el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 18 de abril de 2015

18/04: BATWOMAN Vol.3

Ultima reseña desde Santiago de Chile, esta vez para reencontrarnos con esta serie que, con todo en contra, se las ingenió para funcionar como comic de autor adentro del mainstream. Por lo menos hasta que DC se cagó en los autores, como para no perder la costumbre…
Este tomo está tan bueno, que podría ser el último. Acá los co-guionistas W. Haden Blackman y J.H. Williams nos ponen en el plato todo lo que venían cocinando a fuego lento desde el inicio de la serie. Finalmente aparece la villana grossa detrás de todas las amenazas menores a las que vimos enfrentarse a Batwoman, se termina de acomodar la rosca con el DEO, hay un lindo relanzamiento de Bette (algo así como la sidekick de Kate) y avanza grosso el plot romántico con Maggie Sawyer. El final podría ser tranquilamente el final. Cerrar la serie ahí y dejar que pase a la historia, sin tener que pasar por el trauma de que algún imbécil encumbrado en la jerarquía de la editorial le termine bajando el pulgar a una dupla que venía laburando muy, pero muy bien. Por supuesto que para cuando salieron estos episodios, nadie intuía el final que se avecinaba, por eso Blackman y Williams cierran con dos paginitas que abren una nueva saga, con la predecible y bajonera revelación de que un personaje muy importante, al que vimos morir en el TPB escrito por Greg Rucka (ver reseña del 27/10/11), en realidad no murió nada. Y bue… son convenciones del género…
Para resolver el plot central que se había urdido a lo largo de muchos episodios, los autores tienen que dedicarle en este tramo de la saga un espacio considerable a la machaca. Sin dudas, es el tomo de Batwoman con más acción, aunque por suerte no escasean demasiado las otras escenas, las más introspectivas, en las que Blackman y Williams suelen abrirle el juego al resto de los personajes que conforman el elenco. O no, porque el conflicto es de una escala tan grande, que personajes secundarios como Cameron Chase y Maggie Sawyer se ven metidas en un 100% en el bolonki central. Como con el nivel de poder de Batwoman y sus aliadas humanas no alcanza ni ahí para ganarle a la villana hiper-power, entra en escena Wonder Woman, lo cual es muy coherente, pero… ¿qué Wonder Woman? ¿La de la Justice League de Geoff Johns, o la de Brian Azzarello? Respuesta B, maestro. Blackman y Williams se le animaron a la figurita difícil, a la Diana de su propia revista, que también jugaba por afuera de los crossovers, casi por afuera de la continuidad misma del New 52. En un momento menciona a un par de compañeros de la Liga, pero es la Diana de Azzarello, la que está involucrada hasta la… diadema con la mitología griega. Un gran hallazgo para los que somos fans incondicionales de esa serie.
Medio descolgado en plena saga, tenemos (como en varios tomos del New 52 que leí recientemente) el número 0, ese episodio compuesto básicamente de flashbacks al pasado de los personajes. En esta ocasión, esas 20 paginitas se centran en el entrenamiento de Kate para eventualmente lanzarse como Batwoman y ofrece un equilibrio mucho mayor entre piñas y patadas y toda esa parte tan atractiva que tiene que ver con la relación entre la heroína y su padre. Un unitario lindísimo, realmente, que cambia mucho el registro del resto del tomo, pero igual brilla con luz propia.
Y hablando de brillar… salvo 18 paginitas, TODO este tomo está dibujado por J.H. Williams III, en un nivel que no se puede creer. Para los flashbacks del número 0, Williams pela un estilo crudo, adusto, oscuro, una onda David Lapham, David Mazzucchelli, Steve Lieber… que por supuesto le queda bárbaro. Y para todo lo demás, para todas esas páginas repletas de acción y emociones al palo, detona todo su arsenal gráfico, con esas composiciones imposibles. Gracias a la magia de Williams, la página se convierte en un poster, en un laberinto, en una estrella… Nada le interesa más al autor que encontrar formas nuevas, para nada tradicionales, de hilvanar la secuencia narrativa. Así es como encuentra vericuetos imposibles, malabares gráficos y narrativos totalmente inéditos, que sólo se van a volver a ver en un comic si aparece alguien lo suficientemente valiente como para salir a chorear detalle por detalle, las puestas que inventa Williams. Ni hace falta mencionar que el dibujo en sí es fastuoso de punta a punta, ni que los colores de Dave Stewart se ensamblan perfectamente con la arriesgada propuesta visual de Williams para redondear una faz gráfica insuperable. En el episodio que no dibuja J.H. lo tenemos a Trevor McCarthy (suplente al que le habían encajado muchas páginas en el tomo anterior) bastante bien, bastante sólido, pero encolumnado en el más de lo mismo, sin un atisbo de la poderosísima identidad gráfica del titular. Esta vez, además, los autores se las ingeniaron para que el episodio que no dibuja Williams, funcione como un apartado, como un segmento en el que vemos la misma historia, pero contada desde el punto de vista de un personaje (Maggie) que hasta ese punto casi no había aparecido.
Me acuerdo que el Vol.2 me había dejado con algunas dudas, pero la verdad que este tomo me las sacó, así que voy por más Batwoman de Haden Blackman y J.H. Williams III.

