el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 29 de diciembre de 2016

ULTIMAS TRES DEL AÑO

Vamos ya con la última tanda de reseñas de este año.
Me leí las 66 páginas de El Esqueleto, y me queda muy claro por qué Salvador Sanz volvió hace muy poquito a publicar episodios de esta saga en las páginas de Fierro. Es más que evidente que estas 66 páginas NO SON una obra, sino el primer… ¿tercio? de una obra que –narrada a este ritmo- va a necesitar no menos de 100 páginas más para llegar a algo así como un final. Lo que sigo sin entender es por qué OVNI edita en libro una feta (gruesita, pero feta al fin) de una historia, sin aclarar en ningún lado que se trata de una obra por ahora inconclusa. El que se compró el libro pensando que iba a leer una saga completa, fue groseramente estafado.
Vamos a lo importante, que es la historieta en sí. El dibujo de Sanz es devastador, realmente hermoso, potente, inquietante. La narrativa descomprimida (llena de secuencias mudas y con un énfasis en las escenas de acción digno del buen manga) va muy bien de la mano con esta estética de Sanz, cada vez más plástica. Y el guión está muy bien, pero claro, en pocas páginas y con pocas viñetas por página, suceden pocas cosas. La base igual está: el planteo que funciona como disparador de El Esqueleto es muy atractivo y la construcción de personajes por ahora va bien encaminada, también ahí hay buenas ideas. Veremos cómo evoluciona la serie en este segundo tramo que se está publicando ahora. Por ahora, El Esqueleto parece una lectura más liviana, menos ambiciosa que la magnífica Angela Della Morte, pero no deja de ganarse mi ovación gracias a las maravillas visuales que ofrece Salva desde el dibujo en sí y desde la planificación de las secuencias, que son sin duda el punto más alto de esta primera parte.
Me voy a 2004, cuando el sello Atomeka publica un prestige de Mr. Monster con la particularidad de que Michael T. Gilbert (creador del personaje) no dibuja, sino que sólo escribe el guión. Los dibujos corren por cuenta del excelente George Freeman, que está bastante cerca de la estética de Gilbert, pero parece ser menos fan de Will Eisner y de los comics de la E.C., dos obsesiones que Gilbert jamás ocultó en las (no tantas) historietas que dibujó.
Mr. Monster es un personaje raro, que funciona bien siendo muy plano, muy unidimensional. Cuanto menos lo desarrolles y menos trates de explicar por qué hace lo que hace, mejor funciona. Y eso Gilbert lo entiende perfectamente, por eso esta saga es todo un gran chiste (que no sé si en EEUU se entiende, quizás por eso se haya publicado en Inglaterra), que mezcla a los clásicos marcianos invasores de War of the Worlds o Mars Attacks! con los siempre rendidores villanos nazis. Acá hay violencia de todo tipo (incluso de género), siempre mostrada en forma irónica, o exagerada al extremo de que nos cause gracia. O sea que si le sintonizás la onda al personaje, te vas a divertir un montón. Igual, si nunca leíste Mr. Monster, no recomiendo empezar a explorarlo por acá, sino por los episodios “clásicos” de los ´80.
Terminamos el año en Francia, en 2007, cuando Christophe Chabouté adapta al comic Encender una Hoguera, un cuento magistral de Jack London. El animalito agarra un cuento corto y te lo despacha en ¡62 páginas!, lo cual le da muchísimo margen para jugar con lo más interesante que tiene el relato, que es el clima. Si alguna vez leíste a Chabouté, no te tengo que explicar lo importantes que son los climas para este maestro del Noveno Arte. Y bueno, acá desde el dibujo y la narrativa le agrega un montón al cuento de London. Lo hace más crudo, más desesperante, más desgarrador. Sin contarte casi nada del personaje, logra que sientas lo mismo que siente él, mediante un montón de trucos narrativos, principalmente uno tomado del cuento de London: el narrador le habla al protagonista. O sea que todo el texto que hay en la obra está escrito en segunda persona, un recurso que –cuando se lo usa bien- resulta totalmente adictivo.
Si nunca leíste las historietas de Chabouté, este puede ser un muy buen punto de partida, aunque con una salvedad: Encender una Hoguera es a color, y el color está perfecto. Pero el Chabouté definitivo, el jodido de empardar, es el que labura en blanco y negro pleno, el que le apuesta todo al claroscuro y gana siempre. Por suerte cada vez hay más obras de este autorazo publicadas en nuestro idioma.
Y bueno, ni hace falta anunciarlo, pero en 2017 sigue el blog, en este mismo formato, que me resulta muy cómodo. Infinitas gracias (como siempre) a todos los que entran, leen y comentan, a los que nos dieron su Me Gusta en Facebook (casi 2500 homínidos), a las editoriales y/o autores que nos hacen llegar sus libros para que los comentemos y sobre todo a todos los historietistas del mundo, vivos y muertos, porque sin ellos no habría comics para leer y reseñar. ¡Feliz 2017 para todos!

lunes, 26 de diciembre de 2016

TRES CASI A FIN DE AÑO

Vamos ya con una de las últimas tanditas de reseñas de este año.
Ahora sí, me toca leer un comic que conseguí en Uruguay y que está escrito y dibujado por autores del país hermano. Rincón de la Bolsa impacta primero por los dibujos: es el primer trabajo importante de Gabriel Serra, un artista que retoma esa línea plástica, fuerte, bien expresiva con la que descolló Matías Bergara, y la adapta con jerarquía a un estilo más pendiente del realismo fotográfico. A veces la foto-dependencia se nota un poco mucho, pero Serra está lejos de sumarse a la horda de los Juan Carlos Flicker que no saben dibujar un fondo, un auto o un teléfono. Da gusto encontrarse con pibes jóvenes con esta calidad y con tanta proyección.
¿Te acordás de La Leona, la serie de Telefé con Nancy Dupláa y Pablo Echarri? Bueno, el guión de Rincón de la Bolsa tiene muchísimos puntos en común con el de La Leona, hasta el detalle de que todo gira en torno a una fábrica textil. La diferencia es que este guión es EXCELENTE. Evidentemente mi amigo Nicolás Peruzzo alcanzó la madurez como guionista y se puede dar el lujo de urdir una trama como esta, que todo el tiempo se siente real, que te atrapa sin golpes de impacto berretas, decorada con diálogos magníficos en los que los personajes reflexionan, tiran conceptos grossos, se enseñan, se aconsejan, o tejen lealtades, amistades y romances ante los ojos del lector. Y sí, varios de esos personajes están puestos en función de que la historia dure 50 páginas y no 24, pero están tan bien trabajados que no hacen más que darle sustancia y espesor al conflicto principal, que –finalmente nos revela Peruzzo- es el que se desarrolla en el foro interno de Jaime Moleda, el protagonista excluyente de la obra. Al final le falta esa pizca mínima de riesgo, como para explicitar mejor el curso de acción que decide tomar Moleda, pero está perfectamente a tono con el ritmo y los climas que generó Peruzzo a lo largo de toda la novela. Si existe la justicia, Rincón de la Bolsa tendría que ser recordada como la mejor historieta uruguaya de 2016, como mínimo.
Pero la justicia no existe, eso está clarísimo. De otro modo, The Victories no habría pasado sin pena ni gloria y TODOS estaríamos las 24 horas hablando de cómo el maestro Michael Avon Oeming le encontró una vuelta brillante al ya gastado tema de los “superhéroes para adultos”. Ya comenté los dos primeros tomos (ver reseñas del 03/10/14 y 19/12/14) y esta vez tengo para agregar que en este Vol.3 es donde Avon Oeming deja de centrarse tanto en lo que pasa y se decide a indagar más en por qué pasa lo que pasa. Por supuesto que hay machaca, gore y muchísima acción, pero es el tomo en el que los personajes (uno más grosso que el otro) hacen esa pausa como para reflexionar y empiezan a ver la trama detrás de la trama.
Superhéroes, monstruos, alienígenas, una conspiración macabra de siglos y siglos que involucra a la elite más oligárquica y soreta de la historia, un mundo violento y crepuscular donde hasta los héroes meten miedo… Todo vale en The Victories, un comic que gana en complejidad y en potencia página a página. Mucho que ver con esto tienen el dibujo y la narrativa, en las que Avon Oeming pone el alma misma. El colorista Nick Filardi lo apuntala con gran criterio, pero es el trabajo del co-creador de Powers el que pone a este comic tan arriba, tan lejos de la masa de comics de superhéroes que buscaron captar a los lectores más creciditos. El tomo incluye además cinco historias cortitas con dibujantes invitados, entre los que se destacan Mike Hawthorne y un fetiche de este blog, el prócer español Víctor Santos. Me queda pendiente el Vol.4, al que prometo entrarle pronto. Lo conseguí junto con el Vol.3 a dos mangos, porque evidentemente el público es pelotudo y no le dio a The Victories la bola ni el apoyo que se merecía. Desde acá, el aguante tardío y el agradecimiento eterno a Michael Avon Oeming por esta cátedra descomunal de historieta.
Y meto una más, cortita. La del Vol.11 de Términus, la antología made in Rosario. Esta entrega arranca muy arriba, con una gran historia muda de Bruno Chiroleu, probablemente la mejor dibujaad de todas la que publicó en Términus. Le siguen otros dos excelentes unitarios: uno de Luis Roldán Torquemada y Diego Simone y otro de Iñaki Aragón y Fernando Baldó, los dos con temática de zombies. Juan Frigeri la rompe toda con sus dibujos en La Pira, con un guión de Fede Sartori que por ahí se podía resumir en un par de páginas menos. Nico Brondo, demoledor en sus cuatro paginitas sin texto. Y para el cierre, una dupla muy sólida como es la de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, con ocho páginas de una serie que me encantaría ver convertida en una novela gráfica larga. O mejor que larga: infinita. El resto, correcto, aunque sin descollar. Me queda un sólo número de Términus sin leer, ya que el Vol.12 es el último.
Gracias por el aguante y retomamos pronto.

