el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 8 de noviembre de 2018

DOS CORTITAS Y A SAN LUIS

Hoy se me juntaron dos libros de poquitas páginas, de esos que se leen muy rápido.
Empiezo con Mitos, del maestro holandés Dick Matena, un álbum ochentoso que reúne cuatro relatos de 10 páginas cada uno. Los mitos que elige Matena para explorar en estas historias son John Lennon, Marilyn Monroe, Alfred Hitchcock y James Dean, pero lejos de la biografía obvia, el holandés toma a los personajes como disparadores de ideas muy locas.
El mejor guión es, lejos, el de la historia de Hitchcock. Un verdadero mecanismo de relojería, ajustado al milímetro. Pero el de Lennon, sin ser un prodigio técnico, también me resultó muy atrapante. El de James Dean es un poquito predecible (dentro del clima cuasi-onírico que tienen los cuatro relatos) y el de Marilyn está bien, sin ser una genialidad. Subrayo lo del clima: Matena sitúa estas historias en un mundo irreal, un plano dimensional donde todo es icónico, estridente, cacofónico. Los fondos son formas, colores y gente: celebridades, deportistas, figuras vinculadas a la religión o la política, soldados, payasos, tipos y minas que garchan con desenfreno, dibujantes frente a sus tableros… Por ese espacio en constante estado de flujo o de ebullición, transitan los personajes centrales de estas extrañas historias, que eran claramente vanguardistas cuando Matena las creó allá por 1981-82.
Matena plantea las páginas con pocos cuadros, con muchas páginas de tres cuadros y ninguna de más de seis. Eso le permite jugarse la vida en las composiciones, para que todo ese despliegue fascinante de los fondos no le reste claridad a lo que sucede en primer plano con los personajes centrales. Y ahí es donde Mitos tiene todo para ganar: en cómo están compuestas las viñetas, y obviamente ene l trazo claro y potente de Matena. El holandés trabaja sin sombras, con una línea clara (no muy distinta a lo que vimos hace poco en aquel álbum dibujado por Atilio Micheluzzi), que gana peso con el color plano, como le pasaba al trazo ochentoso de Moebius.
No es un libro para pagar caro, porque tiene sólo 40 páginas de historieta. Pero si la idea es conocer a un autor atípico de un mercado atípico (porque convengamos que aún hoy nos cuesta situar a Holanda en el mapa de la historieta mundial), Mitos es una gran incorporación para cualquier biblioteca. Y además tiene la magia de haber sido editado por Toutain.
Este año se recopilaron en un librito casi 80 entregas de El Gordo Sin Remera, la historieta humorística que Juampa Camarda comparte casi todos los días en las redes sociales. Es un formato raro, con planchas cuadradas, a su vez divididas siempre en cuatro viñetas exactamente iguales. Lógicamente, para poder contar mini-historias cómicas en ese formato hay que tener un gran manejo del timing, y sí, Camarda lo tiene. El Gordo Sin Remera, como tantas obras actuales, encuentra la comicidad en el patetismo del protagonista, sin salir de las escenas más básicas de la vida cotidiana: la comida, el trabajo, la relación con la novia, los videojuegos y una perra rompepelotas. Así, sin estridencias ni elementos fantásticos, con un blanco y negro crudo, casi sin fondos, Camarda construye pequeñas joyas minimalistas de gran efectividad humorística.
Buena parte de la gracia reside en los diálogos, que están ajustadísimos, y el resto en el dibujo, que mejora mucho y muy rápido. Cuando van… 10-12 entregas Camarda pega un salto cualitativo en el dibujo que lo pone muy arriba y ahí se mantiene hasta hoy. Lo cual es especialmente meritorio al tratarse de una historieta que no está apoyada en el talento gráfico de su autor sino (como ya dije) en los diálogos, el timing y la construcción de este carismático personaje que seguramente tiene mucho en común con el propio Juampa Camarda.
Si te querés reir un rato y –en una de esas- sentirte identificado con este loser, o si querés sentir ese alivio que produce ver que hay pibes más hechos mierda que uno, asomate a espiar la vida del Gordo Sin Remera, que seguro vas a pasar un buen rato.
Esta noche viajo a San Luis y sí, me llevo un Essential bien power para leer en el viaje. Casi seguro el martes que viene tenemos la reseña por acá. Buen finde para todos y espero encontrarme con todos los que asistan a la San Luis Comic Con.

