el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 15 de agosto de 2019

JUEVES DE HISTORIAS CORTAS

Hoy tengo para reseñar dos antologías de historias cortas, de esas que a veces se te escurren como el agua entre las manos y sentís que no te duraron nada.
Ese fue exactamente el caso de La Caja Negra, un lujoso álbum que recopila material disperso del maestro español Javier Olivares, relatos muy breves que el ídolo había publicado originalmente en revistas, fanzines o libros en formato “antología temática”. Acá me encontré con una historieta que ya había leído en el libro que reseñé el 04/08/12, otra que está en el libro reseñado el 04/12/13 y unas 15 tiras que ya había leído en la revista U, una de las grandes revistas de información que tuvo España entre fines de los ´90 y principios de este milenio. Ah, y también dos historietas que salieron en otras publicaciones de los ´90, que seguro tengo y leí (aunque hace no menos de 20 años). O sea que arrancamos con mucha figurita repetida.
Pero bueno, es Javier Olivares. Incluso con material repetido, el dibujo de esta bestia es tan inquietante, tan alucinante, tiene un vuelo tan infrecuente en los narradores gráficos de este nivel, que no me molesta nadar en un río en el que ya nadé hace unos años. Fuera del dibujo (que nunca baja de los 10 puntos), los mejores momentos a nivel de los guiones los encontré en las dos historias (muy) cortas escritas por Jesús Gras: Me Ocurrió a Mí, Te Ocurrirá a Ti y Bandera Negra, una joyita que estuvo inédita hasta que en 2001 alguien la incluyó en este libro. ¿Sólo para muy fanáticos de Javier Olivares? Y, sí. Al que todavía no está on fire con este monstruo, le recomiendo empezar a descubrirlo con otros trabajos (se puede hacer click en la etiqueta y releer otras reseñas de obras de Olivares que ya vimos acá en el blog).
Los amigos de la AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historietas) completaron este año la tetralogía de las estaciones del año, con la esperada edición de Primavera. Esta vez, quien tuvo a su cargo la selección y el prólogo fue otro prócer español, nada menos que Enrique Sánchez Abulí. El maestro le dio el visto bueno a diez historias cortas, que paso a sobrevolar:
La primera (a cargo de Magnus y Fiorella Santana) no me convenció demasiado, ni el guión ni el dibujo. Este último pendula mucho entre el exceso de detalles y cierta impericia en el dibujo de los rostros humanos. En la segunda, Alejandro Rodríguez Juele retoma la famosa historia de Frankenstein creada por Mary Shelley, en unas páginas dibujadas de modo muy despojado, con una línea gruesa, de gran dinamismo, gran expresividad, con el efecto (que quizás muchos no entiendan o valoren) de síntesis, de mostrar algo que parece un boceto a mano alzada, pero en tinta. El guión, inobjetable.
De la tercera historia rescato el dibujo de Santiago Musetti (pronto le entraré a su primera novela gráfica) y la última, a cargo de Silvio Galizzi y Gabriel Serra, tiene un dibujo muy logrado y un guión que me costó entender. Cerca del final me cayó la ficha de que la historieta es un enorme gaste a los hinchas de Peñarol, una sátira descarnada a la historia del “Carbonero”, escrita por un fanático de Nacional como Galizzi, y bastante críptica para quien no sabe bastante de futbol uruguayo.
Me quedan por mencionar una historieta en la que no encontré nada para rescatar (la de Pablo Fernández, que me dejó de interesar al segundo error de ortografía) y después hay cinco historietas MUY grossas, sumamente disfrutables: La de Magnus con Pablo Praino tiene una idea limadísima y muy graciosa, desarrollada en la extensión justa y bien dibujada. La de Alceo y Richard Ortiz retoma al carismático personaje de El Viejo (vimos su libro “solista” el 29/12/13) en una historia de romance y mala leche. Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz plantean una comedia suburbana que deriva en un bizarro post-holocausto con clima de anti-epopeya y un humor muy filoso. Nicolás Peruzzo la rompe con un guión autobiográfico que mucho le hubiese gustado escribir a Peter Bagge para un número de Hate.
Y la mejor historieta del libro, lejos, es Sakura, una maravilla de ocho páginas escrita con Abel Alves y dibujada a lápiz sin entintar por el imparable Matías Bergara. Esto es bestial en todo sentido (guión, dibujo, ritmo narrativo, enfoques, climas) y justifica por sí solo cualquier esfuerzo que hagas por conseguir el libro. Bien por los hermanos charrúas, que lograron recorrer las cuatro estaciones con sendas antologías de muy buen nivel.

Y esto es todo por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 13 de agosto de 2019

VAMOS QUE SE VAN

Bueno, parece que la pesadilla neoliberal se termina en Diciembre. Un gran alivio. No me quería ir del país… ni quedarme a aguantarlos otros cuatro años de saqueo y destrucción. Vamos con algunas reseñitas, para no perder la costumbre.
Mal y tarde le entré a Ernie Pike: Cuatro Décadas, un libro de 2007 que rejunta varias historias del corresponsal de guerra creado por Héctor G. Oesterheld cincuenta años antes, y que por algún motivo nunca se habían recopilado en libros. O sí. La historia corta dibujada por Alberto Breccia estoy seguro que la incluyó Colihue en uno de los brolis de la colección naranja… Pero hay material que no conocía y me gustó mucho, principalmente la historia con la que abre el tomo. En apenas tres páginas, Oesterheld y el maestro Eugenio Colonesse (mucho más conocido en Brasil que en Argentina) narran una historia redondísima, con un giro final muy lindo… y una cantidad de texto que hubiese quedado mejor repartido entre siete u ocho páginas. ¿Qué va´cer? Es material de los años ´50, cuando Oesterheld se zarpaba mal con los bloques de texto y los diálogos… y no era una marcianada. Casi todos los guionistas hacían lo mismo.
Todo lo contrario pasa en la historia de 1963, dibujada por un irreconocible (y muy joven) José Muñoz, donde casi no hay texto. La brecha estética que hay entre 1959 y 1963 es impactante, como si en vez de cuatro años hubiesen pasado 30 ó 40. Las dos historias de los ´70 (una dibujada por Néstor Olivera y la otra por Solano López) muestran un equilibrio mucho más logrado entre texto e imagen. Oesterheld no se zarpa con los masacotes de texto y tampoco son historietas de 12 páginas de las cuales 10 son mudas. Las dos son muy buenas historias, si bien Solano dibuja la suya a un nivel un poquito por debajo de lo que solía pelar en esta época (mediados de los ´70). Después vendría la secuela de El Eternauta y ahí sí, tendremos al Solano Perfecto, el tocado por la varita mágica que tanta gloria desparramaría prácticamente hasta el cierre de la década del ´80.
Finalmente, en 1986 y con Oesterheld ya desaparecido hacía muchos años, Juan Giménez hace una remake de un episodio clásico, originalmente dibujado por Colonesse, que aparece en las páginas de Fierro, en estremecedor blanco y negro. Visualmente, estas son las mejores seis páginas del libro, no sólo porque se ven más modernas, sino por la enjundia, el arrojo con el que el astro mendocino se manda a redibujar esa muy buena historia de HGO. Si estás descubriendo a Ernie Pike ahora, con las nuevas ediciones que recopilan las historias dibujadas por Hugo Pratt, fijate si podés sumar a tu experiencia de lectura este breve pero efectivo compilado de sobras y rarezas, como para tener más completo el vibrante recorrido de Pike por el mundo de las viñetas. Ah, me acaba de caer la ficha: casi 10 años escribiendo este blog y esta es mi primera reseña de un libro de Oesterheld. Un disparate.
Tenía colgada Velvet desde hace casi dos años (la reseña del Vol.2 apareció acá el 11/09/17) y ahora sí, me clavé el tomo final de esta magnífica serie de Ed Brubaker y Steve Epting. No quiero agregar nada a lo ya mencionado en materia de argumento, porque acá es cuando se resuelve todo y cualquier pista que tire puede resultar un spoiler muy choto. Lo único que voy a decir es que está muy bien explicado por qué los adversarios de Velvet desaprovechan todas esas oportunidades que tienen para hacerla boleta.
Como todo buen comic de espionaje a la James Bond, Velvet tiene acción, escapes imposibles, una runfla espesa, que te intoxica a medida que te das cuenta de que acá no hay ni buenos ni malos, un buen uso del contexto histórico (principios de los ´70), lindos garches, diálogos afiladísimos entre profesionales de la ambigüedad y el bluff, una intriga compleja, que nos lleva de Europa a EEUU y de los callejones más sórdidos a las más altas esferas del poder… y por sobre todo eso, un gran trabajo en el personaje central (Velvet Templeton), a la que definitivamente me gustaría ver volver (como a la que te jedi).
El dibujo de Epting se acopla perfectamente a esta atmósfera densa, de tono muy realista, sin margen para la estridencia pochoclera que asociamos con el comic de superhéroes. Imaginate una especie de Paul Gulacy en Master of Kung-Fu, pero mucho más relajado, sin tanto énfasis en la machaca y sin los trucos narrativos heredados de Jim Steranko y Bernie Krigstein. Más o menos para ese lado agarra Epting, muy bien complementado por la colorista Elizabeth Breitweiser. Si no te rompen las bolas las heroínas moralmente ambiguas, que matan y mienten a ocho manos mientras fuman, chupan y se voltean chongos, no tengo dudas de que Velvet te va a resultar una serie cautivante, fuerte y sumamente satisfactoria.

