el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 27 de abril de 2017

NOCHE DE JUEVES

Una pausita en el medio de días bastante intensos nunca viene mal y menos cuando se me empieza a acumular el material ya leído.
Arranco con Strange Adventures, un TPB que recopila dos one-shots de antología de Vertigo: Mystery in Space y el que da nombre al libro. Básicamente es un compilado de historietas de ciencia-ficción, a cargo de un elenco de autores sencillamente demoledor. Mirá esta guarangada: Mike Allred, Jeff Lemire, Brian Azzarello, Eduardo Risso, Peter Milligan, Kyle Baker, Paul Cornell, Juan Bobillo, Mike Kaluta, Denys Cowan, Andy Diggle, Sebastián Fiumara, Steve Orlando, Ann Nocenti, Ramón Bachs, Goran Sudzuka, Davide Gianfelice… y suspendo acá, pero podríamos seguir, eh?
Lo loco es que no hay una proporción directa entre la chapa de los autores y la calidad de las historias. Es decir, me emocioné mucho más leyendo la lista de los artistas involucrados que leyendo las historietas. Pará: ¿estoy diciendo que esta horda de asesinos seriales se confabuló para entregar material medio pelo a estas antologías? No, en absoluto. Hay varias gemas, pero no tantas como uno esperaría frente a semejante alud de nombres grossos. Repasemos:
Seewyn Seyfu Hinds escribe una historieta no brillante, pero más que digna, a la que Denys Cowan le pone mucha onda desde el dibujo. Juan Bobillo deja la vida en ocho páginas fastuosas, al nivel de sus mejores trabajos, pero con un guión que no termina de convencer. La que escribe Peter Milligan es una linda historia, inquietante, muy bien narrada, pero le tocó un dibujante tercerón, que desluce un poco. Una de las historietas realmente notables es la de Lauren Beukes e Iñaki Miranda, una dupla a la que ya nos tocó reseñar allá por el 08/01/15. La que escribe y dibuja Lemire también es una exquisitez, te dan ganas de que se convierta en serie mensual. No va a suceder. Cornell y Sudzuka nos narran un unitario que encaja tangencialmente con la serie Saucer Country, que no está mal. Mientras que Azzarello y Risso nos muestran una especie de prólogo a Spaceman, dibujado como los dioses, pero que en el contexto global de la obra (ver reseña del 07/08/15) no aporta demasiado.
La historia corta de la dupla Diggle-Gianfelice (vimos otro trabajo de ellos el 10/02/13) no es gloriosa pero está muy bien. Sebas Fiumara se luce en ocho páginas magníficamente dibujadas, en base a un guión de Robert Rodi que también está bastante bueno. La de Kyle Baker, junto a Kevin McCarthy, también está entre los puntos altos del tomo. Y la de Mike Allred… ponele que zafa por lo arriesgado del concepto. O sea que hay bastante para rescatar, pero no tanto como uno supondría a partir del elenco multiestelar de la antología. Si ves el TPB a buen precio, no lo dudes.
Hablando de duplas de las que a hemos visto varios trabajos, tengo para recomendar enfáticamente Reflejo, una breve novela gráfica de Rodolfo Santullo y Jok. Este es un policial con mucha onda Blade Runner, es decir, con un tratamiento de serie negra y una ambientación de futuro cercano, oscuro, jodido y sobre todo posible.
Si me pongo muy en estrecha, tengo que decir que me hubiese gustado un último giro, algún volantazo impredecible, para el final. Pero la verdad es que disfruté muchísimo la historia, sobre todo por el increíble oído de Santullo para los diálogos (escrito en mi amado castellano rioplatense, a años luz de esa pedorrada del “castellano neutro”). Me atraparon los climas, el timing y destaco también la habilidad de Santullo para mantenernos compenetrados con la trama de investigación cuando uno como lector maneja MUCHISIMA data que los personajes que investigan desconocen por completo. Muchas veces cuando el lector sabe mucho más que los personajes, la historia pierde gracia o interés. No es el caso de Reflejo, que mantiene la tensión, las emociones fuertes y el énfasis en el desarrollo de los personajes hasta la última página.
El trabajo de Jok me pareció excelente. Es increíble cómo se adapta al tono de cada relato que le toca dibujar, como va madurando su estilo obra a obra. El Jok de Reflejo es un artista más clásico, que además de romperla en el claroscuro y en la espectacularidad de las escenas, presta atención a detalles, texturas, efectos de iluminación… La narrativa está cuidadísima, las transiciones son hiper-gancheras, esa puesta en página que sugiere una división de casi todas las páginas en dos mitades funciona muy bien (obviamente juega con el título de la obra) y los decorados futuristas, máquinas y vehículos tienen muchísima onda. Además, en las secuencias donde cobran relieve los sentimientos y las emociones, Jok da cátedra en materia de expresiones faciales, algo que no suele enfatizar tanto en otros trabajos.
Si extrañás esos thrillers futuristas en ciudades corruptas que aparecían en la Zona 84 (dibujados por José Ortiz, Altuna o Bernet), no dejes de jugarle una fichita a Reflejo, 65 páginas en las que Santullo y Jok demuestran categóricamente por qué son una de las duplas más interesantes del panorama local, y por qué la rompen cada vez en más mercados donde se están publicando sus obras anteriores.
Volvemos con más reseñas en algún momento del finde largo. ¡Hasta entonces!

lunes, 24 de abril de 2017

TARDE DE LUNES

Tengo varios libritos leídos como para reseñar. Veamos hasta donde llegamos…
El Vol.1 de Los Escorpiones del Desierto, del maestro Hugo Pratt, es uno de esos comics que mil veces me pasaron frente a la nariz, y mil veces dije “nah, no me ceba demasiado, mejor me compro otra cosa”. Finalmente lo vi el año pasado muy barato en una librería de usados en Santiago de Chile y dije “ya fue, me lo llevo”. Tenía razón yo: no me ceba demasiado.
Estas historietas de 1973, realizadas por Pratt para el semanario Tintin, son aventuras bélicas clásicas, donde los valientes muchachos del bando aliado le escupen sistemáticamente el asado a las milicias italianas apostadas en África durante la Segunda Guerra Mundial. Hay algunos personajes bien desarrollados y UN argumento muy logrado (el de Kord). Pero nada que me emocione demasiado. Es para tenerla sólo por los dibujos, que están buenísimos (lógico: esto es de la mejor época de Pratt a nivel gráfico).
Lo que más me sorprendió (además la pésima calidad de la edición española de los ´80) es la cantidad de texto, la extensión de los bloques de texto y de algunos diálogos. Una cosa muy loca que ya le había visto hacer a Pratt, acá me pegó más fuerte. Aparece un personaje nuevo, una mina que es espía. Entabla un diálogo con los protagonistas en un viaje en tren, y en pocas viñetas te cuenta dónde nació, qué estudió, en qué universidad, hasta cuándo vivió ensu ciudad natal, por qué se fue, con quién se casó, cómo terminó esa relación, cómo se hizo espía… todo con nombres, apellidos, fechas y chotocientos detalles más. En un momento pensás “ah, bueno, toda esta data debe ser relevante para la resolución del argumento, si no Pratt no la pondría”. Pero no. Diez páginas después, la minita es boleta y nada de lo que nos narró afecta a la trama en lo más mínimo. Ahí entendí que todo ese secret origin del personaje está ahí para dar un efecto de realismo, porque –es posta- cuando la gente del mundo real entabla un diálogo en un viaje largo, casi involuntariamente intercambia data acerca de su vida, de su pasado, de lo que hace o hizo, etc. ¿Está mal que los personajes de historieta también lo hagan? ¿O todo lo que dice un personaje tiene que estar ahí en función de la historia? No sé, no me decido por una respuesta…
Me voy a EEUU, de la mano del Vol.3 de Catwoman que va justo después del Vol.4 que vimos el 08/05/15. ¿El 3 va después del 4? Sí, esta es otra edición que trae más episodios por tomo. De hecho, en este mega-broli (más de 300 páginas) está completo el último año de Ed Brubaker al frente de la serie, todo material que no se había recopilado en los TPBs anteriores.
A nivel argumental, esto está lejos de los mejores trabajos de Brubaker. El guionista insiste con Philo Zeiss, el villano que había creado durante su paso por la revista de Batman (lo vimos en la reseña del 15/02/11), suma a más capos mafiosos de los que pululan por Gotham y se va medio al carajo con una saguita con onda “realismo mágico, romance y cimitarras ” en la que resuelve el plot de los chabones vestidos con túnicas y turbantes árabes que venía del tomo anterior. En el último tramo, tenemos tres episodios muy vinculados a la saga War Games, por la que desfilan un montón de personajes (buenos y malos) de Gotham City en una aventura que a Selina realmente la afecta poco y nada. Y después viene un unitario casi sin piñas ni patadas, en el que Brubaker cierra su etapa al frente de esta serie.
Lo grosso de todo esto es cómo el guionista encuentra espacios para trabajar lo que a él más le interesa, que es el desarrollo de los personajes. Selina, Slam Bradley, Holly Robinson, en menor medida Leslie Thompkins… todos salen profundamente transformados después del paso de Brubaker por la serie. Como siempre digo, Catwoman me gusta más como villana que como justiciera, pero Brubaker se esfuerza por subrayar que, pase lo que pase, Selina no va a ser nunca una heroína. La mina tiene sus propios códigos, sus propios métodos (que no son los de Batman), y una consigna también muy propia, que es la defensa del barrio más pobre y más heavy de Gotham. Hasta en estos últimos episodios, donde se des-enfatiza bastante la onda “serie negra”, Catwoman se niega a ajustarse al molde de la heroína tradicional. Y eso es lo que la mantiene interesante.
Obviamente suma muchísimo que 10 de los 12 episodios tengan como dibujante al maestro Paul Gulacy, siempre infalible en la narrativa, generoso en los fondos, jugado en las expresiones faciales, impactante en el manejo de las escenas de acción. Y uno de los suplentes es nada menos que Sean Phillips, el compañero perfecto de Brubaker, al que le toca un episodio sin machaca, totalmente introspectivo, centrado en una cita romántica entre Selina y Bruce Wayne, que es de lo mejor que tiene para ofrecernos este tomo.
Si sos muy fan de Catwoman, podés seguir esa serie más allá del nº37, que es el último de Brubaker. Si lo que te atrae es el laburo de este prócer del guión, bajate en esta parada y despedite de la gata de Gotham, que nunca volvió a protagonizar historias a este nivel.
Volvemos pronto con más reseñas. ¡Hasta entonces!