viernes, 23 de diciembre de 2016

ARRANCÓ EL VERANO

Sin más prolegómenos, vamos con la reseña que debía, la del Vol.4 de Wonder Woman de George Pérez.
De nuevo, lo más asombroso es lo poco que pasa. Las páginas y páginas en las que Pérez se dedica a desarrollar personajes simplemente a través de diálogos, o de escenas en las que suceden cosas casi cotidianas, en las que no está en juego la vida de nadie. Acá la gente vive vidas normales (incluso cuando son amazonas), cuenta historias, conversa, reza, rosquea, indaga en sus sentimientos… muy raro para un comic de superhéroes, pero muy lindo. La muerte de Mindy Mayer se explica en un unitario exquisito, con giros impredecibles y un mensaje muy potente. Después vienen varios números muy tranqui, y de a poco, a través del personaje de Hermes, Pérez se propone explorar a fondo la brecha entre dioses y humanos. Pero evidentemente alguien “de arriba” le debe haber parado el carro y el último episodio del libro es, básicamente, un combate a todo o nada con dos villanos y un monstruo vinculados a la mitología griega.
El dibujo, lamentablemente, derrapa mal. Los episodios en los que Bob McLeod entinta a Pérez casi zafan, pero ya para el final, el dibujo parece ser obra de un clon muy choto del ídolo. Por suerte en el libro viene el Annual 1, donde dibujan breves secuencias bestias de la talla de Arthur Adams, John Bolton y José Luis García López, como para que la faz gráfica no se hunda tan rápido ni tan profundo. Si existiera el Vol.5, ahí sí, estaríamos hablando de un dibujo que se precipita a una fosa séptica de la mano (o los muñones, no sé) del abominable Chris Marrinan, responsable de que miles y miles de personas hayan dejado de comprar esta serie. Tengo muchísimo más para decir sobre la etapa de Pérez en Wonder Woman, pero bueno, hasta acá llegamos, por ahora.
Me voy a Inglaterra, unos añitos antes, a 1984, cuando en las páginas de la 2000 A.D. los maestros John Wagner y Alan Grant empiezan a desarrollar (en episodios muy breves) un spin-off de Judge Dredd en el que una caravana de colonos intenta cruzar la Tierra Maldita (Estados Unidos) para llegar de la caótica y violenta Mega-City One a los Nuevos Territorios, donde –si llegan- van a poder vivir en paz. La saga se llamó HellTrekkers y es un festival de violencia y mala leche, con una idea grossa (la que acabo de citar) estirada hasta el infinito. La gracia parece ser que Grant y Wagner nos muestren cómo van muriendo cada uno de estos 111 desesperados, incluso cuando llegan a darles tan poco relieve, que nos importa un carajo si sobreviven o no. Obviamente algunos lograrán sortear todos esos peligros para llegar a la meta, y a medida que se achica el elenco, habrá espacio para que algunos personajes se luzcan un poco más y nos caigan mejor, o peor. Pero la verdad es que, a nivel guión, no hay grandes hallazgos.
El motivo central para amar a HellTrekkers es, claramente, el dibujo. Las primeras cinco páginas son una cátedra del prócer español José Ortiz. Y todo el resto lo dibuja el maestro Horacio Lalia, en un nivel impresionante. No sólo porque después de años de dibujar terror salta de taquito a la ciencia-ficción post-holocausto, sino por la fuerza que le pone a cada trazo y la onda que despliega en la puesta en página, muy osada para lo que se veía en esa época en las antologías argentinas. Este es un Lalia distinto, más jugado al impacto que a los climas, y es realmente alucinante. Lástima que al achicar las páginas para encajarlas en el formato de 15.5 x 22 cm, el dibujo se luce menos y la tipografía se vuelve casi microscópica. Además, como la caja de la 2000 A.D. es mucho más cuadrada, quedan guardas blancas MUY prominentes arriba y abajo de cada plancha del maestro Lalia. Más allá de estos detalles, HellTrekkers nos da la posibilidad de cubrir un poco ese bache de seis o siete años en los que Lalia prácticamente dejó de publicar en Argentina, con un trabajo en el que el co-creador de Nekrodamus dejó el alma. Y además siempre está bueno que se publique en Sudamérica material de la 2000 A.D., que acá se conoce muy poco.
Tengo leído un libro más, pero estas dos reseñas quedaron un toque largas. Me lo guardo, y prometo para el domingo otro post con dos o tres reseñas, ya en la recta final rumbo a 2017.

martes, 20 de diciembre de 2016

TRES DE REGRESO

Bueno, ya estoy de vuelta. Vamos con más reseñas.
Le di una posibilidad a RW: Rodolfo Walsh en Historietas, un libro que a priori no me había interesado mucho, porque al hojearlo me había parecido flojo el dibujo. Lo abrí sin saber qué me iba a encontrar: no sabía si eran relatos de Walsh adaptados al comic, o una biografía del mítico periodista y escritor. Finalmente descubrí que es casi lo segundo: son momentos elegidos en la vida de Walsh, que respetan el orden cronológico pero no se plantean como una biografía lineal, sino que tienen la sana intención de parecer episodios autoconclusivos.
Y bueno, no me pareció un espanto, pero tampoco lo recomiendo a nadie que no sea MUY fanático de Walsh. Los guiones de Gonzalo Pena son correctos, con los textos de Walsh bien integrados a las historias mediante diálogos y bloques de texto, pero sin hallazgos ni emociones para destacar. El dibujo de CJ Camba tiene algunos momentos interesantes y muchos muy aburridos. Lo mejor que ofrece es el manejo de las tramas de grises y lo más flojo se ve cuando mezcla distintas técnicas de entintado algunas de las cuales no maneja con solvencia. La historieta mejor dibujada es la más breve, RW en Palestina.
Seguimos con historietas basadas en hechos reales y estaba debiendo un comentario acerca del Vol.2 de 36-39: Malos Tiempos, segunda entrega de esta anti-epopeya de Carlos Giménez ambientada en la Guerra Civil Española. Esta vez, Giménez se concentra en la vida de Marcelino y su familia, que resisten en la Madrid sitiada por las fuerzas de Francisco Franco. Una ciudad que vibra cada noche al ritmo de los bombardeos y en la que las condiciones de vida son cada día más precarias, porque escasea lo más básico, que son los alimentos. Giménez no escatima escenas escabrosas en las que vemos nenes y ancianos cagados de hambre, pero va más allá del golpe bajo.
36-39 es un compendio de breves historias atroces, desgarradoras, donde no existen los héroes, ni la esperanza, ni la más remota posibilidad de un final feliz, a las que el trazo caricaturesco, suelto, vibrante del autor trata de restarle un poquito de oscuridad. La última historieta (la más extensa) tiene 15 páginas y es la única en la que Giménez desarrolla personajes por afuera de Marcelino, Lucía y sus hijos. Es como un autoconclusivo dentro de este tapiz de historias cortas y además es una joya, un relato de una intensidad y una crudeza tremendamente impactantes. Me faltan los Vol.3 y 4 de esta colección, que nunca los vi. Acepto donaciones.
Me voy al otro extremo, a una historia tan fantástica que transcurre en una realidad alternativa en la que el Imperio Británico rige supremo aún a principios del Siglo XXI. Se trata de Heart of the Empire, la secuela a la gloriosa The Adventures of Luther Arkwright, del maestro inglés Bryan Talbot. Rápidamente te digo que no, que Heart of the Empire no está al nivel de aquella gema. No sólo porque casi no aparece Luther, sino que hay varias diferencias más: al estar pensado para color, Talbot se controla mucho en el dibujo. Acá no vas a ver todo ese despliegue fastuoso de texturas, tramitas y efectos de iluminación que usaba el ídolo para darle fuerza al dibujo en blanco y negro, sino que hay una línea más power y menos sobrecargada, a la que luego Talbot complementa con el color (que está muy bien). Además, hay menos viñetas por página y más secuencias mudas.
El argumento está muy bien, pero un toque estirado. Hay un in crescendo hacia una secuencia final en la que Talbot te agarra de la garganta y te estrangula, en un montaje apasionante entre distintas escenas que transcurren al mismo tiempo, pero en distintos escenarios. Hasta llegar ahí, tenemos intriga política, machaca, sexo, ciencia-ficción, bajada de línea anti-monárquica y anti-eclesiástica, romance, misterio, realidades paralelas, terror… Una historia muy ganchera, con muchos personajes interesantes y muchos momentos fuertes. Por momentos, en esas escenas en las que Talbot detona el climax de la historia, aparecen los fantasmas de Moebius y Jodorowsky, o de Katsuhiro Otomo, pero no porque Talbot los copie, sino porque capta a la perfección esa sensación inquietante, inmensa, de “se pudre todo” que nos hicieron vivir Akira o El Incal. Si te gustó The Adventures of Luther Arkwright, no tenés ninguna opción más que entrarle a Heart of the Empire. Si no la leíste, o no te gustó, hay obras de Bryan Talbot que (creo yo) te van a cebar más.
Me queda pendiente la reseña del Vol.4 de Wonder Woman, que va a estar acá la próxima vez que postee.

jueves, 15 de diciembre de 2016

TRES Y A SALTA

Tres reseñitas más y paramos hasta el martes.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA NOCHE DEL DOMINGO

