el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 21 de diciembre de 2014

21/12: AQUAMAN Vol.1

Por una cosa o por otra, recién ahora arranco con los TPBs de esta serie de la que recordaba haber disfrutado mucho los primeros dos numeritos cuando salieron allá por 2011. Los leí ni bien aparecieron y dije “cuando salga el TPB, lo compro de una”. Y entre que salió primero el hardco y que en un momento se agotó y que yo estoy muy atrasado en la lectura, pasaron más de tres años. No es tan grave.
Lo bueno es que los episodios que me habían gustado me volvieron a gustar y los que no había leído nunca también están muy bien. Lo único que no tiene este primer TPB son villanos grossos, que supongo que vendrán más adelante. Y lo mejor que tiene es el equilibrio que encuentra Geoff Johns entre la machaca (que no puede faltar en un comic de superhéroes) y un montón de escenas más tranquis, más conversadas, en las que se anima por un lado a meter una sana dosis de humor, y por el otro a darle bastante bola a lo que hacen los héroes cuando no están salvando al mundo: Aquaman va a comer a un restaurante, Mera va al almacén a comprar comida para el perro, se entablan diálogos (muy bien escritos) con gente común, periodistas, policías, nenes, curiosos anónimos que se les acercan a los protagonistas… Y Johns usa estos diálogos para desmitificar, o en realidad para desacreditar, todas las boludeces que dice sobre Aquaman la gilada que no entiende nada: que fuera del agua es un inútil, que su poder es hablar con los peces, que es un trastornado que se cree rey de un continente que no existe… Con todo eso, el guionista se hace un festín, y nos regala escenas muy interesantes.
Lo más loco: este es un comic de Geoff Johns donde no hay ninguna escena en museos ni en cementerios. Ese recurso, utilizado hasta el hartazgo por mi clon para meterse con el pasado, con la ilustre tradición, con el legado que de alguna manera abarca a casi todos los héroes de DC, acá no aparece. Y aún así hay bastante coqueteo con el pasado, bastante flashback como para mostrarnos por primera vez algunos momentos de la infancia de Aquaman y para pasar en limpio detalles del origen, barriendo abajo de la alfombra varias de las cosas que aportaron en los ´90 guionistas como Keith Giffen y Peter David.
Ya tuvimos un Aquaman trágico, un Aquaman más sacado, uno más místico, uno más político… y ahora vamos por un Aquaman más cercano a la gente común. Un tipo al que el trono de Atlantis le chupa un huevo y la cáscara del otro, que se banca el ninguneo de algunos y la incomprensión de otros y al que para ser feliz le alcanza con el amor de su esposa y con la satisfacción de ayudar al prójimo. Me cae bien este Aquaman, me gusta este enfoque que propone Johns, y por si faltara algo, las aventuras están buenas, las amenazas son creíbles, el subplot a largo plazo es ganchero y se ven buenas intenciones a la hora de reforzar el elenco de secundarios, algo que fue un punto flojo en casi todas las etapas de Aquaman al frente de su propia serie. Los relanzamientos de Green Lantern y Flash que encaró Johns me parecieron chotos, sobre todo porque mi clon los tuvo que traer de vuelta de la muerte, en ambos casos con chamuyos poco convincentes. Con Aquaman, el trabajo sucio ya estaba hecho en la nefasta Brightest Day, y felizmente no hace falta fumarse dicho bodrio para disfrutar y entender el arranque de esta serie.
Para darle imágenes a las historia de Johns, tenemos al muy buen dibujante brasilero Ivan Reis, una especie de Carlos Pacheco un poco más estridente, con cositas de Neal Adams, de Bryan Hitch, y también de Jim Lee y algún otro dibujantes emblemático del pochoclo noventoso. A Reis le gusta mucho armar la página con cuadros al estilo widescreen, pero sabe romper ese esquema cuando la narración así lo requiere. Hay viñetas realmente muy cargadas de detalles, que no llegan a molestar como en las historietas de David Finch y demás “sobredibujadores”. Buena parte de ese mérito es del entintador Joe Prado, que además se hace cargo de dibujar el sexto episodio a partir de los bocetos de Reis. El colorista es otro Reis (Rod, no sé si pariente de Ivan) y su labor también me pareció encomiable, importantísima a la hora de redondear una muy atractiva propuesta visual.
Aquaman no pretende cambiar tu historia, ni la historia del Noveno Arte. Pero es un comic de superhéroes que combina muy bien la impronta moderna de este tipo de relatos con un personaje al que le queda muy bien la actitud “clásica”. Johns y Reis entusiasman y entretienen con ideas frescas, peleas épicas y muchas escenas que uno (que le tiene cariño al personaje) siempre soñó o imaginó, y nunca antes había visto en un comic de Aquaman. Prometo entrarle pronto al Vol.2.

sábado, 20 de diciembre de 2014

20/12: MARISA QUIERE PIJA

Hoy tengo poco tiempo para dedicarle a la reseña, pero felizmente coincide con que leí un libro cortito, con sólo 56 páginas de historieta. Acá encontramos, por primera vez en libro, a la que quizás sea la mejor de las muchas historietas que Brian Janchez serializó en la web antes de llevarlas al soporte físico. Y como complemento, varias historias breves, de cuatro paginitas, realizadas en fechas mucho más próximas a la edición del librito.
Porque, aunque no parezca, Marisa Quiere Pija, la historieta central de este recopilatorio, ya tiene cinco años. Janchez la subió por primera vez a un blog entre 2009 y 2010. Y no sólo conserva intacto su atractivo, sino que se ve mucho mejor que las historietas cortas, que son posteriores. A nivel del dibujo, lo vemos a Janchez cuidar muchísimo la prolijidad del trazo y el equilibrio entre masas negras y espacios blancos. En las historias posteriores, se vuelca a una línea más chunga, menos trabajada y deja que el blanco gane brutalmente la pulseada y protagonice de modo hegemónico casi todas las páginas. La constante, lo que no cambia a lo largo de los años, es el buen ojo de Brian para observar los gestos de la gente, tanto en las expresiones faciales como en el lenguaje corporal. En cuanto a la narrativa, en las historias cortas el autor se auto-impone una única y cuasi-inamovible grilla de cuatro viñetas iguales y la pilotea muy bien, mientras que en Marisa Quiere Pija la grilla que manda es la de 6 cuadros, y es menos inmutable, da más permiso para que –cuando Janchez lo necesita- la puesta en página vaya para otro lado.
Los guiones de las historias cortas son pequeñas fetas de situaciones muy reales, de las que nos pasan a todos, y casi siempre tienen que ver con la pareja: amores, desamores, confesiones, silencios, garches, cuernos… Los diálogos son tan importantes como las viñetas mudas, en las que los personajes se dicen cosas muy heavies con la mirada, y todo está muy bien escrito, todo suena muy real y -cuando Janchez busca el efecto cómico- muy gracioso.
Marisa Quiere Pija funciona como una breve comedia romántica, al estilo Kevin Smith. Es decir, con una buena dosis de guarangada y con diálogos exquisitos, muy bien trabajados. Tanto la idea que funciona como disparador de la trama, como el desarrollo, como el giro del final, me parecieron brillantes. Me reí, me sentí identificado, sentí la intriga, las ansias por saber cómo se iba a resolver la historia… la pasé muy bien. Son sólo 32 páginas, pero no sobra ni falta nada.
Cualquier cosa con la palabra “pija” en el título puede sonar a chabacanería, a berretada, a algo ramplón resuelto así nomás, apelando al mínimo denominador común. No te dejes engañar. Acá hay diálogos muy subidos de tono y garches intensos, pero la sencillez es apenas una ilusión que nos quiere vender Janchez. No es fácil lograr un guión de esta calidad y, con o sin puteadas, Marisa Quiere Pija está respaldada por algo mucho más complejo que los chistes de pija y concha, que se llama talento.

