el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 1 de septiembre de 2015

01/ 09: BATMAN & SUPERMAN: WORLD ´S FINEST

Este es un proyecto de 1999-2000 que en su momento pasó bastante desapercibido y que todavía a nadie se le ocurrió elevar al status de clásico semi-oculto, aunque la verdad es que no le faltan méritos. La consigna que plantea el guionista Karl Kesel es muy interesante: una vez por año, durante 10 años, Superman y Batman se encuentran. Y no por capricho, hay un hilo conductor, un elemento en la trama que le da sentido a los encuentros. Y a la vez, cada uno de los encuentros es muy distinto del anterior.
A diferencia de otras historias de los World´s Finest (la de Dave Gibbons y Steve Rude, o la de Walt Simonson y Dan Brereton), esta saga tiene como uno de sus principios básicos respetar y reflejar fielmente la continuidad de ambos personajes (obviamente la continuidad “oficial” de 1999-2000). Kesel investigó a conciencia y descubrió en qué andaba cada uno de ellos mientras al otro le pasaban cosas importantes, definitivas para su historia, y tomó esos hitos como elementos importantes para sus guiones.
Sobre esas bases se sostiene -a lo largo de muchísimas páginas- el contrapunto (siempre renovado, porque pasan muchos años y los personajes y la relación entre ellos evolucionan un montón) entre Batman y Superman, y también entre Gotham y Metropolis, a las que Kesel les da mucho protagonismo.
La mejor aventura, la más dinámica, la menos predecible, es la que enfrenta a Superman, Batman, Robin y Lois Lane con Mr. Mxyzptlk y Bat-Mite, un delirio repleto de situaciones bizarras y diálogos muy cómicos. Y la otra que la descose es una que funciona como epílogo a A Death in the Family y la saga en la que Superman se exilia en el espacio. Son 22 páginas sin machaca, a puro diálogo, en las que Bruce y Clark hablan de todo: de sus coincidencias, de sus disensos, de la ley, de la justicia, de sus miedos, de sus sueños, de sus triunfos, de sus fracasos. Si alguien alguna vez indagó a fondo en la esencia y la motivación de estos personajes, fue Kesel en esta historia, pensada para dejarte en claro que, antes que íconos, estos pibes son personas.
Lamentablemente, justo esos dos episodios (y el Catwoman vs. Luthor) son los que cayeron en manos de Peter Doherty, un dibujante que le puso voluntad, pero no estuvo ni cerca del desempeño que merecían estos guiones. El resto de la obra cuenta principalmente con los dibujos de Dave Taylor, un elegante, un distinto, al que cuando se lo permiten las fechas de entrega, pela un estilo alucinante, con influencias de Moebius y Barry Windsor Smith. Acá las fechas de entrega se lo comieron crudo y no está para nada al nivel de trabajos anteriores (Tongue Lash) o posteriores (Batman: Death by Design). Sólo en las portadas lo vemos acariciar la gloria a la que nos tenía acostumbrados. El resto, sin ser choto ni mucho menos, parece más obra de un dibujante correcto que de un virtuoso como demostró ser Taylor.
La verdad es que mucho no calienta ver a Taylor mezquinar algo de su magia para entregar a tiempo, porque lo que verdaderamente sostiene a esta saga es el guión de Kesel, las ideas, el mecanismo que armó para que todo funcione, el constante tira y afloje entre los héroes que quieren ser amigos pero no pueden, y los diálogos que están cuidadísimos. Ah, y el laburo en los personajes secundarios: Alfred, Lois, Gordon, Dick Grayson, Jimmy Olsen… hasta Azrael está bien escrito cuando le toca aparecer.
Si sos fan de los World´s Finest pero nunca te fumaste el hecho de que compartan serie regular, este TPB te va a resultar genial. Para que te termines de ubicar, va justo antes de No Man´s Land y unos cuantos meses antes de la saga de President Luthor. No era el mejor momento de ninguno de los dos héroes en sus series regulares, pero acá Karl Kesel supo sacarle un jugo riquísimo a la luz que representa uno y a las tinieblas que envuelven al otro para contar una historia que funciona en muchos niveles.

lunes, 31 de agosto de 2015

31/ 08: LOS MAS VENDIDOS DE AGOSTO

Hoy no pude leer ni una página de un comic. Así de sobrepasado de laburo estoy, en la recta final rumbo a Comicópolis. Ojalá mañana tenga tiempo para leer.
Hoy zafo con un clásico: las ventas del mes que se termina hoy. Esto fue lo que más se vendió en las comiquerías:
1) Hexmoor (Loco Rabia/ Belerofonte)
2) Ciudad (Historieteca/ Doedytores)
3) Parque Chas (Puro Comic)
4) Metallum Terra (Napoleones Sin Batallas/ Entelequia)
5) Términus Vol.9 (Términus)
6) Acero Líquido (Loco Rabia/ Belerofonte)
7) La Luna del Toro (Historieteca)
8) Tortas Fritas de Polenta (Fuchi Bayúgar)
9) Bang(Kok) (Rabdomantes)
10) Las Tierras del Oso (Loco Rabia/ Milenario)

Bueno, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que arrasó la dupla Mazzitelli-Alcatena, con CUATRO títulos entre los más vendidos: un clásico insumergible, un lanzamiento de la primera mitad de 2015 y DOS libros nuevos, publicados por dos sellos (o team-up entre sellos) distintos. ¿Por qué Hexmoor vendió tanto más que Metallum Terra? Porque a Metallum Terra lo ofrecen también otros distribuidores y algunos de mis clientes se lo compraron a ellos.
Loco Rabia logró meter una novedad más en el ranking (lo nuevo de Carlos Vogt, nada menos), al igual que Historieteca, que además de aguantar los trapos con La Luna del Toro, impactó fuerte con Ciudad. Y qué lindo es -por lo menos para mi que soy fan del Loco Barreiro- ver dos obras suyas entre las 10 más vendidas.
Fuchi Bayúgar se animó a autogestionar una reedición de la imprescindible Tortas Fritas de Polenta y la hinchada respondió. Y Rabdomantes se animó con una novela de Renzo Podestá que había salido hace 10 años por Llanto de Mudo, y también le fue bien.
¿Y Llanto de Mudo? Con el sacudón que significó la muerte de Diego Cortés, el sello cordobés no llegó siquiera a entregar las novedades de Julio, y canceló oficialmente las que había anunciado para Agosto. Veremos cómo se reacomoda esa increíble editorial.
Lo cierto es que estas y muchas más novedades salieron –en su mayoría- después de Crack Bang Boom, ya entrada la segunda quincena. Por eso, si bien varias vendieron bien, Agosto no logró superar las excelentes ventas de Julio. En cambio Septiembre, con todas las novedades de Agosto ya disponibles y su propio caudal de novedades (que –Comicópolis mediante- viene muy zarpado), pinta que va a ser alucinante. No le voy a poder dedicar mucho tiempo a la Distri, pero igual intuyo que van a caer pedidos grossos. Después cuento cómo me fue…

