el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 30 de junio de 2015

30/ 06: EL GRAN BURLON

Dino Battaglia es un autor italiano de la camada de Hugo Pratt, de los que arrancaron con fuerza a principios de los ´50 y la rompieron en los ´60 y ´70. De hecho Battaglia era parte del grupo de artistas venecianos que se vinieron a Argentina a fines de los ´40 y fue el único que decidió quedarse en Italia, porque justo se estaba por casar. Durante años, fue uno más de ese ejército de correctos dibujantes de aventura clásica, pero para fines de los ´60 empezó a encontrar una identidad gráfica más personal, más interesante. Este trabajo, de 1975, pertenece a la etapa de madurez de un Battaglia que murió muy joven, con sólo 60 años, en 1983.
El título es un invento de los españoles. En el resto del mundo, esta novela gráfica siempre se llamó Till Ulenspiegel, como su protagonista, un personaje tomado del folklore de Flandes, una región que hoy es parte de Bélgica y en el medioevo pasó por las manos de varios emperadores y reyes de los grossos. En el libro este dato no se incluye, pero los especialistas sospechan que es una de las tantas obras de Battaglia en las que su esposa, Laura De Vescovi, metió mano en el guión y en el coloreado.
A lo largo de estas 56 páginas, Battaglia reúne un montón de historias que la tradición oral y otras obras anteriores (de la literatura, la música y el teatro) le atribuyen a Till Ulenspiegel, este muchacho esmirriado, repleto de ingenio, gracia y picardía, que un día se convertirá en héroe de su país. La primera mitad nos presenta a Till como un bufón que se gana la vida haciendo payasadas y en los ratos libres se burla de los burgueses y demás nabos agrandados. Está muy bien, es divertida, impredecible y tira buena data acerca de la vida cotidiana en Flandes en el Siglo XVI, cuando la región estaba bajo el yugo de los Habsburgo, que tenían en España la sede de un imperio vasto y poderoso. Después, con el correr de las páginas, la historieta se mete cada vez más a fondo con la Historia y el foco se desplaza hacia un relato más bien bélico, con escaso margen para la comedia, en el que Till cumple misiones arriesgadas para la resistencia flamenca, organizada contra los monarcas españoles. Y ahí el interés (por lo menos el mío) decrece viñeta a viñeta, mientras el bufón convertido en héroe desenmascara a traidores y ayuda a derrotar a flotas y ejércitos enemigos.
Este Battaglia maduro es un narrador raro, especialista en des-enfatizar la acción, en imponerle a la página un tono de quietud, casi de parsimonia. Acá lo vemos cometer algunos errores en el armado de las secuencias, que nos llevan a leer las viñetas en el orden incorrecto, algo que sumado a la gran proliferación de texto en algunos pasajes, hace que haya que esforzarse bastante para llegar al final de la obra. A su favor hay que decir que arma las páginas con pocos cuadros (nunca más de siete) y eso deja margen para atraparnos con su mejor recurso, que es el dibujo.
Debajo de un color hermoso, repleto de sutilezas, basado en un manejo alucinante de las acuarelas y las tintas de colores, se ve un dibujo muy fino, muy elegante, con gran atención por los climas y los detalles. Los fondos están trabajadísimos (seguro hubo referencia fotográfica, muy bien integrada al grafismo del autor), la reconstrucción de época es notable y hay un tratamiento muy acertado de las texturas y los efectos de iluminación. Como el inolvidable Tano Pratt, Battaglia sabe narrar “de lejos”, como le gusta a los franceses, y “de cerca”, como nos gusta a los americanos. Así, en los primeros planos (que abundan bastante) también nos mima con hallazgos y efectos de gran vuelo plástico, por momentos cercanos a los que ya pelaba Alberto Breccia en sus obras de mediados de los ´60. ¿Qué le falta a la faz gráfica? Garra, pasión, énfasis. Pasan muchas cosas impactantes a lo largo de la historia, pero el dibujo en ese sentido es cómplice de la narrativa. Es parte de esa conspiración para que la emoción no se note, para que la grandilocuencia no estalle, para que todo parezca frío, burocrático, protocolar. Con Breccia y Pratt, nosotros nos acostumbramos a otra cosa.
No sé si habrá obras de Dino Battaglia más gancheras que esta, más accesibles para el lector que sólo espera que lo entretengan un rato. Supongo que sí. Con su versión de Till Ulenspiegel, el veneciano revalidó sus credenciales de autor raro, muy sofisticado para estas obras “aptas para todo público” y muy clásico para ese tsunami de historieta vanguardista y rupturista que arrasó en Europa durante los ´70.

