el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 12 de noviembre de 2019

MARTES BRAVO

En medio de los estallidos en Chile, Bolivia y Haití, entre tanto sacudón informativo y polémica barata de redes sociales, me tomo un ratito para reseñar un par de libros que me terminé en estos días.
Empezamos en EEUU, año 2017, cuando se publica el primer TPB de Kill or be Killed, de los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Se trata de un thriller urbano actual, violento, despiadado, con un elemento sobrenatural no tan enfatizado, una bajada de línea socio-política también bastante camuflada, y una construcción de personajes absolutamente brillante, sin dudas el rubro en el que más brilla esta serie, por lo menos en el inicio.
No quiero contar mucho de la trama. Sí subrayar que lo más interesante que tiene es cómo maneja Brubaker un dilema moral que ya conocemos los lectores de Nexus y Death Note. El protagonista, básicamente un flaco común y corriente llamado Dylan, tiene que matar gente y para eso elige sus víctimas entre personas irredimibles, auténticos hijos de puta. De nuevo tenemos a un “héroe” que convierte en fiambres a escorias de la humanidad, y de nuevo nos preguntamos lo mismo que en Nexus o en Death Note: ¿cuál es el criterio, cómo se decide –entre tanta mierda- quién es lo suficientemente mierda como para poder hacerlo boleta a sangre fría, sin sentir el menor remordimiento? Ni el mecanismo de ejecución ni los criterios para elegir a quién asesina Dylan se parecen a los de Nexus o Death Note, pero básicamente Brubaker está hablando de lo mismo. De hecho, la sincronía con el manga de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba es tan notoria, que el personaje secundario más importante de Kill or be Killed se llama… Kira.
Una vez más, el zarpadísimo Sean Phillips se compenetra al 100% con el relato y nos ofrece una leve mutación en su grafismo, ahora con menos manchas negras, lo cual hace que se note un poco más cuándo dibuja posta y cuándo retoca fotos. La referencia fotográfica está muy, muy presente en estas páginas, seguramente para reforzar la sensación de que la historia que narra la dupla es actual, urbana y -en una de esas- hasta verosímil. La narrativa es ajustada, con muchísimo ritmo, con espacio para que cada tanto Phillips meta poquitas viñetas por página y deje el alma en cada una de ellas, y el trabajo de Elizabeth Breitweiser en el color es magnífico.
Kill or be Killed fue una serie corta, con sólo 20 episodios, y están todos reunidos en cuatro TPBs. No tengo los que le siguen a este Vol.1, así que no sé cuándo la voy a retomar, pero me dejó muy manija. Sí, acepto donaciones.
Vengo a Argentina, año 2019, cuando aparece el primer tomo de Los Prodigios, un nuevo intento de traer a nuestro país una historieta inequívocamente superheroica. Recomiendo repasar el texto que apareció en este espacio el 09/06/12, donde yo expongo por qué desconfío muchísimo de cualquier intento de transplantar esa temática 100% yanki a un país como el nuestro. Con eso en claro, debo decir que me sorprendió gratamente la forma en que el guionista Gastón Flores (ya vimos varios trabajos suyos acá en el blog) propone el siempre complicado transplante. Me gustó la decisión de arrancar con un grupo de superhéroes ya consolidado, me atrapó el contrapunto entre un personaje sumamente ingenuo (Laura/Aurea) y uno tremendamente cínico (Avefría) y me resultó atractivo cómo Flores deconstruye a un personaje que parecía muy pulenta (supongo) para reformularlo más adelante en modo villano. Todo esto con mucho ritmo, sin saturarnos con información, con bastante acción y con diálogos muy bien sintonizados al oído argento de hoy.
Lo que menos me cerró fue el villano, un monstruo genérico al que Flores no le interesa en lo más mínimo desarrollar. Había que hacer que los Prodigios lucharan contra algo, y bueno, en esta cantidad de páginas (64 sólo de historieta, más “documentación” y textos complementarios al estilo Watchmen) no hubo espacio para darle más bola a la amenaza. Tampoco para que se luzcan todos los integrantes del equipo, pero eso (de nuevo, supongo) sucederá en las entregas posteriores.
El dibujo de Sebastián Guidobono, muy flojito. Aceptable en los primeros planos (ahí algún distraído creerá que está leyendo un comic de Mariano Navarro) y muy precario cuando tiene que narrar “de lejos” y mostrar tomas panorámicas con los personajes de cuerpo entero. Ahí hay viñetas visualmente muy pobres, a las que por suerte levantan bastante los colores, también aplicados por Guidobono. Ojalá en la próxima entrega el dibujante logre superar aunque sea algunas de estas limitaciones.
Si sos fan del concepto de “superhéroes argentinos”, no tengo dudas de que Los Prodigios te va a cautivar, simplemente porque Gastón Flores hizo bien lo que unos cuantos suelen hacer mal.  