Ya estoy, ya estoy, ya estoy…
El otro día terminé con el Vol.1 de Wonder Woman de George Pérez y ya arranco con el Vol.2… que me gustó un poco menos. Pasada la novedad, hay que convertir esas maravillosas ideas que sirven para relanzar a un personaje que agonizaba en ideas para bancar una serie mensual a largo plazo. Pérez lo logra, pero sin ese ritmo demoledor de los primeros episodios. El maestro le pone todo al desarrollo de personajes y al dibujo. Y Len Wein se encarga de que los diálogos y los bloques de texto estén a la altura.
En todo caso, lo que se desluce un poco son las tramas en sí: la pelea con Cheetah es casi intrascendente y la saga de “Challenge of the Gods” (que da nombre al tomo) se ve manchada por el crossover forzado con Millennium y termina por darle más chapa a Heracles (que hasta acá tenía todo para ser un gran villano) que a la propia Diana. No me acuerdo si Pérez volverá a veletear y Heracles volverá a hacer de las suyas, pero no me convenció la forma en la que (por ahora) lo redime. Me quedo con el gran trabajo en los personajes secundarios, las inolvidables escenas costumbristas o intimistas en las que no está en juego el destino del mundo pero Pérez y Wein igual tiran magia, tanto cuando hacen interactuar a gente común como cuando se meten con los dioses griegos. Ya arranqué con el Vol.3, así que prometo reseñarlo pronto.
Si algún día te levantás con ganas de leer un comic que te haga sentir para el orto, que cada dos páginas te obligue a decir “No puede ser, qué horror, qué injusticia, qué hijos de puta”, te recomiendo 36-39: Malos Tiempos, del maestro madrileño Carlos Giménez. Son cuatro tomos (tengo sólo los dos primeros pero acepto donaciones) que ofrecen una seguidilla de breves historietas en blanco y negro, todas ambientadas la Guerra Civil Española. El Vol.1 arranca desde el principio, desde el estallido mismo del conflicto en 1936, y nos invita a conocer a un vasto elenco de personajes que volverán a aparecer cada vez que Giménez vuelva a enfocarse en la región que cada uno habita. Es decir que algunos se cruzan normalmente entre sí, y otros no (o todavía no).
Si bien Giménez no se limita a dibujar historias que sucedieron en el mundo real, hay una reconstrucción cuidadísima de la época, que le añade verosimilitud a las desgarradoras situaciones por las que atraviesan los personajes. Como siempre que leemos a Giménez, la duda se evapora en poquísimas viñetas: enseguida el maestro nos convence de que esto que nos está contando es LA REALIDAD. Y en este caso una realidad cruenta, atroz, en la que la esperanza se va esfumando página a página. No es fácil leer 36-39: Malos Tiempos, pero obviamente es enriquecedor, como testimonio de un hecho histórico, y como enésima muestra del apabullante talento de uno de los historietistas más completos de todos los tiempos. En cualquier momento me cicatrizan las heridas que me dejó en el alma este libro y le entro al Vol.2.
Me voy a Uruguay en busca de historieta uruguaya, y me vuelvo con… autores argentinos editados en el país hermano. Infestado es una antología con cinco historias autonclusivas, todas escritas con Cristian Blasco y dibujadas por Pablo Burman, autores argentos a los que nunca había oído nombrar. Blasco firma dos guiones excelentes: Henry y uno sin título, que cierra el libro. Ninguno parte de una premisa original, pero aún así, los dos te atrapan, te sorprenden y te emocionan con su fuerza y su intensidad. De los otros tres, uno (el homenaje a Jodorowsky y Moebius que tampoco tiene título) se la banca muy decorosamente, y los otros dos no me llegaron a convencer pero tampoco son una garcha sin ideas. La verdad es que, para ser relatos tan breves (ninguno llega a las 14 páginas), están todos bastante bien.
El dibujo de Pablo Burman me retrotrajo a mediados de los ´80, cuando los muchachos de aquella primera “primavera de los fanzines” descubrieron al Moebius y al Enki Bilal de principios de los ´70, cuando eran dos bestias desaforadas que te destruían las retinas a base de cross-hatchings enfermizos y ponían “de moda” uan estética barroca, recontra-sobrecargada, con un cierto aire de decadencia, de putrefacción, que les venía bárbaro sobre todo cuando se metían con el universo narrativo de H.P. Lovecraft y cosas así. Burman es una de esas bestias, dueño de un trazo complejísimo, ideal para el barroco y el exceso de rayitas. En general, es un estilo peligroso, que muchas veces conspira contra la comprensión de lo que uno está leyendo y contra el flujo de la vista de una viñeta a otra, que es la esencia misma de este lenguaje al que llamamos Historieta. Burman logra ese improbable equlibrio entre impacto visual y solidez narrativa en las dos últimas historietas del tomo: Paul is Dead (que es la más fea de ver, porque mezcla su técnica con la del claroscuro y el resultado no funciona) y en la de los zombies, que es realmente impecable. Si más adelante logra dibujar una historieta extensa en el nivel de este último unitario, Pablo Burman se va a instalar rápidamente entre los dibujantes argentinos a seguir muy de cerca.
Volvemos pronto con más reseñas.

jueves, 8 de diciembre de 2016

TRIPLETE DE FERIADO

Aprovecho el feriado para seguir metiéndole pata a las reseñas.
Quedé muy manija con el integral de Almer, el libro que reúne todas las aventuras de este caballero de Camelot realizadas entre 2010 y 2015 por el Capitán Manu. Estas son historietas de aventura clásica, con un héroe que se machaca con monstruos en un contexto cuasi-fantástico, pero se anima a hacer algo poco frecuente en la historieta argentina de género: bajar línea, hablar de lo que nos pasa, comprometerse un toque con la realidad, sin descuidar la fantasía. Manu nos presenta a Almer como un caballero al servicio de los oprimidos, de los olvidados, de los desposeídos. Sí, en el medioevo del Rey Arturo también había pobres, también había injusticias de clase, y por suerte también está Almer, que hasta se da el lujo de mechar en sus diálogos algunas frases de los discursos de Eva Perón.
El nivel de todo el tomo es muy alto, pero la primera historieta, esas 34 páginas que estaban inéditas y que Manu realizó en 2015, son la gema de la corona. Por un lado, ahí tenemos la amalgama más perfecta entre aventura y mensaje socio-político (en un guión que le hubiese encantado escribir a Carlos Trillo), el comentario más agudo acerca de la realidad argentina que se podría esperar de una historieta de fantasía, y por el otro, la faz gráfica muestra a un Manu tremendamente sólido, con un manejo magistral de la narrativa, de las expresiones faciales y sobre todo de la técnica para sumarle tonalidades de gris a un dibujo que, si fuera sólo blanco y negro, también sería excelente. Como con tantos discípulos del maestro Oswal, en el Capitán Manu tenemos a un historietista quintaesencial, con esa combinación irresistible entre sabiduría para planificar, power para ejecutar y huevos para experimentar y sorprender incluso al lector ya muy curtido en estas lides. Quiero más Almer, lo antes posible.
Rápida mención al Vol.2 de La Venganza del Conde Skarbek, parte final de la historia escrita por Yves Sente y dibujada por Grzegorz Rosinski, cuya primera mitad había leído… la semana pasada, creo. No vamos a reiterar conceptos acerca del trabajo (demoledor) de Rosinski, pero sí quiero subrayar el talento de Sente para darle a la historia un cierre perfecto. En estas 54 páginas, el guionista clava dos giros argumentales totalmente impredecibles, que le agregan complejidad e impacto a la trama, y además presenta y desarrolla a full a dos personajes que no habían aparecido en el primer tomo. Y ya que está, se da el lujo de deslizar una referencia diáfana a El Conde de Montecristo, un guiño cómplice para el lector que al toque dedujo para dónde podía llegar a ir esta historia de venganza. Recomiendo a full esta saguita publicada en dos tomos por Norma Editorial, hace ya unos cuantos años.
Finalmente y tras duras batallas, conseguí el primero de los cuatro tomos en los que DC recopiló la etapa de George Pérez en Wonder Woman, y ahora sí, me largo a releerla después de… casi 30 años ya, la puta madre. Para mi sorpresa me acordaba bastante del “nuevo” origen de Diana, la onda con las Amazonas, los dioses griegos, Heracles, la introducción de personajes como Julia y Vanessa Kapatelis… Lo que no me acordaba es que, como consecuencia del maligno plan de Ares, lo que deben combatir Diana y sus aliados es una gran conspiración en la que los malos son… los milicos de los EEUU. Obviamente no es Pérez el primero en plantear una cosa así (de hecho, sin salir de DC, Cary Bates lo hacía en Captain Atom), pero en aquellos tiempos de Oliver North y Aldo Rico, no deja de ser loable.
Pérez me sorprendió, además, con su talento para el desarrollo de personajes, por su manejo del sembradío de plots a largo plazo, y obviamente por el dibujo, que se luce más a partir del cuarto episodio (que es cuando los lápices del maestro se empiezan a amalgamar mejor con las tintas de Bruce Patterson), pero que desde la primera viñeta te masacra con la composición, la puesta en página y la narrativa, resolviendo con jerarquía escenas dificilísimas de planificar. Para un pibe acostumbrado al comic de hoy, Wonder Woman es un comic sumamente arduo, demasiado sobrecargado, tanto en cantidad de viñetas por página como en la cantidad de texto (rubro en el que el gran Len Wein le da una mano enorme a Pérez). Pero si te gusta una onda más clásica, más old school, la vas a encontrar a un nivel alucinante en esto que, paradójicamente, en 1987 era un comic casi vanguardista. No porque propusiera una ruptura estética zarpada, sino porque venía a terminar con años y años de ninguneo por parte de DC hacia su heroína más icónica, que languidecía en el fondo de la tabla, sin beneficiarse nunca del talento de autores con la chapa (y la tracción de lectores) que tenía George Pérez en 1987. Ya arranqué con el Vol.2, así que prometo reseñarlo muy pronto.
Feliz finde extra-large para todos y todas.




