el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 3 de mayo de 2017

PRIMERAS LECTURAS DE MAYO

Nuevo mes en marcha y sigo avanzando de a poco con las lecturas.
Arranco en 2013, en Nueva Zelanda, donde me reencuentro con los guionistas William Geradts y Richard Fairgray, de nuevo al frente de una aventura muy extraña, dibujada por el maestro chileno Gonzalo Martínez. The Darwin Faeries propone revisitar la vida de Charles Darwin, agregando un elemento bizarro, hasta ahora desconocido: su interacción con una civilización de hadas escocesas, un clan de seres mágicos excesivamente burocráticos y fanáticos de las peleas con espadas.
Geradts y Fairgray no ocultan en ningún momento el aspecto inverosímil, casi desopilante, de lo que nos están contando, sino que –por el contrario- lo potencian con un tono de comedia absurda muy efectivo. Hay combates sanguinarios, intriga palaciega y debates teóricos acerca de la evolución de las especies, la organización de las sociedades y los pro y los contra de la supervivencia del más apto. Pero todo en un clima distendido, con la comedia siempre a flor de piel. El último tercio de la obra, posterior a la muerte de Darwin, es un poco más tradicional, va más para el lado de la machaca palo-y-palo y termina con impactantes revelaciones, que los autores prometen explorar en una obra posterior.
Darwin Faeries es atractiva por lo limado de las ideas, porque hay conceptos inteligentes, presentados de modo muy ganchero, muy entretenido. Los personajes de Violet y Simon están muy bien trabajados, los diálogos son cómicos… la verdad que, salvo el hecho de que la historia no termina, no hay mucho para criticar. El dibujo de Martínez acompaña en un nivel alto, en ese registro tipo Jeff Moy, Amanda Conner, Paul Pelletier… O sea, una estética de mainstream yanki pero limpita, amistosa, con una cierta alegría. Las viñetas tienen ritmo, fluidez, una muy buena organización de la información visual que se nos brinda y un gran trabajo en la reconstrucción de las épocas del pasado que visita el guión. El colorista Juan Moraga se complementa a la perfección con el trazo prolijo y fino de Martínez y aporta las dosis exactas de impacto de calidez. Un libro raro, pero realmente satisfactorio.
Me vengo a Mar del Plata, año 2016, cuando Julián Mono (el Johnny Ryan argentino) escribe y dibuja su primera historieta extensa, La Ultima Navidad. En realidad son poco más de 50 páginas, pero que se hacen intensas y requieren bastante tiempo de lectura porque cada página tiene muchas viñetas y cada viñeta tiene mucho dibujo y mucho texto.
La trama tiene muchos puntos en contacto con la de Los Visitantes del Agujero del Comedor, esa joyita de Federico Reggiani y Angel Mosquito que vimos el 14/02 de este año. Pero mientras Reggiani y Mosquito tenían como carta de triunfo el traslado al conurbano bonaerense de ciertos tópicos de la ciencia-ficción, el misterio y el terror al estilo X-Files, Mono enfatiza mucho menos la localización de la historia y se dedica mucho más a regodearse en los elementos fantásticos, tan típicos de estas ficciones de Clase B. Su historia es más violenta, más visceral, tiene momentos francamente revulsivos y escenas salpicadas de un gore extremo, grotescamente mezclado con caca y eyaculaciones.
La Ultima Navidad es una historia vibrante de demonios de otra dimensión dispuestos a masacrar a la humanidad, con muertes, torturas y decapitaciones, pero también con chistes de conchas y porongas. Mono nunca le puso a su dibujo tantas tramas, tantas manchas negras, tanto clima ni tanta oscuridad como en esta historia, pero no es un remedo de Suehiro Maruo, ni mucho menos. Es el Mono de siempre, que le agrega una faceta de aventura dark a su dibujo claramente humorístico, hiper-expresivo, deforme, siempre entre la guarangada y el delirio.
Una obra sumamente atípica para el panorama actual de la historieta argentina, en la que Mono se abraza a los tópicos más bizarros y retorcidos de los géneros que visita para hacernos reir y sufrir de la mano de estos héroes anónimos, estos Juan Carlos Nadie que de golpe tienen que enfrentarse al Mal encarnado. Y no sólo funciona como una buena aventura en joda, sino que además va a servir para que los que hasta ahora no se habían interesado por ese dibujante que hacía chistes de pijas y soretes descubran a un narrador sólido, maduro (sí, se puede hacer chistes de pijas y ser maduro), capaz de salir de su zona de confort y mandarse un thriller con misterio, violencia, humor bizarro y una eyaculación que habla. Animate a descubrirla.
Y hasta acá llegamos. Prometo postear ni bien tenga un rato (primero tengo que avanzar con las lecturas) y reitero la invitación para encontrarnos este sábado y domingo en Dibujados, donde voy a estar con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. Hasta pronto.

2 comentarios:

Julian Mono dijo...

=)

Juan Gabriel Moraga dijo...

Infinitas gracias, Andrés. Me alegra que valores nuestro trabajo.