el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 17 de noviembre de 2016

EN PESIMO ESTADO

Estoy re-baqueta. Tengo una congestión y un dolor de cabeza espantosos y un párpado hinchado como si me hubiese boxeado Wildcat. Además, ese tramito que va entre el medio de la nariz y el labio superior me quedó al rojo vivo de tanto sonarme los mocos… que ni siquiera son mocos, es una agüita de mierda que nunca termina de gotear… En fin, trataremos de pilotearla un rato más, lo suficiente como para reseñar un par de libritos que leí en estos días…
Arranco con Replay, una historia que en Francia se serializó en tres álbumes allá por el 2000 y un par de años después se editó en España, en un sólo tomo. El guionista es Jorge Zentner, el maestro entrerriano radicado hace muchos años en Barcelona, y el dibujante es el francés David Sala (sí, otro Sala más). Replay es una historia amarga, de esas que para la décima página ya sabés que sólo puede terminar para el orto. Zentner se mete con dos temas muy atractivos: la amistad y el azar. ¿Se parecen mucho o poco? ¿La verdadera amistd es tan efímera como una racha de buena suerte? ¿Qué pasa cuando la fortuna te sonríe y no parás de ascender? ¿Ascendés solo, o con tus amigos? Preguntas difíciles que el guionista responderá a través de las acciones y omisiones de Don Walden un pibe ambicioso y de pocos escrúpulos, al que la suerte arrastrará en una road movie (tranqui, para nada frenética) que tendrá a la timba como hilo conductor.
Zentner (fiel a su costumbre) le da mucha bola a los climas, sin descuidar nunca los diálogos. Lo que no abunda es la acción, algo que el guionista acovacha para luego dejarla explotar cerca del final, cuando Don vuelva a quedar frente a frente con su viejo amigo Chuby. El dibujo de Sala es glorioso, difícil de describir de tan grosso. Y eso que este es uno de sus primeros trabajos. El color es magnífico, un verdadero festival de técnicas pictóricas (quizás haya también algo de computadora) que potencian el dibujo y juegan fuerte a favor de esos climas que tanto peso tienen en la trama. Visualmente, esto es una maravilla. Y al nivel del guión, hay que bancarse una alta dosis de decomprensión, que no llega a aburrirnos al nivel de una película francesa, pero se siente. Esto mismo podría contarse en mucho menos de 150 páginas, no tengo dudas, aunque no sé cuánto quedaría de esa impronta pausada, introspectiva y profunda que tiene el guión de Zentner.
Y me voy a la otra punta: 80 páginas de machaca de la mano de Mighty Man, el Captain Marvel del universo de Savage Dragon, un personaje surgido de la devoción de Erik Larsen por la creación de C. C. Beck que con el tiempo fue cobrando rasgos más propios para dejar de ser un mero choreo. En este one-shot, Larsen co-escribe junto a su viejo amigo Gary Carlson y entinta los lápices de Mark Englert, ignoto dibujante que, en caso de tener un estilo propio, se ve completamente eclipsado por las tintas del gigante de Minneapolis.
El argumento del one-shot parece un dejá vu, una excusa para repasar todo lo sucedido con Mighty Man desde que Larsen lo integró al universo de Savage Dragon (estamos hablando de unos 10 años de continuidad, porque esto es de 2004), hasta que te das cuenta de que no, que estos son el Mighty Man y la Ann Stevens del OTRO universo donde transcurren las aventuras de Dragon, en el que todas estas cosas no habían pasado nunca, y otras jamás pasarán (entre ellas, el romance de Ann con el héroe verde). Larsen y Carlson reciclan un viejo plot que ya se había insinuado en la continuidad anterior: el del sobrino del Mighty Man original que sueña con recuperar el legado de su tío y ser el receptáculo de los fabulosos poderes que hoy ostenta Ann.
El resultado es un comic pasatista, sin sorpresas, que se deja leer sin inconvenientes, que te engancha con el ritmo y con las constantes referencias a otros comics, otros personajes e incluso a la continuidad anterior en la que vivieron (y en algunos casos murieron) estos mismos personajes. El dibujo conserva la impronta estridente, granguiñolesca de los buenos trabajos de Larsen, así que también contribuye a la lectura ágil y a que los impactos del guión nos peguen con fuerza, incluso cuando pasan cosas obvias.
Ni bien me sienta mejor, retomo las lecturas y las reseñas.