Y hasta acá llegamos, por hoy. Seguramente vuelvo a postear pronto, ni bien tenga un par de libritos más leídos. Abrazo nac & pop para todos los que le dijeron “basta” a la Pesada Gerencia.

sábado, 10 de agosto de 2019

PALPITANDO LAS PASO

Mañana nos toca ir a votar y se empieza a pinchar el globo de la mentira. La única cagada es que esta noche no se puede salir a atorrantear por ahí. Pero bueno, aprovecho para escribir un par de reseñas de material que ya tengo leído.
Murder 101 es el segundo tomo dedicado a Sinister Dexter de aquella colección de material de la 2000 A.D. que produjera DC hace ya unos cuantos años. El Vol.1 lo leí hace mucho, antes de empezar con el blog y ahora retomo esta serie del maestro Dan Abnett con unas 140 páginas publicadas en capitulitos de siete u ocho allá por 1998.
Sinister Dexter es una especie de Pulp Fiction del futuro, la enésima romantización de los asesinos a sueldo, repleta de chistes de un humor negrísimo, situaciones sórdidas, masacres y mexicaneadas varias. Nada muy distinto a lo que hacía Garth Ennis en Hitman, con la diferencia de que acá no hay superpoderes pero (como estamos en el futuro) hay bizarreadas imposibles y locaciones alucinantes explicadas por el lado del desarrollo tecnológico. El ancho de espadas de Abnett es, sin dudas, el manejo del humor irónico que le permite contar en clave de fiesta las carnicerías de Finnigan Sinister y Ramone Dexter. Nada que no suceda en otras chotocientas series de la 200 A.D., pero la verdad es que funciona muy bien.
El libro arranca con una saguita de 62 páginas con un gran ritmo, por lo menos dos volantazos del guión que no me vi venir y muy buen desarrollo de personajes. Dibuja el alucinante Simon Davis, en un estilo cuasi-pictórico de gran espectacularidad, aunque con algún problemita menor en la narrativa. Y cierra con una historia de 22 páginas, también con varios giros impredecibles y tres personajes nuevos más que atractivos. Lástima que esta la dibuja el perro catatónico de Steve Yeowell.
En el medio hay un montón de aventuritas breves de siete u ocho páginas, algunas olvidables, otras rescatables por la labor de los dibujantes (hay varias muy buenas) y un par realmente notables. “60 Seconds” es un unitario precioso, ideal para sumar nuevos lectores a la serie, con unos dibujos inmejorables de Paul Johnson. Y la brevísima “Thing to do in Downlode when you´re dead” (dibujada por el correcto Julian Gibson) es sencillamente brillante, casi al nivel de un buen episodio de The Spirit. Esto se parece muy poco a los comics que suele escribir Dan Abnett para las grandes editoriales de EEUU, pero (seas o no fan del prolífico autor británico) merece ser descubierto por la efectividad y la onda con la que combina aventuras futuristas de acción, tiros, femme fatales y malvivientes varios con un humor de exquisita mala leche. Me hizo acordar mucho a Burton & Cyb (de los maestros españoles Antonio Segura y José Ortiz) pero con mucha más explosión en las escenas de tiros y machaca y un dibujo más impactante, más estridente (salvo lo de Yeowell, pobrecito, que tiene menos estridencia que un chaski-boom mojado).
Me vengo para Argentina, donde este año se publicó la versión completa de Cayetano, la novela gráfica en la que Luciano Saracino y Nicolás Brondo revisitan la truculenta hisroia de Cayetano Santos Godino, masivamente conocido como “el petiso orejudo”, el primer asesino serial de Latinoamérica. Lo que más me gustó, muuuy lejos, son esas secuencias en las que Brondo se disfraza de Eddie Campbell para mostrarnos la Buenos Aires de principios del Siglo XX de un modo bastante similar (en lo formal) a cómo el australiano nos mostró la Londres victoriana en la seminal From Hell. Por supuesto que Brondo no se limita a repetir yeites de Campbell, sino que además pone muchísimo (y muy bueno) de su propia cosecha, una cantidad de recursos escalofriantes para conjurar climas y sensaciones con el blanco y negro, en un péndulo diabólico entre el realismo y el grotesco. Pero a mí me impactó mucho eso, la acertada mímesis con esas grillas de nueve cuadros que Campbell desbordara de magia en From Hell.
El guión de Saracino es audaz, porque se juega a ser sutil y poético en vez de gráfico y morboso. Por momentos se pasa de sutil y no terminamos de apreciar las atrocidades que comete Cayetano en toda su dimensión. Por esas rendijas Saracino deja escapar parte de la fuerza que tiene el personaje, que nunca termina de verse como un freak maligno, sádico y degenerado, sino más bien como un pobre pibe, víctima de injusticias y de un entorno socio-familiar de mierda. Me gusta que los crímenes del Petiso se encaren desde ese lado, aunque falte un poquito de énfasis en todos esos episodios de violencia que lo tuvieron como protagonista.
Hace tres años, el 16/08/16, me tocó reseñar el libro El Petiso Orejudo, de Pablo Barbieri y Carina Altonaga, y también me pareció notable la intención de gambetear el shock value, de no regodearse en la descripción de las escenas más macabras. Al encarar su versión por este mismo rumbo, Saracino y Brondo subieron un toque la vara, pero además dejaron la puerta abierta para una tercera novela gráfica basada en la vida de Cayetano, que agarre para el otro lado y nos muestre un festival de mutilaciones, violaciones y asesinatos bien zarpado, bien estremecedor, con más gore que los comics de la E.C., chistes jodidos de humor negro y cero intenciones de empatizar con el protagonista. Me la re-imagino dibujada por Jorge Lucas, ponele…
Y bueno, nada más por hoy. Nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.