lunes, 5 de diciembre de 2016

SIGO AVANZANDO

Sigo avanzando con las lecturas, a ver hasta dónde llego.
The Rise of Aurora West es un spin-off de Battling Boy, la gran novela gráfica de Paul Pope reseñada el 15/09/14. Esta vez, Pope participa sólo en el guión, co-escrito con JT Petty, mientras que el dibujante es el ídolo gallego David Rubín. Se trata de la clásica historia de rito iniciático, en la que vamos a ver cómo Aurora West saca chapa de heroína grossa, en una situación límite que tiene que ver por un lado con lo que pasa en Battling Boy (la ciudad infestada de monstruos) y por el otro lado con la muerte de la mamá de Aurora, sucedida 10 u 11 años antes de la historia que está narrada en tiempo presente.
La aventura es entretenida, el misterio avanza a buen ritmo, pero lo que más me atrapó fue la construcción de los personajes, lograda a través de diálogos extraordinarios y de escenas tranqui, más viradas hacia el costumbrismo que hacia la machaca, que son las que más disfruté. Aurora y Haggard West son arquetipos clásicos, personajes “de molde”, pero están tan bien trabajados, hay tanto esfuerzo por darles carnadura y onda, que terminan por volverse tridimensionales. Uno los siente ahí, humanos, cercanos, reales, queribles con sus defectos y virtudes. Si no hubiera peleas ni persecuciones, creo que también me habría divertido muchísimo con este libro, sólo por la magnífica interacción entre los personajes que nos brindan Pope y Petty.
El dibujo de Rubín es excelente (como siempre), con un manejo notable de los efectos gráficos a los que se puede apelar cuando sólo tenés blanco, negro y escala de grises. El autor de El Héroe se las ingenia para conservar intacta su identidad gráfica y aún así, lograr que su estética nos remita todo el tiempo a la que propuso Pope en Battling Boy. Gran trabajo de Rubín, que obviamente se luciría más si se editara en un formato más grande. Hay un segundo librito de Aurora West, a cargo de los mismos autores, al que prometo entrarle muy pronto.
Me voy a Chile, donde me encuentro con una historieta muy rara, editada a todo culo en un hermoso libro con tapa dura. Líneas de Fuga es una novela gráfica en la que la ciudad de Concepción tiene casi tanto protagonismo como Carlos, el personaje central. Los autores, Oscar Gutiérrez y Cristian Toro, narran una historia totalmente descomprimida, inscripta en el género “jóvenes a la deriva”. Noches de escabio, excesos y garche se mezclan con frustraciones y angustias típicas de los jóvenes a los que el capitalismo salvaje les reserva el lugar de “último orejón del tarro”, todo en el marco de esta ciudad que –por lo que transmite el libro- es más chata y opresiva que la ciudad chilena promedio. La trama es básicamente eso: transitar una vida chota, buscarse a uno mismo en un laberinto de amor, dolor y arruine, y tratar de llegar lo más entero posible hasta el otro lado de la ciudad-túnel. Nada demasiado original, o que no hayamos escuchado en las letras de cualquier tema de la Beriso o Callejeros.
Lo original es la forma en que está contada la historia, mezclada con poesía, con fotografías, con un nivel de experimentación gráfica muy osado, con un Cristian Toro que despliega una diversidad de recursos visuales muy, muy notable… pero que no juega necesariamente a favor del relato. Se da un contraste también muy raro entre los diálogos, bien prosaicos, bien “de la yeca”, y ese clima más onírico, más lírico, más sugestivo que tienen la narrativa, el dibujo y algunos textos adicionales. El resultado es una historieta difícil, no sólo por el mensaje bajonero, sino porque desde lo formal resulta confusa (te marea sólo con la cantidad de técnicas gráficas), no se aprecia esa simbiosis entre guión y dibujo, esa coordinación entre texto e imagen en la que suele residir la magia del Noveno Arte. Como experimento, me parece que es atractivo, y me imagino que si vivís en Concepción te debe tocar una fibra que a mí (lógicamente) no me tocó. Ahora como historieta en sí, Líneas de Fuga tiene cosas rescatables, pero se queda en la buena intención de impactar al lector desde lo formal. Ojalá en su próximos trabajos Gutiérrez y Toro demuestren que tienen ideas como para ir más allá.
Y cierro con una breve mención a otro libro de Chanti, esta vez apuntado más claramente a los chicos, pero que tranquilamente puede resultarle entretenido a los grandes: Historias Delirantes es un recopilatorio de dos series breves, ambas muy cómicas. Reality Comic juega con el backstage de la historieta y ofrece un muestreo de personajes muy graciosos, en un salpicado de chistes que nunca llega a aburrir. Es un trabajo bastante antiguo (2009) o sea que el nivel del dibujo de Chanti no es el actual. Y el libro se completa con
Clases de Lirantes, una serie demoledora, con Chanti dibujando a un nivel altísimo, con personajes entrañables y con un verdadero desborde de humor. Acá la historia no avanza hacia un remate, Chanti no trata de cerrar cada plancha con un chiste final, sino que a lo largo de cada viñeta tenemos un montón de chistes y juegos de palabras, a un ritmo incesante. De hecho, en algún momento tuve que cerrar el librito, parar y retomar más tarde, porque ya era demasiado. Pero me reí mucho y maravillé con la inteligencia y la fineza con la que Chanti le baja línea a sus lectores más jóvenes. Recomiendo mucho este libro como regalo de Navidad, o fin de año, para cualquier pibe o piba al que estés tratando de inocularle el vicio de leer historietas.
Grazie per tutti y la seguimos pronto.

viernes, 2 de diciembre de 2016

DOS DE DICIEMBRE

Retomamos las reseñas en el último mes de este extraño 2016.
Arranco con el Vol.1 de Terra Obscura, un TPB que me compré sólo porque lo vi muy barato. El nombre de Alan Moore en la portada no me sedujo, porque sabía que el rol del Mago de Northampton en el equipo creativo era mínimo, apenas un co-creador de los personajes y el argumento general. El guionista posta, el que se arremanga para escribir cuadro a cuadro estas 150 páginas, es Peter Hogan, que nunca estuvo entre mis favoritos.
Sin embargo, este primer tomo no está mal. Sobre todo si te gusta la Justice Society. Esto es un comic de la JSA apenas disfrazado, con los clásicos personajes de la Tierra-2 de DC mínimamente camuflados. No se podría contar esta historia con la JSA sólo porque uno de los personajes emblemáticos cambia de bando y ocupa el rol del villano. Todo lo demás, es perfectamente traducible a la mitología del legendario grupo de DC. Lo único medio choto es que Hogan dedica muchas páginas a presentar a personajes cuyo rol en la trama es mínimo, pero bueno, me imagino que tendrán más protagonismo en el segundo tomo, y que este (con los personajes ya presentados) se volcará más a la machaca (que tampoco escasea en este primer tramo).
El resto está bien, hay un buen equilibrio entre misterio, acción y desarrollo de personajes y cada tanto aparece un sutil toque de comedia. O sea que, si sos muy fan de la Justice Society (o al revés: si no sos fan de la Society pero no te molesta ver cómo dos ingleses juegan a reversionarla sin ninguna restricción), te vas a divertir. El dibujo está a cargo de un Yanick Paquette bastante menos elegante que en sus trabajos más recientes, todavía muy pegado a la estética de Terry Dodson en la que todos los tipos son fisiculturistas y todas las minas mega-vedettes con tetas gigantes. El entintado de Karl Story le agrega, además, detalles en los rostros que nos recuerdan a Kevin Nowlan o a veces a Chris Sprouse, quien co-creara a varios de estos personajes en una saguita de Tom Strong escrita por el Mago. El dibujo no es choto ni mucho menos, pero por suerte en los laburos posteriores Paquette logró romper este molde adocenado y encontrar en su trazo rasgos más propios y más lindos. Prometo entrarle al Vol.2 el año que viene.
Vamos con Hermano, una colaboración entre Darío Fantacci y Pedro Mancini que se publicó originalmente en la revista Ultramundo y este año salió recopilada en un muy lindo librito. Así, de movida, me animo a decir que nunca vi a Mancini dibujar tan bien como en estas páginas. Todo lo que me gusta de la estética de Mancini, acá está llevado al límite. Todos los desafíos que le plantea el guión están resueltos con jerarquía. El cross-hatching enfermizo está más enfermizo que nunca, la imaginería de Mancini, las cosas que inventó y las que heredó de Moebius, todo brilla en estas 70 páginas como nunca antes y nunca después. Si sos fan de Pedro, no lo dudes un segundo: este libro lo tenés que tener sí o sí.
¿Y qué onda el guión de Fantacci? Es muy raro, pero efectivo. Evidentemente, Darío conoce muy bien a Pedro y juega todo el tiempo a potenciar desde el guión las virtudes de su dibujante. La historia tiene muy buen ritmo, está llena de simbolismos, y hasta te invita a reflexionar. No es un guión fácil de encasillar. No es una aventura convencional, no llega a ser “una de misterio”, no es exactamente una historia de introspección, ni de ternura freak, la trama romántica no cobra preponderancia, la bajada de línea socio-política es muy sutil… y tampoco es una fumanchereada que no se entiende un carajo, ni una mera sucesión de excusas para que Mancini dibuje lo que se le da la gana. Hay una historia, hay una profundidad, hay una mirada propia de Fantacci y misteriosamente, por motivos que no logro explicar, todo funciona muy bien y avanza (de modo más laberíntico que lineal) hacia un final que no es para nada obvio y que no me defraudó en absoluto.
La semana que viene, más reseñas acá en el blog.