lunes, 29 de junio de 2015

29/ 06: JONAH HEX: LEAD POISONING

Ahora sí, último tomito de los que recopilan la serie de Jonah Hex que arrancó en 2005 y que llegó milagrosamente hasta el reboot de 2011. Esta es la serie capaz de convertir en hardcore fans del personaje incluso a aquellos que nunca en su vida le hayan dado la más mínima bola. Jimmy Palmiotti y Justin Gray, respestuosos al mango de las bases del personaje sentadas en los ´70, encontraron la forma de reimaginar un Jonah Hex en perfecta sintonía con lo que uno espera de un antihéroe en el Siglo XXI.
Este tomo es de los más interesantes, de esos que ofrecen mucha variedad: cuatro unitarios y una historia narrada en dos episodios. Son historias que pueden ser leídas en cualquier orden, sin el lastre de la continuidad o de ese “efecto serial” que requiere de un montón de lecturas previas para entender o disfrutar cada relato. Vamos a repasarlas una por una.
La primera no es gran cosa. Parece un artificio creado por Gray y Palmiotti para presentarnos a tres chicas, tres artistas de circo a las que las circunstancias convierten en cazadoras de recompensas, que creo que nunca volvieron a aparecer. El rol de Hex es menor y lo que hace entretenido al episodio es el tono de comedia, presente en varias de las historias que dibuja (como los dioses) el maestro Jordi Bernet. No me voy a extender en esta reseña con loas para el prócer catalán, porque su trabajo acá no se diferencia para nada de otros trabajos ya reseñados acá en el blog. Dicho esto paso al segundo unitario, también dibujado por Bernet, que es sencillamente fastuoso. Tenso, enroscado, con sorpresas shockeantes, con un manejo de los flashbacks brillante y con un nivel de mala leche que te corroe el alma.
El siguiente episodio también es autoconclusivo y con dibujante español, en este caso el increíble Rafa Garrés. El guión está muy bueno; de hecho, los tres personajes con los que interactúa Hex en este unitario tienen pasta para convertirse en secundarios recurrentes si Hex se quedara muchos números en el pueblito de Blackburn… algo que en esta serie Gray y Palmiotti se cuidaron mucho de no hacer. Pero lo más asombroso es el dibujo de Garrés. Debajo de ese color rarísimo, con todas las páginas engamadas en tonos de marrones y ocres, aparece un dibujo alucinante, en el que parecen enfiestarse obscenamente todos los yeites clásicos del maestro Antonio Hernández Palacios (uno que de western la manyaba lunga) y todas las tropelías expresionistas de Richard Corben, esas deformidades setentosas, siempre al filo del terror y del grotesco. Son páginas visualmente hipnóticas, con tanto para disfrutar en el dibujo que hasta corrés el riesgo de desengancharte de la trama.
El cuarto y último unitario, también con Bernet al frente de la faz gráfica, parece un cover de un episodio de Torpedo 1936, de esos en los que Bernet y Sánchez Abulí nos tiraban flashbacks a la cruenta infancia de Luca Torelli. Con ese mismo recurso, Gray y Palmiott logran otra pequeña gema de la mala leche, con un agregado que las historias de Torpedo rara vez tenían: unas secuencias mudas poderosísimas.
Y cierro con la aventura en dos partes, Sawbones, que es más impactante que buena. El principal atractivo de esta historia es ver al villano cometer actos de increíble crueldad, una guachada aberrante atrás de otra, hasta dejarte al borde del vómito. El resto es muy obvio. Gracias a su aguante sobrehumano y alguna casualidad medio forzada, Hex va a sobrevivir a todo (como siempre) y no va a parar hasta tener la oportunidad de vengarse, con métodos tan despiadados como los del villano. Fin. Por suerte, para darle a algo tan básico una cierta pátina de sofisticación, están los dibujos de David Michael Beck. Beck (a quien ya vimos en otros unitarios de esta serie) es un dibujante de estilo muy clásico, con una técnica de coloreado casi pictórica y muchos recursos para que ese realismo tan acentuado no transmita la sensación fría y chota de estar mirando fotos apenas retocadas. Por ahí no es un experto a la hora de diseñar la puesta en página, ni llama mucho la atención con la composición de las viñetas, pero el dibujo, el color, los recursos que pela para resolver la iluminación de las escenas, están muy bien.
Bueno, listo. Ya leí completa esta gran serie. Me faltan un par de TPBs para llegar al final de All-Star Western, y después sólo quedará esperar que DC publique un par de Showcases más con viejas aventuras de Jonah Hex en blanco y negro. No estoy tan desesperado como para salir a comprar ese material en revistitas… pero no me tienten.

domingo, 28 de junio de 2015

28/ 06: TODO ES HISTORIETA

Ahora que se me terminaron las historietas argentinas editadas en 2014, hago una pausa y clavo un clásico, un libro muy raro, publicado en 1991 por Página/12 en co-producción con la Universidad de Málaga y una empresa (creo) llamada Puente Díaz Vélez. La idea del libro era reunir trabajos de 28 historietistas incipientes, chicos y chicas que en 1991 estaban empezando a insertarse en aquel mercado en el que todavía tenían peso las revistas como Fierro, Skorpio y demás. Algunos ya llevaban años publicando profesionalmente y otros venían de aquella primera primavera del under, la de 1986-89, y para 1991 todavía batallaban en la arena de los fanzines, si tenían la suerte de que la hiperinflación no hubiese acabado con sus proyectos autogestivos. Me acuerdo que en aquel entonces la elección de quién formaba parte de esta antología y quién no causó bastante revuelo en el mundillo, pero realmente no me acuerdo qué ausencias fueron señaladas como las más injustas. Tras repasar el tomo, me queda claro qué PRESENCIAS dan motivo para la discusión y la polémica…
Algunos nombres que habían sonado con alguna fuerza en aquellos años de furor fanzinero, en este libro mostraron que realmente no tenían pasta para jugar en Primera, con historias indescifrables (o muy pavotas), con dibujos descuidados, rotulados desprolijos o puestas en página catastróficas. O todo eso junto. A esa categoría pertenecen Namger Zepol (que cuando quería dibujaba MUY bien, pero se ve que quería poco), Fabio Botte, ZAC y Gabriel Mancuso. También me encuentro con nombres que en aquel momento, siendo pibes jóvenes, calificaban para promesa, pero después se quedaron ahí, no supieron o no qusieron evolucionar hacia otra cosa, como Elías Abdul, Fabián García, Panda Legal o Javier Blanco Belvisi. Siempre quedará el “what if…?” alguno de estos muchachos se hubiesen propuesto con firmeza estudiar, mejorar, romperse el orto para llegar a un nivel más profesional…
Una realidad de aquel entonces era que todos se mataban por llegar a publicar en las revistas profesionales, pero la verdad que el espacio que les daban no era mucho y la paga era bastante escasa. Eso desanimó a muchos buenos artistas, que se terminaron por alejar de la historieta para subsistir en ámbitos más prósperos como la ilustración publicitaria, los storyboards, la ilustración infantil o la venta de choripanes en la cancha de El Porvenir. Así es como, pocos años después de la aparición de este libro, le perdimos completamente el rastro a historietistas muy interesantes, muy personales, que en 1991 eran mucho más que jóvenes promesas y hoy son prácticamente desaparecidos. Este libro me sirvió para recordar a algunos muy grossos, como Ralveroni, Agustín Comotto, el santafecino Rubén Giorgis, Luis Roca, Mariano D´Angelo, Silvia Maldini, Miguel Angel Scenna (que acá dibuja dos guiones patéticos del infaltable Pablo “Muñones”), o bestias sagradas como Cuk (Roberto Cubillas) y Pez (Alberto Quiroga). Muchos de ellos pusieron en este libro lo mejor que tenían y lo jerarquizaron con trabajos de un nivel muy, muy notable.
Y después me queda el pelotón de los muchachos que desde 1991 no pararon de trabajar en este medio, con mayor o menor exposición, con o sin la posibilidad de “escalar” hacia medios más masivos o a grandes editoriales del exterior. Son los nombres que uno reconoce al toque, porque siguen vigentes aún hoy. Son los que sobrevieron al wasteland de 1995-2005, Mad Maxes y Highlanders que recién ahora están arrimando a los 50 años y ya tienen una experiencia formidable, compuesta de buenas y malas. En esa bolsa meto a Esteban Podetti, Leo Manco, Pablo Fayó, el Niño Rodríguez (me volví a reir con sus historietas como el primer día), Jorge Lucas y Claudio Ramírez, Emiliano Migliardo… y bueno, un genio cuya carrera se terminó abruptamente en 2008, cuando decidió hacerse inmortal: me refiero al inolvidable Dani the O.
Seguro que en aquel entonces había más nombres de chicos y chicas que sonaban fuerte, que integraban aquella escena bastante más íntima, más secreta que la de ahora, por el hecho de que la interacción con los lectores era mínima. Pero bueno, este libro decidió rescatar del olvido a estos, y yo decidí rescatar del olvido a este libro, que en su momento tuve, presté, jamás volvió y hace unos meses volví a conseguir, después de décadas de considerarlo más extinto que los tricetatops y los votantes de la UCR.