miércoles, 7 de agosto de 2019

TARDE APACIBLE

Por supuesto que esta tarde me gustaría estar en Rosario haciéndole el aguante a los Fernández, pero bueno, me toca estar tranqui en casa y aprovecho para reseñar algunos libritos que me devoré en estos últimos días.
Empezamos con el Vol.4 de Oyasumi Punpun, la serie del maestro Inio Asano que estoy disfrutando muchísimo gracias a la edición de Ivrea. Felizmente, el autor repite en este tomo la fórmula del Vol.3: la mitad de las páginas son para la historia de Punpun y la otra mitad para la historia de su tío Yuichi. Todo el arco argumental de Yoichi es tremendo, te pone mal de lo bueno que está. Nunca había visto un manga que se metiera tan a fondo en los sentimientos y los pensamientos de un adulto, que pudiera poner en textos e imágenes tantas cosas que uno alguna vez pensó o sintió a la hora de vincularse afectiva o carnalmente con personas del sexo opuesto. Es increíble como algo tan normal, tan ordinario como la dinámica de una pareja, las inseguridades, los silencios, los miedos, los celos, el deseo, se pueden plasmar en un papel de un modo tan espectacular, con semejante despliegue gráfico, con tantas ideas y tantos recursos para que el lector sienta en carne propia lo que están viviendo los personajes. Lo que hace Asano en estas páginas es profundo, es arriesgado, es asombroso por su sinceridad, su emotividad y su efectividad a la hora de conmovernos.
Y el tramo centrado en Punpun tampoco está mal, eh? Esta vez  todo gira en torno a un torneo de badmington, y Asano se revela como un mangaka notablemente dotado para contar gestas deportivas. Las páginas en las que el Senpai Yaguchi juega al badmington tienen ese power hiper-kinético que le vimos hace no mucho a los partidos de ping-pong del maestro Taiyo Matsumoto, y en las restantes avanza a ritmo muuuuy pachorro la telenovela de Punpun y la bella y esquiva Aiko, también contada desde lo más hondo de los sentimientos del pibe con pinta de pajarito fantasma. En el medio hay chistes groseros, breves pinceladas de comedia estudiantil, metidas para romper de modo efímero ese clima raro, denso, siempre más propenso a la melancolía y la introspección que a la joda pavota típica de los adolescentes. 
Oyasumi Punpun es un manga de una intensidad infrecuente, con un enfoque totalmente único, potenciado por el dibujo descomunal de Inio Asano, prendido fuego y secundado por un equipo de siete asistentes, todos merecedores de una larga y sentida ovación. Voy por más Punpun, en cualquier momento.
Justo cuando están todos muy cebados con la serie de TV de The Boys, yo me pongo a leer otra obra de Garth Ennis que consiste en tomar los clichés del género superheroico y mezclarlos (en realidad, enchastrarlos) con chistes pasados de rosca que van para el lado de la violencia extrema, el sexo y la escatología. All-Star Section Eight salió en 2015 y acá el irlandés vuelve a formar equipo con el gran John McCrea para traernos 120 páginas de delirio, descontrol y groserías. Hacía bastante que no leía obras de Ennis 100% en joda con lo cual me reí bastante con Section Eight.
Las apariciones de los superhéroes clásicos de DC (Superman, Batman, Wonder Woman, Hal Jordan, Martian Manhunter y un montón de personajes del palo místico-vertiguesco) están bastante al pedo, porque la verdad que con Six-Pack y sus impresentables adláteres alcanza y sobra para que la serie mantenga alto el nivel de humor chocante y bizarreada al límite. De hecho, lo mejor que tiene la saga es que Ennis se decide a profundizar un poco en Six-Pack, a contarnos un poco más de dónde viene y por qué hace lo que hace. Los personajes nuevos no están mal, y siempre es un gusto (mal gusto, pero gusto al fin) reencontrarse con creaciones como Baytor, Dogwelder y el inexplicable Bueno Excelente. Creo que cualquier comic donde aparezcan esos tres personajes merece ser comprado.
All-Star Section Eight forma parte de una sub-continuidad de DC de la que sólo Garth Ennis se hace cargo. Es parte de ese “pliegue en la realidad” que incluye la etapa de Ennis y McCrea en Demon, todo Hitman y aquel irrepetible (por lo extremo) one-shot de Hitman y Lobo, una guarrada que hoy no se publicaría ni en pedo en ninguna editorial. Ennis ambienta todas estas historias en Gotham… pero es obvio que ningún guionista de Batman ni de ningún otro personaje de Gotham puede incluir a Six-Pack y Section Eight en sus historias. Y por otro lado, los héroes que visitan el bar de Noonan lucen sus trajes perfectamente tomados de la época del New 52, con los cuellitos mao, Superman sin calzones rojos, Diana con la vincha plateada, etc.
El dibujo de McCrea está buenísimo, mucho mejor que en sus trabajos para DC de los ´90. Más elegante, más para el lado de Cam Kennedy, y a la vez más suelto, más versátil, siempre generoso en las expresiones faciales, cuanto más grotescas mejor. El colorista John Kalisz suma un montón a esta estética crota, barriobajera, que consigue hacernos sentir el olor a birra barata, a chivo, a meo, a vómito. Si no te gustan los chistes asquerosos ni la machaca descerebrada, igual podés disfrutar de Section Eight por los dibujos.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog. 


