el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 21 de enero de 2019

LECTURAS VERANIEGAS

Sigo avanzando con las lecturas y ya tengo un par de libritos más para reseñar.
A veces ser muy fan de un autor te juega una mala pasada. Por ser fan de John Paul Leon, y al enterarme de que en este trabajo lo entintaba nada menos que Shawn Martinbrough (del que también soy fan), me leí Logan: Path of the Warlord, un comic que hace agua por todos lados.
El dibujo no es gran cosa. De alguna manera, la alquimia entre Leon y Martinbrough no funciona, o por lo menos no se ve tan bien como un comic 100% de Leon o 100% de Martinbrough. A ver, esto es de 1996, cuando la mayoría suponía que a Wolverine había que dibujarlo al estilo de Joe Madureira o Adam Kubert. En ese sentido, esto es re-transgresor. Pero no es bueno. Y por si faltara algo, el color (a cargo de Gregory Wright) es defintivamente inmundo. Esto está tan mal hecho, que el comic termina… en la retiración de contratapa, con una página en blanco y negro. Te lo juro. Es un prestige de 48 páginas con 49 páginas de historieta. Y en esa última página en blanco y negro queda claro lo mucho que daña ese color de lesa humanidad a los dibujos de Leon y Martinbrough.
A todo esto no mencioné que el guión es obra de Howard Mackie, verdulero emblemático de la Marvel de los ´90, hoy felizmente olvidado. Pobre pibe, acá no emboca una. El conflicto no es interesante, el villano es un Juan Carlos Nadie que no genera nada, los elementos fantásticos están incorporados a la trama “realista” con la destreza de un pingüino empetrolado… Lo único rescatable es un clásico sensei que trata de encauzar un poco a Logan para que controle mejor su naturaleza violenta. El resto naufraga en el mismo océano de la intrascendencia donde fueron a parar casi todas las obras de Mackie. Es una lucha…
En 2018 hubo ediciones argentina y española para Segunda Venida, una novela gráfica del guionista español Abel Alves (muy conocido también en Uruguay, donde residió varios años) y el dibujante argentino Juan Caminador. Si leíste unos cuantos comics de Vertigo, el argumento de Segunda Venida te va a resultar bastante típico: una chica adolescente descubre que en su filiación intervino un elemento sobrenatural muy grosso, y alguien le revela que es el receptáculo de inmensos poderes y que va a jugar un rol clave en una guerra que tiene que ver con Dios.
No quiero contar nada más de la trama para no spoilear, porque es una obra bastante reciente. Quiero subrayar el ritmo del relato, que es absolutamente atrapante, lo bien trabajados que están los personajes (a los que en 160 páginas les pas de todo y crecen un montón) y preguntarme (ya lo hice cuando se editaron otras obras de Alves en Uruguay) por qué carajo esto se publica en el slang de la península ibérica, ese que aprendimos leyendo historietas de El Víbora y escuchando los discos viejos de Joaquín Sabina. Buena parte de la gracia de Segunda Venida reside en que Alves se mata para que los personajes de Evangelina y Susi nos resulten reales, cercanos, para que nos identifiquemos de una con ellas. Pero si dicen “coño”, “tía”, “bollera” y “eso molaría mucho”, nos ponen una serie interminable de barreras para que los lectores ripolatenses no nos podamos identificar. Realmente, no entiendo qué les costaba traducir los diálogos al argentino para la edición nacional.
El dibujo de Juan Caminador es extraordinario. Fluído, dinámico, expresivo, extremo en las escenas de acción, muy idóneo para plasmar emociones en las escenas más intimistas, con un gran trabajo en los fondos y en la aplicación de los grises. Y así como afirmo que el prestige de Logan sería mil veces mejor sin esos colores hediondos, postulo que Segunda Venida se vería mucho mejor si fuera a todo color. No sólo por la magia cromática que tira Caminador en la portada, si no por la onda misma de la historia, re-da para meterle color a las 160 páginas. Aunque sea para subirla a la web y no imprimirla jamás, estaría genial una versión a todo color de esta historia. Y si no se puede, no hay drama. Así como está es una gran novela gráfica, que te entretiene, te emociona, te shockea y hasta te deja pensando. Sumamente recomendable para los fans de las aventuras épicas a todo o nada que ofrecen algo más que machaca grandilocuente.
Y esto es todo, por ahora. La seguimos muy pronto, ni bien tenga más material leído para reseñar acá en el blog. 



viernes, 18 de enero de 2019

VIERNES DE SEGUNDAS PARTES

Casualmente los últimos dos libros que leí son continuaciones de otros que ya vimos acá en el blog, lo cual me permite escribir textos más breves.
El 21/12/18 empecé a leer Ping-Pong,el manga del sensei Taiyo Matusmoto acerca del mejor deporte que existe en el universo, y ahora me bajé el Vol.2. En esta segunda entrega, todo sucede durante un torneo, con lo cual vemos pocas escenas por fuera de los partidos. Es decir que no hay tanto espacio para el desarrollo de los personajes (me da la sensación de que eso va a estar en el núcleo del Vol.3). Y por otro lado, tenemos 200 páginas repletas de unas batallas alucinantes, que explotan de emoción, suspenso, fuerza y movimiento. Matsumoto ya me había sorprendido en el Vol.1 con esa forma hiper-impactante de narrar los partidos de ping-pong, pero ahora que se juega por los puntos, ya no entre compañeros de equipo sino entre institutos rivales, el vértigo se potencia y cada secuencia es una epopeya, dibujada como la hiper-concha de Dios por esta bestia fuera de todo canon.
Es loquísimo ver a un autor supuestamente “raro” como Matsumoto al frente de un shonen de deportes, pero la verdad es que a pesar de la mayor linealidad del relato, Ping-Pong ofrece un montón de sorpresas, de giros inesperados y de esos toques de extraña genialidad que uno aprendió a asociar con el autor de Tekkon Kinkreet, GoGoMonster, Blue Spring y tantas otras gemas. La puesta en página, el equilibrio entre blancos y negros, los detalles en las tribunas, las expresiones faciales… En realidad toda la faz gráfica nos indica que no estamos leyendo un shonen típico, que acá hay algo más: una intención autoral más ambiciosa,  una búsqueda por traspasar las fronteras del simple entretenimiento y los cheap thrills. Prometo entrarle pronto al Vol.3, para ver cómo afecta a Smile y a Peko el resultado de las eliminatorias que componen el grueso de este vibrante Vol.2.
Otro que llega al Vol.2 es el Super Ninja Kururo, la gran creación del chileno Marko Torres que descubrimos el 05/09/17 gracias a la edición argentina a cargo del sello Comiks Debris. Presentados los protagonistas, explicado el origen de los fabulosos poderes de este ninja chiquito y cabezón, en esta segunda entrega Torres se anima a lanzarse a un aventura un poquito más compleja… y mucho mejor que la primera, por lo menos a nivel guión.

