el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 21 de septiembre de 2017

LLEGO LA PRIMAVERA

Se acabó el invierno, arrancó la primavera y yo en muy poquitos días me voy de vacaciones. ¿Se puede pedir más? Sí, pero lo dejo para otro día. Vamos con un par de reseñas.
A lo largo de 2012, en la revista Orsai salieron varias historietas e ilustraciones realizadas por una extraña dupla: un actor muy conocido (y gordo) y un historietista muy conocido (y flaco). Alfredo Casero y Juan Sáenz Valiente dejaron que sus universos colidaran para crear breves gemas del delirio, luego recopiladas en una lujosa edición a cargo de los propios autores, junto a algunas perlitas inéditas.
Supongo que no hará falta explicar cómo funciona el humor de Casero, porque todos habrán visto alguna vez aunque sea un sketch de Cha-Cha-Cha (su más gloriosa incursión en la tele argentina). En las historietas, la mecánica es más o menos la misma: parodia de géneros, mezclada con niveles sobrehumanos de demencia y un poco de guarangada, como para que nunca te imagines para dónde va a salir el chiste. Parece difícil combinar esa no-estructura con algo tan fijo, tan sólido, tan rígido si se quiere, como es el relato gráfico al que llamamos historieta. Pero en general la mezcla funciona bien, el humor de Casero resulta bastante transplantable a este medio, en parte porque el actor es, además, ávido consumidor de historietas.
Por supuesto, buena parte del mérito le corresponde a Sáenz Valiente, que puso al servicio de Casero su apabullante arsenal de recursos gráficos. Acá Juan hace de todo: historieta clásica, ilustraciones que parodian a las publicidades de las revistas de los años ´50, caricaturas de famosos, experimentos limados con las onomatopeyas, los globos y el rotulado… Si alguna vez soñaste ver a este mago del dibujo romper todas las recetas y dedicarse a saltar al vacío en casi todas las páginas, acá vas a enloquecer. Incluso vas a ver a Sáenz Valiente jugando a parecerse a otros dibujantes (en una historia toma la estética de Dave Cooper, en otra el rotulado típico de la revista Lúpin), e incluso simplificando su trazo al extremo, como si hiciera humor gráfico onda Tute. La verdad es que, como bizarreada, Un Perro con Sombrero está logradísimo: te sorprende, te engancha y te hace reir en voz alta.
Se me van acabando los TPBs de la línea New 52, porque fui colgando título tras título de DC bastante antes de que alguien dijera “no va más” y viniera el Rebirth a tratar de rescatar a los lectores perdidos. Este Vol.4 de Aquaman es lo último que compré del personaje. Nunca seguí luego de la partida de Geoff Johns, ni me enganché con la serie quincenal que arrancó el año pasado. En su ambiciosa saga de despedida, Johns introduce varios personajes nuevos, deja latente un posible regreso de Orm como villano, pega un volantazo impresionante al saltar seis meses en el tiempo dentro de un mismo arco, y hasta se da el lujo de tirar a la mierda todo lo que durante años había establecido Peter David en materia de historia de Atlantis, sus reyes, su relación con las otras civilizaciones subacuáticas y hasta la estirpe de Aquaman.
La saga final de Johns presenta un clima mucho más trágico y más serio que el de aquellos primeros episodios, pero también un perfil más político, más psicológico, con menos peso de la machaca a la hora de resolver los conflictos. Death of a King ofrece una compleja trama de lealtades y traiciones, con batallas épicas escalofriantes y una expilcación detallada de la historia de Atlantis que rige para esta versión de Aquaman. Si en Throne of Atlantis el foco estaba puesto en esa dicotomía que corporiza Aquaman al ser al mismo tiempo héroe de la superficie y rey de los mares, esta vez todo pasa por lo segundo. Johns se dedica a explorar minuciosamente cómo es gobernar el milenario reino subacuático.
En cuanto al dibujo, la mala noticia es que ya no está Ivan Reis. Y la buena es que con el ingreso de Paul Pelletier se terminó la rotación de dibujantes, ese disparate de tener cuatro dibujantes distintos para sacar con fritas seis episodios. A pesar de que el colorista Rod Reis Pelletier hace lo imposible para que Pelletier parezca Ivan Reis, el nuevo dibujante no se acerca a los mejores momentos del brazuca, si bien es más que digno. Pelletier se esfuerza demasiado por parecerse a Bryan Hitch, al punto de poder engañar a más de un incauto y -al igual que el británico- aprovecha muy bien la impronta grandilocuente y épica del guión para desplegar un dibujo potente, elegante y dinámico a la vez. Death of a King es un cierre muy convincente para esta gran etapa de Aquaman, que si bien no califica para ser la mejor de la historia del personaje, está ahí, entre las que tenés que leer sí o sí si te copa este eterno segundón del panteón heroico de DC.
Y hasta acá llego, por hoy. El martes me voy de vacaciones, pero prometo postear una vez más antes de ese día. Ya estoy leyendo un librito para reseñar muy pronto. Aguante.

