el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 11 de diciembre de 2019

LOS 10 AÑOS DEL BLOG

Como habrán notado algunos, este blog está por terminar su décima temporada. Eso significa que está por cumplir diez años de presencia ininterrumpida en la web. El 01/01/20 se cumplen exactamente 10 años de la aparición del blog, una animalada. Para ese día, vamos a andar por las 2520 entradas, lo cual también es una bestialidad. Lo que empezó como un desafío que iba a durar 365 días, está por llegar a los 3650.
Me parece que semejante bizarreada merece una celebración y para eso les propongo reunirnos el sábado 28 de este mes a las 17 hs en el sótano de Sector 2814, la comiquería ubicada en Suipacha 892, ciudad de Buenos Aires.
¿Qué vamos a hacer? La idea es charlar un poco acerca de luces, sombras, tradiciones y tendencias en la difusión de comics en la era de web y las redes sociales. Y después, si vienen y se copan, prometo responder todas las preguntas que quieran hacer acerca de cómo se hace el blog, cómo se sostiene un espacio así a lo largo de 10 años, etc. Hasta pueden proponer ideas para incorporar en la undécima temporada que –lógicamente- arrancará los primeros días de 2020.
Para la charla inicial invité a tres jóvenes colegas a los que sigo en los distintos canales en los que hablan (o escriben) sobre comics: Nicolás Gath (del podcast Tierra X), Matías Mir (escriba del blog Zinerama y el sitio Ouroboros) y Gonzalo Ruiz (del podcast y el sitio 9 Paneles). Entre los cuatro vamos a tratar de abordar el tema en cuestión, y por supuesto quienes asistan también podrán participar.
Seguramente al final habrá un brindis, con gaseosa y agua saborizada. La entrada es gratuita, pero vale colaborar trayendo bebidas, o incluso libros que yo no haya reseñado nunca en el blog, y que me quieran obsequiar para que yo lea y comente (comic yanki o británico, sólo en inglés, no vale traducciones). ¿Te llama la atención, o te llena de un odio visceral que en 10 años de blog nunca haya hablado de… Peanuts? Traete un libro de Peanuts. O de lo que sea que te parezca que se merece una reseña. Acepto hasta mangas de Masami Kurumada, mirá lo que te digo. El límite (obvio) es Gaturro. Cualquier otra cosa editada en libro y que no sea la traducción de un comic anglófono a otro idioma, está perfecto (sí, comic argentino en italiano o francés también).
El festejo de los 10 años del blog va a terminar un cachito antes de las 18:30 y a esa hora va a arrancar una Trivia, un concurso de preguntas y respuestas sobre comics en el que cualquiera se puede inscribir, también en forma gratuita. El (o la) que gane se va a llevar una cantidad grosera de premios.

Bueno, nada más. Acá abajo está el afiche del evento, en tamaño grandote para que se vea bien. Nos vemos, escuchamos, olemos y toqueteamos el 28 con quienes se copen y asistan… y con el resto nos seguimos leyendo, acá en el blog.