Acá tenemos peleas tremendas, peripecias imposibles y chistes de enorme efectividad englobados en una trama muy sólida, que avanza a muy buen ritmo y en la que sucede lo inesperado, todo el tiempo. El dibujo y el color de Torres son (una vez más) excelentes y totalmente irresistibles para cualquier fan de los dibujos animados. Preparate a maravillarte y a cebarte como cuando éramos chicos de la mano de este grande de la historieta que es Marko Torres. Y a esperar con todo el entusiasmo que salga pronto un tercer álbum con nuevas aventuras del Super Ninja Kururo.
Buen finde para tod@s y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 15 de enero de 2019

TARDE DE MARTES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros que ya tengo leídos.
Me voy a 2015, cuando se reúne después de muchísimos años la dupla integrada por el escritor y guionista estadounidense Jerome Charyn y el dibujante francés François Boucq, para la que será su tercera (y hasta ahora última) obra en conjunto. A lo largo de 80 páginas, Little Tulip nos invita a seguir la vida de Paul, un chico que nace en Estados Unidos, se muda con su familia a Rusia y durante los años ´40 vive la pesadilla de la persecución política, la captura a manos del régimen stalinista y la vida en cautiverio en un gulag de Siberia. Tras recuperar la libertad en 1953, vuelve a New York. Charyn nos narra en paralelo la infancia y juventud de Paul en Rusia (donde le dicen Pavel) y su presente, ambientado en la convulsionada New York de principios de los ´70. Y tanto el joven Pavel como el adulto Paul la van a pasar sumamente mal.
Little Tulip es una de las historias más sórdidas, más oscuras, más desoladoras que leí en mi vida. Ni siquiera cuando narró su autobiografía en la novela The Catfish Man, Charyn se privó de mostrarnos escenas violentas o escabrosas. Pero en esta obra lleva ese nivel de truculencia y mala leche a límites insospechados. Acá sí, no vas a encontrar ni cinco centavos de esperanza. Recién sobre el final, Charyn se anima a explorar una remota posibilidad de paz y tranquilidad para un personaje que a lo largo de la novela va a perder prácticamente todo. Ya sea en Rusia o en EEUU, bajo la mano dura de Josef Stalin o bajo la mascarada de Richard Nixon, Pavel/ Paul será protagonista o testigo de asesinatos, violaciones, torturas, mutilaciones, peleas sangrientas y escenas de sexo con menores de edad.
No quiero contar más del argumento, pero básicamente son esas dos historias: el paso de Pavel de niño a joven en las heladas estepas rusas y una aventura de corte más policial en la New York de los ´70, entrelazadas con notable habilidad por un Charyn inspiradísimo. Y por supuesto, todo retratado con escalofriante belleza por el inmenso Boucq, quien maneja a la perfección la documentación histórica, el marco de realismo que requiere la historia, y a la vez sabe aportar esa cuota de expresionismo, de grotesco incluso, que acentúa la crueldad, la perversión o la venalidad de los distintos personajes que pueblan las viñetas de Little Tulip. Imposible recomendarla lo suficiente, de verdad. Si leíste La Mujer del Mago o Boca de Diablo, ya sabés que Charyn y Boucq no fallan.
Salto a Argentina, a 2018, cuando se publica el primer librito de Proyecto Tifón, una saga que reúne a varios de los superhéroes que integran el universo de Capitán Barato, creados por Daniel Muller y Lea Caballero. Acá el Capitán Barato aparece muy poquito, en un brevísimo back-up en el que lo vemos hospitalizado. Yo asociaba al personaje con el humor, o la comedia, y claramente este libro no va para ese lado.
El tramo central de la publicación está dividido en dos capítulos, ambos escritos por el imparable Rodolfo Santullo, que creo que nunca había escrito superhéroes. El primer capítulo se centra en Miss Capi, una justiciera urbana sin poderes que sobrevive de modos absolutamente inverosímiles a los embates de varias villanas (estas sí, bastante más power que un humano normal). Recién al final las Tragedias parecen infligirle a la heroína la previsible derrota, acompañada de una “muerte” que cualquier fan de los superhéroes sabe que se va a revertir. Todo esto está dibujado por Kristian Rossi, a quien se le nota mucho el parentesco estético con Eduardo Risso (de quien es asistente), con una narrativa muy sólida, un buen trabajo en el color y algunos fondos que podrían estar y no están (los que están, están buenísimos).
Durante todo ese primer tramo, Miss Capi trata infructuosamente de contactarse con otro héroe, Alto Voltaje, quien está investigando acerca del Proyecto Tifón y su vinculación con quien parece ser el principal villano de esta saga. Alto Voltaje será el protagonista excluyente del segundo capítulo, donde no hay mucho más que una confrontación con los esbirros de este villano (al que Santullo logra dotar de una cierta tridimensionalidad) y la confirmación de que el Proyecto Tifón es mucho más peligroso de lo que suponían los héroes. Este tramo tiene a cargo de la faz gráfica a Pablo Ayala (lo vimos allá por el 16/05/18), que lleva al extremo la técnica de las fotos retocadas en el Photoshop, con millones de filtros y efectos locos. El fuerte de Ayala es el color digital, con el que logra unos engamados muy atractivos, que además de darle clima al relato le dan una pátina de belleza pictórica. Y lo vi un poco más firme en las escenas de acción que en trabajos anteriores. Aclaro que NO soy fan de la estética pseudo-pictórica basada en el manoseo de fotos, pero hecha esa salvedad, el trabajo de Ayala me gustó.
Lo único que realmente no me cerró es lo poco que pasa en 52 páginas. Puestos a sintetizar o ir al grano, se podría haber contado lo mismo en 24 ó 30, como mucho. Pero como los diálogos de Santullo son ágiles y los dibujos se ven bien, no me molesta tanto la estirada. Veremos cómo sigue la historia en la segunda entrega, en la que el foco estará puesto en otros personajes a los que nunca escuché nombrar.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.  