viernes, 21 de abril de 2017

GUARDIANS OF THE GALAXY Vol.2

James Gunn lo hizo de nuevo. A lo largo de 137 minutos, la nueva peli de los Guardians of the Galaxy es una clase magistral de cine, más allá de las épocas, los géneros y la pertenecia de este film a un universo compartido con otros 15 o 20 largometrajes (¿cuántos van? Yo ya perdí la cuenta…).
A nivel visual, Guardians of the Galaxy Vol.2 es sin ninguna duda la mejor película que vi en mi vida. El diseño de producción, el vestuario, las naves, los decorados, los maquillajes y los efectos especiales alcanzan para pasarle el trapo a TODO lo que te imagines. La banda de sonido también, es tan buena que justifica por sí sóla lo que pagues por ver la peli.
Pero vamos al argumento, que es lo que importa. La trama básica gira en torno al origen de Peter Quill, a resolver la incógnita que quedó la vez pasada acerca de su filiación. Gunn la resuelve de un modo impecable, aunque bastante alejado al de los comics. Pero si bien el rol de Starlord y su reencuentro con su verdadero linaje son importantísimos, el guión de Gunn le reserva grandes momentos a todos los otros personajes.
Yo creía que el chiste del Groot bebé caducaba (o se marchitaba) después de la primera escena (majestuosa, por cierto) y que lo iba a putear todo el resto de la cinta. Para nada. El Groot bebé funciona y garpa de punta a punta. Drax la rompe. Rocket tiene varias escenas magníficas, donde gana cada vez más profundidad. Y si bien el personaje de Gamora tiene bastante desarrollo, creo que sigue siendo el punto débil, el personaje al que todavía no le agarraron la mano como para hacerlo explotar. En la peli anterior, Gunn nos presentó a dos personajes secundarios muy atractivos, que no tuvieron espacio para brillar demasiado, pero prometían: Yondu y Nebula. Esta vez, ambos personajes ascienden a roles protagónicos y por momentos parecen ponerse la película al hombro. Los dos tienen un montón de escenas fundamentales, de altísimo impacto, al nivel de cualquiera de los Guardians. Por supuesto no quiero spoilear nada (sobre todo porque falta mucho para el estreno en cines), pero la chapa que acumula sobre todo Yondu en esta peli es infinita.
Ese truco de plantar personajes para que estallen en la siguiente entrega salió tan bien, que esta vez Gunn te planta otros dos: Mantis (también en una versión absolutamente incompatible con la de los comics) y Stakar, el personaje de Sylvester Stallone, que si sos fan de los Guardians clásicos seguramente intuirás para dónde va encaminado. Acá hay sembradío de plots para por lo menos una película más a todo culo, y varias de esas puntas tienen que ver con personajes y conceptos que los fans de Marvel lograrán reconocer a pesar de que acá hay muchas menos capas, máscaras y trajes colorinches.
La única contra que tiene el guión es que no avanza un choto el plot de las gemas del infinito. Si mirás el elenco de la peli, vas a ver que no está Josh Brolin. Y eso medio me la bajó, porque yo quería mucho Thanos, mucha previa a lo que va a ser la Infinity War con los Avengers y otros héroes de la Tierra. Obviamente en varios momentos Gamora y Nebula hablan de su papá, pero nunca lo vemos ni a él ni a las gemas. De todos modos, uno se queja de lleno, porque la verdad que es una película maravillosa, con un ritmo alucinante, con una combinación perfecta entre machaca épica, comedia y emotividad. Posta, eh? Acá vas a vibrar, te vas a reir a carcajadas (por momentos parece una peli cómica como las de antes, o como un corto de los Looney Tunes con actores), y a menos que tengas un cascote de la tribuna de Independiente en vez de un corazón, seguro vas a lagrimear, o aunque más no sea a pucherear.
Preparate a quedarte en el cine hasta el recontra-final, porque varias de las mejores escenas están intercaladas con los créditos. Es más, esta vez hay chistes hasta en los propios créditos. Y referencias ochentosas gloriosas, cameos copados y desopilantes intervenciones de Stan Lee, en las que (si mirás bien) hay un homenaje perfecto a Tintin. Ardo en deseos de verla otra vez. En general, uno prefiere dedicarle esas dos horas y pico a leer comics, pero esta peli rompe con todo. Sería muy injusto que no batiera todos los records de recaudación, que no ganara ocho o diez Oscars y que no se la recordará durante décadas como una cima del cine de aventuras. Así de grossa.

miércoles, 19 de abril de 2017

ARGUMENTO vs. GUION

Vengo complicado con los tiempos, no tanto para leer comics, pero sí para encontrar un rato en el que sentarme tranqui a reseñar el material que leo. Desde el último post se me acumularon unas cuantas lecturas, y bueno… ya las iremos bajando.
Hoy vamos con el super-clásico Argumento vs. Guión, en dos obras recientes de autores argentinos.
The Pathetic Life de Mel O´Griffin es una breve novelita gráfica de Nicolás Brondo, donde el argumento es… menor. Mel es un tipo patético, pusilánime, un boludo convencido de que el suicidio es la mejor forma de escapar a sus angustias y penurias. Tiene una mujer y una hija, que reaparecerán en su vida, y en los diálogos con ellas se replanteará algunas cosas… y otras no. A priori no parece una consigna muy fértil, ni muy ganchera, pero la magia está no en el argumento, sino en el guión. En cómo elige Brondo contarnos esta historia. En los diálogos, en los silencios, en el armado de las secuencias, en cómo entran en escena los personajes, en dónde nos clava cada flashback y cada elipsis.
No quiero contar detalles, porque es ahí donde reside la gracia de Mel O´Griffin. Pero sí subrayar que estamos ante un ejemplo clarísimo de cómo un buen guión puede levantar enormemente a un argumento a priori medio del montón para llegar a un resultado que impacta, conmueve, por momentos te hace reir, por momentos putear, y hasta si sos muy sensible capaz que te arranca una lágrima. Y del dibujo, casi ni tiene sentido hablar, porque el nivel que alcanzó Brondo hace ya varios años está más allá de la exégesis. Expresivo, versátil, extremo cuando quiere serlo, medido cuando el relato lo recomienda… el trazo de Brondo no falla nunca y es parte del motivo por el cual The Pathetic Life de Mel O´Griffin tiene todo para cobrar chapa de gema de culto, de pequeña obra maestra en la trayectoria (a esta altura demoledora) de un autor definitivamente indispensable en la escena de la historieta argentina actual.
Vamos a un ejemplo inverso, con otra obra reciente de autores argentinos: el Vol.1 de Kormákr, escrito por Damián Connelly y dibujado por Nicolás Nieto. La premisa es totalmente atrapante: estamos en 1980 y los agentes Lydia White y Yuri Spektor son enviados al pueblito de Ludgard a investigar misteriosos asesinatos. La referencia a Twin Peaks es tan obvia, que en un punto lo intoxica a Connelly y lo convence de que puede hacer bien lo que sólo David Lynch puede hacer bien: convertir a la trama de un thriller en la excusa perfecta para limar, para meter alucinaciones, flashbacks retorcidos, personajes estrambóticos… y que todo se entienda y el espectador la pase bien. No es el caso.
Connelly la rompe en un rubro complicado: la construcción de los personajes. White y Spektor aparecen en estas cincuenta y pocas páginas como personajes complejos, atractivos, muy bien pensados y desarrollados por el guionista. El resto del guión, en cambio, contribuye poco a que brille el argumento. Es oscuro, es críptico, por momentos es caprichoso, por momentos donde tendría que generar tensión genera aburrimiento, y hasta repite un recurso (el lobo) que ya vimos en La Sombra de Alec Foster, otra obra del mismo guionista. Por ahí levanta en la segunda y última parte… por ahí no.
El dibujo de Nieto es muy raro, nunca se decide por un estilo gráfico, sino que va saltando, probando cosas distintas página a página. Esto obviamente empantana el flujo narrativo, porque por momentos la página parece un álbum de figuritas, con seis imágenes dibujadas por seis tipos distintos, sin ningún correlato entre sí. Lo mejor que tiene Nieto es el manejo del cross-hatching extremo, y cuando lo usa con onda, con elegancia y con criterio logra imágenes muy potentes, que me recordaron a viñetas del maestro Sergio Toppi. De todos modos, tantos recursos gráficos mezclados, tantas técnicas juntas me generan desconcierto, me transmiten la sensación de “tiro 50 trompadas al aire y alguna voy a acertar”. Ojalá en sus próximos trabajos Nieto se decida por UNA técnica de dibujo y UNA técnica de entintado y crezca y se afiance en una sóla dirección. Y después, cuando sea muuuuuy capo en una técnica, que pruebe con otra y así, hasta convertirse en el Viejo Breccia.
Ni bien tenga un rato, reseño un par de libritos más que están ahí, pidiendo pista. ¡Gracias y hasta pronto!