martes, 29 de noviembre de 2016

CERRAMOS UN MES MOVIDITO

Terminé la novela que me tenía atrapado y volví a leer comics, con la tibia esperanza de llegar al 31 de Diciembre con poco material del que compré en 2015 en la pila de los pendientes. La verdad es que es casi una quimera, porque en 2015 me fui a la mierda mal con la cantidad de material que acovaché, pero bueno… por lo menos estoy tratando de priorizar las publicaciones nacionales, a ver si logro llegar a fin de año leyendo las “novedades” editadas en el país con menos de seis meses de retraso.
De todos modos arranco con una obra de 2004, de autores europeos. La Venganza del Conde Skarbek es una historia dividida en dos tomos, a cargo del guionista belga Yves Sente y el dibujante polaco Grzegorz Rosinski, dos gigantes del comic franco-belga.
El Vol.1 empieza como un clon de El Conde de Montecristo. Un tipo al que lo cagaron feo regresa a París a vengarse de sus enemigos, que lo creyeron muerto, ahora bajo otra identidad y con otros rasgos faciales, como para que no lo reconozcan antes de tiempo. Por suerte, antes de la página 25 la historia pega un giro y se terminan los ecos de Montecristo. Yves Sente urde una trama vinculada al mundo de las artes plásticas, ambientada en la época (1843) en la que estas empiezan a mover cada vez más guita y los avechuchos más ambiciosos empiezan a revolotear por una escena hasta entonces dominada por los encargos que los nobles le hacían a los pintores. Lo más notable es, por un lado la construcción del personaje protagónico, y por el otro, el hecho de que Sente estructura toda la historia en base a un juicio oral y público, algo bastante frecuente en la ficción yanki (donde el “courtroom drama” es casi un género en sí mismo) pero poco usual en la historieta europea.
Por el lado del dibujo, Rosinski sube la apuesta y en vez de dibujar en el clásico estilo de Thorgal, se deja poseer por la magia de los pintores de aquella época y dibuja paisajes que parecen de Edouard Manet y batallas que parecen de Eugene Delacroix y escenas en calles que parecen cuadros de Jean Beraud. Por supuesto que el polaco la rompe en cualquier estilo que encare. Acá además compensa algunas páginas en las que la gran cantidad de texto eclipsa un poco su trabajo con un par de secuencias mudas gloriosas y con otra vertiente que no le vemos habitualmente en otros trabajos, que es el toque levemente erótico. En La Venganza del Conde Skarbek está la posibilidad de lucirse dibujando un cuerpo muy hermoso que aparece muy desnudo, más un par de garches de insoslayable intensidad, y Rosinski no la desprovecha en lo más mínimo. Tengo el Vol.2 y prometo entrarle pronto.
Pero antes… ¿lo tenías a Chanti haciendo historieta humorística para grandes? Con tantos años de Mayor y Menor, Facu y Café con Leche y demás hitos de la historieta infantil, el mendocino había quedado más o menos encasillado en eso. Sin embargo, con Payunia City, Chanti demuestra que sin cambiar ni un ápice su estética, puede hacer reir también a los grandes.
Lo único que no me convence es la bajada de línea política de Chanti, que se podría sintetizar como “todos los políticos son garcas y votes a quien votes te van a cagar”. Quizás haya algo de cierto en la afirmación, pero no es el mensaje que (me parece a mí) sirve transmitir desde un medio de comunicación apuntado a gente que supuestamente piensa. El resto me resultó muy entretenido. Chanti apunta sus dardos a distintos aspectos de la vida adulta: el trabajo, las vacaciones, las colas, los padres ancianos, las relaciones amorosas, afectivas y de “transa”, los micros de larga distancia, el gym, el supermercado, los casamientos, la seducción, la hipocresía… todo un universo de temas vinculados al mundo de los grandes que Chanti hasta ahora no había explorado, pero en el que se lo ve muy cómodo, con una mirada irónica muy afilada, y diálogos excelentes, repletos de esas respuestas sarcásticas que a uno muy rara vez se le ocurren durante una conversación real.
Dibujo, color, narrativa, rotulado… en esas áreas lo vemos a Chanti con la solidez de siempre, listo para definir siempre al ángulo, porque es un autor naturalmente dotado para el dibujo humorístico, con años de fogueo en los medios. No te digo que Payunia City es la gloria, ni que marca un antes y un después en la historia de las tiras cómicas, pero la verdad es que, como primera incursión de Chanti en el terreno del humor para adultos, es un auténtico hallazgo, más que digno de sumarse a tu colección de libritos de tiras cómicas de autores argentinos.
Ya arranqué con otro TPB, así que seguramente esta semana tendremos otro post con más reseñas. Ah, el sábado a la tarde voy a estar en el Club Senillosa (Senillosa 630, ciudad de Buenos Aires) con un taller de Lectura Crítica, como parte de un evento que organiza la editorial Loco Rabia. No sé si quedan cupos para el taller, pero la info del evento está en https://www.facebook.com/events/694680964024002/
La seguimos pronto.

jueves, 24 de noviembre de 2016

HOY, DOS MAS

Sigo avanzando con las reseñas, a ver hasta dónde llegamos este mes, en el que le estoy poniendo bastantes pilas al blog.
Arranco con el Vol.10 de The Unwritten, ya a un pasito del final de la saga creada por Mike Carey y Peter Gross. El próximo tomo es el último, pero no lo tengo, así que andá a saber cuando lo consigo, cuándo lo leo o cuándo lo reseño.
A tan poquitos episodios del final, Carey opta por una movida con la que no termino de coincidir: de alguna manera bastante coherente y para nada traída de los pelos, la trama se simplifica mucho. Desde el regreso de Wilson Taylor, los misterios que nos mantuvieron en vilo durante cientos de páginas ya no importan tanto y todo se va centrando cada vez más en la machaca final de los buenos contra los malos, en la que está en juego nada menos que la ficción, así, como concepto abstracto. No va a ser la típica machaca, obviamente, pero hacia ahí va la cosa. A esta altura de la saga, Carey se da el lujo de empezar a estirar un poco la resolución y hay largos tramos en los que lo más atractivo son los diálogos y la dinámica entre Tom, Wilson, Lizzie, Richie y los nenes que hablan en francés. Y por supuesto la presencia de Pauly Bruckner, sin dudas el personaje más raro, el as de espadas que Carey todavía no jugó y que tiene todo para precipitar el final de The Unwritten hacia las profundidades de lo inesperado.
El dibujo de Peter Gross está muy bien, hábilmente acomodado a la tonalidad más oscura que va cobrando este último tramo de la serie. Y en el último episodio del libro está como invitado Al Davison, uno de los monstruos injustamente desconocidos de la historieta británica, que aporta versatilidad, sofisticación y cuando hace falta, oscuridad y visceralidad. Un grosso.
Me voy a Chile, donde me espera Isla de los Muertos, un extraño trabajo de Cristóbal Florín y Rodolfo Aedo, que pretende echar luz acerca de un episodio transcurrido en la patagonia chilena en 1906. Dice la historia que en este lugar murieron 120 hombres, empleados de una gran empresa abocada a la explotación forestal, pero aparentemente hay dos versiones contradictorias que explican la tragedia: según la primera, nunca llegó el barco con las provisiones y los trabajadores murieron de hambre. Según la segunda, las provisiones y los medicamentos llegaron, pero contaminados con arsénico, lo cual envenenó a los trabajadores.
A lo largo de las primeras 50 páginas, los autores exploran la primera versión, tomando como base un cuento de Félix Elías Pérez. Es un relato desgarrador, más triste que este año de neoliberalismo y ajuste, excesivamente jugado a los textos literarios, que el guionista toma directamente del cuento. Mucho vuelo, mucha metáfora, mucha prosa florida, pero se nota que el argumento no daba para 50 páginas. En las siguientes 50 páginas, se explora la segunda versión… pero ya sabés TODO lo que va a pasar. El accidente del arsénico sucede en la página 15 y de ahí en más, se repite la muerte lenta y dolorosa de los 120 laburantes (que ya vimos) sólo que ahora la causa es otra. No me quedó claro si esta segunda parte también está tomada de un texto literario, pero de todos modos el guión mantiene esa tónica, repleto de bloques de texto cargados, frondosos, de un logrado vuelo lírico… que no logra ocultar lo poco que nos están narrando.
Me parece que la clave pasa porque Florín y Aedo eligieron una historia que está buenísima para una investigación periodística, pero no para una historieta. No logran (como diría el maestro Sasturain) hacer “aventurable” la tragedia de los trabajadores muertos en la isla. Lo que está realmente buenísimo es la línea que bajan, los palos que pegan y sobre todo el dibujo, que es excelente. Los climas, el trazo, la expresividad, los momentos en los que se rompe la grilla tradicional para experimentar con la puesta en página, las texturas, los sutiles toques de color… Un trabajo realmente notable de Rodolfo Aedo (a quien nunca había oído nombrar) al frente de la faz gráfica del libro.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Estoy muy cebado leyendo una novela larguísima, por eso esta semana leí muy poca historieta. Pero la que viene seguro habrá nuevas reseñas. Y hoy subí un nuevo video a YouTube, para los que siempre piden más.

