el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 3 de mayo de 2016

CAPTAIN AMERICA: CIVIL WAR

Gran película. La verdad que fueron 148 minutos disfrutables de punta a punta. Otro gran acierto de Marvel, que la recontra-pegó al confiarle a los hermanos Anthony y Joe Russo la secuela a la muy notable Winter Soldier.
El título es medio mentiroso. Sí, al igual que en la famosa miniserie de Mark Millar, las autoridades “terrenales” tratan de supeditar a los Avengers a una especie de control o supervisión, y algunos aceptan y otros no. Pero el conflicto grosso no pasa tanto por ahí, sino por el Winter Soldier. Y enseguida nos tenemos que remitir al TPB que comentamos allá por el 04/04/13. En aquella saga, Ed Brubaker nos planteaba hasta qué punto el Winter Soldier es responsable de las atrocidades que cometió cuando su mente estaba controlada por los capos del espionaje soviético. ¿Merece Bucky ser castigado, o lo más lógico es considerarlo una víctima? Básicamente de eso se trata esta película y el hecho de que los guionistas abreven mucho más en el Captain America de Brubaker que en la Civil War de Millar es –sin dudas- una excelente noticia.
Pero además esta es una película de desarrollo de personajes, la que se anima a ir más lejos que ninguna otra en la indagación de las personalidades y las motivaciones de los Avengers. Porque no están ni Thor ni Hulk, pero esta es una peli de los Avengers. Y es realmente meritorio lo que hacen Christopher Markus y Stephen McFeely para sumarle profundidad a Scarlet Witch, Vision, Falcon, Hawkeye y el resto. Obviamente hay machaca a granel, pero lo más importante es eso: el desarrollo de personajes.
Por el lado de los recién llegados, Ant-Man la rompe, Spider-Man promete muchísimo y Black Panther pela una chapa infinita y es uno de los personajes más trabajados y mejor tratados por los guionistas. Además equilibra un poco la balanza para el lado de la seriedad, porque Ant-Man, Spidey, Tony Stark y Falcon te vuelven loco tirando chistes en todo momento, incluso cuando la mano se pone muy heavy.
Otro logro importante de la película es que banca la consigna hasta el final. No está la escena en la que el Capi y Iron Man recuerdan que los dos tenían un hamster llamado “Stinky” y deciden dejar de pelear para formar equipo contra el villano (ya vamos con él). Acá la guerra a la que hace alusión el título va a fondo y no hay chances de una reconciliación. Cuando parece que eso puede llegar a darse, el guión pega un giro magnífico e impredecible y la grieta entre Steve y Tony se vuelve a profundizar.
Y eso es en buena medida mérito del villano. Un villano al que le queda muy grande el nombre. Si sos fan de Marvel, escuchás ese nombre y se te hiela la sangre. Acá ese nombre lo porta un Juan Carlos Nadie que quizás más adelante haga méritos para estar a la altura, pero por ahora es eso: un tipo común, con la suficiente astucia y los suficientes recursos como para lograr algo que pocos villanos lograron: llevar a los Avengers al borde de la extinción por un bolonki zarpado entre ellos.
La película tiene un ritmo increíble, grandes peleas, diálogos brillantes, efectos especiales de la hiper-concha de Dios, flashbacks tremendos, cultivo de plots a futuro y sobre todo un dilema moral espeso, un conflicto que va más allá de Buenos contra Malos (o contra otros Buenos), que obviamente no se puede resolver a las trompadas, sino mediante la reflexión y el esfuerzo por ponerse en el lugar del otro. Por ahí alguno criticará que el protagonismo está muy repartido entre varios personajes y no recae tanto en el Capi América como el título parece indicar. Y un poco de razón tiene. Si la peli se titulaba Avengers: Civil War también valía, aunque claro, no están ni Hulk ni Thor.
Pero detalles al margen, es una película entretenidísima, vibrante, emotiva, que saca muchísimo provecho de todo lo bueno que Marvel Studios supo construir a lo largo de estos últimos ocho años y que –como varias de sus antecesoras- te deja pidiendo más. Salís del cine y vas derecho a internet a chequear por enésima vez el cronograma de estrenos, para ver cuánto falta para reencontrarnos con Iron Man, Ant-Man, Black Panther o el que sea que tenga la oportunidad de retomar en una próxima película alguna de las muchas puntas que abre esta.
Ah, como pasa (felizmente) cada vez que se estrena una película ambientada en este gigantesco tapiz conocido como el Universo Cinemático de Marvel, si no viste las anteriores te vas a encontrar con 85.000 cosas que no vas a entender. Y con otras 85.000 que, aunque no hayas visto nada y no sepas una chota de los personajes de Marvel, te van a emocionar.

jueves, 28 de abril de 2016

DOS ANTOLOGIAS

Ya se me había pasado un poco el vicio de comprarme todos los años el libro de The Best American Comics, pero me quedaba un hueco en la colección: me faltaba el tomo de 2007, que era medio la figurita difícil, supongo que porque el coordinador era Chris Ware. Finalmente lo conseguí, y en un par de días me lo liquidé.
Me animo a decir que es el más flojo de los Best American Comics que leí. Por un lado, me la baja lo obvio: los fragmentos de obras más extensas. Acá hay muchas páginas de Fun Home (de Alison Bechdel, ver reseña del 07/05/10), muchas de Shortcomings (de Adrian Tomine, ver reseña del 17/04/11) y otras tantas de Black Hole, de Charles Burns. Ah, y unas paginitas de Wimbledon Green (de Seth, ver reseña del 27/09/14). Eso por nombrar sólo obras que yo ya había leído, porque el libro también ofrece fragmentos de otras obras más largas que no conocía y que me convencieron poco y nada. También había leído en revistitas la historieta de Beto Hernández, la brillante Fritz After Dark.
Y después me encontré con algunas cosas copadas que no conocía: lo más gracioso del tomo es una historia corta de Robert Crumb y Aline Kominsky-Crumb, dibujada a cuatro manos, como los Dirty Laundry Comics que vimos el 18/03/16. También me divertí mucho con No Midgets in Midgetville!, de Kim Deitch, un autor con el que generalmente me cuesta conectar. Y con la historia corta de Art Spiegelman, que en apenas cuatro páginas da una cátedra de autobiografía. La otra pulenta del libro son las páginas (apenas once) del maestro Ben Katchor, genial como siempre. Y entre el material decente, que zafa decorosamente, rescato las páginas humorísticas de Ivan Brunetti y el extenso relato de Dan Zettwoch acerca de la inundación que sumergió a Louisville en 1937.
El resto se divide en cuatro categorías: a) virtuosos sin alma, b) tipos y minas que dibujan más o menos bien pero no tienen nada para contar, c) tipos y minas que cuentan cosas más o menos interesantes pero dibujan para el orto y d) crotos impresentables que se las dan de rupturistas o de poetas del comic y no tienen la más puta idea de guión, dibujo y narrativa. Son muchos nombres y el libro les dedica muchas páginas a estos muchachos y chicas, algunos de los cuales tienen trabajos mejores seleccionados en los tomos posteriores de esta colección y otros realmente no tienen forma de figurar en nada que se llame “The Best…” nada.
Para completar, ya estoy cerca de terminar de leer todo el material editado en Argentina durante 2015 y de ese pilón saqué otra antología, el Vol.4 de Quimera. De ahí me gustaron el guión (no tanto el dibujo) de Mauro Bueno, el clima del unitario de Leonel Palermo y Pablo Ayala (que tiene bastante para mejorar en cuanto al dibujo) y dos historietas que me cerraron a todo nivel: el unitario de Roberto Barreiro y César Carrizo (muy ingenioso y estéticamente muy estimulante) y el de Alejandro Aragón, acá mucho mejor que en trabajos suyos que había visto anteriormente, con buen ritmo, buenos diálogos, buenos climas y personajes con los que me gustaría reencontrarme en futuras historias. Complementan un informe sobre el mítico fanzine Kapop! y una entrevista a Renzo Podestá que no explota del todo el impacto que suelen tener las declaraciones del ídolo cuando ve un micrófono cerca. Pero en general, lindo número de esta publicación rosarina.
Para la próxima prometo avanzar un poco más con el material argentino editado en 2015 que me queda pendiente, que ya es muy poco. Mientras tanto, te cuento que el sábado 7 de Mayo voy a estar con una mesa repleta de papa fina en la feria Rocketbooks (Francisco Acuña de Figueroa 1264, de 14 a 19 hs.), los días 14 y 15 voy estar con mi mesa en Dibujados (Teatro Mandril, Humberto Primo 2758) y el finde del 28 y 29 voy a estar en Montevideo Comics, el evento comiquero más power de esa hermosa ciudad. Obviamente en la web hay data mucho más completa de cada una de estas movidas. Gracias y hasta pronto.