sábado, 27 de junio de 2015

27/ 06: PROFANADORES DE TUMBAS

Esta historieta se dio a conocer en Italia en 1977 con el título L'uomo delle Piramidi y sí, sospechás bien: es parte de la collección Un Uomo un'Avventura creada en su momento por Sergio Bonelli y a la que le vengo entrando duro y parejo (aunque con casi 40 años de delay). El atractivo principal de este tomo residía –a priori- en que se trataba de una obra escrita y dibujada por el español Enric Sió (1942-1998), uno de los autores que desde fines de los ´60 encararon la renovación de la historieta de la Madre Patria. En los ´70, Sió estaba impuesto como un historietista raro, transgresor, un virtuoso pasado de rosca que coqueteaba con el diseño, la ilustración publicitaria, la fotografía, las artes plásticas… una especie de proto-Dave McKean al que la historieta (incluso en su vertiente adulta) parecía quedarle chica.
¿Cómo podría adaptarse un autor de esas características a esta colección, claramente alineada con una concepción bastante tradicional de la aventura? Esa es la incógnita que despeja Profanadores de Tumbas a lo largo de sus 48 páginas. Y la respuesta me sorprendió. Acá vemos a un Sió gráficamente bastante medido, que hace locuras, pero no tantas ni tan extremas. La técnica de color (con esas manchas enfermizas) es rarísima y anticipa cosas que muchos hicieron más tarde con los filtros del photoshop. Como en todos sus trabajos, el dibujo parte de una base académico-realista muy sólida, y de ahí se empieza a ir al carajo. Acá se descontrola hasta por ahí nomás, cuando Sió se florea con esa técnica de entintado basada en pinceladas muy sueltas, logradas con un pincel muy fino. Lo más loco es lo que hace Sió con la puesta en página: resuelve prácticamente todo el álbum con planificaciones de tres o cuatro viñetas MUY grandes, en las que se luce muchísimo el dibujo. Hay páginas de seis cuadros, también… y páginas de dos. Me imagino la cara del editor italiano cuando Sió llevó esas páginas y me meo de la risa.
Esto tiene un efecto muy evidente: el comic se lee muy rápido, tiene un ritmo increíble, y uno siente que el guión que leyó en esas 48 páginas se podría haber contado en 25 ó 28, sin compactarlo demasiado. Por supuesto está bueno que haya espacio para que el dibujo impacte más, y tampoco me jode demasiado que los globos de diálogo (pocos, comparados con otros títulos de esta colección) sean enormes, con un rotulado que permite leer todo sin problemas a cuatro metros de distancia. Simplemente me parece loco que los editores no le hayan dicho a Sió “maestro, este guión es muy sencillito para 48 páginas”.
Ojo, es un buen guión. No me cierra ideológicamente, porque el protagonista es un inglés que va a explorar las tumbas de los faraones egipcios, a ver qué se puede llevar. Y sí, se enfrenta a garcas peores que él (yankis, obviamente), pero sigue sin ganarse mi apoyo. El resto está muy bien, es un thriller muy sólido, impredecible, donde Sió no pierde tiempo en boludeces ni aburre aportando data que no va a ser relevante para la resolución de la trama. Todo lo que ves, todo lo que los personajes hacen o dicen, tiene importancia en algún momento de la historia y ese es uno de los motivos por los cuales el guión me pareció muy logrado.
Profanadores de Tumbas es aventura en estado puro, con acción, peleas, persecuciones, garches, runflas, traiciones… una clásica historia de ambición al límite, narrada en forma muy accesible por un autor catalogado como “excéntrico”. Si no te fumás sus obras más pretenciosas pero te interesa saber por qué en los ´70 Enric Sió era considerado un nombre fundamental del comic europeo apuntado al público adulto, este álbum te puede venir muy bien. Capaz que hace falta una expedición arqueológica al antiguo Egipto para encontrarlo, porque en castellano se editó una sola vez, en 1980. Pero bueno, si te lo encontrás en alguna tumba comiquera, no dejes de capturarlo.

