ganas de echarle mano a las revistitas de New Mutants y leerlas una vez más.
El Essential incluye también la graphic novel God Loves, Man Kills, un tremendo alegato de Claremont contra el neo-fascismo de la era de Ronald Reagan y la hipocresía nivel Dios de los pastores mediáticos que llenaban las pantallas con verdades sumamente discutibles presentadas como dogmas absolutos. El dibujo estuvo a cargo de Brent Anderson y sí, no sólo se ve anticuado y con poca onda, sino que el traspaso del color directo a blanco y negro tiene menos aciertos que la gestión de Mauricio Macri.
Y después de eso, el tomo se pone bestial: viene el arquito de los Morlocks, la panquequeada de Rogue, el frustrado casamiento de Wolverine y Mariko, el misterio de Madelyne Pryor, el inicio del plot que va a terminar con la formación de la Freedom Force… una idea grossa atrás de otra, salpicadas con la incorporación de un montón de personajes nuevos, muchísimo desarrollo para los que ya estaban (Storm y Cyclops son los que más cambian a lo largo de estos episodios), larguísimas escenas (números enteros) en los que no vuela un sopapo, un lujo atrás de otro. Sumémosle el trazo de Paul Smith, elegante, fluído, potente, expresivo, con momentos de altísimo vuelo en la planificación de la página, y estaremos frente a una etapa realmente memorable de la serie.
Lo más flojo debe ser ese Annual 100% en joda con el Impossible Man, que no se va al descenso gracias a la magia que tira Michael Golden en el dibujo. Acá están las viñetas de Golden que marcarían a fuego a Arthur Adams, un homenaje a Jim Steranko y un montón de secuencias zarpadísimas. Después llega John Romita Jr. a reemplazar a Paul Smith, y empieza el casting para encontrarle un entintador que logre ensamblarse bien con el estilo de esta bestia en ciernes, que ya se parecía poco a lo que había mostrado en Spider-Man, Dazzler y Iron Man. Bob Wiacek (el entintador de Smith) no le encuentra la vuelta, John Romita Padre convierte los dibujos de su hijo en dibujos suyos, Brett Breeding también lo tapa mucho y finalmente será el maestro Dan Green el que se convierta en el complemento ideal de Romita Jr., por lo menos hasta que se vaya a Daredevil y forme equipo con el inigualable Al Williamson.
Entre una cosa y otra, el Essential cubre hasta el nº179 (marzo de 1984), o sea que me queda por delante por lo menos un Essential más antes de que Uncanny se empiece a empantanar con crossovers medio falopa y empiece a cambiar de dibujante cuatro veces por año. Estos son años de gloria para la serie insignia de lo mutantes, con un guionista que no sólo te entretenía, sino que te dejaba pensando, te bajaba línea y no paraba nunca de abrir nuevos plots y subplots para tenerte todo el tiempo recontra-adicto a la serie. Hoy que estamos todos al hiper-palo con el relanzamiento del maestro Jonathan Hickman, no está mal bajar un cambio, mirar un toque para atrás y volver a maravillarse con las proezas ochentosas de un Chris Claremont hoy bastante olvidado, pero que hace 35 años estaba en un nivel superlativo, muy a la vanguardia de lo que era el mainstream superheroico de esa época.
Tengo más Essentials de X-Men sin leer, pero los cuelgo hasta el año que viene, para no aburrir.

Gracias a todos los que se acercaron a saludar en la Universidad de Palermo y en el Docta Comics, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.