el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 12 de noviembre de 2019

MARTES BRAVO

En medio de los estallidos en Chile, Bolivia y Haití, entre tanto sacudón informativo y polémica barata de redes sociales, me tomo un ratito para reseñar un par de libros que me terminé en estos días.
Empezamos en EEUU, año 2017, cuando se publica el primer TPB de Kill or be Killed, de los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Se trata de un thriller urbano actual, violento, despiadado, con un elemento sobrenatural no tan enfatizado, una bajada de línea socio-política también bastante camuflada, y una construcción de personajes absolutamente brillante, sin dudas el rubro en el que más brilla esta serie, por lo menos en el inicio.
No quiero contar mucho de la trama. Sí subrayar que lo más interesante que tiene es cómo maneja Brubaker un dilema moral que ya conocemos los lectores de Nexus y Death Note. El protagonista, básicamente un flaco común y corriente llamado Dylan, tiene que matar gente y para eso elige sus víctimas entre personas irredimibles, auténticos hijos de puta. De nuevo tenemos a un “héroe” que convierte en fiambres a escorias de la humanidad, y de nuevo nos preguntamos lo mismo que en Nexus o en Death Note: ¿cuál es el criterio, cómo se decide –entre tanta mierda- quién es lo suficientemente mierda como para poder hacerlo boleta a sangre fría, sin sentir el menor remordimiento? Ni el mecanismo de ejecución ni los criterios para elegir a quién asesina Dylan se parecen a los de Nexus o Death Note, pero básicamente Brubaker está hablando de lo mismo. De hecho, la sincronía con el manga de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba es tan notoria, que el personaje secundario más importante de Kill or be Killed se llama… Kira.
Una vez más, el zarpadísimo Sean Phillips se compenetra al 100% con el relato y nos ofrece una leve mutación en su grafismo, ahora con menos manchas negras, lo cual hace que se note un poco más cuándo dibuja posta y cuándo retoca fotos. La referencia fotográfica está muy, muy presente en estas páginas, seguramente para reforzar la sensación de que la historia que narra la dupla es actual, urbana y -en una de esas- hasta verosímil. La narrativa es ajustada, con muchísimo ritmo, con espacio para que cada tanto Phillips meta poquitas viñetas por página y deje el alma en cada una de ellas, y el trabajo de Elizabeth Breitweiser en el color es magnífico.
Kill or be Killed fue una serie corta, con sólo 20 episodios, y están todos reunidos en cuatro TPBs. No tengo los que le siguen a este Vol.1, así que no sé cuándo la voy a retomar, pero me dejó muy manija. Sí, acepto donaciones.
Vengo a Argentina, año 2019, cuando aparece el primer tomo de Los Prodigios, un nuevo intento de traer a nuestro país una historieta inequívocamente superheroica. Recomiendo repasar el texto que apareció en este espacio el 09/06/12, donde yo expongo por qué desconfío muchísimo de cualquier intento de transplantar esa temática 100% yanki a un país como el nuestro. Con eso en claro, debo decir que me sorprendió gratamente la forma en que el guionista Gastón Flores (ya vimos varios trabajos suyos acá en el blog) propone el siempre complicado transplante. Me gustó la decisión de arrancar con un grupo de superhéroes ya consolidado, me atrapó el contrapunto entre un personaje sumamente ingenuo (Laura/Aurea) y uno tremendamente cínico (Avefría) y me resultó atractivo cómo Flores deconstruye a un personaje que parecía muy pulenta (supongo) para reformularlo más adelante en modo villano. Todo esto con mucho ritmo, sin saturarnos con información, con bastante acción y con diálogos muy bien sintonizados al oído argento de hoy.
Lo que menos me cerró fue el villano, un monstruo genérico al que Flores no le interesa en lo más mínimo desarrollar. Había que hacer que los Prodigios lucharan contra algo, y bueno, en esta cantidad de páginas (64 sólo de historieta, más “documentación” y textos complementarios al estilo Watchmen) no hubo espacio para darle más bola a la amenaza. Tampoco para que se luzcan todos los integrantes del equipo, pero eso (de nuevo, supongo) sucederá en las entregas posteriores.
El dibujo de Sebastián Guidobono, muy flojito. Aceptable en los primeros planos (ahí algún distraído creerá que está leyendo un comic de Mariano Navarro) y muy precario cuando tiene que narrar “de lejos” y mostrar tomas panorámicas con los personajes de cuerpo entero. Ahí hay viñetas visualmente muy pobres, a las que por suerte levantan bastante los colores, también aplicados por Guidobono. Ojalá en la próxima entrega el dibujante logre superar aunque sea algunas de estas limitaciones.
Si sos fan del concepto de “superhéroes argentinos”, no tengo dudas de que Los Prodigios te va a cautivar, simplemente porque Gastón Flores hizo bien lo que unos cuantos suelen hacer mal.  

Y nada más. Hasta el 22 no me muevo de Buenos Aires, así que espero agarrar un buen ritmo de reseñas. Ah, sí, algo más: ya hay fecha para el festejo de los 10 años del blog. Sábado 28 de Diciembre a la tarde, en el subsuelo de Sector 2814 (Suipacha 892, ciudad de Buenos Aires). Ampliaremos.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