lunes, 9 de diciembre de 2019

EL FIN DE LA CHETOCRACIA

Y ahora sí, se terminan cuatro años de un gobierno horripilante y nada de lo que venga de acá en más puede ser peor que lo que vimos y sufrimos estos cuatro años. Eso, por sí solo, es motivo de celebración y allí estaremos mañana, cantando en la Plaza hasta tener que tirar la garganta a la basura. Mientras llega ese ansiado momento, comparto las reseñas de los últimos libritos que leí.
Retazos de Vida es una breve historieta (44 páginas) realizada por el maestro Ralf König en 1989. Inspirado por una situación muy grotesca que escucha en la radio (y nos narra de modo graciosísimo con sus dibujos), König se propone a contar en forma de historietas anécdotas graciosas o zarpadas de la vida real, aportadas por sus amigos, que son mayormente muchachos homosexuales de clase media/alta que viven en las grandes urbes de Alemania. El propio König aparece entre historia e historia para ponerlas en contexto, contarnos a quién le sucedió, o quién se la contó a él, mientras interactúa con su pareja o con algún otro amigo gay que lo visita en su estudio.
Hay cuatro historias muy buenas, con gran poder humorístico y que además sirven para ilustrar aspectos interesantes, quizás polémicos, de lo que era la vida de los varones gays en Europa a fines de los ´80: la historia de los predicadores evangelistas que se inmiscuyen en el departamento de los putos después de una noche de descontrol, la del gay experimentado que tiene una cita con un jovencito que se las da de punk y guacho-pistola, la de la pareja que se ve obligada a blanquear que son “más que amigos” durante la visita a la casa de la madre de uno de ellos, y la más desopilante, la que más juguetea con el grotesco, que es la de la marcha del orgullo gay. Y después hay algunas breves anécdotas más, que podrían tranquilamente no estar.
König arma la página en cuatro tiras, con tres o cuatro viñetas por tira, o sea que hay bastante para leer en 44 páginas. Casi no tiene viñetas mudas y varía muy poco los enfoques, como si estuviera narrando con la cámara fija. Eso me transmitió una sensación rara, como de obra de teatro, o sketch de los viejos programas cómicos. Me parece que esto originalmente fue hecho a color, y la edición de La Cúpula cambió esos colores por distintos tonos de grises, de un modo no muy convincente. Pero dentro de todo, el trazo de König resiste con aguante esos grises empastados, ya que su atractivo pasa –claramente-por otro lado.
Breve, sobrecargada de información sobre la vida íntima de estos muchachos y repleta de coqueteos con la autobiografía, Retazos de Vida no es ni en pedo la mejor obra de este ícono de la comedia. Pero si sos muy fan de König o si nunca leíste nada de él y querés ver qué onda “ese alemán que hace historietas cómicas con protagonistas putos”, lo más probable es que por lo menos algunas de estas anécdotas te atrapen o te arranquen una sonrisa.