sábado, 12 de enero de 2019

PREVIA CON RESEÑAS

Gran noche de sábado para salir a atorrantear, pero antes, las reseñas de los brolis que me terminé en estos días.
El Vol.3 de la Daredevil Ultimate Collection recopila los números que me faltaba leer para completar la etapa de Ed Brubaker al frente de esta serie, acompañado casi siempre por Michael Lark. Brubaker tomó las riendas de Daredevil con el protagonista en cana, y se va subiendo la apuesta, cantándole “quiero retruco” al pobre pibe que viene después, que es Andy Diggle: para el final de la Era Brubaker, Daredevil queda de capo de The Hand, la nefasta secta de ninjas místicos, que se dedican a asesinar gente por un puñado de dólares. Si te parece mucho, te cuento que Charles Soule cerró su etapa en Daredevil dejando al personaje muerto. Eso es un “quiero vale cuatro”.
Básicamente el mega-TPB podría dividirse en tres arcos argumentales. El primero (estirado hasta el infinito) narra la odisea de Matt y sus amigos para evitar que muera en la silla eléctrica un tipo de mierda, que en realidad es inocente. Una gran historia, con infinita chapa para Dakota North, que pasa de cero a la izquierda a personajón. El segundo tramo es el más pochoclero, el más jugado a la acción de palo-y-palo, muy centrado en la irrupción de Lady Bullseye como asesina estrella de The Hand. Acá Brubaker reparte el juego entre más y más personajes y brillan el Maestro Izo y Iron Fist, entre otros. Y el tercer tramo es la resolución: el regreso del Kingpin a New York, la guerra triple entre el ninjerío, el capo mafia y los buenos y al final, el giro magistral e impredecible con el que todo cierra: Daredevil desactiva la identidad de Matt Murdock y asume la conducción de The Hand para la estupefacción de propios y ajenos.
Por supuesto que todo este descenso de Matt a los abismos de la corrupción está muy bien llevado. Todo el tiempo al héroe le pasan cosas horribles, que lo hacen caminar por una cornisa cada vez más finita. Rosquear con el Kingpin y The Hand es casi la solución menos asquerosa de todas las que se le aparecen a Daredevil, en un contexto que lo va asfixiando cada vez más, a medida que Brubaker le pisotea los ideales y le complica los vínculos. Gran laburo de este guionista fundamental que tiene hoy EEUU, muy bien complementado por un Michael Lark muy inspirado y muy comprometido, al mismo nivel (o un poquito por encima) de lo que vimos en Gotham Central. Gran cierre de la etapa que tuvo que bancarle los trapos nada menos que a la de Brian Michael Bendis.
Salto a Argentina, año 2018, para leer El Borde, una novela gráfica escrita y dibujada por Bruno Chiroleu, otrora director y asiduo colaborador de la antología Términus.
Me encantó el dibujo. Bruno encuentra un punto justo entre realismo y expresionismo, y lo complementa con un manejo magnífico del claroscuro y las tramas mecánicas. El armado de las secuencias, la elección de los ángulos, el movimiento de la “cámara”, los momentos en los que el autor decide matarse en los fondos u omitirlos por completo… todo eso está impecable, al nivel de cualquier autor consagrado en cualquier mercado de los importantes.
El argumento también me resultó atrapante: un hotel en el medio de la nada (poco casualmente parecido al que le sirve de sede a la San Luis Comic Con) varios huéspedes, un garca que domina la escena con maligna frialdad, historias que se cruzan y se enredan, un final trágico… No está mal. Lo que me hizo un poco de ruido es el guión en sí, la forma en la que Chiroleu desarrolla esas ideas y esos personajes. El autor recurre a escenas mudas, escenas oníricas, va armando un clima más bien extraño, que por momentos se vuelve un poco críptico. No es que Bruno le escape a las escenas más explícitas, para nada: hay piñas, tiros, cuchillazos, persecuciones y hasta sexo entre un hombre grande y una menor de edad, que acepta tomar una droga para estar inconsciente durante el garche.
Por suerte abundan las sorpresas, los momentos fuertes y los volantazos en algunos personajes, que parecen ir por un carril pero terminan en otro. Recomiendo tratar de leer El Borde en clave de thriller clásico, sin dejarse distraer por esa impronta más extraña, más ambigua, de relato enroscado onda David Lynch, que aflora por momentos y que no es ni a palos lo que mejor le sale a Chiroleu. Espero ansioso nuevos trabajos de este notable historietista.

Y esto es todo por hoy. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

miércoles, 9 de enero de 2019

NOCHE DE MIERCOLES

Venía de unos cuantos días sin reseñar comics, y lógicamente ya tengo un par de lecturas acumuladas como para empezar a ponerme al día.
Arranco en 2011, en EEUU, cuando Beto Hernandez lanza una nueva novela gráfica basada en las películas que no existen en la realidad, pero que en el Universo Beto filmó Fritz (Rosalba Martínez), quizás la más popular de las hijas de Luba. Si seguís hace mucho este blog, recordarás otras tres novelas gráficas en esta serie, reseñadas el 15/09/10, el 03/04/11 y el 13/08/13.
Love From the Shadows nos muestra a Fritz en el rol de Dolores, la protagonista de esta trama surreal de sexo y misterio. No es la trama que más me convenció, aclaro desde el vamos. Esto es muy retorcido incluso para los standards de Beto Hernandez, que no es en absoluto un autor “fácil” ni complaciente con sus lectores. La lectura es atrapante, hay muchas escenas de alto impacto, ideas muy originales y excelentes diálogos. Pero esta vez, para mi gusto a Beto se le va la mano con eso de no explicar cosas, de dejarlas sugeridas para que el lector se imagine lo que le parezca. Nunca sabemos qué carajo hay en esa caverna, qué le pasó al padre de Dolores y Sonny, por qué aparecen tres tipos con la misma cara que dicen no ser la misma persona, de qué juegan los monitores, y lo más importante: cómo y por qué las cirugías que se hace Sonny para convertirse en un doble de Dolores se revierten en tiempo record.
En el medio hay obsesiones, traiciones, estafas, garches bastante subidos de tono, charlas muy explícitas acerca de la homosexualidad (antes de convertirse en mujer, Sonny es varón y gay) y una escena muy truculenta en la que Dolores le atraviesa la chota a un pibe a flechazos. Todo esto en un clima muy enrarecido, muy de película de David Lynch, donde cuanta más atención le prestás a los detalles, más incógnitas te quedan sin resolver. Y por supuesto está el dibujo, alucinante de punta a punta, ahí sí más cerca del cine de Clase B que de la estética lyncheana, donde Hernandez demuestra una vez más su talento para el claroscuro y su demoledor manejo de la narrativa. Si nunca leíste nada de Beto Hernandez, o si sólo conocés las historias ambientadas en Palomar, no empieces por acá. Las posibilidades de que te guste Love From the Shadows son directamente proporcionales a la cantidad de obras “raras” de Beto que ya hayas disfrutado.
Me vengo a Argentina, año 2018, cuando un arco argumental originalmente desarrollado en la tira diaria Los Canillitas (ver reseña del 04/09/12) se convierte en una novelita gráfica que se puede leer y entender perfectamente sin tener la más puta idea de lo que sucedía en la tira de Diego Agrimbau y Fernando Baldó. Con las viñetas de Los Canillitas, se armó una historieta de 85 páginas llamada Dobles, en la que los autores introducen un elemento de ciencia-ficción muy zarpado en el medio de una comedia costumbrista muy real, muy cercana al lector.
De pronto, Roberto, Lechuga y Camila tienen a su disposición durante unas horas a réplicas de sí mismos, que comparten su aspecto, sus rasgos de personalidad, sus gustos, sus memorias, todo. La única diferencia –para nada menor en términos del desarrollo del argumento- es que estas réplicas no caretean, no especulan, no se preocupan por el qué dirán, no sopesan mucho las consecuencias de sus actos, porque saben que al día siguiente no van a estar más. Entonces tratan de vivir como viviría cualquiera de nosotros si le quedara un sólo día de vida por delante. Las consecuencias (que las habrá, y serán muchas) las tendrán que afrontar los “originales”, cuyas vidas continuarán cuando ya no estén los dobles.
El atractivo de Dobles consiste en ver cómo Agrimbau le mete a una historieta costumbrista un giro inverosímil, pensado para generar enredos y situaciones graciosas, típicas de comedia, y logra trascender eso para contarnos una historia más compleja, con fuertes tintes psicológicos. Hay chistes y están buenos, pero si sacáramos –por ejemplo- todas las escenas de Lechuga, la trama sería más compacta y más potente, tendrían más impacto todas las cosas que les pasan a Camila y Roberto a raíz de la entrada en juego de sus dobles. Agrimbau retrata con agudeza la relación entre estos “amigos que se tienen ganas”, con diálogos y silencios dignos de la mejor etapa de El Loco Chávez, el gran clásico del costumbrismo porteño creado en los ´70 por Carlos Trillo y Horacio Altuna. La dinámica entre una chica piola y decidida y un varón medio nabo suele funcionar muy bien, y en ese sentido Dobles no es la excepción.
El dibujo de Baldó, acá publicado bastante más grande que en el diario donde aparecía la tira, gana muchísimo. Se lucen más los detalles, se disfruta más el afiladísimo lenguaje gestual de los personajes y por supuesto está mucho mejor impreso el color. Excelente laburo de Fernando, en un nivel que parece imposible de alcanzar si pensamos que hacía tres o cuatro de estas viñetas por día.