DOS Y A DORMIR

Estoy bastante cansado, con muchas ganas de irme a apolillar, pero estiro un poquito más la jornada del miércoles para reseñar un par de libritos que me bajé en estos días.
Arrancamos en 2006, cuando se publica en Francia una obra bastante extraña del maestro Manu Larcenet. Vida de Perros (una aventura rocambolesca de Sigmund Freud) parece un rejunte, un amalgam (para decirlo en términos comiqueros) entre dos ideas distintas, muy distintas, tan distintas que al fusionarlas en un único álbum, el autor descoloca incluso a los fans que lo seguimos a todas partes hace añares. Por un lado, tenemos la muy buena idea de mandar a Freud a recorrer los polvorientos desiertos de Estados Unidos, en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando en buena parte de ese territorio el salvajismo todavía se imponía por sobre la civilización. Larcenet se toma totalmente en joda la figura del Padre del Psicoanálisis y lo reduce a una caricatura sumamente idónea para la comedia y el humor. Su adláter, Igor, es un personaje simple, unidimensional, también pensado totalmente en función del aspecto humorístico del álbum. “Freud recorre el Salvaje Oeste y vive bizarras peripecias mientras busca un cowboy para psicoanalizar” es un pitch infalible, de innegable atractivo. Le tirás ese anzuelo a cualquier editor y pica seguro.
Pero hay más: Vida de Perros se llama así porque el protagonista no es Freud (ni Igor), sino un perro. Un perro que camina sobre sus patas traseras, manipula objetos como si tuviera manos, viste pantalones y habla, en vez de ladrar. Todo lo importante que pasa en este comic, desde la primera página hasta la anteúltima, le pasa a Spot, este perro antropomórfico que –sin ninguna explicación- se codea con los humanos como si fuera uno más de ellos. ¿Qué es esto? ¿Es una metáfora? ¿En realidad Larcenet está hablando de cómo eran tratados los negros en los EEUU del Siglo XIX y en vez puso a un perro en lugar de un negro? Es bastante probable.
Lo importante es que la trama principal (la de Spot) es hipnótica, potente y está repleta de acción y de momentos en los que Larcenet nos invita a la reflexión. Y los contrapuntos entre el sofisticado doctor Freud y los violentos habitantes de estos EEUU jóvenes y rudimentarios también están muy logrados. Faltaría (en una de esas) explicar un poco mejor a Spot, o reemplazarlo por un humano de raza negra. Y terminar de fusionar mejor la magnífica trama que lo tiene como eje central con las hilarantes desventuras de Freud y su asistente, que a veces interrumpen el hilo del relato con cierta torpeza, como un flato estridente en medio de una suite para violín y flauta traversa. El dibujo de Larcenet, brillante como siempre, con algunos puntos de contacto con el estilo de Lewis Trondheim y muchísimos hallazgos en la puesta en página. Si lo ves a un precio razonable, entrale sin dudarlo.
A principios de este año me tocó reseñar el Vol.1 de Ladrones y Mazmorras, el primer recopilatorio en nuestro idioma de Dungeons & Burglars, la historieta de Rodolfo Santullo y Jok que aparece cada semana en la revista digital británica Aces Weekly. Se ve que la edición argentina/uruguaya tuvo buena aceptación, porque ya está en mis manos el Vol.2, de nuevo con varias historias cortas ambientadas en un universo al estilo Dungeons & Dragons, con guerreros, hechiceros, ladrones, reyes, princesas, piratas, y sí, dragones. El toque de distinción, que convierte a Ladrones y Mazmorras en una obra tan atípica como adictiva, es que todo esto está tomado para la chacota.
Santullo subvierte este clásico género de la aventura para brindarnos un festival farsesco, jocoso, por momentos irónico, por el que desfilan personajes entre inescrupulosos y entrañables, muy bien delineados. Esta vez hay aventuras un poco más largas, resueltas en dos episodios de 11 páginas, y otras más breves, donde todo se resuelve en la página 11. Me gustaron mucho una de las más largas (El Estandarte) y una de las más cortas (Un Trabajo Simple), dos historietas que –me parece- le hubiese gustado escribir a Carlos Trillo. Y las demás no están nada mal, eh? Todas tienen buen ritmo, diálogos graciosos, situaciones que le escapan al control de los personajes, buenos giros argumentales… Y por supuesto en todas se luce a full el dibujo de un Jok inspiradísimo, dispuesto a dejar la piel en cada viñeta y a tirar magias dignas de Quique Alcatena, Enrique Breccia o Mike Mignola en los fondos, las criaturas, la indumentaria y hasta en las expresiones faciales de los muchos y muy atractivos personajes. Un verdadero deleite para los ojos de cualquier fan del claroscuro.
Lo único que tengo para criticar es la cantidad de páginas del libro que NO ofrecen historietas y se despilfarran entre carátulas, separadores y páginas 100% en blanco, como si no hubiese más historietas de esta serie para traducir al castellano, o como si esas páginas (vacías como los negocios de la Avenida Córdoba en tiempos de debacle neoliberal) no encarecieran el precio que terminamos pagando por el libro. El resto, todo muy, muy disfrutable. Ojalá tengamos todos los años una dosis de Ladrones y Mazmorras… y más historietas de Santullo y Jok, ¿por qué no?

Gracias por el aguante y nos encontramos este viernes, sábado y domingo en la San Luis Comic Con.

lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑAS DE LUNES

Retomo las reseñas, ahora en la cuenta regresiva rumbo a la San Luis Comic Con, donde voy a estar este viernes, sábado y domingo junto a una cantidad inverosímil de artistas de primer nivel.
Tenía pendiente el Vol.2 de Spinnerette, ese comic que tuvo bastante éxito en la web y en Argentina se publicó en libro a través de OVNI. El principal cambio respecto del Vol.1 (ver reseña del 24/10/19) está en el dibujo, porque apenas empezado este tomo, Rocío Zucchi reemplaza a Walter Gómez al frente de lápices y tintas. La impronta de Zucchi es menos grotesca que la de Gómez, logra un equilibrio más sutil entre rasgos superficiales que nos remiten al shonen y una narrativa típica de comic de superhéroes, y además se va menos al carajo a la hora de dibujar la anatomía de las mujeres, las sexualiza un poco menos. Indagando un poco más, logré confirmar que esto que acá vemos impreso en blanco, negro y grises originalmente se publicó a todo color, y que la tarea de colorear el comic recayó en el siempre eficaz Exequiel Fernández Roel, que en el libro aparece acreditado como “Grises”. En realidad, alguien de OVNI se encargó de “traducir” a grises las páginas coloreadas por Exequiel, con resultados no del todo satisfactorios. Por momentos, todas esas tonalidades de gris crean un “efecto empaste” que desluce un poco el dibujo fresco, dinámico y a la vez muy detallado de Zucchi.
Y el guión… lamentablemente es tan flojito como el del Vol.1. El amigo Krazy Krow (oriundo de Corea del Sur) descuida bastante el tono de comedia que había logrado en el inicio de la serie, que ahora vira rápidamente hacia una machaca violenta, oscura y peligrosa contra un villano muy hijo de puta (oh, casualidad, nacido en Corea del Norte), como si pasaras de leer… Moon Girl & Devil Dinosaur a leer Punisher, así, de un sacudón. La trama romántica tampoco tiene peso, y de hecho el propio personaje protagonista se diluye un poco, ya que Krazy Krow abre mucho el juego a los compañeros y enemigos de Spinnerette. Posta, no hay mucho más por afuera de la batalla contra el maligno Coronel Glass. La vez pasada no lo mencioné, pero la traducción está a cargo de Mauro Mantella, quien se ganó mi respeto y admiración… como guionista. La traducción, en cambio, tiene varias inconsistencias y una cantidad alarmante de frases que suenan muy mal al oído argentino, algo que se resuelve con el simple ejercicio de leer los diálogos en voz alta. Esperaba mucho más de Mantella, sinceramente.
Tengo entendido que hay más episodios de Spinnerette dando vueltas por la web, pero a) OVNI no los publicó y b) la serie no me enganchó como para ponerme a buscarlos. Así que hasta acá llego con este personaje. Ojalá alguien (OVNI, Ivrea, Magoya) publique pronto algún comic dibujado por Rocío Zucchi con un guión sólido y copado. Me resisto a ver a esta talentosa autora desperdiciando su talento en proyectos tan poco trascendentes como este.  
Y cierro con un lanzamiento reciente, Héroes en el Aula, una historieta para chicos escrita por David Rodríguez (Deivid, para los amigos) y dibujada por Aleta Vidal. Es una historia breve (48 páginas) donde Deivid trata de contar una historia entretenida y de delinear con onda y cariño a los… ocho personajes protagónicos. Y no, lamentablemente no le alcanzan las páginas para todo eso. Sobre todo porque, por encima de la trama, Héroes en el Aula se juega entera al mensaje que quiere transmitir: un mensaje relevante, sumamente positivo, en contra del bullying y la discriminación en las escuelas. Deivid cumple con creces la misión de bajar esta línea, pero –para mi gusto- no llega a complementarla con una historia tan potente como el mensaje y los valores que transmite. Seguramente los chicos menores de 11 ó 12 años que compren el libro no van a tener las objeciones que tengo yo a la hora de engancharme con lo que narra Deivid, y lo van a disfrutar muchísimo y hasta se van a sentir identificados con mucho de lo que pasa en estas páginas.
Al margen de esto, Héroes en el Aula tiene su principal atractivo en el dibujo de Aleta Vidal, que acá entrega el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera. Desde la planificación de la página hasta el color, toda la faz gráfica de este comic es espectacular. La línea sintética y amistosa, el diseño de los personajes, la composición de los cuadros, las expresiones faciales, el lenguaje corporal de los chicos, los fondos, la acción. Se nota el compromiso, la pasión, la onda que le puso Aleta a cada viñeta, a cada secuencia. Imposible hojear este librito sin sentir la necesidad imperiosa de atesorarlo por siempre. No tengo dudas de que el año que viene más de una maestra de escuela primaria le va a pedir a todos sus alumnos que lean, estudien y debatan en clase Héroes en el Aula.
Y nada más, por hoy. Tengo por delante unos días medio enkilombados, así que no sé si llegaré a postear en el blog antes del viaje a San Luis. Vamos a intentarlo, obvio, pero puede fallar.