Con sus exiguas 70 páginas, El Ziggurat también corre el riesgo de ser considerada “una obra menor” dentro de la exhuberante bibliografía de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Pero si le das una oportunidad (cosa que los fans de la dupla suelen hacer con TODAS sus obras) te vas a encontrar con una muy buena historia en la que Mazzitelli nos invita a reflexionar acerca de lo fácil que es manipular pelotudos para que crean que son capaces de gobernar, de ostentar poder, autoridad, majestad. El Ziggurat es una especie de remake de Being There (conocida en castellano como “Desde el Jardín”) con monstruos y demonios zarpados. De hecho, el personaje que cree ser el protagonista de la trama también es jardinero, como el inolvidable Chauncey Gardiner de la novela (y el film) de Jerzy Kosinsky.
Poderosos exorcistas, sensuales sacerdotisas, eunucos y cortesanos varios llevan y traen, juran lealtades que luego traicionarán y se entreveran en una historia que siempre gira sobre el mismo eje: el poder. Los sacrificios que hay que hacer, lo garca que hay que ser, lo clara que la tenés que tener para tener el poder y que el poder no te tenga a vos. Todo esto condimentado con guerras, masacres y un clima bastante más violento que en la serie promedio de Mazzitelli y Alcatena. Hay un sólo personaje al que Eduardo le hace pegar demasiados volantazos (Inanna) y el resto no sólo es realmente imponente sino que llega a ponerte muy nervioso.
La faz visual nos muestra a Alcatena encendido como pocas veces. La ambientación elegida (una versión mítica, despojada de todo rigor histórico, de la antigua Mesopotamia) le da a Quique material para desplegar las alas de su inagotable imaginación y ametrallarnos con una sucesión interminable de criaturas, palacios, monumentos y demonios de esos que te hacen caer la mandíbula al piso varias veces por capítulo. La narrativa es excelente (no así en el episodio autoconclusivo que completa el tomo, donde el relato no tiene ni a palos la fluidez que vemos en El Ziggurat) y los recursos gráficos que nos obsequia el plumín mágico de Quique son infinitos. Te juro que me compraría el libro sólo por las carátulas (en formato splash-page) con las que Alcatena abre cada capítulo.
Obviamente recomiendo a full El Ziggurat, a los fans de la dupla, de la historieta fantástica de alto vuelo, o de las obras que –disfrazadas de aventuras “de género”- se animan a indagar en temas espesos, de real trascendencia para el alma y la mente de la Humanidad toda.  