4 comentarios:

Lobo Cznarnian dijo...

El almanaque de los bomberos con concha mucho no me gustó. Me pareció un chiste que no estaba dirigido a mí, al HOMBRE. ¡Haw haw! Creo que prefiero comprar el de la caída del pelo antes que el que hizo con Casero. Igual, la onda es ser macho pecho peludo sin importar si te quedás lampiño del marulo.

Diego Prósperi dijo...

Coincido con el amigo Lobezno, el almanaque ese que viene con Un perro consolero no me gustó ni un poquito. Me pareció una cosa fea, feísima. Yo lo compré sin expectativa y la verdad me defraudó. Lo compré para hacerle el aguante a Sáenz Valiente. Cobalto me re gustó, La sudestada también. Cuando leí la entrevista que le hicieron en Revista Kamandi pensé "Uh, este chabón es un copado, le voy a comprar sus cosas". Y le compré esas. Mi ejemplar de Cobalto lo regalé, porque ahora, tengo entendido, salió uno más fifí, con tapa dura y mejor tamaño. Así que compraré ese para engalanar mi biblioteca. Las paletas de colores complementarios y quebrados a la vez, un lujo.
Pero en ésta del perro con... en ésta no lo banco. No a él, sino al gordito macrista. Igual me da lo mismo si es macrista o kirchnerista. Onda, prefiero creer en el ratón Pérez antes que en la política. Yo quiero que se vayan todos y que me regalen los comix a mí y a todos los niños del país. Quiero que la gente se pregunte de qué color es su bandera cuando le ponés fuego. Quiero la mar en coche, quiero el trópico en Bariloche, quiero que pienses en una cosita: Si la bandera blanca es la de la rendición, ¿qué es la bandera negra? ¿Reconoce alguna autoridad a alguna otra bandera? Por eso, es la más bardera. En cambio, la bandera argentina tiene EL COLOR DE LOS PITUFOS. A LA BANDERA ARGENTINA LA INVENTÓ PEYO. Je je je, qué chistoso soy, la puta madre, no puedo ser tan capo. XD!!!!

Lobo Cznarnian dijo...

¡Haw haw! Me hacés reír el orto, miserable humano. Pero hay una razón para todo ese chauvinismo de cotillón, a saber: Este escolar y perimido adoctrinamiento nacionalista prevalece por la proverbial inercia del pueblo argentino. No obstante, he visto cambios. Las comunidades bolivianas copan las escuelas públicas y no olvidemos a los hermanos paraguayos y peruanos. Yo por mí quemaría todas las banderas y que el mundo sea una fiesta, a lo inca. Toda una indiada re locaza con toros por las calles cantando al son de las bacantes, pero la gente prefiere los senderos tortuosos. Están convencidos de que están en lo correcto como Quattordio que lo suyo sigue siendo la historieta. ¡Haw haw! La gente de este rancho cree en el fútbol y aún las declaraciones del mórbido Maradona se emiten en los noticiosos.
Si no te cagás de risa de toda esta truchada, sos alta drama queen, miserable humano Prósperi.

Diego Prósperi dijo...

Sabés que sí, Lobizón querido... la verdad que soy un mamengue a morir. Ya no sé qué hacer conmigo.
¡Feliz domingo, chabón!