viernes, 19 de diciembre de 2014

19/12: THE VICTORIES Vol.2

Hace relativamente poco, el 3/10/14, me tocó reseñar el primer tomo de esta serie y quedé prendido fuego. Bueno, después de leer el Vol.2 me terminé de carbonizar. Ya no me quedan dudas: Michael Avon Oeming va por todo en las que, sin dudas, es LA obra de su carrera, la más compleja, la más osada, la más pasión transmite en cada una de sus viñetas.
No te dejes engañar por las portadas: The Victories no es simplemente un comic de superhéroes ambientado en un mundo crepuscular, sórdido y jodido. Es un comic repleto de matices, donde todos los personajes (buenos y malos) se ven enredados en complejos dilemas morales, en situaciones espesas de las que no hay una salida fácil, del tipo “le pegamos a los malos y se soluciona todo”. La corrupción, la manipulación de los medios masivos (que a la vez responden a un cónclave de villanos en las sombras), una extraña enfermedad viral, las drogas, una conspiración ancestral que tiene que ver con la luna y con los orígenes de un héroe y un villano… Avon Oeming entreteje todos estos elementos para mantener siempre muy al límite todos los conflictos.
Y si bien la machaca no suele funcionar como vía de resolución de los conflictos, está y tiene mucha presencia. Acá vas a ver peleas, explosiones y destrucciones tremendas, con consecuencias más parecidas a las del mundo real que a las de los otros comics de superhéroes. El autor no escatima crueldad a la hora de mostrar asesinatos, mutilaciones, canibalismo, torturas, gente que le mea la cara a otra gente… En ese contexto, los garches terminan por resultar casi pueriles. Así que si buscás un comic que te shockee, que te impacte con secuencias muy fuertes, de las que no se ven frecuentemente en la historieta yanki, The Victories también te va a enganchar.
En el Vol.1 notábamos que el protagonismo estaba muy concentrado en Faustus y nos preguntábamos si Avon Oeming abriría el juego al resto de los integrantes del equipo. Y la respuesta es sí, en este tomo Faustus tiene un rol más chiquito y los que se llevan muchas más escenas y un desarrollo increíble son D.D. Mau y Metatron. Me voy preparando para los próximos tomos, porque quiero ver qué cartas se guarda el autor para darle ese mismo nivel de complejidad y de carnadura humana a Sai, Sleeper y Lady Dragon.
Como si esto fuera poco, el dibujo sigue a un nivel altísimo. Con el correr de los episodios aparecen más personajes y siempre impacta el diseño de los trajes, de las armas, de los vehículos. A esta altura ya es difícil imaginar personajes con superpoderes con un aspecto único, original. Avon Oeming lo logra muchas veces en estas páginas. El claroscuro visceral, bien cargado de sensibilidad noir del dibujante se fusiona cada vez mejor, más armoniosamente con la paleta del colorista Nick Filardi. Y una vez más, lo más grosso termina por ser la narrativa, el constante riesgo, la constante búsqueda del autor en este rubro. Avon Oeming logra mediante un sinfín de recursos narrativos que la intensidad no baje nunca y que la sensación de asfixia, de “se está yendo todo a la mierda” no afloje jamás. Ni siquiera en las escenas más tranqui, el autor parece dispuesto a darnos un respiro. Eso hace que leer The Victories se convierta en una experiencia fuerte, casi traumática, 100% irrestistible y adictiva.
Comic de autor, pensado para un público adulto, y protagonizado por chabones y minitas con superpoderes. ¿Se puede, o es un disparate? Se puede. Michael Avon Oeming lo está demostrando y yo lo estoy disfrutando a pleno. Me encanta la onda neo-clásica de Astro City, con los héroes nobles, limpitos, adorados por la gente de su ciudad. Pero también me seduce esta onda sombría, siniestra, en la que la línea entre buenos y malos es tenue y en la que los protagonistas matan, garchan, escabian, se drogan, mienten y putean como colectiveros en un embotellamiento en la avenida Medrano con 38 grados de calor y el bondi repleto. Un poco de mugre cada tanto viene bien y The Victories te enchastra hasta el alma, con una calidad muy, muy notable.

jueves, 18 de diciembre de 2014

18/12: THE BEST OF JUDGE DREDD

Este es un libro con trampa. Tiene casi 300 páginas, varias de ellas a color y se consigue por dos mangos en cualquier librería de Inglaterra o EEUU. Y es verdad lo que dice en la portada, trae mucho de “lo mejor de Judge Dredd”, la serie que desde 1977 se erigió en emblema del comic británico. ¿Dónde está la trampa? En que muchas de las mejores sagas están incompletas. El libro publica tres o cuatro de esos episodios cortitos que salián semana a semana en la 2000 A.D., y cuando te estás enganchando a full con sagas clásicas como Cursed Earth, Judge Child, o la más reciente Origins, te clavan un “Hasta acá llega nuestro extracto de esta historia. Para leerla completa comprá el libro Origins (o la que sea) de la editorial Rebellion”. Te dan el anzuelito con la carnada, vos mordés y cagaste. Ahora, a buscar cuatro o cinco libros más de Dredd para saber cómo corno terminan las historias.
Digo, si te ceba realmente el personaje. Si no, si querías tener “algo de Dredd” para satisfacer tu curiosidad, o para ver cómo evolucionó la serie de los ´70 a nuestros días, te podés conformar con el material que ofrece este libro y no comprarte ningún otro. Porque además de estas “fetas de saga”, el libro trae varias historias completas que detallo a continuación:
Arranacmos con “Meet Judge Dredd”, la primera historieta del cana más duro de Megacity One, un clásico muchas veces reeditado. Después hay varias historias cortas más de la primera época, entre ellas la primera aparición de Don Uggie, quien quizás sea el primer villano recurrente de la serie.
Dentro del extenso arco argumental de Cursed Earth, aparecen mini-arcos, historias cortas que encajan con la saga central. El libro ofrece una de ellas, Tweak´s Story, que es excelente. Cuando volvemos a los unitarios, tenemos la primera aparición de Gestapo Bob, la clásica “The Return of Rico!” (con un planteo que recontra-ameritaba una saga larga) y una especie de secuela, muchos años posterior, centrada en la sobrina de Dredd. Está la comiquísima “Judge Dredd: Hyper-Cop!” y una saguita de tres episodios muy graciosa y con una bajada de línea muy interesante: Otto Sump´s Ugly Clinic, ácida sátira al tema de las cirugías estéticas. En el segmento a todo color tenemos una comedia de enredos y machaca, también de clara intención humorística, Mrs. Gunderson´s Big Adventure. Y también completa (mitad a color y mitad a blanco y negro), está la atractiva saguita de P.J. Maybe, en la que Dredd investiga sin éxito una serie de crímenes cometidos por un pibito al que todos toman por idiota.
Pero lo que realmente reivindica a este libro, lo que lo eleva a la categoría de librazo, es que incluye enteritas las 64 páginas de America, la novela gráfica serializada en 1990 en los primeros números de la Judge Dredd Megazine. Esta es la mejor historia del Juez que leí en mi vida, una cátedra absoluta de John Wagner y Colin McNeil. Olvidate del humor socarrón, entre negro e irónico, y la machaca por la machaca misma. Hay algún toque, alguna sutil pincelada de humor con mala leche, y también hay acción, explosiones, persecuciones, amor y garches. Pero básicamente America es un manifiesto político. Es un inglés que se sienta a pensar acerca de EEUU, de sus ideales, que nos invita a preguntarnos qué lugar ocupa la libertad en una sociedad en la que existe la policía, y más aún, la policía de gatillo fácil. Salvando las distancias, America es una historieta hermana de V for Vendetta, va para ese lado, busca generarnos ese impacto, esas reacciones, esas reflexiones. El rol de Dredd es mínimo. No es ni el héroe ni el villano, es apenas un engranaje en un sistema que –por primera vez un guionista de Dredd lo dice con todas las letras- está intrínsecamente mal. Realmente un trabajo magnífico, tanto del guionista (que con esto le cerró el orto a sus detractores casi tanto como Alejandro Sabella en el Mundial) como del dibujante, que tiene momentos de altísimo vuelo, con páginas que irradian belleza, riesgo y talento.
El resto de los dibujantes, al lado de Colin McNeil, la tienen brava. Obviamente sale bien parado Brian Bolland, un indiscutible. Y está muy bueno ver trabajos de distintas épocas del maestro Carlos Ezquerra para analizar y celebrar su evolución. Por suerte también hay bastantes páginas del siempre efectivo Mike McMahon, un unitario muy bien dibujado por Ian Gibson y el resto, más desparejo, con un par de dibujantes chatos y adocenados, y un trabajo de Liam Sharp cuando recién empezaba y no pelaba ni en pedo como peló más tarde. Horrible, lo que se dice horrible, no hay nada.
En suma, si no sos hardcore fan de Judge Dredd y te conformás con tener varias historias completas (entre ellas la mejor) y cachitos de las sagas más grossas, este libro tiene ganado un lugar en tu biblioteca, con toda justicia.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