domingo, 4 de agosto de 2019

DOS DE DOMINGO

Aprovecho esta linda tarde de domingo para clavar un par de reseñas de material que leí en los últimos días.
Empiezo en 2017 con Equatoria, la segunda aventura de Corto Maltés a cargo de los maestros españoles Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero (la primera la vimos el 07/09/17). Una vez más, el dibujo del catalán es increíble, una fusión molecular devastadora entre su estilo de siempre y la línea de Hugo Pratt. Esta vez Pellejero adopta otro vicio de Pratt: delegar en un asistente el dibujo de trenes, barcos y edificios. Pero la tinta está 100% a cargo de Pellejero, y esa instancia, la del entintado, le alcanza y le sobra al ídolo para darle al libro su impronta tan personal y que mí tanto me gusta. También colabora con Pellejero su hija Sonia, que le da una mano en el color, magnífico de punta a punta del tomo. Como en su debut en esta serie, el dibujante de Dieter Lumpen nos ofrece 72 páginas visualmente exquisitas, tanto para sus fans de siempre como para los que lo descubrieron cuando heredó al personaje más masivo del inolvidable Hugo Pratt.
Por el lado del guión, el trabajo de Díaz Canales me dejó bastante más conforme que la vez pasada. De nuevo, acá no aparece nada que no hayamos visto en las historietas de Pratt, el guionista español no pone ni una coma que Pratt no habría puesto jamás, es todo 100% respetuoso de la obra del Tano. Equatoria saca ventaja en el acierto de Díaz Canales de reproducir la dinámica de las buenas aventuras de Corto, e incluso de recuperar un tema que Pratt abordó en otras obras suyas, que es la etapa final del colonialismo europeo en Africa. Entonces tenemos la búsqueda del tesoro, la bajada de línea, los breves cruces con personajes tomados de la realidad, los paisajes exóticos, ese truco que le salía tan bien al Tano que era hacer crecer la tensión sexual entre Corto y alguna mujer pero que nunca viéramos ningún tipo de “concreción carnal” de esas tensiones, el volantazo en el que el tesoro resulta ser algo que no esperábamos que fuera, las frases memorables (esas sentencias que tiraban los personajes de Pratt), el choque de culturas, una dosis moderada (pero efectiva) de acción y un leve toque de realismo mágico, sin caer en la trampa de los últimos álbumes de Corto realizados por Pratt, en los que la abundancia de elementos oníricos y sobrenaturales empantanaba innecesariamente las tramas.
Obviamente no te pongo a Equatoria entre las mejores historias de Corto Maltés de todos los tiempos, pero la recomiendo sin temor a equivocarme y celebro que me haya gustado bastante más que la primer incursión de Díaz Canales y Pellejero por esta serie icónica y definitiva del comic europeo.
Me vengo a Argentina, a 2019, cuando la afianzadísima dupla integrada por Alejandro Farías y Leo Sandler realiza su apuesta más arriesgada hasta la fecha. Raymond es un comic rarísimo, que corre las fronteras de “lo historietable”. Con un dibujo sintético, plástico, muy expresivo, y un color sencillamente glorioso, Sandler se dedica a ponerle imágenes a algunos textos de Farías que no son relatos, sino monólogos de Carlos Raymond (el poeta maldito fan del escabio y el sexo con mujerzuelas) en los que este piensa en voz alta acerca de la vida que lleva, su relación con la gente, con el arte, con el dinero, con el alcohol, con el mundo en general. Varias de estas historias son secuencias de cuatro páginas en las que no pasa absolutamente nada, en las que los textos de Farías son reflexiones existencialistas y los dibujos de Sandler cumplen un rol descriptivo, recorren lugares, recrean atmósferas, como hacía Darick Robertson cuando tenía que acompañar con imágenes las columnas de opinión de Spider Jerusalem en Transmetropolitan, o incluso en el estilo de la famosa “Don't Get Around Much Anymore”, esa historieta de una sóla página de Art Spiegelman en la que empezaba a experimentar con el comic no-narrativo.
También hay historias más convencionales, donde Raymond dialoga con otros personajes e incluso una en la que el protagonismo recae en una de las putas amigas de Carlos. Las historietas más “narrativas” son breves anti-aventuras del género slice of life, con una ambientación entre lumpen y depravada, algunas groserías muy buen puestas (no me lo imaginaba a Farías hablando de garches y petes) y una mala leche ácida y corrosiva que funciona como logrado tributo a Boogie el Aceitoso, aunque sin chumbos ni violencia física.
Farías y Sandler no juzgan a Raymond, no ensalzan ni destruyen la mascarada de este gordo jodido y vividor. Raymond se ampara en su talento artístico para salir más o menos bien parado cada vez que su personalidad arrogante y abusiva lo hace chocar de frente contra la realidad, y para los autores esto no está ni bien ni mal. A veces me resultó patético, otras dije “qué capo el gordo, cómo la piloteó”. Si te gusta la poesía, si alguna vez pensaste cómo sería crear historietas en base a la poesía, o si te atrae el mundo noctámbulo, alcohólico y a veces sórdido de los “escritores malditos” al estilo Charles Bukowski pero en la Argentina actual, jugale una ficha a Raymond. El dibujo de Sandler justifica por sí sólo la compra del libro, y las historias (y las no-historias) de Farías abren puertas nuevas, como para pensar y leer la historieta desde otra óptica, lo cual siempre es sano y enriquecedor.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog. 



jueves, 1 de agosto de 2019

OTRA VEZ DE A TRES

Sin más prolegómenos, inauguramos Agosto con un terceto de reseñas.
¿Alguien se puede resistir a un TPB de Thor con tres historias autoconclusivas y las firmas de Mike Carey, Alan Davis y Peter Milligan? Yo vi este Wolves of the North en oferta y le entré como María Eugenia Vidal a la cocaína, pero me dejó sabor a poco.
La primera historia, la que escribe Mike Carey, es muy flojita. Casi la nada misma. Y el dibujante (Mike Perkins) tampoco ayuda. La de Peter Milligan no la puede reivindicar ni el fan más incondicional del maestro (ni el más Milliganso): el guión es el Más de lo Mismo más obvio y predecible de la historia, también sepultado por un dibujante con escasísima onda (Miko Suayan) y uno con escasísimo talento (Tom Grindberg).
Menos mal que en el medio están esas 34 páginas escritas y dibujadas por el glorioso Alan Davis a un nivel demoledor. El guión es brillante, la bajada de línea es clara y punzante, el ritmo es trepidante, los diálogos están perfectos y el dibujo… No me hagas hablar del dibujo, que me babeo todo. Un combo inmejorable entre el raw power onda Kirby y la elegancia que asociamos con Neal Adams o José Luis García López. Los fondos son un lujo, las expresiones faciales, los cuerpos en movimiento, la planificación de las páginas, todo maravilloso. Y el color de Rob Schwager ayuda un montón a que todo se luzca aún más. Si no te querés comprar todo el TPB sólo por lo de Davis (que es lo que realmente vale la pena), el one-shot del prócer se llama Thor: Truth of History, y salió en 2008. Por ahí te conviene capturar esa revistita y gambetear el resto, que es entre mediocre y desolador.
Allá por el 26/11/18 me tocó leer el primer tomito de Manta y ahora voy por el segundo. Si me preguntás de qué se trata la serie, te tengo que contestar que veintipico de años después de una matanza atroz, el único sobreviviente reaparece para encontrar a los responsables y hacerlos mierda, uno por uno. Y ahí seguramente me dirás “pero eso ya lo leí chotocientas veces…”. Es verdad. Vista así, desnuda, despojada hasta que quede sólo el esqueleto, la historia que nos cuentan Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo no se diferencia mucho de otras tantas que tratan de exactamente lo mismo.
Lo que hizo que yo me enganchara con Manta es cómo está contada la historia, la forma en la que los guionistas nos presentan la información, la forma en que entran y salen de escena los personajes, el ritmo, las decisiones (siempre acertadas) de dónde clavar cada flashback, el clima de misterio y tensión que se va a armando, y la infrecuente calidad de los diálogos. En esta segunda entrega, la data que manejamos es más, la misión de Santiago está más clara, el dilema moral se hace más espeso y lo único que falta (tengo entendido que aparece en el Vol.3) es un personaje femenino interesante, con un rol destacado en la trama.
El dibujo de Nacho Lázaro es muy correcto, con muchos puntos de contacto con el estilo de su maestro, el inmenso Marcelo Frusín. El color también está a cargo de Lázaro y acompaña muy bien al dibujo. Manta es una serie que va muy bien encaminada y a la que recomiendo darle una posibilidad.
Otra serie de álbumes de autores argentinos jóvenes de reciente aparición es Albión. Tuve la suerte de leerla hace unos meses en pdf, porque me la mandó el guionista y editor de la misma, mi amigo Fede Sartori. Ahora tengo en mis manos la edición impresa y la quiero recomendar, porque realmente me pareció una historieta preciosa.
El dibujo de Facundo Moyano no es para descorchar champagne, pero no le falta atractivo ni encanto. Es un clásico dibujante cuasi-realista, con una estética muy de mainstream yanki y un toque especial para dibujar escenas más introspectivas o más emotivas, donde la machaca brilla por su ausencia. Moyano casi no escatima fondos, varía mucho y bien los planos y sabe ponerles onda y expresión a cuerpos y rostros.
Del guión de Sartori no quiero contar nada, porque este primer tomito salió hace poco y prefiero que los interesados lo consigan y lo lean. Se trata del primer tramo de una aventura muy intensa, con muchos momentos fuertes, que podría funcionar muy bien en un mercado como el francés. Tienen mucho peso en la trama la ambientación histórica, un elemento sobrenatural (no lo quiero explicitar) y el hecho de que ambas protagonistas son de sexo femenino. Y también la acción, la ternura, la bajada de línea y la identificación (casi inevitable) de los lectores con Albión.
Quiero ver crecer a esta historia, quiero que se publique en muchos países y que se haga conocida o (mejor aún) popular entre el pueblo comiquero porque -de verdad- me resultó original, potente y cautivante desde las primeras viñetas. No la pongo en la lista de las Joyas Inenarrables de la Historia del Noveno Arte, pero sin dudas es una serie a seguir MUY de cerca, porque tiene todo para convertirse en un hito. Ojalá salga pronto el Vol.2.