Y nada más. Hasta el 22 no me muevo de Buenos Aires, así que espero agarrar un buen ritmo de reseñas. Ah, sí, algo más: ya hay fecha para el festejo de los 10 años del blog. Sábado 28 de Diciembre a la tarde, en el subsuelo de Sector 2814 (Suipacha 892, ciudad de Buenos Aires). Ampliaremos.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

DOS Y A DORMIR

Estoy bastante cansado, con muchas ganas de irme a apolillar, pero estiro un poquito más la jornada del miércoles para reseñar un par de libritos que me bajé en estos días.
Arrancamos en 2006, cuando se publica en Francia una obra bastante extraña del maestro Manu Larcenet. Vida de Perros (una aventura rocambolesca de Sigmund Freud) parece un rejunte, un amalgam (para decirlo en términos comiqueros) entre dos ideas distintas, muy distintas, tan distintas que al fusionarlas en un único álbum, el autor descoloca incluso a los fans que lo seguimos a todas partes hace añares. Por un lado, tenemos la muy buena idea de mandar a Freud a recorrer los polvorientos desiertos de Estados Unidos, en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando en buena parte de ese territorio el salvajismo todavía se imponía por sobre la civilización. Larcenet se toma totalmente en joda la figura del Padre del Psicoanálisis y lo reduce a una caricatura sumamente idónea para la comedia y el humor. Su adláter, Igor, es un personaje simple, unidimensional, también pensado totalmente en función del aspecto humorístico del álbum. “Freud recorre el Salvaje Oeste y vive bizarras peripecias mientras busca un cowboy para psicoanalizar” es un pitch infalible, de innegable atractivo. Le tirás ese anzuelo a cualquier editor y pica seguro.
Pero hay más: Vida de Perros se llama así porque el protagonista no es Freud (ni Igor), sino un perro. Un perro que camina sobre sus patas traseras, manipula objetos como si tuviera manos, viste pantalones y habla, en vez de ladrar. Todo lo importante que pasa en este comic, desde la primera página hasta la anteúltima, le pasa a Spot, este perro antropomórfico que –sin ninguna explicación- se codea con los humanos como si fuera uno más de ellos. ¿Qué es esto? ¿Es una metáfora? ¿En realidad Larcenet está hablando de cómo eran tratados los negros en los EEUU del Siglo XIX y en vez puso a un perro en lugar de un negro? Es bastante probable.
Lo importante es que la trama principal (la de Spot) es hipnótica, potente y está repleta de acción y de momentos en los que Larcenet nos invita a la reflexión. Y los contrapuntos entre el sofisticado doctor Freud y los violentos habitantes de estos EEUU jóvenes y rudimentarios también están muy logrados. Faltaría (en una de esas) explicar un poco mejor a Spot, o reemplazarlo por un humano de raza negra. Y terminar de fusionar mejor