Y nada más, por ahora. Sigo avanzando con las lecturas y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 7 de enero de 2019

SPIDER-MAN: INTO THE SPIDER-VERSE

Ah, bueno… Pensé que el cachito que nos mostraron al final de la peli de Venom me había preparado para lo que iba a ver unos meses más tarde en Into the Spider-Verse, pero lo cierto es que no. NADA te puede preparar para lo que vas a ver en estos 117 minutos de magia animada fuera de control. Into the Spider-Verse tuvo tres directores: Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, este último co-autor del guión junto a Phil Lord, y se hizo con 90 millones de dólares, que ya se convirtieron en casi 300 a medida que la película se estrena en más y más países.
Sin spoilear demasiado, digamos que la película cuenta cómo Miles Morales reemplaza a Peter Parker en el rol de Spider-Man, en un universo que vendría a ser una mezcla entre el de las tres primeras películas de Sam Raimi y el Universo Ultimate de los comics. En paralelo con eso, la dimensión donde sucede la gran mayoría de la trama se ve invadida por otras dimensiones, en un caos de realidades alternativas generado por un villano y eso abre la puerta para que entren en acción otras versiones de Spider-Man y entre todos le expliquen a Miles en qué consiste ser el arácnido favorito de New York.
El principal villano, Miles y su padre son los personajes mejor trabajados por los guionistas, los que además de lucirse en escenas de acción y/o chistes, tienen más carnadura, más profundidad. Y también hay unos cuantos personajes esbozados de modo más superficial, con brocha más gruesa, que están ahí porque resultan funcionales al argumento… y seguramente para vender un par de muñecos más. La única caracterización que no me sedujo fue la de la Tía May, que de la nada acá se convierte en una especie de Alfred Pennyworth+ Lucius Fox, en un giro sorprendente pero poco verosímil. De todos modos me queda claro que los guionistas no están buscando conservar el verosímil, sino contar una aventura bien zarpada, grandiosa en su planteo y en su alcance, y por supuesto darle infinita chapa a Miles Morales, quien –ahora sí- está destinado a ser el Spider-Man definitivo de por lo menos una o dos generaciones.
Como esta es una peli bien para toda la familia, hay más chistes que en las películas con actores de Marvel, y todos funcionan muy bien. También hay sutiles toques de ironía, que nos invitan a pensar qué cosas funcionaron y cuáles no en las distintas versiones de Spider-Man que conocimos a lo largo de los años, infinitos guiños a los comiqueros, homenajes a Stan Lee, Steve Ditko, John Romita padre e hijo, Bill Sienkiewicz, Frank Miller, Erik Larsen, el propio Brian Michael Bendis (co-creador de Miles), Dan Slott (que fue el que empezó a desarrollar el concepto del "Spider-Verse") y muchos más. Y escenas más tranqui, más intimistas, pensadas para el desarrollo de los personajes y su entorno. Todo esto con un ritmo muy logrado, donde nunca te aburrís y donde la comedia nunca desplaza a la aventura del centro de la escena.
Pero falta lo más importante, que es el aspecto visual. A ver, te lo digo así, sencillito: al lado de Into the Spider-Verse, cualquier otra película animada que hayas visto es uno de esos cartoons de Marvel de los ´60 que hacían Gantray-Lawrence con dos pesos con cincuenta. Sí, las de Pixar también, las de Miyazaki también, todas. Acá los 142 animadores de Sony (responsables de películas que no vi, como Hotel Transilvania, The Emoji Movie, Lluvia de Hamburguesas y las dos últimas de Los Pitufos) llevaron el cine de animación a otro nivel, a otra dimensión. Visualmente, parece una película traída del futuro, bajada de un plato volador. La cinta mezcla todas las técnicas que se te ocurran para sumergirte en una especie de realidad virtual en la que los fondos son completamente reales y los personajes… no sé, no lo puedo explicar. Esto es lo más parecido a un comic que cobró movimiento y sonido que vi en mi vida. Tiene texturas, sombreados, detalles en el color que sólo había visto en los comics, efectos loquísimos de iluminación, momentos donde todo es tan real que uno siente que está viendo una peli con actores, pero en el medio aparecen cosas que claramente no encajan en esa estética… No me alcanzan las palabras, realmente.

Into the Spider-Verse es animación moderna, fresca, revolucionaria, respetuosa y a la vez superadora de los comics. Es para verla varias veces, en 2-D, en 3-D, en pantalla gigante, como sea. Ojalá todos los superhéroes que me gustan algún día tengan una película como esta, con esta onda, este amor a los personajes (y a la ciudad de New York) y estas ganas de irse al carajo y patear el tablero. Posta, una genialidad.