Ah, otra cosa: nadie respondió nada acerca de la posibilidad de festejar con un evento los 10 años del blog. ¿Qué onda? ¿Armamos algo, o no hay quorum?

viernes, 1 de noviembre de 2019

OTRA VEZ NOVIEMBRE

Una vez más arranca un mes que me gusta mucho, no sólo por el clima, sino porque se me suelen acumular muchos eventos y casi todos me llevan de viaje por distintos lugares del país o el continente. Esta noche, sin ir más lejos, estoy con todas las ganas de salir, pero me tengo que ir a dormir temprano para estar mañana al mediodía en la Pergamino Comicon. Aprovecho, entonces, para postear las reseñas de los últimos libritos que leí.
Hace no mucho, el 11/06/19, me despedía del Moon Knight de Brian Wood y Greg Smallwood con la promesa de reencontrarme con el personaje y el dibujante en la etapa donde los guiones van a manos del siempre sorprendente Jeff Lemire. Y acá estoy, con este TPB de 2016 en el que el guionista canadiense le pega otra vuelta de tuerca, extrema, de altísimo impacto, al justiciero creado en los ´70 por Doug Moench. Si hasta acá guionistas como Brian Michael Bendis, Warren Ellis o el propio Wood venían coqueteando con la posibilidad de que a Moon Knight le faltaran un par de jugadores, Lemire lleva esa idea al carajo y más allá. En esta saga (coherentemente titulada “Lunatic”), Marc Spector no es un héroe, ni un justiciero urbano, ni nada. Es un demente internado en un manicomio, en el que además están… ¡los cuatro personajes secundarios más importantes de la etapa de Moench!
Son 100 páginas llenas de sacudones impredecibles, todo el tiempo sobre la delgada cornisa que separa la cordura de la demencia, con Khonshu dejando cáscaras de banana en la cornisa, como para que no falten oportunidades de ver a Moon Knight derrapar hacia el abismo. Lemire trabaja durísimo para que vos no le creas a nadie: ni a los buenos, ni a los malos, ni a los psiquiatras, ni a personajes que cambian de alineación más de una vez durante la saguita. Esto es rarísimo: un comic de acción, con piñas y persecuciones, con climas opresivos, agobiantes, pesadillas, alucinaciones, drogas, electroshocks y varias versiones contradictorias de los mismos hechos. La deconstrucción más bestial de un personaje clásico que recuerdo haber leído en mucho, mucho tiempo.
Y el dibujo de Greg Smallwood es devastador. Casi todo está dibujado en un estilo que combina la estética dura, potente, oscura de Sean Phillips y Shawn Martinbrough con la elegancia y la plasticidad de García López. Una gloria absoluta. Pero además, en los flashbacks y las secuencias oníricas el dibujante cambia el estilo y prueba con cosas loquísimas, entre ellas homenajes al trazo de Bill Sienkiewicz, el dibujante que hiciera levantar vuelo a Moon Knight a principios de los ´80. El color de Jordie Bellaire también es magnífico, y por suerte tengo un TPB más de estos mismos autores para leer pronto.
Allá por el 26/03/11, después de leer La Ciudad de los Puentes Obsoletos, me quedé a la espera de una nueva novela de Federico Pazos en la que –en una de esas- el autor lograra combinar su descomunal talento para el dibujo, el color y el armado de las secuencias con un guión fuerte, sólido, 100% convincente. Y esperé, y esperé, y esperé, y finalmente se publicó La Resaca y ¿con qué me encontré? Con otras 120 páginas dibujadas a un nivel inhumano, con cuatro estilos distintos, mil variantes brillantes en la puesta en página, un manejo del color demasiado perfecto para ser real, mucho, muchísimo más texto que en Los Puentes Obsoletos… y de nuevo, un guión que no me terminó de cerrar.
La Resaca tiene algunos momentos absolutamente geniales. Toda la secuencia del pirata y toda la del viejo mal llevado son páginas y páginas fascinantes, muy bien escritas, repletas de hallazgos en la narrativa. Todo el tiempo (en estas secuencias y en las otras) te preguntás ¿a dónde va todo esto?, ¿cómo enganchan las cuatro historias? ¿son realmente historias, o son larguísimas escenas de gente que habla o piensa? Y sí, todas esas escenas aparentemente inconexas, todos esos diálogos interminables (algunos muy graciosos, otros muy introspectivos) van hacia un lugar. Y no, no son exactamente historias. Son… situaciones, pongamoslé. Ni siquiera situaciones límite, de esas que los autores suelen usar para definir rápidamente a los personajes. Estos personajes se definen de a poco, haciendo y diciendo boludeces, cosas de todos los días… Filosofan, cuentan anécdotas, algunos casi no se mueven. Entonces entra en escena la magia de Pazos para imaginar metáforas visuales zarpadísimas, como para no dibujar 120 páginas de tipitos conversando. Y ahí es donde La Resaca te lleva puesto y te estrola contra la pared.
De nuevo, el guión me generó unos cuantos “peros”. Y de nuevo, todo el aspecto visual de la obra, desde la portada hasta la tipografía de los textos, me lleva a pensar que Fede Pazos es un Genio del Noveno Arte, un creador de climas, universos y personajes que no intersectan fácilmente ni con la aventura ni con los otros géneros clásicos, pero que te seducen, te incluyen, te emocionan y te dejan pensando. Demasiada belleza para 120 páginas, en serio.

Y nada más, por ahora. Ah, el miércoles a las 19hs voy a estar en la Casa de la Cultura de Vicente López, como moderador de un panel de guionistas. La entrada es gratis y los guionistas son capos, así que si están al pedo, vengan. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 29 de octubre de 2019

