el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 18 de agosto de 2014

18/08: CAIN

Me estoy por terminar un mega-broli de más de 500 páginas, que supongo que me liquidaré mañana a la tarde, durante el viaje de vuelta a Buenos Aires. Mientras tanto, para zafar hoy, me leí un comic que ya había leído dos veces: cuando se serializó en la Fierro y cuando lo recopiló Ediciones de la Urraca. ¿Por qué Caín, y no otra cosa? Porque lo dibuja Eduardo Risso, el prócer de nuestra historieta gracias al cual existe (y explota) Crack Bang Boom.
La portada es engañosa. Parece un dibujo de Sin City y está hecho por Risso en la época en la que el cordobés devenido rosarino ya dominaba todos los yeites inventados y/o reciclados por Frank Miller. Sin embargo, las casi 90 páginas de Caín están dibujadas por el Risso de los ´80, el que nunca había leído a Miller y sólo compartía con el creador de Sin City una sana admiración por el claroscuro de Alberto Breccia o José Muñoz. Este es el segundo trabajo de Risso junto a Ricardo Barreiro, y visualmente se parece mucho más a Fulú (la primera serie de Risso con guiones de Carlos Trillo) que a Parque Chas, su anterior colaboración con “el Loco”. Para esta serie, Risso elimina los puntitos y las rayitas microscópicas y se juega todo al claroscuro. Tiene páginas con más cuadros que en Parque Chas y en muy pocas la cantidad de texto que manda Barreiro conspira contra el lucimiento del dibujo. Hay fondos muy laburados y un gran despliegue de imaginación a la hora de crear una Buenos Aires del futuro marcada sobre todo por las groseras desigualdades entre ricos y pobres. Y lo mejor: hay muchas secuencias mudas y muchas escenas basadas en los mil y un trucos narrativos que Risso ya dominaba a la perfección hace más de 25 años.
La historia que nos propone Barreiro es sórdida, dolorosa, dura de tragar, como un caño de escape envuelto en papel de lija. Hay lazos de sangre rotos por la crueldad más atroz, hay identidades silenciadas y recuperadas tras años de lucha, pero no esperes un final feliz al estilo Estela de Carlotto y su nieto. Desechado por sus padres biológicos, a Caín lo crían y educan la mugre, la violencia, la mala leche, la falta de cualquier clase de escrúpulos. Al ser una historia ambientada en el futuro, hay también elementos de ciencia-ficción, a los que Barreiro dosifica con gran criterio, para que nunca se pierda el foco de lo más importante: la sangre que debe correr para que Caín logre reestablecer algún tipo de equilibrio, algo que lo deje más o menos en paz con la vida de mierda que le tocó vivir.
El elenco de secundarios está compuesto por una fauna de personajes abyectos, grotescas caricaturas de lo que nos traería (un par de años después de la publicación de Caín) la década de Carlos Menem y sus secuaces. Merca, corrupción, represión, hipocresía, la política entendida como herramienta de los negocios entre mega-corporaciones, gente con poder pero sin lealtades, militantes de la venalidad, la superficialidad y la runfla. En medio de esa fosa séptica, un sólo personaje tendrá la complejidad los matices suficientes para escaparle a la caricatura y a la bidimensionalidad: Cristina, la hermana ciega de Caín, que lamentablemente aparece poco y termina muy mal. Yo la hubiese dejado viva para protagonizar una secuela. ¿Por qué la falta de sustancia, o de complejidad en casi todos los personajes no empaña la labor de Barreiro en esta novela? Porque está todo jugado a la acción y al ritmo, dos rubros en los que la dupla autoral realmente deja la vida. Si Parque Chas era un poquito parsimoniosa, acá pintó la montaña rusa de tiros, kilombo y explosiones, muy bien compensada con escenas de diálogo en las que el Loco Barreiro define a sus personajes y su universo. Y además, si bien Caín no es un personaje tan impredecible ni tan bien redondeado como Cristina, su motivación es muy potente y su evolución a lo largo de la historia es muy notable.
En síntesis, una historia vibrante, con secuencias de alto impacto, que no decae en ningún momento, que no deja cabos sueltos, que nos muestra a Eduardo Risso en un nivel altísimo y a un Ricardo Barreiro prendido fuego, con ganas de armar una vez más ese combo que era una sus especialidades: acción, violencia, mala leche, distopía, un toque de sexo y un trasfondo espeso, contaminado por una crítica socio-política afilada y letal. Tratá de conseguir la edición de La Urraca y si no, casi seguro vas a encontrar a buen precio la de Norma, que me gusta menos por el formato elegido (más tipo comic-book), pero le gana a la original en calidad de papel y encuadernación.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo un clasico!!! el dibujo de risso muy bueno