domingo, 30 de agosto de 2015

30/ 08: LA CALAVERA DE CRISTAL

Esta novela gráfica de 2011 causó bastante impacto en México porque se trataba de la primera historieta escrita por Juan Villoro, uno de los literatos más notables que tiene hoy el país hispanoparlante de Norteamérica. Yo le entré por el lado contrario: me llamó la atención por los dibujos de BEF (Bernardo Fernández), a quien había descubierto en una antología (ver la reseña del 07/03/13) y me había encantado. Veamos qué salió del team-up entre ambos autores.
Para empezar hay que aclarar que La Calavera de Cristal es una obra apuntada al público infanto-juvenil, al estilo de los álbumes de Tintin o Spirou. Una aventura clásica con buenos y malos, protagonizada por un chico de 14 años… que quizás sea el personajes menos interesante del numeroso elenco que nos presenta Villoro. Gus es un chico bueno, valiente y ya está. No hay más capas de complejidad ni matices para un personaje que va a convertirse en hilo conductor de toda la trama. Por suerte Villoro lo rodea de secundarios y villanos bastante más atractivos, que son los que le van a poner a la obra los condimentos necesarios. Algunos aportan toques de humor, otros de perversidad, otros de alienación, otros de obsesiones bizarras, y entre todos logran que la aventura ofrezca algo más que una clásica “búsqueda del tesoro” en la que se enfrentan buenos y malos.
El formato de típico álbum europeo le permite a los autores trabajar con muchas viñetas por página, pero Villoro se resiste a la tentación de zarparse con la cantidad de texto. La Calavera de Cristal tiene menos diálogos (y más sintéticos) que cualquier álbum de Tintin o Spirou, incluso con 66 páginas de duración, 20 más que el típico álbum francobelga. Y no es que haya tantas secuencias mudas: hay algunas viñetas mudas y el resto tiene globos o bloques de texto, pero con letra grande y poco para leer en cada viñeta. Sin dudas a los autores les quedó claro que esta historia iba a atrapar principalmente a los chicos y encontraron un equilibrio para no agobiar con lo textos a una generación que –nos guste o no- lee cada vez menos. La trama, además, habilita a Villoro a bajar mucha data acerca del patrimonio arqueológico de México, sus ruinas, sus excavaciones, sus museos y sus increíbles hallazgos acerca de las culturas precolombinas. Pero también ahí el autor resiste la tentación de convertir a la historieta en un artefacto didáctico, pensado para enseñar. La Calavera de Cristal es, ante todo, un buen divertimento.
En sintonía con lo que venimos señalando, el dibujo de BEF también nos recuerda de inmediato a un comic europeo. No exactamente a Tintin, sino a otros exponentes más actuales de la línea clara, como Yves Chaland y Max. Lo de BEF no es exactamente una mezcla entre Yves Chaland y Max, porque el día que lea algo así, me muero ahí mismo. El dibujo del mexicano no es tan perfecto y los fondos no están tan trabajados. Lo que hay es ese balance tan sutil entre un dibujo aventurero, un dibujo expresivo, un dibujo amistoso, lindo de mirar, fácil de realzar con colores planos. Visualmente esto está muy logrado y (lo comprobé empíricamente) cumple con creces el objetivo de enganchar a los chicos con la historia para que la lean hasta el final.
Siempre suma un montón que firmas consagradas en la literatura incursionen en la historieta y promuevan el crossover, para que sus fans los sigan hacia el mágico mundo de las viñetas. Si además las historietas que escriben están buenas, mucho mejor. En este caso, los lectores de Juan Villoro (con quien alguna vez compartí panel en la presentación de un libro de Alberto Montt, obviamente sin conocerlo ni a él ni a su obra) pueden arriesgarse con La Calavera de Cristal y salir ampliamente satisfechos. Y si venís siguiendo la obra de BEF, lo vas a ver muy sólido en este estilo más redondito, más sintético, más acorde al público al que está apuntada esta muy buena novela gráfica.