AHORA SI, EL ALIVIO

Bueno, respiremos aliviados. El 10 de Diciembre se termina la pesadilla neoliberal y empieza (una vez más) la reconstrucción del país que estos garcas nos dejan en ruinas cada vez que gobiernan. Mientras tanto, sigo avanzando con las lecturas.
Retomo después de un paréntesis la lectura de Oyasumi Punpun, el manga del maestro Inio Asano, y me encuentro con un Vol.6 que me resultó –hasta ahora- el más flojo de la serie. No me refiero al dibujo, obviamente, que sigue a un nivel impensable para cualquier otro mangaka. Lo que hacen el sensei Asano y su ejército de asistentes en Oyasumi Punpun está totalmente fuera de escala, no se condice ni a palos con el hecho de estar produciendo un manga que se serializa dentro de una antología semanal.
Mi problema, en todo caso, es con el guión. Oyasumi Punpun no es una serie fácil. Es una serie de vínculos, donde quizás las tramas no sean tan importantes como el viaje interno, la exploración que hace Asano de la mente de los personajes. Es un comic de hondo contenido psicológico, que no llega a ser existencialista, pero casi. Llevar adelante algo así a lo largo de 13 tomos (seis años y medio de producción del autor y su equipo) es una ordalía, una epopeya tremenda, donde –lógicamente- se puede trastabillar.
Este tomo se resume en una sola frase: Asano decide matar a la mamá de Punpun, y para que eso tenga más sentido (o más impacto) dedica buena parte de estas 200 páginas a darle profundidad y espesor a un personaje que hasta ahora había aportado muy poco a la trama. Y la verdad es que, si bien se esfuerza, el arco dramático centrado en la señora Onodera me enganchó poco y nada. Para fijar el foco en este personaje, Asano le da cero pelota a Yuichi Onodera, el tío de Punpun, al que había convertido en un personajón, capaz de eclipsar al protagonista en extensos tramos de la obra. Nada por aquí, nada por allá para los fans de Yuichi, como si nunca hubiese sido parte del elenco de este manga.
¿Y Punpun, qué onda? Asano le guarda un par de escenas copadas a nuestro borrego favorito, algunas realmente muy lindas, pero ninguna demasiado crucial para el desarollo del argumento. Y al final del tomo, la serie pega otro salto de ¡dos años! Muy zarpado. Veremos cómo sigue esta extraña exploración de los sueños, las fantasías, las frustraciones y los traumas de estas criaturas de papel y tinta que la magia de Inio Asano nos hace sentir tan pero tan reales.
Este año se publicó en Argentina el segundo libro de Norton Gutiérrez, el aventurero uruguayo creado por el gran Juan Sáenz Valiente (la reseña del tomo anterior salió el 28/03/18). Norton Gutiérrez y el Experimento del Profesor Maglione es una lectura más sencilla, menos compleja que su antecesor. Esta es una aventura de palo-y-palo bien clásica (básicamente es una aventura de Spirou, Fantasio y el Conde de Champignac con otros personajes), sin subtextos ni matices más elaborados. Un gorila asesino parece estar bajo el control de un científico, el experimento falla, el gorila se descontrola (por ahí viendo los resultados electorales de la Provincia de Buenos Aires) y empieza la lucha de Norton Gutiérrez y sus amigos por sobrevivir a un torbellino de violencia, destrucción y muerte. Y tal como te imaginás, los tres personajes creados por Sáenz Valiente en el tomo anterior llegan vivos al final de este.
El Experimento del Profesor Maglione no tiene subplots, no tiene desarrollo de personajes y tiene muchos menos chistes que El Collar de Emma Tzampak. Si no nos resulta oscura ni perturbadora, es porque el grafismo y el color de Sáenz Valiente (esa línea clara prolijísima, esos personajes redonditos y amistosos, y esa paleta de asombrosa sobriedad) van para el lado contrario con muchísima fuerza. La narrativa es… ufff! Apabullante. No da respiro nunca. Las secuencias tienen un dinamismo muy difícil de lograr cuando planteás la página en grillas tan clásicas, un combo rarísimo que requiere un enorme talento y un estudio minucioso de la obra de maestros como Hergé y André Franquin.
Recomiendo este álbum de Norton Gutiérrez sobre todo por esos rubros: el dibujo y la narrativa. Ahí es donde realmente Juan Sáenz Valiente revalida sus credenciales de autor de la San Puta, de primer nivel mundial. El guión, sin ser choto ni mucho menos, me resultó un poco desbordado de violencia para los lectores más chicos y un poco simplista para los lectores adultos.    

Gracias por el aguante y vuelvo pronto con nuevas reseñas. Este finde voy a estar en el Museo Municipal de la ciudad de Pergamino, participando como siempre en la copadísima Pergamino Comicon. Los que quieran acercarse a saludar, a conocer a los autores grossos que van a estar de invitados, o a comprar buenos comics a precios hiper-accesibles, no se lo pierdan.

domingo, 27 de octubre de 2019

MAS TAPAS GRISES

Casualmente los dos libritos que tengo leídos tienen portadas sin color, resueltas con blanco, negro y grises. Y la de Ryuko (reseñada el último jueves) también. No es lo más común leer uno atrás del otro tres comics con tapas grises, por eso me llamó tanto la atención la coincidencia.
Empiezo con Puertadeluz, una novela gráfica de 2017 del maestro español Luis Bustos, quien –me da la sensación- no tiene muchos fans de este lado del Atlántico.
Puertadeluz es un thriller tremendo, de asfixiante intensidad, sutilmente decorado con una aguda bajada de línea socio-política. Es difícil contar algo del argumento sin spoilear, por eso voy a ser muy breve. Bustos nos ofrece 120 páginas de tensión, suspenso y estallidos de violencia pensados para estremecernos de punta a punta, y todo eso está muy bien. La construcción de los protagonistas (Antonio y su hija Alicia) también está muy lograda, la irrupción de ciertos elementos de ciencia-ficción no deslucen para nada una trama cuyo principal atractivo es que se siente muy cercana… Entonces, ¿qué fue lo que no me cerró de Puertadeluz, como para no ponerla al (magnífico) nivel de las otras obras de Bustos que leí en los últimos años? Me parece que esta vez se nota demasiado que la gran mayoría de los recursos narrativos que pone en juego el autor (que son muchos y muy efectivos) tienen como principal objetivo estirar, desplegar en 120 páginas una historia que –sin ninguna duda- se podía contar en 48.
Por supuesto, muchos de esos recursos contribuyen también a crear ese clima espeso, jodido como enema de chimichurri, que tanto contribuye al disfrute de la obra. Y además la estirada nos permite contemplar en todo su esplendor el dibujo de Bustos, que es extraordinario. Su manejo de la secuencia, de la aplicación de los grises, esas manchas, esos esfumados, esos fondos demoledores (con la referencia fotográfica perfectamente integrada al grafismo del autor), las expresiones faciales, la acción… Todos esos aciertos que ya habíamos visto (por ejemplo) en los dos tomos de ¡García!, acá aparecen otra vez, con su potencia expresiva intacta.
Y bueno, tengo un buen guión, buenos personajes y un dibujo de la recontra San Puta. ¿Me puedo quejar de la desmedida extensión de la obra? Obviamente sí, pero eso no es óbice para recomendar Puertadeluz a los fans de Bustos, de la buena historieta española o de los thrillers a todo a nada, que no te dejan respirar hasta que no llegás a la última viñeta.
Me vengo a Argentina, a 2019, cuando el sello OK Ediciones (capitaneado por el matrimonio de Rocío Ogñenovich y Sebastián Koziner) lanza el primer tomo de Crónicas de Ciudad Estrella, escrito y dibujado por Rocío. A lo largo de 60 páginas, el comic nos introduce en una ciudad en la que co-existen los elfos, las hadas y los hechiceros, pero todo visto desde los ojos de un inspector de homicidios común y corriente, que debe investigar un crimen siguiendo el típico procedimiento policial. La idea está buena y de hecho, las primeras 40 páginas se me hicieron bastante llevaderas a pesar de que hay varios momentos en los que Ogñenovich se zarpa con la cantidad de texto que mete en cada página. Para el último tercio, cuando queda bastante claro quién es el asesino, el guión perdió rápidamente mi interés, y me costó terminar el librito. La extensión de los bloques de texto le jugó en contra, los diálogos tienen alguna falta de ortografía y muchas frases que no me sonaron bien al oído, y la tipografía tampoco me sedujo en lo más mínimo. O sea que lo único que me mantenía enganchado era la trama, y cuando esta se hizo obvia, mi conexión con el relato de Ogñenovich se desvaneció.
El dibujo, por su parte, evidencia unas cuantas limitaciones. Desde la obvia repetición de los enfoques, hasta los problemas que tiene Ogñenovich en la anatomía cuando tiene que mostrar a la figura humana vista de lejos. La buena intención de complementar un claroscuro fuerte con grises aplicados en el photoshop se desvirtúa un poco cuando –además de los grises- empiezan a aparecer un montón de efectos (brillos, degradés, texturas locas atrás de los personajes) que sobrecargan de información a las viñetas y no llegan a ocultar el hecho de que los fondos escasean bastante y, cuando aparecen, no están muy logrados.
Sin dudas hay mucho para mejorar, tanto a nivel guión como a nivel dibujo, para que Crónicas de Ciudad Estrella emerja como una opción atractiva dentro del panorama actual de la historieta argentina. Veremos con qué me encuentro cuando salga el Vol.2… o incluso mucho antes, porque tengo para leer pronto otro trabajo de Rocío Ogñenovich.