la magnífica trama que lo tiene como eje central con las hilarantes desventuras de Freud y su asistente, que a veces interrumpen el hilo del relato con cierta torpeza, como un flato estridente en medio de una suite para violín y flauta traversa. El dibujo de Larcenet, brillante como siempre, con algunos puntos de contacto con el estilo de Lewis Trondheim y muchísimos hallazgos en la puesta en página. Si lo ves a un precio razonable, entrale sin dudarlo.
A principios de este año me tocó reseñar el Vol.1 de Ladrones y Mazmorras, el primer recopilatorio en nuestro idioma de Dungeons & Burglars, la historieta de Rodolfo Santullo y Jok que aparece cada semana en la revista digital británica Aces Weekly. Se ve que la edición argentina/uruguaya tuvo buena aceptación, porque ya está en mis manos el Vol.2, de nuevo con varias historias cortas ambientadas en un universo al estilo Dungeons & Dragons, con guerreros, hechiceros, ladrones, reyes, princesas, piratas, y sí, dragones. El toque de distinción, que convierte a Ladrones y Mazmorras en una obra tan atípica como adictiva, es que todo esto está tomado para la chacota.
Santullo subvierte este clásico género de la aventura para brindarnos un festival farsesco, jocoso, por momentos irónico, por el que desfilan personajes entre inescrupulosos y entrañables, muy bien delineados. Esta vez hay aventuras un poco más largas, resueltas en dos episodios de 11 páginas, y otras más breves, donde todo se resuelve en la página 11. Me gustaron mucho una de las más largas (El Estandarte) y una de las más cortas (Un Trabajo Simple), dos historietas que –me parece- le hubiese gustado escribir a Carlos Trillo. Y las demás no están nada mal, eh? Todas tienen buen ritmo, diálogos graciosos, situaciones que le escapan al control de los personajes, buenos giros argumentales… Y por supuesto en todas se luce a full el dibujo de un Jok inspiradísimo, dispuesto a dejar la piel en cada viñeta y a tirar magias dignas de Quique Alcatena, Enrique Breccia o Mike Mignola en los fondos, las criaturas, la indumentaria y hasta en las expresiones faciales de los muchos y muy atractivos personajes. Un verdadero deleite para los ojos de cualquier fan del claroscuro.
Lo único que tengo para criticar es la cantidad de páginas del libro que NO ofrecen historietas y se despilfarran entre carátulas, separadores y páginas 100% en blanco, como si no hubiese más historietas de esta serie para traducir al castellano, o como si esas páginas (vacías como los negocios de la Avenida Córdoba en tiempos de debacle neoliberal) no encarecieran el precio que terminamos pagando por el libro. El resto, todo muy, muy disfrutable. Ojalá tengamos todos los años una dosis de Ladrones y Mazmorras… y más historietas de Santullo y Jok, ¿por qué no?