martes, 6 de noviembre de 2018

MARTES DE CHICAS

Hace bastante que no leo nada vinculado al universo de Fables, pero acá estoy, con In All the Land, la novela gráfica de Fairest, publicada en 2013. Se trata de una historia de 150 páginas escrita por el gran Bill Willingham, en la que participan un montón de dibujantes. La protagonista es Cinderella, la estructura es la de un misterio policial clásico (un whodunnit) y la resolución es excelente. Esos son los puntos a favor.
Pero también tiene varios puntos en contra, a saber: a) está bastante estirada. Esa misma historia se podría haber contado en 90 ó 96 páginas. b) la novela empieza y termina con dos segmentos que no son historieta sino prosa, complementada con ilustraciones de Chrissie Zullo. Nada, no está mal escrita, pero cuando uno compra novelas gráficas es porque prefiere leer historietas, no literatura. c) Para que la novela gráfica conectara mejor con la consigna de Fairest (historias centradas en los personajes femeninos de Fables), Willingham fuerza bastante la trama para que aparezcan muchísimas de estas chicas del universo de Fables, algunas en roles muy poco relevantes.
Entre los dibujantes no hay ninguno demasiado desastroso. Tony Akins lidera, como de costumbre, el ranking de los más crotos. Y entre los que realmente se lucen, entre los que engalanan con su talento las pocas páginas que dibuja cada uno, están bestias sagradas como Gene Ha, Kevin Maguire, Adam Hughes, Chris Sprouse (al que le tocó un segmento magnífico, casi una historieta unitaria independiente metida de prepo en la novela), Phil Noto, Shawn McManus, Dean Ormston, Renae de Liz y por supuesto el glorioso Mark Buckingham, el dibujante titular de Fables. También están Al Davison, Iñaki Miranda y Tula Lotay (por debajo de su nivel habitual), Russ Braun, Ming Doyle (con solo dos paginitas, a mi pesar) y algunos chicos y chicas más a los que no conocía.
En síntesis, In All the Land es una historia entretenida, pensada para darle mucha chapa a Cinderella, que hubiese sido mucho mejor si fueran 96 páginas, todas en forma de comic y todas dibujadas por un mismo artista.
Me vengo a Argentina, a 2018, cuando Camila Torre Notari presenta El Ángel Negro, una especie de novela integrada por capítulos que bien podrían ser una serie de historias autoconclusivas. La autora logra algo bastante difícil de hacer: sin moverse un milímetro del slice of life, sin apelar a ningún elemento onírico ni fantástico, incluso poniéndose a ella misma como protagonista, Camila presenta en cada una de estas nueve historias un auténtico conflicto. Obviamente son conflictos chiquitos, de entrecasa, pero conflictos al fin. Y para cada uno hay un desarrollo y una resolución. Eso es tan infrecuente en la historieta autobiográfica que lo tengo que subrayar y aplaudir de pie.
El Ángel Negro es una historieta acerca del amor por las mascotas, pero no hace falta ser fan de los gatos y los perros para disfrutarla. Torre Notari tiene varios anchos de espadas: por un lado, el truco de ambientar las historias en su casa, con su propia familia y su amigos como personajes principales y secundarios. Para bancar esta decisión hay que ponerle a los relatos una dosis de honestidad muy importante y eso también se agradece. Otro punto que me cautivó por completo es el de los diálogos: acá están –lejos- los díalogos más realistas, mejor sintonizados con el habla argenta del 2018, que leí en mucho tiempo. Increíble el oído de Camila para pescar y reproducir los giros idiomáticos que usamos todos los días. Hay algo más, muy interesante, y es que no se nota un esfuerzo por parte de la autora por resaltar que todo lo que cuenta es verdad. Creo que para la cuarta o quinta página ya no me quedaba ninguna duda de que El Ángel Negro tiene cero ficción, mucha menos que cualquier diario de los que se publican en Argentina. Pero no es un comic documental ni enfantiza todo el tiempo el hecho de no tener ficción.
De la faz gráfica me gustaron mucho la narrativa, el armado de las páginas y el uso de las distintas tonalidades de amarillo. Y el dibujo en sí, un poquito menos. Es funcional al relato, es expresivo, contribuye también a establecer este verosímil tan sólido, pero no es lo que más me llamó la atención. De todos modos, cuando las historias son interesantes y el flujo narrativo está cuidado, el virtuosismo gráfico no es lo más importante.
Recomiendo mucho El Ángel Negro a los amantes del buen slice of life, de los animalitos y de las historietas que no requieren de elementos ficticios para atraparnos.
En una de esas tenemos nuevo post el día jueves… y si no será el martes 13, cuando esté de regreso en Buenos Aires tras un fin de semana en San Luis que promete ser demoledor. Gracias y hasta pronto.