viernes, 4 de enero de 2019

PRIMER VIERNES DEL AÑO

Ocho de la noche del viernes, arranca la previa rumbo al primer finde del año, que promete y mucho.
Arranco en 2014, en Inglaterra, donde el sello Nobrow publica Robert Moses: The Master Builder of New York City, obra de los franceses Pierre Christin y Olivier Balez. Hace no mucho (el 04/11/18) reseñamos una obra muy corta de esta dupla, que era un comic documental, sin elementos de ficción. Esta extensa novela de 100 páginas repite la fórmula: Christin y Balez no nos cuentan una historia sino que comparten con nosotros los resultados de una investigación, centrada en la vida y la obra del prolífico y polémico arquitecto Robert Moses. Todo está narrado en base a datos biográficos reales, a sucesos constatables, y aún así los autores se las ingenian para crear momentos de una leve tensión dramatica, y por supuesto para hilvanar las anécdotas, situaciones y eventos en un hilo argumental que va avanzando en paralelo a las décadas que abarcó la vida de Moses.
Si sos fan de la ciudad de New York, o te apasiona la historia de las grandes metrópolis y los cambios que sufrieron a lo largo del Siglo XX, Christin y Balez te van a hipnotizar con este relato, que tiene como principal condimento la personalidad del protagonista. En algún momento me imaginé a Christin (viejo militante de la izquierda más radicalizada) investigando la vida de Moses, y descubriendo que este tipo (un judío de clase alta, conservador, excéntrico y elitista) no era un corrupto, sino más bien un caprichoso, un cocorito al que le gustaba mandar y salirse siempre con la suya. Y me lo imagino tipeando en el guión frases y datos que desmienten la “leyenda negra” en la que Moses era un garca peor que Franco, Mauricio y toda la “famiglia” mafiosa a la que puteamos todos los días… tragando saliva, diciendo para sus adentros “me quedé con las ganas de escrachar a este sorete, pero las evidencias contradicen la versión de los hechos que inventaron sus detractores”. Un capo, Christin, que pone ante todo el rigor documental y encima arma con eso una historia que nos enriquece como lectores.
Ni hablar del magnífico trabajo de Olivier Balez, un pincel endemoniado, repleto de expresividad y elegancia, también puesto en función de ese rigor documental del que hace gala el veterano guionista. Hermoso trabajo de este francés que vivió muchos años en Chile, muy clásico y mesurado en la puesta en página, muy atrevido para elegir la paleta de colores y muy aplicado para lograr la resemblanza física cada vez que aparecen personajes famosos del mundo real. Recomiendo mucho esta novela, que además está publicada en España por Norma.
Y me quedo en Inglaterra, porque Ladrones y Mazmorras, de la consagrada dupla de Rodolfo Santullo y Jok, es en realidad Dungeons & Burglars, la historieta que aparece cada semana en Aces Weekly, la revista digital gestada en el Reino Unido por el maestro David Lloyd. Felizmente ese material se empezó a publicar en Argentina y Uruguay y empezamos a descubrir por qué a los ingleses les gusta tanto.
Ladrones y Mazmorras es una serie planteada en tono de comedia, ambientada en un mundo típico de Dungeons & Dragons, con hechiceros, reyes, enanos, gigantes, elfos, ejércitos, tesoros, monstruos, borrachos de posada y escruchantes de catacumbas. Santullo encuentra muy rápido el equilibrio entre la aventura y la sátira a este tipo de relatos y en seguida hace la Gran Santullo: breves historias autoconclusivas, con distintas locaciones y personajes, que parecen no conectar entre sí… hasta que de a poquito empiezan a conectar y todo lo que vimos de modo disperso en las primeras historias, en las últimas ya resulta ser parte de un complejo y fascinante universo compartido, que obviamente se enriquece un montón con los cruces y la interacción entre los personajes. El antecedente más directo es Las Tierras del Oso (ver reseña del 27/12/15), del recordado prócer Carlos Vogt, casi el inventor de la aventura de género empapada en comedia desopilante.
Como en toda comedia, tienen un enorme peso los diálogos (muy bien resueltos por Santullo y publicados en uruguayo en la edición castellana) y el timing narrativo, que –ya lo sabemos- es una especialidad de Jok. El prolífico dibujante deja el alma en cada viñeta y recrea a la perfección este universo pseudo-medieval plagado de criaturas imposibles. Con ese claroscuro impactante, dinámico y detallado, que en sus mejores momentos parece una cruza entre Mike Mignola y Enrique Breccia, Jok no escatima nada a la hora de dibujar castillos, carruajes, caballos, armaduras, calabozos, tabernas, hombres, mujeres y monstruos. Y además sortea con éxito la limitación de que –al ser una historieta pensada para ser leída en pantallas- cada página está compuesta por dos mitades y tiene que respetar a rajatabla ese corte a la hora de la planificación gráfica de las secuencias.
No te quiero chamuyar vendiéndote Ladrones y Mazmorras como la gloria máxima del universo, ni como lo mejor que hicieron Jok y Santullo (dos máquinas de producir) en sus vidas. Pero son historietas muy divertidas, lindas de leer, lindas de mirar, que se animan a proponer otra mirada a uno de los géneros clásicos de la aventura. Sin duda, material para pasar un buen rato de la mano de dos grossos, y para comprar un Vol.2 ni bien se publique.
Y nada más por hoy. ¡Gracias y hasta pronto!


martes, 1 de enero de 2019

DECIMA TEMPORADA

Nueve años pasaron ya desde aquel remoto (y binario) 01/01/10 en el que este blog empezó su camino por el maravilloso mundo de la internet. Con la de hoy, llegamos a las 2400 entradas, lo cual es una bestialidad. Y estamos en los 2.220.000 visitas acumuladas desde el primer día hasta hoy, lo cual también supera ampliamente mis expectativas más optimistas.
Para 2018 me había puesto dos metas, y cumplí las dos. La primera fue clavar 120 entradas. Clavé 126. La segunda fue comprar un poco menos, y lamentablemente también la cumplí con creces. El mérito no es solo mío, por supuesto, si no que lo comparto con los hijos de un tren cargado con siete millones de putas que nos gobiernan y que – mediante ajustes y devaluaciones- lograron que hoy casi todos estemos comprando muchos menos comics que hace unos años. De todos modos, tranqui: 1) aún comprando mucho menos que en años anteriores tengo muchísimo material sin leer que dará origen a nuevas reseñas y 2) no falta tanto para que estas mierdas del infraojete paguen por sus crímenes.
¿Tiene sentido seguir adelante con un blog que ya cumplió 9 años? La verdad que no. En este año no hemos sumado nuevos seguidores, ninguna de las 126 entradas se convirtió en una de las 5 más leídas del blog, prácticamente no han habido polémicas interesantes en los comentarios y el promedio de lecturas mensuales ronda las 17.500, muy lejos de aquellos meses de auge en los que teníamos 30 ó 31.000 lectores. O sea que la fecha de vencimiento del blog pasó hace ya un tiempo y lo que queda por delante claramente huele a rancio, cuando no a descompuesto.
Pero (como dijo el jefe de la asociación ilícita) “pasaron cosas”: Una es que hace ya varios años traté de dejar de escribir en el blog y no pude. Terminé volviendo, primero con entradas muy espaciadas, después un poco más periódicas y así llegué a un 2018 con 126 entradas, una cada menos de tres días. Lo cual además me resulta muy práctico, muy cómodo. La otra es que, como ya conté varias veces, se me acumularon muchísimos libros sin leer y sería muy injusto no dedicarles reseñas, sobre todo a aquellos que me hicieron llegar los propios autores o editores. La lista de espera es larga y está llena de nombres geniales a los que sería un pecado leer en silencio, disfrutar en privado sin aplaudir en público. ¡Y encima se vienen también unas cuantas películas!
Así que vamos a seguir por lo menos un año más. Este año hay elecciones presidenciales en Argentina y si vuelve a ganar la derecha, tengo decidido irme a vivir a otro país, así que ahí se terminaría el blog por motivos de fuerza mayor. Y si en Diciembre asume un gobierno que no odie al pueblo, veremos. En una de esas hay Undécima Temporada.
¿Con qué abrimos la décima? Con el recopilatorio de Pesadillas, que incluye aquellos primeros cuatro míticos episodios con los que en 1989 se inició la longeva y más que fructífera colaboración entre EduarDios Mazzitelli y Quique Alcatena, sumados a un montón de material que nunca se había publicado en Argentina, en el que los autores retoman la saga de Hormuz y Aldama.
La verdad que en el dibujo casi no noto diferencias entre el Alcatena de 1989 y el de esta década (a la que también le queda poco). En la prosa de Mazzitelli, tampoco. Ambos mantienen el mismo nivel de sofisticación y la misma potencia expresiva que les vimos hace 30 años. La diferencia, en todo caso, está en los argumentos. Los primeros cuatro episodios tienen la magia de la novedad, la sorpresa, el impacto que produce el lanzarse a explorar desde una “aventura seria” el mundo de las pesadillas y de resolver cada episodio en pocas páginas con la maestría que Mazzitelli convertiría en una marca de fábrica. Era la primera vez que la dupla unía fuerzas, la primera vez que el dibujo imponente de Quique se ponía al servicio de un relato menos centrado en la acción y la machaca y más propenso a ese vuelo poético combinado con sentencias categóricas tan típicas de Eduardo. Eran no uno sino varios mundos nuevos que se desplegaban frente a los ojos del lector, para nada acostumbrado a este nivel de maravilla gráfica.
La segunda (y mucho más extensa) etapa ya no ofrece esa sorpresa inicial, ya es “una más de Alcatena y Mazzitelli”. Obviamente dibujada como la hiper-concha de Dios, pero con argumentos más trillados, con giros menos asombrosos y con un complejo proceso de deconstrucción y reconfiguración del personaje de Hormuz, que termina por ser el principal hallazgo de esta “secuela”. Ver al protagonista avanzar tres casilleros, retroceder dos, volver al punto de partida, tratar de escapar a las trampas de su propio destino, me resultó mucho más interesante que las tramas en sí.
Ni hace falta que aclare que cualquier libro que ofrezca el “Year One” de la dupla Mazzitelli-Alcatena tiene que estar sí o sí en la biblioteca de cualquier lector interesado por la historieta de calidad. Y las Pesadillas más recientes, se pueden tomar como un bonus track, como un extra que no hacía falta para disfrutar del clásico de clásicos, pero que tampoco resta en lo más mínimo.