viernes, 17 de abril de 2015

17/ 04: BARRO Y SANGRE

Imponente desde la portada, con un tamaño infrecuente para el mercado argentino y una calidad de papel sin nada que envidiarle a las grandes ediciones europeas, esta antología de historias cortas de Lautaro Fiszman fue una de las sorpresas más gratas de 2014. Hasta la aparición de este libro, Fiszman era un autor casi secreto, que aparecía ocasionalmente en alguna antología pero que no estaba “en el radar” de la mayoría de los consumidores de historieta. Si eso no se modificó con Barro y Sangre, la verdad que somos unos pelotudos irredimibles.
El primer bloque –todo en blanco y negro- arranca con un cuento de León Bloy, adaptado por Mariano Buscaglia. Es una gran historia, fuerte y desgarradora, perfectamente resuelta en siete páginas donde no falta ni sobra nada. La segunda historia, Una Mora en el Desierto, parte de un guión original de Alejandro Cohen Arazi. Es una aventura más convencional, con un poco menos de sorpresa, pero con la tensión muy bien llevada a lo largo de sus nueve páginas. Para las siguientes ocho páginas, el propio Lautaro adapta un cuento de Simja Sneh, donde de nuevo tenemos atrocidades al filo de la demencia, pero falta un conflicto un poco más intenso, o mejor planteado. Es de las que menos me gustó del libro.
La siguiente es la breve El Puente Sobre el Río Búho (basada en un cuento de Ambrose Bierce) y se trata básicamente de lo mismo que Una Mora en el Desierto. Lo que la hace interesantísima es la extensa secuencia muda y la brevedad, ya que Fiszman tiene que contar todo en sólo dos páginas, y en viñetas mayoritariamente mudas. Un desafío narrativo cumplido con creces por el autor. Y le sigue otro experimento de Lautaro como guionista, también en dos páginas: Bogdán Jmelnitzky, una interesantísima reflexión acerca de cómo una misma historia se puede enfocar desde dos ópticas totalmente distintas.
El segmento de historias a todo color arranca con una de las mejores del libro: El Sueño, co-escrita por Fizsman y Buscaglia. Dedicado al maestro Carlos Casalla, es un relato ambientado en la Guerra del Desierto, con un clima alucinante, acción, buenos diálogos y un giro final muy logrado. Le sigue la muy breve 5 Groszy, lo más parecido a un chispazo de humor que vamos a encontrar en esta colección de historias marcadas por el horror y las atrocidades de las guerras. Luego, una historieta que yo había leído hace mil años y todavía recordaba por su fuerza y su intensidad: El Regreso, basada en un cuento de Andor Latzkó. Lo único que no me cierra es la extensión, ya que daba para ocho o nueve páginas, más que para seis. Por eso hay momentos en que la historia está un poco apretada, muy cargada de texto que seguramente hubiese convenido repartir entre más viñetas. Y algo similar sucede con El Senegalés, una excelente remake de un clásico de H.G. Oesterheld y Hugo Pratt, que viene bárbara hasta la última página, en la que el espacio se le acaba de golpe a Lautaro y resuelve concentrar extensos soliloquios en pocas viñetas que rebalsan de texto.
Y terminamos con otra joyita en blanco y negro: La Laguna, sobre un guión original de Cohen Arazi. Impactante, climática, con excelentes secuencias mudas, esta historia se beneficia notablemente de la posibilidad de exceder las 10 páginas de duración.
Como fueron dibujadas a lo largo de muchos años, las historias nos permiten ver a Fiszman en distintas facetas de su evolución como dibujante. En general, lo podríamos rotular de historietista cercano a la corriente pictórica, sobre todo cuando trabaja a color. Pero hay de todo. Como buen alumno del Viejo Breccia, Lautaro hace magia con el claroscuro, la rompe a la hora de meter manchas con su pincel, maneja a la perfección técnicas como la de añadir detalles con témpera blanca sobre las masas negras, el pincel seco, el lápiz que queda a la vista, los movimientos de cámara para generar tensión… Creo que la historia en la que menos me cerró el dibujo es Sangre, donde se lo ve un poco apurado, descuidado, bailando al filo del mamarracho. En el resto del libro, se ve a un autor al que no le tiembla el pulso a la hora de poner las vísceras arriba de la mesa y apostar por un expresionismo al límite, con todo lo que hace falta para plasmar con rigor distintas épocas históricas, lograr climas que atrapen al lector y asestar esa última fatality con esos rostros pensados para transmitir las más potentes sensaciones.
Un librazo sumamente recomendable, de verdad. Más allá de que te interesen o no los temas bélicos (que predominan en la antología), Barro y Sangre ofrece varios relatos conmovedores, sumados a la posibilidad de descubrir o redescubrir a una bestia de nuestra historieta como es Lautaro Fiszman. Ojalá pronto se editen nuevos trabajos suyos.

jueves, 16 de abril de 2015

16/ 04: CITY KID

Otra reseña cortita, y la verdad es que es a propósito. Como estoy de vacaciones, no le quiero dedicar demasiadas horas al blog, y tampoco me quería venir con la mochila cargada hasta la chota con libros muy pesados. Así que la mejor opción eran los libros finitos, con pocas páginas y no tan complejos a la hora de la lectura y el análisis.
City Kid es exactamente eso: liviano en el sentido más amplio de la palabra. Es parte de una colección de historietas para chicos a cargo de autores muy interesantes, entre los que están Tute, Miguel B. Núñez, Artur Laperla y Pep Brocal, entre otros. Y son libros finitos, en los que apenas 31 de las 36 páginas tienen algo para leer.
Lo que nos cuenta Alex Fito en esta historia es el cambio que se produce en la vida de Juan, un nene de ocho o nueve años, cuando su familia se muda de un pueblito rural a la gran ciudad. Es una historia simple, lo suficientemente intensa como para que un chiquito de esa edad se enganche, pero sin establecer un conflicto heavy, ni perturbador. Los personajes tienen miedos, inseguridades, no están exactamente cómodos con lo que les toca vivir, pero nada está magnificado ni dramatizado como para que uno diga “mirá cómo sufren, pobres borregos”. Siempre está la familia como marco de contención, y siempre está intacta la chance del final feliz. De alguna manera, Fito encara un tema potencialmente bravo de un modo cálido, tranqui, en el que los afectos y la buena onda pueden más que el bajón y las complicaciones.
Desde que se terminó aquel maravilloso encuentro de talentos llamado Grupo La Penya, Fito desplegó una carrera solista muy notable, basada en un estilo sumamente pulcro, prolijo, en algún punto cercano al de Chris Ware, aunque obviamente menos frío. Con los años, se especializó en dibujar a niños y aquí se lo ve realmente canchero en ese menester. Por supuesto, siempre sorprende con su estética fina y elegante para dibujar fondos, muy simples, muy icónicos, pero con un grado de elaboración que sólo Ware intentaría superar. Y lo más lindo de todo es el color, con unos engamados perfectos y con la posibilidad de eliminar la línea negra y dejar que las formas (una vez coloreadas) definan los contornos de algunos elementos, especialmente en los fondos. Visualmente esto es muy, muy atractivo para los más chicos.
No mucho más, realmente. Si te gusta la obra más vanguardista de Alex Fito, en una de esas esto te resulta medio light, o medio careta. Y si no lo conocías, obviamente te vas a cebar mucho más si empezás por ahí, por Raspa Kids Club, o cosas de esa onda más irónica, más mala leche. Si ya estás a full con Fito, o si querés una linda historieta para darle a un lector primerizo, esto sin dudas está muy bien.