sábado, 29 de agosto de 2015

29/ 08: LO PEOR DE MAITENA

Se puede discutir si este libro es bueno o malo, pero no que era imprescindible. Después de años y años en los que lo único que se reeditaba de Maitena eran sus chistes y páginas de humor (todo material claramente apuntado al público femenino), era casi urgente recuperar en este soporte sus otras obras, aquellas historietas más aventureras, más raras, o más viradas hacia el erotismo y el humor subido de tono.
El libro tiene varios problemas, que conviene enumerar de entrada: el precio ($ 350, un delirio), la cantidad de páginas que no son historietas sino bocetos (deben andar cerca de las 40), y el tramo dedicado a Coramina, donde hay una historieta con las páginas publicadas al revés (primero la segunda y después la primera) y dos historietas a las que les faltan páginas. ¡En serio! En un libro de $ 350, editado a todo culo por una editorial como Sudamericana, hay dos historietas incompletas y nadie se dio cuenta.
¿Podrá la calidad de las historietas revertir este catastrófico 0-3 en el primer tiempo? Y, con los guiones va a ser difícil. Coramina ofrece breves historias de una mina que tiene fantasías pajeriles en las que se la garchan tipos facheros. Casi siempre las fantasías se le hacen realidad, pero son historias muy simples, donde todo queda en lo anecdótico. De la serie Historias por Metro sólo hay tres episodios, con ideas un poquito más jugadas como para que la cosa no quede sólo en los garches, pero con pocas páginas para desarrollarse y una narrativa por momentos demasiado ambiciosa, que puede terminar por confundirte, o por cebarte tanto con el dibujo que le dejás de prestar atención a la trama.
La Fiera es un chiste gracioso, pero muy repetido. Los 28 episodios que ofrece el libro reiteran siempre la misma fórmula, y el hecho de que los textos estén escritos en una especie de rima tampoco suma, sino más bien resta. El Langa también tiene una idea que se va a repetir en todos los episodios, pero el desarrollo tiene muchas más variantes y, al ser historias más largas, hay más espacio para que las situaciones se desenvuelvan de modos distintos, e incluso más espacio para los diálogos, que son un punto muy fuerte en esta serie.
Las historias cortas son tan cortas que ni se pueden analizar, y después nos queda Barrio Chino, donde Juan Martini mete mano en los guiones. Barrio Chino es un thriller de 45 páginas, ambientado en el bajo mundo de una gran ciudad, con persecuciones, peleas, tiros, roscas entre malvivientes y algunos garches muy hot. Y está bien. Para la cantidad de páginas que tiene pasan pocas cosas, pero es a propósito: la búsqueda narrativa va para ese lado, para el de un ritmo intencionalmente descomprimido.
¿Con qué salvamos las papas? Claramente con los dibujos. Excepto en La Fiera (donde aparece el estilo más minimalista de Maitena, que ya vimos hasta el cansancio en sus primeras páginas para Para Ti), el resto del libro te vuela la peluca con el dibujo. El que toda la vida leyó los chistes de una sola viñeta de La Nación no tiene forma de imaginarse que Maitena puede dibujar como lo hace en Barrio Chino, en Historias por Metro o en casi todas las historias cortas. O que puede construuir secuencias como las que ofrece en Coramina.
Ella misma dice que copiaba a Hugo Pratt, José Muñoz, Guido Crépax, Moebius (no se nota para nada), Milo Manara y Loustal. Yo sumo a Daniel Torres, que me parece que también, algo aportó a esta mezcla rara y cautivante, de blancos y negros extremos, fondos laburadísimos, rostros recontra-expresivos y detalles de esos a los que las autoras mujeres les prestan más atención que los autores varones. Como mencioné más arriba, a veces tantos detalles, tanto laburo en los fondos, tanto riesgo en la elección de los ángulos, tanto lucimiento del dibujo (sobre todo en las escenas mudas de Barrio Chino) pueden hacer que te cuelgues en la contemplación y te desenganches de las historias. Cuando los dibujos son tanto mejores que los guiones, la verdad que no calienta.
Si, como yo, recortabas las historietas de Maitena de la SexHum® antes de tirar la revista a la mierda, este libro te va a permitir abollar y descartar esas hojas amarillentas de una buena vez. Y si sos joven y en los ´80 no leías historietas para adultos, te va a servir para descubrir a una artista increíble, volcada a una experimentación interesantísima, llena de ideas visuales y con varios grafismos distintos, uno más ganchero que el otro. Ojalá el día que Maitena decida volver a dibujar lo haga con una novela gráfica en el estilo de Barrio Chino o Historias por Metro…

viernes, 28 de agosto de 2015

28/ 08: BAD DOG

Joe Kelly y Diego Greco hicieron esta historieta a un ritmo muy pausado, a lo largo de varios años y con muchas interrupciones. Tardaron seis años en editar seis números y finalmente el año pasado salió el primer TPB. ¿Se publicaron nuevos episodios después del libro? La verdad que no lo sé.
A primera vista, Bad Dog parece un comic hiper-cabeza, la típica historieta con un protagonista amoral, violento y descontrolado, repleta de peleas, explosiones, chistes subidos de tono, escenas truculentas con gore y sangre al límite, sexo, droga y rockanroll. Y es cierto, Bad Dog tiene todo eso. Lo bueno es que es en joda y SE NOTA que es en joda. Muere gente, hay tiros, cuchillazos y mutilaciones y en general la violencia tiene consecuencias reales. Pero todo, hasta lo más sórdido, está vestido de fiesta de modo que en vez de causar escozor, causa gracia. Todas estas situaciones de ultraviolencia son además situaciones bizarras, al límite del disparate, envueltas por una imparable sucesión de diálogos en los que Kelly hace gala de un humor zarpadísimo.
En un punto, Bad Dog es una especie de Deadpool más salvaje, con muchas cosas que Marvel no le dejaría hacer a Kelly en una revista protagonizada por el antihéroe creado por Rob Liefeld. Acá se ven tetas, porongas (de juguete), gente aspirando frula, buenos y malos escabiando a lo bestia, garches, vómitos, tipos lamíendole el orto a otros tipos, decapitaciones, mujerzuelas y juegos de azar. Y encima uno de los personajes es un evangelista retirado, que combina en sus diálogos las puteadas más tremendas con menciones a Dios, la virgen María, la Biblia y el Espíritu Santo.
Lo más interesante es que por debajo de este festival de la guarrada, Kelly desliza subtextos muy atractivos. Habla de temas más profundos, se anima a meterse bastante a fondo en la psiquis del protagonista, a cuestionarse bastante por qué hace lo que hace, y además le permite avanzar. Lou no es el mismo en el primer episodio que al final del sexto. Nada de esto es muy obvio, ni está muy subrayado por el guión, porque claramente Bad Dog se vende como un comic de machaca y chistes guarangos. Pero está, y eso le da una textura, una pátina de complejidad, que en general este tipo de historias no tiene.
El dibujo y el color están a cargo de Diego Greco, acá en un estilo que no se parece en nada al de Tiburcio. Este es el Greco (el Diego Greco, no Doménikos Theotokópoulos) de estilo más realista, más apegado al dibujo académico y aún hoy tributario en algunas cosas del estilo de Juan Bobillo (o mejor dicho, de uno de los estilos de Juan Bobillo). Por suerte, Greco encuentra espacios para jugar, para transgredir, para cagarse un poco en el realismo y meter toques más salvajes, más libres, donde la representación pierde frente a la expresión, frente a las ganas que tiene el hincha de Banfield de transmitir cosas potentes desde el dibujo.
Decíamos que estas más de 150 páginas fueron dibujadas a lo largo de muchos años, pero la verdad es que no se nota mucho. Greco ya tenía un nivel muy alto cuando empezó con Bad Dog y llegó al final sin mutaciones visibles en el grafismo y más asentado, más canchero en la narrativa. La trilogía final, ambientada en Las Vegas, le saca amplia ventaja a los tres primeros capítulos, principalmente porque Greco se zarpa más con la puesta en página, se anima más y se brinda más. De todos modos, no hay momentos flojos. El dibujo sale a matar desde la primera viñeta y el color es maravilloso de punta a punta del tomo.
Si te resulta atractivo el estilo realista de Diego Greco (más realista que en Doméstico y Fuerza Mosca), o si querés leer a Joe Kelly desatado, pasado de rosca y entregado plenamente a las masacres sanguinarias enchastradas de mugre, perversión y mala leche, con Bad Dog la vas a pasar bárbaro. Repito: no tengo dudas de que Kelly puso acá mucho de lo que le gustaría hacer con Deadpool pero Marvel no se lo autorizaría ni a palos. Por eso -además de violencia, alcohol y chistes sobre el semen de toro- este comic destila mucha libertad, mucha alegría y se nota todo el tiempo que los autores están, ante todo, divirtiéndose, cagándose de risa, pasándola bomba. Y eso es genial.