miércoles, 20 de abril de 2016

CUATRO TEAM-UPS ARGENTINOS/ EXTRANJEROS

Hoy tenemos un post temático, centrado en cuatro trabajos de sendos dibujantes argentinos, en equipo con cuatro guionistas de cuatro países distintos.
Arranco con el Vol.1 de Dan the Unharmable, escrito por el maestro David Lapham y dibujado por Rafael Ortiz, hoy radicado en Francia. Esto tiene varias características típicas del sello Avatar: tetas, gore y un dibujo realista, a veces un poco frío. Pero lo interesante, lo distinto, es que se trata de una comedia, una aventura en joda, con tiros, persecuciones, piñas, explosiones, garches y violencia desmedida. Me hizo acordar bastante a Lobo de Alan Grant, o a Dicks de Garth Ennis. La trama está bien llevada, no está ni estirada ni apretada y tanto el protagonista como algunos secundarios están muy bien trabajados por Lapham desde el guión, que cumple los objetivos de shockearnos en algunos pasajes y arrancarnos una carcajada en otros. No es una obra trascendental, se puede vivir perfectamente sin leerla jamás y de hecho no creo que me caliente demasiado en buscar los tomos posteriores. Está bien para pasar un rato y para apreciar la notable evolución de Ortiz que hoy –cuatro años después de Dan the Unharmable- dibuja infinitamente mejor que en estas páginas.
Aram el Armenio es una colaboración entre el español Abel Alves y nuestra Majox, publicada el año pasado por el sello uruguayo Dragón Comics. Se trata de una aventura simple, clásica, con buenos y malos, ambientada en la época del genocidio armenio, cuando los llamados “Jóvenes Turcos” decidieron que los armenios eran una raza inferior e indeseable y los empezaron a matar sistemáticamente. Alves maneja muy bien la data histórica y sabe aplicarla a una historia chiquita, para que funcione como marco y no como reemplazo del guión. Majox se luce en las expresiones faciales y corporales y cuida muchísimo el verosímil en una notable recreación de edificios, uniformes, armas y vestidos de hace 100 años. La complementa muy bien el color de otra argentina, Lara Lee, a quien vimos el 12/08/15 coloreando a su novio, Carlos Aón. Pese a algunos puntos en común, Aram el Armenio no va a ser nunca Maus principalmente porque es mucho más breve (70 páginas) y porque elige contar una epopeya casi unipersonal, por encima de la crónica de la época y de la bajada de línea, que también están y están muy bien puestas.
Otra historieta basada en hechos reales es Tupamaros: La Fuga/ 1971, obra del guionista uruguayo Roy y la dibujante mendocina Lauri Fernández, la misma dupla de Regulación 0.75 (ver reseña del 03/01/15). Este trabajo tiene el atractivo de ver a Lauri sumar el color a su arsenal de recursos expresivos. El dibujo está muy bien de punta a punta del libro, y el guión… es interesante. Roy elige no bajar línea política y concentrarse en lo insólito, lo asombroso, lo hollywoodescamente espectacular de la fuga masiva de presos (políticos) del penal de Punta Carretas. A los hechos que son de público conocimiento (sobre todo si sos uruguayo), Roy le suma muy buenos diálogos y se las ingenia para darle dinamismo a algo tan parsimonioso como unos presos que cavan un túnel durante meses, con la mayor de las carpas para que no se aviven los guardias de la cárcel. Si sos fan de Pepe Mujica, acá lo vas a ver joven y en un rol muy distinto al habitual.
Y termino con un team-up entre el británico Peter Milligan y el rosarino Leandro Fernández, publicado por Vertigo entre 2014 y 2015. The Names tiene bastante de thriller financiero (ese extraño subgénero tan popular en Francia) pero además tiene machaca de alto impacto, con tiros en la cara, patadas, piñas y cuchillazos a granel. Y un elemento fantástico: una especie de virus informático que cobra vida y empieza a atacar a los programas que usan los capos de la timba financiera para mover fortunas en el circuito de los bancos, las bolsas de valores y las cuentas ocultas en paraísos fiscales (no sé si te suenan). La trama involucra a asesinos seriales, comandos paramilitares, un pibe genio cuyo cerebro opera con una lógica 100% matemática, una mujer que fingió su muerte para insertarse en el (oscurísimo) corazón de la matufia financiera y una chica entrenadora de crossfit y experta en artes marciales dispuesta a desentrañar y vengar la muerte de su marido. Es una historieta muy ganchera, en la que pasan cosas fuertes todo el tiempo, con ideas muy atractivas, un enfoque muy original (no esperábamos otra cosa de Milligan), un clima de aventura recontra-vibrante y excelentes dibujos de Leandro. Y re-da para continuarla, aunque ahora la dupla está con otro proyecto en Image.
Para la próxima, prometo entrarle a las últimas publicaciones aparecidas en Argentina en 2015. La seguimos pronto.