Gracias por estar ahí y feliz 2019 para tod@s.

domingo, 30 de diciembre de 2018

ULTIMAS LECTURAS DEL AÑO

Se termina el año y vengo leyendo bastante poco, estos últimos días. Tengo empezado un libro y terminados dos, bastante cortitos. Veamos con qué me encontré.
Allá por Junio de 2014, cuando reseñé los libritos de la colección Todo Clemente, me faltó el Vol.17, que no venía en el lote que conseguí en oferta en aquel entonces. El otro día lo encontré a $ 25 en una mesa de saldos de Corrientes, y aproveché para completar la colección.
Todo el material de este librito corresponde al tramo final de Clemente (2010-2012) y por supuesto son tiras que yo no había leído nunca. De hecho, me costó entender una de las ideas más bizarras de Caloi: a lo largo de muchísimas tiras, co-existen el Jacinto adolescente (el del piercing y el pelo de colores) con el Jacinto bebé, el del chupete y los charquitos de meo. Yo pensaba que eran dos personajes distintos, no entendía que eran el mismo, desdoblado en dos. Muy loco todo.
Acá, fuera de una secuencia de Clemente y la Mulatona repleta de chistes bastante básicos acerca del físico exhuberante de la morocha, tenemos una selección de chistes bastante meta-comiquera. En el primer segmento, Clemente se entera de que lo que dice y piensa aparece escrito en globos, que la gente puede leer. Y un personaje anónimo le explica las distintas formas y significados que pueden tener los globos en la historieta. Más adelante, Clemente le enseña a Jacinto las onomatopeyas que todo personaje de historieta debe conocer. Y en el tramo final, ya sin Clemente, los dos Jacintos rediseñan la tira para darle un look más joven y transgresor… con impredecibles resultados.
Este tramo final es increíble desde lo gráfico, porque le da a Caloi y a su colorista (y pareja) María Verónica Ramírez la posibilidad de cambiar totalmente de estilo. Por un lado, abandonan los fondos sobrios en favor de una estridencia punk muy lograda, y por el otro Caloi rompe con su línea prolija y redondita para irse a un trazo más rústico, como si dibujara directamente con el mouse. Hasta la tipografía muta, para hacerse intencionalmente más desprolija, más cercana a una pintada callejera.
Y lo más importante: el humor. Acá encontré unos cuantos chistes muy buenos, basados en este estudio de la dinámica del comic hecho desde adentro, y por supuesto también en el esgrima verbal entre personajes que no paran de tirar juegos de palabras ingeniosos (el famoso “humor radial”). Seguimos extrañando a Clemente, incluso los que no lo leíamos ni en pedo todos los días en ese diario nefasto en el que aparecía.
Salto a EEUU, año 2016, cuando se publica Captain America: White, hasta hoy la última colaboración entre Jeph Loeb y Tim Sale, una dupla prácticamente insumergible. Como ya lo hicieran con Hulk, Daredevil y Spider-Man, Loeb y Sale nos llevan mediante flashbacks a los primeros años de actividad del héroe, o sea a la Segunda Guerra Mundial, cuando había muchos (y muy malos) villanos nazis para machacar. El argumento en sí no es gran cosa, la verdad. Lo que más me atrapó pasa por otro lado.
Así como Hulk lloraba por Betty Ross, Daredevil por Karen Page y Spidey por Gwen Stacy, el Capitán llora por… Bucky. El amor perdido en este caso es un varón, un chico seis o siete años menor que Steve Rogers con quien entabla una relación muy estrecha… pero no romántica. Loeb desliza algún comentario jocoso acerca de un posible amor carnal entre Steve y Bucky, pero la historia va para otro lado, para el lado de un amor fraternal. Imaginate: atravesás codo a codo con tu mejor amigo cuatro años de una guerra tremenda, jugándote la vida a cada minuto y compartiendo emociones extremas de esas que te conmueven hasta el tuétano. Bueno, eso les pasa a Bucky y Steve cuando uno tiene 15 años y el otro 21. Y se terminan amando, posta.
Y lo más lindo: Loeb nos cuenta que Steve llega a los 21-22 años siendo virgen (el título no es casual: blanco es el color de la virginidad) porque claro, 15 minutos antes de convertirse en el Capitán, era un alfeñique de 45 kilos al que las minas no se le acercaban ni por accidente. Ahora es un chongazo tremendo y todas le tiran onda, pero la inexperiencia le juega en contra y hasta el propio Bucky la tiene más clara que él en materia de relaciones con el sexo opuesto. Sin dudas Loeb sale muy bien parado en el intento de darles profundidad y complejidad a personajes que en los ´40 eran absolutamente sosos y unidimensionales. Y en esto incluyo también a Nick Fury, que se lleva varios de los mejores diálogos de una obra donde los buenos diálogos abundan muchísimo.
El dibujo de Sale está bien, un poco pasado de rosca para mi gusto, pero con momentos muy hermosos y con unos colores de Dave Stewart que lo levantan muchísimo. ¿Podemos poner a White al nivel de Yellow, Gray o Blue? No, ni ahí. Pero eso no significa que esté mal, ni que no ofrezca un lindo combo de machaca + emotividad.
Feliz fin de año para todos y nos reencontramos en 2019, acá en el blog.