jueves, 27 de agosto de 2015

27/ 08: MEZEK

Estoy cansadísimo y dormidísimo, pero saco fuerzas de donde no hay para reseñar esta hermosa novela gráfica de los maestros franceses Yann (no confundir con Yoann) y André Juillard.
Lo primero que me interesó es la ambientación: Israel, 1948. Un país nuevo, creado “por decreto” y atacado por casi todos sus vecinos, necesita armar una fuerza aérea pero no tiene pilotos ni aviones. Yann nos cuenta cómo los jóvenes pilotos israelíes se entrenan en Italia, mientras Israel contrata a aviadores mercenarios de otros países que sepan pilotear los poco aviones de guerra que logran conseguir. Checoslovaquia les vende de keruza unos cuantos Mezek (apodados “las mulas” o “ataúdes con alas” ) y un grupito de pilotos yankis y europeos se ofrecen a combatir a bordo de esos aviones bastante precarios contra los iracundos vecinos árabes que quieren terminar el trabajo sucio de Hitler y exterminar a los judíos antes de que logren asentarse del todo en su territorio. Primera vez que me encuentro con una ficción situada en ese contexto histórico, que obviamente ofrece muchísimo jugo.
La trama está muy bien, con secretos que se revelan en el momento justo, con el pasado del protagonista como fuente de misterios y suspicacias, y con unas cuantas (y muy logradas) escenas de acción. Quizás lo que hace un poco de ruido es que, a 16 páginas del final, Yann parece arrancar con una nueva historia, con una “aventura dentro de la aventura” que por su complejidad bien podría haber sido un álbum aparte de este, con 48 páginas dedicadas a explorar el conflicto y resolverlo. Finalmente, esa “segunda aventura” (cuyo principal atractivo es el dilema moral que le plantea a los protagonistas) se resuelve en muy pocas páginas, muy cargadas de texto, en las que los diálogos terminan por explicar buena parte de lo que sucede. Y el resto de las páginas se las lleva un epílogo muy emotivo, con un par de giros que jamás te ves venir.
No quiero contar mucho más, pero Mezek es un comic bélico atípico, con mucho desarrollo de personajes, tintes románticos, rosca política y misterios profundos. El guión está muy bien documentado, a tal punto que cualquier cosa que nos cuente Yann nos va a parecer verosímil. Y las sorpresas y los giros impredecibles no son puro impacto, sino que le suman coherencia y polenta a este notable desarrollo de personajes.
El dibujo de Juillard nunca baja de majestuoso, aunque claro, nunca renuncia a esa impronta fría y distante. Sus mejores momentos en esta obra tienen que ver con las escenas oníricas, lo cual es bastante paradójico si pensamos lo mucho que se esforzó Juillard para documentarse a full y reproducir a la perfección armas, uniformes y aviones de las milicias israelíes de aquella época.
En síntesis, estamos frente a un muy buen trabajo, muy beneficiado por el hecho de ser un tomo unitario, en el que Yann y Juillard rompen las reglas de la historieta bélica para plantearnos conflictos muy humanos, que nos hacen sentir muy cerca de los personajes aunque nunca hayamos tripulado un Mezek, un Messerschmitt o un Spitfire sobre los cielos de Medio Oriente.

miércoles, 26 de agosto de 2015

26/ 08: LA SUDESTADA

Ufff… Desde que salió este libro, allá por Marzo, que no dejo de leer y escuchar críticas tremendamente favorables. Por eso le entré con expectativas muy altas, a ver si realmente estábamos frente a una obra maestra o si se había “puesto de moda” inflar un poco a esta novela gráfica de Juan Sáenz Valiente. Y no, no la inflaron en lo más mínimo. Es una verdadera joya de la historieta argentina, una obra que sin dudas merece entrar en la historia grande de nuestro Noveno Arte.
Paso a paso, con un ritmo cautivante, Sáenz Valiente urde una trama brillante, sostenida en el suspenso y en una construcción de personajes digna de los grandes guionistas de todos los tiempos. Creo que lo mejor que tiene La Sudestada es esa combinación entre el misterio elaborado, sofisticado, para nada predecible, con esas escenas más prosaicas, más cotidianas, más de camiseta y pantuflas. Y claro, lo más difícil es armar un personaje que se pueda mover con fluidez en esos dos ámbitos, algo que Juan logra a la perfección con la creación de Jorge Villafañez, un personaje complejo, fascinante, al que uno ama, odia, banca y hasta siente que lo conoce de toda la vida.
Hay muchísimos momentos geniales en La Sudestada, y me quedo con uno: cuando Elvira reacciona después del desmayo, queda cara a cara con Jorge, lo mira y le dice “¿quién es usted?”. Ahí Juan te clava dos viñetas mudas, para acentuar la pausa. Es un punto clave, decisivo, ese en el que si esto fuera un programa de TV, te mandarían el “inicio de espacio publicitario”. Y está puesto a proósito en una página impar, para prolongar el suspenso esos segundos que tardás en dar vuelta la página. Yo cerré el libro ahí, en la página 69. Fue todo tan grosso, me movilizó tanto, que tuve que parar y retomar en otro momento. Pero las escenas inolvidables del libro son muchas, de verdad.
El dibujo de Sáenz Valiente es una belleza. Tiene una forma muy personal de reflejar el mundo real, que parece apartarse del estilo académico y aún así transmitir mucha más sensación de realismo que los dibujantes que están más pendientes de la foto. Juan también mira fotos, pero las pasa por el cristal de su visión personal del mundo y le agrega sutileza, expresividad, cercanía y cierto tinte decadente. Esta vez, además de brillar en los paisajes urbanos (basados en una Buenos Aires perfectamente reconocible), Sáenz Valiente la rompe cuando dibuja las arboledas del Tigre, el río y las cabañas.
La narrativa es excelente y le permite a Juan brillar en todo su esplendor en unas cuantas escenas mudas que te ponen los pelos de punta. Cuando el autor planificó esta novela (pensando en un editor francés que finalmente se echó atrás), La Sudestada tenía color. Cuando decidió publicarla primero en Argentina, decidió que el color no lo conformaba y la reversionó para blanco, negro y grises. La verdad que se ve espectacular, pero Juan colorea tan bien, que no estaría mal publicar (más adelante, cuando se agote esta edición) la versión a todo color.
La Sudestada es una historieta FUNDAMENTAL. Si hasta ahora Sáenz Valiente había brillado grosso de la mano de Carlos Trillo, de Pablo De Santis y bastante menos en sus trabajos solistas, ahora se dio vuelta la tortilla. Esta es su obra definitiva, la más notable de su impactante carrera artística. Climas atrapantes, diálogos afiladísimos, silencios devastadores y situaciones de enorme originalidad adornan una trama redondísima, que se guarda sorpresas hasta la última página, y que encima está dibujada como la hiper-concha de Dios por un virtuoso, un monstruo, quizás el más sólido de los autores argentinos de menos de 35 años. Esto es papa increíblemente fina y –no te quepa duda- está destinada a levantar premios en carretilla. Ovación de pie para Juan Sáenz Valiente.