Y nada más, por hoy. Merci beaucoup y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 30 de julio de 2019

RESEÑAS RIOPLATENSES

Tengo para comentar varios libros aparecidos recientemente a ambas orillas del Río de la Plata. Empiezo con Romancero Ilustrado del Cacique Tabaré, un libro de 100 páginas editado por Montevideo Comics como parte del homenaje al maestro Tabaré, uruguayo de nacimiento pero radicado hace como 45 años en Argentina. Lo que más me gustó es la investigación histórica, la cantidad de data sobre la vida y la obra de Tabaré que yo desconocía y que este tomo me aportó. Después, en materia de historietas, tenemos Bicherío y Vida Interior (material que ya tenía en el libro de la colección Hyspamérica de Grandes Humoristas Argentinos), Paja Brava y Bosquivia (recopilados en sendos libros por Ediciones de la Urraca), varias historias unitarias descolgadas (algunas están en No Somos Nada, el librito editado en España que vimos el 26/12/17), apenas dos entregas del Romancero Ilustrado del Eustaquio (tenía vagos recuerdos de haber leído esto en Hum®y me volví a mear de risa como el primer día) y una selección de tiras de Diógenes y el Linyera (un poco más de 70) que jamás había leído.
Por supuesto, la obra de Tabaré incluye un montón de otros títulos que no están representados en el libro, pero no me quejo. Lo que hay está muy bueno y, si bien ya tenía casi todo en otros libros, este me da la posibilidad de acceder a unas cuantas tiras de Diógenes y el Linyera (incluyendo la primera) sin necesidad de buscar libritos que recopilen esa obra, de la que sigo sin ser muy devoto. Técnicamente, el libro está mejor realizado que otros de los que me traje de ediciones anteriores de Montevideo Comics y siempre es un placer tener más material de este prócer de la historieta humorística en la biblioteca. Ahora falta un librito que recopile Don Chipote de la Pampa, Manfloro y lo mejor de Vilcapugio y Ayohuma (todo no, porque se repetían bastante los chistes). Aguante Tabaré.
Marcelo Dupleich volvió a la carga con un nuevo libro de Roberto (un tipo de mierda), ahora titulado Mierdapura. Lamentablemente tengo que repetir muchos de los conceptos vertidos en la reseña del 15/10/18: la cantidad grotesca de páginas SIN historietas ya alcanza para no recomendar la compra del libro. Posta, esto requería urgente una o dos historietas más, o 16 páginas menos. No se puede pagar por esa cantidad de páginas en blanco o en negro sin sentirse estafado.
La narrativa está un poquito mejor, hay más recursos para evitar la trampa de la grilla de dos cuadros, el dibujo sigue anclado en esa estética feísta, jugado (con buen tino) a un blanco y negro extremo, y de nuevo lo más atractivo son los diálogos. Ese es sin duda el item en el que sobresale Dupleich. Las tramas, en cambio, sorprenden e impactan un poco menos que en la primera entrega. Encontré una sóla idea realmente buena, que para todo un libro es muy poco. Con las aventuras de Roberto, Dupleich sigue corriendo los límites de lo que se puede contar en una historieta, al irse al carajo y más allá con la sordidez y la truculencia de los relatos. El problema es que también corrió los límites de con cuántas páginas se puede llenar un libro, a tal punto que se cayó del mapa de lo tolerable, al menos para mí. Ojalá en algún momento se reedite TODO el material de Roberto en un único tomo que tenga un equilibrio más razonable entre las páginas de historieta y las páginas de relleno.
También regresó (tras una prolongada ausencia) el Caballero Rojo, la creación de Toni Torres y Mariano Navarro que debutara allá por 1996 en las páginas de Comiqueando. Este regreso trae de nuevo al equipo titular, con la novedad de que ahora la historieta se publica a color. También marca el regreso de Rafael Reynoso, el Caballero Rojo más conocido por los lectores, que había sido reemplazado por otro enmascarado allá por el… 2000, creo.
El guión de Torres tiene dos hallazgos: en primer lugar, el sacudón imprevisto en cuanto al nuevo plan de la Orden, sumamente ingenioso y prometedor. Y en segundo lugar, el acierto a la hora de crear situaciones en las que quedan cara a cara personajes que (si alguna vez leíste esta serie) querías ver enfrentados, a ver si finalmente se decían las cosas que se tenían que decir. Esos “encuentros y reencuentros” son –por afano- lo más atractivo de este tomito. Los diálogos y los bloques de texto no están mal, pero hay páginas muy sobrecargadas, donde se habla mucho, ya sea en “voz alta” o en off. Y hay un misterio, que deriva en un conflicto con una villana, que no me terminó de atrapar. El dibujo de Navarro está buenísimo, muy bien complementado con el color de Hernán Cabrera, con muchos recursos para pilotear esas escenas en las que se habla demasiado y hay poca acción. Un placer ver a Navarrito tan comprometido con la narrativa, con tantas pilas para dibujar Buenos Aires.
Como complemento a la historia principal, hay una de 16 páginas protagonizadas por Román Castillo (quien actuara como Caballero Rojo desde que Rafael dejó la capucha), donde el guión ofrece menos sorpresas. Para peor, el dibujo (a cargo de Leonardo Laino) repite uno atrás de otro un millón de clichés de los comics hiper-violentos y pasados de rosca del mainstream yanki de los ´90. La verdad es que sin esta historieta, el puntaje del librito sería bastante más alto. Dicho esto, espero que Volver sea sólo el principio para una nueva y larga etapa en la carrera de este personaje, que ya pasó por tres décadas y cuatro editoriales, siempre sembrando muchas puntas argumentales (y cosechando muchos fans) pero sin encontrar nunca una continuidad de publicación.