domingo, 10 de abril de 2016

ACA ESTOY DE VUELTA

Hacía varios días que tenía ganas de postear en el blog, pero por una cosa u otra lo venía postergando. Pero bueno, ahora estoy tranqui en casa, falta una hora para el partido de Racing, así que vamos con las reseñitas que tenía pendientes.
Ya mencionamos alguna vez que una de las tendencias más interesantes del 2015 fue que se publicara en Argentina bastante comic europeo. En esa tendencia se inscribe Grotesque, hermosa edición en libro de una historieta del italiano Sergio Ponchione, que se conoció primero como una miniserie de tres comic-books en Fantagraphics y después se editó con éxito en Italia. Sin ser Historieta Perfecta, Grotesque tiene un montón de puntos a favor: la originalidad, la forma en que se construye el misterio, el vuelo poético y hasta metafísico de las ideas, los distintos niveles del relato, la forma extraña y eficaz de combinar todo esto con la aventura… Alguna vez alguien comparó a Grotesque con la Doom Patrol de Grant Morrison y coincido bastante: son bichos de la misma especie. En la faz gráfica tenemos a un Ponchione inspiradísimo, que impacta con su manejo del trazo, de las texturas y la aplicación de los grises, en un estilo que nos remite a genios como Elzie Segar, Victor Moscoso, Basil Wolverton, Giorgio Carpinteri y Ralph Reese. Más la impronta personal del propio Ponchione, que va mucho más allá de reciclar yeites de los maestros ya enumerados. Grotesque te propone una experiencia de lectura intensa, limada, repleta de sorpresas y giros que jamás te ves venir, como corresponde a un gran comic de perfil 100% autoral, imposible de encasillar.
Después de publicarse en Facebook y en una revista uruguaya, llegan al libro las historietas con las que Gustavo Sala abordó el tema del amor. Recopiladas con el título de El Amor Enferma, acá tenemos más de 80 historietas de una sóla página (casi siempre dividida en cuatro viñetas) en las que el creador de Bife Angosto afloja un poquito con los rockeros hechos mierda, las mutaciones bizarras y las porongas que hablan, para incorporar a su repertorio la siempre vigente temática del amor. Celos, obsesiones, amores no correspondidos, rupturas, ausencias, amores no asumidos… De todo eso y mucho más, Sala saca un jugo muy rico, porque lo combina con sus habituales dosis de delirio, grosería y mala leche. No te digo que lloré de risa como con otras obras del ídolo marplatense, pero me encantó verlo agarrar para otro lado (el detalle de que todos los personajes sean animales antropomórficos es genial) y aluciné con el dibujo, gracioso, sólido y muy bien resuelto en espectacular blanco y negro. Muy recomendable y muy regalable a minitas que no consumen el material más extremo de Gustavo.
Ya cerca de terminar de leer todo lo que se publicó en Argentina en 2015 (o por lo menos lo que me llamó la atención), le entré al Vol.10 de Términus, donde me encontré con buenos trabajos de Fernando Baldó, Bruno Chiroleu, Diego Simone (que reversiona un cuento al que Carlos Giménez ya había convertido en una historieta perfecta), la tríada Barreiro-Ferrúa-Santana, Gastón Flores y Sergio Tarquini, Iñaki Aragón y Pato Delpeche, y a riesgo de ser injusto, quiero destacar dos historietas por sobre el resto: la de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro (el nuevo dibujante de las Teenage Mutant Ninja Turtles) y la historia muda de Rafael Ortiz (del que estoy por empezar a leer uno de sus trabajos para Avatar). Las dos tienen como ancho de espadas una calidad de dibujo asombrosa, pero además tienen buenos guiones y excelentes ideas a la hora de plantear la narrativa.
Y ya está. Tengo leído un libro más (de dibujante argentino y guionista inglés), pero lo aguanto para la próxima tanda de reseñas. Nos seguimos leyendo, y viendo por YouTube en el canal de Comiqueando, que está en https://www.youtube.com/channel/UC5_90mASHzDLxhDVQgAHGQw. Ahí te podés suscribir para no perderte ninguno de los videos que vamos subiendo. ¡Arrivederci!

miércoles, 30 de marzo de 2016

OTRA VEZ DE A CUATRO

Vuelvo a la modalidad de comentar cuatro libros en la misma entrada del blog, esta vez con dos argentinos y dos yankis. Empiezo por los locales.
¿Qué He Ganado con Quererte? es una novela gráfica escrita por Alejandro Farías, ambientada en Montevideo en 1962. La protagonista es una chica que hace historietas (no sé si había historietistas mujeres en Uruguay en esa época) que se obsesiona con la vida del escritor (y músico) Felisberto Hernández. La chica encuentra inspiración para crear una historieta que rompa los moldes de los géneros clásicos en los escritos de Hernández e incluso en notas y borradores que le roba del tacho de basura o directamente de su estudio. Toda esa parte (en la que tiene bastante peso la biografía de Felisberto) no es muy interesante, pero el guión levanta mucho cuando Farías se concentra en los vínculos entre el escritor y una red de espías soviéticos involucrados en la crisis de los misiles que tuvo en vilo a Cuba, EEUU y buena parte del mundo en aquel 1962. Lástima que son las últimas 20 páginas, nomás. El dibujo del uruguayo Junior Santellán, bastante limitado en un montón de aspectos, tampoco ayudó a que la novela me sedujera.
Mucho mejor me fue con Chica Alien, lo nuevo del increíble Nicolás Brondo. Se trata de una historieta descontrolada, provocadora, transgresora, una sinfonía punk en la que reinan la anarquía, el kilombo y los chistes subidos de tono. Por mensaje, por ritmo, hasta por estética, Chica Alien se podría haber publicado tranquilamente en El Víbora. De hecho, por momentos (cuando mete pocas masas negras) el dibujo de Brondo me hizo acordar mucho al de Enric Rebollo, un autor emblemático de los últimos años de la mítica antología de La Cúpula. Pero hay mucho más en el grafismo de este virtuoso del dibujo: hay Jamie Hewlett, hay Ted McKeever, por momentos el trazo se hace más realista, por momentos más caricaturesco. Si el ritmo del guión no da respiro, el del dibujo no se queda atrás. Y la narrativa también ofrece una montaña rusa de emociones. Lo bueno es que, por detrás de los chistes, la machaca y el vértigo, hay una bajada de línea notable y un magnífico desarrollo de personajes. Esto es pulenta de verdad.
Me quedaba un TPB finito para terminar el Winter Soldier de Ed Brubaker. Este tomo retoma lo que sucedía en el anterior, pero con Butch Guice como dibujante. Un muy buen Guice, hay que aclarar, con varios cambios de estilo y homenajes a muchos dibujantes distintos (Gene Colan, Jim Steranko, Bill Sienkiewicz), y con una puesta en página zarpada en originalidad y dinamismo. El guión (repleto de acción y de diálogos excelentes) está muy bien, aunque Bucky queda muy eclipsado por las apariciones de Daredevil, Hawkeye, Wolverine y el Capitán América. Y además todo el arco gira en torno a su relación con Black Widow, que es el personaje en el que más indaga Brubaker. El giro del final es tremendamente cruel, y está ahí para que otros guionistas puedan manejar a Natasha con total libertad, despegada de ese rol de “novia de Bucky” que vimos acá y en la etapa anterior de Captain America. Grossa despedida de Brubaker y Guice de esta breve colección, luego reeditada en un único tomo, que es el que conviene comprar.
Y me bajé también el Vol.3 de East of West, cuyo Vol.2 leí hace justo un año, el 29/03/15. No me quiero extender, porque es al pedo, la verdad que lo que señalé en las reseñas anteriores se aplica perfectamente a esta. Jonathan Hickman está llevando adelante la más interesante, compleja y ambiciosa de sus obras creator-owned y eso alcanza y sobra para bancar a muerte esta serie. Por si faltara algo, el dibujo de Nick Dragotta no para de mejorar. East of West es un festival de ideas brillantes (algunas parecen conceptos de series fumancheras de la Metal Hurlant mejor desarrollados), personajes zarpados, rosca política, misticismo, ciencia-ficción, machaca sangrienta, profecías ominosas y la capacidad de asombrar todo el tiempo, incluso a los lectores ya muy curtidos, con giros alucinantes que jamás te ves venir. Una gloria y a la vez una adicción.
Hasta acá llegamos por hoy. Nos reencontramos pronto.