17/12: JOE KUBERT PRESENTS

Este masacote de más de 300 páginas reúne los seis números de Joe Kubert Presents, una antología coordinada por el veterano maestro, que se empezó a publicar días después de su fallecimiento, en Agosto de 2012. Por suerte Kubert y sus asistentes habían empezado a trabajar en 2009, con lo cual para la muerte del maestro estaban terminadas casi todas las historietas que componen la antología. Veamos qué hay.
El primer golpe que nos asesta el Viejo Joe es una historieta de 22 páginas en las que reformula el origen de Hawkman y Hawkgirl y nos cuenta una nueva versión de cómo llegan a la Tierra y cuál es su misión en este planeta. Obviamente esto no es parte de ninguna continuidad, pero es notablemente mejor que el origen de los ´60. Kubert escribe, dibuja, entinta y colorea una historia bellísima, que gana fuerza con el correr de las páginas y llega a un final que le hubiese encantado dibujar a Burne Hogarth.
Casi de keruza, de a poquitas páginas por número, Kubert también nos cuenta la historia de Spit, un chico huérfano, sumido en la miseria, que terminará embarcado en un buque ballenero de los que surcaban los mares a mediados del Siglo XIX. Se nota que es una historia pensada para muchas más páginas y que el maestro apenas logró esbozarla. Tiene un tono bien decimonónico, de novela de Charles Dickens, y casi todas las páginas están resueltas sin tinta, sólo con lápiz y algún efecto de iluminación logrado con témpera blanca. Visualmente esto es majestuoso, desde la reconstrucción de época hasta la expresividad a flor de piel que nos transmite ese lápiz bien crudo, bien salvaje.
En 1983, Kubert planificó una maxiserie de 12 números para DC que se anunció, pero jamás salió. Cuando el maestro la abandonó para concentrarse en otros trabajos, tenía tres episodios de The Redeemer terminados y acá por fin los podemos leer, más de 30 años tarde. El guión está bien, tiene una estructura muy clásica, barnizada con alguna idea más loca, algún vínculo sutil con el DCU y algún concepto que trasciende la mera aventura del bueno que le gana a los malos. Y el dibujo (de nuevo) te descoloca la mandíbula. Son 70 páginas al recontra-palo, con el Viejo dejando la vida en cada viñeta y en cada secuencia.
El Sargento Rock no podía faltar, y Kubert dibuja (como los dioses) una breve historia escrita por Paul Levitz, que funciona como doble homenaje: a los caídos en el Día D, y al propio Rock, como ícono del comic bélico.
Otro unitario lindo es The Biker, 13 páginas escritas y dibujadas por el prócer, que no desentonarían en una antología de terror, misterio o suspenso como las que cada tanto publica Vertigo.
Después hay otros dos unitarios cortitos, co-escritos por Kubert. The Ruby es una especie de pre-Secret Origin de Sargon the Sorcerer, muy raro, con muy buenos dibujos de Henrik Jonsson. Y finalmente, las 8 paginitas de Devil´s Play (co-escritas y dibujadas por el notable Brandon Vietti) funcionan como homenaje de Kubert al glorioso Jack Kirby, con Kamandi y Etrigan como protagonistas.
Y además de lucirse como guionista, dibujante, colorista, etc., el maestro Kubert invita a jugar a su revista a otros dos artistas a los que tiene en alta estima. Uno es Brian Buniak, un historietista muy dotado para la sátira al estilo MAD de los ´50. Buniak aporta una historia larga y dos cortitas de Angel and the Ape, una extraña comedia detectivesca surgida en los ´60, siempre en las márgenes del “canon oficial” del Universo DC. Y funciona, es todo muy gracioso y te deja con ganas de leer más.
El otro invitado es el veterano Sam Glanzman, habitual colaborador de las revistas bélicas en la época en las que Kubert era el coordinador. Glanzman explora dos vertientes: comics documentales repletos de data sobre barcos, submarinos y batallas de la Segunda Guerra Mundial (con el dibujo muy subordinado a extensos choclos de texto) y comics autobiográficos donde narra sus propias experiencias como marinero en un buque de guerra yanki durante dicho conflicto. A pesar de algún golpe bajo (y de un dibujo por momentos precario), estas últimas historias son realmente fuertes, impactantes y conmovedoras.
Aventura clásica de alto vuelo, misterio, guerra, comedia, drama, twists extraños a los orígenes de algún superhéroe… esto tiene de todo menos obviedades. Y como casi todo está dibujado a un nivel altísimo, por uno de los grandes maestros de la historia del Noveno Arte, hay que tenerlo, de una.