viernes, 14 de abril de 2017

FERIADISIMO

Gran tarde al mega-pedo, ideal para ponerse al día con varios temas pendientes, y uno de esos pendientes son las reseñas de un par de libros que tengo leídos y que todavía no comentamos por acá.
Parece mentira que después de tantos años, sigan apareciendo historietas que me conmueven profundamente, que me estremecen, que me tienen un rato largo con la piel de hincha de River, vibrando como un dildo, todo el tiempo al filo del lagrimón. Me acaba de pasar con Sky Hawk, mi nueva obra favorita en la gloriosa carrera del ireemplazable Jiro Taniguchi. Sky Hawk te aniquila ya desde la premisa: dos samurais caídos en desgracia, varados en las planicies del Noroeste de los EEUU, se integrarán a una tribu sioux y les enseñarán técnicas de combate típicas del Japón feudal que los ayudarán en su lucha contra el ejército de los EEUU, que avanza por las malas para quitarles las tierras a los pueblos originarios y traer “el progreso” de la mano del ferrocarril.
Hasta ahí, todo alucinante. Imaginate lo que hubiese hecho Robin Wood con esta idea allá por 1980. Una genialidad, no? Pero el sensei Taniguchi no se queda atrás. Sintetiza muy brevemente el pasado de Hikozaburo y Manzo le dedica estas casi 300 páginas a la trama central: el team-up de amarillos y rojos contra unos blancos sumamente garcas, liderados por el General Custer (una especie de Julio Argentino Roca yanki, que en vez de terminar como presidente de la nación terminó acribillado por las flechas de los indios). La historia de los aborígenes unidos para defender las Colinas Negras la leímos 100 veces, hasta en un álbum de Lucky Luke. Y ahí es donde entra la magia de Taniguchi: le suma a este relato la participación de los dos samurais, la interacción entre estos y los pieles rojas, la sorpresa de los milicos yankis al ver que de pronto los indios cambian la forma de combatir…
Obviamente al final van a ganar los malos, pero mientras tanto, tenemos una epopeya atrapante, emotiva, una cátedra en la que el maestro Taniguchi nos enseña que el coraje y el honor no saben de razas ni de fronteras. El choque entre las culturas da pie a diálogos memorables, la trama romántica no está para nada enfatizada, los hechos históricos están perfectamente respetados... Estamos frente a un guión mucho menos introspectivo que el de las obras más típicas de Taniguchi, al que –sin embargo- no le falta complejidad ni profundidad, y que por lo menos a mí, me dejó hiper-manija.
El dibujo es inevitablemente excelente. Como ya sucediera en el Vol.1 de Seton (ver reseña del 22/07/12), el combo Siglo XIX + locaciones agrestes del Oeste de los EEUU remite a Taniguchi casi de inmediato a los grandes clásicos del western franco-belga. Y así aparecen en el trazo del ídolo algunos paisajes, algunos enfoques y hasta algunas resoluciones gráficas que ya vimos mil veces, ya sea en el Teniente Blueberry de Jean Giraud, en el Comanche de Hermann, o en el Mac Coy de Antonio Hernández Palacios. Esto, combinado con el grafismo fluído, detallado, siempre dinámico de Taniguchi, hace de este trabajo de 2002 un deleite visual insuperable, en buena medida porque vemos al maestro exigirse a sí mismo, salir de su zona de confort y bancarse com un duque un desafío gigantesco. Que Manitú lo tenga en la gloria.
Y me vengo a Argentina, al 2016, para leer un comic muy raro: Ortega y Gasset, la biografía no autorizada del célebre pensador español de la primera mitad del Siglo XX, narrada por Alejandro Farías y dibujada por Hurón. Se trata de una sucesión de secuencias breves, de no más de 12 páginas, con las que Farías nos propone armar la vida de José Ortega y Gasset como si fuera un rompecabezas. Las secuencias están bien elegidas, con un criterio amplio, como para abarcar sus inicios, sus éxitos, sus fracasos, sus polémicas con otros intelectuales de la época (entre ellos el mismísimo Albert Einstein), sus conatos de romance, su delicada posición frente al régimen totalitario de Francisco Franco, e incluso las vinculaciones entre su pensamiento y el de otros filósofos contemporáneos suyos, como Martin Heidegger. Con todo esto se ensambla un mosaico muy completo que, lejos de aspirar a una versión hagiográfica de la figura de Ortega, parece esforzarse por mostrarlo como un ser humano normal, con los defectos, virtudes e inseguridades de cualquiera de nosotros.
No es una historieta divertida, porque se centra en la vida de un filósofo cuyas principales actividades son pensar, escribir y dialogar. Acá no hay acción, ni piñas, ni persecuciones, ni un mísero garche, siquiera. Obviamente no se trata de un trabajo pensado para cautivar a los fans de la aventura. ¿Cómo se hace para dibujar una historieta donde sólo hay pensamiento y diálogo? Hurón acomete esta ciclópea tarea y le va muy bien. Se luce en la reconstrucción de la época, en la forma en que retrata las distintas ciudades (Buenos Aires incluída, obvio) por las que viaja Ortega, y sobre todo en el tratamiento gráfico. Las distintas tonalidades de gris y esa textura como de rayas de lápiz negro le agregan al dibujo una cuota de belleza muy original, que le permite a Hurón plasmar con eficacia y sutileza una gran variedad de climas, y que por momentos lo acerca a los mejores trabajos de Miguelanxo Prado.
Repito: no es una historieta para divertirse, sino más bien para que, si te interesan la vida, el pensamiento o la época de José Ortega y Gasset, puedas descubrirlos e incluso profundizar en ellos de un modo distinto, más accesible, para nada árido ni excesivamente didáctico.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

lunes, 10 de abril de 2017

SE VINO EL OTOÑO

Bueno, llegué hace un rato de Córdoba y me recibió la clásica Buenos Aires de otoño, fresquita, lluviosa, con el tránsito colapsado y las 15 radios del Grupo Clarín repitiendo las mismas mentiras. Por suerte entre aeropuertos y aviones tuve tiempo de leer un par de libros, así que tengo material para reseñar.
Arranco en EEUU, en 2013, cuando Dark Horse publica Kiss Me, Satan!, una saguita de acción y terror que me sedujo porque la encontré en oferta y está dibujada por el cordobés Juan Ferreyra, que me tiene entre sus fans desde que militaba en el under, allá por la segunda mitad de los ´90. El argumento de Victor Gischler (de oscuro pasado en Marvel) ofrece ángeles, demonios, licántropos, brujas, hechiceros, zombies, ninjas, ninjas zombies… un flor de bolonki de elementos sobrenaturales puestos al servicio de una trama de acción, con persecuciones, tiroteos, peleas de todo tipo, garches, runfla entre mafiosos y demás escenas de alto impacto.
Por suerte, Girschler evade unos cuantos lugares comunes y logra que esta combinación, además de ser pochoclera y estridente, tenga originalidad y frescura como para sorprender al lector que ya se devoró muchas aventuras parecidas. La machaca sobrenatural está bien condimentada con el trasfondo mafioso, con una trama romántica, con un buen aprovechamiento de la decisión de ambientar la historia en New Orleans y con algunos toques introspectivos que le sirven a Gischler para darle onda a los personajes, incluso a algunos secundarios. O sea que, como comic de entretenimiento sin mayores pretensiones, Kiss Me, Satan! funciona muy bien y garantiza una lectura ágil, ganchera, muy entretenida.
El dibujo de Juan Ferreyra es excelente, con altos niveles de salvajada, figuras muy dinámicas, deformidades bien puestas, personajes muy expresivos magníficamente diseñados, un ritmo de palo-y-palo en la planificación de las secuencias, y sobre todo un laburo alucinante en el color (rubro en el que Juan contó con la colaboración de Eduardo, su papá). El color de los Ferreyra le prende fuego a la página, está hiper-sincronizado con los climas que requiere el guión y tiene ese toque único de genialidad, de experimentación loca que llegó a muy buen puerto. Si sos de los que descubrieron a Ferreyra a partir de su desembarco en DC, o a través de Colder, tirate un cachito más para atrás y descubrí este gran trabajo del ídolo cordobés.
Salto a Uruguay, a 2016, cuando aparece Parto de Nalgas, el bizarro team-up entre Gustavo Sala y el guionista, blogger, conductor de radio y tele, escritor y co-protagonista de la recordada saga de New York acá en el blog, mi amigo Ignacio Alcuri. Con un guión escrito a cuatro manos y muy buenos dibujos de Sala, Parto de Nalgas es un delirio fascinante, una novela gráfica cuyo argumento reproduce la lógica de los sueños, en los que se suceden una atrás de otras escenas muy locas, casi sin explicación y casi sin un hilo conductor. Y claro, además del divague, acá hay muchos chistes. Chistes pavotes, chistes groseros, chistes absurdos, chistes políticamente incorrectos casi al límite, juegos de palabras, reflexiones graciosas tipo stand-up comedy… un repertorio amplio, ecléctico, generoso, para todos los gustos.
Así, entre seres de caca, pandas con síndrome de down, gorilas gigantes, monstruos bizarros, vergas gigantes y la inevitable aparición de famosos de toda calaña (de Gardel y el Papa Francisco a Moria Casán y Gary Coleman), un marplatense y un uruguayo viajan por el mundo, surcan el cosmos, recorren distintas dimensiones y viven la aventura más estrambótica de sus vidas. Algunos chistes funcionan mejor si pescás ciertas referencias muy puntuales (a las canciones de Jaime Roos, o los comics de Stan Lee, o los hábitos sexuales de Woody Allen), pero en general la risa está garantizada aunque no entiendas nada y creas que Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano son grandes periodistas.
La obra tiene más de 80 páginas, bastante texto y bastantes volantazos impredecibles, con lo cual no recomiendo leerla toda de un saque, sino meterle un par de pausas, como para intercalar otras lecturas y que la gracia de Parto de Nalgas se mantenga fresca y sorprendente. En Argentina el libro nunca se distribuyó, así que tenés que tener bastante ojete para conseguirlo, o enviar sicarios a que lo busquen del otro lado del charco. Parto de Nalgas lleva un paso más allá la sana costumbre de estos últimos años de las colaboraciones entre autores de Argentina y Uruguay y lo hace de la mano de dos genios malignos del humor. Así que hay que tenerlo, cueste lo que cueste. Y vamo´arriba la celeste.
Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros leídos.

jueves, 6 de abril de 2017

RESEÑAS POST-PARO

Bueno, ahora que se terminó el paro, retomo el “trabajo” de reseñar los libros que leí en estos últimos días.
Me compré Atajos con mucha expectativa: un libro de tapa dura, con 100 páginas, lleno de historias cortas de Martí, siempre es un golazo. Yo además tenía la esperanza de que en estas páginas estuvieran republicadas TODAS las historias que a tengo en otros dos recopilatorios de historias cortas de Martí (Monstruos Modernos y Terrorista), como para reemplazarlos con esta edición más cheta. Pero no. Atajos no es un integral. Es un libro para el cual (una vez más) se seleccionaron algunas historias cortas de Martí y quedaron afuera otras. Hay varias que ya tengo en Monstruos Modernos (pero no están TODAS las de ese libro), varias que ya tengo en Terrorista (pero tampoco están TODAS) y varias que nunca habían salido en libro. Conclusión: ahora tengo TRES libros de historias cortas de Martí, con mucho material repetido (sin contar que también tengo bocha de números de El Víbora en los que aparecen esas mismas historias). Un despropósito.
Hecha esa salvedad, Atajos tiene un material incuestionable, una selección repleta de gemas, de pequeñas obras maestras de este genio catalán que tuvo su período más glorioso en los ´80, pero estaba tan adelantado a su época que se sigue viendo moderno aún hoy. Sí, está Terrorista. Sí, está la adaptación de No Oyes Ladrar a los Perros (el relato de Juan Rulfo). Sí, está Baby Killer, la historieta más urticante, más incómoda que recuerdo acerca del tema del aborto. Sí, está la bizarra Sospecha Letal y la desesperante Repulsión. Y hay más.
Sobre el final hay 15 páginas (dos episodios breves) de España Negra, una obra más reciente de Martí, probablemente de la segunda mitad de los ´90, donde el dibujo se ve un poco más refinado, más cerca de Beto Hernández que de Chester Gould, pero se mantiene intacto el nivel de sordidez, mala leche y asquerosidades. Es una historia de corrupción, canibalismo, posesiones satánicas, milagros de santos bizarros y porongas inmensas, todo muy al límite. Eso no está ni en Monstruos Modernos ni en Terrorista y es brillante.
Si sos fan de Martí, si te copa ver cómo el paisaje urbano se vuelve pesadillesco, retorcido, oscuro, si te bancás ver el horror que espera agazapado en situaciones de la vida cotidiana, acá te esperan unas cuantas historias impactantes por lo zarpadas pero también por lo cercanas. Con su claroscuro sin concesiones y su estética retro-feísta, Martí no para nunca de bajar línea ni de perturbar al lector que se anime a entrar en su mundo. Por eso lo amamos.
El 05/06/15 tuvimos en el blog la reseña de la primera antología del sello Purple Comics. Ahora vamos con la segunda, editada en 2016.
Arrancamos con Franco Viglino, un dibujante prodigioso, que narra una breve historia de su personaje, JellyKid, en apenas 25 viñetas. Imposible desarrollar algo así como una trama en tan poco espacio, así que sólo se rescata el dibujo, que es excelente. La historia más extensa es la de Madhawk, 40 páginas a cargo de Mariano Sciamarella y Lea Caballero. Me gustó bastante el argumento (complejo, ambicioso, con buenos giros) pero no tanto el guión, el desarrollo escena a escena y cuadro a cuadro de ese argumento. El dibujo de Caballero está muy bien, más allá de algún error de anatomía.
De ahí en más, la antología ofrece un poco de todo. Leonel Palermo pretende narrar una epopeya de los dioses nórdicos en sólo cuatro páginas, y obviamente no lo consigue, a pesar de los muy atractivos dibujos de Pablo Ayala. Un poco mejor le va a Federico Dalman, con una aventura cláisca, con tintes de comedia, bastante lograda. Con algunas cositas para ajustar en la narrativa, me gustó bastante la de Schamber y Dall´o, autores a los que les veo bastante futuro. El mejor guión de la antología es, por afano, el de Guido Barsi, en la historia titulada El Cafecito. El dibujo de Mauro Sánchez no es malo, pero no se acopla nunca al tono de comedia picaresca que propone el guión. Y la última historia, escrita y dibujada por Gwydion, es la única realmente vergonzosa, la única en la que no se puede rescatar nada, ni en el guión ni en el dibujo. Ni siquiera una idea copada en la narrativa, que a priori tenía el atractivo de jugar con la letra de Los Libros de la Buena Memoria, el clásico de Luis Alberto Spinetta. Puede fallar.
Las ilustraciones de tapa, contratapa y ambas retiraciones están buenísimas y la calidad de la edición es realmente impecable. Ojalá la pandilla de Purple siga creciendo y afianzándose.
Y ya está, no tengo más libros leídos para reseñar. Nos encontramos este sábado y domingo en Córdoba con todos los que se acerquen a participar del festival Material, y con el resto nos leemos por acá la semana que viene. ¡Será hasta entonces!