martes, 22 de marzo de 2016

BATMAN vs. SUPERMAN: DAWN OF JUSTICE

Primero, lo más importante: esta película no sólo es secuela de Man of Steel. Incluso arranca antes de que termine Man of Steel. O sea que si odiaste esa peli (reseñada en el blog el 11/06/13), ni se te ocurra ir a ver esta.
La verdad es que BvS:DoJ no es brillante. Se hace muuuy larga (dura 153 minutos que parecen 500) y se pone realmente buena en el último tercio. Pero tampoco está mal. Tiene momentos emotivos y sacudones totalmente impredecibles incluso en esos dos primeros tercios en los que la aventura parece no arrancar nunca. En algún momento, Zack Snyder desata el nudo gordiano y la película despega hacia un festival de machaca, destrucción y muerte realmente impactante, intenso, con todos los elementos épicos que tiene que tener una peli de superhéroes.
Lo más flojo de BvS:DoJ es cómo le cae a Batman la ficha de que Superman no es malo. Pero claro, ni bien sucede eso, la peli cambia de rumbo y empiezan esos últimos 35 minutos que justifican por sí solos el valor de la entrada. Hasta llegar a ese punto, pareciera que Superman se enfrenta a dos villanos medio pelo, dos gansos que –por distintos motivos no del todo sólidos- se dedican a hacerle la vida imposible: Luthor y Batman. Por suerte, los buenos terminan por armar el team-up que todos esperábamos y ahí agarrate, porque estalla el cine.
Me gustó mucho este Batman cuarentón que propone Ben Affleck, muy curtido, sin reparos a la hora de dispararle con munición gruesa a los comandos paramilitares con los que se enfrenta. Me cerró también el Luthor de Jesse Eisenberg, histriónico, sacadito, al límite del desequilibrio mental. Wonder Woman… y, qué sé yo… está tan cambiada, la interpretación del personaje se parece tan poco a cualquiera de las que vimos en los comics, que si le ponían otro nombre (Warrior Queen, ponele) nadie iba a decir ni mu. Hay brevísimas apariciones de Flash, Aquaman y Cyborg, como para cebarte con futuras pelis, pero son apenas cameitos, escenas mínimas. Y aparece otro villano grosso, al que no se puede nombrar para no spoilear.
Otro giro muy logrado es la forma en que el guión resuelve uno de los conflictos que quedaron picando de Man of Steel: el debate acerca de si Superman es responsable o no de la muerte y la destrucción causados en la batalla contra Zod y los genocidas de Krypton. Eso engancha con el final, que es asombroso e impredecible y abre un montón de puntas para las secuelas.
Más allá de si te gusta o no el casting, o si te cierran o no algunas volteretas que pega el guión, lo que me parece definitivo a la hora de recomendarte o no que la vayas a ver es si te fumás dos horas y media de oscuridad, violencia y solemnidad. Esta es una película densa, seguramente menos retorcida que The Dark Knight, pero tremenda en cuanto al contenido de sangre, torturas, destrucción y muerte. El único que calza un chiste cada tanto es Perry White, y también hay una sana cuota de ingenio y picardía en los diálogos de Luthor. Pero al lado de cualquier peli de Marvel, esto es un velorio.
¿Guiños comiqueros? Hay algunos, pero no son tan relevantes. Seguramente lo que le va a dar tema de discusión ad infinitum a los nerds más extremos es la “continuidad” de Batman. ¿Es el Batman de la trilogía de Christopher Nolan? ¿Es otra versión del personaje cuyo pasado desconocemos? Yo me inclino más por lo segundo.
Para mi infinita alegría, tenemos una peli más sin que aparezca el detestable Jimmy Olsen, y para mi infinita decepción, el guión le da demasiada bola a una Lois Lane que –está científicamente comprobado- sólo sirve para meter en kilombos a Superman. Al final se van al descenso dos personajes importantes (ni en pedo te revelo quiénes son), pero la boluda de Lois zafa una vez más de una muerte que tiene recontra-merecida casi desde Man of Steel.
Repito: BvS:DoJ no me pareció ni una joya ni un embole. Pago gustoso el valor de la entrada sólo por esos últimos 35 minutos que son un despelote visual y narrativo a todo o nada, imposible de olvidar y muy difícil de superar.

viernes, 18 de marzo de 2016

ESTA VEZ SON TRES, NOMAS

Sigo bajando el pilón de lecturas pendientes, pero despacito, sin cebarme.
Arranco con The Complete Dirty Laundry Comics, un recopilatorio de 1993 que reúne las historietas autobiográficas escritas y dibujadas a medias por el glorioso Robert Crumb y su esposa, Aline Kominsky-Crumb. Las historias arrancan cuando Crumb y Aline eran apenas “transa” y terminan con ellos casadísimos, con una hija y ya radicados en Francia. En total, son casi 20 años en la vida de esta pareja convertidos en historietas muy locas, basadas en la realidad, pero condimentadas con sexo, humor y delirio que –uno supone- trascienden lo rigurosamente biográfico. Robert y Aline se dibujan ellos mismos en cada viñeta. Es decir que dibujan a dos manos, y sus estilos conviven dentro de un mismo espacio. Obviamente, al arrancar a principios de los ´70, tenemos a un Crumb gráficamente muy maduro, que no deja el menor detalle ibrado al azar. Y Kominsky, pobrecita, dibuja como puede, con tropiezos notorios, cambios abruptos en el estilo y hasta problemas en el rotulado. Por suerte los diálogos son geniales… y hay muchos dibujos de Crumb. No sé si existe otro caso en el mundo de una pareja que haya co-dibujado un comic autobiográfico y 100% en joda a lo largo de tantos años (de hecho, hay historietas de cinco o seis páginas que tardaron añares en ser terminadas), por lo cual banco a Dirty Laundry. Por eso y porque me reí mucho y disfruté a full con los dibujos del viejo Bob.
2015 fue un año funesto para la editorial cordobesa Llanto de Mudo: en pleno festejo de sus 20 años, falleció imprevistamente su fundador y alma mater, el editor y guionista Diego Cortés. Sin embargo, sus adláteres siguieron adelante con uno de los planes más ambiciosos del Diegazo: una antología de historieta de casi 200 páginas con historias cortas de decenas de autores grossos de los que publicaban (o estaban por publicar) en la editorial del chancho. Antología Historieta ofrece 55 relatos cortos (algunos de una o dos páginas) y resulta imposible enumerar a todos los artistas que aportaron sus trabajos. Destaco las historietas de Roy y Lauri Fernández, la de Lubrio, la de Rodrigo López, la de Pedro Mancini, la de Roberto Von Sprecher y Nacha Vollenweider, la de Jok, la de Gastón Souto, la de Diego Parés, la de Dante Ginevra, la de Ariel López V., y varias más donde se lucen o los dibujos o los guiones. Llanto de Mudo cerró formalmente el mes pasado, pero nos dejó miles de páginas magníficas, escritas y dibujadas por una horda de artistas locales que supieron marcar el pulso de la historieta argentina actual. En Antología Historieta eso queda obscenamente claro y eso es lo que la convierte en un libro indispensable, además de ser un tremendo homenaje a la figura de Diego Cortés, gigante por donde se la mire.
Y termino con la reedición en un único tomo de las tres sagas que componen Crónicas del Tiempo Medio, una obra de Emilio Balcarce y Juan Zanotto que empezó a salir en la Skorpio a fines de los ´80 y gracias al éxito, tuvo un par de secuelas. La edición, a cargo de Deux, es lastimosa. La portada se desintegra con sólo rozarla, la encuadernación es pésima, la impresión tiene varios manchones y borrones y el diseño gráfico es abominable. Una lástima, porque la historieta está buena, envejeció con bastante dignidad, sobre todo la primera parte, que es la más extensa. La segunda es una secuela bastante predecible y la tercera pega un volantazo tan brutal que convierte a la serie en algo que no se parece casi nada a las dos primeras partes. Básicamente, tenemos una ambientación de ciencia-ficción post-holocausto utilizada por Balcarce para narrar una historia bélica, donde las aventuras de los buenos giran en torno a una guerra entre dos facciones de los malos. Una más garca, otra un poquito menos, pero las dos peligrosísimas para este puñado de humanos que resiste a todo. Hay persecuciones, tiros, explosiones, mutilaciones, torturas y –para aprovechar lo bien que dibujaba Zanotto a las minitas- un erotismo muy subrayado desde el guión, a pesar de que lo que efectivamente se muestra es más bien poco (una orgía en la que no se ven genitales, sin ir más lejos). Crónicas del Tiempo Medio es una aventura fuerte, violenta, con muchos homenajes al cine, bastante desarrollo de personajes, un puñado de ideas muy interesantes y excelentes dibujos. Falla un poquito en el ritmo, muy lastrado por la estructura episódica y por las extensas secuencias en las que los personajes se detienen a explicarse unos a otros qué corno está sucediendo, cómo funciona este mundo devastado, qué planean los malos, etc.. Pero está muy bien, tiene bien ganado su status de Clásico.
Cierro acá, no sin antes invitarte a visitar el canal de Comiqueando en YouTube, donde ayer empezamos a subir videos: www.youtube.com/channel/UC5_90mASHzDLxhDVQgAHGQw
La seguimos pronto.

