el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 23 de octubre de 2016

TRIPLETE DOMINGUERO

Después de un largo tiempo de cuelgue, retomé The Unwritten, la gran serie de Mike Carey y Peter Gross. Me tocaba leer el tomo que a priori parecía más raro, más bizarro: el crossover con Fables. O en realidad, una saga de The Unwritten en la que los personajes de esta serie pasan al mundo de Fables e interactúan con los personajes creados por Bill Willingham y Mark Buckingham. La verdad que no funcionó. La historia no me aportó prácticamente nada al desarrollo de Tom Taylor y sus personajes secundarios, y hasta el villano está metido a presión. No terminé de entender en qué momento de la saga de Fables empalma el crossover (por ahí porque hace mucho que no leo Fables y estoy más atrasado con esa serie que con The Unwritten) y todo me pareció superficial, prescindible, un mero engaña-pichanga para tratar de que algunos lectores de Fables le dieran una posibilidad a The Unwritten, que (lógicamente) vendía menos. Si eso lo hace DC con –ponele- Batman y The Question, o Green Lantern y Omega Men, me lo fumo mansito. ¿Pero en Vertigo, te parece? ¿Da para ensuciar así la cancha? Me parece que no.
Rescato los dibujos: hay muchas secuencias muy bien dibujadas, por Peter Gross, por Buckingham y por el nunca bien ponderado Dean Ormston. Y buenos diálogos, porque si bien la trama está urdida por Carey, Willingham mete mano en los diálogos para asegurarse de que sus personajes hablen como tienen que hablar, como lo hacen normalmente en Fables. En fin, un experimento que salió mal. No te digo que si venís coleccionando The Unwritten saltes del Vol.8 al Vol.10, pero sí te digo que si sos fan de Fables y estás mirando con un cierto cariño este crossover porque creés que le va a sumar algo a esa saga, mejor seguí de largo.
Como suele suceder, cada vez que Pablo De Santis incursiona en la historieta nos deja una obra maestra. Justicia Poética (originalmente serializada en Fierro) es un comic fascinante, complejo, con elementos bien “de género” presentados de un modo original, atrapante, con un personaje central perfectamente construído y con una estructura similar a la de El Hipnotizador: arranca como una serie de episodios autoconclusivos, apenas hilvanados por un plot secundario, y cuando te querés dar cuenta, estás enredado en una novela gráfica ambiciosa y cautivante, que va para adelante como una locomotora, y que no podés soltar hasta llegar al final. Diálogos, bloques de texto y silencios se combinan de manera magistral para crear climas, indagar en las motivaciones de los personajes y hasta para tirar pinceladas del virtuosismo literario (o lírico, incluso) del que De Santis hace gala en sus novelas.
Justicia Poética, además, es de esas historietas que le podés dar a alguien que no lee historietas y casi seguro la va a disfrutar. Tiene esa sutileza y esa profundidad que no tiene la mayoría de los thrillers y una forma muy atractiva de tomar distancia de los tópicos del género en el que incursiona. El dibujo está a cargo del maestro Frank Arbelo, notable narrador gráfico que combina ese toque fino, ese expresionismo que uno asocia a autores como José Muñoz, Oscar Zárate o Igort, con una impronta más simple, más accesible al lector poco curtido en estas lides, que por momentos lo acerca a autores de la línea clara, o a los trabajos que publicaba Sanyú en la Fierro a principios de los ´90. Gran labor del cubano radicado en Bolivia. Si todavía no te compraste este libro, hacé justicia con vos mismo y sumalo a tu biblioteca. No te vas a arrepentir.
Y cierro con el Vol.15 de Bakuman, la joya en la corona de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, grossos entre los grossos. Este tomo trae la resolución del arco argumental iniciado en el Vol.14 (con Nanamine como protagonista), una especie de coda a ese arco en el que el protagonismo se lo roba Nakai (el gordo pajero, pero virtuoso dibujante, que viene apareciendo intermitentemente casi desde el principio) y un segundo arco más breve, que Ohba y Obata resuelven con jerarquía, en la cantidad de páginas justas y que devuelve a los Muto Ashirogi al centro de la escena.
Entre el final del plot de Nakai y el inicio del segundo arco, hay un unitario brillante, en el que los autores paran la bocha para pensar en algo que hasta ahora se había soslayado: hasta dónde la vida de un pibe de 20 años que es mangaka desde los 15 deja de parecerse a la de los típicos pibes de 20 años. Es un episodio de reflexión, de introspección, de acomodar ideas en la cabeza de los personajes y que además termina funcionando como un perfecto recordatorio de cuál es el tema central de Bakuman: nada menos que el amor al manga. Maravilloso es poco.
Volvemos pronto con más reseñas.