martes, 16 de diciembre de 2014

16/12: QUIMERA Vol.1

Otra vez la ciudad de Rosario se convierte en cuna de un antología con autores nuevos, o sin mucha trayectoria en los medios de alcance nacional, y con historietas centradas en los géneros más clásicos. La principal diferencia entre Quimera y la ya consagrada Términus es que esta nueva publicación apuesta por historietas más extensas. En 64 páginas tenemos sólo cinco historietas y eso permite que cada una tenga más espacio para desarrollarse. Veamos cómo lo aprovecha cada uno de los autores que participan de la antología.
Abre el juego José Ballester, con una historia extraña, inquietante, que no sé si termina ahí o si es el primer episodio de una serie pensada a largo plazo. La trama da pie a varias secuencias de alto impacto, pero este se diluye un poco porque la faz gráfica no está demasiado cuidada. Ballester tiene un estilo basado en el trazo fiinito del plumín, y por momentos la historieta se ve desprolija, parece de un fanzine. Y te digo más, de un fanzine de los ´80, cuando estaba de moda copiar las rayitas y las tramitas de Moebius y Enki Bilal.
La segunda historieta, en cambio, nos muestra a Bruno Deambroggi en un trabajo increíble en términos de línea, de planificación de la página, de equilibrio entre blancos, negros y grises, con la espacialidad de las viñetas muy pensada y muy lograda, y con el desafío de contar una historia en 15 páginas sin textos. Ahí es donde derrapa: el guión no llega hacerse confuso, pero sí muy simple y –por ende- muy aburrido. Urgente un guionista para este muchacho, que no debe desperdiciar su amplio talento como dibujante en historias que no van a ningún lado.
Una Cena Celestial es la única historieta con guionista (César Libardi) y tiene sólo ocho páginas, dibujadas con bastantes altibajos por Nicolás Zuliani. Este dibujante trabaja bien el claroscuro, aplica bien los grises y arma bien la página. Su punto realmente alto son los primeros planos de los personajes, y cuando lo sacás de ahí, cuando tiene que narrar con planos largos, o con ángulos un poquito más complicados, muestra muchas limitaciones. La historieta es una comedia con visos sobrenaturales, muy efectiva, con los mejores diálogos de la revista y con personajes a los que espero volver a ver en el Vol.2.
La historieta más corta, con sólo siete páginas, es la que tiene los mejores dibujos, obra del Zorro Re, un autor con muchísimos años de militancia en el under y bastante trabajo publicado en el exterior. Acá hay un gran diseño de personajes, fondos trabajadísimos, la acción bien planificada y unas texturas logradas con grises realmente impactantes. Sospecho que es un trabajo realizado a color y luego pasado a blanco y negro y si es así: 1) quisiera verlo a color, aunque sea en un sitio web, porque debe ser aún más alucinante y b) no se sufre para nada el traspaso a grises. ¿El guión? Olvidate. Es cualquiera, una mera excusa para ver a estos guerreros antropomórficos en acción. Si traen un guionista para Deambroggi, tráiganle uno también al Zorro.
La última historia está a cargo de Mauro Bueno, que dibuja bastante bien hasta la última página donde –no sé por qué- se cae y comete errores muy básicos. Tampoco entiendo por qué le pareció interesante o gracioso que todos los textos (incluso los diálogos) estén en verso. La verdad, a mí me resultó incómodo y hasta torpe, porque la métrica de los versos suele estar mal.
Como complemento, una buena entrevista de Leandro Arteaga a Quique Alcatena, y that´s all, folks. Para ser un número uno de una propuesta nueva, no está mal, pero hay muchas cosas para mejorar. Lo primero y fundamental es romper la trampa del amiguismo: que publiquen los mejores artistas a los que tengan acceso, no los amigos, o los que ponen plata para pagarle a la imprenta. Esto se ve bien, el papel es excelente, está bien impreso, encuadernado con lomito… no desaprovechemos estos recursos publicando material mediocre sólo para satisfacer vanidades. Si subimos la apuesta en la presentación, subámosla también en la calidad del material que se publica. Y para eso son fundamentales los guionistas. Una historieta con guionista y cuatro escritas por los dibujantes es una proporción suicida, casi una garantía de que nos vamos a morfar un par de sapos por número. Hace poco salió el Vol.2 y la verdad es que no me fijé si sumaron guionistas, o autores más conocidos, o si retoman algunas de las historias de este Vol.1 que claramente daban para más. Ojalá con el correr de los números Quimera encuentre un rumbo que le permita combinar buena calidad en las historietas y buena repercusión en el público, que es algo indispensable para que un proyecto se sostenga y pueda crecer.

lunes, 15 de diciembre de 2014

15/12: EAST OF WEST Vol.1

Y ayer festejamos, nomás, después de 13 años de sequía. No me quiero extender sobre esto, pero fue muy emocionante. Le mando un abrazo a todos los lectores de este blog que comparten la pasión racinguista y ahora sí, vamos a la reseña.
Casualmente se trata de la obra de un yanki hincha de River, dignísimo subcampeón. East of West es uno de los tantos kioscos que se armó Jonathan Hickman en Image, algo imprescindible para que nunca falten los proyectos creator-owned entre tanta producción digitada por los intereses corporativos de Marvel y Disney. Es la primera vez que me engancho con una creator-owned de Hickman, por un motivo muy simple: excepto East of West, todas sus series “de autor” tienen dibujantes de lesa humanidad, crotos impresentables que dibujan peor que yo parado, arriba de un 151 repleto.
Por eso quiero empezar hablando bien de Nick Dragotta, el camaleón, el hombre de los mil estilos, a quien ya vimos jugar de suplente en varias series que reseñamos acá en el blog. Para este proyecto puntual, Dragotta acomoda la línea para parecerse a Fiona Staples y le termina saliendo una mezcla bastante atractiva entre la canadiense y Peter Snejberg, el gran danés. Dragotta se luce sobre todo en el manejo del claroscuro (como Snejberg) y en el diseño de naves, fortalezas, armas y demás chiches tecno que abundan en esta saga, porque la ambientación elegida es una hábil mezcla entre western y ciencia-ficción. Y lo más flojo es un vicio heredado de Staples, que son las infinitas viñetas sin fondos. El colorista Frank Martin trata de llevar la estética para el lado de la canadiense, excepto en una secuencia (gloriosa) en la que parece poseído por Juan Giménez y pela –como si fueran novedad- recursos que el mendocino ya manejaba de taquito en los ´80. Pero se ve todo lindo, no hay mucho para criticar en este aspecto y menos si comparamos a East of West con las otras obras de Hickman en Image.
El guión arranca tranqui. Al principio, parece la enésima historia centrada en los cuatro jinetes del Apocalipsis, pero con rasgos más humanos, de tipos y minas “normales”, algo que ya hicieron demasiado bien Neil Gaiman y Terry Pratchett en Good Omens como para volver a insistir sobre lo mismo. Por suerte, esto no es “lo mismo”. Con el correr de las páginas Hickman despliega dos variantes muy atractivas: por un lado, sacarle mucho el jugo a esta ambientación rara, a este futuro en el que EEUU volvió de alguna manera (que ya se explicará, o no) a la época de los westerns, pero con tecnología futurista. Y por el otro, empieza a incorporar personajes y a mostrarnos de qué juega cada uno en este partido complicado, chivo, en el que se mezclan entidades de inmenso poder, fuyeros, fanáticos religiosos, maestros de la runfla política, hechiceros ancestrales, mercenarios de poca monta y genocidas a escala planetaria.
Dentro de este amplio y promisorio elenco, hay personajes apenas explorados, un par que pintan para tener roles importantes más adelante (Archibald Chamberlain, claramente) y uno que de a poquito se morfa la saga: Xiaolian, la princesa de la dinastía de Mao que conquistó a la Muerte en un sentido distinto al que te imaginás. En el segundo tramo del TPB, Xiaolian cobra una fuerza increíble y nos demuestra que Hickman, además de ser grosso a la hora de volar, de generar ideas grandilocuentes y conceptos originales, también sabe darle humanidad a los personajes y convencernos de que, a pesar de los poderes, los implantes cibernéticos o lo que chota sea, son casi seres de carne y hueso. Todo esto, obviamente, mediante hermosos diálogos y conmovedores silencios, e incluso con bloques de texto, porque le permite a los distintos personajes hacerse cargo, alternativamente, del relato en off.
Por la magnitud de los conflictos que se empiezan a delinear en este tomo, se me ocurre que Hickman pensó a East of West como una serie corta, como para durar no más de 25 episodios, o cinco TPBs. No la veo durando 75 episodios, ni a palos. Pero bueno, Lucifer duró más o menos eso con conceptos más zarpados, así que puede pasar cualquier cosa. Por ahora, East of West me enganchó y quiero más. Tengo el Vol.2 acovachado para leer el año que viene y en cuanto pueda me compro el Vol.3. La serie va por el n°16 en EEUU, así que con un tomo más ya estoy virtualmente al día. Si sos fan de Jonathan Hickman, dale una oportunidad, que no te va a defraudar. Esto es heavy, intenso, por momentos muy violento, con giros muy impredecibles y con todo para ser una obra realmente memorable.