Chau, chetos, gracias por hacer todo tan mal. Caricias significativas en el orto, que ojalá les duela por años.

viernes, 6 de diciembre de 2019

VIERNES DE VERANITO

Hermoso clima en Buenos Aires en el último finde de la chetocracia, casualmente compuesto por los días 6-7-8. Y mientras nos preparamos para iniciar los festejos, no está mal clavar un par de reseñitas de los últimos libros que leí.
Mirá quién volvió: nada menos que Tarzan, con un librito de 1996 que reúne dos historietas realizadas por Russ Manning a mediados de los ´70, que estaban inéditas en EEUU. El maestro Manning realizó este material por encargo de editoriales de Europa (donde desde siempre la demanda de comics de Tarzan es mayor que en nuestro continente), tomando levemente como base algunos relatos de Edgar Rice Burroughs. El resultado son dos novelitas de 50 páginas cada una, que conforman un díptico porque ambas (The Land that Time Forgot y The Pool of Time) están ambientadas en la misteriosa isla de Caspak. ¿Qué hace Tarzan lejos de Africa, en una isla del Pacífico cerca de Perú? La explicación no me cerró en lo más mínimo.
En general, nada del argumento me cerró en lo más mínimo. Los guiones son una sucesión de peripecias extremas, hilvanadas de modo caprichoso de modo tal que cada dos o tres páginas Tarzan y sus aliados tengan que enfrentar peligros mortales. En vez de fieras africanas hay animales prehistóricos y en vez de bravos guerreros del continente negro tenemos cavernícolas, pero básicamente esto es más de lo mismo: aventura clásica sin profundidad ni sorpresas. Lo único apenitas zarpado es que cuando Manning habla del terrible trato que estos cavernícolas intentan darle a las mujeres (todas hermosas y de cuerpos esculturales) queda bastane claro que se refiere a abusos de tipo sexual, aunque el dibujo no lo grafique. Todo lo demás suena antiguo, remanido, blandito. Las peleas sin sangre, los diálogos acartonados, los villanos estereotipados… Muy poco para rescatar en este aspecto.
Por suerte, el dibujo de Manning es muy lindo, muy plástico. También un poco pecho frío, a años luz de lo que para esta misma época hacía Joe Kubert en los comics de Tarzan que editaba DC, o incluso lo que hacía Gil Kane en las planchas que salían en los diarios. Manning se luce sobre todo cuando muestra a lo personajes en acción, de cuerpo entero. Los primeros planos me gustan bastante menos que esas tomas panorámicas, en las que el maestro también dejaba la vida en los fondos. Y me gustó también la puesta en página, muy funcional al ritmo de los relatos. O sea que si sos fan de Russ Manning, este librito es poco menos que imprescindible aunque sea por los dibujos. Y si sos fan de Tarzan, por ahí no, no te aporta demasiado. Si no sos fan ni del autor ni del personaje, ni te acerques porque no tiene ningún sentido.
Vuelvo a Argentina, año 2019, y me reencuentro con Rocío Ogñenovich (vimos un trabajo suyo el 27/10/19), quien a lo largo de 48 páginas presenta el inicio de una saga llamada Hera. Visto de lejos, es un comic precioso, parecido en su estética a un título cool de Image. Las tonalidades de color en la portada, el logo, todo va para ese lado, muy atractivo.
Después, a la hora de internarse en la historia, aparece un dibujo que evidencia algunos problemas a medida que la autora plantea planos más amplios. A la inversa de lo que comentaba recién de Russ Manning, los primeros planos de Ogñenovich son muy buenos, mientras que los planos más abiertos, donde los personajes se ven de cuerpo entero, me convencieron mucho menos. El color (rubro en el que la autora contó con la colaboración de Alejandro Basso) está muy bien logrado de punta a punta del tomito y ayuda bastante.
Pero Hera falla en lo más importante, que es la trama. Hay un conflicto, pero es leve, poco ganchero, y se explicita cuando ya van casi 30 páginas de… preludio a la aventura, que se liquida rápido y deja muchísimas puntas abiertas. La consigna ya la leí mil veces (una chica del mundo real pasa a un mundo fantástico con hechiceros, dragones, castillos, etc.) y la verdad es que, para que me enganche con algo tan trillado, hay que pelar personajes y diálogos bastante más interesante que los que me ofreció Hera. No descarto en lo más mínimo que el guión pueda mejorar en las entregas posteriores, pero estas 48 páginas me dejaron con gusto a poco. Una pena, porque la calidad de la portada y de la edición en general son realmente infrecuentes en nuestro mini-mercado.   
Nada más por hoy. ¿Habrá otro posteo antes de que asuman Alberto y Cristina? Ni idea, en una de esas hay. Y cierro con la noticia de que el 28/12, para los festejos de los 10 años del blog, vamos a tener la presencia de Nicolás Gath (Tierra-X), Gonzalo Ruiz (9 Paneles) y Matías Mir (Ouroboros, Zinerama), tres jóvenes referentes de la difusión del comic en las redes a los que sigo a todas partes y que me van a estar acompañando para pensar en voz alta sobre este tema. Un honor, posta.