6 comentarios:

Mao dijo...

Estoy ansioso por el final de Bakuman, porque los pibes pegen el hitazo que los haga hacer el anime que imagino da el nombre del manga mismo, no? Porque ¿qué carajo significa Bakuman? ¿Eso hasta ahora lo explicaron? ¿Alguien sabe?

Luq dijo...

En el primer tomo está aclarado de dónde sale/saldría el nombre.
El arco de Nananime me pareció de lo más pobre de la serie, por abajo incluso que el no-noviazgo de Saiko y Miho. A su editor también le falta como personaje, y es un poco injustificada presencia en la fiesta.
Igual, es algo no tan interesante en una obra que es una joyita. Por suerte de resolvió pronto y volvió a esos vínculos entre los personajes que me parece lo más glorioso.
Pena que Oberto nos vuelve a cagar y manda el siguiente tomo a enero, una vez que habían tomado ritmo

Diego Prósperi dijo...

Me sumo al interrogante sobre significado del título Bakuman.
Otra cosa, y disculpas que lo mencione aquí, pero no puedo acceder al sitio de Comiqueando Online. Es referente al podcast de los cómics abrepuertas. El libro Boom, el gigante de la alegría. Creo que el mítico pastiche de García Ferré le costó 5 australes a mi madre, creo que en 1989. Tal mamotreto estaba conformado con un papel malísimo, de la pulpa más popular.
Hace unos años conseguí en una librería de viejo un ejemplar demolido pero hojeable. El que tuve cuando niño se redujo a polvo a lo largo de mi infancia. No puedo referirme objetivamente a esa reliquia como mi entrada a la historieta, porque le entraba a lo que fuese que tuviera dibujos.
Aunque entonces me jorobaba mucho que se cortara la luz cada dos por tres porque cuando llegaba la noche no podía mirar y mirar ese libraco que lo gasté con los ojos.
Éramos tan pobres...

jcarlosv dijo...

Hola! Yo tampoco puedo acceder para hacer comentarios en Comiqueando Online. Ni siquiera puedo volver a registrarme. Sobre cómics abrepuertas, creo que el punto fundamental es la combinación disponibilidad / precio. Yo comencé con la Novaro formato grande (soy veterano) cuando eran baratas y estaban en todos los kioskos.

Pablo Zambrano dijo...

En la contraportada de bakuman el propio ohba explica el origen del término y era uno de esos ambiguos e intraducibles juegos de palabras japoneses.
"El título de este manga es “Bakuman”.
Baku de bakuhatsu (explosión), de bakuchi (apuesta),
de baku (tapir), el animal que, según el folclore japonés, se alimenta de sueños...
Hay muchos significados distintos imbuidos en él,
por lo que me parece un título francamente divertido."

También circula por ahi una teoria de que el título es una referencia a un olvidado manga llamado luckyman, que supuestamente habria sido autoria del propio ohba pero con otro seudonimo, y en el que está basado el manga que hacia el tio de mashiro:

There is speculation that Tsugumi Ohba is a pen name of Hiroshi Gamō,[8][9] pointing out that in Bakuman the main character's uncle was a one-hit wonder manga artist who worked on a gag super-hero manga, very similar to Gamō and Tottemo! Luckyman in all aspects, and also that the storyboards drawn by Ohba greatly resemble Tottemo! Luckyman in style (wikipedia)

Diego Prósperi dijo...

Gracias, Pablo. La verdad es que no tenía idea. Cuando leía el manga en alguna página onda ésta, esperaba que en algún momento fuera revelado qué corchos era "Bakuman". Luego de llegar al final supongo que perdí el interés en el asunto...