domingo, 4 de noviembre de 2018

DOS DE DOMINGO

Por un error en la matrix, anoche me acosté temprano y hoy estoy levantado desde las 10 AM, algo loquísimo para un domingo. Pero bueno, aprovecho para reseñar algunos libritos que leí en estos días.
Empiezo con Bajo el Cielo de Atacama, un álbum editado en Chile que tiene apenas 32 páginas. Es una historieta de una extensión rara (30 páginas) escrita nada menos que por el maestro Pierre Christin y dibujada por el grossísimo Olivier Balez, un francés que vivió muchos años en Chile. Me juego la chota a que esto en Francia nunca se editó en álbum, sino que apareció en una revista y nunca salió de ahí.
Bajo el Cielo de Atacama es una historieta 100% documental. Pierre Christin, genio de la ficción, se enamora un rato de la realidad y logra que el demiurgo se convierta en cronista. Así, nos toma de la mano para recorrer un lugar muy especial de la puna de Atacama, donde se unen el pueblo de San Pedro, dos volcanes (uno de ellos en actividad), uno de los desiertos más secos del mundo y un gigantesco e hiper-tecnificado observatorio astronómico que desafía la imaginación de los grandes escritores de ciencia-ficción. Christin nos cuenta cómo funciona el observatorio, cómo vive la gente que trabaja dentro y alrededor del mismo, a qué se dedica la población local y qué carajo van a hacer a esa zona los miles y miles de turistas que llegan cada año. También repasa los puntos más salientes de la historia del desierto de Atacama, sin aburrir ni pasarse de didáctico.
La historieta tiene mucha información y pese a su brevedad no se lee en dos minutos. Y aunque no te interese mucho el tema, se hace absolutamente hipnótica gracias a los magníficos dibujos de Balez, un artista extraordinario, una mezcla entre Paco Roca y Tommy Lee Edwards. A mí me atrapó el relato, aunque no hay conflictos, ni aventuras, ni ficción.
A pesar (o en realidad a raíz de) tantos premios, tanta fanfarria, tantas notas en las que se hace hincapié en los millones de ejemplares que venden sus obras, en algún momento consideré la posibilidad de que Raina Telgemeier fuera en realidad una autora del montón, inflada por los vendehumo de siempre. Después de leer Ghosts, me convencí de que no, de que es MUY grossa. Y si no tiene aún más fama y más éxito, es porque es un autora de poca producción que (incluso con dos asistentes, más una rotulista) apenas supera las 100 páginas por año.
Ghosts es una mezcla perfecta entre slice of life y aventura con elementos sobrenaturales, en la que Telgemeier se enfoca en la relación entre dos hermanas. Como su nombre lo indica, es una historia de fantasmas, pero básicamente alegre, con un mensaje sumamente positivo que ensalza los valores de la amistad, de la buena onda entre los vivos y los muertos. También hay una trama romántica, y un notable esfuerzo por parte de la autora por difundir la problemática de la fibrosis quística, la enfermedad que afecta a una de las hermanas Allende-Del Mar. Felizmente, Raina combina armónicamente todos estos componentes, y cuenta una historia con mucho ritmo, que podría ser tranquilamente un hermoso largometraje animado. A priori parece un disparate pasar de una secuencia en una sala de terapia intensiva de un hospital a otra en la que los chicos vuelan por sobre la playa de la mano de los fantasmas, pero en Ghosts esos dos registros conviven sin mayor dificultad.
Raina Telgemeier tiene el oído perfectamente sintonizado en el habla de los y las adolescentes de los EEUU de hoy, y eso hace que los diálogos también sean un punto altísimo en esta novela. Incluso los (no pocos) personajes que hablan en castellano lo hacen correctamente, aunque –lógicamente- Raina no logra embocar nunca los momentos en los que se tutean o se tratan de usted, una complicación que el idioma inglés no ofrece. Y finalmente me toca hablar del dibujo, donde veo como principal referencia gráfica al glorioso Bill Watterson. No, pará: no digo que Telgemeier dibuje igual que Watterson. Nadie va a llegar nunca a ese nivel. Digo que en la base del estilo de Telgemeier veo la influencia de Watterson. También algo de autores franceses tipo Dupuy y Berberian. Y lo que Raina hace muy bien (y Watterson, Dupuy y Berberian no hicieron nunca) es dejar la vida en esas splash pages donde nos ofrece tomas panorámicas, para mostrarnos grandes planos de la ciudad, de la playa, o esas escenas de la fiesta del Día de los Muertos en las que aparecen decenas (o quizás cientos) de tipitos, minitas y fantasmas. Visualmente esto transmite la misma buena onda y la misma accesibilidad que el guión, y eso es sin duda un gran logro por parte de la autora.
Y bueno, ni bien vea otra novela de Telgemeier a buen precio, voy por ella, porque esta me encantó. Vuelvo pronto con nuevas reseñas y les recuerdo a los amigos de Cuyo que el viernes 9, sábado 10 y domingo 11 voy a estar participando (como todos los años) de la San Luis Comic Con. ¡Gracias y hasta pronto!