miércoles, 15 de abril de 2015

15/ 04: THE TOURIST

Sigo en la búsqueda de las obras raras de Brian Wood, y así caí en esta novela gráfica editada por Image en 2006. Claro que a partir de la portada, no tenía forma de imaginarme con qué me iba a encontrar adentro. Me encontré nada menos que con un dibujante al que no conocía y que me pareció una BESTIA, un monstruo definitivo del Noveno Arte. Su nombre es Toby Cypress, y en su claroscuro incandescente conviven las influencias de Paul Pope, Michael Gaydos, Kent Williams, Bruce Timm, Jeff Lemire, Guy Davis, Eddie Campbell, muchos autores europeos (hay composiciones que me recordaron, por ejemplo, Jordi Bernet) y hasta nuestro José Muñoz. Sí, amigo viñetófilo, estamos ante un distinto, un dotado, un salvaje que salió a matar y dejó todo en un trabajo increíble, visualmente fascinante y sin fisuras en la narrativa.
Con la fiesta para los ojos garantizada, me resultó muy fácil engancharme con la historia tal como la propone Wood. El autor maneja muy bien un montón de recursos para que uno se sienta muy involucrado en la trama, y crea saber siempre cuál va a ser la próxima jugada de Moss, el enigmático protagonista. Por supuesto, al final Moss hace lo contrario a lo que todos esperábamos que hiciera (perdón por no ser más específico, pero no le quiero cagar las sorpresas a nadie) y es muy difícil no putear a Wood por la decisión que toma en las últimas cuatro páginas. Pero es entendible, no es un volantazo disparatado.
Dicho todo esto, es obvio que The Tourist me pareció un comic entre muy bueno y excelente. Y sin embargo, repasando el guión, me parece que sería mejor todavía si en vez de un comic fuera una película. Posta, quiero que alguien agarre este guión y lo filme. La trama está buena, la acción es zarpada, la historia de amor está perfecta… pero el ritmo es un ritmo más para cine, y encima en la pantalla, con música, con movimientos de cámara, se podrían potenciar aún más los muchos hallazgos de Wood en materia de creación de climas. Ese contrapunto, muy presente en el comic, entre la tonalidad bucólica de un pueblito costero en el norte de Escocia y la machaca brutal y sangrienta, brillaría muchísimo más en un largometraje con actores… a menos que lo dirija un negado total, un burro que sólo vio Rápido y Furioso y no la entendió.
No me quiero extender al pedo, así que simplemente recomiendo enfáticamente The Tourist a los fans de Brian Wood, a los que quieran leer un thriller distinto, y a los que quieran descubrir a ese animal llamado Toby Cypress, del cual me propongo conseguir otros trabajos, en lo posible hoy mismo.

martes, 14 de abril de 2015

14/04: SE CONVIRTIERON EN HEROES


Y, no… La verdad que esto no da para ser evaluado como fuera una historieta. Hay muchas páginas en las que Liniers recurre a la narración secuencial, pero básicamente son chistes, o a lo sumo ilustraciones alusivas a distintos momentos de lo que fue el mundial de Brasil 2014, obviamente vistos a través del prisma personal del consagrado dibujante.
Esto es algo así como la secuela del álbum de figuritas del Mundial. Si alguna vez coleccionaste figus del Mundial, recordarás que estas tenían poquísima información, a veces sólo los nombres de los jugadores y a qué selección representaban. No había álbumes de figus post-Mundial, que contaran quiénes habían sido las figuras, qué promesas quedaron en el humo y los espejitos de colores, quiénes se consagraron, quiénes se hundieron, quiénes ascendieron al panteón de los dioses futboleros… Este libro cumple perfectamente esa función. Los chistes e ilustraciones de Liniers están hechos al ritmo de la crónica diaria, del minuto a minuto y desde el lugar de los hechos. Y por supuesto, no sólo dan cuenta de lo que pasaba adentro de las canchas, sino también del fenómeno social y hasta mediático que constituyó el Mundial. O sea que hay una mirada personal, novedosa, que también suma y hace que estas tiras no sean un repaso más de lo que dejó la Copa del Mundo.
Como siempre, corresponde hablar de lo bien dibujado que está todo. Te podés reir o no de los chistes, te podés emocionar o no cuando Liniers patea para ese lado, pero no se puede discutir que la calidad de los dibujos es alucinante, y que el creador de Macanudo salió a transpirar la camiseta y a superarse a sí mismo en casi todas las páginas.
Y como complemento, al lado de cada dibujo o historieta de Liniers, tenemos un breve texto del periodista especializado Daniel Arcucci, quien también cubrió el Mundial para el diario La Nación. Arcucci sabe muchísimo y además escribe muy bien (y además es de Racing), así que en las páginas en las que no hay dibujos, también hay información, algo de análisis y bastante emoción.
No me quiero extender mucho más, porque no da. Me conformo con recomendarles este libro a los fans de Liniers y por supuesto a los fans del futbol que quieran atesorar una crónica distinta del inolvidable Mundial de 2014. Si estás como loco esperando la Copa América, o si todavía hay días en los que te sorprendés a vos mismo cantando “Brasil decime qué se siente”, rendile un pequeño tributo a la Selección de Sabella calzando este librito en tu biblioteca de historieta y/o humor gráfico.

