el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 30 de mayo de 2019

JUEVES DE AVENTURAS

Los dos libritos que acabo de leer parecían, a priori, muy distintos entre sí. Pero una vez leídos, me resultó llamativa la cantidad de similitudes que les encontré. Ahí vamos.
La aventura empieza en Francia, en 1982, cuando Tramber y Jano realizan un álbum de Kebra que marcaría la separación de la dupla autoral. Esta vez, en lugar de protagonizar historias cortas, Kebra se pone al hombro un relato de 40 páginas, Le Zonard des Etoiles, publicado en España como “El Macarra del Espacio”.
El dibujo de estas 40 páginas es impresionante, muy superior a los episodios anteriores e incluso a los álbumes posteriores, en los que Jano seguirá en solitario al frente de las aventuras de esta rata atropomórfica. El trabajo y la imaginación que pusieron los autores para esta epopeya de ciencia-ficción es infernal, como si le quisieran mojar la oreja a Moebius o a Philippe Druillet. La narrativa es brillante, las onomatopeyas, el color, todo está cuidadísimo y se disfruta a full.
¿Qué hace Kebra en una epopeya de ciencia-ficción? Bueno, ese es otro tema. El guión de El Macarra del Espacio es bastante blandito, apenas una sucesión no muy bien concatenada de peripecias por las que atraviesa Kebra, no exentas de impacto, pero en las que el personaje básicamente no avanza nunca un milímetro. El pibe (digámosle así) viaja a otros planetas, participa de una guerra intergaláctica, se levanta a una princesa, queda varado en un desierto, viaja en el tiempo al futuro remoto de la Tierra… y no se mueve nunca de su planteo original, el de las breves historietas ambientadas en los suburbios de París: lo suyo es sobrevivir, morfar de arriba y ponerla cada tanto, sin importar a quién hay que cagar. Se supone que una ordalía de esta envergadura le puede enseñar algo más, pero no.
Por otro lado, al aferrarse a la fórmula del típico guión de aventuras, El Macarra del Espacio es –lejos- la aventura más violenta de Kebra. Todo el tiempo aparecen conflictos, que los autores resuelven por medio de peleas, tiros, explosiones, naves que se estrellan unas contra otras y batallas campales. Por suerte en medio de todo este despelote aparecen algunas escenas más tranqui (muy bien resueltas) y alguna idea limada que no pasa por la machaca. No es un álbum que ofrezca mucho más que la bizarra acumulación de peripecias, pero sólo por el dibujo ya garpa pegarle una leída.
Salto a 2014, cuando se publica Nemo: The Roses of Berlin, la segunda novela gráfica protagonizada por Jenni Nemo, la hija del mítico capitán, a cargo de la dupla insumergible: Alan Moore y Kevin O´Neill, en la época en la que habían dejado de lado a la League of Extraordinary Gentlemen para concentrarse en este atractivo spin-off. Nunca conseguí Heart of Ice (la primera novela de Nemo), por eso me costó entender un par de cosas, pero el propio relato me fue explicando todo.
Acá también, el dibujo está fuera de escala. Lo que dibuja O´Neill en estas 50 páginas no tiene nombre, es de otra realidad. Esa versión alternativa de la Alemania nazi, emparentada con la Alemania del cine expresionista de los años ´30, es sencillamente inolvidable. Las expresiones faciales, las escenas de acción y las ilustracioness de las retiraciones de tapa y contratapa son algunos de los puntos más altos dentro de un trabajo sublime de este monstruo sin límites.
El guión de Moore, por su parte, está bien provisto de referencias literarias y cinematográficas (no las vamos a enumerar, no hace falta) y plagado de diálogos magníficos. El problema es el argumento, muy sencillo, muy lineal, donde lo único impredecible es el precio que van a pagar “los buenos” por la victoria. Como Kebra en su saga espacial, acá vemos a Nemo no moverse un milímetro de su personalidad: con casi 50 años, sigue siendo la mina dura, decidida, con un coraje y un orgullo sin parangón, que va para adelante como una locomotora a conseguir su objetivo (en este caso, rescatar a su hija y su yerno de las garras de los villanos cuasi-nazis) sin medir las consecuencias. Así se desencadenan una otras otra unas escenas de pelea inmensas, casi de blockbuster hollywoodense, en las que la apuesta sube cada vez más hasta llegar al mano a mano final con la principal antagonista. Y no hay mucho más que eso, que está muy bien, es atrapante, intenso, emotivo… pero claro, uno espera un poquito más de un genio como Alan Moore. Aún así, Roses of Berlin me dejó muy manija como para conseguir Heart of Ice, porque los personajes están obscenamente bien trabajados, el mundo es el mismo de The League…, y seguramente O´Neill me va a sorprender con otra hecatombe nuclear como la que causó en mis retinas en esta novelita.

Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.