miércoles, 4 de diciembre de 2019

MIERCOLES COPADO

Sí, parece mentira pero es posta: el miércoles ya vamos a tener un nuevo gobierno y las probabilidades de que sea peor que el que se va son similares a las de que te atropelle un micro escolar en la esquina de Lavalle y Florida, un sábado de Enero a las 4 AM. Y mientras espero ese día de ir a cantar a la Plaza, tengo para reseñar un par de libritos más.
Tarde pero seguro empecé a leer Low, una serie iniciada en 2014 por Rick Remender y Greg Tocchini de la que salieron sólo 19 episodios (ni idea si terminó o quedó inconclusa, pero por ahí algún lector me desasna). Low es un comic de recontra-ciencia-ficción, ambientada decenas de miles de años en el futuro, cuando el sol se empezó a expandir hasta convertir en inhabitable la superficie de la Tierra. Los humanos que sobrevivieron se fueron a vivir en ciudades-domos bajo el océano, y mandaron miles de sondas al espacio, en busca de algún planeta menos hostil a donde mudarse. Pero las noticias que llegaron de estas sondas fueron escasas y desalentadoras.
El entorno, entonces, de este primer tomo de Low es el fondo del mar, donde viven Stel, sus hijos y su marido Johl, que es una especie de sheriff de una de las ciudades subacuáticas. Pero el status quo va a cambiar rápido y para el segundo episodio la familia de Stel estará hecha pedazos por una tragedia capaz de eliminar cualquier rastro de esperanza. Remender va a poner el foco ahí, en qué hacer cuando la esperanza agoniza, y va a plantear a Stel como una especie de elemental de la esperanza, como la mina que jamás se rinde, que jamás pierde la ilusión ni la convicción de que las cosas pueden resolverse, o al menos mejorar. Con unos ovarios monumentales, se pondrá al hombro el protagonismo de la serie y emprenderá una búsqueda heroica (algunos dirán suicida) de sus hijas y de una sonda que regresó con noticias que (en una de esas) son alentadoras. O sea que la machaca acuática con mega-chiches tecno, naves y trajes exóticos y criaturas alucinantes tiene también una especie de trasfondo filosófico, una ética, un mensaje que en general no había visto en otras de Remender, donde la violencia se explica y se impone por sí sola, sin profundizar demasiado.
Todo esto, sin embargo, corre el riesgo de pasar absolutamente desapercibido, porque MUY por encima de cualquier logro de Remender en materia de desarrollo de personajes, diálogos o contexto espacio-temporal, está el dibujo de Tocchini. Esta bestia oriunda de San Pablo (Brasil) deslumbra con su trazo hiper-estilizado, realista, muy detallado y de increíble fluidez. Me cuesta muchísimo describir (y ni hablar de explicar) lo que hace Tocchini en estas páginas, la elegancia que le pone a las escenas más bestiales, la majestad que ostentan sus decorados, sus paisajes… Visualmente, este es un comic realmente mágico, único e irreproducible. Encima Tocchini se colorea a sí mismo, también a un nivel superlativo. O sea que aunque no te interese en lo más mínimo el guión, te recomiendo sumergirte en Low para morir de emoción con los dibujos. Tengo por ahí el Vol.2, prometo entrarle pronto.
Hora de reencontrarme con Pancho el Pitbull, la tira que realizan el estadounidense Neal Wooten y el uruguayo Nicolás Peruzzo para… algún medio de EEUU. Como ya vimos en las reseñas de los tomos anteriores, la edición uruguaya tiene como gran atractivo la traducción al rioplatense realizada por el propio Peruzzo, que no sólo conserva sino que hasta potencia el contenido humorístico de la tira. A la hora de armar los libritos, Peruzzo mete mucha mano, agrega dibujos y hasta una historieta de ocho páginas 100% realizada por él, que me pareció brillante entre otras cosas porque rompe el molde de las tiras, todas (TODAS) divididas en tres viñetas de igual tamaño.
Es muy difícil bancar años y años de una tira siempre en ese formato tan restrictivo un poco por el cansancio que genera en el dibujante y un poco porque hay que ser un mago del timing para acomodar TODOS los chistes a esa grilla sin que pierdan efecto cómico. Por suerte Peruzzo se banca esas reglas tan estrictas, y Wooten (sin grandes destellos de originalidad) encuentra siempre nuevos lugares por donde llevar a la tira y que no se haga repetitiva o aburrida.   
El dibujo está muy bien, el color es excelente, después de cuatro libritos uno ya quiere a los personajes como si fueran amigos de toda la vida, y si bien nunca estallé en carcajadas, el aspecto humorístico funciona como debe funcionar en una tira de estas características, en buena medida gracias a los diálogos reformulados por Peruzzo para esta edición. Difícilmente las generaciones futuras se refieran a Pancho el Pitbull como una tira fundamental para entender el humor gráfico de nuestros días, pero pasar un buen rato sin mayores pretensiones, esto recontra-garpa.

Gracias por el aguante de siempre y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