Gracias por estar ahí, festejemos juntos y en paz el fin de la mentira amarilla, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 24 de octubre de 2019

NOCHE DE JUEVES

Linda noche para salir a atorrantear por ahí pero me toca clavar el culo en la silla y avanzar con las reseñas del material que leí en estos últimos días.
Le sigo metiendo los cuernos a Oyasumi Pun Pun con otros mangas, en este caso con el primer tomo de Ryuko, una obra del fotógrafo, escultor, artista plástico y mangaka Eldo Yoshimizu, publicada en nuestro país por el sello Buen Gusto. Lamentablemente el libro no aclara de qué año es Ryuko. Una pena, porque sería un dato interesante para el análisis del manga.
Manga que, por otra parte, se lee muy, muy rápido. Yoshimizu narra a un ritmo tremendamente descomprimido, con pocas viñetas por página, muchas de ellas (páginas enteras) dedicadas a contar acciones o diálogos mínimos. Este es apenas el primero de cuatro tomos y en este primer tramo realmente pasa muy poco. Tenemos una buena presentación de personajes, para el último tercio se empieza a definir el conflicto más fuerte, el que (creo yo) va a motorizar la trama principal de la obra, y no hay mucho más, a nivel del argumento.
A nivel del relato gráfico, por momentos lo de Yoshimizu se hace un poco confuso, se nota que es un artista del mega-carajo que no está acostumbrado a contar historias con su dibujo. Y el dibujo es una bola de fuego del tamaño de un planetoide, una masa compacta, incandescente, que se lleva puesto todo. ¿Te acordás de esas obras de Osamu Tezuka de los años ´70, donde por momentos se zarpaba y se volvía expresionista? Bueno, eso multiplicalo por 1000 y metele varios kilos de merca y varios litros de LSD. Yoshimizu se va literalmente al carajo, te envuelve en una vorágine visual absolutamente infrecuente, en la que las texturas, las manchas, las líneas cinéticas y los grisados explotan en una orgía salvaje. Por debajo de todo ese estallido visual hay un dibujo muy clásico, con chicas idénticas a las que dibujaba Tezuka en los ´70 y muchachones más cercanos a los de un Tetsuo Hara, ponele. Pero todo arrebatado, todo llevado al extremo por un dibujante que hace del impacto su carta de presentación y su principal recurso discursivo.
Por ahora, Ryuko me detonó las retinas mucho más de lo que me cautivó a nivel guión. Veremos cómo sigue esta violentísima historia de runflas, traiciones y crímenes entre gangsters y femme fatales. Y qué bestia Eldo Yoshimizu, por Diossssss…
También este año, tuvimos la edición argentina de Spinnerette, un comic creado para la web por un tal Krazy Krow, junto a nuestro compatriota Walter Gómez, que no es el mismo Wally Gómez al que yo conocía como dibujante, colorista y editor. Son dos tomos, de los que acabo de leer el primero.
La serie es una comedia protagonizada por una chica que recibe poderes arácnidos y decide convertirse en superheroína, en la ciudad de Columbus, Ohio. La verdad, no em resultó muy interesante. Krazy Krow mete un montón de chistes y situaciones supuestamente cómicas que surgen desde el momento en que Heather Brown adopta la identidad heroica de Spinnerette, apoyadas en la inexperiencia, la ingenuidad y en un punto la irresponsabilidad de esta chica. Varios de esos chistes son efectivamente cómicos y otros no. Y no hay mucho más. Las aventuras en sí son anodinas, pavotas, con menos posibilidades de convencer a un fan curtido en materia de superhéroes que Gómez Centurión de llegar al ballotage. Recién en el último episodio aparece un subplot mínimamente interesante (el de la familia de Tiger) y el resto pendula entre una comedia blandita y tramas más aventureras que dejan sabor a refrito barato de un montón de comics mucho mejores.
El dibujo, en cambio, me gustó bastante más. Es un dibujante argentino que arma la página y mueve la cámara como un dibujante de mainstream yanki, y además reproduce todos los yeites de los dibujantes de mainstream japonés. En la superficie, Spinnerette quiere parecerse a un manga (supongo que por cuestiones de marketing) y le sale muy bien. Al igual que en StarCraft: Ghost Academy, acá lo tenemos a Gonzalo Duarte asistiendo a Walter Gómez en la aplicación de los grisados, que son un punto alto en la faz gráfica de la obra.
Tengo también el Vol.2, y lo voy a leer por una cuestión casi protocolar, y porque tengo entendido que cambia de dibujante. No crean que le voy a entrar con altas expectativas porque -habiendo leído el Vol.1- ya sé que lo que puedo esperar de Spinnerette es más bien poco. Pero bueno, esto es un sacerdocio…
Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.


martes, 22 de octubre de 2019

MARTES PRIMAVERAL

Ya no falta nada para las elecciones… y vos sabés lo que tenés que hacer el domingo. No te lo tengo que explicar yo.
Lo mío hoy es avanzar con las reseñas del material que voy leyendo, y para eso empiezo con el Vol.1 de Black Panther de Ta-Nehisi Coates y Brian Stelfreeze, un recopilatorio bastante ladri, porque (en parte debido al gran éxito que tuvo esta serie cuando se empezó a publicar en revistitas) incluye sólo cuatro episodios. El resto del TPB tiene bocetos, infinitas portadas alternativas, una cronología con las historias más relevantes del personaje y la enésima reedición de la clásica Fantastic Four nº52, aquella aventura de 1966 en la que Stan Lee y Jack Kirby nos narraban el primer encuentro entre T´Challa y el cuarteto liderado por Reed Richards.
Pero vamos a lo importante, que son esas 82 páginas de historieta con las que empieza la saga titulada A Nation Under Our Feet. La idea de Coates me pareció atractiva: más política, más intriga palaciega, mucho énfasis en la faceta más africana de Wakanda, la sana intención de meter menos machaca, menos ciencia-ficción y más profundidad filosófica en los conflictos, junto a un desarrollo en serio de personajes hasta ahora apenas explorados por los guionistas que lo precedieron. El problema es cómo está presentado todo esto: Coates pone a cocinar una trama a fuego lento, muy lento, de modo que en cada episodio no pasa prácticamente nada. La aventura es mínima, marginal, y el núcleo de la historia se ve sepultada bajo toneladas de diálogos muy protocolares, mezcladas con escenas de corte místico, donde Coates también apunta a subrayar el clima ominoso, el “se va todo a la mierda”, pero de modo bastante aburrido. T´Challa casi no entra en acción, Shuri está en una especie de limbo entre la muerte y la resurrección, la identidad del villano se nos revela dos páginas antes del final y sinceramente ninguno de los personajes a los que Coates trata de potenciar me impactó o me conmovió como aquel Everett K. Ross que nos regaló Christopher Priest cuando se hizo cargo de las aventuras del monarca de Wakanda.
Supongo que si alguna vez veo barato el Vol.2 me lo voy a comprar, para ver cómo sigue la historia. Como dije, la impronta política me llamó mucho la atención y (si bien por ahora no está bien integrada al ritmo que uno espera cuando compra un comic de chabones musculosos enmascarados) es un condimento muy notable que distingue bastante a esta serie del grueso de los títulos del mainstream. Además el dibujo de Stelfreeze está buenísimo, bien afilado, vigoroso, dinámico, potenciado al mango por la magia cromática de Laura Martin. Y lo más importante: soy fan hace mil años de Black Panther, mucho antes de que una peli de Hollywood lo elevara al status icónico del que goza hoy. Así que a Wakanda también, en algún momento vamos a volver.
Salto a Argentina, 2019, para leer Hank Folder, la primera colaboración entre el guionista Rodrigo Canessa y el dibujante Matías Chenzo, a quien ya nos cruzamos un par de veces en reseñas anteriores. Me encontré con un thriller bastante violento, enroscado, complejo, y a la vez lineal y de fácil comprensión. A lo largo de 64 páginas, Canessa urde una trama de misterio, apoyada en varios personajes bastante extraños que no se calienta mucho por explicar ni desarrollar. La acción se lleva puesta a la introspección, y la verdad es que no importa mucho que no sepamos casi nada acerca de los protagonistas a la hora de engancharnos con la aventura.
A fuerza de revelaciones shockeantes y momentos de alto impacto, el guión avanza hacia un final bastante distinto al que yo imaginaba, que además está muy bien. Los diálogos están muy cuidados, el relato no está ni apretado ni estirado y quizás la única falencia sea la que ya mencioné: el poco desarrollo para este pobre tipo al que le pasa de todo, pero del que no sabemos casi nada. No quiero explicitar mucho el argumento, porque es una edición bastante reciente y prefiero que los interesados descubran la historia de Hank Folder de la mano de Rodrigo Canessa, no de un gil que reseña historietas en un blog.
El dibujo de Chenzo es muy bueno, muy versátil, muy expresivo, muy bien acoplado al guión, muy puesto al servicio de la narración. Para mi gusto, le sobran un par de técnicas de entintado. Yo le hubiese jugado todo al claroscuro, o todo a los grises aplicados con aguadas, incluso a riesgo de parecer un clon de Marcos Vergara. Las dos cosas al mismo tiempo (y además esos crosshatchings y rayones con el plumín que aparecen cada tanto y embarran un poco la cancha) por ahí no me copa tanto. Pero a grandes rasgos el apartado gráfico es muy competente, con momentos realmente muy logrados. La portada, sin ir más lejos, es espectacular.
Tengo entendido que el librito fue editado por los propios autores con una tirada muy baja. Atenti, entonces los responsables de las otras editoriales, que ni bien se agote esa primera tirada estaría muy piola rescatar a Hank Folder y volverla a editar en alguno de los sellos que ya están apostando por los autores jóvenes que están renovando la historieta argentina a fuerza de imaginación, huevos y calidad.