martes, 25 de agosto de 2015

25/ 08: FF Vol.2

Una de cal y una de arena. La breve etapa de Matt Fraction en Fantastic Four terminó medio cuesta abajo en la rodada, pero en la otra serie, en FF, la grossitud se mantuvo hasta el final y en este tomo vemos lo mejor de una colección que, si hay justicia en el mundo, va a ser recordada durante muchos años por su increíble onda y su superlativa calidad.
Como en Fantastic Four, los últimos cuatro episodios componen una saga grossa. De hecho es LA MISMA saga grossa (con Dr. Doom, Annihilus y una especie de Kang), pero vista totalmente desde otra óptica. La diferencias es que los otros cuatro episodios no son exactamente historias cerraditas y casi autoconclusivas. La primera sí, parece estar pensada como un unitario, aunque le sirve a Fraction para retomar a un personaje que ya había aparecido en Fantastic Four y sumarlo al elenco de esta serie. Y el episodio en el mundo de Impossible Man también tiene cierta estructura de unitario, aunque después tendrá mucho más sentido leerlo como parte del build-up hacia la saga final. El resto del tomo es eso: build-up hacia el conflicto a todo o nada con el que va a terminar la serie.
Por momentos parece que todo está estirado medio al pedo, pero Fraction nos bombardea constantemente con ideas geniales, con toques interesantísimos en la caracterización y diálogos formidables. Cuando Fraction se empieza a despedir, se hace cargo del guión Lee Allred, el hermano de Mike Allred, que mantiene los diálogos en un gran nivel. Entre los dos, le pegan vueltas de tuerca magníficas a Ant-Man, al Dr. Doom, a Maximus, al Watcher, e incluso a un personaje siempre menor como era Ravenna, la “novia” de Kang, de la que nos tiran data sumamente inquietante. Se puede criticar que Medusa, She-Hulk y Darla están casi de decorado, porque ninguno de los conflictos importantes las afectan. Pero suman a la hora de los diálogos graciosos y además Ant-Man solo al frente de todos los chicos de la FF no resultaba creíble.
El final es excelente, intenso, emotivo, con peleas zarpadas, revelaciones impactantes, detalles ingeniosos (como la aparición de los HeroClix) y un esfuerzo muy loable para que si sólo leías FF pudieras entender todo, sin necesidad de comprarte los números de Fantastic Four que también son parte de esta saga. Incluso dos personajes que durante toda la era Fraction son parte de Fantastic Four (Franklin y Valeria) tienen sus mejores escenas acá, en el final de FF. El epílogo comparte algunas páginas con el que vimos en el Vol.3 de Fantastic Four y está compuesto básicamente de escenas emotivas y diálogos cómicos, casi al nivel de la Justice League de Giffen y DeMatteis. Así que estamos ante un TPB que uno no quiere que se termine nunca.
Por supuesto, uno de los principales animadores de esta fiesta es el dibujo. Joe Quiñones la rompe en su propio estilo en el primer unitario y se camufla bajo las tintas de Mike Allred en el epílogo. Y Allred brilla en todo el resto del tomo con la jerarquía a la que ya nos tiene acostumbrados. Allred despliega un hallazgo atrás de otro en materia de puesta en página y hasta se ajusta a grillas muy estrictas cuando el ritmo del relato así lo requiere. Deja la vida en los fondos, en las escenas en las que aparecen multitudes de personajes y en ese clima que él tan bien maneja, mitad extraño y retorcido, mitad jodón y distendido. Por supuesto, su esposa Laura lo colorea como los dioses.
Si no sos muy fan de Fantastic Four pero te copa Allred, entrale a FF casi como si fuera un comic de autor y dejate llevar por el groove gráfico del creador de Madman. Si sos fan del Matt Fraction más loco, más experimental (el de Casanova, digamos), esto te va a encantar. Y si te enganchaste con Scott Lang a raíz de la peli de Ant-Man, acá lo vas a ver en un rol interesantísimo, con mucha profundidad, mucho desarrollo y una chapa cuasi-infinita. Así como los Fantastic Four de Fraction me dejaron con cierto gusto a poco, sus FF me dejaron pipón-pipón, como si me hubiera clavado una suprema a la suiza y un flan con dulce en El Salteño. ´Nuff said!

lunes, 24 de agosto de 2015

24/ 08: ADOLF Vol.2

Bue, obviamente no me acordaba nada de lo que pasa en este tomo. Y peor todavía, no me gustó para nada. El primer tomo estaba muy bien equilibrado entre las desventuras de Toge en Berlín y toda la trama de los dos chicos llamados Adolf, que transcurría en Japón. Esta vez la trama que involucra a Toge se desplaza a Japón, uno de los jóvenes Adolf se desplaza a Berlín y del otro, ni noticias. Además, el tramo que transcurre en Berlín, con Adolf Kaufmann como protagonista, dura apenas 17 páginas… y ni siquiera el joven hijo de un alemán y una japonesa es el verdadero protagonista, porque entra en escena otro Adolf, un tal Hitler, y obviamente lo eclipsa por completo.
Todo el resto del tomo se centra en el pobre Toge, que no la pasa mejor en Japón que en Berlín. De nuevo lo cagan a palos, lo torturan, confía en gente que lo delata, lo persiguen, lo marginan, lo vuelven loco, le hacen un Born Again mil veces peor que el que le hizo el Kingpin a Daredevil. ¿Todo para qué? Para que entregue los documentos que Toge no piensa entregar ni por todo el oro del mundo, porque cree que su hermano murió para protegerlos y se va a encargar de sacarlos a la luz. Si logra conservarlos.
Ese parece ser el conflicto central de este tramo de Adolf: las cosas que hace Toge para no perder los documentos. Cuando los pierde, recorre tierra, mar y hasta fuego para recuperarlos. Cuando se los tratan de comprar, no transa. Cuando se los roban, los recupera… y así. Decenas de páginas que giran en torno a lo mismo: peripecias extremas en las que Toge sufre como un condenado con tal de no separarse de ese sobre con papeles. Llega un punto en que todo es tan tremendo, tan al límite, que en vez de desesperarte te empieza a causar gracia. Porque ya es cualquiera. Toge sobrevive a torturas, golpizas, caídas, naufragios, incendios… le falta pagar la entrada para ir a un Animate de los que organizaba Muñones, nada más. Lo cierto es que sostener la tensión dramática casi exclusivamente en las desventuras de Toge es algo que resistía… 50 páginas, como mucho. No 200. Por eso está bueno el tramo en el que el protagonismo se desplaza un poco hacia Yukie, la mamá japonesa de Adolf Kaufmann. Pero dura poco: rápidamente volvemos a Toge y su cacería de los documentos, o a los villanos y su cacería de Toge.
En fin… un pasaje sumamente prescindible de la saga de Adolf. Que obviamente zafa del bochorno porque el dibujo está buenísimo. Ah, no mencioné que tanto el guión como el dibujo son obra de Osamu Tezuka, el Dios del Manga. No, la portada no. La portada es un aborto talidómico que pergeñaron los amigos de Viz Graphics. Posta, para alquilar balcones… y llenarlos de francotiradores.
Habrá más Adolf en el blog, y ojalá levante. Yo me acuerdo que me había gustado muchísimo. No quiero ponerme en dogmático y afirmar que el romance de Tezuka con el gekiga se terminó junto con la década del ´70. Veremos qué pasa más adelante…