viernes, 11 de marzo de 2016

VAMOS CON OTRAS CUATRO

Sigo acumulando lecturas, siempre en el intento de bajar la pila de publicaciones que aparecieron en Argentina durante esa increíble (y capaz que irrepetible) segunda mitad de 2015.
Zoila Zombie es un muy digno entretenimiento para chicos de hasta 9 años, escrito y dibujado por Lubrio. El libro reúne un montón de historias cortas y es de una factura alucinante en cuanto a tamaño, calidad de papel, de impresión y lucimiento del color. Los personajes están bien definidos, las aventuras… algunas son más graciosas que otras, y donde está logrado el equilibrio es en el esfuerzo de Lubrio por meter elementos bizarros de cine Clase B, sin llegar al punto de asustar heavy a los más chicos. El estilo de dibujo nos remite de inmediato a los cartoons de principios de los ´60, de Hanna-Barbera o de la UPA, al punto que uno se imagina estas historietas impresas en el formato y el papel de las viejas revistas de la editorial Novaro. Si estás pensando en historietas para regalarle a nenes o nenas que recién empiezan a interesarse por este tipo de narrativa, Zoila Zombie es una gran opción.
Eldritch es el primer lanzamiento del nuevo sello Le Noise y también el primer libro de Mariela Viglietti. En total contiene tres historias cortas que se podrían entroncar en el género de la dark fantasy. Son historias sombrías, con mucha elaboración en los climas y un gran protagonismo de los elementos sobrenaturales. Viglietti ensaya, en sus primeros trabajos, algo que uno aconseja a los autores hacer recién cuando ya están muuuy cancheros, muy afianzados en sus respectivos estilos y pertrechados con un arsenal narrativo como para destruir al Imperio Shi´ar: narra las tres historias sin usar ni una sola palabra y en dos de las tres historias trabaja de punta a punta con una grilla fija (la Gran Watchmen) que prácticamente no rompe nunca. Desafíos muy difíciles para una opera prima, con resultados bastante buenos sobre todo en la tercera y última historia, que es la que mejor fluye, la que más me atrapó. Al dibujo todavía le faltan unos pequeños ajustes en la anatomía, pero tiene fuerza, expresividad y un gran manejo de los grises. Espero atento el próximo trabajo de esta autora.
Desde hace ya unos cuantos años, el inmenso Diego Parés jerarquiza con su Humor Petiso la página de humor del diario La Nación. Este esperadísimo primer recopilatorio (editado por Edhasa) acierta en TODO: en el tamaño, en la calidad de papel e impresión, en los chistes ampliados por Diego para ocupar el 100% de la página, en el fluir de los temas y sobre todo en la selección del material que es todo de primera. Posta, es un libro para reirse sin parar con unos 150 chistes donde el promedio de genialidades es altísimo. En Humor Petiso, la consigna de Parés pareciera ser revisitar los clásicos temas del humor gráfico “de antes” y es increíble la cantidad de nuevas vueltas de tuerca que le encuentra el ídolo a los chistes de náufragos, de ladrones, de suegras, de psicólogos y de jefes que maltratan empleados. Un libro maravilloso, fundamental, del que quiero infinitas secuelas.
Un ya lejano 07/11/14 me tocó reseñar el Vol.1 de Lazarus, la serie que publican en Image los maestros Greg Rucka y Michael Lark, secundados en el color por el versátil Santiago Arcas. Tarde pero seguro me clavé el Vol.2, que es espectacular, pero tiene dos problemas: Rucka escribe poco, trata de narrar todo con la menor cantidad posible de diálogo, lo cual hace que el tomo se lea muy rápido. Y Lark afana demasiado de fotos, renuncia bastante a su estilo personal para parecer un Juan Carlos Flicker más. Obviamente el talento se le nota aunque lo quiera esconder, pero me hubiese gustado ver más de su grafismo más propio. El resto sigue muy arriba: la construcción del universo, los flashbacks al pasado de la protagonista (Forever Carlyle), el desarrollo de los subplots y la calidad, el pulso certero de los diálogos y los bloques de texto (aunque sean pocos). Esta es una serie repleta de ideas y conceptos novedosos e interesantísimos y la banco hasta donde llegue, caiga quien caiga.
Tengo más libros leídos, pero encanuto para la semana que viene. La seguimos pronto.

miércoles, 2 de marzo de 2016

LISTO PARA VOLVER

Bueno, acá estoy de vuelta… Estoy evolucionando muy bien después de la cirugía, no descartamos la posibiidad de que tenga healing factor, como Wolverine. Y además aflojó un toque el calor, que era algo que me sacaba por completo las ganas de sentarme en el estudio y escribir… Así que vamos con breves reseñas de otras cuatro publicaciones que leí en estos días, siempre con la meta de bajar a la brevedad la pila del material que se publicó en Argentina durante el inolvidable 2015.
Arranco con el Vol.6 de Escuela de Monstruos, que tiene el PEOR argumento del mundo: hay un concurso de bandas de rock para chicos de escuela primaria, se anotan los buenos, se anotan los malos, los dos llegan a la final, los malos hacen trampa pero igual ganan los buenos. Es un argumento PENOSO, que vimos hasta el cansancio en esas películas chotas que dan los canales que antes daban dibujos animados. Y a partir de esa consigna vomitiva, El Bruno logra una historieta divertidísima. Porque ya maneja de taquito a los personajes, porque mete guiños de tipo que sabe de rock, porque le pone ese toque de humor bizarro y porque aprovecha al máximo el elemento de que estos chicos, además de alumnos de escuela primaria, son monstruos. El dibujo, magnífico, como siempre.
Loco Rabia se mandó una edición impresionante de Super Monsieur Fruit, un clásico de los ´90 del alucinante Nicolas De Crécy. Es una obra extensa (más de 300 páginas) y totalmente en joda, ambientada en New York-sur-Loire, la ciudad desmesurada y de hipnótica belleza que aparece en muchas de las obras del genio francés. El chiste principal se agota rápido: es una parodia al género de los superhéroes. Pero la mala leche de De Crécy es exquisita, los planes de los villanos son un delirio brillante, hay muy buenos diálogos (gran traducción de Thomas Dassance), ideas muy locas y un montón de excusas para que esta bestia del lápiz dibuje cosas que –se nota mucho- tenía ganas de dibujar. O sea que, si bien no le alcanza para entrar al Top Five de las mejores obras en la carrera de De Crécy, Super Monsieur Fruit tiene méritos de sobra para hacerte pasar un muy buen rato, reirte bastante y –si no lo conocías- descubrir a uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos.
El sello Musaraña recopiló en un hermoso libro todo Agapito, del gran Pablo Fayó. Tiene un sólo problema y es que sólo hay 50 páginas de Agapito y resultan un poquito escasas para llenar un libro de 64 páginas. Pero la verdad es que tanto la edición como el material son hiper-disfrutables. Me sorprendió el hecho de que las historietas que más me gustaron son las primeras, las que hizo Fayó hace como 20 años para la revista Suélteme. De todos modos, en todas las historietas hay diálogos gloriosos, silencios inquietantes y situaciones disparatadas. Por momentos sentí que estaba leyendo un sketch de Cha Cha Cha, esos en los que te reías sólo viéndoles las caras a los actores, que trataban de decir la letra sin tentarse. Incluso los mínimos trazos que emplea Fayó para definir cada locación me remitieron a esos decorados intencionalmente precarios de Cha Cha Cha. Agapito es un gran comic humorístico, en el que Fayó no sólo muestra un notable manejo de su estilo, sino que pela ideas y diálogos realmente increíbles. No es para cualquier lector, pero si sintonizás la onda de Fayó, la vas a pasar bárbaro.
Y cierro con el segundo de los tres libritos en los que Marvel recopiló la breve etapa de Ed Brubaker al frente de Winter Soldier. Este TPB supera ampliamente al anterior porque en vez de Butch Guice tenemos como dibujante a Michael Lark, que la rompe incluso cuando se zarpa metiendo fotos. El guión mantiene la tensión muy alta, pega volantazos sorprendentes y sobre todo no afloja nunca en su intento de ahondar en la psiquis de Bucky Barnes y convertirlo en un personaje complejo, profundo e impredecible. En apenas cuatro episodios no se pueden cerrar ni a palos todas las puntas que abrió Brubaker en el Vol.1, así que mucho de lo que pasa en este tomo es build-up hacia el tercer TPB, que es donde –supongo- se va a resolver todo. Papa fina, con grandes secuencias de acción, muy buenos diálogos y mucho respeto por la historia de los personajes.
Me fui a la mierda, no? Me quedó un post larguísimo. Bueno, es lo que hay. Hacía mucho que no me sentaba a sanatear… Nos reencontramos pronto. Gracias a todos por la paciencia y gracias por los buenos deseos a los que me mandaron un “mejorate pronto”.



