el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 16 de mayo de 2022

VAMOS CON TRES MÁS

Acá estamos con nuevas reseñas, nada menos que tres libritos. En el año 2003, el diario italiano Repubblica armó su colección de Clásicos de la Historieta, no muy distinta en formato y concepto a la Biblioteca de Historieta que publicó Clarín. El Vol.11 es un tomo de 240 páginas íntegramente dedicado a Ken Parker, la magnífica creación del guionista Giancarlo Berardi y el dibujante Ivo Milazzo. Además de varios textos muy interesantes, el libro ofrece dos historias unitarias cortas que aparecieron en distintas antologías: la primera es una gema, 20 páginas de una belleza apabullante; y la segunda está buena pero es muy rara porque Milazzo cambia por completo su registro gráfico y parece dibujada por otro autor. Y después viene la paponga: dos novelas gráficas de 96 páginas cada una, demasiado buenas para ser reales. La primera, Diritto e rovescio, explora el tema de la homosexualidad en las décadas finales del Siglo XIX y es tremenda. El guion es brillante, aunque por ahí le sobran 15 ó 20 páginas. La segunda, Sciopero, es simplemente perfecta. Una historia desgarradora, de una crueldad atroz, que da testimonio de los abusos que sufrían los obreros a manos de los dueños de las fábricas también sobre el final del Siglo XIX, cuando Estados Unidos vivía una expansión tecnológica y económica sin precedentes, aunque la prosperidad que esta generaba iba a manos de muy pocos. Berardi no disimula en lo más mínimo su militancia de izquierda, y por momentos Sciopero es una versión ilustrada de El Capital, de Karl Marx. Pero en ningún momento la bajada de línea va en detrimento del asfixiante espesor dramático que propone la historia. Son 96 páginas a puro dolor, donde la aventura se tiñe de una desazón y una amargura pocas veces vistas. Ya derramé hectolitros de baba hablando del dibujo de Ivo Milazzo en la reseña del 01/09/16, pero no me canso de repetir lo hermoso que es el trabajo de este prócer italiano. Es como un amalgam glorioso de Oswal, Hugo Pratt, Gustavo Trigo, Alfonso Font, por momentos algunas sombras extremas al estilo Jordi Bernet... Nunca sabés qué nueva fatality te va a tirar Milazzo, pero todas son letales. Estamos ante un narrador impecable, asombroso, que trabaja con la puesta en página más clásica posible para después elegir con enorme criterio cuando suprime los fondos y cuando deja la vida en la recreación de estos ambientes, perfectamente retratados. Envidio mucho a la gente que sigue hace años a Ken Parker y tiene todas (o casi todas) las aventuras de esta especie de Corto Maltés de los Estados Unidos que empezó como un western y terminó como una cátedra de historieta adulta, comprometida y emotiva hasta el tuétano.
Y ya que menciono a EEUU, sigo con el one-shot publicado por DC Comics en 2018, titulado Swamp Thing Winter Special. Acá hay dos historietas: una es casi una bizarreada. Son las 20 páginas que iban a componer el nº1 de una serie de Swamp Thing escrita por Len Wein y dibujada por Joe Kelly, pero que quedó en nada por la inesperada muerte del guionista. Acá vemos la historia completa dibujada y coloreada, pero sin los textos, porque Wein no llegó a escribirlos. Esto es secuela de una miniserie anterior a cargo del mismo equipo, que tengo en la pila de las lecturas pendientes. Ya llegaremos. Pero lo grosso es lo de adelante, la historieta de 40 páginas con la que Tom King y Jason Fabok se llevaron un muy merecido premio Eisner. Seguramente se podría haber narrado lo mismo en 24 páginas, pero el dibujo de Fabok es tan grosso que mejor dame 140 páginas de esto. Fabok es un dibujante no tan original, pero capaz de tomar lo mejor de los dibujantes que lo influencian. Cuando tuvo que dibujar Justice League como continuador de Iván Reis, conservó intacta la magia del astro brazuca. Cuando tuvo que dibujar Three Jokers basado en la estética de Brian Bolland se la bancó con una altura y una solvencia impresionantes. Y acá, tiene algunas secuencias en las que nos tira guiños a los fans de John Totleben y Stephen Bissette y le salen perfecto. Visualmente, es un trabajo realmente exquisito, con un aporte acertadísimo del colorista Brad Anderson. El guion de King está todo basado en el giro totalmente inesperado y brillante que pega en la página 30. Es un recurso de alto impacto, que te detona la cabeza en una doble splash innecesaria, pero memorable. Y si hasta ahí la historia era emotiva, el final te conmueve, te estrangula el alma aunque seas un monolito de piedra sin el menor rastro de sensibilidad. La muerte de Len Wein hizo que este one-shot se vinculara mucho al tributo de DC a uno de sus próceres, pero la verdad que el trabajo de King y Fabok es una maravilla que merece ser atesorada por todos los fans, no solo de Swamp Thing, sino del buen comic en general.
Y cierro con una breve mención a Mini Mundo, recopilatorio de historietas muy cortitas, realizadas por Mariana Ruiz Johnson para alguna publicación infantil. Esto es material para chicos muy chiquitos, con conflictos también muy chiquitos, hábilmente vinculados a situaciones que los chicos de tres a seis años viven en su realidad cotidiana. Los relatos tienen poquísimo texto, para que los padres se los puedan leer a sus hijos sin perder dos horas de sus vidas, y los dibujos son muy lindos, de muy fácil comprensión. Ruiz Johnson viene más del palo de la ilustración, pero acá demuestra que entiende perfectamente cómo armar secuencias y llevar adelante la narración con los dibujos. Con personajes simpáticos y con tramas muy simples, las historietas de Mini Mundo tienen todo para acompañar a las nenas y nenes que están dando sus primeros pasos en la lectura. Y leídas por un adulto tienen algo de gracia, sobre todo porque el trazo de Ruiz Johnson es, además de muy agradable, muy original. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

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