martes, 4 de abril de 2017

OTRA VEZ FUNCION TRASNOCHE

Y bueno, es lo que hay… A veces me resulta cómodo dejar el tema de las reseñas para última hora y a veces la última hora son las dos de la matina del día siguiente. No es tan grave, total ustedes las pueden leer cuando se les cante (o no leerlas, incluso).
Hace mil años, el 17/05/10, le dediqué una reseña al Vol.1 de 24Seven, una antología de Image coordinada por Ivan Brandon, repleta de nombres grossos. Recomiendo revisitar dicho texto, ya que mucho de lo dicho en ese entonces se aplica hoy, a la reseña del Vol.2.
No sólo esta segunda entrega de 24Seven repite la fórmula del primer tomo. También repite un montón de autores… y los dos problemas principales del Vol.1 siguen ahí. Por un lado, algunos guiones demasiado simples, o con planteos ambiciosos y resoluciones simplistas, lo cual es peor. Como en todo compilado de historias cortas, muchas veces a los guionistas les cuesta rematar en espacios chicos y los relatos terminan en cualquier lado, o derrapan en el final. Puede suceder. Por otro lado, una vez más tenemos unas cuantas historias que desaprovechan la temática de la antología, que son los robots/ androides/ sintezoides y demás. Historias que tranquilamente podrían estar protagonizadas por gente normal, de carne y hueso, y que presentadas así, con robots como protagonistas, hacen un poco de ruido. Tampoco te ahuyentan, pero en algún momento decís “¿para qué?”…
Pero vamos a subrayar las gemas que están esparcidas entre estas 240 páginas. La primera historia tiene un guión flojo, pero el dibujo (un team-up entre Fiona Staples y Frazer Irving) es majestuoso. La que escribe Carla “Speed” McNeil saca un gran provecho de la temática de la vida artificial, y el dibujo de Bruno D´Angelo por ahí es medio limitado a la hora de la narrativa, pero se ve muy lindo. Podría haber salido tranquilamente en la Métal Hurlant de los ´80. El ídolo brazuca Fábio Moon narra una muy linda historia, emotiva y original, en 10 páginas que podrían haber sido 6 u 8, pero también se ven muy lindas. La del ignoto Seth Peck y el glorioso Rafael Albuquerque es una historia fuerte, jugada, casi polémica… que tendría más fuerza si los personajes fueran humanos en vez de robots. Igual es muy grossa. Jason Aaron colabora con otro artista brazuca, Miguel Alves, en una historia tranqui, reflexiva, de belleza atípica y con una estética fina, diseñosa, más cercana a la de la ilustración editorial. La que escribe Kelly Sue DeConnick es cortita y al pie, efectiva aunque quizás no tan original. Ben Templesmith aporta unos dibujos magníficos a un guión de John Ney Rieber que claramente no está a la altura. Otra historia rara pero que funciona es la de Alice Hunt y Meg Hunt.
Gabriel Bá (hermano gemelo de Fábio Moon) dibuja uno de los mejores guiones del libro, a cargo de Macon Blair, una historia hermosa que también funcionaría perfecto con seres humanos. Michael Avon Oeming te detona las retinas en siete páginas medio light a nivel guión, pero con unos dibujos y un color alucinantes, dignos de Enrique Breccia. Muy buena también la de Jonathan Davis y Antonio Fuso, tranqui, sin estridencias y con buenas ideas. El canadiense Niko Henrichon también deja la vida en sus ocho páginas, intensas y divertidas. Muy bien también Will Pfeiffer, que escribe una historia dibujada a cuatro manos por Andy McDonald Paul Azaceta. Andy Kuhn, Dave Johnson y José Luis Ágreda se lucen con sus dibujos en historias cuyos guiones me interesaron poco. Ya sobre el final, Macon Blair vuelve con otra historia muy atractiva, ya coqueteando un toque con el género del terror, y potenciada por unos dibujos fastuosos de Francesco Francavilla. Y otro monstruo brazuca, el maestro Mateus Santolouco, tira magia en una de cinco páginas que no es hiper-original, pero funciona perfecto. Buen promedio, en general, para este broli, que salió en 2007 y hace muchos años que se consigue en oferta.
Me queda poquito espacio para hablar de Topati, el último libro (hasta hoy) del prolífico Brian Janchez, que recopila un puñado tiras cómicas junto a algunas historietas cortas. Topati es un hombre-pato, que aspira a ser una criatura temible al estilo del hombre lobo, pero en vez causa gracia. Es la enésima historieta en la que el mecanismo del humor pasa por la lástima que genera el protagonista en los lectores, y si no te copa esa onda del personaje patético, constantemente humillado y denigrado, difícilmente te saque una sonrisa. A mí me gusta la forma en que Janchez explota ese recurso y en general me gusta cómo están dibujadas las historietas de Topati, aunque a veces la cantidad de texto que tiene cada viñeta conspira un poco contra el lucimiento del trazo de Brian. De todos modos, queda claro que el autor se esfuerza mucho más por ponerle onda a los diálogos que a los dibujos… y viéndolo así no está mal que las palabras tengan tanto peso dentro de las viñetas.
No te quiero vender la sanata de que Topati es lo mejor que hizo Janchez hasta ahora, porque no es así. Pero tiene onda, diálogos y situaciones ingeniosas y un dibujo correcto, sin ningún intento de virtuosismo, sino más pensado para ser funcional a los relatos.
Nos reencontramos pronto, cuando tenga leídos un par de libros más. ¡Gracias por el aguante!

jueves, 30 de marzo de 2017

TARDE DE JUEVES

Es jueves a la tarde, tengo un rato al pedo y un par de libritos leídos, así que vamos a ver qué sale…
Finalmente me clavé el sexto y último tomo de Wonder Woman de Brian Azzarello, y sí, es lo mejor del New 52, por amplio margen. Por muchos motivos, principalmente porque es una historia jugada, rupturista, narrada en forma aislada del resto del universo, un verdadero comic de autor protagonizado por un personaje emblemático del mainstream. Algo que DC cada tanto le deja hacer a algún autor importante, pero no con un ícono de primera línea como es Wonder Woman. Por otro lado, Azzarello no deja de sorprender nunca. Cada giro argumental es menos predecible que el anterior… excepto el del hijito de Zola, que se veía venir desde el primer tomo. Pero pasan muchas cosas grossas, y pasan de modo orgánico, natural, no parecen manotazos de ahogado de un guionista que abrió muchas puntas y ahora las tiene que cerrar de golpe, sin saber bien cómo.
La entrada y salida de este amplísimo elenco de personajes es coherente, es prolija, obedece siempre a momentos cruciales en la trama. Los diálogos están afiladísimos, el villano tiene motivos para arriesgar todo lo que arriesga en la pelea final, la brutalidad de la machaca no nos distrae nunca de la magnitud de lo que está en juego en cada combate, y para el final uno quiere a Diana mucho más que al principio, la admira mucho más, la banca mucho más en cada decisión que toma.
El dibujo se mantiene a lo largo de todo el tomo en un nivel altísimo, gracias a los relevos entre Cliff Chiang y Goran Sudzuka, ambos comprometidísimos, dispuestos a no guardarse nada, y además muy potenciados por la labor del colorista Matt Wilson. Una vez terminada la epopeya final, el tomo ofrece las 12 páginas de esa especie de “año cero” que escribió Azzarello para un número de la revista Secret Origins, una comedia recontra-queer que termina con la llegada de Steve Trevor a Themiscyra. Para estas páginas, Matt Wilson acomoda su paleta para jugarse a colores más planos y más intensos, mientras que Sudzuka recrea con su trazo el estilo de las mejores historietas románticas de fines de los ´60, con vestigios de Mike Sekowski y Alex Toth. Una joyita en clave retro, pero transgresora hasta el final.
Por otro lado, en 2016 salió el Vol.2 de Brunella, que recopila otras 60 planchas de la historieta creada por J.J. Rovella para la revista Comic.ar. La verdad que es poco lo que puedo agregar respecto de la reseña del Vol.1 (23/07/14), así que recomiendo revisitarla.
Lo más importante es que a lo largo de estas 60 planchas, Rovella desarrolla hasta las últimas consecuencias ese núcleo argumental que se planteaba sobre el final del Vol.1. Este segundo tomito es básicamente la resolución de ese planteo, un largo y penoso tránsito hacia un final no feliz ni mucho menos, pero no tan desolador como el del primer tomo.
El resto, ya lo dije en su momento: buenísimo el dibujo, impresionante el manejo del autor de los recursos iconográficos que le permiten narrar todo esto sin palabras, tremendo el impacto que genera la combinación de un formato y una estética de tira humorística con una temática tan acuciante, tan desgarradora como la de una nena sumida en la miseria y la marginalidad.
Y el enigma que sigo sin descifrar, que es a qué público está apuntada esta historieta. De a poco me va cerrando la posibilidad de que Brunella sea un comic pensado principalmente para los talibanes de Rovella, los que lo tenemos allá arriba y le compramos cualquier cosa que lleve su firma. En el último tiempo, el personaje reapareció en “chistes” de una sóla viñeta, a color y con textos, que circulan con éxito en las redes sociales y en cualquier momento van a parar a un libro en una editorial más grande, más mainstream. Quizás entonces nos llegue la revancha a los “rovellistas” que sufrimos con las privaciones, la angustia, la sordidez que el autor nos mostró y nos hizo sentir con estas historietas tan extrañas y tan difíciiles de olvidar.
Vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas. Si estás al pedo sábado o domingo, venite a Sismicomix, que la vamos a pasar bárbaro. Voy a estar ahí conduciendo algunas charlas con autores muy grossos, y con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. La data completa del evento está acá: https://www.facebook.com/events/277068702721483/