Habrá nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.

viernes, 26 de julio de 2019

HOY TAMBIEN HAY RESEÑAS

Sí, hace un rato me terminé un librito que tenía empezado, y aprovecho otra tarde espantosa para clavar una nueva entrada en el blog, repasando esta última lectura y una más.
Empiezo en 1983, cuando el guionista (y teórico del medio) Benoit Peeters y el dibujante François Schuiten realizan Las Murallas de Samaris, primero como serie en la revista A Suivre y más tarde como álbum autoconclusivo. Más adelante, esta historia se convertiría en el Vol.1 de la extensa serie Las Ciudades Oscuras, y para eso se reeditaría con varios cambios, sobre todo en el final, y con el agregado de una historia corta inédita, para que el álbum fuera más voluminoso.
La verdad que esta primera versión no me gustó para nada. El argumento es muy, muy flojo. Trata de salvarse con el giro del final, pero llega tarde y está ejecutado con la destreza de un pingüino empetrolado. El garche es de los peores que leí en un comic, frío, triste, sin ningún sentido argumental, puesto ahí para justificar las tetas al aire en la portada del álbum, en busca de algún comprador incauto que crea que va a leer un comic erótico. Olvidate: esto así como está no puede calentar ni a un ballenero del Cáucaso con seis meses de abstención sexual. El guión… lo pongo un poquito por encima del argumento, porque los textos de Peeters recrean esa atmósfera de “espiral jodida de misterio que derrapa hacia la locura” tan típica de las adaptaciones al comic de los relatos de H.P. Lovecraft, que a mí me gusta mucho.
El dibujo de Schuiten (hasta hace poco viví convencido de que se pronuncia “yuitén”, pero un francés me desasnó y me explicó que se pronuncia “scuíten”, con acento en la i) también es desparejo: monumental, asombroso, al límite de lo inverosímil en los paisajes urbanos, las perspectivas, toda la faceta arquitectónica del comic… apenas correcto cuando tiene que dibujar la figura humana en movimiento y bastante precario cuando tiene que ponerle expresión a los rostros. Supongo que en las reediciones posteriores habrá habido varios retoques en el dibujo, porque para principios de los ´90 el trazo de Schuiten ya había cobrado un vuelo con el que acá no se podía ni soñar.
Si te hiciste fan de Las Ciudades Oscuras y tenés las ediciones actuales, quizás te interese bucear en las profundidades de los ´80 para encontrar esta versión “preliminar” de Las Murallas de Samaris, como testimonio de los primeros pasos de la dupla. Schuiten y Peeters nunca superaron esa frialdad, esa solemnidad que transmite esta obra, pero nos brindaron historias mucho mejor escritas y mejor dibujadas que esta.
Y aprovecho que estamos todos on fire con el relanzamiento de los X-Men a cargo del maestro Jonathan Hickman para avanzar con East of West, la espectacular serie creator-owned que tiene en Image el genial guionista hincha de River. De hecho, durante toda la lectura del nº1 House of X, sentí cosas parecidas a las que siento cuando leo East of West. La forma en que Hickman nos va tirando información, el clima protocolar, de diálogo civilizado entre facciones con intereses contrapuestos, la explicación de los avances tecnológicos… mucho de lo mejor de House of X huele fuerte a East of West.
Este tomo arranca con una guía para entender el universo de la serie, con textos, mapas y gráficos que explican cómo funcionan estos Estados Unidos del futuro (ya no tan lejano), cómo están divididos, gobernados y pertrechados para enfrentar el apocalipsis que se viene. Me vino bárbaro porque el Vol.3 lo había leído en Marzo de 2016 y me acordaba poco y nada de las tramas o los personajes.
Y después, lo de siempre: Nick Dragotta en dibujos y la cocción a fuego lento de una trama apasionante de intriga política, con metafísica, ciencia-ficción y certeros toques de violencia, sexo y gore. Para la segunda mitad del tomo, Hickman se concentra mucho en Babylon, el hijo de un Jinete del Apocalipsis y la implacable Xiaolian Mao, un personaje que experimenta un crecimiento impresionante. Recién sobre el final, las aventuras de Babylon se empiezan a teñir de las mismas tonalidades que el resto de East of West. Durante muchas páginas, parece que estamos leyendo un spin-off, una historieta ambientada en el mismo universo que la trama central, pero decidida a contarnos todo desde una óptica y a un ritmo totalmente distinto al del argumento principal. Y se disfruta tanto, que si saliera un spin-off protagonizado por Babylon y Baloon, también me haría fan.
Excelente todo, posta. El dibujo, el color, la complejidad de las tramas, los diálogos, los silencios, los climas. La serie termina en el nº46 y este tomo llega hasta el nº19, así que me queda un montón de East of West para recorrer de la mano de esta dupla asesina, que mantiene altísimas la vara y las ambiciones, por lo menos en esta mitad de la saga. No tengo comprado el Vol.5, así que no sé cuándo podré retomar la lectura. Acepto donaciones ;)

Ahora sí, nos vemos mañana y pasado en Villa Viñetas, o nos leemos la semana que viene, acá en el blog.

jueves, 25 de julio de 2019

JUEVES ESPANTOSO

Día desolador de frío y lluvia, ideal para quedarse en casa y leer bocha de comics.
Yo inicio mi habitual repaso por mis lecturas recientes con Historias Cortas de Naoki Urasawa, magnífico masacote editado por Planeta-DeAgostini cuyo título nos explica de modo diáfano lo que estamos por leer: casi 600 páginas con todas las historias cortas realizadas por el glorioso autor de Monster y 20th Century Boys desde sus inicios en 1981 hasta 1984, cuando pega su primer hitazo (Pineapple Army). Este es el material con el que Urasawa ganó sus primeros concursos y concretó sus primeras publicaciones en antologías del ascenso, muchas veces obligado a condensar en pocas páginas ideas que daban para mucho más. Son historietas frescas, muy variadas, claramente gestadas por un artista joven, poseedor de un entusiasmo, de un hambre de gloria sólo comparable a su talento.
Excepto las dos historietas más antiguas (Magia y Return), todas las demás muestran un nivel de dibujo asombroso, muy, muy cercano al de las obras consagratorias que abundarían desde temprano en la carrera de Urasawa. Acá hay personajes repletos de onda, mucha acción, excelentes trabajos en el lenguaje facial y corporal, narrativa hipnótica, maestría para trabajar con páginas de nueve o diez viñetas sin deslucir el dibujo y un increible poder de observación en los detalles que tienen que ver con la vida cotidiana de la gente común.
Y además entre estas 27 historietas hay unos cuantos guiones realmente potentes. Breves comedias de gran impacto cómico, thrillers urbanos con crímenes a veces contados en clave de humor, la atrapante N.A.S.A., la conmovedora Old Western Mama y dos historietas brillantes, imposibles de encasillar en ningún género, ambas realizadas en colaboración con guionistas: ¡Ataca! ¡Ataca! (escrita por el recordado Caribu Marley) y Nana de Shinjuku, un guionazo de Masao Yajima que estaría buenísimo hasta dibujado por mi vieja con la mano izquierda.
No debe ser fácil conseguir este mega-broli, pero si estás muy cebado con las obras actuales de Urasawa, tarde o temprano vas a querer ir más para atrás, a rastrear el secret origin de este genio indiscutido del Noveno Arte.
Cierro con una breve glosa para una historieta también muy corta, Mamma Marilyn, en la que colaboran dos autores cordobeses: el notable guionista Cristian Blasco y el ya consagradísimo dibujante Nicolás Brondo. El trabajo de Brondo es muy bueno, 100% comprometido con el ritmo del relato, sin estridencias ni idas al carajo, como si su único objetivo fuera el lucimiento de su compañero de aventura.
Y sí, el guión de Blasco tiene todo lo que tiene que tener un guión para sumir ese rol de protagonismo y lucirse de punta a punta: conocimiento molecular de las convenciones del género en el que nos zambulle, personajes carismáticos, una voz en off muy original, diálogos filosos, varios cambios de ritmo, acción, un manejo de la tensión que la hace crecer escena a escena y un gran giro cerca del final. La lectura de Mamma Marilyn me transmitió esa extraña sensación de estar frente a un guionista que no oculta para nada (sino que hasta incluso ostenta) un control absoluto, a prueba de balas, sobre lo que nos va a contar y los recursos que va a poner en juego para hacerlo. Ojalá el próximo proyecto que compartan Blasco y Brondo sea una novela gráfica extensa y ambiciosa.
Y nada más, por hoy. El sábado y el domingo voy a estar en Villa Constitución participando de una nueva edición de Villa Viñetas, y la semana que viene nos reencontramos acá en el blog, con nuevas reseñas. Hasta entonces.