domingo, 14 de diciembre de 2014

14/12: DR. MORTIS Vol.8

Como hace dos domingos, hoy me importa muy poco todo lo que no tenga que ver con el partido de Racing. Pero bueno, vamos a hacer de cuenta que esto no es así, y a reseñar con el mayor decoro posible el librito que empecé ayer y terminé hace un rato.
Como lo prometido es deuda, vuelvo a meterme con este clásico de la historieta chilena, a través del material recuperado por el sello Unlimited para esta serie de libritos coleccionables aparecidos hace unos años. Este Vol.8 me sorprendió un par de veces, así que vamos a explorarlo.
En primer lugar, aparece la que pareciera ser la más antigua de las tres historietas del libro: Requiem para el Doctor Mortis, escrita por Juan Marino (creador del personaje) y dibujada por Máximo Carvajal. Esta es una historia importante, canónica, porque nos cuenta cómo finalmente un grupo de científicos y el padre Libby logran sacarse de encima de manera definitiva al siniestro Doctor Mortis. Contra todos los pronósticos, acá el diabólico protagonista pierde la partida y se esfuma de la faz de la Tierra. De hecho, cuando vuelva en las secuelas que vimos el año pasado (In Absentia, Eterno Retorno e In Nomine) volverá de donde lo mandan en esta historia. Hay que decir que el guión de Marino tarda en arrancar: da muchas vueltas, pierde tiempo en protocolos y chamuyos innecesarios hasta que finalmente todo pasa en las últimas 5 páginas; y pasa de tal modo que vuelve totalmente irrelevante a lo que pasó en las 18 anteriores. Carvajal, por su parte, está considerado uno de los grandes maestros del comic chileno de aventuras, y sin embargo su estilo me resulta soso, derivativo, sin rasgos originales y por momentos incluso un poco torpe. Acá, además de esa falta de rasgos de estilo, sufrimos decisiones muy cuestionables en el armado de la página, en la organización espacial de las viñetas, los globos y los bloques de texto, que a veces nos confunden y no se entiende cuál es el orden en el que hay que leerlos.
La segunda es una historia corta, de 13 páginas, en las que la guionista Eva Martinic nos cuenta una típica historia de misterio y suspenso, con una bruja, una maldición gitana y una serie de tragedias que se ciernen sobre un avechucho que se quiso pasar de listo. No es un planteo muy original, pero es sólido y está bien contado. Lo más loco es que no tiene absolutamente nada que ver con el Dr. Mortis. Podría haber aparecido en esta revista como en la House of Mystery de DC, o en la Shock SuspenseStories de la E.C.. El dibujo está a cargo de Manuel Cárdenas, otro dibujante de estilo clásico sin rasgos distintivos, muy en la línea de lo que se veía a mediados de los ´70 en las revistas de Columba. Veo un par de dibujos copiados de viñetas de Ricardo Villagrán, y hasta un dibujo repetido, que por suerte es un primer plano bastante bien logrado de la protagonista femenina.
Y terminamos con La Calle de la Morgue, otro guión de Eva Martinic, esta vez desarrollado en 28 páginas que se hacen eternas. La historia (un refrito del famoso cuento de Edgar Allan Poe) está estiradísima, repleta de textos y hasta de personajes que no aportan nada. Pero también tiene una sorpresa: aparece un personaje que tenía todos los números para ser el Dr. Mortis encubierto, y sin embargo no sólo jamás llega la revelación de que este tipo en realidad es Mortis, sino que ni siquiera juega para el bando de los malos! ¿Cuál es el contacto entre esta historia y la saga del demoníaco doctor? Ninguno. Ah, y también hay un personaje llamado “Doctor Morgue”, igual que el de aquel breve clásico de 1959 de Oesterheld y Breccia. El dibujo es obra de Manuel Ahumada, sin dudas el más flojo de los tres dibujantes de este tomo, que no comete errores en la narrativa porque no arriesga nunca. En la biografía que nos ofrece el librito dice que Ahumada se dedicó a pintar cuadros al óleo de paisajes de Quillota, su cuidad natal. Y lo bien que hizo. Como historietista no era desastroso, pero no tenía mucho para aportar.
En fin, un tomo del Dr. Mortis con muy poco Dr. Mortis, supongo que porque se suponía que el Vol.8 iba a ser el último y después, a raíz del éxito de la colección, se decidió publicar algunos tomos más. En ese caso, era coherente cerrar con la crucial Requiem para el Doctor Mortis, y complementar con historias en las que no reapareciera el personaje. Me queda para leer un tomito más, quizás antes de fin de año.