Hasta acá llegamos hoy, y como siempre, nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 19 de octubre de 2019

DOS DE SABADO

Por fin tengo un rato para sentarme a escribir reseñas…
Este año se publicó en Argentina la novela gráfica que revisita la biografía de Jean-Paul Sartre, un ambicioso trabajo de Mathilde Ramadier y Anaïs Depommier originalmente publicado en Francia en 2015. A lo largo de unas 130 páginas, las autoras narran la vida de uno de los pensadores cuyas ideas le dieron forma al Siglo XX, desde su infancia hasta 1964. Ahí el relato se interrumpe y el tramo restante (que llega hasta el fallecimiento de Sartre, en 1980) se sintetiza en una páginas de texto. ¿Qué pasó ahí? ¿Se quedaron sin nafta? Ni idea.
Hasta ese punto, tenemos una historia… bastante aburrida. Me acuerdo que hace un par de años (el 14/04/17) me tocó leer la biografía de José Ortega y Gasset narrada por Alejandro Farías y Hurón… y me parece que aquella vez los autores se las ingeniaron para que la vida y el pensamiento de este filósofo llegaran a la historieta con un poco más de onda. Ramadier y Depommier, en cambio, le ponen todas las fichas a la construcción de los personajes (Sartre y su eterna compañera, Simone de Beauvoir) y un par de fichas (no todas) a la reconstrucción de las distintas épocas por las que transita la novela. Y hasta ahí llegan. No se ven riesgos ni decisiones interesantes en la estructura del relato, no hay una mínima picardía para clavar un flashback, una secuencia onírica, para romper un cachito la diégesis… No te pido aventuras, piñas, tiros… ni siquiera escenas de sexo explícito. Pero me da la sensación de que esta misma sucesión de hechos se podía narrar de un modo más “historietístico” sin renunciar al carácter documental que se supone que tiene que tener una biografía.
Anaïs Depommier sale bastante bien parada del desafío de dibujar páginas y páginas de gente que habla, piensa, escribe o viaja, sin aburrir demasiado al lector. Vistas de lejos, sus páginas parecen obra del maestro André Juillard. El dibujo, la puesta en página, la composición de las viñetas… todos elementos que me remitieron de inmediato a ilustre dibujante de Las Siete Vidas del Gavilán. Cuando las ves de cerca, aparecen en Depommier mínimas imperfecciones (que rompen con la frialdad absoluta del dibujo de Juillard) y cierta intención caricaturesca a la hora de dibujar al protagonista. Un muy buen trabajo en rostros, expresiones corporales, fondos, ropas y vehículos de distintas décadas del siglo pasado… Lo único que no me copó fue el color, muy virado a unas tonalidades verdosas y ocres. Ahí sí que Depommier se despega fuerte de Juillard, casi un barrabrava de los cielos bien azules, las capas bien rojas… En Sartre hay poco rojo y casi nada de azul.
La edición argentina es muy buena, la traducción está argentinizada y si te interesa entrar al mundo del filósofo y escritor que definió el existencialismo sin pasar por sus voluminosos textos, esta versión de la vida de Sartre seguramente te va a resultar atractiva, a pesar de que en términos comiqueros me resultó muy pecho frío.
Salto a 2018, a EEUU. Ahí me encuentro con una rareza: un álbum de Spy Seal, de Rich Tomasso, editado por Image y con una estética que –ya desde la portada- imita milimétricamente a la de Las Aventuras de Tintín. De todos los recursos que caracterizaron a la seminal serie de Hergé, el único que no utiliza Tomasso es el de dividir las páginas en cuatro tiras: The Corten-Steel Phoenix tienen todas sus páginas divididas en tres. Fuera de eso, esto es una novela de espionaje MUY al estilo Hergé.
Hay viajes a lugares exóticos, escapes imposibles, misterios atrapantes, humor verbal y físico, diálogos extensos combinados con escenas mudas, secuencias oníricas, fondos muy trabajados que contrastan con figuras más simples… Obviamente desde la portada Tomasso agrega un elemento más, que es el de un mundo donde las personas tienen cabezas de animales, como en Blacksad y tantos otros comics. Y además, Malcolm (el protagonista) no tiene 15 ni 16 años, sino unos cuantos más, con lo cual hay un mínimo coqueteo con el tema sexo, que a Hergé no se le hubiese ocurrido jamás incorporar a una aventura de Tintín.
¿Qué le falta a The Corten-Steel Phoenix? Poquito. Un toque más de originalidad y quizás darle un poco más de carnadura a los villanos. Entiendo que es la historia de Malcolm, de su pasaje de Juan Carlos Nadie a temible operario del recontra-espionaje, pero por ahí desarrollar un poco más a los malos le habría dado mayor espesor a los conflictos que motorizan la trama. El resto, todo muy entretenido, muy dinámico, con algunas escenas muy lindas, una mínima bajada de línea, diálogos copados, buen equilibrio entre peripecias al palo y momentos más distendidos o de comedia… Gran trabajo de este autor de New Jersey que abrazó la línea clara más clásica con la pasión y la entrega de un belga o un holandés. Lo más probable es que la próxima vez que se me cruce un comic de Tomasso a un precio razonable me abalance sobre él, a ver con qué me sorprende esta vez.