lunes, 13 de abril de 2015

13/04: BAKUMAN Vol.8

Volvió la alegría. No lo digo por mí ni por las reseñas, sino por Bakuman, el manga de la frescura, la vitalidad, los sueños, los ideales, la pasión, el amor. El manga que tenés que amar si alguna vez amaste al manga (o al comic, o a como lo quieras llamar).
Siempre digo que mi único “pero” para con esta obra es que se extiende a lo largo de 20 tomos, lo cual a priori parece una bestialidad. Sin embargo, una vez que estás adentro, son tantas las variantes que encuentran Tsugumi Ohba y Takeshi Obata para mantenerte entretenido y enganchado con las tramas, que no importa nada. No se te pasa por cabeza que eso con lo que te estás divirtiendo a lo pavote quizás sea un relleno, una anécdota muy menor en el contexto global de la serie. Estos turros hacen que vos vivas cada una de esas pequeñas cosas con total intensidad, involucrado hasta la manija, de un modo muy similar a como lo viven Takagi y Mashiro, los jóvenes protagonistas. Ese debe ser el principal logro de los muchos que hacen tan ganchero y apasionante a Bakuman.
En este tomo, el guión de Ohba apela a un recurso hasta ahora poco explorado, con el que empieza a tomar coherencia la decisión (a veces un poco extrema) de poner el protagonismo en manos de pibes tan jovencitos: un malentendido da pie a una crisis en una de las parejitas de novios (novios muy raros, porque da la sensación de que se franelean muy poco, y de coger ni hablar) y a su vez genera secuelas que afectan a la otra. O sea que tanto Takagi como Mashiro tienen que lidiar, por un lado, con los ya clásicos bolonkis de los editores, las reuniones de serialización y los pormenores del laburo de mangakas, y por el otro con sus respectivas chicas, con las que tendrán que remar duro y parejo para que sus vínculos afectivos no se terminen de ir al descenso.
En medio de esta vorágine de sentimientos y hormonas fuera de control, gana muchísima importancia en la trama Koh Aoki, la chica mangaka que viene dando sus primeros pasos en la Shonen Jump en paralelo a los Ashirogi, y que por ahora siempre había estado medio al margen de los conflictos centrales. Esta vez el guión nos invita a meternos de lleno en sus sentimientos, en su piel y hasta la vemos hacer algo que hasta ahora no había hecho ningún personaje en Bakuman: reventarle la cara a otro de un sopapo formidable, en la que probablemente sea la mejor escena de un tomo repleto de grandes momentos.
Como ya es costumbre, los diálogos (muy bien argentinizados por Nathalia Ferreyra) reflejan perfectamente las edades, los sentimientos y la onda de este gigantesco elenco, y constituyen un elemento sumamente atractivo, que compensa con creces la falta de acción y la sobreabundancia de talking heads. En paralelo a todo ese plus maravilloso que tira Ohba en los diálogos, Obata se juega cada vez más a un dibujo menos pendiente de la representación y más en sincro con esto de las emociones y las sensaciones. Así, personajes y hasta tipografías se deforman para subrayar momentos claves, en los que las expresiones faciales y corporales se amplifican, le ganan al realismo y nos muestran a un dibujante capaz de correrse de su propio andamiaje estético para ofrecernos un magnífico “algo más”.
Si bien las carreras de los jóvenes mangakas tienen sus altas y sus bajas, Bakuman sigue muy, muy arriba, cada vez más difícil de bajar. Por suerte ya salió el Vol.9, así que hasta hay chances de que lo lea antes de que se publique el Vol.10. Obviamente, quiero más.

jueves, 9 de abril de 2015

09/ 04: PLASTIC MAN Vol.2

Sí, soy un loser. Arranco con el Vol.2 porque el Vol.1 jamás lo conseguí, es una especie de Santo Grial que escasea más que las ideas progresistas en la plataforma del PRO. Por suerte son historias que pueden leerse en cualquier orden.
Y mejor aún, son unas historietas gloriosas, brillantes, inmejorables. No se me ocuure qué hacer para que sean mejores… No sé, que las dibuje el Niño Rodríguez y me regale los originales… Pero tampoco, porque buena parte de la genialidad de este Plastic Man es que lo escribe y lo dibuja el maestro Kyle Baker, en un ejemplo más de esa infrecuente maravilla que es el comic de autor adentro del mainstream. Baker juega a pleno con las posibilidades que la da el Universo DC: boludea a la Liga de la Justicia, tira referencias irónicas a Identity Crisis, mete al Time Trapper, a Bizarro, a la polémica (y sacrosanta) Laetitia Lerner, y se cuelga de aquella recordada saga de Luthor presidente de los EEUU para hacernos mear de la risa con un episodio desopilante, en el que baja de keruza una línea tremenda sobre los presidentes y los políticos en general.
La primera historia es la única de dos episodios, en la que participan la JLA y el Time Trapper, pero en realidad gira en torno a Abraham Lincoln, su asesino John Wilkes Booth, una mina que dice haber sido esposa de Plastic Man y varios héroes y villanos que se hacen pasar por quienes no son. Es una comedia de enredos fascinante, con un ritmo frenético, repleta de chistes gloriosos. Como en todo el libro, a Plas lo secundan Woozy Winks (personaje que me cae tirando a pésimo, pero lo respeto porque viene heredado de la época clásica de Jack Cole) y Morgan, una aguerrida y sexy agente del FBI, compañera del héroe en todas sus misiones. Esta última es un invento de Baker, muy logrado.
Vamos con los unitarios. El primero es una parodia a la típica historia de mansión embrujada en la que los buenos deben pasar una noche en un lugar tétrico donde serán cena fácil para los vampiros. Por supuesto Baker se mofa de todas las convenciones del género, sorprende con unas pantomimas espectaculares dignas de Sergio Aragonés, y ya que está, suma a un nuevo personaje al elenco de secundarios.
El siguiente unitario es el de Luthor en la Casa Blanca, un delirio brillante, sacadísimo y letal. Después tenemos un clásico thriller en el que los agentes tienen que detener a un supuesto asesino serial. Baker lo convierte en una comedia de enredos salvaje, en el estilo de Mortadelo y Filemón, con slapstick, transformaciones bizarras y un humor que se lleva puesto al argumento. Por si fuera poco, el autor ironiza con certera mala leche acerca del “gravísimo delito” que supone descargar canciones de la web. Y el libro termina con un magnífico homenaje a los clásicos dibujos de Tom & Jerry, en el que la misión de Plas es… eliminar a un ratón que le invadió la casa. Es el capítulo que tiene más secuencias mudas, y es casi imposible leerlo sin imaginarse la música de los viejos cartoons de la Metro Goldwyn Mayer en los que Tom trataba de capturar a Jerry.
Me podría colgar horas en la enumeración de secuencias, gags y diálogos inolvidables pero quiero hablar un toque del dibujo. Baker trabaja con pocos cuadros por página (rara vez hay más de seis), con muchas pantomimas sin diálogos, y con algo que casi ningún dibujante puede hacer: cambiar todo el tiempo de técnicas y de registro. Según lo requiera cada escena de cada guión, Plas puede aparecer dibujado MUY realista, o MUY caricaturesco. Los fondos pueden estar laburadísimos, desaparecer, o ser una foto alevosamente copy-pasteada y mínimamente retocada. La línea negra puede estar, desaparecer, o ser reemplazada por líneas de colores. Acá hay estridencia, colores primarios, maquinolas tipo Kirby, expresionismo pasado de rosca tipo Kricfalusi, texturas y efectos del photoshop, minitas hermosas, personajes muy deformes, tipografías y onomatopeyas que ningún otro autor se animaría a usar. O sea que Baker hace -60 años después- un montón de las cosas zarpadísimas que hacía Jack Cole, con fidelidad a los conceptos, al riesgo, a la onda, pero sin repetir ni copiar los yeites del maestro.
A pesar de haber ganado un montón de premios, la serie duró apenas 20 episodios, varios de los cuales nunca se reeditaron en TPBs. Un garrón, porque ahora los fans de Kyle Baker tendremos que apuñalarnos unos a otros para conseguir esas revistitas de hace 10 años, que en una de esas tuvieron tiradas bajísimas. Yo ya me pongo en campaña para conseguir eso y el primer TPB, con el que sueño hace añares.
Mañana arranca un paréntesis en la subida de material nuevo al blog, que esperemos se termine el lunes, o como máximo el martes. ¡Hasta pronto!