martes, 28 de marzo de 2017

DOS DE MARTES

Ya estoy de vuelta con nuevas lecturas.
Arranco en 2013, en Nueva Zelanda, donde el sello Beyond Reality Media recopila en libro los cuatro episodios de The Time Travelling Tourist, una saga escrita por Will Geradts (también coordinador de BRM) y Richard Fairgray, junto al dibujante chileno Gonzalo Martínez, a quien ya nos cruzamos varias veces acá en el blog.
La trama gira entorno a Beethoven Jones, un pibe que cuenta con un gadget que le permite viajar a gusto y piaccere por el tiempo. Su hobby, su diversión, su pasión, es esa: aparecer en momentos cruciales de la Historia, sacarse una selfie y mandarle una postal a los padres, onda “Acá estoy, en pleno hundimiento del Titanic/ asesinato de Abraham Lincoln/ ataque a las Torres Gemelas/ llegada del hombre a la Luna/ incendio de Roma, o lo que sea”. En sus viajes descubre que hay UN día de 1993 en que un tipo que tiene un local de donuts de New York horneó las mejores donuts de la historia. Entonces, entre viaje temporal y viaje temporal, pasa por el local a comprar unas cuantas de estas facturas redondas que comen los yankis. Claro, Beethoven va una vez por día, pero para los que lo atienden, va cada 10 ó 20 minutos (siempre durante el mismo día) y se empiezan a preguntar qué hace este pibe con todas esas donuts. Eventualmente, Beethoven pegará onda con Rebecca, la hija del dueño del local, y los guionistas sumarán una trama de comedia romántica a ese argumento gracioso, pero que ni a palos alcanza para casi 100 páginas de historieta.
Ese es el punto débil de TTTT: la premisa es atractiva, pero no para la extensión de la obra, sino para algo mucho más breve. Dentro de todo, el desarrollo se hace llevadero, sobre todo cuando Geradts y Fairgray le empiezan a dar más bola a la relación entre Beethhoven y Rebecca. Por suerte no llegué al final pidiendo la hora porque no me los aguantaba más. El final pega un giro raro en las dos últimas páginas, creo que porque empalma con otra historia en la que Beethhoven también tiene un papel, pero que parece ir para otro lado, más de ficción post-apocalíptica.
El dibujo de Gonzalo Martínez apuntala con solvencia dos aspectos fundamentales del guión: para las escenas de comedia se luce en las expresiones faciales, y para las escenas que recrean momentos históricos deja la vida en la documentación. El resto está bien, es correcto sin descollar. Cuando los personajes aparecen de cuerpo entero y en movimiento, el dibujo adolesce de un cierto estatismo, lejos de la plasticidad que adquieren los rostros en los primeros planos, pero nada que haga demasiado ruido. El colorista Juan Moraga también hace un aporte muy bienvenido a la faz gráfica de TTTT, una historieta extraña en algunos aspectos, pero que puede ser una buena puerta de entrada para explorar el interesantísimo panorama del comic neozelandés.
Tenía pendiente una revancha con Emilio Balcarce y Jok, después de aquel Knightmare que no me había terminado de cerrar. Por suerte en 2016 la dupla editó también Valkiria, una saga muy superior a Knightmare en todos los rubros, cuyo único defecto es que dura apenas 46 páginas y te deja con las ganas de leer mucho más.
Esta vez, Balcarce propone una aventura intensa y muy ganchera, en la que nos invita a revisitar la mitología nórdica, los relatos épicos de Odin, Loki y demás dioses de Asgard, con un giro muy atractivo: estos muchachos no son dioses posta, sino visitantes que llegaron de otro planeta, con una tecnología mucho más avanzada que la que poseían los humanos en ese entonces. En paralelo a la trama de intriga palaciega y machaca a todo o nada que (como no puede ser de otra manera) derivará en un inevitable Ragnarok, Balcarce nos hace partícipes del crecimiento de un personaje central, Freyja, quien para el final del tomito será una heróina con toda la chapa, a la que queremos ver protagonizar muchas historias más. Valkiria tiene muy buen ritmo, escenas de alto impacto, muchas referencias a la mitología nórdica y sobre todo un gran trabajo en la construcción de la protagonista.
También muy por encima de su desempeño en Knightmare lo tenemos a Jok, que acá tiene la posibilidad de dibujar viñetas más grandes, menos abigarradas, en las que su dibujo se luce mucho más. Hay menos mancha y más detalles, más sutilezas. Como en casi todos los trabajos de Jok, se cuela por algún lado la influencia de su mentor, Rubén Meriggi, y esta vez también vi cositas que me hicieron acordar al maestro Enrique Breccia. El trabajo de grises es excelente, creo yo que fruto de un muy logrado traspaso a blanco y negro de una historieta que en Europa se publicó a todo color. Como decía, es una pena que haya sólo 46 páginas de esto, pero bueno, por suerte tengo otra obra de Jok en el pilón de la merca sin leer.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

sábado, 25 de marzo de 2017

VAMOS CON OTRAS TRES

Como durante buena parte de 2016, esta vez se me acumularon tres libros para reseñar.
Arranco con Reptilia, uno de los mangas más antiguos de Kazuo Umezu, el maestro definitivo del manga de terror. Son tres historietas de distinta extensión, todas publicadas originalmente entre 1965 y 1966 y conectadas entre sí por la presencia de una misma criatura maligna: la mujer serpiente. Entre las tres historias suman más de 300 páginas… y la verdad que se hacen difíciles de digerir.
A ver, esto no es horrible. Es anticuado. Los argumentos son flojos, con recursos imposibles, los diálogos son paupérrimos, el dibujo está muy por debajo de lo que veremos en obras posteriores de Umezu… No me pareció desastroso por dos motivos: por un lado el excelente flujo narrativo que propone el autor, que de alguna manera logra que la historia te enganche; y por el otro el clima que logra conjurar, un clima ominoso, tortuoso, muy tenso a pesar de que por momentos es todo tan bizarro que no sabés si ponerte nervioso o cagarte de risa. A mí casi todo el tiempo me puso nervioso. Sin tramas mecánicas, sólo con el blanco y el negro de su pincel y su plumín, Umezu define un mundo muy enroscado (es lógico, son víboras), muy cerrado en sí mismo, donde no hay lugar para virtuosismos porque hasta el último trazo está puesto en función de lograr ese clima que destacaba yo recién y que es uno de los pocos elementos que rescatan a Reptilia del abismo de la intrascendencia. Por suerte tengo sin leer otras obras de Umezu, así que volveré a buscar revancha.
Me voy a Canadá a 2007, cuando Drawn & Quarterly publica Albert and the Others, que en pocos minutos se convirtió en mi obra favorita del gran Guy Delisle. Se trata de 26 historias cortas, de entre una y siete páginas, protagonizadas por señores de los que sólo conocemos el nombre de pila. Cada uno empieza con una letra: Albert, Bernard, Christophe… y así hasta llegar a Zoltan.
Las 26 historias son mudas y están todas estructuradas en una grilla de 15 viñetas muy chiquitas, no muy distinto a lo que planteaba Lewis Trondheim en Génesis Apocalípticos (ver reseña del 16/09/14). La grilla inamovible y el trazo de Delisle le dan homogeneidad a los 26 relatos, que no tienen ninguna conexión entre sí. Algunos son más limados, otros van hacia un humor de comedia física, algunos tienen un cierto trasfondo más social y otros (generalmente los de una sóla página) son más zarpados a nivel guarangada. Delisle no sólo la rompe en el control molecular de la narrativa: estas pequeñas pantomimas le permiten también demostrar su fenomenal manejo del lenguaje gestual y corporal de los personajes, asombrarnos con los giros impredecibles de los argumentos, y además demostrar que no necesita reflejar realidades socio-políticas de países remotos para narrar historias geniales. Acá hay un par de historias cortitas, sin textos, sin siquiera onomatopeyas, con un dibujo hiper-minimalista, y que son gemas, pequeñas piedras preciosas que ya querrían haber escrito los guionistas más grosos que te puedas imaginar. Si nunca leíste nada de Delisle, no saques pasaje a China, Israel o Birmania. Arrancá por acá y descubrí al canadiense en un nivel sencillamente inverosímil.
Y termino acá en Argentina, en 2016, con la primera aventura de Max Hell, que marca (creo) el debut como guionista de Guillermo Höhn, en equipo con Pablo Tambuscio, a quien conocimos en las antologías de la Liga del Mal. Este es un comic de poquísimas pretensiones: 50 páginas con pocas viñetas por página (hay sólo dos con más de siete cuadros, el resto siempre de 5 para abajo), un argumento simple, lineal, un esfuerzo del guionista por presentar correctamente a los personajes y sobre todo por transmitirnos la sensación de maravilla que experimentan Max y sus amigos al recorrer el planeta en el que transcurre casi toda la aventura. Una aventura muy ganchera para los chicos que miran los dibujos animados actuales de Cartoon Network o Disney XD, con buen ritmo, algunos diálogos ingeniosos y una puntita astutamente abierta para resolver en la entrega que viene, aparentemente este año.
El dibujo de Tambuscio es excelente, 100% puesto al servicio de la historia, con variedad de enfoques, de climas, unos fondos magníficos, un diseño de personajes exquisito y una paleta de colores que logra impactar sin caer en la estridencia. Se nota que este muchacho la tiene muy clara en materia de ilustración de libros infantiles y supo poner ese talento sobre el tablero a la hora de encarar una historieta más extensa que las que le habíamos visto hasta la fecha. Si tenés pibes menores de 10-11 años (pueden ser ahijados, sobrinos o mascotas bípedas), llevales Max Hell, quedá como un duque y de paso leelo y flasheá un rato vos también.
Gracias por el aguante y nos rencontramos ni bien tenga más libros leídos.