Gracias por el aguante y nos encontramos este viernes, sábado y domingo en la San Luis Comic Con.

lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑAS DE LUNES

Retomo las reseñas, ahora en la cuenta regresiva rumbo a la San Luis Comic Con, donde voy a estar este viernes, sábado y domingo junto a una cantidad inverosímil de artistas de primer nivel.
Tenía pendiente el Vol.2 de Spinnerette, ese comic que tuvo bastante éxito en la web y en Argentina se publicó en libro a través de OVNI. El principal cambio respecto del Vol.1 (ver reseña del 24/10/19) está en el dibujo, porque apenas empezado este tomo, Rocío Zucchi reemplaza a Walter Gómez al frente de lápices y tintas. La impronta de Zucchi es menos grotesca que la de Gómez, logra un equilibrio más sutil entre rasgos superficiales que nos remiten al shonen y una narrativa típica de comic de superhéroes, y además se va menos al carajo a la hora de dibujar la anatomía de las mujeres, las sexualiza un poco menos. Indagando un poco más, logré confirmar que esto que acá vemos impreso en blanco, negro y grises originalmente se publicó a todo color, y que la tarea de colorear el comic recayó en el siempre eficaz Exequiel Fernández Roel, que en el libro aparece acreditado como “Grises”. En realidad, alguien de OVNI se encargó de “traducir” a grises las páginas coloreadas por Exequiel, con resultados no del todo satisfactorios. Por momentos, todas esas tonalidades de gris crean un “efecto empaste” que desluce un poco el dibujo fresco, dinámico y a la vez muy detallado de Zucchi.
Y el guión… lamentablemente es tan flojito como el del Vol.1. El amigo Krazy Krow (oriundo de Corea del Sur) descuida bastante el tono de comedia que había logrado en el inicio de la serie, que ahora vira rápidamente hacia una machaca violenta, oscura y peligrosa contra un villano muy hijo de puta (oh, casualidad, nacido en Corea del Norte), como si pasaras de leer… Moon Girl & Devil Dinosaur a leer Punisher, así, de un sacudón. La trama romántica tampoco tiene peso, y de hecho el propio personaje protagonista se diluye un poco, ya que Krazy Krow abre mucho el juego a los compañeros y enemigos de Spinnerette. Posta, no hay mucho más por afuera de la batalla contra el maligno Coronel Glass. La vez pasada no lo mencioné, pero la traducción está a cargo de Mauro Mantella, quien se ganó mi respeto y admiración… como guionista. La traducción, en cambio, tiene varias inconsistencias y una cantidad alarmante de frases que suenan muy mal al oído argentino, algo que se resuelve con el simple ejercicio de leer los diálogos en voz alta. Esperaba mucho más de Mantella, sinceramente.
Tengo entendido que hay más episodios de Spinnerette dando vueltas por la web, pero a) OVNI no los publicó y b) la serie no me enganchó como para ponerme a buscarlos. Así que hasta acá llego con este personaje. Ojalá alguien (OVNI, Ivrea, Magoya) publique pronto algún comic dibujado por Rocío Zucchi con un guión sólido y copado. Me resisto a ver a esta talentosa autora desperdiciando su talento en proyectos tan poco trascendentes como este.  
Y cierro con un lanzamiento reciente, Héroes en el Aula, una historieta para chicos escrita por David Rodríguez (Deivid, para los amigos) y dibujada por Aleta Vidal. Es una historia breve (48 páginas) donde Deivid trata de contar una historia entretenida y de delinear con onda y cariño a los… ocho personajes protagónicos. Y no, lamentablemente no le alcanzan las páginas para todo eso. Sobre todo porque, por encima de la trama, Héroes en el Aula se juega entera al mensaje que quiere transmitir: un mensaje relevante, sumamente positivo, en contra del bullying y la discriminación en las escuelas. Deivid cumple con creces la misión de bajar esta línea, pero –para mi gusto- no llega a complementarla con una historia tan potente como el mensaje y los valores que transmite. Seguramente los chicos menores de 11 ó 12 años que compren el libro no van a tener las objeciones que tengo yo a la hora de engancharme con lo que narra Deivid, y lo van a disfrutar muchísimo y hasta se van a sentir identificados con mucho de lo que pasa en estas páginas.
Al margen de esto, Héroes en el Aula tiene su principal atractivo en el dibujo de Aleta Vidal, que acá entrega el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera. Desde la planificación de la página hasta el color, toda la faz gráfica de este comic es espectacular. La línea sintética y amistosa, el diseño de los personajes, la composición de los cuadros, las expresiones faciales, el lenguaje corporal de los chicos, los fondos, la acción. Se nota el compromiso, la pasión, la onda que le puso Aleta a cada viñeta, a cada secuencia. Imposible hojear este librito sin sentir la necesidad imperiosa de atesorarlo por siempre. No tengo dudas de que el año que viene más de una maestra de escuela primaria le va a pedir a todos sus alumnos que lean, estudien y debatan en clase Héroes en el Aula.
Y nada más, por hoy. Tengo por delante unos días medio enkilombados, así que no sé si llegaré a postear en el blog antes del viaje a San Luis. Vamos a intentarlo, obvio, pero puede fallar.

Ah, otra cosa: nadie respondió nada acerca de la posibilidad de festejar con un evento los 10 años del blog. ¿Qué onda? ¿Armamos algo, o no hay quorum?