miércoles, 8 de abril de 2015

08/ 04: DE ONCE A MORENO

Esta antología editada por el Hotel de la Ideas tiene un problema básico, fundamental, insoslayable: 92 páginas de las cuales sólo 64 son de historieta. ¿Con qué criterio suponen que un lector de historietas quiere comprar y guardar un libro que tiene 28 páginas SIN historietas? Y si cada historieta tiene 8 páginas, ¿no sería lógico que en 92 páginas hubiera por lo menos DIEZ historietas de 8 páginas? La sensación de ver todas esas páginas en blanco es horrorosa: sentís que te están metiendo la mano en el boslillo. No porque el libro sea demasiado oneroso, sino porque te están dando (además de un magnífico prólogo de Leonardo Oyola)… un montón de páginas en blanco! ¿De qué sirven? ¿Qué me aportan? Y la pregunta más chota… ¿no estarán ahí para cubrir a una o dos historietas que tendrían que haberse incluído y se quedaron afuera?
En cuanto a las historietas en sí, la primera tiene un guión bastante logrado de Santiago Sánchez Kutika, con buenos dibujos del siempre versátil y solvente Hurón. Lo que no tiene es ningún motivo para incluirse en una antología sobre trenes y estaciones del Sarmiento. Hay una escena en un tren que podría transcurrir en cualquier otro lado… y eso es algo que vamos a ver bastante en estas páginas.
La segunda historieta, íntegramente a cargo de Diego Rey, tampoco tiene un choto que ver con trenes y estaciones. Me gustó el dibujo, me gustó el tono y me pareció horrenda la tipografía de los diálogos. La verdad que arrancó tan buena y el clima me atrapó tanto, que me hizo esperar mucho de un final que me resultó anticlimático y flojo.
La tercera, escrita y dibujada por Daniel Perrotta, arranca interesante, con una freakeada grossa que pasa arriba de un tren, pero para la mitad se convierte en una historieta autobiográfica (creo) en la que el autor reflexiona acerca de sus relaciones románticas pasadas y -mediante una introspección que nos deja bastante afuera- decide con cuál de sus ex-novios volver a intentar ser feliz. El dibujo… bastante precario.
La cuarta historia, en cambio, banca hasta el final la bizarreada. Es una historieta claramente en joda, un grotesco, apoyado en los muy buenos diálogos de Guillo Lauriente y en la gracia y la chispa de los dibujos de una afiladísima Majox. ¿Justifica la extensión? No, se podría haber contado lo mismo de modo más efectivo en cinco o seis páginas. Pero como es graciosa, se la banca.
Arrancamos la segunda mitad con Emiliano Maitía, que escribe y dibuja una historia autobiográfica que encaja perfecto con la consigna de la antología y tiene momentos muy graciosos. Me hizo acordar a historietas de El Víbora, onda Los Primos del Parque, o aquellas más kilomberas, con Makoki y la Baska. Al dibujo de Maitía le falta bastante para arrimar a un Miguel Gallardo o a un Jaime Martín, pero para este tipo de historia, donde lo importante es la espontaneidad, zafa.
La de Erica Villar y Marina Muñoz tiene excelentes dibujos y una muy buena idea… que no daba ni en pedo para ocho páginas. En cuatro páginas, sería un golazo. Por suerte el dibujo está tan bueno (me mataron esos homenajes a Mike Allred) que ayudan a que el trámite se haga llevadero.
Para la séptima historia, Javi Hildebrandt propone un guión muy notable, con documentación histórica, conflictos fuertes, giros sorpresivos… un lujo. El dibujo no acompaña, lamentablemente. Lauri Fernández opta por un estilo basado en la escala de grises, en personajes muy caricaturescos, casi como si estuviera ilustrando un cuento infantil, y desaprovecha los enormes recursos expresivos de su otro estilo, el que me fascinó en trabajos como Ani o Vientre.
Y si tengo que elegir la historia más redonda, la que más me convenció, voy con la última, escrita por Juan Damían Correa y dibujada con muchísimas pilas por Emmanuel Enríquez, acá mucho mejor, más afianzado que en Lo Subterráneo (ver reseña del 21/01/14). El guión nos mete en una historia de amor a contramano, sin grandes pretensiones pero con muchos logros.
Me parece que, en general, esta antología repite errores que ya habíamos visto en la anterior (06/10/13) y supongo que tienen que ver con el hecho de que se gestiona y se financia desde un colectivo de autores que –además de socios en la aventura de editar- son amigos. Por eso me da la sensación de que no se juegan a decirle al de al lado “No me importa que vos también estés poniendo guita para la edición; esto no tiene calidad para publicarse en un libro”. Así es como entre algunos autores que están en un nivel altísimo, tenemos otros que o no dejaron la vida en su historieta, o lo intentaron pero no tienen con qué. Una pena.