martes, 21 de marzo de 2017

TRASNOCHE DE MARTES

Debía la reseña del cuarto y último tomo de The Victories, la espectacular serie de Michael Avon Oeming, que lamentablemente no cosechó el éxito que se merecía. Este cuarto TPB incluye los episodios finales de la saga y dos historias cortas dibujadas por artistas invitadas, en las que tiene bastante chapa Sai, el personaje menos desarrollado por Oeming en la parte troncal de la serie.
Los episodios finales vuelven a poner a Faustus en el centro de la trama. El conflictuado personaje (y en menor medida Lady Dragon) será quien cargue con el peso de resolver un dilema ético en el que está en juego (y no te exagero un milímetro) el futuro de la Humanidad. Esto ya lo hicieron chotocientos autores, chotocientas veces. Pero acá Oeming lo hace distinto, hace que pegue más fuerte, que todo sea más tenso, más extremo, hasta que uno, como lector, sufra como sufre Faustus a la hora de tomar la decisión. Y hasta llegar a ese incierto final, el autor nos obsequia un montón de páginas de machaca fuera de control y la explicación (redondísima) de quiénes y por qué manipularon desde las sombras todos los sucesos que fuimos presenciando a lo largo de la serie.
Además de situaciones muy jodidas, muy buenos diálogos, un mundo lleno de elementos alucinantes para explorar y una atención formidable puesta en el desarrollo de los personajes (hasta los villanos segundones tienen toda la onda), The Victories nos ofrece muchas páginas dibujadas por Oeming a un gran nivel, con un ritmo narrativo impecable. Con la complicidad del colorista Nick Filardi, el co-creador de Powers sube la apuesta tomo a tomo en materia de puesta en página y cambia con excelentes resultados virtuosismo por impacto, detallismo por potencia visual. Si no te causa rechazo la idea de revisitar a los superhéroes en clave oscura, sórdida, 100% apuntada al público adulto, no tengo dudas de que vas a amar a The Victories.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando se editó a todo culo la novela gráfica Black is Beltza, co-escrita por los vascos Fermín Muguruza y Harkaitz Cano, y dibujada por Jorge “el Doctor” Alderete, gran artista argentino radicado hace muchos años en México. Black is Beltza es una obra que se nutre principalmente de su contexto histórico. El relato arranca en Octubre de 1965, termina en Diciembre de 1967 y, como si fuera una aguja con un hilo, dedica sus 125 páginas a unir mediante una trama de espionaje un montón de hechos y personajes reales que coexistieron en esos años. El tapiz se va formando con retazos que incluyen la tensión racial en EEUU, el Che Guevara en Cuba (y más tarde en Bolivia), la guerra de los seis días en Medio Oriente, la Expo mundial en Montreal y el separatismo de Quebec, la pica entre argelinos y franceses, el mítico recital de Jimi Hendrix en Monterey, el legado de Pancho Villa en México, Mohammed Ali, Otis Redding, la resistencia del País Vasco contra el régimen de Francisco Franco…
Todo eso y mucho más aparece en la historia de estos convulsionados meses, atravesado por la aventura que protagoniza Manex, un muchacho también de origen vasco, al que los autores dotan de una gran carnadura a lo largo de la novela gráfica. Manex aprende, observa, calla, se planta cuando hay que plantarse, se enamora, sufre, cobra, corre, la pone, extraña, se gana el respeto de algunos y el odio de otros, revela de a poquito algunos de sus secretos… La verdad es que para el final de Black is Beltza es difícil no considerarlo un amigo más. Creo que si Muguruza y Cano no se hubiesen gastado todos los cartuchos en estas 125 páginas, Manex podría seguir funcionando durante muchas aventuras más, como una especie de Corto Maltés del último tercio del Siglo XX.
La trama que urden los guionistas convierte a este muchacho común y corriente en una pieza clave de un delicado juego de espionaje internacional, a fuerza de intrigas, persecuciones, volantazos imprevistos… y alguna que otra casualidad demasiado inverosímil. Eso, sumado al alud de referencias a personas, hechos, conflictos y canciones de la época, tira un poquito abajo a la historia. Pero es muy entretenida, te mete muy bien en el contexto y hasta te da ganas de investigar más acerca de ese período política, social y artísticamente tan intenso.
El dibujo de Alderete me sorprendió. Yo esperaba algo más frío, más “diseñoso”, y me encontré con un dibujo más visceral, con un uso interesantísimo del color, con un tratamiento fascinante de la referencia fotográfica, un manejo devastador de las tramas mecánicas, una planificación de página muy pensada en función del flujo narrativo… Alderete cumple con los que esperaban de él algo estéticamente atractivo, y a la vez demuestra que no le cuesta nada poner su arte al servicio del relato. Muguruza y Cano lo premian con una breve secuencia onírica y con esa secuencia en la que los personajes le entran al camote (un hongo alucinógeno) y ahí el Doctor aprovecha para mostrar otros estilos, otras formas de encarar el grafismo que funcionan mejor en la ilustración que en la historieta y que así, en poquitas páginas dentro de un relato más complejo, se disfrutan a full.
No te digo que Black is Beltza es una gloria del Noveno Arte, pero si tenés antepasados vascos, o si sos muy fan del espionaje de la Guerra Fría o te copa la historia mundial de fines de los ´60, seguro te va a encantar. Y si delirás con las ilustraciones de Alderete, acá lo vas a descubrir en otra faceta, en la que también la rompe.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

jueves, 16 de marzo de 2017

ULTIMAS LECTURAS DE VERANO

Después de algunos días sin leer comics, volví al vicio con El Supergrupo en Acción, el Vol.14 de Superlópez, que el maestro Jan dibujara allá por 1979-80, cuando los guiones de la serie estaban a cargo de Efepé (Francisco Pérez Navarro).
Como casi todos los álbumes de Superlópez de esta época, El Supergrupo en Acción es un rejunte de varias historias de 7 u 8 páginas, puestas una atrás de otra. En este caso con bastante buen criterio, porque hay un villano que aparece en varios de los episodios, al que vemos trazar un plan, fracasar, recalcular, intentar con otra variante, volver a fracasar, cada tanto rascar un empate y al final jurar que va a volver para derrotar definitivamente a Superlópez y sus compañeros. Todo esto, por supuesto, en plan de joda. El villano es malo y a la vez torpe, y los héroes son burdas parodias del Capitán Trueno, Marvel Girl, Dr. Strange, iron Man y The Thing. La dinámica entre ellos acentúa conflictos y rivalidades pelotudas, cosa que por ahí se mostraba poco en los comics (y especialmente en los dibujos animados) de esta época, y de ahí Efepé y Jan sacan un montón de situaciones graciosas. No tan limadas ni tan extremas como las de Mortadelo y Filemón, pero muy efectivas, sobre todo si el lector es fan de los comics de superhéroes y maneja los códigos del género.
El dibujo de Jan es maravilloso, repleto de dinamismo y expresividad, y se luce especialmente cada vez que rompe la grilla de las cuatro tiras por página para meter viñetas más grandes, que le permiten hacer cosas más jugadas tanto en el dibujo como en la narrativa. Los dos episodios que transcurren adentro del banco de los superhéroes (gran idea, explorada hasta las últimas consecuencias) son los que están mejor dibujados, con más gags visuales, más acción, más onomatopeyas bizarras y más ritmo. Si sos fan de Superlópez, seguro ya sabés que en las aventuras donde aparece el Supergrupo los autores dejan la vida y casi siempre se terminan por colar entre las mejores historias de esta longeva serie que arrancó en 1973 y sigue vigente aún hoy.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando el sello Fog of War recuperó Knightmare, una historieta realizada por Emilio Balcarce y Jok para el mercado italiano.
Knightmare arranca fuerte, con una trama bastante remanida, pero ambientada en un mundo muy atractivo, en el que se mezclan elementos medievales con tecnología de avanzada. Una especie de versión mugrienta y grim ´n gritty del universo de He-Man, con el clásico héroe que viene bien de abajo y le gana a villanos inmensamente poderosos. Nada que no hayamos visto mil veces, pero entretenido. Cuando faltaban 12 páginas para el final, me empezó a parecer que a Balcarce le quedaba muy poco espacio para cerrar satisfactoriamente la trama. ¿Con qué me sorprendió el guionista? Con un giro argumental que convierte a Knightmare en un clon de Crónicas del Tiempo Medio, el clásico de Balcarce y Juan Zanotto que vimos acá el 18/03/16. Como aquella vez, acá los buenos deciden aliarse a uno de los dos malos e ir en contra del otro, a disputar la batalla final. Cambian los personajes, cambia la ambientación, pero la historia se repite, y eso definitivamente no está bueno.
El dibujo de Jok está muy bien. Me gustó sobre todo cuando se descontrola y manda esos personajes grotescos, desmesurados, granguiñolescos, colosos de carne, metal y furia que le hubiese gustado diseñar a Jack Kirby. A tono con la impronta épica y la abundante machaca del argumento, Jok se acerca más que nunca a la estética de Mike Mignola y Frank Miller, sin renunciar a su propia identidad gráfica. Como siempre, el claroscuro es la herramienta visual preferida por Jok y el contraste entre masas negras y espacios blancos será por momentos tan bestial como las batallas entre Bolkar y sus enemigos. La idea ingeniosa de Balcarce de ambientar la historia en una Inglaterra post-apocalíptica cobra relieve y gana impacto de la mano de la tinta espesa y puntillosa de Jok que, cuando se pone las pilas, pela unos fondos que no tienen nada que envidiarle a los que dibujaba Zanotto en Crónicas…
Y bueno, no me animo a recomendar muy enfáticamente Knightmare porque me pareció divertida, pero le falta originalidad, tanto al planteo como a la resolución. Tengo otro libro de Balcarce y Jok en la pila de los pendientes, así que pronto habrá revancha.