lunes, 8 de febrero de 2016

CUATRO DE CARNAVAL

Vamos con otras cuatro reseñas cortitas, con paso de murga, como me enseñaron mis amigos uruguayos.
Arranco con una joyita de un autor francés, recientemente editada en Argentina. Me refiero al maestro Vincent Paronnaud, mucho más conocido como Winshluss. El librito se titula Welcome to the Death Club y recopila varias historias cortas en las que prima el humor negro, la desazón y la mala leche. Como siempre en las obras de este autor, escasea bastante el texto y casi todo se resuelve mediante magníficas pantomimas en las que el dibujo y la narrativa se hacen cargo de llevar las historias a buen puerto. Además de una aguda sátira social también hay delirio, e incluso poesía en estos breves relatos. En el pliego central, a todo color, vemos el gran manejo que tiene Winshluss de las acuarelas y los lápices de colores. Y lo único flojo que tiene el libro es que hay unas cuantas páginas en blanco, que se podrían haber utilizado para brindarnos una historieta más. Un lujo y un deleite tener otra obra del virtuoso Winshluss editada en nuestro país.
Un autor al que sigo desde que no lo junaba ni su vieja es David Lapham, y cuando salió el primer TPB de su nueva serie, le entré sin dudarlo. Juice Squeezers es una aventura juvenil, apuntada al público adolescente. Una especie de The Goonies, en la que un grupito de chicos debe combatir en secreto una plaga de insectos zarpadísimos en un apacible pueblito rural de los EEUU. Se nota que la idea de Lapham es seguir adelante con Juice Squeezers a largo plazo, porque va desarrollando de a poco a los personajes y deja varias puntas por explorar. De todos modos hay una aventura sólida, compacta, con buenas ideas, buenos diálogos y mucho ritmo. Irresistible para los más pibes, entretenida para los adultos y dibujada en un gran nivel.
Sigo avanzando con el material de autores argentinos editado en 2015 y así es como me devoré Artemis: Ecos de Meridia, el primer álbum de una serie de aventuras a cargo de Ariel Grichener y Guillermo Villarreal. Este es un comic clásico, con una típica batalla entre buenos y malos, donde la originalidad pasa por la construcción del universo y de los personajes, no tanto por los conflictos. Con pocas pretensiones y mucho ritmo, Grichener nos mete a full en el mundo de Artemis Black para hacernos vivir una epopeya a la que no le faltan ni humor ni dramatismo. Villarreal dibuja en esa onda “cool” tipo Duncan Rouleau, Mike Parobeck, Mike Wieringo o (Dios nos libre) Joe Madureira. No está mal. Es un estilo que va mejor con el color que con el blanco y negro, pero la faz gráfica está bien resuelta, más allá de algún afano medio brutal a Moebius. Otro comic correcto, entretenido, en un género que acá se hace poco como es la fantasía épica.
Y termino con el Vol.9 de Astro City, el que recopila los primeros episodios de la serie actual, la que aparece todos los meses en el sello Vertigo. Como ya es costumbre, el maestro Kurt Busiek sigue sumando buenas ideas a su exploración del “backstage” de un mundo en el que los superhéroes son cosa de todos los días, pero la verdad que –en esta primera tanda- ninguna me voló la cabeza ni me hizo gritar “¡Hijo de puta, ¿cómo se te ocurre esta genialidad que nunca se le había ocurrido a nadie!?”. De todos modos, hay diversión, hay emociones grossas, se nota que hay un plan a largo plazo y el nivel de los diálogos y los bloques de texto le pasa el trapo al 85% de los comic de superhéroes que hay hoy en las bateas. El dibujo de Brent Anderson siempre cumple y, si no te molesta que se la pase tratando de clonar a Neal Adams, se disfruta a full. No hace falta que recomiende esta serie: bancar a Astro City ya es casi una religión.
Y ahora sí, creo que nada va a impedir que este viernes me metan un rato en un quirófano para hacerle chapa y pintura a mi deteriorada columna, así que se vendrán días de poquísima actividad laboral y social, en los que prometo leer muchos comics. La seguimos pronto!

jueves, 4 de febrero de 2016

DEADPOOL

Nunca fui fan de Deadpool y de hecho si hay un personaje cuyos comics no me interesa leer ni siquiera para ver qué onda, es Deadpool. En su momento me enganché con Deadpool MAX por los autores, pero no termino de entender cómo eso no vendió y venden fortunas todas esas series y miniseries pedorras que protagoniza este personaje cuya popularidad es inversamente proporcional a su calidad.
Aún así, fui a ver el preestreno de la película que se estrena el jueves 11, seguramente porque estoy muy al pedo y me sobraban 108 minutos (y muchos más). Me encontré con una película BRILLANTE, que me hizo mear de la risa desde la secuencia inicial de los títulos hasta la escena que viene al final de los créditos. Los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick encontraron la forma de darle una vuelta de tuerca a la típica película de superhéroes y lograron hacer algo increíble. Acá está TODO lo que en las otras peliculas de superhéroes NO se puede hacer: Deadpool le habla al público, mete chistes acerca de los actores (al pobre Ryan Reynolds lo mata), de la producción, de otras películas de Marvel… El recurso de romper la cuarta pared, llevado al límite. Y además, chistes de negros, de discapacitados, de porongas, todas las guarangadas habidas y por haber, sexo explícito (con minas en bolas), humor negro, slapstick, humor absurdo, gags visuales, infinitas referencias (una más desopilante que otra) a la cultura pop y un nivel de sangre y violencia inusitado en el cine yanki.
El director Tim Miller banca un ritmo tremendo de principio a fin de la cinta, sin descuidar los climas, pero apostando muy fuerte sobre todo a la acción y la machaca. Lo más loco es que, además del festival de las peleas, torturas, decapitaciones y mutilaciones varias, hay una especie de trama dramática e incluso una trama romántica. Hay un conflicto, hay un villano (Ed Skrein), y hay un desarrollo grosso no sólo de Wade Wilson (cuyo origen –el del comic, no esa payasada que vimos en la primera peli de Wolverine- se narra detalladamente) sino también de su novia Vanessa, hermosa atorranta interpretada por Morena Baccarin.
Como contrafigura de Deadpool lo tenemos a Colossus, que será el encargado de tratar de encauzar al mercenario, de llevarlo más cerca de la justicia y el altruismo que de la venganza y el descontrol. Por supuesto fracasará estrepitosamente, pero uno de los logros del guión es que Colossus no se hunda nunca en el pantano del ridículo del que no se vuelve, incluso cuando le toca hacer el rol del “straight” en una comedia delirante donde la chapa se la lleva el “oddball”. Como sidekick de Colossus (protagonista de varias de las mejores escenas de pelea) tenemos a Negasonic Teenage Warhead, una alumna de la escuela de Xavier creada por Grant Morrison en New X-Men, pero bastante cambiada. De todos modos funciona bien en el contexto de la historia.
La banda de sonido es alucinante, los efectos especiales están perfectos y todo el tiempo te sentís adentro de la película, es una montaña rusa de la que no te podés bajar. Lo raro es que no existe en 3-D, en eso Deadpool es una peli “de las de antes”. ¿Te parece que no da para fumarse 108 minutos de un loco de mierda que atraviesa gente con una espada mientras hace chistes de culo, teta y concha? Haceme caso, dale una oportunidad. Olvidate de que es una creación de Rob Liefeld, olvidate de que la peli es de FOX y no de Marvel, olvidate de que los comics son chotos y los fans de Deadpool son subnormales invertebrados… Andá a ver una peli 100% para adultos, que te va a sorprender con una aventura repleta de ritmo, con diálogos gloriosos, garches, mala leche, acción, machaca pasada de rosca y un humor tremendamente efectivo. Prestá atención al cameo de Stan Lee (memorable, aunque no sé si el viejito sabe quién carajo es Deadpool) y quedate hasta el final-final-final de los créditos para una escenita imperdible. Si te gusta la grosería al límite, la vas a amar. Al lado de la peli, Deadpool MAX es una de Anteojito y Antifaz. Esto es un auténtico kilombo, un estallido de alegría, risas y originalidad que no me esperaba en lo más mínimo y que me hizo muy feliz.