sábado, 13 de diciembre de 2014

13/12: THE MASSIVE Vol.2

Segundo tomo de esta serie de Brian Wood, cuya primera entrega vimos el 26/03/14. A lo largo de otro seis episodios, acompañamos al capitán Callum Israel y al resto de la tripulación del Kapital, que siguen navegando los mares de este mundo devastado en busca del Massive, el barco perdido que emite misteriosas señales.
El núcleo central de la trama es ese: un barco persigue a otro y no lo puede encontrar, ni obtener puebas contundentes de que está ahí, donde parece estar. Con esa consigna, Wood mueve a los tripulantes del Kapital por un planeta Tierra que todavía no termina de reacomodarse luego de una serie de cataclismos climáticos naturales, conocidos como “el Crash”, que cambiaron drásticamente los mapas y sobre todo la organización socio-económica de casi todos los países. Como en DMZ, más que héroes o villanos Wood nos presenta sobrevivientes, tipos y minas con pasados bastante turbios, pero con la mente puesta en aguantar, en seguir vivos en medio de un contexto hostil. Esta vez la situación anómala no se acota a una ciudad, sino al mundo entero. Por eso el ritmo de The Massive es más pausado, porque las distancias entre un lugar y otro (y por ende, entre una eventual peripecia y otra) son más grandes.
De todos modos, Wood tiene un Plan B para compensar la falta de acción, o de ritmo más aventurero, y se apoya muy bien en dos recursos: por un lado, en la indagación en este mundo post-Crash; y por el otro, en escarbar en el pasado y en la psiquis de este complejo elenco protagónico, que en vez de expandirse se achica, de modo que cada personaje tiene cada vez más peso específico en la trama. Quizás lo que menos me cierra de The Massive sea ese tono tan melancólico, tan crepuscular, donde no hay margen para la más mínima chispa de humor, donde entre los tantos recursos que escasean, escasea tremendamente la esperanza. Es una serie muy bien pensada, muy bien escrita, pero que obviamente no es para cualquier tipo de lector, porque hay que estar preparado para bancarse el ritmo parsimonioso al que avanza la trama, la bajada de línea ecologista y política de Wood y –lo más espeso- esto que señalaba yo recién del clima tan opresivo, tan depresivo, tan claustrofóbico a pesar de que casi todo transcurre al aire libre.
Como ya es costumbre en las series de Brian Wood, acá no tenemos un dibujante titular, sino que va cambiando en cada arco argumental e incluso en cada episodio unitario. Este tomo arranca con la trilogía de Subcontinental, en la que el dibujante es el correcto Garry Brown, a quien ya descubrimos en la segunda mitad del Vol.1. El combo entre Brown y el colorista Dave Stewart es muy efectivo, con marcadas reminiscencias de grandes dibujantes como John Paul Leon o Tommy Lee Edwards, obviamente sin llegar a ese nivel. La segunda mitad de este tomo ofrece tres episodios unitarios, todos con distintos dibujantes: en el primero lo tenemos al maestro británico Gary Erskine, hábil como siempre en el estilo realista, aunque quizás muy jugado a los primeros planos. En el segundo unitario lo tenemos a Declan Shalvey, un dibujante muy interesante, dueño de una línea muy dúctil, de excelentes recursos narrativos, una especie de Guy Davis sin esa obsesión por las rayitas, las texturitas y los detalles. Y en el episodio que cierra el tomo me reencuentro con un ídolo al que por suerte Wood siempre tiene en cuenta para todos sus proyectos: el croata Danijel Zezelj, titán del claroscuro, que acá pone todo lo que sabe en materia de anatomía, iluminación e integración de la referencia fotográfica para brindarnos las 22 páginas mejor dibujadas de esta entrega de The Massive. Mientras los demás dibujantes son genéricos, clásicos, Zezelj es absolutamente personal, inmediatamente identificable, porque no renuncia jamás a sus rasgos estilísticos que además son muy fuertes, muy poco frecuentes en el mainstream yanki.
Y bueno, vamos por un tomo más. Todavía no compré el Vol.3, pero está en la hit list para ver si lo capturo durante 2015. Repito: The Massive no es para cualquiera, pero si sos fan de Brian Wood, re-da para seguir haciéndole el aguante, a ver cómo se resuelven los conflictos que se plantearon en estos primeros dos tomos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

12/12: PERRAMUS Vol.3

Allá por el 2006, cuando De la Flor editó en Argentina el Vol.4 de Perramus, no sentí la necesidad de releerlo, porque hacía poco que lo había conseguido en francés y me lo re-acordaba. De hecho, cuando escribí la reseña (16/07/10) apenas si lo repasé. En 2013, cuando salió el tomo con las dos primeras aventuras, tampoco me dio para releerlo, porque la tenía bastante presente y me acordaba que era el tramo más denso, más bajonero de la saga. Y este año, cuando apareció el Vol.3, dije “este sí, me dan muchas ganas de releerlo”. Lo había leído una sóla vez, a principios de los ´90, cuando se conseguía con bastante facilidad la edición española, y me acordaba una sola cosa: que era una aventura con mucha rosca política y con un clima de sátira por momentos filosa y por momentos más grotesca.
Me encontré con una joya, mucho mejor de lo que yo recordaba. Realizada entre 1986 y 1987, esta aventura encuentra a la dupla integrada por los maestros Juan Sasturain y Alberto Breccia MUY afianzada, muy canchera. La Isla del Guano sorprende por muchos motivos, y creo que el más notorio es cómo los autores se animan a cambiar un poquito el registro y a jugar un poco más con la farsa, con la comedia llevada al extremo. El guión está lleno de frases magníficas, muchas calzadas con punzante ironía por el glorioso Jorge Luis Borges (personaje importantísimo en la saga de Perramus y acá justo ganador del Premio Nobel que los pecho frío de la Academia Sueca nunca le dieron en el mundo real), muchas directamente en joda, buscando la sonrisa cómplice del lector. El bajón, la onda ominosa y sombría de las dos primeras aventuras, afloja un poquito y persiste –por momentos- en el dibujo de Breccia. El guión de Sasturain, en cambio, está más suelto, más libre, más cercano al estilo que muestra el maestro en sus cuentos y novelas.
Básicamente, La Isla del Guano lleva a Perramus y sus amigos a un pequeño país periférico (clásico enclave cuya economía depende exclusivamente de la producción de UNA materia prima y del buen humor de los clientes del Primer Mundo) que se debate entre ser “un país cirquero o un país de mierda”. Hay un gobierno títere que responde a los intereses de las empresas yankis, un viejo caudillo casi en el exilio y –un elemento genial, del que me había olvidado por completo- una resistencia al régimen liderada por acróbatas, malabaristas y payasos, que quieren que la isla vuelva a ser un gran circo. Con esos elementos, Sasturain logra urdir una trama llena de acción, con intriga palaciega, un romance a contramano, tiros y piñas a rolete y una apoteótica lluvia de mierda, que no puede sino recordarnos a la de No Habrá Más Penas Ni Olvido, la cautivante novela de Osvaldo Soriano.
A mitad de camino entre la metáfora socio-política con cierto vuelo poético que desplagara Carlos Trillo a fines de los ´70 y principios de los ´80 y la militancia in-your-face, con ínfimo camuflaje, que se veía en las obras setentosas de Héctor Oesterheld, La Isla del Guano te invita a vibrar con una aventura clásica, a pensar en las turbias movidas políticas tan típicas del Tercer Mundo y a reirte un poco de estos estereotipos llevados al terreno de la caricatura por un Sasturain que, claramente, tenía más ganas de divertirse que de seguir penando por las atrocidades que le tocó presenciar durante la dictadura militar.
Y el dibujo del Viejo Breccia… la verdad que es indescriptible. El de los ´80 es el Breccia que a mí más me gusta, así que imaginate. Acá el genio de Mataderos se fuma páginas con muchas viñetas, en las que quizás su dibujo no se luce tanto, y deja la vida cada vez que le toca narrar una secuencia muda, como la que cierra el capítulo V. En las páginas de pocos cuadros, Breccia suelta las riendas y sale a impactar como sólo él podía hacerlo, con esos trazos blancos sobre fondo negro, esas texturas aplicadas con collage, esas aguadas, esas manchas, esas composiciones, esas onomatopeyas… Breccia ya había dibujado aventuras, historietas con fuerte contenido político y relatos satíricos, pero no todo junto en una misma historieta! Y acá logró acoplarse con maestría al viraje que le propuso Sasturain, aunque el guionista siempre recuerda que al Viejo no le causaba gracia este tono más “ligero” en las historias de Perramus. Como sea, estamos hablando de 104 páginas impresionantes, en la que se ve al maestro en pleno uso de sus facultades narrativas y expresivas, y que hasta se anima algo que escasea en su obra, que es un personaje femenino 100% sensual y atractivo. A diferencia de otras reediciones recientes de la obra de Breccia, esta conserva el rotulado original, a cargo del gran Héctor Formento, letrista “titular” de las obras del Viejo durante varias décadas.
Trato de ser objetivo, pero no me sale. Banco a muerte a Perramus, la considero una de las dos o tres mejores historietas argentinas de la gloriosa década del ´80 y me alegra infinitamente que estas hermosas ediciones que sacó De la Flor hayan vendido tan bien y ganado tantos premios. Si sos fan de la historieta argentina, o de la historieta para adultos en general, no hay forma de recomendarte lo suficiente esta saga.