domingo, 23 de agosto de 2015

23/ 08: BOSQUENEGRO Vol.3

Tercer librito de Bosquenegro y esta vez Fernando Calvi va a lo básico: una sola aventura de 44 páginas. No son 44 chistes puestos uno al lado del otro, es un único relato bastante más ambicioso que los que habíamos visto hasta ahora en esta interesantísima serie apuntada sobre todo al público infantil.
El argumento es simple: una extraña criatura alienígena cae en Bosquenegro y sus habitantes no saben bien cómo reaccionar. Hasta que la criatura comienza a comer vorazmente y el miedo invade a los gnomos, hadas, bichos y brujas de Bosquenegro. Ahí está el tema de esta obra: el miedo a lo distinto, a lo que no conocemos. Calvi logra sacar de ese tema el espesor dramático justo como para que la aventura tenga un conflicto grosso, sin shockear ni perturbar a los chicos que seguramente se acercarán a esta historieta. Y por supuesto, la línea que baja respecto de este tema es la correcta.
Lo mejor que tiene esta historia es que encaja perfecto en el espacio con el que cuenta Calvi para desarrollarla. En ningún momento parece estirada y a medida que se acerca el final, no vemos al autor pisando el acelerador como si estuviera jugando al GTA para llegar a cerrar la trama en la página 44. El ritmo fluye de un modo muy armónico, con espacio para la aventura y para la dosis de humor que requiere una historieta como esta. A la hora de la resolución, el humor va a jugar un rol fundamental: el final feliz feliz llega cuando la criatura alienígena logra echarse un garco de proporciones colosales. Pero hete aquí que los personajes mencionan la “montaña de caca” y el autor no la muestra nunca. El hecho (importantísimo para la trama) de que el alienígena recupera su tamaño normal y su buena onda luego de generar un auténtico holocausto fecal está totalmente desenfatizado. Calvi opta por sugerirlo, no graficarlo, como si fuera algo tremendo, atroz. Calculo que, aún así, los chicos entienden lo que pasa y les causa gracia. Y calculo también que mostrar explícitamente el mega-sorete saliendo del culo del alien podría hacer que los padres, que supervisan el contenido de los libros que le dan a sus hijos, descarten a Bosquenegro por considerarlo escatológico.
De todos modos, el dibujo de Calvi es tan lindo, tan elegante, que aunque dibujara 44 páginas de culos y soretes el libro se vería muy bien. Difícilmente los chicos que lean Bosquenegro logren valorar los riesgos que Calvi asume a la hora de dibujar estas páginas. La plasticidad de los personajes, la complejidad de las composiciones, esa línea temblorosa, esas decisiones impredecibles a la hora de armar la paleta de colores, esas ganas de jugar con el diseño de absolutamente todo lo que vemos en cada viñeta… son cosas que vemos los grandes, y que hacen que a veces nos colguemos en la observación de esos prodigios gráficos, aún a riesgo de desengancharnos un toque de la historia. Pero bueno, es algo que puede pasar cuando un autor opta por una identidad visual tan marcada, tan fuerte, tan distinta de todo lo demás.
Este librito de Bosquenegro se lee rápido y se lee muy bien. Es una historia que a los chicos le va a encantar y a los grandes les va a hacer pasar un buen momento. Si estás con ganas de introducir a algún borreguito o borreguita de 6-7-8 años en la lectura de historietas, Bosquenegro es una magnífica puerta de entrada.