lunes, 21 de noviembre de 2016

UN TOQUE MEJOR

De a poquito se me va yendo la congestión y ya respiro más por la nariz que por la boca. El ojo se me deshinchó bastante y ahora me quedan mutaciones menores en los labios y abajo de la nariz. Ni bien mi cara vuelva a parecer una cara semi-humana se van a dar cuenta porque voy a volver a grabar videos para YouTube. Por suerte las reseñas se pueden redactar sin mostrar la caripela, así que vamo´en esa.
La primera es fácil. Una obra de Ed Brubaker y Sean Phillips a esta altura ya equivale a un festival del elogio. La única incertidumbre que me despertó la lectura del Vol.2 de Sleeper fue cómo carajo tardé tantos años en conseguirlo y leerlo, con lo mucho que me había gustado el Vol.1. Y claro, me acordaba poco de aquellos primeros 12 episodios pero rápidamente Brubaker y Phillips me pusieron en clima. Me llamaron la atención varias cosas: lo estirado que está el argumento (y aún así el guión se hace entretenidísimo); la perfecta integración al universo superheroico de WildCATs, Gen13, Team 7 y demás precariedades noventosas creadas por Jim Lee y sus esbirros; el episodio en el que Brubaker saca el foco de Holden Carver para centrarse en Miss Misery, un tratamiento glorioso para un gran personaje secundario; lo poco que importan los superpoderes en general, en el conetxto global de la trama; y obviamente el final, que no es para nada el que uno se imagina mientras transita la obra.
Por supuesto el dibujo de Phillips es excelente y –si bien la labor de los coloristas es más que correcta- no puedo dejar de imaginármelo en blanco y negro. Acá el inglés arriesga fuerte con la puesta en página y logra secuencias realmente innovadoras, de notable belleza y una fuerza imponente. El garche de la página 184, por ejemplo, está narrado de una forma tan original y tan linda que Jim Steranko todavía debe estar aplaudiendo, aunque la historieta sea de hace 10 años. En fin, si te cebaste mal con Fatale, Criminal, The Fade Out o cualquier otra obra de la dupla Brubaker+Phillips, animate a rastrear su trayectoria hacia atrás, y cuando llegues a Sleeper, entregate a una historieta poderosísima.
Me fue bastante peor con Dago: La Fuente de la Juventud, el recopilatorio editado por Comic.ar de estas historietas que Robin Wood y Carlos Gómez publicaban de a 12 páginas por semana en Italia, en las antologías de la Aurea. Esta vez, el héroe infalible acompaña a la expedición de Hernando De Soto, que por supuesto existió en la realidad, y que llevó a un nutrido grupo de españoles a vagar por el sur de los Estados Unidos en busca de algo que supuestamente era la fuenta de la eterna juventud, o de la inmortalidad. Andá a saber de dónde sacaron los españoles que tal cosa existía, pero ahí fueron. Hasta ahí, todo bien. El argumento se prestaba a una gran aventura de Dago, como habíamos visto en El Dorado. Pero esta está plagada de situaciones repetidas de otros tomos: la minita vulgar y con onda que se enamora de Dago, es ninguneada por el veneciano y termina en los brazos de uno de sus adláteres, el tipo recio cercano al capo de la expedición que se lo monta a Dago en un huevo y jura matarlo pero termina muerto, las largas diatribas acerca de cómo la ambición desmedida de los conquistadores lleva a sus hombres a meses y meses de hambre, penurias, enfermedades y muerte… Todas cosas que ya sucedieron en sagas anteriores y que funcionan casi como un déja vu.
Me da la sensación de que la historia más interesante es la que Robin apenas sugiere, la de Diego, el español que se pierde entre los aborígenes y vive con ellos durante años hasta que Dago y los suyos lo encuentran. Y aunque se precipita un poco, me gustó el final, porque al héroe, al grosso, al hiper-pulenta, al que gana de visitante en todas las canchas, lo tienen que ir a rescatar un puñado de personajes secundarios, de esos que llegaron al final del tomo casi de milagro. A Dago le alcanza la chapa para sobrevivir (con lo justo) en EEUU, pero no para volver entero a Cuba y ahí es donde Wood le levanta el perfil a Villagrán y a otros españoles “menos malos” que habían soldadeado al veneciano y a De Soto a lo largo de todo el arco argumental.
La Fuente de la Juventud no entra ni por casualidad al podio de las mejores sagas de Dago, pero bueno, tampoco es un bofe ni mucho menos. Y los dibujos de Carlos Gómez son monumentales, como siempre, con calidad de sobra para que te quieras comprar el tomo sólo para babearte con la faz gráfica que es magnífica. A Gómez lo sacaron de la Europa medieval y lo tiraron en el medio de la América cuasi-virgen. Para sorpresa de nadie, el tipo la rompió de Perú al Mississippi, del Amazonas a Cuba y en todas partes ganó la belleza, la destreza, el virtuosisimo, la dedicación de un dibujante superdotado, que además deja la vida en cada viñeta.
Tengo más libros leídos, pero estas reseñas me quedaron largas, así que guardo para más adelante.

jueves, 17 de noviembre de 2016

EN PESIMO ESTADO

Estoy re-baqueta. Tengo una congestión y un dolor de cabeza espantosos y un párpado hinchado como si me hubiese boxeado Wildcat. Además, ese tramito que va entre el medio de la nariz y el labio superior me quedó al rojo vivo de tanto sonarme los mocos… que ni siquiera son mocos, es una agüita de mierda que nunca termina de gotear… En fin, trataremos de pilotearla un rato más, lo suficiente como para reseñar un par de libritos que leí en estos días…
Arranco con Replay, una historia que en Francia se serializó en tres álbumes allá por el 2000 y un par de años después se editó en España, en un sólo tomo. El guionista es Jorge Zentner, el maestro entrerriano radicado hace muchos años en Barcelona, y el dibujante es el francés David Sala (sí, otro Sala más). Replay es una historia amarga, de esas que para la décima página ya sabés que sólo puede terminar para el orto. Zentner se mete con dos temas muy atractivos: la amistad y el azar. ¿Se parecen mucho o poco? ¿La verdadera amistd es tan efímera como una racha de buena suerte? ¿Qué pasa cuando la fortuna te sonríe y no parás de ascender? ¿Ascendés solo, o con tus amigos? Preguntas difíciles que el guionista responderá a través de las acciones y omisiones de Don Walden un pibe ambicioso y de pocos escrúpulos, al que la suerte arrastrará en una road movie (tranqui, para nada frenética) que tendrá a la timba como hilo conductor.
Zentner (fiel a su costumbre) le da mucha bola a los climas, sin descuidar nunca los diálogos. Lo que no abunda es la acción, algo que el guionista acovacha para luego dejarla explotar cerca del final, cuando Don vuelva a quedar frente a frente con su viejo amigo Chuby. El dibujo de Sala es glorioso, difícil de describir de tan grosso. Y eso que este es uno de sus primeros trabajos. El color es magnífico, un verdadero festival de técnicas pictóricas (quizás haya también algo de computadora) que potencian el dibujo y juegan fuerte a favor de esos climas que tanto peso tienen en la trama. Visualmente, esto es una maravilla. Y al nivel del guión, hay que bancarse una alta dosis de decomprensión, que no llega a aburrirnos al nivel de una película francesa, pero se siente. Esto mismo podría contarse en mucho menos de 150 páginas, no tengo dudas, aunque no sé cuánto quedaría de esa impronta pausada, introspectiva y profunda que tiene el guión de Zentner.
Y me voy a la otra punta: 80 páginas de machaca de la mano de Mighty Man, el Captain Marvel del universo de Savage Dragon, un personaje surgido de la devoción de Erik Larsen por la creación de C. C. Beck que con el tiempo fue cobrando rasgos más propios para dejar de ser un mero choreo. En este one-shot, Larsen co-escribe junto a su viejo amigo Gary Carlson y entinta los lápices de Mark Englert, ignoto dibujante que, en caso de tener un estilo propio, se ve completamente eclipsado por las tintas del gigante de Minneapolis.
El argumento del one-shot parece un dejá vu, una excusa para repasar todo lo sucedido con Mighty Man desde que Larsen lo integró al universo de Savage Dragon (estamos hablando de unos 10 años de continuidad, porque esto es de 2004), hasta que te das cuenta de que no, que estos son el Mighty Man y la Ann Stevens del OTRO universo donde transcurren las aventuras de Dragon, en el que todas estas cosas no habían pasado nunca, y otras jamás pasarán (entre ellas, el romance de Ann con el héroe verde). Larsen y Carlson reciclan un viejo plot que ya se había insinuado en la continuidad anterior: el del sobrino del Mighty Man original que sueña con recuperar el legado de su tío y ser el receptáculo de los fabulosos poderes que hoy ostenta Ann.
El resultado es un comic pasatista, sin sorpresas, que se deja leer sin inconvenientes, que te engancha con el ritmo y con las constantes referencias a otros comics, otros personajes e incluso a la continuidad anterior en la que vivieron (y en algunos casos murieron) estos mismos personajes. El dibujo conserva la impronta estridente, granguiñolesca de los buenos trabajos de Larsen, así que también contribuye a la lectura ágil y a que los impactos del guión nos peguen con fuerza, incluso cuando pasan cosas obvias.
Ni bien me sienta mejor, retomo las lecturas y las reseñas.

viernes, 11 de noviembre de 2016

TOCO Y ME VOY (A SAN LUIS)