viernes, 26 de junio de 2015

26/ 06: INDESTRUCTIBLE HULK Vol.1

La rosca es así: Hulk no es más una bomba, ahora es un cañón. Cuando Bruce Banner se descontrola, en vez de dejar que rompa cosas al azar en algún desierto de mierda, SHIELD lo “apunta” contra algún criminal, o algún sospechoso, como si fuera un arma de destrucción masiva. Hulk machaca villanos, les rompe las armas y las bases secretas y todos felices. A cambio, SHIELD le da a Banner laboratorios, presupuesto y asistentes para que el científico se concentre en desarrollar inventos tecnológicos que puedan ayudar a la Humanidad. No sé para cuántos episodios da este planteo, pero me queda claro que sirve para lograr dos equilibrios importantes: uno, entre Hulk y Banner, para que los dos tengan mucho peso en las historias; y el otro entre las escenas de pelea y destrucción y las escenas más tranquilas, más introspectivas. Todo esto apoyado en el enorme oficio del maestro Mark Waid, un especialista en esto de imaginar historias en las que se aprecia ese sutil balance entre la epopeya y las situaciones que se resuelven hablando, siempre con diálogos de una precisión y un ingenio asombrosos.
Como suele suceder, los primeros dos o tres episodios, en los que el guionista se dedica a explicar y explorar el nuevo status quo, son esos en los que uno siente que la machaca está al pedo, que no aporta nada. Uno quiere ver más de lo otro: la negociación de Banner con Maria Hill, la presentación de los personajes que lo van a secundar, etc. El segundo episodio, por ejemplo, tiene como gancho central un interesantísimo contrapunto entre Banner y Tony Stark… interrumpido por la infaltable (e intrascedente) pelea entre Hulk y Iron Man. Realmente, no hacía falta.
Lo más interesante llega en los dos últimos episodios, paradójicamente cuando Waid se juega a romper el equilibrio: Banner y su equipo científico aparecen en las ocho primeras páginas y después se viene una verdadera guerra a todo o nada contra Attuma, con poco margen para la sutileza. Ojo, Banner se luce en muchas de estas secuencias subacuáticas, pero la trama agarra para otro lado, se desmarca un poco de las misiones encomendadas por SHIELD en los primeros números. El plan de Attuma es tremendamente maligno, a tal punto que quizás daba para dejarlo avanzar un poco más y generar una crisis a escala global, que se pudiera explorar en varios títulos de Marvel. Igual banco la decisión de no dejarse llevar por la grandilocuencia y resolverlo en dos numeritos de esta serie. Acá hay machaca electrizante, personajes secundarios muy atractivos y la posibilidad de ver al Hulk cabeza frente a frente con amenazas realmente cercanas a su nivel de poder.
El dibujo está a cargo de Leinil Francis Yu, complementado con las tintas de Gerry Alanguilan y los colores de Sunny Gho. Me gustó mucho. Al igual que Waid, el filipino logra equilibrar muy bien las escenas tranqui con los estallidos de piñas, tiros y kilombo. Se luce indistintamente en los dos tipos de escenas, escatima pocos fondos, le pone mucha fuerza (y cierta sofisticación europea) a las expresiones faciales, deja la vida cuando tiene que dibujar androides, armaduras, naves y esas cosas llenas de detallecitos tecnológicos… quizás lo que menos me cierra es que dibuja a todas las minas MUY tetonas. El resto está muy bien, a veces un poco sobrecargado de información, pero no tanto como para entorpecer el fluir del relato. Obviamente estos cinco episodios son todos los que dibujó Yu en esta colección, y si me compro el Vol.2 no lo voy a ver ni en figuritas. Pero bueno, así funciona este vicio de relanzar permanentemente las series cada vez que se juntan (aunque sea 20 minutos) dos artistas taquilleros.
Ah, otro tema polémico: a este TPB el precio se lo puso el enemigo. 20 dólares por cinco episodios es un delirio. Y si me decís que trae 30 páginas de extras (básicamente variant covers y bocetos de Yu) te digo “metételas en el orto, yo quiero leer historietas”. Editen sólo las 100 páginas de historieta y cóbrenme el TPB –mínimo- cinco dólares menos. El Vol.2 trae los episodios con Thor que dibuja Walt Simonson y los que son team-up con Daredevil (dibujados por Mateo Scalera), así que ni bien lo vea a un precio razonable se viene para acá. Lo posterior me huele medio a verdura en mal estado, infectada de tie-ins con sagas chotas…

jueves, 25 de junio de 2015

25/ 06: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.5

Hoy, una reseña cortita, porque ya hablé cuatro veces de esta serie acá en el blog y no es tanto lo que cambia de un tomo a otro.
El principal hallazgo de El Bruno en esta quinta entrega pasa por sacar a los chicos de la escuela y no desplazarlos a otro lugar (como ya hizo otras veces) sino a otra época. Recordemos que esta es una historieta apuntada principalmente al público infantil, recordemos lo que sentimos la primera vez que leímos una historieta en la que los protagonistas viajaban en el tiempo, y ahí tendremos verdadera dimensión de lo flashero que puede ser Escuela de Monstruos para los pibes de 6-7-8 años que la siguen semana a semana en Billiken.
La otra novedad es que en esta aventura, Tomás y sus amigos se enfrentan al villano más jodido desde que empezó la serie. Como siempre, El Bruno se las ingenia para que los malos no lleguen a ser 100% irredimibles, como para no generar miedo o rechazo en los más chicos. Aún así, la revelación acerca de la verdadera identidad del Juez es shockeante y lo que hace después va todavía más allá. Me parece bárbaro. De a poco, se puede llevar esta serie a un terreno más peligroso, donde la aventura no sea un mero pasatiempo, sino donde haya que ganarle a amenazas más serias, con consecuencias más “reales”, siempre dentro del contexto de joda y disparate que sostiene a una idea como esta, no?.
El dibujo está excelente como siempre, el color se ajusta muy bien a los cambios en las locaciones espaciales y temporales (buena la decisión del autor de no iluminar con efectos de velas, antorchas y candelabros las secuencias que transcurren en el Siglo XIX), la narrativa es impecable y cada vez está más logrado el equilibrio entre texto e imagen.
Por supuesto recomiendo muchísimo esta nueva entrega de Escuela de Monstruos a lectores de todas las edades y espero que se anuncie cuanto antes la salida del Vol.6. Ah, otro motivo de festejo: este era el último libro que me quedaba sin leer de los que se editaron en Argentina en 2014. Así que muy pronto vamos a tener acá en el blog reseñas de libros editados este año, entre ellos paponga que huele muy, muy fina.