lunes, 1 de febrero de 2016

CUATRO CORTITAS Y AL PIE

Sigo avanzando en la lectura del material publicado por las editoriales argentinas en 2015. Esta semana leí dos.
Primero y fundamental, Barrio Gris, el majestuoso tomo que recopila 22 historias de las que Eduardo Maicas y Pipi Spósito habían publicado en Fierro. Esto es humor y mala leche de altísimo vuelo. Es el barrio convertido en escenario de historias crueles, sangrientas, violentas, que deberían causar escozor o espanto y –gracias al humor insumergible de Maicas- causan gracia. Muchísima gracia. Esto está lleno de chistes, no sólo en forma de remate de cada breve relato sino en todas partes, hasta en los cuadritos del medio de la historia. En cuanto al dibujo… imaginate que se juntan Elzie Segar, Miguel Gallardo, el Niño Rodríguez, Peter Bagge y John Kricfalusi. No puede fallar, tenés garantizada una orgía de felicidad y gran calidad. Y además Spósito pone la vara altísima en la narrativa y en la composición. La verdad es que es un libro glorioso, que conviene leer en varias sentadas y que se disfruta inmensamente, de punta a punta.
Otro lanzamiento de 2015 es Fin: los cinco segundos de un dios, una extraña novela gráfica que marca la primera incursión en la historieta del artista plástico Daniel Brandimarte. El propio autor editó la obra, y la verdad que no sé dónde se vende ni cómo se distribuye. El guión es medio alienígena, en varios pasajes se queda en la mera excusa para que Brandimarte dibuje lo que tiene ganas de dibujar, pero se hace entretenido. El dibujo me hizo acordar al de Lucho Olivera, con algunas viñetas resueltas medio a los pedos y otras con un laburo infernal en volúmenes, texturas, detalles maravillosos en los fondos, etc. El color es excelente y la tipografía de los diálogos… insostenible. No se me ocurre cómo empeorarla. Es un comic para estudiar como rareza, y para estar atentos a ver con qué vuelve Brandimarte a este medio.
También sigo adelante con la lectura de Saga, la serie que más TPBs vendió en EEUU durante 2015. Esta semana le entré al Vol.4 y si bien Brian K. Vaughan y Fiona Staples están decididos a narrar al estilo René Lavand (no se puede hacer más lento), me volví a divertir con las situaciones, con los diálogos y con el desarrollo de los personajes. También hay giros argumentales imprevisibles y unos dibujos fascinantes, así que esto garpa por todos lados.
Y otra serie irresistible, que no necesita en lo más mínimo que yo la recomiende para que corras ya mismo a comprarla, es Bakuman, de los ídolos Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Ya entrado este 2016, los muchachos de Ivrea lanzaron el Vol.11, y como buen cebado me lo compré el día que salió y poco después (ni bien tuve un viajecito largo en bondi) me lo leí. Pasan los tomos y esto sigue muy arriba. Los chicos tienen manga nuevo, Aiko Iwase amaga en un momento con convertirse en una especie de villana, el genial Eiji Niizuma sigue acumulando pallets enteros de chapa y nunca faltan la emoción, la pasión, el amor, los momentos cómicos ni la data grossa acerca de cómo se produce la antología más exitosa de la historia del manga. Incluso los personajes llegan a debatir acerca del éxito, de cómo su búsqueda te condiciona como artista, de qué hacer como creador frente a ese frenesí disparatado del minuto-a-minuto de las encuestas de popularidad que deciden qué series siguen y cuáles se van al descenso con más pena que gloria. Una exquisitez, como siempre con muchísimo más diálogo que un manga promedio, y con unos dibujos con los que Obata humilla impúdicamente a sus colegas.
Este martes tengo función de prensa de Deadpool, con lo cual puedo prometer para esta semana un post de reseña de la peli, así si es una garcha no te clavás, y si está buena no te la perdés por prejuicioso. Nos seguimos leyendo.

