martes, 6 de octubre de 2026
MARTES MUY RETRO
Mientras la Scaloneta pasea a la selección de un país de cuya existencia me enteré durante el finde, me siento a escribir las reseñas de los últimos libros que leí.
Arranco muy atrás, en 1934, para descubrir las planchas dominicales de Betty Boop que dibujaba Bud Counihan pero aparecían firmadas por Max Fleischer, genio de la animación que jamás en su vida dibujó una historieta. Este libro, editado por Kitchen Sink a mediados de los ´90, reúne todas las planchas dominicales de Betty, más algunos extras: unas paginitas de Koko the Klown, unas de Helen Kane (the original Boop-Boop-A-Doop girl) y un prólogo del especialista Bill Blackbeard que revela un poco los entretelones de cómo y por qué se distribuyó esta historieta en los diarios de EEUU, cómo se vinculaba con los dibujos animados de Betty Boop y demás.
La opinión memética dice que la tira diaria de Betty era de mediocre para abajo, pero la verdad que con las planchas dominicales me divertí bastante. Por lo menos hasta la mitad del libro, el promedio es muy alto, con chistes de una página muy graciosos, que se nutren del hecho de que Betty es una estrella de Hollywood a la que todo el tiempo le dan papeles importantes en distintas películas. El "tras bambalinas" de las pelis, narrado en clave de humor en plena época de oro de Hollywood, garpa por todos lados y le permite a Counihan no quedar atrapado en la vertiente de "Betty está buenísima y todos los hombres se vuelven locos por ella", que era una temática no muy bien vista por los directores de los diarios más conservadores de EEUU. Pero reirse de cómo se producen los largometrajes, la improvisación, los malabares que hacían los directores para cumplir con las tomas pautadas, los caprichos y veleidades de las estrellas, los castings, las larguísimas jornadas de filmación... todo eso, sumado al costado tierno de Betty que explora la tira, le baja el tono a la impronta claramente sexual del personaje sin sacrificar el volumen humorístico de la serie.
Después, en la segunda mitad, se suman personajes secundarios como Bubby y la Tía Tillie y Betty se convierte en una figura muy menor dentro de su propia historieta. La Tía Tillie ofrece todo un abanico de recursos humorísticos que Counihan va a explotar hasta el cansancio, al punto de rodearla de sus propios personajes secundarios. Al principio es divertido, porque le trae aire fresco a la tira, y ya para el final querés que la tía desaparezca de una puta vez y que Betty vuelva a ser el centro de los mini-relatos.
El dibujo es realmente muy competente, muy en la línea de las buenas tiras cómicas de los años ´30 y supongo que habrá habido un gran trabajo de recuperación de los materiales de reproducción por parte de Kitchen Sink, porque tanto la línea como el color y las letras se ven fenómeno. Una perlita.
Me voy a España, año 1991, cuando la editorial Toutain (ya en una etapa medio crepuscular) publica el álbum En el Nombre del Diablo, que no es otra cosa más que una recopilación de seis historias cortas del maestro Esteban Maroto, aunque el libro no nos cuenta dónde se publicaron originalmente.
Las seis historietas nos ofrecen relatos fantásticos, con ángeles, demonios y brujas, en las que están muy enfatizados los desnudos femeninos y las escenas de sexo. El dibujo de Maroto es naturalmente elegante, sofisticado; es un tipo famoso por afanar dibujos de sus colegas, pero sobre todo por haber encontrado un trazo fluido, generoso en detalles, de insoslayable virtuosismo dentro del estilo académico-realista. En general, cuando un autor apuesta fuerte por el virtuosismo, el despliegue visual y el lucimiento de su trazo, descuida un poco la narrativa. Maroto, en cambio, deslumbra también en la puesta en página y en el armado de las secuencias. A veces le quedan páginas demasiado cargadas de imágenes y textos, pero en general, estas historias van más allá del impacto visual y seducen también desde la puesta en escena.
Los guiones... bueno, ninguno es excepcional. Maroto juega a reinterpretar la historia de Adán y Eva, la de Caín, la de Joan D´Arc, el Fausto de Johann von Goethe, y a todas les mete más voltaje sexual, a como dé lugar. Su versión de Fausto es, seguramente, lo más flojo del álbum. Hasta tiene faltas de ortografía en los textos, así que imaginate...
Pero sinceramente no creo que nadie haya comprado En el Nombre del Diablo por los guiones. Este es un libro apuntado al fan de Maroto que quiere tener en su biblioteca aunque sea un pedacito de su obra dispersa, o al fan del dibujo académico-realista que ni a palos se va a poner a buscar todos los álbumes de Maroto, pero quiere tener uno que resulte más o menos representativo y que ofrezca trabajos de la mejor etapa del maestro (los ´70 y los ´80). Yo me sumo al segundo grupo. Quería tener un álbum de Maroto, en lo posible en blanco y negro. Pero me encontré con este (que es a todo color) y como estaba barato y soy fan de la editorial de Toutain dije "adentro". No sé si al público pajero que compra comics para ver garches esto lo seducirá, o le resultará un poco pasado de pretensiones artísticas. Me consta que en los ´70 y los ´80 fueron varios los autores españoles de estilos clásicos que pudieron compatibilizar sensualidad y sofisticación en historietas en las que el erotismo, si bien estaba presente, era un elemento más dentro de narraciones adultas, sólidas, con un impacto dramático que más tarde no vamos a asociar ni en pedo con la historieta más subida de tono en materia sexual. En el Nombre del Diablo aspira a formar parte de esa tradición y se queda a mitad de camino. Pero no es un mal álbum.
Nada más, por hoy. No se pierdan el regreso de Opiniones Meméticas en los canales de YouTube de La Batea y Comiqueando y vuelvan pronto por acá, que los espero con más reseñas.
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