Anónimo dijo...

Este es un tremenedo comic de risso, en que tiene un gran guionista como partner, en lo ultimo que lei de risso (spaceman) , encuentro que esta muy alargado, me desilusiono aquel trabajo, no como este que esta muy bien aprovechada cada pagina

Anónimo dijo...

ven aquí baby, te voy a hacer el amor y te voy a follar, oh si muy a gusto laralarala soy el rey del océano y nadie puede pararme tengo la polla tiesa

Alejandro Pablo dijo...

Sivilina Fernandez Barrio! JA! Lo leí hace 20 años y lo sigo teniendo en la cabeza! Que buen comic!!

Luq dijo...

Esta historieta probablemente sea la más importante de mi vida. La leí en las Fierro de mi hermano cuando tendría unos nueve o diez años. Creo que fue la lectura más desfasada que tuve (en lo que respecta a la desproporción de mi edad y la del lector buscado), pero me marcó desde ese momento que la historieta era una lectura válida, que no se limitaba a algo para chicos. La releí hace mil años también, y volví a disfrutarla. Hay imágenes que las tengo grabadas, como la de los dos bebés abandonados, la matanza en un estadio (ya no recuerdo si la Bombonera o el Monumental), el tipo que usaba bajo la camisa la remera de River, Caín volando con un ventilador en la espalda, cómo me calentaba con escenas apenas subidas de tono...
Tremenda historieta. En el primer Fantabaires (¿1996?) me lo encontré a Risso solito en un stand, y le pedí que me dibujara un Caín. Se cagó de la risa y me dijo que ni se acordaba de cómo era, pero me lo dibujó igual... y como no tenía papel, me lo hizo en una vieja Comiqueando que había comprado ahí (creo que la de los X-Men en la tapa, con fondo blanco).
Años después de leerla conocí a Barreiro, y ahí entendí que no imaginaba historias así sino que su vida era directamente así. Cuando me enteré de que practicaba tiro dentro de la casa (y después tapaba los agujeros en la pared con cuadros), todo cobró sentido.
Gracias por la reseña. Es el clásico de mi vida, me parece.

jcarlosv dijo...

Yo prefiero la edición de La Urraca, me gusta más por el tamaño. Y rebuscando un poco se consigue a buen precio.

Anónimo dijo...

El papel será más lindo en la edición de Norma, ¿pero y los diálogos? No sería la primera vez que me asqueo con una adaptación a la española de un comic claramente argentino (en cuanto a origen, autores y ambientación).

Calo Boza

Anónimo dijo...

Si loco, odio que abunden los "tío", "polla", "menudo", "cabreado" y otras vergas idiomáticas.

Andres Accorsi dijo...

No, por suerte hay poco galleguismo.

Anónimo dijo...


Que buena historieta! la edición de la Urraca además de ser grande tenía una tapa zarpadísima de Mauro Cascioli (como la mayoría de los albumes recopilatorios de esta editorial), por ahí esta tapa de la edición de Norma tiene el pechito medio tomado, pero vende. Lo único que recuerdo medio raro es que, por más que cerraba todo, terminaba medio abrupto como si Barreiro hubiera apurado las últimas páginas. El trabajo de Risso: descomunal. La voy a desempolvar y leer de nuevo, saludos!

Dolape

Anónimo dijo...


Andres Accorsi dijo...
"No, por suerte hay poco galleguismo."


¡Enhorabuena!