lunes, 25 de enero de 2016

OTRAS CUATRO

Sigo leyendo comics de a poquito, en los ratos libres, en algún viaje en bondi, y otra vez se me acumularon cuatro libritos como para armar un post.
Arranco con el Vol.2 de Satellite Sam, de Matt Fraction y Howard Chaykin. Menos mal que no tengo que escribir una reseña sólo de esto, así resisto la tentación de contar el argumento, que es excelente. Tampoco es que haya mucho para agregar a lo que ya escribí cuando reseñé el Vol.1, el 06/06/15. Por ideas, por diálogos, por desarrollo de personajes, por la temática que aborda, por recursos narrativos y por el monumental laburo de Chaykin en la faz gráfica (¿el mejor trabajo de su carrera? No lo descarto), estamos ante un comic fundamental. Que además es breve, porque termina en el Vol.3, así que no hay muchas excusas para no entrarle. La tapa sugiere que se trata de una historieta porno, pero nada que ver. Hay escenas de sexo, se habla bastante de coger y sin embargo el guión no se basa en eso ni mucho menos. Descubrí esta gloria, haceme caso.
Bastante más porno resultó Dejame Entrar, el nuevo trabajo del guionista Valentín Lerena, esta vez sin su socio (y suegro) Roberto Fontana en los dibujos. Déjame Entrar es una novelita gráfica con una trama perturbadora, jodida, en la que el sexo y las perversiones tienen un rol muy destacado. No es una historia lineal ni sencilla, ya que está estructurada en dos niveles de realidad que se entremezclan. Los diálogos tienen algunos problemas (una mezcla entre español neutro y castellano argento) y los bloques de texto están muy bien. El dibujo de Agustín Rodríguez es correcto, sin sobresaltos, bien en la narrativa y sin caer en la tentación de basar TODO en la referencia fotográfica. Una obra más rara que buena, pero de indudable atractivo.
También me bajé (en varias sentadas) el Vol.4 de Cybersix, que ofrece dos novelas de 96 páginas escritas por Carlos Trillo y dibujadas por Carlos Meglia. La segunda es decididamente flojita. En el dibujo se nota mucho la mano de los asistentes de Meglia y el guión se sostiene con casualidades e injertos de retro-continuidad. Lo más interesante son los homenajes a Leonard Cohen y al Frankenstein de Mary Shelley. La primera es mucho más interesante, porque a Trillo se le ocurre la forma de integrar al universo de Cybersix a los personajes de El Libro de Gabriel (ver reseña del 26/09/11). Por supuesto no se van a perder la oportunidad de reutilizar casi todas las páginas de ese álbum, pero a) está bueno redescubrirlas en blanco y negro y b) todo vale con tal de enterarnos cómo seguía esa historia que claramente daba para mucho más de lo que vimos en aquel primer álbum. De todos modos, este Vol.4 está lejos del mejor nivel al que llegó en su momento la saga de la famosa superheroina vampiro androide transexual.
Una de las tendencias que observamos en 2015 (y ojalá se mantenga en 2016) es el crecimiento de la edición en Argentina de historietas europeas. Una de las más logradas es Un Paso en Falso, el libro que combina dos obras de la primera época de Jason: Espera… y ¡Shhhh!. Son dos trabajos muy distintos entre sí en la estructura y en el tipo de historias que cuentan, a tal punto que cada una merecería su propia reseña de 4500 caracteres. No hay espacio ni tiempo para eso (además son obras de hace más de 15 años, con lo cual debe haber MUCHAS reseñas ya publicadas sobre ambas). Pero las dos son brillantes, en las dos me sorprendió hasta qué punto Jason ya tenía depurado su estilo y ya interiorizado a la perfección su particular manejo del tempo narrativo. Hay silencios de enorme profundidad, secuencias brillantemente planificadas (algo difícil de hacer cuando te fijás una única grilla para toda una novela gráfica) y unas elipsis majestuosas. No me alcanzan los elogios ni el énfasis para recomendar esta verdadera joya pensada para engalanar la biblioteca tanto del lector curtido como del recién llegado.
Y hasta acá llegamos. Finalmente me opero de la columna este miércoles 27, así que tendré vacaciones obligadas en las que supongo que leeré muchos comics. Capaz que en pocos días reaparezco con nuevas mini-reseñas. Gracias y hasta pronto!

jueves, 21 de enero de 2016

INFORME (HISTORIETA ARGENTINA DEL SIGLO XXI)

Ante todo, hay que sacarse el sombrero ante la impecable, la impactante calidad de la edición de este libro. Y ante el trabajo colosal que debió afrontar el coordinador, José Sainz, a la hora de bucear entre toneladas de revistas, fanzines y sitios web hasta dar con estos 20 historietistas que finalmente quedaron en esta selección (en este “recorte”, dirían mis amigos académicos”). La consigna es que en estas páginas descubramos a 20 historietistas argentinos jóvenes, casi todos nacidos en la década del ´80, y producto ya no de la etapa post-industrial de la historieta argentina, sino de la siguiente, de la etapa en la que los soportes digitales cobraron tanto empuje como los físicos.
Ahora bien, uno termina de leer el libro y la pregunta más obvia es: ¿Este es el futuro de la historieta argentina? Porque la verdad es que el nivel que se ve acá es MUY desparejo. Hay varios autores excelentes y un montón de… chicos con buenas intenciones que no deberían perder más su tiempo y dedicarse urgente a otra cosa. ¿Qué elementos unen a estos 20 autores, además de la edad y la nacionalidad? 1) Poco contacto con la tradición historietística argentina. Si hay alguna influencia visible, viene más del indie yanki que de los grandes autores argentinos de las generaciones anteriores. 2) Poco contacto con la realidad nacional, y cero con la política, algo que fue una constante en la historieta, sobre todo en los ´70 y ´80. 3) Todos son guionistas y dibujantes, con todo lo que eso implica. Y esto es lo más áspero, lo más difícil de digerir, sobre todo viendo cómo están estructurados los “guiones” de varias de estas historietas. Vamos a repasarlas una por una, a riesgo de que el texto quede larguísimo.
Arrancamos con 11 páginas de Berliac, un autor con bastante obra y sobrados méritos para estar en esta y cualquier otra antología. Su grafismo cambió bastante desde la última vez que había visto un trabajo suyo y ahora se acerca al de los mangakas raros, alternativos, como si publicara en la revista Garo. El guión tiene un planteo y un desarrollo atractivos, pero no tiene final.
Le sigue María Victoria Rodríguez, con un estilo gráfico muy atractivo… para la ilustración. Para historieta, no funciona. Y la puesta en página es calamitosa.
Sofía Gómez se manda a homenajear a Tintin en una historieta totalmente delirante, con un guión hiper-fumanchero, pero exquisita. El dibujo, el color y la narrativa son impecables. La quiero ver YA trabajando con un guionista.
Andrés Alberto, un desastre. Feo dibujo, guión sin pies ni cabeza, torpeza en la puesta en práctica de los recursos expresivos propios de la historieta… Chau, ya fue.
A Manuel Depetris nos lo cruzamos hace poco (06/12/15) y esta es otra historieta en la misma tónica que las que estaban en aquel libro: un dibujo increíble, con una técnica y un virtuosismo asombrosos… y una historia que tiene vuelo poético, pero no se entiende un carajo. La onda parece ser contar sensaciones, no historias.
La historia de Lucía Brutta es muy breve, pero está muy bien. Buen ritmo, buen dibujo… lástima el rotulado, con pincel grueso, que hace difícil la lectura de los diálogos (que también son excelentes).
La de Marianoenelmundo también es muy corta. El dibujo me encantó, realmente zarpado, con cositas de Gipi. El guión, no lo entendí.
Pedro Mancini es un autor con bastante presencia en el medio, no hace falta ser el Guacho Vanguardia para conocerlo. Acá la rompe en el dibujo, arriesga con éxito en la narrativa, y el guión… podría ser mejor, pero no es un desastre.
Me salteo dos historietas a las que ese nombre les queda ENORME, a cargo de chicos que no tienen la menor idea de cómo se cuenta una historia con imágenes. Y me voy con Pablo Guaymasí, al que me había cruzado hace mil años en una antología de Llanto de Mudo. Acá lo encontré mucho mejor, más sólido, correcto en el dibujo y muy inspirado en un guión muy basado en el diálogo.
Natalia Lombardo, brillante. Me encantó el guión, el dibujo, el color, las tipografías, todo. Quiero YA una novela gráfica, o un recopilatorio de historias cortas de esta autora a la que conocía por su labor en fanzines.
Camila Torre Notari, por su parte, cuenta una anécdota chiquita, tranqui, acompañada de un buen dibujo.
Pablo Vigo, otro autor bastante conocido, de probada solvencia, aporta una historia intensa, atractiva, profunda y con un nivel de dibujo espectacular.
Javier Velasco dibuja en un estilo minimalista, entre James Kochalka y Johnny Ryan, que no es lo que a mí más me gusta, pero no está mal. Y el guión, con buena voluntad, también zafa.
Nacha Vollenweider también cambió bastante el estilo desde la última vez que la vimos, y lo usa para contar una historia rara, inquietante, con más climas que conflictos. Interesante.
María Luque, imposible de analizar. Son once páginas ilegibles.
Lucas Mercado tiene un grafismo interesante, pero fracasa groseramente en el intento de narrar con imágenes.
Estefanía Clotti, nada, no zafa por ningún lado.
Y cierra Nicolás Mealla, que dibuja bien, y tiene una gracia freak, onda Max Cachimba. Me gustó el color, el rotulado… le falta arriesgar un poco más en los guiones, buscar algo que no se quede en el nonsense bizarro.
Se acabó. Perdón por la extensión, me fui al carajo.