Como aquel 07/07/15, la historieta me transporta al México de Pancho Villa, pero esta vez visto desde los ojos de un autor estadounidense. Poca gente lo sabe, pero Joe Kubert llegó a realizar dos álbumes de Abraham Stone: el que tiene todo el mundo, y este, que fue publicado por Marvel en 1995, cuando agonizaba el sello Epic y ya más que un sello era una palabrita abajo del logo de Marvel.
En su segunda aventura, Abraham Stone va a ir a parar a México, y a involucrarse con Francisco Villa y su ejército revolucionario, para participar de un hecho ampliamente registrado en la historia yanki, como fue la invasión por parte de Villa al pueblo de Columbus, New Mexico, hace 100 años y monedas, el 9 de Marzo de 1916. Como le suele pasar a Dago en sus aventuras de mayor raigambre histórica, Abraham está medio de adorno. El esfuerzo de Kubert no pasa por orquestar un conflicto creíble (porque lo toma de la realidad) sino por explicar qué catzo hace su héroe ahí metido y cómo lograr que lo que hace este Juan Carlos Nadie de pronto tenga peso en el desenlace de un hecho de esta magnitud. Y –forzando un toque el verosímil- el viejo maestro lo consigue.
De todos modos, lo más atractivo no pasa tanto por la trama, sino por la forma en que Kubert trabaja al personaje de Pancho Villa. Dónde se para, cuánta distancia toma, hasta qué punto nos invita a ver la situación desde el punto de vista de este hombre iracundo, despiadado, que tenía todas las fichas para convertirse en el villano grosso de la historia y sin embargo… Kubert le reserva otro rol. El dibujo, majestuoso, sin palabras. Está coloreado medio al voleo por el estudio del manager del Viejo Joe (su eterno amigo Ervin Rustemagic, protagonista de Fax From Sarajevo), pero se ve bastante bien. Igual, el día que alguien edite esto en blanco y negro, me vuelve a esquilmar. Abraham Stone: The Revolution puede no ser la joya más brillante en la corona de Joe Kubert, pero sí una de las que pasó más desapercibidas, y bueno, desde acá, cuando se puede, tratamos de hacer justicia.
También en Julio de 2015 (más precisamente el día 20), veíamos en el blog el primer tomo de La Senda del Errante, la creación del guionista chileno Germán Valenzuela, acompañado por varios dibujantes. Ahora le entré al segundo tomo, donde el rubro gráfico se ve mucho mejor. Arrancamos con un dibujante flojito, Fabián Sáez, pero en el segundo tramo tenemos a un inspirado Luis Inzunza apoyado por las tintas de Danny Jiménez. Le sigue el correcto Sebastián Lizana, y sobre el final regresa Inunza, ahora un poco más apurado, con menos tiempo o menos pilas para dedicarle a cada viñeta, especialmente a los fondos, pero sin derrapar.
El guión de Valenzuela tiene una única falla: explicita poco lo sucedido en el tomo anterior, como si todos los lectores de Pecados conocieran de memoria los sucesos del Vol.1. El resto está muy bien, es una continuación muy sólida de la historia original, apoyada en una venganza que tiene que ver con la búsqueda de verdad, memoria y justicia, que además aprovecha muy bien la época en la que está ambientada (mediados de los años ´50) y se toma su tiempo para desplazar el foco del Errante y desarrollar de modo muy consistente a Margarita Cárdenas, la verdadera protagonista de esta segunda entrega. Hay más hijos de puta a los que boletear, así que espero el tercer libro.
Y cierro con una fugaz mención al Vol.4 de Lucha Peluche, la gloriosa tira de El Niño Rodríguez (quizás lo mejor que dio Argentina en materia de tiras cómicas en lo que va del siglo), que por suerte Ediciones De la Flor sigue recopilando aunque ya no se publique en ningún lado y no tenga hordas de fans. En Lucha Peluche, el Niño destripa una a una todas las miserias de la vida contemporánea, desde cosas obvias como la desigualdad entre ricos y pobres hasta sutilezas como el culto a la belleza, la superficialidad, los freeganos, los emos, los adictos a los celulares, la inseguridad, el erotismo, la falsa sensación de libertad y la feroz manipulación que hacen los medios de comunicación de lo que sucede en la realidad. Y todo eso con reflexiones humorísticas, o chistes “de los de antes”, de esos que van a un remate que te hace explotar de la risa. Sumale un dibujo originalísimo y brillante y tenés una tira absolutamente fundamental, a la que (lamentablemente) no se le da la bola que se merece.
Nos vemos este finde en la San Luis Comic Con y volvemos la semana que viene con más reseñas.

martes, 8 de noviembre de 2016

DOCTOR STRANGE

Lo primero que tengo para decir es que cada día es más grotesca mi desconexión con el mundo del cine. Esta vez fui a ver una peli dirigida por alguien a quien nunca había oído nombrar (Scott Derrickson) y protagonizada por un elenco de actores de los cuales no conocía a NINGUNO: no te puedo nombrar ni una peli en la que haya visto actuar a NINGUNO de los actores y actrices de Doctor Strange. Bochornoso lo mío, o no… pero bueno, por lo menos lo blanqueo.
En segundo lugar, me imagino a los guionistas (el propio Derrickson, John Spaihts y Robert Cargill) leyendo los comics originales de Stan Lee y Steve Ditko y diciendo “esto es una mierda, esto no funciona, esto es ridículo”… Lo cierto es que de aquellos primeros comics sesentosos (y de las versiones posteriores del origen y los inicios del Doc), el film toma nada más que lo hiper-básico, lo absolutamente indispensable. A priori, si (como yo) sos fan incondicional de las historietas clásicas del personaje, te puede resultar ennervante. Pero estos turros se las ingenian para dar vuelta todo y que aún así funcione. Mirá lo que hicieron con los conceptos de Lee y Ditko:
Stephen Strange: físicamente está idéntico, mantiene buena parte de la personalidad original y el arco dramático que transita se aleja de la versión original, pero no mucho.
The Ancient One: físicamente no se parece en nada, el concepto no tiene nada que ver y el rol en la trama, mucho menos.
Wong: físicamente no se parece en nada, el concepto está bastante cambiado y el rol en la trama, mucho más.
Mordo: físicamente no se parece en nada, el concepto difiere bastante y el rol en la trama, mucho más, aunque en una segunda peli podría ir para donde nosotros queremos.
Kaecilius: físicamente no se parece en nada, el concepto está totalmente cambiado y el rol en la trama, mucho más.
Dormammu: físicamente está muy logrado, el concepto es respetuoso y el rol en la trama (si bien es pequeño) está muy bien.
El ojo de Agamotto: está completamente reinterpretado.
La capa de Levitación: también, le dan un giro increíble.
El Sanctum Sactorum: visualmente magnífico, conceptualmente muy apartado de la versión del comic.
Y así todo. Evidentemente, los guionistas salieron en busca de una versión 100% novedosa, pensada para un público que jamás en la vida leyó una historieta del Tordo, y encontró algo que funciona muy bien, aunque se parezca muy poco a lo que conocíamos los comiqueros.
¿Qué le sobra a la peli? La trama cuasi-romántica (que no está mal, pero no aporta demasiado) y algunos chistes. Hay muchos chistes, y uno no espera ir a cagarse de risa cuando va a ver una peli del Doctor Strange. ¿Y cuáles son los hallazgos más notables? La excelente integración (desde muy temprano) con el resto del universo fílmico de Marvel y la idea de no terminar de despegar nunca al Doc del mundo de la medicina. En los comics, a las 10 páginas de la primera aparición Strange ya se olvidó por completo de que alguna vez fue un cirujano de la hostia, y creo que el primero en recordarlo es Brian K. Vaughan, allá por 2007. Acá ni bien puede, la trama se las ingenia para reactivar esa faceta del personaje, y está muy bien.
La actuación de Benedict Cumberbatch en el rol protagónico es impecable, más allá de los chistes. Lo único que no logra es que Strange nos caiga mal, que es algo que sí lograba Stan Lee en aquel origen donde nos presentaba al Tordo como un tipo elitista, egoísta, soberbio, al que el prójimo le chupaba un huevo. El Strange de Cumberbatch no parece tan garca, más allá de lo mal que trata a la minita a la que supuestamente ama (bien interpretada por Rachel McAdams). El resto del elenco no desentona aunque claro, sus roles son tan distintos a lo que uno recuerda de los comics, que no hay un parámetro firme para la comparación.
Como siempre, no estamos hablando de cátedras del Séptimo Arte, sino de cine industrial muy bien hecho, con un gran despliegue visual, mucha acción y una atención muy especial puesta en el ritmo, de modo que los 115 minutos que dura se te pasan volando. Además, esta vez tenemos conceptos muy locos para una peli de superhéroes, diálogos excelentes, una trama impredecible con giros asombrosos y mucho ingenio a la hora de recrear casi desde cero la mitología de un personaje eternamente segundón, que hoy tiene –precisamente gracias a la exposición que le da el largometraje- la chance de jugar en Primera.
También como siempre, quedate hasta después del final, que hay dos escenas extra: una es un prólogo a Thor 3 y la otra, a una segunda película de Doctor Strange. Y pasala bien, que es lo importante.

domingo, 6 de noviembre de 2016

CERRANDO EL DOMINGO

Desde el 04/01/15 que no me clavaba un TPB de Fables, aunque sí leí otras historias ambientadas en el maravilloso universo de esta serie de Vertigo creada por Bill Willingham y Mark Buckingham. Este Vol.19 tiene tres ejes fundamentales: 1) el cierre de la saga de Bufkin y la revolución en Oz, 2) el epílogo a Cubs in Toyland, más algún coletazo muy tardío del combate contra Mister Dark, y 3) la aparición de un nuevo personaje que rápidamente gana el centro de la escena y le impone un cambio grosero al status quo de Bigby Wolf, La infinita chapa de Snow White impedirá que este personaje crezca aún más y se convierta en el nuevo villano grosso de la serie, pero no quiero ahondar en detalles por si alguno todavía no la leyó.
Como siempre, Willingham sorprende con su gran manejo del protagonismo coral, sus diálogos repletos de sutileza y fina ironía, y con esa sensación de “plan a larguísimo plazo” que hace años se volvió tristemenet infrecuente en el mainstream yanki. El arco argumental de Bufkin (engalanado con los magníficos dibujos de Shawn McManus) se nutre además de una sana dosis de comedia, de una especie de caricatura de la clásica epopeya, mientras que el arco protagonizado por Snow White (donde la rompe -como es habitual- Mark Buckingham) ofrece una tonalidad dramática mucho más oscura, por momentos desoladora. Entre los dos, arman un paquete de unas 160 páginas sumamente disfrutables. Obviamente, si sos fan de Fables sabés que hay que bancar la serie hasta el final y si nunca la leíste, sabés que tenés que empezar por el Vol.1, no por este Vol.19.
El Loro de Frida Kahlo es el último libro de Jason que me compré, hace como un año, ya. Son 11 historias cortas, algunas mudas y otras con textos, coloreadas por el maestro Hubert y con un nivel promedio muy alto.
Jason se divierte jugando a las referencias. Hay muchísimos guiños al cine de clase B, a la música, a la plástica (algo bastante obvio cuando el título incluye a Frida Kahlo) e incluso a la política. Imaginate historias mitad pulp/mitad reflexivas, por las que pululan luchadores mexicanos, ladrones de bancos, monstruos, Marilyn Monroe, Chet Baker, Magritte, John F. Kennedy, Nostradamus, el Capitán América, druidas de Stonehenge, ancianas con Alzheimer y un disco de Van Morrison recreado en clave de portadas de comic de terror americanos de la época pre-Comics Code Authority. Te estarás imaginando (digo yo) un terreno fértil para el delirio más fumanchero, pero no: acá hay ideas y secuencias limadísimas, pero abundan los guiones redondos, perfectamente hilvanados, con algunos chispazos de poesía y otros de violencia, de una mala leche y una sordidez que se contraponen hábilmente al dibujo elegante y amistoso de Jason. Nada, No Preguntes, La Noche del Cazador de Vampiros, Lorena Velázquez y Karma Chamaleon son historietas brillantes y las otras seis tienen un montón de momentos memorables, silencios estridentes, ideas inquietantes… La verdad que Jason no defrauda casi nunca y los que venimos siguiendo su producción hace varios años no nos queremos alejar nunca del peculiar universo de este genio nacido en Noruega y afincado hace tiempo en Francia. El Loro de Frida Kahlo confirma el gran momento que está atravesando este autor y tiene todo para jerarquizar la biblioteca de sus fans.
Y hasta acá llegamos. Mañana tengo función de prensa de Dr. Strange, así que ni bien se pueda, comparto mis impresiones acerca de este esperado estreno de Marvel Studios. ¡Gracias por el aguante!

