el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 21 de junio de 2013

21/ 06: STRANGE SCIENCE FANTASY

Scott Morse es uno de los monstruos míticos que habitan en las márgenes del comic yanki, habitualmente relegado a proyectos raros en editoriales chicas, o a aportar historias cortas a antologías de las más variadas temáticas (de hecho, ya nos lo cruzamos un par de veces en los años que lleva el blog). Tuvo sus chispazos de exposición, allá por el 2004, cuando reemplazó a Kyle Baker en la revista de Plastic Man y le editaron Room Full of Strangers, un prestige que te lo vendían como si fuera de Batman, pero en realidad el protagonista era James Gordon. Lo cierto es que Morse es un eterno remador, al que nunca le llegó el reconocimiento que realmente se merece.
En 2011, IDW le publicó uno de sus trabajos más extraños y atractivos, que es el que hoy nos ocupa. A lo largo de los cinco primeros relatos de Strange Science Fantasy y casi hasta el final del sexto y último, se imponen estas características: historietas autoconclusivas, sin relación entre sí, sin personajes recurrentes, narradas sin diálogos, con franjas de texto rotulado a mano entre las viñetas, que son siempre tres y siempre en formato apaisado, excepto en alguna splash page. Con este esquema, Morse pela historias muy bizarras, con conceptos estrambóticos (el Shogunauta, un detective con cabeza de proyector de cine, un soldado curtidísimo que se hace gigante para luchar contra una raza entera de alienígenas, un boxeador mutado que adquiere el poder de cambiar de forma...), claramente orientados hacia la acción, aunque no todas las aventuras se resuelvan por la vía de la machaca.
Esto es la imaginación al poder, son ideas delirantes, de alto impacto, apoyadas por textos que –en un juego estilístico que remite a los comics de los ´50 y ´60- subraya lo extraño, lo único e irrepetible de lo que está sucediendo en las viñetas. Strange Science Fantasy quiere ser una mezcla entre parodia y homenaje a los comics “raros” de la época que va entre la Golden y la Silver Age, y por momentos recupera perfectamente ese peculiar sabor de los comics de monstruos de Jack Kirby, de invasores alienígenas de Steve Ditko, o de freaks con onda de Jack Cole. Hasta que llegan las últimas páginas del sexto episodio, y ahí Morse pega un giro genial e impredecible que alejan a estas historias del mero pastiche y las reformula para convertirlas en algo mucho más grosso, más cerca de Borges que de Kirby. Estas últimas páginas rompen la grilla de las tres viñetas widescreen, incorporan los diálogos y proponen una lectura de todo lo visto hasta el momento mucho más interesante.
Aunque eso no sucediera y el sexto episodio fuera uno más, Strange Science Fantasy iría al pilón de los excelentes libros editados en 2011 por los prodigios que despliega Morse en la faz gráfica. El dibujo parece hecho a mano alzada, directamente en tinta, con trazos gruesos, bien expresivos, al estilo del Jeff Lemire más salvaje, con un gran criterio para meter manchas negras. La estética, entre retro y caricaturesca, con poses (aunque no composiciones de viñetas ni de páginas) que remiten a Kirby, tiene algo de los trabajos más zarpados de Fernando Calvi de los ´90, o de los trabajos más recientes de Kyle Baker, pero todo más visceral, más jugado, más extremo. Hasta el rotulado se va al carajo. La magia que hace Morse con el pincel y la tinta se complementa con un laburo sublime en el color, que tiene muchísimo protagonismo. Entre texturas de revista vieja, Morse detona un arsenal de efectos logrados con técnicas digitales, que le suman muchísima fuerza a los dibujos y a los climas, a la vez que terminan de dotar a Strange Science Fantasy de una impronta visual absolutamente original, propia, nunca antes vista, a pesar de las influencias a las que Morse intenta homenajear. Esto es una aplanadora, de asombrosa potencia gráfica y hasta con un cierto lirismo freak, totalmente infrecuente en el comic de aventuras de género.
Además de un amplio background como animador, Morse tiene muchas novelas gráficas y muchos unitarios publicados, a veces en clave humorística, a veces más por el lado de la introspección o el vuelo poético, y casi siempre con guiños a los clichés de la historieta clásica, de género, algo que evidentemente apasiona al autor al punto de manejarlo de taquito. Virtuoso del dibujo y demoledor a la hora de la narrativa, Scott Morse es –sin dudas- un autor al que vale la pena seguir de cerca. Y este es un gran libro para iniciarse en este periplo, porque acá sobran ideas espectaculares, dibujos de la hiper-concha de Dios y -sobre todo- onda. Ah, y al final hay unas paginitas dibujadas por Paul Pope, un ídolo al que conoceremos muy pronto en Crack Bang Boom!

3 comentarios:

Rodrigo Lopez Rubio dijo...

Andres, esto es a color o b/n ??...o los 2? (lo pregunto por algunas pags. que se ven en internet en b/n)

Pinta buenisimo.


Saludos.

Andres Accorsi dijo...

No, es todo a color, salvo un par de las páginas de Paul Pope.

Mauro Vargas dijo...

Que bueno que salió el libro, me los venía descargando. Es hermoso el laburo que se manda este tipo. Lo emparento con el Rocketo de Frank Espinoza, otro desubicado del pincel.

Un saludo Andres!