miércoles, 1 de abril de 2026
EL DILUVIO QUE VIENE
En Buenos Aires se viene la tormenta del siglo. Falta que pase volando el Silver Surfer a anunciar el apocalipsis inminente. Y yo aprovecho un ratito libre para reseñar un par de libros que tengo leídos.
El otro día quedé muy manija con la primera parte de Age of Doom, ese arco argumental en el que Jeff Lemire y Dean Ormston dan vuelta todo lo que sabíamos acerca de Black Hammer y sus protagonistas, así que le entré fuerte a la segunda mitad, que es el Vol.4 de la galardonada serie.
Los dos primeros episodios podrían tranquilamente no estar. Son un metacomic muy entretenido, con personajes queribles y diálogos ingeniosos, pero en el contexto de la saga, sobran por completo. Me cerraría más si fuera un one-shot por fuera de la colección, para que el quiere lo compre y el que no, lo deje pasar. El dibujo de Rich Tomasso (a quien vimos por acá el 19/10/19) está muy logrado, con momentos en los que se nota que dejó la piel, y felizmente lo dejan colorearse a sí mismo. Pero es un chiste largo, que podría tranquilamente no estar incluido en el TPB.
Y después sí, retomamos la historia de Lucy Weber y los superhéroes clonados de los de DC para cinco episodios magníficos en los que pasa de todo. De hecho, es tanto lo que pasa, que la saga de Black Hammer... ¡llega a un final! Un final tan copado, tan redondito, que no tiene sentido seguirla. Obviamente alguien convenció a Lemire de seguirla, y hasta es probable que en los tomos posteriores pasen más cosas geniales y se sumen más personajes, y el universo se haga más rico y más adictivo. Pero para el que se quiere bajar acá, este tomo funciona PERFECTO como cierre del universo Black Hammer.
Bajo la pluma afiladísima de Lemire y el lápiz implacable de Ormston, el tramo final de Age of Doom nos ofrece más volantazos impredecibles, más desarrollo de personajes (sobre todo para Barbalien y Dragonfly), y nos invita a reflexionar acerca de los sacrificios que los superhéroes deben hacer para que no se imponga el Mal. ¿Cuánto sacrificio está bien y cuánto es demasiado? ¿Qué pasa si yo quiero ser un héroe pero no un mártir? Lemire le pone drama y profundidad a esto que ya de por sí es una rareza dentro del comic de superhéroes, simplemente por el escaso protagonismo que tiene la machaca. Acá hay pocas escenas en las que la acción y la violencia le ganan a la reflexión, la introspección y cierto tono melancólico, y eso es parte de lo que hace irresistible a Black Hammer.
Recomiendo muchísimo Black Hammer, y si consigo baratos los tomos posteriores la voy a seguir leyendo. Si no, con lo que leí hasta ahora me voy más que satisfecho, porque acá realmente cierra todo de manera magistral.
Me voy a Francia, año 2021, cuando el maestro Christophe Chabouté convierte en historieta la novela Yellow Cab, de Benoit Cohen. La idea de Cohen es genial. El tipo es un francés que viene del palo del cine y tiene guita, pero le falta motivación. Se va a vivir con su mujer a New York, sigue medio a la deriva, y finalmente se le ocurre hacerse taxista, y convertir todas esas experiencias en una nueva película... que al final terminó por ser una novela. De la mano de Cohen descubrimos el laberinto burocrático que hay que recorrer para que te dan la licencia para manejar taxis en la Gran Manzana, vemos un muestrario de la gente (amplísima mayoría de hombres) que se gana la vida como taxista, acompañamos a Benoit a medida que se vuelve más canchero y aprende las calles, las rutas, los lugares donde es más fácil conseguir pasajeros... Y al mismo tiempo, Benoit nos muestra las notas que toma para la creación de su película: qué anécdotas quiere contar tal cual, cuáles quiere modificar un poquito para darles más efecto dramático, cómo y por qué se le ocurre que la protagonista del film sea mujer y no varón, qué grado de crudeza o de realismo le quiere dar al proyecto... Todo ese proceso creativo que lleva adelante el autor mientras maneja un taxi va a parar también a las páginas de Yellow Cab y nos habla del compromiso de Cohen con el proyecto, y de cómo es para él ese viaje hacia la materialización de una idea.
Además, su recorrida por las calles de la ciudad nos ofrece un retrato muy vívido de la misma, tan preciso y tan real que (acá viene lo que menos me gustó del comic) no hacía falta que lo dibujara una bestia como Chabouté. Para no desentonar con el registro documental que propone la novela de Cohen, el maestro Chabouté recurre a un estilo de dibujo demasiado pendiente del realismo fotográfico lo cual, cuando dibujás al nivel que dibuja este animal, es medio un desperdicio. Los rasgos propios del bellísimo estilo de Chabouté aparecen apenas en los primeros planos de algún personaje. TODO lo demás está copiado de fotos. Por supuesto, con ese trazo fluido y generoso que caracteriza a este gran autor, pero sin esa carga de imaginación y creatividad que vemos en sus otros trabajos. Chabouté no te mezquina nada, deja la vida en cada página, pero tampoco inventa nada. El texto no le pertenece y las imágenes se diferencian de las que cualquiera puede ver en un paseo por New York (o en películas o documentales ambientados en ese lugar) solo porque el comic es en blanco y negro y la realidad no.
La verdad que con un dibujante menos virtuoso, esto se disfrutaba igual. Pero bueno, a Chabouté le gustan este tipo de historias, sin acción, con ritmos pausados, mucho espacio para la contemplación y la introspección, mucha secuencia muda... Yellow Cab es un comic buenísimo, porque la idea de Benoit Cohen es buenísima. El aporte de Chabouté le suma mucho al combo, pero por ahí no hacía falta contar con semejante dios del claroscuro para que el proyecto fuera viable también como historieta.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Mil gracias a tod@s l@s que pasaron por los canales de YouTube de La Batea y Comiqueando a ver el nuevo episodio de Opiniones Meméticas, y nos vemos el finde en Quetren (Olazábal 1784, ciudad de Buenos Aires) para compartir dos días a pura historieta en el imperdible evento de los Premios Cinder.
Etiquetas:
Black Hammer,
Christophe Chabouté,
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Rich Tomasso
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