martes, 23 de julio de 2019

ESSENTIAL X-MEN Vol.3

Un año y puchitos después de haber leído el Vol.2 (ver reseña del 11/07/18) vuelvo a la carga con esta relectura de toda la etapa de X-Men a cargo del maestro Chris Claremont.
Este tomo recupera los nº 145 al 161, el grueso de la segunda etapa de Dave Cockrum como dibujante de la serie, allá por 1981-82. El trabajo de Cockrum es desparejo, con excelentes primeros planos, aceptables planos medios y desastrosas pifias cuando tiene que dibujar a los personajes de cuerpo entero tomados de lejos. El entintado elegante y algo sobrecargado de Joe Rubinstein lo levanta mucho, pero cuando lo complementan las tintas de Bob Wiacek, las limitaciones de Cockrum quedan mucho más expuestas. En los episodios en los que Cockrum descansa y en los Annuals tenemos algunos suplentes interesantes: un temprano Bill Sienkiewicz que se empieza a despegar de a poquito de Neal Adams y pela chapa de campeón, un Brent Anderson todavía un poco tímido (mucho mejor en el Annual 5 que en el nº 160, el siempre eficaz Bob McLeod y un primerizo John Romita Jr., bastante rústico, al que las tintas de McLeod y su solvencia para la narrativa gráfica ayudan a salir bien parado. O sea que, sin ser catastrófica, la faceta visual de este Essential está bastante por debajo de la del Vol.2, donde la dupla integrada por John Byrne y Terry Austin nos dejaba algunas de las mejores páginas publicadas por Marvel en sus primeros 20 años de historia.
Vamos a los guiones, a ver qué tiene para ofrecernos Chris Claremont. Lo primero que me llamó la atención es la CERO CHAPA que tiene Wolverine. Nadie que lea este Essential puede siquiera imaginarse que pocos años después el petiso canadiense sería una figura central del Universo Marvel. Acá está groseramente pintado al óleo. Nightcrawler no tiene mucho más protagonismo, excepto por uno de los Annuals, que gira en torno a su origen. Colossus aporta un poquito más, Cyclops tiene unas cuantas escenas memorables en esos números en los que reaparece Corsair y le blanquea que en realidad es su padre, y la chapa grossa, los roles realmente importantes, Claremont se los reserva a Storm y Kitty Pryde, lejos los personajes que más se desarrollan a lo largo de estas 528 páginas. Con Kitty, el guionista juega a que los lectores jóvenes se sientan identificados, y con Ororo, juega a plantarte al Personaje Perfecto, la heroína recontra-poderosa, valiente, solidaria, piadosa, afectuosa con los compañeros, racional y disciplinada en los combates, un monumento a la belleza, la nobleza y la magnificencia.
Pero además, no conforme con poner el foco sobre Kitty y Storm, Claremont no para un segundo de sumar personajes femeninos fuertes: acá reaparece (y tiene mucho desarrollo) Carol Danvers, aparecen también Dazzler, Spider-Woman, Tygra, Rogue (todavía como villana), Stevie Hunter, Moira McTaggert, Margali Szardos, Gabrielle Haller, Lee Forrester, Lilandra, Polaris, Deathbird… Incluso acá vemos el sacudón místico que conviere a Illyana Rasputin en una chica de 13 años, y tenemos un Annual con los Fantastic Four como invitados en el que Sue Richards se luce muy por encima de Ben, Johnny y Reed. Y por supuesto, la omnipresente sombra de Jean Grey. Claremont se hacía absoluto cargo de lo extrema que había sido la decisión de boletear a Jean, y cada vez que puede explora las consecuencias de aquel monumental suceso. Me queda claro que el guionista tenía como prioridad reforzar la “rama femenina” del Universo Marvel, empezando obviamente por el título más exitoso de la casa, que para 1982 ya era Uncanny X-Men.
Las historias en sí… hay mejores y peores. Algunas medio pavotas, otras medio bizarras, otras más jugadas, pero siempre con los personajes como eje principal, nunca como engranajes reemplazables. Como siempre cuando leo material de los ´80, me asombra la cantidad de texto que metían los guionistas, repartidos entre bloques de texto, diálogos y los (hoy casi extintos) globos de pensamiento. Claremont te metía en 22 páginas una cantidad de palabras que en los comics de hoy resulta impensable. Hoy se narra de un modo más visual, con la acción desparramada en muchas más páginas para que la imagen tenga más peso, más responsabilidad a la hora de llevar adelante las tramas y explicar lo que haga falta explicar. Y como hoy los guionistas escriben pensando en el TPB, no tenemos al incio de cada episodio esa breve recapitulación de lo que había sucedido en el anterior, tan típica de la época en la que los comics eran sólo revistitas individuales, nunca TPBs, ni Essentials, ni Omnibus, ni nada.
Prometo para este año por lo menos un Essential más de Uncanny X-Men, en el que veremos cómo se expande la franquicia mutante y cómo Paul Smith asciende meteóricamente al Olimpo de los dibujantes de superhéroes.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