jueves, 11 de diciembre de 2014

11/12: FATALE Vol.4

Después de aquel Vol.3 “raro”, en el que Ed Brubaker jugaba a convertir a Josephine en una especia de “legacy heroine” y nos revelaba algunas secuencias clave de su enigmático pasado (ver reseña del 21/10/14), Fatale vuelve a la “normalidad” en este cuarto tomo, de nuevo con la fórmula de los dos primeros tomos. Eso quiere decir que, por un lado tenemos la secuencia que transcurre en el presente, con Nicolas Lash como protagonista, y por otro una secuencia en el pasado protagonizada por Josephine. Y al final, una revelación muy grossa que vincula de alguna manera las dos secuencias.
La última vez que lo vimos a Nicolas, estaba en cana por un crimen que no cometió, mientras que el misterioso manuscrito de su tío, Dominic Raines, había caído en manos de una editorial que lo había hecho público. Acá la cosa parece encarrilarse, aparece una luz como para escaparle al descenso y al final Brubaker nos recuerda que no, que este pobre pibe está meado por los perros, tiene menos culo que los Kennedy y está condenado a comerse todos los garrones del universo. Por ahora este plot avanza poco. No lento: poco, porque Brubaker le dedica pocas páginas por tomo. Pero uno ya sospecha que el reencuentro entre Nicolas y Josephine es inminente, que quizás se produzca en el Vol.5. Bah, digo yo… Hubo una historia de Jo en los ´50, una en los ´70, esta es en los ´90 y ahora tocaría llegar al presente. Capaz que me equivoco.
Como mencionaba recién, esta vez vemos a nuestra femme fatale favorita inmersa en el microclima tortuoso y conflictivo de una banda de grunge de los ´90, típico émulo de Nirvana y Pearl Jam, que pegó un par de hitazos pero se le acabó el envión del primer disco y también, empieza a mirar la tabla de los promedios. Acá hay un trabajo magnífico en el armado de los cuatro o cinco personajes que integran la banda y en la dinámica entre ellos, que por supuesto se va a ver drásticamente alterada por la llegada de Josephine. Estos personajes están realmente bien construídos, repletos de problemas, de contradicciones, pero a la vez muy vivos, muy reales, muy creíbles para cualquiera que entienda mínimamente cómo funcionó la escena grunge de Seattle tras la muerte de Kurt Cobain.
A esta dinámica habrá que sumarle el elemento característico de esta serie, que es el thriller sobrenatural. Pronto los músicos se verán enroscados en una trama de sexo, drogas y sangre que –obviamente- tiene que ver con Jo y con Bishop y su culto satánico, sus eternos perseguidores. Del asalto al banco más fácil de la historia al videoclip más erótico de todos los tiempos, Brubaker propone otra historia al límite, con muchos momentos de tremendo impacto, esta vez con una ambientación que nos resulta más próxima, con el protagonismo (y las desgracias) repartido entre más personajes, y con el misterio de Josephine y sus increíbles poderes siempre en el centro de la escena.
Por el lado del dibujo, tenemos como siempre a Sean Phillips en perfecta sintonía con lo que escribe Brubaker, esta vez arriesgando un poco más en la puesta en página, en las secuencias en las que Josephine (que arranca la aventura amnésica) empieza a recuperar sus memorias y Tom (el talentoso compositor de la banda) se ve aterrado por las suyas. Después, lo de siempre: la narrativa cristalina, clásica, a la que Phillips le saca un jugo riquísimo tanto en las escenas de acción, como en las de diálogo, que nunca se hacen densas ni aburridas. Y los climas: la adrenalina al palo del robo al banco, los garches, las lluvias que opacan casi siempre el cielo de Seattle, esa escena memorable en la que Jo se pone a bailar y el mundo entero pierde el control, las peripecias de Nicolas en el presente… todo está plasmado con mucha fuerza y mucha elegancia por el maestro británico, ahora con Elizabeth Breitweiser a cargo de sumarle colores al magistral claroscuro de Phillips.
Este tomo me resultó terriblemente adictivo. De hecho, arranqué a leer un capitulito antes de dormir y no pude apagar la luz hasta que no llegué al final del libro. Fatale es así, peligroso, ominoso. No es un comic que uno lee. Es un riesgo que uno asume. Y la verdad es que la paso tan bien leyendo (y traduciendo) Fatale, que me juego entero, no le tengo miedo a las consecuencias. Quizás haya caído yo también bajo el sugestivo embrujo de Josephine.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