jueves, 27 de diciembre de 2018

JUEVES DE GEMAS

Las lecturas de estos últimos días me han tratado inusualmente bien, y lo quiero destacar.
Una de las sorpresas más gratas de este año fue Mr. Crabb y el Paraíso, una novela gráfica de un autor español al que nunca había nombrar, llamado Alberto Taracido. Parece mentira, pero esta es la opera prima de Taracido, que llega al comic con un amplio background en la animación.
Mr. Crabb y el Paraíso me hizo acordar bastante a aquella joya de Jodorowsky y Moebius que fuera El Corazón Coronado. Arranca como una aventura bastante realista, con personajes empapados de una problemática actual y tristemente palpable como es la corrupción en los altos niveles del poder gubernamental y empresarial, y en un momento empiezan a aparecer elementos fantásticos que le dan a la trama un tinte más salvaje y menos predecible. Como Jodorowsky, Taracido aprovecha estos elementos fantásticos para resolver el final con una cierta ambigüedad, lo cual no lo hace menos satisfactorio.
Los diálogos son excelentes (esta vez la edición argentina los conserva en español de España, con un par), los personajes están muy bien construídos, el ritmo de la historia no decae nunca, la bajada de línea va para el lado correcto… No se puede pedir mucho más, realmente. Quizás (ya para hinchar las pelotas) algún personaje femenino un poco más protagónico.
Y el dibujo es glorioso. No sé si originalmente la historieta era a todo color y acá se publicó en escala de grises, o si Taracido la pensó así como la vemos en el libro, pero visualmente esto es extraordinario. Por supuesto que en la faz gráfica también hay que hacer mención a Moebius, que es claramente el principal referente de Taracido no sólo en el dibujo sino también en la narrativa. No es exactamente un clon del Genio Eterno, porque en los rostros de algunos personajes se ven rasgos que no tienen tanto que ver con la estética del ídolo. Pero sí hay composiciones, planos, secuencias enteras, que te van a recordar al inmenso Jean Giraud.
Europa y África enroscadas en una trama de corrupción, violencia, mala leche y un cierto misticismo, que puso en el mapa a Alberto Taracido, un autor al que de ahora en más vamos a seguir a todas partes.
Cruzamos la cordillera para leer la edición chilena de Herbert West: Carne Fresca, una notable colaboración entre el guionista argentino Luciano Saracino y el dibujante chileno Rodrigo López. Sobre la base de un famoso relato de H. P. Lovecraft (Herbert West: Re-Animator), Saracino y López construyen una novela gráfica fraccionada en episodios, con muchísimo clima, un gran ritmo y un equilibrio logradísimo entre una trama dramática, elementos clásicos del terror (básicamente, muertos resucitados) y sutiles toques de humor negro.
La adaptación de Saracino es respetuosa, pero no comete el error de enamorarse de la prosa de Lovecraft y aplastar la narrativa con inmensos globos de diálogo o interminables masacotes de texto. Esto se lee con el dinamismo de cualquier buena historieta actual, y con un extra que no sé si el relato original tenía, que es una gran profundidad en los personajes. Al igual que Lovecraft, Saracino conserva un cierto velo de ambigüedad en cuanto a la relación entre Herbert y su compañero Gregory, sin explicar si son sólo amigos, o si entre ellos hay algo más. Lo importante es que los personajes están muy bien desarrollados y el contexto histórico y geográfico muy bien aprovechado.
Y el ancho de espadas de este Herbert West es el dibujo de Rodrigo López, con esa impronta medio caricaturesca que acentúa el fino humor negro que ensaya Saracino. Sin salir de una puesta en página 100% clásica, López deja la vida en la narrativa y sobre todo en esos cros-hatchings enfermizos, totalmente pasados de rosca. López cuida los detalles de la ambientación histórica y los combina con una cierta exageración granguiñolesca, que no choca en lo más mínimo con los climas ominosos y truculentos del guión.
Herbert West: Carne Fresca es una hermosa historieta de terror, que no requiere ser fan de Lovecraft para ser disfrutada, que nos muestra a Saracino y López muy compenetrados, en un nivel muy notable, y que –por si faltara algo- tiene edición argentina.

Gracias por todo y seguramente habrá una entrada más en el blog antes de fin de año.

lunes, 24 de diciembre de 2018

UN LUNES COMUN Y CORRIENTE

Para los que no festejamos Navidad, este lunes es un lunes casi como cualquier otro, con el detalle de que es feriado y además víspera de feriado, con lo cual muy probablemente surjan salidas de trasnoche. Yo tengo un par de libritos leídos, así que aprovecho la tarde para reseñarlos.
Arrancamos con el Vol.1 de Scarlet Traces, de los maestros británicos Ian Edginton y D´Israeli (ya vimos otra obra de la dupla un lejano 14/05/11), un tomo que incluye el primer álbum de la serie en cuestión (en su versión de 2003, tal como la publicó Dark Horse) y su precuela, que no es otra cosa que la adaptación al comic de War of the Worlds, la famosa novela de H. G. Wells. Básicamente, lo que Edginton se plantea contarnos en Scarlet Traces es cómo cambia la historia del Reino Unido a partir del ataque de los marcianos que narró Wells en su novela. De pronto, el país invadido y devastado por la flota alienígena tiene a su disposición una inmensa cantidad de artefactos de tecnología avanzadísima para la época (primeros años del Siglo XX) y una vez que aprenda a manejarlos, se va a posicionar una vez más como una potencia privilegiada a nivel global.
Scarlet Traces arranca 10 años después del final de la guerra, cuando Inglaterra ya fue transformada gracias a la tecnología que le carroñó al invasor derrotado. Es una época de esplendor en materia de infraestructura, edificios, medios de transporte, fábricas, dispositivos de seguridad… pero claro, el rápido avance tecnológico y científico tiene su costo: cientos de miles de trabajadores perdieron sus puestos a manos de la robótica y las otras inovaciones en materia industrial y ahora se mueren de hambre. El foco principal de la saga está puesto en eso, en el gran salto cualitativo que deja afuera del sistema a un montón de gente, condenada a la más abyecta de las miserias.
Está claro que con ese tono de denuncia social (porque es obvio que Edginton sitúa la acción en el Siglo XX pero habla el XXI) no alcanza para venderle al gran público un comic que supuestamente tiene que tener aventuras, y ahí es donde entra la otra faceta muy atractiva de Scarlet Traces: la conspiración. Tras bambalinas, hay gente muy poderosa planeando una chanchada muy heavy, y un puñado de hombres decididos a descubrir qué corno está pasando. Eso está muy bien armado, y prometo darle un poco más de bola el día que lea el Vol.2 y lo reseñe. Porque por suerte a esta novela le fue muy bien y además de la precuela, generó varias secuelas, que intentaré conseguir a la brevedad.
El dibujo de D´Israeli es excelente, podría estar horas enumerando sus virtudes. Además (como en las buenas series del mercado europeo) lo dejan colorearse a sí mismo, y en ese rubro también saca mucha diferencia. Recomiendo a full Scarlet Traces por la gran vuelta de tuerca que le dan los autores a War of the Worlds y por ese combo magnífico entre aventura conspirativa y conciencia social.
Me vengo a Argentina, donde en 2018 apareció La Mejor de mis Ex-Novias, una breve historieta escrita y dibujada por Brian Janchez. Esta vez, me quedé con gusto a poco. La historia me sonó más a un rejunte de dos o tres anécdotas que a un relato con una estructura dramática fuerte y los personajes no me terminaron de enganchar. Me engancharon, como siempre, los diálogos y los silencios, que son recursos que Janchez maneja con una solvencia apabullante. Pero la trama en sí, además de muy breve se me hizo bastante livianita, me generó un impacto mínimo.
Y hablando de mínimo, me encanta cómo Brian busca la síntesis, como va todo el tiempo hacia el minimalismo, pero también me doy cuenta que esa estética se aprecia más en un tamaño más chico, como el de los libritos de Janchez anteriores a El Permiso. En este formato más grande, queda todo muy pelado, los globos de texto se ven inmensos y hacen más ruido esas composiciones de página (contra las cuales nunca dejaré de militar) en las que hay dos viñetas de igual tamaño, una arriba y una abajo.
Por suerte Janchez no para nunca de producir, con lo cual seguramente falta poco para que haya revancha. Hoy, lamentablemente, tengo en la mano un comic que no me animo a recomendar, firmado por un autor fundamental para entender la década que se termina en un par de años.