miércoles, 24 de junio de 2015

24/ 06: EL CAPITAN TRUENO: LA REINA BRUJA DE ANUBIS

Poco conocido por estas latitudes, en España el Capitán Trueno es un ícono comiquero de primera línea, como para nosotros podría ser El Eternauta. Cuando debutó, allá por 1956, se convirtió de inmediato en el personaje de aventuras más popular y su revista llegó a vender 350.000 ejemplares por semana, una animalada importante. Aún hoy, con la historieta española enfocada claramente hacia otro lado, aquellas clásicas aventuras escritas por Víctor Mora y dibujadas por Ambrós se siguen reeditando y cada tanto salen nuevos episodios, directamente en formato álbum, a color, etc.
La Reina Bruja de Anubis es uno de esos episodios “modernos”, realizados en formato álbum, en este caso en 1991. Primero se serializó en dos diarios y una revista y después se editó como libro en tapa dura, en varios países. La apuesta de esta historieta iba más allá de la nostalgia: por un lado, estaba Víctor Mora, el guionista original de la serie, el creador de los personajes. Y al frente de la faz gráfica, un gancho irresisitible, nada menos que el británico John M. Burns, un consumado dibujante de aventuras que en los ´80 había incursionado con bastante éxito en el campo de una historieta más adulta, más arriesgada. Por lo menos en España, a este álbum le fue muy bien y dio origen a un segundo, a cargo de la misma dupla autoral.
Pero, ¿está bueno? A grandes rasgos, sí. Tiene un problema fundamental, que es el propio Capitán Trueno. En estas 44 páginas, el héroe no hace NADA. Hay un breve tramo en el que no está prisionero de ninguno de los villanos, que es la batalla a bordo del barco, quizás el momento más intenso del álbum. Pero en el resto de la aventura, Trueno es un tipo que va donde lo llevan. Noble, compasivo, valiente, racional, contenido a la hora de ceder a las pasiones más bajas… y muy aburrido, pobre flaco. Menos mal que están los villanos, porque si no, nos comíamos un embole monumental.
Y el otro problema, bastante menor, es uno que se suele dar cuando la amenaza más grossa va para el lado del misticismo. Empiezan a pasar cosas heavies, más cosas heavies, más cosas heavies… y en un punto la amenaza se desactiva y todo vuelve a la normalidad en un toque, como por arte de magia, sin mayores consecuencias para nadie. Eso es un bajón, no sólo en esta historia, sino en miles. Esta, además, no podría aunque quisiera explorar las consecuencias de lo que pasa al final, porque este es bastante abrupto y llega apenas seis viñetas antes del último cuadrito del álbum, cuando no queda espacio para casi nada.
Por suerte la trama avanza a buen ritmo, los tejes y manejes de los malos están buenos, hay bastante desarrollo para Turján Pachá, para Krogg, para Nefer, los personajes secundarios (especialmente Sigrid) no están al pedo… las peleas están buenas, las locaciones exóticas ayudan bastante… Y sobre todo no es una aventura livianita, pueril o simplista. Tiene su complejidad, sus grises, sus dilemas morales. Leída hoy, la cantidad de texto es un poco zarpada. A veces, Mora tiene que meter en los bloques de texto información que sería mucho más atractiva si se presentara de forma visual, desde el dibujo. Pero bueno, pasaron casi 25 años y no me olvido que para 1991 los hardcore fans del Capitán Trueno ya eran viejos y por ende, apegados a la fórmula tradicional, en la que el texto se hacía demasiado cargo del relato.
Lo que más me gustó, por afano, fue el dibujo de Burns. Afiladísimo en la anatomía, certero en las expresiones faciales, conservador en la puesta en página y zarpado en el uso del color directo, el maestro británico desafía a los masacotes de texto de Mora con unas imágenes muy potentes, de alto vuelo. Sin ser un Fernando Fernández, el Sr. Burns sabe muy bien cómo combinar un dibujo académico correctísimo con técnicas de coloreado más atrevidas, más jugadas a los climas y a las sensaciones que a la representación exacta de cuerpos, objetos y paisajes. El resultado es muy, muy atractivo.
En fin, me imagino que si eras fan del Capitán Trueno en 1991, esto te debe haber parecido revolucionario y vanguardista. Leído hoy por alguien que nunca fue fan del personaje (y que no te lee una historia de Trueno de los ´50 ni con un chumbo en la cabeza), al guión le quedan varias cuentas pendientes y el que salva las papas, cumple y dignifica es el dibujo de John M. Burns, que se la hiper-banca ayer, hoy y siempre.

martes, 23 de junio de 2015

23/ 06: TRINITY

Desde que salió en 2003 que venía escuchando buenos comentarios acerca de esta novela gráfica y la encaré con toda la fe. La verdad, no me terminó de convencer. Por ahí porque uno es, ante todo, fan de Matt Wagner. Y me queda claro que acá Wagner está muchos cambios por debajo de sus trabajos de mayor impronta autoral. Este es un Wagner muy moderado, muy civilizado, muy domesticado. No se ve esa furia, esa cosa visceral, ese filo experimental de las mejores obras del creador de Grendel y Mage. Hay una historia sólida, que no te toma en ningún momento por pelotudo, pero falta lo otro, la provocación, la transgresión. De hecho, el guión de Trinity es tan redondo y tan “reader-friendly” que me extraña que todavía no lo hayan convertido en una película animada de esas que DC edita varias veces por año directo en DVD.
¿Qué es exactamente lo que nos cuenta Wagner en esta historia? La primera vez que se reúnen los tres íconos centrales de la mitología heroica de DC: Superman y Batman ya se conocen entre ellos, ya confían bastante el uno en el otro, y ahora se suma a la ecuación Wonder Woman, esta bomba atómica a la que sólo habían oído nombrar, pero con la que nunca se habían visto cara a cara. Como siempre, al principio hay rispideces, cuestionamientos, frases punzantes… aunque sin llegar a las piñas, porque esto no es Marvel. Y después habrá entendimientos, complicidades, pruebas de lealtad para un lado y para el otro. Sin dudas lo mejor que tiene el guión de Wagner pasa por los detalles en la caracterización, por esos toquecitos sutiles con los que el autor demuestra conocer a la perfección a Clark, Bruce y Diana, que son los que le permiten lograr que la química entre ellos funcione de manera creíble, armónica, natural.
Lo artificial, lo forzado, pasa por la lucha con los villanos. Esta saga, sin los villanos, sin los conflictos, sería mucho mejor. Claro, DC no te va a publicar un broli de 190 páginas en el que tres superhéroes se sientan a charlar para conocerse un poco más. Nos guste o no, tiene que haber una aventura, algo que los impulse a actuar, a involucrarse en situaciones dramáticas que se puedan resolver por la vía de la violencia. Y ahí es donde entran los malos: Ra´s al Ghul, Bizarro y… ¿Artemis?!? Es una selección por lo menos polémica, sobre todo cuando Wagner te blanquea que en esta aventura Artemis tiene… 14 años. Ojo, el tratamiento que le da el autor a este personaje es atractivo, está bien desarrollado, pero se hace muy obvio dónde está el eslabón flojo, el punto débil de esta trinidad del mal. Bizarro también tiene buenos momentos, hasta que Batman le hace ese aguante mano a mano y decís “nah, no me jodas”. Y obviamente el pulenta, el que manipula a todos los demás, el verdadero motor de la trama, es Ra´s. No es una gran trama, Ra´s ha tenido planes mejores y –como ya dije- las peleas entre los héroes y los villanos están bastante por debajo de los logros de Wagner en la caracterización. También hay cameos de Robin, Lois Lane, la reina Hippolyta y Aquaman, que aparece una viñeta y media y no abre la boca. Nada de eso alcanza para distraernos de lo más importante, que es el gran manejo por parte de Wagner de los tres personajes protagónicos.
Bueno, sí, hay algo que nos puede distraer: el dibujo, que está buenísimo, y el color del siempre asombroso Dave Stewart. Sin irse nunca al carajo con la puesta en página como en Grendel, Matt Wagner se concentra en dibujar claro, lindo, en que todo se vea grandioso y espectacular. Acá lo vemos trabajar con su línea la típica de estos últimos… 20 años: trazo sintético, personajes muy expresivos, cuerpos muy dinámicos, con una gran observación del lenguaje gestual de cada personaje, excelente equilibrio entre espacios blancos y masas negras, cuadros sin fondos mezclados con cuadros en los que los fondos te hacen caer de ojete, tomas de lejos en las que los personajes se convierten en siluetas toscas al filo del garabato… todo plasmado en páginas que suelen tener pocas viñetas, como para que el dibujo se pueda lucir a fondo. En sus obras posteriores para DC (las dos saguitas ambientadas en los primeros días de la carrera de Batman), Wagner volverá a apostar por los climas ominosos, la onda más cruda, más tétrica, más pulp. Acá, en cambio, hay mucha más luz, es todo más claro, más prolijo… como decía al principio, más domesticado.
En fin, si sos fan del Matt Wagner jodido, sórdido y sanguinario, no creo que esto te enganche. Si comprás cualquier cosa que lleve la firma del ídolo, supongo que ya lo tenés. Y si sos fan de los tres héroes más emblemáticos de DC, dale una posibilidad que -más allá de las luchas con los villanos- el guión está bien y hay muchos momentos muy finos, muy lindos en lo que hace al tratamiento de los personajes.

