el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 4 de febrero de 2019

NOCHE DE LUNES

O trasnoche, en realidad, porque se me hizo tarde grabando un podcast con mis amigos de Tierra-X. Vamos rapidísimo con las reseñas de los últimos libritos que me bajé.
Desde un ya lejano 16/10/17 tenía colgada Iron Fist: The Living Weapon esa serie de 12 episodios recopilada en dos tomos. Por fin le pude entrar al Vol.2 y bueno, recomiendo repasar la reseña del Vol.1 porque coincido mucho con lo que escribí en aquella ocasión.
Esta es una aventura grandilocuente, estridente, hiper-pasada de rosca, en la que Kaare Andrews nos bombardea sin tregua con una sucesión interminable de peleas contra ninjas, androides, monjes, demonios y un largo etcétera. Y no sólo está todo dibujado como la hiper-concha de Dios (en un estilo a caballito entre Frank Miller y Fernando De Felipe), si no que además está todo perfectamente articulado con la larga historia previa de Iron Fist. Muchos elementos que me encontré hace poco en el Essential (ver reseña del 18/12/18) acá aparecen resignificados por Andrews, que nunca deja de nutrir a su epopeya con toques de continuidad tomados de distintos momentos de la historia de Danny Rand.
Y aunque la historia fuera infinitamente más básica y más cabeza de lo que ya es, igual habría que recomendar The Living Weapon sólo por lo que hace Andrews en materia de dibujo, color y narrativa. En esos rubros, acá tenemos una orgia, un bacanal, un canto a todo los excesos que están bien. Andrews llega a armar una sola viñeta repartida en SEIS PAGINAS, una séxtuple splash-page en la que vemos a Iron Fist destrozándole la cabeza a un villano de una ñapi. Son excentricidades rayanas en la demencia, de un autor que se anima a todo menos a pasar desapercibido.
Me encantó verlo a Andrews decido a hacer en este comic un montón de cosas que nunca habíamos visto en apectos como el tratamiento del color, las onomatopeyas, la puesta en página, la violencia a niveles desorbitados, la forma de mostrar las escenas oníricas y los flashbacks… Sin dudas este segundo TPB es lo mejor que leí de este autor, del cual ya me hice hardcore fan. Lo único flojo es un detalle del argumento del último episodio: la hija de Howard Meachum que busca vengar la muerte de su padre es una muy buena idea… que ya habia tenido Doug Moench en los ´70. El resto está muy bien y creo que cualquier fan de Iron Fist va a coincidir conmigo en que es lo mejor que le sucedió al personaje desde la etapa de Matt Fraction y Ed Brubaker.
Me vengo a 2018, cuando se publica en Argentina el nuevo trabajo de Nahuel Sagárnaga, el autor que la rompiera con ¡Corré, Wachín!. Ahora es el turno de Mirina (café y tortas robot), una combinación muy lograda entre aventura y comedia. Mirina es una androide poderosísima, con cuerpo de chica de unos 20 años, que lucha contra robots malignos y contra delincuentes en general. Pero además es camarera en una especie de Starbucks, tiene un grupito de amigos y trata (sin ningún éxito) de levantarse a las chicas que le gustan. De todo esto, incluso de la orientación sexual del personaje, Sagárnaga saca situaciones muy cómicas, que mantienen muy alto el nivel de la comedia. En los dos últimos episodios se suma como co-guionista Martín Renard, que hace gala de un oído para los diálogos afiladísimo, perfectamente sintonizado con el habla de los jóvenes de la Buenos Aires actual. O sea que si a este comic le sacáramos la machaca y las explosiones, igual sería divertidísimo de leer como una especie de Friends más actual y 100% porteño.
Pero además la faceta aventurera está muy bien trabajada, no es un relleno ni un fan service berreta, si no un muy buen intento de contar las andanzas de una chica superpoderosa insertada en nuestra realidad cotidiana. El dibujo de Sagárnaga es espectacular, al nivel de cualquier autor grosso de cualquier país. Y claro, se luciría muchísimo más en un formato más libre. Acá, encapsulado en tiras de tres o cuatro viñetas, el dibujo no termina de explotar nunca, no va nunca a la par de la estridencia y el impacto que proponen un montón de pasajes del guión. Me encantaría releer Mirina en otro formato, remontado como comic-book o como álbum europeo, con no más de seis o siete viñetas por página y con la posibilidad de que Sagárnaga se vaya al carajo en alguna splash-page, o en viñetas bien zarpadas, que subrayen y/o apuntalen lo grosso de los combates. Así se ve muy lindo todo, pero me parece que en otro formato se vería mucho mejor, más power.
Machaca, robots, explosiones, chistes, romance, rock, guiños a mangas y videojuegos, sexualidades alternativas y bares chetos donde un café de mierda vale una fortuna en un comic fresco, canchero, entrador, pensado para que sientas que estos personajes son amigos tuyos de toda la vida. Ojalá haya pronto nuevas aventuras de “la mujer lesbiónica”. O nuevas recopilaciones de las tiras de Wachín. O cualquier otra cosa que lleve la firma de Nahuel Sagárnaga, un autor clave para disfrutar la historieta argentina actual.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos con nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.  

2 comentarios:

Martin Alvarez dijo...

ahora hay un tpb que junta ambos tpb, el arte por lo que habia visto me llamaba bastante, tal vez caiga en algún momento. me gustaría saber que opinas "adam kayser y los inomrtales", comic chileno de bernier (el de franko el león).

Andrés Accorsi dijo...

No lo tengo! Cuando lo consiga, con mucho gusto lo leo y lo reseño.