viernes, 1 de noviembre de 2019

OTRA VEZ NOVIEMBRE

Una vez más arranca un mes que me gusta mucho, no sólo por el clima, sino porque se me suelen acumular muchos eventos y casi todos me llevan de viaje por distintos lugares del país o el continente. Esta noche, sin ir más lejos, estoy con todas las ganas de salir, pero me tengo que ir a dormir temprano para estar mañana al mediodía en la Pergamino Comicon. Aprovecho, entonces, para postear las reseñas de los últimos libritos que leí.
Hace no mucho, el 11/06/19, me despedía del Moon Knight de Brian Wood y Greg Smallwood con la promesa de reencontrarme con el personaje y el dibujante en la etapa donde los guiones van a manos del siempre sorprendente Jeff Lemire. Y acá estoy, con este TPB de 2016 en el que el guionista canadiense le pega otra vuelta de tuerca, extrema, de altísimo impacto, al justiciero creado en los ´70 por Doug Moench. Si hasta acá guionistas como Brian Michael Bendis, Warren Ellis o el propio Wood venían coqueteando con la posibilidad de que a Moon Knight le faltaran un par de jugadores, Lemire lleva esa idea al carajo y más allá. En esta saga (coherentemente titulada “Lunatic”), Marc Spector no es un héroe, ni un justiciero urbano, ni nada. Es un demente internado en un manicomio, en el que además están… ¡los cuatro personajes secundarios más importantes de la etapa de Moench!
Son 100 páginas llenas de sacudones impredecibles, todo el tiempo sobre la delgada cornisa que separa la cordura de la demencia, con Khonshu dejando cáscaras de banana en la cornisa, como para que no falten oportunidades de ver a Moon Knight derrapar hacia el abismo. Lemire trabaja durísimo para que vos no le creas a nadie: ni a los buenos, ni a los malos, ni a los psiquiatras, ni a personajes que cambian de alineación más de una vez durante la saguita. Esto es rarísimo: un comic de acción, con piñas y persecuciones, con climas opresivos, agobiantes, pesadillas, alucinaciones, drogas, electroshocks y varias versiones contradictorias de los mismos hechos. La deconstrucción más bestial de un personaje clásico que recuerdo haber leído en mucho, mucho tiempo.
Y el dibujo de Greg Smallwood es devastador. Casi todo está dibujado en un estilo que combina la estética dura, potente, oscura de Sean Phillips y Shawn Martinbrough con la elegancia y la plasticidad de García López. Una gloria absoluta. Pero además, en los flashbacks y las secuencias oníricas el dibujante cambia el estilo y prueba con cosas loquísimas, entre ellas homenajes al trazo de Bill Sienkiewicz, el dibujante que hiciera levantar vuelo a Moon Knight a principios de los ´80. El color de Jordie Bellaire también es magnífico, y por suerte tengo un TPB más de estos mismos autores para leer pronto.
Allá por el 26/03/11, después de leer La Ciudad de los Puentes Obsoletos, me quedé a la espera de una nueva novela de Federico Pazos en la que –en una de esas- el autor lograra combinar su descomunal talento para el dibujo, el color y el armado de las secuencias con un guión fuerte, sólido, 100% convincente. Y esperé, y esperé, y esperé, y finalmente se publicó La Resaca y ¿con qué me encontré? Con otras 120 páginas dibujadas a un nivel inhumano, con cuatro estilos distintos, mil variantes brillantes en la puesta en página, un manejo del color demasiado perfecto para ser real, mucho, muchísimo más texto que en Los Puentes Obsoletos… y de nuevo, un guión que no me terminó de cerrar.
La Resaca tiene algunos momentos absolutamente geniales. Toda la secuencia del pirata y toda la del viejo mal llevado son páginas y páginas fascinantes, muy bien escritas, repletas de hallazgos en la narrativa. Todo el tiempo (en estas secuencias y en las otras) te preguntás ¿a dónde va todo esto?, ¿cómo enganchan las cuatro historias? ¿son realmente historias, o son larguísimas escenas de gente que habla o piensa? Y sí, todas esas escenas aparentemente inconexas, todos esos diálogos interminables (algunos muy graciosos, otros muy introspectivos) van hacia un lugar. Y no, no son exactamente historias. Son… situaciones, pongamoslé. Ni siquiera situaciones límite, de esas que los autores suelen usar para definir rápidamente a los personajes. Estos personajes se definen de a poco, haciendo y diciendo boludeces, cosas de todos los días… Filosofan, cuentan anécdotas, algunos casi no se mueven. Entonces entra en escena la magia de Pazos para imaginar metáforas visuales zarpadísimas, como para no dibujar 120 páginas de tipitos conversando. Y ahí es donde La Resaca te lleva puesto y te estrola contra la pared.
De nuevo, el guión me generó unos cuantos “peros”. Y de nuevo, todo el aspecto visual de la obra, desde la portada hasta la tipografía de los textos, me lleva a pensar que Fede Pazos es un Genio del Noveno Arte, un creador de climas, universos y personajes que no intersectan fácilmente ni con la aventura ni con los otros géneros clásicos, pero que te seducen, te incluyen, te emocionan y te dejan pensando. Demasiada belleza para 120 páginas, en serio.

Y nada más, por ahora. Ah, el miércoles a las 19hs voy a estar en la Casa de la Cultura de Vicente López, como moderador de un panel de guionistas. La entrada es gratis y los guionistas son capos, así que si están al pedo, vengan. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.