lunes, 22 de junio de 2015

22/ 06: WAIBERO

Este librito recopila un montón de historietas cortas (algunas cortísimas) de Leandro Waisberg, más conocido como El Waibe.
Jamás lo había oído nombrar, ni había leído nada suyo, y la verdad es que me volví loco con sus dibujos, me pareció un hallazgo notable. Ese trazo bien mugriento, bien filoso, bien under, debajo del cual se ve claramente un concepto claro de dibujo, de saber plantar las figuras, de saber mover los cuerpos, de conocer de memoria uno y mil trucos para darle fuerza y expresividad a lo que se quiere mostrar… Muy grosso, en serio.
Pero claro, a la hora de leer las historietas, me encontré con tres problemas básicos, a saber:
1) La tipografía que usa El Waibe para los diálogos es ilegible, especialmente las “a” y las “l”. Molestísimas, confusas, un horror.
2) Casi todas las historietas son muy breves, entonces el autor se tira a rematarlas en espacios muy chicos, mete muchas viñetas por página y el dibujo se desluce mucho. A veces, las viñetas son tan chiquitas y El Waibe mete tantos elementos en cada una, que ni se entiende qué catzo dibujó o quiso dibujar.
3) Salvo alguna excepción, los guiones me parecieron entre pavotes e incomprensibles. Hay ideas locas y originales, pero no hay desarrollo, no hay una curva dramática, rara vez hay un remate humorístico contundente… No se sabe bien cuál es la gracia de los guiones, más allá de dibujar cosas que –me imagino por la calidad del dibujo- el autor tenía ganas de dibujar. Por ahí yo soy un nabo que no los entendió y por ahí los guiones no tienen ningún sentido. Realmente no me animo a emitir una sentencia definitiva acerca de eso.
Por eso prefiero llamarme al silencio y no ahondar en el tema. Repito: descubrí a un dibujante formidable, con un estilo único, muy atractivo, y ahora me falta leer historietas de El Waibe que me cierren, que me dejen algo, que encuentren lugar para desarrollarse más allá de la idea, que me permitan conectar mejor con ese universo gráfico tan intenso y tan logrado.
Ojalá en sus próximas historietas el autor encuentre el rumbo, ya sea solo, o acompañado de algún guionista con el que se sienta cómodo. Y ahí, esta promesa, esta esperanza, se pueda hacer realidad.

domingo, 21 de junio de 2015

21/ 06: RUSIA EN LLAMAS

Sigo mi recorrida por algunos títulos interesantes de la legendaria colección Un Uomo un'Avventura, gestada en Italia a fines de los ´70, en pleno auge del comic de autor, innovador y prestigioso, que se extendería hasta pasadita la mitad de los ´80.
Rusia en Llamas se editó en Italia en 1977 con el nombre de “L'uomo di Pskov”, un título bastante mentiroso si consideramos que se trata de un álbum de protagonismo claramente grupal. El maestro Guido Crépax nos lleva al pueblo ruso de Pskov en 1919, cuando arden los combates entre el ejército rojo (que responde a los líderes de la revolución soviética) y el ejército blanco, bancado por los terratenientes que quieren recuperar sus prebendas y por algunas potencias extranjeras que no ven con buenos ojos la instauración del comunismo en el gigante de Europa Oriental. La historia se centra en un comando de siete hombres del ejército rojo, en una lucha desigual para destruir los cañones que los poderosos generales blancos tienen emplazados en Pskov. O sea que a lo largo de estas 48 páginas predomina claramente la temática bélica. No hay espacio para recapitular, para bajar data histórica más concreta (eso lo hace muy bien el texto que se publica a modo de introducción), no hay escenas dedicadas a la introspección, no hay una trama romántica... sólo acción, tiros y explosiones, a la usanza de las viejas historietas de guerra.
No hace falta decir que esto es MUY raro en la biblografía de Crépax, que siempre se las ingenió para que sus historias tuvieran mucha introspección, bastante bajada de línea política y –en los últimos 20 años de su carrera- una dosis de erotismo cercano al de las películas porno. Por supuesto, la impronta autoral del maestro subsiste a pesar de tratarse de una historieta “de género clásico”, principalmente en la puesta en página y en el manejo del tempo narrativo. Crépax cuenta esta historia a su ritmo, con páginas de pocos cuadros, páginas en las que despliega su clásico “montaje analítico”, páginas con una planificación de viñetas alucinante, totalmente atípica para una historieta tradicional, y muy poco texto. Rusia en Llamas tiene un problema principal y es que se lee muy rápido. Por un lado eso está bueno, porque enfatiza el vértigo de la acción. Y por el otro, te deja un poco en bolas: si no leés la introducción, no se termina de entender quiénes son estos tipos, contra quién pelean y por qué.
El principal atractivo, entonces, es ese terreno que Crépax logra explorar desde el dibujo gracias a su elección de este ritmo basado en la acción y no en el diálogo ni en la introspección. Una aventura de “palo y palo” dibujada en el estilo del maestro es, de por sí, una rareza y un deleite. Y como si fuera poco, Rusia en Llamas está coloreada por el propio Crépax con unas acuarelas logradísimas, con las que realza climas, incorpora texturas y le suma dramatismo, furia y salvajada a la tremenda historia que nos cuenta desde el guión.
Es probable que Rusia en Llamas no se recuerde hoy como una obra clave dentro de la abultada producción de Crépax (sobre todo en los ´60 y ´70), porque no tiene los elementos que más identifican desde siempre al autor, básicamente esa impronta erótica, recubierta de una cierta pátina de prestigio por tratarse de aventuras de corte experimental, con ribetes psicológicos y subtextos políticos. Acá, con buena voluntad, se puede encontrar el subtexto político, porque está claro que –en el fragor del combate- Crépax se pone del lado de los bolcheviques. El resto, te lo debo.
Y sin embargo tengo que decir que me gustó mucho descubrir a un Crépax distinto, capaz de abordar otra temática, de “caretearla” un poco para ofrecer una aventura más clásica, más lineal, y aún así mucho más zarpada y rupturista que las otras aventuras que ofrecía esta colección. Entre esa grata sorpresa y la magia que pela el creador de Valentina desde la faz gráfica, redondeamos un álbum más que interesante, que se puede leer (junto con la intro, para no quedar pagando) en pleno Siglo XXI sin sentirle en lo más mínimo el olor a naftalina, a fórmula gastada que se quedó en el tiempo. Revolucionario en todo sentido.

