el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 9 de febrero de 2019

OTRA NOCHE DE SABADO

Sábado a la noche y mientras definimos a dónde nos vamos de joda, no está mal sentarse a escribir (o a leer) unas reseñitas.
Completé mi traspaso de comic-books a TPBs de The Invisibles, la serie que en 1994 lanzara Grant Morrison en el sello Vertigo. Para festejarlo, la pienso leer toda de nuevo, exceptuando por supuesto el Vol.7, que fue el que nunca completé en revistas y cuya reseña ya apareció acá en el blog el 20/05/13. Pero el Vol.7 es el final y hoy me toca hablar del principio.
Un principio duro, muy cuesta arriba. El primer arco tiene más de 100 páginas en las que pasa MUY poco. Acá Morrison presenta el planteo general de la serie, recién a cuatro páginas del final nos brinda un primer pantallazo del elenco completo con el que va a trabajar, y todo el resto está centrado en la iniciación de Dane McGowan, un chico rebelde y kilombero, elegido por los Invisibles para convertirse en Jack Frost. El encargado de convertir a este adolescente sublevado en un soldado de King Mob será Tom O´Bedlam y en la gran mayoría de las escenas sólo veremos la interacción entre Dane y Tom, que por momentos se hace MUY aburrida. Hay conceptos copados, hay diálogos ingeniosos y hay pequeñas chispas de acción. Pero en general, resulta denso, estirado, falto de dirección. Y encima el dibujante es Steve Yeowell, un mediocre sin alma, sin onda, sin talento, cuyo mejor trabajo vimos en la reseña del 28/05/13. Este probablemente sea de los peores trabajos de este dibujante británico al que (por motivos que no logro descifrar) Morrison siempre bancó a muerte.
El segundo tramo se titula “Arcadia” y acá tenemos una dibujante mucho más presentable: la hoy consagrada Jill Thompson, a la que acá le hacen un grotesco gang bang entre el entintador y el colorista, para que se luzca poco. Pero Jill resiste, y claro, al lado de Yeowell esto es la Capilla Sixtina. A nivel argumento, también hay más sustancia. Pasan muchas más cosas. De hecho, pasan demasiadas cosas. Morrison se va de mambo e introduce una cantidad de elementos narrativos totalmente excesiva para una saguita de 96 páginas. Arcadia tiene mucha acción, viajes en el tiempo, varias secuencias narradas en paralelo, una infinidad de referencias literarias, los primeros hallazgos en materia de interacción entre los protagonistas, bizarreadas geniales como la aparición de la cabeza de Juan el Bautista cantando un tema de Dead or Alive (el clásico “You Spin Me”), y toda una arista de perversiones sexuales mezcladas con violencia extrema, cortesía del legendario Marqués de Sade. Evidentemente, acá Morrison deja en claro que esta serie no era para cualquier tipo de lectores y nos advertía que de verdad, en estas páginas podía pasar cualquier cosa. De hecho, en 1994 yo no había visto nunca en comics de DC escenas de sexo con sangre y torturas como las que dibuja acá Jill Thompson, por supuesto desenfatizadas, casi borroneadas por el trabajo del colorista Daniel Vozzo, al que le deseo cáncer en un testículo. Leída hoy, esta aventura barroca y pretenciosa llamada Arcadia tampoco me resulta satisfactoria, pero bueno, me consta que para el Vol.2 esto mejora bastante.
Hace un año y una semana me tocó leer Poncho Fue (ver reseña del 02/02/18), la que hasta ahora es la obra más importante de Sole Otero. Ahora voy con un librito que recopila los chistes que Sole hacía para las redes sociales: Siempre la Misma Historia. Lo único que no me cerró del libro es que, en medio de decenas de chistes de Blancanieves, Caperucita, Pinocho y Ricitos de Oro, aparecen tres o cuatro chistes de Batman y Robin. ¿Por qué mezclar, de golpe, cuentos de hadas con superhéroes? ¿Y por qué un sólo superhéroe? En fin, vamos a lo importante, que es el talento de Sole para el humor gráfico, para condensar una pequeña situación humorística en una única imagen. Acá evidentemente garpa toda esa montaña de trabajos que realizó la autora en el campo de la ilustración. Pero además están buenas las ideas. Sole encara para el lado de la ucronía, de introducir en el contexto de los cuentos de hadas clásicos toda la temática de las redes sociales, los hipsters, la publicidad, el psicoanálisis, la inseguridad y la miseria que ganan los jubilados. De ese choque entre personajes y ambientación clásicos y problemáticas actuales, salen chispazos sumamente cómicos y bastante originales.
El estilo de dibujo se parece bastante al de Poncho Fue, con ese trazo muy suelto, muy expresivo, ideal para ser coloreado con acuarelas, y con la novedad de que acá en vez de bares y calles porteñas, Sole dibuja bosques y palacios de reinos lejanos. Incluso cuando recurre a la secuencia, y arma una pequeña historieta con varias viñetas chiquitas, el grafismo está cuidado y se pone al servicio de contar esas mini-historias sin la menor dificultad. Recomiendo mucho Siempre la Misma Historia a los fans del comic humorístico, de los cuentos de hadas, de Sole Otero, o a los que estén buscando algo copado para regalarle a gente que habitualmente no consume historietas.

Nada más, por hoy. Que tengan lindas lecturas y hasta pronto.

2 comentarios:

JLO dijo...

me sorprendiste con esa artista que tiene mi mismo apellido, me la pongo a buscar en la net... suerte con la joda de hoy entonces ja...

Ariel Belanga dijo...

Vozzo... El enchastrador de Sandman...