el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 2 de septiembre de 2026

SEPTIEMBRE ARRANCÓ TRANQUI

La verdad que ninguno de los dos libros que tengo para reseñar hoy me volvió muy loco... En primer lugar, leí Reflections, el último TPB de Astro City que publicó Vertigo, con los seis episodios de abajo del nº36 dibujados por Brent Anderson que faltaba recopilar en libro. Después, Vertigo dejó unos cuantos números sin recopilar, pero ya conseguí el TPB de Image que trae todo lo que me falta (en una de esas, lo leo en 2027). Me da la sensación de que estoy en una etapa de Astro City en la que a Kurt Busiek se le empiezan a terminar las ideas copadas. Este TPB tiene un episodio autoconclusivo centrado en Samaritan, que no está mal pero tampoco descolla; un arquito de dos episodios protagonizados por una raza insectoide enemiga de la First Family (un embole); y un arco en tres episodios centrado en Steel Jack, que por suerte además de ser el más extenso es -por lejos- el mejor del tomo. De hecho es el único tramo del TPB con alguna sustancia, con algo que me generó el interés suficiente como para elaborar una opinión que le pueda resultar útil al que lee esta reseña. Tampoco es la gloria. Es simplemente una historia interesante, en la que Busiek retoma a un personaje muy querido por los lectores para hablar un poco del paso del tiempo y -ya que está- le pega un sacudón a Cutlass, una villana que había quedado un poco relegada, pero que demuestra tener todavía bastante tela para cortar. Steel Jack, por su parte, ofrece dos aristas muy fértiles para este tipo de comic en el que los superhéroes y supervillanos están naturalizados como parte del paisaje: es un criminal reformado, y es un señor de más de 55 años, más cerca de la jubilación que de la epopeya. Esas dos aristas son, en realidad, dos flancos por donde atacar a este hombre con piel de metal invulnerable: las autoridades siempre van a desconfiar de él, y a sospechar que volvió a corromperse, y los pibes lo van a considerar un viejo choto, una reliquia de un pasado que ya fue. Contra todo, Steel Jack va a demostrar que lo viejo funciona y que su integridad sigue intacta, en una historia bastante poco predecible, salpicada con muy buenos diálogos. A lo largo de todo el tomo, el dibujo de Brent Anderson también tiene altibajos. Pero el principal problema (me parece) es que quedó muy anticuado. En 1995, cuando todos eran clones de Rob Liefeld y Jim Lee, estaba genial que apareciera un dibujante así, a reivindicar la estética de Neal Adams, o de Gene Colan. 30 años después, el chiste ya no es gracioso, y no te digo que hay que jubilarlo a Anderson y no darle laburo nunca más, pero mi sensación es que una onda tan retro ya no le suma nada a Astro City. Y después hay cosas que te emocionan, como el personaje secundario del arco de Steel Jack al que Anderson dibuja con los rasgos de Keith Giffen... Ah, no quiero cerrar la reseña sin subrayar que la portada que ilustró Alex Ross para el TPB es lo más pecho frío que le vi dibujar en mucho tiempo. De las seis portadas de los episodios recopiladas, hay por lo menos cuatro más copadas y más gancheras que la que terminaron por usar para el libro.
Después de las sensaciones muy positivas que me había dejado Carpinchos Mutantes Guerreros, me lancé contra Oveja Negra, el otro libro de Gory y Lubrio publicado por la editorial Un Gustito. Y me gustó un poco menos. Los guiones están bien, hay un par de momentos muy interesantes. Los diálogos, por debajo de lo que vimos en el libro anterior, más forzados, menos ajustados a lo que se supone que es una comedia costumbrista. Pero lo que sostiene todo es la idea central de Oveja Negra: una familia en la que el papá y los tres hijos son licántropos, y uno de ellos (Nazareno, el mayor) no se copa para nada con dejarse llevar por el instinto animal y predatorio cada vez que la luna llena lo transforma en lobo. Es una consigna que funcionaría muy bien en una serie de dibujos animados, por ejemplo. Y además está la mamá, que es la única que no se transforma, y que es el personaje que mejor me cayó, como si Lubrio tratara de compensar el hecho de que Claudia no es mujer-lobo dándole la personalidad más copada, el pasado más consistente y los mejores diálogos. Las historias de la familia Cruz se apoyan en esta dinámica que acabo de explicar y -lógicamente- hay algunas más efectivas que otras, pero en general está bien logrado el objetivo que es (creo yo) explorar un elemento típico del género del terror (los licántropos) en un formato que pueda incluir también a los más chicos, sin ahuyentarlos con momentos demasiado escalofriantes ni sangrientos. El dibujo de Gory me cerró un poco menos, porque no lo veo tan apuntado a los chicos. Ya hacer una historieta infantil en blanco y negro es medio polémico... pero entintarla con técnicas que remiten a Robert Crumb, o a la etapa más zarpada de Diego Parés, es casi un contrasentido. Encima el personaje que más me gustó (Claudia) tiene un diseño MUY basado en el de la mamá de Buddy Bradley, pero sin la plasticidad de Peter Bagge. El resto de los personajes parecen dibujados por los autores clásicos de la revista Anteojito (Goyo Mazzeo, Blanca Cotta, esa onda) y requerían otro enfoque a la hora del entintado. Lo mejor que ofrece Gory en estas páginas es el armado de las secuencias, y la posibilidad de meter MUCHO texto en algunas páginas, sin que el relato se empantane. En las secuencias en las que Nazareno se cruza con Zoila Zombie y Lubrio se hace cargo de los dibujos, la necesidad de ponerle color a esas viñetas se hace todavía más imperativa. No considero a Oveja Negra una historieta fallida, porque la base está y funciona. Pero sí le veo unos cuantos puntos flojos que se podrían modificar para hacer una versión 2.0 que esté más a la altura de la consigna de la serie. Nada más, por hoy. El finde nos vemos seguro en el ¡FAH! y el miércoles 9 hay transmisión en vivo en el canal de YouTube con un Especial Subasta, donde vamos a detonar la internet con una merca impresionante. Gracias por el aguante y nos vemos por ahí.

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