Nada más por hoy. Gracias por el aguante, nos reencontramos pronto y atenti, que ya estamos avanzando rumbo a un mini-evento con el que vamos a celebrar (si se copan) los 10 años de este blog. Ampliaremos en un par de semanas.

martes, 15 de octubre de 2019

EL DIA Y LA NOCHE

Hoy tengo para reseñar dos libros creados con sólo un año de diferencia, tan distintos entre sí que sirven para ejemplificar con una elocuencia contundente lo diverso y variado que es el mundo del comic.
En 2015, cuando se cumplían los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, se publicó en Japón el libro que luego ECC España lanzaría en 2017 con el nombre de Trágica Derrota. Es un recopilatorio con seis historietas en blanco y negro, íntegramente realizadas por Nozoe Nobuhisa. El mangaka crea estas historias en base a testimonios de hombres y mujeres que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, o sea que -70 años después de la misma- tienen todos más de 85 ó 90 años. Nobuhisa toma los recuerdos de estos viejitos y viejitas para darle forma a historias muy humanas, que nos invitan a ver el lado menos épico de la contienda, a revivir esos días históricos desde una mirada más íntima, más cercana, pero no por eso menos escalofriante.
Son todas historias tristes, crepusculares, repletas de sacrificios, padecimientos, injusticias, pero también nobleza, resilencia, perseverancia en los valores y en las convicciones. Y amor, también, ¿por qué no?. Nobuhisa narra a un ritmo ágil, sin colgarse en detalles innecesarios, sin resignar la creación de climas hostiles, agobiantes. Son historias con poco énfasis en la acción y mucho en la reflexión, en la recreación de hechos traumáticos, que marcaron para siempre a estos hombres y mujeres.
El dibujo es de una belleza infrecuente, con unas texturas alucinantes, tonalidades agregadas en el photoshop, fotos retocadas para mostrarnos barcos, aviones y tanques, efectos locos en los fondos de algunas viñetas, una reconstrucción barroca y preciosista de decorados y paisajes… Realmente es increíble la magia que le saca Nozoe Nobuhisa al lápiz, que a veces conserva la frescura del trazo sin entintar. Visualmente esto es tan hermoso que compensa ampliamente el sabor agridulce que te dejan las historias, en su mayoría muy bajoneras. Si no te ahuyenta esa impronta testimonial con rienda suelta para la amargura, con Trágica Derrota no podés perder. Y si sos fan de la Segunda Guerra Mundial, o del manga adulto, profundo, sin chistes ni elementos fantásticos, tenés la victoria asegurada.
En 2016, del otro lado del mundo, una editorial cordobesa lanza otro comic 100% basado en hechos reales: la biografía en historieta de Carlitos “la Mona” Jiménez, a cargo del gran Karlo Lottesberger, quien toma como “guión” una biografía del ídolo del cuarteto escrita por el periodista Jorge Cuadrado. Esto es a todo color, y en vez de varias historias autoconclusivas tenemos el primer episodio de una serie que (creo) nunca continuó.
Estas 52 páginas narran la infancia de la Mona, sus inicios en el mundo de la música cuando todavía era un adolescente, sus primeros éxitos y sus primeras grandes conquistas en materia de mujeres. Lottesberger opta por diálogos breves, casi siempre graciosos, y complementa cada secuencia con una aparición de la Mona ya adulto, que acota en primera persona algo acerca de la anécdota del pasado que acabamos de presenciar. Es una lectura fresca, dinámica, que logra captar el interés de quienes (como yo) somos absolutos desconocedores del cuarteto, sus grandes figuras y su gran impacto en la sociedad cordobesa. Este primer tramo de la biografía (titulado El Tarzán del Barrio) hace bastante hincapié en cómo el éxito le cambia la vida a un pibe de 15 ó 16 años, cómo esa búsqueda de la consagración artística modifica su forma de vincularse con la familia, los amigos, las noviecitas, el futbol, etc. O sea que están muy enfatizadas las emociones, tanto las alegrías como los sinsabores. El hecho de que la Mona aparezca narrando o comentando en primera persona me hace sospechar que se trata de una biografía autorizada, en la que probablemente el ídolo haya decidido dejar afuera las escenas en las que no queda demasiado bien parado. Pero por ahora, en este primer tramo, todo suena sumamente auténtico y verosímil.
El dibujo de Lottesberger acompaña a la perfección este festival de las emociones a flor de piel. Es dinámico, muy expresivo, con la cuota justa de grotesco, con algunos lugares dibujados al detalle, para que sean reconocibles por los lectores que compartieron ciudad y época con esta Mona adolescente, vital, explosiva. El color está muy bien, el cambio de estilo para que la versión adulta de la Mona se vea más realista está muy logrado, y lo único raro es esa escena en la que Carlitos y la chaqueña garchan vestidos. Será para que los padres se animen a comprar el libro y dárselo a los chicos, digo yo…
En fin, El Tarzán del Barrio no me dio ni la menor gana de ponerme a escuchar canciones de la Mona Jiménez, pero sí me generó el interés suficiente como para comprar un segundo tomo (el día que se publique) y para recomendar este a los fans del astro cuartetero, de las biografías de músicos hechas en historieta, o del maestro Karlo Lottesberger, a quien descubrí hace ya mil años en una antología de Loco Rabia y me sigue sorprendiendo cada vez que encuentro un trabajo suyo.

Nada más, por hoy. Gracias a todos los que se acercaron a saludarme y a sacarse fotos conmigo en la Crack Bang Boom, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 11 de octubre de 2019

DOS Y A ROSARIO

Esta noche no salgo a boludear porque a las 8 AM de mañana tengo que estar en Retiro para tomar el micro a Rosario. Aprovecho, entonces, para reseñar un par de libritos que tengo leídos.
Le Demon de Midi es una obra de 1996 de la gloriosa Florence Cestac, inmensa autora francesa, injustamente poco difundida en nuestro idioma. A lo largo de 58 páginas (todas divididas en tres tiras de dos o tres viñetas cada una), Cestac nos ofrece una historieta que además de narrar, analiza un fenómeno, lo explora en sus distintas facetas, nos muestra varias consecuencias posibles para varias de las cosas que suceden y sobre todo se cuida mucho de no simplificar la situación para no acotarla a “el garca” y “la víctima”. Le Demon de Midi es como le dicen los franceses a esa “crisis de la mediana edad” en la que el hombre cuarentón se aburre de su esposa y abandona a su familia para correr atrás de una pendeja de veintipico que lo hace sentir un titán. Seguramente si viviste la separación de tus viejos, o una ruptura con tu pareja, pasaste por momentos muy, muuuuy parecidos a los que les hace vivir Cestac a los anónimos protagonistas de esta novela.
Lo mejor que hace la autora es no enfatizar demasiado el aspecto dramático de la ruptura entre los protagonistas. No lo suaviza, no lo soslaya, pero tampoco se regodea en la desgracia de la mujer abandonada por su marido. Rápidamente llegan los elementos propios de la comedia costumbrista y un cierto clima no sé si de jolgorio, pero por lo menos de distensión, hace todo mucho más llevadero. Al final, la separación de una pareja es solo eso. No es la muerte, ni el fin del mundo. Y en las formas en que cada uno reacomoda su vida (cuerpo, mente, sentimientos) tras la crisis, es donde Cestac encuentra material para hacernos pasar un muy buen rato y dejarnos pensando, claro.
El dibujo de Florence es casi perfecto. Imaginate una mezcla entre los dibujantes humorísticos más grossos. Caloi, Angeli, Frank Margerin… caviar con champagne para todas y todos. Pero no es perfecto, es CASI perfecto, y la imperfección llega en la etapa del entintado, como si a esos dibujantes mágicos los entintara otro más rústico, tipo… Cels Piñol, ponele. De todos modos es un dibujo absolutamente plástico, expresivo, que te resulta cercano, casi real a pesar de su alto grado de abstracción. Y para reforzar la gracia del humor costumbrista, Cestac te masacra con unos detalles tremendos en ropa, peinados, muebles, calles… Acá hay un poder de observación infrecuente, tanto en los vínculos entre los personajes como en el mundo por el que se desplazan. Ojalá algún día alguien se ponga las pilas para que haya muchas obras de Florence Cestac editadas en castellano.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se edita Kintari, el Retorno del Lobo, una novela gráfica relativamente breve, escrita por Roberto Barreiro y dibujada por Hernán González. Se trata de una historia de aventura, violencia y misticismo, narrada por Barreiro con gran inteligencia, sobre todo para dosificar la información acerca de este mundo fantástico dominado por unos entes extradimensionales malignos, que tienen los mejores diálogos de la historieta. El título y la portada nos llevan a creer que Kintari es el protagonista pero, si bien su rol en la trama es importante, no es para nada el personaje que más le interesa desarrollar a Barreiro, que parece disfrutar mucho más las escenas en las que pone el foco en Dicom, Kevlar y el poderosísimo Ube, el nigromante, al que le alcanzan un par de escenas para morfarse la novela.
Entre todos estos estallidos de sangre, tiros, espadazos, conjuros y detonaciones varias, Barreiro baja una línea muy interesante acerca de la libertad, de la resistencia frente a los poderes totalitarios, de cómo (alguna vez) los humildes le pueden escupir el asado a los omnipotentes. Pero no es un comic que se dedique a predicar, sino que son ideas y valores que discurren casi tras bambalinas, a modo de condimento finoli para una historia sobrecargada de acción, truculencia y atrocidades bien sanguinarias.
¿El dibujo de Hernán González está bueno? Yo diría que MUY bueno, porque a su típica impronta salvaje de claroscuro visceral se le suma ahora el color, muy bien trabajado por Natalio Anastasia. No debe ser fácil colorear a González, pero acá realmente se ve una muy buena amalgama entre dibujo y color. ¿Era González el dibujante ideal para esta historia? Me parece que no, que a este artista le quedan mejor otro tipo de guiones, más abstractos, o más introspectivos, o con más margen para limar e irse a la mierda desde la faceta gráfica. Y a Kintari le venía mejor un dibujante más careta, más clásico, más apegado a ciertas convenciones del comic de aventuras a las que –lógicamente- el pincel endemoniado de González se lleva puestas sin el menor reparo. Este era un guión perfecto para… Richard Corben, ponele. Aún así, incluso lejos de su zona de confort, González nos regala un montón de imágenes de alto impacto, como esa jirafa prendida fuego con la que abre la novela y con la que –casi seguro- voy a soñar esta noche.
Si te gusta la aventura fantástica con hechiceros, guerreros, sacrificios y traiciones, acá vas a encontrar un relato dinámico, potente, con buenos diálogos y varios giros argumentales sorprendentes. Por ahí te hace ruido el dibujo, porque la estética de González va medio para otro lado. Y por ahí no.
Nos vemos este finde en Rosario, en la décima edición de Crack Bang Boom, y retomamos las reseñas la semana que viene, acá en el blog.