miércoles, 17 de julio de 2019

MIERCOLES DE MARAVILLAS

Mis últimas lecturas me han tratado particularmente bien y espero poder transmitir esas maravillosas sensaciones a quienes leen estas reseñas.
Hace unos meses se reeditó en Argentina la primera obra “solista” del maestro Horacio Altuna. Originalmente publicada en la Fierro clásica, esta gema ochentosa llega ahora en un libro que trae (por fin) TODO el material que produjo Altuna para la serie. No entendí bien el criterio para ordenar las historias dentro del libro, porque no sigue el orden en el que las fue haciendo el glorioso hincha de Racing. Y tampoco entendí por qué los diálogos están llenos de informalismos españoles (coño, follar, soplapollas, etc.). Es la edición argentina de la obra de un autor argentino, no veo ningún motivo para no reemplazar esas palabras por las que usamos nosotros, aunque estas historietas hayan debutado en las páginas de alguna antología española…
Acá hay historias en las que Beto Benedetti trata de hacerse cargo del rol protagónico y otras en las que es un mero testigo, con poco o ningún peso en las tramas. La primera historieta del tomo (Programación) es un chiste largo, una comedia irónica bastante livianita. Y claro, contrasta brutalmente con el tono de las historias restantes, donde Altuna te desgarra el alma con una seguidilla de situaciones opresivas, injustas, donde a la esperanza le cuesta horrores encontrar una rendijita por dónde colarse. Cerca del final, en El Crítico, el autor vuelve a poner en juego una cierta intención farsesca, pero en general las historias hablan de desolación, de batallas perdidas contra un sistema implacable y deshumanizado, peligrosamente verosímil.
El dibujo de Altuna le trae belleza a la distopía. No sé si alguna vez el cordobés dibujó tanto o tan bien. Hay viñetas en las que la cantidad de información visual que nos brinda Horacio es casi agobiante, son casi posters reproducidos de a siete u ocho por página. Un verdadero desborde de imaginación, de técnica, de virtuosismo en la anatomía (obviamente en TODOS los episodios hay alguna excusa para que veamos la anatomía femenina en plenitud, como sólo Altuna sabe dibujarla), de generosidad en los fondos, de despliegue en las máquinas, de cuidado en la creación de los climas… El Altuna de los ´80 era un as del blanco y negro, a tal punto que cuando realizó algunos episodios de Ficcionario a todo color, no quedó conforme con los resultados y pidió que en esta reedición se los pasara a tonalidades de gris.
Bajonera, melancólica y por momentos provocadora, Ficcionario se re-bancó el paso del tiempo, en parte por la potencia de su mensaje y principalmente porque de 1983 para acá no aparecieron tantos dibujantes capaces de igualar el trabajo gráfico que realizara Altuna en estas páginas.
Venía coleccionando Kane en la edición de Image (la tenía colgada desde el 24/10/15, cuando reseñé el Vol.3) y conseguí el Vol.4 en la edición de Dancing Elephant, el sello en el que Paul Grist se autoeditó esta gema oculta del Noveno Arte en los ´90 y en su Inglaterra natal.
Este es un tomo raro, en el que Kane aparece sólo en la última página, con lo cual Grist desplaza el foco al departamento de policía de New Eden. Son seis episodios muy en la tónica de series tipo NYPD Blues, donde el autor nos invita a indagar en estos tipos y minas vestidos de azul y conocer sus secretos, sus miserias, sus sueños, sus vínculos, detalles oscuros de sus vidas, coqueteos con la corrupción y el abuso de poder, y sobre todo nos propone pensar el rol de la cana en la sociedad. Todo esto está obscenamente bien escrito, con un cuidado increíble en los diálogos, en la entrada y salida de personajes, en el desarrollo de los subplots y además con inmensos huevos para tocar temas espinosos que tienen que ver con la manipulación mediática de la noticia, la pobreza, la marginación y la insensibilidad de los poderosos.
Pero claro, lo que más llama la atención es el dibujo de Grist, demasiado bueno para ser real. No me quiero extender en esto, porque ya lo subrayé en las reseñas de los tomos anteriores. Pero la verdad que ves historietas como el nº13 de Kane (el episodio con el que abre este tomo) y no te queda otra más que rendirte a los pies de este titán de la narrativa secuencial, capaz de imaginar y llevar a buen puerto artificios gráficos tan brillantes, tan asombrosos, que a mí, que no me banco la grilla de dos viñetas por página, me arrancó una ovación de las que duran horas. Banco a muerte a Paul Grist en cualquier proyecto que encare… y creo que tengo el Vol.5 de Kane ya comprado, no estoy seguro.
Nada más, por hoy. A los amigos de la Patagonia, los invito a acercarse este viernes, sábado y domingo al Comarca Comics Fest, donde voy a estar por tercer año consecutivo, junto a un montón de capos de la historieta argentina. Al resto los espero la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.


domingo, 14 de julio de 2019

PIBAS

Para hoy tengo una reseña “de las de antes” centrada en un único libro que, si bien no es muy extenso (ofrece apenas 120 páginas de historieta) tiene bastante tela para cortar. El libro tiene dos problemas antes de empezar a leerlo: 1) son 120 páginas de historieta flotando entre ¡56! páginas de carátulas, biografías, prólogos o directamente en blanco, y 2) esas 120 páginas están repartidas entre 23 historetistas, con lo cual cada una tiene poquísimo espacio para desarrollar una historia. Ya veremos que algunas pocas lograron sortear con éxito este obstáculo, pero (tal como yo me temía) fueron la amplia minoría.
Mi otro temor también se hizo realidad: ves la lista de colaboradoras y te das cuenta de que no hay guionistas, son todas autoras que escriben y dibujan. ¿Qué suele suceder en esos casos, sobre todo cuando se trata de autoras sin una vasta experiencia a sus espaldas? Que los guiones sean boludeces atómicas, o que directamente no se entiendan. Algunas podrán echarle la culpa a la brevísima extensión de cada historieta, otras a los prejucios que traemos los críticos cincuentones acostumbrados a otro tipo de relatos, y otras dirán (con todo derecho) “me chupa una teta lo que opinás de mis guiones, yo dibujo lo que se me canta la argolla”. Todo es opinable en materia de arte y sí, mi opinión acerca de Pibas es que la mayoría de los guiones son de una precariedad y una torpeza frustrantes.
Hubo sólo tres historietas cuyos dibujos no me gustaron: la de Romina Fretes, la de Euge Beizo y la de Agustina Casot, que igual me enganchó porque resuelve con mucho ingenio un contrapunto con alguien (me imagino que del campo de la crítica) que le reprochaba ciertas repeticiones temáticas a sus historietas anteriores.
Y hay un puñado que me cerraron por los dos lados, el del dibujo y el del guión. La historieta de Sukermercado, por ejemplo, es una guarrada muy efectiva, muy cómica. La de Delfina Pérez Adán también me conquistó por el lado del humor. Paula Andrade y Maelitha trabajan sobre buenas ideas, y en ambos casos un par de páginas más les habrían venido bárbaro para redondearlas mejor. La de Lucía Brutta gira en torno a una anécdota muy copada para ser narrada en forma de historieta, lástima la desprolijidad y el descuido en los textos, donde faltan letras, signos de puntuación, y hasta tenemos globos muy chicos para la cantidad de palabras que necesita meterles adentro. La de Macarena García Guerra… muy rara, ni el dibujo ni el guión me parecieron flojos, pero la falla (notoria) está en la narrativa, que no fluye en ningún momento. La de Maia Debowicz me pareció muy interesante, logró superar el escollo de un dibujo para mi gusto muy frío, muy poco historietístico. Y me parece que la que más me gustó fue la de Sole Otero, la más equilibrada, la que se animó a volar sabiendo perfectamente cómo se vuela.
Después encontré un montón de chicas que dibujan bárbaro (a algunas ya las conocía, obviamente) pero que no tienen buenas historias para contar, o sí, pero se pasan de crípticas, o se quedan en anécdotas muy íntimas, muy menores, o en reflexiones pretensiosas… o en la nada misma. Me encantó ver a Femimutancia dibujar aún mejor que en Alienígena, espectacular Dani Arias, increíble Valeria Reynoso, muy notables Florencia Pernicone, China Ocho y Mirita, y bastante interesante Catalina Miniteguia. Lo de Cons Oroza, muy raro: me doy cuenta de que tiene un nivel de dibujo alucinante, muy por encima del “shock value” de la breve escena cuasi-porno que narra en Pibas, pero la faz gráfica está muy descuidada, como si la hubiese dibujado y coloreado a los santos pedos, para sacársela de encima.
Y el resto, todo muy críptico, poblado casi siempre de imágenes sugestivas, climas atractivos, pero sin el menor esfuerzo por poner el dibujo en función de un relato con el cual se pueda enganchar el lector (varón, mayor de 35 y no consumidor de sustancias tóxicas). La portada de Natalia Lombardo es magnífica, y lamento muchísimo que no haya una historieta suya dentro del tomo.
Vamos las Pibas, posta. Sigan haciendo historietas y renovando una escena en la que siempre sobró el olor a huevo. Y vamos las pibas guionistas, también. No las discriminen, valórenlas, difúndanlas y denles espacios para nutrir con buenas ideas y buenas técnicas narrativas a las talentosísimas dibujantes que por suerte están apareciendo.

Espero volver a postear antes del jueves a la tarde, que me voy a Viedma, a participar una vez más del Comarca Comics Fest (sí, me llevo un Essential pulentoso, que hace mucho que no comento uno). ¡Gracias y hasta pronto!