jueves, 9 de marzo de 2017

DOS ANTES DE IRME

Mañana temprano arranca mi gira por todo el país (más algún país limítrofe). Me voy a Tucumán, a participar del 1º Salón Internacional del Comic de esa ciudad, junto a un All-Star Squadron de autores argentinos. Pero antes, dos reseñas.
Los Hermanos Segelín recopila todas las historietas de estos carismáticos personajes realizadas por Roberto Barreiro y Lucas Varela para el fanzine Kapop!, la lujosa publicación que engalanó al under local allá por 1999-2001. En cada número de Kapop! había varias historietas de distinta temática y distinta extensión firmadas por Barreiro y Varela, pero por algún motivo (o por muchos), la más recordada siempre fue esta comedia de enredos, aventuras y misterios bizarros.
De la mano de Alejandro y Ernesto Segelín, los autores nos invitaban a recorrer lugares exóticos, a vivir peripecias caprichosamente atractivas, repletas de homenajes a clásicos del cine y de la historieta de género. Con el correr de las entregas, además, Barreiro y Varela fueron sumando personajes a la serie, que cada vez ocultaba menos su vocación de tributo a Spirou, Tintín, Freddy Lombard y demás series de aventureros nacidos en Francia o Bélgica. Las últimas tres historias abarcan en total 40 páginas y si bien cada una tiene un final, podrían leerse como un álbum franco-belga, fragmentado por una necesidad editorial, pero pensado como una unidad.
El clima de descontrol, bizarreada, frescura y exotismo está plasmado a la perfección por el dibujo de un Varela que mejora muchísimo entre las primeras páginas y las últimas. En muchas ocasiones le juega en contra tener que dibujar tantas viñetas pr página, pero ya en sus primeros trabajos, el autor de Paolo Pinocchio demostraba tener cintura de sobra para este tipo de desafíos narrativos. Si alguna vez llegó a tus oídos la leyenda de aquel mítico fanzine llamado Kapop!, en el que todos (hasta Carlos Trillo) querían publicar una historieta, capturá el librito de Los Hermanos Segelín y vas a empezar a entender por qué esa publicación goza hoy de un status mitológico.
Me vengo al 2013, cuando Mark Millar y Frank Quitely empiezan a publicar muy lentamente Jupiter´s Legacy, la enésima saga deconstructivista firmada por el guionista escocés. Este primer tomo tiene unas cuantas resonancias con Kingdom Come, en tanto se produce un clivaje generacional entre superhéroes viejos, y sus vástagos, que están buscando otro camino, otra forma de hacer las cosas. Más allá de las similitudes, Jupiter´s Legacy ofrece un upgrade muy grosso al clásico planteo de “héroes veteranos vs. nueva generación”. Acá, además, hay borrachos, merqueros, rosca política al mango, embarazos no deseados, golpes de estado… Cualquier comic que hable de política ya suma un montón. Pero si además traza un curso de acción política, nos invita a pensar en el colapso económico, en la crisis de representatividad, en el rol generalmente pasivo de los superhéroes frente a los verdaderos flagelos que afectan al planeta… ahí ya estamos en otro nivel.
En un punto, el conflicto entre Sheldon y Walter es el conflicto entre Superman y The Authority, o Miracleman. Héroes limpios, políticamente ascépticos, que sólo reaccionan frente a la provocación de los villanos, y personas con superpoderes (ya no necesariamente héroes) que creen que tienen la responsabilidad de hacer algo más con sus inmensas facultades. Todo esto muy bien planteado en una trama a la que no le falta acción, ni impacto, ni giros sorprendentes, ni diálogos memorables.
Muchos años pasaron desde aquella saga de The Authority en la que Millar y Quitely trabajaran juntos por primera vez, y la evolución en el dibujante es asombrosa. Acá tenemos a un Quitely más maduro, con más poder de síntesis, capaz de dotar a los personajes de una amplísima gama de expresiones con su trazo finito y puntilloso. Hay mucha viñeta “widescreen”, es cierto, pero Quitely rompe con esa lógica cada vez que el relato se lo sugiere y hace gala de un montón de recursos más (no sólo el widescreen) a la hora de golpear fuerte al lector. La paleta de Peter Doherty, además, aporta elegancia y power en dosis muy acertadas.
Todavía no tengo el Vol.2 de Jupiter´s Legacy, así que no sé cuándo lo reseñaré. Pero tengo la precuela, Jupiter´s Circle, y esa sí, prometo leerla y comentarla a la brevedad en este espacio.
Nos vemos el finde con los amigos tucumanos, y con el resto nos leemos por acá la semana que viene. Gracias y hasta entonces.

lunes, 6 de marzo de 2017

ARRANCA UNA SEMANA BRAVA

Arranca una semana brava, con paros, manifestaciones y bardos varios, mientras yo empiezo hoy a dictar un seminario (después de mucho tiempo sin dar clases) y el viernes viajo a Tucumán, a participar del 1º Salón Internacional del Comic de esa ciudad, después de casi tres meses de estar acá, quietito en Buenos Aires. No sé si voy a tener tiempo en estos próximos días para volver a postear en el blog, pero –como siempre- lo vamos a intentar.
Arranco con una deuda que tenía pendiente hace un par de semanas, que era la reseña del otro libro de Rodolfo Santullo editado por Pictus en 2016. Banda de Orcos está pensada como una serie, y esta primera entrega (titulada “Una Razón para Morir”) nos presenta a lo que será el elenco estable, al que veremos desarrollarse (o expandirse, o achicarse) en futuros tomos. La idea es sencilla y muy efectiva: un grupo de orcos llega al campo de una batalla épica, a todo o nada… pero la batalla ya terminó y los orcos perdieron por goleada. Ahora tienen que volver a sus tierras, esta vez perseguidos por tropas del ejército vencedor, sin dejar de lado los peligros típicos del camino en cualquier mundo de fantasía medieval.
Santullo arma una especie de road movie protagonizada por personajes que parecen escapados de un cuento de J.R.R. Tolkien y le pone su sello personal, su típica combineta de aventura clásica con diálogos ingeniosos, situaciones impredecibles y un toque de humor. Siempre respetuoso de los géneros en los que incursiona, el guionista mexicano-uruguayo se esfuerza por dotar a cada pelea de un tinte épico, aunque lo que esté en juego no sea el destino del universo entero, sino apenas la subsistencia de este puñado de parias que no son ni buenos ni malos, y cuyo honor quedó manchado por llegar tarde al combate de sus vidas. Apoyado en cantidades de texto muy moderadas y en la consigna de darle a la trama un ritmo lo más ágil posible, Santullo cuenta una historia sencilla, sin grandes pretensiones, pero que cumple con creces el objetivo de engancharnos con estos personajes y este mundo, al punto de querer leer cuanto antes el segundo tomo.
También contribuye mucho el dibujo de Marc Borstel, autor marplatense de vasta trayectoria en Europa y EEUU, que sorprende con un dibujo detallista y elaborado como el de Salvador Sanz, potenciado por el dinamismo y la fluidez de un Carlos Gómez. Si te gusta la estética académico-realista, te vas a hacer MUY fan de Borstel y vas a limar con las texturitas, los detallitos, la técnica con la que incorpora la referencia fotográfica, además de disfrutar de su impactante manejo de las escenas de acción. Banda de Orcos es una excelente opción para los seguidores de Tolkien y demás autores de fantasía épica, y obviamente para los amantes de la historieta de acción y aventura a todo o nada.
Me voy a Bélgica, a 2015, cuando Yves H. y su papá, el glorioso Hermann, realizan esta novela gráfica autoconclusiva llamada Sans Perdon (traducida por un gallego frutihortícola como “Redención”). Se trata de un western sórdido, mugriento, jodido como enema de chimichurri, pero sobre todo de una historia de amor de un padre a su hijo. Me imagino la emoción que habrá sentido Hermann cuando su hijo le entregó este guión y se me pone la piel de gallina… Detrás de esta historia de violencia, sangre, torturas y vejámenes hay una historia conmovedora de sacrificio, que no sé si redime a Buck Carter de las atrocidades que comete, pero lo eleva como padre y como ser humano. Por las dudas, Yves H. se encarga de que este forajido sin límites se enfrente a un marshall decididamente destestable, un tipo que se ampara en la autoridad que le da la ley para comportarse como un hijo de puta mucho menos redimible que el criminal al que trata de capturar.
Redención es una historia sin héroes, dominada por un clima opresivo, ominoso, más triste que ser hincha de Independiente y estar afiliado a la UCR. Ese clima cobra vida de la mano de Hermann, que acá regresa triunfal a la geografía de Wyoming, donde lo vimos repartir balazos de lo lindo allá por el 14/08/12. Pero este es el Hermann maduro, el que de a poco desenfatiza la línea y deja que el color se lleve el protagonismo y sea incluso el encargado de definir no sólo la atmósfera que circunda a los personajes, sino los propios contornos y formas de los mismos. Hermann maneja la documentación con maestría y nos hace 100% creíbles a estos personajes de rasgos blandos, enchastrados de mugre y sangre, repletos de expresividad. Y encima no se guarda nada a la hora de mostrar escenas de una violencia y una crudeza desgarradoras.
Recomiendo muchísimo esta historieta a cualquier fan del comic adulto, duro, sin concesiones. Entre los mimos que Hermann le hace a tus ojos y las patadas que Yves H. le pega a tu garganta, las emociones están más que garantizadas.
Gracias por estar ahí y ni bien tenga más libros leídos (y un rato para reseñarlos) se viene un nuevo post.





viernes, 3 de marzo de 2017

ACA NO HACEMOS PARO

Paran los docentes, paran los futbolistas y a la larga van a parar todos los sindicatos de todas las actividades, porque es evidente que este gobierno se quiere llevar puestos a todos y a todo. Pero bueno, el blog sigue adelante y mientras tenga ratos libres para leer y escribir, no van a faltar las reseñas.
Arranco en EEUU, en 2015, cuando DC lanza el Vol.5 de los tomos que recopilan la gloriosa etapa de Wonder Woman a cargo de Brian Azzarello, Cliff Chiang y su suplente de lujo, Goran Sudzuka. No me quiero repetir, así que recomiendo repasar las reseñas de los tomos anteriores (la del Vol.4 se publicó el 23/12/15, en los albores de la Revolución de la Alegría). El Vol.5 le pone un final prematuro al reinado de Apollo en el Olimpo, no sin antes permitirle protagonizar las escenas de tortura más escabrosas y con más mala leche que me tocó leer en el último tiempo. Otros dioses con bastante peso en este segmento de la saga son Hera, Artemis, Hermes y Dionysus, uno que hasta ahora había aparecido poco y nada, y al que Azzarello trae del banco de suplentes para que salga a la cancha y la termine de embarrar. Todo esto sin dejar de lado a Zora y Zeke, al First Born (que demuestra en la práctica la infinita chapa que parecía tener en los episodios previos y cuyo origen resulta tan épico como estremecedor) y a Orion, aunque para la mitad del tomo desaparece y no lo vemos más, ni nadie lo vuelve a mencionar ni siquiera para preguntar “che, ¿qué pasó con Orion, que no volvió a aparecer?”. Tranqui, está lo más bien, atajando en Racing :P
Son muchos personajes, porque además hay una villana bien marcada (Cassandra), un ejército que responde al First Born y muchos más. Sin embargo, Azzarello los hace entrar y salir de escena a todos de modo claro, ordenado, coherente. La trama es compleja y hasta que no reaparezca Zeus no se va a simplificar. Pero está claro que el próximo tomo es el último, por eso sobre el final de este Vol.5 el guionista cruza varios rubicones y deja a Diana definitivamente establecida como Diosa de la Guerra, algo de lo que (por supuesto) jamás se hicieron cargo en ninguna de las apariciones de la heroína fuera de esta revista. Lo cierto es que tenemos mucho desarrollo de personajes, excelentes diálogos, una intriga familiar y política irresistible y un nivel de machaca que te deja absorto. Los dos dibujantes, Chiang y Sudzuka, le ponen el alma a esta saga como nunca antes lo habían hecho. Su principal logro consiste en dotar de elegancia y sobriedad a un comic por momentos muy pasado de rosca en materia de violencia, muerte y destrucción. Prometo liquidar muy pronto el Vol.6, ni en pedo me aguanto otros 14 meses y medio para saber cómo sigue esta hiper-epopeya con la que Azzarello dio cátedra de cómo se hace comic de autor adentro del mainstream.
Por otro lado, el 08/02/16 me tocaba reseñar (entre otros) el Vol.1 de Artemis, la serie de aventura, fantasía y ciencia-ficción creada por Ariel Grichener y Guillermo Villarreal. Ahora voy por el Vol.2, llamado Ejército de Sombras, y a nivel dibujo tengo para decir exactamente lo mismo que dije la vez pasada, así que recomiendo releer la reseña del Vol.1.
En cuanto al guión, esta vez Grichener abre el juego a más personajes, le otorga una chapa descomunal al enano Claus y (una vez más) deja algunas puntas abiertas para explorar en futuras entregas. La historia está bien, es divertida, pero me encuentro con dos trabas a la hora de recomendarla. Por un lado, esta vez se me hizo más evidente la fórmula que usa Grichener para escribir estas historias, todo me sorprendió un poco menos que la primera vez, me pareció más obvio. Y por otro lado, los diálogos, que suenan muy antiguos, muy acartonados. No te pido que personajes de un mundo tecno-medieval onda He-Man digan “¿qué hacé, vieja, todo liso?”… pero diálogos como “Ya te tengo… es tu fin…” y el uso constante del imperativo para contarnos lo que van a hacer los personajes (“debo hacer esto”, “debemos hacer lo otro”…) están al límite de tomar por boludo al lector. En las primeras dos páginas, Grichener acompaña una secuencia muda con bloques de texto muy bien escritos, con cierto vuelo poético al estilo Robin Wood, pero enseguida los deja de usar. Una pena. Lo más rescatable del guión es, una vez más, el ritmo, la capacidad de Grichener de darle a cada secuencia la cantidad exacta de viñetas que necesita para mantener el interés del lector, sin estirar ni apurar groseramente el flujo del relato.
Ya tengo leído un librito más, así que en cualquier momento volvemos con más reseñas. Y creo que queda alguna vacante para el seminario sobre Historia de los Superhéroes, así que si sos de Buenos Aires o aledaños, anotate y nos vemos el lunes.