miércoles, 9 de octubre de 2019

DOS DE MIERCOLES

Mientras el clima se debate entre un sol tremendo y unos chaparrones cataclísmicos, yo sigo avanzando con las lecturas y las reseñas.
Arranco en 2014 con una miniserie de Hulk, convertida en compra obligatoria por estar escrita y dibujada por el maestro Alan Davis. Al prócer británico se le ocurre una idea muy atractiva: Charles Xavier se decide a ayudar a Bruce Banner. Tiene que haber una forma de controlar la furia que atormenta al científico, y el Profe la va a descubrir. En su esencia, The Man Within es una historia muy nerd, de dos mentes brillantes, dos capos del intelecto, la ciencia y la tecnología unidos para que uno de ellos deje de convertirse en el Gigante Gamma. Entre la tecnología de avanzada que maneja Banner y lo que sabe el Profe de genética, más sus nada despreciables poderes mentales, esto debería encaminarse. Pero a Davis se le ocurre que eso así, solito, puede resultarle aburrido al lector que se acerca a los superhéroes de Marvel para vibrar al ritmo de la machaca, entonces la complica con la irrupción de más y más personajes, que están básicamente al pedo. Al Profe lo secunda la formación clásica de los X-Men, reforzada con Havok y Polaris. Obviamente están de adorno. Con Marvel Girl y Beast (que suelen ser los más idóneos para soldadear a Xavier), recontra-sobraba. El resto no aporta nada. Y lo mismo pasa con Abomination y el Leader, los clásicos enemigos de Hulk. Están ahí para que haya una excusa que le permita a Davis dibujar esas peleas alucinantes que suele dibujar. El Leader, mal que mal, tiene algún peso en la trama (y algún buen diálogo), pero tampoco es fundamental.
Con la machaca estridente que le proveen héroes y villanos, Davis estira a 80 páginas una idea chiquita (y linda), y la verdad que está todo tan bien dibujado, que uno se queja de rompebolas, nomás. Matt Hollingsworth la rompe con el color, siempre muy atento a los climas por los que transita el guión de Davis, y el británico (junto a su clásico entintador, Mark Farmer) deja la vida en cada página, ostentando sublime majestad en cuerpos en acción, expresiones faciales y fondos. Uno ya sabe que esta historia no va a cambiar nada, porque está ambientada en un pasado ya lejano (es secuela de la X-Men nº66, de 1970), pero aún así, el talento y la fuerza de Alan Davis la convierten en una lectura no imprescindible, pero seguro muy, muy disfrutable.
Menos de un año después de haber leído el Vol.3, retomo la lectura de Dora, la cautivante serie de Ignacio Minaverry a la que felizmente le está yendo muy, muy bien. Aquella vez yo decía “este es el tomo de Dora en el que pasan menos cosas. No hay tramas románticas, casi no hay momentos de comedia y no avanza en absoluto la cacería de nazis que Dora había iniciado en los tomos anteriores”. Y bueno, en el Vol.4 (Amsel, Vogel, Hans) el autor retoma la senda de los dos primeros libros: Dora viaja por distintos lugares de Europa en busca de las pistas que le permitan meter en cana a tres criminales nazis, mientras entre bambalinas avanzan tramas que tienen que ver con la comedia, el romance o el costumbrismo onda Love & Rockets.
Minaverry narra todo esto a un ritmo lento, descomprimido, con espacio para la reflexión y la contemplación de los paisajes, y de nuevo uno siente que para la cantidad de páginas que leyó, pasaron pocas cosas. Por supuesto es una preocupación menor, porque se nota una decisión intencional del autor en este sentido, y sobre todo porque el dibujo es tan bueno, que uno quiere 30 ó 40 páginas más, aunque no las tramas no avancen en lo más mínimo. Sobre el final del tomo, cuando Dora se arremanga y en vez de entrevistar a viejitos que sobrevivieron a la guerra se manda a investigar (como si fuera una espía posta, onda Modesty Blaise) al temible Kurt Hahn, la tensión crece y la resolución del “episodio” sorprende a propios y ajenos. Seguramente ese final tendrá consecuencias que veremos en los tomos futuros.
El dibujo de Minaverry, como ya dije, sigue en ese nivel descomunal que vimos en el Vol.3. A la fuerte impronta de Jacques Tardi, sumo ahora la de Jason Lutes, tanto en algunos aspectos gráficos como en la onda de “narrar lento”. Y de nuevo, no hay Tardi ni Lutes que dibujen tan hermosas a las chicas lindas como las dibuja Minaverry. Como siempre llama la atención el realismo meticuloso en los detalles que se ven en calles, edificios, vehículos, ropa, peinados… Esto es como teletransportarse al verdadero 1964 y verlo, sentirlo, respirarlo. Y además hay muchos (pero en serio, muchos) hallazgos en el armado de las secuencias, que le permiten a Minaverry probar una amplia gama de recursos narrativos, apoyados sobre todo en los silencios que el autor utiliza para generar estos climas a veces tensos, a veces relajados, a veces melancólicos. Gran trabajo, de una madurez y una profundidad notables.

Y no hay más. Veremos si llego a postear el viernes antes de viajar a la Crack Bang Boom, y si no, nos reencontraremos a la vuelta, el lunes a la noche… o el martes… o eventualmente.