Y eventualmente volveremos con nuevas reseñas, como siempre, acá en el blog.

viernes, 21 de diciembre de 2018

VIERNES DE DEPORTES

Casualmente los dos libros que leí en estos días tienen que ver con deportes de pelota. Vamos a ver en qué puesto de la tabla quedamos.
Arranco en Japón, con el Vol.1 de Ping-Pong, un manga creado entre 1996 y 1997 por el sensei Taiyo Matsumoto. El ping-pong es, lejos, mi deporte favorito y el único que practico aún hoy, a mi avanzada edad. O sea que entré en una temática que me emociona muchísimo, más allá de las tramas y los personajes.
Matsumoto plantea un shonen clásico, con desafios para los jóvenes protagonistas que se irán poniendo cada vez más bravos con el correr de las páginas, hasta que eventualmente llegue (o no) la esperada consagración deportiva de Smile o de Peko, su amigo de la infancia. Sobre este andamiaje que a priori deja poco margen para la sorpresa, el autor de Tekkon Kinkreet empieza desde temprano a tirar magia con su habitual talento para la construcción de climas y sobre todo para el desarrollo de personajes. En poco más de 200 páginas, uno siente que conoce de toda la vida a los dos protagonistas y al personaje más complejo e interesante que apareció hasta ahora, el veterano entrenador Koizumi.
Pero lo mejor que tiene el manga es el dibujo. Acá lo tenemos a Matsumoto en un nivel infernal, concentrado sobre todo en transmitir desde la puesta en página el vértigo y la adrenalina de unos partidos de ping-pong demoledores, entre jugadores que la tienen clarísima. Con sólo ver cómo agarran la paleta los personajes de Matsumoto, uno asume que le rompen el orto, aunque ellos sean de papel y uno de carne y hueso. La elección de los ángulos, las onomatopeyas, los cortes de cámara para mostrar las reacciones  de los espectadores… Matsumoto pone todos los recursos habidos y por haber para que esos duelos (que por ahora son entrenamientos) resulten tan vibrantes y emotivos como las más grandes gestas del tenis de mesa.
Tengo los tomitos que siguen (no sé si todos), y no me voy a poder aguantar las ganas de entrarles, así que seguramente el próximo manga que lea será el Vol.2 de Ping-Pong. Gracias ECC España por publicar esta gema.
Salto a Uruguay, donde este año se publicó El Camino del Maestro, una novela gráfica a cargo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Marcos Vergara. A lo largo de 68 páginas, el guionista uruguayo nacido en México y el dibujante y bibliotecario de San Nicolás repasan toda la historia del Maestro Tabárez al frente de la selección de Uruguay. Es un relato atípico, que combina el rigor de un documental con escenas en las que cuatro personajes de ficción muestran desde el lado del espectador, del uruguayo de a pie, cómo se vivió en el país vecino todo este largo proceso conducido por el ya legendario DT.
Santullo toma de la realidad varias declaraciones de Tabárez y por supuesto el desarrollo y los resultados de los partidos. Esto hace que la trama avance siempre por carriles que el lector ya conoce de antemano: cualquiera mínimamente interesado en el futbol sabe en qué torneos Uruguay salió campeón, en cuáles llegó a semifinales, a a cuartos, a octavos, etc.. Y ese es el lastre narrativo que impide que El Camino del Maestro levante más vuelo. Las situaciones de comedia entre los personajes de ficción, si bien están ejecutadas con ingenio y solidez, no alcanzan para darle a la novela la emoción que pierde al contarnos una historia que ya conocemos.
Me interesó mucho el principio, la posibilidad de descubrir los inicios, el secret origin, de la Era Tabárez en la Celeste, y me divertí con la interacción entre Héctor, Morán, Laucha y el Colo (cuatro hinchas arquetípicos, apasionados al punto de amar u odiar a jugadores y técnicos según los resultados de los partidos). Pero me doy cuenta de que incluso el momento de mayor tensión dramática (el alargue contra Ghana en Sudáfrica) impacta mucho menos de lo que impactó ver por la tele aquel partido tan inverosímil como inolvidable.
El dibujo y el color de Vergara son excelentes, y a priori mucho más idóneos para plasmar la comedia costumbrista que las epopeyas deportivas. Acá la impronta visual del nicoleño no desentona en ningún momento, y hasta sintoniza bastante bien las resemblanzas con las caras de las personas reales que forman parte del relato. Lo más bizarro es que, en esta época en la que todos los historietistas se esfuerzan por incorporar a sus obras uno o varios personajes femeninos fuertes, Santullo y Vergara salen a la cancha con casi 70 páginas en las que prácticamente no hay mujeres.
Recomiendo El Camino del Maestro a los fans de Santullo y Vergara que quieren tener TODO el material de la dupla, a los interesados en leer historietas de temática futbolera, y por supuesto a los hinchas acérrimos de la Celeste, que seguro van a vibrar reviviendo partidos y goles (y patadas y mordiscones) que quedaron en la historia grande del balompié.

Y hasta acá llegamos. Ya superamos ampliamente la meta de las 120 entradas que me habia propuesto para este año, pero igual prometo volver por más. Será hasta pronto.