martes, 28 de febrero de 2017

SURFEANDO LA OLA DE CALOR

No estoy con muchas ganas de escribir, pero creo que mañana voy a tener menos ganas y casi seguro menos tiempo, así que ahí vamos.
Arranco con Seraphim-2666133336Wings, un manga co-creado por dos de los más grandes directores de la historia del animé: Mamoru Oshii y Satoshi Kon, con dibujos de este último. Son unas 220 páginas, que cuentan… con mucha suerte un tercio de la historia. En algún momento de la serialización (allá por 1994) se produjo un cortocircuito en la dupla autoral y Seraphim quedó ahí, inconclusa, cuando la trama todavía tenía muchísimas incógnitas por resolver.
Estamos hablando de una historieta profunda, compleja, con acción y tiros, con conspiraciones y runfla política, situada en un futuro post-apocalíptico y cercano, narrada en un tono muy realista, circunspecto, dramático. Los elementos fantásticos tienen mucho peso en la trama y son interesantísimos, porque vienen de dos palos distintos: algunos tienen una explicación cuasi-científica y otros (los vinculados a Sera, la misteriosa niña que es niña hace un montón de años) parecieran estar vinculados a cuestiones místicas o metafísicas.
Oshii y Kon logran generar una intriga que te atrapa y te pone nervioso, y que crece a la par del ritmo de la aventura. La segunda mitad del libro es claramente más ganchera, con mejores y más impactantes revelaciones, mientras que en la primera mitad, los autores te están presentando este mundo en crisis y cada vez que dos personajes se encuentran, uno le explica al otro cómo funcionan ciertos aspectos de esta sociedad arrasada por una enfermedad misteriosa, a veces en diálogos muy extensos, que conspiran contra la agilidad del relato.
Lo mejor que tiene Seraphim es el planteo, el tratamiento de uno de los personajes (el Inspector Melchor, también conocido como “Jacob, el mata países”), el clima ominoso y –muy por encima de todo eso- el dibujo de Satoshi Kon, que está fuera de escala. Acá vemos al director de Paprika y Perfect Blue dejar la vida en cada viñeta y obsequiarnos un trabajo absolutamente insuperable en materia de fondos, aplicación de grises, expresiones faciales, planificación de las secuencias mudas… Me imagino que Kon habrá trabajado en equipo con muchos asistentes, porque cada página de Seraphim tiene una cantidad de laburo inhumano, más allá de la calidad, que es sublime. ¡Qué bestia que era este tipo y qué pena que no haya producido más mangas!
Me voy a Francia, a 2011, cuando Aude Picault publica Fanfare, conocido en nuestro idioma como “Charanga”, gracias a la edición de la extinta Sins entido. Estamos frente a una historieta que logra algo muy difícil: mantener nuestra atención durante casi 90 páginas sin nada parecido a un conflicto fuerte, sobre el cual apoyar el desarrollo del argumento.
Picault nos sitúa en un pueblito de Francia donde se realiza cada año un festival, al que concurren bandas de música, muchas y muy numerosas, a tocar y sobre todo a escabiar. Durante los días del festival, los miembros de las “charangas” tienen canilla libre en todos los bares del pueblo y parte de la gracia es chupar hasta caer en el arruine más absoluto. Lo más parecido a una trama es el fragmento en el que Alde, una joven que toca el trombón, recorre varios lugares de este pueblo tratando de encontrar a Bilu, el chico que le gusta. Pero el dato de que Bilu no asistirá al festival se lo dan a Alde 50 páginas antes del final. De ahí en más, la protagonista pasa a ser testigo. La vemos deambular por el pueblito, interactuar con chicos y chicas de distintas charangas, hablar boludeces, ver cómo sus interlocutores vuelcan del pedo que tienen y –cerca del final- fisurar ella también.
Casi toda la obra adopta un tono más descriptivo que narrativo, con los personajes convertidos en guías, que están ahí para llevar al lector de la mano, en esta recorrida por el pueblo copado por esta legión de músicos amantes de la fiesta y el escabio. No es fácil, me parece, lograr mantener el interés en un relato de este tipo, sobre todo en un comic, donde la música no se oye y la birra no se degusta. Pero bueno, los diálogos son divertidos, Alde es un personaje querible casi a pesar suyo y está todo muy, pero muy bien dibujado por una autora de trazo simple, fresco, con una línea hiper-clara, con mucha atención por el lenguaje corporal y las expresiones faciales, un gran manejo de las onomatopeyas, un tratamiento hermoso del color y un recurso que está bueno para transmitir la sensación de libertad, de descontrol en el sentido de escasez de reglas: Picault no le dibuja los marcos a las viñetas en toda la obra, como lo hiciera alguna vez el glorioso Will Eisner.
No te quiero vender el chamuyo de que Charanga es una obra fundamental del comic contemporáneo, pero es algo distinto, muy logrado en un montón de aspectos, que me alcanzó y sobró para poner a Aude Picault en la lista de los historietistas a los que conviene seguir de cerca.
Volvemos a encontrarnos pronto, cuando tenga más libros leídos. Y nos vemos cara a cara el lunes, con los que se hayan inscripto en el seminario de Historia de los Superhéroes que voy a estar dictando los cuatro lunes de Marzo.

sábado, 25 de febrero de 2017

LOGAN

Mirá cómo te la vendo con una sóla frase: Wolverine, X-23, el Profe Xavier, Caliban, los New Mutants con Rictor a la cabeza y los Reavers con Donald Pierce a la cabeza, trenzados en una road movie crepuscular, sin historias de amor pedorras, sin boludeces, con niveles de violencia y emotividad a los que no puede aspirar ninguna de las otras películas de la franquicia X-Men.
Y no, Logan no es una película perfecta. Tiene un par de momentos en los que el ritmo se frena medio de golpe y el director/guionista James Mangold estira innecesariamente escenas que podrían resumirse muchísimo. Pero fuera de eso, estamos frente a 141 minutos de una calidad poco frecuente para el cine de acción en general, obviamente muy por encima de lo que vimos en las dos películas anteriores dedicadas al mutante canadiense.
Logan tiene dos cosas que las pelis anteriores no tenían y que se extrañaban grosso: por un lado, escenas intimistas con fuerte carga emocional, de esas que te redefinen por completo a los personajes; por el otro… ¡sangre! Veníamos acostumbrados a extensas secuencias de machaca salvaje en las que Wolvie pelaba garras y daba (o recibía) como en bolsa… pero no salía sangre, ni tripas, ni nada. Acá tenemos hectolitros de sangre, alguna que otra tripa y un montón de miembros mutilados: brazos, piernas y hasta cabezas seccionadas de sus respectivos cuerpos y volando por el aire. Lo más lindo (si tenés estómago para aguantar la violencia sanguinolienta) es ver a una tierna nenita de 11 años matar gente a lo pavote. La versión fílmica de Laura (o X-23) tiene una agilidad animal asombrosa, un instinto salvaje afiladísimo para las peleas y a Mangold no le tiembla el pulso a la hora de mostrar cómo roba, mata y mutila sin el menor reparo.
Laura es, sin dudas, el personaje mejor trabajado a lo largo de toda la peli. Pero los diálogos más graciosos, más intensos, aparecen cuando se trenzan Logan y el Profe, en escenas que aprovechan al mango la incomparable calidad actoral de Patrick Stewart, y en las que Hugh Jackman (bastante menos dotado que el británico) se las ingenia para salir bien parado. Y si bien hay varios momentos en los que la comedia funciona muy bien, el clima de la película es, en general, melancólico. Más allá de los (no tantos) chistes y la abundante machaca, esta es una historia crepuscular, la historia que cierra la saga de Wolverine y el Profe, de modo bastante definitivo. Eso también está muy logrado: minuto a minuto te vas convenciendo de que si la película termina mal, va a estar todo bien, que lo contrario sería ilógico. Logan está ambientada en el 2029, con un Xavier de 90 años y un Wolverine de alrededor de 150 (muy baqueteados ambos), no porque la trama requiera la proliferación de elementos futuristas (de hecho, me pareció que había muy pocos), si no para no aniquilar la posibilidad de que estos personajes aparezcan en otras películas, algo que parece bastante factible.
Además de una nueva y extensa formación de New Mutants lista para protagonizar infinitas pelis, Logan nos deja un montón de emociones, persecuciones, combates, puteadas (creo que la única peli de superhéroes con más puteadas es la de Deadpool), un muy lindo homenaje a la magia de los comics de X-Men, y sobre todo la posibilidad de disfrutar –por fin- de una gran película de Wolverine, algo que hasta ahora estaba en la lista de pendientes. Me hubiese gustado ver a Jackman aunque sea 10 minutos con la máscara y el traje marrón, o aunque más no sea con el traje amarillo (que me gusta menos hasta cuando lo dibuja John Cassaday), pero no. Acá tenemos 141 minutos de Jackman a cara descubierta, poniéndole rostro, cuerpo y expresión a su despedida del personaje, después de 17 años y 9 largometrajes. Veremos con quién lo reemplazan en las futuras entregas de la franquicia X-Men, que supongo que seguirá avanzando. De hecho, el guión de Logan tira puntas de historias que sucedieron en los años que nos salteamos para llegar al 2029 y que estaría muy bueno explorar.
Si me fui contento de cine cuando vi la segunda peli, con esta me fui flotando de felicidad. Obviamente la recomiendo mucho, y recomiendo también no quedarse a ver los créditos a la espera de una escenita extra, porque no la hay.