martes, 7 de abril de 2015

07/ 04: ALIENOR: LA LEGENDE NOIRE Vol.3

Final para esta interesantísima trilogía… que en realidad no termina. Me comí el amague de que en el tercer y último tomo Arnaud Delalande y Simona Mogavino me iban a contar el desenlace definitivo de esta historia, es decir, la muerte de la reina Alienor. Y no. El relato llega hasta un punto, y si bien pasan un montón de cosas, no hay nada ni remotamente parecido a un final.
En la reseña del Vol.2 yo me preguntaba si en este último tramo Alienor iría en busca de la redención, y algo así es lo que efectivamente sucede. La joven reina quiere rectificar el rumbo, mejorar la letra… pero no le sale. En estas 56 páginas Alienor baja un par de cambios, un ratito. A la larga, terminará gobernada por sus pulsiones, sus impulsos, sus caprichos, cada vez más enfrentada a un Louis VII que ya está bastante podrido de que esos pelos que tiran más que una yunta de bueyes lo lleven de un papelón a otro. Y empiezo a pensar que realmente este es un tratamiento muy parcial de la biografía de Alienor, y que también existe una corriente historiográfica más “alienorista”, a la que la versión plasmada por Delalande y Mogavino le debe haber dado por las pelotas. Digo esto porque el tomo arranca con un “disclaimer”, donde la editorial explica en base a qué fuentes se construyó el guión, qué personajes son reales y cuáles ficticios, qué libertades se tomaron los autores a la hora de llenar baches o zonas oscuras de la historia, y pone paños fríos al aclarar que se trata de “una interpretación novelizada de la vida de Alienor basada en hechos históricos verídicos”. No es ilógico pensar que así como existe una leyenda negra, podría existir una leyenda blanca, en la que la reina salga muchísimo mejor parada que en esta obra.
En cuanto al argumento en sí, en este tomo el foco se desplaza un poquito. La intriga palaciega, las roscas y los garches siguen presentes, pero ahora la historia toma un perfil más bélico, ya que los reyes de Francia se suman a las Cruzadas y se ponen al frente de un poderoso ejército que marchará hacia Oriente, con flojísimos resultados. Las figuras de Louis VII, el sacerdote Suger y la hermana de Alienor pierden bastante protagonismo, en detrimento de Rançon, uno de los lugartenientes al frente de las tropas, y de Vincent, el caballero italiano enamorado de Alienor, el único personaje 100% ficticio de la saga. Y como decía la principio, el final no es un final, sino un “volver a empezar” luego de un cambio heavy en el status quo. De hecho el tomo termina con la palabra maldita: “a suivre”, o “continuará”, en criollo. Todo el tiempo Delcourt nos vendió esta obra como una trilogía, y cuando llegás al final te enterás que no, que eventualmente saldrán más historietas centradas en la vida de Alienor.
No tengo mucho más para agregar. Ni siquiera quiero extenderme repitiendo elogios para con el trabajo de Carlos Gómez al frente de la faz gráfica. La verdad que es un orgullo para todos los argentinos lo que hace Carlos para las editoriales europeas y en este libro (de 2014) se lo ve incluso mejor que en los anteriores. Si no me hubiese atrapado para nada la historia de Alienor, igual la habría bancado hasta el “final” por el placer que me produce el dibujo de Gómez.
Y a la gente a la que sí le entusiasma el tema de los reyes europeos del medioevo, sus triunfos, sus fracasos, sus roscas con la iglesia, con las otras potencias, con sus vasallos, etc., no puedo menos que recomendarle esta saga en la que –sesgada y todo- se nos brinda la posibilidad de meternos a fondo en la vida y la leyenda (negra, blanca, no calienta) de un personaje realmente apasionante como fue Alienor.

lunes, 6 de abril de 2015

06/ 04: CAPTAIN AMERICA Vol.4

Esta es una saguita totalmente autoconclusiva que se publicó en la época en la que la revista del Captain America formó parte de la línea Marvel Knights. En poco más de 90 páginas, Dave Gibbons y Lee Weeks nos invitan a visitar una realidad paralela (un Elseworlds, si estuviéramos en DC) en la que el Capi despierta de su letargo en los años ´60 para encontrarse con que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial y llevan casi 20 años de supremacía indiscutida en el mundo entero. La acción se sitúa en Nueva Berlin (ex-Nueva York), donde el Red Skull montó la capital de este Tercer Reich y donde hace años se cocina a fuego lento una resistencia sostenida por hombres y mujeres comunes, sin superpoderes ni tecnología como para hacerle el aguante al poderío nazi.
Obviamente el Capi va a inclinar la balanza en favor de los rebeldes y de eso se trata la historia: de cómo el héroe se convierte en la inspiración para que la resistencia triunfe. El principal hallazgo de Gibbons es el equilibrio que encuentra en estas páginas. Hay mucho de descripción, de exploración de este nuevo y extraño status quo socio-político, muchos personajes que presentar y, por ende, bastantes secuencias muy habladas. Y al mismo tiempo, no escasea para nada la acción: hay persecuciones, explosiones, tiros, kilombo y peleas para todos los gustos. El plan de los malos es interesante y ambicioso, y reserva roles destacados para el Barón Von Strucker y el Victor Von Doom de este universo alternativo.
¿Y los buenos? Obviamente los capos de la resistencia son todos muchachos que nos suenan de algún lado, aunque acá no tengan poderes: Reed Richards, Hank Pym, Sue Storm, Luke Cage, Ben Grimm y un largo etcétera. Los giros más interesantes dentro de este elenco tienen que ver con Tony Stark (que hasta último momento parece estar colaborando con los opresores) y Bucky, que no sólo no murió sobre el final de la Segunda Guerra, sino que ahora es el líder de la resistencia, respetado por todos principalmente por haber combatido tantas veces al lado del Capitán.
El hueco grosso del argumento está al principio. Los que encuentran a Steve Rogers congelado, flotando por ahí en suspensión animada, son los nazis. ¿Por qué carajo no lo matan en el acto, cuando todavía está dormido, o cuando recién se despierta y todavía “no hace pie” en esta realidad que lo shockea? No hay una explicación lógica. El Red Skull intenta primero co-optarlo para su bando, con promesas de poder, riquezas y placeres… al Capitán América, justamente. Una idiotez mayúscula, que por supuesto el villano pagará carísimo. Y los impactos más fuertes están, lógicamente, al final, porque al ser un Elseworlds, Gibbons no tiene la obligación de llevar la historia a un final feliz, ni de dejar vivos a todos los buenos. No quiero contar nada del desenlace, pero no es para nada el esperado, ni el obvio, y aún así está muy bien.
Al frente del dibujo lo tenemos al siempre eficiente Lee Weeks, muy bien complementado con las tintas del maestro Tom Palmer. El estilo de Weeks es ideal para el comic de superhéroes actual, porque mezcla rasgos bien brutales, de dibujantes bien “raw power” tipo Jack Kirby o John Romita Jr., con rasgos más elegantes, de dibujantes más climáticos, más realistas, tipo Steve Epting o Paul Gulacy. No te digo que el combo funcione siempre, porque hay veces que o Weeks o Palmer la pifian en alguna expresión facial. Pero está esa narrativa intensa, que te involucra a full en la historia y que realza la violencia de las peleas y las explosiones, y también está lo otro: los recursos más finos para darle ritmo a las escenas de cabecitas que hablan. Lo más logrado, me parece, es lo que pela Weeks cuando juega a imaginarse a Nueva York convertida en capital del régimen nazi. Ahí realmente deja la vida (y saca a relucir un increíble manejo de la arquitectura) en unas tomas memorables.
La verdad que esta no es una historia de esas que te cambian la vida ni mucho menos, y encima viene justo después de una seguidilla de tres TPBs del Capi que conviene olvidar rápido. Aún así, si sos fan de los Elseworlds (o los What If…?) seguro te va a atrapar. Se lee rápido, tiene buenos momentos y el TPB trae como complemento el capítulo de los ´60 en el que Stan y Jack contaban por primera vez el origen del Red Skull (recoloreado para el ojete, pero bue…). Hace bastante tiempo que no lo veo a Gibbons escribiendo guiones para otros dibujantes, pero acá el dibujante de Watchmen lo hizo realmente bien. No te digo como en World´s Finest, pero bien. Y si te gusta Lee Weeks (del que tengo otro TPB para leer en unos meses), acá lo vas a ver muy afilado. Ahora que la serie actual del Capi no me atrae en lo más mínimo, re-da para completar sagas viejas, de épocas a las que en su momento no les di bola pero pueden tener alguna gema semi-oculta.

