el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 27 de mayo de 2019

MEDIODIA DE LUNES

Mientras escucho mi podcast favorito (Sonido Bragueta), me pongo a escribir las reseñas de los últimos libritos que leí.
Arranco en 1991, con Vito el Cenizo, un álbum de Spirou y Fantasio que retoma al villano de la aventura en New York. La dupla integrada por Tome y Janry, acá sumamente afianzada, nos ofrece una excelente combinación entre humor y aventura, pero con plus muy atractivo: esta vez el ritmo es mucho menos frenético que en la aventura en Moscú, y los héroes (sobre todo Fantasio) tienen tiempo para pensar en lo que hacen, en por qué lo hacen, en la relación entre ellos, en la forma en que financian sus aventuras, e incluso en una minita con la que pegó alta onda y a la que le dedica unas cuantas… remembranzas.
Lo único medio discutible de Vito el Cenizo es que las secuencias más divertidas son posibles gracias a una coincidencia muy poco verosímil. Y que le dan muy poca bola a Spip. El resto, es todo ganancia. Desde retomar a un villano de un álbum anterior, hasta la calidad de los gags y la resolución del misterio que envuelve al cargamento del barco hundido. A lo largo de estas 44 páginas te reís un montón de veces, pero además hay mucho suspenso, intriga y peligros que (a pesar del clima festivo) se sienten bastante reales.
Y el dibujo, por supuesto, es exquisito. Las expresiones faciales, el lenguaje corporal de los personajes, los fondos, las secuencias mudas, los momentos de mayor despliegue y acción… realmente todo espectacular. Tome y Janry dieron vuelta esta serie como una media y la llevaron a donde ninguna otra serie infanto-juvenil había llegado antes. Tengo sin leer un librito más de la dupla, que seguramente reseñaré pronto.
Salto a Francia, a fines de 2018, cuando se publica Guaraní, la nueva novela gráfica de los maestros argentinos Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti. El planteo es sumamente ganchero: un fotógrafo francés llega a Sudamérica a fines de la década de 1860 y se convierte en testigo privilegiado de los horrores de la Guerra de la Triple Alianza. Pierre Duprat interactúa con civiles, soldados, aborígenes, animales exóticos y enfermedades tropicales, pero nada lo prepara para la batalla de Acosta Ñu, en la que 20.000 soldados brasileños y argentinos masacran a un ejército paraguayo improvisado, en el que combatían mayoritariamente niños sin entrenamiento militar, reclutados por la fuerza entre las tribus guaraníes.
El libro es más chico que las novelas anteriores de la dupla, pero con muchas más páginas. Guaraní le da la posibilidad a Gabriel Ippóliti de dibujar pocos cuadros por página (a veces sólo dos), más grandes, en los que su dibujo se luce muchísimo. La paleta de colores (en la que los primarios están intencionalmente ausentes) es maravillosa, el trazo está suelto, dinámico, muy expresivo, sin descuidar en lo más mínimo el rigor histórico y documental. Creo que es el trabajo de Ippóliti que más me gustó, pero también creo que su próximo trabajo me va a gustar más que este.
Guaraní tiene un sólo problema, que no es menor: la escena más relevante, más impactante, más crucial para la trama y para el desarrollo del protagonista, es la de la batalla de Acosta Ñu. Y el libro nos la cuenta TRES veces: en el texto de la contratapa, en el prólogo de Agrimbau y finalmente en la historieta propiamente dicha. Para cuando la trama llega a ese punto, ya sabés lo que va a pasar. Y si esperás que después de eso venga una vuelta de tuerca más, un volantazo más que te sorprenda o te shockee tanto como esa batalla, no la esperes, porque no hay.
Por supuesto que Agrimbau narra todo esto con muchísimo aplomo, el recurso de contar todo desde la óptica de un extranjero funciona perfecto, el personaje (como ya dije) evoluciona muchísimo, si no tenés la más puta idea de lo que fue la Guerra de la Triple Alianza el guión te lo cuenta sin agobiarte con datos, los horrores y crueldades de la guerra están perefctamente plasmados, al igual que el contexto político de la época. A pesar de tener poca acción, Guaraní nunca se hace densa ni aburrida, y hasta encuentra pequeños resquicios para alguna pincelada de humor en medio de tanta desolación. Para ser brillante le faltaba ese toque imprevisible en las 20 páginas posteriores a la batalla, ese algo más que pudiera de alguna manera “cantarle retruco” a lo tremendo de esa secuencia. O no, pero en ese caso me hubiese gustado llegar al momento de la batalla sin saber lo que iba a pasar, para que me pegara más fuerte, sobre todo porque es un hecho histórico que rara vez se menciona cuando nos cuentan la Guerra de la Triple Alianza.
Por supuesto que recomiendo a full Guaraní, que seguramente tendrá edición argentina antes de que termine este año. Y ojalá la edición nacional no spoilee tan abiertamente lo que Agrimbau e Ippóliti nos van a mostrar en la mejor secuencia del libro.

Sigo avanzando con las lecturas y vuelvo a postear pronto, acá en el blog.

2 comentarios:

Raul dijo...

No hay noticias de Guaraní en español?

Andrés Accorsi dijo...

Como dije en la reseña, seguramente tendrá edición argentina antes de fin de año.