domingo, 1 de diciembre de 2019

LLEGO DICIEMBRE

Ya estamos ahí de fin de año, del fin del peor gobierno de la historia de la democracia y del festejo de los 10 años de este blog. Un mes colmado de expectativas en el que seguramente clavaremos los 10 posteos que le faltan al blog para llegar a la meta de los 120 a lo largo de 2019.
Hoy aflojo un toque con la historieta argentina y me embarco en un trip a Brasil, a fines de los´90, cuando el maestro, el grosso, el referente de varias generaciones llamado Angeli, empieza a producir esta tira magistral llamada Luke & Tantra, de la cual este tomo (titulado Sangue Bom) es el primer recopilatorio. ¿Me animo a afirmar que Luke & Tantra es lo mejor que leí de Angeli? Creo que sí. Me he reído muchísimo con historietas mucho más guarras, en las que cada cinco viñetas había garches, petes y eyaculaciones, pero esta tira (bastante más tranqui en ese sentido) me pareció más original, mejor pensada, mejor desarrollada y con más contenido.
También tiene que ver el hecho de que Luke y Tantra son dos chicas adolescentes, menores de edad, una de ellas todavía virgen, con lo cual no daba para irse muy a la mierda con las escenas de sexo. Las chicas de Angeli están todavía en la etapa pre-garche, en la que hablan de sexo y fantasean con tal o cual pibe, pero a la hora de la verdad, su experiencia en ese sentido es exigua. Por eso Angeli agarra para otro lado: la transgresión al palo va a venir desde la música. Luke y Tantra van a formar una banda de rock bien kilombera, con letras revulsivas, y de la nada las vamos a ver triunfar en el circuito alternativo de una gran ciudad brasileña. Imaginate el jugo que le saca Angeli a la posibilidad de reirse de los jóvenes rockeros, de la fama repentina y efímera, de los rebelditos que la van de alternativos, de la eterna pica entre skinheads y punks, de la relación intrínseca entre jóvenes, rock, escabio y falopa…
Y lo que no te vas a poder imaginar, lo que hay que ver para creerlo, es el nivel del dibujo de Angeli. Esto es sencillamente perfecto. Algunas de las tiras se publicaron originalmente en blanco y negro, y fueron coloreadas para esta recopilación. Detalle casi irrelevante, porque el libro ofrece (a modo de separadores) ocho ilustraciones de Angeli a lápiz, sin entintar, con mínimos toques de color también a lápiz… que a nivel gráfico son –lejos- lo mejor del tomo. O sea que el ídolo no necesita ni color ni tinta para dejarte atónito, babeando como un subnormal. Varias de esas ilustraciones a lápiz merecerían ser posters, sin ninguna duda. El libro se publicó en Brasil en el 2000, así que no sé si será fácil de conseguir. Yo se lo compré a un amigo que estaba haciendo limpieza de biblioteca y te juro que sentí el impulso de devolvérselo, de decirle “boludo, quedateló, esto es demasiado bueno como para venderlo, incluso a un amigo”.
Hora de sumergirme en el idiosincrático mundo de Inio Asano, para leer el Vol.8 de Oyasumi Punpun, la extraña y cautivante serie que empecé a leer hace exactamente un año (01/12/18). En este tomo, Asano canta “quiero vale cuatro” y directamente hace desaparecer a todos los personajes que venía desarrollando en las entregas anteriores. Ahora todo se centra en la relación entre Punpun y Sachi Nanjo, una chica varios años mayor que nuestro protagonista, a la que el autor le va a dar una tridimensionalidad, una profundidad impresionante, que rivaliza con la que acumuló a lo largo de siete tomos el propio Punpun. Miradas, silencios, proyectos, fracasos, celos, discusiones con y sin sentido, fantasías y complicidades van a ser las bases sobre las que se edifique un vínculo demasiado verosímil, demasiado real como para leerlo en un manga. Ahora sí, no extrañé en lo más mínimo al tío Yoichi, ni a ningún otro personaje de los tomos anteriores. Asano me cebó a pleno con la química entre Sachi y Punpun y sólo me interesa ver cómo evoluciona esa relación. El Vol.8 termina con un posible regreso de Aiko, y veremos si es posta o un amague más del autor para sumarle un conflicto al status quo de la serie, que llegó a un punto absolutamente hipnótico.
Me encantó la transición gráfica de Punpun, que arranca el tomo como un triangulito, después lo vemos como una pirámide y en un punto pasa algo, el pibe “se abre” y el dibujo de Asano lo acompaña y lo vuelve a mostrar en su forma de “pajarito-fantasma”. La idea de modificar la forma en que vemos a Punpun según la evolución de sus estados de ánimo es una de las tantas genialidades que nos ofrece Asano a la hora de dibujar este manga. Las demás, creo que ya las mencioné en otras reseñas, así que… ´nuff said. Banco a full esta serie, pero antes de entrarle a los cinco tomos finales, voy a hacer un parate para leer otros mangas, así no me aburro.

Nos seguimos leyendo muy pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.