domingo, 5 de abril de 2015

05/ 04: DAGO: EL ORO DEL INCA

Esta es una aventura muy rara de Dago, porque Dago… no hace nada. Son casi 180 páginas de historieta en las que el veneciano apenas pelea contra algún villanete menor en los primeros tramos, para luego convertirse en un mero testigo, en un tipo que está ahí, siempre cerca de Francisco Pizarro durante su conquista del Perú, pero cruzado de brazos, bajando línea y tirando sus clásicas réplicas ironicas. En esta saga Robin Wood repite un recurso que ya vimos en otro de los libros publicados por Comic.ar: temprano en el andar de la aventura, Dago se gana el odio de un personaje secundario que se va a proponer hacerlo boleta en medio del kilombo, cuando es más probable que su crimen quede impune. Se supone que eso tiene que generar tensión, porque el protagonista tiene que estar siempre alerta. Bueno, acá el propio Pizarro les prohíbe a sus hombres atacarse entre ellos y la revancha entre Dago y “el Crucificado” no llega nunca.
En general, en todo el tomo escasea mucho la acción. Cuando los españoles invaden las aldeas y ciudades de los incas estallan los saqueos, y hay muertes, incendios y violaciones. Pero poco. No es ninguna noticia que Pizarro logró sojuzgar a este pueblo sin batallas épicas y eso es lo que le falta a esta aventura. Hay muchísima rosca política, mucho diálogo, mucha exploración de este nuevo mundo, mucha indignación por los abusos de los españoles, pero poquísima machaca. Antes de llegar al primer tercio del tomo, Dago cumple la misión de curar a la hermosa Pilar y ya queda liberado de cualquier entramado dramático que pueda tejer Wood, para convertirse en ese testigo preferencial, ese adláter de Pizarro que no pincha ni corta… y tampoco lo necesita, porque básicamente no hay obstáculos para sortear.
Entonces el guionista recurre a otro viejo truco para generar tensión: tres tipos se enloquecen con la misma mina, una hermosa princesa inca. ¿Con quién se va a quedar Estrella de Oro? ¿De quién se enamoró? ¿O los está usando a todos con sus propios fines? Y cuando faltan menos de 40 páginas para el final, Estrella de Oro va a jugar sus cartas y se va a convertir –mediante un volantazo del guión tan impredecible como certero- en el personaje principal de la saga, en la única persona capaz de estropear los ambiciosos planes de Pizarro. Siempre con Dago pintado al óleo, eh? No vayas a creer que es uno de los que se enamoran de la princesa, o que es el que resuelve el despelote que se arma cuando ella hace su movida.
Estrella de Oro y Pizarro son los personajes mejor desarrollados por Robin en los diálogos y los bloques de texto. Y lo más loco es cómo Dago no siente mayores reparos a la hora de obedecer las órdenes de este avechucho genocida, dispuesto a todo para quedarse con el oro y las tierras de los incas. El veneciano le marca el territorio, le pone de manifiesto su disenso, su repudio a los excesos del español y su horda. Pero nunca se le planta, ni le dice “hasta acá llegamos”. Y estamos hablando de un valiente, eh? De un tipo que se enfrentó a todo. Sin embargo, los duelos de Dago con este villano 100% irredimible nunca pasan de la etapa verbal.
Me toca hablar un poco del dibujo de Carlos Gómez, de quien me vengo ocupando duro y parejo en las reseñas de Alienor, su trilogía histórica para Delcourt de la cual ya reseñé dos álbumes. Bueno, esto no tiene nada que ver con lo que hace Gómez en Alienor. Acá vemos al cordobés trabajar con muchos menos cuadros por página, muchísimos primeros planos, infinitas viñetas sin fondos… y el mismo talento para la anatomía, las expresiones faciales, la documentación histórica y la composición de las páginas. También en blanco y negro, el trazo de Gómez se distingue como el de un verdadero virtuoso del estilo académico. Y en esas páginas en las que ofrece dos o tres viñetas chiquitas y una grandota, la grandota es invariablemente devastadora, repleta de detalles maravillosos en personajes, objetos, animales, decorados… un lujo.
Este es más un arco argumental de Pizarro, o de la historia de la conquista del Perú, que del propio Dago. Pero siempre está bueno revisitar la historia de la mano de un narrador de la talla de Robin Wood, y cualquier cosa dibujada por Carlos Gómez merece ser comprada y atesorada, con lo cual al libro no le faltan méritos en lo más mínimo.

