el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 27 de junio de 2017

LECTURAS DE INVIERNO CON CALOR

En estos días de invierno en los que hizo calor, aproveché para avanzar un poquito con las lecturas.
Loco Rabia recuperó en 2016 un clásico de Carlos Trillo y Cacho Mandrafina gestado a fines de los ´90 y que nunca se había editado en el país. Viejos Canallas es una especie de secuela de Spaghetti Brothers (o Fratelli Centobucchi, como se la conoce en algunos mercados), que se entiende perfectamente sin haber leído esa extensa serie realizada para los semanarios de la ex-Eura entre 1993 y 1997. Obviamente si leíste todo Spaghetti Brothers pescás un montón de referencias que hace Trillo en esta obra, pero al mismo tiempo, algunas de las cosas que vemos acá pueden parecerte redundantes. O sea que no sé si es mejor o peor haber leído Spaghetti Brothers.
Viejos Canallas, ambientada 25 ó 30 años después de la serie original, es una gran historia en sí misma. No sólo un cierre perfecto para la saga de estos cinco hermanos con muchos guiños a la etapa anterior. El personaje de James es el menos atractivo, y Trillo lo usa para guiar al lector por el mundo tragicómico de la familia Centobucchi, donde lo que sobra son los personajes fascinantes. Incluso con un personaje menos que en Spaghetti Brothers (porque Frank está muerto), la trama familiar que urde Trillo te atrapa desde el principio y te mantiene entusiasmado hasta el final gracias a un amplio arsenal de recursos y golpes de efecto entre los cuales destaco uno: la crueldad. Esta es una obra del Trillo jodido, el Trillo mala leche, políticamente incorrecto, capaz de regodearse en la peor mierda. El personaje de Amerigo Centobucchi (lejos, el más importante, pese a que no llega vivo al final) es el clásico personaje de este Trillo maligno: violento, depravado, sórdido, perverso, 100% irredimible ni siquiera cuando los años lo reducen a ser un viejito hecho mierda. Y el manejo apabullante del humor negro que despliega Trillo logra que las atrocidades que hace Amerigo nos causen gracia, mucha gracia, lo cual es un montón.
Hay muchísimos más logros en los guiones de Viejos Canallas, pero me quiero concentrar en el dibujo de Mandrafina, rarísimo para una obra que se publicó por primera vez en Francia. Pocos fondos, muchos primeros planos, mayoría de páginas de seis cuadros… todo muy bien dibujado, pero a años luz de lo que compran habitualmente los editores franceses. Y en los flashbacks, Cacho se va a la mierda, mal. Ahí cambia el claroscuro y la mancha por un trazo más fino, más complejo, muy basado en unas tramas exquisitas, dignas del mejor Enrique Breccia. Los guiones lo obligan a saltar todo el tiempo entre la década del ´30 y fines de los ´50 y Cacho salta sin problemas, siempre con un manejo impecable de la documentación. Un trabajo hermoso de este virtuoso del Noveno Arte.
De esta misma época (1995-97) es Breakdown, una extensa obra en cuatro tomos del sensei Takao Saito, precursor del gekiga mundialmente famoso por ser el creador de Golgo 13. Como en su obra más popular, acá no hay chistes ni elementos fantásticos. Todo se centra en dos personajes, un periodista inexperto y su jefe, un inescrupuloso director de un noticiero de TV, que sobreviven a una catástrofe sin precedentes causada por un meteorito cuyos fragmentos impactan contra la Tierra.
La calidad del dibujo es magnífica, pero la verdad que en este primer tomo la trama avanza demasiado lento. En 350 páginas Saito no hace mucho más que presentarnos a los protagonistas y al conflicto central de la obra. Me encanta la libertad que tiene, que se nota muchísimo (de hecho, Saito es su propio editor)… no me gusta tanto lo que hace con esa libertad. Secuencias enteras, páginas y páginas, que podrían tranquilamente no estar, y que probablemente, si Breakdown hubiese tenido que pasar por el filtro de un editor, no estarían. En rigor de verdad, Saito usa hasta las escenas más irrelevantes para sumarle realismo y dramatismo a lo que nos está contando. Si su objetivo es que uno se ponga nervioso, esas escenas estiradas al pedo contribuyen a lograrlo.
Pero por otro lado, el autor nos está planteando un conflicto inmenso, de escala global, del cual en 350 páginas nos mostró menos que la puntita. Entonces es válido pensar cuánto nos puede llegar a mostrar en los tres tomos que faltan y decir “¿me estoy por comer otras 1.000 páginas en las que la trama se va a arrastar con la velocidad de un caracol cuadriplégico? ¡Me voy a la mierda!”. Yo compré sólo los dos primeros tomos (los que vi en oferta), así que en cualquier momento me clavo el segundo, y en base a eso decido si busco la mitad que me falta o si cuelgo ahí. El dibujo y la narrativa son fabulosos, hay varios diálogos copados, un subtexto punzante y atractivo, pero desconfío seriamente de que, al ritmo que va Saito, le alcancen 1400 páginas para desarrollar razonablemente la historia.
Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog. Y si este finde andás por San Nicolás o Rosario, acercate a Villa Constitución, que voy a estar ahí, participando del evento Villa Viñetas junto a autores muy grossos del ámbito nacional.

1 comentario:

Facundo López dijo...

Tremenda Viejos Canallas. La leí siendo virgen de Spaghetti Brothers, espero entrarle a la saga en el futuro, lo tengo en mi lista.