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lunes, 13 de mayo de 2013

13/ 05: EL AVENTURERO DEL CARIBE

Allá por 1976, la editorial italiana Sergio Bonelli lanzó una colección de 30 álbumes lujosamente editados, llamada Un Uomo, Una Avventura. Cada tomo era autoconclusivo, presentaba a un protagonista masculino al frente de una aventura en algún lugar exótico y llevaba la firma de alguno de los grandes maestros de la historieta italiana. El inmenso Hugo Pratt firmó cuatro de esos álbumes: L'uomo dei Caraibi (1977), L'uomo del Sertao (1978), L'uomo della Somalia (1979) y L'uomo del grande nord (1980). En España no se publicaron los 30 tomos, pero sí los cuatro de Pratt, que se conocen en nuestro idioma como El Aventurero del Caribe, La Macumba del Gringo, Al Oeste del Edén y Jesuita Joe.
El Aventurero del Caribe (también conocida como Svend), tiene apenas 43 páginas y nos lleva –como su nombre lo indica- a los mares del Caribe, a la década del ´30 del siglo pasado. El protagonista es un arquetipo, apenas definido: un tipo cínico, de ascendencia europea, que se gana la vida a bordo de un barquito que recorre las islas, llevando gente o cargamentos y sobre todo sin hacer preguntas. Recién para el tercio final de la obra, se jugará por algo que trascienda lo material: un amigo que se come un garrón injustificado y una causa política, la de los revolucionarios liderados por Piel Negra, jefe de la insurrección en la Gran Antilla. Svend es un tipo que prefiere el cálculo a la acción y el humor sarcástico al diálogo abierto y sin tapujos, y sólo apretará el gatillo de su pistola dos páginas antes del final.
El argumento delineado por Pratt es prolijo, coherente y está muy bien llevado. Por ahí no es mega-original (o lo era en 1976, no ahora), pero sí muy interesante. Como en todas las obras del Tano, este avanza a paso cansino, cuando no le queda más remedio, y siempre muy impulsado por los diálogos. Acá hay acción, no vayas a creer, pero casi siempre se limita a que alguien pele un chumbo y, mientras amenaza a otro personaje, habla y habla, de lo que está por suceder, de sus motivaciones, o de cualquier otra cosa. Por supuesto, fiel a su estilo, Pratt también nos regala silencios importantes, de increíble elocuencia. La verdad es que, para 43 páginas, El Aventurero del Caribe ofrece un elenco muy nutrido, con siete personajes importantes y varios que cumplen roles menores. Felizmente, el Tano orquesta de modo impecable la entrada y salida de escena de todos estos personajes, entre los que tenemos a un argentino, de raíz cheta y oligárquica, pero volcado al bando de los revolucionarios. El maestro le saca muy buen jugo al contrapunto entre estos hombres y mujeres tan distintos entre sí, con grandes diálogos y memorables escenas intimistas en las que se dicen (y se callan) cosas realmente notables.
Cuando vi que era una historieta del ´76, enseguida subieron mis expectativas en materia de dibujo. A mediados de los ´70, Pratt dejaba la vida en cada viñeta y, si bien ya rumbeaba hacia la síntesis que le impondría a su trazo en la década siguiente, todavía conservaba rasgos de las primeras aventuras del Corto Maltés, esas glorias dibujadas como la hiper-concha de Dios. Acá hay un poco de cada cosa: los primeros planos son majestuosos, al nivel de esas historias míticas del Corto que Pratt publicaba en la revista Pif. Los fondos, en cambio, son escasos y muy básicos y a medida que la cámara se aleja de los personajes, estos pierden dinamismo y se ven no sólo más esquemáticos, sino también más estáticos. La página 21 es particularmente ilustrativa de esto: las dos primeras viñetas son magníficas. La tercera, en la que Moretto le pega una piña a Svend es tosca y falta de plasticidad. La cuarta zafa, la quinta es lindísima y la sexta, cuando Svend contragolpea, parece de una historieta chota de Columba, o de esas revistas de aventuras sosas y mediocres de los años ´50. Con un gran laburo de pincel y masas negras muy expresivas, es cierto, pero con una composición burda y unas líneas cinéticas que no logran hacernos creer en ningún momento que esos cuerpos están en movimiento. La narrativa, como siempre, es impecable, con mayoría de páginas de seis viñetas, siempre en tres tiras de igual altura. En general, este es buen trabajo del Tano, donde se nota mucho su mano y poco la de sus asistentes. Simplemente no hay que comparar estas planchas con las de Fábula de Venecia (también de 1976), que están 20 veces mejor.
Y sí, El Aventurero del Caribe es una obra menor dentro de la bibliografía de Hugo Pratt. Aun así, es un comic atrapante, con un excelente guión, con un ritmo extraño y fascinante, con la extensión justa, con algunos dibujos brillantes y otros que, incluso hechos a los pedos, transmiten muchísimas sensaciones grossas y se acoplan perfectamente al clima que trata de crear el maestro. Si lo ves a buen precio, embarcate.