sábado, 4 de abril de 2015

04/ 04: AL ENCUENTRO DE LA PALABRA

Hoy obviamente no hay reseña, porque en un ratito nos vamos al Encuentro de la Palabra, en Tecnópolis, donde esta tarde/noche se concentran la gran mayoría de las actividades centradas en la historieta, incluyendo las cinco mesas, en las que intervendrán notables artistas y especialistas locales, más invitados especiales de Paraguay, Uruguay, Perú, EEUU, Inglaterra y Francia.
Obviamente esperamos que los fans del Noveno Arte vengan a compartir todo lo que estuvimos preparando junto al equipo que organiza Comicópolis. También obviamente, la entrada es libre y gratuita y el estacionamiento también. La data completa del evento está en http://www.comiqueando.com.ar/agenda_argenta/al-encuentro-de-la-historieta/
Y el finde que viene… mmmm… complicado. El viernes 10 arranca mi temporada de viajes 2015, y me voy tempranísimo a Ezeiza, a tomar un avión a Santiago de Chile. Una vez más me toca formar parte de la FIC, un gran evento, de nivel internacional y con entrada gratuita (como los que me gustan a mí). Supongo que los tres días del evento (10 al 12) voy a estar a full con actividades que me van a impedir postear en el blog.
Después tengo unos días de vacaciones en Chile, con una agenda infinitamente más distendida, así que salvo algún problema técnico onda “la computadora que me prestaron no me deja subir imágenes”, o chotadas por el estilo, vamos a tener reseñas durante esos días. Y volvemos a la normalidad el domingo 19.
Entre mañana y el jueves vamos a tener reseñas como todos los días, así que gracias por el aguante y la seguimos mañana.

viernes, 3 de abril de 2015

03/ 04: MAQUINA ZERO

Hoy tengo poco tiempo para desmenuzar esta antología publicada en Brasil en 2013, con una mezcla bastante atractiva.
Arranca muy bien, con 6 páginas del francés Boulet, dibujadas en un estilo muy copado, como si fuera Emiliano Migliardo entintado por Matthias Schultheiss. La historia es muy graciosa e imaginativa, con un filo crítico muy logrado. Le sigue Sete, de Gilmar, una buena idea desarrollada en cuatro páginas sin textos, con dibujos bastante decentes y un gran trabajo de grises.
Bajamos un poquito el listón con las seis páginas a cargo de Flávio Luiz, una especie de Fernando “Junior” González de la B Metropolitana, con una buena idea, buen desarrollo, pero bastante limitado a nivel dibujo. Le sigue una historia escrita por Diorge Trindade y dibujada como la hiper-concha de Dios por Wendell Cavalcanti, un autor de estilo realista que maneja muy bien el blanco y negro, la narrativa y la documentación histórica. El guión es interesante, pero parece ser el prólogo a otra cosa mucho más grossa que no veremos nunca.
Miguel Rude y Erre Rodrigo tienen apenas cuatro páginas para contar una de cangaceiros y la verdad que, como no me gustó el dibujo, no me enganché en lo más mínimo. A Máquina, una de ciencia-ficción de 7 páginas, tampoco me entusiasmó. El guión de Marcello Fontana me pareció críptico (de hecho, hay una página extra en la que el autor habla de las múltiples interpretaciones a las que se presta la historia) y el dibujo de André Leal me resultó frío, poco adecuado para la narrativa secuencial.
Levantamos un toque la puntería con O Sr. Flin, de Ana Rocha, una historia sórdida, con muy mala leche, que seguramente funcionaría mejor con otro estilo de dibujo, pero así está muy bien. Elthon Tomasi ofrece cuatro páginas de una historia que no se termina de entender, pero que intenta mezclar ciencia-ficción apocalíptica con una crítica al consumismo y una especie de superhéroe cuyo rol no me terminó de cerrar. Tampoco me convencieron las seis páginas de Leonardo Maciel, con un dibujo tipo la serie animada de Star Wars que hizo Genndy Tartakovsky, y una historia bastante anodina en la que reinterpreta el mito de Excalibur en clave de ci-fi.
Me pareció muy interesante O Onironauta, una historia oscura, muy climática, con delirio y violencia a pleno, escrita por Raphael Fernandes y muy bien dibujada por Ricardo Tatoo. Nuestro amigo Salvador Sanz aporta la misma historia corta que ya vimos en aquel especial de Próxima (reseñado el 17/10/14). Y me encantó Guerreiras, una gran historia escrita por Sergio Barretto, maravillosamente dibujada por Jefferson Costa, en un estilo similar al de Frederick Peeters, con un gran manejo de los tonos de gris.
Me salteo 20 páginas que están repartidas entre tres historietas que no me gustaron, y me voy con Assassinos de Merda, una breve e impactante comedia negra escrita con mucha comicidad por Airton Marinho y dibujada en un estilo muy realista por Cleyton inLoco. Muy divertida. Le sigue el maestro Eloar Guazzelli, uno de los autores brazucas del palo alternativo más conocidos fuera del Coloso de Sudamérica. El guión de su historia mucho no me copó, pero ese dibujo onda Crist me vuelve loco. Ese manejo de la mancha, esos climas, esos trazos… una belleza.
Paso por alto otra historieta que no me interesó para nada y caigo en una de 1985, un rescate de un material perdido en una antología de hace 30 años. Se trata de una breve historia escrita por Wilson Vieira y dibujada por Aloisio de Castro, una bestia que dibuja y arma la página en un estilo similar al de Sergio Toppi, con un control milimétrico del plumín y unas expresiones faciales majestuosas.
Y cierro con la historieta más larga, la principal responsable de que me haya comprado el libro: Aftermath, una de 16 páginas escrita y dibujada por R.M. Guéra, el prócer serbio que la descosió en Scalped. Finalmente el guión me resultó confuso, o estaba muy dormido para terminarlo de descular, pero el dibujo (en blanco, negro y grises aplicados en el photoshop) me voló la cabeza. Puesta en página re-europea, una línea mitad Jean Giraud-mitad Tomaz Lavric, un laburo alucinante en la documentación… Fue como descubrir a otro Guéra, tan alucinante como el que laburaba en Vertigo.
El balance general me dio bastante positivo, sobre todo por el nivel de los dibujantes. Si viajás a Brasil, tratá de conseguirla.

jueves, 2 de abril de 2015

02/ 04: WONDER WOMAN Vol.3

No puedo volver a colgar a esta serie casi un año entre tomo y tomo, y menos cuando ya terminó y está toda editada en TPBs. Así que me lanzo de cabeza sobre el Vol.3, no si antes recomendar un repasito por las reseñas de los tomos anteriores (15/11/13 y 29/10/14).
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.