jueves, 3 de noviembre de 2016

DOS GENIALIDADES

Finalmente, y no sin esfuerzo, conseguí el Vol.1 de Plastic Man, el TPB con tapas de plástico que recopila los primeros seis episodios de la serie que escribía y dibujaba Kyle Baker allá por 2004. No necesitaba leerlo para saber que me iba a parecer glorioso, y sí, me pareció glorioso. Sobre todo la forma en la que Baker toma un concepto bizarro de los años `40, y sin cambiarle ni una coma, lo convierte en algo absolutamente fresco y viable en el Siglo XXI. Todo lo que era gracioso o asombroso en el Plastic Man de Jack Cole, acá es igual de gracioso y asombroso, con la diferencia de que el dibujo, el color, la puesta en página y los diálogos están mucho más acorde con cómo se narran los comics hoy en día. Incluso el personaje de Woozy Winks, que en la etapa de Cole era medio inexplicable, bajo la pluma de Baker cobra mucho más sentido y hasta más relevancia en la trama.
Lo único que no me terminó de convencer es que cerca del final de la saga aparece un grupito de personajes que aparentan ser una sátira a los X-Men, casi un detalle gracioso más de los cientos que despilfarra Baker, y para mi sorpresa resultan ser un elemento clave en la resolución de la trama. La verdad que esos personajes me cerraban más como chiste casi al margen que como un factor decisivo para la historia. Pero bueno, eso sucede cuando ya van más de 100 páginas geniales, con situaciones y diálogos desopilantes, enmarcadas en una trama de misterio policial que tiene su complejidad y su arista dramática. No es todo un gigantesco sketch de Cha-cha-cha. El dibujo del ídolo, demoledor como siempre, con colores planos, con los contornos definidos con línea marrón y casi sin sombras, excepto cuando juega a reproducir el estilo de los clásicos dibujantes de superhéroes, en busca de un contraste obviamente humorístico con su estilo más cartoony. Creo que esto está por salir en la colección de novelas gráficas de DC que edita Salvat, como para que lo descubra la gente que no lee en inglés, o los que buscan este broli en su idioma original y no lo encuentran debido a su escasez. El Vol.2 ya lo reseñé el 09/04/15, y los numeritos que podrían formar un tercer TPB nunca fueron recopilados en este formato. DC, compadre…
Me vengo a Argentina, para leer la edición en libro de El Día Más Largo del Futuro, la epopeya sin textos de Lucas Varela que se había serializado previamente en Fierro y… y la reputísima madre que lo parió! ¡Qué injusta es la vida, la concha de la lora! Varela trabajó AÑOS, pero literalmente AÑOS en esta obra, dejó LA VIDA en estas 112 páginas, la empezó en Francia, la siguió en Buenos Aires, la terminó de vuelta en Francia, dejó pasar otros laburos (quizás más rentables) para hacer esto, fueron meses y meses de sacrificio… y vengo yo y me la bajo en menos de 20 minutos. Y le dedico… otros 20 a escribir una reseñita de mierda. No es lógico, no es proporcional, es un disparate. AÑOS de laburo del autor contra 20 minutos de lectura del lector. ¿Por qué pasa eso? Porque El Día Más Largo del Futuro no tiene textos.
Narrar una historia compleja, con acción, rosca empresarial y política, toques de comedia, un cierto vuelo poético y una bajada de línea que nos invita a reflexionar acerca de los pro y los contra de una sociedad capitalista basada en el consumo, es un kilombo. Hacerlo en 112 páginas SIN TEXTO, es una odisea. Varela lo hizo y demostró estar a la altura de las circunstancias, logró una verdadera cátedra de narración gráfica que no se parece a nada (me hizo acordar, apenas por un segundo y sólo a nivel argumental a Viva Pâtamâch!, la novela gráfica de Capron y Patrice Killoffer que vimos un lejanísimo 02/02/11) y que además resulta ideal para su apabullante manejo del dibujo, del color y de la puesta en página. Y ni hablemos de los detalles, del laburo que tienen los fondos, del cuidado en el lenguaje corporal de los personajes… Esto es espectacular en todos los rubros, en todo el sentido de la palabra.
Después de gemas como Paolo Pinocchio, Diagnósticos o (un toque más atrás) El Síndrome Guastavino, no me imaginaba ni en pedo que la mejor obra de Varela iba a venir por el lado de la ciencia-ficción. Pero vino. El futuro llegó hace rato, y los que leemos (o hacemos) la Comiqueando, descubrimos hace 20 años que Lucas Varela iba a estar entre los autores más grossos del futuro.
Volvemos pronto con más reseñas.

domingo, 30 de octubre de 2016

DOBLETE DE DOMINGO

Me acabo de dar cuenta de que me falta el Vol.4 de StormWatch. Pensé que lo había comprado allá lejos y hace tiempo, cuando hice guita las revistitas, pero evidentemente no fue así. Lo bueno es que me di cuenta cuando estaba leyendo el Vol.5, y ese sí, nunca lo había conseguido. De hecho, en su momento también era difícil conseguir el one-shot de WildCATs/ Aliens, que ocupa la mitad de las páginas de este no muy voluminoso tomito, al que complementan (a modo de prólogo y epílogo al one-shot) los n°s 10 y 11 de StormWatch.
¿Por qué tiene sentido leer esto? Porque acá Warren Ellis termina de convertir a StormWatch en SU título, y termina de allanar el camino a lo que va a ser The Authority, que arranca justo después de esto. Ahora, como historia en sí, StormWatch: Final Orbit es cualquiera. El n°10 tiene algo de desarrollo de personajes, y el 11 un poquito menos. Ambos están dibujados para el orto (salvando alguna paginita perdida de Bryan Hitch) y ninguno de los dos tiene casi nada de acción. Supuestamente la machaca épica está en las 46 páginas del one-shot de WildCATs/ Aliens (magníficamente dibujado por Chris Sprouse), pero tampoco: la acción empieza en la página 23 y escasea bastante en las 23 páginas restantes. Para peor, son los miembros de WildCATs los que combaten con los bichos xenomorfos. Los miembros de StormWatch a los que Ellis no se quiere fumar más mueren de un modo horrendo... fuera de cuadro! Cuando Spartan, Zealot y sus amigos llegan a la base de StormWatch, hace rato que Fuji, Hellstrike y Farenheit son boleta. Ellis ni siquiera se digna a mostrarlos haciendo algo heroico antes de palmar. Finalmente será Winter el encargado de sacrificarse “en cámara” para frenar el ataque de los aliens y después sí, con la purga ya hecha, se recordará a todos los caídos como héroes pulenta. Lo dicho: la historia en sí no es gran cosa, pero Final Orbit es un mecanismo de transición entre la segunda serie de StormWatch y el debut de The Authority, por eso es relevante. Y además debe ser el único crossover entre personajes de distintas editoriales en el que realmente cambia grosso el status quo de uno de los universos implicados.
Me vengo a Sudamérica, donde este año se publicó en nuestro país Achiote, el primer libro del chileno-ecuatoriano Alberto Montt que no recopila chistes de los que el ídolo sube a la web, sino historietas más extensas, en las que Montt se prueba la pilcha de narrador gráfico con todas las letras. La verdad es que al nivel de la narrativa, lo de Montt es asombroso. Con un trazo sintético y un manejo impecable del potencial icónico de su dibujo, el autor domina de taquito el timing, la gramática de la historieta, los trucos para sugerir pausas... todo eso es muy notable.
Lo flojo, para mi gusto, son las historias. Una colección de breves anécdotas autobiográficas, en las que Montt rememora su infancia y juventud en Ecuador y sus inicios como profesional en Chile. No están mal: algunas son muy graciosas (la de las arañas es gloriosa), otras son emotivas y otras son medio la nada misma. Y no hay un hilo conductor que las vincule, más allá de la voz del propio Montt que nos narra todo en primera persona, casi todo el tiempo mediante bloques de texto.
Me divertí, el dibujo y el color me encantaron, pero creo que Achiote me quedó debiendo: una historia más extensa y más ambiciosa, con una trama más elaborada; más diálogos (si leés los chistes de Montt sabés que es un maestro escribiendo diálogos); e incluso algo de guita, porque (de nuevo el mal endémico) el libro tiene muchísimas páginas desperdiciadas en carátulas, páginas en blanco, dedicatorias, agradecimientos y demás boludeces que no le aportan nada al que sólo quiere leer las historietas. Si no me cobraran por todas esas páginas de relleno, no me quejaría, pero el precio de los libros contempla TODA la edición, no sólo el contenido posta. Por eso me parece que tenemos derecho a exigirle a los editores más contenido y menos relleno.
Tengo leídos un par de libritos más, así que ni bien tenga un rato se vienen las reseñas.