sábado, 22 de agosto de 2015

22/ 08: FANTASTIC FOUR Vol.3

Esta serie venía bien y se pinchó acá, sobre el final. A todos nos sorprendió que Matt Fraction se bajara después de apenas 16 episodios, pero la verdad que hizo bien. Para escribir sin ganas, mejor dejarle el lugar a otro.
El tomo arranca bárbaro, con dos unitarios muy ingeniosos. En uno, Fraction nos propone revisitar el origen del Dr.Doom y arma una aventura muy loca en torno a eso, a presencias que de alguna manera “supervisan” la transformación de Victor Von Doom en el villano más temible del Universo Marvel. En el otro, los skrulls toman partido en la independencia de los EEUU y los Fantastic Four viajan a 1776 a evitar que la historia cambie para siempre. Son dos típicas historias de viajes en el tiempo, con ideas muy atractivas y conceptos locos de ciencia-ficción al estilo de lo que Fraction nos suele mostrar en Casanova.
Después viene un arquito de dos episodios en el que las ideas se empiezan a desdibujar. Fraction insiste con los conceptos de ci-fi, las paradojas, los seres pensados para desplazarse por el tiempo… pero falta un conflicto más sólido y sobra la machaca, que no aporta absolutamente nada. Y para el cierre, para los cuatro episodios finales, Fraction recluta como co-guionista a Karl Kesel, un verdadero especialista en Fantastic Four, para tratar de cerrar coherentemente las puntas que le quedaban abiertas. Bueno, no pudo ser. El tramo final se puebla de villanos grossos (¡Doom, Annihilus y Kang!), de héroes de realidades y tiempos alternativos y de batallas a todo o nada.
Más allá de la espectacularidad, la saga final no me convenció demasiado, sobre todo por la forma en que resuelve la mejor idea de las que Fraction arrastraba de los tomos anteriores: la enfermedad degenerativa que afectaba a los FF, que los atacaba y deterioraba a nivel celular. Por suerte hay otras ideas interesantes y muchos diálogos brillantes, muchas escenas grossas en lo que respecta al desarrollo y la definición de los personajes. Pero falta un poco más de fuerza, de prolijidad a la hora de contar, de esfuerzo para que todo se amalgame mejor y el final sea más orgánico, más satisfactorio.
Tampoco ayuda el hecho de que, tres capítulos antes del final, se vaya el dibujante titular y entre un suplente bastante menos idóneo, el italiano Raffaele Ienco. Que no es horrible, pobre flaco. Es una especie de Gene Ha sin pulir, al que si lo dejan puede llegar a convertirse en un excelente seguidor de la línea del ídolo. Por ahora, le falta un poco. Y el titular al que reemplaza es Mark Bagley, que viene de una vertiente gráfica totalmente distinta, mucho más cercana a la línea clásica, redondita y cuasi-amistosa de Alan Davis. De hecho, cuando trabaja con el mismo entintador que entintó los mejores trabajos de Davis (Mark Farmer), Bagley se aproxima mucho a la calidad del maestro británico. Cuando lo entinta Joe Rubinstein, en cambio, el dibujo de Bagley se luce mucho menos, muestra más sus limitaciones. De todos modos estamos hablando de un dibujante de mainstream superheroico siempre correcto, que maneja bien la narrativa, que entiende la espectacularidad que tiene que tener esta clase de relatos y al que, si no le pedís originalidad ni genialidades, no te va a defraudar.
Las 10 páginas finales son un epílogo que conecta con el final de FF (la otra serie que escribía Fraction), que voy a leer esta semana. Están dibujadas por el gran Joe Quiñones, que imita perfecto el estilo de Mike Allred, entintadas por el ídolo y coloreadas por su esposa. Es puro diálogo y ahí Fraction ya ni figura, pero lo que escribe Kesel me dejó cebadísimo para entrarle a ese último TPB con el que completo esta breve etapa de Fantastic Four. Después viene otra etapa breve (la de James Robinson, que no me llamó la atención como para comprarla) y después… no hay más. Un disparate.

viernes, 21 de agosto de 2015

21/ 08: LOS AÑOS DE ALLENDE

Después de muchos años de preparación y trabajo se editó finalmente esta ambiciosa novela gráfica de Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta, que produjo un tremendo impacto en el ámbito de la historieta chilena. Los Años de Allende es un comic documental que se propone repasar esa etapa en la vida política del país vecino, casi sin pinceladas de ficción, desde una óptica no neutral pero tampoco teñida por la pasión ni por la militancia.
A lo largo de más de 120 páginas, Reyes recapitula todos los eventos importantes sucedidos a partir de 1970, cuando se acercan las elecciones que ganará (contra muchos pronósticos) la Unidad Popular de Salvador Allende, una fuerza política que propone algo nunca antes intentado en el mundo: transformar a un país capitalista en uno comunista sin una revolución, sin tiros ni violencia, sino por la vía institucional, a través del voto y el ejercicio de la democracia. ¿Genialidad, utopía o disparate? Lo cierto es que ese experimento se llevó a cabo en Chile durante tres años y esta novela gráfica se centra en cada medida del gobierno, la resistencia que encontró, el apoyo que logró, los intereses que afectó y la cintura que le faltó para gambetear la inevitable conspiración que terminaría por voltearlo.
Como en todo comic documental, el verdadero desafío es tirarle al lector una masa de datos sin aburrirlo. Yo creo que a esta historieta le sobra el… 20% de los datos que tira Reyes, datos que yo por supuesto desconocía y que –desde el desconocimiento- no me parecen imprescindibles para entender las distintas coyunturas por las que nos lleva el guión. Un guión que sin dudas cumple el objetivo de informar sin aburrir, y que justifica ampliamente el esfuerzo que hace para no tomar partido abiertamente por el gobierno de la UP. La historia está contada por un personaje ficticio, un periodista estadounidense que está en Chile como corresponsal y al que todo lo que sucede lo sorprende tanto como al lector que agarra este comic sin tener la más puta idea de quién es Allende, dónde queda Chile y cuál es la diferencia entre capitalismo y comunismo.
La verdad que, para haberse tomado el laburo de crear a John Nitsch, Reyes lo usa bastante poco. Son tantas las cosas que tiene para contarnos el guión, que quien debería ser el personaje central tiene un rol chiquito, casi marginal. John Nitsch logra asomar la cabeza en momentos muy puntuales, en los que Reyes logra parar el carro de la información, cuando la historia del país da ese pequeño respiro como para que aparezcan las historias de la gente. La gracia es que, al mantenerse siempre estupefacto por las realidades de las que le toca ser testigo, Nitsch no logra amasar certezas para juzgar a los actores que impulsan la trama. Eso puede ir contra el espesor dramático de la obra, pero le da una coherencia, una especie de “asepsia ideológica” que sin dudas le juega a favor.
En el apartado gráfico tenemos a Rodrigo Elgueta, a quien ya vimos colaborar con Reyes en alguno de los tomos de Mortis. Elgueta sabe que este no es un trabajo para lucirse. Acá la estrella es la historia real, lo que realmente sucedió. Su misión es retratar esa época, esas personas y esos sucesos de modo fidedigno y sin llamar demasiado la atención desde la técnica, porque se suponía (con razón) que buena parte de los lectores de Los Años de Allende provendrían de las amplias mayorías que se acercaban por primera vez a la novela gráfica. Elgueta sortea muy bien los desafíos, ofrece una amplia variedad de soluciones con el blanco, el negro y los grises (que no parecen aplicados digitalmente, sino con aguadas logradas con pincel) y se fuma con aplomo páginas con muchas viñetas, a veces muy cargadas de texto. Cerca del final (no casualmente cuando se lanza el embate militar que terminará con la muerte de Allende) cambia la técnica, elimina la tinta negra y durante siete dramáticas páginas sólo vemos lápices. Y están muy bien, muy sólidos, por momentos me remitieron a los lápices de Solano López en su famoso comic documental basado en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.
Los Años de Allende es un testimonio valiosísimo si te gusta la historia latinoamericana reciente, o si creés que la historieta se puede usar para contar otro tipo de epopeyas, que no incluyen superpoderes ni planetas remotos. En un país como Chile que jamás revisó las atrocidades que aún lo manchan, el trabajo de Reyes y Elgueta trae un bienvenido soplo de verdad, memoria y justicia. Por eso es fundamental.