sábado, 20 de junio de 2015

20/ 06: MUNDEN´S BAR

Durante aquel fugaz pero intenso romance entre IDW y Timothy Truman, la editorial californiana republicó unos cuantos episodios de la fundamental Grimjack, dibujada por Truman y escrita por el maestro John Ostrander. Pero se guardó para otro TPB (este) los back-ups que incluía Grimjack cuando salía como comic-book mensual en la editorial First, allá por los inolvidables ´80s. Los back-ups eran historias autonclusivas que transcurrían en el Bar de Munden, propiedad de John Gaunt (Grimjack), ubicado en un barrio muy heavy de la hiper-heavy ciudad de Cynosure. La idea era trabajar casi sin personajes recurrentes, para poder cambiar en todas las entregas de equipo creativo. Por Munden´s Bar pasaron, además de Ostrander y Truman, un montón de talentosos artistas de aquella época, con estilos muy variados.
La gracia de estos back-ups era que acá podía pasar cualquier cosa, desde comedias zarpadas de borrachos y pendencieros hasta thrillers asfixiantes o historias de terror al filo de la pesadilla. A veces los sucesos estaban ambientados ahí, en el momento, con Gordon Munden y sus clientes como protagonistas, y otras veces la serie adoptaba el formato de las geniales Historias de Taberna Galáctica, esas que pelaba Josep Ma. Beá en las páginas de 1984, en las que uno de los bichos que están ahí escabiando le cuenta al resto una historia de la que puede ser protagonista o mero testigo. Todo funciona para darle variedad y para mantener impredecible a la serie.
Fuera de las historias que escriben Truman y Ostrander, hay una sola de Mike Baron (con un gran personaje secundario de Nexus) y unas cuantas en las que Ostrander forma equipo con un monstruo: el dramaturgo, comediante, guionista de TV, iluminador, actor y maestro de varias generaciones de actores (de Bill Murray a Steve Carell), el legendario Del Close, uno de los tipos más rupturistas e innovadores del espectáculo norteamericano de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en 1999. La alucinante química entre Ostrander y Close continuaría años más tarde en DC, con la gloriosa antología Wasteland, ahí sí, con menos comedia y más elementos cercanos al terror psicológico. Pero acá, en sus primeros trabajos conjuntos, hay muchísimas ideas brillantes, plasmadas en unitarios breves… que yo había leído hace menos de 20 años (cuando me armé por monedas la colección de Grimjack en revistitas) y no me acordaba para nada. La única historia que recordaba era una de Truman, dibujada como los dioses por John Totleben. El resto, me sorprendió por completo y –codo a codo con algún sapo menor de los que nunca faltan en las antologías- me encontré con papa muy fina.
De las historias de Truman, la mejor es esa, The Bargain, la que yo tenía fresca en la memoria. La de Mike Baron es muy buena. La que escribe y dibuja Phil Foglio también está muy bien. Y de las de Ostrander y Close es imposible elegir una, así que elijo tres: D.T. (con dibujazos de Stephen Bissette), Mother´s Calling (cátedra devastadora de un Brian Bolland que deja la vida en cada viñeta) y A Quiet Night at the Bar (con dibujazos de Hilary Barta), más virada a la comedia.
Ya mencioné a varios dibujantes grossos y sumo al elenco a algunas bestias más, como Rick Veitch, Joe Staton, Steve Rude, Jerry Ordway, Rick Burchett y William Messner-Loebs, que en esta época todavía era más conocido como autor integral que como guionista. El más flojo, el que desentona, es claramente Jim Valentino, con su aceptable labor cuando tiene que dibujar personajes cuasi-humorísticos y sus pifias grotescas cuando se juega por personajes con anatomía más o menos realista.
Esto es historieta ochentosa bastante adelantada a su época en materia de guiones, así que hoy se puede disfrutar sin ningún inconveniente. Y si no te ahuyenta esa tapa rarísima de Skip Williamson, adentro vas a ser muy feliz cuando te empiecen a bombardear las retinas todas esas imágenes extremas, bien idas a la mierda, que brotan de las plumas de ídolos como Totleben, Bissette, Veitch, Bolland, Rude, Ordway y demás. Sólo me quedé con la leche de ver un unitario dibujado por Truman, pero Munden´s Bar se inventó precisamente para llenar las páginas que Truman no llegaba a dibujar en la historia principal para que Grimjack pudiera sostener la periodicidad mensual… Y hablando de Grimjack, me dieron unas ganas de releerla…

viernes, 19 de junio de 2015

19/ 06: EL HOMBRE CUCARACHA

La historieta argentina actual sigue sorprendiendo con cosas que a uno le llaman la atención por lo raro. Este vez me encuentro con una obra de Nahuel Amaya (a quien ya vimos en varias antologías) que resulta ser una novela gráfica bien aventurera… narrada en 82 tiras cómicas. Parece un disparate, pero es así. La saga de El Hombre Cucaracha consiste de 82 tiras que proponen (o al menos ensayan) un remate humorístico. Es una saga de ciencia-ficción, terror, machaca y un toquecito de sexo, armada con tiras cómicas, algo muy difícil de hacer y que no es frecuente en el medio.
El dibujo de Amaya no encuentra espacio para el lucimiento porque claro, en cada tira tiene que hacer avanzar la trama y rematar con algo similar a un chiste. Entonces mete muchas viñetas por tira y el dibujo queda un poco relegado, sin lugar para descollar. Donde sí se aprecia un trabajo muy notable por parte del autor es en la planificación, en el armado de estas tiras, sobre todo en la construcción de un ritmo. Acá hay hallazgos grossos, porque en un espacio muy acotado, Amaya mete elementos de trama aventurera de “palo-y-palo” y lo ensambla muy bien con el timing de comedia fundamental para que funcionen los chistes. Las pausas están muy bien puestas y la acción no decae a pesar de que cada cuatro, cinco o seis viñetas se viene el remate humorístico.
El humor de El Hombre Cucaracha es bastante básico y se sostiene en una fórmula sumamente efectista: Amaya logra disfrazar de chistes a escenas muy truculentas, muy jugadas al gore, en las que vemos disparos a la cabeza, decapitaciones, piñas y gente que explota en mil pedazos. Y también juega con lo escatológico, con chistes de pedos y vómitos, de los que no son tan frecuentes en las sagas de robots, alienígenas, mutantes y villanos nazis homosexuales.
Lo mejor que tiene el guión es que (como en las buenas aventuras de Cazador) Amaya logra que uno empatice con un tarado mental, un ganso al que sólo le interesa comer, tomar cerveza, garchar y jugar a la Play, y que sólo conoce la violencia como método para solucionar problemas. Dentro de esos lineamientos de “humor cabeza” hay algunos condimentos más elaborados, como los chistes y las referencias geeks, la construcción del villano (cuyo origen y motivaciones están muy bien explorados) y esa secuencia en la que Amaya cambia su grafismo para parodiar los clásicos vitreaux de las iglesias y apuesta por una fina sátira religiosa. Al personaje de Susy le falta bastante desarrollo y peso en la trama, pero bueno, es lo que hay…
El librito es muy lindo, el color está muy bien, la decisión de que el título no aparezca en la portada es arriesgada pero garpa… Así que no está nada mal. Para pasar el rato y reirse un poco de bizarreadas y guarangadas, eh? No creas que es la obra maestra que te va a cambiar la vida. Y por otro lado, sirve para estudiar el tema de cómo construir un relato bien aventurero en base a tiras cómicas. Eso funciona asombrosamente bien en el librito y creo que funcionaría igual de bien si uno leyera estas tiras de a una por día a lo largo de 82 días. Como decía, no es algo fácil ni frecuente, y es lo que convierte a El Hombre Cucaracha en una sorpresa digna de ser leída con atención, más allá de las escasas pretensiones de su guión.