10/12: INSUFFICIENT DIRECTION

Este libro me lo compré de cebado, porque quedé re-manija con Sakuran, el manga de Moyoco Anno que reseñé el 10/03/13. Pero Insufficient Direction no tiene nada que ver con Sakuran: ni la temática ni la estética se parecen. Esta es una obra autobiográfica, en la que la autora cuenta en clave de joda cómo es su vida cotidiana junto a su marido, Hideaki Anno, consagrado director de animé, famoso sobre todo por haber creado el hiper-hitazo Neon Genesis Evangelion. ¿Una comedia satírica autobiográfica, dibujada en un estilo más cercano al humor gráfico, con línea chunga y escasísimos fondos? ¿Qué carajo es esto?
Esto es una cátedra de Moyoco Anno, ni más ni menos. Olvidate del dibujo. Es un rubro en el que Moyoco deslumbra en muy contadas ocasiones, cuando deforma la realidad para mostrarnos las cosas tal como ella o su marido las imaginan, en contraste con lo que realmente sucede. En la hojeada general del ibro, el dibujo es cualquiera. No sólo no suma sino que -si venís esperando la línea compleja y sofisticada que vimos en Sakuran- capaz que incluso resta. Casi siempre te vas a topar con un dibujo feo, apurado, al borde del grotesco, pero totalmente funcional a lo que la autora quiere contar.
¿Y qué quiere contar? El Lado B de su marido, considerado por millones como un genio creativo. Acá, Hideaki Anno (apodado Director Kun) aparece retratado como un nabo atómico, un otaku mal cebado que no puede parar de comprar muñecos, mangas y DVDs de animé, que se la pasa citando diálogos enteros de sus series favoritas, que se sabe de memoria las letras de los openings de miles de animés, que colecciona hasta cinturones y brazaletes usados por actores de quinta en los tokusatsus más desgarradores de todos los tiempos, y que encima se baña poco y rara vez pone a lavar su ropa interior. Imaginate cómo debe ser convivir todos los días de tu vida con un energúmeno de esa categoría. Bueno, eso es lo que cuenta su esposa en este manga.
Por supuesto, las anécdotas que repasa Moyoco en cada uno de estos episodios de 6 páginas están barnizadas para que sean más graciosas. Algunos chistes los agregó el propio Hideaki, que se cagó de risa con la forma en que su mujer sacó los trapitos al sol y que -en un texto que complementa al manga- se hace cargo de ser un otaku hecho mierda para el cual la vida no tiene sentido sin una sobredosis permanente de manga, animé y tokusatsu. Lo más logrado lo encontré en esas secuencias en las que Moyoco no sabe cómo reaccionar ante las excentricidades de su marido: no sabe si resignarse, si convertirse ella también en una otaku cuasi-descerebrada, o si combatirlo, marcarle la cancha y tratar de encauzarlo para que se parezca un toque más a un tipo normal de más de 40 años. La mina por momentos engrana y lo quiere matar, pero después se acuerda que ella también es autora de manga, y que ama al manga, y entonces medio que lo entiende y le perdona que sea tan freak. Esa lucha interna de Moyoco está brillantemente plasmada.
Los diálogos son un delirio, repletos de referencias a todo este mundo en el que Hideaki está inmerso y en el que de a poco va sumergiendo a su esposa. Yo con algunos de mis amigos meto referencias comiqueras en cualquier lado, ellos me contestan con hechizos del Dr. Strange o con términos acuñados por Jodorowsky en La Casta de los Metabarones, y nos cagamos de risa. Pero es un rato, de vez en cuando. Estos dos enfermitos están así todo el santo día, en cualquier situación. Por suerte Moyoco no muestra a la pareja compartiendo escenas de sexo, pero uno supone que el limado de Hideaki debe hacer las poses y gritar las frases de Ultraman incluso mientras garcha.
Y al final, un postre maravilloso. La edición yanki de Vertical trae 30 páginas en las que Yasuhiro Kamimura y Ed Chavez diseccionan la obra viñeta por viñeta para brindarnos bocha de data acerca de TODOS los autores, series y personajes, ya sea de manga, animé o tokusatsu, de colecciones de coñemus, de parques de diversiones… de TODO lo que mencionan los dos Anno en el manga. Ahí hay tanta información que este libro no lo puedo clavar en un estante de la biblioteca. Lo tengo que tener siempre acá, en el escritorio, a mano, listo para consultarlo cada vez que me toque escribir sobre manga, animé o boludeces afines. Posta, vale la pena comprarse el libro sólo por los textos, aunque no te cebe la historieta.
Si sos de los muchos que compraron la imagen de Hideaki Anno como maestro de la imaginación, capo del animé y de la vida, acá vas a ver cómo desde el cariño y el amor, su esposa nos lo muestra de un modo totalmente distinto, en un manga atípico porque es 100% en joda y son pocos los mangas cómicos que se publican en Occidente. Y ya está. No más manga hasta el 2015, a ver si termino tan arruinado como “Director Kun”.

martes, 9 de diciembre de 2014

09/12: FABLES Vol.17

Y al final me clavé otro tomito de Fables. Que además me viene bárbaro, porque tengo poco tiempo para escribir y en este caso me ahorro todo el párrafo que habitualmente le dedico a los dibujantes.
Este libro trae un arco de cuatro episodios y dos unitarios. El arco central y el unitario de Navidad están dibujados por Mark Buckingham, ídolo absoluto, con una producción enorme que no va para nada en detrimento de la calidad. Y el unitario restante se compone de varias historias muy cortitas, algunas al filo del chiste largo, que quizás algún día tengan alguna conexión importante con alguna de las tramas centrales. Acá hay un mix de dibujantes, todos buenos: P. Craig Russell, Adam Hughes, Ramón Bachs y un combo muy interesante entre Zander Cannon y Jim Fern. Ninguno logra eclipsar a Buckingham, ni por asomo.
El unitario de Navidad arranca como un epílogo al arco principal (ahora vamos, bancá un toque) y termina por darle mucha chapa a Rose Red, que pareciera ser el personaje al que más carnadura, más complejidad y más peso en la trama le quiere dar el guionista Bill Willigham.
Y a su vez, el arco central es un epílogo a lo que sucedió en el Vol.16, es decir, al fin de Mister Dark a manos del personaje que se sacrificó para terminar con el villano, que –ahora sí la spoileo, si no no se puede seguir- no es otro que North Wind, el padre de Bigby Wolf y abuelo de los cachorritos que el lobo tuvo con Blancanieves. Bigby y su padre siempre se llevaron para el orto y el lobo fue un descastado, sin contacto con la casa real de su padre, y por lo tanto sin ninguna posibilidad (ni el más mínimo interés) de ocupar el trono vacante. Así que será uno de sus hijitos, encantadores humanoides con poderes y personalidades copadísimas, quien suceda al difunto abuelo como nuevo Viento Norte.
Por supuesto esto le permitirá a Willingham jugar a las intrigas palaciegas, con los sirvientes del anciano Viento Norte y la presencia de los otros tres Vientos Cardinales, que quieren digitar de algún modo los sucesos que tienen lugar en el Reino de las Planicies Heladas. Bigby va a tener que pelar cintura para sobrellevar todos los embates protocolares y cuasi-políticos que se tejen sobre su familia y, sorprendentemente, el rol de Snow White será menor.
En paralelo, para que haya un poco de acción en medio de este arco muy hablado, Willingham avanza con la historia de Bufkin, de regreso en tierras cercanas al reino de Oz, y ahora al frente de un intento de revolución contra el capanga que agarró la manija cuando este mundo fue liberado del yugo del Adversario. Hasta ahora ese plot da más para la peripecia y la joda que para algo relevante, pero uno ya sabe con qué bueyes ara y Willingham puede clavar el volantazo en cualquier momento y vincular esa trama con cualquiera de las otras del modo menos predecible que nos podeamos imaginar.
Así que lo de Bufkin es lo único que queda colgado para el próximo tomo (al que prometo entraele el mes que viene, así avanzo un poco con otras lecturas) porque lo de la sucesión del Viento Norte se resuelve (muy bien, con sorpresas pero también con coherencia) en este tomo. La verdad que la estoy pasando genial con Fables. Esto es mainstream de enorme nivel, un poco adictivo y sumamente disfrutable por adolescentes y adultos de ambos sexos, sin necesidad de estar muy curtidos en la lectura de comics ni de literatura fantástica. El año que viene, más Fables acá en el blog.

domingo, 7 de diciembre de 2014

07/12: HOY HAY… DIBUJADOS!

Hoy no hay reseña y mañana tampoco, por un motivo más que feliz, que es una nueva edición de Dibujados, el gran encuentro que nuclea a dibujantes, guionistas e ilustradores de la escena local.
Como siempre, vienen artistas y editores de distintos lugares del país, hay charlas, talleres, presentaciones de libros, homenajes a destacados autores, alguna banda que toca en vivo, sorteos, muchos stands con material a muy buenos precios y una consigna solidaria: la entrada es gratuita, pero se solicita un aporte de alimentos no perecederos para ser donados a las zonas más carenciadas de la provincia de Chaco.
Este Dibujados tendrá por sede el Teatro Mandril, en Humberto Primo 2758 (pleno barrio de San Cristóbal) y va a durar desde las 15 de hoy domingo hasta las 21 hs de mañana lunes.
Nos vemos allá, y el martes vuelven las reseñas.