jueves, 20 de agosto de 2015

20/ 08: FRAGMENTOS

Estoy leyendo un libro bastante extenso, que seguramente lograré terminar y reseñar mañana.
Hoy quiero aprovechar para invitarlos a todos a la primera de las muchísimas actividades que este año forman parte del Esperando a Comicópolis, en el inicio de una larga previa rumbo al festival internacional de historieta que explota del 17 al 20 de Septiembre en Tecnópolis. Como siempre, las propuestas de Esperando a Comicópolis tienen lugar en espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires y este año todo empieza temprano y con un estruendo, como el Big-Bang.
Este martes 25 a las 19 hs. inauguramos la muestra Fragmentos, la mega-retrospectiva del maestro José Muñoz (argentino radicado hace décadas en Europa) que recorre más de 40 años de la trayectoria del genio del claroscuro. Dibujos, historietas, ilustraciones, material audiovisual y mucho más en una muestra que ofrecerá más de 200 originales de Muñoz, algo nunca visto en nuestro país. De las primeras aventuras de Alack Sinner hasta sus trabajos más recientes, Muñoz viene a mostrarnos absolutamente todo, incluso muchas obras que nunca se publicaron en nuestro idioma y que muchos de sus fans ni siquiera imaginan que existen.
Todo esto podrá disfrutarse a partir del 25 de Agosto y hasta el 20 de Septiembre en el Palais de Glace, Av. Libertador 1248 o Posadas 1725, ciudad de Buenos Aires, por supuesto con entrada libre y gratuita. El maestro Muñoz (quien se ocupó de curar personalmente la muestra) estará presente el martes en la inauguración y –como no podía ser de otra manera- es una de las inmensas figuras que integran la lista de invitados de Comicópolis 2015.
Así que si te gusta la buena historieta, el martes tenemos una cita impostergable con uno de sus exponentes más brillantes, nada menos que el único argentino que fue elegido para presidir el Festival de Angouleme, el evento comiquero más prestigioso de Europa.
Más adelante vamos a compartir otros puntos destacados de la ambiciosa programación de Esperando a Comicópolis, como así también la lista completa de los artistas que van a participar este año del festival, pensada para provocarle a los fans unos cuantos cambios de ropa interior.
Por ahora, eso. El genio, el monstruo, José Muñoz (MunDios, para los más devotos) en vivo, en el majestuoso Palais de Glace, rodeado de lo más selecto de su obra en una superproducción con la que Comicópolis 2015 empieza a hacer historia. Nos vemos allá el martes.
Y mañana una nueva reseña, mientras nos seguimos acercando peligrosamente al post número 2000 del blog.

miércoles, 19 de agosto de 2015

19/ 08: JUDIOS

Y otra vez, Sergio Langer se zarpó. Esta vez armó un libro de más de 350 páginas, muchas de ellas a color, para reunir todos sus chistes e historietas que intersectan con el judaismo. Material de los ´90, material más reciente, material creado especialmente para este libro que Langer planificó hace muchos años y que creció hasta convertirse en uno de esos libros fundamentales, definitivos tanto para la carrera de su autor como para el medio en que se mueven (en este caso, el humor gráfico argentino). Me animo a pronosticar que de acá a muchos, muchos años, se va a seguir hablando de “el Judíos de Langer”, porque va a ser una referencia obligada más allá de la vigencia de algún chiste puntual, demasiado vinculado a alguna coyuntura específica.
El libro está dividido en varios sectores y en casi todos conviven los chistes de un sólo cuadro, las tiras y las historietas. Algunos incluyen también ilustraciones y otros tienen sólo ilustraciones, sin textos, o con una frase, sin diálogos ni narrativa. Langer deja la vida en cada ilustración y hay muchísimas que son realmente brillantes, con un trabajo increíble en la composición, las texturas y el color. Pero claro, son un mimo a los ojos. Y el fan de Langer busca otra cosa, busca ese dibujo mugriento, agresivo, nervioso, puesto en función de relatos (y mini-relatos) jodidos, cargados de mala leche e incorrección política. Por suerte, de eso también hay muchísimo. El libro tiene mucha narrativa, a veces a modo de historias o chistes mudos, pero siempre con el talento de Langer para contar historias en imágenes.
Y además mucha variedad: hay chistes de campos de concentración, de Moisés y los mandamientos, de golems, de actitudes cotidianas con las que se discrimina a los judíos, de la AMIA, de rabinos, de nazis y neonazis, de las festividades judías, de idishe mames… A mí el segmento que más me gustó, con el que más me reí a carcajadas, fue el de Mamá Pierri, en el que Langer recopila varias páginas de la vieja facha que aparece en la revista Barcelona (y a la que le dedicó un libro entero, reseñado el 29/09/11). Ese es el Langer más salvaje, más descarnado, más al límite, el que hace ver a South Park como una remake chota de Los Ositos Cariñosos.
Y lo que más me impactó, lo que además de hacerme reir me dejó pensando es el segmento dedicado a la guerra en Medio Oriente. Langer le saca un jugo glorioso al conflicto entre israelíes y palestinos y logra chistes e historietas realmente geniales basadas en una decisión arriesgada: repartir duro y parejo para los dos lados. Ahí no importa que Langer sea judío: no hace la boludez de ponerse la camiseta y defener cualquier cosa que haga Israel en su eterna lucha contra los musulmanes que rodean su territorio. Los garrotazos para nada sutiles del autor vuelan para un lado y para el otro. Los chistes revelan con certera precisión cómo de los dos lados hay irracionalidad, venalidad, mala leche, doble discurso y muchas más ganas de exterminar al adversario que de convivir en paz. Ni siquiera cuando le toca abordar la masacre perpetrada por un comando islámico en la revista Charlie Hebdo aparece en Langer la tentación de condenar ciegamente a estos fundamentalistas de la violencia. Langer sabe que detrás de cada acto supuestamente irracional hay intereses, avechuchos que se benefician, y nos transmite esa certeza con ingenio, humor y una claridad poco frecuente en los medios de comunicación más masivos.
En fin… otra obra monumental de uno de mis humoristas gráficos favoritos de todos los tiempos. Me cuesta ser objetivo con Langer porque hace muchos años que lo considero un genio y además nos une el afecto a nivel personal. Me encanta que exista este libro, por lo que tiene adentro y como testimonio de muchos años de laburo de esta bestia del dibujo, de este salvaje de huevos inmensos que todos los días se levanta con ganas de correr un cachito más para el lado del carajo las fronteras del humor.