jueves, 18 de junio de 2015

18/ 06: METAL EXTRA: ESPECIAL ROCK ´82

Hoy estoy igual de baqueteado que ayer, pero más cansado, porque salí a hacer un montón de cosas a pesar del frío espantoso que hizo todo el día. La ventaja de hoy es que tengo el comic terminado, entonces no me da para dejarlo ahí. De algún lado sale el empuje para escribir la reseña y después sí, medicamentos y al sobre.
Este es un especial de Metal Hurlant editado en España en 1982, cuando la revista mensual llevaba apenas siete números en la calle. Yo tengo completa la MH española desde que cerró, pero este one-shot no lo había visto jamás. O por ahí lo había visto y, como no me gustan los Rolling Stones, lo pasé por alto. Esto es poco probable, ya que aunque sea una hojeada ameritaba seguro. Y alcanza con una hojeada para asombrarse ante el increíble nivel del material que entró a esta antología, con el rock como eje temático principal.
¿Hay basura? Seh, un par de sapos siempre te tenés que comer. El guión que escribe Paul Gillon, por ejemplo, es una chotada. La rema con sus dibujos, que están buenísimos, pero la trama no existe. Y después está esa cosa indescifrable llamada Funk Marathon, en la que Imbert y Gauckler arman una mezcla de homenajes a la música negra con ciencia-ficción lisérgica, comic bélico y juegos de palabras que andá a saber si no se perdieron en algún punto de la traducción, porque tienen menos gracia que un desalojo. Gauckler siempre cultivó un estilo muy de ilustración publicitaria, que se llevaba a las patadas con el fluir narrativo que a uno le gusta ver en un comic, y acá eso está llevado al límite de la legibilidad. Una pena.
¿Hay papa fina? Obvio. Rodolphe y Ferrandez cuentan una hermosa historia acerca de un músico veterano semi-olvidado que quiere volver a reunir a la banda con la que se hizo “famoso”. Frank Margerin ofrece uno de los más atractivos unitarios de Lucien (Lucky, en España). Yves Chaland y Luc Cornillon se mandan una comedia zarpada protagonizada por un detective que es antepasado directo de Freddy Lombard. Serge Clerc estrenaba acá un unitario de Phil Perfect que luego veríamos en el tomito reseñado el 15/06/12. Kent Hutchinson (a quien no conocía, y resulta ser el pseudónimo del francés Hervé Despesse) la rompe con una breve historia acerca del violento ámbito rockero londinense, en contraste con la movida más elegante, más sofisticada que se vivía en Francia.
Y después hay bizarreadas, con distintos niveles de éxito. La de Loth y Montour se va al carajo por su complejidad, y sus incesantes referencias a canciones de Bruce Springsteen, Rod Stewart, Lou Reed y Hall & Oates, pero el dibujo es alucinante. Al Voss revisita varios lugares comunes al querer hilvanar rock, ciencia-ficción y thriller en ocho páginas, en una historia graciosa, intensa y bien dibujada. La de Dominique Hé es un delirio al filo de lo impublicable, con un dibujo exquisito y una trama atroz, con violaciones, mutilaciones, asesinatos, napalm, drogas y dos personajes centrales de los cuales uno tiene los rasgos de Elvis Presley y el otro los de Adolf Hitler. También hay dos historias cortas de Dreaming in the Dark Dust, que es una versión rockera de Little Nemo in Slumberland, con impactantes dibujos de un tal Morisi.
Lo más grosso es una historia de siete páginas en las que se arma un crossover alucinante entre tres series que solían aparecer en la MH: Lucien de Margerin, Keubla (Kebra, en castellano) de Tramber y Jano, y Los Closh de Dodó y Ben Radis. Los cinco artistas meten mano en todas las páginas y cada uno dibuja a sus personajes, que interactúan como si viveran desde siempre en la misma ciudad. El guión… bueno, con tantas manos involucradas no se puede pedir que sea glorioso… y aún así tiene buenos chistes. El final es efectista y más bizarro que la idea de juntar a esos personajes en una sóla historia, pero creo que si hubiese descubierto esta historia en la época en la que estaba hiper-cebado con la Metal Hurlant y la esperaba mes a mes con fervor adolescente, se habría convertido al toque en mi favorita de todos los tiempos. Que yo sepa, estas siete páginas nunca se reeditaron en los álbumes recopilatorios de ninguna de las tres series involucradas en el crossover, lo cual la hace todavía más increíble.
En fin, si creías que tenías completa la colección de Metal Hurlant, lamento decirte que te falta esta paponga, extraña y descolgada en algunos pasajes y absolutamente fundamental en otros. Y si te gusta el comic europeo de los ´80 y nunca te hiciste adicto a la MH española, no tenés idea de la gloria que te estás perdiendo.

miércoles, 17 de junio de 2015

17/ 06: HOY NO HAY NADA

Y bueno, estaba leyendo un comic pero no llegué a terminarlo.
Estoy muy congestio-
nado, con bastante tos, dolor de cabeza y somnolen-
cia. Al borde la gripe, aunque por suerte sin fiebre. Así que me dediqué básicamente a dormir, y a ver el partido de Colombia-Brasil.
Mañana seguro publico la reseña pendiente.
Gracias por el aguante y perdón por el faltazo.